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EL MUNDO. JUEVES 6 DE DICIEMBRE DE 2012

OBITUARIOS
> OSCAR NIEMEYER

Una leyenda de la arquitectura
ENRIQUE DOMÍNGUEZ UCETA

Con Oscar Niemeyer desaparece la figura más importante de la arquitectura sudamericana del siglo XX, un mito en el continente y una de las personalidades más relevantes del arte contemporáneo. Su vida y su trabajo abarcan casi completa la historia de la arquitectura moderna, desde sus orígenes hasta nuestros días, afrontando siempre los proyectos con entusiasmo e intensidad, sin traicionar nunca una manera espontánea y optimista de crear. También había alcanzado una condición excepcional, la de expresar los valores de su país, la imaginación, la vitalidad, la ambición de futuro, la alegría y la fascinación por la belleza. Repasando su vida se encuentran muchos elementos comunes entre Niemeyer y los grandes pintores del arte moderno, ya que siempre primó en su discurso el humanismo y el compromiso con los problemas sociales de su tiempo, afrontando el trabajo con placer y sensibilidad, con pasión, buscando antes los efectos que las razones. Niemeyer ha sido capaz de completar un siglo de intensa actividad plena de episodios irrepetibles, desde la amistad con muchos de los genios del siglo XX a la creación de una ciudad para convertirla en capital de Brasil, sin perder su perfil humano. Sin duda, amaba más a la gente que a la arquitectura, y habría preferido cambiar la sociedad antes que entrar en la historia del arte. Quienes le han conocido destacan su humanidad, su buen trato y su amor por la vida, por la amistad y por la justicia. Niemeyer nació en Río en el año 1907, y no tuvo una vocación temprana, ya que comenzó sus estudios superiores en 1929, entrando a trabajar en el estudio de Lucio Costa en 1935. Su prestigio fue temprano. En torno a los 30 años estaba diseñando el Pabellón de Brasil para la Feria Mundial de Nueva York de 1939. El arquitecto utilizó los conceptos del movimiento moderno europeo, en especial el de la planta libre, y los desarrolló de manera personal en esta obra. El pintor Roberto Burle Marx
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contribuyó en el diseño del jardín, iniciando una colaboración duradera con influencias recíprocas. En 1940 conoció a Juscelino Kubitschek, alcalde de Belo Horizonte, en Minas Gerais, que le encargó los edificios de Pampulha. Allí realizó su primera obra maestra, el Casino, convertido ahora en museo. Dispuso una planta sin muros de carga y un vuelo de rampas que conducían el

La fortuna siempre acompañó a Niemeyer. La relación iniciada en Belo Horizonte con Kubitschek continuaría cuando éste alcanzó la Presidencia y reclamó a Niemeyer para crear una nueva ciudad que se convertiría en capital de la nación: Brasilia. Niemeyer se encargaría de dar forma a los principales edificios del centro administrativo y simbólico, desde la Catedral al Tribunal Supre-

y de las grandes empresas se rodearon rápidamente de un océano de chabolas, y la ciudad se convirtió en una mezcla deslumbrante de creatividad y de miseria, de libertad y de retórica formal, emblemática de la América del siglo XX, como si se tratara, en efecto, de una metáfora de nuestra sociedad. El propio Niemeyer, como otros grandes artistas plásticos, siempre tuvo una fuerte con-

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recorrido de los usuarios en los espacios abiertos y a través del interior del edificio. En esos primeros años de profesión trabaja en Belo Horizonte, en São Paulo y en Río. Niemeyer utilizó el hormigón para conseguir formas libres y llenar de curvas los edificios en los que el espacio interior establecía una íntima relación con la naturaleza exterior. Utilizó volúmenes esenciales, a menudo distanciados en la planta del edificio, llenando sus obras de poesía espacial. Es inevitable relacionar su trabajo con los espacios pictóricos de Dalí, con los paisajes de De Chirico y con la difícil espontaneidad de Miró. El arquitecto brasileño tuvo relación y amistad con los genios de su tiempo, incluyendo a Le Corbusier y a Mies van der Rohe, lo que le llevó a participar en el comité para el diseño de la sede de la Naciones Unidas en Nueva York en 1947. Le Corbusier le pidió que se presentaran juntos, pero hizo su propia propuesta que fue la elegida. A pesar de ello la modificaron conjuntamente, y el proyecto 23/32 se construyó siguiendo sus planos.

En su obra prima el humanismo y el compromiso con los problemas sociales En los 60 creó una ciudad del siglo XXI que se convertiría en capital de su país
mo de Justicia, de la Plaza de los Tres Poderes al Teatro Nacional, de los palacios de Alvorada y de Planalto a las torres gemelas y las dos cúpulas del Congreso Nacional. Desde 1956 hasta mediados de los años 60, surgió ante el mundo una ciudad futurista de gélida grandeza, de escala inhumana y clara perfección geométrica que parecía pertenecer al lejano siglo XXI, porque nunca se había construido nada semejante. En Brasilia, las sedes del Gobierno

ciencia social que le llevó a criticar las desigualdades y a militar en el Partido Comunista. La llegada de la dictadura a Brasil en 1964 le empujó a vivir en Europa, a pesar de lo cual diseñó el Ministerio del Ejército en Brasilia en aquellos años. Fijó su residencia en París, en contacto con las vanguardias, lo que permitió que levantara en el Viejo Continente un puñado de obras excelentes, como la sede del Partido Comunista de Francia en París (1987), la sede de la editorial Mondadori en Milán (1968-75), el Centro Cultural de Le Havre (1972-1983), y la sede del diario L ’Humanité en París (1987). Nunca dejó de trabajar para su país, realizando la Pasarela do Samba en Río de Janeiro (1983) ante la que desfilan las escuelas de samba durante el Carnaval y, tras la caída de la dictadura en 1985, regresó a Brasil donde continuó elaborando proyectos a pesar de su avanzada edad con una vitalidad incesante. En 1988 recibió el premio Pritzker de arquitectura por su trayectoria, cuando había cumplido ya los 80 años. El jurado valoró su aportación

al movimiento moderno, al que llevó aspectos locales de Brasil destilando colores, luz y sensual imaginación. Es cierto que dio un toque personal a las nuevas ideas de arquitectura, aportando formas más generosas y muchas más curvas de las que sus colegas europeos se habrían permitido. El arquitecto ha disfrutado de una actividad profesional extraordinariamente larga, ya que después de recibir el Pritzker prolongó su trayectoria con obras magníficas como el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi (1991), en el estado de Río de Janeiro, una doble campana invertida al borde del mar, o el auditorio de Ibirapuéra, terminado recientemente, que completa el gran conjunto de edificios diseñados en 1951 para el cuarto centenario de la fundación de São Paulo. En la misma ciudad hizo el Memorial de América Latina (1986-88), un grupo de edificios culminado con la inauguración en 1992 del Parlamento de América Latina. En 1989 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, iniciando una relación intensa con el Principado que le llevó a proponer un proyecto para el Centro Cultural Internacional que lleva su nombre en la ciudad de Avilés. La obra es representativa del estilo de su autor, de una manera de diseñar libre y alegre que sorprendió al mundo desde EL MUNDO los años 40 hasta finales de la década de los 60 del siglo XX. Este nuevo proyecto conserva el perfume de un tiempo pasado que resulta inusitadamente presente. De una manera silenciosa pero evidente, las lecciones de los maestros modernos de aquellos años han sido el manantial en el que han bebido nuestros mejores arquitectos actuales, aunque las capturas de ideas ajenas no acostumbren a citar su procedencia. El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés, que se conoce como el guggenheim asturiano, es uno de sus mayores proyectos en Europa, en el que las curvas fluyen largas y armoniosas haciendo honor a las palabras de su autor: «La solución natural es la curva, presente en todo, en el razonamiento, en el universo, en la democracia y en la vida». El mítico Niemeyer falleció esta madrugada, a los 104 años en el hospital donde estaba internado desde hace más de un mes.
Oscar Niemeyer, el arquitecto que dise ñó Brasilia, nació en Río de Janeiro en 1907 y murió la pasada madrugada en la misma ciudad.

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