RELATOS DE ESTUDIANTES DE ECONOMÍA

RODRIGO MAZORRA BLANCO

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE ECONOMÍA DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA SANTAFÉ DE BOGOTÁ, D. C. MAYO DE 2000

RELATOS DE ESTUDIANTES DE ECONOMÍA

RODRIGO MAZORRA BLANCO

Memoria de Grado para optar al título de Economista.

Director: Ingeniero Alejandro Sanz De Santamaría Philosophy Doctor in Economics

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE ECONOMÍA DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA SANTAFÉ DE BOGOTÁ, D. C. MAYO 2000

Pa, Ma y Xime, les dedico esta memoria de grado. Los amo.

Tabla de Contenido

Agradecimientos..................................................................................................................... 1 Prólogo ................................................................................................................................... 3 Introducción............................................................................................................................ 5 RELATOS Capítulo I: Microeconomía I, base de la "racionalidad". .................................................... 16 Capítulo II: Relaciones interpersonales escrito en utilidades marginales .......................... 20 Capítulo III: La pregunta del parcial ................................................................................... 23 Capítulo IV: Insensonomía y Econobilidad ....................................................................... 25 Capítulo V: Prohibido fallar ................................................................................................ 31 Capítulo VI: El que llega tarde no se confiesa .................................................................... 35 Capítulo VII: Estoy cansado de las bombas ........................................................................ 41 Capítulo VIII: Cuatro tareas en color .................................................................................. 48 Capítulo IX: El que no tiene padrinos, no se bautiza .......................................................... 53 Capítulo X: Andes ó no andes... ¡andas! ............................................................................. 57 Capítulo XI: Chiste: “supongamos que tenemos un abrelatas”.......................................... 59

Epílogo ................................................................................................................................. 63 Descargos ............................................................................................................................. 64

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Agradecimientos
Agradezco al profesor y amigo Alejandro Sanz de Santamaría su incondicional apoyo. Recuerdo ahora con aprecio, y creo que siempre lo haré, sus entonces molestas palabras: "Escribe, escribe un ejemplo...". Paulo César y Jorge: agradézcoles su amistad y apoyo. Ustedes están vivos en estas páginas. No caben aquí todos aquellos que estudiaron Economía conmigo, pero estoy seguro de que se encontrarán a sí mismos en estos relatos. Escribir este texto es mi agradecimiento para con todos ustedes. ¡Ah! No lo puedo olvidar: gracias al ying, al yang, y al multiverso.

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"En la realidad ordinaria, nosotros alimentamos nuestra conciencia con la información originada por los cinco sentidos físicos. Nuestro razonamiento organiza esta información y crea una realidad. (...)El efecto acumulativo de la organización de la percepción es la construcción de una realidad y el proceso de aislar características es un mirar selectivo. El mirar selectivo busca poner un énfasis específico, o desenfatizar, en las percepciones. Es así como a través de un proceso de aprendizaje se le enseña al niño qué es cada cosa, como por ejemplo 'silla: tiene cuatro patas, un espaldar, etc.' De esta misma manera se enseñan las funciones de la silla. Esta instrucción gradualmente imbuye nuestra percepción a lo largo de cierta vía. Eventualmente cada pieza de la descripción toma su lugar, casi como si fuera magia. En algún momento, de repente, reconocemos el concepto silla. "(...)Los padres, profesores y todos los que nos rodean proveen la información que canaliza la percepción por ciertas vías. El beneficio de esta canalización consiste en que los pedazos aislados de información son organizados y aplicados generando algo lleno de significado. De la misma manera como creamos la silla, creamos toda la realidad. "El costo de esta natural actividad de selección es la cantidad de energía dirigida a los fines específicos que se nos solicita y a veces demanda aceptar... Así como se nos señala lo que debemos mirar o resaltar, también se nos enseña qué es lo que debemos evitar mirar... "Generalmente muchos de los significados provienen de los grupos sociales a los que pertenecemos. De esta manera gradualmente vamos dejando a un lado ciertas percepciones persiguiendo armonizarnos con el grupo. En la búsqueda de ser miembros del grupo nos convertimos en maestros en la versión grupal de la realidad. (...)Este proceder generalmente reduce lo infinito, realidad primaria, a lo finito, realidad secundaria. "La construcción de una realidad es un proceso contínuo. El interés por las casas de muñecas se convierte en interés por los carros, y el interés en los carros pasa de ser un juego de llaves prestado para la cita del sábado en la noche a pagos mensuales que aseguran que uno llegará a tiempo al trabajo. Las percepciones, los significados y los valores cambian a medida que el mundo de cada uno cambia. Y el mundo cambia así como los valores propios cambian. "Pieza por pieza, a través de adiciones y substracciones, los elementos de la visión del mundo toman su lugar o son removidos a medida que cada uno construye una realidad completa. De esta manera la realidad propia determina lo que cada individuo piensa; lo que se piensa determina lo que se percibe; lo que se percibe determina el comportamiento; el cómo se comporta uno determina en qué se piensa. Pensamiento, percepción y comportamiento están interrelacionados entre sí en la construcción individual de la realidad."

Ken Eagle Feather
Tomado de: Traveling with power Traducción: Rodrigo Mazorra Blanco

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Prólogo
Esta memoria de grado es el resultado de una investigación, en la que, a partir de mi experiencia personal y la de mis compañeros de carrera, estudié la relación que nosotros como estudiantes vivimos con la Economía, nuestra carrera de formación profesional. Expresar adecuadamente las vivencias experimentadas por nosotros, los estudiantes de economía, fue un obstáculo permanente en el curso de esta investigación debido a que el lenguaje de la abstracción teórica económica no es útil en este caso. Este obstáculo es, pues, un problema de representación, la estructura comunicativa de la abstracción teórica determina lo que se puede comunicar y lo que no. La experiencia emocional personal no está contenida en la sintaxis de la abstracción teórica, razón por la cual, para comunicar lo que aconteció en cada uno de los estudiantes de Economía durante el proceso de formación, se requiere otro uso del lenguaje distinto al de la aproximación teórica. Al franquear este obstáculo se supera la diferenciación sujeto–objeto, creencia epistemológica en la que se fundamenta la tradición occidental moderna, y queda sólo la experiencia de cada ser humano con su entorno. Esta experiencia de cada individuo con aquello con lo que está en relación, su mundo, es única, directa y no teorizable. Es un hecho concreto. El núcleo de investigación de esta memoria de grado es dicha experiencia. Razón por la cual el discurso aquí manejado lógicamente no puede ser el de la teoría, sino el de la narración literaria para permitir que así el lector se acerque a esa realidad de ser estudiante de Economía en la Universidad de los Andes, en los años noventa. Lo invito, estimado lector, a esta inmersión en el mundo vivencial y emocional de los estudiantes. Deseo que se deleite con este viaje por los óceanos vivos que somos los seres humanos. ¡Bienvenido a lo real!

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"De tanto hacerlo, escribir lo mismo que dicen los libros, oír lo que ya está escrito, estudiar los modelos que ya se han inventado (extranjeros en su mayoría) un día me di cuenta que el desastre había ocurrido. Habían estructurado en mí una mentalidad económica y yo los había ayudado." Rodrigo Mazorra Blanco Enero de 1997

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Introducción
Citas de Heidegger: "Puesto que el conocimiento del mundo [Welterkennen] es tomado
habitualmente en forma exclusiva como el fenómeno ejemplar del ser-en, y esto no sólo para la teoría del conocimiento -porque el comportamiento práctico es comprendido como el comportamiento "no-teórico" y "ateórico"-, y como por esta primacía del conocimiento se encamina falsamente la comprensión de su modo de ser más propio, el ser-en-elmundo deberá ser examinado más rigurosamente en la perspectiva del conocimiento del mundo, y este mismo deberá ser hecho visible como 1 "modalidad" existencial del ser-en."

"(...)el conocimiento es una modalidad de ser del Dasein en cuanto ser-enel-mundo, esto es, que tiene su fundamento óntico en esta constitución de ser. Contra esta apelación a lo fenoménicamente dado -que el conocimiento es un modo de ser del ser-en-el-mundo- se podría objetar que esta interpretación del conocer reduce a nada el problema mismo del conocimiento; porque ¿qué podría preguntarse aún si suponemos de antemano que el conocimiento ya está en medio de aquel mundo que él 2 tendría que alcanzar precisamente trascendiendo al sujeto?" "(...)el conocimiento mismo se funda de antemano en un ya-ser-en-mediodel-mundo que constituye esencialmente el ser del Dasein. Este ya-ser-enmedio-de no es un mero quedarse boquiabierto mirando un ente que no hiciera más que estar presente. El ser-en-el-mundo como ocupación está absorto en el mundo del que se ocupa. Para que el conocimiento como determinación contemplativa de lo que ser-ahí llegue a ser posible, se 3 requiere una previa deficiencia del quehacer que se ocupa del mundo."

Heidegger, Martin. Universitaria S.A.
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Traducción de Jorge E. Rivera.

Ser y Tiempo.

Editorial

Santiago de Chile, 1998. Parágrafo 59, página 85 Ibid. Op. Cit., Parágrafo 61, página 87

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Ibid. Op. Cit., Parágrafo 61, página 87

6 "El conocimiento es un modo de existir [del Dasein] que se funda en el seren-el-mundo. Ésa es la razón por la cual ser-en-el-mundo reclama, en tanto 4 que constitución fundamental, una previa interpretación." Heidegger en 1928 al publicar Ser y Tiempo, planteó una nueva definición del ser del ser humano. A diferencia de Descartes mostró que el ser del ser humano es un "ser ahí" un "ser volcado en la realidad". Esto implica que el conocimiento teórico no describe a lo humano, sino que es por el contrario una forma más de ser de lo humano. Para la ciencia económica esto plantea la necesidad de una revisión profunda de su estructura en cuanto teoría de conocimiento. Este hecho es significativo: lleva a confrontar lo real con lo teórico y a asignarle a cada uno su lugar y tamaño específico. Es por esto que Heidegger es un paso obligatorio para profundizar en lo real, hecho de gran relevancia para el desarrollo del saber económico. Las anteriores citas son hilos conductores para entender la realidad. En el contexto que definen estas citas, el existir de un estudiante de economía es una relación del individuo con su entorno. Es el economista, como persona, el primero que ha de investigarse a sí mismo. Pues solo así se verá cuales son aquellas definiciones que usa y sobreentiende. Entonces sí se podrá ver el efecto del uso de estos instrumentos teóricos a la hora de hablar sobre, y ejercer efectos en, los demás. Esta memoria de grado es una investigación de lo real. Hacer la revisión abstracta, teórica, desde la óptica de la economía de "lo real", a partir de la definición (Heideggeriana) del ser de lo que es y del ser del hombre, es una labor que supera en dimensión este trabajo investigativo. Este tema es muy interesante para estudios futuros. Sin embargo, en el campo de las experiencias cotidianas concretas, que constituyen la esencia de este trabajo, es infinitamente más sencillo ver esta relación entre lo real y el ser del hombre. Poner estas relaciones de manifiesto es el fin de esta investigación. Teniendo en cuenta lo anterior el objetivo de esta memoria de grado quedó definido como una investigación de la "existencialidad" de estudiar economía. El método etnográfico resultó ser el más indicado para llevar a cabo este proceso investigativo.

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Ibid. Op. Cit., Parágrafo 61, página 89

7 Realizar esta Memoria de Grado tuvo como fin sacar a la luz la complejidad vivencial de estudiar economía. No es conocimiento económico esta memoria de grado: es un relato que pretende mostrar algo de lo que viven personas que pasan por el proceso de volverse “expertos”, “profesionales” del conocimiento económico. Se trata de sacar a la luz y mirar de frente realidades de la vida de los estudiantes de economía que son sistemáticamente ignoradas por la Facultad y la Universidad, cuando –en mi sentir– deberían ser dimensiones constitutivas del objeto de todo el quehacer educativo. Porque estudiar economía no es solo el simple hecho de aprehender un esquema de pensamiento: también es un modo de existir. Este “modo de existir” es completamente marginado en el proceso educativo: educadores y educandos se comportan en la vida cotidiana formal del proceso educativo como si ese “modo de existir” no existiera. Esta memoria de grado está construida desde el corazón, desde ese maravilloso terreno que no tiene mapas lógicos. Y siento que estoy tratando dar a entender la GRAN importancia del corazón, que en mi vida me ayuda a ser consciente de mi, de mi ego, de mi unión con el universo. Dio pie para descubrir que NO soy una cosa que piensa en forma cartesiana. SOY una consciencia “en relación con”. Y este conjunto de “relaciones con” son mi mundo. Experimento que cada uno de nosotros como ser humano es un único mundo. Hace algunos años pensé en la idea del suicidio por una razón: desde la economía no había lugar para vivir desde el corazón. Mi mundo sin mapas, con poesía, el mundo de la creación, estaba cerrado en el estudio de la economía. Me estaban fraccionando y yo me estaba dejando. Como profesor auxiliar de Historia del pensamiento económico no hago otra cosa que encender los corazones de los estudiantes. Primero están mis alumnos, y su crecimiento. Detrás de los conceptos que les enseño hay un esquema de liberación personal. La clase no la hago yo. La clase la hacen ellos. Lo importante no es si leyeron o no. Importa su respuesta, su reflexión, su enfrentarse a una pregunta. Yo les digo que lo que ven con sus propios ojos es muy importante. Les recuerdo que vivimos en una historia inventada y que ellos si tienen derecho a pensar, a ser felices, a indagar, FUNDAMENTALMENTE a SER. Al comienzo no saben de que hablo. Lo central para mí no son los temas que toco, me importan ellos. Los temas de los que hablo son una excusa, una técnica que ellos aprenden.

8 Pero ese no es el asunto de fondo. El asunto de fondo es que se den cuenta que son maravillosos, que valen mucho. Yo quiero que se aprendan a cuidar, a querer, a valorar, a escuchar sus ideas y sus intuiciones y de esa manera, sobre todo, a decidir ser felices, a serlo. Todo esto lo hago por que los amo. Porque siempre desee y concebí así a la universidad y a la economía. Es decir una palabra viva. Y esto solo sucede cuando se trabaja del corazón hacia fuera. No sucede esta magia cuando importa la técnica por la técnica. Porque cuando eso sucede fraccionamos a nuestros alumnos, hermanos, hijos, personas cercanas, y somos entonces peores que los paras, los guerrilleros y los del ejército. El esfuerzo en el desarrollo de esta memoria de grado ha sido beneficioso también en el aspecto personal. Pues al tomar consciencia de muchos procesos y de situaciones vividas por mí en el aprendizaje de la economía, superé muchas trabas en las relaciones familiares. Es así como he decido también ser más amigo de mi hermana. Me comprometí ya hace algunos días a jugar más con ella. A simplemente estar, y estando, dejar que lo que tiene que suceder suceda. Así mismo volví a ser amigo de mamá y de papá. Mi casa ha cambiado. Mis relaciones con ellos ya no son las que describí en algunos de los relatos que componen esta tesis. Los perdoné. Me perdonaron. Dejé la rebeldía atrás porque entendí las estructuras de las cadenas de dolor con las que el mundo está construido y decidí dejar atrás mi propia cadena de dolor. Papá aún no está tanto tiempo en casa como yo desearía. Se lo he dicho y me escuchó. Ya no lo combato, y esto me emociona. Espero que tanto él como los economistas descubran que el ser y el existir es una cuestión del corazón y no de una lógica estática que ignora la infinita complejidad, belleza e incertidumbre que es la vida.

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El volumen de historias recogidas para este trabajo fue inmenso. El etnógrafo agradece a todos aquellos quienes compartieron sus vivencias para hacer posible este recuento. En vista de esta gran cantidad de testimonios fue necesario escoger los más relevantes. Algunas de las historias se basan en lo vivido por el autor, el etnógrafo. Realizar este trabajo ha tenido efectos catárticos maravillosos. No sólo en el autor, también en los ya muchos compañeros de carrera que han leído los relatos. Como muestra de lo anterior, algunos comentarios suscitados por la lectura de estos relatos: "Oiga sí. Increible en lo que nos convertimos."; "¡Uy! Esto fue lo que le pasó a fulanito!"; "¡Tenaz! Pensar

9 que yo no era así cuando empecé a estudiar economía."; "Yo nunca había pensado en todo ese rollo, eso de estudiar economía no es tan inocente". Sucedió también que el papá del autor, quien al leer uno de los relatos y encontrarse reflejado a sí mismo cambió, decidió volver a ser amigo de su hijo. Las anteriores experiencias ponen de relieve el hecho de que esta Memoria de Grado está viva y es real, tiene efectos en lo profundo (la consciencia) de algunos de los que entran en contacto con ella. Así deseó el autor que fuera, por ello está muy feliz. El desarrollo de esta memoria de grado fue un estallido visceral para decidir vivir, aprender a respirar y ser feliz.

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Cuando estaba en el colegio quería ser economista y politólogo para desde la política y el poder cambiar el mundo para que fuera más equitativo. Siempre me preguntaba si el poder no me corrompería. También deseaba tener mucho dinero porque con dinero hay poder real y entonces si se puede ayudar de verdad. Hoy simplemente quiero vivir una vida con más corazón (llena de amor) y siendo consciente que lo único importante para un ser humano es la vida y la muerte. Hoy sé que la forma de ayudar es siendo lo mejor de mí. Depurando mi mundo, siendo más íntegro, dejando mis lastres para volar en la libertad. Y en ese viaje loco y hermoso del corazón mostrarle a aquellos que quieran oir y ser discípulos, como yo, del amor y la totalidad, que hay un camino en ellos, hermoso, que pueden recorrer y ser libres al hacerlo.

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El objetivo del autor era realizar un ejercicio investigativo libre y auténtico basado en las propias inconformidades con la experiencia de la carrera. En el desarrollo de la investigación tuvo la maravillosa oportunidad de acercarse a las experiencias de sus compañeros de carrera y de esta manera descubrir también sus inconformidades.

10 El procedimiento utilizado para la elaboración de esta memoria de grado fue el de la etnografía casuística. Siendo el caso de la etnografía la experiencia del aprendizaje de la economía en la Universidad de los Andes en los noventa. El autor escogió la etnografía como método de la Memoria de Grado debido a que así es posible recuperar la experiencia del sujeto en el proceso investigado. El autor, a manera de etnógrafo, empezó a recoger multiplicidad de testimonios a lo largo del camino de formación profesional. Algunos escritos, otros guardados en el apuntador de la memoria y muchos más, la gran mayoría, en charlas informales que pretendían recoger testimonios para el desarrollo del proyecto investigativo. En muchas de estas charlas estuvieron estudiantes de otras carreras quienes espontáneamente narraron también sus vivencias. En el proceso de recopilación de información el etnógrafo observó que era preferible no tomar apuntes durante las entrevistas; esto generaba una tensión en las charlas donde se estaba recogiendo información. Todos los nombres utilizados en los relatos son ficticios con el fin de dejar la narración intacta y viva pero sin perjudicar en forma alguna a los autores materiales. En los relatos que componen la memoria de grado se muestra cómo la negación de la existencia es un hecho que acontece en el proceso de formación de la mentalidad económica. En todos los relatos aquí incluidos se manifiesta esto de maneras distintas. A continuación se muestra muy brevemente como se pone de relieve lo anterior en cada uno de los capítulos. • Capítulo I: "Microeconomía I, base de la 'racionalidad'" Este capítulo muestra como al construir el supuesto de la racionalidad económica en la formación del estudiante, se ensambla una estructura de pensamiento que falsea la realidad del mundo y de la vida para el estudiante. El fundamento de esta falsación es considerar a todos los individuos de la misma manera, siendo esto la negación de la realidad humana: irregular e impredecible. El estudiante, personaje del relato, se enfrenta a este drama de manera personal. No concilia con el hecho de que la racionalidad es un supuesto. Descubre que el hecho de que sea un supuesto no le da atributos de verdad a este tipo de pensamiento. En este relato se muestra también cómo el profesor, haciendo uso de su posición de poder, infunde en los estudiantes la idea estructural de la posibilidad de estandarizar el mundo de los humanos: los agentes del mercado. Se plantea muy

11 claramente que la racionalidad es una construcción mental que dista mucho de la realidad y que está fundamentada en la coseidad cartesiana, donde los seres humanos son "cosas que piensan". En breve, se muestra cómo el supuesto neo-clasico de: "los hombres son racionales" aleja de entrada al análisis económico de lo real, puesto que el agente económico es un humano que no cabe por el filtro de la estandarización. • Capítulo II: "Relaciones Interpersonales escrito en Utilidades marginales". Cuando se aprende un lenguaje económico para hablar de los asuntos de que trata la economía, se incorpora en el individuo una visión del mundo basada en dicho lenguaje. En este relato los personajes le permiten al lector observar cómo el lenguaje económico es utilizado inclusive para hablar de sus afectos. El relato pretende simplemente mostrar cómo se incorpora un lenguaje técnico para hablar de sí mismos. Este lenguaje, al ser utilizado por los estudiantes de economía, incorpora la estructura mental del saber económico a todo lo cotidiano. Acontece aquí que inclusive el individuo, único e irrepetible, asume el lenguaje racional económico en su hablar. Y al hacerlo desaparece su naturalidad, su espontaneidad, y llega a creer ser algo que expresa el lenguaje de las utilidades marginales. La persona única, libre y auténtica desaparece en el lenguaje de la técnica: se cosifica y falsea su propia existencia como si él fuera una cosa. Capítulo III: "La pregunta del Parcial". Este relato sigue la línea mental de discurso de un estudiante en un parcial. Muestra cómo el estudiante en cuestión siente y vive el poder, desde su proyección mental. La racionalidad económica lo inviste de poder. De esta manera el imaginario del estudiante se vuelve un escenario donde la dominación del mundo y del entorno es su campo de acción y de ser. De esta manera desaparece lo humano y queda solo el control y el juego de la falsación del mundo. Capítulo IV: "Insensonomía y Econobilidad". Uno de los personajes de esta historia tapona su sensibilidad para desarrollar su conocimiento económico. El narrador, quien es uno de los personajes de la historia, a diferencia de este personaje, mantiene su espontaneidad expresiva. De esta manera se construye un contrapunteo donde se pone en claro cómo la inmersión total en el pensamiento económico aleja al ser humano de su realidad, de la naturaleza expresiva, para dar lugar a un mundo racional falseado por la mente. Capítulo V: "Prohibido Fallar". Para los padres es muy difícil dejar en libertad creativa a los hijos. Esto sucede también con muchos profesores que consideran que su función

12 es controlar a sus alumnos. Esta es una manifestación del ego de los padres y los profesores, que quieren ejercer su voluntad de poder. Esta experiencia la viven los hijos y alumnos de manera traumática. Este relato narra esa experiencia desde el punto de vista del hijo y alumno de economía. Está basada, como todos estos relatos, en una historia real. Se hace patente cómo el estudiante está limitado por la camisa de fuerza de sus mayores, quienes le exigen y demandan resultados de manera autoritaria, imponiendo unilateralmente sus propios criterios de verdad, desconociendo la libertad del estudiante. En el estudiante esto produce una reacción violenta en defensa de su derecho de ser y encontrarse a sí mismo. Este poderoso brote de violencia choca con sus mayores y se convierte en un conflicto sin salida. Se ve también cómo opera la vía del control como mecanismo de poder de los más viejos hacia los más jóvenes. • Capítulo VI: "El que llega tarde no se confiesa". Esta historia muestra la realidad de lo que los estudiantes hacen para sobrevivir en la "jungla" académica. Muestra trucos y una que otra irregularidad que es práctica común en los estudiantes para "facilitar", palabras de los estudiantes, la tarea tan insensata que les impone "el rigor" del control académico. En esta historia se ve cómo al protagonista le interesa simplemente pasar en el montón, ser uno más de la mediocridad rampante, y cómo se celebra a sí mismo su habilidad para mantenerse allí en la mediocridad sin hacer nada. Se ve cómo el modelo educativo genera estructuras de pensamiento, comportamiento y valores que inducen, simplemente, a estar a flote en la mediocridad. El relato muestra valores y contenidos no formales que están presentes en la experiencia de formación académica. Capítulo VII: "Estoy cansado de las bombas". El padre como figura dominante, que en el imaginario del personaje se fusiona con la rigidez de la academia, es con quien el estudiante choca en esta historia. El núcleo del choque reside en la negación del estudiante a aceptar lo establecido: busca encontrar lo que a él le es propio, y no lo que los demás quieren que a él le sea propio y natural. Bajo la presunta existencia de lo que es "normal", el padre ataca al joven, quien a su vez relaciona esta estructura con la tradición que le inculcan en la academia. El conflicto se resuelve en el imaginario del joven tras una ardua, dolorosa y violenta discusión. La resolución tiene que ver con un estado de ánimo que, percibe el joven, está en su interior. Se muestra el choque entre lo "normal", aquello que todos siguen, y el deseo de ser de un estudiante que quiere simplemente ser él mismo. Ni su casa, ni el ámbito académico, parecieran ser los espacios para serlo.

13 • Capítulo VIII: "Cuatro tareas en color". La violencia sutil tiene muchas formas. Una de ellas es la que ejercen algunos profesores para mostrar su capacidad de dominación. En este relato esto es muy claro: las ilusiones de un estudiante son truncadas por la rigidez de un profesor quien no reconoce lo emocional en los estudiantes. Bajo la excusa de que él es un "formador" se atribuye el derecho de hacer lo que quiere, pues es él el poseedor del conocimiento y las reglas de la enseñanza. Aquí el profesor es ese muro con el que choca el estudiante. La academia, que se considera en teoría como una institución inocente y pura, muestra aquí otra cara muy violenta, por cierto. Capítulo IX: "El que no tiene padrinos, no se bautiza". No siempre es el mérito propio el que define el desarrollo profesional. A veces, desafortunadamente, priman las relaciones de poder, las "palancas", y las intrigas. En este relato se recoge la experiencia donde un estudiante de un excelente nivel académico tiene que someterse a la realidad de estas “palancas” e “intrigas”, descubriendo que el puesto al que había sido asignado por méritos es dado a una compañera cuyo único mérito es el apellido que le cuelga del nombre. Se muestra de esta manera cómo son muchas veces más decisivas, a la hora de conseguir un trabajo, las relaciones de parentezgo, las recomendaciones personales, que las mismas capacidades adquiridas con esfuerzo en el estudio. El sabor que deja el relato es el de la decepción del perjudicado y de sus amigos, quienes cuentan la historia. La estructura de poder social propia de nuestra sociedad, que pretende mantener la desigualdad social, queda aquí reflejada. Se muestra también que aceptar esto es aceptar la falsedad de algunas instituciones y de muchos de sus miembros activos. Capítulo X: "Andes ó no andes... ¡andas!" En el sopor de una clase muchas veces se descubren muchas realidades. Tal es el caso de un estudiante que se da cuenta, gracias a los comentarios del profesor, que en este país vale más un título que el conocimiento que este representa. Percibe un país mediocre donde no es importante la calidad del profesional. Importa sí el hecho de que sea un titulado en un saber. La dicotomía entre saber teórico y realidad está también en esta historia. Capítulo XI: "Chiste: 'supongamos que tenemos un abrelatas'" Esta historia muestra la escisión profunda entre el mundo real y el saber teórico económico. Más aún teniendo en cuenta que este saber está enmarcado en supuestos que generan una realidad falseada. El chiste aquí es el pretexto que permite, tanto al estudiante como al profesor, descubrir las implicaciones de que la economía sea un conjunto de saberes basados en supuestos.

14 El alumno se queda en esta historia con preguntas sobre la potencia de la economía, un problema filosófico vigente. Son estos relatos los que muestran ese mundo existencial del estudiante de economía. La complejidad de las relaciones humanas patentes en los relatos es un tema muy amplio para estudiar. Esta memoria de grado es una primera aproximación a este proceso que queda abierto a más investigaciones que se hagan al respecto.

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Relatos

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Capítulo I:

Microeconomía I, base de la "racionalidad".

Clase de Micro 1 en el C - 101. "3:07 p.m. Llegué a tiempo y la profe llegó tarde. Qué alivio", afirmé en mi diálogo interior. La profesora llegó con una falda arriba de la rodilla. Era un sastre azul de paño liso. Tenía medias veladas transparentes y tacones altos. Ese día me pareció muy bonita y no se le notaban los kilitos de más que tenía. Era una mujer de unos veintinueve años y sonrisa picarona. Empezó la clase y yo me sentía abrumado en ese salón. Había oído historias de ella. Decían que era super pila. -"Buenas tardes, mi nombre es Clara Gutiérrez. Soy egresada de la facultad, de pre-grado y post-grado en Economía, y trabajo en el Ministerio de Hacienda", dijo con tono firme y muy segura de sí misma. "Hoy vamos a iniciar el curso de Microeconomía". Hasta ese momento me parecía hermosa, sexy y fascinante. El encanto se quebró unos segundos después cuando nos miró y dijo: "Los hombres somos racionales. Bueno, por hombres me refiero a hombres y mujeres." Su voz melodiosa expresaba algo que yo no quería oír. Pensé: "¿Y luego qué? ¿Va a lograr predecir el comportamiento de todos los seres humanos?". Ella efectivamente planteó: "A partir de este supuesto se construyen las curvas de oferta y demanda que vamos a estudiar en esta clase y con las que se puede predecir el comportamiento de los seres humanos" Sentía incomodidad dentro de mí, algo gritaba en mi fuero interno "¡No! ¡Somos seres humanos y no somos predecibles!" No aguanté más y levanté la mano pidiendo la palabra. No fui el único. Cuando me dieron mi turno para hablar afirmé: "Pero no todos los hombres son racionales". La hermosa profe me dijo, "sí, mira los hombres son racionales. Se puede predecir su comportamiento y la Economía es la ciencia que estudia este comportamiento." Contrargumenté: "Pero que sean predecibles no garantiza que sean racionales". Ella le dio la palabra a alguien más, evadió responderme y consiguió adeptos que apoyaron su posición y que gritaban frenéticamente: "¡Sí, los hombres siempre actúan igual y por eso son racionales!" Sin bajar la guardia dije, "La economía no tiene por qué estudiar el comportamiento de los hombres, porque eso es función de la psicología". A esto ella respondió, "Pero lo hace". Me di cuenta que no tenía sentido seguir discutiendo porque ella estaba cerrada a la banda

17 y rechacé al instante la materia. Adicionalmente, en esa milésima de segundo la profe perdió parte de su belleza y la Economía se me hizo horrible. No entendí en ese entonces, por qué en segundo semestre afirmaban algo tan tajante y sin una argumentación adecuada. No había concordancia con la claridad expositiva y conceptual de los pensadores clásicos: Smith, David Ricardo y Marx que se caracterizaron por su estudio concienzudo, su argumentación clara y precisa y su exhaustiva presentación teórica. No había relación alguna con esta presentación escueta de "los hombres son racionales". Sentí entonces que el hueco conceptual que se había formado, nunca más se iba a llenar. Estaba triste. "¿Será que la carrera seguirá así con estos saltos de continuidad?", me pregunté. La cara de más de uno de mis compañeros era de emoción. Yo simplemente no lo podía entender. Para mí acababan de asesinar al hombre y ninguno de nosotros había protestado y, más aún, parecía ser que afirmar "los hombres son racionales" era la base de todo el saber económico. Desde ese instante no puse atención en clase. Cuando iba en el bus hacia mi casa sentía una incomodidad existencial, similar al vaho de un mal café. Me asaltaba la pregunta: "¿Qué es ser racional?" No lograba darle respuesta. Yo simplemente masticaba la pregunta. Inclusive llegué a pensar que quizás yo hacía preguntas muy obvias y absurdas. Pero si eran obvias ¿por qué no tenía una respuesta clara que aquietara mi mente? Después vinieron la Teoría del Consumidor y la Teoría de la Firma. Llegaron de golpe, sin avisar y me las presentaron fuera de contexto. Eran simplemente cúmulos de información teórica. La profe que a veces iba bien vestida y bonita y otras veces los colores de la falda y el saco no le combinaban, seguía basando todos sus planteamientos en el que "los hombres son racionales". De la misma manera como llegó la clase, de repente, como una escalera muy alta sin baranda, vinieron los talleres prácticos. Allí los hombres éramos variables de ecuaciones que de nuevo no tenían fundamento. Le planteé a un compañero mis inquietudes. El respondió: "No se preocupe por maricadas. Sólo hágalo y ya.". Realicé este y optros talleres sin preocuparme por cuestionar las implicaciones de la definición de hombre ni de que significaba que este fuera o no racional, para no ser castigado con una mala nota en ese momento. Sin embargo un día antes de de entregar uno de esos talleres, vislumbré que la profe siempre se había referido a algo como: "todos queremos obtener la mayor cantidad de

18 plata", al decir “los hombres son racionales”. Entender lo anterior le dio sentido a las preguntas de los talleres. Los ejercicios dejaron de ser absurdos y se convirtieron en estructuras manifiestas del deseo ilimitado de acumulación de riqueza, “maximización”. Se hizo muy claro, a mis ojos, que cuando la profesora se refería a la "racionalidad" humana, en realidad se estaba refiriendo a una forma muy particular de pensar. Esta forma de pensar era esencialmente una optimización del uso de los recursos disponibles, y ella agregaba: "...siempre escasos". En la clase siguiente de mi iluminado entendimiento de qué es ser "racional", miré en el tablero “la fijación de precios de un monopolio”, y descubrí que mi interpretación de lo que era ser racional, según la profesora, resultó ser cierta. Me di cuenta de esto al ver que el monopolista, personaje de la teoría del monopolio, estaba solo interesado en obtener la mayor cantidad posible de dinero. Para el monopolista no eran importanetes los consumidores más allá de saber que su capacidad de pago era suficiente como para que él se siguiera enriqueciendo. Ver que esto era así me disgustó. Habían quedado enterrados mis deseos de que la economía sirviera para hacer más equitativo el proceso de enriquecimiento y acumulación. Aquel día, y esto duraría varios semestres más, hasta ver Historia del Análisis Económico, me quedé con la idea de que la economía en realidad dependía de l supuesto de que “los hombres son racionales”. Aprendí en Historia del Análisis Económico que aunque había distintas maneras de pensar el asunto, el mainstream de la economía seguía el supuesto de racionalidad humana neoclásico. Me di cuenta también que el modelo neoclásico no era un modelo general. Era un modelo más dentro de todos los posibles. Lo complejo fue descubrir esto cuando la carrera ya estaba tan avanzada, pues mucho tiempo había pasado y yo solo había recibido entrenamiento en una forma de pensamiento en economía, la neoclásica. Aquella primera clase de Microeconomía no había sido simplemente una clase cualquiera de economía. Había sido la apertura de un modelo del mundo, el neoclásico, ante mí. Dicho modelo considera a todos los hombres como homogéneos. Sobre este error del pensamiento se armó el discurso nuclear sobre el que hoy puedo afirmar me hice economista. He buscado de donde fue que salió esa loca idea de que los hombres somos homogéneos y racionales. Tras mucho investigar descubrí, solo hace unos pocos meses, que “ser racional” se refiere a aquello que es imaginable y tiene pretención de ser inefable. Es decir, "ser racional europeo" del siglo XVI. Nótese que aprendimos fue la versión latinoamericana

19 reencauchada. Ese día comprendí también que aún somos cartesianos y no tenemos consciencia de ello. Dije entonces en voz alta: "Eso de ser racional es muy irracional". ______

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Capítulo II:

Relaciones interpersonales escrito en utilidades marginales

Marcela estaba estudiando en la casa de Carolina cuando Fernando llegó. "Hola Fer", dijo Marcela mientras se le acercaba para saludarlo con un beso en la mejilla. "¿Qué me cuentas, Machis? ¿Y tú, Caro, qué más de tu mancito?", dijo Fernando. Marcela dijo que todo estaba bien. Sacó una cajetilla de Marlboro de su morral y con el cigarro en la boca dijo: "Yo ando bien, pero tenaz la historia de Caro". Dirigiéndose a Carolina: "Caro, cuéntale lo de este tipo". Carolina miró a Fernando de reojo, cogió el esfero azul que tenía al lado de la mano y se puso a rayar en una hoja de cuaderno. Sin mirarlo, le dijo: "Ese tipo está inmamable. No hace sino joderme la vida. Hoy me hizo show antes de venir. Es muy mamón. Ayer se puso bravo porque almorcé con Machis y contigo." ¡RING! ¡RING!, era el teléfono. Marcela lo contestó: "Aló. Ah, qué hubo Julio. Sí, ya te paso a Caro". Miró a Carolina y tras tapar la bocina del teléfono, dijo: "Caro es para tí, que tipo tan mamón, ya ha llamado ocho veces en la última hora. ¡Qué intenso!" Carolina tomó el auricular: "Aló", estaba incómoda y molesta, "¿sí qué pasa?, ¿qué quieres...? Sí, voy a seguir estudiando." Hizo cara de insoportable mirando hacia Fernando y Marcela, y dijo: "¡No! Hablamos después. No sé a que horas acabe. Si, está bien, adiós". Colgó el teléfono. "¿Y a ustedes qué les pasa?", - le dijo Fernando a Carolina. Ella respondió: "La utilidad marginal de estar juntos es decreciente." "¿Ya llegaron al punto en que los costos marginales de estar juntos son excesivos e indican que es hora de terminar?" - comentó Fernando. Carolina: "Sí. Definitivamente estar con este tipo se está poniendo muy costoso". Marcela oyó la intervención y agregó: "Oigan tenaz que hasta para hablar de un tipo ya estamos usando eso de los costos y las utilidades marginales". Fernando saltó en defensa de la expresión: "Machis, pero es que se entiende muy bien hablando así". "Claro, Fer, ¿pero no te parece mucho estar hablando a toda hora en términos económicos?"

21 "De pronto un poco", dijo Fernando, "pero es muy claro para mí. Es más, llevémoslo un poco más allá. Cuando yo estaba en Introducción a la Economía Colombiana unos amigos y yo calculábamos el P.F.B. (Producto Femenino Bruto). Que era una ecuación donde valorábamos a las niñas: el culo, los senos, la cara, la inteligencia, lo divertida que era la fulanita, la amabilidad, entre otras variables de ese estilo". Marcela, contrariada, expresó: "¡De tí no me extraña ver que todo lo quieras medir como si fuera una función de economía matemática!" Fernando retomó la palabra: "Pero lo más chévere fue descubrir que las ecuaciones servían ..." -Marcela lo miró y le dijo, "¿Y qué tanto servían, Fer, si así ustedes no tenían contacto con la niña?" -"¿Cómo así, Machis?", respondió Fernando. -Marcela, "Pues sí, esas fórmulas no son la niña sino una representación acomodada de ella". -"Tienes razón, un poco", respondió Fernando. "Pero cuando le sacábamos la derivada obteníamos la tendencia marginal de la niña y a veces era muy acertada esa tendencia", dijo Fernando. -Marcela: "¿Y qué tan acertada era la tendencia?" -Fernando: "Lo suficiente para evaluar a las niñas como si fuera un reinado". -Marcela: "¿A Caro cómo le fue? Ella estaba en tu curso" Carolina los miró saliendo de su estado meditabundo y puso atención a la respuesta de Fernando. Fernando dijo, "A Caro le fue muy bien porque tiene una cola preciosa y es muy inteligente. Sin embargo, la ecuación no mostraba lo que descubrí haciendo los trabajos en grupo con ustedes dos, el hecho de que Caro fuera tan querida." Luego miró a Carolina, y dijo: "Caro, tú eres muy linda y muy especial y me alegra ser tu amigo. La verdad no me imaginé que fueras así de dulce". Carolina lo miró y le preguntó: "¿Sí dió la ecuación conmigo?".

22 Fernando le respondió "Más o menos. La verdad es que tú no cabes como persona en esa fórmula. Tú eres maravillosa y eso es difícil de concluir de una persona a partir de una ecuación matemática". Entonces Machis agregó: “Ves, Fer, una ecuación no es comparable con la magnitud y belleza de un ser humano.” Carolina no puso atención al comentario de Marcela y se quedó mirando a Fernando. En su mente lo comparó con su novio: "Qué lindo lo que me dice Fer. ¿Por qué mi novio no me puede decir cosas así? ¿Será que la utilidad de estar juntos tiene tendencias negativas? ¿O será un problema de externalidades?" Marcela tomó la palabra, "Dejemos ya de hablar tanto sobre las relaciones con utilidades marginales decrecientes de cada uno de nosotros y pongámonos a estudiar Micro." La interrumpió Carolina: "¡No, espera! Es que estoy pensando que el problema con mi novio de pronto es de alguna externalidad. ¿No crees?" -"No lo sé", respondió Marcela. ‘externalidades’?" ¿Te refieres a otra vieja o algo así con eso de

-"Sí", respondió Carolina. "Pero prefiero que hablemos en detalle más tarde y estudiemos ahora para el examen de mañana de Teoría Monetaria" Fernando miró a Carolina. "Listo. Estoy de acuerdo". Los tres sacaron sus libros y se pusieron a estudiar. No por ello dejaron de "utilizar" en su diálogo interno los conceptos de "utilidades marginales decrecientes", para revisar las circunstancias personales en las que estaban inmersos: la utilidad marginal de decirle la verdad a papá, el costo medio y su derivada de serle fiel a la pareja; la utilidad marginal de llorar cuando se está triste ... , entre otros asuntos marginales de vital importancia para cada uno de ellos.

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Capítulo III:

La pregunta del parcial

Era el segundo semestre de 1997. Leí rápidamente todo el parcial. Luego, puse toda mi atención en el primer punto que decía así: “1.) (40%) Suponga que el problema que enfrenta la autoridad monetaria es minimizar la varianza de los medios de pago, escogiendo entre si orientar sus instrumentos hacia la estabilización de sólo la reserva bancaria o hacia toda la base monetaria en su conjunto. Sabiendo que la demanda por efectivo y la demanda por reserva tiene componentes aleatorios como los descritos en la función del modelo estudiado en clase, optimice su decisión”. Miré a mi alrededor, estaban allí todos mis compañeros de clase escribiendo desenfrenadamente. Mi hoja aún estaba en blanco. En el reloj marcaban las 10:20 de la mañana, significaba eso que ya había perdido veinte minutos de las dos horas destinadas para realizar el parcial. Miré al profesor y a su periódico "Portafolio" color salmón. Volví la mirada hacia su nariz protuberante y me pregunté qué era lo que él pretendía con esa pregunta. Supe que yo ya sabía la respuesta. Él la había dicho en clase y pretendía que le repitiera su discurso, y en lo posible con las mismas palabras. Supuse que era la autoridad monetaria y jugué el rol mentalmente. Pensé: "Yo escojo en este momento el destino de muchas personas, su horizonte económico. Si hago que el encaje suba, va a haber menos dinero para prestar. Conclusión, menos negocitos en la calle. Por el otro lado, si decido aumentar el circulante, la gente va estar comprando más. En mis manos está el destino de mucha gente y su consumo futuro. Y lo que es más interesante: la gente confía en mí. Creen que voy a tomar la decisión correcta. ¡Esto es increíble! Poseo el poder. ¡Controlo el futuro!". Con la excitación mental mi temperatura corporal aumentó. Casi olvidé la razón por la cual me encontraba en el salón. Imaginé que debería estar asesorando al presidente en asuntos económicos o escribiendo para la editorial de algún periódico especializado como aquel que el profesor tenía en el escritorio. Me ví a mí mismo utilizando muchos términos económicos, de esos que muy pocas personas entienden, para evidenciar mi dominio y posesión de cierto conocimiento. Acto seguido, en la película de mi mente, estaba tomando Buchanan's en un coctel, contando chistes de esos que solo entienden los del gremio y

24 diciendo los comentarios indicados para matar el tedio. Obviamente no había en esas imágenes algo que hiciera referencia al negocito del mono en la puerta de la U. Infortunado ese hecho, pero entre el olor de whisky y cigarrillo no había lugar físico ni conceptual para el mono. A él le tocaba en esas condiciones arreglárselas como pudiera. Bajé la cabeza, mi hoja aún yacía allí en blanco. En ese instante fui consciente de nuevo del hecho de estar haciendo un parcial y que requería de mi concentración para resolverlo. El silencio gobernaba el salón. Fui consciente de mi ego. Sentía como si algo dentro de mí se hubiera expandido y no cupiese en mi cuerpo. Eso que me llenaba era un vacío inflado, algo así como una burbuja a punto de reventar que se hacía más grande a medida que me imaginaba a mí mismo más y más poderoso. Recordé en ese preciso instante lo que sentí esta mañana cuando tomé el periódico y leí la sección económica. Era la misma sensación de poder. No niego que me impresionó el hecho de ver como el saber económico excitaba mi mente hasta el punto de creer que todo lo puedo con mis complicadas regresiones econométricas. Levanté de nuevo la mirada hacia el profesor. Estaba siendo atacado por un nubarrón de estudiantes con preguntas inocuas: "¿Será que con esto es suficiente para la pregunta del primer punto? ¿Será que esto responde a su pregunta?" Decidí utilizar mejor mi tiempo y de nuevo profundicé en mi reflexión. Me dije a mí mismo, "Es maravilloso saber que ya no necesito a nadie para entender el periódico o la pregunta del parcial. Es delicioso saber que soy parte de ese grupo selecto de lectores que entendemos todo el discurso económico del periódico. Yo entiendo las implicaciones de saber que: a) bajó la DTF en tres puntos básicos, b) la banda se acerca a un límite y c) que tenemos reservas para cuatro meses. Con esto que sé ya puedo ganarme un sueldazo de 8 millones de pesos libres de impuestos y volver un día a la universidad, a las 9:00 de la mañana, con un par de guardaespaldas, a dar una conferencia en el Lleras que lleve por título ¿'Estabilizar la reserva bancaria o toda la base monetaria en su conjunto' ?" Con una sonrisa empecé a responder el parcial y me dije: economía. ¡Cómo se siente de bien saber que tengo poder!". _____ "Es maravilloso estudiar

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Capítulo IV:

Insensonomía y Econobilidad

Hernando se había caracterizado siempre por ser un excelente estudiante pero ninguno de nosotros consideró que algún día se olvidaría de sí mismo y de nosotros por el aprendizaje de modelos económicos. Desde el colegio se había distinguido por su inteligencia y su habilidad para la guitarra. Tocaba sones cubanos, obras para guitarra clásica española, vallenatos y muchas otras piezas musicales. ¡Era impresionante! Tocaba prácticamente todo. Yo llevaba un par de años tocando las congas cuando me reuní con él, en el primer semestre del 93, con Potato, que tocaba el bajo y con Lucía, que tiene una voz de miedo, para montar un grupito de salsa bien sabroso. Hernando y yo habíamos sido amigos desde 1978, cuando entramos al colegio, pero fue en aquel entonces durante los tres primeros semestres de Economía, cuando nos hicimos "panas"5. Empezamos a ensayar y a tocar mucho. Nos reuníamos mínimo dos veces a la semana, generalmente en la casa de Hernando. Así, entre tanta ensayadera y tocata, los cuatro nos hicimos muy amigos y Lucía y yo nos enrollamos. Hernando era muy divertido, tenía mucha chispa y siempre estaba con la clave en la cabeza. Potato había empezado Música, pero se había cambiado de carrera porque decía que así le estaba perdiendo el sabor a lo que más le gustaba. Fue entonces cuando empezó Economía y quedó con nosotros. Éramos un grupo de amigos parranderos y muy divertidos. Los fines de semana tocábamos en barsitos de salsa, de esos cuya entrada se parece a la de un prostíbulo pero que adentro son super acogedores. Cuando no estábamos, tocando nos íbamos de "dancing". Entre semana y a veces los domingos nos reuníamos para estudiar. Era muy divertido porque empezábamos a leer a Marx o a Smith con la Orquesta Aragón de fondo, cual intelectualoides de la típica película latinoamericana de los setenta, donde el tema gira entorno a la prohibición de ciertas lecturas y el sistema de represión estatal. Con la suerte, pensaba yo, de que en este país no nos mandaban para la cana por leer, porque aquí el control es mucho más sutil y no por ello menos violento. El día que entramos a la "U", Hernando y yo oímos el discurso que dio el Decano de la Facultad. Fue allí donde yo le puse el ojo a Lucía. Estaba hermosa, tenía ese aspecto tan
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“Pana”: dice de aquel que es cercano, amigo. Término utilizado por los jóvenes en los noventa en Colombia.

26 característico de mujer fresca, versada en muchas cosas, muy inocente aún y "típico" de las niñas lindas que estudian en colegios bilingües internacionales. Le comenté a Hernando que a mí ella me parecía espectacular. Ese momento lo tendré siempre grabado. La imagen de ella y la voz de fondo del Decano diciendo: "Ustedes serán filósofos materialistas para el momento en que acaben sus estudios de pregrado". Mis ojos estaban puestos en ella. ¡Se veía divina! Estaba super concentrada oyendo el discurso, tenía el pelo largo cogido con una hebillita en el lado derecho y parecía una niñita inocente pero estaba ya toda crecida, rosada y hermosa. Hernando me codeaba y me decía que pusiera atención, que no fuera tan boleta. Pero es que sus senos se veían firmes debajo de la camisa blanca. Yo sabía que quería estar muy cerca de ella y que así iba a ser. Todo era cuestión de tiempo. Cuando empezamos a tocar en el grupito de salsa yo dije: "aquí fue" y así como quien no quiere la cosa me le fui acercando y que "yo te llevo", "dónde te recojo", y así de a poquitos nos fuimos coqueteando hasta el día en que nos chocamos en el corredor de la casa de Hernando al salir ella del baño y "¡Cataplum!". Hernando me la montó mucho porque decía que llegamos con los ojos encendidos haciéndonos los que no había pasado nada. Además Hernando era el único que sabía que a mí Lucía me fascinaba y pues claro, no iba a desaprovechar la oportunidad para mamarme gallo. Pero es que el choque entre Lucía y yo terminó en abrazo superapretado, delicioso y ni una palabra hubo porque ya los dos sabíamos como era el asunto. Recuerdo que en esa época Hernando era muy cálido, todo un bacán. Para mí era como un hermano, me apoyaba en todo y yo a él. Inclusive si el apoyo implicaba hacerle caer en cuenta al otro que la estaba embarrando en algo. Esa noche prendimos la chimenea y la sesión empezó con unas cancioncitas de Miguel Matamoros y luego con otras de Irakere. Estuvo buenísimo, montamos dos canciones completas. Al día siguiente estudiamos para un parcial de cálculo y Hernando, que era el duro, nos explicó a Lucía, a Potato y a mí, cómo era que se resolvían unos ejercicios que parecían super complicados. A todos nos fue muy bien en ese examen. Yo me sentía muy feliz por tener esos amigos tan chéveres y por tener esa suerte de estar disfrutando tanto de la vida, ¡es que la pasábamos buenísimo! No todo dura para siempre. Al finalizar el tercer semestre hubo un día en que sucedió algo verdaderamente inusual. La constante había sido que siempre estábamos como personas y como grupo primero que todo lo demás. Esto era en lo académico y lo musical. Un jueves

27 nos contrataron para tocar en "Gato Negro", un restaurante-bar del parque de la 93. Estábamos felices y en la tarde Potato, Lucía y yo habíamos cuadrando unos detallitos del sonido cuando sonó el teléfono. Era Hernando, dijo que no podía tocar porque al día siguiente teníamos examen de Macro y él sentía que no había estudiado lo suficiente. Le dijimos que él era una mierda por no habernos avisado antes. Y además que la excusa era muy mala porque el día anterior ya habíamos estado estudiando. El asunto fue que no pudimos convencerlo. No hubo argumento que valiera. Por suerte, el primo de Lucía estaba en Bogotá y tocaba guitarra y esa noche logramos presentarnos, pero teníamos una duda grande sobre qué sucedería en el futuro. La duda hizo mella y no fue una señal al aire. En el siguiente mes Hernando se inventó todo tipo de excusas para no estudiar con nosotros. Y de reunirnos para tocar, pues ni de fundas. La cosa se puso seria. Yo estaba triste, se lo comenté a Lucía. Ella también estaba dolida. Nos fuimos a hablar con Potato y él decía que no entendía qué le sucedía a ese man. En clase Hernando ya no se sentaba con nosotros. Un día no aguanté más y le dije a Hernando que dejara la maricada y me dijera de una vez por todas qué era lo que pasaba. Me dijo: "Mire la verdad es que no pasa nada con ustedes y lamento haberles incumplido el día de 'Gato Negro'. El asunto es más bien mío, prefiero decírselo claro y de frente. Ya no quiero tocar guitarra y no quiero andar tanto tiempo con ustedes. Es que siento que es una perdedera de tiempo." Me quedé anonadado y no entendía por qué mi amigo me decía semejante cosa. ¿Es que acaso lo habíamos incomodado? ¿Lo habíamos ofendido? Le hice todas las posibles preguntas respecto a la explicación de su abandono hacia nosotros y a todo lo referente a la música. Dijo que no era nada de eso sino que simplemente sentía que estaba perdiendo el tiempo con nosotros y con la música. Fue muy enfático y recalcó que estaba ahora dedicado a cosas mucho más interesantes y útiles. Le dije que respetaba su opinión pero que no la compartía. Le reforcé el hecho de que él era muy buen músico y que era muy triste que ya no tocara más. Por él, porque ahora se le veía aburrido y por nosotros que lo queríamos mucho y que nos gustaba estar con él para estudiar o tocar musiquita cheveronga. Pero Hernando ya había tomado la decisión y no había marcha atrás. El tipo se puso a estudiar mucho. No hacía sino comer libro. Se leía lo que tocaba para la clase y mucho más. Cuanta lectura complementaria había se la leía, y no es que eso me pareciera impropio sino obsesivo. Alguna vez tuve que ir a recoger unas fotocopias a su casa y,

28 como no estaba, me las entregó la mamá. Ella estaba muy orgullosa de su hijo y de su capacidad de estudio. Me contó que ahora estudiaba tanto que definitivamente había dejado atrás la guitarra y los picaditos de fútbol. Yo no dije nada y simplemente me fui. Un día me lo encontré por casualidad en la fila de la cafetería y decidimos almorzar juntos. No hablamos mucho pero lo que hablamos fue suficiente. Me contó que estaba aprendiendo las herramientas más poderosas que existían para modelar el impacto de la política monetaria en la economía. Yo le dije qué chévere, y que me alegraba mucho. Yo estaba impresionado porque Hernando ya no parecía Hernando, el tipo querido, divertido y amable que había sido mi pana los primeros tres semestres. Su voz era distante, cuando hablaba no me tocaba. Sonaba como si me hablase desde que me hablara desde un modelo teórico. Ese día me preocupé por su salud y se lo comenté a alguien, quien me respondió: “No viejito, si ese tipín lo que está es bien. Me enteré que el profesor de Teoría Monetaria lo apoyó para que entrara al Banco de la República.” Me alegré de saber que a quien había sido mi amigo estaba yéndole bien. Se lo conté a Lucía, quien también se alegró. Yo, sin embargo, estaba triste y preocupado porque estaba seguro que a mi amigo lo iba a perder para siempre. Unos semestres después me encontré a Hernando en una clínica de urgencias. Yo había ido a que me entablillaran un dedo esguinzado, cuando lo vi llegar con su mamá. A ella la internaron y para hacerle todo tipo de chequeos y pues ahí fue donde pudimos hablar un poco más: “¿Hernando, y cómo le ha ido?” Me dijo que muy bien. Le pregunté por la mamá y me dijo que no era nada serio. Después de hablar sobre muchas cosas, vagamente me preguntó si ya lo había podido perdonar por abandonarnos. Yo le dije que sí, que fresco, que a mí me importaba que él estuviera bien y ya. Me dijo entonces que todo lo había hecho por su propio desarrollo. Me contó que estaba terminando el master en economía pura y que estaba analizando dónde se iría para hacer el doctorado. Yo era consciente de la distancia que se había creado entre los dos y que era inmensa. Mientras yo cada día me preocupaba por divertirme con lo que aprendía en economía y por mejorar mi capacidad para expresar mis sentimientos en las congas, él por su lado pretendía construir el modelo perfecto de predicción monetaria. Me impresionó que no había ya nada de sentimientos en sus palabras, era como oír un texto de clase. Inclusive parecía que él se divertía de que fuese así, de que fuera pura teoría lo que hablaba. Me contó que su ilusión era convertirse en un gran académico y nada más. Le pregunté por la música. Me dijo que yo era muy divertido por preguntarle siempre por esas pendejadas. Finalmente, cuando me dio una respuesta, me dijo que él estaba muy bien así sin música. Me explicó que ya no

29 había en él pasiones como la música o nuestras rumbas que lo separaran del conocimiento. En ese instante sentí lástima de él. ¿Cómo era posible que afirmara eso? Era increíble. Hernando, el que yo conocía, no era aquel ser que estaba frente a mí. Tenía en la misma banca, y a mi lado, a un hombre maquinizado que estaba orgulloso de ser máquina. Ese ser había sido hace mucho tiempo un hombre muy especial y había sido mi amigo Hernando. La conversación se puso cada vez más aburrida, él solo hablaba de sus dichosos modelos econométricos y de los enfoques económicos. Yo traté de hablarle de nuevo de la mamá pero, inclusive eso, no lo tocó. Parecía vivir esa circunstancia crítica como si fuese otra situación modelable. Me preocupé por el daño que el objetivo de “desarrollo personal” había hecho en Hernando. Entendí, entonces, que Hernando me había hablado de “desarrollo” como un concepto económico pero referido a sí mismo. Pensé que era muy triste saber que Colombia estaba ahora en manos de gente como Hernando que tomaba la vida sin vida, sin emoción. Además, me aterrorizó que confiáramos en gente como él. Gravísimo: ¿Cómo creer en alguien que no está vivo, no siente, y además decide sobre el futuro de nuestra nación como si “el país” fuese algo que cabe exclusivamente en un modelo económico? Qué peligro tan grande que alguien que ve solo el mundo desde modelos teóricos y que ha perdido su sentido relacional de lo humano, decida algo que me afecte a mí y a todos los que vivimos en él. Imagino que en su visión nosotros no somos más que números registrados en las ecuaciones económicas. Aunque me preocupaba todo el rollo político de lo económico, lo que más me perturbaba era saber que yo ya no tenía nada que ver con ese tal Hernando y que ya no era mi amigo. Yo, por mi lado, había seguido investigando la forma de expresar mis emociones y me alegraba cada día más cuando veía en uno de los bares en que tocaba que le sacaba sonrisas y alegrías al público. En ese momento pensé que yo era más útil sacando sonrisas y siendo auténtico, que un hombre fracturado por la razón como Hernando. Y sobre todo yo era feliz de verdad, desde adentro. Me di cuenta que no necesito dominar ningún modelo económico para ser feliz, porque mi alegría viene de lo profundo de mi ser. Probablemente mis notas y mi desempeño no hayan sido tan notables como lo de Hernando, pero no me importa. Yo soy feliz desde mí y aún sueño con encontrar la forma en que la economía se base en esa armonía interior. La madre de Hernando ha muerto. Él rezó un rato en la sala de velación, luego se fue a trabajar al Banco (de la República, para los no enetendidos). La muerte de su madre ni siquiera lo ha tocado. Me parece que Hernando ha sido definitivamente vacunado por sí

30 mismo para sólo ser razón analítica. No me parece distinto de una máquina. Añoro cuando Hernando y yo tocábamos guitarra y él todavía era un ser humano. ______

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Capítulo V:

Prohibido fallar

-“Oiga viejo men”, dijo Paulo, dirigiéndose a Mauricio, “qué tal que no logre el 3.0” -”Fresco, loco, que todo se puede”, dijo Mauricio -”No. Eso no es lo que me preocupa. El asunto es que mis papás no ameritan que yo saque 3.0 en una materia y eso me estresa mucho.” Puso la barbilla en sus manos y se quedó esperando a ver qué le decía su amigo. -“ ¿Y eso por qué mi amigo?”, respondió Mauricio. -“Por un lado mi papá me dice que soy muy inteligente y que no sería admisible para alguien tan inteligente fracasar, y sacar 3.0 es fracaso total para él. Por el otro lado mi mamá afirma que no es adecuado que un Gutiérrrez Martínez pierda una materia.”, agregó Paulo. -”Viejo, y eso qué. No les coma. No les pare bolas.”, dijo Mauricio. -”Yo no sé, viejo men. Pero sí sé que ellos plantean que es inadmisible que yo saque 3.0 en una materia. Y eso me tiene como mamado. Además, porque me amenazan diciéndome que si yo no saco los promedios que ellos quieren, pues que friquis mortis y que no me pagan la Universidad el próximo semestre. Y siento como si me vieran como una inversión que si no les da el retorno deseado, pues dejan de invertir. Y eso es una culada.”, contestó Paulo. -Tras una pausa, de nuevo habló Paulo: "Oiga y lo que pasa es que con mis papás el asunto de la materia resume un poco todo el mierdero de los conflictos con ellos". -"¿Cómo así?", preguntó Mauricio. -"Pues sí. Ellos me plantean que tengo que vivir y ser como ellos. Que tengo que tener el pelo corto porque así largo es horrible. Que tengo que conseguir un trabajo, porque

32 supuestamente soy muy vago. Y así con muchas otras cosas, es una mamera." Paulo miró al piso esperando que Mauricio le dijera algo. -"¿Y cuál es la huevonada suya? ¿Es que se dió en la jeta otra vez con su papá?", averiguó Mauricio. -"Pues la verdad es que fue una coñacera de palabras. No nos dimos golpes como el otro día, pero la cosa sí se puso caliente.", dijo Paulo. Mauricio trató de cambiar el tema para desviar la conversación: "Oiga, ¿cómo le fue en las otras materias?" Pero sin obtener resultados porque Paulo dijo: "Y es que la cosa está tan peluda que yo creo que voy a solicitar un préstamo en Fiducolombia". Pero Mauricio le atajó: "No se ponga a hacer pendejadas que después está endeudado". -"Sabe qué, viejo men, prefiero endeudado que controlado.", insistió Paulo. -Mauricio, frunciendo el ceño y moviendo los brazos en el aire, dijo: "¿Y qué gana con eso? Al fin y al cabo sus papás le pagan la universidad y eso es cómodo". -"¡Sí! ¿Pero a mí quién me paga para estar tranquilo? Yo estoy mamado de que me jodan la vida", respondió Paulo, con desgano. -Mauricio miró al piso para evitar la mirada de Paulo y dijo: "Viejito, pero los papás son los papás y son los únicos que a uno lo apoyan." -Paulo respondió entonces con presteza, "¿Y el apoyo incondicional dónde está?" (Estaba con los ojos rojos, por la rabia o por la tristeza). "Yo entiendo que el amor es el apoyo incondicional a alguien, es algo así como simplemente ponerse feliz porque aquel que uno ama está pleno. Pero con ese par la cosa es que están contentos sólo si yo hago lo que ellos dicen. Y pues ni mierda, yo sé lo que hago. Yo soy el único experto en el mundo sobre mis cosas. Sobre lo que es mío." -Mauricio se enderezó y dijo: "Entienda que lo hacen por amor". -"A la mierda con que amar es manipular. Manipular es joder al otro," dijo Paulo.

33 - "¿Viejito, no será que usted se está ahogando en un vaso de agua? Además piense que usted sigue viviendo con ellos y pues que mamera andar de pelea,", inquirió Mauricio. - Paulo se sentó derecho y dijo: "Prefiero estar de pelea con ellos y no de pelea conmigo, reprochándome y diciéndome que soy un huevón por aceptarles todas las maricadas. Además qué huevo, saco 3.0 en la materia, que no me paguen más la puta universidad y yo pues me la pago, estoy tranquilo y ya veré qué hago. Al fin y al cabo todo lo que yo quiero es estar tranquilo conmigo. Y si para estar así de tranquilo tengo que pelear, pues de malas, tocó." - Mauricio: "Viejo pero es que sus papás no hacen yoga para superar el sufrimiento ni entienden mierdas distintas a las que les enseñaron. Esa vaina de la realización personal pues solo la ven posible como ellos piensan. Ellos miden todo según lo que aprendieron y eso fue una noción de “éxito” muy particular. Es decir, para que ellos sientan que usted está bien es que usted se vista como su papá, como niño bonito; se porte bien en las reuniones sociales; esté muy apegado a la casa, y que haga plata. En pocas palabras, que siga la tradición." -"Pero eso a mí no me hace feliz,” dijo Paulo y continuó: “Me sabe a mierda, me parece un ideal medio burgués, super culo. A mí lo que me gusta es pasar la vida relajado aprendiendo a mi manera, a mi ritmo, y lo que se me da la gana," agregó Paulo con una expresión de tranquilidad en la cara. "Y pues mi papá sólo dice que parezco un drogadicto cuando exploto con tanta fuerza y rabia cuando me joden. Además me pregunta como detective culo de televisión qué fue lo que hice ayer. ¡Y puta! Ahí sí que me da rabia y me dan ganas de pegarle y le grito que perdió el tiempo educándome y siendo tan huevón y tan incapaz de creerme", concluyó Paulo con vehemencia. -"¿Y usted le dice huevón a su papá?, preguntó Mauricio. -"Pues el otro día así le dije y se emputó. Mi mamá estaba al lado e hizo un show el berraco porque yo le estaba faltando el respeto a ellos dos. Y que así, pues que ni siquiera habláramos. Y se me voló la piedra, les dije que eran unos idiotas y que más bien se miraran a sí mismos en su respeto a mí antes de joderme la vida y pedirme que los respete. Porque ellos sí se pueden poner putísimos porque yo digo ‘huevón’, y yo no puedo decir ni mierda porque me están jodiendo.”, respondió Paulo en su angustia.

34 - Mauricio, disfrutando del disgusto de su compañero, siguió: “¿Y para usted qué es que lo estén “jodiendo”?” -“Que me jodan significa que no me respetan en mi autonomía, en mis decisiones sobre mi propia vida. Joder es también querer manipular mis decisiones y es que esto es porque ellos tienen la idea de que yo no puedo determinarme a mí mismo, como por ejemplo con el 3.0 de esa materia. Que ellos piensen y actúen así me parece un irrespeto el berraco, violencia pura. El otro día se puso tan tenaz todo que incluso estaba pensando en ponerles una tutela por irrespeto a mis derechos fundamentales. Es que siento que no me dejan respirar si no tomo el aire como a ellos les parece bonito y ante eso sólo me dan ganas de pegarles una patada en el culo.", dijo Paulo. -"Pues la vaina es como seria. ¿Pero usted, por qué se emputa tanto?", volvió Mauricio a preguntarle a Paulo. -Respondió Paulo, "Viejo, mire, yo estoy en lo mío y sé en lo que estoy y no voy a dejar que nadie me venga a decir qué carajo es lo que tengo que hacer. Es como si alguien viene a decirle a usted qué hacer, si se come o no a su novia, que si lee o no un libro. Y marica, a mí esa mierda me suena a totalitarismo o al juego doble de la D.E.A. con el tráfico de drogas colombianas, donde por un lado le joden la vida pero a la hora de la verdad los jodidos son los gringos periqueros y su puta política de estado diciendo que el problema no es el consumo sino la oferta. ¡Y la mierda! No todo es como decían algunos clásicos, que toda oferta genera una demanda. No, No, para que haya oferta tiene que haber demanda. En pocas palabras si me joden les respondo , ¿qué más hago? Yo no soy santo para aguantar tanta jodencia. Es que la vaina es como si usted viviera en su casa con un Fidelito Castro que le dice que no se ponga los pantalones rotos porque eso está en contra del partido. ¿Y sabe qué? Para mí esa mierda es abuso de poder." ______

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Capítulo VI: Miércoles, 4:50 de la mañana.

El que llega tarde no se confiesa

La luz blanquecina del sol apenas iluminaba las paredes de la alcoba. Saliendo de algún lugar de la inconsciencia una débil voz mental replicó: “¡Ay, juemadre! Ya casi es hora...” Tras decir esto Juan Diego bostezó y se dijo a sí mismo en sus pensamientos: “Creo que si duermo 5 minutos más tendré apenas tiempo para bañarme, desayunar y pegarle una repasadita a la teoría keynesiana en el bus. ¿Será que preguntan hoy otra vez el rollo del equilibrio y la jerarquía de mercados? Porque si llegan a preguntar sobre el equilibrio la veo grave, ... ¡Mhm!” Y entre un bostezo se quedó profundo. No tardó en empezar a roncar nuevamente. Miércoles, 6:25 de la mañana: - “¡Mmmmm, deje dormir!”, dijo Juan Diego - A esto la mamá respondió: “Mijo, ¿usted no tenía parcial hoy por la mañana?” Cayeron las cobijas, las sábanas, y la almohada al piso. “¡MAMÁAA!..” La respiración de Juan Diego estaba agitada. Miró a su madre y le dijo: “ ¿Por qué no me despertó temprano?” Su mirada iracunda recayó en el traicionero reloj-despertador. Se leía 6:26 a.m. en los números verdes iluminados sobre el tablero negro. -“Juan Diego, sí ve, mi amor, por no poner el despertador temprano, ¿y ahora será que alcanza a llegar?” A este comentario, Juan Diego no respondió. Su madre afirmó: “Juan Diego, báñese rápido que yo le hago el desayuno. - “¡No Mamá, que me voy a bañar ó a desayunar! El parcial de hoy es con ese profesor Mazamorra, y ese no rebaja ni una.” Juan Diego se quitó la pijama apresuradamente mientras su Mamá salía del cuarto. Pensó en ese momento: “Para el día de hoy: parcial. Entonces me voy a poner este pantalón clarito que tanto me gusta, la camisa amarilla, el cinturón café, me llevó esta chaqueta, y ... ¿dónde dejé mí morral? Ah, sí en el comedor.”

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- Con una mirada de amor, dijo la madre: “Juan Diego, llévate este 'sanduche' y te lo comes por el camino. Ten una platica de más y coge Taxi, vas a ver que alcanzas a llegar. Bendiciones.” Le dio un beso. Juan Diego hizo un gesto de agradecimiento y se fue corriendo. Se alejó mientras gritaba a viva voz: “Gracias Mamá. Nos vemos después.” La avenida, como era típico a esa hora, estaba llena de gente esperando transporte. Juan Diego sabía bien que de las 6:00 a las 6:30 a.m. es la hora de los estudiantes que van para el centro. Después vendría el periodo de tiempo entre las 7:00 y las 8:00 a.m. cuando están por ahí las personas que van para la oficina. Era difícil decidir cuál era el mejor momento de la mañana para acceder a los siempre ocupados medios de transporte. Afirmó para sí, “Ahora sí, necesito un taxi que me pare rápido.” Después de 15 minutos, 13 taxis ocupados, 9 taxis desocupados que no pararon, 2 paradas en vano porque "yo hasta allá no llego", 3 taxis tomados por personas que estaban delante de él y 2 taxis tomados por personas que estaban atrás de él, se detuvo el deseado vehículo amarillo. Dijo el chofer: “Buenos días. ¿Para dónde?” El taxista parecía ser amable. De unos 40 a 45 años. Usaba corbata, y su pelo estaba a medio canar. Dijo Juan Diego: “Sí señor, por favor a la tercera con diecinueve". El taxi arrancó mientras él volvía a sumirse en sus pensamientos: “Las cosas estaban saliendo bien. ¿A ver qué hora es? ¡Uy! Son las 7:08 voy apenas. Leeré los apuntes de clase. Sí, aquí están: el Equilibrio en la teoría Keynesiana.” Leyó apasionadamente las cinco hojas que consideraba los apuntes de cuatro meses de cátedra. Flechas, paréntesis, corchetes, comentarios, citas, recordatorios de la estrategia del partido de fútbol del sábado de hace dos meses, cuentas para pagarle a papá, notas sin sentido, más cosas y más cosas, pero nada de lo que buscaba. En medio de la preocupación, vociferó: “¡Pero, dónde están las putas fórmulas!” Estaba pálido. - “¿Señor, decía algo?”, replicó el taxista perplejo. - “¡Eh! No... en absoluto.” Respondió Juan Diego y volvió a pensar en sí, se dijo: “Calma, calma, si no anoté las fórmulas fue por algo." Pensó un rato y se dijo a sí mismo: "¡Claro! Las fórmulas están en el resumen al final de cada capítulo.” Acto seguido tomó el libro de

37 texto que hablaba de Keynes, ese grueso volumen color azul oscuro con líneas rojas en la portada que se asemejaban a las curvas de oferta y demanda.. Pasó las hojas con velocidad. No recordaba con exactitud cuales capítulos entraban en el parcial. Algunos títulos y subtítulos se le hacían familiares, incluso algunos de ellos hasta le traían a la memoria recuerdos agradables como aquella vez que en clase había entendido un poco más que sus compañeros y se había atrevido a hacer una pregunta al profesor Mazamorra, ese conocido cascarabias. Juan Diego encontró las fórmulas y se dijo: "Las cosas están yendo bien, ya tengo las fórmulas." Esta era una hoja llena de números, ecuaciones y tachones hechos en la letra de Juan Diego. Reposaba sobre sus manos. Estaba feliz. En un tono muy callo dijo, "Listo, ahora a repasar." Continuó hablándose en su diálogo interno, "Esta es una (Pc/Pa) que es relativo a (Qc+Q*c) / (Qa+Q*a). Bueno, tranquilidad ante todo. Q debe ser cantidad y P debe ser precio. Hasta aquí voy bien, estoy seguro. Pero, ¿qué representa Pc y Pa? Por supuesto que son los precios de los bienes c y a. Existe una relación entre ellos, pero ¿cuál podría ser? Después de: muchos semáforos en rojo, un trancón del carajo por una estrellada en la vía rápida y unos tres rayones azules en el pantalón por estar escribiendo comentarios con el vehículo en marcha, Juan Diego llegó a la conclusión de que no entendía absolutamente nada. - "¡Ay Dios, ayúdame!", suplicó Juan para sus adentros, "Tú me has ayudado en todo, por favor dame una idea..." En ese momento, Juan reparó en el taxista. Se vestía bien, era entrado en años, se veía serio y por supuesto: manejaba un taxi. Era de saber general que los abogados y los economistas fracasados manejaban taxis para obtener el sustento. Tendría que probar suerte, era lo único que tenía por el momento. Tímidamente le preguntó: "¿Señor disculpe conoce usted a Keynes.?" - "¿Keynes?" , dijo el taxista en un tono de voz que manifestaba una gran inseguridad. "¿Cuál Keynes?" La situación parecía desesperada. "Keynes, el economista." asintió Juan Diego.

38 - "¡Ah¡ ya, el Keynes el economista que fundó el banco de la república hace tiempo." Dijo el taxista. La sorpresa de Juan iba en aumento. Keynes no había fundado el banco de la república. ¿O era acaso eso posible? - "Pero yo pensaba que se decía Kreines. Ese sí fue un señor importante, no como estos títeres que tenemos ahora que sólo se la pasan echando del puesto a los empleados públicos.", Dijo el taxista. - "¡Sí señor, terrible!", fue lo único que acertó a decir Juan Diego mientras escudriñaba la respuesta del taxista. Éste continuaba con una interminable perorata sobre los desequilibrios sociales, políticos y económicos del país. Algo de lo que había visto en los cuatro semestres de estudio llegó hasta su memoria: "¿Señor, no se referirá usted a Kremerer, en vez de Keynes?" dijo Juan Diego interrumpiendo al taxista. El taxista sin dar muestras de interés, pero con un tono irónico dijo: "Son $4,800 pesos moneda corriente por favor." Juan Diego pagó y se bajó del taxi. Ya estaba allí en la entrada de la universidad, listo para cumplir su enfrentamiento teórico con el profesor Mazamorra. Miércoles 7:27 a.m., salón C – 101. El salón parecía estar listo para inmolar a las víctimas. El tablero aún relucía blanco y limpio: allí se fijarían las armas del verdugo, las preguntas del parcial. Muchos de los puestos ya habían sido ocupados, especialmente los de la última fila donde estaban los vagos: el flaco Galeano y su combo. Sólo quedaban las filas de adelante y uno que otro puesto disperso entre la masa de estudiantes. Juan Diego se apresuró a internarse entre las filas, era mejor estar allí entre los que conocía a estar en la primera fila. Alguien dijo: "¡Bienvenido! Doctor Torres." Juan Diego sintió un escalofrío en la espalda, se le erizó el pelo mientras se volteaba a mira al que le había hablado. Era el Profesor Mazamorra. "Por favor, tome asiento.", dijo con esa voz sarcástica que tanto le caracterizaba. "Le estábamos esperando."

39 Juan Diego no tuvo más remedio que ocupar la silla que le era señalada. Primera fila, butaca del centro, en frente del profesor. Su desánimo era visible en el rostro. Acomodó la maleta al lado izquierdo del asiento, un poco abierta para dejar salir una esquina de la salvadora “hoja de fórmulas”. Un silencio prolongado por parte del profesor con la mirada sostenida en la maleta, y una montaña de maletas amontonadas en una esquina del salón bastaron para hacerle entender con pánico que TODAS las maletas deberían estar al frente. No pudo hacer más y en menos de diez segundos, su maleta, su hoja de fórmulas, su esperanza y su deseo de no repetir esa materia yacían al lado de los maletines, valijas, mochilas, morrales y demás útiles académicos. Se preguntó si los demás estudiantes estarían sufriendo la misma epopeya que él. Tuvo ganas de voltearse a mirar algunas caras para comprobar su duda, pero la gélida mirada del profesor Mazamorra se lo impidió. “Keynes aunque no Keynes” debió haber sido el título del parcial. ¿A quién carajos le iba a interesar lo que hizo Keynes después de la II Guerra Mundial? Aunque eso era obvio, “...luchar por la construcción de una paz mundial cimentada en las sólidas bases de una economía coherente, racional, que permitiera la recuperación del mundo” escribió en la hoja del parcial. Para Juan Diego era admirable la utilización que él mismo estaba haciendo de esos comodines conceptuales, lo mismo hubiera podido decir de Ohlin. "¡Que maravilla!", pensó. Fue consciente que los sofistas eran aún sus maestros. Sin embargo, ese era uno de cinco puntos, los demás parecían más un jeroglífico que una pregunta concreta. Poco a poco el arte de la ambigüedad se unió con el arte de echar machete, la letra pegada para que no se entienda mucho, la cepillada al escribir: “presentado al excelentísimo Señor Doctor Profesor Mazamorra”. Todo ésto sumado a siete bendiciones sucesivas por cada punto y por supuesto, un guiño de ojo al ángel de la guarda, que seguro iba a ayudar. Viernes 9:00 a.m. En la pared del salón C - 101 La típica hoja verde menta colgaba de la pared sujeta por dos tiras de cinta transparente que amenazaban con dejarla caer en cualquier momento. Alrededor, un corrillo de estudiantes se agolpaban para revisar las notas del parcial.

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- Leía en voz alta Juan Diego, mientras su mirada bajaba por la columna de apellidos: "(...)Arregocés, ..., Fernández, ..., Rodríguez, Salazar, Suárez, Tarazona, ¡Torres! ..." Se detuvieron sus ojos en esa línea y recorrieron la breve distancia infinita hasta la columna donde estaban las notas. Clavó sus ojos en las cifras. Quedó absorto, allí estaba su nota. ¡Era cierto! Su calificación había sido 3.1. Una sensación de alivio recorrió todo el cuerpo de Juan Diego. Se le abrió ante sí todo aquello en lo que estaba inmerso. Ese muy grande instante le revelaba que: con este 3.1 eran cuatro las notas superiores a tres que había obtenido en esa materia durante el curso del semestre; había pasado el parcial, -eso significaba que hasta el momento iba pasando la materia; y que solo necesitaba pasar el último examen. Para el final iba a estudiar bastante, aunque quizás lo que debía hacer era esperar a que el profesor aplazara el final por no encontrar un horario común y que de esa forma se viese obligado a trocar el final por un ensayo escrito. Mientras se movía en la romería de sus compañeros de clase, ávidos de una nota para calmar la ansiedad, consideró que en el caso de que Mazamorra dejara un ensayo en vez del final, tendría un abanico de posibilidades para escoger el tema. Su amigo Felipe, el del equipo de microfútbol, que iba dos semestres adelante, le había pasado ya un gran número de trabajos de los cuales podría escoger uno que otro en cual se podría "basar" para la elaboración de ese posible ensayo. Sonrió con gran satisfacción mientras se retiraba del tumulto de gente. De todas formas él sí sabía hacer bien las cosas. Era consciente de ello. Estaba en la jugada. No como el rebelde del Galeano que seguro había contradicho al profesor y por eso se iba a tirar la materia. Se alejó bajando lentamente las escaleras. Su estado de ánimo era triunfal. Al llegar a la "estatua del bobo" pensó tan fuerte y claro como nunca antes había pensado: "La universidad es pa' vivos no pa' bobos". Se marchó dándole la espalda a ese bobo, que siguió leyendo, inmutable. ______

41 Capítulo VII:

Estoy cansado de las bombas

Caminando hacia mi casa pensé: "Estoy cansado de las bombas, no quiero más ataques. No me agrada sentir más disparos hacia mí ni quiero responder con brigadas móviles de alta capacidad efectiva en el campo de batalla." Contemplé la ciudad a mi alrededor, la gente caminando ajena a la demás gente. Continué mi diálogo interno: "Estoy harto de batallar contra el enemigo porque quiero ser su amigo. No quiero más sangre derramada, cuesta demasiado y no queda nada." Esbocé una sonrisa, sentí que la esperanza crecía en mí y decidí empezar por mi propio hogar. Abrí la puerta de la casa, vi a mi padre y le dije "Hola papá. No quiero pelear más contigo". Él me miró sorprendido y respondió aún ofuscado, "Pero es que solo haces lo que se te da la gana y andas con esa novia drogadicta que tienes". Lo miré fijamente a los ojos y le dije: "Papá te quiero mucho. Hace tiempos quería decírtelo." Me miró sorprendido y sus ojos y su cara se relajaron un poco. Luego dijo: "Sí, sí eso está bien pero ya es hora de que seas normal". Su frasesita de cajón "tienes que ser normal..." estaba subiendo de nuevo mis humos. Me tranquilicé y traté de mantener mi estado de ánimo en paz. Tomé aire y me relajé por que sabía que si dejaba que mi rabia me dominara de nuevo estaría peleando. En el tono más tranquilo que puede y tras respirar profundamente le dije: "Papá, ¿qué es ser normal para tí?" ¡Yo no lo podía creer, estaba hablándole tranquilo! Él me dijo en un tono amigable, "Pues que seas un tipo tranquilo, divertido, que te sientas tranquilo aquí en tu casa. Que no te pongas pantalones rotos, estudies todo lo que tienes que estudiar y saques notas buenas en la universidad. Que no nos contestes mal a tu mamá y a mí. Que te consigas una buena novia que no dé tantos problemas. En fin qué sé yo: normal. Sí eso, normal". Respiré profundo y recordé cómo en la última pelea que habíamos tenido todos esos argumentos que ahora el sacaba me habían parecido violencia pura. Eso de que me encasillara en cierto criterio de lo "normal" me desesperaba. Sin embargo en el día de hoy traté de estar tranquilo y lo logré. Lo pude escuchar y ahora iba a hacer todo lo posible por hablarle bien y no iniciar un ambiente de pelea.

42 Fue entonces cuando en un tono tranquilo y amable le dije: "Papá, lo que tú me dices es muy cierto desde tu punto de vista pero no desde el mío. Respeto tu punto de vista pero no lo comparto." El respondió diciendo "Sé más específico por favor." Así lo hice y empecé a argumentar uno a uno los puntos que él había puesto en cuestión. Fue entonces cuando dije: "Yo por ejemplo soy considerado por mis amigos un tipo tranquilo y divertido." Me interrumpió: "Pero aquí en la casa no lo eres. Esas son cosas que tú te inventas." Lo mire con calma, aunque me empecé a calentar, y le dije: "Papá no me desconozcas. Tú con tu forma imperativa y dominante de manejar todas las cosas no dejas el espacio para estar tranquilo siendo yo." "Pero es que tu estar tranquilo es hacer lo que te da la gana", dijo él. A eso yo respondí, "Déjame acabar cada uno de los puntos que tu mencionaste y luego sí me debates". No dijo nada, insinuó un gesto aprobatorio con su cara y se quedó cavilando. Seguí con mi argumentación: "Me dices que me sienta tranquilo en la casa. A eso te respondo que por el momento eso es un poco absurdo porque para estar tranquilo necesito no sentirme invadido. Y yo a tí te siento como un invasor cuestionando todo lo que hago. Déjame ser y estaré tranquilo." Torció su cara y frunció el entrecejo tras decir despectivamente, "Sobretodo. ¿Como te atreves a decir eso? Yo te respeto y tu mamá te respeta. Lo que sucede es que tú eres un peón, un guache. Sucede que en esta casa hay unas normas y tu te las saltas todas." "Papá déjame seguir hablando ¿vale?" le dije. Él hizo silencio y continué, "Tú criticas mis pantalones rotos, yo, personalmente no le veo nada de malo a tener y usar pantalones rotos." Me interrumpió "Pero es que son de pordiosero", dijo.

43 Yo le dije, "Pero a mí me gustan y están de moda. Y además me parecen bonitos. ¡Es mi criterio!" El respondió rápidamente, "¿Cómo es posible que te parezcan bonitos unos pantalones rotos horribles? Eso no es normal". Parecía como si se sintiera en un concurso de televisión donde el ganador era el que respondía primero. Yo seguí con mi punto de vista "Pero no saques eso de lo normal según tu criterio nuevamente. Ábrete a escuchar otros puntos de vista. No te sientes en tu posición de ser el rey y dueño de la verdad revelada." Él miró a la empleada y le dijo en tono imperativo: "¡Carmen Luisa no le vuelva a lavar esos pantalones rotos a este joven! En esta casa nadie usa pantalones rotos. Y ni aunque el le ruegue no los lava. ¿Entendido?" Carmen Luisa dijo, "Sí Doctor, como mande". En ese momento se me voló la piedra. La ira la manifesté en todo su esplendor. Le dije "Señor policía, ¿usted qué se ha creído? ¿Que puede gobernar la vida y los gustos de los demás? Querido camarada totalitario, ¿a quién se parece usted? ¿A los gringos, con su política de seguridad del estado, o a los líderes del partido comunista, que rigen todo a su antojo y regulan su mundo desde el Kremlin?" El respondió que no aceptaba esa falta de respeto y que groserías, altanerías y ese tonito de voz subido no lo iba a tolerar. Le respondí, "¿Qué carajo es lo qué usted cree que es respeto? Primero no me escucha, me irrespeta diciendo todo lo que se le da la gana y además me dice cómo es que tengo que vivir y ser. Y al hacerlo niega mi autonomía y mi propia libertad. Pero ahora resulta que soy yo el grosero porque dije 'puto' y subí la voz." El dijo manoteando "Ahora resulta que el niñito se puso bravo porque yo impongo la ley en esta casa. Entiéndalo bien. En esta casa se hace lo que su mamá y yo decimos. El día que tenga su propia casa ese día hace lo que le venga en gana. Y me hace el favor y se va a estudiar porque eso es lo que tiene que hacer para sacar buenas notas."

44 La rabia me corroía, le dije casi a punto de gritar, conteniéndome "En vista de que el señor sólo puede hablar imponiendo su fuerza en virtud de ser el padre ¡Pues le recomiendo que se lea Carta al padre de Kafka.... porque se la dedico!” - añadí con premeditación. “Además que leer de vez en cuando le sentaría muy bien, en vez de ver tanta televisión. Y sobre mi estudio y si saco buenas notas le comento que sacaré las que yo decida y no me importa si son buenas o no para usted, porque serán las que a mí me parezcan adecuadas. Y voy a estudiar lo que yo quiera y cuando me plazca." Yo estaba rojo de la rabia. Se me acercó de manera beligerante y retándome dijo: "¿Sí será que usted es capaz de ser valiente con los demás allá afuera en el mundo real? O, ¿es qué se siente muy hombrecito aquí gritándole a sus papás?” - Su dedo índice se apoyó con fuerza contra mí hombro. “Usted no vale nada. Qué falta de consideración. Yo nunca le grité así a mi padre y él sí que era estricto, y gracias a él soy lo que soy." Ante eso no tuve más remedio que atacarlo bajo: "¿Será que usted no es capaz de cuestionar las cosas y acepta todo como se lo van diciendo? Y si no es eso pues se pone nervioso porque los vecinos oyen los gritos." Acentué la palabra "gritos", gritándola de hecho. Y gritando también dije: "¡Real es esto: su beligerancia y su normatividad absurda que desde su contexto mental es la verdad. La verdad no existe y usted no la tiene. Y si cree que la tiene salga de la ilusión!". El se sintió ofendido y me dijo, "Con usted no se puede hablar, no grite." Su tonó era irónico, casi de burla. En mis adentros sólo pude pensar: "Vaya, ahora él diciendome eso ... tras gritar durante toda la discusión." Continuó, "Parece loco gritando. Eso, grite más duro... que todos los vecinos se enteren. Sea normal. Sea serio, sea un tipo tranquilo. Parece un drogadicto como loco gritando". Sentía el pecho apretado. Entre rabia, angustia y tristeza le dije: "A usted no le sirvió la universidad sino para aprender a construir edificios y calcular al detalle las columnas de hormigón; eso de la 'convivencia' como que en cero le quedó. Usted no respeta lo que sea distinto a usted. Y lo que usted - casi le escupí encima esa palabra - cree , a eso, es lo que llama normal.” Me miró sorprendido. Aproveche ese instante de desconcierto para seguir: "La verdad es que esa es su voluntad de poder, sería bueno que leyera a Nietzsche y a Heidegger. Así se ilustraría un poco y vería más allá de su pequeño 'mundito' cuadriculado". El seguía en su actitud impasiva. Volví a aprovechar para soltarle otra de

45 mis verdades, así que en tono de catedrático le dije: "Heidegger dice que se sobreentiende aquello que consideramos la verdad. Y a eso Nietzsche le agregaría que gritar a cuello entero, como usted está haciendo, que esa es la verdad y lo cierto, no es otra cosa que manifestar su voluntad de poder. Es que las relaciones humanas son mucho más que normas para todo el mundo. Suerte que usted no habla en nombre de Dios porque entonces sería un inquisidor y yo un hereje. Pero fresco que yo estoy tranquilo conmigo mismo. Aunque me quiera destruir no va a poder. Y no se ofenda en su tan tranquila decencia, pero su control y sus normas métaselas donde le quepan". Me miró con los ojos encendidos, estaba verde de la ira. Fue entonces cuando dijo "Ya ve a lo que me refiero. Usted no es normal. Es un loco, un loco irrespetuoso y vulgar." - Apoyó una mano contra la pared, bajo la cabeza y contempló sus zapatos lustrosos y mis tennis sucios - "Eso seguro que será la novia drogadicta que tiene. ¿Qué estaba haciendo ayer? ¿Qué porquerías estaba consumiendo?" Su mirada se levantó penetrante. Lo miré a los ojos y le dije aproximándome un paso hacia él "Usted no sabe nada de mí. Ya se lo he dicho antes. Yo no consumo esas mierdas." Mi voz se había convertido en un susurro amenazador. Inquisitivamente me señaló "Pero su novia sí. Eso es lo que lo tiene así. Seguro es el humo de la marihuana que se mete esa vieja, ¡la cabra!" Le respondí mordiendo mis palabras, apunto de reventar en llanto, en gritos, casi en golpes: "Que argumento tan culo. Usted tiene la idea que el mundo de afuera, ese mundo distinto a usted, contaminó a su hijito. Es hora de que despierte - ya no pude contenerme más y grite con fuerza - ¡Lo odio a usted señor!... ¡Aborrezco su petulancia, su distancia teórica, cómoda, donde no tiene que comprometerse en las emociones para ser mi amigo de verdad!" Por mí mejilla bajó una lágrima. La sentí cruzar al lado de mi boca. "Detesto su cómoda posición de papá monetario que paga todas las cuentas y luego viene a mandar y a dar órdenes sin tenerme en cuenta; sin siquiera pensar que usted y yo podríamos ser amigos si usted dejara de pensar que sus normas de mierda lo resuelven todo." Sollocé y le dije: "Usted es un ser extraño a mí. Lo desconozco. Pero no me extraña, crecí demasiado rápido mientras usted veía televisión en la noche al llegar de trabajar y no era capaz de dedicarme tiempo para jugar, para ser amigos, contarle mis historias y que fuera más que el que me

46 mandaba a dormir y a estudiar. Y ahora viene a hablarme de inequidades, desigualdades, injusticias, y groserías..." Intente calmarme, y continué: "Pues le recomiendo que primero vaya y se mire a sí mismo. No le perdono que no haya estado a mi lado mientras crecía, cuando necesitaba un amigo para que usted fuera eso: simplemente un amigo. Y si quiere poner las cosas como que 'yo soy el malo del paseo', le digo que el que está en deuda es usted y tiene un saldo en rojo." Mis manos hicieron el remedo de un papel en el que señalara el saldo. Estaba cansado y agotado de semejante discusión tan estúpida donde de nuevo él había planteado que yo no era dueño de mi vida, ni tenía autonomía y que además estaba bajo el efecto de narcóticos, que por cierto no me gustan. Pero lo que más me enchichaba es que él hablaba como si supiera todo. Y como él era el papá pues, según él, no le podía contradecir. Entonces quedaba planteado que yo tenía que ser un huevón y decirle a todo “sí papá”. Pues no, eso sí ni por el putas. Fue entonces cuando dije: "A usted lo que le gustaría es que le dijera que sí a todas sus pendejadas como si fuera un borreguito. ¿Sabe? Estoy perdiendo el tiempo. Usted no entiende nada." En medio del silencio hice una asociación y le dije: "Usted se parece mucho a algunos profesores intransigentes de la universidad que creen poseer la verdad porque dominan el modelito neoclásico". Siguiendo con la argumentación le dije: "Sus normas, así como los modelos de esos profesores, son muy violentos porque desconocen mis intereses como humano. No tienen lugar para lo emocional." Él estaba ahora muy bravo. Se le notaba en cada gesto de su ser. Dijo "Ahora es que se cree de mejor familia y más inteligente que su mamá y que yo. Tan berraquito pues. ¡El chacho!" Yo me desesperé y salí de la sala donde estábamos discutiendo. Tiré la puerta y escuché sus gritos al fondo. Me fui a mi cuarto. Cerré la puerta con fuerza. Oí a mi madre que me gritaba: "Claro, con ese ejemplo cómo serán sus hermanitos cuando grandes. Con eso no es mucho lo que se puede esperar". Prendí el radio para aislarme de los gritos y construir un espacio tranquilo donde estar bien. Cerré los ojos y fui consciente de mi tristeza y de mi rabia. Pensé entonces que la discusión no había tenido sentido. Era inevitable, yo estaba zampado en esa circunstancia y no podía

47 hacer nada al respecto. Ni para solucionar mi relación con él ni para salir del molde del sistema educativo. Entonces en el río de las imágenes de mi mente observé que el combate que acababa de tener con mi padre había sido abundante en bombas, disparos y bajas de parte y parte. Luego vino a mí la imagen de un paraíso donde brotaba el agua en un manantial y de donde salía una teoría económica basada en la dimensión espiritual del hombre. Dicha teoría tenía en su estructura, como elemento constitutivo, la interioridad del hombre y no era desconocedora del 'otro', como sí lo hace mi padre. En ese manantial vi también que en mí existía algo que aún no podía describir y donde estaba el fundamento para detener la violencia y encontrar la paz y la armonía entre el cielo, la tierra, mi padre, la economía y yo. Agarré una hoja de papel y escribí así como lo hizo Nabucodonosor I: "Deseo ahora encontrar ese fundamento interno que detiene la violencia. Entonces viviré en paz y armonía, ya no temeré preguntar y cuestionar las tradiciones porque el vigor de las preguntas fortalecerán mi autonomía. Las normas que seguiré serán tan mías que ni siquiera habrá lugar a la discusión con nadie. Viviré la plenitud de ser 'yo' en confianza absoluta. Abriré espacios para que otros encuentren sus valores internos y se expresen en paz y puedan existir desde sus motivaciones interiores sin temor. Entonces ese día la universidad será universal y las normas de las familias serán, no las del padre poderoso, sino las del crecimiento interior y exterior de cada uno de sus miembros. Entonces la paz será un hecho y no tendremos que ir a buscarla." ______

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Capítulo VIII:

Cuatro tareas en color

Hace muchos semestres atrás, cuando estaba en segundo semestre, estudiando contabilidad tuve una experiencia que aún hoy, en noveno semestre de economía, no he podido olvidar. Me gusta estudiar, no puedo negarlo. Alguna que otra vez esta actitud me ha traído problemas. Ustedes ya lo sabrán y quizás otros se sientan identificados conmigo. Situaciones tales como: sentarse en la primera fila, que el profesor lo llame por el nombre de pila, sacar buenas notas, participar constantemente en la clase, pasar al tablero de forma constante, completar las lecturas obligatorias, participar en seminarios extra de la universidad, ... y creo que podría continuar, pero prefiero no hacerlo para no aburrirlos. ¿Cómo fue que me volví buen estudiante? Pues verán: yo pienso que es de familia porque mi mamá siempre me revisaba las tareas en primaria, mi papá me ayudaba con el álgebra en el bachillerato y de esta forma fui creando el hábito de representar bien mis papeles académicos. No niego que el hecho de andar recibiendo retribuciones por parte de mi familia fue un aliciente permanente. Mi madre les decía siempre a las visitas que llegaban a la casa cosas como: "¡Ay! No, no, no, no, no... si vieras como es de inteligente Camilo, en el colegio le fue muy bien, y en la universidad ya está de monitor, yo me siento muy orgullosa de él." A su vez mi padre comentaba, con ese acento costeño característico, cosas como: "¡Eche! Es que el pelao salió igualito a mí. Si tú vieras que, en todo el bachillerato no perdió ni una sola asignatura. Pero óyeme, ni una sola. ¡Ajá, es que ese hijo mío sí tiene la cabeza bien puesta!" Con el paso de los años aprender se convirtió en mi pasatiempo preferido. Sacar buenas notas no era mi preocupación pero sí lo era aprender. Fue así como descubrí que las buenas notas llegaban por añadidura. También con el paso del tiempo empecé a ver a mis profesores como amigos, y a veces, aunque no se lo he dicho a nadie, como mis padres. Hoy ese idilio amoroso con la academia ha finalizado. Sé que no voy a quedar tranquilo si no escribo este relato para que ustedes sepan qué pasó y por qué he decidido romper mis vínculos afectivos con la academia y limitar mis estudios a una relación distante y no

49 pasional como solía ser. Toda la culpa del final de este idilio, lo tiene una sola persona al cual voy a nombrar "Profesor X". ¿Cómo empezó todo? Pues miren, algunas personas hemos escogido carreras que poseen ciertas características que hacen necesario el manejo de una aptitud matemática intensiva en cifras y conceptos abstractos (cualquier economista que haya pasado de segundo semestre lo intuye). Por lo tanto muchas veces las cifras no son tan importantes como lo es el significado real detrás de la cifra, ó como bien lo decía el profesor X, "¡Señores, análisis por favor, análisis!" Cuando el individuo se enfrenta a estas cifras, pone a prueba sus dotes de organización, de memoria, entendimiento, abstracción, en resumen, de análisis... Para lograr el tan mentado análisis existen varios métodos que yo gusto de calificar como pedagógicos aunque otras personas los califiquen de nemotécnicos. Por mí parte, yo utilizo colores para distinguir las diferentes jerarquías entre los diversos datos y así poder recordar fácilmente el orden de los conjuntos y subconjuntos de fórmulas. El profesor X tenía gran afición a dejar tareas que involucraran al estudiante en este tipo de actividades, y qué mejor área para esto que la contabilidad; varias madrugadas me sorprendieron descuartizando balances a punta de revalorizaciones patrimoniales y aumento en las necesidades de liquidez. ¡Gracias sean dadas a Dios y a Pacciolo por las cuentas de cuadre! Así fue como lentamente y con esfuerzo aprendí al lado del profesor X los secretos de la contabilidad. Él nos hablaba, con conocimiento de causa, de los años en los cuales los asentamientos del libro diario columnario debían llevarse en tinta roja, de cómo los balances debían cuadrarse a punta de calculadora de rodillos; de los primeros contadores juramentados y, por supuesto, nos hablaba de la importancia de la respetabilidad y honorabilidad que se debía tener en el arte de la contabilidad. Algo que no puedo negarle al profesor X, es que era todo un caballero. Llegaba siempre puntual y era exigente en la entrega de notas, en la recolección de las tareas, en la llamada a lista, en las salidas de clase, en la prohibición de los alimentos en el salón y en una serie de detalles que hacían de su clase algo exigente y - al menos para mí - agradable. De las cosas que más me gustaban eran sus tareas, basadas siempre en el caso especial del libro, llenas

50 trampas ó de dobles sentidos. Pareciera como sí disfrutara con los acertijos que hacían pensar a los alumnos. Recuerdo - y cómo no recordarla - la última tarea que nos puso. En verdad no parecía una tarea cualquiera sino una de las doce "tareas" de Hércules; estoy seguro que derrotar a las aves del lago Estinfalia hubiera sido más fácil que encontrar la causación y la partida doble de esos movimientos contables. El caso es que a mal tiempo buena cara. Es decir me dedique de lleno el fin de semana a terminar la tarea para poder entregarla triunfantemente el lunes. Sin embargo, llegado el día de recoger la tarea la mayoría de las personas suplicaron, casi de rodillas, que aplazara la entrega para así poder salvar la nota final ya que nos acercábamos a los últimos parciales. El profesor X accedió, y permitió que entregáramos la tarea con un día de extensión. Era obvio que no era un período de gracia, él sabía muy bien que iba a cobrar intereses por esa prórroga. Efectivamente así fue. La tarea valdría no por una, ni por dos, sí no por cuatro tareas normales. Toda la clase estaba tan desesperada que no tuvo otro remedio que aceptar. Yo pude haber entregado la tarea y quedar bien con el profesor, pero hubiera sido un ataque directo a la autoestima de mis compañeros y por supuesto un atentado de mi parte para conmigo mismo dada mi escasa popularidad. Así que decidí guardar mi tarea para el siguiente día y dedicarme a descansar. A la mañana siguiente casi nadie fue a las clases por la mañana. La clase del profesor X era a las 4:00 p.m. y la mayoría de mis compañeros de clase hasta ahora estaban haciendo la tarea. Como no estaban mis amigos en la universidad, la mañana fue monótona y aburrida. A la hora del almuerzo me fui para mi casa. Como no tenía nada más que hacer, puesto que ya había leído las lecturas obligatorias de Historia del Pensamiento Económico en el bus, me di a la labor de colorear mi tarea para hacerla visualmente más amena. De esa forma era fácil establecer las relaciones entre las cuentas, las subcuentas, las cuentas derivadas y ese embrollo de números y nombres que forman un balance. El colorear mi tarea me tomó dos horas. Cuando me di cuenta del tiempo que había transcurrido tuve que salir corriendo de mi casa para montarme en un bus y marchar a clase. Estando en la silla del bus, sacaba una y otra vez mi tarea hermosa, llena de colores. Estaba hecha con: impecable letra, líneas divisorias trazadas en plumón prismacolor, tenía proporciones de equilibrio en las cuentas "T", era simplemente perfecta. Era una obra de arte más allá de ser una labor académica. ¿Qué iba a decir el profesor cuando la viera? En

51 ese instante me importaba mucho lo que él dijera o sintiese de mi tarea. ¿Se verían en su rostro señales de aprobación? ¿Se sentiría agradecido por todo el interés que había demostrado? ¿La colocaría como ejemplo para las demás personas de la clase? No podía dejar de sentir vanidad por el trabajo tan bien hecho que había realizado. Una oleada de satisfacción me invadía. Estaba feliz. - "Señores, me hacen el favor y se me bajan a otro transporte que se me toteó la manguera de la gasolina", dijo el chofer del bus. Prosiguió "Por favor 'colaborenmen' allá atrás ¿sí?". No tuve más remedio que desmontar y esperar a que pasara otro bus para recogernos. Miré el reloj tranquilo, faltaban aún 50 minutos para que fueran las 4:00 p.m. Aún creía que llegaría a tiempo a clase. Veinte minutos después, en un gesto de caballerosidad, dejé pasar delante de mí a una mujer para que se subiera al bus que se había detenido para recogernos. Mi sorpresa fue grande cuando el chófer arrancó sin darme chance a subir. Con esa mujer se iba mi oportunidad de llegar a clase al menos diez minutos temprano. Decidí tomar otro bus. Una extraña sensación me envolvía, tenía el presentimiento de que "algo" iba a ocurrir. Entonces no llegué a imaginar la naturaleza del hecho, ni las consecuencias que este iba a engendrar. Quince minutos después me encontraba sentado en la buseta más lenta que puede existir en toda la ciudad. Estaba desesperado, al borde de una ataque de histeria, pero hice de nervios paciencia y espere sin esperanza a que llegara el transporte a su destino: la universidad. Una vez allí, corrí hacia el salón tan rápido como pude. Los pasillos vacíos de la universidad a media tarde hacían resonar mis pasos con un profundo y bajo eco. A lo lejos, vi la puerta del salón abierta. Miré el reloj en mí muñeca con premura. ¡Lo había logrado! Faltaban dos minutos para la hora de entrada. Avancé triunfal hacia el arco de la puerta. Allí caminando a mi lado estaba el profesor X. Andaba con pasos cortos y rápidos hacia el salón. Reduje mi velocidad para dejarlo pasar con un gesto de amabilidad que él no respondió. Siento aún la pesadilla. Estaba a veinte centímetros detrás de él, le había permitido entrar primero que yo, me faltaba un paso para entrar al salón, cuando vi con angustia como cerraba la puerta con súbita violencia el profesor "X". Casi golpea mi nariz, pero golpeó

52 algo más profundo que en ese instante no puede definir. Creo que hubiera perdonado el portazo de no ser por lo que oí tras la puerta. Fue para mí inconcebible. El profesor X, ese profesor ejemplar, dijo con su voz melindrosa: "Se los dije la primera clase, después de mí, no entra nadie por la puerta, ¡nadie!" A mí no me importaba tanto la nota de las cuatro tareas, me importaba el detalle de por qué me había tirado la puerta en la cara. Esto ya era el colmo. Fue un golpe bajo, muy bajo. Acto seguido escuché: "Saquen una hoja que voy a hacer quiz". La rabia llegó hasta la médula de mis huesos. No quise escuchar más y me marché. Recorrí con pasos largos la universidad, y en cada paso fui dejando el cariño que sentía por esa materia, fui dejando la pasión y sólo me quedo el afán de saber. Sólo hasta el día de hoy me he dado cuenta de las implicaciones que ese hecho, que podría pasar por insignificante, tuvo en mí. Estaba intranquilo, quería hablar con el profesor "X". Después de dos horas de medir de un lado a otro los corredores del bloque C, me dirigí a la puerta del salón. Quería una respuesta. Me aproxime a la puerta para escuchar que acontecía en el aula. Escuché un "Entreguen". Había hecho dos quices. Todos mis compañeros empezaron a salir. Yo me planté en la puerta para esperar a que él saliera. Cuando lo vi perdí las ganas de saludarlo, pero el Profesor "X" no fue del mismo parecer, "Hola Gonzalo, no lo vi en clase". Mi respuesta fue decir: "No señor, no pude entrar." Mi hermosa tarea reposa en el oscuro interior del cajón de mi escritorio. podido desechar en la caneca. ______ Aún no la he

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Capítulo IX:

El que no tiene padrinos, no se bautiza

Estaban Joaquín Cuervo (JC) y Alejandro Pontón (AP), estudiantes de últimos semestres de economía, sentados en las escaleras de junto a la cafetería central recordando viejos tiempos. Hablaban de: pruebas académicas, notas, docentes, compañeros y otros temas relacionados con la nostalgia y el guayabo de "no haber sido mejor estudiante" y de "¿para qué sirve ser el mejor estudiante?" - JC : "¡Uy viejo! ¿Se acuerda de Andrea Castro? A esa vieja si no la sacaron antes fue porque estaba muy buena y con sus miraditas sensuales y sus teticas paraditas convenció a más de uno de que le pasara la materia." - AP: "¡Uyyy si güevón! Y es que yo de profesor la paso. Mejor dicho ¡hasta la sala!" - JC: "Pero a la fija que a uno de profesor no le cae ni una vieja. O de pronto una como la Ospinosa." - AP: "¡Sí! A la fija que una gorda así, sí le cae a uno. ¡Claro que la gorda Aldona Ospinosa qué le va a interesar levantarse un profesor! Siendo nieta de un Expresidente no es que necesite ser la mejor estudiante. Al fin y al cabo la familia la coloca en el puesto que la niña quiera. Ahorita se fue para Canadá fresca de la vida. Oí que no iba a volver hasta cuando le diera la gana de trabajar." - JC: "¡Si! Tenemos que terminar rápido para que la gorda nos coloque en un buen puesto." -AP: "Si marica, siga pensando así y no busque rápido a ver quien nos ayuda. Ese lujo se lo puede dar ella porque ahí más o menos tiene abuelo. ¿Pero uno? Mire lo que le pasó al Duván." -JC: "¿Qué le paso?" -AP: "Pues que se tiró la prueba académica y lo sacaron." -JC: "¡Qué! ¡No hable mierda marica! ¡Imposible! ¡Sí el tipo es pilo! ¿Porqué lo sacaron?"

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-AP: "Si hombre, el tipo es pilo pero muy vago. Mantenía el promedio muy a rás y... !sás¡ Para afuera, 'pa la calle'." -JC: "¡Pues si! El tipo era vago, pero brillante. Esta universidad es rarísima, ¿no? Deja ir a varios estudiantes brillantes y gradua a veces a unos brutos que se han graduado a punta de copia o que los han pasado sus compañeros." Llega Rodolfo Saiz (RS), otro compañero de carrera. - RS: "¿Entonces? ¿En qué andan?" - JC: "No nada. Aquí arreglando la universidad y hablando de la gente que gradúa." - AP: "Si bueno. Pero si uno se logra graduar de esta universidad ya tiene el puesto asegurado y un buen sueldo." - RS: "Ni crea, ¿no vió lo que le paso a Yohan?" - JC: "¿Qué? ¿Lo echaron también?" - AP: "¡Noooo! El tipo si ha sido medio vagoncio, pero es muy pilo. Creo que está trabajando en un proyecto de la Facultad." - JC: "Ahí está el caso. ¿A Yohan porque no lo han sacado? Yo creo que de su irreverencia con las notas y el proceso educativo, el hombre ha logrado mantener intacta su capacidad creativa. Por eso siempre se le ocurren cosas que a otros no. El piensa lo que otros no son capaces siquiera de vislumbrar." - AP: "Si bueno. ¿Pero qué le pasó al hombre?" - RS: "Bueno, pues resulta que a raíz de que el tipo era muy pilo en econometría Arango lo llamó como asistente de la investigación para el Banco de la República. Cuando terminó, el decano lo nombró Asistente Especial de Investigaciones de la Facultad."

55 - JC: "¿En serio?. Él era el que estaba determinando qué investigaciones de la facultad podían ser relevantes y así estuvo dándole norte al grueso de lo que aquí se investigó el año pasado." - AP: "¡Noooo que maravilla! Yo sí sabía que el tipo estaba trabajando con la Facultad, pero no que era el duro." - RS: "No espere, que ahí no para el cuento. Pues resulta que el Ministerio de Hacienda solicitó a las principales universidades del país que le recomendaran docentes o alumnos muy versados en el tema de simulación de proyectos macroeconómicos, para el cargo de Asistente del Ministro en Proyectos Especiales de Investigación para el Siglo XXI. Y el decano lo recomendó a él. Así que el loco entró en un proceso de selección en el Ministerio." - JC: "¡Uaahhh que verraquera hermano¡ ¡Ahí está! ¡El más putas no siempre es el de promedio 4.8!" - RS: "¡Espere que todavía no he contado nada! Resulta que la semana pasada, el día que le tocó la entrevista con el ministro, en el despacho del hombre se encontró a la Aldona Ospinosa." - AP: "¿Qué? ¿No que estaba en Canadá?" - RS: "¡Si! Espere..." Todos estaban ansiosos escuchando la historia y Saiz muy emocionado contando. - RS: "Si la vieja es brutica y todo pero de buen roce familiar. El caso es que Yohan (Y) cuando la vió le dijo: '¿Quiubo que más? ¿Y tú que haces acá en Bogotá?.' Y Aldona (A) respondió: '¡No! Que llegué el fin de semana pasado en la noche y pues parece que voy a trabajar aquí '." Y: "¿Ahhh si? ¡que bien!. Pues parece que yo también, gracias a Dios. Hace tres meses he estado en un proceso de selección y ya sólo vengo a la entrevista con el ministro. ¿Y tu que?"

56 A: "No, pues que mi familia quería que me devolviera y el ministro me ofreció trabajar con él. ¡Y como que pagan bien!" Y: "¿Ah si? ¿Y que vas que hacer?" A: "Asistente del Ministro en Proyectos Especiales de Investigación para el Siglo XXI." - JC: "¡Nooohhh Marica! No hay derecho. ¡Por eso el país está como está!" - AP: "¿Se imagina qué cagada? Definitivamente en este país: el que no tiene padrinos no se bautiza". ______

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Capítulo X:

Andes ó no andes... ¡andas!

Chibchoandino (el personaje de este relato) dijo, vociferando sus pensamientos: "¡Juemadre¡ ¡Preciso cuando uno va tarde le toca en el último salón de la Universidad! ¡Ojalá que no hayan empezado la comprobación! Bueno. Igual no leí ni mierda." Entró al salón de clases. Ubicó un asiento y se acomodó en él mientras el profesor lo miraba batiendo la cabeza en señal de negación. Él le miró con cara de “¡Yo fresco! Ahí alcanzo a hacer algo”, mientras copiaba la pregunta anotada en el tablero. Terminó de copiar la pregunta, empezó la frase de respuesta inventada que guardaba cierto sentido con la pregunta. En ese instante el profesor dijo: “Bueno..., por favor entregan ¡YA! que tenemos que hacer clase”. Inmediatamente empezaron a sonar algunos pupitres mientras se iban levantando los estudiantes más dispuestos a entregar el quiz. El chibchoandino dijo en su diálogo interno: "¡Ahhh, que tipos tan sapos! Diciendo todos: 'Yo entrego de primeras profe.' ¡Maricas¡ Eso es lo que son." El profesor dándose un tono de importancia dijo: “Bueno ya no recibo más”. Borró el tablero y empezó la clase mientras llegaban dos hojas más de comprobación al escritorio. Los minutos pasaron. Media hora más tarde el Chibchoandino pensó: "¡Ah, que guayabo tan verraco! Clase tan mamona. Mañana me voy a tirar con Angélica." El profesor revisó el tema que había dado en la clase anterior. participaban de la clase. Algunos alumnos

El Chinchoandino se dijo a sí mismo: "¡Qué loco tan harto! ¡Qué maricada estudiar y saber tanto para terminar de profesor! Creo que en esta clase no voy a aprender nada. ¡Puta! ¿Será que me tiré muy basto la comprobación? Si me pone un 2.0, llevo la materia en 3.0 exacto."

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Se oían unos murmullos que impedían escuchar con claridad lo que el profesor decía. El Chibchoandino dijo en voz baja: "¡Ahhh, güevones encima no dejan oir! Yo no sé a qué vienen a clase..." El profesor, quien no solía hacer comentarios sobre el permanente ruido de todas las clases, guardó silencio. Serenamente y mirando con fija atención al corrillo del murmullo, dijo: “Qué chévere. Yo aquí me mato dictando la clase y los señores ¡vienen de cuenta chistes!” Hubo silencio general en el salón. Continuó el profesor: “El filtro de esta universidad es una berraquera. Para los que llegan temprano, prestan atención durante todas la clases, estudian en su casa, pasan las materias de forma sobresaliente y dejan un promedio de 4.4 o más en la carrera... Ellos, llegarán a ser grandes empresarios, políticos y en general la clase dirigente de nuestro país. En cambio...” Generó un ambiente silencioso de suspenso y miró fijamente a los alumnos del relajo. “Los alumnos que llegan tarde, no estudian, no prestan atención a las explicaciones, no presentan las evaluaciones y después de mucha copia y mucho pedir cacao logran graduarse con un promedio de 3.25 cero cero, que refleja toda la mediocridad de su desempeño en la universidad...” Había capturado la atención de todos los estudiantes. Estaban atentos y en silencio. “Esos estudiantes Uniandinos mediocres y que a duras penas se graduaron de esta prestigiosa universidad... Esos estudiantes... también serán los grandes empresarios, políticos y en general la clase dirigente de nuestro país.” Dijo el chibchoandino para sí mismo: "¡Uy marica! ¡Que putería!. Finalmente si aprendí algo en esta clase. ¡Que loco tan pilo! Y yo preocupándome por el promedio. En pocas palabras Andes o no andes... ¡andas!" Hubo Risas y murmullos generales y el profesor siguió con la clase. ______

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Capítulo XI:

Chiste: “supongamos que tenemos un abrelatas”

Me abordó el profesor de golpe, "Bueno, señor Galeano. ¿Cuál es su risita? Si tiene un chiste cuéntenoslo a todos." Me encontré de una sola pieza, rígido. No sabía que decir ó que hacer. Él insistió "Adelante señor Galeano, lo estamos esperando..." No tenía salida alguna. O contaba un chiste o admitía que estábamos jugando ahorcado en la última fila desde el comienzo de la clase. Me puse de pie y empecé a narrar con una voz ronca pretendiendo ocultar la risa. "Resulta que, en una región del pacífico, un avión..." La voz del profesor interrumpió mi relato. Dijo el profesor "Pase adelante señor Galeano" No tuve más remedio que pasar de la última fila a la tarima cerca al tablero. Todas las personas me estaban mirando, algunas con risa, otras con nerviosismo. Una que otra cara manifestaba rabia por el hecho de haber interrumpido la clase. Cincuenta pares de ojos me miraban. Tomé aire y empecé de nuevo no sin antes mirar de reojo al profesor. "Resulta que, en una región del pacífico, un avión sufrió un terrible accidente que lo precipitó al mar. Y en una balsa de rescate quedaron a la deriva tres personas: un físico, un químico y un economista. "Hacía mucho sol, calor y por supuesto al cabo de algunas horas los náufragos sintieron mucha hambre, así que revisaron las provisiones del bote salvavidas: sólo encontraron una lata de frijoles paisas - risas generalizadas - pero no encontraron un abrelatas. Al hallarse estas tres personas ante este inconveniente decidieron probar diversas opciones. "El químico expuso su teoría con sencillez: 'El problema es más sencillo de lo que parece. Por la salinidad relativa del agua en estas zonas septentrionales, la aleación 96% aluminio y 3% estaño del metal de la lata podrá diluirse sí la mantenemos sumergida, empezando por

60 las partes donde la lámina es más delgada, o sea en las junturas de la tapa de la lata.' La propuesta se acogió con beneplácito entre los otros dos, pero luego de dos horas con la lata sumergida en el agua nada pasaba. "¿'Cuánto tiempo se requerirá'? - preguntó astutamente el físico. Con un leve tartamudeo el químico respondió que unos tres o cuatro días como mínimo. Decidieron por unanimidad que era un plazo demasiado largo y que sería mejor buscar otra opción. "Dicho esto, el físico realizó una segunda propuesta para abrir la lata: 'Es muy fácil abrirla'." Cambié el tono de la voz y mi posición escénica para darle un matiz más teatral al asunto. "Dijo el físico: 'Primero que todo, debemos exponer la lata a la temperatura ambiente, la cual alcanzará en el cenit del sol unos 305 grados Kelvin, inmediatamente después, la lata deberá ser sumergida bajo el fondo del bote y por el diferencial de temperatura, la presión de los gases externos ejercida contra la resistencia del metal, hará que la lata se abra.' Quedaron complacidos con la propuesta del físico y se decidieron a ponerla en práctica. "Una vez la lata se estaba calentando al sol de pleno medio día, al químico se le ocurrió preguntarle al físico qué cómo iban a recuperar los frijoles después de la explosión. El físico no supo como responder, así que todos decidieron buscar una solución alterna. Por último quedaba el economista, así que el químico y el físico le preguntaron que se le ocurría. "El economista hundió su mentón entre las rodillas y se quedó alrededor de quince minutos contemplando la lata. Al cabo de ese tiempo respondió casi como sí estuviera dictando una cátedra magistral : 'Supongamos que tenemos un abrelatas'." La mitad de la clase rió. Sin embargo fue el profesor quien más se divirtió. Soltó la carcagada más estruendosa. Se notaba que su risa era de corazón. - "Puede sentarse" - dijo el profesor.

61 Caminé hasta la última fila, donde estaba mi puesto. Me senté. Desde allí pude apreciar con atención las palabras del tablero : “Supuestos del modelo de Superavit y Consumo Futuro”. Entonces comprendí porque el profesor se había reído tanto. _______

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La economía es la base de la sociedad. Cuando la economía es estable la sociedad se desarrolla. La economía ideal une lo espiritual y lo material, y las mejores mercancías con las cuales comerciar son la sinceridad y el amor. Sensei Morihei Ueshiba

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Epílogo
Los relatos que componen Relatos de Estudiantes de Economía son una aproximación al terreno insuficientemente explorado de la enseñanza y el aprendizaje de la economía. Estos ponen de manifiesto la rica complejidad humana de "ser ahí"6 siendo estudiantes. De los numerosos testimonios que dieron mis compañeros de carrera, a lo largo del camino, salieron todos los relatos aquí contenidos. Razón por la cual esta Memoria de Grado es un producto colectivo. Agradezco especialmente a: Machis, Fer, Ana, Federico y a Memo por las horas de echar "carreta", pues estas fueron el terreno fértil donde las ideas cogieron forma y se convirtieron en narrativa. Hago un reconocimiento muy especial a todos aquellos estudiantes que no están nombrados aquí. La realización de este trabajo fue posible gracias a ustedes y también a sus miedos, angustias, alegrías, tristezas, y todas esas emociones que abren a la luz nuestra condición humana de ser “seres volcados en el mundo”. Los caminos son largos y apenas estamos empezando a andarlos, la consciencia de cada uno de nosotros va a hacer la diferencia.

Rodrigo Mazorra Blanco

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Término utilizado por el filósofo Martin Heidegger en su obra.

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Descargos
El material del cual se compone el presente texto es derivado de las ideas originales del autor, la utilización de lugares, nombres de instituciones y algunas otras referencias se utilizaron como parte integral del ambiente en el cual se desarrollaron los diversas relatos. El autor recalca que cualquier identificación con nombres propios ó personas, es meramente circunstancial dentro de la elaboración de la obra y que así mismo el autor no presenta el ánimo de ofender, demeritar ó degradar la enseñanza de las ciencias económicas al interior de la academia, si no entregar al lector diferentes experiencias y distintas perspectivas del proceso educativo. Esta obra no puede ser reproducida en su totalidad o en fragmentos, ya sea por medio impreso o magnético, hasta que se tenga el previo consentimiento del autor y de la Universidad de los Andes.

Yo, Rodrigo Mazorra Blanco, manifiesto en este documento mi voluntad de NO ceder a la Universidad de Los Andes los derechos patrimoniales, consagrados en el artículo 72 de la Ley 23 de 1982, del trabajo final de grado* denominado “Relatos de Estudiantes de Economía”, producto de mi actividad académica para optar al título de ECONOMISTA en la Universidad de los Andes. La Universidad de Los Andes, entidad académica sin ánimo de lucro, queda por lo tanto NO facultada para ejercer plenamente los derechos patrimoniales en su actividad ordinaria de investigación, docencia y publicación con el presente proyecto final de grado. Lo anterior se ajusta a lo que establece la Ley 23 de 1982. Con todo, en mi condición de autor me reservo los derechos morales de la obra antes citada con arreglo con al artículo 30 de la Ley 23 de 1982. En concordancia suscribo este documento en el momento mismo que hago entrega del trabajo final a la Biblioteca General de la Universidad de los Andes.

____________________________ RODRIGO MAZORRA BLANCO CÉDULA : 80´505, 360 de Bogotá Santafé de Bogotá, D.C.

____________________ * “Los derechos de autor recaen sobre las obras científicas, literarias y artísticas en las cuales se comprenden
las creaciones del espíritu en el campo científico, literario y artísitico, caulquiera que sea su destinación, tales como: libros, folletos y otros escritos; las conferencias, alocuciones, sermones y otras obras de la misma naturaleza; las obras dramáticas o dramático-musicales; las obras coreográficas y las pantomimas; las composiciones musicales con letra o sin ella; las obras cinematográficas, a las cuales se asimilan las obras expresadas por procedimiento análogo a la cinematografía, inclusive los videogramas, las obras de dibujo, pintura, arquitectura, escultura, grabado, litografía; las obras fotográficas a las cuales se asimilan las expresas por procedimiento análogo a la fotografía; las obras de arte plásticas; las ilustraciones, mapas, planos, croquis y obras plásticas relativas a la geografía, a la topografía, a la arquitectura o a las ciencias, en fin, toda producción del dominio científico, literario o artístico que pueda reproducirse o definirse por cualquier forma de impresión o de reproducción, por fonografía, radio telefonía o cualquier otro medio conocido o por conocer”, (artículo 2 de la Ley 23 de 1982).

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