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En busca de una nueva estructura.

Cuando ya se había consumado la Independencia el poder estaba concentrado en grupos privilegiados: grandes comerciantes, jefes de la Iglesia y mandos militares. La religión católica continuaba como la única fe permitida, los bienes y empleos de peninsulares, criollos y demás propietarios no iban a ser cuestionados. Pero la otra parte de la población que había dado fuerza al movimiento apenas se podía expresar. Y los problemas sociales y económicos no se habían resuelto, por eso los primeros 30 años de independencia fueron un periodo conflictivo, de búsqueda de la forma en que se debería convertir el nuevo país. La situación en el mundo estaba adquiriendo nuevas características; las antiguas colonias iglesias de Norteamérica había proclamado su independencia en 1776, empezaban a desarrollarse industrialmente y practicaban una activa política de expansión territorial, económica, militar y política, con fuerte repercusión sobre América Latina. En la lucha por la independencia se habían expresado dos grandes objetivos, que correspondían a diferentes sectores sociales: desembarazarse del predominio español y por otra parte liberarse de la explotación y de la opresión. La población que estaba constituida por 7 millones aproximadamente, estaba distribuida en forma muy desigual; en su 90% vivía dispersa en el campo. En el aspecto legal todos eran iguales en derechos, al haber quedado abolida la esclavitud y las leyes que discriminaban a indios, negros y mestizos. La economía estaba en situación desastrosa. El comercio exterior que había con España decayó gravemente. El intercambio en el interior del nuevo país se veía seriamente obstaculizado por la destrucción de los caminos y por la inseguridad reinante. Muchas minas estaban inutilizadas y se requerían fuertes capitales para reanudar su actividad. Se intentó impulsar la creación de fábricas, mediante créditos estatales, el fomento de la inversión extranjera y facilidades para la importación de materias primas, pero el progreso fue lento. Entre 1850 y 1854 se introdujeron innovaciones de importancia: se tendieron las primeras líneas telegráficas, de México a Veracruz y al Bajío; también se inicio la construcción de ferrocarriles. En ese periodo se produjeron continuas luchas entre el Estado y la Iglesia, a pesar de que reconocía a la religión católica como la única permitida. La iglesia seguía disponiendo de gran peso económico, gracias a sus propiedades y a los préstamos con que financiaba muchas actividades. La educación y la vida cultural en el México independiente heredaron una población carente de instrucción, aunque el gobierno español, en las últimas décadas de la Colonia, había ordenado crear en cada pueblo una escuela primaria gratuita, medida que surtió poco efecto.