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¿Qué es y para qué es la perspectiva de género?

¿Cómo explicarías la situación actual de la sociedad mexicana en cuanto a la perspectiva de género, en el ámbito profesional, educativo y cultural?. David Alejandro Delgado Arroyo

De acuerdo con el Libro de Texto para la Asignatura: perspectiva de Género en Educación Superior: “Qué es y para qué es la perspectiva de Género” del Instituto de la Mujer Oaxaqueña Ediciones: “La perspectiva de género puede entenderse como un punto de vista, a partir del cual se visualizan los distintos fenómenos de la realidad (científica, académica, social o política), que tienen en cuenta las implicaciones y efectos de las relaciones sociales de poder entre los géneros (masculino y femenino, en un nivel, y hombres y mujeres en otro)”. “El pensamiento académico feminista comienza a utilizar el concepto de género para oponerlo al de sexo, pretendiendo con ello desplazar el análisis de las relaciones de poder entre hombres y mujeres (que, en todas las sociedades conocidas, se traducen en la subordinación de éstas últimas) del terreno de la biología al de la cultura y el orden simbólico”. “El concepto de género es, en primer lugar, un instrumento de análisis para explicar y describir las relaciones sociales de poder entre hombres y mujeres. Cierto. Pero, al igual que todo concepto científico, la idea de género ha sido construida desde una inquietud política clara y distinta: la preocupación feminista por la condición subordinada de las mujeres y por las consecuencias de esa subordinación”. En consecuencia es una perspectiva para el movimiento feminista de reivindicaciones de relaciones de poder en la sociedad y para la visibilización de las mujeres. En cuanto a la situación actual de la sociedad mexicana en relación a la perspectiva de género veamos algunas consideraciones estadísticas. De acuerdo con los indicadores de ocupación y empleo al tercer trimestre de 2012, la población económicamente activa en México es de 51,378,927, de esta cantidad el 61.80% son hombres y el 38.2% son mujeres, en este sentido, todavía la presencia de la mujer en la actividad económica está en una relación de casi 2 a 1. A su vez, la población ocupada es de 48,732,252; de los cuales 61.88% son hombres y el 38.12% son mujeres; en tanto que la población desocupada es de 2,646,675, de los cuales 60.33% son hombres y el 39.67% son mujeres. Estas cifras son reveladoras de que no existe una brecha significativa de género entre quienes buscan un empleo, si bien es cierto favorece a los hombres marginalmente a los hombres, las cifras no nos muestran una gravedad intensa entre quienes buscan empleo; más bien la diferencia se encuentra en las cifras relatadas en el párrafo anterior, ya que una cantidad importante no sale a buscar empleo, sobre todo al ubicarse en el rol de amas de casa con exclusividad. Ahora bien, los siguientes datos nos muestran un aspecto importante de la transformación en materia de género. Dentro de la población ocupada, 6,737,884 mexicanos pertenecen al sector primario de la economía, de éstos, el 88.36% son hombres y el 11.64% son mujeres; por su parte, 11,504,587 pertenecen al sector secundario, de los cuales 74.29% son hombres y el 25.71% son mujeres; finalmente, 30,171,041 pertenecen al sector terciario, en donde el 51.17% son hombres y el 48.83% son mujeres. A éstos datos hay que complementarlos con que la población ocupada se encuentra en un 13.83% en el sector primario, en un 23.61% en el sector secundario y en un 61.91% en el sector terciario de la economía. Esta distribución de la población por actividades económicas puede correlacionarse con que en 2010, el INEGI reporta en México un 77.8% de Población Urbana. Los datos descritos en el párrafo anterior son reveladores de que la urbanización en México ha traído consigo un desarrollo importante del Sector Terciario de la Economía, es decir, del sector servicios; ello ha representado, como lo muestran las cifras, que las mujeres participan casi a la par de los hombres en el Sector Terciario de la Economía.

Otro dato revelador es que el promedio de escolaridad de la población económicamente activa es de 9.40 años, siendo de 9.20 años en hombres y de 9.80 en mujeres; lo cual es sumamente significativo del desarrollo que han tenido las mujeres en el país. Asimismo es importante el dato del INEGI en el sentido de que en 2010 el porcentaje de la población de 24 años y más con algún grado aprobado en estudios superiores es de 17.8%, que para hombres es de 19% y para mujeres del 16.7%, que en el caso de las mujeres prácticamente se ha duplicado puesto que en 2000 eran el 9.8%. Otra perspectiva de la Mujer tiene que ver con su presencia en las altas responsabilidades públicas, como lo es ser diputada o senadora; en este tema, resulta relevante que en el pasado proceso electoral federal 185 mujeres son ahora diputadas que representan el 37% y 42 senadoras que representan el 32.81%; sin embargo, lo que se tiene en el marco nacional, no necesariamente coincide con la proporción en la representación sementada por Entidades Federativas. A pesar de lo anterior, subsiste en la discusión pública, cómo lograr el equilibrio entre el incentivar la democracia interna en los partidos políticos y garantizar cuotas de género. En este sentido diversas resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación fueron contradictorias, porque si bien es cierto la Sala Superior dio prioridad en el dilema a la cuota de género; la Sala Regional del Distrito Federal ante un Juicio para la protección de los derechos políticos de los Mexicanos, le dio prioridad a la democracia interna, a costa de la cuota de género. En este sentido, es necesario valorar si el asunto se resuelve mediante una estrategia de fortalecimiento de los liderazgos femeninos desde los partidos políticos y no mediante cuotas de género. Por otro lado, el problema de la perspectiva de género desde la visión subjetiva del feminismo bajo la lógica del empoderamiento y de la visibilización radica en que no ha considerado de manera seria la armonización de géneros y la nueva formación de roles en la familia orientada hacia responsabilidades comunes y formación de valores. Por el contrario, la discriminación positiva que genera esta perspectiva puede generar resentimientos frente a una lucha de géneros, en donde las reinvindicaciones puedan generar un feminismo al estilo machismo, solamente invirtiendo las relaciones de poder y no equilibrándolas democráticamente. La perspectiva de género desde un punto de vista subjetivo termina invisibilizando los problemas y derechos de los hombres frente a las relaciones de pareja; convierte el asunto de género en la única razón de los problemas intrafamiliares o de violencia. Nos lleva a problemas como tipificar feminicidios cuando la demostración fehaciente de un móvil de género podría estar oscureciendo otros problemas. Así como ha crecido la participación de la mujer en la vida económica, también lo pudiera estar creciendo en los asuntos de delincuencia que se constituyeran en el móvil. Porque pareciera que la perspectiva de género se maneja en términos de género bueno y malo, en términos de género violento y no violento. Un dato revelador sobre este problema lo constituyen los resultados de la Consulta Infantil y Juvenil 2012, cuando se le pregunta a las niñas de 6 a 9 años participantes “Yo siento que en mi casa, Me maltratan y me pegan” el 11.3% contestó que si a nivel nacional; mientras que los niños de 6 a 9 años contestaron que si en un 14.5%. Es decir, la perspectiva de género nos orilla a defender a las mujeres y a las niñas visibilizándolas como la parte más vulnerable, asumiéndose como el género débil que requiere apoyos extraordinarios, y en esa acción, deja en la oscuridad el problema que se presenta en los niños, sin atención, sin visibilidad, luego entonces, lo que se aprende en la niñez se reproduce en la edad adulta, en consecuencia si se aprende que es mediante la violencia como se resuelven los asuntos, luego entonces, ese niño estará preparado para reproducir la violencia, y entonces, el problema esencial que es la violencia, no se atiende por una perspectiva de género mal aplicada. Además, la nueva formación de roles en la familia no es sólo un asunto de un solo género, sino de ambas partes, por ello, no solamente en los asuntos familiares, sino también sociales, profesionales y culturales, es indispensable la concientización de género de ambas partes.