El hambre de muchos, la riqueza de pocos.

Por motivo del apuro económico que sufre el mundo, provocado por la crisis financiera actual, el problema del hambre va en aumento, según la FAO, el número de personas que se encuentran en esta condición paso de 860 millones a 1200 millones. Estos datos deben causar dolor y preocupación en todas las personas que cada día tenemos la oportunidad de sentarnos a la mesa y comer tranquilamente. El aumento de la pobreza y la falta de alimento nos invitan a realizar un profundo análisis de la dinámica social y económica que va siguiendo el mundo. A lo largo de la historia de la humanidad, la atención a la falta de alimentos siempre ha sido un reto importante para los gobiernos y las sociedades. La necesidad de satisfacer las demandas de alimento nunca se ha podido atender de manera plena, por aspectos geográficos, de recursos naturales, pero sobre todo por la falta de justicia social y distribución equitativa de la riqueza. El problema del hambre es un problema ético más que de tipo técnico. Esto porque existen tecnologías y técnicas de producción agropecuaria que permiten una producción muy eficaz que pudieran permitir el abastecimiento de alimentos a las personas más necesitadas. La producción de alimentos seria suficiente para atender al crecimiento de la población mundial, sin embargo no existe una distribución justa y equitativa de los recursos alimenticios. La perversa distribución que se hace de los alimentos provoca dolor, enfermedad y muerte a millones de personas, a las que no se les brinda un apoyo adecuado para atender sus necesidades básicas. Esta realidad social, es una muestra de que hemos olvidado nuestro principio filogenético de cooperación y de comunión social, para dar paso a un egoísmo destructivo de la raza humana y de la armonía social. Esta falta de valores humanitarios y de conciencia planetaria ha traído como resultado un tipo de sociedad que pone por encima el beneficio individual sobre las necesidades sociales. Esta sociedad valora más la codicia de los grandes monopolios, que la participación social y las relaciones solidarias. Hemos perdido nuestra capacidad de empatía en temas relacionados con el dolor humano; las constantes manifestaciones de violencia que se presentan en nuestra sociedad nos han desensibilizado del dolor ajeno. La ética de las sociedades capitalistas y neoliberales es de tipo egoísta y excluyente. No se detiene a valorar la importancia que tiene el servicio de los recursos en favor de la mayoría de la población, sino que esta al cuidado de algunas personas o grupos que controlan las finanzas de los países provocando crisis y pobreza con la finalidad de lograr mayor riqueza para sus empresas.

En la raíz de este problema podemos encontrar una falta de sentido humano, que es lastimoso para todos los que habitamos este planeta, porque no hemos sido capaces de ponernos en el lugar de los otros que sufren y son desfavorecidos. Los gobiernos del mundo requieren lograr una organización social que procure una justa distribución de la riqueza y los recursos alimenticios. Lamentablemente el poder político se encuentra al servicio del poder económico de las grandes empresas, en lugar de atender a las necesidades que se producen a nivel social. Por lo tanto, el poder político no sirve al bien común, genera desigualdades que representan una de las más graves manifestaciones de la injusticia social. Como consecuencia de esto, muy pocos tienen poder y riqueza en abundancia, mientras que el resto se conforma con migajas y muchos otros no tienen ni para cubrir las necesidades vitales propias de un ser humano. El problema del hambre no es ajeno a nuestro país, recientemente La Confederación Nacional Campesina propuso al próximo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto erradicar el hambre que padecen 28 millones de mexicanos, al impulsar la producción agropecuaria que permita a México recuperar su soberanía y autosuficiencia alimentaria en maíz, frijol, arroz, trigo, leche y carne. Las cifras dadas por la Organización Mundial de las Naciones Unidas, revelaron que 28 millones de mexicanos sufren hambre, padecen pobreza alimentaria, además de que 52 millones viven en pobreza debido a la falta de recursos para tener una calidad de vida adecuada. Una de las principales razones de este problema es que nuestro país, compra al extranjero alrededor de 50 por ciento de lo que se consume, principalmente maíz, arroz, trigo, soya, carnes y leche. Esperemos que los países desarrollados cambien su política agropecuaria y alimentaria con la finalidad de procurar la justicia social y la cooperación internacional para combatir y erradicar el hambre a nivel mundial. En lo personal invitaría al gobierno de Enrique Peña Nieto, a desarrollar políticas sociales que puedan abatir el problema del hambre. Conforme tengamos una sociedad mas justa y solidaria, la violencia social disminuirá significativamente, además de crear una conciencia ética que fomente la sustentabilidad de la especie humana y del planeta. Los dejo con las sabias palabras que algún día pronunciara Salvador Allende en relación al tema del hambre. “El hombre de los países industriales ha llegado a la luna dominando la naturaleza. ¿Es justo que el hombre ponga un pie sobre la luna? ¿O no sería más justo que los grandes países pongan los pies sobre la tierra y se den cuenta que hay millones de personas que no tienen trabajo y que sufren de hambre?”

Sobre el autor: Francisco Javier Díaz Calderón. Licenciatura en Psicología en la Universidad autónoma de Baja California Maestría en educación por CUT Universidad de Tijuana Especialidad en prevención y tratamiento de adicciones por la UNAM (en proceso) Diplomado en terapia cognitivo conductual aplicados a la salud mental por la UNAM e INCOSAME. Diplomado en facilitación de grupos por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt. Diplomado en Teología y Religiones por la Universidad Marista. Diplomado en estrategias de seguridad por el ITESM y el Banco mundial. Especialidad en Orientación y Desarrollo Humano por el Instituto Humanista de psicoterapia Gestalt. Especialidad en Psicoterapia Gestalt por el Instituto Humanista de psicoterapia Gestalt. Especialista universitario en Educación y orientación sexual por la asociación de psicología, sexología y terapia de pareja de Madrid

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