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Karate Shitokan

¿Qué es Karate?
Hace pocos días fue mi 33 cumpleaños, por tanto, en septiembre de este año hará 28 años que hago Karate de forma casi ininterrumpida, y confieso que me cuesta mucho encontrar una definición clara para el Karate que englobe no sólo mi propia visión, sino todos los aspectos, visiones o maneras de pensar de los diferentes practicantes de este arte japonés. Desconozco si no soy capaz de definirlo porque mi nivel o compresión del mismo no es el suficiente, o porque simplemente no hay una definición clara que englobe el sentir de todos los practicantes, ya que cada uno busca un objetivo diferente en su práctica, y la realiza por motivos muy diferentes. Tengo claro lo que el Karate significa para mí, aunque mis sentimientos hacia él han ido variando al cabo de los años, según mi práctica ha ido enfocándose hacia unos objetivos u otros. He tenido la suerte de ser competidor, entrenador, árbitro, he pertenecido a la federación, he asistido a cursos de diversa índole tanto con japoneses como occidentales, lo enseño, y he hablado mucho sobre el tema, ya que hablar sobre Karate, es mi conversación favorita. A nivel técnico resulta sencillo esclarecer que es el Karate, una actividad donde el cuerpo se mueve con unos determinados patrones mecánicos para realizar acciones como golpear, bloquear, girar, avanzar, retroceder, y un amplio etcétera. Una actividad que consta de diferentes partes diferenciadas, pero con un objetivo común, crear un cuerpo sano y fuerte que nos permita afrontar los retos que se nos plantean con garantías. Por todos es sabido que el Karate se compone de preparación física, kihon, kata, kumite, y bunkai. La carga de entrenamiento de cada uno de estos aspectos variará dependiendo de muchos factores, pero el principal es nuestro propio objetivo. A un nivel más global, observando los diferentes tipos de Karate, podemos encontrar diferentes maneras de entenderlo, no me estoy refiriendo a las diferentes escuelas, como puedan ser Shotokan, Shito Ryu o Kyokushinkai, sino los diferentes aspectos que los practicantes buscamos, la tradicionalidad, lo social, la defensa personal, lo deportivo, la competición… Esto es algo que más tiempo me ha costado aprender a lo largo de estos últimos años, lo que yo hago no tiene porque ser verdadero Karate para otra persona, que el concepto de Karate que yo tengo, no tiene porque ser igual al que tienen otros. Yo mismo he caído en la tentación, y supongo que tarde o temprano volveré a caer, de intentar convencer a otros practicantes de que el camino que están recorriendo en el Karate no es el bueno y el adecuado, sino que se desvían de lo que yo considero correcto, o de que sus objetivos en el entrenamiento son erróneos. Incluso llegué a escribir en este mismo blog unos cuantos artículos muy polémicos sobre el tema. Artículos que ya no representar mi sentir hacia el Karate y que cada vez que los leo encuentro menos cosas con las que estar de acuerdo. Hace tiempo que llevo planteándome unas preguntas que me hacen ver que hay otros sentimientos a tener en cuenta, por ejemplo: Un competidor que dedica sus entrenamientos a dar todo de sí y mejorar ¿no hace Karate? El árbitro que ha dedicado su vida a estudiar las diferentes normativas, a organizar torneos, cursos y demás ¿no hace nada por el Karate? La persona que prefiere hacer Karate de forma individual, casi aislada del resto de practicantes, utilizando las herramientas tradicionales de hojo undo al más puro estilo de Okinawa ¿hace mejor Karate que los otros? Acaso el profesor que se gana la vida enseñando Karate, que se compromete con el aprendizaje de sus alumnos ¿no es bueno para el Karate? Algunas de estas preguntas tienen una respuesta clara, otras, en cambio, tienen una respuesta complicada o no tienen contestación.
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Karate Shitokan

Por nombrar algunos casos particulares que yo mismo conozco, tenemos a uno de mis primeros profesores, que en su día consiguió que dos alumnos suyos fueran campeón y subcampeona de España de kata, en un sitio sin condiciones adecuadas, y en una federación sin recursos de ningún tipo. O mi maestro, un árbitro que con gran dedicación, estudio, muchísimos fines de semana ejerciendo, incluso llegándole a afectar en su vida personal y matrimonial, ha llegado a ser árbitro mundial, y se le nota que disfruta cada vez que tiene que ponerse la corbata. El matrimonio que vive de su pequeño gimnasio, pero que aún así son capaces de preparar competidores al más alto nivel, estar presentes en la federación, en cursos de su asociación. Una profesora que sigue practicando y enseñando a sabiendas de que las lesiones que tiene no le permiten hacer gran cosa, y sus alumnos rara vez suspenden los exámenes de cinto negro. El padre que comenzó a hacer Karate para pasar más tiempo con sus hijos, y cuando éstos lo dejaron, él siguió asistiendo a cada clase. O un hombre que me encontré hace tiempo, que empezó a hacer Karate con 60 años porque el médico le recomendó hacer algo de deporte, y al cabo de 5 años aprobó su examen de cinturón negro. Y otros muchos más ¿estas personas, no son buenos representantes del Karate? Hay muchas circunstancias, casi tantas como personas que practican Karate, así que hay que ver el Karate, sea del tipo que sea, de una forma mucho más amplia, de una manera global, sin intentar que todo el mundo piense como nosotros y siga lo que nosotros decimos. Es cierto que actualmente, en pleno siglo XXI, los objetivos actuales del Karate distan mucho de los que se podían encontrar hace 100 ó 150 años, cuando figuras históricas como Itosu, Yara o Matsumura, ni siquiera sospechaban que acabaría practicándose de forma global. Pero eso no significa que los objetivos actuales no sean válidos, simplemente son diferentes. Y ahí es donde entra el juego el respeto que debemos tener hacia el trabajo desarrollado por los demás. Algo que habitualmente se nos olvida a los karatekas, es que el Karate comienza y termina con respeto. Se nos olvida, y eso que, de las 20 normas de Funakoshi, es la primera de todas. Si algo he entendido en estos últimos años, es que cada uno tenemos diferentes objetivos con la práctica del Karate, y esos objetivos marcarán nuestro camino, nuestro entrenamiento y nuestro destino dentro del arte. Un competidor no tendrá el mismo entrenamiento que un tradicionalista, así como alguien que sólo busque la perfección técnica, deberá fijarse en unos aspectos muy diferentes al árbitro de combate o aquel practicante que busque aprender a defenderse. Como muchos aspectos del Karate, el respeto es algo que puede y debe llevarse al resto de nuestras vidas, y no mostrarnos tan inflexibles e intolerantes en temas tan polémicos como la política, la religión o la sexualidad. Estoy seguro que el mundo funcionaría mucho mejor si respetáramos a los demás, sin arrogancia, con humildad, sin intentar imponer nuestras opiniones al resto, y aceptando que puede haber otras personas que piensen y actúen de manera diferente. La vida, y esto es algo que he aprendido en estos últimos años, no es blanco o negro, tiene tonos de grises y colores, y lo que para mí puede ser correcto, adecuado e imprescindible, para otro, simplemente puede no valer, no tener sentido y ser innecesario. Tenemos la suerte de tener algo entre nuestras manos lo suficientemente amplio como para que cada uno busque sus objetivos, como para que cada uno encuentre lo que quiere del Karate. Quizás va siendo hora de que el término Karate se complemente con otra palabra para definir claramente lo que estamos buscando, y así poder decir que hacemos Karate tradicional, deportivo, competitivo, defensa personal… El Karate ha sido ampliado a tantos aspectos que su simple nombre ya no es suficiente para definirlo.

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