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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO Isaías 35:1-10; Salmo 146:5-10 ó Lucas 1:47-55; Santiago 5:7-10; Mateo 11:2-11 Las lecturas de este

domingo giran en torno a la idea de una nueva creación, algo nuevo que sustituirá una realidad de muerte por una realidad de vida. El pasaje de Isaías, tomado del cap. 35, tiene como ambiente vital la trágica situación que está viviendo el pueblo de Israel: una parte de la población ha sido desterrada a Babilonia y la otra parte, la mayoría, han quedado en su propia tierra, pero sometidos a los dominadores extranjeros. Recordemos que en el 587 a.C., el imperio babilónico o caldeo, destruyó el reino de Judá; esto es, destruyó la ciudad de Jerusalén, saqueó el templo y luego lo incendió y acto seguido, tomó como rehenes a los representantes más significativos de la sociedad judía: el rey y su familia, la mayoría de miembros de la corte lo mismo que a los líderes religiosos más importantes y los llevó presos, desterrados a la capital del imperio, Babilonia. Esa era la forma como los caldeos controlaban las provincias conquistadas, dejaban sin líderes religiosos y políticos a la mayoría de los habitantes, pero sometidos a las autoridades que nombraba el mismo imperio. La caída de Jerusalén supuso para Israel un duro golpe moral, religioso, político y social. La convicción más profunda del pueblo judío era que Jerusalén era inexpugnable e invencible y lo mismo el templo, pues la ciudad era propiedad de Yahweh y el templo su morada; por tanto, él mismo la defendía. Por su puesto que ante la política expansionista de Babilonia, Jerusalén y su templo no iban a permanecer intocables. A la humillación que supuso la caída de la ciudad inexpugnable y del templo intocable, hay que sumarle la peor de las humillaciones: quedó al descubierto que Marduk, el Dios de los babilonios, era más fuerte y poderoso que Yahweh. Esa era la manera de pensar de aquellos tiempos; el pueblo que salía victorioso en una contienda, imponía sus divinidades sobre los derrotados como las verdaderas vencedoras, los vencidos tenían que doblegarse ante la nueva divinidad reconociéndola como la más poderosa de todas. Tenemos que imaginarnos, entonces, el estado de ánimo del pueblo israelita, especialmente de aquellos que fueron deportados a Babilonia: obligados a aceptar y servir a otra divinidad y trabajando por la fuerza a los amos de turno. El Sal 137:1-3 refleja precisamente esos sentimientos. Este es, a grandes rasgos, el trasfondo del mensaje que hoy escuchamos. Después de la primera sensación de caos, de no vida, de derrota hasta del mismo Dios de quien se creía que era “soberano de todos los dioses”; viene un segundo momento: la asimilación del golpe y la firme convicción de que es necesario reconstruir la fe, y ahí entra la voz del profeta, como hombre de fe, como hombre que después de superar el golpe, tiene la grave misión de transmitir un mensaje de consuelo y esperanza a sus paisanos. Si Dios hizo todo cuanto existe, si del caos formó una creación armónica y maravillosa, ¿cómo no va a poder ahora reconstruir a Israel aunque esté pasando la peor etapa de su vida? Vienen entonces todas las imágenes de vida contrapuestas al cuadro de muerte que se está viviendo, y para ello el profeta se vale de cosas tan familiares como el desierto y su esterilidad y sequedad. Y todo esto para decir que Marduk no es más fuerte ni más poderoso que Yahweh; el primero somete por la fuerza de las armas y del poder militar; Yahweh, en cambio, manifiesta su poder y soberanía recreando, confortando, levantando al caído. Ese es el estilo del genuino Dios que se revela en la Biblia, no dominando ni sometiendo, sino haciendo una opción radical (no preferencial) por el más débil; recordemos Ex 3:7-9 donde aparece Yahweh demostrando esa opción radical por aquellos esclavizados en Egipto; esa es la genuina imagen de Dios; las demás imágenes que aparecen a lo largo de la Biblia, o están en orden a reforzar ésta, o son imágenes manipuladas de Dios y por tanto completamente falsas.

pasa por la crisis o “noche oscura” de definirse por una forma única y contundente de realizar su proyecto como liberador de Israel. una vez bautizado. enviando a unos mensajeros a Jesús para preguntarle “¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro”? Se entiende pues. Ciro emperador persa. pero ¡nada en línea con lo que Juan enseñaba! ¿qué pasa? ¿Será o no será? ¿No se tratará de otro charlatán más? Recordemos que antes de Jesús. y a los pobres se les anuncia el evangelio. cuál fue su tarea y qué espera de cada uno de nosotros. . El evangelio que escuchamos hoy es pues. sería cortado de raíz. pero que en definitiva no ofrece nada. como en la época de Jesús. pero ese cambio se tiene que dar primero en el corazón de cada uno. El nuevo orden establecido en el postexilio no colmó la sed de justicia y de orden en la conciencia del pueblo israelita y así llegamos al Nuevo Testamento. sino a la manera como él mismo lo había decidido. Simplemente les dice: “vayan y díganle a Juan lo que ustedes han visto y oído: los ciegos ven. Se dio pues. los cojos andan. Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí”. No es por casualidad que el Evangelio de este domingo nos muestre al Bautista. autoriza a los deportados regresar a sus lugares de origen.El mensaje de Isaías y de otros profetas que animaron y sostuvieron la fe del pueblo a largo de esta terrible crisis. Nos preparamos para celebrar justamente la venida del Mesías. Mt 4:1-11). otros ya se habían hecho pasar por mesías y habían sido aniquilados. es decir. muy oportuno. que no mueve para nada la conciencia del creyente. el “hacha en los árboles”. discernir si se trata o no del enviado del Padre. El proyecto de reconstrucción de la ciudad y del templo lo mismo que la redistribución de la tierra. los sordos oyen. Jesús. Sin embargo.C. ciertamente no como lo había anunciado el precursor. Jesús no responde con un sí ni un no a los mensajeros de Juan. Ciertamente que ya sabemos quién es. Como quien dice. Seguramente se comenta que ese Jesús está enseñando y haciendo cosas asombrosas. y que una vez que ha discernido cuál será esa forma. A lo largo de todos estos siglos de historia del cristianismo. que ilustran la manera cómo Juan intuía la venida del Enviado de Dios. no fue nunca discutido por estos dos grupos. Cada vez se hace más necesaria y se espera con mayor anhelo la intervención de Dios a través de un enviado. No perdamos de vista que en la forma cómo Mateo compone su Evangelio. en otros casos se ha llegado a confundirlo con un líder social que induce al inconformismo y al rechazo acrítico de un orden establecido. Ciertamente dicho retorno no se dio en los términos idílicos y poéticos que vaticinaba Isaías. hubo enfrentamientos y luchas entre los que regresaban del destierro y los que habían permanecido en la tierra. se vio cumplido o realizado en el 534 a. y por eso esas imágenes de “el bieldo en el arado”. facilista. no nos toca. de cada creyente. con lo cual quiere decir que efectivamente los signos del reino se están dando ya. sino impuesto por los que regresaron. se le ha confundido con un Mesías triunfalista. que hasta la cárcel ha llegado a Juan las noticias sobre la actividad de Jesús. ese es el pasaje de las tentaciones (cf. Ahora. los leprosos son hechos limpios. Ya veíamos el domingo pasado que Juan el Bautista anuncia como muy próxima la llegada de ese orden esperado para lo cual predica la conversión de corazón. quien no hubiera dado el paso a esa conversión radical. los muertos son resucitados. no para todos los creyentes cristianos está tan claro quién es Jesús. el estado de cosas va a cambiar. encarcelado. el retorno y hasta ayuda económica para la reconstrucción de Jerusalén y del templo. cuando el amo de turno. lanza públicamente su ministerio el cual queda plasmado en el proyecto liberador y humanizador que nos presente Mateo en el conocido “sermón del monte” (Mt 5—7). en donde queda claro que la tarea mesiánica liberadora de Jesús toma un rumbo muy distinto a lo que anunciaba Juan en el río Jordán.. tiene que cambiar. para Juan era indiscutible que a la llegada del enviado de Dios.

.Sea pues este tercer domingo de Adviento la oportunidad de prepararnos a discernir con la ayuda del Espíritu quién es Jesús para mí. cómo entiendo su tarea mesiánica y liberadora en mi vida y cómo la proyecto en mi diario vivir.