Rosas de Otoño1 Jacinto Benavente

P E R S O NA J E S ISABEL. MARÍA ANTONIA. CARMEN. LAURA. JOSEFINA. LUISA. GONZALO. PEPE. RAMÓN. MANUEL. ADOLFO. Un CRIADO.

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BENAVENTE, Jacinto Comedias Escogidas, Aguilar, Madrid, 1958 Versión electrónica: Daniel Toledo Palacios sir_dtp@hotmail.com Junio, 2009

ACTO PRIMERO
Gabinete elegante ESCENA PRIMERA GONZALO y un CRIADO; después, ISABEL

GONZALO.—(Al CRIADO,) A las siete lleva usted la ropa al Casino, y si ha venido alguna carta... ISABEL.—¿Vas a salir? ¿Volverás pronto? GONZALO.—¿Por qué? ISABEL.—¡Qué memoria! ¿No recuerdas que hoy comen aquí María Antonia, Pepe y amigos?... GONZALO.—Es verdad. No me acordaba. ISABEL.—¿Pensabas comer fuera de casa? GONZALO.—Sí, en el Casino, con Aguirre y con un socio suyo, para tratar de esos negocios de Bilbao. Pondré dos letras. (Al CRIADO.) Espere, usted. (Se sienta a escribir.) ISABEL.—¿Te contraría? GONZALO.—No. Siento no haberme acordado antes... Y que hoy no estoy de humor para recibir gente... ISABEL.—Casi toda es de confianza. GONZALO.—¿Quién viene? ISABEL.—Además de María Antonia y Pepe, Laura, Ramón y Carmen con la chica; Manolo Arenales, y, de más cumplido, los recién casados, el hijo de tu corresponsal y su mujer. En su obsequio es la comida. Pero ¡qué memoria la tuya! GONZALO—¡Ah, sí..., el matrimonio joven!... ¡Cuánto lo siento! ISABEL.—Pues disimula el mal humor, porque los primeros días te desviviste por obsequiarlos, y extrañarán el cambio tan brusco. A mí no me son nada simpáticos; él parece tonto, y ella... ¡qué sé yo! Muy atrevida...; por hacernos ver que domina el castellano, se expresa en unos términos... GONZALO.—¿Puedes callarte? Me has equivocado dos veces. ISABEL.—¡Ay! Perdona. ¿Por qué no lo has dicho antes? GONZALO.—(Al CRIADO.) Esta carta, al Casino. Y no lleve usted la ropa; prepáremela usted en mi cuarto. (Sale el CRIADO.) ¿Y a qué hora es la comida? ISABEL.—Para las siete y media, inedia hora antes que de costumbre; también en obsequio a los de París; como allí se come temprano... Arenales se descolgará a las nueve, y la francesa tendrá motivo para decir que aquí estamos muy mal educados. GONZALO.—¿Quién es la francesa? ISABEL.—La mujer de ese muchacho. ¡Qué pregunta! GONZALO.—Como no es francesa... Eso sí que es de mala educación, poner motes a la gente. Si sabes que es española...; porque haya vivido siempre en París... Es una muchacha muy agradable y muy inteligente. ISABEL.—Perdona, perdona si te he molestado. GONZALO.—No digas tonterías. ¡Siempre lo mismo! ISABEL.—¡Siempre lo mismo! ¡Pobre de mí!

GONZALO—Ahora hazte la víctima. Eres insoportable. ISABEL.—¡Gonzalo! Está visto que no puedo hablar. No puedo callar tampoco. GONZALO.—Prefiero que hables, que hables siempre, y nunca con medias palabras ni con reticencias. ¿Si sabré yo por qué te molesta esa muchacha? Porque ya creíste también que me gusta; crees que me gustan todas las mujeres. ISABEL.—Todas, no. GONZALO.—Tendré que ser un grosero para que vivas tranquila; no podemos recibir más que a Laura...; es la única que te inspira confianza. ISABEL.—Sí, Laura, de esa no te enamoras; es solo ella la que está enamorada de ti. GONZALO.—Una leyenda... ISABEL.—Que yo prefiero a muchas historias. GONZALO.—¡Muchas historias! Don Juan Tenorio. ¡Si conmigo no hay mujer segura!... No adviertes que te pones y me pones en ridículo con tus celos; debes pensar que ya no somos niños. Yo no lo era cuando nos casamos; viudo desde muy joven, con una hija ya mujer; de modo que no pudiste creer que buscaba en ti, como otros viudos con hijos, una institutriz de confianza. Si hubiera tenido ese corazón tan volandero y tan fácil que tú me otorgas, no hubiera vuelto a casarme. ¿Quién me obligaba? ISABEL.—Es que nunca reparaste en nada para conseguir lo que te propones. GONZALO.—¿Y qué? ISABEL.—Conmigo no había otro medio. GONZALO.—Pero a ti te quedaba otro si creías eso; mandarme a paseo. ISABEL.—Creí que me querías. GONZALO.—¡Que te quería! No te quiero, ¿verdad? ISABEL.—Sí me quieres; ¡es tan fácil quererme!... GONZALO.—¡Qué bonito y qué simpático es el papel de víctima! ISABEL.—No lo sé; sé que es muy triste, y más triste procurar con todas mis fuerzas no parecerlo. Tienes una disculpa, la única. Haces el daño sin saber que lo haces. GONZALO.—Sí, acabaré por creerlo. Soy un monstruo, un tirano. El genio del mal. Este pobre y pacífico burgués, solo preocupado de sus negocios, de su casa, de su mujer, de mi hija, mis únicos cariños. ISABEL.—De mí, no digo; sé a qué atenerme. ¿De tu hija? Nuestra; porque sabes que no la querría más si fuera también mía... ¿A que juzgas, como de mí, que debiendo ser muy dichosa se aficiona demasiado al papel de víctima? GONZALO.—¿María Antonia? ¡Estaría gracioso! Se habrá contagiado... No, si tú eres capaz... ISABEL.—No, Gonzalo; no soy yo, no es ella, sois vosotros, los hombres, que sois como Dios os ha hecho, o el mundo en que vivimos, o... ¡qué sé yo!, la ley que habéis hecho vosotros tan tolerante para vuestras faltas como severa para las nuestras. GONZALO.—Vamos a elevar la discusión a principios filosóficos y sociales... ¡Ea!, voy a vestirme. No quiero ponerme de peor humor. ISABEL.—Está bien. ¿No quieres saber nada de tu hija? GONZALO.—Pero ¿qué voy a saber? Que está quejosa de su marido, como tú lo estás siempre de mí, y con el mismo fundamento... ¡Pobre Pepe!

ISABEL.—Conste que María Antonia tiene razón, y conste que, sabiéndolo yo, te lo digo a ti solo; a ella, aunque tú creas lo contrario, le digo lo mismo que tú dices: que no tiene importancia; que Pepe no es mejor ni peor que otros maridos; que no debe estar triste ni considerarse desgraciada... GONZALO.—¿Tú le dices eso a María Antonia? Me cuesta trabajo creerlo. ISABEL.—Sí, se lo digo y procuro convencerla; porque María Antonia no es como yo; es muy exaltada, no se resigna; además, no quiere a su marido como yo te quiero; se casó sin reflexionar, enamorada de otro hombre... GONZALO.—Con quien pudo casarse; nadie se oponía a ello. ¿Por qué rompió de pronto sus relaciones con Enrique? Yo no me lo he explicado todavía. Su madre y tú anduvisteis de cabildeos; María Antonia, de la noche a la mañana, dijo que ya no le quería; el muchacho se fue de Madrid... ¡Cualquiera entiende a las mujeres! ISABEL.—Te lo dije; la única disculpa que tienes es la inconsciencia. ¿Para ti no había obstáculo alguno que se opusiera a la boda de tu hija con el hijo de Carmen? GONZALO.—Ya..., como tú supones que yo tuve relaciones con Carmen... Te lo dije todo...; fue antes de casarnos, antes de enviudar. ISABEL.—Es un consuelo. Sí, lo sé todo. ¡Carmen es mi mejor amiga! Ha llorado mucho su falta, y su confesión ha sido más general y más sincera que la tuya. Por eso mismo, porque su conciencia no estaba tranquila, me lo confesó todo, rogándome, por lo más sagrado, que hiciera lo posible por que María Antonia olvidara a Enrique; como ella, por su parte, haría todo lo posible para convencer a su hijo... GONZALO.—¿Es que ella cree...? ISABEL.—Bastaba con dudarlo. Ya ves cómo, contra vuestras leyes y vuestro criterio, la falta del hombre y la de la mujer tienen las mismas consecuencias. En vuestras aventuras de amor, los hombres tenéis derecho a dudar cuáles son vuestros hijos; la mujer debe temer que puedan ser esposos los que pudieran ser hermanos... ¿Comprendes, comprendes cómo tu hija puede ser desgraciada por tu culpa? ¿Cómo también vuestros pecadillos, vuestras ligerezas, tienen importancia? Y perdona que te haya dicho todo esto, que me había propuesto callar siempre...; pero es que temo por tu hija...; es que no quisiera, y sin poderlo remediar, de tarde en tarde, dejo hablar a mi corazón porque temo; sí, temo que interpretes mi resignación por indiferencia, porque yo estoy segura que tú supieras cómo destrozas mi corazón cada vez que leo en ti..., porque lo veo..., en disimular no eres muy hábil, tienes la alegría insolente, una nueva traición, una nueva aventura..., no serías capaz de martirizarme. Pero eres así: si no oyes la queja, no piensas que hiciste el daño; si no me vieras llorar, no creerías nunca que mi vida es muy triste... GONZALO.—(Emocionado.) ¡Isabel!... ¡Isabel!... Bien esta. ¿Sabes que nos disponemos para recibir con agrado a esa gente? ISABEL.—Tienes razón; si yo no quisiera molestarte nunca con mis quejas; pero en estos días he sufrido tanto... GONZALO.—¿En estos días? ¿Por qué? ISABEL.—Bien lo sabes. ¿Crees que estoy ciega? ¿Que no advierto tus preocupaciones? GONZALO.—Mis asuntos..., los negocios... ¡Qué tontería! ISABEL.—No; para los negocios eres muy sereno; tus preocupaciones no cambian tu carácter por días, por momentos. ¡Si te quiero demasiado para no adivinar en seguida tu mal humor cuando aparentas más alegría; tu alegría, cuando quieres parecer más serio!... GONZALO.—¡Tu imaginación!... ¡Claro! Conocías mi vida pasada de soltero... ISABEL.—De casado.

y sé que para dar un aviso o una contraorden no hay que comprometerse escribiendo cartas. y ya me mandaban salir de las visitas cuando contaban tus aventuras. (Sale. GONZALO.—Enviudé muy pronto. ¿por qué me pides cargos que no puedes rechazar sin mentir? ¡Y sabes que para mí no hay nada tan odioso como la mentira! GONZALO. ¡Hombre! Esta es de Aguirre. que no es lo mismo..—Pero ¿te he mentido alguna vez? ¿Por quién has sabido siempre cualquiera de mis tonterías? ISABEL. ISABEL. ¡Claro!. ISABEL. ISABEL.—No es tan fácil olvidarme.—Es verdad. pero no tonto. GONZALO. todas esas misivas tienen el mismo crédito.—Pero tú te quedabas a escucharlas detrás de la puerta. la vanidad te pierde.—Y me causaban tal horror..—De viudo.—No hablemos.. ISABEL.) CRIADO... excusándose... ISABEL.—Ser imprudente es uno modo de ser leal. a su vez. GONZALO. GONZALO. a mi edad. los amigos. (Entra el CRIADO. Para mí. que por ti llegué a odiar a todos los hombres. estamos conformes. con tus patas de gallo!. y tú tampoco debías de haberme olvidado.. de no comer conmigo.—Tu vida de siempre. Dije que eras imprudente.. Era yo una chiquilla. GONZALO.Vaya..—Menos a mí.—De enamorarte. Ya sé que tu correspondencia no tiene nunca nada de particular.—Muchas gracias.—¡De siempre! Desde que me casé contigo. ISABEL.. desde muy joven. ISABEL. pero no por tu lealtad. física y espiritualmente.—Circulares. por lo visto. ¡Me luzco si voy! ISABEL. la familia... Gonzalo. no hablemos de eso..—¡Qué celos más graciosos! Sí. qué ganas tengo de verte calvo. decir que todavía me consideras capaz de enamorar. las cotorronas amigas de la casa. que el besalamano de la Presidencia del Consejo. en el fondo me encantan y me halagan. lleno de canas. ¡Cuidado que se lo pido a Dios!..) GONZALO.GONZALO. por tu imprudencia. y el caballero con sus cuarenta y. si cerrando ojos y oídos a la evidencia he visto tanto y he averiguado tanto...—Sí. ¿quieres leerlas todas? Ahí las tienes.. GONZALO. porque antes de casarme te hice el amor. Y que fueron tremendas. anuncios. GONZALO...—Y te di calabazas.—Con permiso. GONZALO. ISABEL. te luces. recomendándote la puntual asistencia a una votación. Y así dieron alas al caballerito.—Me casé muy joven. los papás. todos fueron a celebrar al señorito mal criado. Pero yo tampoco me tengo por tonta. GONZALO.—¿Y esta? ¿De quién es esta? ¡Ah. Si proponiéndome no averiguar nada.. En el Casino he recogido estas cartas para el señor. como habíamos acordado.. ¡Léelas. lo mismo la del sastre que te anuncia los géneros nuevos para la presente estación. . con tu respetable panza..—Pero ¡qué loca vanidad! ¡Ay..—Por ti. como a todos los hombres. porque no tuviste otro novio.. Pero no pude olvidar. ¿qué puedes decir? ISABEL. cuando me advierto cada día más viejo.—Fui tan tonta como todo eso. No seas vanidoso.. pero nada: el demonio te ha tomado por su cuenta. sí!.. léelas!. ¡Qué bonita figura! ¡Qué simpático!..

si no sabes cuánto me atormentas! ESCENA II Dichos. ¡Qué tontería! ¿Seguimos así? MARÍA ANTONIA. ISABEL. que canta como un gato y se viste. el del Casino.—¡Bravo. ¿en qué piececilla trabaja esa muchacha de que me hablaste? Porque fui al teatro la otra noche. mi Isabel!.—¡María Antonia! ¿Cómo estás? MARÍA ANTONIA. Yo daré con el secretito. ¡Muy bien! GONZALO. ¿Qué mujer ha podido llamarme suyo como tú. el mejor ejemplo. hola! ISABEL. en mi corazón?. GONZALO. Conste que no os habíamos visto llegar. calla! ISABEL. que pudiera yo decir por fin: ¡gracias a Dios. todo porque él tiene que ver con la Vélez. y no vi nada que valiera la pena. Continúen ustedes. no hay nada. no estaba preparado. Ese color natural sería un insulto. era el último correo..—Oye.—¡Si no sabes cuánto te quiero.) Desde hace un instante.—Cuando quieras. el pelo y el bigote. ¡Solo tú.—Ya lo veis.... Sería mucha casualidad que llegarais a punto de presenciar uno si fueran tan raros.GONZALO.. por completo. ISABEL.. Nos habéis sorprendido. de la familia. bravo!.—Te juro que no. le está repartiendo un trabajo imposible. frota!.—Me alegraría de que ya no pudieras gustar a ninguna mujer.—¡Hola. PEPE. muy justificado.—La perfumería ha progresado mucho. ante Dios. ¡frota.—¡Pobre Isabel! ¡Qué desgraciadas somos las mujeres! ISABEL. solo mío! GONZALO. eso os probará que estos momentos de dichosa intimidad no son tan raros en nuestra vida. por fortuna. hijos míos: fuera del matrimonio. GONZALO. MARÍA ANTONIA. ¿eh? GONZALO. MARÍA ANTONIA. (La besa.—Anda engañando al mundo todavía.—¡Ya te contaré! GONZALO. . MARÍA ANTONIA y PEPE PEPE.. GONZALO... Pepe. Tenemos que hablar muy seriamente. Creedme..—Si venimos a interrumpir.—¡Isabel! PEPE.—¡Calla....) ISABEL.. desde que recibió unas cartas. la verdadera felicidad. continúen ustedes. de que se burlaran de ti cuando te atrevieras a presumir.—Ya tendíamos ocasión. Oye.—Pero ¿de quién soy?. no hay verdadero cariño.—(Bajo a MARÍA ANTONIA..—¿De veras te alegrarías de verme viejo? ISABEL.—Hoy está papá de buen humor. no..—Ha estado unos días sin trabajar.. Por supuesto.—Yo. por casualidad. GONZALO.—¿Se viste? No hará fortuna.. lo que se dice sorprendido. estuvo despedida de la compañía por un disgusto con el director..... es mío. ante el mundo. PEPE. esta es la única.

—No le atormentaré mucho. los teatros no han sido nunca mi género.PEPE. como quisiera.—No seas así. mucho saliente.. Nada tiene de particular.. a las mujeres les asustan mucho las aventuras de teatro. a vuestra disposición. las obras de la temporada. si es que por fin puedo volver.. cuando os conviene.—Hoy mismo..—Déjate de farsas. ¡qué disparate! Son cosas serias. es una monada.—¿Qué hablará papá con ese? ISABEL..—Todas. El caso es que sois las primeras en reprendernos si dejamos de atender a nuestros asuntos y a nuestras relaciones. Desde el lunes sabía de sobra que hoy debíamos comer aquí. tiene no sé qué.—No.—¿Tú vas todas las noches? PEPE. calla! Pareces una mamá de tiple. Ya te lo diré. ..—¿A papá? ¡No.—La otra.—Sí.. mucha personalidad. ISABEL.—Si no tuvieras razón. y precisamente para hoy. sois incomprensibles. te lo aseguro. somos muy raras las mujeres. luego.. GONZALO. haces mal en atormentarte.—Sí. MARÍA ANTONIA.—Digo que haré lo posible.—¡Calla! MARÍA ANTONIA. pero nunca vas a otra parte. dirá que soy muy tonta. y al mismo tiempo queréis tenernos en casa. aun teniéndola. Las mujeres creéis que los hombres podemos sujetar nuestra vida a vuestras combinaciones. un éxito cada obra. y mucho peor en atormentar a tu marido. verdaderamente incomprensibles. pero uno no puede estar pendiente de esas menudencias.—No. MARÍA ANTONIA. MARÍA ANTONIA.—¡María Antonia! GONZALO. algo que me ha dicho Isabel. en «La Liga de las mujeres» y en «La corazoná». todas las noches. ¿Dices que ya trabaja esa chica? PEPE. Yo mismo he estado también a punto de no poder comer con vosotras. cuando no voy a otra parte. Haces muy mal. ya verás.—Sí. ISABEL.—Yo no me he casado para sufrir desprecios ni humillaciones de mi marido. Demasiado sabes que no. no se los aconsejo a nadie. te dejo para volver cuanto antes.—¿Estás loca? ¿Qué dices? ¿Qué piensas? MARÍA ANTONIA. chiquilla. MARÍA ANTONIA.—¡Calla. PEPE. sin ir más lejos.. ¿sabes?. MARÍA ANTONIA. PEPE. ISABEL. GONZALO. no le digas nada. No hay quien nos entienda. no.. la comida.—¡Ah! Pero ¿no sabes si vas a volver? ¿No comes con nosotros? MARÍA ANTONIA. GONZALO. en cambio. para tal fecha. ISABEL. para tal día. ISABEL.. lo serías. a segunda y cuarta.—Le estará riñendo. El público va por ella. todo el mundo se entera.. ya le he dicho yo algo.—No.—¿Era de eso de lo que tenías que hablarme? GONZALO. PEPE. PEPE. por Dios!.—Bueno.—Pero ¿ha ocurrido algo más grave? MARÍA ANTONIA. Formáis planes a plazo fijo y a largo plazo: el teatro.

Sobre todo.) SÍ. es más inocente que otra cualquiera.PEPE. MARÍA ANTONIA. Porque el empresario de ese teatro es amigo mío. ¿No es verdad? GONZALO.—Sí.. mejor dicho.—No te importe nada. sí. ISABEL..—En un teatro.. ganaría mucho dinero. corre. diré a los amigos que la dejen para otro día o que prescindan de mí.—No sé por qué dices eso. hubiera sido actor.. PEPE. . sí. y la idea de la obra es casi mía... Voy corriendo.—Sí. PEPE. no demos el espectáculo delante de gente..—Sí. Ya ves. MARÍA ANTONIA. en un teatro.. por mi gusto.. ahora soy yo quien lo desea. PEPE. Pepe.—Es mi chifladura. y si tuviera tiempo escribiría cosas para el teatro. no me equivoco nunca: me basta con ver un ensayo de cualquier obra para saber si aquello gusta o no gusta. PEPE. yo te prometo que la sobremesa no será larga. MARÍA ANTONIA.—En su caso.. que es lo más desagradable..—¡Si yo doy a cada paso motivo para que la pongas!. vuelvo. Pero estás con mala cara.—Eso. de mis asuntos fastidiosos.. Estoy seguro de que solo por un verdadero compromiso deja hoy Pepe de comer con nosotros.—(Bajo. no iré. PEPE..—Es de un íntimo mío. Después de todo... GONZALO.—Todas las chifladuras son inocentes. GONZALO. Cuanto más pronto. es un asunto muy serio y muy importante para él..—Sí.. MARÍA ANTONIA.. MARÍA ANTONIA. si mi única afición es el teatro.. en un teatro. no voy. MARÍA ANTONIA.. Lo importante que será esa lectura y la falta que harás tú en ella. No tengo gana de verte con mala cara toda la noche. y no serían peores que otras muy aplaudidas. es gracioso. asistir a la lectura de una zarzuela. vaya si irás. a PEPE. la verdad.—Pero ¡por Dios! ¡Qué chiquillos! PEPE... Si yo fuera empresario. Yo también tengo que salir. ISABEL. y el empresario es compañero mío.. Pero.—En marchándote se ha concluido. conste que vuelvo. y. Papá te dará siempre la razón. MARÍA ANTONIA. es lo único que me distrae de mis ocupaciones.—Haz lo que gustes..—¡Si yo pongo mala cara por cualquier cosa! PEPE... MARÍA ANTONIA.—¿Lo ves? Cuando ni papá te defiende. tendrás que ver en unos días. GONZALO. para un agente de negocios.—Antes de salir podías haber anunciado que traías preparada esta escena. MARÍA ANTONIA.—Irás. Le doy la razón porque supongo que tiene razón. que tú.. volveré. yo creí que era más serio el motivo que te impide comer con nosotros. ¡por Dios!.. ¡señor!.—Es que me importa mucho que Isabel y tu padre no crean. Se me ocurren cosas muy nuevas. en su caso. PEPE. Yo. No disgustes a María Antonia. Yo no sospechaba en ti ese entusiasmo.. PEPE. Y si me hubieras dejado venir sola como yo quería..—¿Quieres que no vaya? Corriente.—Pero ¿habéis visto nada más ridículo? No piensa más que en el teatro. se hubiera evitado. en su caso..—Es gracioso. porque me pongo en su caso. Isabel es demasiado prudente para intervenir entre nosotros.. vaya o no vaya..

—Isabel. PEPE... muy al tanto de cuanto se estrena y cuanto se ensaya. ISABEL. ya sé que Pepe tendrá siempre en ti el mejor defensor. y una vez segura. podrá asistir al estreno de mañana. GONZALO. Su padre. esto no es nada.) ESCENA III Dichos.—No.. le obligó a trabajar desde muy joven. como si fuera el apuntador o el director de orquesta. a ese tronera de Castrojeriz. . Pepe se ha educado sin ver mundo.—Hasta ahora. y se pasa las horas en saloncillos y escenarios. que estás quejosa de tu marido. sin ir más lejos.—No te canses en convencerme.—Ninguno.—Eso es verdad. MARÍA ANTONIA. hombre.. dile a María Antonia. Isabel asegura que no eres dichosa. es una persona seria y muy digna y un excelente médico.. MARÍA ANTONIA.. esto es muy serio. se le haya antojado concluir de arruinarse metiéndose a empresario. el de aburrirte con enfados y quejas.. no hables mal de mí. dilo. con su mamá. Ayer tuve yo que recibir a una señorita que quería ser del coro. pero si no es más que eso.. para que su amor luzca todo lo que hay que lucir delante del público.. desde antes de casarme..—Ahora vas a decirme toda la verdad. ISABEL. pero eso no tiene nada de particular. no es razón para que Pepe no salga del teatro en todo el día. Es que me parecía ridícula esa afición que le ha entrado a Pepe por el teatro. Se le ha presentado la ocasión de conocer un teatro por dentro. ISABEL. es natural que ahora se divierta con cualquier niñería.—Sería graciosa la entrevista. si quieres evitar que busque distracciones lejos de su casa y de ti. que vuelvo. porque a un amigo suyo. MARÍA ANTONIA. que no ha visto nada.. GONZALO. que era muy severo.. no tengas cuidado. Con deciros que ya vienen a casa a pedirnos recomendación para que contraten artistas y representen obras. si.—De lo que yo quiero convencerte es de que has elegido el peor sistema. tú.. que eres mujer razonable.—¿Es que estás celosa? ¿Sospechas que te engaña? MARÍA ANTONIA. Fue una tontería mía decirle a Isabel ni a nadie. que vuelvo.—Descuida.. PEPE.—Empeñada la mamá en que la niña me cantara la romanza de «El cabo primero».—Todo eso es ridículo y molesto si quieres. ¡Un teatro! Para él. me parece que se queda usted sin ver el estrenito.. Estará encantado. siempre que le necesitamos hay que enviarle recado al teatro. hay mucha gente muy respetable que ni por su posición ni por su carrera tiene nada que ver con el teatro.—Si lo sospechara lo sabría en seguida.PEPE. pero si no piensas volver.—Sí.» Y ya ves. he dicho que vuelvo. ¿Por qué son esas quejas? ¿Qué fundamento tienen? MARÍA ANTONIA. que está en relaciones con no sé qué tiple. menos PEPE GONZALO.. GONZALO..» Si es algo más grave: «¡Caramba!. tengo muy pensada la conducta que había de seguir... A nuestro médico. y el diagnóstico de las enfermedades lo explica siempre del mismo modo: Si es una cosa ligera: «¡Pchs!. (Sale PEPE..

. GONZALO.. Son tonterías mías.. Voy a vestirme antes de que vengan los convidados. ¡Pobre madre-cita mía!. No hay motivo para que no lo seas. él cree que yo no lo sé.. pero que no duden en causarnos pena por un capricho que para ellos significa muy poco. le saca dinero para la empresa. sin querer nos encariñamos con la actitud que pensamos tomar cuando llegue el caso previsto.. Castrojeriz. sí. yo no soy como tú. entre ayas y criados. sin él. aunque el engaño parezca que causó la desventura de toda nuestra vida. juzgan que a nosotras aún deben importarnos menos. no prevengas nunca resoluciones. eso es lo que demuestra cómo nos estiman. nuestros celos. ¡Tan buena y tan mártir como mi madre!.—¡Sí. y quién sabe lo que pudo influir la horrible pena de una traición tan cruel y tan cobarde. tal vez. y sin compasión de mi inocencia. mejor dicho. No. ¿Oyes? Bueno. no pensó nunca en el daño que podía hacerme destruyendo en mí el respeto a mi padre y la confianza en su .. ISABEL. el de tía Rosario.—Es verdad.. Yo creí siempre que la única tristeza sin consuelo en la vida es la tristeza que se ha merecido. Si alguien nos engaña.. implacable en su odio. Por un gran amor. la hermana de mi madre no le perdonó nunca. pobre Isabel!.. Desde muy niña. te lo aseguro. ISABEL. ISABEL.—¡Ah! ¿Es por eso? MARÍA ANTONIA.—¡Ya lo creo! Tú puedes comprenderme. Dios no ha querido que lo fuera. y ese cariño consistía en un odio profundo hacia mi padre.) ESCENA IV ISABEL y MARÍA ANTONIA MARÍA ANTONIA.. como ponen tan poco del corazón en ellas. será la ruina y el ridículo.. es muy tarde. GONZALO.. ya somos más felices que quien nos engañó.ISABEL. me engaña como un miserable. el único cariño. la vida no tuvo secretos para mí.—Sí. con mi padre. MARÍA ANTONIA.. (Vase.—No. la vida nos sorprende siempre. porque le veía muy poco.... Por eso no sale de ese teatro. aún puede disculparse que todo se olvide y que nuestra tristeza. por una pasión violenta. y es siempre sabia y siempre justiciera. ISABEL. eso es lo que no tiene disculpa.—Pero ¿es que Pepe. Tienes mucha razón. si en verdad y en conciencia podemos decir: «No merecí el engaño». ¿Por qué? No hay que hablar más de esto. Es que nos hemos propuesto recibirlos con cara de funeral. por madre de su hijo..? MARÍA ANTONIA. Su amigote.—Sí. como ellos dan tan poca importancia a sus aventuras. sola.—¿Como yo? MARÍA ANTONIA. si no por mujer. Debo ser muy dichosa.—Malo es tener pensado ni previsto nada en la vida. porque deseábamos que llegara. los hombres no sienten como nosotras. Y se engañan. y lo seré. y el caso llega. que yo no he de soportar con paciencia. mis quejas son ridículas.—¿Vas a tener más confianza conmigo que con tu padre? MARÍA ANTONIA. nada importen ni valgan. una mujer cualquiera.—Debes serlo. y sin nuestra intervención lo resuelve todo..—¿Por qué le has dicho nada a papá? Yo no quería que supiera. porque su engaño empezó cuando yo debía ser más respetada. nuestra humillación. que no se recataban de mí para murmurar de cuanto sabían.

no no lo digas. porque aún podría ser más desgraciada si creyese que alguno no lo era. que no sea menos tu resignación. usted que no tiene hijos. ISABEL.. Pero tú no puedes creer en ese cariño. lucha.. secretaria de tres y tesorera de cuatro. acaso no comprendiste por qué debías separarte de aquel hombre. Además.—¡Querida Isabel! ¡María Antonia! ISABEL. Laura.—Soy vicepresidenta de dos.. dices que desde muy niña la vida tuvo pocos secretos para ti.—¿Qué quieres decir? No me lo has dicho todo. ¿No vas a engañarme? En tu tristeza hay más rebeldía que resignación por eso me asusta. acaso no has podido olvidarle.—¿Y esas cartas? MARÍA ANTONIA. ISABEL.—Entonces es el cariño de otro hombre que te acecha. tú no puedes hacerte traición a ti misma. Ella desde el cielo.. lo peor es que siempre me encomiendan los asuntos difíciles.. LAURA. sabremos defenderte.—Sí.. ISABEL. Leíste esas cartas de tu madre.. con gran misterio. se burlaría de nosotras.. ya sabes cuál es mi vida entonces.—Déjame creer que lo son todos. Hasta después de muerta quiso legarme su odio. Es que para tu gran corazón la casa y la familia no bastarían. y mi familia y mis hijos es todo el mundo. Tu quisiste a otro hombre antes que a Pepe.—Eso es una vulgaridad. LAURA. encomendándome que no las leyera hasta después de casada.. madre mía! ¡Que vida de martirio la de mi pobre madre! Has de vedas y comprenderás que no quiera confiar mis penas a mi padre. debí comprender.. ¿Y quién es ese hombre? No. dónde está el peligro. traidor. . Y eso es lo de menos. es admirable. como todos.. ISABEL. comprendí. cartas de mi madre. con razón. no será mientras creas en mí como creerías en tu madre. no. Ya veis que acepté sin discutir vuestras razones... yo a tu lado. me entregó unas cartas. de algún modo hay que rescatar la culpa o la desgracia de ser solterona.—¿Sí? Como haya querido ponerme la doncella. Todo por amor a la Humanidad.. y yo tengo que pensar en todos. ISABEL. ahora recuerdo: sin darte cuenta has repetido demasiado su nombre en estos días para que yo no adivine. Yo gobierno mi casa y me parece que es un modelo de orden.—¡Por Dios! En ti. porque al dolor del desengaño pienses que la única satisfacción es la venganza. ni culpa ni desgracia. MARÍA ANTONIA. no. y bien puedes creer en las dos. No era preciso que Enrique se hubiera alejado de mí para que yo le olvidara. y al morir.cariño. usted que no tiene familia.—Siempre con tus juntas y sociedades benéficas. le quisiste mucho. Tu corazón está amenazado. En fin.. ¡Laura! Seca esas lágrimas. la misma tristeza para las dos. ISABEL. tú sabes si hago vida de sociedad.. He llevado un día. tu genio pide mayores empresas.—¡Qué guapa! ¡Qué elegante! LAURA. que se abra solo a ti por entero mi corazón y que llore desesperada por haberle entregado a un hombre miserable.—Como todos. usted que no tiene que pensar en nada. no puede ser más la tristeza de tu vida. MARÍA ANTONIA.—¡Qué triste. ISABEL. ESCENA V Dichos y LAURA LAURA. te persigue.—Y te sobra tiempo para tocio. ni me he mirado al espejo. Siete horas de coche acabo de pagar en este momento.

—¿Nosotras? LAURA. cuando sale de casa .—Tonterías de María Antonia. por tanto.—Sí.—No. Importunarlos con zalamerías o con celos o con menudencias caseras es un crimen. con mis escenas. Pero tu padre. LAURA. soy muy ridícula. porque te haya dicho alguna amiga chismosa que ha visto a tu marido dos noches en cualquier teatro. en vez de acobardarle y atarle como hacen casi todas. María Antonia no lo es tampoco. listillo. hemos llorado.—Sí. y sé que tú. con su inteligencia.—No hablo de tu marido.. de salir de España. de familia. a ser arbitro de la Banca. Como yo no soy como tú. Somos bastante ricas para permitirnos el lujo de vivir tranquilas entre nuestros afectos y nuestras relaciones de toda la vida. ibas a decir. no le ha faltado más que una musa inspiradora que yo no he sabido ser.. LAURA. ¡Que ridiculez! MARÍA ANTONIA. Pero ahora mismo le ofrecen la dirección en París de esa sociedad.—¡Mi marido en París! No.. que si el marido salió sin decir adonde iba..—Pues sí. sí. por tanto. ISABEL.. una sociedad que está llamada. hubiera impulsado a mi marido a las empresas más atrevidas. a dominar en todo el mundo. LAURA. que si llegó una carta.—Como nosotras. quisiera tener a mi marido muy sujeto y muy pegadito a mis faldas. soy celosa. como la mayor parte de las mujeres.. ¿Sabes lo que le ha faltado a tu padre en su vida? Una mujer. pero nada más. Con la afición que le ha entrado al teatro. con el talento de tu padre y sus condiciones de posición.—¡Marcharos a París! ¡No faltaba más!. no os conoceré yo. en mi señor marido. LAURA. y está muy satisfecho.. sí.. pero no eran disgustos. MARÍA ANTONIA.—Pues te equivocas. sí.—¡Ah.—Podíais ir vosotros también. y.—Es que no soy de espíritu encogido como. con su ilustración.—Pues no son esas nuestras noticias.. Perdonadme el discursito. y. de la política y de los destinos de Europa. debía ser un personaje. que si se retrasó en volver. MARÍA ANTONIA. gracias. gran idea suya. no he tenido gracia para hacer de mi marido un Napoleón. Al lado de un hombre de talento. te asustas ante la idea de dejar tu casa..—No me remuerde la conciencia de haber malogrado ningún genio. MARÍA ANTONIA. tenéis las dos unos ojos de haber llorado.. MARÍA ANTONIA.. debía ya estar harto de ser ministro y lo que le diera la gana. pero desde que llegué estoy percibiendo en el aire el disgusto doméstico. un Bismarck o cualquier otro talento por el estilo. Claro que la casa y la familia son cosas muy respetables y para la mujer las más atendibles.—No soy ambiciosa. ¡Separarnos!. como hacéis vosotras. Alguna escena por cosas así. A los hombres superiores no se les puede querer como a los demás hombres. en vez de animarle para que acepte. vamos! Serás capaz de tener celos de alguna cómica. ya lo sabemos. LAURA. el cariño debe velar como al lado de un enfermo: a distancia y en silencio. MARÍA ANTONIA. Pepe es un muchacho de muy poco mundo. LAURA. con su don de gentes.—Digo una mujer que fuera lo menos mujer posible. ISABEL.—¿Al teatro? ¿Qué me dices? ISABEL. algún asunto grave. son recuerdos. para cuando el enfermo llame y nada más. por los negocios que abarca... pero no conviene tampoco un espíritu demasiado casero.LAURA. LAURA.—Sí. Gonzalo acepta la representación en Madrid. MARÍA ANTONIA. LAURA.. MARÍA ANTONIA.—No te molestes. Pepe podía desempeñar algún cargo de confianza. Si yo me hubiera casado.. soy mujer.

gracias a los consejos y a la buena amistad de ustedes. No quiero que sepa nada Ramón. que ya hubiera desaparecido si yo me hubiera acobardado ante los negocios.—Ya lo sé. y si la dejáramos salirse con todos sus caprichos de niña mimada.. Estoy encantada. LAURA. con su marido y Luisita. como nació cuando todo era holgura.) YO SÍ Ya le diré a usted. a vender. ¿Para qué? Cuando tengo interés en ver una comedia o en oír una ópera. ¿Qué noticias de Enrique? RAMÓN. nos arruinaría en dos meses. no hay nada.—Ya oyes a papá. me sería imposible decidirme. Como he estado tres horas componiéndome. Por fortuna.. ESCENA VI Dichos.—Carmen. querida Laura. pero Luisita. al segundo acto lo más pronto.—Me admira esa resolución que tiene usted para los negocios. ¿No es una tontería gastarse un dineral para eso? MARÍA ANTONIA. CARMEN. CARMEN. ya verá usted. No hemos tenido carta.—Sí. no me consuela la idea de que habrá conquistado un reino o habrá descubierto la dirección de los globos. ¿Cómo va? ¡Luisita! ¡Querida! CARMEN. RAMÓN. RAMÓN. ¡Tres horas para vestirse! Y siempre igual.—¿No llegamos tarde? Ramón viene riñendo. Si por desgracia me quedara sola. puede usted andar sola por el mundo. hable usted a las mujeres de esas cosas. LAURA. Isabel. no sé si será un disparate. (A ISABEL y a CARMEN. ya le conoce usted.. con la nueva sociedad constituida.—¿Ha estado usted en Bolsa esta tarde? RAMÓN.. . Mi mujer todavía. RAMÓN. No sé en qué piensa ese muchacho. usted siempre sabe lo que hace.—Sí. tengo que dejarlas en casa. a hacer jugadas de Bolsa.. y en sus manos se ha duplicado en poco tiempo. ya se sabe. Luisita!.—Y ya verá usted.—¿Y Gonzalo? ISABEL.—No. Estoy muy disgustada. RAMÓN. está tranquila. LUISA. aún lleva algún orden en el gasto de la casa. todo el mundo lo dice. ya lo sé.—¡Calle usted! La «toilette» de las señoras es inaguantable.—Saldrá en seguida.—Ninguna. LUISA y RAMÓN- ISABEL. Luego quieren que las abone al teatro. Tengo un proyecto en la cabeza. a ISABEL. A mí me asusta solo pensar en ellos.) Parece mentira que a ustedes no les interese. como ha visto y sabe lo que cuesta empezar. ¡Qué exageración! RAMÓN. confié a Gonzalo mi capital. con ellas.y tarda en volver más de lo justo.. nada de castillos en el aire. LAURA.—¡Qué mona estás.—Bien sólita ando.. sí. cree que el dinero llueve del cielo. LAURA. como usted.—(Bajo...—¡Pobre de mí si hubiera pensado lo mismo! Mi padre me dejó un capital muy modesto. la esfera de nuestros negocios se ensancha y sobre bases muy seguras.—Tengo que consultar a ustedes. CARMEN. LAURA.

LUISA. Ramón! ¿Qué hay de cosas? ¿Alguna novedad? RAMÓN. ¡y qué sé yo!.. En caso afirmativo..—Todo va bien.—¡Novio! ¡Novio! Cualquiera es el valiente que se atreve con una niña de estas. para educarlos bien desde pequeñitos. porque es usted un ingrato.—(Bajo. LAURA. ¿Cómo estás... Luisita? ¡Hola. la primera ropa blanca de lujo. pues en esas condiciones cargue usted con -una señorita acostumbrada a lucir y a gastar sin haber sabido nunca lo que cuesta ganar el dinero.. Conque a ver quién es el bravo que se casa con un sueldo de los que se usan en España y una renta de las que aquí llamamos modestitas. sustituir el coche propio por un simón o por el tranvía. No sé cómo Isabel lo tolera. LAURA. aunque fuera por seguirme. pero es lo único que nos compensa del no serlo. me hubiera apresurado a ponerme a sus órdenes..—¿Y me preguntabas si tenía novio? Ya ves. El dinero no puede hacer que seamos felices. peor mesa. GONZALO. No es natural que ningún hombre joven se halle en posición muy brillante.. Carmen. LUISA. tanto gusto. Y si hay hijos. que no podemos vivir así. ayas y médicos a cada paso. GONZALO.. y un dineral en batistas y en encajes. me arruinaría gustosa. porque no contesté a su última consulta.—Ya sabe usted que tengo fe ciega en usted. y los maridos dicen estas cosas con otra cara y otro tono que los padres. las mujeres de ahora no saben criarlos sino a fuerza de dinero. pero ahora. para cualquier muchacha aun de la clase más elevada.. Es una pasión platónica y bursátil. el matrimonio significaba el primer vestido encargado a una modista. No le convenía a usted de ninguna manera vender en esas condiciones. hasta un sacerdote francés para enseñarles a rezar. todo lo contrario: casarse. es venir a menos. es oír al marido que se gasta mucho. a MARÍA ANTONIA. es reformar diez veces un traje y catorce un sombrero.) Pero Laura es que está loca por tu papá. LAURA. es tener peor casa..—No lo sentiría yo menos.—Siguiendo a usted en su suerte. no lo disimula.. RAMÓN. nadie como Laura sabría poner tanto fuego y tanta expresión en frases tan prosaicas como estas: «¿A cómo quedó el Exterior? ¿Y el fin corriente? ¿El Amortizable?» Figúrate a Romeo y Julieta discutiendo en la ventana una cotización de Bolsa. es reducirse.—No tiene importancia. porque ya no saben hacer ni eso las madres del día. entre nodrizas.—Amiga Laura.—Me temo que confíe usted demasiado.. peor servicio.—Y cree muy bien. MARÍA ANTONIA. las primeras alhajas de precio. en vez de discutir si es el ruiseñor o la alondra el que canta. la verdadera presentación en sociedad... no heredó todavía. como usted dice. GONZALO. cualquiera se anima. ESCENA VII Dichos y GONZALO GONZALO. Antes. para ellas.—Papá cree que el dinero es la razón suprema de todo. apenas estornuda el chiquillo. Eso sí.. con los informes espontáneos que da papá. no soy infalible. empieza a luchar en su carrera o en sus negocios.—Ya sé por qué lo dice usted.—Muy enfadada con usted. LAURA. .LUISA.

Adolfo Barona.—¡Qué importaría! La escena sería la misma.... trabajamos juntos desde muy jóvenes.. como una madrileña de pura raza.—Mi mujer.. ¡por Dios!. el gran Barona.—No.. RAMÓN. que han hecho ustedes muchas. Josefina.. a LUISA.. me parece muy agradable. su padre es gran amigo mío..—¡Hombre.—Señores. ADOLFO.—No lo crea usted. JOSEFINA y ADOLFO MARÍA ANTONIA. muy amable! Pero las casas. hijo de nuestro corresponsal. GONZALO.—¿Es que no le gusta a usted? JOSEFINA. RAMÓN.. ... Quise decir tonterías. RAMÓN.—Bueno..) Querida señora. bêtises».—Sí.. de gusto! La de ustedes es excepcional.. Ramón.. hablo siempre español. ADOLFO. sí. sí. vaya.. MARÍA ANTONIA. «de. Su padre de usted es como un hermano para mí y para Gonzalo.. barbaridades..—Es muy graciosa. ¡qué mal tenidas! ¡Qué falta de «confort».—Sí. mi hija. ADOLFO..) Y dicho y hecho. Mi papá me hablaba siempre de ustedes. ISABEL. no se queden ustedes conmigo.—Permítanme ustedes que los presente. eso es una tomadura de pelo.—Se ve que el castellano no tiene secretos para ella. así se dice. GONZALO.—Aunque habla muy bien el castellano.. «une gaffe». sin acento alguno. pero la costumbre de pensar en francés sin querer..LUISA. ¿No dicen ustedes así? MARÍA ANTONIA. GONZALO. JOSEFINA. GONZALO.—En casa. ¿cómo se dice?. para el tiempo que ha vivido en París. (A ISABEL.—Eso. por vulgares y prosaicas que sean.—Sí. Ya verás: dos figurines.—Meter la pata.. ¿Y está usted más contenta en Madrid? RAMÓN. barbaridades!. ESCENA VIII Dichos. «une gaffe».—Sí. (Bajo. muy amable todo el mundo.—Su esposa. usted lo sabe. RAMÓN. Aunque no hayamos tenido el gusto de vernos hasta ahora.. hago.—¿Cómo va. a veces no domina el valor de las palabras.. el cariño sabe hablar con todas las palabras. GONZALO. Presenta a la tuya y a tu hija. ya sé. Josefina?. JOSEFINA.—(A LUISA.. ADOLFO.. ADOLFO.) El matrimonio de París. como familia.—Josefina es la que habla muy bien. Parece que se han divertido ustedes mucho en su tiempo. sí.—¡Ah. ISABEL. Hemos hecho las visitas de presentación.. con mi padre. debemos considerarnos como antiguos amigos.

.—No digas tonterías. ¿Cómo se dice.) ¿Quién te parece la madame en este matrimonio de París? RAMÓN. porque demuestra conocer muy poco a las mujeres. a GONZALO.—¿Por qué no? Es muy inteligente.. y no le conviene residir allí por ahora. RAMÓN. Mañana.—Pues ahora parece más tonto. en la junta. que tú respetas esas cosas... JOSEFINA. y teniendo aquí a Jiménez.. y tuya. Y la «toilette» es media mujer. delicada.. todo es armonioso.. y no hay más que hablar.. hay aquí la mano de una mujer artista. ¿No es asi? MARÍA ANTONIA. Y las damas también en sus «toilettes» son algo «criardes». a la única mujer que has respetado ha sido a la mía. sí.) ¿Y a ese chico es a quien tú quieres que confiemos nuestra gerencia en Madrid? GONZALO.—Revoltijo....—Sí.ADOLFO. GONZALO. propondrás conmigo ese nombramiento..) Y dígame usted.—Chillonas. gritonas.—Eso es....—Sí. GONZALO.—(Bajo.—Pues a mí me ha dicho el muchacho que el objeto de su padre al enviarle era el obtener ese puesto.—¿Lo que pide? Si no pide nada. GONZALO.. a LUISA. GONZALO.—A mí estas faltas de gusto me enervan. JOSEFINA.. RAMÓN..—¡Qué idea! Yo no sé qué os habéis figurado. GONZALO. ¿Cómo vamos a negar a Barona lo que pide para su hijo? RAMÓN. Habla así por agradar a las señoras. sí! Hay aquí buen gusto. a MARÍA ANTONIA. LUISA. Te conozco: desde que entró.. RAMÓN..—¡Vamos! De su mujer. (Bajo.—¡Ah.—Yo creo que. ADOLFO... A mí me escribió que su hijo venía a Madrid en viaje de recreo de novios. RAMÓN. El cargo no requiere gran inteligencia. GONZALO.—(A ADOLFO. una muchacha recién casada.—¿Eh? RAMÓN. una «toilette» encontrada puede ser un poema. Parece que antes de casarse había tenido en París relaciones con una mujer de cierta clase. LAURA.—Pero es de gran responsabilidad. así es... con el hijo de un amigo. y todo el mundo me asegura que son de gran porvenir..) Pero ¿con quién hablaría español en París esta señorita? ADOLFO. ¿qué se opina en Francia de las acciones de Panamá? Yo compré unas cuantas en excelentes condiciones.. «Mélange». y no es que crea en ti. comprendí que te interesaba.—La vida sin arte es una triste cosa... ¡Horrible! Yo la hubiera desnudado..—Jiménez está contento con su puesto... ¿Qué señora nos ha recibido con un «tea-gown» azul Niza y lazos grandes amarillos?.—(Bajo. ADOLFO. Iba yo a atreverme. ¿En qué casa hemos visto un salón con muebles Imperio y pinturas Luis Quince? ¡Qué horrible!.—Adolfo tiene un temperamento artístico..—¡Bah! Al lado de su padre ha trabajado siempre en los negocios. es que creo en ella.. es una exigencia de su mujer. . MARÍA ANTONIA. Ya te convencerás. Josefina?.

) ¿Permite usted? ¡Preciosas perlas! He visto pocas de oriente tan puro. yo también.. Es usted un guasón que quita el sentido. .... Por eso empiezo a no fiarme de usted.—Las que heredé de mi tía Leonor. ja!.. ¡Qué pareja! RAMÓN. Es una tontería gastarse el dinero en alhajas. Se empeña en que demos un puesto de gran responsabilidad a ese joven. JOSEFINA. MARÍA ANTONIA.. todo lo contrario de mi marido..—¿De mí? JOSEFINA. por cariñosas y bienintencionadas que sean.... GONZALO.. JOSEFINA. Nada fío ni espero de las palabras. JOSEFINA.—Querida Isabel. y yo me entiendo en perlas.—¿Por qué? GONZALO. hay que hacer algo más que hablar.—Pero ¿ven ustedes esa mujer? ¡Qué descaro! Está coqueteando con papá.. sin ideal. que tiene alma de artista y se gasta todo el dinero en cosas inútiles. un dinero muerto. pero si usted quiere torearme. Adorable.—No se ría usted de mí. ¡Y el marido tan fresco!...—Ahora mismo hablaba de ello. MARÍA ANTONIA. (Fijándose en los pendientes de LAURA. ¿no es cierto? El padre sabe demasiado que su hijo es un pobre tonto.ADOLFO. va uno a venderlas. Y no es esa la actitud que corresponde a un marido novel. debe usted prevenir a su marido. JOSEFINA. En España no hablan ustedes nunca seriamente..—De su palabra. LAURA..—Le digo a usted que tenemos cambiados los papeles. ISABEL.—¿Yo? Carmen me conoce. GONZALO..—Y eso que ha vivido siempre entre gente de negocios. JOSEFINA. amiga mía? ISABEL. GONZALO. Otro canal de Suez.) Ya lo habíamos conocido. pero usted ¿qué hace. Para conseguir algo más que promesas de enmiendas.—Veremos..—(A LUISA.—Qué más quisiera yo. Nunca me permito aconsejarle y menos oponerme a su voluntad.—Me río de su lenguaje. ¡Ah! La vida sin poesía.—Hace muy mal.—«Shocking»... ¿Ha recomendado usted a sus socios el nombramiento de Adolfo? GONZALO.—¡Ja. y le envió a Madrid para que se le colocara..—¿Se ríe usted? ¿He metido la pata? GONZALO. Por las señas está explicando a Laura y a Luisa la caída de alguna falda..—¿No es correcto? GONZALO. es cosa seguía. JOSEFINA. La perla es la joya femenina por excelencia.. Sentiría reñir con usted. son las únicas alhajas que tengo.—Es un negocio que duerme. pero no en cargo de tanta importancia. JOSEFINA. es dormir.. RAMÓN—Ya. olvidarlas cada ocho días..—Por eso mismo los detesto. pero el día que despierte. adorable. ADOLFO.—Veo que tiene usted un talento muy práctico..—Es graciosísimo. MARÍA ANTONIA.. GONZALO. como si aquí existiera el divorcio. JOSEFINA. dice que su padre le recomienda a ustedes.. JOSEFINA'... Aconseje usted a Gonzalo. se empeñó en casarse con esta muchacha de familia y de antecedentes algo escabrosos.—Adolfo se pasa la vida soñando.. Se van a comprar y cuestan un dineral.—Porque soñar.—¿Yo? Resignarme y esperar.

. su esposa. No me hables de Enrique.—Encantado.—El que la traía no hizo más que dejarla. LUISA. guarda esta carta para que se la leas a tu novio.. Yo no lo creo. y lo agradezco.—Toma... le servirá para después de casado. Enterados.—Sí.—Está bien.—Don Manuel Arenales...—Pero lee. Si te hubieras casado con Enrique. que la lectura es urgente. nada. sí.. ¿No es eso? ISABEL. (Vase el CRIADO... Presénteme usted.—Aquí tienen ustedes un madrileño neto.—¿Usted iba a sus asuntos a esas horas? Pues yo regresaba de los míos.) De Pepe.). sí.—¡Tan triste! Tristes todos. LUISA. Esta carta (Dándosela a MARÍA ANTONIA. (Entra MANUEL. encantado. por capricho. Me someto al eterno femenino... LUISA. ISABEL..—¿No espera contestación? CRIADO.. . MANUEL CRIADO... porque hoy no somos todos de casa.. MARÍA ANTONIA. Ya ve usted para quién estaba el día más adelantado.—Con permiso.—¿Todos? No. lo que yo esperaba. MANUEL..RAMÓN. GONZALO. todos hacen lo mismo.—¡Cuántas veces me he horrorizado al encontrarle a usted de madrugada cuando yo iba a mis asuntos de mis conferencias y de mis juntas!.—¡Pobre hermano mío! ¡Me escribe tan triste! MARÍA ANTONIA. y concedo ese privilegio a la luna. ISABEL. LUISA.—¡Señores! ¿Soy puntual? ¡Isabel!. MANUEL. MANUEL.. calla! Sé lo que vas a decirme. MARÍA ANTONIA... MARÍA ANTONIA.. Acabará de levantarse. LAURA.) MANUEL.—En efecto. No necesito leerla. te lo suplico.. ¿por qué ha de marcar la salida del sol el principio del día? Yo soy galante. ISABEL. MANUEL.. Monsieur Adolfo Barona. después. empieza su vida a estas horas.—¿Para qué? Léela tú.. si.—Ya sé. MARÍA ANTONIA.—¿Qué quieres decir? MARÍA ANTONIA. me hace daño.. por aventuras como estas que ahora distraen a mi marido..—Por hoy. Excusándose de venir: lo que yo sabía. causan para toda la vida la tristeza de quien no tiene culpa. cuando le tengas.. MARÍA ANTONIA.. ¡Que Dios perdone a los que sin pensar..—¡Pobre Isabel! ESCENA IX Dichos y un CRIADO.. para la señorita.—¡Calla.—Nada.. que los amigos no le dejan.—¿Por qué no? La medida del tiempo es puramente caprichosa.—¿No viene tu marido? MARÍA ANTONIA.

¿lo entiendes? De mí..... contribuyo gustoso. MARÍA ANTONIA.—No lo crea usted. iba solo.... Es usted el oprobio de la clase de solteros.. y por esa puertecilla puede ser que consigamos salvarle a usted y halle usted indulgencia a sus muchos pecados.. ¿Para qué sirve usted en el mundo? MANUEL.—Nada.—Ya sé que Pepe no come con nosotros... MANUEL.. ADOLFO. como siempre! TELÓN ACTO SEGUNDO La misma decoración del primero . limón.. Por ti. a todo lo cual. ‹‹le dernier cri». y se opondrá en la junta de accionistas.—¡Mías. ¡Haz lo que quieras.—Que otros lo pregunten. broma aparte..—¡Qué tenemos! ISABEL.. nada. solo por ti. Como esa señora se sienta a tu lado.. Gonzalo.—(A GONZALO....—Pero este hombre no sabe hablar más que de trapos o de golosinas. naranja.. MARÍA ANTONIA.—Sí.—¿Qué? MARÍA ANTONIA.. RAMÓN.. albaricoque. no. MARÍA ANTONIA. ¿Iba a decir que le he visto subir a Fornos con unos amigos y unas amigas. le detesto. cuando no vamos con nuestra mujer. MARÍA ANTONIA....—¿Le ha visto usted? MANUEL.—Ya lo sé.) Un momento...—¿Dónde? MANUEL. de trapos siempre. GONZALO.—Ya he visto que conspirabais.) CRIADO..—En la calle de Alcalá.—La señora está servida. tuyas y mías? GONZALO.—Supongo que las conoces. de los tres.—¿Iría con unos amigos? MANUEL..—Calle usted. haz el favor! MANUEL..—¿Indiscreto? Porque he dicho que le he visto en la calle y solo. MARÍA ANTONIA..LAURA. MANUEL.—Solo.—No. suyas. es divertido. y dice en su carta. ¿A qué mujer no conocerás tú? (Entra el CRIADO.. yema de huevo.—¿Yo? Es que quiero evitar que te pongas en ridículo.. supongo que insistirá en el nombramiento de su marido..—Los tonos de moda.. ISABEL.. iba solo.—Nada.—¡Qué indiscreto eres! A los casados no se nos ve nunca en ninguna parte.. acabo de verle. querida Laura.. GONZALO. Solo... ¿qué me importa? ¡Una vez más! Estoy acostumbrada.. azufre. MANUEL. Para que cada lunes y cada martes me mande usted billetes para sus funciones benéficas y listas de suscripciones a todas sus obras piadosas. GONZALO.. ya lo oyes. toda la gama de los amarillos. LAURA. ISABEL. Es que Ramón se opone a que eso sea.

. y este. ISABEL.. Piano RAMÓN.—Claro está. eso de que ahora venga aquí a dárselas de señora a la sombra de ustedes y de nuestras hijas. muchas gracias. ya lo sabe usted.—¿Quién toca el piano? Ahora no es Luisita.—No. Esa parejita es lo único que no he podido pasar de la comida. un hombre tan serio.. para mí ha sido siempre muy bueno.—¡Ramón! ¡Ramón! RAMÓN. CARMEN y RAMÓN. como una hermana. pero bueno.—He comido muy bien. Isabel.—Pues no lo parece.) . al café-concierto. verdad es que él siempre se lamentaba de su mujer. Isabel. RAMÓN. Su mujer debe de ser muy dichosa. ISABEL. entre la madre y la hija envolvieron a este pobre tonto.—¡Parece mentira que este chico sea hijo de Barona!. he comido muy bien.. ISABEL. Esta joven quiso dedicarse allí al teatro. querida Isabel.ESCENA PRIMERA ISABEL. que le había educado muy mal a los hijos. Dentro se oye hablar a los demás personajes.—Ese joven es un estuche. siempre. con mucho gusto. la madre de esta muchacha es una cualquier cosa. permítame usted que le diga que no ha debido presentarla en su casa de usted. es el joven recién casado.—Mire usted. ¡qué sé yo!. no me parece que deban ustedes consentirlo.. CARMEN. teniendo Gonzalo las mismas noticias que yo tengo de esta joven casada con el hijo de nuestro amigo y corresponsal. qué? Somos como de la familia.—¿Por eso conociste que no era Luisita? CARMEN. RAMÓN. Y esa plaza que pretende no la tendrá mientras mi voto signifique algo. ISABEL. Isabel es para mí. RAMÓN.—¿Por Dios. CARMEN. RAMÓN. amiga mía. Y.. y toca muy bien. RAMÓN. ISABEL. y Gonzalo hace muy mal en autorizarlo. Ramón. (Se levanta. yo soy muy claro.—Dice usted que Gonzalo sabe.—(Ramón. yo soy muy franco. Tiene sus defectos. ¡qué digo al teatro!. ISABEL.—¡Qué cosas dices! No haga usted caso. una trapisonda. a Gonzalo le quiero mucho también.—Yo sé lo que digo. tengo yo hermanos a quien no quiero tanto. yo la quiero a usted mucho. Después.—¡Bah! ¿Por qué? RAMÓN. ¿quién no los tiene? A mí no me ha molestado nunca con ellos: ¿para qué voy a quejarme? Ahora sí.—Las antipatías y las simpatías son instintivas. Y mire usted. un carácter enérgico. los tengo aquí. una española que se escapó de París con un viajante. y lentamente pasa y entra en la habitación donde se supone que están los demás.—Gracias. sobre todo. CARMEN. y estaré siempre de su parte. por Dios!.—Y yo me alegro. ¡con quién ha ido a casarse! Mire usted. toda la vida trabajando juntos. CARMEN.

con ese aire de mártir? Pues en el fondo le halaga. amigo mío! Hace media hora que le estoy tirando a usted de la manga para que me siga usted aquí. las mujeres tenéis mucha imaginación. como yo: un marido sin accidentes ni novela. porque también deseaba hablar conmigo? ISABEL. esa es la palabra! CARMEN... Con franqueza. Tengo que hablar con usted.--Sí.. como no lo estaría seguramente al cabo de algunos años de matrimonio. CARMEN.—Y a mí también. por eso no puedo callarme. pero me da pena la pobre Isabel..—En este caso. que no sabe más que trabajar. RAMÓN.—Si no le conociera. y la conducta de Gonzalo me indigna. yo soy un burguesote lodo prosa.—Pero ¿usted no ha observado que María Antonia me tiraba de la otra con más fuerza para que no viniera. el de amigo de los amigos de todo el mundo. compara. de mujeres locas por él. MANUEL. pero los tirones de María Antonia eran terribles. Tú no me quieres como Isabel a Gonzalo. rne parecería que os robaba a ti y a mis hijos. lo que Dios no permita. ¡«Coqueterías» y poquísima lacha. yo no podría perdonarme nunca. estoy satisfecho. créelo.—¿En su papel? ¿Qué papel es el de usted? MANUEL. Compara. y usted sin entenderlo. sí.—¡Vuelve Isabel! ¡Por Dios.. si Gonzalo fuera un marido.. mejor dicho. pero que no pase de una aventurilla ligera. querida amiga? El de confidente universal. hay cosas que no se las perdona uno nunca. Isabel está cada día más enamorada de su marido. algo así como la Central de . ISABEL y MANUEL.—¡Coqueterías! ¡Coqueterías!. alguna bribona me trastornara el juicio. ya sé que no.—Serás capaz de creer que hablé así por algún excesillo de champaña. ¿Y tienes valor para quejarte alguna vez de mí?. ¿Ves a Isabel. que no comprometa mucho. el de amigo de todo el mundo. CARMEN..—Sí. ISABEL. Pero no mortifiques más a Isabel. le realza a sus ojos. no sabría qué pensar de estas expresiones de sobremesa... calla! ESCENA II Dichos. aunque el corazón se incline a la amable juventud. siempre en mi papel. el corazón y la cortesía estaban de acuerdo. eso de no tenerle nunca seguro. CARMEN.) Pero ¡qué torpe es usted. le complace que su marido sea así. y aunque vosotros me perdonarais. ¿Tú crees que ella no ha notado... Bueno que al hombre no se le deba exigir una fidelidad tan absoluta como a la mujer en el matrimonio. pensar en el porvenir de sus hijos. hacer cuentas. y a poco pasan al saloncito donde se supone están los otros personajes ISABEL—(A MANUEL.. ¡qué sé yo!. como diría ella. aunque no fuera más que media hora. estoy seguro. esas historias de amores. le poetiza y.—Pero ¿no lo sabe usted.. de tarde en tarde. sí. que si. las coqueterías de esa mujer con su marido? RAMÓN. sino falta de gracia para seducir y enamorar? Sí.. la cortesía debe sacrificarse a la respetable ancianidad..—¿Yo de ti? No. MANUEL. ¿a que tú no me has agradecido nunca mi fidelidad inverosímil? ¿A que no puedes creer que ha sido virtud. como todas. sois muy dadas a la novela. RAMÓN.CARMEN.—Pero entre la madre y la hija.. con una mujer como Isabel. ¿Para qué pones a Isabel en cuidado? RAMÓN. pero eso de no hallarse nunca sin algún amorío. CARMEN y RAMÓN siguen hablando aparte.—No.

que está locamente enamorado de María Antonia.—¡Ligerezas-! Ligerezas como esas han sido causa de que María Antonia no pueda nunca ser dichosa.. tengo miedo por María Antonia. Federico no puede sospechar el interés que me lleva en este asunto y se confía a mí por completo..—Eso. MANUEL.... El papel. siempre. MANUEL. por eso quiero evitar que . ISABEL.—¡Qué me pregunta usted! Yo sólo puedo aconsejarle bien y para ello no tengo más que repetirle las reflexiones que tantas veces he debido hacerme a mí propio. ISABEL.—Usted es muy amigo de Federico Reinosa. sobre todo cuando el corazón no está defendido por un amor tan apasionado. no escriben y quieren vivir lo que sueñan. tan ciego. estación intermedia siempre. que haga parecer las tristezas más dulces que alegrías? MANUEL. pero los que sueñan. ayúdeme usted a proteger a la hija de la mujer que usted quiso tanto. Estimo en mucho a María Antonia. ISABEL.—Su consejero. advierto en ella algo que me hace temerlo todo.—Pero si el ejemplo de virtud lo es también de tristeza.—Eso decía Cervantes de un cargo muy parecido al mío: que era necesario en toda república bien ordenada. ISABEL. en nombre de ese amor que sintió usted por la madre de María Antonia.. Algunas ligerezas sin importancia. ISABEL. procuro interrumpirla. De todos modos. Dígame usted con lealtad todo lo que usted sepa... Ella tiene mucha confianza en usted.—Ahora no pido comunicación. Que usted es su confidente. Descuide usted.—Sí. Por eso me asustan las ligerezas. ¿le habla mucho de María Antonia? MANUEL.. y que fue todo adoración y respeto. MANUEL. al que todavía permanece usted fiel.—Naturalmente.. ¿No vale más así? Confío en usted. cometerlas. no es muy lucido. MANUEL. ISABEL. después. Pero Pepe es un buen muchacho. ni descansan ni dejan descansar. primero. MANUEL.—Es verdad. Sé cuanto vale el buen ejemplo en la educación. y María Antonia solo ha tenido ejemplo de virtud en su madre. en usted. adviértame usted del menor peligro. ¡Mire usted que quiero a María Antonia como si fuera hija mía! MANUEL. Está locamente enamorado.—Y respeté siempre. Creen que la vida es una página en blanco. a la que nadie se dirige más que para pedir comunicación. al contrario. Los que escriben sus sueños se quedan muy descansados. que ellos pueden emborronar a su capricho. querrá usted decir! Isabel.—Es verdad.Marra Antonia pueda. ¿usted cree que a los veinte años puede afrontarse con resignación la perspectiva de toda una vida muy triste. MANUEL..—Lo sé. Ese gran amor de su vida.—Por eso pudo usted hacer del recuerdo de ese amor la religión de su vida.—Buenos consejos.—¿No digo?.Teléfonos.—Pero ¿él espera?. Sea usted bueno conmigo. el escritor. ISABEL.. MANUEL..—Más temible.—¡El soñador. Pues.. MANUEL. ISABEL. Usted es íntimo de Federico.—Pero muy necesario.. ISABEL... . ISABEL. Su amigo de usted. María Antonia no se casó muy enamorada. como usted ve.. sí.—Sin rodeos: usted sabe que Federico. no puedo ocultarlo.

MANUEL.—De Federico Reinosa.—Con el recuerdo de ese gran amor. se clavan tan hondo. ESCENA III Dichos y MARÍA ANTONIA MARÍA ANTONIA.—No. oigo hablar mucho de él. pero dura poco el engaño. que seguramente andará como un Otelo cuando se trata de alguna de esas princesas de teatro..—¿Secretean ustedes? ISABEL. no acabó usted de contarme esa historia.. de engañarnos a nosotros mismos. Creo habértelo advertido ya. esa falsa alegría con que tratamos... Y así vivo. y el mismo corazón no las siente. o sufren. sí.—¿Sí?. torios aman.—Al principio. ¿verdad? MARÍA ANTONIA. están bien clavadas para toda la vida: primero es llanto. ¿verdad.—¡Qué sé yo! No me importaba. Ya es algo.—A ti. no sabe lo que se dice. Soy muy dichosa. MANUEL. MARÍA ANTONIA.—Federico es un hombre muy bien educado. y era muy divertida...—Gracias.—Exagera usted. se acaloraron. le parezco tan insignificante que no se preocupa por nada. MARÍA ANTONIA. ISABEL.—No será Pepe... en el corazón. como todos los maridos.—¡Contentísima! ISABEL—Era alegría nerviosa.. MANUEL. Yo le pregunté a Isabel. ¿Verdad que exagera? MARÍA ANTONIA. Fue también una gran amistad. le dirían que cualquiera estaba enamorado de mí. sí. tuvo una discusión con Pepe. ISABEL. cuando se acalora. rarezas suyas. con asombro nuestro..) TÚ le has tratado muy poco. ISABEL. ¡muy dichosa! ¿No ha notado usted lo alegre y lo comunicativa que he estado toda la noche? MANUEL. Tratándose de su mujer. ISABEL. de consideración. Pepe.—En cambio. que parecen perdidas. ¿De qué se habla por allí dentro? MARÍA ANTONIA. en el primer instante de una gran tristeza. amigo mío. Manuel? (A ISABEL.—Trae cara de fuga. tan hondo. amigo leal. y a mí me lo cuenta.—¿Pepe sólo? MARÍA ANTONIA. ISABEL. ¿qué le ocurre a María Antonia que está tan contenta? MARÍA ANTONIA. o luchan. más que engañar a los demás.—Sí. amigo bueno. sí.. Manuel. una discusión de arte.. Las grandes tristezas son así. incapaz de una incorrección.—No fue amor. ¿A quién? ISABEL. Me abruman las pruebas de cariño. ¿Es que no te das cuenta? Pues mira que puede ser que no sea yo sola quien lo haya notado.. . y no lo creería. ¡Siempre amigo! La gente vive a mi alrededor.—Ahora no va tanto por vuestra casa. locuras de artista.—¿Qué historia? MARÍA ANTONIA.ISABEL..—Amigo de todo el mundo..

. rodeado de todas ellas.—Y aun cuando se digan mal. y la recién casadita. un cuadro simbólico. Hay para pintar un cuadro. GONZALO ... y Laura. sí..«Uno. MARÍA ANTONIA.. No descuides a la señora de la casa.. MARÍA ANTONIA. es la resignación.—Algún éxito de papá. JOSEFINA.. Josefina. y cuando le pedí que influyera en tu favor me contestó de un modo.—Ya veo que huyen ustedes. después. ¡no digamos!. cuando parece bien el que las dice. no lleva más que dos meses de casada. Está ocurrentísimo.. tan calculadora y tan metalizada.—Isabel sabe de esas tristezas y de esas sonrisas. para enamorarlas. a Don Luis ya debían costarle el doble las conquistas. te dejo.. Es lo que yo le digo a Isabel: de lo que le ocurre a papá con las mujeres no tiene él toda la culpa.—No. créanlo ustedes. como una herida abierta siempre. para conseguirlas.—Sí.. Nos ha escandalizado. otro.) Menos mal que no ha dicho las tripas.. ADOLFO. Eso de enamorar es un don. una sonrisa triste. con su primer vestido largo. todo puede decirse.—Tiene la mar de gracia. (Se oye reír dentro. dolorosa.—«Helas! Ma petite femme!» Me parece que nuestras ilusiones. ESCENA IV Dichos. por eso se entretienen en apostar por los amigos. LUISA. eso no es natural. para eso hay que llamarse Tenorio. ADOLFO. LAURA.—Venimos huyendo de tu marido. (Siguen hablando. JOSEFINA. ADOLFO. MANUEL. algo genial.—¡Cállate ya!.. esos tienen trazas de no haber enamorado a nadie en su vida. Tú déjame a mí. Yo me he reído los imposibles. recién salida del cascarón.) MANUEL. ahí la tienen ustedes extasiada ante el eterno Don Juan. ADOLFO —Oye. que aunque es algo loca. LAURA. ¿No dices que era tan amigo de tu papá? Pues no lo parece. Mírenle ustedes. Esta gente es muy seria.. y al Capitán Centellas y Avellaneda. Sería lo primero que yo me propusiera. RAMÓN y ADOLFO LAURA. pero con él. te dejo. CARMEN.. JOSEFINA. ya ven ustedes: hasta Luisa. ¿Recuerdan ustedes aquello de Don Juan: . ¿te parece el momento de anunciar mis imitaciones de artistas de París o algún monólogo o «petite fantaisie»? JOSEFINA..—Y procura intimar con don Ramón.»? A mí no me digan. todas en adoración ante él.. MARÍA ANTONIA. MARÍA ANTONIA. mírenle ustedes. su simpatía puede importarnos mucho.—(A MANUEL. dile algún cumplimiento sobre su ‹‹toilette».quejas.) . una sonrisa.—Los he agotado todos. Yo siento mucho estos papeles. Tengan ustedes por seguro que los mayores conquistadores son los que ponen menos de su parte por serlo.... rabia quizá. ¡Qué hombre! Verdad es que cuando se dicen las cosas bien. la que debió ser modelo de esposas si no hubiera tropezado con papá en su camino. Desde Carmen.—De ningún modo..—Es que aquí no se atreverá a repetir lo que nos ha dicho. Ha estado muy poco expresivo contigo.—¡Qué divertidos! MARÍA ANTONIA. todo puede escucharse. JOSEFINA...

—Nunca.—¿De toreador? .—No he querido ofender a usted. Aunque no fue en su ofensa. ahora. pero burlas o veras.—Para destrozarlos. cantan y bailan jotas y tangos. cuando está uno triste.. ¡Cuántas contrariedades! Todo se oponía a nuestro amor. tiene usted dedos.—(A CARMEN. hace usted mal..) ¿Vosotras no queréis venir al teatro? Hemos pensado ir a ver esa pieza nueva que ha gustado tanto.. yo siempre que iba a un baile «masqué».—¿No perdonará usted nunca? CARMEN. justificando con todo el mundo el motivo o exponiéndome a no poder justificarlo. no pretenda usted mi complicidad en sus combinaciones.. ¡Oh. siente usted la música. ¿y cree usted que puedo corresponder a su generosa lealtad con la sombra siquiera de una traición que Isabel no merece de nadie. los que tienen dinero y quieren casarse en seguida. Pero supo perdonarme o compadecerme. Se trata del porvenir de un matrimonio enamorado. bastaba para que me hubiera cerrado las puertas de su casa. y los más simpáticos son precisamente los que no cuentan con nada. nosotros. A Josefina y Adolfo les divertirá mucho.. señorita? LUISA.) Procure usted convencer a Ramón de que no hay inconveniente en conceder ese puesto a este chico.—¿Usted no ha amado nunca. porque ya ha visto usted que soy una calamidad. GONZALO. yo no hubiera podido soportar mis amores con Josefina.. LUISA. ADOLFO.—Será falta de estudio. ¿No ve usted que papá me espanta a todos los pretendientes? En seguida les pregunta con qué cuentan.—(A LUISA. nunca. A pesar mío.—Se lo ruego a usted. porque no estamos solos en el mundo. creía que debía confesárselo todo. ya se sabe.. Gonzalo... ¿Por qué ha de parecerle a usted más verdadero el arrepentimiento de ahora que la virtud de entonces? GONZALO. y siempre. de usted y de mí mucho menos? GONZALO. ADOLFO.. En París. Si no hubiera sido por la música. no le falta a usted más que aprovecharse de todo eso. MANUEL.—¡Oh! ¡Ya lo creo! La música y las danzas españolas me entusiasman.GONZALO. ADOLFO.—¿Sí? ¡Qué felices serían ustedes! ADOLFO. Todos podemos contribuir a su felicidad.. es muy española. Yo sí que no puedo perdonarme. En cambio.) Mandaré a pedir esos valses y todo lo que usted quiera. y tocar. tiene usted derecho a creerlo.—Lo he perdonado todo. tiene usted corazón.. usted que es tan buena.. Nuestras familias.. todos tontos de capirote.—¡Oh! Sí.. señorita. ya se sabe: de torero. Romeo y Julieta. Hubo un día en que pensamos morir como ellos para que nos sepultaran en la misma tumba. y cuando se casó usted con Isabel.—Lo supongo. no hay nada que consuele como la música. CARMEN. para que no me cueste mucho todavía contener mis lágrimas delante de todos. porque tiene usted condiciones.—Pero ¿quién dice que es una traición lo que yo propongo? ¿O es que la amistad de Isabel le hace a usted participar de sus celos? CARMEN.. una novela. para considerarme algo menos indigna de su amistad. de práctica. Gonzalo. CARMEN. Y la música es la medicina del alma. sí! Condiciones de gran pianista..... Piense usted que aún no he llorado bastante a solas. Capuletos y Montescos. GONZALO. con usted no es posible saber nunca si habla usted en burlas o en veras. No es usted tan cruel. Yo solo puedo decirle a usted que hace usted mal. debí seguir tratando a usted como amigo. Nosotros hemos sido siempre españoles de corazón.. a lo menos.—(A ISABEL y MARÍA ANTONIA. LUISA.

¡Ay! Digo que ya debía haber ido hoy a llevar a San Antonio la participación que le ofrecí en un décimo de la Lotería. de peluche «rose».—Sí.—Después.—No. RAMÓN.. y en la faja mi gran espada para matar al toro.. ISABEL. GONZALO. ¿no le dio usted participación? Porque de eso sí le hubiera correspondido un buen pico. GONZALO.—¿Y qué le corresponde al santo? LAURA.. RAMÓN. .Anda. RAMÓN. pero tú no se lo has dicho. (A ISABEL.—¿Piensa usted madrugar? MANUEL.) ¿Si quieres acompañarnos? RAMÓN.) TÚ has dicho que no quieres venir. MANUEL. LAURA.—No.—Sí.) Isabel.. En el peinado..—Después. RAMÓN.—Allí puede que me encuentre usted el mejor día.—¡Anda. ¿verdad? LAURA. a ISABEL.—¡Ah! Un traje precioso.ADOLFO.. siempre suyo. ya lo ha oído.—(Despidiéndose. embozado en mi gran capa española.) SÍ. Tengo que ir al Banco a firmar. un cuchillo precioso atravesado en el pelo. «paillete» de oro y verde. auténtico.—(A JOSEFINA. Sería inverosímil. entre dos peinas.—Pienso no acostarme.—Pues verá usted. MARÍA ANTONIA. el fígaro con claveles bordados..—Si hemos de ir al teatro.—Y de la última venta de acciones.) ¿Y usted? JOSEFINA.—(A RAMÓN. la que parece que los toma a broma es usted.—(A JOSEFINA.. un premio chiquitín. salero! Se lo escribiría a usted papá. después a la sopa. a una junta. Sería despedir a estos amigos.—Nada. Yo tengo que pasar un instante por el Casino. ¡La de cosas que debo hacer mañana! MANUEL.—¿Le ha tocado a usted la Lotería? LAURA.—Cuando ustedes quieran...—Yo también me retire. LAURA. tengo que madrugar mucho.) Ustedes perdonarán. RAMÓN. LAURA. LAURA. de Carmen..—No. amiga mía.—Nosotros. LAURA. MANUEL.—¿Sí? Dígame usted el itinerario para hacerme el encontradizo.—Yo. en seguida os mandaré el coche LAURA. No tenemos que escribirnos otras cosas cuando nos escribimos. no se hubiera visto.—No tomen ustedes a broma estas cosas. MANUEL..—¿Con la navaja en la liga? JOSEFINA. treinta pesetas. el sombrero redondo con su cocarda roja.—También decía eso: .. señor. no.—¡Dos pesetas! ¡Pobre santo mío.—(Bajo. es más bueno!. salero! ADOLFO. y un letrero grabado que decía: «¡Tu corazón!» RAMÓN.—Las acciones. ¿verdad? ISABEL. MARÍA ANTONIA. RAMÓN. a los santos. GONZALO. vosotras podéis acompañar un rato más a Isabel. así.—Allí no me encontrará usted. MARÍA ANTONIA. ya lo has oído. con la hoja brillante abierta.

hasta que no la veo realizada. sí.. muy tranquilo. puedo esperarle sentada.. ISABEL. MARÍA ANTONIA.—¡No faltaba más! Voy con usted.. ISABEL.-—No lo permito.—¿Cumplirá usted su palabra? MANUEL. mejor.—¿Para qué? Si él está aquí muy a gusto. LAURA. Salen LAURA..—Carmen. En toda esta semana no se puede contar conmigo. MARÍA ANTONIA. Ya sabe usted que no me agrada.—Que te acompañe Manuel.. CARMEN. ISABEL. no. MARÍA ANTONIA.) Recibirá usted los figurines.—Ya lo sabrás.—No. MANUEL. Sí vendrá. encantado.—Habrá pasado un ángel.ADOLFO.—jQue silencio! LUISA. no sabes lo que siento verte triste. Sabe Dios a qué hora se descolgará.. ISABEL. RAMÓN y ADOLFO. y cuando yo tengo una idea. (A LAURA. sí. que se calmen tus nervios.—Señora.—Un ratito todavía. MARÍA ANTONIA. Y si viene y no me encuentra. ISABEL. ¿Para qué voy a ocultarlo? Tengo una idea.—¡Qué matrimonio!. LUISA y MANUEL MANUEL.—Puede que tengas razón.—(A CARMEN y LUISA. El placer de visitar a ustedes es tan grande.—¿No esperas a Pepe? Decía en su carta que vendría a buscarte. (Pausa. hasta muy pronto. Manuel? MANUEL.—Yo dejo a ustedes.—¿Dejamos que lleguen siquiera al portal para murmurar? ISABEL. CARMEN. MARÍA ANTONIA. etcétera. ¿Usted se queda.—Espera un poco.) Y usted los figurines y los valses. hasta mañana. JOSEFINA. hasta mañana. Isabel. Luisita.) Señora. Ya lo verán ustedes. María Antonia.—(A ISABEL. MARÍA ANTONIA.. por lo mismo. y no es preciso hablar para entenderse. señorita. ADOLFO.. despedidas.. que abusaremos de él con frecuencia.—O un demonio. Carmen.—Acabarán ustedes por decir que somos unos pelmazos.) MANUEL. GONZALO.. CARMEN. ¿Quién sabe? Cuando se calla tan a menudo suele ser porque todos piensan en lo mismo. Luisita. MARÍA ANTONIA. Hasta.—De ningún modo.. (Saludos.. señora. encintado. estoy muy nerviosa..—Sí.. Isabel. de muy mal humor. .. GONZALO.—Adiós.—Descuide usted.) Tardaremos en vernos. Estos son de los que vienen decididos a la conquista de Madrid y se salen con la suya.. Luisita.) ESCENA V ISABEL.. MARÍA ANTONIA.... (A LUISITA.—¿Qué será? ¡Dios mío! Me asustas.. muy buenas noches.. MARÍA ANTONIA. JOSEFINA. Además. Hasta luego.

—Los hombres. Lo mismo que tú a nosotras.. y entre su aridez y su vulgaridad hay que saber encontrarlo. las más crueles..) ESCENA VI ISABEL. y entonces.. LUISA.—¿Y qué dice Enrique? ¿Qué les escribe a ustedes? LUISA. hija mía. como cuando somos chicas y hemos oído cuentos de ladrones o fantasmas.—Las más tristes.—¿Cómo va. a costa de muchas tristezas. ¡Papá le despidió con tanta severidad! Es muy severo con todos nosotros. CARMEN. y María Antonia. si no queremos llorar toda la vida algún error irreparable.. pero cree que no puede darnos mayor prueba de cariño que trabajar sin descanso para enriquecernos. ¿verdad? Luisita nos escucha asustada. Carmen? ¡Luisita. Cuando rechaza con mal humor una caricia de sus hijos. ¡para ser feliz. (Salen los dos. Alguna ligereza suya que María Antonia no quiso perdonar. Después... No sabes cómo me atormenta. ESCENA VII Dichos y PEPE PEPE. ya sé que si el cariño verdadero existe. no evitarás después ningún desengaño.. Cree que no le queremos bastante.. CARMEN. siempre indiferentes a nuestros sentimientos.—¡Pobre María Antonia! Son las primeras desilusiones de su matrimonio. no te preocupes..—Calla. Adiós. LUISA. siempre egoístas. no perderás ahora ninguna de tus ilusiones.—A mí también llegaron a parecerme odiosas.—María Antonia no debió casarse con Pepe. eres muy niña. No.MARÍA ANTONIA. por mucho que te advierta nuestra experiencia triste. adiós. ISABEL.—No sabe agradecer que el corazón no sepa tanto de cuentas.—Cuando usted quiera.. esta noche vas a soñar con algún matrimonio desgraciado. solo está en esa prosa de la vida.—Lo sé.—Escribe muy triste. Nosotras sabemos algo de esto. con un hombre a quien yo quiera con toda mi alma. Supongo que la culpa fue de Enrique. no hagas caso de nosotras.. son cuentos de viejas. ¡Ah! Pepe cumple su palabra. CARMEN y LUISA CARMEN. Nadie aprende a vivir por la experiencia ajena. que me quiera lo mismo. Pero estamos asustando a Luisita. ¡Pobre hermano mío! Fue una locura de los dos. porque representa unos cuantos miles que gana para ellos.. La vida sería aún más triste si al empezar a vivir supiéramos ya que solo vivíamos para renovar el dolor de los que vivieron antes. CARMEN. y nuestras madres oirían a las suyas. quisiera que sus hijos agradecieran el mal humor. ISABEL. y todas entregamos el corazón enamorado con la misma fe y las mismas ilusiones. ISABEL. ¿Vamos? MANUEL. que no quiso esperarle. ¿qué razón habrá para que no seamos muy felices? Como lo hubiera sido María Antonia si se hubiera casado con Enrique. estás guapísima! ¿Y María Antonia? . yo no he podido comprender todavía por qué dejaron de quererse. No te asustes. porque está preocupado con algún negocio... solo debe una casarse muy enamorada! Yo no me casaré de otro modo.—Ramón es muy bueno. oímos nosotras a nuestras madres.

Y perdona si hemos empañado un poco el cielo de tus ilusiones. Y esa lectura.. la vanidad hace siempre traición a vuestra prudencia y aun a vuestro interés.—¿Quiere usted preguntar si ha vuelto nuestro coche? ISABEL. no funda su disgusto en ningún motivo particular.ISABEL.. Por primera vez. Pepe. Di que te importe más o menos. María Antonia no se hace cargo de nada. CARMEN. Isabel. pero hemos de hablar los dos. y es posible que nadie lo supiera . presentimiento de algo que tú mismo has de confesar.—¡Bah. Es inquietud. pero quién sabe las lágrimas que le ha costado ser como es. todos estáis equivocados.—No es secreto. No es que yo dé la razón a María Antonia.) ESCENA VIII ISABEL y PEPE PEPE. ISABEL..) ISABEL. no lo preguntes con intención.—Pues no hay razón. no era interesante. ustedes son de la familia. (ISABEL llama y sale un CRIADO. ¿era tan interesante? PEPE. pero era un compromiso de amistad.. Pepe! Fingimientos conmigo.. La mujer más humilde podía ser enamorada de un rey. dejamos a ustedes. No será larga la conferencia.—Espera un momento.—Adiós.. Dijo que tenía mucho sueño y no quiso esperarte. ISABEL.. PEPE. voy a sentirme suegra.. CARMEN..—Nerviosilla. pero no digas que no hay algo y que tu vida no ha variado por completo de algún tiempo a esta parte. ni él ha de oírme con menos paciencia.—Sí.. sin título absoluto para ello.. CARMEN. PEPE. tenga usted la seguridad de que será por su bien cuanto Isabel le diga. porque ahora voy corriendo a casa. y una mujer antes que todos.. Si María Antonia fuera como ella. señora.. entonces.—¿Sabe usted si espera el coche de la señora? CRIADO.—Y los hombres tampoco os hacéis cargo de nada.—En otra ocasión.—No lo dudo... que por la importancia que tú le des juzgas la que debe darle tu mujer y debemos darle los demás. Porque estén ustedes delante no he de hablar menos seria con Pepe. La mejor cualidad que tenéis los hombres es que no sabéis fingir.—Isabel. si todos fuéramos como ella. LUISA..—Por lo mismo que hay confianza entre nosotros..—Adiós.—Sí. hija mía.. PEPE.—¿Qué ha dicho María Antonia? ¿Qué dice de mí? ¿En qué motivos funda su disgusto? ISABEL. que todos hemos tenido motivos para conocer. señora.—No... ISABEL..—Creyó que no venías... llegó hace un rato.. ISABEL. CARMEN.. no se retire usted por eso. (Salen CARMEN y LUISA. Que la reprensión no sea tan pública y que sea más severa. PEPE.. Habrá estado de un humor toda la noche.—Cierto..—No dice nada.. Es que hoy había nubes. quiero que María Antonia sepa que he venido temprano. ISABEL.

.—Ahora niega.. el que yo tengo...—Pero ¿cómo podría yo convencerte? ¿Quién puede haberte dicho... Si el cariño no sacrifica nada.. pero no todos son lo mismo. cartas de una artista.. PEPE. quise avisarte a tiempo... te aseguro que no volveré a decirte una palabra...—Si tienes esa opinión de nosotros.. sí... retratos.Si eso quiero...—Sí.. pero me alegro de encontrarte aquí. . Me intereso por vuestra felicidad. Antes de ahora los hubieras visto si no hubiera estado seguro de que antes. María Antonia? ESCENA IX Dichos y MARÍA ANTONIA PEPE.. ¿Qué es eso. ¡Qué caprichosos todos! ¡Qué bonitos! PEPE... ¿No lo agradeces?. PEPE. Pepe... y ya te lo dije... creerías lo mismo.. que juzgue si hay motivo para esta escena de celos de sainete!. a un amigo. PEPE. con todas sus ilusiones. es temperamento... cartas. ISABEL. con el corazón no se debe jugar. ya la conoces.. pero hay quien no se resigna y protesta y lucha.—¿Cómo vuelves? MARÍA ANTONIA.—¿Qué has hecho? MARÍA ANTONIA. ahora di que son mis nervios de niña mal criada.—No quería que me encontrases en casa.—¡Qué locura! .. como ahora. ¿en qué podemos distinguirlo de la indiferencia? Yo sé bien que para los hombres. ¿Qué más vida quieres? Mira. ¿qué valen tus recursos ni tus protestas? Y solo con mirarle a la cara lee de corrido en su pensamiento.. ahora di que no es posible soportarme... pero del corazón no puede responderse nunca.—¡María Antonia! ISABEL.. Los hombres os creéis muy seguros de vosotros mismos. antes de comprenderlas.—En serio. es peligroso jugar con él.. sin propósito de vuestra parte.—¡Pobre Pepe! Pero ¿crees que a mí puedes engañarme? Al lado de mi Don Juan. y acaso no es virtud. lo sé por experiencia.—¡María Antonia! ¡Qué significa! ISABEL... y que no dormiría tranquila hasta salir con ella. Resignarse es muy difícil.. mira.? ISABEL. MARÍA ANTONIA. Cartas que se le escriben a cualquiera.. que Isabel se entere de todo. hay siempre mil ocasiones de aventuras.—¿Y crees que todos somos lo mismo? Empiezo a sospechar que eres tú quien pone en cuidado a María Antonia. porque no es una sola ni de una sola persona. PEPE. ni con el propio ni con el ajeno. (Arrojando unas cartas y irnos retratos. ya fijáis el límite a vuestras aventuras de amor y pretendéis que esa seguridad sea también la nuestra. que no te dejo vivir.) Ya sabes lo que es.. ¿No me esperabas? Ya te dije que tenia una idea. pero ¡desdichada la reina enamorada de un hombre cualquiera! El se encargaría de contárselo a todo el mundo...—Si eres capaz de creerlo.. ISABEL. para toda su vida.por ella... Bien está. aunque le fuera la vida en ello.—Creerás que tienen mucho valor para mí estos tesoros. Mira. retratos de artistas. pero atormentáis el de la mujer que os entregó el suyo por entero. en las que no ponéis nada de vuestro corazón. . PEPE... es muy peligroso. ¿Unas cartas? Muy interesantes.

. que se vaya. ¿Entiendes? ISABEL.. ¡por tu madre te lo suplico. he sido yo.» Cada carta supone una entrevista. ante todo el mundo? Si por suposiciones fuera.. ¡son mis nervios.... ¡Si no tienen nada de particular! ISABEL. es porque algo podía justificar ese atrevimiento. MARÍA ANTONIA...—Y yo me alegraría si fuera para saber la verdad y para creerla.. sino.» Otra... MARÍA ANTONIA. PEPE. porque.—Hemos concluido.—Si no hubiera podido ver nada ni antes ni ahora. «Como ya sabes.. No es cuestión de motivos.—Pero ¿te atreves a decir. y vengo aquí a buscar tranquilidad y reposo y olvido sobre todo. como si nunca nos hubiéramos visto.. María Antonia! MARÍA ANTONIA.. no tenía que creer nada....—¿Quién sabe? PEPE..—Sí. PEPE. ¡Que las cartas no dicen nada! ¡Ya lo creo!.—Solo debías pensar en lo que yo digo. yo también podía haber supuesto que.. al contrario. Y yo te digo que no vengo aquí a dar espectáculo de ningún género. yo me quedo aquí.. Pepe! ¿Qué dices? PEPE.. ISABEL. ¡Madre mía! ¡Madre de mi alma! ISABEL. ¿verdad? Pues esa prudencia es una prueba más de tu cariño.... es que estoy loca.. MARÍA ANTONIA. «Como quedamos ayer. MARÍA ANTONIA. como si todo esto lo hubiéramos soñado. son los nervios.. un escándalo.—¿Qué estás diciendo? Pero ¿tú crees que eso es posible? MARÍA ANTONIA.. y es claro..—¿Oyes qué infamia?ISABEL. yo soy más imprudente... que me deje. cuando un íntimo amigo mío se atreve a declararse a ti. por eso he decidido ponerme en cura.—¡NO faltaba más! No estamos en el mismo caso. y no dirás que me di por entendido de nada ni que te ofendí nunca con la menor sospecha. ya ves. no para inventar lo que solo existe en tu imaginación.-—No. MARÍA ANTONIA. qué infamia! Se atreve a decir que podía haber sospechado de mí. y muy bien. Me basto yo sola para averiguar lo que tengo derecho a saber de cualquier modo.. con ayuda de algún criado tal vez. Lee cualquiera.—Claro está que lo veremos.—No por mí. no puede ser. «Como te dije ayer... en mi casa. si yo no he creído ni puedo creerlo. nada de esto es verdad.—Nunca me olvido del respeto que me debo a mí misma. te ha faltado tiempo para venir aquí a dar el espectáculo.—Sí.—¡María Antonia! PEPE. PEPE. para mayor discreción.—¡Por Dios.—No lo sabemos... MARÍA ANTONIA.. como haces tú conmigo. cuestión de prudencia. reflexiona!. cuando tan fácilmente has dado con ellas. entregándote por lo visto a la tarea de descerrajar mis muebles.. a no dar ninguno. ¿Qué dirá tu padre? ¿Qué dirá Isabel? ¿Qué dirá todo el mundo? MARÍA ANTONIA. con mi padre. Hallé un pretexto para distanciarle de mi amistad sin que a nadie pueda extrañarle. Estaba previsto: era lo que buscaba. yo no puedo callar. PEPE.? ¡Oh! ¡Qué infamia.. esta..» Y aquí.—No. a quedarme aquí muy tranquila como si nada hubiera pasado. para qué decir si estaba todo dicho.—Por eso las guardaba yo.. contigo. PEPE.—LO veremos. es inútil. mis nervios! .—Sí. contigo.MARÍA ANTONIA. sobre todo. Y callaste por prudencia. he soñado..—¡Por Dios. ¿Puedes consentir que nos pongamos en ridículo ante tus padres.

. ¿verdad? ISABEL. ya pasó todo. ¡Por Dios. lo seré. GONZALO.. que no se entere.. esperamos un poco para despedirnos de ti. sí. MARÍA ANTONIA. mañana. por mí. GONZALO... Estaba muy guapa y muy bien vestida.. MARÍA ANTONIA.—Yo. es muy tarde.. cuando se ve una cara nueva.—¡Hola... ISABEL... antes de acostarme. hola! ¿Todavía por aquí? PEPE....—Mucho. GONZALO.. muy agradable.—Sí... ¡será por tan poco tiempo!..—No lo sé. María Antonia. GONZALO. mañana. mañana espero que podremos hablar con tus padres con más tranquilidad.—¿Piensas salir temprano mañana? GONZALO.. ¡ten prudencia!.. por lo que más quieras.—Sí.) ESCENA XI ISABEL y GONZALO GONZALO. seca esas lágrimas! ESCENA X Dichos y GONZALO GONZALO.—Sí.. ISABEL. Sabré fingir. Mañana tengo que madrugar. ¿Y esa lectura? PEPE.—Voy a mi despacho a escribir unas cartas.. ISABEL. yo iré a verte mañana temprano. ¡naturalmente!. ya nos ibamos.—No. GONZALO. ¿piensas decirle algo? ISABEL.—Sí. La música es bonita. ahora no puedo pensar en nada. adiós.—No.. PEPE... PEPE..—¡Qué!. ISABEL.. ¿Qué tal el teatro? ¿Se han divertido esos señores? GONZALO.—Josefina habrá llamado la atención... Isabel.—¡Pchs!. No puede juzgarse por una lectura.. o del arrepentimiento.. Pepe!.—Sí.. papá.—¿Pasó ya el nublado? MARÍA ANTONIA.—Sí. María Antonia!. MARÍA ANTONIA.—Hasta mañana. por acompañarlos.. ¡por Dios..—Me fui al teatro con el matrimonio de París.. todo el mundo miraba al palco.—Y si la cara vale la pena. Hubo escena. . PEPE. ¿Por qué? PEPE.. como siempre... A ella le ha encantado.. Pepe.. que no sepa.—Pues no escribas esta noche. (Salen PEPE y MARÍA ANTONIA.—Para venir a verte.—Sí. Isabel. que no os vea si no sois capaces de disimular.ISABEL. ¡Por Dios..—¡Silencio! Vuelve tu padre. ¡Bailan un tango!.—Tienes ojos de haber llorado. Ya sabes: en Madrid. Las lágrimas del perdón.

no. GONZALO..—Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras? Estabas llorando. que estás muy alegre...—Sí.—No. ¡Además. LAURA.. procura serenarse.. ISABEL. ISABEL.) Hasta mañana. GONZALO..) Avise usted a Lucila que vaya a mi cuarto..—¿Para qué? GONZALO. Tengo que escribir cartas de negocios y no puedo preocuparme por esas menudencias. GONZALO...—¿Qué.) GONZALO. GONZALO.—Nada. ISABEL..—Pero no será así. e ISABEL. ¿qué tienes? ISABEL. Hasta luego.—(Dentro. Isabel. ISABEL rompe a llorar. (Entra en el despacho. nada.... (Sigue cantando.—Pero ¿qué te pasa? ¡Dichosos nervios! En seguida escribo esas cartas y me dirás todo lo que quieras..) ISABEL.. (Pausa.. te lo he dicho: estoy muy alegre y no quiero ponerme triste! ISABEL. para convencerle de ese nombramiento. no sabes. al verle.—Haces bien. LUISA y GONZALO ...) ¡Estás muy alegre! GONZALO. ¡Qué tontería! ¿Quién hace caso? Nervios de niña mimada..GONZALO. (ISABEL llama y entra un CRIADO. Tú sabrás por qué estás alegre. nada. cuando se está alegre. Voy a escribir esas cartas. GONZALO..—(Desde la puerta. pero María Antonia está muy disgustada.—Es esa musiquilla que.—¿Y sientes que esté alegre? ISABEL. Voy a acostarme. se me olvidaba decirte una cosa.—Es que. (GONZALO canta dentro.. CARMEN. (Entra en el despacho. No quería decírtelo.—Oye.—Y para otros asuntos.. se pega al oído. está celosa.. sin querer.—No tendré tiempo mañana..) ISABEL.—¡Oye!. GONZALO. ¡Ahora que me acuerdo: le dije a Pepe que no saldría temprano y tengo que salir! ISABEL.—¡Bah!.. GONZALO.—Nada. GONZALO aparece de pronto.—Nada.. ISABEL.) ISABEL.. sabe que Pepe.) ¿Qué quieres? ISABEL. lo dicho..—Ni ahora quiero saber nada.—Para ver a Ramón antes de la junta.—Es que ya sabes el oído que yo tengo. porque sería horrible. TELÓN _ ACTO TERCERO La misma decoración ESCENA PRIMERA ISABEL.? ¿Qué quieres? GONZALO..

.—El doctor le ha dicho que no debe salir todavía.—Pero si me encuentro perfectamente y voy en coche y muy abrigado. No porfío.—No bromee usted con esas cosas. LAURA. Es usted peor que un chico. convénzanle ustedes. LAURA.—Pero ¿qué tienes que hacer? GONZALO. ISABEL.—Pues si se muere tan buena gente.. Y si se pone usted pesado. ya pasó! LUISA.—Vaya. pero es muy molesto para él. no se alarmen ustedes.. ISABEL. una. LAURA. GONZALO.. GONZALO.—Ahora. quietecito en casa. qué susto! LAURA. GONZALO.—No.. GONZALO. no se alimenta. si no está usted bueno todavía.. que ya tiene bastantes ocupaciones. ahora debía tomar unas pildoras que le han mandado. ¿Cuántas debe tomar? ISABEL. LAURA. agua' LUISA. Tiene usted mala cara..—¡Pues está bueno el día! Yo he tenido que hacer mi visita a los pobres y creí que me llevaba el aire..—Pero. ¿Quedó en venir hoy? ¿No viene todos los días? GONZALO. ¿Y dices que no se alimenta? ISABEL.—De ningún modo.. venga el sombrero.—Mire usted que hay una de pulmonías embozadas..—Nada.—Pero. abra usted la boca. LAURA.—Es una locura. no sea usted pesado. Es una de morirse gente conocida. ¡se acabó!. la otra.. LAURA.. ISABEL. CARMEN.—Debo ir a las oficinas. LAURA.—Ramón le tendrá a usted al corriente de todo.. le acostamos a usted a la fuerza. ISABEL. ayúdenme ustedes. LAURA.—¿Verdad que sí? Y está muy débil.—Sí.—¿Para qué? Ya sabes lo que te dijo Ramón. ¿Qué le apetece a usted? GONZALO.—¡Ay. no debe usted salir. GONZALO.—Nada. LAURA..—A la fuerza. y tampoco quiere tomarlas.—Tome usted tres.—No.—Que me ahogo. Laura. ¿Y qué es lo que se lleva ahora para morirse? LAURA. No sé cómo puede tenerse. Vamos. ISABEL.—Eso no puede ser.—¡Agua. (Toca el timbre y entra un CRIADO. querida amiga.—¡Agua pronto! ¡Que se ahoga! GONZALO.—¿Y quiere usted salir? Fuera ese abrigo..—¡Por Dios. basta ya.—Dos.—¿Que no? Vengan acá esas pildoras. GONZALO. LAURA... Ahora mismo va usted a tomar cualquier cosa. LAURA. dos.) Usted dirá lo que pido. Muchas gracias. CARMEN.—Abra usted la boca.—Como ustedes quieran. que no hacía ninguna falta que fueras. no sales.ISABEL.

Debe usted estar muy contenta. Estaba usted enamorado como un colegial..—Ahora debe usted descansar una temporada en un clima templado. . confiterías. después del escándalo. Joyerías. porque las paces serán para reñir más fuerte a los dos o tres días. Todas mis amigas le han visto a usted de tiendas en esta temporada. LAURA. floristas.—Y no nos ha dicho nada. No se lo digo a usted porque se va usted a reír. Laura! ¿Sería usted capaz.—He ofrecido no ir al teatro en todo lo que queda de este mes.. Porque.. Paseítos por la Moncloa y la Casa de Campo. ISABEL.LAURA.—(A ISABEL..—¿Referente a. Si se deciden ustedes por Niza..—Lo agradezco.—No dirá usted que no le cuidamos.—Lloramos por usted como si se hubiera usted muerto. Nunca he visto a Gonzalo tan preocupado. ¡Si nos hubiera usted visto el día del arrechucho!. Ha concluido del mejor modo posible. el médico asegura que no ha sido nada. los acompaño a ustedes. LAURA. GONZALO.—Era lo natural.. CARMEN. LAURA.—Yo he ofrecido más que eso. otro.—Son ustedes muy buenas conmigo. Su padre estaba muy preocupado porque anoche no quiso venir al Real..—¡Por Dios.—No..) ¿Está usted más tranquila? ISABEL. Si era una verdadera pasión.? LAURA.. ¿por qué? CARMEN.—Tenía que decirle a usted algo.—Sí.—Sí... LUISA... ISABEL. esa mujer es de mucho cuidado..—¿Quién sabe todavía?. hasta le han visto a usted comprar una pandereta con toreros y madroños. en Málaga.. He ofrecido hacer las paces con mi cuñada Vicenta. No lo conozco. Es una tarasca. LAURA.. CARMEN. LUISA..—No lo crea usted. LAURA. y su casino de Montecarlo con su ruleta me seduce..—Que se aguante.—¿Y por mí va usted a tener ese disgusto? Y su pobre cuñada sin ofrecerlo.—Yo hice un ofrecimiento. con la que hace seis años que no me hablo..—¿De probar fortuna? ¡Ya lo creo! CARMEN. GONZALO.. créalo usted.—(A GONZALO. ISABEL. un dineral en regalos. no tardarán en volver a París.—Y yo.—¡Pobre Luisita! ¿Qué ofreciste? LUISA. ¿También era golosa? En fin.? CARMEN.—Mucho más.? CARMEN. ISABEL.. Y bien sabe Dios que es el mayor sacrificio que puedo hacer.) ¿NO ha hablado usted con Ramón? ISABEL. LAURA. GONZALO.—Y cuidado que no merece usted el interés. en Niza.. CARMEN—(A ISABEL.—¿Cree usted.. LAURA. A mi pobre hermano le mató a disgustos. ISABEL.) Se sabe todo.

GONZALO. LAURA.) ¿Qué ha dicho el médico? ISABEL. porque no se sabe que haya tomado mejor determinación que renunciar el cargo. la mujer de otro a quien debo agradecer atenciones. pero con este tiempo no debe salir todavía. Encargos de corresponsales o amigos del extranjero. GONZALO..—Esta vez todas las versiones coinciden: la campanada ha sido mayúscula. harto de aguantarle los humos. ¿Recibió usted el anuncio que me pidió del nuevo empréstito? Se lo envié a usted en seguida. El marido no debió de disgustarse mucho.. muchas gracias. colocado por usted en las oficinas de la sociedad. para tener un remordimiento menos.. Pero ¿encargar joyas y flores en Madrid?.. y aun eso por consejos muy reiterados y muy expresivos de la Junta de accionistas. Usted pasó el disgusto consiguiente.—Que el marido. porque ese día ya no tendrás que oír nada nuevo. Laura. (A ISABEL.—Pero ¿qué ha oído usted? Vamos a ver.—Por esta vez no está muy falseada. ESCENA II Dichos y RAMÓN RAMÓN..—Pues. y allí salió la historia a relucir. LAURA. no saludé al entrar. No me dejan salir: quería haber ido a la oficina. GONZALO... que uno de ellos.. LAURA..—Ya le ha dado de alta.—Acércate. Era por curiosidad nada más.. ¿Cuándo tendré una edad para oírlo todo? LAURA. RAMÓN. porque usted oye a mucha gente y oye usted muchas cosas..—O usted quiere figurárselo.—Sí.. GONZALO. LAURA. que a pocas como esta le dejan a usted arruinado.. y comprendí que tampoco debía escuchar.—¡Habladurías! ¿Que sabe usted? LAURA.—No sabe nada. Se temió que hubiera lances de honor.—Pero ¿fue cuestión de una hora? CARMEN. GONZALO. abusaba de la protección de usted con sus subalternos.— Cuando menos te importe. GONZALO. ella es de suponer que también lo tendría. se descaró un día.—Comprendí que no debía escuchar lo que hablaban ustedes. toma estas cartas que he recogido para ti..—No creo que le convenga a usted. RAMÓN.—Y su pobre mujer. LUISA. de su amigo de usted.—¿Asistido? Secuestrado. con gran regocijo de todos. debe de haber sido una temporada de bodas y de agradecimientos. GONZALO. mañana. sobre todo.—Así se explica lo de la pandereta y hasta que enviara usted un par de banderillas.—¡Cuando la gente da en hablar! Como si fuera raro en mí andar de compras como esas. para un recuerdo. ¡Pobrecilla! Anda de un lado para otro.—Yo tengo que obsequiar a mucha gente.—Veo que está bien asistido el convaleciente. Me interesa saberlo por usted. LAURA. a lo mejor piden cosas de España para un regalo. me acerqué allí. Luisíta. ¿Tiene usted algo que rectificar? ¿No es esa la historia? GONZALO. Hoy es la hija de un corresponsal que se casa. .. ¡Qué hombres! ¡Qué mundo! ¡Dichosa la hora en que no me case!.. LAURA. Ramón. usted perdono..— Eso no.. amigo mío.

de aquellos empleados que apenas se ven detrás de una mesa ministro o de un ventanillo oficinesco.—¡Qué sé yo! Mal.—No.—Como si cantaras. os empeñasteis en dar proporciones al escándalo..RAMÓN.—Acompañen ustedes a Isabel.—Así sea. aburrido. La convalecencia se presenta muy franca...—Está bien. ¡Así anda todo! RAMÓN. superiores a los demás mortales.. le dejamos a usted. GONZALO. Yo vuelvo en seguida.) ESCENA III GONZALO y RAMÓN RAMÓN. porque está acostumbrado a los empleados de su casa en París.—Gonzalo. nervioso. Le habéis obligado a renunciar el cargo. que son muy peligrosas.. ni Pepe tampoco. ya se creen de una aristocracia especial.—Si tu recomendado hubiera sabido estar en su puesto y no hubiera molestado a nadie con sus impertinencias. y como hoy no ha venido. pero aquí. Ese caballerito quería imponernos todo el ridículo autoritarismo de la burocracia francesa. ayer mandó recado de que estaba enferma.—Ya que ha venido Ramón.. ISABEL. Le deseo alivio por completo. y que no tenga usted una recaída. ¿verdad? Porque todos sabernos que esa mujer se ha divertido lindamente a tu costa.—¿Cómo te encuentras? GONZALO. Hubieran avisado. no tardará en largarse en compañía de su bondadoso marido. sí. GONZALO.—Sí.—Que no hablen ustedes mucho de negocios.—Quiero ir un momento a casa de María Antonia. Isabel ha dicho que sale también.. GONZALO.—Descuide usted. (Salen ISABEL. entreteniéndote con esperanzas a cambio de realidades positivas.—¿Impertinencias? Porque les obligaba a cumplir con su deber. Pero no creo que les ocurra nada. ¡Digno remate de un Don Juan que no supo retirarse a tiempo! Por fortuna. ve si quieres.. RAMÓN. Luisita.—El fracaso. ya que Ramón te acompaña. LAURA y LUISITA. Tú eres el primero en tratar con afabilidad y con llaneza a todo el mundo.—¡Claro que no! CARMEN. RAMÓN. . ISABEL. todos somos unos. CARMEN. Nosotros pasamos a mi despacho. ni de cosas serias. estoy intranquila. ni le deje usted fumar. LAURA..—Eso lo dices ahora porque te conviene. Cuenta con mi dimisión y con que no volveré a ocuparme para nada de la sociedad. GONZALO..—Adiós. y por eso no te respeta nadie menos.—¿Puedo consentir que cualquier empleadillo insubordinado me ponga en ridículo delante de todos y que vosotros celebréis la gracia y le deis la razón? RAMÓN.—Salimos juntas. LAURA. y está usted acompañado. con nuestra democracia chirigotera. CARMEN. todos somos hidalgos que trabajamos como quien hace un favor a cambio de palmaditas en el hombro y de familiaridades entre superiores y subalternos. donde la gente sabe obedecer y respetar a sus jefes. Adiós. GONZALO. CARMEN. a la española. GONZALO.. Carmen. GONZALO.

ni Isabel.. primero. amenazadoras.—Por ti solo. pero el cariño se alejaba más cada día. Cuando el cariño se aleja de nosotros. y solo conseguí sumisión y respeto. ni trovadores.. ni ¿en qué cabeza cabe que íbamos a procurar nosotros que anduvieseis en lenguas en las oficinas.—No. esperé trabajando como antes. después. con el mismo cariño.—¿Por Carmen? ¿Qué dices? GONZALO. y entonces. como ella el tuyo. Ramón! ¡Cuánto te quiero!» Era el cariño que volvía.. frialdad.. pensando: «Mío o de nadie».—Pues eso es lo que habéis conseguido. era también lo que más parecía separarnos. esperé. todos sí. no. Prefiero que hable. RAMÓN. Isabel no habla. para los . en algún tiempo yo también he sentido alejarse el cariño en mi Carmen.. el trabajo prosaico sin poesía y sin gloria.—Nunca acabamos de conocernos unos a los otros. tú lo sabes. Y observé en Carmen tristeza y desvíos primero. esperar a que vuelva cuando nuestra jaula le parezca más dulce que su libertad. ¿cómo recobrarle? O le disparas un tiro. hasta dormir me parecía un crimen. influido por tu mujer.. el cariño. pude creer que su corazón ya no era mío y quise imponerme.—¿Un infierno? GONZALO. Y un día. su espíritu era algo soñador. Yo soy tan cerrado a idealidades.. tanta resignación me parece desprecio. es decir.—Déjate de tonterías. RAMÓN. que en esta nuestra vida de hoy. y después.. Si no hubiera estado tan seguro de su honradez. RAMÓN. que sin tener asegurado el día de mañana.. pero le recobras muerto.. por ti. y mis quejas fueron violentas. ¡siempre el suyo!.—Y si alguien tenía quejas. ni mi mujer conmigo. pero su actitud de mártir resignada es una acusación constante que yo no puedo tolerar. y dos lágrimas que borraban unos números. y una voz que me decía con toda el alma: «¡Qué bueno eres. o egoísmo. aunque enterada de todo.GONZALO. por fin. que había comprendido.. No soy poeta.. ¡que sé yo!. están muy unidas.—¿Por mí? ¿No es eso? GONZALO. no ya soñar. Son muy amigas. ni espadas. no te queda otro medio que esperar.—Sí. Es un nuevo aspecto que nunca hubiera sospechado en ti. el suyo.. el crimen pasional? ¿No es eso? Cuando el pájaro escapa de la jaula y vuela. o conformidad.—No te conocía como poeta. pero puedo juzgar mejor el corazón de Isabel. toda la poesía está en el deber cumplido.. Lo que sea. y de este modo es seguro que le recobras.... que es el peor de los infiernos... que se indigne. RAMÓN. tampoco precisamente por ella. RAMÓN. pensando en mi mujer y en mis hijos.—Me parece que juzgas mal a Isabel. la violencia. ni moros. ni princesas. por Isabel. o juzgas mal de ti si crees que al protestar indignada hubiese conseguido lo que no consiguió con resignarse. y junto a mi cara otra cara que se asomaba sobre las cuentas. ¿por qué no decírmelo? Di que en todo esto hay una conspiración tramada por alguien. naturalmente. o si le quieres como le tuviste. RAMÓN. para los que trabajamos en reducida esfera.. y solo pensaba en trabajar. que si para los que trabajan en algo grande la gloria es cariño que viene de lejos y de todas partes. que no todos podemos aspirar a ella. las apariencias del cariño. mis nervios saltan y estoy decidido a romper por todo. y traer a mi casa un infierno sordo. pero el trabajo. sin lanzas. el que nos corresponde a cada uno. a mi espalda sentí unos brazos que me estrechaban. nuestra vida era algo prosaica.. solo me indica falta de cariño. No hubo conspiración. influyó para nada con mi mujer. con el mismo pensamiento: mi mujer y mis hijos. sentado yo ante mis libros y papeles de cuentas. por todo Madrid? GONZALO. lo que más me sujetaba a ellos. ¿qué medio para detenerle en su alejamiento? Las amenazas. indiferencia después: después. ¡quién sabe de vuelta de qué imaginaciones!. para nosotros.. GONZALO.

ADOLFO.—Señores: ¿la salud es mejor. RAMÓN... ¿No es eso? Cuando se escribe. Dice que si ahora no puede recibirle. Usted sabe que yo he sido insultado.—¿Y su encantadora hija?. yo espero? GONZALO.—Es inútil.a sido insultada mi mujer.. ESCENA IV Dichos y un CRIADO. su cariño es nuestra gloria. si uno se deja ir. si se ha empeñado en verte.—¡Hombre! ¿Querrá usted hacer de esto una cuestión internacional? . y mucho más. por eso te dije que nada sabías de su corazón.. de mí no dudé nunca.. ADOLFO. GONZALO. yo espero? RAMÓN. ¡ha sido insultada la Francia! RAMÓN. del de tus hijos?.) ¿La de usted buena también.—Perfectamente.—Muy señor mío.. 1. después. ADOLFO.. Cuando se habla..—Con permiso. Así será más corta y menos embarazosa la entrevista. las palabras quedan. No he sido yo solo insultado. ADOLFO. CRIADO.nuestros...) ADOLFO..—¡Hombre! Matar. la gloria de los humildes. Que pase. sí. Josefina me aconsejó que viniera.—(A RAMÓN. son cuestiones delicadas para escribir.—Pero ¿pudiste dudar nunca de que esa gloria te faltara.—Algo mejor.. RAMÓN. GONZALO. RAMÓN.. yo espero? GONZALO. Y mejor es saber de una vez lo que quiere. Usted sabe que yo he debido matar a alguien.) «Adolfo Barona..—Muy bien. nunca acabamos de conocernos o nos conocemos demasiado tarde.. las palabras pueden reatraparse.. ¿Quieres que le reciba yo? GONZALO.. pero quédate. ADOLFO.» Diga usted que no estoy. si yo pensara después fríamente. pero que a todo trance necesita ver al señor. como espera Isabel.—No.—Don Ramón.—¡Si nunca me hablaste como hoy! ¿Qué podía yo saber? Es verdad. ADOLFO CRIADO... GONZALO.. si visitarle personalmente... matar..—(Entregando la tarjeta a RAMÓN. He dudado si escribir a usted.—Sí.—Sabe que el señor está en casa.) Usted esperaba verme. y esperé. GONZALO. una gloria que está muy cerca de nosotros y por eso mismo llega más pronto al corazón. usted ya sabe todo. de los ignorados. RAMÓN... RAMÓN. gracias.) Este caballero desea ver al señor. gracias... como nada sabías del mío..—Diga que no puedo recibirle. (Entregando una tarjeta.—Pude dudar de ellos. del cariño de Carmen..—¿Su señora.—(A GONZALO. esperará o volverá cuando el señor le indique. si se va demasiado lejos. buena.. ADOLFO. (Sale el CRIADO y a poco entra ADOLFO. Serán explicaciones enojosas y desagradables.—Perfectamente.

nada de esto hubiera sucedido. ¡como hay Dios que estamos aviados!.. ¡yo no sé quién .—En efecto. ¿Como se dice? RAMÓN.. si usted se cree perjudicado. sin que nadie pueda explicarlo.. RAMÓN.—¿Eh? GONZALO. sin talento...—Sí. como usted quiera. contando con una situación estable. seguro. No creo equivocarme al deducir por sus palabras que su mayor preocupación en todo esto es la cuestión. por parte de los que se atrevieron a ofender a usted. lo que yo sé es que ahora nadie me indemnizará de mi tiempo perdido.—Ya le ofrecí lo que necesita.—Lo que yo sé es que mi dignidad no me permitía permanecer en mi empleo. GONZALO. RAMÓN. a propósito de mí. eso es.. y.) ¡Habrá desahogado!.. y después son los primeros que censuran y hablan de los demás.—(Bajo... RAMÓN.ADOLFO. yo he hablado seriamente con mi mujer.. RAMÓN.—Ni la cobardía de decirlo por miedo. RAMÓN..—¿Qué quiere usted decir? ADOLFO. que yo era como los maridos franceses. han llegado. De esa opinión tiene la culpa la literatura.—(A ADOLFO. Hoy he puesto el anuncio. RAMÓN. En todo esto solo hubo por parte de usted desconocimiento de nuestro carácter.—¿Qué dice usted? ¿Qué quiere usted decir? ADOLFO..—Cierto. acaloramiento...—¡Alforjas! ADOLFO.. GONZALO. ni quiero saberlo!. .—Es que yo veo claro en todo esto... Yo nunca sé lo que cuesta nada.. ¿No fue así? ADOLFO.... ADOLFO. esa indemnización que a usted le parece muy justa y que yo no he de regatear. pero de eso a que usted quiera dar mayores proporciones al lance.) Agradeceré a usted que solo a mí se dirija. no lo sé. sí.... exceso de rigor o de formalismo.. sí. Ahora debemos hacer.. a GONZALO. mala educación.. de nuestras costumbres.—Yo sé que mi mujer ha sido galanteada por alguna persona muy influyente..—No. ADOLFO. RAMÓN..—No haga usted caso.. deja. Josefina les consultaba a ustedes para todo.—Yo sé lo que digo. les haré precio de amigos. Uno no sabe lo que dice acalorado. si usted no lo sabe.. ADOLFO. Yo sé bien que si yo no tuviera dignidad. Yo.. pero usted debe decírmelo.—Basta... para este viaje no necesitábamos.. Almoneda de todo. ADOLFO. sin servicios...... y me contestó que ofendía su dignidad. ¿cómo se dice?...—¡Ah! ¡Si yo no hubiera pensado fríamente!. mejor que nadie. Esta es mi ruina. pero pienso después fríamente. de mis gastos de instalación en Madrid.. y sé muy bien que si nosotros hubiéramos pasado por todo. digámoslo así. la cuestión práctica.. puedo calcular los gastos de su instalación. Si a ustedes les conviene algo. se ha dicho.. Esos gastos de que usted hablaba..—Eso es.. como dice mi pobrecita mujer. gracias a su mujer.—Usted exagera. puesto que está usted en mi casa y conmigo solo desea usted hablar..—Si usted ha hecho gastos. ¡estamos aviados! GONZALO.. ADOLFO. que esto ha sido una tomadura de pelo. RAMÓN.. porque lo he oído decir a todo el mundo.—Sí. no tendrá usted la cobardía de callar el nombre.. yo hubiera conseguido tener mi puesto siempre y subir más alto y ganar mucho dinero como otros que..

don Ramón..—Muy señor mío... Yo lo olvido todo.. como dicen ustedes.—Espero que usted sabrá apreciar mi corrección en todo este asunto. Adolfo. GONZALO. ¿Qué quiere usted? ADOLFO.RAMÓN.—Seguramente. Servidor de ustedes. no! La pobre Josefina llora al solo pensamiento de «quitar» Madrid... GONZALO.—Divertido.. RAMÓN.. un ridículo chantaje.. sí. ADOLFO. me «achanto».—¡Vaya. GONZALO. Perdón. ADOLFO. Mañana mismo...—Yo espero.. GONZALO. porque ya lo dijiste: «Este es el digno remate de un Don Juan que no supo retirarse a tiempo. (Sale.—Descuide usted.. Usted sabe que Alfonso se dice en París a ciertos sujetos. vaya! Acabaremos por volvernos todos Jocos. o..—Sí. yo no veo en todo esto más que una vulgar aventura. esta combinación no es cosa suya. GONZALO. ADOLFO.. casi te anticipaste a su petición.—Por eso me ha divertido más que otra cosa. sino de la lagartona de su mujer.—No salía de aquí sin romperle algo. RAMÓN. y como ha conseguido lo que buscaba. yo la .—Espero que aún tendremos el gusto de vernos. RAMÓN. me las «guillo».. sí... v ella me dice siempre que si alguna vez ella es perdida. GONZALO.. creo que no llevarán ustedes un mal recuerdo de nosotros. De modo que mañana dice usted que. GONZALO. ¡Y parecía bobo el angelito! Por supuesto.—No creerá usted que fue con intención... es aquí que debo buscarla. me «achanto» y me despido. yo pienso fríamente. querido Alfonso. como dice mí mujer. como si temieras que de no acceder a ella hablara demasiado.. en que mañana mismo será usted indemnizado cumplidamente.—Exquisito. alguien le ha dicho. pero yo sabré a quién puede referirse con sus reticencias.. Adiós.—El no ha podido inventar. al que sería más ridículo todavía oponerse.—Y yo no olvido nada.. RAMÓN..—Si no pensara de quién es hijo. y yo saludo fríamente.—¡Oh. GONZALO.» La culpa fue mía..—Algo que no le dejaste concluir. ADOLFO. RAMÓN. Adolfo. ADOLFO...—¿Qué? RAMÓN... pero ha dicho algo que....—Quedamos. ADOLFO... entonces.) ESCENA V GONZALO y RAMÓN RAMÓN.. GONZALO. nada.—Yo no le he oído nada.—Muchas gracias.—No me salude usted así.—Nada.—Yo no oí nada que a ti pueda referirse. GONZALO.

pero tú. (A RAMÓN. ISABEL.—Ramón. ¿Ocurre algo? ISABEL. Le extrañará a usted que hable de cosas pasadas y de cosas tristes..—No.tengo.) No habrá sido usted quien haya empezado. Voy a firmar estos documentos y a escribir al padre de este muchacho para explicarle.. tú verás.—Déjame.—¿Oye usted? No le basta con atormentar. Han hablado ustedes de asuntos serios. RAMÓN. RAMÓN.—¡Qué tontería! Una discusión. perdone usted. Ya sabes que vuelven a París..? Vamos. GONZALO. GONZALO. como si acabaran ustedes de reñir...—¿No he tardado mucho? ¿Cómo te encuentras? ¿Qué les ocurre a ustedes? ¿Qué caras son esas? GONZALO.—Nada.—¿Yo? GONZALO.—Tuve yo la culpa.—Entonces. si fuera verdad! No. RAMÓN. vamos. Ramón puede decirte. han discutido ustedes y se han disgustado.. no.—¿No te digo que no estaban en casa? Señal de que están buenos. GONZALO.. Me asusté al entrar y verlos a ustedes así como sobresaltados. GONZALO.—No estaban en casa. que no estás bueno.—Te digo que no. déjame.—Isabel... ISABEL...) ESCENA VII ISABEL y RAMÓN ISABEL. .—¡Por Dios!..—¡Ramón! RAMÓN. ESCENA VI Dichos e Isabel ISABEL.. quiere saber que atormenta. no veo por qué has de preocuparte. GONZALO.. ¿En qué piensas? ¿Es posible que hayas tomado en consideración.—Asuntos de la sociedad. RAMÓN. ¡Chis! Isabel vuelve.—¿Quién ha de ser? ¿Para qué quieres que yo te lo diga? ¿No lo sabes ya? ¿No te alegras? ISABEL. ¿Y María Antonia? ¿Y Pepe? ¿Los has visto? ISABEL.. (Sale.—¡Si fuera verdad.—Basta su nombre.. y en paz.—No dirás nunca lo que sientes. ISABEL.—¿Quién? GONZALO. no te alteres.. GONZALO. Tú sí que traes cara de disgusto.

.—¿Qué sé yo? ¿Es tonto o es pillo? Dijo algo que ha inventado o algo que le dijeron... ISABEL.. Dígame usted que no tengo razón.. gracias a el poseo un capital. dejé de recibirla en mi casa. Ya ve usted como no supe fingir con Josefina.—Sí. amistad sin recelos. porque estoy segura de su lealtad conmigo.. Usted lo sabe. soy rico.. que una mujer celosa. no hubo prudencia ni educación que bastaran. que solo fue un pretexto buscado por Carmen. con toda el alma. ISABEL. si las sospechas tuvieran fundarmento.. que no puedo pensarlo. pero hay momentos en que una palabra cualquiera es asi como un relámpago que ilumina lo más oscuro y lo mas lejano de nuestra vida. no puedo. creí ser dichoso. Basta con que piense usted eso.. mi inteligencia no ha podido servir de mucho a Gonzalo.-Carmen no sería mi mejor amiga. para evitar Hasta ahora no pensé. la prudencia y el disimulo tienen su límite... como usted debe estarlo. para suponer que por discreta que sea puede admitir a su lado a otra mujer.. Dios mío? ISABEL... me tuvo siempre a su lado. RAMÓN. sin embargo. sé lo que el mismo Enrique dijo lo que todos ustedes dijeron. hablar por hablar. algo insignificante tal vez.. y todo lo más hubiera fingido cortesía superficial ante la gente.—Verdad que son historias pasadas. o conoce usted muy poco el corazón de la mujer.. que si eso fuera o eso hubiera sido. ¿Y a qué lo debí? ¿A qué debo todo esto.. Yo se lo agradezco a usted mucho. No lo sabe usted? RAMÓN. por usted. en el de usted debe usted encontrarlas.... en los primeros puestos.. ¿Por que esas dudas? ¿Qué ha pensado usted? ¿Que han podido decirle? Piense usted que al dudar no duda usted solo de la amistad de Gonzalo RAMÓN.. pero me conceptúa usted demasiado sublime. vamos.—Pues si lo sabe usted como nosotros. ESCENA VIII . por todos. si el haberlo pensado no fuera ya el mayor castigo. Yo sé bien que la reputación de Gonzalo hace verosímiles todas las sospechas..—Y sé que no me dirá usted la verdad. Yo no soy una santa. a su inteligencia también. Pero suponer que mi cariño a Carmen puede ser fingido y tanto tiempo.-Pero hasta ahora nunca pensé que esa explicación no fuera la verdadera. lo sé. ¿Por qué no se caso mi hijo Enrique con María Antonia? Dígame usted ¿por qué? ISABEL. algo que yo no pensé nunca. y. ISABEL. Ramón. Ramón. usted lo ve No creerá usted que yo no hubiera sospechado antes lo que usted no sospechó hasta ahora. pero de eso a la amistad que me une con Carmen.. pero a Carmen la estamos ofendiendo solo con buscar razones para negar razón a que usted dude. en el suyo. como yo admito a Carmen. Enrique había tenido relaciona con una pobre muchacha.-A su trabajo honrado. creyó que aquellos amores no habían terminado. sé también que solo usted puede devolverme la tranquilidad. yo no sé qué castigo le impondría a usted por su mal pensamiento.. no en mi corazón. si sospechara siquiera que ahora ni nunca. no finge hasta ese extremo..—¿Qué quiere usted decir? ¿Qué ha ocurrido entre usted y Gonzalo en mi ausencia? Sé que estuvo aquí el marido de esa mujer. por mucho que quiera fingir. aunque sea con la mentira.. Vamos. lo que oí hace poco Yo no tengo gran talento.ISABEL.. ¿A qué vino? ¿Qué dijo? RAMÓN..—¿Usted? RAMÓN. y suponga usted que yo hubiera querido disimular por prudencia o por imposición de mi marido.. amistad verdadera. María Antonia tuvo celos no quiso perdonar.. como una hermana. ¿No es eso lo que usted piensa? No la querría yo como la quiero... pero no importa. y no puedo.-LO sé. sería horrible.

hasta de lo que usted asegura que no es capaz ninguna mujer por santa que sea. que a mí misma me parece mentira nada de lo que dije. puramente casuales.—Bien temía yo.—¿Mentir usted? ISABEL.—Ni un momento.) ESCENA IX ISABEL y MANUEL ISABEL... ISABEL.. MANUEL.—Por acordarme demasiado de usted he podido parecer olvidadizo. yo todos los días y usted un día de estos. no estaban.—¡Cuánto me alegro de su visita! Le hubiera mandado llamar si tardo un día más en verle.—Pero ¿no ha olvidado usted lo que me prometió? MANUEL. Isabel.—Repito que fueron casuales. ISABEL. ISABEL. ISABEL. al fin habíamos de encontrarnos por casualidad. MANUEL. y por casualidad se encontraron.—Dije que usted me haría creer lo que quisiera. ¿Y su amigo de usted le ha dicho.—Sé que María Antonia y Pepe viven en continua guerra. porque es usted tan buena. una muchacha de toda mi confianza.? ..Dichos y MANUEL MANUEL.—Sé de unos encuentros casuales en el Museo de Pinturas.—¿En estos días? ¿Por qué? ¿Sabe usted algo? MANUEL... Y en estos días era preciso mayor vigilancia. MANUEL.—¿Está usted enferma? ¿Qué le sucede a usted? ISABEL.—Por aquí no vienen apenas. nos absuelve en ellas el corazón.. MANUEL..? M\NUEL. Mentiras como esas no pesan en la conciencia.—Siempre suyo. y ya me despido de usted.—¿De quién? ¿De María Antonia y.—No puedo más.. que he mentido con tanta verdad. MANUEL. RAMÓN.. una vida imposible. a pesar de la enfermedad de Gonzalo. me consta. (Sale. tan buena.—Nada. disgustos a todas horas. Hoy fui yo a su casa.. la doncella. Amigo mío. que es usted capaz de todo... estaba impaciente por ver a usted. como si usted ahora me dijera. voy a recoger esos documentos que firma Gonzalo. ISABEL. ISABEL.—Me despedía cuando usted entró. por casualidad.: «¿Querrá usted creer que apenas conozco el Museo de Pinturas?» Y yo le dijera a usted: «¿Es posible?» Y usted: «Pienso ir un día de estos».—No hablemos de mí.. ISABEL. me ha contado cuanto allí pasa: escenas violentas. verdad o mentira.. hoy más que nunca. y yo desde entonces fuera todos los días.—¡Querida amiga! ¡Don Ramón! ISABEL.—¿Pasó ya todo? ¿Ni la sombra de un mal pensamiento? RAMÓN.—¿Qué sabe usted? MANUEL. hasta que.—Y un continuo peligro para María Antonia.. es natural. que yo coloqué con María Antonia.

MANUEL. ¡a ti. .. una verdadera imprudencia de María Antonia. a ti solo. ya lo oyes.—¿Qué dices? ¿Qué sucedió? MARÍA ANTONIA.—Isabel.. que María Antonia se salve a toda costa. Es una carta en que le despide. Una imprudencia. deseo que se halle usted presente en esta ocasión. son más penosos nuestros deberes.—Es lo mismo.—Es preciso que yo hable con María Antonia delante de su padre.—¡Isabel! ¡Madre mía! ISABEL. pero le suplica. madre mía! A él solo podía contestarle con el desprecio. pero nosotras también podemos decirles: «¿Iguales no? Decís bien. igual a su madre: es mi orgullo de mujer. que todos vean claro el peligro. ¿Dónde está su padre? MARÍA ANTONIA. cuanto su amigo de usted le haya confiado. no es solo porque la quiero como a una hija y la quiero igual a mí. delante de su marido si es preciso. admite todas las desigualdades. y suplicar es ya confesarse débil.—Figúrese usted un soñador enamorado.—Bien está. le aleja toda esperanza..—¡Ay! Ya puedo llorar. Quiero hablar con vosotros.—¡Dios mío! MANUEL. ISABEL.—¡María Antonia! ¡Hija! MARÍA ANTONIA.. Yo no quiero que pueda tener que avergonzarse nunca ante su marido. ese tono ligero me hace daño. yo solo siento que no tenga razón para decirlo. eso. ISABEL. y confesarse débil es ya temer ser vencida. a mi padre puedes decirle lo que quieras. ISABEL. y por la amistad que le une a usted con cierta persona. que siempre sea de ella la razón.—Hay algo más serio todavía. siempre. contigo solo. que en nuestra desigual condición ante el hombre. menos la de que nunca tengan el derecho de decirnos: «¿Con qué razón me acusas?» ¡Ah!. Yo solo hablaré con Isabel. PEPE. una mujer no comprendida. es usted de la familia. pues más fuertes nosotros para cumplirlos.—Una carta suya. Ya puedo decirlo todo.—No hable usted así.. Déjanos. Y así no podrán decir que somos iguales.—Se atreve a esperar. El arte fue siempre un gran conductor de fluido amoroso. La contemplación de obras de arte.—Le dije que solo era imprudente. Avisa a su padre. emociones artísticas que se comunican.) NO.MANUEL.—¿Que usted ha leído? ¿Que ese hombre le ha confiado a usted? ¡El miserable! ¡Como todos! ¡Por vanidad. todas las humillaciones. no salga usted. ISABEL. PEPE. (A MANUEL. por jactancia! ¿Y ese es el ideal que puede hacer a esa pobre niña olvidarse de sus deberes? ¿Qué dice esa carta? MANUEL. Puedes callar o puedes despreciarme.—Tú puedes hablar con él. somos mejores. Dígame usted muy seriamente cuanto usted sepa.—No importa lo que diga. Ahora basta con que hable yo..—¿Y ese hombre espera? MANUEL. ISABEL. PEPE.» ESCENA X Dichos. no. MARÍA ANTONIA y PEPE MARÍA ANTONIA. ISABEL.

Pero tú lo sabes. tú.—Pero ¿sus sospechas.. por santa que seas. con indignación.. así. humillaciones que no mereciste. ¡Qué noble y qué delicado sentimiento ese del honor! Gracias a él. Y no la hubo.. ni tu cariño y tu ejemplo. se trata de su honor. nadie más culpable que yo. porque con toda mi alma lo digo: ¡quisiera que nada me hubiera detenido: ni virtud. Pepe ha llegado a sospechar de ti..... PEPE. tú lo sabes: cuando se nace honrada... Me devuelve a vosotros..—Sí. (Sale MANUEL.—Sí. nunca me hubierais admitido vosotros. ahora ya no se trata de mí. Debo yo hablar a solas con María Antonia. Ya lo ves. todo evidente. con santa ira.? MARÍA ANTONIA. Vayan ustedes con Gonzalo. no quiero ver en ti abatimiento ni tristeza. que también has visto destrozado tu corazón y tu vida. ni por mis celos. ¡Nada. que sería humillación. Y ahora. (PEPE sale. que también alguna vez. ISABEL. habla así y te escucharé tranquila. Por mi voluntad nunca me hubiera él dejado venir...—Y la verdad dirá. ISABEL.. como tu corazón.. ¿verdad? Mírame así. Yo no quiero juzgar sin oírla a ella primero. he conseguido en un momento lo que no conseguí por mis lágrimas. la verdad será para mí lo que tú digas... todos lo impediríais.ISABEL. sin lágrimas. MANUEL. ni por mi corazón destrozado: volver aquí para olvidar.. pero por su memoria también y por toda la maldad y por todos los engaños de los hombres. ¡Por la memoria de tu madre!. ni el ejemplo... te aseguro que si la intención y el deseo de ser culpables son ya culpa. no es tan fácil dejar de serlo..—Sí..) ESCENA XI ISABEL y MARÍA ANTONIA ISABEL. tú. si la verdad fue lo que usted me dijo. MARÍA ANTONIA. ¡Necia de mí que no comprendí antes qué fácil era conseguir esta separación que yo deseaba como única seguridad para mi conciencia. ni la memoria de mi madre. No hubo culpa. como único descanso para mi corazón! ISABEL. habrás sentido deseos de vengar ofensas..... yo sé que a mí no puede engañarme..—Para él. sería culpa.—La verdad será lo que diga María Antonia. ¿verdad?. ¿no es eso? MARÍA ANTONIA. segura de que no faltaste..—Habla. para no padecer..—¡Por su memoria!. ni vergüenza. Manuel. ESCENA XII Dichas y GONZALO .—Ya lo oíste. nada!.. déjanos. limpios. y no puede ser otra. santo como el suyo!.) Vaya usted. cara a cara. usted que sabe la verdad. Tú sabrás lo que debes decirle.—¿Está en su despacho? ISABEL. y nadie se opone. los ojos en los ojos. porque ahora es él quien me trae para que su honor no padezca.

y vive rico y dichoso muchos años. no llores.. es la vida que cobra. lo más insignificante.. ¡Fuera de aquí.. una enfermedad penosa. La vida lo suma todo: todas nuestras acciones.—¿Que es mi castigo. ¿verdad? Y te indignas. no la defiendas!... Ahora y antes..—¿Qué sabéis los hombres del corazón de las mujeres? De las que os engañan sí podéis conocer las mentiras. eres egoísta. para lo bueno y para lo malo... ISABEL. GONZALO. el cariño mayor de tu vida.. fuera de aquí! ISABEL. ven conmigo... Para todos llega cuando menos lo esperamos. no la verás.. la ruina imprevista. ¡Pobre hija mía! Pero no llores. cuando es tu hija la que te castiga por su madre.—No.—¿Es verdad lo que dice Pepe? ¿Es verdad lo que dice tu marido? Pues ni en su casa ni en esta puedes estar.—Una vez más eres injusto. de las buenas.—¡Gonzalo! GONZALO. y cuando más desespera de su trabajo.—¡Ah! ISABEL.. por medios indirectos casi siempre. ya saldrá. Hoy es día de cuentas para ti.. ya saldrá.) ESCENA XIII ISABEL y GONZALO GONZALO. no sabéis . Dilo también..—¿Que no saldrá sola?. ¿Me juraste verdad? MARÍA ANTONIA. dije.—Lo dices porque no es tu hija. . que yo no la vea! ISABEL.... Y no comprendéis.—¡Mientes! Si lo fuera..—¡La verdad. yo la disculpo y la comprendo. porque si allí deshonras a tu marido. espera. eres. si no eres culpable.. hija mía! GONZALO. MARÍA ANTONIA. el que era compendio de toda la sumisión y de todas las virtudes de las mujeres que hemos nacido para esposas honradas. ¿Qué dices? ISABEL. nuestras palabras..—Y no habrás dejado de decírselo y de disculparla.. rechaza la afrenta con indignación.—¡No la protejas..—Sí. de las que os quieren de verdad. eres cruel. acaso no salga ella sola.—¡Fuera de aquí. y callan nuestros celos muchas veces... dices? ¿Por qué? ¿Por qué? ISABEL. Pues yo solo te digo que si eso fuera. Hay quien trabaja toda su vida sin conseguir la menor recompensa. Contigo se valió de tu hija. es una herencia que llega. es la lotería. has hecho bien!. Y por pudor calla nuestro cariño y callan nuestros deseos. no sabéis nunca ni cuánto es su cariño. ¡ya era hora!. Hay quien comete las mayores maldades. algo que parece suerte y es la vida que paga. ¿Lo oyes? GONZALO.. que la riqueza no evita: es la muerte de un hijo adorado. Y ahora es la indignación. lo crees. pero un día llega el dolor. ¿Qué importa? Hoy es uno de esos días decisivos en que la vida parece presentarnos el balance de muchos años.. sí. ¡hombre! Crees que María Antonia ha faltado. porque en la mujer honrada puede siempre más el pudor que el cariño. ISABEL. por mí y por ella. espera. y le diré: ¡Has hecho bien. has hecho bien. ahora quieres castigar a tu hija.—Solo te falta decir que di yo el ejemplo. ven conmigo. con mayor razón se lo diría una y mil veces: ¡Has hecho bien.. madre mía! GONZALO. la sorpresa. pero ISABEL vuelve a poco. aquí deshonras a tu padre. lo presumí siempre. (Salen MARÍA ANTONIA e ISABEL..GONZALO. como antes.. eres.

Así son los hombres. Isabel. de que nuestro corazón está seguro. porque ves la verdad de mi cariño. no sé. y ahora siento que no esperé en vano.. ella solo en mi corazón. Pero ¿qué otros cariños en la vida valen tanto como estos.comprender que el corazón de la esposa honrada no puede luchar sin impudor cuando siente alejarse vuestro cariño.. porque nuestro deber las asegura cuando las exige vuestro deseo. Yo he sabido esperar. tú no lo crees... dime si nunca creíste que el compararte con todas ellas no fue su recuerdo la aureola. necesitaba ver a usted. sin contar lo que en nuestra casa se regatea. habré atormentado tu corazón.. Allí se gasta. que no podré perdonarme nunca!.... de mi adoración por ti.. Tú sí que no sabes lo que es mi cariño para ti. la que perdona siempre como una madre. ¡Qué tormento! Intención tuve de ser yo misma quien lo confesara todo. llama a tu hija.—Te dejo...—¡Ya sé!.. Quizá a nadie atormentamos como a nuestra madre. ya nos parece que hemos pagado el cariño de nuestra madre. .. Ramón me lo dijo llorando como un niño.. Pero allá va con vuestros caprichos todo lo alegre y fácil de cierta vida. y de usted sin culpa. como mi madre?. Si yo hubiera tenido de qué acusarte. ISABEL.. porque nunca deben confundirse sus «boudoirs» con nuestras casas... que en nosotras serían repugnantes. ella. ¿Cómo saber.—No.. como dices.. ¿Y dices que María Antonia hizo bien? No. si usted lo permite. que en muchas veces se ve otro deseo no logrado que os acerca a nosotras con apariencia de cariño.. GONZALO. sino de usted.—¡Isabel! Mi amiga. mi hermana. que cuentan para atraernos con todas las coqueterías y todas las resistencias calculadas... ¡Qué hermoso es no tener culpa! ¡Ah! Gonzalo. no digas que debiste ser tú. GONZALO... Me dijo que usted.. Pero es la misma fe que nos inspira la que nos hace menos devotos en apariencia. porque fuiste la que espera siempre. de que siempre perdona. me pidió perdón por haber dudado.. ¡Perdón a mí.. más creyentes.. yo te juro por lo más sagrado que no hubo culpa en ella. no sé... arrodillarme ante usted... ESCENA XIV Dichos y CARMEN CARMEN. No. no digas que María Antonia hizo bien. egoísta.. quizá por ningún cariño sacrificamos menos: tan seguros estamos de poseerlo siempre. de estos cariños santos y verdaderos. ISABEL... perdonar siempre. si crees en mí. y así juzgas tú sin piedad la apariencia solo de una falta...—¡Carmen! CARMEN. ella siempre honrada. tú sí que eres injusta si pensaste que por grandes que sean mis culpas contigo merecían el castigo de no creer en ti.—¡Gonzalo! ¡Mi Gonzalo! Dices bien..—Sin culpa. si no hubiera pensado que ya no era solo mía la pena. Y hemos de padecer la humillación de vernos compadecidas por mujeres indignas. como una santa. sí. y no pude contenerme. pero no puedes. si de ti no puedo suponerlo siquiera? ISABEL. Con vivir y mostrarse alegres. mi esposa. en el fondo. ella solo fiel.. que son siempre creencia y esperanza del corazón? Dime si nunca te hubieras cambiado por otra mujer de las que pasaron por mi vida. vuestro deseo. de dudar de ti siquiera un instante. como algo que está sobre todo como el cielo de nuestra vida.. que lo aseguro: ya solo siento que no sea verdadera y que no fuera mía. ¿Qué sabes tú de mi orgullo al decirme. el altar de tu imagen santa.. si con serlo pudiera causarte mayor pena. Habré sido cruel. no lo sientes. no debes dudar de mi cariño. entre todas. esperar siempre. allí se imploran las caricias que desdeñáis en nosotras.

—¿Tú.—¡Dios mío! ¿María Antonia y Pepe? ISABEL. son las flores del deber cultivadas con lágrimas de resignación. es tan difícil resignarse y esperar. para ser un día tan feliz como yo. con tu esposo. pero teme que María Antonia. tú eres feliz? ISABEL. FIN . todo acabó.--¡Mi esposa santa! De rodillas para adorarte... esposo mío? GONZALO.—¡Ya lo ves.. MARÍA ANTONIA. ¿No es verdad. de algo eterno. he conseguido que Pepe atienda a mis razones...—No. flores tardías.—Sí. a los de tu padre. Es él quien debe y desea ser perdonado. para los amores santos y fieles que saben esperar.—Sí perdonarás. ven. hijos míos. muy feliz..—No.. las rosas de otoño. después. soy muy feliz! Son mis rosas de otoño. MARÍA ANTONIA. para el amor de la esposa.. no son las flores del amor. María Antonia. ven ahora a mis brazos. ¿Verdad? Los amores alegres.ESCENA XV Dichos y MANUEL. MARÍA ANTONIA MANUEL.. después. los amores fáciles que solo conocen la ilusión y el deseo ven deshojarse todas sus flores en una breve primavera.. ISABEL. ISABEL. yo no perdono. son nuestras flores. CARMEN. con aroma del alma.. ISABEL.. está convencido de su error.—Isabel.—Sí.