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Cárceles psicológicas

Cárceles. Cuando nos referimos a este término nos limitamos a pensar que son locales destinados a la reclusión de presos. Pero, ¿alguna vez nos hemos planteado el concepto de cárcel psicológica? Tendemos a creer que en la sociedad actual, una sociedad del siglo XXI, los seres humanos somos libres. Pero, ¿hasta que punto podemos ejercer esta supuesta libertad? Cada uno de nosotros somos prisioneros de nuestros pensamientos, e incluso de nuestros propios actos. Todo lo que hacemos nos condiciona más allá de los factores externos a los que nos enfrentamos cada momento, en nuestro día a día. Las personas experimentamos miedos, temores que nos hacen reprimir sentimientos, pensamientos, que forman parte de nosotros mismos y que escondemos en nuestro interior por ese miedo latente de desaprobación. La sociedad, la misma que nos envía mensajes incitándonos a ser nosotros mismos y a no esconder lo que somos, nos obliga a reprimir esos temores como si fueran aspectos negativos de nuestra personalidad. Tenemos miedo a expresarnos, ya que pensamos que nos puede llevar al rechazo, una situación que nos aterra, y nos lleva a pensar que somos inferiores o menos valiosos como personas. El simple hecho de la timidez por ejemplo, deja ver como las personas podemos incluso, esconder nuestras almas en muchas ocasiones por el qué dirán, por lo que podría pensar el resto del mundo sobre nuestras acciones o nuestra forma de ser. A veces nos golpeamos con la verdadera realidad de nuestro universo, y pensamos que la vida es demasiado corta para poder permitirnos el lujo de gastar nuestro tiempo fingiendo que somos alguien diferente. Pero este pensamiento dura un segundo, tan solo un segundo de nuestra existencia que luego pasa y se desvanece, volviéndonos a la misma rutina de siempre. La mente del ser humano constituye un misterio. A nivel científico funciona por medio de pequeñas reacciones mecánicas, producidas por interacciones con el mundo exterior. Lo cierto es que ningún ser humano puede controlar su mente, esos instintos, esas reacciones. Es extraordinario observar como nuestras propias mentes pueden jugarnos malas pasadas. Pensamos que la dominamos, que tenemos el control, pero al minuto siguiente nos damos cuenta que es más difícil de lo que creemos, que no podemos, que nos vence, y nos dejamos vencer dejando que nos encierre en una cárcel dolorosa. Durante toda nuestra vida vivimos encarcelados, excepto por esos pequeños momentos, diminutos segundos de nuestra vida en los que encontramos la felicidad, ese estado pasajero de locura en el cual no interviene la mente porque ésta no conoce la felicidad. Casi siempre nuestras mentes son dominadas, sometidas a la presión del ego, que se disfraza de términos como responsabilidad o respeto. Pero, ¿realmente conocemos cuales son los limites de nuestra mente? ¿Hasta dónde es capaz de llegar? Debemos aprender a dominarla, a ser libres y pensar con el corazón.

CÁRCELES PSICOLÓGICAS

Uno de los aspectos por el cual el hombre civilizado se enorgullece más es de su libertad, pero verdaderamente somos prisioneros de nosotros mismos. Durante años y a lo largo de la historia hemos podido conocer como las personas han luchado por esa supuesta libertad, pero sobretodo lo han hecho a nivel social, descuidando o pasando por alto los aspectos psíquicos, sin pararse un momento a pensar que éstos son los que nos limitan como seres humanos, los que nos impiden triunfar, convirtiéndonos en fieles servidores de este gran tirano. A partir de aquí nos damos cuenta que solo tenemos un gran enemigo, uno que pensamos que conocemos a fondo, pero vemos como nos traiciona una y otra vez. Nos somete a una prisión indescriptible, que nos creemos libres pero en realidad somos prisioneros, reos de nuestra mente, de nuestros miedos. Y no nos liberaremos hasta que consigamos pensar con el corazón, sin servir a nuestros complejos. La libertad radica en nosotros mismos. Si somos libres de mente, de pensamientos, seremos libres en todos los aspectos de nuestra vida. Pero esta libertad es difícil de alcanzar, es difícil dejar de seguir aquello que pensamos que es lo correcto, lo que nuestra mente nos comunica que es lo correcto de acuerdo con nuestros temores. Por lo tanto, la pregunta que se nos plantea al final de todo es: ¿somos libres, tal y como muchas veces pensamos?

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