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Capítulo 4
La Deposición del Emperador: El Príncipe de Chenliu se Convierte en Emperador; Intrigas Contra Dong Zhuo: Cao Cao Regala una Espada.

Dong Zhuo tenía el objetivo de matar a Yuan Shao, pero Li Ru lo controló, diciéndole: — No debería matar temerariamente mientras haya asuntos pendientes de un hilo. Yuan Shao, con su espada todavía desenvainada, se marchó de la asamblea. Colgó los sellos de su ministerio en la puerta este y se fue a la Región de Jizhou. — Tu sobrino se ha comportado inapropiadamente, pero le perdono por ello— dijo Dong Zhuo al Guardián Imperial Yuan Wei—. ¿Qué opináis de mi complot? — Tiene toda la razón— fue la respuesta. — ¡Si alguien se opone a este gran proyecto morirá de inmediato de acuerdo a las leyes militares!— dijo Dong Zhuo. Los ministros, totalmente aterrados, prometieron obediencia, y la fiesta llegó a su fin. Dong Zhuo preguntó al Consejero Zhou Bi y al Comandante Wu Qion su opinión sobre el abandono de Yuan Shao. — Se ha marchado totalmente embargado por la ira— dijo Zhou Bi—. Bajo ese estado de excitación podría causar mucho daño a nuestros actuales intereses, sobre todo porque la familia Yuan ha sido conformada por destacados oficiales superiores durante cuatro generaciones, y sus protegidos y subordinados están en todas partes. Si reúnen a gente audaz y reclutan a sus huestes, todos los valientes soldados se levantarán en armas, y la región oriental de las Montañas Huashang se perderá. Es mejor que perdones a Yuan Shao y le envíes una nota. Estará dispuesto a olvidar y no se nos opondrá. — Yuan Shao es muy dado a las intrigas, pero ha errado en su decisión y por eso no hay que temerle. Aún así estaría bien darle algún rango y conseguir de este modo ganar el favor popular. Dong Zhuo siguió su consejo, y sin esperar ni un momento envió un mensaje para ofrecer a Yuan Shao el gobierno de Bohai. En el primer día del noveno mes, el Emperador fue invitado a desfilar en el Salón de la Virtud donde había una gran asamblea de oficiales. Allí Dong Zhuo, espada en mano, se encaró a la concurrencia y dijo: — El Emperador es un débil e inepto para soportar el gobernar esta tierra. ¡Ahora escuchad el documento que tengo preparado! Y Li Ru leyó lo siguiente: — El sumiso Emperador Ling abandonó demasiado pronto a su gente. El Emperador es el blanco de todas las personas de esta tierra. Sobre el presente Emperador Bian el Cielo le ha otorgado minúsculos regalos: en dignidad y porte es deficiente, y en luto es negligente. Sólo la virtud más completa puede agraciar a la dignidad imperial. La Emperatriz He le ha entrenado inapropiadamente, y todo el estado administrativo se ha sumido en el caos. La Emperatriz Dong murió repentinamente y nadie sabe por qué. La doctrina de los tres vínculos, Cielo, Tierra y Humanidad, y la continuidad de la independencia del Cielo y de la Tierra han sido dañados. » Pero Liu Xian, Príncipe de Chenliu, es sabio y virtuoso interiormente como bien parecido exteriormente. Representa todos los cánones apropiados: su luto es sincero, y su dialéctica es siempre correcta. Los elogios hacia su personan llena el imperio. Es la persona más indicada para el sagrado deber de consolidar el gobierno de los Han. » Por tanto el Emperador debe ser depuesto ahora y ser nombrado Príncipe de Hongnong, y la Emperatriz He debe retirarse de la administración. » Rezo porque el Príncipe de Chenliu acepte el trono en conformidad con el decreto del Cielo y de la Tierra, el deseo de la gente, y el cumplimiento de las esperanzas de la humanidad.

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Cuando el comunicado fue leído Dong Zhuo pidió a los oficiales que bajaran al Emperador del trono, le retiraran su sello y que hicieran que se arrodillara en dirección al norte, mostrándose así un leal sirviente del Trono y que esperaba sus órdenes. Además Dong Zhuo hizo que la Emperatriz He se quitara su vestido real ceremonial y aguardara la orden imperial. Muchas víctimas de esta opresión lloraron amargamente, y cada ministro presente quedó profundamente afectado. Un ministro puso su disgusto en palabras, gritando: — ¡El falso Dong Zhuo es el autor de este insulto, y yo arriesgaré mi vida para acabar con él! Y con esto se abalanzó hacia Dong Zhuo amenazantemente con su bastón de marfil de oficial. Fue el Escaño del Secretario Ding Guan. Dong Zhuo hizo que Ding Guan fuera apartado y, según el procedimiento, ejecutado. Antes de que muriese, Ding Guan no cesó de clamar contra el opresor, sin mostrar nada de miedo hasta la muerte. Quien concibió el vil proyecto fue Dong Zhuo el rebelde Para deshacerse del Rey y agraviar así su legítimo linaje. Con los brazos cruzados estuvieron los cortesanos, menos uno Ding Guan, quien se atrevió a gritar cuando el mal se hizo.

Entonces el emperador designado, el Príncipe de Chenliu, fue a la parte superior de la sala a recibir felicitaciones. Después de esto, el Emperador depuesto, ahora Príncipe de Hongnong, su madre y la Consorte Imperial, Lady Tang, fueron exiliados al Palacio de la Calma Eterna. Las puertas de entrada fueron cerradas a cal y canto. ¡Fue lamentable! Allí estaba el joven emperador, después de reinar menos de medio año, depuesto y puesto otro en su lugar. El nuevo Emperador fue Liu Xian, el segundo hijo del anterior Emperador Ling. Tenía nueve años de edad, cinco años más joven que su derrocado hermano. El nuevo estilo de reinado fue renombrado a Inauguración de la Tranquilidad, primer año (190 DC). Convertido en Primer Ministro, Dong Zhuo se volvió más poderoso y arrogante. Cuando se inclinaba ante el Trono no declaraba su nombre. No se apresuraba para ir a la corte. Armado y acorazado entraba en la sala de recepciones. Amasó una fortuna que excedía enormemente a la de cualquier otro. Su consejero, Li Ru, trataba de persuadir a Dong Zhuo constantemente para que contratara a gente de reputación para ganarse el aprecio público. Así, cuando le dijo que Cai Yong era un hombre de talento, Dong Zhuo le hizo llamar. Pero Cai Yong no acudió. Dong Zhuo le envió un mensaje diciéndole que si no acudía él y su familia serían eliminados. Entonces Cai Yong se dio por vencido y acudió. Dong Zhuo fue muy agraciado con él y le promocionó tres veces en un mes. Cai Yong se convirtió en Ministro Supremo. Así era la generosidad del tirano. Mientras tanto, el gobernante depuesto, su madre y su consorte fueron enclaustrados en el Palacio de la Calma Eterna y encontraron su suplicio diario gradualmente decreciente. El Emperador depuesto lloró incesantemente. Un día un par de golondrinas volaban de un lado para otro inspirándole estos versos: El verde del césped y la fresca primavera Sacáis a jugar a las traviesas golondrinas; Los caminantes se paran en el ondulante arrollo, Y sus ojos renacerán destellantes y gozosos; Miro los tejados con mirada fija Del Palacio que antes habitaba. Pero aquello que alojé con corazón honrado, ¿no se silenciará cuando los días acaben pasando?

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El mensajero, que era enviado por Dong Zhuo regularmente al palacio para informarse sobre los prisioneros, cogió el poema y se lo mostró a su señor. — ¡Así que muestra su resentimiento escribiendo poemas! Una excusa justa para quitárselos a todos del medio— dijo Dong Zhuo. Li Ru fue enviado con diez hombres para consumar el hecho. Los tres estaban en una de las habitaciones superiores cuando Li Ru llegó. El Emperador se estremeció cuando la criada anunció el nombre del visitante. Al poco entró Li Ru y le ofreció una copa de vino envenenado al Emperador, el cual le preguntó que qué significaba eso. — La primavera es la estación de la mezcla y el intercambio armonioso, y el Primer Ministro le envía esta copa de vino de longetividad— dijo Li Ru. — Si fuera vino de longetividad, usted también bebería— dijo la Emperatriz He. Entonces Li Ru se volvió brutalmente franco. — ¿No vas a beber?— preguntó. Llamó a hombres armados con dagas y cuerdas y pidieron al emperador que los mirase. — La copa o ellos— le dijo. — Deje que la criada beba en el lugar de su señor— dijo Lady Tang—. ¡Dispondrá de la madre y del hijo, lo prometo! — ¿Y tú quién eres para morir por un príncipe?— dijo Li Ru. Entonces ofreció la copa a la Emperatriz una vez más y le pidió que bebiera. Volvió a clamar contra su hermano, el débil He Jin, el autor de todos estos problemas. No iba a beber. Entonces Li Ru se acercó al Emperador. — Permíteme despedirme de mi madre— suplicó, y lo hizo con estas palabras: El cielo y la tierra ha cambiado, ¡Ay! El sol y la luna han dejado sus cursos, Yo, una vez el centro de todas las miradas, llevado a todos los confines, Mi vida cerca de su fin está, oprimido por un ministro arrogante, Vanas son mis lágrimas derramadas pues ya nada me vale.

Lady Tang cantó: El cielo se está desmoronando, la tierra desprendiéndose, Yo, la criada de un emperador, me apenaría el no seguirle. Hemos llegado al principio, la prisa y la muerte no andan juntas; ¡Ay! Estoy sola con gran dicha en mi corazón que no sanará nunca.

Cuando ambos cantaron estos versos rompieron a llorar el uno en los brazos del otro. — El Primer Ministro está esperando mi informe— dijo Li Ru—, y lo estáis retrasando demasiado. ¿Creéis que tenéis alguna esperanza de socorro? — Los rebeldes nos están obligando a morir, a una madre y a un hijo, y el Cielo nos ha abandonado— dijo la Emperatriz, estallando en otro brote de ira—. ¡Pero tú, la herramienta de este crimen, morirás sin duda! La ira de Li Ru creció más de inmediato, poniendo sus manos sobre la Emperatriz y lanzándola por la ventana. Entonces ordenó a los soldados que estrangularan a Lady Tang y obligó al muchacho a que tragara el vino de la muerte. Li Ru informó lo acontecido a su maestro quien ordenó que fueran enterrados fuera de la ciudad. Después de esto la conducta de Dong Zhuo se volvió más atroz que antes. Pasaba las noches en Palacio, deshonrando a las concubinas imperiales, e incluso durmiendo en el Diván del Dragón.

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Una vez condujo a sus soldados a la ciudad de Yangcheng cuando los lugareños, hombres y mujeres, se reunieron de todos lados para el festival anual de primavera. Sus tropas sometieron el lugar y lo saquearon. Se llevaron el botín de los carros de carga, hicieron mujeres prisioneras y más de un millar de cabezas cortadas. La procesión volvió a la Capital Luoyang y publicaron una historia sobre que habían obtenido una gran victoria contra unos rebeldes. Quemaron las cabezas bajo las murallas y las mujeres y las joyas fueron repartidas entre los soldados. Un general llamado Wu Fu estaba disgustado por esta ferocidad y buscó la oportunidad para matar a Dong Zhuo. Wu Fu vestía constantemente un peto bajo sus ropas cortesanas y llevaba oculta una afilada daga. Un día, cuando Dong Zhuo llegó a la corte, Wu Fu se encontró con él en las escaleras y trató de apuñalarlo. Pero Dong Zhuo era un hombre muy poderoso y rechazó a Wu Fu hasta que Lu Bu acudió en su ayuda. Lu Bu aniquiló al asaltante. — ¿Quién te ha dicho que te rebeles?— dijo Dong Zhuo. — Tú no eres mi príncipe y yo no soy tu ministro, ¿dónde está la rebelión?— gritó Wu Fu tras estallar—. Tus crímenes llenan los cielos, y cada persona debería matarte. ¡Me lamento por no poder hacerte pedazos con carros de guerra para apaciguar la cólera del mundo! Dong Zhuo ordenó a los guardias que se lo llevaran y lo descuartizaran. Wu Fu sólo cesó de maldecir cuando cesó su vida. Este fue un sirviente de los últimos días de Han muy honesto. Su valor fue tan alto como los cielos, inigualable en todos los tiempos; En la corte intentó matar al rebelde, ¡su fama es grande! Por todos los tiempos la gente le llamará héroe. A partir de entonces Dong Zhuo siempre llevó una guardia personal. En Bohai Yuan Shao escuchó del abuso de poder de Dong Zhuo y le envió una misiva secreta al Ministro del Interior Wang Yun: Este rebelde de Dong Zhuo ha ultrajado al cielo y ha depuesto sus leyes. La gente normal no se atreve a hablar de ello: eso es comprensible. Y tú has padecido sus agresiones como si no supieras nada de ello. ¿Cómo eres entonces un sumiso y leal ministro del trono? He reunido un ejército y deseo limpiar la habitación real, pero no creo que la tarea vaya a ser fácil. Si eres voluntarioso entonces encontrarás la oportunidad para conspirar contra este hombre. Si fueras a usar la fuerza, yo seré tu comandante. La carta llegó pero Wang Yun parece ser que no tuvo oportunidad de conspirar contra Dong Zhuo. Un día, mientras una muchedumbre se encontraba presente, muchos de ellos antiguos sirvientes, Wang Yun dijo a sus colegas: — Es mi cumpleaños, espero que vengáis a una pequeña fiesta en mi humilde morada esta noche. — Por supuesto que iremos— gritaron—, y le deseamos una larga vida. Esa noche las mesas fueron desplegadas en el comedor, y sus amigos se reunieron allí. Cuando ya se llevaban varias rondas de vino, el anfitrión se tapó repentinamente su cara y comenzó a llorar. Los invitados estaban pasmados. — Señor, es su cumpleaños, ¿por qué está llorando?— le dijeron. — No es mi cumpleaños— respondió Wang Yun—. Pero quería reuniros a todos y temía que Dong Zhuo sospechara, por eso he usado esta excusa. Ese hombre insulta al Emperador y hace lo que quiere por lo que las prerrogativas imperiales se encuentran en un peligro inminente. Pienso en los días en que nuestros ilustres fundadores destruyeron a los Qin, aniquilaron a los Chu y obtuvieron el imperio. ¿Quién podría haber previsto que hoy ese Dong Zhuo haya subyugado a todos a su voluntad? Por eso es por lo que lloro. Entonces todos lloraron con él. Sentado entre los invitados, además, estaba Cao Cao, quien no participó en los llantos pero sí aplaudió y rió sonoramente. — Si todos los oficiales del gobierno lloran hasta el amanecer, y desde el amanecer lloran hasta el anochecer, ¿quién va a matar a Dong Zhuo?— dijo Cao Cao. Wang Yun se volvió hacia él con ira.

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— Tus antepasados se cebaron con la recompensa de los Hans. ¿No eres capaz de mostrar gratitud? ¿Acaso puedes reírte? — Me río de lo absurdo de una asamblea como esta que es incapaz de llevar a cabo la muerte de un solo hombre. Inútil e incompetente como soy, voy a cortarle la cabeza y a colgarla de las puertas de la ciudad como ofrenda a la población. Wang Yun dejó su asiento y se dirigió hacia Cao Cao. — Estos últimos días— continuó Cao Cao— he estado inclinando mi cabeza ante Dong Zhuo con el único propósito de encontrar una oportunidad de destruirlo. Ahora está comenzando a creer en mí, y por eso puedo acercarme a él a veces. Tienes una espada con siete piedras preciosas que podrías prestarme, y yo iré a palacio y le mataré. No me preocupa si muero en el intento. — ¡Qué gran fortuna para el mundo si fuera así!— dijo Wang Yun. Con esto Wang Yun sirvió una copa a Cao Cao quien se la bebió de un trago y firmó un juramento. Después, la espada atesorada fue sacada y entregada a Cao Cao quien se la guardó entre sus ropas. Se terminó su vino, se disculpó ante los invitados, y dejó la sala. Mucho antes de que los demás se marchasen. Al día siguiente Cao Cao, con su espada corta ceñida, llegó al palacio del Primer Ministro. — ¿Dónde está el Primer Ministro?— preguntó. — En una pequeña habitación de huéspedes— le respondieron los sirvientes. Y así Cao Cao se fue y encontró a su anfitrión sentado en un diván. Lu Bu estaba a su lado. — ¿Por qué llegas tan tarde, Cao Cao?— dijo Dong Zhuo. — Mi caballo es viejo y lento— contestó Cao Cao. Dong Zhuo se volvió hacia su guardaespaldas Lu Bu. — Han llegado muchos buenos caballos del oeste. Ve y elige un buen ejemplar para regalárselo. Y Lu Bu se marchó. — ¡Este traidor está condenado!— pensó Cao Cao. Ahora tenía que atacarle, pero Cao Cao sabía que Dong Zhuo era muy fuerte y tenía miedo de actuar. Esperó para asegurarse su asalto. La corpulencia de Dong Zhuo era tal que no podría permanecer mucho sentado, por lo que rodó por el sofá hasta quedarse de cara al interior. — Ahora es mi oportunidad— pensó el asesino, y agarró la espada con firmeza. Pero en el momento en que Cao Cao iba a apuñalarle resultó que Dong Zhuo le estaba viendo por el reflejo de un espejo con la espada en la mano. — ¿Qué estás haciendo, Cao Cao?— dijo Dong Zhuo volviéndose inmediatamente. Y en ese momento llegó Lu Bu llevando un caballo. Cao Cao se dejó caer sobre sus rodillas y dijo: — Tengo una maravillosa espada conmigo que me gustaría entregársela como regalo, Su Benevolencia. Dong Zhuo la cogió. Tenía una hoja fina, por encima de un pie de longitud, con las siete piedras preciosas incrustadas y muy afilada; era una buena espada de verdad. Dong Zhuo entregó el arma a Lu Bu mientras Cao Cao se quitó la vaina para dársela a Lu Bu. Entonces salieron para ver el caballo. Cao Cao fue generoso con sus gestos de gratitud y dijo que le gustaría probar el animal. Entonces Dong Zhuo ordenó a los guardias que trajeran una silla y unas bridas. Cao Cao condujo a la criatura fuera, fustigándola con su látigo vigorosamente, y cabalgando hacia el este. — Cuando acababa de llegar me había parecido como si ese tipo tuviera intención de apuñalarle pero que se hubiese acobardado en el último instante y hubiese hecho como que te regalaba el arma para disimular— dijo Li Bu. — ¡Eso es lo que yo creía!— dijo Dong Zhuo. Entonces Li Ru entró y dijeron:

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— Cao Cao no tiene familia aquí en la capital por lo que se hospeda totalmente solo y no muy lejos— dio Li Ru—. Hazlo llamar. Si acude de inmediato significará que la espada es un regalo. Pero si pone alguna excusa es que tenía malas intenciones. Y podrás arrestarlo. Cuatro carceleros fueron enviados para llamar a Cao Cao. Estuvieron ausentes durante mucho tiempo y cuando volvieron dijeron: — Cao Cao no había vuelto a su hospedería pero cabalgó velozmente hasta la puerta este. Cuando los comandantes de la puerta le preguntaron les respondió que portaba un mensaje especial del Primer Ministro. Se marchó a toda velocidad. — Le ha podido su conciencia y por eso ha huido. ¡No hay duda, eso quiere decir asesinato!— dijo Li Ru. — ¡Y bien que yo creí en él!— bramó Dong Zhuo. — Se tiene que estar tramando una conspiración. Cuando los atrapemos deberíamos saberlo todo sobre ello— dijo Li Ru. Cartas e imágenes del fugitivo Cao Cao fueron enviadas a todas partes con órdenes de capturarlo. Se ofreció una gran recompensa económica y un título nobiliario, mientras que todo aquel que le protegiera sería condenado por cómplice. Cao Cao viajó con premura hacia Qiao, su país de origen. En el camino a Zhongmou fue reconocido por los guardias en la puerta y hecho prisionero. Fue llevado ante el Magistrado. Cao Cao declaró que era un mercader llamado Huang Fu. El Magistrado estudió su rostro con más detenimiento y permaneció pensando en profundidad. Al rato el Magistrado dijo: — Supe que eres Cao Cao por un anuncio que vi cuando estuve en la capital. ¿Por qué tratas de ocultar tu identidad? El Magistrado ordenó que encarcelaran a Cao Cao hasta el día siguiente que sería trasladado a la capital para reclamar su recompensa. Le dio a los soldados vino y comida como recompensa. Sobre medianoche el Magistrado envió a un sirviente fiel para traer al prisionero a su habitación privada para interrogarlo. — Se dice que el Primer Ministro te ha tratado bien. ¿Por qué has atentado contra él?— dijo el Primer Ministro. — ¿Cómo pueden las golondrinas y los gorriones entender el vuelo de la grulla y del ganso salvaje? Soy tu prisionero y voy a ser enviado a la capital por una recompensa. ¿Por qué tantas preguntas? El Magistrado ordenó que se retiraran los sirvientes y volviéndose al prisionero dijo: — No me menosprecies. No soy un mero mercenario, sólo que aún no he encontrado un señor al que servir. — Mis ancestros disfrutaron de la generosidad de los Han— dijo Cao Cao—, ¿y debería ser yo diferente de un pájaro o una bestia si no deseara devolvérselo con gratitud? Tengo que hincar la rodilla ante Dong Zhuo así que debería encontrar una oportunidad contra él, y eliminar a este demonio del estado. He fallado esta vez. Supongo que será el designio del Cielo. — ¿Y a dónde te diriges? — Regreso a mi tierra. Desde allí podría conseguir reunir a un nutrido grupo de gente para que me ayuden a derrocar al tirano. Esa es mi voluntad. Acto seguido el Magistrado aflojó él mismo las cuerdas que atenazaban al prisionero, liberándolo, e inclinándose dijo: — Me llamo Chen Gong. Mi anciana madre y mi familia se encuentran en la región oriental de Dongjun. ¡Me siento profundamente afectado por tu fidelidad y rectitud, y voy a abandonar mi puesto para seguirte! Cao Cao quedó muy complacido con este giro de los acontecimientos. Chen Gong reunió algún dinero para los gastos del viaje y le dio a Cao Cao una ropa diferente. Entonces cada uno tomó una espada y cabalgaron hacia Qiao. Tres días después de su marcha llegaron a Chenggao. Cao Cao señaló a la aldea hundida en el bosque con su látigo y dijo: — Aquí vive mi tío, Lu Bushe, un hermano declarado de mi padre. ¿Deberíamos ir y preguntar por las novedades de mi familia y buscar un sitio donde pasar la noche?

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— ¡Excelente!— dijo su compañero Chen Gong, y se dirigieron adelante. Desmontaron en la puerta de la granja y entraron. Lu Bushe los saludó y le dijo a Cao Cao: — He escuchado que el gobierno ha enviado órdenes severas en todas direcciones para arrestarte. Tu padre ha ido a ocultarse a Chenliu. ¿Cómo ha sido que ha acabado esto así? — Si no hubiera sido por el buen acto de este hombre que me acompaña— dijo Cao Cao— ahora mismo habría sido descuartizado. — Eres la salvación de la familia Cao— dijo Chen Gong postrándose ante Lu Boshe—. Pero siéntase cómodo y descanse, le buscaré una cama en mi humilde morada. Entonces Lu Boshe se levantó y salió del comedor donde había estado tanto tiempo. — No hay buen vino en la casa— dijo cuando salió—. Voy al pueblo a conseguir algo para usted. Y se montó rápidamente en su burro y partió. Los dos viajeros permanecieron sentados mucho tiempo. De repente escucharon en la parte trasera de la casa el sonido de un cuchillo afilándose. — No es mi tío realmente— dijo Cao Cao a Chen Gong—. Estoy empezando a dudar el motivo de su marcha. Escuchemos. Y así salieron silenciosamente a un cobertizo de paja en la parte trasera. Al rato alguien dijo: — Atar antes de matar, ¿no? — Lo que me imaginaba— dijo Cao Cao—. ¡Si no atacamos primeros nos van a matar! Cao Cao y Chen Gong saltaron de la nada, espada en mano, y mataron a todos los miembros de la familia, varones y féminas, un total de ocho personas. Después de esto buscaron en la casa. En la cocina encontraron un cerdo atado preparado para matarlo. — Has sido muy desconfiado— dijo Chen Gong— ¡y hemos asesinado a gente inocente! Cao Cao y Chen Gong montaron de nuevo y partieron. Al poco se encontraron con su anfitrión Lu Boshe volviendo a casa, y sobre la silla de montar vieron dos vasijas de vino. En sus manos llevaba frutas y verduras. — ¿Por qué se van, señores?— los llamó Lu Boshe. — La gente perseguida no se puede permitir relajarse— dijo Cao Cao. — ¡Pero ya había mandado matar un cerdo! ¿Por qué rehúsan mi humilde hospitalidad? He rezado por su bienestar. Cao Cao no le hizo ningún caso, jaleando a su caballo para seguir adelante. Pero de repente empuñó su espada y se volvió hacia Lu Boshe. — ¿Quién va?— llamó Cao Cao. Lu Boshe se giró para mirar, y en ese instante Cao Cao mató a Lu Boshe. Chen Gong tenía miedo. — Ya nos hemos equivocado bastante antes— gritó Chen Gong—. ¿Y ahora esto por qué? — ¿Crees que lo soportaría pacientemente cuando llegase a casa y viese a su familia asesinada? Si diera la alarma y nos encontraran entonces sí estaríamos muertos con seguridad. — Matarlo deliberadamente está muy mal— dijo Chen Gong. — ¡Es mejor que le fallemos al mundo a que el mundo nos falle a nosotros!— fue su respuesta. Chen Gong guardó silencio, pensativo. Cabalgaron una buena distancia bajo la luz de la luna y al rato se proveyeron de una posada para resguardarse. Habiendo dado de comer primero a sus caballos, Cao Cao pronto se durmió, pero Chen Gong permaneció pensando. — Le he tomado por un hombre íntegro y lo he dejado todo por seguirle, pero es tan cruel como un lobo. Si acabo con él ahora no podrá hacer más daño después— fue lo que pensó. Y Chen Gong se levantó con la intención de matar a su compañero. En su corazón late la crueldad y el veneno, hombre de deshonor; No se difiere en nada de su gran enemigo Dong Zhuo.

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La futura fortuna de Cao Cao será contada en capítulos posteriores.

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