La ética del ginecólogo y el diagnóstico prenatal

Por Dr. Esteban Rodríguez La tendencia bioética creada por el estadounidense H.T. Engelhardt, ha influenciado la medicina actual y en concreto la actividad del diagnóstico prenatal. Este señor con su teoría de los "extraños morales" concibe a los agentes de salud como "burócratas y geógrafos de valores". Parte del concepto de que la verdad no existe, que es algo particular y que es imposible, en una sociedad plural, que unos individuos convenzan a otros de la verdad particular de cada uno, por eso los considera extraños o extranjeros morales. A partir de ahí construye una verdad que, contradictoriamente con su postulado inicial, debe ser aceptada por todo el mundo sin ser cuestionada: la ética del consenso en base a una tolerancia de las ideas del otro aunque estén confundidas. Es decir que se debe respetar lo que el paciente decida aunque sea malo para el y sepamos que se equivoca. Dice que el medico debe aprender y entrenarse en esta ética del consenso y desarrollar las habilidades necesarias para respetar la total autonomía del paciente, comportándose como un agente neutral. Como la bioética trata de la ética de la vida, el tema afecta directamente a los ginecólogos. Sin embargo lo que es digno de respeto son las personas no las ideas, hay ideas que no deben ser respetadas sino rebatidas, no puede ser respetable la idea de la pena de muerte, por poner un ejemplo. Como tampoco puede ser respetada la idea de que es legitima la prostitución sin que eso signifique que no se respete, como persona, a la prostituta. Normalmente esa tolerancia se invoca siempre en un único sentido, se trata de ser tolerante con quien piensa que matar al hijo en desarrollo es un derecho de la mujer, si esta no lo quiere o desea. A menudo se tacha de intolerantes y radicales a los que piensan que la vida y la dignidad de la persona debe ser respetada desde su inicio hasta su fin natural y que el derecho a la vida es el primer derecho humano. Esto que es a todo punto de vista una verdad es lo que se pone en tela de juicio Ciertamente los ginecólogos se han convertido en tecnócratas .Han asumido, sin saberlo, estos postulados como referencia moral. Se ha pasado de ser médicos en el sentido estricto del termino a ser tecnócratas o cribadores de fetos. Esta ética supone la imposición social de renunciar a la conciencia propia y asumir una ética contraria .El ginecólogo, en cuanto al diagnóstico prenatal, asume que su deber se limita a hacer el diagnóstico y que los padres decidan sobre la vida de su paciente fetal considerando igualmente ético el aborto que seguir adelante con el embarazo. (Ideología prochoice) Esta ideología también nos lleva a convertirnos en vendedores de métodos anticonceptivos. Si la misión del medico es ocuparse de la enfermedad y estar embarazada no es ninguna enfermedad, cuando un medico prescribe un anticonceptivo con ese fin (no digamos ya un abortivo) no lo hace para tratar ninguna enfermedad, sino para satisfacer una demanda de consumo. Cuando a un ginecólogo se le exige una ligadura trompas no se le pide que trate ninguna enfermedad sino que lesione de forma irreversible el aparato reproductor de su paciente. Cuando a un medico se le pide una fertilización in vitro no se le pide que trate una causa de infertilidad sino que fabrique un hijo en un laboratorio. Cuando a un ginecólogo se le pide que cribe fetos en cuanto a enfermedades sin curación posible o posible pero costosa y con la intención (antes de la

sem 22) de permitir, llegado el caso, un aborto eugenésico, se le hace cooperador necesario de un crimen que atenta contra la salud de sus dos pacientes, el feto y la madre y contra la suya propia. La ética que rige estas practicas y muchas otras relacionadas con la medicina reproductiva están desnaturalizando la esencia del medico y en concreto del ginecólogo. El medico ha renunciado a su conciencia y valores morales, en favor de aceptar una ideología contraria a ley natural y prestarse a satisfacer una demanda social convirtiéndose en un mercader de la vida. Se tiene al ser humano no como un bien en si mismo sino como una "cosa" que puede ser manipulada, fabricada, seleccionada y cribada, pasando un control de calidad, que decidirá si es apto o no para salir al mercado. Esta cosificación de la persona atenta contra su dignidad y contra la del medico que acepta este papel, generalmente a cambio de una satisfacción económica. Se esta produciendo la robotización del medico, se ha convertido en un electrodoméstico más, no hay diferencia entre el ecógrafo y el ecografista, se pierde la solución de continuidad entre maquina y maquinista. Le echan una moneda y funciona, emite un diagnostico que compra el cliente y luego decide a solas. Resulta sorprendente como, por ejemplo, se prohíbe desaconsejar a la madres que sometan a sus hijos a programas de cribado que acarrean riesgos directos e indirectos para salud de ambos y sin embargo se aconseje a los pacientes que no fumen por acarrear riesgos para su salud e incluso se legisle para disminuir su consumo. Según convenga a la ideología imperante es licito o ilícito el paternalismo medico y estatal. Se puede ser paternalista para decirle a una madre es mejor que abortes porque tu hijo no tendrá calidad de vida o hazte las pruebas de diagnostico prenatal por que tienes riesgo o para que te quedes más tranquila y no se puede ser paternalista para decirle a una madre no te hagas pruebas de diagnóstico prenatal porque tanto tu como tu hijo os expondréis a riesgos directos o indirectos o para decirle a una madre que es mejor que no aborte a su hijo malformado por que para su salud será más negativo, no curara la enfermedad de su hijo, y siempre será mejor una muerte natural que una muerte intencionada. La diferencia moral está entre morirse o ser matado. Cultura de la vida frente a cultura de la muerte Estas ideologías tienen especial trascendencia cuando se están tomando decisiones sobre la vida de un tercero; un ser humano indefenso y débil sobre todo si está enfermo. Cuando su madre renuncia a su defensa la única esperanza de este ser humano está en el medico, con la conciencia formada, y en un estado que luchen por defender su vida y su dignidad humana con todas las consecuencias. La doble moral o relativismo moral de los profesionales del diagnóstico prenatal pasa por prestarse a hacer diagnósticos, a sabiendas de que supondrán que los padres soliciten el aborto, y a la vez ser contrarios al aborto. Aceptan colaborar en los pasos necesarios al aborto eugenésico siempre que no se le exija a ellos que manchen de sangre las manos. Si el medico que recomienda, aconseja, informa de la posibilidad de aborto voluntario tras realizar el diagnostico prenatal, estuviera obligado a practicarlo, seguro que se darían cuenta de la realidad del diagnóstico prenatal. La extensión de los programas de cribado de defectos congénitos ha conseguido, que el numero de abortos por tercer supuesto aumente año tras año, se ha pasado de 1200 en

1998 a 3200 en 2007. La mayoría por SD Down. En mi opinión el diagnóstico prenatal indiscriminado probablemente esté consiguiendo más muertes que curaciones, sin contar con los que mueren tras pruebas invasivas y ello con la complicidad de los ginecólogos. Yo personalmente me niego a convertirme en un cribador y en burócrata de la medicina, no pienso permitir que me impongan una ideología proelección, al amparo de una ética utilitarista que considera que ciertas vidas no merecen ser vividas, contraria a la mia que es: la defensa de la vida, la dignidad de la persona, la salud de la mujer y la libertad del medico al amparo de una ética personalista, que considera que el ser humano es persona digna aunque esté privado de algunas facultades, como tampoco yo impongo( aunque si propongo) mi ideología a nadie Si Hipócrates viviese hoy diría: no utilizaras el diagnostico prenatal para matar. Hipócrates vivió en el siglo v antes de cristo. Pero si osamos hablar de cristo solo tenemos que pensar en como las vidas Juan el bautista y el propio Jesús ya habían sido queridas por dios, cuando aun estaban en el seno de sus madres isabel y maria, y en el mandamiento de no matar, que es un mandamiento, no una sugerencia. Pero aunque dios no lo dijera o no se quiera creer que lo dijera, la vida es un derecho fundamental de la persona y está en la ley natural inscrita en el corazón del hombre, todo hombre que mata o ayuda a que otro mate sabe en el fondo de su corazón que no obra bien, aunque intente justificarse racionalmente con mil excusas.