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Capítulo 2
Zhang Fei azota al Oficial Gubernamental; El complot de He Jin para matar a los Eunucos.

Dong Zhuo nació en en la lejana ciudad noroccidental de Lintao en la Tierra del Valle del Oeste. Como gobernador de Hedong, Dong Zhuo fue arrogante y despótico. Pero el día en que trató con Liu Bei con soberbia desmedida fue su última vez, pues ni Liu Bei ni Guan Yu trataron de frenar a su colérico hermano Zhang Fei. — Recuerda que es el gobernador regional— dijo Liu Bei—. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo y ejecutarlo? — Es desagradable recibir órdenes de un desgraciado como éste. ¡Estaría mejor si lo matase! Podéis quedaros si queréis, yo me largaré a algún lejano lugar— dijo Zhang Fei. — Nosotros tres somos uno tanto en la vida como en la muerte; esto no es algo que se pueda hacer por separado. Nos iremos todos juntos. Así habló Liu Bei, y su hermano quedó satisfecho. Por tanto, los tres partieron sin perder tiempo hasta que se encontraron con Zhu Jun, quien les recibió y aceptó su ayuda para atacar a Zhang Ba. Mientras tanto, Cao Cao se alió con Huangfu Song y trataron de destruir a Zhang Lian, teniendo lugar una gran batalla en Quyang. Zhang Ba comandaba unas ochenta mil tropas. El rebelde había acampado su ejército en una posición ventajosa en la retaguardia de las montañas. El ataque sobre ellos se había decidido, Liu Bei era el líder de la vanguardia. En el bando rebelde un general de Zhang Ba, Gao Sheng, salió para ofrecerle batalla. Liu Bei envió a Zhang Fei para acabar con Gao Sheng. Cabalgando a pleno galope, Zhang Fei cargaba con su lanza en liza. Tras varios envites Zhang Fei hirió a Gao Sheng, quien fue derribado de su caballo. En ese momento Liu Bei ordenó al ejército principal que avanzara. Entonces Zhang Ba, mientras todavía estaba montado, se soltó el pelo, apretó su espada y recitó un conjuro. Acto seguido el viento comenzó a azotar y el trueno a caer, mientras una densa y negra nube surcó el cielo para posarse sobre la tierra. Y así pareció que los caballeros y los infantes eran innumerables, quienes marchaban a la carga hacia las tropas imperiales. El miedo se apoderó de ellos, y Liu Bei dirigió a sus tropas, pero estaban completamente desordenadas y regresaron derrotados. Zhu Jun y Liu Bei consideraron la situación. — Zhang Ba usa magia— dijo Zhu Jun—. Mañana, entonces, prepararé un contrahechizo que prepararé con la sangre del sacrificio de un cerdo y un cordero. Esa sangre será rociada sobre sus huestes y se arrojará desde el precipicio que hay sobre ellos por soldados que se arrastrarán hasta allí. De esta manera deberíamos poder romper el poder de su arte chamánico. Y así fue hecho. Guan Yu y Zhang Fei tomaron cada uno a cien soldados y los llevaron a lo alto de los precipicios tras las montañas con una buena provisión de sangre de cerdos y corderos y con toda clase de cosas asquerosas. Y así, al día siguiente, cuando las banderas rebeldes fueron ondeadas y sus tambores golpeados llamando a la batalla, Liu Bei avanzó para enfrentarse a ellos. Y en el preciso momento en que los ejércitos se encontraban, Zhang Ba, otra vez, realizó su magia y, otra vez, los elementos se aliaron con los rebeldes. La arena volaba en nubes, los guijarros se lanzaban al suelo, enormes masas de vapor negro surcaban el cielo, e inquietas masas de pies y caballos descendían desde las alturas. Liu Bei se volvió, como antes, para huir y los rebeldes le persiguieron. Y en cuanto pasaron las montañas las trompetas sonaron, y los soldados ocultos explotaron sus bombas, arrojando excrementos y salpicando sangre. La enorme horda de soldados y jinetes en el aire aletearon hacia el suelo como

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fragmentos de papel, el viento cesó de soplar, el trueno se silenció, la arena cayó y los guijarros se posaron sobre la hierba. Zhang Ba vio enseguida cómo su magia había sido contrarrestada y se volvió para retirarse. Entonces fue atacado por los flancos por Guan Yu y por Zhang Fei, y por la retaguardia por Liu Bei y por Zhu Jun. Los rebeldes estaban rodeados. Liu Bei, viendo a lo lejos el estandarte que rezaba Zhang Ba El Señor de la Tierra, galopó hacia él, pero lo único que consiguió fue herirlo con una flecha en el brazo izquierdo. Herido como estaba, Zhang Ba retrocedió hasta la ciudad de Yangcheng, donde se fortificó y donde fue asediado por Zhu Jun. Los exploradores llegaron con noticias a Huangfu Song y entregaron este informe: — El comandante Huangfu Song ha sido muy afortunado, y Dong Zhuo ha sufrido numerosos reveses. De esta forma la corte ha puesto a Huangfu Song donde se merece. Zhang Jue ha muerto antes de la llegada de Huangfu Song. Zhang Lian se ha incorporado al ejército de su hermano, pero no se han hecho avances contra Huangfu Song, cuyo ejército ha conseguido siete victorias consecutivas. Y Zhang Lian ha sido muerto en Quyang. Además de eso, la tumba de Zhang Jue fue exhumada, el cadáver decapitado y la cabeza, después de exponerla, fue enviada a la capital Luoyang. El populacho se rindió. Por esos servicios Huangfu Song fue promovido a General de los Carros Voladores14 y a Protector Imperial de Juzhou 15. » Huangfu Song no olvidó a sus amigos. Su primer acto cuando fue alzado al poder fue conmemorar el Trono respecto al caso de Lu Zhi, que le restauró entonces en su antiguo cargo por su conducta meritoria. Cao Cao también recibió un ascenso por sus servicios y se está preparando para ir a Jinan para su nuevo cargo. Tras escuchar esas cosas, Zhu Jun intensificó su asedio contra Yangcheng, y la próxima disolución de la rebelión era cada vez más evidente. Entonces uno de los oficiales de Zhang Ba, Yan Zheng, mató a su líder y trajo su cabeza como muestra de sumisión. De esta forma la rebelión en esa parte del país fue sofocada, y Zhu Jun hizo este informe al gobierno. Sin embargo la llama de los Turbantes Amarillos todavía no había sido sofocada. Otros tres rebeldes, Zhao Hong, Han Zhong y Sun Zhong, reunieron unos treinta mil simpatizantes y comenzaron a asesinar y a saquear y a incendiar, llamándose a sí mismos los vengadores del Maestro Zhang Jue La corte ordenó al exitoso Zhu Jun que dirigiera a sus veteranas y victoriosas tropas para destruir a los rebeldes. Avanzó hasta la ciudad de Wancheng donde los insurrectos estaban guarnecidos. Cuando Zhu Jun llegó, Han Zhong fue a enfrentarse a él. Zhu Jun envió a Liu Bei y sus hermanos para que atacaran la esquina suroriental de la ciudad. Han Zhong ordenó a la mejor parte de sus hombres que defendieran la ciudad. Mientras tanto Zhu Jun encabezaba a dos mil jinetes para atacar la esquina opuesta. Los rebeldes, pensando que iban a perder la ciudad, abandonaron el sudoeste y regresaron a la ciudad para ayudar a los defensores. Liu Bei presionó con vehemencia en la retaguardia y así fueron completamente dirigidos. Tomaron refugio en la ciudad la cual entonces fue sitiada. Cuando la hambruna hizo acto de presencia entre los asediados enviaron un mensaje ofreciendo la claudicación, pero Zhu Jun rechazó la oferta. — Incluso el fundador de la Dinastía Han, Liu Bang el Ancestro Supremo— dijo Liu Bei a Zhu Jun—, podría estar de acuerdo con la misiva y aceptarla, ¿por qué la has rechazado? — Las condiciones son diferentes— respondió Zhu Jun—. En aquellos días el desorden era universal y la gente no tenía fijado un señor 16. Por eso una rendición era bienvenida y suponía una recompensa ya que animaba a la gente a que se les uniera. Ahora el imperio está unido, y los Turbantes Amarillos son los únicos que no están contentos. Aceptar su rendición no supondría nada bueno. Permitir bandidos, cuando eso pase, es dar pie para permitirlo todo, y
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General de los Carros Voladores era el segundo cargo militar más importante, justo por detrás de Mariscal Regente. 15 El Protector Imperial era el oficial más alto en la región administrativa o zhou. La antigua China estaba dividida en nueve regiones. Cada región tenía una capital, normalmente del mismo nombre. Las nuevas regiones eran Bingzhou, Jingzhou, Jizhou, Liangzhou, Qingzhou, Xuzhou, Yizhou, Youzhou y Yuzhou. Después de eso se crearon más regiones. Durante el periodo de los Tres Reinos había más de esas nueve regiones. Unas de esas nuevas regiones eran Xizhou, Yangzhou y Yongzhou. 16 Al final de la dinastía Qin, la anarquía gobernaba el imperio. Los levantamientos estaban a la orden del día, y Liu Bang fue uno de los líderes rebeldes.

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permitirles rendirse cuando han sido derrotados es permitirles el bandidaje. Tu plan no es bueno. — Dejarlos convertirse en bandidos no es bueno— respondió Liu Bei—. Pero la ciudad se ha rendido como un barril de acero. Si la propuesta de los rebeldes es rechazada, pueden caer presa de la desesperación y luchar hasta la muerte, y nos encontraríamos con la dificultad de tener que enfrentarnos a una miríada de hombres así. Además, en la ciudad hay muchos que no tienen nada que ver con ellos, todos cercanos a la muerte. Llevémoslos hasta una esquina y sólo atacaremos a los contrarios. Con toda seguridad se rendirán y no tendrán deseo de luchar. Así tomaremos la ciudad. Zhu Jun vio que el consejo era bueno y lo siguió. Como estaba previsto los rebeldes escaparon, encabezados por Han Zhong. Los sitiadores cayeron entonces sobre los que se habían rendido, y Han Zhong fue abatido. Los rebeldes se desperdigaron por todas direcciones. Pero los otros dos cabecillas rebeldes, Zhao Hong y Sun Zhong, llegaron con grandes refuerzos, y como parecían muy fuertes, los soldados imperiales se retiraron y una nueva unidad de rebeldes volvió a ser apostada en Wancheng. Zhu Jun acampó a tres millas de la ciudad y se preparó para atacar. Justo entonces llegó un cuerpo de caballería y de infantes del este. Los encabezaba un general de amplio rostro y cuerpo tenso como un tigre alerta, y un torso como un oso enorme. Su nombre era Sun Jian. Era nativo de Fuchun en el viejo estado de Wu y descendiente del famoso Sun Zi el Estratega 17. Cuando tuvo diecisiete años, Sun Jian fue con su padre al río Qiantang y vio un grupo de piratas que habían saqueado a un mercader y estaban dividiéndose el botín en la rivera del río. — ¡Podemos capturarlo!— dijo a su padre. Y así, empuñando su espada, corrió hacia el botín y gritó hacia esa dirección de forma que parecía que llamara a sus hombres para que acudieran. Eso hizo que los piratas creyeran que los soldados les iban a caer encima y huyeron, abandonando todo lo que tenían. Sun Jian mató a un pirata. De esta forma obtuvo renombre y fue recomendado para oficial. Entonces, en colaboración con los oficiales locales, reclutó una banda de mil unidades y ayudó a sofocar la rebelión de Xu Chang, quien se autoproclamó el Emperador del Sol y tenía diez mil soldados. El hijo del rebelde, Xu Hao, también fue ejecutado con su padre. Por esto Sun Jian fue encomendado por el Protector Imperial Zhang Min en el memorial del trono y recibió además una promoción para el puesto de magistrado de Yandu, entonces Xuyi, y entonces Xiapi. Cuando la rebelión de los Turbantes Amarillos empezó, Sun Jian reunió junto con los jóvenes de su pueblo, algunos de clase burguesa, una tropa de mil quinientos soldados veteranos y se lanzaron a la liza. Ahora había alcanzado el campo de batalla. Zhu Jun dio la bienvenida a Sun Jian con alegría y le ordenó atacar la puerta sur de Wancheng. Las puertas norte y este fueron atacadas simultáneamente por Liu Bei y Zhu Jun, pero la puerta este se dejó libre para dejar a los rebeldes una oportunidad para salir. Sun Jian fue el primero en traspasar la muralla y cercenó la vida de más de veinte rebeldes con su propia espada. Los insurrectos corrieron, pero el líder Zhao Hong cabalgó directamente a Sun Jian con su lanza dispuesta a la carga. Sun Jian saltó de la muralla, se apoderó de la lanza y con ella derribó a Zhao Hong del caballo. Entonces Sun Jian montó en el caballo de Zhao Hong y cabalgó aquí y allá, acabando con todo el que se le cruzara. Los rebeldes huyeron hacia el norte. Encontrándose con Liu Bei, declinaron luchar y se dispersaron. Pero Liu Bei alzó su arco, colocó una flecha y disparó a su líder Sun Zhong, que cayó al suelo. El ejército principal de Zhu Jun llegó, y después de una tremenda matanza, los rebeldes se rindieron. De esta forma se rompió la paz entre los diez condados en el área de Nanyang.

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Sun Zi, también conocido como Sun Wu, Suntzu, sun-tzu o Sun Tzu, fue el autor del famoso tratado El Arte de la Guerra. General de Wu en los periodos de la Primavera y del Otoño, Sun Zi hizo el estado más poderoso durante su vida derrotando a Chu y conquistando Yue. Su tratado El Arte de la Guerra sigue siendo hoy en día una lectura muy popular.

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Zhu Jun volvió a la capital Luoyang, donde fue ascendido a General de la Caballería Voladora18, y recibió el gobierno de Henan. No olvidó a quienes le habían ayudado a conseguir la victoria, y de esta forma informó de los méritos de Liu Bei y Sun Jian al trono. Sun Jian, teniendo amigos influentes y contactos en los que apoyarse, enseguida concertó una cita para postular a Comandante de Changsha y fue a asumir su nueva cartera. Pero Liu Bei, perjudicado por el informe de Zhu Jun, esperó en vano su nombramiento, y los tres hermanos acabaron muy disgustados. Un día Liu Bei viajó solo a la capital para concertar una cita oficial con la corte y fue atendido por Zhang Jun, a quien le relató sus servicios y le contó su aflicción. Zhang Jun se sorprendió inmensamente por esa negligencia y un día en la corte le habló al emperador sobre ello. — Los Turbantes Amarillos se han rebelado porque los eunucos venden oficios y trafican con cargos— le dijo—. Sólo hay trabajo para sus amigos y castigo para sus enemigos. Esto condujo a la rebelión. Por tanto estaría bien ejecutar a los Diez Eunucos y exponer sus cabezas y proclamar lo que se ha hecho por todo el imperio. Y entonces se recibirá la justa recompensa. De este modo la tierra podría volver a la tranquilidad. Pero los eunucos se opusieron con fiereza y dijeron que Zhang Jun estaba insultando al Emperador, y el Emperador ordenó a los guardias que expulsaran a Zhang Jun. Sin embargo, los eunucos formaron un consejo y uno de ellos dijo: — Alguien habrá que haya prestado servicio contra los rebeldes y se encuentre resentido por haber sido pasado por alto. Y así realizaron una lista de gente poco importante por y para ser preparados para un ascenso. Entre ellos estaba Liu Bei, quien recibió el puesto de magistrado del condado de Anxi, al cual procedería sin retraso después de licenciar su ejército y mandarlos a sus hogares. Podría conservar dos docenas a modo de escolta. Los tres hermanos llegaron a Anxi, y la administración del condado pronto fue reformada e impusieron la acertada norma de que en un mes no habría ningún infractor de la ley. Los tres hermanos vivieron en armonía, comiendo en la misma mesa y durmiendo en el mismo diván. Pero cuando Liu Bei estaba en sesiones públicas o en compañía de otros, Guan Yu y Zhang Fei podían sustituirle y hacer sus deberes cotidianos. Cuatro meses después de su llegada recibieron una orden general para la reducción del número de oficiales militares ocupando puestos civiles, y Liu Bei comenzó a temer que podría ser desechado. Cuando el respectivo inspector oficial, llamado Du Biao, se encontraba en las cercanías fue a encontrarse con la banda. Pero la reverenciosa bienvenida de Liu Bei, hizo que no hubiera vuelta atrás, ahorrándose un golpe de su látigo y sentándose en su caballo. Eso hizo que Guan Yu y Zhang Fei se enfurecieran. Pero lo peor estaba por llegar. Cuando el inspector había llegado a su alojamiento tomó asiento en su estrado, dejando a Liu Bei por debajo suya. Después de mucho tiempo se dirigió a Liu Bei. — Magistrado, ¿cuál es su origen? — Soy descendiente del Príncipe Sheng de Zhongshan— respondió Liu Bei—. Desde mi primer combate contra los rebeldes de los Turbantes Amarillos en el condado de Zhuo he estado involucrado en otras treinta batallas, en las cuales he conseguido algo de mérito sin importancia. Mi recompensa ha sido este ministerio. — ¡Mientes sobre tus ancestros, y tu testimonio sobre tus servicios es falso!— rugió el inspector—. La corte ha ordenado la degradación de la gente de clase baja como tú y de los oficiales corruptos. Liu Bei murmuró algo ininteligible y se retiró. A la vuelta a su ministerio celebró consejo con sus secretarios. — Esta actitud pomposa sólo significa que el inspector busca un soborno— les dijo—. Nunca he tratado de ser injusto con la gente por el valor de una simple moneda: ¿de dónde voy entonces a sacar la cuantía para un soborno?

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General de la Caballería Voladora era el segundo cargo militar más importante, justo por debajo de Mariscal Regente y con el mismo rango que General de los Carros Voladores.

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Al día siguiente el inspector tuvo a los oficiales de menor rango frente a él y les forzó a prestar testimonio de cómo su señor oprimía a la gente. Liu Bei fue una y otra vez a rebatir ese cargo pero los porteros siempre le impedían el paso y no pudo entrar. Ahora Zhang Fei había estado todo el día ahogando sus penas en vino y había bebido demasiado. Llamó por su caballo y cabalgó hasta el hospicio del inspector, y en la puerta vio a una pequeña muchedumbre de cabello cano llorando amargamente. Preguntó por qué. — El inspector ha completado un informe cargado con acusaciones falsas contra nuestro magistrado, con el único fin de hacer daño al virtuoso Liu Bei. Hemos venido a implorarle clemencia pero no se nos ha permitido entrar. Es más, hemos sido golpeados por los porteros. Esto provocó que el irascible y ebrio Zhang Fei estallara en furia. Sus ojos se abrieron hasta casi salírseles de sus órbitas; rechinó sus dientes; descabalgó en un instante y entró a la fuerza en el edificio pasando ante los asustados porteros y se dirigió a los aposentos traseros. Allí encontró al Inspector Imperial Du Biao sentado en alto con los oficiales subordinados postrados a sus pies. — ¡Opresor del pueblo, bandido!— bramó Zhang Fei— ¿Me conoces? Pero antes de que el inspector pudiera responder, Zhang Fei le agarró por el pelo y lo lanzó contra el suelo. Después lo arrastró hacia el exterior y lo ató al poste que había frente al edificio. Entonces, partiendo una fusta de un sauce, Zhang Fei le dio a su víctima una severa paliza, sólo deteniendo su mano cuando la vara fue demasiado corta como para seguir pegándole. Liu Bei se encontraba solo, carcomiendo su desdicha, cuando escuchó gran tumulto tras la puerta. Preguntó qué pasaba. — ¡El General Zhang Fei ha atado a alguien al poste y le está apalizando!— le dijeron. Saliendo enseguida Liu Bei vio quién era la desafortunada víctima y le preguntó a Zhang Fei la razón. — Si no golpeamos a este desgraciado hasta la muerte, ¿qué podemos esperar?— dijo Zhang Fei. — ¡Sálveme, noble señor!— lloró el inspector. Ahora Liu Bei tenía que mostrarse bondadoso y misericordioso como siempre, por lo que tenía que liberar al oficial de la captura de su hermano y dejarle ir. Entonces Guan Yu llegó, diciendo: — Hermano, después de tus magníficos servicios sólo has conseguido este insignificante condado, y aun así has sido insultado por este tipo. Un matorral espinoso no es lugar para un fénix. Matemos a este individuo, marchémonos y vayamos a casa hasta que podamos desarrollar un plan mayor. Liu Bei se contentó con colgar el sello oficial en el cuello del inspector, diciendo: — Si me entero que haces daño a la gente ten por seguro que te mataré. Ahora dispongo de tu vida, y te devuelvo el sello. Nos vamos. El inspector fue con el gobernador de Dingzhou a quejarse, y las órdenes fueron arrestar a los hermanos, pero se marcharon a Daizhou y buscaron refugio con Liu Hu, quien les protegió debido a la noble casta de Liu Bei. En este momento los Diez Séquitos Acompañantes tenían todo en sus manos, y ejecutaron a todo aquel que no estuvieran de su lado. De cualquier oficial que hubiera ayudado a acabar con los rebeldes demandaron regalos; y si no respondían a su petición eran retirados de su cargo. Los Comandantes Imperiales Huangfu Song y Zhu Jun fueron víctimas de esas ingrigas y fueron privados de sus ministerios, mientras que por otro lado los eunucos recibían los más altos honores y recompensas. Trece eunucos fueron ennoblecidos, incluído Zhao Zhong, quien fue añadido al rango de General de la Caballería Voladora y Zhang Rang19 poseyó los más caros caseríos alrededor de la capital. El gobierno crecía peor y peor, y todo el mundo estaba irritado. La rebelión estalló en Changsha conducida por Ou Xing, y en Yuyang por Zhang Ju y Zhang Chun. Fueron enviados memorandos en gran número, como copos de nieve en invierno, pero los Diez los sorprendieron a todos. Un día el Emperador fue a un banquete a uno de los
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Dos de los Diez Séquitos Acompañantes.

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jardines con los Diez, cuando el Consejero de la Corte Liu Tao apareció de repente mostrando gran aflicción. El Emperador le preguntó qué le pasaba. — Señor, ¿cómo puede estar festejando con estos mientras el imperio se encuentra en su último suspiro?— dijo Liu Tao. — Todo va bien— respondió el Emperador—. ¿Dónde hay algo que vaya mal? — Los bandidos se encuentran en grandes bandas por todos lados y saquean las ciudades— dijo Liu Tao—. Y todo es por culpa de los Diez Eunucos quienes venden ministerios y dañan a la gente, aprueban leyes oficiales opresorias y engañan a sus superiores. Todas las personas virtuosas han sido cesadas de sus cargos y mandados a sus hogares, y están construyendo y guardando únicamente su posición. Más oficiales regionales han sido solicitados que citas imperiales. La autoridad central está siendo socavada por intereses locales. ¡La desgracia se halla frente a sus ojos! Tras esto los eunucos se quitaron los sombreros y se arrojaron a los pies de su maestro. — Si el Ministro Liu Tao nos desaprueba— dijeron— no merecemos permanecer en nuestro cargo. Pondremos nuestras vidas a disposición y regresaremos a nuestras villas. Cederemos nuestras propiedades para sufragar los gastos militares. Y lloraron amargamente. El Emperador se volvió enojado hacia Liu Tao, diciendo: — Tú también tienes sirvientes, ¿por qué no soportas a los míos? Y acto seguido el Emperador llamó a los guardias para que ejecutaran a Liu Tao y se lo llevaron para matarlo. — Mi muerte no significa nada— lloró en voz alta Liu Tao—. ¡La pena es que la Dinastía Han, después de cuatro siglos de reinado, está a punto de caer! Los guardas lo arrastraban ya y estaban preparados para llevar a cabo la orden del Emperador cuando un ministro los detuvo, gritando: — ¡Deteneos! Esperad hasta que hable con Su Majestad. Se trataba del Ministro del Interior, Chen Dan. Fue con el Emperador, a quien le dijo: — ¿Qué falta ha cometido el Consejero Liu Tao para condenarlo a muerte? — Ha vilificado a mis sirvientes y me ha insultado a mí— dijo el Emperador. — Todo el imperio comería la carne de los eunucos si pudieran, y además, Su Alteza, usted los trata como si fueran parientes suyos. No han hecho ningún mérito, pero han creado nobles. Además, Feng Xu estuvo asociado con los Turbantes Amarillos. ¡A menos que Su Majestad se dé cuenta de eso, el estado va a derrumbarse! — No hay pruebas en contra de Feng Su— contestó el emperador—. Sobre los Diez Eunucos, ¿acaso hay alguno que no sea fiel? Chen Dan golpeó su frente en los peldaños del trono y no desistió en su protesta. Entonces creció la furia del Emperador y ordenó su cese y su encarcelamiento con Liu Tao. Esa noche Liu Tao y Chen Dan fueron asesinados. Entonces los eunucos enviaron un nuevo edicto a Sun Jian convirtiéndolo en Gobernador de Changsha, con órdenes de sofocar la rebelión de Ou Xing. En menos de dos meses Sun Jian informó que el condado se encontraba en calma. Se creó para él el título de Señor de Wucheng. Mientras, Liu Yu fue hecho Protector Imperial de Youzhou y le encargaron dirigirse a Yuyang y contener a Zhang Ju y a Zhang Chun. Liu Hu de Daizhou recomendó a Liu Bei a Liu Yu. Liu Yu dio la bienvenida a Liu Bei, le dio el rango de comandante y le envió contra los rebeldes. Luchó con y contra ellos y rompió por completo sus espíritus. Zhang Chun fue cruel, y sus líderes se volvieron contra él. Uno de sus oficiales entonces le mató y le cortó la cabeza, después de que los otros se rindieran. El otro líder, Zhang Ju, vio que todo estaba perdido y se suicidó. Yuyang estaba ahora tranquilo, y los servicios de Liu Bei fueron informados al trono, y recibió pleno perdón por el insulto del inspector imperial. Fue hecho Magistrado Suplente de Xiami, entonces Comandante Oficial de Gaotang. Entonces Gongsun Zan rogó los antiguos servicios de Liu Bei, y fue promovido a Magistrado de Pingyuan. Esta situación era muy próspera, y Liu Bei recuperó algo de su antiguo estatus anterior a los días de adversidad. Liu Yu también recibió un ascenso y fue promovido a Gran Comandante.

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En el verano del sexto año de la Estabilidad Central (189 DC), el Emperador Ling estaba seriamente enfermo y llamó a He Jin a Palacio para disponer sobre el futuro. He Jin había nacido en una humilde familia de carniceros, pero su hermana se convirtió en una concubina de rango y le trajo un hijo al Emperador, llamado Liu Bian. Después de eso se convirtió en la emperatriz He, y He Jin se convirtió en el poderoso Mariscal Regente20. El Emperador tenía como amante a una bella joven llamada la Señorita Wang, quien le había dado un hijo llamado Liu Xian. La Emperatriz He había envenenado a la Señorita Wang por celos, y el bebé fue dado al cuidado de la Emperatriz Dong, que era la madre del Emperador Ling. La Señora Dong fue la esposa de Liu Chang, Señor de Jiedu. Mientras fue emperador de Huan no tuvo ningún hijo propio y adoptó al hijo de Liu Chang, quien le sucedió como el Emperador Ling. Después de su ascensión, el Emperador Ling trajo a su propia madre a Palacio a vivir y le concedió el título de la Emperatriz Viuda. La Emperatriz Dong siempre había tratado de persuadirla para llamar a su hijo Liu Xian, como el Claro Heredero, y frente al Emperador quiso gentilmente al chico y estuvo dispuesta a hacer como su deseada madre. Cuando su fin estaba cerca, uno de los eunucos, Jian Shuo, dijo: — Si Liu Xian es el heredero, He Jin debería ser eliminado para prevenir contraataques. El Emperador lo vio así también. Puso a Jian Shuo al frente de los ocho ejércitos del Jardín del Oeste con órdenes de controlar a los partidarios de Liu Bian. Y llamó a He Jin en audiencia. Pero en la misma puerta de la Ciudad Olvidada, He Jin fue advertido de su peligro por el Comandante Pan Yin, quien le dijo: — ¡Tiene que ser una trampa de Jian Shuo para destruirte! He Jin volvió apresuradamente a sus cuarteles y llamó a muchos de los ministros a su lado, y comenzaron a considerar cómo poder matar a los eunucos. En esta asamblea un hombre habló en contra del complot. — La influencia de los eunucos data desde hace un siglo y medio, durante los reinados de los Emperadores Chong y Zhi. Se ha expandido como hierbajos nocivos en todas direcciones. ¿Cómo esperamos destruirlos? Deberemos mantener el secreto de este complot bajo cualquier concepto o todos nuestros clanes serán exterminados. He Jin bajó la mirada y vio al General de los Estándares Militares Cao Cao. He Jin estaba muy preocupado por estas palabras y gritó: — ¿Qué podéis saber súbditos como vosotros sobre cómo gobernar? Y en medio de la confusión Pan Yin dijo: — El Emperador no lo será más. Los eunucos han ideadon un plan secreto para matarlo y forjar un comando para el Mariscal Regente para entrar en Palacio y ocupar la sucesión. Y para prevenir problemas han inscrito el nombre de Príncipe Xian en el asunto. Y como Pan Yin terminó de hablar, el edicto llegó llamando a He Jin. — Por el momento el asunto es instaurar el legítimo heredero— dijo Cao Cao—. Podremos encargarnos de los traidores después. — ¿Quién se atreverá a unirse a mí para apoyar al Príncipe Bian, el legítimo heredero?— preguntó He Jin, el Mariscal Regente. Por una vez avanzaba una postura, gritando: — ¡Dame cinco mil veteranos, e irrumpiremos en Palacio, estableceremos al verdadero heredero, mataremos a los eunucos y limpiaremos el gobierno! Entonces la paz llegará al imperio. El enérgico interlocutor fue Yuan Shao, hijo del antiguo Ministro del Interior Yuan Feng y sobrino del Guardián Imperial Yuan Wei. Yuan Shao entonces ostentaba el cargo de Comandante Imperial. He Jin reunió cinco mil guardias reales. Yuan Shao les consiguió equipamiento completo y los comandó. He Jin, apoyado por He Yong, Xun You, Zheng Tai, y más de otros treinta ministros y oficiales de alto rango, fueron a palacio. En la entrada, donde se encontraba el ataúd del difunto Emperador, pusieron a Liu Bian en el trono. Después de que la ceremonia terminase y todos se hubieran reverenciado ante el nuevo Emperador, Yuan Shao fue a arrestar al Eunuco
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Mariscal Regente era el cargo militar más importante que había, mientras que Guardián Imperial lo era el civil.

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Jian Shuo, el cual huyó aterrorizado del jardín del Palacio y se ocultó en unos arbustos, donde fue descubierto y matado por Guo Sheng, uno de los Diez Eunucos. Los guardias bajo el mando de Jian Shuo se rindieron todos. — Sus bandas se han roto. ¡Es el momento más oportuno para matar a todos los eunucos! Pero Zhang Rang y los eunucos del Diez olieron el peligro y se apresuraron para ver a la Emperatriz He. — El artífice para dañar a tu hermano era Jian Shuo— dijeron—: Sólo él estaba involucrado y no los demás. Ahora el Mariscal Regente, aconsejado por Yuan Shao, quiere matarnos a todos. ¡Imploramos su piedad, oh, Su Majestad! — ¡No tengáis miedo!— dijo la Emperatriz He, cuyo hijo se acababa de convertir en emperador—. Yo os protegeré. Se dirigió hacia su hermano, y dijo: — Tú y yo somos de origen humilde, y debemos nuestra buena fortuna a los eunucos. El desacertado Jian Shuo ahora está muerto, ¿de verdad es necesario que todos los demás sigan su misma suerte sólo porque lo diga Yuan Shao? Y He Jin obedeció su deseo. Se dirigió a su grupo, diciendo: — El verdadero ofensor, Jian Shuo, ha cumplido con su falta, y su clan será castigado. Pero no tenemos que exterminar a todo su grupo por el error de uno sólo. — ¡Matadlos, cada raíz y cada rama— gritó Yuan Shao—, o volverán a buscaros la ruina! — Está decidido— dijo cordialmente He Jin—. No hay más que hablar. Pocos días después He Jin recibió la Silla del Secretariado, y sus asociados recibieron puestos importantes. Ahora la Emperatriz Dong invocó al eunuco Zhang Rang y su grupo para un concilio. — Fue lo primero que me imaginé de la hermana de He Jin— dijo—. Hoy su hijo está en el trono, y todos los oficiales son sus amigos, y su influencia es enorme. ¿Qué podemos hacer? — Su alteza debería administrar el estado ‘desde las sombras’— respondió Zhang Rang—; crear al último hijo del Emperador Liu Xiang como un príncipe; darle a tu hermano, el Tío Imperial Dong Chong, un gran cargo y un puesto en el ejército; y usarlo. Eso hay que hacer. La Emperatriz Dong lo aprobó. Al día siguiente asumió la corte y redactó un edicto según esos términos. Hizo a Liu Xian Príncipe de Chenliu y a Dong Chong General de la Caballería Voladora21, y permitió a los eunucos participar de nuevo en los asuntos de estado. Cuando la Emperatriz He se enteró preparó un banquete al que invitó a su rival la Emperatriz Dong. En medio del festejo, cuando todo el mundo estaba bajo la influencia del vino, la Emperatriz He ofreció una copa a su invitada, diciendo: — No sería adecuado que nosotras nos involucrásemos en asuntos de estado. Al principio de la Dinastía Han, cuando la Emperatriz Lu puso sus manos sobre el gobierno, todos sus clanes fueron condenados a muerte22. Deberíamos permanecer contentas, encerradas en nuestros palacios, y dejar los asuntos del estado a los oficiales del estado. Eso debería ser bueno para el país, y creo que actuarás así. Pero lo único que consiguió fue el enfado de la Emperatriz He, diciendo: — Sólo estás muerta de envidia, Señora Wang. Ahora, relájate mientras puedas mientras tu hijo ocupe el trono y tu hermano sea poderoso, antes de que escuches esas mismas palabras. ¡Ordenaré que tu hermano sea decapitado, y eso me resultará tan fácil como dar una palmada! — He tratado de persuadirte con palabras amables— le respondió la Emperatriz He cuando tuvo ocasión—. ¿Por qué te has cabreado? — Tú, hija de un carnicero de baja alcurnia, ¿qué conoces de los ministerios?— gritó la Emperatriz Dong. Y la pelea se volvió más intensa.
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General de la Caballería Voladora era el segundo cargo militar más importante, justo por detrás de Mariscal Regente y con el mismo rango que General de los Carros Voladores. 22 La Emperatriz Lu fue esposa de Liu Bang, el fundador de los Han. Después de la muerte de Liu Bang, retuvo la autoridad imperial. Nombró a miembros de su propia familia en puestos de suma importancia para el estado y pretendía reemplazar por completo a la familia reinante Liu por la suya propia. Pero esos planes se frustraron por su muerte (180 DC).

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Los eunucos persuadieron a las señoras para que lo dejaran. Pero por la noche la Emperatriz He llamó a su hermano a Palacio y le contó lo que había pasado. Él salió y tomó consejo con los principales oficiales de estado. A la mañana siguiente la corte se reunió y emitió el siguiente comunicado: « La Emperatriz Dong, siendo la madre adoptiva de Liu Sian, Príncipe de Chenliu, un príncipe regional —sólo colateral— no podrá ocupar ninguna parte del Palacio. Será trasladada a su antiguo feudo de Hejian y partirá inmediatamente.» Y mientras se envió una comitiva para llevarse a la Emperatriz Dong, una fuerte escolta fue apostada en la morada del Tío Imperial Dong Chong. Se llevaron su sello de oficial y él, sabiendo que era el final, se suicidó en sus aposentos privados. Sus subordinados, quienes lamentaron su muerte, fueron expulsados por los guardias. Los eunucos Zhang Rang y Duan Gui, habiendo perdido a sus patrones, enviaron grandes regalos al hermano menor de He Jin, He Miao, y a su madre, la Señora Wuyang, y de esta forma consiguieron una buena imagen ante la Emperatriz He para poder ganarse su protección. Y así ganaron una vez más el favor de la corte. En el sexto mes de ese año, los emisarios secretos de He Jin envenenaron a la Emperatriz Dong en su residencia en el país. Sus restos fueron trasladados a la capital y enterrados en los Sepulcros Wen23. He Jin fingió una enfermedad y no asistió al funeral. Un día el comandante Yuan Shao fue a ver a He Jin diciendo: — Los dos eunucos Zhang Rang y Duan Gui están extendiendo el rumor de que tú has causado la muerte de la última emperatriz y están conspirando por el trono. Ésta es una excusa para ti para destruirlos. No dudes esta vez, o lo pagarás como Dou Wu y como Chen Fan, que ya perdieron su oportunidad porque no supieron guardar bien el secreto y lo pagaron con sus propias vidas. Ahora tú y tu hermano tenéis a muchos comandantes y oficiales detrás vuestro, y la destrucción de los eunucos puede realizarse con facilidad. Esta oportunidad nos la ha enviado el cielo. ¡No hay que retrasarse! — Déjame que piense sobre ello— le respondió He Jin. Los sirvientes de He Jin escucharon a hurtadillas la conversación e informaron secretamente a las presuntas víctimas, las cuales enviaron suculentos regalos al hermano menor He Miao. Corrompido por eso, He Miao fue a hablar con su hermana la Emperatriz He y le dijo: — El General es el jefe que apoya al nuevo Emperador, el cual no es ni gracioso ni misericordioso pero sí un completo sanguinario. Si mata a los eunucos sin ninguna razón puede provocar una revolución. Poco después entró He Jin y le contó su determinación de acabar con los eunucos. — Esos oficiales cuidan de los asuntos de palacio y son viejos sirvientes— argumentó ella—. Para matar a antiguos sirvientes justo después de la muerte de su maestro podría parecer un menosprecio al ancestral templo de la dinastía. Y como He Jin era de mente vacilante, murmuró una aceptación y la dejó. — ¿Qué ha pasado?— preguntó Yuan Shao cuando se lo encontró. — No va a aceptar. ¿Qué podía haber hecho? — Reúne un ejército y mátalos. Es algo imperativo. ¡No hay que volver a consentírselo! — Es una gran idea— dijo He Jin. E impartió órdenes para que los soldados marcharan sobre la capital. Pero el Secretario Chen Lin objetó: — ¡No! No hay que actuar sin consideración. El proverbio dice ‘taparse los ojos y robarse a sí mismo sólo lo hacen los tontos’. Si por nimiedades no podéis conseguir vuestros deseos, ¿qué pasará con las cosas grandes? Ahora, con el favor del emperador y con el ejército bajo tu mando, eres como el altanero tigre y el inmenso dragón: puedes hacer lo que quieras. El usar tan enormes poderes contra los eunucos podría brindarte una victoria tan fácil como quemar un pelo con un horno encendido. Sólo actúa con premura: usa tus poderes y golpea una vez, y todo el imperio estará contigo. Pero concentrar fuerzas en la capital, reunir muchos aguerridos soldados en un punto, cada uno con propósitos diferentes, es volver tus armas contra ti mismo, situar tu
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Un cementerio para oficiales de la corte y la familia real.

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persona bajo el poder de otro. Nada, salvo el fracaso, puede salir de eso, y los estragos se sucederán. — El punto de vista de un ratón de biblioteca— dijo He Jin con una sonrisa. Entonces uno de los partidarios de He Jin aplaudió riendo. — ¡Solucionar esta cuestión es tan fácil como volver nuestras manos! ¿Por qué hablamos tanto? Quien habló fue Cao Cao.

Podría vos retirar a gente maligna de mi trono soberano Entonces busca consejo en el deseo del pueblo llano.

Lo que Cao Cao dijo será desvelado en capítulos posteriores.

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