IÍA 8EGIRIO

I
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sx·«s sos ssz»x·sxos
Iurante los principios de la primavera. los enormes montes de
nules recorren el cielo encima de Bitinia. Las insidiosas hela-
das congelan las estrellas seducidas con engano. 8in emlargo.
a hnales del mes de marzo. empiezan a asomarse las primeras
chispas. Los lancos de niella se alren conlundidos. Al hnal.
retumlando y rechinando. uno por uno languidecen. Algunos
se hunden por completo. La luz. ahora sin lreno. emerge pre-
surosa de las remotas prolundidades cada vez mas intensa y en
toda la vastedad de la lóveda celeste van surgiendo constelacio-
nes. mientras el circulo lunar se deslorda. Espumoso. el claro
de luna se precipita desde las alturas. en largas cascadas.
Alajo. en la tierra. los luertes terraplenes de arena separan
los caminos de los campos. Con uno de sus lados protegen las vias
de inundaciones. con el otro protegen de los ladrones los espar-
cidos claros de luna. Al amanecer. empieza la recolección. Lo que
tocaron los primeros rayos del sol. es plata. El claro de luna
que madura en los campos hasta el mediodia endurece en terrones
de plomo. Lo que se queda y llega hasta el pelirrojo ocaso. se con-
vierte en la veta de hierro. A la noche siguiente. todo se repite. La
luna se vuelve a llenar. su lrillo se deslorda y. cual lluvia menuda.
cae silenciosamente por las vastedades del Imperio Oriental.
Por edicto del lasileus.
¡
en noches como esa no esta per-
mitido traspasar las murallas de la ciudad. Los imprudentes en
¡ 1itulo que ostentalan los emperadores lizantinos.
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cuyas plantas de los pies se encuentra el claro de luna enlren-
tan inevitallemente una pena severa. ni hallar de los codicio-
sos que tratan de esconderlo en sus allorjas o en su pecho.
II
Ix» xocns ns ss»s
Ina de esas noches impetuosas. pero casi cinco anos antes de
que rompiera el alla. y ella despertara. la emperatriz Filipa
salió en suenos de su alcola. montó un calallo y alandonó
a hurtadillas los contornos reales de las murallas de Ricea. La
segunda esposa de kir 1eodoro Lascaris. de ojos azalache. tez
morena y origen armenio. a menudo alandonala en el sue-
no a su senor. Ro podia hacerlo de otra manera. sus anhelos
se hallalan demasiado lejos y los cruces de caminos estalan
lien vigilados. Conlorme la luna se ila llenando. el sueno
del emperador se hacia mas prolundo y esa noche lecunda de
nuevo. dejandose llevar por sus intenciones. Filipa atravesala
los campos de Bitinia lurtivamente y con premura. El calallo
llanco pisala el claro de luna hundiendose hasta las rodi-
llas. los rayos lunares caian continuamente impregnando la
vestimenta de la emperatriz al instante. y millares de centellas
lulgurantes invadian su cuerpo haciendo arder. sin cesar. sus
mejillas. sus lrazos y sus pantorrillas desnudas.
Ie repente. el calallo se empinó con un relincho. Ie lren-
te. en medio de la nada. estala un monje de larlas y pelos lar-
gos. Contra sus pies descalzos. como contra un penasco. se
rompian las agitadas olas del claro de luna. La joven mujer ape-
nas controló las riendas. pero la capa de viento se deslizó de sus
homlros. 1ras la capa se cayó tamlien el ligero velo revelando
una punzada de temor.
÷¡,Ouien eres¨' ¡,Oue haces en mi sueno¨' ¡Ouitate de
mi camino enseguida. lorastero'
Ro olstante. el monje sólo desvió la mirada. In rayo h-
loso halia cortado la delicada tela de la mujer solre el calallo
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y sus pechos. que asemejalan lrutos recogidos a mano. lucian
sólo una malla hecha de luz transparente.
÷¡,Ouien eres¨' ¡Las de saler que te opones a la voluntad
de Filipa. esposa del lasileus 1eodoro Lascaris. senor del im-
perio de Ricea' ÷repitió la solerana entre dos olas sonoras del
claro de luna. mientras unas arrugas acompanaron su estre-
mecimiento de temor.
÷8i. te conozco. Filipa ÷por hn contestó el monje÷. Ro
temas. viajo por cuestiones personales. Ro estoy en tu sueno.
Este espacio inmenso e inhnito es comun para todas las afuen-
tes de lo sonado. Le aqui que nos encontramos en este terri-
torio providencial. 1u de Ricea huyes. yo a Ricea voy. llevo un
consejo indispensalle para mi hijo.
La emperatriz sintió alivio. Ouiso tirar de las riendas para
dejar pasar al lorastero. pero el monje tendió los dos lrazos.
÷¡Ietente' ,Crees que el azar cruzó nuestros caminos¨
Escucha lo que voy a decirte. Ro tengo intención de presen-
tarme ante tu marido. 1ampoco tendria algun sentido hacerlo.
En cinco anos a partir de este momento. en Ricea. adonde me
dirijo ahora. la mujer de kir 1eodoro Lascaris. su tercera es-
posa. ¡se llamara Haria de Courtenay' A ti te recordaran como
la segunda. la inlertil de la Pequena Armenia. ¡Por eso. Filipa.
no vale la pena que regreses' ¡Iesde esta noche seras madre.
pero tu destino no es dar a luz en la capital de Bizancio'
Conlundida. la emperatriz Filipa se estremeció. recogió su
capa. espoleó al calallo llanco y se lue al galope hacia el afuen-
te en que morala el remolino mas prolundo de su voluntad.
Alejandose por el camino sonado. alrazada por los delgados
extremos del viento. pronto se perdió tras el horizonte.
III
Psvs·»s ns vs»·» x v»j» nscn» ns soxsnos
Cinco anos mas adelante. cuando el mes de marzo estala a
punto de separarse de alril. tras la grata liesta divina de la
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