Las prisiones, la mente.

Dos elementos totalmente separados por sus significados, que verdaderamente están unidos y adheridos por un simple hecho, la libertad. Cada uno de nosotros poseemos un deseo de libertad, sentimiento que, al mismo tiempo, puede convertirse en un gran temor hacia la opresión, un temor protagonizado por el miedo a ser privados de este sentimiento, un temor provocado por el miedo de no ser libres en cada instante, cada minuto, cada segundo de nuestras vidas. Miedo a que nuestras alas sean cortadas y así, se imposibilite la realización de nuestros sueños, o simplemente, miedo a vernos encerrados, en un espacio limitado en el cual no podamos realizar ninguna de nuestras intenciones. Pero, ¿quién en este mundo nos asegura que somos libres? La libertad que se nos ha concedido en este mundo, es una libertad puramente física, limitada en todo momento por una serie de consecuencias que aparecen después de realizar y llevar a cabo todos y cada uno de nuestros actos. Una libertad que nos permite realizar todo lo que queramos, pero de forma completamente limitada. Limitada por una extraña sociedad en la que nos vemos involucrados, limitada por diversas clases sociales que condicionan nuestras acciones, limitada por privilegios que únicamente algunos afortunados, poseen. Una sociedad en la que la libertad, está basada y condicionada por el poder económico que posees. Pero la verdadera libertad, la verdadera libertad no se encuentra en el aspecto físico de las personas ni de las cosas, es más, no existe una libertad puramente física. La libertad es completamente psicológica, una libertad en la que los límites, están en nuestra mente, en la que los límites están marcados por nuestra imaginación, unos límites marcados y regidos por nuestros sueños, unos límites que están marcados únicamente por el deseo de cumplirlos. La verdadera libertad, es completamente psicológica. Pero toda libertad tiene sus límites. Toda libertad, ya sea física o psicológica, está limitada por una serie de factores completamente distintos. La deseada libertad física, es una libertad limitada por cuatro paredes, cuatro paredes que no permiten hacer lo que se quiera, cuatro paredes que no permiten la realización de nuestros sueños. Las cárceles son los límites que condicionad la libertad física de las personas. Pero las cárceles, las cárceles no son únicamente físicas. Todos y cada uno de nosotros, poseemos una serie de prisiones psicológicas que condicionan

nuestras actuaciones, que condicionan y limitan la realización de nuestros verdaderos sueños, unos límites que nos impiden volar hacia nuestras metas y al mismo tiempo, obtener nuestros deseos. La sociedad de la que formamos parte, únicamente se preocupa de la libertad física, únicamente se preocupa de poder realizar la tarea rutinaria para poder adquirir unos números económicos determinados y poder llegar a fin de mes, un poder económico, regido por las necesidades primarias que poseemos todos y cada uno de nosotros, un poder económico que nos permita obtener nuestra ración alimenticia cada fin de mes. Pero, ¿qué es una libertad física si no poseemos una libertad psicológica con anterioridad? La propia libertad física, debería ir condicionada completamente de una pura libertad psicológica, la cual determinase de verdad la realización de nuestros actos. Pero en la sociedad en la que nos vemos involucrados, se le da más importancia a la libertad física, a la capacidad y la posibilidad de obtener altas cantidades económicas, en vez de darle verdadera importancia a la expansión de la imaginación, de la cultura, de los deseos de las personas, únicamente por propia iniciativa, sin ánimo de lucro. Las prisiones que verdaderamente son temidas, son las que nos privan de nuestra libertad física, pero sinceramente, las prisiones que de verdad deberíamos temer, son aquellas que nos marcamos nosotros, aquellas que son propuestas por nuestras propias mentes. Las verdaderas prisiones que deberíamos temer, son las prisiones psicológicas, las que nos privan de cumplir nuestros sueños y nuestros deseos, las que nos privan de ser como de verdad deseamos ser. Pero mientras vivamos y convivamos, en la sociedad en la que nos vemos involucrados, no podremos de verdad desatar las cadenas que se nos han impuesto, las cadenas que nos cohíben y que nos prohíben a llevar a cabo, la persecución y la realización de nuestros verdaderos sueños, por los cuales vivimos y luchamos día a día.