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MARMORA ROMANOS EN HISPANIA, C ARRANQUE, 2011, ISBN: XXX-XX-XXXXX-XX-X, pp. 223-244

Mármoles y marmorización arquitectónica en Noua Karthago: nuevas evidencias de El Molinete 1

José Miguel Noguera Celdrán 2 y María José Madrid Balanza 3

En 1987, Sebastián Ramallo y Rafael Arana publi- caron un pionero ensayo en el que, por vez primera, se sistematizaron las piedras y mármoles locales, así como los marmora importados, utilizados en Carthago Noua y su territorio más inmediato, analizando aspec- tos como su identificación y empleo para la elabora- ción de elementos arquitectónicos, esculturas y soportes epigráficos, entre otros, casi todos ellos sin contexto arqueológico preciso (Ramallo y Arana, 1987). Tras esta primera aproximación al proceso de marmorización de la colonia, sin duda los hallazgos propiciados por la excavación de su teatro y el consi- guiente hallazgo de un nutrido conjunto de materiales arquitectónicos, ahora bien contextualizados epigrá- fica y arqueológicamente, en particular capiteles co- rintios y basas labrados en mármol de Luni-Carrara junto a tambores de fuste trabajados en travertino ro- jizo de las canteras de Mula (Soler, 2005a, 141-164), unos y otros pertenecientes a los órdenes de la scaenae frons del edificio, permitieron matizar y concretar va- riados aspectos del fenómeno de transformación y monumentalización de la ciudad en época augustea y del recurso a marmora locales y de importación, con- cebidos como elementos de prestigio con que reafir- mar el trasunto político e ideológico de los grandes conjuntos arquitectónicos promovidos en este perí- odo por las elites locales, asistidas por patrocinadores entre los que cabe referir a miembros de la casa im- perial y su círculo más inmediato 4 . Más recientemente, la marmorización de la colonia ha sido abordada con fina intuición por Begoña Soler, quien en múltiples trabajos ha sistematizado sus fases y los principales marmora empleados en cada una de ellas; gracias a ellos, ahora sabemos bien que el proceso no se cir- cunscribe, como era de esperar, únicamente al perí-

odo augusteo, sino que encuentra tímidos preceden- tes en las últimas décadas de la República tardía y se prolongó por medio de hitos bien estudiados en épo- cas flavia y trajánea, momentos estos en que parecen haberse propiciado ulteriores procesos de marmori- zación conocidos por la documentación epigráfica y, sobre todo, arqueológica 5 . A los hallazgos bien contextualizados del teatro y a los trabajos de Soler cabe sumar, ahora, los hallazgos de nuevos elementos arquitectónicos recuperados, en el transcurso de las excavaciones de 2008 y 2009 en la insula I de El Molinete, en los denominados Edificio del atrio y Termas del Foro 6 (fig. 1); en uno y otro se han constatado niveles de derrumbe, que documentan cómo se produjeron sus colapsos y consiguientes rui- nas, en los cuales se ha recuperado un interesante con- junto de materiales –básicamente capiteles de columna, tambores de fuste y basas– que, junto a los conservados in situ, constatan los órdenes de ambos conjuntos (toscano provincial en el Edificio del atrio, y jónico y corintio en la palestra termal), permiten es- tablecer observaciones útiles a efectos de la cronolo-

  • 1 Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación titulado

Roma y las capitales provinciales de Hispania. La gran arquitectura pública

de Carthago Nova (ref. n.º HAR2009-14314-C03-03), subvencio- nado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y parcialmente co-

financiado con fondos FEDER.

  • 2 Universidad de Murcia.

  • 3 Excavación Arqueológica de El Molinete.

  • 4 Entre otros trabajos del autor: Ramallo, 1996, 221-234; id., 2003, 189-212; id., 2004, 153-218; id., 2006, 451-470.

  • 5 Al respecto, uide Soler, 2003, 149-188; id., 2004, 455-483; id., 2005b, 29-64; id., 2008, 711-732; id., 2009a, 413-425; id., 2009b,

121-165.

  • 6 Los resultados preliminares de estos trabajos pueden consultarse en:

Noguera y Madrid, (eds.), 2009a; Noguera y Madrid, 2010, 103-132.

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Figura 1. Molinete, Cartagena. Recreación virtual de la insula I y sus edificios (realización: Balawat.com; dirección científica: J. M. Noguera Celdrán y M.ª J. Madrid Balanza).

gía fundacional de uno y otro y, lo que más interesa al objeto de este trabajo, posibilitan ahondar nueva- mente en los fenómenos de marmorización de la co- lonia ligados, en este caso, a los proyectos urbanísticos y arquitectónicos acometidos después de la fundación colonial de mediados del siglo I a.C., recurriendo para ello a diversos marmora locales y de importación. A la fase del Segundo Triunvirato o a los primeros años del Principado de Augusto corresponde el orden del Edificio del atrio, en tanto que a la etapa de transición entre el período augusteo tardío y los comienzos de la edad tiberiana podrían asignarse los órdenes de la pa- lestra de las termas. Los elementos del orden de aquél fueron trabajos en mármoles blanquecinos de proce- dencia local tempranamente explotados, en tanto que para la palestra se emplearon piedras locales combi- nadas pertinentemente con los marmora de prestigio de la época, tanto autóctonos como foráneos.

El Edificio del atrio y su orden arquitectó- nico marmóreo

El desarrollo planimétrico del Edificio del atrio no se ha podido definir aún por completo pues todavía está en curso de excavación, pero la información dis- ponible permite plantear una primera aproximación a la secuencia evolutiva y principales caracteres del con- junto arquitectónico en cada una de sus fases, que son reflejo de la historia de la ciudad durante más de cinco siglos. Su fundación (fase Ia) puede fecharse, como más abajo expondremos, en el último cuarto del siglo

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I a.C. a partir de la datación asignable al orden arqui- tectónico de su atrio. El Edificio del atrio es una construcción de aproxi- madamente 1200 m 2 realizada casi íntegramente en mampostería (figs. 2-3); emplazado en el sector más oriental de la insula I, debe su nombre al hecho de ar- ticularse alrededor de un pequeño atrio de planta rec- tangular con pozo en el centro, con acceso desde las fauces a las que se entraba desde el decumanus II, que delimitaba el edificio por el sur, y cuya techumbre sus- tentaban cuatro columnas, íntegramente elaboradas en mármol de las canteras del Cabezo Gordo, con basas áticas y capiteles toscanos 7 . En su galería meri- dional se dispuso una caja de escalera para acceder al primer piso, en tanto que al norte se abría directa- mente a una estancia rectangular (hab. n.º 15), a la que se accedía en origen por medio de un amplio vano adintelado sustentado por una columna central (fig. 4). Flanqueando el atrio se dispusieron cuatro amplias aulas, de más de 80 m 2 cada una, sustentadas por tres columnas de igual tipo de mármol que las del atrio y posiblemente coronadas también con capiteles tosca- nos. Al sur del edificio se dispuso el resto de estan- cias, de planta rectangular alargada, posiblemente dedicadas al servicio. La funcionalidad exacta de la construcción, empla- zada en un área pública de la ciudad inmediata al sec-

7 Un detallado análisis del edificio en: Noguera, Madrid y García, 2009, 122-141. Sobre los capiteles toscanos de la ciudad: Martínez, 1998, 326-327, n.º 8-9, fig. 2, 7; Madrid, 1997-1998, 149-180.

Figura 2. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio, fase I. Vista aérea (foto: J. G. Gómez Carrasco).

Figura 2. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio, fase I. Vista aérea (foto: J. G. Gómez Carrasco).

Figura 2. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio, fase I. Vista aérea (foto: J. G. Gómez Carrasco).

Figura 3. Molinete, Cartagena. Recreación virtual del Edificio del atrio. Fase I (época cesariano/augustea-julio-claudia) (realización: Ba- lawat.com; dirección científica: J. M. Noguera Celdrán y M.ª J. Madrid Balanza).

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Figura 4. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase I. Vista del atrio y, detrás, de la hab. n.º 15 (en esta fase no existía el posterior muro de separación entre ambos espacios ni el larario) (foto: M.ª J. Madrid Balanza).

tor del foro, aún se nos escapa con la información ar- queológica disponible, si bien recientemente hemos planteado en base a su tipología arquitectónica y a otros indicios ya reseñados en otra sede y en los que ahora no podemos reincidir, la eventualidad de que pudiera tratarse de una Banketthaus o edificio para la celebración de banquetes de carácter ritual, celebra- dos en el contexto de alguna corporación o asocia- ción de la colonia (Noguera, Madrid y García, 2009, 128-138), quizá vinculada a una adyacente area sacra constatada en la vecina insula II, tal vez vinculable con cultos de raigambre oriental (Noguera, Madrid y Gar- cía, 2009, 133, láms. 97-98). Su uso debió permanecer invariable posiblemente hasta bien entrado el siglo II o en los principios del III, a pesar de que a finales del siglo I d.C. o en las prime- ras décadas del siguiente se produjeron en el edificio algunas modificaciones sustanciales que afectaron a la hab. n.º 15, la cual quedó separada del atrio mediante una pared de ladrillo y tapial en cuya fachada meridio- nal se construyó un larario (fig. 5); además, las te- chumbres de las grandes aulas fueron apuntaladas mediante toscos y potentes pilares de sillares de piedra caliza, dispuestos en los ejes de las estancias y acaso re-

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matados por capiteles procedentes de otros edificios y reutilizados en esta época, de entre los cuales destaca uno jónico-itálico tallado en un bloque de travertino rojo de las canteras de Mula 8 . A finales del siglo II o los comienzos del siguiente, el conjunto cambió radical- mente su funcionalidad (fase III), encajándose en él va- rias viviendas de carácter familiar abiertas al antiguo atrio, ahora concebido como un patio de vecinos, po- siblemente como consecuencia de un proceso de venta del edificio por sus anteriores propietarios (Madrid, Murcia, Noguera y Fuentes, 2009, 226). Esta dinámica de abandono y reocupación de un importante edificio público acredita los procesos de transformación urbana que comenzaron en la segunda mitad del siglo II y que se acentuaron en el devenir del siglo III, momento en que otros importantes edificios de la colonia, como la curia, también fueron abandonados y, quizá, reocupa- dos. Tras el incendio, colapso y posterior abandono del complejo acaecido a finales del siglo III o inicios del IV d.C., fue parcialmente reocupado en el siglo V, mo-

8 Noguera, Madrid y García, 2009, 139; Noguera y Madrid (eds.), 2009a, 288, n.º 38 (M.ª J. Madrid).

MÁRMOLES Y MARMORIZACIÓN ARQUITECTÓNICA EN NOUA KARTHAGO: NUEVAS EVIDENCIAS DE E L MOLINETE

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Figura 5. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase I (época cesariano/augustea). Perspectiva desde el sur (foto: J. Gómez Carrasco).

mento que debe relacionarse con la tardía recuperación de la ciudad tras su nombramiento como capital de la provincia Carthaginense acaecida con ocasión de la re- forma administrativa de Diocleciano. En el transcurso de la excavación de los niveles de derrumbe de los alzados del atrio (fig. 6) y de algunas de las estancias que lo rodeaban, los cuales pueden fe- charse por sus contextos cerámicos asociados hacia finales del siglo III o los inicios del IV, se ha recupe- rado, como hemos referido, un interesante conjunto de elementos arquitectónicos, todos ellos labrados en mármol local de las canteras del Cabezo Gordo 9 , que permiten definir el orden de las columnas de susten- tación de la techumbre a cuatro aguas del atrio y las de las grandes aulae y la hab. n.º 15 que lo flanqueaban. Se trata, básicamente, de varios tambores de fuste y dos capiteles toscanos derruidos, a los que cabe sumar dos basas áticas y sus correspondientes tambores de fuste localizados in situ en la crujía occidental del atrio (fig. 7), así como el imoscapo de la columna que sostenía el dintel que separaba a aquél de la hab. n.º 15 (fig. 8) y el de las tres que sustentaban la cubierta plana de las referidas aulae (bien constatadas en la n.º 14) (fig. 9). El esquema compositivo de las basas recuperadas (Noguera y Madrid, 2009b, 167) (fig. 10) combina dos

toros de sección semicircular, prácticamente idénticos entre sí, separados por una estrecha escocia de fondo plano, a su vez enmarcada por sendos filetes de diá- metros desiguales; a continuación, un caveto sobre lis- tel sirve de transición con el imoscapo del fuste. Piezas análogas se constatan en Tarragona (Gimeno, 1991, 74-75, n.º 27, fig. 25), Córdoba (Márquez, 1998, 70, n.º 418; y 117-118, fig. 1.4, lám. 2.3), Baelo Claudia, Conimbriga y el norte de África (Jodin, 1977, 311-314, fig. 10-11). Las tarraconenses y norteafricanas (basílica civil de Volubilis, Sala y Cotta) se fechan, según sus editores, en época republicana tardía, en tanto que los ejemplares de Conimbriga y Baelo son más tardíos: los ejemplares del foro de Conimbriga, de perfil muy simi- lar a los cartageneros, son de edad augustea (Alarcão y Étienne, 1977, 32-33, lám. XVI.3), en tanto que los del macellum de Belo se sitúan hacia finales del siglo I o inicios del II (Didierjean, Ney y Paillet, 1986, 149, 152, 253, fig. 108-109), aunque en todo caso podrían proceder de un taller establecido en la ciudad tras el seísmo de la primera centuria para dedicarse a la re-

9 Ramallo y Arana, 1987, 52-59 y 68-69; Àlvarez, Domènech, La- puente, Pitarch y Royo, 2009, 32-37.

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Figura 6. Molinete, Cartagena. Derrumbe de la estructura arquitectónica del atrio del edificio homónimo, acaecida hacia mediados del siglo III (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 7. Molinete, Cartagena. Columna, en mármol local, del ángulo noroeste del atrio del edificio homónimo (foto: Equipo del Molinete).

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producción de obras según patrones augusteos (Si- llières, 1994-1995, 297-298). Por otro lado, los dos capiteles, labrados en mármol blanco local del Cabezo Gordo, fueron hallados en el nivel de derrumbe de los alzados del atrio, el cual puede fecharse por el contexto cerámico asociado hacia finales del siglo III o los inicios del IV. La altura de estos capiteles es de 26,8 cm, en tanto que el diá- metro en el sumoscapo es de 41,5 cm 10 . Se trata de capiteles toscanos (fig. 11), labrados en un único blo- que marmóreo, compuestos por ábaco cuadrangular, óvolo, listel y parte del sumoscapo correspondiente al tambor liso de la columna tallado en la misma pieza, unidos ambos con una suave apófisis. En la base del sumoscapo, un punto inciso marca el eje para la eje- cución del mismo. La superficie de labra conserva huellas del uso de la gradina y del cincel. La referida secuencia de molduras permite asimilarlos al tipo IV de Lezine (1955, 13) o al tipo Ia de Broise (1969, 16), donde el equino está constituido por una moldura en cuarto de círculo o convexa. Elementos semejantes se constatan en la península Itálica (Shoe, 1965, lám. 38,

10 Noguera y Madrid, 2009b, 167; Noguera y Madrid (eds.), 2009a, 287, n.º 37 (M.ª J. Madrid).

Figura 8. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase II (finales del siglo I-inicios del II d.C.).

Figura 8. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase II (finales del siglo I-inicios del II d.C.). Muro de separación del atrio de la hab. n.º 15, donde se aprecia parte del fuste amortizado de la columna que sustentaba el dintel que marcaba la separación de ambos espacios en la fase anterior (foto: Equipo del Molinete).

Figura 8. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase II (finales del siglo I-inicios del II d.C.).

Figura 9. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase I. Aula 14 con restos de columnas in situ en su eje central (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 10. Molinete, Cartagena. Basa romano-ática e imoscapo del fuste de la columna, en mármol local, del ángulo noroeste del atrio del edificio homónimo (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 11. Molinete, Cartagena. Capitel toscano de mármol local del atrio del edificio homónimo (foto: J. F. González)

2; 39, 3), donde están asociados a edificios de época republicana tardía e, incluso, algo posteriores (ibidem, 127). Así, de Ostia provienen varios capiteles con per- files similares, entre ellos uno de un peristilo encla- vado junto a las termas denominadas “bizantinas”, datado en la segunda mitad del siglo I a.C. (Pensabene, 1973, 31, n.º 16), otro de la Via della Foce, fechado en el siglo I d.C. (ibidem, 32, n.º 47) y, por último, un conjunto de tres capiteles procedentes de los Gran- des Horrea que, por el contexto del edificio, se han datado en época de Claudio (ibidem, 32, n.º 53-55). Del África Proconsular procede otro capitel semejante, fe- chado por su contexto y sus paralelismos con piezas similares de Ostia, a inicios del siglo I d.C. (Ferchiou, 1989, 72, 81, n.º III.V.5, fig. 13b). Por último, en Am- purias hay dos capiteles similares al cartagenero, fe- chados en época tardorrepublicana o augustea (Gutiérrez, 1992: 18, n.º 10-11). La datación de estos capiteles está determinada por su combinación en columnas con estas basas áticas sin plinto, mezcolanza propia del orden toscano pro- vincial que apunta una datación en la segunda mitad del siglo I a.C., en época cesariana o en los inicios del

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Principado. Cronología esta que sería extensible, por consiguiente, a la fase fundacional del edificio, a cuyo atrio pertenecería dicho orden arquitectónico. Así pues, las cuatro columnas marmóreas que sus- tentaron el tejado del atrio correspondieron al común- mente definido como orden toscano provincial, compuesto por basas áticas sin plinto –con el imoscapo labrado en la misma pieza y con restos de pigmento de color ocre–, fustes integrados por varios tambores lisos dispuestos a hueso, y un coronamiento integrado por un sencillo capitel toscano. Todos estos elementos per- miten constatar el uso en la colonia de este orden, cuya singularidad reside en el empleo de basas áticas en lugar de toscanas, lo que se traduce en alzados más estiliza- dos de la columna (Broise, 1969, 20). Por otra parte, el hecho de que la construcción del Edificio del atrio debe vincularse con la fase II del decumano I –que delimita por el norte la insula I y que forma parte de la nueva trama urbana diseñada en la ciudad a partir de la con- cesión del rango de colonia, hacia el año 54 a.C. (Abas- cal, 2002, 32; Antolinos, 2009, 59)– apoya que la cronología del material arquitectónico integrante del orden del atrio pueda circunscribirse a la segunda mitad del siglo I a.C., concretamente a época cesariana o a los inicios del Principado. El hallazgo de los elementos integrantes de este orden arquitectónico permite plantear hipótesis sobre la altura de las columnas del atrio y de las aulae latera- les, así como de la posición en los alzados de las cu- biertas asociadas a la planta baja del edificio. Si aplicásemos el modelo teórico vitruviano para el orden toscano (IV, 7), se podría calcular inicialmente un alzado de siete módulos, lo que determinaría una columna de 3,36 m de altura. No obstante, esta di- mensión se opondría a la de la simple restitución por anastilosis de los elementos de la columna hallada in situ y de forma casi completa en los derrumbes del in- terior del atrio, en la que la suma de la basa y los tres tambores del fuste determinan un desarrollo de 3,84 m, a los que hay que sumar la altura del capitel que oscila, según los ejemplares documentados, en torno a los 0,26 m, de manera que se obtendría un alzado de 4,10 m (fig. 12). El desarrollo vitruviano también se contradice con la ausencia de mechinales en los alza- dos de mampostería del atrio y aulas adyacentes, así como con la altura de los restos de pintura mural con- servados in situ en la pared septentrional de la hab. n.º 15, la cual delimita el atrio por el norte. Considerando todos estos factores, es posible suponer que el alzado de las columnas toscanas del edificio podría corres- ponder a las proporciones vitruvianas del orden jó-

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Figura 12. Molinete, Cartagena. Restitución de los órdenes arquitectónicos (columnas) de los edificios documentados en la insula I (Ter- mas del Foro y Edificio del atrio) (dibujo: S. Pérez-Cuadrado Martínez).

nico (III, 5), superando así en medio módulo la pro- puesta teórica establecida para el orden toscano pro- vincial en el ámbito galo 11 . De este modo, las columnas de sustentación de las techumbres del Edi- ficio del atrio tendrían una altura en torno a los 4,08 m, de manera que, con el recurso a un dintel o a una simple viga de madera dispuesta sobre las mismas, se alcanzaría la cota superior determinada por el friso su- perior de la decoración parietal de la hab. n.º 15. De la cronología temprana de este orden toscano provincial se deriva una consecuencia inmediata: estos recientes hallazgos acreditan nuevamente el precoz proceso de marmorización acaecido en la colonia, sin duda posterior a la deductio colonial, para el que se re- currió a mármoles blancos locales precozmente ex- plotados en las canteras del Cabezo Gordo; el fenómeno ha sido catalogado por B. Soler como con- temporáneo a la introducción de los mármoles de prestigio e importados empleados en los grandes pro- gramas arquitectónicos acometidos desde finales del siglo I (Soler, 2009, 138), y la cronología de los nue- vos hallazgos invita a suponer, en efecto, una datación anterior o, cuanto menos, coetánea a aquella para el inicio de la explotación de los mármoles blancos lo- cales y su empleo en la nueva arquitectura de la colo- nia. El mármol blanco local se empleó de forma restrictiva en las columnas del atrio, en las que sus- tentaba el arquitrabe adintelado que marcaba el trán- sito de este a la hab. n.º 15 y, casi con total seguridad, en las columnas dispuestas en los ejes de cada una de las cuatro aulas hipóstilas que lo flanqueaban, contri-

buyendo a monumentalizar estos espacios y a otor- garles dignidad y opulencia; en el caso del atrio, a las columnas marmóreas cabría sumar el contraste pro- piciado por la caliza azulada empleada en los cilindros superpuestos que confirmaban el brocal del pozo, dis- puesto en el centro del patio 12 (figs. 2 y 13). Por lo demás, este orden está bien representado, en el ámbito de la arquitectura del siglo I a.C., en el norte de África (Jodin, 1977, 307 ss.), la Galia (Broise, 1969, 15 ss.) y la península Ibérica (Gimeno, 1989, 104), donde la nómina de paralelos para los elementos y tipo de composición referidos es co-

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Figura 13. Molinete, Cartagena. Edificio del atrio. Fase I. Pozo de cisterna con brocal compuesto por dos cilindros superpuestos de caliza (foto: J. Gómez Carrasco).

  • 11 Broise, 1969, 20.

  • 12 Para este tipo de brocal en su versión itálica: Adam, 1996, 258-259.

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Figura 14. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Vista aérea de la palestra y parte de las salas de baño (foto: M.ª J. Madrid Balanza).

piosa. En Carthago Noua , se constata también en la porticus duplex ubicada junto al Augusteum, con una da- tación de finales del siglo I a.C. o inicios del I 13 . Por otro lado, el hallazgo de estos materiales arquitectó- nicos bien contextualizados incide en la importancia del orden toscano en la colonia 14 , pudiendo apre- ciarse en los elementos que componen este orden toscano provincial una interesante evolución formal, caracterizada por la sustitución de la basa toscana de plinto circular vitruviana por los más arriba analiza- dos perfiles; esta combinación de basas áticas y ca- piteles toscanos en la arquitectura propia del siglo I a.C. apenas se había podido confirmar hasta ahora, puesto que en la mayoría de los casos los materiales carecían de contexto al proceder de hallazgos casua- les o de excavaciones antiguas desprovistas de estra- tigrafías asociadas.

La palestra de las Termas del Foro: mate- riales y marmorización selectiva

Las denominadas Termas del Foro (fig. 14), empla- zadas en el sector occidental de la insula I, junto al re-

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ferido Edificio del atrio, son una construcción cuya distribución y organización de espacios para el baño (Madrid, Noguera y Velasco, 2009, 90-114) permiten calificarla como un complejo de esquema lineal-sim- ple o lineal-axial y recorrido retrógrado, asimilable a los tipos I o IV de Krencker 15 , aunque la disposición de una palestra en uno de los lados del recorrido y de la sudatio en el opuesto podría evidenciar su mejor asignación al tipo I 16 . Uno de los elementos más ca- racterísticos del conjunto termal es su palestra, casi

  • 13 Noguera, 2002, 67-69, figs. 4-6; Noguera, Soler, Madrid y Viz- caíno, 2009, 267.

  • 14 Donde está bien constatado desde el siglo II a.C. hasta los ini- cios del I, debiendo ponerse en relación con la llegada de colonos y talleres itálicos (Madrid, 1997-1998, 174).

  • 15 El tipo IV de Krencker (1929, 177-181, figs. 234-240) corres- ponde a los edificios de plano lineal axial e itinerarios simétricos de Rebuffat (1970, 179-180), al axial simmetrical row type de Nielsen (1990, I, 69-70) o al tipo 4 dotado de itinerario simétrico de Bouet (2003, 179-181). Fernández Ochoa, Morillo y Zarzalejos, 2000, 60 (con dudas). Para esta organización en las ciudades hispanas: Fer- nández Ochoa, Morillo y Zarzalejos, 2000, 60 y 63-64.

  • 16 Krencker, 1929, 177-181, fig. 234; el tipo es asimilable al axial row type de Nielsen (1990, I, 69), y a alguno de los subtipos del tipo 1 de Bouet (2003, 163-176, lám. 150).

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Figura 15. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Derrumbe de la perístasis occidental y del porticado septentrional de la palestra, acae- cido hacia mediados del siglo III (foto: Equipo del Molinete).

íntegramente excavada entre los años 2008 y 2009, a la cual debió accederse desde el decumanus II y desde la que se ingresaría al conjunto de salas frías y calefacta- das propiamente dichas, concretamente al apodyterium- frigidarium, como se constata en otros muchos complejos termales (Nielsen, 1990, I, 163). De planta rectangular y unas dimensiones de 33,18 m de longitud por 17,51 m de anchura, su superficie de aproximadamente 580 m 2 es prácticamente equi- valente a la del resto del conjunto, hecho este que ca- racteriza a las termas de tipo campano como consecuencia de un proceso de progresiva reducción del tamaño de las palestras acaecido en el curso del siglo I (Lenoir, 1986, 216-221; Bouet, 2003, 144). La palestra se configura como un cuadripórico que de- limita un espacio central al aire libre que, de planta li- geramente trapezoidal, tiene unas dimensiones de 18,17 m de longitud por 9,34-9,83 m de anchura y una superficie de unos 174 m 2 ; aunque es habitual en este tipo de instalaciones que los suelos sean de al- bero (Nielsen, 1990, I, 163) y, menos frecuente- mente, de mortero (Bouet, 2003, 144), dicho espacio se pavimentó con ladrillos formando una espina de pez (opus spicatum) 17 . Carece de natatio, lo cual permite

adscribirla, desde la óptica de la tipología, al tipo 1 de Bouet (2003, 139-141). Al igual que el Edificio del atrio, las termas experi- mentaron hacia mediados-tercer cuarto del siglo III un incendio que provocó la ruina de buena parte de su es- tructura arquitectónica (fig. 15). La pronta colmatación del conjunto y, sobre todo, de la palestra ha permitido recuperar en el proceso de excavación diversos ele- mentos arquitectónicos, básicamente capiteles y tam- bores de fustes, algunos de los cuales permanecían en su posición original, en tanto que otros estaban caídos muy cerca, y los menos reutilizados en estructuras de cronología sensiblemente posterior. El análisis de estos materiales consiente pergeñar hipótesis concernientes no solo a la tipología, materiales y cronología del edi- ficio termal, sino también a la restitución de los alza- dos del cuadripórtico de la palestra (fig. 16). Los porticados que delimitan el espacio central al descubierto por el sur, este y oeste eran de una sola nave, quedando pavimentados con suelos de mortero

17 Tipo de pavimento semejante, por ejemplo, al constatado en las termas alto imperiales de Coriouallum (Herleen, Holanda) (Bröd- ner, 1983, 52, fig. Z20; Nielsen, 1990, II, 21, C154).

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Figura 16. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Recreación virtual de la palestra desde el sur, con detalle de la perístasis exterior del pórtico norte. Fase I (época julio-claudia) (realización: Balawat.com; dirección científica: J. M. Noguera Celdrán y M.ª J. Madrid Balanza).

y cubiertos con tejados a una sola vertiente. El pórtico norte, por el contrario, tenía una doble columnata, una exterior y otra interior, posiblemente al objeto de sos- tener el peso de la planta superior, solada con una po- tente capa de mortero y quizá cubierta con un tejado a dos aguas. En uno y otro caso, las columnas del cua- dripórtico están cimentadas sobre bloques calizos cuadrangulares que actúan a modo de zapatas y, ade- más, permiten salvar la diferencia de cota de los sue- los, que están inclinados hacia el sur, lo que genera un desnivel de 0,50 m entre el porticado norte y el sur. La perístasis de columnas de los pórticos son ligeramente disimétricas como consecuencia del diseño ligera- mente trapezoidal del espacio central al descubierto (Madrid, Noguera y Velasco, 2009, 93-94). Integran las perístasis oriental y occidental un total de siete columnas, de 0,44 m de diámetro y un intereje de ca. 3,13 m, lo que determinaba un intercolumnio de 2,69 m; la meridional consta de cuatro columnas de igual módulo que las anteriores, aunque el interco- lumnio varía pues oscilando entre 3,10 y 2,96 m. En unas y otras, las basas áticas sin plinto y los fustes es-

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taban construidos con secciones de cerámica en cuña unidas entre ellas formando una sucesión de planos (fig. 17) (sobre esta técnica: Adam, 1996, 168-169), en tanto que los capiteles, de orden jónico canónico, es- taban labrados en piedra arenisca 18 (figs. 18-19); tanto los ladrillos de las basas y fustes como la arenisca de los capiteles se enlució, conservándose todavía restos de pintura roja en la zona del tambor y negro y rojo en el capitel. La perístasis del pórtico norte, constituido por una doble nave, estaba integrada por dos columnas iguales a las ya descritas en los extremos y otras dos centrales de 0,43 m de diámetro, constituidas por basas no conservadas, aunque seguramente áticas, fustes de travertino y capiteles corintios de mármol lunense (figs. 20-23). Además de los restos de la perístasis ex- terior del pórtico, se ha documentado parte de una se- gunda columnata interior, compuesta por cinco columnas de las que permanecen in situ parte de dos de

18 Sobre el uso de la arenisca en la ciudad: Soler y Antolinos, 2007,

109-146.

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Figura 17. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Basa de perfil ático sin plinto y fuste de ladrillos cerámicos estucado y pintado de la perístasis oriental de la palestra (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 18. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Capitel jónico canónico caído en el derrumbe de la perístasis occidental y del porticado septentrional de la palestra (foto: Equipo del Molinete).

ellas: las basas y el fuste eran de ladrillo (fig. 24), en tanto que los capiteles –no preservados– pudieron ser jónicos y estar labrados en arenisca local estucada, si- guiendo el modelo constatado en el resto del pórtico y en otras galerías porticadas de la colonia, como la del peristilo del teatro (fig. 12) (Ramallo, 2000, 100, 108, 111-113, 114-115, 116; id., 2004, 183-188, figs. 28, 31-

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Figura 19. Molinete, Cartagena. Termas del Foro, palestra. Capi- tel jónico canónico en piedra arenisca, estucado y pintado con co- lores rojo, negro y ocre (foto: J. F. González).

32). En todo caso, estas columnas muestran un mó- dulo mayor, 0,50 m de diámetro, carecen del antedi- cho basamento de bloques de caliza y su posición varía respecto a las de la perístasis exterior: en las angulares, el intereje es de 3,99 m (siendo el intercolumnio de 3,49 m), por lo que se sitúan en una posición descen- trada respecto al pórtico delantero; las tres centrales debían tener un intereje –hipotético, pues ninguna se

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Figura 20. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Tambor de tra- vertino caído en el derrumbe del porticado septentrional de la pa- lestra (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 21. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Tambor de fuste, labrado en travertino rojo, procedente de la palestra (foto:

J. F. González).

conserva– de unos 3,54 m (intercolumnio de 3,04 m), de forma que coincidirían con el eje de simetría de las de la columnata exterior. Como hemos referido, en el mencionado derrumbe de la palestra se hallaron dos capiteles jónicos canó- nicos, que incrementan la nómina de los hallados en la ciudad 19 , labrados en piedra arenisca, algunos de sus

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Figura 22. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Capitel corintio caído en el derrumbe de la perístasis occidental y del porticado septentrional de la palestra (foto: Equipo del Molinete).

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Figura 23. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Capitel corintio de tipo canónico en mármol blanco de Luni-Carrara, procedente de la palestra (foto: J. F. González).

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Figura 24. Molinete, Cartagena. Termas del Foro. Basa (muy de- teriorada) y fuste de ladrillos cerámicos estucado y pintado de la columnata interior del porticado septentrional de doble nave de la palestra (foto: Equipo del Molinete).

fustes derruidos y un capitel corintio de mármol de Luni-Carrara asociado a un tambor de fuste, en este

19 Martínez, 1998, 319-325, n.º 1-7, figs. 1-2; Ramallo, 2004, 156- 170, 183-186 y 203-207.

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caso de travertino. Unos y otros fueron hallados ambos en el nivel de incendio asociado al derrumbe y ruina de la nave y perístasis norte de la palestra, in- cluido el muro de separación del patio al aire libre construido en un momento impreciso de finales del siglo I o las primeras décadas del II. Los materiales cerámicos asociados a la estratigrafía avalan una data- ción hacia finales del siglo III o inicios del IV. El aná- lisis tipológico, iconográfico y estilístico de estos materiales permite establecer observaciones útiles a efectos de los órdenes presentes en el cuadripórtico y su cronología. De las columnas de las perístasis este, oeste y sur quedan in situ varios elementos, fundamentalmente basas áticas y fustes lisos realizados con ladrillos ce- rámicos en forma de cuña, en los que todavía restan evidencias de sus enlucidos policromos (fig. 17); los fustes estaban rematados por los referidos capiteles jónicos labrados en arenisca local, de los que dos se han recuperado en los derrumbes del edificio. Las basas, a pesar de estar hechas con piezas de cerámica, reproducen un perfil ático carente de plinto y están integradas por sendos toros disimétricos separados por una estrecha escocia plana delineada por un listel en la parte inferior; sobre el toro superior se aprecia el arranque correspondiente al fuste de la columna, li- geramente retrasado quizá para indicar, con el estu- cado, un caveto o una apófisis de transición entre ambos. Las características de este perfil remiten a una cronología temprana, hacia época augustea, dada la ausencia de plinto, las reducidas dimensiones de la es- cocia –limitada a un simple rehundimiento– y la simi- litud de diámetro de ambos toros (Márquez, 1998, 116 ss.; Noguera y Madrid, 2009b, 171). Los fustes lisos están construidos con el mismo material y quedan re- cubiertos por una gruesa capa de mortero en la que no se han conservado restos de pigmentación. Coro- naba el conjunto un capitel jónico canónico, labrado en piedra arenisca y con restos del estucado original pintado con colores rojo, negro y ocre, del cual se han recuperado un ejemplar, al que cabe sumar un se- gundo que fue reutilizado como basamento de un pilar de sustentación de la cubierta del pórtico sep- tentrional con ocasión de su remodelación acaecida en un momento impreciso entre finales del siglo I y la primera mitad del II, lo que marca una fecha ante quem para la elaboración y diseño de la pieza. De los capiteles jónicos recuperados, uno se con- serva en óptimas condiciones (figs. 18-19). Realizado en un solo bloque de piedra arenisca de los aflora- mientos de Canteras (Ramallo y Arana, 1987, 124-128;

Soler y Antolinos, 2007, 109-146), tiene unas dimen- siones de 48,2 cm de altura (más 1 cm del encaje del ábaco), 45,8 por 54,7 cm en lados del ábaco y 41,4 cm de diámetro en el sumoscapo. Se trata de un capitel jónico canónico, carente de canal y correspondiente al tipo 3c de Gutiérrez Behe- merid (1992, 44). El ábaco está compuesto por un fi- lete liso apoyado sobre una gola recta inversa. A continuación, se desarrolla el equino y las volutas, for- madas por una estrecha cinta plana que forma una es- piral de tres vueltas hasta configurar su óculo, correspondiente al extremo de la cinta. Las semipal- metas invaden parcialmente el equino, en concreto, las ovas laterales; surgen de la espiral de las volutas y están formadas por tres lóbulos ligeramente inclina- dos hacia abajo y rematados por una pequeña gema vuelta hacia arriba, de forma que una de ellas alcanza la base de ábaco. El equino muestra un perfil en cuarto de círculo y está presidido en el eje por una se- miova apuntada en la zona inferior y envuelta por un esgucio de sección convexa; a ambos lados, se apre- cian sendas lancetas y el inicio de la concha que en- volvería las ovas laterales apenas insinuadas, pues quedan ocultas por las semipalmetas. Integra el colla- rino un hilo de perlas de tendencia esférica, separadas por sendos discos planos, no tangentes con las ante- riores. Seguidamente, una banda lisa con restos de en- lucido negro sobre blanco; astrágalo en cuarto de círculo sobre listel y apófisis muy angulosa que enlaza con el fuste liso de la columna. El balteus está integrado por una cuerda de sección convexa, en la que apenas se conservan una serie de incisiones desde las que surgen las decoraciones de los cojinetes laterales, integrados por una sucesión de hojas de agua recorridas por una fina nervadura cen- tral. Conserva restos de enlucido rojo sobre blanco en la gola recta inversa del ábaco, la cinta de las volutas, el esgucio que envuelve las semiovas del equino, el as- trágalo y el filete del sumoscapo; negro sobre blanco en el interior del canal de las volutas, el equino y la banda bajo el astrágalo; y ocre en las hojas de agua de los cojinetes laterales y el fuste. Este capitel puede fecharse en el siglo I, probable- mente en sus décadas iniciales, en función de sus me- jores paralelos iconográficos y estilísticos y, también, de su contexto arqueológico y estratigráfico 20 , siendo al respecto de gran interés las acotaciones que esta-

20 Noguera y Madrid, 2009b, 171-173, láms. 126-127; Noguera y Madrid (eds.), 2009a, 289, n.º 39 (M.ª J. Madrid).

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blece el capitel corintio, que analizaremos más abajo, al cual estaba asociado. Uno y otro, al igual que los del Edificio del atrio, adquieren un notable valor al haber sido hallados en contextos arqueológicos cerrados, lo que posibilita valoraciones cronológicas no solo ba- sadas en criterios tipológicos y estilísticos, sino tam- bién estratigráficos. Obra de artesanos locales, el capitel pertenece a la columna noroeste de la perísta- sis exterior del pórtico norte de la palestra de las Ter- mas del Foro, integrada por fustes de material latericio estucado y apoyados sobre basas áticas sin plinto, de toros disimétricos y estrecha escocia, que también apuntan a una cronología temprana. Este tipo de capitel es sensiblemente diferente al resto de ejemplares jónicos constatados hasta la fecha en Cartagena, si bien ciertas trazas de su diseño y fac- tura permiten calificarlo como obra de artesanos lo- cales y, por tanto, próximo a los esquemas decorativos imperantes en la colonia. Así, por ejemplo, el tipo de las volutas es similar al de uno de los capiteles de la porticus post scaenam del teatro, fechable a inicios del siglo I, si bien se ha sugerido un abanico cronológico más amplio (Ramallo, 2004, 183, fig. 28). En todo caso, la constatación del orden jónico en la construcción de la palestra de las Termas del Foro se encuadra en el contexto de su amplia y temprana uti- lización, al igual que el toscano, en la primera arqui- tectura pública colonial (ibidem, 210). Y al igual que otros capiteles jónicos, esta pieza debe tenerse como obra de artesanos locales que, mediante la adopción y reelaboración en arenisca de elementos decorativos propios de los modelos itálicos, ejecutaron con cierto grado de libertad creaciones novedosas y no exentas de singularidades interpretativas. A partir del análisis de los referidos elementos ar- quitectónicos y de las improntas recuperadas asocia- das al pórtico, puede plantearse una propuesta de restitución de la altura de su alzado. Así, a partir de las prescripciones vitruvianas concernientes al orden jónico (III, 5), puede proponerse un alzado de 3,74 m que corresponde a ocho módulos y medio del diáme- tro del imoscapo del fuste (fig. 12). Por otro lado, las dos columnas centrales de la pe- rístasis septentrional eran, por el contrario, de orden corintio. Constatan este orden un tambor de fuste y un capitel de columna, recuperados en el nivel del in- cendio que precedió al derrumbe y ruina hacia me- diados del siglo III de, al menos, el doble pórtico septentrional de la palestra de las Termas del Foro y su perístasis exterior, así como del muro que, cons- truido en un momento impreciso entre finales del

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siglo I y las primeras décadas del II separó la nave norte del resto del patio al aire libre. El tambor de fuste (figs. 20-21) mide 81,3 cm de al- tura, 40,7 cm de diámetro en el sumoscapo y 42,33 cm en el imoscapo. Se trata de un tambor de columna pu- limentado y con sumoscapo moldurado, compuesto

por un listel sobre apófisis inversa, de donde su posi- ción en la parte superior del fuste. Muestra en el su- moscapo una entalladura rectangular, de 19,5 x 21,2 x 7,3 cm, que no es original y quizá corresponda a una reparación (Noguera y Madrid (eds)., 2009a, 292, n.º

  • 41 [J. M. Noguera]). Está labrado en travertino rojizo

de las canteras de Mula, distantes unos 70 km de Car- thago Noua 21 . Roca de color rosado-rojizo, su marcado carácter ornamental la convirtió en el marmor local por excelencia, empleado junto al más emblemático de los marmora importados, el de Luni-Carrara, en los pro- gramas edilicios planificados y acometidos en la colo- nia desde época augustea temprana y media 22 . En el teatro, fue ampliamente utilizado en los fustes y reves- timientos de la frons scaenae, su espacio más emblemá- tico y representativo, siempre en combinación con el mármol lunense reservado a las basas y capiteles de las columnas, y a los revestimientos parietales de las exe- dras del pulpitum y de las gradas de la proedria y el bal- teus 23 . El tambor incrementa la nómina de fustes de travertino hallados en la ciudad, muchos de ellos pro- cedentes del teatro y caracterizados por su producción estandarizada, pudiéndose incluir por su diámetro de 42,33 cm en el imoscapo en el grupo caracterizado por diámetros de 30 a 45 cm (Soler, 2005a, 146-147, nota 23, láms. 11-12). El contexto de uso y explotación del travertino y su combinación con el capitel corintio –ya referido y estudiado más en detalle a continuación– avala su fechación en época augustea tardía o en la pri- mera edad julio-claudia. El tambor apareció asociado, en el referido de- rrumbe arquitectónico, a un capitel corintio de tipo canónico, modulación precisa y ejecución cuidada. Trabajado en un solo bloque de mármol blanco de Luni-Carrara y de 60,01 cm de altura total (figs. 22- 23), la altura del kalathos es de 51,5 cm, la de la doble corona de hojas de acanto 29,12 cm y la del ábaco 7 cm; el diámetro del imoscapo es de 40 cm; el ábaco

  • 21 Ramallo y Arana, 1987, 98-100; Soler, 2005a, 141-164; Noguera, Soler, Antolinos y Arana, e. p.

  • 22 Ramallo y Ruiz, 1998, 83-99; Soler, 2004, 472-473; id., 2005b, 33-35; id., 2009, 131-132, fig. 1, 10.

  • 23 Soler, 2005a, 145-151; id., 2005b, 34-37; id., 2009b, 146-154, figs.

12-15.

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mide 75,66 por 75,66 cm de lado (diagonal 1 m); su anchura en los extremos del ábaco es de 6-4 cm 24 . La mitad inferior del kalathos liso está revestida por dos coronas con ocho hojas de acanto cada una. Las hojas de la ima folia –de 18,3 cm de altura– tienen cinco ló- bulos articulados en hojitas carnosas, ligeramente cón- cavas, forma lanceolada y con las puntas redondeadas:

hay seis en el par inferior, tres en el superior y cinco en el borde despegado del kalathos y proyectado hacia el exterior. El contacto entre los distintos lóbulos ge- nera zonas de sombra con orificios alargados y apun- tados en forma de gotas. Los lóbulos no llegan a solaparse, quedando separados por un costillar cen- tral o nervio axial atravesado longitudinalmente por una estría en forma de Y invertida delimitada por dos surcos de trépano. Las hojas de la secunda folia –de 19,51 cm de altura– reproducen los caracteres de las inferiores, y de ellas brotan los caulículos, ligeramente oblicuos al exterior, formados por tallos no excesiva- mente gruesos y recorridos longitudinalmente por tres lengüetas alargadas, muy erosionadas y apenas perceptibles, y collarinos lisos de sección convexa; de estos emergen las volutas externas y las hélices, sos- tenidas por cálices hojiformes de dobles hojas de acanto cuya unión genera zonas de sombra en forma de un triángulo superpuesto a un orificio en forma de gota de agua. Las hojas bajo las volutas –las más gran- des– tienen 3 lóbulos carnosos con digitaciones re- dondeadas en sus bordes: tres en el par inferior y cuatro en las zonas media y superior; las que susten- tan las hélices tienen dos lóbulos articulados en ho- juelas: tres en la zona inferior y cuatro en la superior. Las espirales de las hélices, desarrolladas hacia el cen- tro, se tocan directamente, no están trabadas entre sí y tienen un canal de sección cóncava con listeles en re- salte, al igual que las volutas, proyectadas hacia los án- gulos y rematadas también en espirales. Del borde superior de las hojas centrales de la secunda folia brota un cáliz formado por dos hojitas lisas, de perfil y muy abiertas, del que nace el tallo liso y de sección circular –muy erosionado– de la flor del ábaco. El kalathos re- mata en un filete sobre el que descansa el ábaco, que está moldurado por un ancho caveto inverso de per- fil cóncavo y un óvolo. Decoran el caveto lengüetas sencillas y, en sus ángulos, lóbulos de acanto de seis hojitas apuntadas; se le superpone el óvolo ornado con un kyma jónico de ovas envueltas en un esgucio liso y lancetas apuntadas con nervadura central. En el centro de cada cara, integra el florón o “flor de ara- cea” una rica corola de cinco sépalos, de cinco hojitas el superior y el medio y de tres los inferiores, que ro-

dean el bulbo central cuyo pistilo se sustituyó por un caulículo y una piña. El capitel perteneció a la columna occidental de las dos centrales de la perístasis exterior del pórtico norte de la palestra. A pesar de su deteriorado estado de conservación, un atento análisis de sus cuatro caras – que no parecen mostrar diferencias de labra entre sí, posiblemente al estar todas ellas vistas en el contexto del pórtico de la palestra– permite una aproximación a sus caracteres estilísticos y tipológicos, que repro- ducen casi la totalidad de los elementos del capitel descrito por Vitruvio (IV, 1, 11-12), a la par que con- siente apreciar que, a pesar del cuidado diseño de los nervios y de los pliegues de cada uno de los lóbulos de las hojas de acanto de ambas coronas, su labra es fría y estereotipada, carente de frescura y movimiento. Los referentes formales y tipológicos de este capi- tel se hallan en los ejemplares que siguen la tradición del denominado estilo del Segundo Triunvirato (Käh- ler, 1939, 77 ss.; Heilmeyer, 1970, 36-42), así como en las décadas posteriores de los pórticos del Foro de Augusto (ibidem, 25-30) y de la perístasis de su templo consagrado a Mars Ultor (ibidem, 27-29, lám. 2, 1), construido en el último decenio del siglo I a.C., cuya tradición fue seguida por un nutrido grupo de edifi- cios de Roma construidos entre la media edad augus- tea y la primera época julio-claudia, como el templo de los Dióscuros (ibidem, 123-125, lám. 44, 2) y la Basílica Emilia 25 , en estos dos casos con capiteles muy posi- blemente augusteos tardíos o tiberianos. Su iconogra- fía, estilo y detalles ornamentales consienten datarlo en las primeras décadas del siglo I 26 , posiblemente en edad augustea tardía o en la primera época julio-clau- dia. En efecto, muchos de los detalles iconográficos y estilísticos acotan cronología y permiten ubicar en su tiempo correcto el nuevo capitel. Así, a diferencia de los del teatro 27 y como sucede en el de la plaza de San Sebastián, el capitel no tiene la pequeña roseta cua- dripétala que, dispuesta entre las volutas y las hélices e inspirada en ejemplares del estilo del Segundo Triun- virato e, incluso, de anterior época cesariana, se des- arrolló ampliamente entre las décadas de los años 40

  • 24 Noguera y Madrid, 2009b, 174-182; Noguera y Madrid (eds.), 2009a, 290, n.º 40 (J. M. Noguera).

  • 25 Heilmeyer, 1970, 126-128, lám. 44, 3; Bitterer, Ertel, Freyberger y Lipps, 2007, 525-534, figs. 28-46 (J. Lipps).

  • 26 Un detallado análisis iconográfico y estilístico en: Noguera y Madrid, 2009b, 174-182.

  • 27 Sobre los capiteles del teatro: Ramallo, 1996, 221-234; Martí- nez, 1998, 327-331, n.º 10-15, fig. 2, 8-10; Ramallo, 2004, 172-176, 186-188 y 190-193; Domingo, 2005, 30, figs. 14-15; 35.

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y 20 a.C. y perduró hasta el cambio de era (Heilmeyer, 1970, 39), lo que sin duda impone otro terminus post quem para la datación del capitel. Además, la doble co- rona de hojas de acanto con hojas articuladas en cinco lóbulos, cuya parte central muestra un costillar flan- queado por sendas acanaladuras que llegan hasta el ló- bulo superior; las hojas derivadas de modelos augusteos más vivos y plásticos, aunque rígidas y bien recortadas; las digitaciones de los lóbulos que simple- mente se tocan, pero sin llegar a superponerse; la di- solución del motivo del orificio y del triángulo entre los lóbulos de las hojas de la corona y su sustitución por una sombra en forma de gota de agua; la presen- cia del motivo del circulito y del triángulo en las dos hojas de acanto del cáliz de los caulículos; el diseño de estos ligeramente oblicuos hacia el exterior y su re- mate en un collarino liso de sección convexa; las hé- lices y volutas en forma de cinta ligeramente cóncava y rematada en espirales enrolladas; el diseño del tallo vertical de la flor del ábaco y el cáliz del que nace, con los extremos finos y muy abiertos; son todo ellos ele- mentos propios de los capiteles augusteos y de los co- mienzos de época julio-claudia; y algunos de ellos, como el orificio y el triángulo en los caulículos y el collarino liso convexo, son exclusivos de los primeros decenios del siglo I (Pensabene, 1973, 207-210). Así pues, el capitel corintio de la palestra puede datarse en los primeros decenios de la primera centuria, en época augustea tardía o en los comienzos del reinado de Tiberio. Esta fecha encajaría bien con la hipótesis de que los capiteles del teatro actuasen como “mode- los” en el contexto urbano de la colonia. Respecto a su taller de procedencia, el capitel no tiene marcas de cantera. Sólo restan en la parte supe- rior del ábaco, cuya zona central está pulimentada, im- prontas del uso del punzón y de la gradina de cinco dientes. En la línea de las consideraciones expuestas recientemente por P. Gros respecto al programa de la Maison Carrée (Gros, 2001, 480-481), la normalización del modelo de Mars Ultor no impidió la supervivencia –como bien hemos reseñado– de tradiciones orna- mentales precedentes y no “urbanas”, como es el caso de la profusa decoración del ábaco, la cual autoriza por sí misma a descartar la posibilidad de un taller ve- nido de Roma para la elaboración de este capitel y del resto de la serie a la que perteneció. Entonces, esta re- elaboración fue realizada, seguramente, por un taller regional de canteros 28 , que de forma excepcional tra- bajó con mármol de las canteras imperiales de Luni- Carrara y estuvo profundamente influenciado por los tipos aplicados a los proyectos de prestigio de la

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época, cuyos modelos se esforzaron por reproducir sin obviar otras maestranzas y reminiscencias; cabría preguntarse si este taller no fue el mismo que, décadas antes, elaboró en mármol local los capiteles toscanos del Edificio del atrio. En este sentido, sin duda los ca- piteles de la frons scaenae del teatro de la colonia, los primeros en introducir el mármol de Luni en la pe- nínsula Ibérica (Pensabene, 2004, 180; id., 2006, 107) y posiblemente elaborados por una officina itálica (Ra- mallo, 1996, 226) o acaso venida de Cherchel, capital de la Mauritania, cuyo rey Iuba II fue patrono de la colonia 29 , pudieron tener un papel de “modelo” en el cual se inspirarían los maestros locales. En este sen- tido, los orificios alargados en forma de gotas en el contacto entre los lóbulos de las hojas de acanto de ambas coronas y las zonas de sombra en forma de triángulo superpuesto a una hoja de agua son moti- vos que intentan reproducir detalles caracterizadores y presentes en los capiteles del edificio de espectácu- los (ibidem, 222 y 226, figs. 1 y 4). Es posible que el ca- pitel fuese ejecutado por la misma officina que elaboró el capitel de la plaza de San Sebastián o, con más pre- venciones, el hallado en la plataforma aterrazada de- trás de la cauea teatral. Con ambos muestra afinidades evidentes y todos son obras que, respecto a las del te- atro, evidencian manufacturas menos refinadas. En cualquier caso, el capitel evidencia bien a claras la relativa libertad de este taller local a la hora de inter- pretar los esquemas oficiales a la moda, acogiendo ele- mentos iconográficos y estilísticos que –como hemos reseñado– beben en diversidad de estilos, lo que en modo alguno es una excepción (Gros, 2001, 478). El capitel corintio y el antedicho tambor de fuste formaron parte de una misma columna, posiblemente la más occidental de las dos centrales de la perístasis exterior del pórtico doble septentrional de la palestra a juzgar por el contexto de derrumbe en que fueron hallados, lo cual está probado por el hecho de que el diámetro del sumoscapo de aquél y el del imoscapo de este mide ca. 40 cm (fig. 12). Para restituir la altura de dicha columna puede tomarse como base el análi- sis del orden corintio realizado por Wilson a partir del estudio de las proporciones de varias construcciones templares de la propia Roma (Wilson, 1989, 41); en la mayoría de casos estudiados, entre los que se encuen-

  • 28 Sobre las distintas categorías de los talleres: Pensabene, 2002, 181-324; sobre la organización del trabajo en los proyectos pú- blicos: Mar, 2008, 175-190.

  • 29 Ramallo, 2004, 190-191; sobre los talleres mauritanos en época de Juba y Ptolomeo: Pensabene, 1982, 69-74.

MÁRMOLES Y MARMORIZACIÓN ARQUITECTÓNICA EN NOUA KARTHAGO: NUEVAS EVIDENCIAS DE E L MOLINETE

tra el templo de Mars Ultor, la altura de la columna es diez veces el diámetro del imoscapo del fuste. Consi- derando, de esta forma, los elementos conservados, podría calcularse que el diámetro del imoscapo de la columna sería de 0,43 m, pudiéndose restituir el al- zado en torno a los 4,30 m. En tal caso, la diferencia de la referida altura de las columnas jónicas de las pe- rístasis sur, este y oeste de la palestra, y las corintias de la septentrional debió salvarse con el añadido de un ático construido sobre las primeras, lo que permitiría que los arquitrabes que unían las cuatro perístasis en- lazasen al mismo nivel (Madrid, Noguera y Velasco, 2009, 94; Noguera y Madrid, 2009b, 182-183). El recurso a los marmora de prestigio de la época, en particular del mármol de Luni como soporte material de los modelos oficiales vinculados a la propaganda im- perial –como debió ser el caso de las termas públicas de la colonia–, en combinación con las piedras locales, evi- dencia la importancia dada a cada zona de la palestra, así como su concepción arquitectónica y ornamental. Al igual que en el frente escénico del teatro, la fachada exterior de la nave norte de doble pórtico fue monu- mentalizada con el recurso a la combinación cromática de marmora prestigiosos de la época: el marmor local por excelencia, rosado-rojizo y de marcado carácter orna- mental, procedente de las canteras de Mula y utilizado en los fustes, y el más emblemático de los marmora im- portados, el lunense, utilizado en los programas edili- cios planificados y acometidos en la colonia desde época augustea media 30 , empleado para labrar los capiteles co- rintios. Todo ello acredita el interés focalizado en esta parte del edificio, cuyo interior –donde se han hallado significativos restos escultóricos y epigráficos 31 – acaso pudo concebirse como espacio de prestigio y represen- tación (Madrid, Noguera y Velasco, 2009, 109-111), y en cuya fachada las columnas con capiteles profusa- mente decorados de acantos marmóreos que, con un marcado valor triunfal, debían contribuir a exaltar la paz de Augusto y a reforzar la idea de la riqueza y bienestar derivados del nuevo orden político y social implantado por el princeps (Giuliano, 1994, 35-36). Por el contrario, las perístasis sur, este y oeste se construyeron con el re- curso a basas y fustes de ladrillo y coronadas por capi- teles jónicos canónicos de arenisca, convenientemente estucados y pintados, repitiéndose en cierto modo un esquema similar al del teatro, en cuya frons scaenae se con- centró el recurso a los mismos marmora, en tanto que en las naves de doble pórtico de la porticus post scaenam se empleó material local. Hay, por consiguiente, un mani- fiesto interés por concentrar en determinadas zonas del edificio, las de mayor tránsito y visibilidad, los elemen-

tos arquitectónicos y ornamentales ligados al nuevo len- guaje augusteo, traducidos al mármol; en efecto, las co- lumnas aquí dispuestas y sus capiteles profusamente ornados con acantos marmóreos y detalles alusivos a los grandes programas arquitectónicos de la metrópoli (Noguera y Madrid, 2009b, 174-181) debían contribuir a ensalzar la paz del Princeps y a reforzar la idea de la abundancia y bienestar derivados del nuevo orden polí- tico y social (Giuliano, 1994, 35-36). Por otro lado, la constatación del recurso a distintos materiales podría evidenciar la existencia de, al menos, dos equipos de operarios trabajando en la decoración arquitectónica de la palestra. Los capiteles corintios de mármol de la “fachada principal” del pórtico norte pudieron ser labrados por un taller regional, posible- mente itinerante, que se inspiraba en los cánones de la nueva arquitectura normalizada de la época, en tanto que los capiteles jónicos de las estructuras secunda- rias, es decir, del resto de fachadas y, al igual que unas décadas antes, los toscanos del Edificio del atrio la- brados en mármol blanco local, pudieron haber que- dado reservados a maestros locales acostumbrados a trabajar con areniscas locales, más baratas y disponi- bles en abundancia. Una situación similar a la consta- tada en las diferentes zonas del teatro, a la que habría que sumar ulteriores equipos de maestros de obra y albañiles dedicados a la construcción del edificio pro- piamente dicho (Pensabene, 1973, 187). Esta hipoté- tica coexistencia de talleres foráneos y locales en la ejecución de un mismo proyecto está bien atestiguada en la propia Roma (Ungaro, 2004, 17-35), como así mismo los influjos de aquéllos sobre estos 32 . Todo lo referido es útil a efectos de acotar la crono- logía del conjunto termal. Aunque no se han documen- tado niveles constructivos asociados a la fundación del edificio y el material latericio usado en concamerationes e hypocausta se fecha genéricamente entre los siglos I-II (los tipos de los ladrillos empleados en las diferentes sus- pensurae, fundamentalmente pedalis y sesquipedalis, se acer- can a modelos del siglo I) 33 , la decoración arquitectónica de la palestra, así como los restos escultóricos asocia- bles al complejo 34 , permiten postular su construcción en el transcurso de las dos primeras décadas del siglo I.

  • 30 Ramallo y Ruiz, 1998, 83-99; Soler, 2004, 472-473; id., 2005b, 33-35; id., 2009, 136-137.

  • 31 Noguera y Madrid (eds.), 2009a, 254-256, n.º 1 [J. M. Noguera] y 2 [J. M. Abascal]; Noguera y Madrid, 2009c, 75-95.

  • 32 Para el caso del teatro de Mérida: Trillmich, 2004, 325.

  • 33 Murcia y Madrid, 2003, 260.

  • 34 Noguera, 1991, 114-115, n.º 27, lám. 27, 3; id., 1992, 267-268, lám. III; Noguera y Madrid, 2009c, 75-95.

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Referente a la altura de los pórticos, las columnas de orden jónico de las perístasis sur, este y oeste ten- drían un alzado total de ca. de 3,74 m, correspondiente a 8,5 módulos (Vitruvio, III, 5), en tanto que las co- rintias de la perístasis norte, de diámetro ligeramente menor, tendrían una altura basada en diez módulos (Wilson, 1989, 41), por lo que se elevarían unos 4,30 m. Por tanto, esta combinación determina una dife- rencia de altura entre los órdenes de ca. 0,56 m, que se salvaría con la disposición sobre las jónicas, de un ático de vigas de madera y ladrillo, posiblemente re- vestido con un friso pintado con cubos en perspec- tiva y esvásticas 35 , que permitiría que los cuatro entablamentos enlazaran entre sí a una misma altura. En cuanto al porticado de la doble nave septentrio- nal, la diferencia de altura entre el orden corintio de la perístasis exterior y el hipotético jónico de la interior, parece que se salvó con un ligero engrosamiento del fuste de la columna, que alcanzó 0,50 m de diámetro, de manera que su alzado, una vez aplicados los ocho módulos y medio, sería de ca. 4,24 m; considerando la inclinación del suelo en que apoya, estaría nivelada respecto al pórtico anterior.

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35 Noguera, Fernández y Madrid, 2009: 188, figs. 44-45; Noguera y Madrid (eds.), 2009ª, 259, n.º 5 (A. Fernández).