You are on page 1of 43

Juan Mari Brás

Como los vio

JUAN

Columnas de Juan Mari Brás en el periódico Claridad

2

Como los vio Juan

Primera edición electrónica Fundación Juan Mari Brás y Suplemento En Rojo del Periódico Claridad

Foto portada: Alina Luciano Diseño de portada original para Suplemento En Rojo: Ivan Figueroa Fotos: Cortesía Periódico Claridad y colección familiar

Se permite la reproducción de los textos siempre y cuando se mencione al autor y que fueron publicados originalmente en el periódico Claridad en Puerto Rico.

www.fundacionjuanmaribras.org

www.claridadpuertorico.com

E-book publicado por la Fundación Juan Mari Brás, a los 85 años de su nacimiento, 2 de diciembre de 2012.

3

Como los vio Juan Primera edición electrónica Fundación Juan Mari Brás y Suplemento En Rojo del

Admirados y queridos cuentan la historia

Muchas veces Juan Mari Brás escribió sobre las personas que admiraba y quería. Casi siempre lo hacía desde su co- lumna Comentario Político en el periódico Claridad. No eran meras alabanzas a los personajes. Utilizaba sus escritos para ubicar históricamente la participación de algunos de los pro- tagonistas en las complejas y diversas luchas que se dieron a lo largo de sus vidas y, de una vez, interpretaba la historia desde su particular punto de vista: combativo, optimista y li- berador. Lo interesante de unir estos escritos en una misma publi- cación y a un mismo tiempo, es que recogemos su visión de los acontecimientos según los va observando e interpretando a través de estos seres que, a su vez, le alimentan la combati- vidad y el optimismo. Compañeros de lucha y organización que trabajaban hom- bro a hombro con él, compañeros no tan cercanos pero sí tan transcendentes, luchadores que lo precedieron y que inspira- ron su vida, gente a quienes les debemos el seguir siendo un país.

4

Usemos estas columnas para aprender, no solo los acon- tecimientos narrados, sino las virtudes de los que han hecho posible que todavía podamos hablar de Patria.

__________ Éstas son sólo algunas columnas de Juan Mari Brás sobre compañeros y com- pañeras de la lucha.

5

El viejo Vega E s curioso. Cada vez que se acerca el once de enero la

El viejo Vega

Es curioso. Cada vez que se acerca el once de enero la figura de Bernardo Vega es la que más asocio con los orígenes de al nueva lucha. Sin embargo, el viejo Vega no estuvo en

Mayagüez cuando se fundó el MPI. Creo que ni siquiera ha- bía regresado a Puerto Rico para esos días y yo no le conocía aún. Pero no hay nadie -vivo o muerto- que representar con

mayor fidelidad el espíritu renovador del Movimiento Pro In- dependentista que él.

Bernardo Vega regresó a Puerto Rico a la edad de setenta

y cuatro años, a principios de 1959. Venía de un largo pere- grinaje de más de medio siglo por tierras norteamericanas. Allá se había desarrollado su inclinación de trotamundos en

múltiples idas y venidas por las ciudades del sur, el noreste y hasta el lejano oeste. Trabajó en tabaquerías de la Florida, Nueva York y California. Fundó periódicos y revistas. Cultivó

6

la tertulia con varias generaciones de jóvenes y viejos, puerto-

rriqueños, norteamericanos y de muchos sitios del mundo. Se formó en el marxismo y -sobre todo- en esa ciencia de la vida que como tantos jíbaros el llamaba -mundología-. Su última gran actividad política, pensó él, fue la campaña del tercer partido por llevar a Henry Wallace a la presidencia de Estados Unidos en 1948. Después -durante los años cincuenta- hizo

varios intentos de regreso definitivo a su tierra, pero no fue

hasta el -59 que logró quedarse aquí.

Pensaba que venía a descansar. El primero de marzo de 1959 le escribía desde San Juan a su amiga Ada Morales, en Nueva York, lo siguientes: “Todavía no he hecho nada -sola- mente viajar por la Isla y comer. Pronto tendré que empezar a mejorar mi economía, la cual está un poco deteriorada. Me

parece que me afincaré definitivamente en nuestra Isla. Está

llegando la hora del descanso. Ya deben terminar los viajes y las fatigas. La persona física está agotada. Menos mal que la parte espiritual está completamente joven. Todavía sueño”

Acercó en lo del regreso definitivo más no en el descanso,

ni en el cese de los viajes y las fatigas. Quizás una pocas sema- nas después de haber escrito esa carta, nos conocimos Bernar- do y yo. Fue una reunión en casa de don José A. Cedeño, don- de se reunía un grupo de independentistas de Puerto Nuevo para iniciar la organización de la misión del MPI en ese sector capitalino. Recuerdo que me impresionó su comentario, luego de mi intervención en la cual expliqué los fundamentos de la organización del MPI. Pidió la palabra y dirigiéndose a mí, dijo más o menos lo siguiente: “Tú eres un gran optimista. Sólo con una gran dosis de optimismo se puede empezar a rehacer la lucha de independencia de nuestra patria. Yo estoy viejo y cansado, pero; al igual que tú, soy un optimista sin

7

remedio. Cuenten conmigo para la que pueda ayudar en esta obra”. Aquellas sencillas palabras sellaron el compromiso que

llevaría al viejo Vega a consagrar los últimos seis años de su

existencia, hasta el momento mismo de su muerte, a levantar las bases organizativas de la Nueva Lucha. En ese empeño, re- corrimos juntos todos los rincones de este país. Don Bernardo fue Secretario de Organización del MPI y en el desempeño de sus funciones volvió por los caminos de su primera juventud -cuando había participado en la organización del Partido So- cialista- en continua actividad organizativa. Su ánimo renovador fue una influencia definitiva en mol- dear la nueva lucha. Nadie podía compenetrarse mejor que él de las inquietudes y afanes de la juventud combativa que se nucleaba en la FUPI y el MPI por aquellos días. Su casa y chinchal de tabaquería en la urbanización Santiago Iglesias fueron un hervidero de conversatorios patrióticos y revolu- cionarios, adonde acudíamos con frecuencia a cargar los áni- mos alicaídos, en los momentos de ambivalencia. El siempre estuvo claro de cuáles serían los rumbos de este movimiento. No son pocas las veces que un acontecimiento, una huelga, una tensión de las que se han sucedió en los años desde su muerte, nos hace evocar sus premoniciones, su sentir, satisfe- chos, que aquel viejo tuvo una ante-visión casi exacta de los caminos que hoy estamos recorriendo. Cuando él pensaba que había llegado a descansar a su pa- tria, la vida le tenía reservada el ofrendarle una de sus mayo- res contribuciones, la de inspirar, con el ejemplo, a toda una generación de luchadores a reconstruir las bases y las pers- pectivas de nuestro forcejeo centenario.

__________ Comentario político de CLARIDAD el 7 de enero de 1975.

8

Lorenzo Piñeiro Rivera E l Domingo de Ramos de 1937, cuando ocurre la Masacre de Ponce,

Lorenzo Piñeiro Rivera

El Domingo de Ramos de 1937, cuando ocurre la Masacre de Ponce, Lorenzo Piñeiro Rivera, con rebosante juventud a los 28 años, había ingresado a la tierra amada luego de más de una década de duro exilio en Nueva York. Había emigra- do hacia el norte desde la temprana adolescencia. La emigra- ción es el exilio de los trabajadores. Lorenzo conoció ese exilio proletario en sus variadas vertientes. Cuando llegó al muelle neoyorquino por primera vez, con equipaje menudo y espe-

ranzas inflamadas por la imaginación juvenil, apenas había

cursado el octavo grado en su Ponce natal. Trabajó en múltiples faenas por aquellos años veinte y treinta. Cursó la escuela superior a golpes de cansancio y sue-

9

ño, tras la jornada cotidiana que la sociedad yanqui reclama a su moderno esclavo, el obrero migrante. El trasiego extenuante de vender su fuerza de trabajo dia- ria más allá de lo que se puede recuperar normalmente, no

impidió que empezaran a aflorar inquietudes sociales en su

conciencia. Así se acercó a los círculos de actividad literaria y política en el Barrio. Empezó a desarrollar una de las virtudes

características que más definen su personalidad: la inmensa

capacidad, de hacer amigos y mantener una lealtad sin lími- tes al valor de la amistad, sin confundirlo con la deformación del amiguismo. De aquellos primeros contactos con el force-

jeo social de los boricuas en Nueva York viene su amistad con

Bernardo Vega, otro de los grandes pilares de la emigración

puertorriqueña en Estados Unidos. “Pero el gran acontecimiento de mi vida,” diría siempre Lorenzo en sus frecuentes incursiones retrospectivas, “fue conocer a Don Pedro Albizu Campos,” Como a tantos otros jóvenes de la época, la eclosión patriótica del Nacionalismo, conducida por la prédica y el ejemplo Albizuista, moldeó en

forma definitiva la consagración de Lorenzo a la causa de la

independencia de su patria. A lo largo de los años treinta trabajaba intensamente en la Junta Nacionalista de Nueva York. Cuando se realiza con- jura de Winship y encarcelan a Don Pedro junto al principal liderato nacional del partido, Lorenzo regresa a la Isla para reforzar la dirección sustituida que asumiría las riendas de la colectividad. Lleva muy poco tiempo en Puerto Rico cuando le toca enfrentarse junto a sus compañeros a una de las mani- festaciones más brutales de la barbarie imperialista, la matan- za del Domingo de Ramos en Ponce. Sobreviviente de la Masacre, Lorenzo es uno del grupo de

10

dirigentes Nacionalistas al que el régimen acusa de asesinato,

en burdo intento de inculpar a las víctimas por el horrendo atropello cometido por la Policía. Dos largos juicios, en el pri- mero de los cuales no hubo veredicto, culminan en la abso- lución de todos los acusados, como resultado de la presión decisiva de la opinión pública que se vuelca casi unánime-

mente contra la irracional teoría de los fiscales. En esos meses,

Lorenzo recorrió el país por todos sus contornos y obtuvo un conocimiento de su pueblo y una sintonía con su pálpito que ensancharon su perspectiva y abrieron cauce a una visión mu- cho más profunda del forcejeo patriótico. Cuando regresa a Nueva York, su conciencia política re- novada al calor de su pueblo no encuadra en los parámetros estrechos que constriñen al Nacionalismo huérfano de lidera- to por los sucesivos encarcelamientos de sus principales cua-

dros de dirección. Junto a Gilberto Concepción de Gracia -uno de los grandes amigos y compañeros de su vida- y a muchos otros compatriotas, funda la Asociación Pro Independencia de Puerto Rico, precursora en Nueva York del Congreso Pro Independencia y del Partido Independentista Puertorrique-

ño, al que se afilia desde su fundación en 1946.

En la tribuna y en las columnas de los periódicos bori-

cuas de la época en Nueva York, Lorenzo va definiendo un

pensamiento político cada vez más progresista, humanista e internacionalista. Colabora activamente con las campañas reivindicativas que libra el American Labor Party bajo la di- rección de Vito Marcantonio a favor de los trabajadores puer- torriqueños. Trabaja intensamente. Tiene que rendir una jornada dia- ria de ocho horas como redactor o traductor en periódicos y

agencias de prensa y en ocasiones trabajar los fines de semana

en otras chiripas que le suplementen el ingreso. Ya se ha ca-

11

sado y a sus dos hijos, Carlos y Lorenzo -“la luz de sus ojos”- no puede faltarles nada. Al mismo tiempo estudia de noche, con miras a terminar la carrera de abogado. Tuvo que estudiar

leyes en tres épocas distintas para finalmente graduarse en

1953. En una ocasión, después de terminar todos los requi-

sitos de graduación en Fordham University, en 1949, la Uni- versidad lo expulsó porque alegadamente se enteró entonces

de que él había sido enjuiciado por asesinato, y aunque salió

absuelto, eso era suficiente para que no pudieran graduarlo.

Por eso tuvo que empezar otra vez el primer año de Derecho en el Colegio Brooklyn. Y mientras hacía todo eso, presidía las organizaciones patrióticas sucesivas que existieron en Nueva York desde 1939 hasta 1953, cuando regresó a Puerto Rico de-

finitivamente, redactaba periódicos patrióticas y participaba

en toda clase de actividades de combate y lucha de la comu-

nidad boricua. En el seno del Partido Independentista, Lorenzo Piñeiro

Rivera fue uno de los dirigentes más queridos y respetados por toda la base partidaria, en el periodo de 1953 a 1958 en que militó activamente en el mismo aquí en la Isla. Sus po- siciones de avanzada chocaron en muchas ocasiones con la línea oficial de la dirección. Siendo Secretario General y Se- nador por acumulación del PIP, se une al grupo de dirigentes pipiolos que impulsamos la necesidad de renovar la lucha de

independencia tras los comicios de 1956 y finalmente funda

con todos nosotros el Movimiento Pro Independencia en 1959. En muchas ocasiones me comentó que “en el MPI me he

reencontrado con mi verdadero ser como puertorriqueño”. Fue un admirador de la juventud luchadora que insufló al in- dependentismo el espíritu combativo de la nueva lucha. Uno

de los pocos “viejos” que se sentía plenamente identificado

con los jóvenes que iban asumiendo el mando de la organi-

12

zación, se mantuvo en la línea ascendente del MPI hasta sus últimos momentos de lucidez. Por eso llegó a ser fundador y militante, así como miembro del Comité Central, del Parti- do Socialista Puertorriqueño. Sus últimas gestiones antes de caer postrado para siempre por una larga enfermedad fueron como notario para la inscripción del PSP. Por una de esas casualidades de la vida, Lorenzo murió el Domingo de Ramos, cuarenta años después de aquel histórico Domingo de Ramos en que se selló para siempre su compro- miso con la patria. Para sus compañeros y amigos su recuerdo vivirá siempre como ejemplo de humanidad en su escala más alta. Para mí, Lorenzo, uno de los grandes amigos de mi vida, brillará siempre entre los recuerdos más queridos que hilva- nan la esperanza de una humanidad plena.

13

Piri Fernández de Lewis:

Patriota y organizadora

Piri Fernández de Lewis: Patriota y organizadora L a década de los años sesenta fue muy

La década de los años sesenta fue muy intensa en acti- vidad patriótica en Puerto Rico. La intensidad del esfuerzo estuvo unida a la más amplia incorporación de los sectores periféricos del independentismo a actividades que convergie- ran en un propósito común de todos: la reconstrucción del movimiento independentista luego del colapso del Partido Nacionalista y el Partido Independentista, reducidos ambos a pequeños grupos de gente valiosa y perseverante que in- sistían en sus lealtades incondicionales a las organizaciones en que habían desbordado generosamente sus acciones revo- lucionarias y políticas durante los años cuarenta y cincuenta. Las puntas de lanza de ese esfuerzo reconstructivo -lo he- mos repetido en bastantes ocasiones ya- fueron la FUPI, fun-

dada en 1956 y el MPI, fundado en 1959. Pero ninguna de

estas dos organizaciones, ni estas juntas con los remanentes organizativos del PN y el PIP, podían echarse encima una ta- rea tan gigantesca como la de hacer resurgir el movimiento independentista. Sobre todo, luego de que Luis Muñoz Ma- rín proclamara, tras la pérdida de la franquicia electoral del

14

PIP en 1960, que el independentismo había dejado de ser un

problema político “y de ahora en adelante se reducirá a ser un problema policíaco.” Nunca, ni antes, ni después, había

desvariado tanto el fundador del Partido Popular y del estado libre asociado en su ruta de renunciaciones como lo hizo con ese pronunciamiento. Aquella amenaza, dicha por el dirigente del Gobierno y el partido inmensamente mayoritario del país, fue la base del carpeteo generalizado por la Policía de Puerto Rico. Y lo que es peor, el apoyo al programa de persecución sistemática del independentismo y el autonomismo puertorriqueño por par- te del FBI bajo el nombre de Cointelpro. El agravamiento de la represión antipatriótica tuvo -como todo proceso represivo- un costo político para el gobierno norteamericano en Puerto Rico y sus cómplices del patio: el gobierno del ELA y el PPD. Muchos populares que honrada- mente creían que en ese partido se adelantaría la causa auto- nomista, como un paso hacia la independencia, se movieron hacia el independentismo en protesta por aquellas persecu-

ciones. Una de las más prominentes figuras en realizar ese

cambio cualitativo en su perspectiva y acción fue Piri Fernán- dez de Lewis. Se trata de una mujer de extraordinario talento, de capa- cidades teatrales insuperables, de un dinamismo energético impresionante y de una dulzura y don de gentes en el teatro con las personas de todos los sectores y clases sociales, que imprimen un gran carisma a su liderato. El patriotismo se le sale por los poros en toda ocasión pro- picia. Lo había heredado de los genes de su señora madre, Doña Ernestina Cerra de Fernández, quien fue, la única mujer puertorriqueña que renunció a la ciudadanía de Estados Uni- dos cuando la Ley Jones de 1917 dio esa opción a los puerto-

15

rriqueños que lo hicieran juramentando documentos al efecto

dentro de los seis meses subsiguientes a la vigencia de la ley. Así, Piri fue inspirada y primera presidenta del Congreso Anticolonial que integraron personalidades y personas comu- nes de distintas orientaciones ideológicas como Yamil Galib,

José Milton Soltero, Nilita Vientós Gastón y muchos otros. El

Congreso Anticolonial fue la primera organización unitaria que iba más allá del independentismo activo. Fue a Naciones Unidas durante los primeros años de la década del sesenta a

pedir la discusión del caso colonial de Puerto Rico en el Co- mité Especial de Descolonización, creado en 1962 para traba- jar en la aplicación de la Declaración por la Independencia

de Pueblos y Países Coloniales (Resolución 1514-XV) de la

Asamblea General de la ONU. Fueron muchas las horas que pasaron junto a Piri, José Milton, Yamil y Nilita, en los pasillos del edificio de la Asam- blea General y el salón de delegados, buscando y entrevis- tando delegados de distintos países para pedirles su apoyo al caso de Puerto Rico. El dominio que tiene Piri del idioma

francés, que ha sido desde la fundación de la ONU uno de los principales idiomas de trabajo de esa organización internacio- nal, fue de muchísima utilidad para todos nosotros cuando nos enfrentábamos a delegaciones francófonas. Años después, cuando fue preciso establecer una orga- nización coordinadora de los trabajos en Naciones Unidas al fundarse el Comité de Puerto Rico en la ONU, que hoy preside la compañera Wilma Reverón Collazo y de la que es directora ejecutiva la compañera Olga Sanabria Dávila, Piri Fernández de Lewis fue su primera presidenta. En tal función le tocó, entre otras importantes tareas, organizar un homenaje al presidente de la Asamblea General de la ONU en abril de

1965, el embajador de Ghana, Alex Quiason Saki.

16

Al iniciarse la lucha contra el servicio militar obligatorio

en Puerto Rico, el primer boricua de la nueva lucha que desa- fío esa ley negándose a ingresar en las Fuerzas Armadas nor-

teamericanas para unirse a la agresión de Vietnam, fue Sixto

Arvelo, quien hoy es un prestigioso dirigente sindical. A Piri

Fernández de Lewis le tocó la presidencia del Comité de De- fensa de Sixto Arvelo. En esa función, con infraestructura salida de su propio pe-

culio (guagua y sistema de altoparlantes), fuimos por todo el

país movilizando la solidaridad con el joven trabajador acu- sado por violar la ley federal del servicio militar obligatorio. Fue en esa campaña que a Piri se le ocurrió que divulgáramos La Borinqueña con la letra original de Lola Rodríguez de Tió, la cual no se utilizaba entonces por ninguna de las organiza- ciones independentistas. Piri trabajó un arreglo, acortando la letra de Lola, pero sin cambiar en forma alguna el mensaje revolucionario, y esa letra se imprimió en miles de copias que llevábamos y distribuía- mos en los micro mítines y otras actividades que realizaba el Comité Arvelo por todo el país. Como los líderes del PIP de entonces eran Rubén Berríos y Carlos Gallisá, éstos llevaron la versión de Piri de la letra de Lola al nuevo PIP de entonces, así como lo hicimos nosotros en el MPI. De esa manera, los inde- pendentistas dejamos de cantar la letra monga de Fernández Juncos y cantamos por todos los sitios, la combativa letra de Lola Rodríguez de Tió. La militancia de Piri en las luchas patrióticas se ha proyec- tado a todo lo largo de las décadas desde los sesenta hasta el presente. Con cargos directivos o sin ellos, su persona siem- pre ha sido un factor aglutinador del movimiento patriótico. Su casa, y en particular la hermosa terraza del tercer piso, ha sido sitio de reunión y casa de protocolo para recibir visitan-

17

tes distinguidos del extranjero, siempre al amparo de la hos- pitalidad y las atenciones esmeradas de Piri, mientras vivió, de su inolvidable Bob Lewis.

En la campaña electoral de 1980, Piri Fernández de Lewis

aceptó la presidencia de un comité amplio, creado en reunión

celebrada en el Colegio de Abogados en apoyo de las candi- daturas de Carlos Gallisá a la Cámara y del que esto escribe

al Senado por acumulación. Volvimos a viajar por toda la Isla

acompañados por Piri y ella fue atractivo principalísimo de nuestra tribuna rodante. Llevamos aquella campaña dirigida a enseñar a los puertorriqueños de otros partidos a escoger, en una misma papeleta, el gobierno y la oposición. El éxito de aquella campaña fue evidente. Tanto Gallisá como yo sa-

camos sobre ochenta mil votos contados, que era deiceiséis veces más de los que sacó el Partido Socialista por el que es- tábamos postulados. Aquella fórmula prácticamente nos dio la elección, a no ser por las manipulaciones e irregularida- des de la cúpula del PNP, no nos contaban los votos de los que ponían la cruz debajo y no al lado de nuestros nombres. Aunque, al llevar el caso al Tribunal Supremo, lo ganamos, éste, aplicando una insólita norma de pragmatismo jurídico, y completamente ajeno a la función judicial, ordenó que no contaran los votos que ya se habían contado, sino que la de- cisión se aplicara únicamente en forma prospectiva. Como ya

estaban en la fase final del conteo, el triunfo jurídico fue, en

realidad, pírrico. Lo que no puede negarse es que la campaña dirigida por Piri abrió un camino que, posteriormente, han seguido los candidatos legislativos del PIP para asegurar, en cada elección, un escaño en cada cámara. Cuando hablamos de la resurrección del movimiento in- dependentista puertorriqueño en esa décadas que marcan lo que hemos llamado la nueva lucha de independencia, gran

18

parte del mérito de esa hazaña tan crucial para el porvenir

de esta patria, debemos reconocerlo a quien fue una figura

central, protagónica, de ese gran despertar: Piri Fernández de Lewis. Por eso, me uno de todo corazón al homenaje que se le rinde y pido a mis compatriotas que elevemos su nombre al salón de la fama de la patria, que ya es tiempo de crearlo.

__________ En Rojo, agosto del 2003.

19

Así empezó Albizu

Así empezó Albizu C uando Don Pedro Albizu Campos regresó a Puerto Rico de sus estudios

Cuando Don Pedro Albizu Campos regresó a Puerto Rico de sus estudios en Estados Unidos, a principios de los años veinte, ingresó al Partido Unionista. En ese Partido habían

coexistido desde su fundación en 1904 distintas tendencias que reflejaban la precariedad ideológica de la incipiente, y

casi natimuerta, burguesía criolla. La voz más alta y firme del sector patriota de esa burgue- sía criolla, en la segunda década del siglo, fue José de Diego. Los últimos tres años de su vida -prematuramente truncada por una cruel enfermedad- fueron el inicio de una dedicación creciente a la promoción y organización del sentimiento inde- pendentista de nuestro pueblo. La muerte del poeta aguadi- llano presagia el fin de una clase social en la que se empeza- ba a asentar débilmente el patriotismo boricua: La burguesía agraria, que fue suplantada por los latifundios cañeros. Pero aun dentro de ese proceso triturador sobrevivió el independentismo en el discipulado de De Diego, que fundó el Partido Unionista hacia posiciones autonomistas. Recuérdese que fue en 1922 que los Unionistas acordaron eliminar la as-

20

piración independentista de su programa y sustituirla por el establecimiento de un “libre estado asociado”. Albizu Campos militó en el Partido Unionista aun bajo la nueva plataforma autonomista. Pero su palabra representa- ba una modalidad nueva en la política puertorriqueña. Llena

de autenticidad y desprovista de todo oportunismo, se pue- de detectar en sus escritos de esos dos años -1922 al 1924- el desarrollo de un pensamiento vigoroso, las bases de su con- tundencia futura y la magnitud de un dirigente de gran en- vergadura. En 1924 José Tous Soto y Antonio R. Barceló -dirigentes máximos de los partidos Republicano y Unionista, respectiva- mente, abordaron un barco en Nueva York con destino a San Juan y a su llegada anunciaron los planes para crear la Alian- za Puertorriqueña. Es evidente que Washington había presio-

nado a los dos políticos para formar esa alianza con unos fines muy específicos: 1) eliminar la aspiración independentista del seno del principal partido del país, 2) reducir el pronuncia- miento autonomista de la Unión a una mera ratificación del coloniaje con alguna que otra concesión insustancial, y 3) ais- lar “el peligro socialista” del que se hablaba insistentemente

en el país en vista del crecimiento que iba alcanzando el viejo Partido Socialista dirigido por Santiago Iglesias. Albizu advirtió todos estos objetivos malsanos de la pro- puesta Alianza. En carta dirigida a Don Antonio R. Barceló el 24 de abril de 1924 propone un plan para la formación de una verdade- ra Alianza Puertorriqueña. El mismo planteaba la inclusión

del Partido Socialista en dicha alianza. En cuanto a definición

sobre estatus político proponía un “compromiso formal en- tre todos los partidos actuales para que nuestra Legislatura apruebe una Resolución Conjunta solicitando del Congreso

21

de Estados Unidos que convoque al pueblo de Puerto Rico a convención constituyente.” Las propuestas albizuistas no fueron aceptadas, desde

luego. Iban en abierto conflicto con el objetivo colonialista del

plan de la Alianza. La “frase mágica” con la que Tous Soto y

Barceló pretendían fundir la contradicción entre anexionistas y autonomistas era la de buscar “la soberanía dentro de la soberanía”, Albizu Campos la combatió así:

“La debatida frase ‘soberanía dentro de la soberanía’ nos dicen unos que quiere decir el ‘estado’ federal y otros de que quiere decir estado libre asociado. Los au- tores de ella ofrecen interpretaciones que constituyen una antítesis, lleva en sí la muerte. Por supuesto, no puede referirse al ‘estado federal’, porque éste no es ni estado ni soberano. Es una mera provincia de la nación

americana. Como la otra interpretación es tan contra- ria a ésta, llegamos a la conclusión de que la frase no quiere decir nada. Es un velo para encubrir el coloniaje que quiere implantarse con el consentimiento de los

hombres en quienes depositamos nuestra confianza.”

Cuando finalmente el Partido Unionista acordó integrarse

con el Republicano en la alianza colonialista, Albizu Campos abandonó ese partido, ingresó al Partido Nacionalista e inició la consagración patriótica que le condujo a la cima de nuestra historia. De aquella componenda burda -que en la práctica resultó inoperante- nació uno de los movimientos políticos más deci- sivos en nuestra historia, el Partido Nacionalista albizuista, y ciertamente el más grande dirigente revolucionario puertorri- queño en lo que va de este siglo. Los imperialistas quisieron matar al independentismo va-

22

cilante del Partido Unionista y lo que lograron fue impulsar el vigoroso nacionalismo que con su paso le cambió el cauce a la historia patria. Cada intento posterior de aplastar al independentismo y al socialismo en Puerto Rico ha producido una radicaliza- ción, ampliación y profundización de la lucha, como veremos cuando analicemos otros momentos importantes en futuros artículos. Es importante tomar nota de esto, ahora que los imperia- listas conspiran para juntar a “populares” y PNP en un nuevo intento de convalidar el coloniaje y matar la nueva lucha de independencia.

__________ Comentario político, CLARIDAD. Las citas de Albizu Campos fueron tomadas del libro Pedro Albizu Campos. Otras Escogidas, Tomo I, por Benjamín Torres, Editorial Jelofe, San Juan, Puerto Rico, 1975.

23

‘Vieques trespasser’ ...

‘Vieques trespasser’ ... A sí le llama el San Juan Star a Carlos Zenón. Ésa es

Así le llama el San Juan Star a Carlos Zenón. Ésa es la insólita ironía del coloniaje. Un periódico extranjero, que en sí es un trespasser en el periodismo puertorriqueño, se atribu-

ye a sí mismo el derecho de calificar y condenar en el titular

de una noticia, a un pescador viequense por ser trespasser en su propia tierra. De eso es que se trata cuando los yanquis

hablan de libertad de prensa. La libertad de pasarle gato por

liebre a su público lector. La libertad de falsificar la historia y

hasta el sentido más elemental de las palabras.

Pero es solamente un reflejo, como tantísimos otros, de

nuestra doliente realidad. El caso contra Carlos Zenón debe ser una advertencia para todos los puertorriqueños. Estamos acostumbrados a que acusen y condenen a los independen-

tistas, a los socialistas y a todos los que se definen claramente

de frente al imperialismo norteamericano. Basta con que se le identifique como militante de una organización revolucio- naria o patriótica para que muchos condonen con su confor- midad o su silencio los abusos que puedan cometerse contra

24

éstos. Pero Carlos Zenón no ha sido nunca, ni es ahora, inde- pendentista ni socialista Como cuestión de hecho, ha militado en el Partido Nuevo Progresista, e hizo campaña para la elec-

ción de Carlos Romero Barceló en las elecciones de 1976.

Sin embargo, a Zenón le están aplicando la misma dosis de represión que hasta ahora se había reservado a los “sub- versivos”. Y en nada ha contado a su favor su militancia en el Partido del gobierno. No es porque la justicia sea ciega, como alegan los leguleyos, que han acusado a Zenón. Contrástese el tratamiento que se le da al líder de los pescadores viequen- ses con el que recibe Alex de la Zerda, el agente de la Marina

acusado de conspiración para matar viequenses. Zenón está preso y De la Zerda está en la calle. Zenón va a ser desterrado a una cárcel a miles de kilómetros de su tierra mientras De la Zerda transita libremente por su tierra y la ajena. El delito de Carlos Zenón es defender la paz de su gente

y afirmar, en actos de resistencia pacífica, su derecho y el de

sus compañeros pescadores a ganarse el pan de cada día en la forma y manera en que aprendieron de sus mayores a hacer- lo, pescando en las aguas aledañas de su isla natal. El delito de Alex de la Zerda es conspirar, so color de autoridad como

oficial de la Marina yanqui, para asesinar a Zenón y a los otros

pescadores, para colocar bombas explosivas en el domicilio de la Asociación de Pescadores, en el Colegio de Abogados y

en un avión de la línea aérea de Vieques.

A los españoles los condena la historia por lo inhumano de las condenas que combinaban prisión y destierro. Los yan- quis lo hacen ahora, en pleno 1980, manipulando la maqui- naria de la justicia “local” para acelerar el envío de Zenón a una prisión en Kentucky. Zenón tenía pendiente un juicio en Vieques por otro incidente, que estaba señalado para una fe- cha futura. Los procónsules federales ordenaron que ese jui-

25

cio se anticipara a la fecha del señalamiento y se trasladara

de Vieques a Humacao, para acelerar el trámite de enviar al

dirigente viequense hacia Kentucky; al “Mainland”, al decir

del San Juan Star, el “Mainland” de los yanquis, porque el de

Zenón es Vieques.

Levante todo el pueblo puertorriqueño su protesta aira- da por el abuso que se está cometiendo contra el líder de los pescadores viequenses en lucha. No permitamos que una vez más, impunemente, destierren a un puertorriqueño por luchar por lo suyo. Hay diversas formas de ripostar a esta afrenta. Hagámoslo.

__________ CLARIDAD, Comentario Político Edición 1419, del 11 al 17 de abril de 1980.

26

Habló el poeta

Habló el poeta J uan Antonio Corretjer es el poeta nacional de Puerto Rico. Esta afirmación

Juan Antonio Corretjer es el poeta nacional de Puerto Rico. Esta afirmación me ha costado no pocas discusiones, a

veces agrias, con estudiosos y diletantes de nuestro quehacer

literario que no comparten mi apreciación. Confieso que mi juicio es resultado fundamentalmente de una gran afinidad

subjetiva que tengo como lector de cuanto escribe Corretjer,

en verso y prosa, desde los días de mi juventud. Ningún poeta, vivo o muerto, ha podido elevar a dimen- siones tan altas la expresión estética de Puerto Rico como punto de la partida de la universidad de los puertorriqueños. Para mí, por los menos, la Alabanza en la Torre de Ciales y Distancias, más que cualquier otra lectura en este mundo, son

capaces de recargar la voluntad y hacer aflorar la alegría de la

lucha ante las situaciones más adversas y los peores reveses. Y es que el poeta es aquel que logra comunicarse con su pueblo y la humanidad a un nivel de belleza capaz de poner en sintonía con su idea las fibras más creadoras de la condi- ción humana. Por eso los mejores poetas son los que transmi- ten una idea de superación. En esos casos el poeta es expre-

27

sión suprema de las mejores querencias de su pueblo y pasa a ser parte importantísima del proceso revolucionario. Ese tipo de poeta, como Juan Antonio, les da a los suyos una antevisión del futuro. Alcanzar ver la luz desde la oscu- ridad, atisbar a la distancia los desencadenamientos de la his- toria, va siendo cada vez más fruto del estudio objetivo de la realidad, a la luz de los grandes hallazgos de la sabiduría. Esa formidable articulación de la visión de conjunto de la vida del hombre en la Tierra que representa el materialismo histórico, en vea de reducir la magnitud de la poesía como necesidad del desarrollo social, lo que hace es elevar la perspectiva del poeta e imprimirle mayor exactitud a su antevisión. Corretjer tiene esa notable cualidad de poeta revoluciona- rio que le permite acertar cuando describe la realidad en su movimiento y visualiza sus desenlaces en el plano granestra- tégico. Esa mirada perenne a la distancia le obstaculiza, sin embargo, el manejo acertado del plano táctico, la ponderación precisa de condiciones y rumbos alternos en la inmediatez. Son raros, rarísimos, los poetas revolucionarios que son capa- ces de moverse con igual lucidez en los dos planos, el táctico y el estratégico. Es entonces cuando se dan los grandes poetas que son a su vez conductores políticos revolucionarios, como fueron Martí, Ho Chi Minh y Mao Tse Tung. Por eso a Juan Antonio Corretjer no puede despachársele por sus fracasos organizativos. Es cierto que si se le juzga por su obsesión de insertar la grandiosidad de su visión a la dis- tancia en el marco de lo inmediato se le ve como un moderno Quijote del marxismo, que embiste con igual furia contra el PSP y el PIP, en el plano nacional, y contra Moscú y Pekín, en el internacional, constriñendo su práctica política al marco estrecho del mundillo grupuscular. Pero en Corretjer, como en la generalidad de los seres hu-

28

manos, hay que separar la paja del grano para que la Revolu-

ción Puertorriqueña pueda aprovechar todo lo de gran valía que hay en su obra. La praxis más valiosa de este jíbaro de

Frontón, amasada en el sacrificio de una vida dedicada a su

pueblo y su causa, es su obra escrita, en verso y en prosa.

Ahora, en la plenitud de su madurez, Corretjer ha iniciado la publicación de una serie de artículos de gran envergadu- ra en El Nuevo Día. El último de éstos. Puerto Rico hacía un porvenir de enormes sufrimientos, del lunes 13 de octubre, es a mi juicio un trabajo de gran enjundia y muy acertado sobre las proyecciones del futuro patrio. El poeta, cuya visión cataclísmica tiene amplia base ma- terial, plantea la perspectiva de un Puerto Rico sometido a los sufrimientos máximos y la devastación de la guerra total, inevitable. Y advierte, con razón, que “esa plusvalía de dolor tendrá fundamentalmente por razón la irresponsabilidad en la toma de decisiones”. En un mundo en convulsión, apunta Juan Antonio, Puerto Rico está irremediablemente abocado a la guerra, sea ésta la guerra de devastación entre las grandes potencias o la guerra revolucionaria con la que ganaremos la liberación. En base a ese análisis, señala que hay que advertirle a nuestro pueblo que “jugarse la carta con los imperialistas yanquis en deca- dencia es ligar nuestro destino a la derrota. Ya tenemos bas-

tante con un noventa y ocho. Es de tontos confiar en los ven- cedores cuando los vencedores no seamos nosotros mismos. ¡Ah viejo querido Betances, cuánto le debemos!” La preocupación por la destrucción física de la patria ha sido una constante en los últimos escritos de Correjter. Los múltiples planes de saqueo de nuestra tierra y su patrimonio que proyectan los imperialistas y sus títeres en estos momen-

tos justifican la aprehensión del poeta que con estas palabras

29

hace un vehemente llamado a su pueblo para que se ponga en guardia:

“Dejemos que los explotadores yanquis nos convier- tan en once ‘parques industriales’ y veremos en lo que esas mismas brisas interiores, ese maravilloso abanico interior de nuestra Isla, convierte a nuestra patria: En un desierto habitado por plagios marcianos enmasca-

rados para sobrevivir la asfixia del coloniaje, que ya en

este caso habrá sobrepasado toda hipérbole propagan- dista. Distribuidores de veneno, las brisas interiores habrán saltado poética y contrariamente, del paraíso del Virgilio Dávila al ‘infierno’ que en su lógica del te- rrorismo medieval hizo Dante antecederlo en su poe- ma.”

La juventud puertorriqueña, nuestros luchadores por la independencia y el socialismo, todos ganarán mucho en su comprensión de nuestra realidad si aprenden a leer a Juan Antonio Corretjer, que es ciertamente uno de los grandes ideológos del independentismo puertorriqueño.

__________ Comentario Político, CLARIDAD, 15 de octubre de 1975.

30

El ingreso de Gallisá

El ingreso de Gallisá Quizás no haya sorprendido a nadie la noticia del ingre- so de

Quizás no haya sorprendido a nadie la noticia del ingre- so de Carlos Gallisá al Partido Socialista Puertorriqueño. Y es que a un partido revolucionario no se ingresa sorpresivamen- te como suele suceder en los partidos coloniales. Lo que se hizo ayer fue, en realidad, formalizar una realidad que venía desarrollándose en la práctica desde hace varios meses y que ya ha cuajado. Por lo mismo que señalamos arriba, la integración de Ga- llisá al partido de los trabajadores reviste singular importan- cia, sobre todo en este momento. Se trata de un dirigente que -como muchos de nosotros- llega al socialismo por el camino de la lucha de independencia patria. Hace unos pocos años, Carlos Gallisá era un joven profe- sional instalado en las esferas más ventajosas de la abogacía. Pudo haber trepado alto dentro de este sistema, echando a un lado sus sentimientos patrióticos, como han hecho tantos otros abogados. O sin llegar a los extremos de abyección de los renegados, podría haberse conformado con mantener su patriotismo dominguero -participando en alguna que otra gran concentración y contribuyendo con dinero a las orga-

31

nizaciones independentistas de vez en cuando- sin que tales

actividades afectaran su ascenso profesional. Salvaba así la conciencia y el bolsillo, como solía decir un viejo amigo mío, muy cínico. Pero el compañero Gallisá optó por una ruta mucho más escabrosa y de mayor provecho para su pueblo. Temprano en su carrera, la militancia independentista lo sacó de cuajo de la abogacía de los grandes bufetes. Participó activamente en el movimiento de renovación del Partido Independentista y en

ese proceso se insertó definitivamente en las inquietudes y el

pálpito de su pueblo.

Forma parte de un amplio grupo de militantes y dirigen- tes del nuevo PIP, el que empezó a fraguarse en el período de

1970 al 1972 y que, con posterioridad a los últimos comicios,

no pudieron triunfar en sus intentos de llevar al PIP a adoptar

una ideología y unos principios organizativos que ellos esti- maban imprescindibles para el desarrollo de la lucha revo- lucionaria. No fue la primera vez, y probablemente no sea la última, en que el PIP se estremece con grandes conmociones

internas y un sector sale del partido por entender que no cabe dentro de sus moldes.

Al fin de cuentas, las aguas están llegando a sus niveles.

Gallisá, como muchos de sus compañeros que salieron del PIP en 1973, ha encontrado en el Partido Socialista la canali-

zación organizativa de su ideario. En verdad, ellos no podían triunfar en el PIP porque -aunque no lo entendieran así en el instante de la pugna interna- lo que estaban planteando era la conversión del Partido Independentista en un partido revo- lucionario de la clase obrera. Y el embrión de ese partido ya estaba fundado. El PIP seguirá el curso histórico que le trazaron sus fun-

dadores, como partido que refleja en ideología, composición,

32

actitudes y estilo de trabajo, todas las posibilidades -virtudes y vacilaciones- de la pequeña burguesía patriótica. El PIP ha sido, es y tiene todos los indicios de seguir siendo exactamen- te eso: el partido de la pequeña burguesía patriota. Nada me- nos que eso -que es decir bastante- pero nada más. Gallisá, como muchos otros de sus compañeros en el PIP del ‘72, se ha abrazado a la ideología del proletariado. La tri- buna parlamentaria para la cual lo eligieron los independen- tistas puertorriqueños ha estado al servicio de la clase obrera. Su práctica profesional se ha tornado en verdadera abogacía proletaria. Es legislador de los trabajadores y abogado de los

obreros. Nada más lógico, entonces, que su ingreso al partido de la clase obrera. Por eso, desde el punto de vista del desa- rrollo de Carlos Gallisá como dirigente obrero, su decisión de integrarse al PSP es un gran acierto. Para el Partido Socialista Puertorriqueño, por otra parte, el ingreso de Gallisá abre una nueva dimensión a su expan-

sión e influencia como colectividad proletaria. Incorpora a sus filas a uno de los dirigentes independentistas-socialistas de

mayor resonancia en el Puerto Rico contemporáneo. Se nu- tre de una experiencia acumulada por el compañero que le amplía la perspectiva a nuestro partido, en el momento en que nos proponemos avanzar decisivamente hacia el cumpli- miento de metas superiores. alcanza una tribuna parlamen- taria, con anterioridad a cualquier posible participación del partido en comicios electorales, que nos permite ensayar las posibilidades del uso revolucionario de esa tribuna y medir su efectividad en el contexto de la lucha presente. Ahora que Gallisá es miembro del Partido Socialista Puer- torriqueño se hace posible reencontrar, a nivel más alto, la unidad y coordinación de la tribuna parlamentaria de los independentistas y socialistas puertorriqueños. Los partidos

33

de la independencia, contribuyen ambos con su propia repre- sentación a la Legislatura, tienen ese otro campo abierto de acción concertada, para el trabajo unitario. El ingreso de Carlos Gallisá al PSP coincide con el arran- que del año del avance decisivo de los socialistas puertorri- queños. Muchos de los trabajadores -en toda la escala de la base diversa y multifacética- seguirán profundizando y am- pliando la base sólida de este partido obrero cuyo crecimiento significará el principal instrumento en la estrategia libertado- ra de nuestro pueblo que no se detendrá hasta alcanzar sus metas en la proclamación de la República Democrática de los Trabajadores y la construcción del socialismo en nuestro país.

__________ Comentario Político, Claridad 9 de enero de 1975.

34

Paquita Pesquera Cantellops S on pocos los puertorriqueños que pueden acreditar más de sesenta años consecutivos

Paquita Pesquera Cantellops

Son pocos los puertorriqueños que pueden acreditar más de sesenta años consecutivos de militancia en nuestra lucha de independencia. Si hablamos de mujeres, no tengo duda de que solamente ha habido una. Es Paquita Pesquera Can- tellops. Al graduarse de escuela Superior en Bayamón, en 1944 obtuvo el primer honor de su clase. Ya entonces estaba alinea- da con el pensamiento independentista. Su madre, Dolores Cantellops, una mujer trabajadora que muy temprano en su vida tuvo que hacerse cargo de levantar una familia de ocho

hijo(a)s al enviudar, fue quien inculcó en ella los primeros

sentimientos patrióticos. En su formación juvenil, tengo la

convicción de que fue fi gura clave la de la patriota Isabel Gu- tiérrez del Arroyo, quien vivía con sus hermanas y familiares en una casa inmediatamente al lado de la que habitaban los Pesquera-Cantellops, en el centro de Bayamón. Por esa causalidad, al comenzar estudios en la Universi- dad de Puerto Rico, en Río Piedras, fue una de las pocas mu-

jeres que se afi liaron a la Sociedad Independentista

Universitaria (SIU) en los primeros tiempos de esa enti- dad que fue, sin lugar a dudas,la gestora del movimiento es-

35

tudiantil que culminó en la primera y única elección del pre- sidente, vice-presidente y secretaria del Consejo General de Estudiantes por parte del estudiantado en su totalidad. Esa elección fue la de Jorge Luis Landing como presidente, Juan Noriega Maldonado como vice-presidente y Noemí Rodrí- guez como secretaria. Fue ese nuevo Consejo de Estudiantes el que acordó brindar un recibimiento masivo a Don Pedro Albizu Campos a su regreso al país, tras diez años de prisión y destierro, en diciembre de 1947. Recuerdo muy vívidamente haber hecho todo el recorrido del recibimiento a Albizu junto a Paquita, a Cotate Gutiérrez del Arroyo y a Roberto Beascochea Lota. Recuerdo también que ambos pudimos saludar a Don Pedro luego de hacer una

larga fi la tras su discurso en el Parque Sixto Escobar al térmi- no de los actos del recibimiento. Como Paquita fue becada por la Universidad, en virtud de su alto promedio académico y las necesidades económicas de su familia inmediata, mantuvo desde el comienzo de sus estudios en la UPR una relación estrecha con la Doctora Car-

men Rivera de Alvarado, quien dirigía la Oficina de Servicios

al Estudiante. Como cuestión de hecho, fue por medio de Pa- quita que pude conocer a Doña Carmen, quien llegó a ser, en

verdad, una de las personas mas allegadas e influyentes en mi

vida, tanto en la etapa estudiantil como en los años posterio- res de nuestra militancia independentista. Paquita terminó sus estudios de bachillerato, con concen- tración en Economía, en diciembre de 1947. Por eso no partici-

pó directamente en la huelga universitaria de 1948. Ya en ene- ro del ‘48 empezó a trabajar como maestra de escuela superior en el Departamento de Instrucción Pública. Recuerdo que du-

rante la Revolución Nacionalista de 1950, cuando yo estaba

en Wáshington a mitad de mis estudios de Derecho, Paquita

36

trabajaba como maestra en la Escuela Superior de Jayuya. Yo llamé desde la capital norteamericana a mi padre en Maya- güez para que fuera a averiguar el paradero de Paquita y le

auxiliara en lo que fuera necesario. Él así lo hizo. Pero no tuvo que realizar mayores gestiones porque los jóvenes alumnos de ella que se incorporaron de alguna manera al movimiento revolucionario se ocuparon de protegerla y dejar saber a los insurrectos que la profesora era “una de las nuestras”. En Wáshington, Paquita comenzó a tomar cursos hacia los estudios post-graduados en Economía en la American Uni- versity y trabajó como asistente de investigación en la Ame- rican Trucking Association. Como todos los puertorriqueños que vivíamos en la capital norteamericana a la sazón, y en particular los independentistas, fue perseguida por el FBI in- cesantemente, a partir de la insurrección Nacionalista, que incluyó el ataque a Blair House por parte de los patriotas Gri- selio Torresola y Oscar Collazo. Al regresar a Puerto Rico, Paquita reanudó sus trabajos

como maestra de escuela superior en la Escuela Vocacional

de Mayagüez y varios mayagüezanos que fueron alumnos en sus clases, me han dicho en diferentes ocasiones que recuer- dan con gran estima las enseñanzas que recibieron de ella. Posteriormente, Paquita se matriculó en los estudios de maestría en Economía en el Recinto de Río Piedras de la UPR. Allí terminó dicha maestría al someter una tesis que es, sin duda, el primer estudio exhaustivo que se realizó sobre el im- pacto negativo de la aplicación de las leyes de cabotaje de Es- tados Unidos a Puerto Rico, en lo que respecta a la economía de nuestro país. En verdad, esa tesis tiene la envergadura de una disertación doctoral. Sus estudios doctorales en la Uni- versidad de Madrid, que nunca pudo terminar por los conflic- tos con sus obligaciones familiares y profesionales, giraron en

37

gran medida en el seguimiento de su atención especializada al área de las leyes que regulan la transportación marítima. Siendo profesora de Economía en la Universidad en Río

Piedras tuvo el privilegio de tener en una de sus clases a su

hijo mayor, Santiago Mari Pesquera, (Chagui), cuando éste

cursaba, al igual que lo hicieron sus padres, el bachillerato en Ciencias Sociales en ese recinto, del cuál se graduó, expidién- dose el diploma al efecto póstumamente. La muerte, por vil asesinato político, de su hijo mayor, causó un impacto, como es natural, muy hondo en la vida de Paquita. Mantuvo, sin embargo, tanto su cátedra, en la UPR y en otras instituciones universitarias en Nueva York, como su militancia, dondequiera que residiera, en nuestra lucha de independencia. Paquita fue fundadora del Partido Independentista Puer- torriqueño, del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico, del Partido Socialista Puertorriqueño, de Causa Común

Independentista, del Congreso Nacional Hostosiano, del Co- mité de Puerto Rico en Naciones Unidas, así como de la enti- dad que surgió como fusión del Nuevo Movimiento Indepen- dentista y el Congreso Nacional Hostosiano, con el nombre de

Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH).

En la actualidad, es presidenta de Causa Común Independen- tista y como tal, representante de esa organización en la direc- ción tanto del MINH como de COPRONU. Por dondequiera que uno se mueva en este país, escucha- rá los elogios de profesionales que fueron sus alumnos en es- cuelas y universidades, y que la recuerdan como una maestra de gran capacidad e indiscutible vocación para la enseñanza, que impartió siempre fundándose en el inmenso amor que tiene por esta patria que todos compartimos con ella.

38

Mujeres de su envergadura son las que hacen que nuestra noble causa pueda transmitirse de generación en generación. Por eso es que esta causa es invencible.

__________ En Rojo, junio 2006

39

Un canto de fulgores ... esa patria exigente que impone su silencio o su palabra, y

Un canto de fulgores

...

esa patria exigente

que impone su silencio o su palabra, y con sus manos labra,

en la sangrienta masa de dolores a golpes de centella la forma de una estrella, un canto de fulgores ..

de Distancias, J:A: Corretjer

Hoy día, cuando escribo estas líneas, se cumplen cinco meses del asesinato de Chagui. El jueves 26 cumpliría él 24

años. Sus familiares y amigos se volverán a reunir en la tumba de San Juan, a las nueve de la mañana, para izar la bandera de

40

la estrella solitaria sobre los restos que allí reposan, de Fefel, Raúl y suyos. Una vez más, “esa patria exigente” me impide estar a su

lado el día de su cumpleaños. Así fue en vida en tantas oca- siones. Recuerdo que ni el primero ni el último cumpleaños suyo pudimos pasar juntos. El primero, en 1953, él estaba en Mayagüez , había venido a conocer su patria, y yo estaba estudiando verano en Washington, para adelantar el regre-

so definitivo. El último, el año pasado, él estaba estudiando

aviación comercial en Tulsa, Oklahoma. Ahora debo salir, pre- cisamente ese día, hacia las Naciones Unidas.

Me llevo su recuerdo y la inmensa tristeza de su ausencia, más presentes en las distancias de la muerte que en las de la vida, balanceando el equilibrio de una esperanza doliente. Quisiera en este minuto evocar la vida cristalina de un joven mártir de la independencia y el socialismo. Tuvo una infancia y adolescencia alegre, disfrutando a plenitud la pro-

liferación de cariño de una familia de muchas ramificaciones. Disfrutó una corta vida llena de versatilidad y experiencias diversas. De temperamento apacible e introvertido, desarrolló un incisivo sentido del humor y manifestaba una comprensión madura del mundo y sus fenómenos. Fue atleta y músico, me- cánico y agricultor, chofer de camiones de arrastre, vendedor de misceláneas y terminó siendo aviador. Aspiraba tener una vida independiente de sus padres y al mismo tiempo se ensimismaba en el estudio de sus raíces familiares. Hace un par de años, cuando estaba terminando sus estudios de bachillerato en la universidad, se metió a la biblioteca de mi tío Don Juan Mari en El Rosario a realizar una investigación sobre la emigración corsa a Puerto Rico. Vino muy impresionado por conocer un personaje de nues-

41

tra familia, Santiago Mari Torres. Ese tocayo suyo nació en

un campo de San Germán a finales del siglo pasado, hijo del

primer Mari que llegó a la isla y de una campesina boricua, Doña Desideria Torres. A la edad de 21 años, Santiago Mari Torres murió inesperadamente en Córcega cuando acababa

de terminar sus estudios como oficial de la marina mercante

francesa. A mí me estuvo curioso su gran interés por conocer

más datos sobre cómo fue que aquel pariente suyo murió tan joven. Me decía que leyó cartas suyas que reflejaban una por- tentosa inteligencia. Es una de esas raras casualidades, que Chagui fuera a morir también tan joven y precisamente en el momento que había terminado sus estudios de piloto comer- cial.

Se ha dicho que Chagui era el menos político de los tres hermanos. No es cierto. Era, sí, el menos militante en el sen-

tido ordinario del concepto. En el afincamiento sólido de los

principios, en la clara perspectiva estratégica y la disposición de lucha en momentos cruciales, llegó a ser un revolucionario en formación acelerada. Tenía una perspicacia impresionante para captar la esencia de las cosas políticas. Recuerdo que en su temprana adolescencia, mientras otros niños correteaban por los alrededores del MPI, él se sentaba a escuchar muy concentradamente mis discursos. Ese es el último recuerdo que tendré mientras viva de él: de frente a la tribuna, en la concentración del capitolio el domingo antes de ser asesina- do, con la bandera roja en una mano y el rostro ávido, escu- chándome hablar. En los tiempos que estuvo en la Universidad, participó activamente en los mayores confrontamientos que tuvo que encarar la lucha estudiantil. Demostró gran agilidad y com- batividad en aquellas refriegas callejeras de Río Piedras. Su militancia se destacó durante la huelga estudiantil de 1973.

42

Participó también en la lucha contra el Servicio Militar Obligatorio. Fue de los jóvenes vanguardistas que escalona- ron el desafío negándose a inscribirse en el SMO al cumplir los dieciocho años de edad. Murió sin jamás haberse inscrito. Estaba aproximándose a la plenitud de su vida al momen- to del artero homicidio. Ya había comenzado a trabajar en una modesta empresa de transporte de carga hacia las Islas Vír- genes. Me había dicho que pensaba proponerle matrimonio a la novia. Quería desarrollarse como aviador para servirle a su patria en un ámbito estratégico para la construcción de la nueva sociedad en Puerto Rico.

Chagui vive en el recuerdo siempre vivo de los que le queremos y seguirá vivo por los siglos futuros en el agradeci-

miento de una patria que florece abonada por el sacrificio de

sus héroes y mártires. Para nosotros su recuerdo será siempre “un canto de fulgores”.

__________ Escrito el 24 de agosto de 1976

43