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INTERPONEN RECURSO DE APELACION. FORMULAN RESERVA.


Señor Juez:

GUSTAVO EDUARDO PALMIERI, abogado, en el carácter


oportunamente acreditado por la parte querellante, en la causa “FISCALÍA
DE CÁMARA – s/ investigación…”, expte. No. 38.150/7, del registro del
Juzgado de Instrucción No. 4 de esta Ciudad, con el patrocinio letrado del Dr.
RICARDO JORGE MENDAÑA, abogado, y manteniendo el domicilio
constituido en la calle ILLIA No. 1040, Planta Baja (Estudio Jurídico
MENDAÑA-PALMIERI) de la misma localidad, nos presentamos y decimos:

I. OBJETO:

Que en tiempo y forma, de conformidad con lo previsto en el art. 164 y


408 del C.P.P., es que venimos a interponer RECURSO DE APELACIÓN en
contra de la resolución de fecha 18 de diciembre de 2008, por la cual no se
hace lugar a las distintas peticiones instrumentadas en la presentación de
esta parte de fecha 04 de diciembre de 2008, por causarnos la misma un
evidente gravamen irreparable de imposible reparación ulterior, y
peticionando expresamente que el Tribunal de Alzada la revoque, en los
términos y modalidades que se detallarán a continuación, y en consideración
a los antecedentes de hecho y derecho que pasamos a exponer.

Previo a todo teniendo presente que nuestra representada resultó


debidamente notificada de dicho acto procesal en fecha 19 de diciembre de
2008, y que habiéndole requerido al juez de instrucción – a través de la
presentación de fecha 23 de diciembre de 2008 – la “rectificación” del
contenido de la resolución cuyo contenido nos agravia – y en orden a los
argumentos allí desarrollados a los cuales nos remitimos en mérito a
evidentes razones de economía procesal - , igualmente denegada – en la
resolución del tribunal de fecha 29 de diciembre del mismo año, que nos
fuera notificada ese mismo día a las 13,30 hs. -, en función de los días
inhábiles dispuestos por el TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA respecto de las
festividades de navidad y año nuevo (para el día 31 de diciembre de 2008) -,
en atención a lo dispuesto en el art. 109 párrafo segundo del rito procesal -,
es que venimos a dejar constancia que promovemos esta incidencia dentro
de las dos primeras horas del día 03 de febrero de 2009.
2

II. FUNDAMENTOS DEL RECURSO:

II.1) Referencias de la resolución en análisis:

Tal como se advierte de la resolución antes mencionada de fecha 29 de


diciembre de 2008, a criterio del juez de instrucción la presentación de la
querella que motiva la resolución impugnada “…de ninguna manera puede
ser tenida como requerimiento de instrucción…”, pretendiendo motivar dicha
consideración en previsiones normativas del C.P.P., en referencias de la
exposición de motivos de la reforma instrumentada en dicho cuerpo
normativo, y entendiendo que “…lo allí dispuesto (en alusión a la indicada
resolución que se cuestiona) se enmarca, como no puede ser de otra manera,
en las previsiones del art. 181 del C.P.P….”

Es decir, que el magistrado consideró a la presentación efectivizada en


esta causa y que obra a fs.2009/2025, como simple requerimiento de
proposición de diligencias.

Sin perjuicio de una pormenorizada consideración, deviene conveniente


el dar cuenta de algunos de los antecedentes que – aún enmarcándola de tal
forma – el mencionado juez explicitó 1
para no hacer lugar a las peticiones –
en nuestra opinión íntimamente vinculadas con la aplicación operativa del
“derecho a la tutela judicial efectiva” que debe asegurársele a la víctima en
el proceso penal - , para darle un “marco de interpretación” a lo que
consideramos una irrazonable y arbitraria afectación al “derecho a la
verdad” de la cual goza la particular afectada por el hecho ilícito, a
partir de una interpretación restringida de los principios
constitucionales y de índole supra legal aplicables a la cuestión, que
proyecta sus efectos en una valoración forzada de las previsiones
del ordenamiento ritual penal, y con apoyatura en una “doctrina
legal” incluso ya superada por la impuesta por nuestra Corte
Suprema de Justicia de la Nación, en los casos que habremos de indicar a
continuación.

Las referencias de significación para ser consideradas, en nuestra


opinión son las siguientes:

1
Y lo afirmamos de esa manera, probablemente pues resultan ser los únicos “debidamente controlables” [a contrario
de aquellos “no manifestados”, por dicha razón decididamente “incontrolables”, producto de los márgenes
discrecionales (decisionistas) de la labor judicial judicial].
3

1. “…adelanto que…(en relación a la alternativa de investigación) no


comparto la propuesta…respecto de objeto y medidas, lo que…no
obsta a su instrumentación en otro ámbito que no sea el de la presente
causa…”.
2. Comienza su análisis con afirmaciones acerca de la intervención de la
querella en esta causa (acerca de las cuales no solo hemos aludido en
la presentación que da origen a esta vía impugnativa, sino sobre las
cuales más adelante nos detendremos brevemente), para detenerse
(en el apartado que titula “Oportunidad de la presentación”) en la
evaluación de los plazos que se observan en investigaciones de esta
naturaleza, en virtud de la jurisprudencia supra nacional, de la propia
C.S.J.N. que en su momento aportamos y en circunstancias de índole
fáctica. Así entiende que “…es desacertado lo manifestado en relación
a estos puntos…”. Se hace mención a los “casos” indicados a tal fin,
como que “…no se asimilan al objeto de investigación de este
expediente, ni en la manera en que se produjeron tales sucesos, ni en
la forma en que se investigaron los mismos…”.Continúa afirmando que
“…este expediente (sic) se encuentre en un muy avanzado estado la
investigación de las conductas de varias personas que participaron del
operativo en el marco del cual se produjo dicha muerte, lo cual
demuestra que en ningún momento se han vulnerado los derechos de
los familiares de las víctimas que la querella menciona…”.Refiere
nuevamente: “…sabe ésta (por la querella) de lo tardío de la
presentación….(y de la probable)dilación que las peticiones…pudieran
tener en el proceso…”.
3. Continúa no compartiendo los argumentos acerca del efecto que en el
transcurso del tiempo podrían tener las peticiones que propiciamos.
4. En lo que se corresponde con las descripciones fácticas que se
proponen de las personas ya indagadas en la investigación,
nuevamente se insiste – en primer término – acerca de los “tiempos
procesales” que ello acarrearía (considerando que no “…quedarían
zanjadas con simples ampliaciones o llamados a indagatoria…”).
5. En cuanto a la “nueva indagatoria” solicitada 2
comienza por
desmerecer la fundamentación de la petición con apreciaciones tales
como: “…los mismos elementos que fundaron el pedido de declaración
testimonial ahora son, sin ninguna variación o agregado (sic) 3
,
2
Seguramente, creemos, la que puede generar el mayor impacto mediático, probablemente la mayor incomodad,
teniendo en cuenta los “productos” que el “sistema provincial de justicia” ha generado de un tiempo a esta parte, y –
fundamentalmente- a partir de su “reorganización”, fundada en fines políticos espúreos y escasamente republicanos,
surgidos de la “estrategia” de la propia administración política a cargo de la persona cuyo comparendo se ha
propiciado, “desarticulación” mediante – entre otros ejemplos - de las agencias judiciales a cuyo cargo se encontraba
la investigación y el juzgamiento de reconocidos “casos de corrupción política” en esta Provincia.
3
La bastardilla nos corresponde, como así también la restante referencia.
4

exactamente los mismos elementos que se utilizan para solicitar se


impute penalmente a la misma persona en esta causa…”.
6. Seguidamente señala que “…los presupuestos de la presentación…(de)
la querella no resultan ser ni complementarios ni ampliatorios de los
supuestos de investigación de la presente causa, sino totalmente
distintos, obviamente con puntos de contacto concretos y
evidentes desde lo fáctico…” 4
. Le reconoce al planteo que las
conductas harían referencia a: “…un plan ideado ex ante y con un
objetivo determinado, circunstancia ésta que ya por sí misma zanja la
diferencia absoluta del objeto de la investigación…”.
7. Hace referencia, a continuación, al contenido de las nuevas
imputaciones formalizadas en la presentación, entendiendo que “…se
efectúan múltiples, complejas y superpuestas descripciones fácticas
que…no reunirían los requisitos…para que persona alguna pueda
efectivamente articular una defensa, sumándose…que no se menciona
o enuncia la prueba que sustente cada una…”.
8. Aduce que dichas imputaciones “…están redactadas en términos
“faltos de taxatividad”…”, para detenerse luego en lo que considera
son ejemplos de dicha afirmación.
9. Sostiene que “…de ser viable e instrumentarse en el contexto de una
investigación penal, no puede serlo en el marco de esta causa…”.
10. Para finalizar deteniéndose – aunque sin mencionarlo con la debida
claridad – en la imputación dirigida al Sr. Sobisch, al aludir a “…una
persona que nunca estuvo por ninguna de las diecisiete partes
intervinientes 5
como siquiera vinculada a esta causa (sólo en este
supuesto la bastardilla le corresponde al juez); considerando “…por lo
menos significativo pretender que la fiscalía…luego de un
requerimiento inicial materializado por ella misma y casi dos años de
activa participación e intervención en la causa, no advierta una
diametral diferencia o mutación del grado de la que propone la querella
y siga sosteniendo hasta el presente idéntico objeto al fijado al
inicio…”(en esta oportunidad sí la bastardilla es de mi autoría).

II.2) Agravios:

A continuación habremos de detallar los agravios que a nuestro


entender justificación la promoción de la presente vía recursiva:

4
Nuevamente y de aquí en mas los resaltados y las bastardillas no figuran en el texto original.
5
Resulta al menos curioso pensar en la posibilidad de que algunos de los imputados (los restantes dieciséis
descontando a la fiscalía) le podrían atribuir dicho carácter.
5

a) Desconocimiento de la capacidad autónoma de intervención en el


proceso penal de la querella particular:

Resulta destacable anticipar que en este punto la resolución


impugnada adolece de un abierto desconocimiento de los derechos
consagrados en los últimos tiempos a la “víctima” en el proceso penal, lo
cual a su vez genera un erróneo encuadramiento de la presentación de esta
parte, extremo este último que resultará objeto de valoración en el capítulo
que continúa.

Es que baste el tener presente que a partir art. 58 de la Constitución


Provincial expresamente se reconoce el “derecho a la tutela judicial efectiva”,
imponiéndose en su art. 64 que la “instrucción penal” DEBE ser
“contradictoria” (lamentablemente la reforma actualizada del texto
constitucional continuó con la utilización del lenguaje inquisitivo-colonial al
momento de hacer referencia al “modelo procesal”).

Es decir, desde la constitucionalización y aún antes desde su


incorporación pretoriana en función de lo resuelto por la C.S.J.N. en el caso
“Giroldi”, de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos 6, de los
criterios actualizados que nuestro más Alto Tribunal Federal ha consagrado
en lo que se refiere a la interpretación armónica y progresiva del contenido
del “derecho a la tutela judicial efectiva de la víctima” (derecho a la
verdad, a ser oídas sus pretensiones ante una corte imparcial, a requerir y a
producir la información y a argumentar sobre aquella desde la versión que
de los hechos que la afectaron tenga y considere razonable -aspecto
estratégico-, a requerir una resolución de sus peticiones con el consiguiente
derecho a un recurso eficaz contra la decisión), DEBE ser el punto de partida
de la interpretación acerca del alcance de las normas procesales, su
coherencia sistemática, su correspondencia constitucional y sus alcances.

Desde ese encuadre conceptual, no nos cabe dudas que la referencia


de la exposición de motivos de la reforma instrumentada por la Ley No.2153,
en su capítulo V,pto. 4, NO puede servir de “soporte constitucional útil” para
dar respuesta al interrogante planteado. Veremos como la configuración del
“rol coadyuvante” del querellante particular, ha sido ya superada por la
“interpretación de lege ferenda” a la que se habrá referencia a continuación.

6
Sobre los que luego se hará referencia.
6

Corresponde el mencionar, por otra parte, que el espíritu de aquel


modelo de reforma procesal, perseguía el objetivo de evitar intervenciones
jurisdiccionales inoficiosas, es decir, que – aunque de modo confuso – se
buscaba ya en aquellos tiempos el delimitar claramente los roles en el
proceso desde su mismo comienzo, y – particularmente – el del juez
instructor – “ninguna facultad de investigación autónoma”, como
manifestación de la imposibilidad de asumir actitudes “pro activas” en la
persecución penal (como se establecerá con claridad ha sucedido en el caso
que nos ocupa)

Colofón de dichas apreciaciones son el texto del art. 6 del C.P.P. – “…la
acción penal pública se ejercerá exclusivamente por el Ministerio Público
Fiscal…” -, como dijéramos sin perjuicio de la prevención de su art. 25 – “…el
juez de instrucción investiga los delitos de competencia criminal…” -, que
entendemos corresponde sea interpretada en el sentido de que – aún en los
“modelos inquisitivos reformados o mixtos – al juez de instrucción sólo le
compete el disponer la producción de los medios de prueba y de recolección
de información, desde las peticiones (y estrategias) de las partes, no
pudiendo involucrarse con ninguna de ellas (aseguramiento del aludido
“principio de ajeneidad”), efectuando el “control de legalidad” de dicha etapa
preparatoria del proceso penal.

La delimitación de las facultades jurisdiccionales de las estrictamente


investigativas surge con claridad en la facultad que al juez de instrucción le
acuerda el art. 164 del rito procesal, particularmente aquella que establece
que “ …desestimará la denuncia cuando los hechos referidos…no constituyan
delito…”, pues la decisión es claramente de aquellas consideradas
“valorativas” – existencia o inexistencia de una conducta penalmente típica -,
toda vez que la función de control que sí cabe el que le sea reconocida, se
vincula con la “función de garantía”, como un obstáculo a pretensiones poco
plausibles, irrazonables o caprichosas, siempre en el marco del ejercicio
razonable de tal atribución.

Por el contrario, la que da cuenta el mismo párrafo como segunda


opción - “…o no se pueda proceder…” -, exige su prudente utilización, pues
“valorar” cuando un hecho denunciado se encuentra en condiciones o no de
ser acreditado, puede afectar aquel principio superior en cuanto al carácter
de “tercero extraño al conflicto” que debe asegurar la función jurisdiccional
(especialmente en etapas tempranas de la investigación, no tan así en sus
momentos conclusivos o etapa intermedia del proceso).
7

En consecuencia, si a la víctima DEBE asegurársele una intervención


eficaz, activa e igualitaria, desconocer el derecho a proponer una “línea
de trabajo” (mediante querella, manifestación expresa de su
voluntad o interés en el descubrimiento de la realidad de lo
sucedido) en una investigación ya en curso, debidamente
promovida, es producto de los “patrones inquisitivos” que la han
alejado del proceso penal (y de la solución de su conflicto, en función de
su interés, por otra parte, el primordial e inmediato) apropiándose de su
dolor, de su afectación patrimonial y personal, de su derecho a conocer lo
que sucedió, como y porque ocurrió, quien o quienes intervinieron, y a
requerir del sistema público (cuya legitimidad se encuentra precisamente
focalizada en dar adecuada respuesta como manera de deslegitimar la
venganza privada) una respuesta, acorde con sus expectativas y
necesidades.

No de otra forma pueden entenderse las disposiciones de los artículos


del rito procesal: art. 286 – en cuanto le acuerda al querellante particular
recurso contra las resoluciones de “falta de mérito” -, art. 302, primer
párrafo, al reconocerle derecho al recurso al querellante particular en los
supuestos de sobreseimiento, art. 312 – en la medida en que le reconoce a la
parte querellante similares facultades que las del Ministerio Público Fiscal al
momento del cierre de la etapa preparatoria -, art. 313 – en cuanto posibilita
la elevación de la causa a juicio oral y público aún en contra de la opinión del
Ministerio Público Fiscal, art. 317 – en cuanto reconoce nuevamente el
derecho al recurso de la parte querellante en los supuestos de
sobreseimiento al momento de disponerse la clausura de la etapa
intermedia.

Si – de tal forma – es posible que el querellante mediante su


requerimiento de elevación a juicio logre el propósito de que el caso se
remita a la instancia de debate oral y público, si en la culminación de este
último y aún sin acusación fiscal al momento de presentar sus conclusiones
finales, queda igualmente habilitada con su petición la posibilidad de obtener
una decisión jurisdiccional, no se alcanza a comprender por que razón
(a excepción de una visión estrecha y empecinadamente restrictiva
de las atribuciones antes mencionadas) no está en condiciones
legítimas de direccionar la investigación en el sentido que lo desee,
lo considere conveniente o estime que está en condiciones de
acreditar.
8

En verdad, la única manera con la que cuenta de sostener su “hipótesis

acusatoria” que se diferencia de las sostenidas por la vindicta pública, no es

otra que teniendo una propia, y para ello resulta indispensable el


requerir la apertura de una investigación (desde proposiciones
fácticas adecuadas a su propia teoría legal), para más tarde
entenderlas o no razonablemente acreditadas (desde el estándar de
“alto grado de probabilidad de la acusación”) a los fines de reclamar
la apertura de un juicio oral y público (y en esta oportunidad sí
entonces para que pueda operar en toda su magnitud el principio de
“imparcialidad en el juzgamiento”).

La interpretación propiciada en la resolución que cuestionamos


transforma en letra muerta las previsiones constitucionales de los arts. 58 y
64 de la Constitución Provincial.

En el primero de ellos, en la medida en que “sujeta” (ata o limita


injustificadamente) las facultades y atribuciones de la víctima a que esté de
acuerdo con la versión del Ministerio Público Fiscal 7, y en el segundo, toda
vez que el asegurar plenamente el carácter “contradictorio” de la
investigación preliminar, resulta coartada cuando se impide que uno de los
actores del proceso dirija su acción en el sentido que considera correcto.

Se desvirtúa de esa manera el nuevo rol asignado a la víctima en el


proceso (el no estar de acuerdo con el agente fiscal significa para esta
“doctrina legal” la imposibilidad de tener “acceso a la justicia” - derecho que
sólo puede ser entendido cuando quien es su titular lo ejerce en plenitud, sin
rigorismos formales, sin obstáculos irrazonables-), quedando relegada su
participación a la que nos informan los arts. 157 y 163 del C.P.P.

Esta última “interpretación” resulta ser la que ha sido desmerecida por


la C.S.J.N. al anular el pronunciamiento del Tribunal Superior de Justicia de

7
Valga como ejemplo acerca de ello, las diversas “teorías legales” sostenidas por la querella particular y los
representantes de la vindicta pública en el denominado caso “Poblete”, no sólo al momento de presentar sus alegatos
de clausura, sino también mucho antes, en la etapa de instrucción, en relación a la “conducta específica” que
correspondía atribuirle al imputado, y a su consecuente calificación legal. Precisamente la condena que le fue
impuesta al enjuiciado, reconoció como correcta la que la querella particular sostuvo a lo largo de dicho proceso
penal.
9

esta Provincia (con su anterior conformación) en la causa “Sabio…”8, en la


que se aludía al carácter adhesivo o coadyuante del querellante particular.

Del mismo modo, dicha “interpretación restrictiva” deviene


incoherente desde el punto de vista “intrasistemático” (en relación al resto
de las facultades acordadas) y “extra sistemáticamente” (con los textos
constitucionales y la doctrina legal de la Corte Nacional), estas últimas
direccionadas hacia el abandono de la “visión publicista” de la acción penal
(y sus vinculados, “principio de legalidad procesal”, “principio de oficiosidad”,
“principio de indisponibilidad de la acción”, etc.) en el contexto de los
procesos de reforma del enjuiciamiento penal, uno de cuyos “ejes centrales”
ha sido el tema que este recurso nos convoca.

Para ilustrar el tópico cabe el mencionar – en el desarrollo de los


aludidos procesos de reforma – el reconocimiento de los “poderes de
disposición de la acción” que la han sido reconocidos al Ministerio Público
Fiscal 9, para luego avanzar hacia similares “poderes” a favor de la víctima,
como lo representan los supuestos de “conversión de la acción pública en
privada” , impuestos en los modelos de reforma procesal penal más
avanzados –verb.de la Provincia de Santa Fe, el último proyecto de reformas
propuesto por el Instituto de Derecho Penal y Procesal Penal del Colelgio de
Abogados de esta Provincia a fines del año pasado, entre otros -,
reconocimiento de la aceptación de criterios de oportunidad sin el
consentimiento del Ministerio Público, sólo entendibles desde la perspectiva
de un “derecho procesal penal” que asegura “roles diferenciados”, incluso
como método o mecanismo de construcción de la “verdad posible” (se la
denomina, “forense”, “aproximativa”, “judicial”, etc.).

Porque por otra parte, no se advierten en la aludida “re interpretación”


afectaciones que puedan vincularse con “normas de garantía”.

No sólo en el caso particular – en el que se cuenta con un solo


querellante particular y no querellantes múltiples – sino también porque
formalizada la imputación los sospechados cuentan con la posibilidad de ser
8
(por el voto mayoritario de los Dres. Jorge O. Sommariva, Roberto O. Fernández y Eduardo J. Badano) anuló la
sentencia condenatoria, por no existir acusación del fiscal en los alegatos correspondientes al debate oral y pese a que
hubo pedido de condena por parte del querellante particular (cf. Acuerdo n°8/2004, correspondiente a la causa
"SABIO, Edgardo Alberto – HERRERO, Carlos Washington s/falsedad material de documentos (2 hechos), falsedad
ideológica reiterada (2 hechos) y estafa en grado de tentativa – VITA, Daniel Enrique s/uso de documento falso
reiterado, falsedad ideológica, uso de documento falso y tentativa de estafa – RIVAS, Nelson del Carmen s/falsedad
ideológica, tentativa de estafa y falsedad ideológica" (expte. n° 39, año 2003) del registro de la Secretaría de
Recursos Extraordinarios y Penal, a cargo del Dr. José Daniel Cesano.
9
Entre muchos otros, la reformulación normativa consagrada en el C.P.P. de la Provincia de Río Negro, texto Ley
2107, especialmente en el cap. III, del Título I, del Libro Segundo.
10

oídos, de producir prueba desde su descargo, de argumentar acerca de su


resultado, de resistirse a la imputación; y ello en la medida en que no
aparecen las “nuevas conductas” como “sorpresivas” (bueno es mencionar,
por otra parte, procesalmente posibles desde lo normado en el art.346 del
rito procesal), ni inentendibles, confusas o poco claras (a diferencia de lo
sostenido por el juez de grado inferior y a la que le dedicaremos alguna breve
referencia en su momento).

Algunas referencias dogmáticas y jurisprudenciales abobarán la


“interpretación” que se propicia desde el reconocido cambio de paradigma
del rol asignable a la víctima en el proceso penal.

No puede caber dudas acerca de la reformulación que desde hace un


tiempo desde distintos ámbitos vinculados a la dogmática y al proceso penal
viene produciéndose en lo que se corresponde con el rol asignable a la
víctima. Probablemente una de las primeras referencias que se conozcan
acerca de esta cuestión podamos encontrarlas en los conceptos expuestos
por Hans Von Hentig (año 1941), se comienza a hablar de la importancia de
la presencia de la víctima en el proceso” 10
.

Pero en realidad hasta los años sesenta, ya en el siglo XX, las ideas
político criminales desarrollaron un sistema basado en la neutralización de la
víctima 11
.

Es que precisamente en esos años se produce una suerte de apertura


en el pensamiento penal, inclusive en la dogmática jurídico penal la que por
cierto era bastante hermética, con la opinión de autores de la dimensión de
Claus ROXIN quien expresa –entre otras razones – que desde un punto de
vista teleológico se debe pretender hacia un Derecho Penal orientado político
criminalmente a sus consecuencias, destacando su formulación desde la idea
de la “prevención general positiva” – a los que le adune tres fines en la pena:
el efecto del aprendizaje (pedagógico); el ejercicio de la confianza en el
derecho y el efecto de satisfacción (pacificación), último de los cuales sobre

10
Cfr.: “La posición jurídica de la víctima en las últimas reformas del derecho y en el proceso penal argentino”;
Reynaga, Juan Carlos; pág. 110; en Derecho Penal 5; Editorial Juris; año 1997
11
Dicen Hassemer y Muñoz Conde: “…actualmente la víctima está neutralizada, no hay una relación
víctima delincuente... el Estado es quien se contrapone al delincuente, pudiéndo inclusive forzar a
la víctima en interés de la búsqueda de la verdad…” (Cfr: “Introducción a la criminología y al derecho
penal”; pág. 29 y siguientes; Editorial Tirant lo blanch; Valencia, año 1989).
11

los cuales construye el concepto de “reparación” del daño que -para él-
contribuye a restaurar la paz jurídica. 12

Ya en la re configuración del “diseño constitucional de juicio previo” y


en su indispensable “ajuste normativo” se ha considerado que “…se hace
imperioso cumplir con el mandato constitucional respecto del diseño de
proceso, sosteniéndose que el único que se adecua a ello es el modelo
acusatorio”.En base a ello y otras consideraciones, corresponde asegurar de
un modo efectivo la participación de la víctima en el proceso…” 13
.

En esta orientación “se destaca el rescate del rol de la víctima”


reconociéndola efectivamente como legítima interesada en el resultado del
proceso” 14
, porque precisamente ostenta un derecho que emerge de la
propia y cierta conformación del ilícito.

Y aún desde la consideración de que se encuentra fuertemente


instalada la idea de que la persecución penal es pública [de lo cual se infiere
que el Ministerio Público Fiscal tiene el “monopolio acusatorio” (desde una
interpretación del art. 120 de la CN y 71 y 72 del Cód. Penal)], en los
procesos de reforma instalados hace más de veinte años en los países de la
región americana, se ha comenzado a reconocer que el particular ofendido o
damnificado por la acción disvaliosa se encuentra autorizado a presentarse
como querellante en el procedimiento y ejercer determinadas facultades de
intervención y control que la ley procesal le asigna.

Respecto a este panorama y a las inevitables discusiones que se han


generado acerca del tipo y entidad de las antedichas facultades,
seguidamente habremos de concretar una somera referencia a precedentes
de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que han “re interpretado” las
mismas, y en su caso, del alcance que en la actualidad es dable atribuírseles
a las previsiones normativas rituales establecidas en tiempos en los cuales el
“principio de oficialidad” (tal como se lo denomina) no había sido
cuestionando.

Es bueno recordar previamente que la acción es una garantía


constitucional consistente en la potestad de reclamar la actuación de los
12
en 1970, con su “Política criminal y sistema del Derecho Penal”
13
De las conclusiones del XXI Congreso Nacional de Derecho Procesal realizado en San Juan, en
Junio de 2001, en el área Derecho Procesal Penal punto 1 y 9.

14
Cfr.: “El querellante particular en el Código Procesal Penal de Córdoba”; en Revista de Derecho
Penal Integrado, año II; nro. 2; Carlos Ferrer; pág. 53; año 2001.
12

órganos jurisdiccionales para que diriman los conflictos dados en las


relaciones intersubjetivas, a pesar de lo cual – y en lo que se vincula con el
tema que nos convoca en este recurso -, tal como lo afirma Cevasco “…el
Código Procesal Penal de la Nación restringió al querellante a una actividad
adhesiva a la del fiscal, limitando la autonomía de la querella al impulso del
Ministerio Público…” 15
.

Es por eso que se afirma que “…la víctima real quedó relegada a un
plano inferior y terminó constituyéndose, exclusivamente, en un objeto de
prueba, exento de derechos y en total estado de indefensión, en general
revictimizada por el mismo procedimiento penal…” 16
.

En similar sentido ha dicho Zaffaroni, que “…el Estado ha confiscado a


la víctima su conflicto, invocando el bien común eliminó la posibilidad de
resolver la discordia porque falta una de sus partes:la víctima…” 17
.

Ahora bien, estrechamente vinculado con los derechos que


paulatinamente se han ido reconociendo a favor de la víctima, se ha
desarrollado una construcción conceptual a partir de la voz “derecho a la
jurisdicción”, entendiéndolo como una garantía de seguridad jurídica que
permite a los justiciables someter a la consideración de un órgano
jurisdiccional la resolución definitiva y válida de sus pretensiones.

En ese camino y en primer término, cabe el puntualizar expresas


previsiones de la “Declaración sobre los principios fundamentales de justicia
para las víctimas
de delitos y del abuso de poder “, adoptada por la Asamblea General en su
resolución 40/34, de 29 de noviembre de 1985: bajo el subtítulo Acceso a la
justicia y trato justo: art.4: “… Las víctimas serán tratadas con compasión y
respeto por su dignidad. Tendrán derecho al acceso a los mecanismos de la
justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido, según lo
dispuesto en la legislación nacional…”, art. 6: “…Se facilitará la adecuación
de los procedimientos judiciales y administrativos a las necesidades de las
víctimas…” (inc. b): “…Permitiendo que las opiniones y preocupaciones de
15
En “La querella y el ejercicio de la acción”; Cevasco, Luis; en Doctrina Judicial del 1/12/99,
Año XVI, nro. 1.

16
Cfr.: “Derecho Procesal Penal”; Ryser, María del Carmen; tomo I; pág. 150; Editorial: Librería
Intellectus; Córdoba.

17
Cfr. en “Cuestiones actuales sobre el Procedimiento Penal”; Cafferata Nores; pág. 185; Editorial
del Puerto; año 1997.
13

las víctimas sean presentadas y examinadas en etapas apropiadas de las


actuaciones siempre que estén en juego sus intereses, sin perjuicio del
acusado y de acuerdo con el sistema nacional de justicia penal
correspondiente…”).

Respecto a la modalidad de intervención de la víctima en el mismo


proceso penal, se ha considerado que “…exige prudente reflexión si obturar
el acceso del ofendido como acusador en los delitos de acción pública e
impedirle abrir el juicio por su propia determinación, no significa mengua
para el derecho constitucional de peticionar a las autoridades reconocido en
el artículo 14° de la Constitución Nacional…” 18

En palabras del maestro cordobés Cafferata Nores y como respuesta al


interrogante de si ¿se terminó el monopolio del Ministerio Público Fiscal sobre
la acción penal? entiende que se vigorizó la posición de la víctima del
delito al expresar que proteger los intereses generales de la sociedad
no es monopolio del Ministerio Público cuando el interés particular
del damnificado se canaliza mediante la querella, expresando – en
relación a la incorporación de la figura del querellante particular por la
reforma de la ley 8123 al Código Procesal de Córdoba, que se buscó “…
procurar dar una mayor tutela al ofendido por el delito, y dotar al proceso de
un elemento dinamizador incluso en el aspecto probatorio, poniéndolo a tono
con los actuales requerimientos de justicia que surgen de la sociedad. Se
parte de la idea de dar mayor protagonismo a la víctima y a la posibilidad,
(demostrada en algunos casos judiciales de los últimos tiempos), de que su
intervención sea un aporte a la eficacia de la persecución penal, mediante el
control del órgano estatal que la realiza y el ofrecimiento de pruebas que,
quizá, conoce mejor que nadie, en el marco de su interés particular en el
resultado del proceso que se agrega, reforzándolo, al interés general de la
justicia” 19
.

En ese contexto la figura del querellante autónomo se constituye como


parte en el proceso penal “con facultades persecutorias autónomas a lo largo
de todos los estadios del proceso. Su actividad no dependía de los límites
que el fiscal imponía a la acción penal. Sus facultades recursivas eran plenas.
Incluso en la generalidad de las reglamentaciones de fines y principios de
siglo se le otorgaba injerencia en aspectos coercitivos. Tratábase de un

18
véase: Bielsa, Rafael. Derecho Constitucional. Depalma. Buenos Aires. Año 1.959. pág. 294.
19
En Introducción al Derecho Procesal Penal, Marcos Lerner Editora Córdoba, 1.994, pág. 33
14

acusador autónomo al que se le retaceaban muy pocos de los poderes de


acción propios del Ministerio Público” 20

Tal como lo sostiene Bovino21, la víctima fue motivo de exclusión y


olvido por varios siglos. En nuestro país, esta tendencia se vio reforzada a
partir de la reforma constitucional de 1994 que incorporó diversos Tratados
Internacionales de Derechos Humanos (art. 75 inc.22) los que consagraron en
forma expresa el derecho de las víctimas a obtener una “tutela judicial
efectiva”, (CADH.25) obligando a los Estados a proveer a los ciudadanos una
debida protección judicial cuando alguno de sus derechos haya sido violado.

La intervención de los particulares en el proceso penal ya había sido


receptada por la Constitución de la Provincia de Córdoba, la que en su
artículo 19 inc. 9, establece: “Todas las personas en la Provincia gozan de los
siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio: … a
peticionar ante las autoridades y obtener respuesta y acceder a la
jurisdicción y a la defensa de sus derechos…”; para luego afirmar “El
Ministerio Público tiene las siguientes funciones: … promover y ejercitar la
acción penal pública ante los tribunales competentes, sin perjuicio de los
derechos que las leyes acuerdan a los particulares” (art. 172 inc. 3).

Sobre el particular, Cafferata Nores 22


sostiene que debe darse a la
victima un reconocimiento expreso en la ley procesal, debiendo garantizarle
asistencia jurídica, aun a cargo del Estado, reconocerle el derecho a ser
informada de sus facultades procesales como de conocer (inclusive en el
supuesto de no haber hecho uso de dichas facultades) las resoluciones que
se dicten sobre la situación del imputado y opinar sobre ellas; siendo
asimismo conveniente ampliar su protagonismo en el aspecto
sustancial, acordándole la posibilidad de condicionar o determinar la
solución final del caso penal. 23

Ahora bien, la participación del ofendido como querellante particular ha


conocido, en el derecho comparado, tres principales modos de
configuración:24 el querellante autónomo, el querellante subsidiario y el
querellante adhesivo. Al Querellante autónomo 25
se le concede facultades
20
Creus, Carlos. “Reparación del daño producido por el delito”, Ed. Rubinzal-Culzoni, 1.995, pág. 55 y ss.
21
“La participación de la victima en el procedimiento penal”, en Problemas del Derecho Procesal Penal
Contemporáneo, pág. 87, Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 1998.
22
Cafferata Nores, José I. y otros, Manual de Derecho Procesal Penal, UNC., 2º edición.
23
“La participación de la victima en el procedimiento penal”, en Problemas del Derecho Procesal Penal
Contemporáneo, pág. 87, Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 1998.
24
Cfr Arocena, Gustavo en: “La víctima del delito, el querellante particular y la coerción personal del imputado” en
“En Torno al Querellante Particular”, pág. 35, Advocatus, 2003
25
Modelo que adopta el Código procesal Penal de Portugal
15

para acusar como para impugnar resoluciones judiciales,


independientemente de la decisión adoptada por el órgano público de la
acusación. El Querellante subsidiario 26
sólo puede actuar como querellante
cuando el acusador público abandona temporaria o definitivamente el
ejercicio del poder de acción. Por último, al Querellante adhesivo se le
permite intervenir sólo en la medida en que colabore con la persecución
oficial y la controle, lo que importa cierta accesoriedad de la persecución
penal del ofendido, que depende, en último término, de la persecución penal
oficial.

No obstante, como ya se adelantó, en los últimos tiempos y


fundándose en el nuevo orden jurídico constitucional argentino a partir de la
reforma de 1994, tanto la doctrina como la jurisprudencia han ampliado el
espectro de facultades otorgadas al querellante particular argumentando que
los Tratados incorporados incluyen garantías bilaterales, es decir que tienen
como beneficiarios de las mismas no sólo al imputado de un hecho delictivo,
sino también a sus víctimas.

En este sentido la Cámara Novena del Crimen de la Pcia. de Cba. ha


declarado la inconstitucionalidad del art. 35227 en función del art. 35928 del
CPP de Córdoba, afirmando que “en el supuesto del sobreseimiento pedido
por el Sr. Fiscal de Instrucción y consentido por el Sr. Juez de Control, el
querellante no ha tenido oportunidad para objetarlo y si el Sr. Fiscal de
Cámara no mantiene la impugnación, como sucedió en el caso, el proceso se
cierra definitivamente, sin que el querellante haya sido oído eficazmente, lo
que es francamente violatorio a su derecho de defensa y de tutela judicial
efectiva...”29

Asimismo el T.S.J de Cba. permitió el acceso a las actuaciones aún


antes de la declaración del imputado en las causas que no existen autores
individualizados.30

26
Adoptado por el Procedimiento Penal Austríaco, cfr. Balcarce, Fabián, “El querellante particular”, Foro de Cba. Nº
74, 2001, pág. 33
27
Artículo que dispone: “La sentencia de sobreseimiento será apelable, sin efecto suspensivo, por el Ministerio
Público y, salvo el caso previsto en el art. 359, por el querellante particular. En este último supuesto regirá lo
dispuesto por el artículo 334 ultimo párrafo...”
28
“Si el Fiscal de Instrucción solicitase el sobreseimiento y el Juez no estuviere de acuerdo, se elevarán las
actuaciones al Fiscal de Cámara de Acusación. Si este coincidiera con lo solicitado por el inferior, el Juez resolverá
en tal sentido. En caso contrario, el Fiscal de Cámara formulará el requerimiento de citación a juicio, que tramitará
con arreglo a este titulo”
29
En autos “Buonanotte, Carlos Federico y otro p.ss.aa Homicidio Culposo”; AI 16, 27/07/04.-
30
TSJ Sala Penal Cba. Sent. 101, 13/10/04 en “Actuaciones Labradas por Unidad Judicial 19, en sumario nº 3460/01
con motivo de la Denuncia Formulada por Nora E. Bernasconi”
16

En igual sentido, se ha sostenido que debe permitirse al querellante


particular participar en la coerción del imputado, tanto en su pedido como en
la impugnación de su no aplicación o cese, como una forma de ejercicio del
derecho a una investigación penal eficaz, ya que una correcta interrelación
entre los fines de los derechos constitucionales de la víctima, su
reglamentación mediante las facultades del querellante particular y los fines
de la coerción, debe conducir a variar el criterio imperante precedentemente
expuesto; es decir, debe llevar a sostener que el ofendido penal que se
constituyó en parte, puede tener participación en las medidas coercitivas.31

El derogado Código de Procedimientos en Materia Penal de la Nación


regulaba en su artículo 170 la intervención en el proceso del particular
damnificado por un delito de acción pública. Tal como señala el propio autor
de catálogo normativo, la razón sustancial por la que se introdujo la figura
del querellante como parte activa del sistema procedimental penal se debe a
que “…no es posible, en mi concepto, desconocer en la persona damnificada
el derecho de velar por el castigo del culpable, y tanto más, cuanto el
resultado del juicio criminal tiene una influencia decisiva respecto de la
existencia de las acciones criminales que nacen del delito…”32.

El sistema del “Código Obarrio” preveía, entonces, la figura del


querellante conjunto, apoyándose, a criterio de Vélez Mariconde33, en el
pensamiento de Francesco Carrara, quien considera que el delito hiere el
derecho que al ofendido le da la naturaleza y no la sociedad, de suerte que
ésta, aunque se organice jurídicamente, no puede privarle a aquel de la
“facultad ilimitada de provocar la defensa pública y lograr la protección del
estado”.

Este perimido digesto instrumental se enrolaba, en palabras de José


Cafferata Nores34, en la tendencia “no abolicionista”, para la cual el
querellante conjunto debía tener su lugar dentro del esquema procesal penal
por argumentos tales como que al ofendido le asiste el derecho natural de
pedir al Estado el castigo de quien ha violado la ley penal, afectando su

31
Hairabedián Maximiliano, Zurueta Federico y Anán de Agrelo, María José en “Derecho de la Víctima a una
investigación eficaz: Participación del Querellante particular en las medidas de coerción del imputado”, Libro de
Ponencias Generales y Trabajos Seleccionados en el XXIII Congreso Nacional de Derecho Procesal, Mendoza,
Septiembre de 2005.-
32
Obarrio, Manuel, Exposición de Motivos, 15/07/1882.

33
Velez Mariconde, Alfredo, Derecho Procesal Penal, Tomo I, Marcos Lerner Editora, Córdoba, 1986, págs. 291 y ss.

34
Cafferata Nores, José, Temas de Derecho Procesal Penal, Depalma, Buenos Aires, 1988, págs. 81 y ss.
17

propio bien jurídico que esa ley protege; que su intervención significa una
cooperación para el Ministerio Público; o que su abolición responde a criterios
sustentados por principios centralistas o de absolutismo político, opuestos a
la esencia del sistema republicano de gobierno.

En la tesitura opuesta se encontraba el proyecto de Ricardo Levene (h),


el cual, como es sabido, tras las modificaciones introducidas por el Congreso
Nacional se ha convertido en el actual Código Procesal Penal de la Nación.
Acorde a la redacción original, seguidora de la línea iusfilosófica del Código
Procesal Penal cordobés de Sebastián Soler y Alfredo Vélez Mariconde, era
suprimida por completo la institución del querellante, sin hacer alusión
expresa en la exposición de motivos de los fundamentos de tal decisión

Como dijéramos el rol de la víctima en el proceso penal nacional ha


atravesado sostenidos barquinazos en los últimos años, situación claramente
reflejada en distintos fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
como así también en numerosas resoluciones de tribunales inferiores.

Sin dudas el precedente de la C.S.J.N. que ha marcado un verdadero


cambio de paradigma en el tema de referencia, ha sido el caso “Santillán,
Francisco Agustín…”S. 1009. XXXII, de fecha 13 de agosto de 1998,
destacando inicialmente que la “lesión constitucional” se había configurado
en la falta de cumplimiento de parte del tribunal de grado de ejercer su
jurisdicción cuando estaba en condiciones de hacerlo, conculcando el
“derecho a la igualdad” y al “debido proceso” (arts. 16 y 18 de la
Constitución Nacional)

Para llegar a dicha conclusión tuvo en cuenta: “….que esta Corte, al


precisar qué debe entenderse por procedimientos judiciales a los efectos del
art. 18 de la Constitución Nacional, ha dicho que esa norma exige la
observancia de las formas sustanciales del juicio relativas a la acusación,
defensa, prueba y sentencia dictada por los jueces naturales (Fallos: 125:10;
127:36;189:34; 308:1557, entre muchos otros), y dotó así de contenido
constitucional al principio de bilateralidad sobre cuya base, en consecuencia,
el legislador está sujeto a reglamentar el proceso criminal (doctrina de
Fallos:234:270).(considerando 9 del voto de la mayoría)

Que “…de ello se sigue que la exigencia de acusación, como forma


sustancial en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio del
justiciable, sin que tal requisito tenga otro alcance que el antes expuesto o
18

contenga distingo alguno respecto del carácter público o privado de quien la


formula (Fallos: 143:5).(considerando 10)

Que “…si bien incumbe a la discreción del legislador regular el marco y


las condiciones del ejercicio de la acción penal y la participación asignada al
querellante particular en su promoción y desarrollo, desde que se trata de lo
atinente a la más acertada organización del juicio criminal (Fallos: 253:31),
todo aquel a quien la ley reconoce personería para actuar en juicio en
defensa de sus derechos está amparado por la garantía del debido proceso
legal consagrada por el art. 18 de la Constitución Nacional, que asegura a
todos los litigantes por igual el derecho a obtener una sentencia fundada
previo juicio llevado en legal forma…”(Fallos: 268:266, considerando 2°)…”

“…Ello en el marco del derecho a la jurisdicción consagrado


implícitamente en el art. 18 de la Carta Magna y cuyo alcance, como la
posibilidad de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura de justicia y
obtener de él sentencia útil relativa a los derechos de los litigantes
(Fallos:199:617; 305:2150, entre otros), es coincidente con el que reconocen
los arts. 8°, párrafo primero, de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos y 14.1. del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos…”.
(considerando 11)

Que “…es misión de los jueces contribuir al eficaz y justo desempeño


de los poderes atribuidos al Estado para el cumplimiento de sus fines del
modo más beneficioso para la comunidad y los individuos que la forman
(confr. doctrina de Fallos: 315:1922), y en el logro de este propósito de
asegurar la administración de justicia no deben estar cegados al principio de
supremacía constitucional para que esa función sea plena y cabalmente
eficaz…” (confr. doctrina de Fallos: 308:490 y 311:2478, entre
otros)(considerando 12).

Que “…es principio aceptado que jamás la inconsecuencia o falta de


previsión pueden suponerse en el legislador, por lo que el a quo debió, frente
a los diversos intereses en juego que surgen de la normativa constitucional a
aplicarse en el sub examine, interpretar las normas del Código Procesal Penal
de la Nación de modo que armonizasen con el ordenamiento jurídico restante
y con los principios y garantías de la Constitución, evitando darles un sentido
que pone en pugna sus disposiciones, destruyendo las unas por las otras y
adoptando como verdadero el que las concilie y deje a todas con valor y
efecto…” (Fallos: 297:142; 300: 1080; 301:460; 310:192, entre
otros).(considerando 14).
19

Que “…ello es así aun cuando el a quo estimase, en el marco de


atribuciones que le competen en materia no federal, que la norma procesal
ofrece distintas interpretaciones posibles, caso en el cual no debió optar por
aquélla que -como en el sub lite- ha ido en desmedro de una adecuada
hermenéutica de las normas en juego, con serio menoscabo de los derechos
asegurados por la Constitución Nacional al privar al particular querellante, a
quien la ley le reconoce el derecho a formular acusación en juicio penal, de
un pronunciamiento útil relativo a sus derechos, pues esta interpretación
dejaría a aquél vacuo de contenido…” (considerando 15)

De esta manera, y como bien lo apunta – nuevamente - José Cafferata


Nores, la Corte en este importante precedente “(...) ha reconocido que la
víctima de un delito tiene una facultad autónoma de reclamar ante los
tribunales la aplicación, al partícipe de aquel, de la sanción, prevista en la ley
penal, atribución que se le reconoce solo a ella por su condición de tal, es
decir, por haber sido lesionado en su interés o en su derecho concreto (...)”35.

Dicha “doctrina legal” aparece luego reafirmada en el precedente


“Quiroga”36.

En este resolutorio, nuestro más Alto Tribunal decretó la


inconstitucionalidad del segundo párrafo del artículo 348 del Código Procesal
Penal de la Nación, por entender que dicha norma se encuentra en franca
colisión con la independencia funcional del Ministerio Público Fiscal,
consagrada por el artículo 120 de la Constitución Nacional.

Asimismo, confirmó el criterio de la exigencia de acusación en aras de


salvaguardar la garantía de defensa en juicio y la imparcialidad como
condiciones del debido proceso, presuponiendo que aquel acto provenga de
un tercero diferente de quien ha de juzgar acerca de su viabilidad, pero
aclarando -conforme la doctrina expuesta en “Santillán”- que “(...) lo dicho
precedentemente no resulta aplicable a los supuestos en los que la
discrepancia se plantea entre el fiscal -que se manifiesta en favor del
sobreseimiento- y el querellante, que pretende que la causa sea elevada a
juicio. En tales casos, en principio, no es posible suponer una afectación
genérica de la imparcialidad del tribunal, en la medida en que su
intervención quede limitada a asegurar que el querellante puede ejercer el

35
Cafferata Nores, José, ¿Se terminó el “monopolio” del Ministerio Público Fiscal sobre la acción penal?, artículo publicado en
La Ley, 1998-E-329 y ss.

36
“Quiroga, Edgardo Oscar S/causa N° 4302", Q. 162, XXXVIII, rta. el 23/diciembre/2004.
20

derecho que la ley le concede a ser oído en juicio oral y público (...) ni una
afectación intolerable a la independencia del Ministerio Público (...)”
(Considerando 37° del voto de la mayoría).

En dicho sentido, resulta enriquecedor el voto del Dr. Maqueda, en


cuanto afirmó que “(...) en antiguos precedentes la Corte negaba que el
ofendido por el delito de acción pública tuviese derecho a procurar la
investigación y castigo del autor del delito, al considerar que esa intención no
constituía ‘un derecho de propiedad en el sentido de la ley civil’ sino una
mera concesión legal -de la ley procesal- susceptible de suprimirse en todo
tiempo (Fallos: 243:5), consecuentemente lo ‘atinente a la obtención de una
condena criminal no es susceptible de amparo en beneficio de los
particulares y con fundamento en los arts. 14, 17 y 18 de la Constitución
Nacional’ (Fallos: 252:193). Ello cambió en el caso ‘Santillán’ donde el
Tribunal expresó que el derecho ‘a la jurisdicción consagrado implícitamente
en el art. 18 de la Carta Magna (...) consiste en la posibilidad de ocurrir ante
algún órgano jurisdiccional en procura de justicia y obtener de él sentencia
útil relativa a los derechos de los litigantes (...), derecho que tiene un alcance
coincidente con el que reconocen los arts. 8°, párr. 1° de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos’ (...)” (Considerando 21° de su voto).

Y agregó “que de este modo el Tribunal ratificó y amplió la exigencia


constitucional de que no puede haber condena sin acusación, sin que quepa
hacer distingo respecto del carácter público o privado de quien la formula. En
consecuencia, el requerimiento de condena del querellante en delitos de
acción pública, es idóneo por sí solo para satisfacer las formas sustanciales
del juicio penal y habilitar al tribunal a dictar sentencia condenatoria, aún
frente al pedido de absolución del Ministerio Público Fiscal” (Considerando
22° de su voto).

Luego continúa explicando el Dr. Maqueda que de este modo, “(...) la


Corte Suprema de Justicia de la Nación incorpora los principios sentados por
la Comisión Interamericana (de Derechos Humanos) al interpretar el art. 25
del Pacto en cuanto a que ‘el derecho a la tutela judicial efectiva’ implica que
la razón principal por la que el Estado debe perseguir el delito es la
necesidad de dar cumplimiento a su obligación de ‘garantizar el derecho a la
justicia de las víctimas ...’ entendiendo a la persecución penal como un
corolario necesario del derecho de todo individuo a obtener una investigación
judicial a cargo de un tribunal competente, imparcial e independiente en que
21

se establezca la existencia o no de la violación de su derecho, se identifique


a los responsables y se les impongan las sanciones pertinentes (Bulacio;
CIDH Informe n° 34/96, casos 11.228, Informe n° 5/96, caso 10.970)”
(Considerando 23° de su voto).

Y concluye sosteniendo que “(...) ya no basta contraponer el interés


legítimo estatal con el de la persona que soporta la restricción sino que debe
ponderarse los derechos de las víctimas de los actos cuestionados motivos
de la persecución penal (...)”, por lo que “(...) no sería objetable desde un
punto de vista de la imparcialidad que el querellante sea el que reclame ante
el tribunal su derecho de elevar la causa a juicio, para ejercitar el derecho a
ser oído en juicio oral y público, que es el verdadero ‘juicio’” (Considerandos
23° y 24° de su voto).

En ese camino la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo


Criminal y Correccional Federal intervino en las actuaciones N° 37.185,
caratuladas “AFIP y otro S/Consulta”, en virtud de la elevación en consulta
formalizada de acuerdo con las prescripciones del segundo párrafo del
artículo 348 del C.P.P.N.

En tales actuados, la querella -rol asumido por la Administración


Federal de Ingresos Públicos- se expidió en los términos del artículo 346 del
Código Procesal Penal de la Nación requiriendo la habilitación de la instancia
de juicio para el juzgamiento definitivo del hecho objeto de pesquisa. En
oportunidad de expresarse en los mismos términos, el representante del
Ministerio Público Fiscal solicitó el sobreseimiento del imputado. Ante tal
situación, en titular del Juzgado Federal N° 5 elevó las actuaciones en
consulta, para que la Alzada dirima el conflicto.

Los Magistrados, tras declarar la inconstitucionalidad del segundo


párrafo del art. 348 del C.P.P.N. por considerar que dicha norma se encuentra
en pugna con las garantías de imparcialidad, debido proceso y defensa en
juicio; y con la independencia del Ministerio Público, se adentran en el
análisis de la posición actual del querellante en el proceso penal.

De dicha resolución cabe resaltar el voto del Vocal preopinante, Dr.


Eduardo Freiler, quien desarrolla un laborioso estudio de la cuestión,
concluyendo en la necesaria equiparación de la vindicta privada con la
vindicta pública, y explica sus alcances; haciendo especial remisión a cuanto
surge del fallo “Quiroga” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y a las
directrices que sobre el punto emanan de la Constitución Nacional y de los
22

pactos internacionales incorporados, y del modelo de enjuiciamiento que de


allí se deriva.

Así, comienza afirmando que el proceso penal es derecho constitucional


reglamentado, por lo que comparte su doctrina, su esencia y su espíritu. De
ello se sigue que el examen sobre la cuestión sometida a debate debe
comenzar por allí.

En tal sentido, señala el togado que la Constitución Nacional ha optado


por un modelo acusatorio de proceso, y que el debido proceso, derivación del
artículo 18 de la Carta Magna, implica la existencia de acusación, defensa,
prueba y sentencia. La cuestión queda centrada, entonces, en determinar si
la acusación puede ser ejercida, con carácter exclusivo, por la víctima en su
rol procesal de querellante.

Tras apuntar los avances que se han producido en los últimos tiempos
en favor de la independencia del Ministerio Público y del derecho de defensa
del justiciable, el vocal Freiler indica que ahora toca el turno de la víctima,
cuyo recorrido es comparable, si se tiene en consideración que ha ido
incrementado su protagonismo al compás de la evolución constitucional
hacia un proceso acusatorio pleno.

En ese orden de ideas, refiere que “el quid está en el derecho a la


jurisdicción, derecho que en relación a nuestro sistema (legislación federal)
ha sido reconocido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
con especial referencia a la facultad de querellar en juicio penal, como un
derecho fundamental del ciudadano (Informe 28/92 -2/10/92-)”; y agrega:
“de allí que, haciendo jugar los principios de progresividad, irreversibilidad e
interacción entre derecho interno e internacional de los derechos humanos, y
sobre la base de la fuerza asignada por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación a los pronunciamientos de la Comisión (Fallos 318:314 -Giroldi- y
319:1840 -Gramajo-), el derecho de la víctima a la jurisdicción sea un nuevo
derecho fundamental del ciudadano (...)”.

Por lo tanto, luego de analizar el voto del ministro Maqueda en la causa


“Quiroga” del Más Alto Tribunal, concluye sosteniendo que “frente al derecho
fundamental de la víctima devenida querellante, aparece, entonces, la
obligación jurisdiccional de pronunciarse sobre su petición de elevar la causa
a juicio (...)”.Este novel fallo de la Excma. Cámara de Apelaciones en lo
Criminal y Correccional Federal pone, entonces, en pie de igualdad -cuanto
menos en la oportunidad de instar la apertura del debate oral- al
23

representante del órgano acusador público y al ofendido devenido en


querellante particular, lo que marca sin dudas el cambio de paradigma que
se está produciendo en el sistema de enjuiciamiento penal nacional.

Abonan la referida “interpretación” el tenor del considerando 31 del


voto en el aludido precedente “Quiroga” al reconocer que “…la Corte
Suprema de Estados Unidos en el caso "Berger v. United States" ha sostenido
que el fiscal debe actuar tanto con imparcialidad como con firmeza, y que
ello en materia criminal implica que en la persecución criminal no siempre el
fiscal debe ganar el caso, sino lograr que la justicia sea establecida; y que el
fiscal como servidor de la ley tiene una doble función que es que el culpable
no escape y que el inocente no sufra (295 U.S. 78, 1935. Dicha jurisprudencia
se ha repetido en "Banks v. Dretke, Director, Texas Department of Criminal
Justice Correccional Institutions Division", pronunciamiento del 24/2/2004;
Srickler v. Greene, Warden, sentencia del 17 de junio de 1999). También se
ha dicho que el fiscal al representar a toda la comunidad, incluye tanto a las
víctimas, si las hay, como al imputado, por consiguiente tiene la obligación
de actuar imparcialmente (ver: a Katherine Golwasser en "Limiting a Criminal
Defendant's Use of Peremptory Challenges: On Simmetry and The Jury in a
Criminal Trial", en 102 Harvard Law Review, 808, pág. 831)…”.

En definitiva, en mérito a lo que venimos sosteniendo, referencias de la


causa, el contenido crítico de la resolución que nos agravia, las
consideraciones dogmático-constitucionales y los antecedentes
jurisprudenciales indicados, es que solicitamos se revoque la decisión
impugnada, disponiendo se haga lugar a las medidas propiciadas en la
presentación en cuestión, y en la modalidad de estilo y práctica.

b) Desconocimiento del carácter ampliatorio del requerimiento de


instrucción formulado por la Fiscalía a la presentación instrumentada por la
querella particular:

Estrechamente vinculado con el agravio anterior se encuentra el que


consideramos igualmente acreditado en la errónea resolución en análisis y
cual es el desconocimiento del carácter ampliatorio de la presentación
formalizada por esta querella particular en relación al requerimiento de
instrucción oportunamente propuesto por el representante del Ministerio
Público Fiscal.

Pues en todo caso, y en el marco de su “función jurisdiccional” el juez


de grado inferior podría haber requerido su reformulación, sin anticipar su
24

acuerdo o desacuerdo con la “teoría legal” propuesta, para imponer de ese


moldo un “cerrojo”, precisamente en el momento en que aparecía en escena
como probable imputado el ex gobernador de esta provincia.

En realidad, una “estricta separación de funciones” habría aconsejado


que los propios sospechados reclamaran tales supuestas deficiencias y el
modo de subsanarlas (eventualmente planteos de invalidez, nulidad, etc.),
para que desde dichos planteos la propia parte querellante readecuar el
tenor de las proposiciones fácticas, si es que lo consideraba indispensable o
verosímil.

Pero “anticiparse” como se hizo, específicamente hablando afecta el


“rol imparcial” del judicante, que con la excusa de la “función de garantía”
(tergiversando en este punto su rol) se involucra en una eventual estrategia
de una de las partes, para lo cual – naturalmente – en nuestra opinión no se
encuentra legitimado.

Participamos del criterio de que si la acción penal en este proceso ha


sido debidamente instada (a partir del requerimiento de instrucción
propiciado por la agencia fiscal entonces interviniente) en nuestra opinión no
existe obstáculo procesal alguno que impida el ejercer el “derecho
de investigación autónomo” de la víctima (y ello más allá de las
consideraciones que se indican en la resolución acerca de su “oportunidad”,
el estado en el que se encuentra la causa, etc.).

Es que aún en el marco de la “interpretación inquisitiva” de las


facultades de la víctima, en todo caso quedaba aún el recurso (que no se
utilizó en este caso) de remitir las actuaciones a la agencia fiscal
correspondiente para que en su calidad de “titular exclusivo de la acción
penal” (aclaro nuevamente, desde el “formato inquisitivo” de interpretación)
para que opinara y desde allí el que se disponga las continuidad de la
pretensión de la querella particular, se formule o no requerimiento (en el
primero de los supuestos debiendo adoptar algunas de las decisiones que
dispone el art.178 párrafo segundo, y en el segundo de las del art.163
segundo párrafo) 37
.

Como se advierte nada de ello ha sucedido en este proceso,


provocando una injustificada y evidente restricción en los derechos y
atribuciones de la víctima, imponiendo (o pretendiendo imponer) un

37
Nuevamente como medio de asegurar el axioma “ne procedat iudex ex offcio”, de modo analógico normativizado
en el art. 1, párrafo segundo de la ley 24.946, en el ámbito de la jurisdicción federal.
25

“cerrojo” al avance de la investigación en la determinación de


responsabilidades de tipo penal que este querella particular entiende
probable acreditar, y en el marco de la esperable respuesta eficiente de
política criminal, en el caso de mayor repercusión de los últimos tiempos en
esta provincia, y en el contexto del desprestigio (ya no creciente sino
consolidado) del sistema de justicia penal (acerca de revalorizar su función
social, y como suele suceder, discutible en la investigación de sucesos que
“rozan” las puertas del poder político).

Ello así, la referencia contenida en el art. 70 del C.P.P. en cuanto


establece que “…y como tal a impulsar el proceso…”, corresponde sea
reconsiderada en su acepción gramatical 38
como” “…impulsar.(De
impulso).1. tr. impeler…y a su vez impeler.(Del lat. impellĕre).1. tr. Dar
empuje para producir movimiento.2. tr. Incitar, estimular…”; sea en su
“interpretación armónica y hermeneútica” con las previsiones legales y
consideraciones dogmáticas sobre las que me detendré más tarde, como la
facultad de llevar adelante el proceso (de conducirlo) desde los
antecedentes fácticos que les acuerde relevancia político criminal,
denotando dichas conductas en las teorías legales adecuadas, y
formulando las peticiones vinculadas al avance procesal, sin
restricciones que provengan exclusivamente de “decisiones
valorativas-jurisdiccionales” (las únicas controlables como tal), y las
que se corresponden con el “principio de jurisdiccionalidad en
sentido estricto”.

De tal forma, propiciamos se reconozca el objeto de la


presentación formalizada por esta querella particular en la causa,
como igualmente subsumible en las previsiones del art. 171 del
C.P.P., como un “requerimiento ampliatorio” de aquel, especialmente
en casos como el presente en el cual la “querella particular”
sostiene una posición procesal diversa a la del Ministerio Público
Fiscal, y como doctrina que asegure los principios constitucionales
en juego: del debido proceso legal, de igualdad, de bilateralidad, de tutela
judicial efectiva, de acceso a la justicia y de jurisdiccionalidad.

De aceptarse este motivo, corresponde ordenar al juez de instrucción


que se pronuncie en los términos del art.164 del C.P.P.

c) Abandono de la posición de imparcialidad por parte del juez de


instrucción:
38
Véase Diccionario de la Real Academia Española: http://www.rae.es.
26

Finalmente, y como del algún modo lo hemos venido anticipando en los


capítulos que preceden, desarrollaremos a continuación algunos
antecedentes dignos de considerar, con la pretensión de dar sustento al
agravio que se enuncia, dando cuenta que las referencias que seguidamente
se resumirán de la resolución impugnada, acreditarán la cantidad de errores
conceptuales y en otros supuestos de apreciación en los que se incurre,
sistemáticamente analizados como presupuesto de su “pérdida de
neutralidad”.

Si bien metodológicamente hubiera correspondido, en función de la


petición que acompaña a esta causal, tratarla de manera anticipada, hemos
preferido dejarla para el final pues del desarrollo de las otras causales surgen
suficientes evidencias del abandono de imparcialidad del magistrado.

1.En lo que se corresponde con la “oportunidad” de la presentación: De


ningún modo acierta el juez de instrucción en sus expresiones puestas de
manifiesto en el cap. II.1) de este escrito. Puede ya advertirse en la
tramitación de la etapa de instrucción de la causa “Poblete…” que esta
misma querella particular reclamó que se disponga un cambio en el
direccionamiento de la investigación, centralmente hacia “conductas típicas
conexas” a la del autor inmediato. En dicha oportunidad este mismo juez no
hizo lugar a la petición, bajo la remanida fórmula del “…téngase presente…”.
Incluso las “facultades investigativas” que el mismo juez se irrogó llegaron al
extremo de impedir (literal y procesalmente hablando) de que esta misma
querella formule las proposiciones fácticas que consideraba conveniente en
función de la teoría legal escogida (distinta de la del Ministerio Público Fiscal,
y bueno es mencionar, por la que finalmente se lo condenó por la sentencia
de la Cámara Criminal Primera de esta Ciudad). De modo público y reiterado
esta querella particular manifestó su disconformidad con el tramitar de esta
segunda investigación, y de modo coherente intervino en su tramitación . El
39

desarrollo del juicio oral acreditó más allá de toda duda razonable –
incorporación mediante de “información de buena calidad” – del contexto del
accionar policial (básicamente de un actuar planificado, con objetivos
predeterminados y específicos) y es a partir de allí que la querella se
encontraba en condiciones de utilizarlo. La “oportunidad” a la que se alude
en la presentación, es a ciencia cierta un argumento que pretende neutralizar
los efectos posibles de sus peticiones, buscando no expedirse sobre su
contenido sustancial, en función de que acepta que los tiempos de
tramitación de una causa de estas características no pueden ser rígidos y
39
Obviamente, no participando de “actos de investigación” que partían de un análisis parcial y erróneo de los
elementos de prueba reunidos tanto en la causa “Poblete…”, como en las presentes actruaciones.
27

ajustados a un “molde predeterminado” (plazos originariamente establecidos


en el C.P.P.), sino “flexibles” y enmarcados en el desarrollo de la garantía de
obtener un pronunciamiento en tiempo razonable de la que obviamente
gozan los imputados (y obviamente el “sospechado pendiente” también). Por
ello desconocemos que la presentación resulte tardía o inoportuna. Dicha
apreciación proviene de un análisis parcial, producto de su subjetividad sobre
la investigación que él mismo condujo, y sesgado por la ineficacia, respecto
de la que si el juez instructor estuvo de acuerdo en respaldar.

2.La insistencia en la mención en cuanto a la eventual dilación en el


proceso de proveerse la petición de la querella particular, resulta errónea y
nuevamente brinda elementos para respaldar la hipótesis de abandono o
pérdida de la imparcialidad subjetiva de quien resuelve.

Como destacáramos en la presentación en disputa, en función de los


estándares reconocidos en lo que se refiere a la duración razonable del
proceso penal (véase su capítulo V), teniendo en cuenta su complejidad
(desconocida por el juez hasta ahora interviniente, y ello en función de la
cantidad de testigos que centralmente depusieron en la referenciada causa
“Poblete”, de los informes técnicos que intentaron realizarse y que en esta
oportunidad el juez pretende negar su admisibilidad, pertinencia e
importancia, la dificultad propia en casos como el presente en el cual el
“aparato represivo estatal” es utilizado en forma absolutamente ilegítima y
arbitraria (prueba de lo cual lo representa la actitud evasiva asumida con la
casi totalidad del personal policial citado como testigo en el juicio oral y
público de la causa “Poblete”), claramente no resulta vulnerado.

En tal sentido y estrictamente hablando (más allá de argumentos


efectistas y forzados) desde la convocatoria dispuesta a los actuales
imputados en esta causa, ha transcurrido – al momento de concretarse la
presentación de la querella particular que motiva este recurso, un tiempo en
modo alguno prolongado en función de tales circunstancias, en los cuales se
ha recopilado básicamente prueba testimonial, algunos pedidos de informes,
estudios técnicos fracasados por diversas razones, una de ellas motivada por
la excesiva demora en el trámite de la autorización para el pago del costo
que demandaría.

La ampliación de indagatoria y la nueva imputación que propone la


“querella particular” no necesariamente provocaría una “dilación
injustificada” (reverso de la garantía en juego), y en todo caso luego de
28

observadas las estrategias de la defensa, el panorama sobre este punto


podría quedar más claro.

Se advierte, entonces, que no nos encontramos frente a un proceso


abandonado en lo que se corresponde con las expectativas de la víctima
(justificación de su intervención como parte autónoma en este proceso) , o
cuya posterior tramitación pueda insumir un tiempo “excesivamente
injustificado”.

3. En lo que se refiere a la “calidad”, “precisión” o “taxatividad” de las


proposiciones fácticas que se detallan en la presentación, más allá de la
circunstancia de que el respeto irrestricto de la “separación de roles” hubiera
aconsejado proviniera de los propios imputados , sin dificultad sus eventuales
“contradicciones” – sobre las que cabe el señalar en verdad no advertimos –
podrían sanearse con su reformulación o rectificación.

4. La valoración acerca de la nueva imputación formalizada, en cuanto


a que no se habrían incorporado nuevos elementos que la justificaran
(diversos de aquellos que fueron el antecedente de su comparendo como
testigo en el juicio oral de sub mención) nuevamente resulta una apreciación
groseramente errada (y teñida por el sesgo parcial de la visión del judicante).

En primer lugar, porque la justificación de tal comparendo se


correspondió con la imposibilidad de reunir “información” sobre el tipo de
órdenes que se dieron en la ocasión, quienes las ejercitaron, en que contexto,
bajo que condiciones de control y supervisión, no sólo por la citada “actitud
evasiva” , sino especialmente porque la gran mayoría de los jefes policiales
se encontraban imputados en la presente investigación.

Basta a tal fin repasar la video filmación en la que se ha registrado la


petición de la querella y la decisión del tribunal.

Por el contrario, la fundamentación – a la cual nos remitimos por


estrictas razones de brevedad – que se desarrolló en la presentación de la
querella en este caso (véase cap.VI.2) dan cuenta de que resultaron
antecedentes diametralmente distintos, desde la caracterización de las
conductas que se pretenden imputar, en un cuadro fáctico que hasta el
momento el “titular de la acción penal pública” ni siquiera había considerado
40

40
Téngase presente que es el propio juez de instrucción quien reconoce y acepta que entre tales conductas existen
puntos de contactos y conexidad.
29

La afirmación – entonces – de no existir “nuevos elementos” tropieza


con dichos antecedentes, y aparece como una nueva manifestación de la
“conducta parcial y escasamente neutral” del juez instructor.

5. La alternativa a una posible investigación de las “conductas”


propuestas por la querella particular como que podrían investigarse en una
tercera causa penal por el mismo hecho, resulta de igual forma equivocada.

Es que otro proceso acerca de similares (conexas) conductas,


incorporación mediante de la misma fuente de información que las dos
restantes, provocaría – por un lado – un dispendio de recursos públicos
claramente injustificado, con más la probable afectación a determinadas
garantías procesales (verb. ne bis in idem), y la sustanciación y desarrollo de
un debate oral y público, con un objeto procesal fragmentado, dimensión que
desde el punto de vista de la resolución adecuada del conflicto que nos
ocupa, aparece como disvaliosa e irrazonable. En nuestra opinión, es
evidente que en este caso un análisis conjunto, integral, armónico y
sistemático de la cantidad de incongruencias, yerros, contradicciones y –
fundamentalmente – del desconocimiento a la querella particular de
asegurarle alternativas de investigación en la búsqueda de la “verdad” de lo
sucedido, lo colocan al juez de instrucción en una “posición de parcialidad”
en el futuro procedimiento a observarse en esta causa, sin perjuicio de la
resolución que merezca este recurso de apelación, aunque aguardamos
permita con un pronunciamiento favorable a la pretensión de esta parte, su
adecuado re encausamiento.

Bien sabido es que, vinculado con el agravio en desarrollo, el Tribunal


Europeo de Derechos Humanos ha señalado que en materia de imparcialidad
del tribunal lo decisivo es establecer si, ya desde el punto de vista de las
circunstancias externas (objetivas), existen elementos que autoricen a
abrigar dudas con relación a la imparcialidad con que debe desempeñarse el
juez,con prescindencia de qué es lo que pensaba en su fuero interno, y
siguiendo el adagio "justice must not only be done:it must also be seen to be
done" (conf. casos "Delcourt vs. Bélgica", 17/1/1970, serie A, n 11, párr. 31;
"De Cubber vs.Bélgica", 26/10/1984, serie A, n 86, párr. 24).

Que, por su parte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos al


establecer el alcance del derecho a ser oído por un tribunal imparcial (art.
6.1), tiene elaborado un estándar objetivo y otro subjetivo, este último
vinculado al estado anímico de la persona que juzga. Por su parte el
"objetivo" alude a la imparcialidad orgánica y al principio que señala que la
30

justicia no sólo tiene que ser imparcial sino parecerlo, único modo de
cimentar la confianza de la sociedad en ella. Así ha considerado que resulta
contrario a ese estándar objetivo de imparcialidad un juez que haya estado
involucrado anteriormente con funciones de persecución respecto del mismo
caso (Piersack V. Bélgica, TEDH 1/10/82. A 53), o cuando el juez o tribunal
ejerce simultáneamente funciones jurisdiccionales y persecutorias
(Kristinson v. Islandia, TEDH 1.03.90, A 177-B y Kyprianou v. Chipre,
TEDH 27.01. 2004), o cuando el fiscal es el que ejerce, además de las
persecutorias, funciones jurisdiccionales (Huber v. Suiza, TEDH 23.10.90,
A.188) o cuando el tribunal que juzga ejerce también funciones de instrucción
(Cubber v. Bélgica, TEDH 14.9.87, A 124-B).

Que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sostenido que la


jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, constituye un
parámetro válido para la interpretación de las garantías constitucionales que
se hallan biseladas por disposiciones de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (Fallos: 318:2348; 319:2557; 322:1941, entre otros).

Que tales criterios jurisprudenciales han sido receptados por la


Comisión Interamericana de Derechos Humanos como aplicables a la
interpretación de la garantía del art.8.1., de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (conf.Informe 5/96, del 1 de marzo de 1996, caso
10.970, Mejía vs.Perú), al expresar que "...la imparcialidad objetiva exige que
el tribunal o juez ofrezca las suficientes garantías que eliminen cualquier
duda acerca de la imparcialidad observada en el proceso" (loc. cit.).

Es que en el caso concreto, la actividad del juez de instrucción, frente


al estímulo externo que representa la petición de la querella particular
reacciona impidiendo la continuidad de la persecución, asumiendo un
“compromiso activo” en contra de ella, lo cual es susceptible de “…generar
dudas en cuanto a la imparcialidad…esto es permaneciendo
ajenos…”(tomando las referencias del voto del Dr. Zaffaroni, en el
considerando 18 de la causa “Quiroga”)

En función de este motivo lo que corresponde es decretar la NULIDAD


de la resolución impugnada, de conformidad con lo previsto por el art. 151
párrafo segundo del C.P.P., en función dcel art. 8.1. del Pacto de San José de
Costa Rica.

III. RESERVAS:
31

Que formulamos expresa reserva de promover el recurso de queja –


para el supuesto de que el presente no sea concedido – o el recurso de
casación para el caso de que concedido la decisión de la Cámara de
Apelaciones Provincial no comparta las peticiones que se instrumentan por la
presente, teniendo en cuenta que de rechazarse - en nuestra opinión -
resultarían vulneradas las garantías constitucionales vinculadas al alcance
que es dable acordarle a “formas sustanciales básicas del proceso”,
estrechamente vinculadas con los contenidos del “derecho de tutela judicial
efectiva de la víctima”, del “principio de contradicción y bilateralidad”, y que
por tal razón su desconocimiento no haría más que provocar un gravámen
claramente irreparable, de imposible subsanación ulterior.

Ello así, por las fundadas razones que hemos explicitado relativas a la
correcta “doctrina legal” que debe aplicarse en el caso en desarrollo, y
particularmente en relación a la “derecho de intervención autónoma” que
cabe el reconocerle a la víctima en el proceso y su correspondencia con su
“correcto alcance constitucional”; razones todas que ameritan el dejar
introducido en tiempo y forma el debido caso federal, en función de la
suficiente gravedad institucional que representaría dichas resoluciones
jurisdiccionales, efectuando la reserva del recurso extraordinario de
apelación que prevé el art.14 de la ley 48.

IV. Por todo lo expuesto, por las razones dadas y en virtud de las
normas señaladas,

Solicitamos:

1. Se conceda el recurso de apelación interpuesto, y se disponga la


remisión de las actuaciones al tribunal de la impugnación a fin de que
conozca del mismo.

2. Oportunamente se revoque la resolución cuestionada, en el límite y


con los alcances desarrollados en esta presentación.

3. En subsidio, se tengan presente las reservas formuladas en el cap. III

Proveer de conformidad, SERÁ JUSTICIA.