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ADVIENTO 2007

SEGUNDO DOMINGO Isaías 11:1-10; Salmo 72:1-7, 18-19; Romanos 15:4-13; Mateo 3:1-12 Para este segundo domingo de adviento nos trae la liturgia un hermoso poema del libro de Isaías. Veíamos el domingo pasado que la época de Isaías es especialmente difícil dadas las circunstancias históricas que está viviendo el pueblo tanto en el plano nacional como en el internacional. Hacia fuera hay continuas amenazas de invasión por parte de los Asirios que avanzan arrasando territorios y sometiendo a todos los pueblos que encuentran a su paso. Hacia dentro, la situación no es menos difícil. Los reyes que han ascendido al poder después de David y Salomón, no han sido capaces de realizar los ideales de la monarquía: estabilidad, paz, tranquilidad y justicia para todo el pueblo. Este pasaje que nos presenta la primera lectura hemos de entenderlo a la luz de la decepción propia de un pueblo que creyó que un rey humano podría sacarlo de su encrucijada. Ningún rey, ni en Israel ni en Judá, ha sido capaz de administrar justicia, ninguno se ha comprometido radicalmente con los más débiles y ninguno ha logrado consolidar un proyecto social en el que nadie tenga más que otros. La miseria, el abandono, las amenazas internas y externas, el hambre, el odio y las luchas de pueblo contra pueblo, ayudan a un pequeño sector a perfilar la esperanza en una decidida y abierta intervención de Dios a través de un enviado. El profeta recoge ese clamor y lo convierte en promesa de Dios y esperanza del pueblo. Ese es a grandes rasgos el ambiente en el que se fue comenzando a fraguar la esperanza en un Mesías (del hebreo Mesiah, ungido, enviado). Lo más importante es subrayar que ese Mesías será alguien sobre quien se posará el espíritu del Señor. Ante la experiencia histórica de unos reyes y líderes políticos y religiosos insensatos y poco inteligentes para manejar los destinos colectivos, el Mesías tendrá espíritu de sensatez e inteligencia; ante la constatación de unos líderes incapaces de enfrentar las situaciones que atentan contra la vida de las personas, el profeta anuncia la venida de un Mesías capaz de abrir nuevos caminos y nuevos horizontes para su pueblo. El pueblo que ha padecido por años las injusticias por parte de quienes debían ser verdaderos jueces, es invitado a mantener la esperanza en un Juez justo que no juzgará por la apariencia ni sentenciará de oídas. Y en fin, ese ambiente hostil, lleno de odios y recelos, será cambiado por una realidad de paz, de concordia, donde inclusive hasta los naturales instintos de las bestias del campo, serán diferentes. No hay duda que la profecía que escuchamos hoy tiene mucho de utópico. Sin embargo, no era la intención del profeta distraer los sufrimientos y mala vida de la gente con promesas irreales e irrealizables; más bien, este tipo de mensajes en labios de los profetas, buscan a toda costa relativizar el orden establecido por los poderosos de turno. El rey y su corte, ayudados por un amplio sector del sistema religioso, hacían creer a la gente que todo lo que sucedía estaba planeado así por Dios o que todo lo que ellos hacían era lo voluntad de Dios. Hay que recordar que en aquella época, el rey era visto como el “hijo de Dios”, es decir, su lugarteniente, prácticamente el que ejecutaba los deseos y designios de Dios. Eso es lo que los profetas denuncian y buscan por todos los medios: generar en el pueblo una especie de resistencia, tratando de hacerles ver que aunque ellos no puedan cambiar la situación, sí pueden desautorizar las actitudes de los poderosos y esperar en un cambio de situación donde sí sea posible ver y sentir con mayor claridad la verdadera voluntad de Dios. Justamente ese es nuestro deber como agentes evangelizadores. Hoy en día, quienes gobiernan y dominan el mundo se valen de todos los medios para hacer creer a muchos hermanos y hermanas de todas las confesiones y credos que el orden de cosas actuales es así porque Dios lo quiere. Nos han metido en la cabeza que hay guerras que son buenas y “santas”; que la represión es necesaria, que las leyes de fronteras son óptimas para prevenir la migración y mantener así la seguridad y la tranquilidad

tanto por su vestimenta como por su dieta alimentaria.org). Aunque se crean árboles frondosos. Y es ahí donde tenemos nosotros una gran tarea como creyentes: hacer que nuestro mensaje y el discernimiento que hacemos de la Palabra se convierta en medio de relativización de todo aquello que aparentemente nos beneficia. punto de partida para disponerse al bautismo en el Espíritu que otorgará “el que viene detrás de mi” y al que Juan considera tan grande que no es digno de quitarle las sandalias. Mateo subraya la necesidad de dejar lo antiguo. predicando la cercanía inminente del reino de Dios para cuyo recibimiento es necesaria una completa conversión. para dar paso a la era nueva que inaugurará el Mesías. Ojalá que este tiempo de Adviento nos sirva para examinar cuántas de nuestras costumbres. pero al fin y al cabo todos ansiosos por escuchar al profeta. están convencidos de que sus riquezas y bienes son ‘bendición de Dios’. también de las piedras Dios puede hacer hijos de Abrahán. pues también están allí los pobres. El evangelio de hoy nos presenta a Juan en plena actividad. lo que se ha visto como absoluto. “La exigencia de los frutos la comienza Juan con su bautismo de agua. la conversión es estrictamente necesaria. aquellos intereses particularistas de los grupos e ideologías Y bien. Ellos son la representatividad de la sociedad judía. aquello que el profeta vaticinaba como algo proyectado en el futuro. cuántas de nuestras creencias y prácticas deben ser revisadas. pretenden hacer creer que lo bueno es malo y que lo malo es bueno. Sólo los que supieron captar el mensaje de Juan fueron capaces de intuir al menos algo de lo que Jesús propuso (servicioskoinonía. Los primeros encarnan el ideal del judaísmo a través de la rigurosa práctica de la ley ahora convertida en legalismo. desenmascarar como lo hacían los profetas. pero que en realidad nos deshumaniza. pero tienen impacto en la capital. no se valen ni la apariencia ni la autosuficiencia. el bautizador Juan lo da como algo ya cercano. Así lo propone el evangelista Mateo quien se vale de la figura de Juan para marcar hasta dónde llega el tiempo antiguo de las promesas y el nuevo tiempo de la realización de esas promesas. Por más hijos que se sientan de la promesa y de la bendición. en una palabra. . los que no viven en la capital ni poseen fortuna. eso es accidental. la autosuficiencia. lo mismo serán talados si no dan los frutos que la Palabra de Dios exige. los otros encarnan la opulencia.de la nación. “Las palabras de Juan resuenan desde el desierto. desde allí se desplazan fariseos y saduceos para escucharlo. cuánto de aquello que hemos absolutizado tanto en realidad debemos abandonarlo para abrirnos a vivir mejor la experiencia de la cercanía de Dios que en Jesús se hace uno de nosotros para compartir nuestra vida y enseñarnos a vivenciar aquello que de verdad es definitivo. Todo Israel escucha a Juan. “La propuesta de Juan es clara: no basta saber y proclamar que se es hijo de Abrahán. Mostrándonos una figura bien extraña.