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ADVIENTO 2007

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (Según Leccionario Común Revisado) Isaías 2:1-5; Salmo 122; Romanos 13:11-14; Mateo 24:36-44 Iniciamos con el Adviento un nuevo Ciclo Litúrgico. El tema característico o el eje fundamental de este tiempo es la esperanza alegre y confiada en la venida del Salvador. Tal vez sería provechoso preguntarnos cuántos advientos han pasado a lo largo de nuestra vida, pero más importante y provechoso sería establecer cuántos de esos advientos los hemos vivido realmente con esa tonalidad de esperanza, de apertura desde el inicio mismo del año litúrgico a la Palabra salvífica y liberadora que permanentemente está viniendo a nosotros. Tendríamos que reconocer que las más de las veces, reiniciamos un ciclo nuevo sin percatarnos suficientemente del horizonte que se nos abre hacia adelante, de las posibilidades que tenemos de enderezar nuestros caminos. Conviene recordar que el Adviento debería ser en realidad el tiempo propicio para preparase a celebrar el Año Litúrgico completo cuya primera etapa es la Navidad, pero que debe continuar invitándonos e impulsándonos a profundizar durante los siguientes días y tiempos del año en el insondable misterio de la Encarnación, Dios hecho carne cuya morada ha querido plantar entre nosotros (Jn 3:16). Así, la esperanza como nota característica del Adviento se convierte en luz y guía para mantener nuestro empeño en hacer realidad todo aquello que a lo largo del año vamos escuchando y viviendo de cerca con Jesús. Esa misma esperanza nos ayuda a actualizar permanentemente el mensaje, esto es, a no sentir como círculo vicioso, como una celebración más, lo que celebramos en la liturgia. Esa esperanza, empeñada en vivir como si se tratara de la primera vez, cada uno de los misterios de nuestra redención, supera con mucho lo que simplemente se podría llamar “espera”. Esperar, no implica de hecho ningún compromiso, ninguna actividad por parte del creyente, basta tener paciencia y no más. La esperanza, por el contrario, nos empuja a comenzar a comprometer nuestra vida, nuestra energía, sudores y sueños en el advenimiento de aquello que esperamos; la esperanza nos convierte en sujetos activos, protagonistas de la realización de los bienes del Evangelio: la justicia, la paz, la solidaridad, la lucha por una sociedad más fraterna, y eso es tarea de todos los días del año, de toda nuestra vida. En orden a iluminar desde la Palabra este nuevo Ciclo que comenzamos a vivir hoy, se nos presenta para los cuatro domingos de este tiempo como Primeras Lecturas pasajes tomados del profeta Isaías cuyo mensaje va en la línea de lo que hemos definido como nota característica de este tiempo: la esperanza alegre y confiada en la realización de las promesas divinas. Y lo mismo vale para los evangelios que escucharemos durante estos domingos: pasajes tomados del evangelista Mateo que ayudarán a iluminar ese sentido esperanzador de este tiempo. De acuerdo con lo que venimos diciendo, nos presenta la primera lectura de hoy una profecía de Isaías donde se hace un llamado a mantener la esperanza, a luchar por un tiempo y una realidad nueva. En un ambiente violento, de luchas y guerras entre hermanos y entre pueblos, el profeta vaticina un tiempo nuevo en donde sólo reinará Dios el único que podrá definir los pleitos y las contiendas entre los pueblos. Bajo este reinado, ya no habrá más guerras ni derramamiento de sangre; las armas se convertirán en instrumentos de trabajo y nadie más será adiestrado para el combate. Cierto que la voz del profeta es alentadora y a nosotros también nos anima para soñar con algo distinto. Nuestro mundo actual no es tan diferente a los tiempos de Isaías. Pese al gran número de siglos que nos separan de aquella época y pese a todos los adelantos en materia de “civilización”, también hoy gran parte de la humanidad padece el flagelo de la guerra, el hambre, la violencia, los desplazamientos forzados, el desarraigo y la discriminación racial, social, política, sexual y, en fin,

En tal sentido. pero también puede sonar hueco. hemos de hacer aquí y ahora un propósito personal y comunitario para empezar a dar así sean pasos mínimos hacia ese cambio que todos anhelamos. No es posible salir de nuestros templos hoy igual que como entramos. pero que tenemos que hacer realidad entre todos y todas. o para aquellos que a fuerza de sufrir se han vuelto impermeables a toda posibilidad de cambio y creen que la situación que viven es puro designio divino. sólo cuando cada uno tomemos conciencia de que el orden social actual es. Nosotros como creyentes tenemos la grave responsabilidad de encarnar ese mensaje de esperanza en medio de la desesperanza. En fidelidad y obediencia a la Palabra que Dios nos sigue dirigiendo. los cambios se tienen que dar. nuestro compromiso cristiano no puede desfallecer. los convierten en soldados de batalla. hemos de vaticinar un cambio en las estructuras que ayuden al hombre y la mujer de hoy a soñar con una realidad nueva. sin miedo. el mensaje del profeta puede ser esperanzador. Los cambios no vendrán de parte de Dios. un cambio de situación. Así como el profeta. Como el profeta Jeremías deberíamos mantener siempre viva esta consigna: “tengo que anunciar.tantas y variadas formas de exclusión que la humanidad “civilizada” se va inventado. Como decíamos. Es cierto que nuestra voz. Jesús siempre estuvo despierto porque jamás se acomodó al statu quo de su tiempo y siempre estuvo actuando y dando a conocer con signos y palabras la nueva realidad del reino o reinado de Dios. y se van a dar. que nuestras palabras. vacío. Cierto que cualquier discurso contra ellos aparentemente es inútil. tengo que gritar. Y a eso apunta Jesús precisamente en el trozo de evangelio que escuchamos hoy. en la mentalidad de Jesús. contrario al querer de Dios y ahí es donde viene la parte activa de nuestra esperanza cristiana: toda lucha por la justicia. Sin embargo. en un porcentaje muy alto. todos y todas debemos conformar una sola voz y unirnos en un mismo proyecto de justicia y de búsqueda de esas relaciones nuevas que Dios quiere para la humanidad. muy comprometedora. toda denuncia aunque sea dirigida a personas “sagradas”. no tienen ninguna resonancia cuando van dirigidas a los grandes industriales. carente de sentido. gestores de guerras que han hecho lo contrario a lo que anuncia Isaías: ellos han hecho armas con las podaderas y los azadones de nuestra gente honrada y humilde y a quienes claman por la paz y el orden. en fidelidad y obediencia a la Palabra. ay de mí si no lo hago…” El secreto está en unir nuestras fuerzas. . todo. sobre todo si trata de aquel tipo de mentalidad que no admite. ser portadores del deseo y la voluntad de Dios de que las cosas cambien en bien de los más débiles y oprimidos. tenemos que mantener a toda costa una actitud de denuncia de todo lo que contradice el plan de justicia de Dios. Ante una realidad tan cruda como la que vivimos hoy. es estar perfectamente sintonizados con la realidad y comprometidos en los necesarios cambios que se requieren para mantener el orden y la justicia. está respaldado por el querer del genuino Dios bíblico que se ha revelado desde siempre como el Dios de los más desvalidos y excluidos de la sociedad (cf. todo lo que tenga como meta final el logro de una sociedad justa. todo acto de desobediencia civil. y “despiertos”. productores de armas. Ex 3:7-10). La liturgia de este Primer domingo de Adviento es pues. solidaria e igualitaria. porque no le conviene. Jesús insiste en estar despiertos.