El día 21 de febrero de 1809 salieron por la puerta del Portillo los supervivientes de la guamición en cumplimiento de la capitulación impuesta por

el mariscal Lannes, estimándose, en el mejor de los casos, que no se rindieron más de 10 ó 12.000 defensores entre militares y voluntarios, el resto había muerto o estaban moribundos en los hospitales. De esta rendición fue testigo el oficial Von Brand, que en su libro refiere que "al cabo de una hora apareció la vanguardia de aquellos famosos defensores de Zaragoza; cierto número de jóvenes de 16 á 18 años, sin uniforme, con mantas pardas y escarapelas encamadas, y fumando "nonchalement" (descuidadamente) sus cigarrillos, que formaron frente a nosotros...", después llegó el resto de la tropa, una multitud extraña y abigarrada, de todas las edades, alguno con uniforme, la mayoría de paisano, "aquellos hombres fumaban, hablaban y parecían completamente indiferentes a su próxima expatriación", pero no todos se rindieron sin más, pues los soldados franceses habían tenido que sacar a otros que trataron de esconderse. De estos prisioneros, la mayor parte prefirieron el destierro antes que jurar lealtad a los sitiadores, por lo que desde Zaragoza fueron trasladados a Nancy, Niort, La Rochelle, Rochefot, Saintes, Caen o Grenoble. La mayoría de los prisioneros, enfermos, desnutridos y agotados por los combates y las privaciones, no resistieron la marcha hasta Francia, se calcula que en el camino pudieron morir, aproximadamente, la mitad y en el cautiverio una cantidad no valorada, ya que el propio f;.mperador recomendó un trato severo para "aquellos fanáticos que no merecían ninguna consideración". En su camino al destierro fueron propagando la enfermedad por los lugares que pasaban. Para hacemos una idea aproximada del encarnizamiento de los combates que se desarrollaron en Zaragoza, se ha conservado una carta que si mañscal Lannes remitió al Emperador a primeros de febrero de 1809, en la que describía de esta manera los combates: "El sitio de Zaragoza no se parece en nada a la guerra que nosotros hemos hecho hasta ahora, pues aquí se precisa una gran prudencia y un gran rigor. Ya que estamos obligados a tomar con minas o al asalto todas las casas. Estos desgraciados se defienden con un encamizamiento del que no se pueda dar idea" .... Como dicen las actas del Congreso de 1908 sobre la Guerra de la Independencia: "los franceses cuando ocuparon la ciudad encontraron un vastísimo carnerario en el que yacían hacinados en las calles, plazas y portales más de 6.000 cadáveres insepultos y putrefactos de un total de 54.800 víctimas originadas por los horrores y estragos del Segundo asedio, una ciudad convertida en ruinas y escombros debido a las 32.700 bombas, granadas, balas, explosiones y voladuras de las minas subterráneamente abiertas por los zapadores".