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JUZGADO DE INSTRUCCION QUE REPARTO CORRESPONDA

POR

MIGUEL ANGEL QUINTEIRO NUÑEZ (35390091Z), DANIEL FERNANDEZ MORENO (47232932V), ÁNGEL ENRIQUE ESCUDERO CORONADO (50044457 E), GABRIEL JIMÉNEZ PEÑA (50550889 V), AINHOA CORTES ARROYO (50260185 D), PABLO ENMANUEL CAÑADAS FERNÁNDEZ (49138570 J), MARÍA RIBÉ MARTÍNEZ (38146854 C), CRISTOBAL GARCÍA RUIZ (24773702), CAROLINA ANTONIA MARTÍN ORTEGA, JAVIER OLAYO FERNÁNDEZ (53394462 P), JAIRO LONGAS HERNANDO, LAURA GARCIA HARO (52884335 K), ANGEL GARCIA RODRIGUEZ (53036321 T), DANIEL EDOM, LEANDRO ACOSTA LÓPEZ (50121466 G), JUAN MANUEL BUSTAMANTE VERGARA (511588487 R), JESÚS BLANCO RUÍZ, JUAN ENRIQUE MONTALBÁN GARCÍA, MANUEL RUBIO ORTEGA (44905589-K), ANTONIO JAVIER JIMÉNEZ CHILLARON, (50051275D), WILBER DÍAZ GUTIÉREZ, (03208464 X), ESTELA DÍAZ GONZÁLEZ, (03140617 J) SAÚL CALVO LAFARGA, (18169374 H) JAVIER MARÍA GOMEZ DE LA SERNA ADRADA, (02707066 N), JOSÉ COSIN (24368629 Z), ROBERTO MUÑOZ LAGUNA (47019066 M) y MARIO SILVESTRIN (AM 6482255) todos los aquí firmantes mayores de edad, con domicilio a efecto de notificaciones en Madrid, PASEO DE LA CASTELLANA, 243 – 3º DCHA , fax 91.315.34.13, ante este Juzgado comparecemos y, como mejor proceda en Derecho

DECIMOS

Que por medio del presente escrito venimos a formular DENUNCIA por los hechos que se detallan a continuación, que supusieron privación de varios derechos, el sometimiento a maltrato y a sufrimientos indebidos e innecesarios para las personas denunciantes y lesiones, y por generar situaciones de peligro. Los hechos denunciados fueron sufridos por quienes resultamos detenidos en la manifestación del pasado 25 de septiembre de 2012. Además de las personas denunciantes, fueron detenidas otras que constan en el atestado policial DP 3771/12 Se interpone esta denuncia contra las/los funcionarios policiales intervinientes que a continuación se dirán, y contra todas aquellas personas que resulten responsables, por las instrucciones que impartieron, o por omisión, al no haber impedido los hechos denunciados pudiendo hacerlo. Todos ellos, aún los que no están identificados, son plenamente identificables. Se dirige también la acción penal contra los funcionarios policiales que sometieron a maltrato, castigo o sufrimientos innecesarios a los detenidos en la sede de la Comisaría de Moratalaz, sita en la calle Tacona de Madrid, donde se ubica la Brigada Provincial de Información.

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Del mismo modo, se dirige esta denuncia contra las autoridades responsables de la decisión de prolongar la detención de 34 personas, no poniéndolas a disposición judicial una vez concluidas las Diligencias. Los hechos que se detallan, sin carácter exhaustivo, y sin perjuicio de la ulterior calificación jurídica, pudieran ser constitutivos de los delitos de tortura y contra la integridad moral de las personas, detención ilegal, lesiones, imprudencia temeraria y contra los derechos individuales.

Basamos la denuncia en los siguientes

HECHOS

PRIMERO.- El pasado día 25 de septiembre tuvo lugar en Madrid una concentración en la plaza de Neptuno de esta capital, bajo el lema “Rodea el Congreso”. Muchos de los y las congregadas, con anterioridad a la concentración, habían realizado concentraciones y asambleas previas en diversos lugares, sin que en ningún momento tuviera lugar ningún incidente. La Delegación del Gobierno en Madrid, en fechas inmediatamente anteriores a que tuviera lugar la protesta, comunicó que la concentración estaba autorizada, por medio de resolución de fecha 20 de Septiembre de 2012. De esta autorización se hicieron eco la práctica totalidad de los medios de comunicación nacionales y locales (véase http://www.publico.es/espana/442801/cifuentes-autoriza-de-forma-parcial-laconvocatoria-del-25-s). La propia Delegada del Gobierno en Madrid y distintos responsables políticos hicieron, no obstante, declaraciones en las que ponían de manifiesto su rechazo a la convocatoria. Con posterioridad a su celebración y, en declaraciones efectuadas por la propia Delegada en la Asamblea de Madrid, la Delegada de Gobierno, Cristina Cifuentes, ha contado que siguió al detalle las manifestaciones con los mandos policiales en el palacio de los Marqueses de Borghetto, sede de la Delegación.

SEGUNDO.- En el dispositivo policial que, este sí, rodeaba el congreso, participaron, según los medios de comunicación más de 1.300 efectivos policiales (véase http://ecodiario.eleconomista.es/sociedad/noticias/4268024/09/12/El-Congresoestara-custodiado-por-1300-agentes-antidisturbios-el-25S.html). Las y los diputados debían identificarse para poder acceder al parlamento. Lo mismo sucedía con las personas que viven o trabajan dentro del perímetro acotado por la policía. Las autoridades policiales habían infiltrado a distintas personas para que participaran en la protesta

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(véase http://politica.elpais.com/politica/2012/09/26/videos/1348677265_981638.html).

En los hechos que denunciamos participaron directamente, al menos, las dotaciones de policía: ORCA 40, PUMA 1 Y 3; PUMA 18, PUMA 30 Y 39; RENO 10; RENO; PUMA 60; PUMA 77; PUMA 104; Z 13; PUMA 70; PUMA 69; PUMA 74; PUMA 37; DINAMARCA 3000; CAMEL 31; PUMA 73; PUMA 61 Y RAYA 19 BIS; PUMA 10.1; PUMA 10; PUMA 62; CAMEL 30; Z11; DINAMARCA 2000; Z10; PUMA 48 Y 49; LOBO 14; Z162; y los Inspectores de la Brigada Provincial de información con carnet profesional 117.002, 78428, 100808, 108116, 123856, 81064, 108116, 95296, 90084. Todos ellos actuaron en cumplimiento de las órdenes recibidas. Participaron igualmente en los hechos descritos los Funcionarios de la Brigada de Información de Madrid con carné profesional 117.002, 79156, 95.296, 16487, 81834, 81064, 78428, 100808, 93748, 72212, 58817, 105727, 118491, 79216, todos ellos participantes en el atestado los días 25 y, sobre todo 26 de septiembre, mientras nos encontrábamos privados de libertad en dependencias policiales (algunos de ellos ya identificados en el párrafo anterior).

TERCERO.- En varias ocasiones, un numeroso grupo de policías se dirigió contra los concentrados, y, sin mediar aviso de clase alguna, comenzaron a agredir a los allí presentes de forma contundente, desproporcionada e indiscriminada, utilizando sus defensas y agrediendo incluso a las personas en el suelo, de la forma que especificaremos a continuación para cada caso concreto. Las cargas más fuertes se produjeron sobre las 18:30 horas la primera y sobre las 21:30 horas, la segunda. (véase http://www.publico.es/espana/442909/el-25s-en-directo-la-sentada-del-25-s-resiste-alas-violentas-cargas-de-la-policia-en-madrid). Se produjo la detención de las personas que suscribimos esta denuncia sin que hubiera razones para ello (algunos de nosotros ni siquiera nos encontrábamos en la convocatoria), agrediendo a los detenidos, arrastrándolos por el suelo en algunos casos, y sometiéndoles a diversas clases de violencia. No se informó a numerosas personas en ese momento de las causas de la detención, que, en la mayoría de los casos, no responden en absoluto a las alegadas en el atestado, constando este extremo de forma documentada. Que numerosas personas que fueron detenidas al inicio de la concentración y sin que se hubiera producido incidente alguno, estuvieron detenidas en la calle, durante un tiempo de más de una hora y cercano a las dos horas en diferentes ubicaciones, hasta que finalmente fueron conducidas en una dotación policial hacía Comisaría, sin recibir explicación alguna. Algunas de las dotaciones policiales se dirigieron al paseo del Prado y calles adyacentes, entrando en los locales públicos y desalojando o pretendiendo el desalojo de las personas que allí estaban. Del mismo modo, se dirigieron a Atocha, donde entraron en bares, desalojando a los clientes e incluso deteniendo a alguna persona sin que mediara razón para ello.

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Una numerosa dotación policial llegó a entrar en la estación de Atocha cercanías, sin que sucediera nada que justificara la intervención. Además, ésta se produjo desarrollando una inusitada violencia contra quienes esperaban el tren en los andenes, y, especialmente contra quienes trataron de documentar el desafuero filmando o fotografiando lo que ante sus ojos se desarrollaba. En el momento de producirse la intervención policial, además de la tranquilidad reinante, había circulación de trenes, por lo que la brusca irrupción de agentes en las vías puso en riesgo a los viajeros. Alguno de los trenes detuvo su marcha para mitigar este riesgo. Todo el país pudo ver las imágenes por televisión (véase http://www.20minutos.tv/video/flwBLMS7-la-policia-carga-en-atocha-durante-el-25s/0/).

CUARTO.- Tras llegar a dependencias policiales, se nos iba llevando a las oficinas de la Brigada de Información colocándonos a muchos de nosotros de pie, en fila mirando a la pared. Se nos impedía mirarnos entre nosotros y hacia cualquier otro sitio que no fuera el muro, y, si lo hacíamos se nos preguntaba textualmente si queríamos ser castigados más. Muchas de las personas que allí estábamos teníamos lesiones, y habíamos sufrido traumatismos en la detención. A pesar de ello se nos obligó a permanecer de pie varias horas hasta que uno de nosotros se desmayó y fue conducido al hospital. A partir de entonces, se nos permitía sentarnos algunos minutos. A algunos de nosotros se nos negó asistencia médica cuando la solicitamos. Sufrimos momentos de intimidación por parte de algunos agentes de policía de paisano con el rostro tapado y/o encapuchados. Una vez en las celdas, de condiciones higiénicas inapropiadas para un país democrático, si bien cesaron los llamados castigos, no se atendían nuestras peticiones de agua o ir al servicio. A los detenidos nos dieron de cenar el día 25 de septiembre, de comer y de cenar el día 26 y de comer el día 27 siempre lo mismo: fabada. No nos daban de beber nada en todo el día más que un tetra-brick de leche en el desayuno. Sólo podíamos beber agua cuando nos dejaban ir al baño, dos o tres veces al día. Para beber llenábamos los bricks de leche y las bandejas (sobre las cuales habían traído la comida) de agua. No nos dejaban ir al baño a hacer nuestras necesidades más que esas dos o tres veces, a pesar de pedirlo. La primera noche, algunos de los detenidos tuvimos que hacer nuestras necesidades en nuestra celda. A algunos de nosotros no nos dieron una manta para dormir la primera noche, diciéndonos “no pasa nada, no vas a morir de hipotermia”.

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La ventilación de las celdas era intermitente. Es decir, a veces había ventilación y otras no y la temperatura variaba, lo cual podía resultar extremadamente agobiante. Cuando pedíamos que encendieran las luces de las celdas para poder ver algo, las apagaban. Cuando pedíamos que las apagaran para poder dormir, las encendían. Cuando alguien se quejaba, además de recriminarle, era normalmente empujado por alguno de los policías de paisano que allí se encontraban. Una vez concluidas las Diligencias, el día 26 por la tarde, el día 27 se llevó el atestado al Juzgado Central de Instrucción nº 1 de la Audiencia Nacional, no poniéndose, sin embargo a los detenidos a su disposición; se dirige esta denuncia contra las autoridades responsables de la decisión de prolongar la detención de 34 personas, no poniéndolas a disposición judicial hasta unas 42 horas. Las Diligencias se enviaron al Juzgado de Guardia a las 16 horas del día 27 de septiembre.

QUINTO.- Se encontraba igualmente en la plaza de Neptuno y en los alrededores un numeroso grupo de periodistas con el fin de cubrir la información de la convocatoria, que publicaron en los medios respectivos, numerosas imágenes y fotografías de lo sucedido. De igual modo, numerosos ciudadanos, provistos sobre todo de teléfonos móviles, captaron fotos y videos que, en muchos casos, colgaron después en distintas páginas de Internet, que se detallarán. De la violencia de la represión policial, se ha hecho eco también Amnistía Internacional (véase http://politica.elpais.com/politica/2012/10/25/actualidad/1351164924_917777.html y http://ecodiario.eleconomista.es/politica/noticias/4328586/10/12/Amnistia-Internacionalpide-a-Interior-sancionar-a-los-policias-del-25S.html).

SEXTO.- Desarrollamos de forma individual los hechos que afectan a cada una y cada uno de nosotros. 1.- Hechos relativos a Ángel Enrique Escudero Coronado: El pasado 25 de septiembre, pasadas las 16:00, horas antes de que diera comienzo la convocatoria del 25-S, caminaba junto a mi esposa (Dª. Visitación Rubio de Castro) hacia el Paseo de la Castellana, desde donde nos dirigiríamos en transporte público a intentar recuperar el vehículo que la grúa nos había retirado. A la altura de la calle Cedaceros con la Plaza de las Cortes, se encontraba un dispositivo policial cortando el acceso a la calle, en la cual se encuentra el edificio del Congreso de los Diputados.

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Vista de la calle Cedaceros con la Plaza de las Cortes, según Google Maps.

Lugar de ubicación del dispositivo policial aquel día.

Cruzábamos la plaza de Neptuno a la altura de la calle Cedaceros cuando nos detuvimos en una isleta central junto a un grupo de agentes de policía y otras personas. Había una fuerte presencia de medios de comunicación y se oyeron algunas ovaciones y gritos que llamaron nuestra atención. Mi mujer y yo cruzamos la calle por la zona de tránsito, ubicada en un punto ligeramente apartado del paso de cebra de la misma, puesto que en él se encontraba el mentado dispositivo que bloqueaba su acceso.

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Zona de tránsito de peatones

A la altura de la “isleta central”, situada en el centro de la zona de tránsito de peatones, mi mujer y yo nos detuvimos a observar el vasto despliegue policial. Sabíamos que el 25 de septiembre se iba a celebrar una manifestación (“manifestación del 25-S”, convocada a las 19:00), pero la misma no había comenzado aún. El tráfico fluía perfectamente y había unas 80 o 100 personas concentradas en las aceras.

En la zona en la que nos habíamos detenido había unos tres agentes de policía nacional detenidos, subidos a la isleta en la que nos encontrábamos, además de un pequeño grupo de personas que, al igual que nosotros, se habían detenido. Uno de estos agentes se dirigió a nosotros con tono enérgico, invitándonos a abandonar el lugar. Mostré extrañeza, pues como digo, había más personas en ese sector de la plaza semicerrada al tráfico (aún circulaban los coches por el Paseo del Prado, pero no por la calle Cedaceros) y al preguntar por qué, me ordenó que le mostrara la documentación y me dijo que pensaba sancionarme administrativamente.

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En ningún momento me opuse a mostrar mi identificación. Saqué el DNI de la cartera y, al mostrarlo, me lo arrebató súbitamente de la mano, sacó un boletín de un bolsillo y comenzó a tomar nota mientras me comentaba algo parecido a: “ahora verá, para que otra vez cuando le digan que circule…”. A esto le contesté: “Pero perdone, ¿qué va a hacer? Usted me pidió identificarme. Yo no he hecho nada para que me sancione”, pero, sin inmutarse, continuó apuntando. En un momento dado, pensando que ya había terminado de apuntar mis datos y exasperado con la situación, tomé mi DNI de sus manos, cosa que le enfureció visiblemente y llevó a que se abalanzara sobre mí, tras lo cual le siguieron sus compañeros, al tiempo que gritaba “¡pues ahora lo que se va es detenido!”. Fui inmovilizado violentamente, y no recuerdo bien, creo que me tiraron al suelo, aunque ello no era necesario, puesto que no estaba oponiendo resistencia alguna. Me llevaron esposado hacia un vehículo de policía, ante la estupefacta mirada de mi mujer, que lloraba y trataba de recoger algunas de las posesiones que se me habían caído por el camino. No me informaron del motivo de mi detención. Cuando me esposaron sentí una especie de quemazón en el dorso de la mano izquierda. Más tarde, llegó un coche patrulla y me empujaron al interior cayendo de espaldas con todo el peso de mi cuerpo sobre las muñecas. Yo gritaba “¡por favor!” a dos agentes de policía, hombre y mujer, cuyos números de carnet profesional desconozco, con la intención de llamarles la atención, pues me dolían mucho las muñecas. Ellos conversaban fuera y quería que me ayudaran, pues realmente lo estaba pasando mal. Podía oír su conversación y a pesar de gritar desesperadamente durante un buen rato ni siquiera volvieron la mirada sobre mí. Al final, un tercer agente, quizás con mayor sensibilidad, abrió la puerta del vehículo, y comprobó que las esposas estaban giradas sobre sí, colocadas irregularmente, retorcidas, lo cual me producía un fortísimo dolor. Acto seguido, este funcionario las ajustó correctamente y me ayudó a cambiar de posición, lo que me alivió inmediatamente. De acuerdo con el atestado policial 4.894/2012, elaborado por la Brigada Provincial de Información del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), fui detenido por los policías titulares de los carnés profesionales números 115.628 y 119.493, adscritos a la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana del CNP. Allí permanecimos yo diría que al menos una hora, tras lo cual fui trasladado a la Comisaría de Moratalaz, sita en la calle Tacona, y después de una espera me retiraron todas las pertenencias. En varias ocasiones intentaron sin éxito retirarme las esposas, mas no conseguían abrirlas, puesto que cierre de la mano izquierda se encontraba bloqueado. Tras un buen rato, al final lo consiguieron. Tras el resto de diligencias de detención (toma de fotografías, toma de huellas, etc.), fui llevado al calabozo en el que permanecí desde la tarde del martes 25 hasta la del jueves 27 de septiembre, cuando fuimos conducidos a los Juzgados de Instrucción. Por la tarde del 25 de septiembre, fueron llegando otras personas detenidas. La mayoría heridos, algunos seriamente, como la persona que introdujeron en mi celda esa noche, en estado

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preocupante, con vómitos y convulsiones. Aparte de otros golpes, tenía uno muy fuerte en la cabeza del que salía un enorme chichón. Junto con los ocupantes de la celda de enfrente llamamos en repetidas ocasiones pidiendo asistencia médica. Gritamos, pero nadie acudió. Más tarde comprobamos que esto sería la tónica general: nadie acudía para dejarte usar el servicio o para darte agua; estas eran necesidades que debíamos ajustar a la disciplina del local. Se podía beber agua cuando salías para ir al servicio, cosa que sólo ocurría dos o tres veces al día. Por otra parte, no había recipiente para tenerla en la celda por lo que utilizamos la bandeja de la propia comida o el brick de leche del desayuno, única excepción al menú por llamarlo de alguna manera. Siempre fue fabada. Para comer, para cenar, al día siguiente para comer, para cenar. Hasta en cinco ocasiones. Fabada en cuyo envase curiosamente podía leerse “abrir totalmente el envase antes de calentar” y, a pesar de ello, siempre llegó precintada y prácticamente fría. Era difícil adaptar las necesidades fisiológicas al horario impuesto, por lo que en algunos casos inevitablemente tuvieron lugar dentro de las celdas. Ambas noches fuimos despertados constantemente y el manejo de la iluminación se antojaba más que arbitrario; apagada por periodos durante el día y por la noche encendida, pedías por favor que apagaran durante la noche y después de hacerlo, alguien venía a encenderla de nuevo y al revés. En general, y salvo excepciones muy honrosas por parte de algún funcionario, recibimos un trato denigrante, con actitudes intimidatorias y comentarios vejatorios. Durante el traslado final a los Juzgados de Instrucción sitos en la Plaza de Castilla fuimos zarandeados dentro del vehículo policial que nos trasportaba al realizar el conductor maniobras a grandes velocidades y tomando curvas muy cerradas. Viajamos en un cubículo con el suelo sospechosamente encharcado en el que algunas personas iban descalzos pues habían perdido sus zapatos días antes. Ante nuestras protestas el conductor volvió a repetir la maniobra en varias ocasiones en la rampa de bajada a los juzgados. Para finalizar me comunican que estoy en libertad condicional y con graves cargos, entre los que figura el de delito contra las altas instituciones del Estado, que inicialmente no se incluía en las imputaciones que me había comunicado la policía. Todos estos hechos, a los que no puedo calificar de otra manera de que de auténtica pesadilla sin sentido, están perjudicándome a mí y a mi familia de forma inadmisible. A mí en concreto me está afectando a nivel físico y psicológico.

2.- Hechos relativos a Miguel Ángel Quinteiro Núñez: Tengo que declarar que mi intención era la de participar en una manifestación pacífica frente (o alrededor) del Parlamento, para expresar de forma inequívoca y solidaria con otras personas nuestra voluntad de transmitir a los Sres. Diputados nuestra disconformidad con las medidas tomadas por el gobierno, elegido por dicho Parlamento (y, por lo tanto, sometido a su soberanía) y que está desarrollando una política opuesta a cualquier promesa o programa político que en la campaña electoral exhibió el Gobierno, traicionando claramente las promesas formuladas.

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Reitero que mi intención era, por tanto, dejar testimonio del descontento que dicha política me produce, en coincidencia y solidaridad con millones de personas que sin duda comparten ese descontento. Para ello, precisamente, era portador de un escrito que tenía intención de entregar en el Registro de Entrada del Parlamento, en el que se plantea una opción de introducir las nuevas tecnologías para favorecer y potenciar la comunicación entre el Parlamento y la ciudadanía. Creo que es importante destacar, que ante la negativa a dejarme pasar, les propuse que alguno de los policías procediera a hacerse cargo de la presentación de dicho documento en el registro y que, mientras, yo esperaría a que me devolviese una copia con el sello que justificara su entrega, pero la llegada de lo que podía ser un mando, cortó el diálogo. Ninguno de los policías presentes tenía su número a la vista. Al pedirle, por favor, que lo mencionaran o enseñaran, el citado mando hizo gestos para disolver la conversación. Solamente uno de los policías extrajo la “etiqueta” con su número, pero se alejó lo suficiente como para no poder tomar nota del mismo. En determinado momento, se corre el rumor de que la policía va iniciar una carga… La alternativa era sentarse en el suelo, en gesto claramente pacífico, de renuncia a oponer una resistencia activa. Nos sentamos en el suelo, formando un círculo, a la espera de que a la vista de la ingente multitud, se desistiera de cualquier forma de violencia contra nosotros en gesto claramente pacífico, de renuncia a oponer una resistencia activa que provocase un enfrentamiento violento en el que, lógicamente, las más perjudicadas serían las personas que integraban la manifestación. Sentado de espaldas al cordón policial, en un momento me sentí empujado por la espalda y, al alzar la vista, pude ver que por mi derecha una inmensa porra venía volando con la clara intención de estrellarse contra mi cuerpo. Tuve el reflejo de levantar la mano y parar el golpe pero, entonces, me sentí arrastrado violentamente varios metros, manteniéndome aferrado a la porra en un gesto reflejo para evitar ser golpeada por la misma. No sé por qué razón, fui volteado y me forzaron los brazos retorciéndomelos con gran fuerza, especialmente el brazo derecho, en el que me causaron lesiones que aún hoy me impiden mover el brazo libremente sin sentir dolor y limitaciones en cuanto a determinadas posturas o movimientos, así como tomar un peso para moverlo. En cuanto a lo ocurrido a partir del momento en que soy esposado y retenido, para ser llevado a la comisaría de Moratalaz, omitiendo el llevarme a un hospital para recibir atención médica, según la prescripción de la facultativa que me prestó los primeros auxilios en un puesto el SAMUR muy próximo al lugar de retención, y al que me llevaron después de mantenerme más una hora esposado… Según indicaciones de la doctora que me aplicó una primera asistencia, era imprescindible llevarme a un hospital pero el policía que me detuvo decidió que antes me llevaría a la Comisaría, donde me tuvieron hasta las 2 de la madrugada, de cara a la pared y sin poder moverme, ni siquiera para hacer las necesidades de cuerpo o conseguir un simple vaso de agua,

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en las condiciones que describí en la declaración que al día siguiente puse en la propia comisaría, y que quiero incorporar a ésta, aunque la había hecho sin la oportuna asistencia de la letrada ya que, aunque estaba presente, tenía prohibido mantener ninguna consulta, ni siquiera intercambiar una mirada con ella. También quiero reseñar el hecho de que, durante la detención, no se me permitió tomar el tratamiento médico que tengo prescrito, así como utilizar una CPAT para dormir pues padezco Apnea Nocturna. Tanto el tratamiento como el aparato para dormir, pero que no se me dio acceso a la misma, lo tenía en la bolsa que me fue retirada al ser detenido. Adjunto el documento nº 1 que justifica como, al quedar en libertad, fui al registro a presentar el escrito que menciono. Acompaño copia del artículo del diario El País como documento nº 2 del sábado 28 de septiembre, en cuya versión digital aparecía un video que acredita las circunstancias exactas de mi detención. Aporto también el Informe médico del Hospital de la princesa, donde debí ser conducido en la mañana del día 26 de septiembre y escrito sellado del Congreso, que presenté una vez quedé en libertad, como documentos nº 3 y 4. Al tiempo de formular esta denuncia, me encuentro todavía de baja. Hay un video en el que se puede apreciar cómo me dirijo al cordón policial horas antes de ser detenido para tratar de presentar el escrito que ahora aporto: http://www.youtube.com/watch?v=KUey7FkdfFM

3.- Hechos relativos a Daniel Fernández Moreno: Cuando sucedieron los hechos yo estaba procediendo a irme de la manifestación en compañía de un vecino de mi pueblo con el que había acudido, llamado José Carlos Sánchez. Para ello tenía que pasar por una zona, a unos dos metros del cordón policial. En la zona que yo tenía que pasar había unos manifestantes con una especie de pancarta que utilizarían de escudo, debido a la aglomeración de gente en ese momento no podía avanzar demasiado y por otra parte, debido a los empujones, me desorienté y no era capaz de encontrar a las personas con el que había ido. Con el fin de buscarlas me giré y cuando me quise dar cuenta vi a dos policías corriendo hacia mí, y me quede completamente en shock, recibiendo de los policías varios golpes con las porras, a lo cual intente taparme con los brazos. Seguidamente y debido a la cantidad de gente y a los golpes recibidos, caí al suelo donde me siguieron golpeando. Acto seguido dos policías me levantaron del suelo, llevándome hacia los furgones de policía. Una vez de pie uno de los policías, que eran antidisturbios, me sujetó del cuello, y aunque yo lo único que le decía era que no entendía nada que no había hecho nada y que por favor me soltara del cuello que no me iba a escapar, el seguía insultando llamándome entre otras cosas “cabrón” e “hijo de puta” y amenazándome con que me iba a enterar por lo que había hecho, todo ello mientras me daba aun mas golpes en la cabeza y me intentaba apretar la garganta con la porra. Incluso mientras eso sucedía el policía nacional que estaba a mi otro lado le decía que parara.

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Tras esto el policía sin soltarme del cuello me llevó hasta el furgón policial donde me soltaron y me pusieron contra el furgón donde me esposaron o me amarraron con las bridas, metiéndome acto seguido en el furgón policial. Cabe señalar que el policía que me agarró, insultó y golpeó mientras me llevaba al furgón policial no me dejó en ningún momento verle la cara, ya que me agarraba del cuello. En ningún momento fui informado del delito exacto que estaba acusado ni el por qué de mi detención ni a donde nos iban a llevar. Por supuesto no se me indicó que pudiera llamar a nadie ni ver a un médico. Después, una vez en el furgón y con un calor asfixiante y con algunos dolores, solo gracias a un policía pudimos respirar algo de aire freso durante algunos segundo cada cierto tiempo y nos dieron una vez agua, que por supuesto nos tenía que dar él. Una vez llegados a la comisaría de Moratalaz, nos sacaron del furgón con malas maneras y gritándonos, tras lo cual nos llevaron al interior de la comisaría, siendo agarrados en todos momento por uno de los policías. Una vez dentro nos tuvieron de pie hasta que nos pidieron nuestros datos y tras lo cual nos empezaron a llamar para ser cacheados. El cacheo era efectuando con una violencia o agresividad innecesaria por parte de los policías, supongo debido al nerviosismo que presentaban todos ellos. En todo el tiempo que estuvimos ahí nos mantuvieron de pie sin poder sentarnos y mirando a la pared ya que ni siquiera podíamos mirarlos entre nosotros ni mirar a otro sitio que no fuese a la pared, pese a haber ciertas personas que necesitarían descansar debido al estado en el que se encontraban. En un momento determinado nos bajaron a las celdas donde, tras darnos nuestros “desayunos”, permanecimos en la celda, junto con otros nueve compañeros que fuimos en total, hasta que finalmente nos llamaron para tomarnos las huellas y hacernos la foto correspondiente y prestar declaración. La experiencia que viví, bueno que vivimos en general, fue bastante horrible no solo por el hecho de estar encerrados sino por la actitud de los policías que te hacían pasarlo mucho peor. Una de nuestras primeras quejas fue que no pudimos ir al baño hasta que los policías no les diera la gana de permitírnoslo lo cual podrían pasar varias horas hasta que pudimos y en ningún momento pudimos obtener agua, es decir una botella de agua al menos con la comida, sino que si querías agua tendrías que aprovechar las salidas al baño, que eran bastante escasas y utilizar los cartones de leche del desayuno o incluso las bandejas de plástico para poder llevarte al menos algo de agua durante la noche o durante el resto de horas que pudieran pasar hasta la siguiente visita. La comida, además, estaba asquerosa y casi incomible debía a que era exclusivamente para comer y cenar judías en lata (fabada) y como mucho si tenias suerte podrías encontrar alguna lenteja.

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Uno de los hechos más relevantes es la actitud de los policías hacia nosotros, hasta nos llegaron a llamar “asesinos”; aunque si bien hubo excepciones en un par de policías -de los muchos que había- que se controlaban y que además tenía una buena actitud hacia nosotros. Por último, cabe señalar la ausencia de información que tuvimos de lo que iba a suceder con nosotros, diciéndonos que supuestamente no estaban al corriente de lo que ocurría. Desde que presté declaración y me tomaron las huellas y la foto, no me llevaron al Juzgado ni hicieron ninguna diligencia conmigo hasta la tarde del día siguiente. En el Juzgado pude ser asistido por el médico por primera vez, no pudiendo declarar lo que ahora relato, porque era preciso limitarse a contestar las imputaciones y no extenderse para permitir que todas las personas detenidas pasaran ese día a disposición judicial. Aún a pesar de ello, no nos pusieron en libertad hasta varias horas después.

4.- Hechos relativos a Gabriel Jiménez Peña: El 25 de septiembre de 2012 acudí a la convocatoria “Rodea el Congreso” con varias de mis compañeras y compañeros de Carabanchel. La idea era presentar un rechazo muy fuerte de la ciudadanía frente a la institución donde supuestamente una serie de representantes canaliza la manida soberanía popular, con la intención de hacer visible que estamos en contra de la actual partitocracia al servicio de la Troika y que buscamos rescatar nuestra soberanía. Era – o así al menos lo considero yo – una buena acción para medir y demostrar el descontento de la ciudadanía; nada más. No teníamos la intención de irrumpir en el Congreso de los Diputados y/o de impedir su normal funcionamiento. El día 25 de septiembre me acerqué al lugar de convocatoria, donde había un vasto despliegue policial y mediático, con vallas, agentes de la UIP sin identificación visible alguna, decenas de furgones policiales, etc. Permanecí bastante tiempo de pie, cerca de las marquesinas que hay entre el Hotel Palace y la Fuente de Neptuno. De repente, debía ser las 18:30 abriéndose paso entre la ya concurrida masa, en formación de flecha, como si vinieran subiendo por el Paseo del Prado y quisieran llegar por el medio hasta el cordón policial que protegía la sede parlamentaria. A empujones, porra en mano. Algunas de las personas empujadas contestaron con insultos. Yo con incredulidad. Podían dar un rodeo para llegar hasta sus compañeros, o hacerlo de esta manera y golpear a personas. Poco rato después se produjo la primera carga. No muy salvaje si la comparamos con las posteriores, pero muy injusta pues atendía a cuestiones meramente estratégicas. El objetivo de ésta fue dividir a la gente congregada en dos grandes grupos. A partir de ahí ya hay una línea de furgones y agentes en la continuación de la calle Cedaceros, un poco antes de llegar a la Fuente de Neptuno. De vez en cuando, sin que la muchedumbre hiciera nada salvo gritar, muchos agentes de la UIP realizaba amagos de carga, es decir, golpeaban a las primeras personas para que creciera la tensión y se produjeran pequeñas carreras y/o altercados. Como reacción se escuchaban insultos y vi lanzar alguna botella de plástico. Como a las 19:30, mi amiga Ainhoa y yo decidimos acercarnos al grupo que permanecía sentado delante del cordón policial. Estábamos con 15 metros delante de la estructura de los medios de comunicación. Nos sentamos como en cuarta fila. Estuvimos así creo que hasta las

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21:30 aproximadamente. En nuestra zona, al estar en el suelo, no se produjeron muchos altercados, la gente no respondió apenas a las provocaciones de la UIP. Escuchábamos el ruido de cargas que se estaban produciendo en otras zonas, pero no las vi. Empezó a irse bastante gente, pero todavía quedaba gente sentada en nuestra zona. Nos alejamos un poco del cordón, pero seguimos sentados. Ya no había tanta tensión. Estuvimos hablando como media hora con unas amigas que nos encontramos, hasta que se fueron. Allí mismo se hizo una asamblea, en la que se decidió que lo mejor era retirarse. Como a las 23:00, y ya pensando en marcharnos, fuimos a buscar un lugar donde Ainhoa pudiera orinar. Estuve siguiendo todo lo que la cobertura me permitió la movilización a través de la red social Twitter. Mientras volvíamos hacia la plaza de Cánovas del Castillo, leí que en la Puerta del Sol estaban realizando otra asamblea, y que no había terminado. Como la situación en Neptuno se había relajado mucho, en vez de irnos a casa decidimos quedarnos un poco más hasta que finalizara la reunión en Sol. Repito que ya no se percibía la tensión que había habido anteriormente, había grupos de gente charlando en el suelo, los antidisturbios en posición relajada y los medios de comunicación recogiendo. Al rato, llegaron varios furgones. En un momento se juntaron muchos efectivos de la UIP. Un agente, mayor y de pelo canoso, con varios papeles en la mano, empezó a dar órdenes. Los antidisturbios empezaron a tomar posiciones, aunque todavía no se colocaban los cascos ni blandían sus porras. No se habían producido altercados hacía bastante tiempo y empezaron a decir “venga, iros, que ya sí que sois cuatro gatos”. Y era cierto, ya quedaba muy poca gente. Eran aproximadamente las 0:20 horas. Mi amiga Ainhoa y yo decidimos irnos, y estábamos hablando de si cogíamos el autobús o el metro para ir a nuestras casas. Ella había escrito un SMS a su madre comunicándole que ya se marchaba. Los antidisturbios formaron una especia de cadena humana y comenzaron a andar hacia nosotros, para que nos moviéramos, gritando “vamos, vamos, andando” o expresiones similares. Estábamos aproximadamente a la altura de la mitad de la fuente, en dirección bajada, yéndonos tranquilamente. Intentamos andar en dirección a Atocha, pero la fila de agentes nos bloqueó ahí el paso, y nos dijeron que para el otro lado, por donde iba todo el mundo. Fuimos bordeando la fuente, como nos obligaba la policía, cuyo cordón iba desde nuestra posición hasta casi el Museo Thyssen. En ese momento saqué mi teléfono móvil y empecé a emitir en streaming (directamente en internet) la situación. En dicho vídeo se puede ver cómo los agentes nos van obligando a ir hacia el otro sentido del Paseo del Prado, que ya tenía el tráfico abierto, y cómo la poca gente que había no estaba de ninguna manera agresiva ni violenta. Todavía sin empujones ni agresiones, cruzamos hasta la acera de la derecha en dirección de subida. Noté cómo mucha gente empieza a desperdigarse, lo cual indico y se escucha en la mentada grabación. Para no quedarnos solos, subimos hacia Atocha, donde varios agentes nos esperaban bloqueando la acera que hay delante del monumento, por lo que tuvimos que subir por el césped. Un poco más adelante observamos cómo el SAMUR atendía a un herido en el paseo central de la calle, así que cruzamos. El herido estaba bastante aturdido, aunque creo que no tenía nada grave. Un grupo de agentes subió tras nosotros por la calzada. Una chica iba andando y mirando su teléfono. Un funcionario le gritó que camine, ella contestó que vale, de manera normal. El policía grita algo así como “¡Qué! ¿Me estás contestando?” y se acercó hacia ella, levantando ligeramente la porra. Ella no se percata le dice que vale, que ya está andando, o

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algo así. En ese momento apunté mi cámara hacia ellos, aunque por la baja resolución no se aprecia del todo bien. El agente al verme retrocedió y le dije a mi amiga “creo que he librado a la chica de un porrazo”. De repente, sin motivo, los antidisturbios comenzaron a correr a por nosotros. Retrocedimos hacia Cibeles, por medio de la calle, entre los coches. A mi alrededor y, a media distancia, no veo más que grupos de antidisturbios dispersando a la gente en grupos muy pequeños, y golpeándoles allí donde les alcanzaban. Lo intento registrar con el móvil, pero no se llega a apreciar del todo bien. Veinte o treinta metros antes de llegar a Cibeles, en un hueco del paseo central había dos autobuses del servicio nocturno. Un conductor le dijo al otro que moviera rápidamente el autobús para intentar cortar la calle y que pudiéramos marcharnos tranquilamente, intentando aislarnos de las cargas. Le estoy enormemente agradecido. El resto de policía emprende otra carrera hacia nosotros. Unos metros antes de terminar el paseo central me giré porque notaba que Ainhoa se había quedado algo atrás, creo que bloqueada ante la que se nos venía encima, o simplemente porque se tropezó. El caso es que ya tenía un agente a su altura, que le golpeó con la porra por detrás. Viendo que detenían seguro a Ainhoa, me di la vuelta del todo y me paré, para no mostrar resistencia alguna, suponiendo que no pasaría nada grave porque no habíamos hecho nada. El agente de la UIP que corría hacia mí levantó su porra y me golpeó en el antebrazo izquierdo. Acto seguido, me golpeó con la defensa en varias partes del cuerpo, sobre todo en el lateral izquierdo de la cabeza. Debieron ser varios agentes y, por lo menos, uno por detrás, porque los golpes sucedieron de forma muy rápida. Me sujetaron y me gritaron “¡al suelo, al puto suelo!”. Yo no ofrecí ninguna resistencia, ni grité o insulté a nadie, como se puede apreciar en el vídeo (todavía llevaba mi móvil en la mano derecha). De hecho, empecé a ponerme de rodillas para tirarme al suelo, como me gritaban que hiciera. Hicieron el resto del trabajo por mí y me empujaron y empotraron contra el asfalto. Ahí se me cayó el teléfono boca abajo, aunque justo cuando me tumban completamente lo consigo dar la vuelta, dejándolo igualmente en el suelo. Se me echaron dos agentes encima. No estoy seguro del número. Sólo sé que tenía el lateral izquierdo de mi cara apoyado y me empujaron fuertemente la cabeza contra el asfalto, creo que con la rodilla, a la vez que me hacían mucha presión sobre la espalda, yo creo que una persona subida encima. Fue ahí cuando noté como el charco de sangre crecía bajo mi cara. Me habían abierto la cabeza. Pedí asistencia sanitaria. Me contestaron que sí, que vendría, pero de malos modos. Estando en esa posición me colocaron los grilletes por detrás de la espalda, sin yo oponer resistencia. Aproximadamente en ese momento es cuando se escucha en el vídeo a un policía gritar “rodeadnos con los escudos” para que no se viera nada. Entre los golpes, la sangre y esos comentarios, el terror iba creciendo. Se acompaña como documento nº 5 informe médico sobre las lesiones sufridas, sobre todo en la cabeza, en el momento de la detención. Me levantaron y me metieron el teléfono en el bolsillo. El procedimiento con Ainhoa fue similar. Volví a pedir que me atendiera un médico, y me contestaron otra vez afirmativamente, con

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peores maneras todavía. Me dijo un policía algo de que yo había tirado piedras, y contesté que no, que yo iba grabando. Nos llevaron a un lateral de un furgón, y nos pudieron de rodillas en el suelo, contra el vehículo. Un policía mandó que pusieran otro furgón al lado para que se nos viera menos. Un policía dijo que me había “meado encima”. Tanto otro agente como yo contestamos con un “¿qué?”, bastante asustados. El antidisturbios dijo algo como “espero que no, que puede ser grave y podemos tener problemas”. Me entró el pánico, no notaba nada. Pero por fin recordé que llevaba una botella de agua en la mochila y se lo dije al policía. Me la habían reventado cuando se me pusieron encima. Tras unos minutos ahí, me hicieron colocarme, también de rodillas, justo detrás del furgón, y mandaron acercar otro hacia mí. Es decir, yo estaba con la parte trasera de un furgón pegada a mi izquierda, y con la parte delantera de otro pegada a mi derecha, y con las luces apuntándome directamente a la cara. Ahí fue donde me atendió el SAMUR, con varios policías siempre al lado. Me hicieron varias preguntas y me vendaron. Algún sanitario dijo que me llevaban al hospital, pero otros finalmente dijeron que no, que simplemente me tenían que dar puntos antes de seis horas, que la policía decidiría cuándo. Yo contesté extrañado que esa decisión debería corresponder más a un cuerpo médico que a uno policial. Cabe mencionar que, cuando me estaban vendando, una agente le pidió a un compañero que apagara las luces para que se me viera menos, porque había algunas personas en la acera de en frente. Llegó otro tipo de furgón. Nos levantaron y nos quitaron las mochilas. Me llevaron hacia el vehículo. Pregunté y pedí varias veces que llevaran también a Ainhoa conmigo, no era capaz de imagina la situación de quedarse ella sola. Justo antes de meterme en la jaula del furgón, me devuelven la mochila. Finalmente también sube mi amiga Ainhoa, aunque no en la jaula. Arrancaron el vehículo. En la jaula había dos chicos, que fueron detenidos bastante tiempo antes: a uno le detuvieron entrando al metro y ni siquiera había ido a la convocatoria, al otro le cogieron al lado de un árbol cuando se separó de sus amigos. De acuerdo con el atestado 4.894/2012, redactado por la Brigada Provincial de Información, fui detenido por los agentes con nº de carnet profesional 83.680, 93.396, 100.637, 103.956 y 104.568, adscritos a la Primera Unidad de Intervención Policial (UIP) del Cuerpo Nacional de Policía. Llegamos a la Comisaría de Moratalaz. Estaba llena, tanto dentro como fuera, de policías infiltrados en la manifestación, de paisano, con capucha puesta y braga hasta la nariz. Todos mirando inquisitivamente, mucha intimidación. Nos colocaron en la entrada, de pie, mirando a la pared. Había bastantes personas detenidas. Nos cambiaron los grilletes por lazos. Nos recriminaban y nos mandaban callar. No nos dejaban sentarnos, ni beber agua, ni ir al baño. Había gente con moratones, ojos morados, varios hinchazones preocupantes en la cabeza, etc. La primera vez que un agente se dirige a nosotros dos es para llevarse nuevamente nuestras mochilas, que volvieron a traer al rato. Luego a mí me registraron, y me apagaron el teléfono. Se acompaña como documento nº 6 un CD que contiene toda la grabación del momento de mi detención y de los minutos posteriores y anteriores a la misma. Dicha grabación fue realizada con mi teléfono móvil y colgada directamente en internet por vía de streaming.

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Pasados 30 o 40 minutos me llevaron a una sala, pasando por medio de un grupo de policías de uniforme y más infiltrados con capucha y braga, sufriendo de nuevo la sensación de intimidación. Me notificaron los delitos que de los que me acusaba la policía: atentado, resistencia y desórdenes públicos. En ningún momento indican nada sobre delitos contra las altas instituciones del Estado. Me vuelven a sacar a la sala, y otros 30 minutos después me llevan a una sala contigua a la anterior, previa intimidación de los encapuchados. Me niego a declarar, me toman las huellas y empiezan a registrar mis pertenencias. Me hacen quitarme cordones de las zapatillas y de la capucha de la sudadera. Como ésta no sale, viene un agente con un cuchillo de grandes dimensiones hacia mí, se pone por detrás y dice “cuidado, a ver si te voy a cortar el cuello”. No lo dijo de manera agresiva, pero para mi el comentario estaba fuera de lugar. Una persona dijo que abrieran mi mochila para registrar lo que contuviera, mientras me preguntaban qué llevaba. Cuando la abrieron, observé que había tres piedras de tamaño considerable que yo jamás había visto ni, mucho menos, manipulado. Solté una mezcla de suspiro y risa nerviosa, negando con la cabeza varias veces, perplejo. Dije que yo no llevaba eso, que lo habían metido. Me pusieron un bolígrafo en la mano y me dijeron que firmara el documento en el que constaban mis pertenencias. Me dispuse a leer el documento, pero me dijo el agente que firmara o que no firmara, pero decidiera ya. Le dije que quería leer lo que iba a firmar y me contestó con malos modos, mientras me tapaba las condiciones de la letra pequeña con la mano, que yo no estaba ahí para leer nada, que firmara o que no firmara. No firmé. Me volvieron a sacar a la entrada de la comisaría, donde seguía todo el mundo de pie. Le dije a Ainhoa que me habían metido piedras en la mochila. Luego, cuando ella entró para que revisaran sus pertenencias, comprobó que con ella habían hecho lo mismo. Pasado un tiempo, una pareja de policías nacionales (no de la UIP) llegaron para llevarme al hospital. Cuando íbamos a salir de la comisaría, un par de antidisturbios preguntaron por el hospital al que me iban a llevar. Dijeron que, en principio, al más cercano que es el Gregorio Marañón. Los antidisturbios contestaron que sí, que es el más cercano pero que “en el Gregorio no nos tratan muy bien [a la policía], ya sabéis a qué me refiero”. Los agentes preguntaron que a cuál recomendaban ir. Los agentes de la UIP contestaron que recomendaban, porque solían tratarles muy bien, el Hospital de la Princesa y otro más, que no recuerdo. Me montaron en el “zeta” (el Citroen Xsara Picasso). No me quitaron los lazos. Hablaron entre ellos para ver a qué hospital irían y decidieron ir al Gregorio, porque estaba más cerca y porque esos problemas no eran su guerra. Tardamos 10 o 15 minutos en llegar al hospital y, después de esperar un rato, le expliqué a una médico o enfermera que un antidisturbios me había golpeado con la porra varias veces, que me dolía el antebrazo izquierdo y que tenía la cabeza abierta, aunque era visible por la venda y por la sangre. Me metieron al mini quirófano, siempre escoltado por la policía, y me sentaron en la camilla. Me hicieron alguna pregunta, me limpiaron la herida de la cabeza con algo como suero y después con Betadine, advirtiéndome que me iba a escocer bastante. Me dijeron que me iban a poner grapas sin anestesia, porque ésta me iba a doler más. Pedí a los agentes si me podían quitar los lazos porque me quería agarrar a la camilla, ante lo cual accedieron, aunque me

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indicaron que después me tendrían que poner grilletes, porque no llevaban lazos. Me pusieron seis grapas en la cabeza, me hicieron alguna prueba de coordinación y me inyectaron vacunas y un analgésico. Me dijeron que debía tomar alternar analgésico y anti inflamatorio cada cuatro horas, pero nunca lo recibí de vuelta en comisaría. Posteriormente me realizaron unas radiografías del antebrazo. El resultado fue que tenía únicamente una contusión. Nos dispusimos a irnos del hospital. Los policías me dijeron que no podía llevar las gasas que me habían dado para limpiarme la sangre de la cara y el cuerpo, ya que no eran parte de mis pertenencias. De vuelta a la comisaría. Creo que serían como las cinco de la madrugada. Me volvieron a dejar, de pie, en la sala de la entrada. Ya había menos gente. En ese momento vi a un chico que le habían dejado sentarse porque se había desmayado, y vino una agente policía gritándole que qué se creía que hacía, que nadie estaba sentado, que se levantara. Un poco después llegó un chico completamente apaleado, con marcas por todo el cuerpo y la cara, y con collarín. Una chica pidió bastante nerviosa que le pusieran a disposición judicial porque había pedido el habeas corpus. Entre dos agentes (una de ellas la del párrafo anterior) le explicaron que el habeas corpus no era inmediato, que lo habían notificado al juez de guardia pero que era decisión de éste aceptarlo o no. La chica no lo entendió bien repitió, levantando la voz y más nerviosa, que si ella lo había solicitado estaban obligados a ponerla a disposición judicial. Entonces, la policía contestó gritando que qué se había pensado, que no se creyera que el juez iba a atenderle cuando ella quisiera, que si hubiera estado estudiando en la biblioteca en vez de meterse en líos no estaría en esa situación. Un rato después comencé a sangrar considerablemente por la herida de la cabeza. Un chico que estaba a mi lado, sin lazos ni grilletes porque no quedaban, se dirigió al baño a por papel para atenderme. Algún policía le preguntó que a dónde iba, pero al ver la situación no se opusieron. La funcionaria de policía de los párrafos anteriores se acercó a mirarme y se limitó a decir “pues vaya, sí que te han curado mal en el hospital”. Dije entonces que quería acudir otra vez, para que me miraran de nuevo la herida. Me contestó la misma policía, “sí, hombre, no vas a ir otra vez que acabas de volver”, negándome de esta manera asistencia médica. No mucho tiempo después nos bajaron a los calabozos y nos sirvieron el desayuno. En mi celda, la 7, ya había detenidos de la convocatoria y entramos más. En total éramos nueve, creo, aunque al día siguiente nos quedamos en siete. Me hicieron coger una colchoneta de otra celda porque no había suficientes y no me dieron ninguna manta para dormir, a pesar de que solicité una. “No pasa nada, no vas a morir de hipotermia”, me dijeron. Pasé bastante frío. Durante la estancia en la Comisaría de Moratalaz, de dos días, nos dejaron salir dos o tres veces al día al servicio, siempre con prisa. No nos dejaban ir cuándo lo pedíamos. Por otro lado, había varios agentes que cuando pedíamos que encendieran o apagaran la luz de la celda o los pasillos hacían exactamente lo contrario. Si algún agente apagaba la luz por la noche, otro al rato volvía y la encendía. La temperatura de las celdas sufría fuertes variaciones a lo largo del día, pasando de notar frío a notar bastante calor. La primera noche, como he dicho, terminé pasando frío. La segunda noche muchísimo calor. En total en mi celda dieron dos desayunos (un brick pequeño de leche, galletas, mermelada), dos almuerzos y una cena. Estas tres últimas comidas consistían en fabada precocinada, y pan-galleta salado. Las bandejas a veces nos las tiraban. No nos dieron agua en ningún momento. Sólo podíamos obtenerla cuando accedíamos

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al servicio, por lo que muchos de nosotros llevábamos el brick o la bandeja de la comida para recoger agua y llevarla a la celda. El ambiente en la celda después del primer día empeoró, teniendo en cuenta que estábamos sin ducharnos, con los gases de varios platos de fabada, las zapatillas quitadas, etc. No vi agresiones físicas mientras estábamos en los calabozos, pero sí escuche a un agente amenazar a un detenido con “darle una hostia” si no se callaba y se iba a su celda (estaba de camino desde el servicio). No nos dejaban llevar papel higiénico a las celdas, porque decían que hay gente que se suicida con eso. Yo quería tener un poco a mano, por si me volvía a sangrar la cabeza. El miércoles 26 de septiembre, a mediodía, le comuniqué a una policía que en el hospital me mandaron que tomara analgésicos y anti inflamatorios, y que me gustaría tomarlos porque me estaba empezando a doler ligeramente la herida. Me dijo que no podía darme lo que no estuviera entre mis pertenencias, y en el hospital no me habían dado nada. Hasta aproximadamente las 16:00 no pude ver a Daniel Amelang López, mi abogado, a pesar de que él había acudido a la Comisaría algunas horas antes. Él le dijo a algunos agentes que, dada las lesiones que había sufrido, si yo solicitaba asistencia médica me la tendrían que proporcionar. Le contestaron que estaban de acuerdo. Cuando nos dejaron salir al servicio después de la cena, en torno a las 20:00, le dije a un policía, que creo que ostentaba el nº de carnet profesional 118.423 que me estaba doliendo más la herida y que temía que no me permitiera dormir, que si podían darme un analgésico, concretando que no tenía en mis pertenencias. Me dijo que me acercara a hablar con tres agentes que estaban hacia la salida de la zona de celdas. Repetí el planteamiento. Uno de los policías gesticuló como si tuviera una bolsa en la mano y me dijo “claro que sí, hombre. Mira. Abro la bolsa, meto la mano y saco una pastilla para ti”, gesticulando también como si me diera algo. Todos los agentes se rieron. No contesté nada, me di la vuelta y le dije al policía que me acompañaba que, dadas las circunstancias, solicitaba asistencia médica. Su contestación fue mandarme a mi celda y decirme “¿pero que te crees, que te va a ver el médico cuándo tu digas?”. Contesté que no, pero que quería saber si lo iba a solicitar o no. No me dijo nada y media hora después se acercó a mi celda otro agente, preguntando por quién solicitaba un médico. Le expliqué que simplemente quería los analgésicos y anti inflamatorios que me habían mandado en el hospital porque me dolía la herida. Contestó que tenía que esperar y jamás volvió. El jueves 27 de septiembre nos despertamos en mi celda bastante animados, suponiendo que en un rato iríamos al juzgado. Incluso algún agente así nos lo comunicó. Pero pasaban las horas y no fue así. Ya ningún policía sabía nada. Nos trajeron la comida. Nos desmoronamos. Finalmente nos llamaron por grupos a la pre-celda de los calabozos, creo que aproximadamente a las 17:00. Fueron llamando uno por uno para que firmemos lo que supongo que es el acta de recogida de nuestras pertenencias. Escuché cómo a uno le dijeron, tras comunicar que no tenía intención de firmar, algo así como “tirad las cosas de éste a tomar por culo”. Luego, al negarme yo, me dice “pues que sepas que si no firmas a lo mejor tus cosas no llegan, ¿eh?”. Nos suben a la jaula de un furgón a siete personas, que estaba empapado y olía muchísimo a algún producto fuerte de limpieza. La jaula es para seis personas, por lo que uno tuvo que permanecer en cuclillas durante el traslado. Una vez dentro de los Juzgados de Instrucción, nos quitaron los grilletes, nos filiaron y nos fueron metiendo en celdas. El trato fue muy distinto, mucho más cordial. Tras reunirme con mi abogado, ser reconocido por la médico forense (y por fin pude tomarme un analgésico y un

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anti-inflamatorio) y prestar declaración ante el Juzgado de Instrucción nº 8 de Madrid, a las 22:00 me notificaron un Auto, en el que se me imputaban los delitos de atentado, resistencia y delitos contra las altas instituciones del Estado, sobre lo cual yo no había prestado declaración antes. Fui puesto en libertad a las 23:00 horas del jueves 27 de septiembre de 2012.

5.- Hechos relativos a Ainhoa Cortés Arroyo:

Fui a la convocatoria de Rodea el Congreso el día 25 de septiembre de 2012 con mis compañeros de Carabanchel. Yo personalmente no tenía muy claro si ir o no por la forma en la que se había ido gestando esta acción, pero decidí ir finalmente, siendo uno de los motivos, la criminalización a la que estaba siendo sometida dicha manifestación con la identificación y la imputación de varios de sus convocantes en una asamblea en el Retiro. Estuvimos comiendo en el Paseo del Prado y luego nos fuimos a dar una vuelta para ver el ambiente. Estaba todo lleno de policías sin identificación por todas partes. Lecheras y coches de policía de todo tipo y ya empezaban incluso a identificar a la gente que quería atravesar ciertas calles (dependiendo también del tipo de vestimenta). Parecía un Estado Policial. En ningún momento hubo ninguna intención de tomar el Congreso ni nada por el estilo. A las 18.30h o así, una hilera de antidisturbios con los cascos puestos y las porras en la mano, atraviesa la plaza que está abarrotada de gente, y al poco de llegar se produce la primera carga totalmente innecesaria porque no había pasado nada, y parten en dos la concentración. Desde las 19-19:30h Gabi y yo nos unimos a la sentada de la Plaza de Neptuno. Se viven momentos algo tensos pero nosotras continuamos sentadas. Y sí somos conscientes de que alrededor está habiendo cargas porque lo oímos, pero sentadas se aguantan mejor y es más fácil resistir. En esta posición seguimos hasta las 10 de la noche, que ya quedaba menos gente. A las 23.30 o así nos vamos a buscar un sitio para hacer pis y a las 12 de la noche le mando un mensaje a mi madre para que no se preocupe porque ya me iba a casa. Nos levantamos y estamos pendientes del Twitter para ver qué dicen en la asamblea de Sol, si desconvocan o no la manifestación. A las 0.20 más o menos, decidimos irnos porque en la asamblea no dicen nada y empiezan a llegar más antidisturbios por la parte del Congreso. Empezamos a dar una vuelta a Neptuno para ver por dónde era mejor irnos a casa porque estaba todo rodeado por antidisturbios. Decidimos irnos por Atocha, pero en ese momento empieza a salir a la plaza una hilera de antidisturbios que nos obliga a andar por el Paseo del Prado dirección Cibeles. Da igual que quieras ir para allá o no; tampoco te dicen en ningún momento que abandones la plaza, ni que vayas a la acera ni nada por el estilo. Te empujan hacia Cibeles, te presionan para que andes rápido. Tenía a los antidisturbios justo detrás de mí. Gabi lo grababa, aunque le había estado fallando el Bambuser toda la tarde y subía con muy baja calidad. Era un poco surrealista, Gabi me dice que tenga cuidado que cada vez tengo más cerca de los antidisturbios y da miedo, así que acelero un poco el paso y me sitúo a su lado. Vamos por la parte de la derecha del paseo del Prado. Seguimos subiendo con más gente, hay antidisturbios por todas partes, vemos como por el carril central cargan; por nuestro lado aún no, pero vemos a la derecha cómo acorralan a una

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persona. Ahí es cuando le digo a Gabi que busquemos algún sitio por dónde poder irnos de ahí, pero no se puede, nos siguen empujando hacia arriba. En el carril central se para el Samur, así que cruzamos la calle a ver qué pasa. Hay un herido, y en dos segundos nos vuelven a pisar los talones los antidisturbios. Vamos subidos a la acera y vemos cómo un antidisturbios anda rápido hacia una chica que va con el móvil o algo así. Él le dice que ande rápido y ella no sé que le dice, algo así como “espera”, y él le pregunta “¿Perdona?” y la empieza a seguir con la porra en la mano, y justo cuando la va a dar (estaba justo ya a nuestra altura) el policía se da cuenta que Gabi estaba grabando, así que baja la porra. Seguimos avanzando hacia Cibeles y los antidisturbios empiezan a correr, así que todos corremos. Cuando vamos a llegar justo a Cibeles, uno de los autobuses empieza a dar marcha atrás, cortándoles el paso a los antidisturbios, pero algo le recriminan, porque acto seguido vuelve a ir hacia delante. Cuando llego a Cibeles, miro alrededor y pienso que tarde o temprano me van a coge, que no hay escapatoria, y me paro. Gabi me mira y con la cara me dice que siga, pero no puedo. Dos segundos tardaron dos antidisturbios en llegar hasta Gabi y pude ver como uno de ellos le abría la cabeza con la porra, y al mismo tiempo, otro me dio con la porra en el brazo y me tiró al suelo. El que me dio con la porra, que estaba detrás, me clavó la rodilla en la espalda mientras me agarraba de las muñecas, el otro me aplastaba contra el suelo con las manos. Ahí escuché como decían que nos rodearan. Estaba parada cuando me cogieron, avancé dos pasos cuando cogían a Gabi, es el único movimiento que hice, porque al segundo me cogieron a mí. Sólo decía, “vale, vale, vale, vale”. No hubo ningún tipo de resistencia, no hubo provocación, no hubo NADA. Sólo cometí el error de pararme, y Gabi se tenía que haber ido, no tenía que haberse parado. El que me sujetaba las muñecas me puso las esposas, y el otro se levantó de encima de mí. Pero tengo la muñeca pequeña y mis manos se salían, así que se lo tuve que decir, lo que hizo que volviera el otro a tirarse encima para apretármelas más. Y no era necesario, yo estaba totalmente inmovilizada, y no podía mover el brazo. Me levantaron y uno de ellos me cogió del cuello, por la parte de atrás. Me empujó para adelante para que caminara y me tiró de la cabeza para el suelo. Tenía que ir con las piernas dobladas, casi me tocaba la cara el suelo, y me decía: “Venga así, bien agachadita que vas mejor” o algo por el estilo. Llegamos a la zona donde estaban las lecheras, Gabi iba delante de mí y nos hicieron arrodillarnos en el lateral de una de ellas mirando hacia la puerta, en la acera. Ahí es cuando Gabi me cuenta que le acusan de haber tirado piedras, y yo le digo que cómo van a decir eso si iba grabando. A mí en ningún momento me dicen por qué estoy detenida, ni siquiera me hablan de piedras. Le preguntan a Gabi que tiene en la mochila, y lo ven todo mojado, Gabi les dice que lleva agua y unos cascos; ellos dicen que se ha meado. Les respondo que es la botella de agua. En su posición de poder, de pié, con porras, con armas, con nosotros arrodillados y esposados, se permiten reírse y demostrar que son la Autoridad, y nos lo quieren demostrar en cada segundo que pasa. Supongo que porque se nos ve demasiado, deciden mover una de las lecheras un poco para atrás y nos levantan de nuevo para que nos pongamos entre las dos, en la carretera. De rodillas de nuevo. Gabi está delante, mirando hacia la carretera y yo detrás, mirando su espalda. Las luces de las lecheras encendidas, las de posición y las azules que parpadean. Unos 20 minutos así. Viene el Samur y empiezan a atender a Gabi. Detrás de mí están los que me han detenido,

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que me abren la mochila y empiezan a sacar las cosas que había dentro. Me empiezan a decir que la próxima vez que me quede en casa, que a estas cosas no hay que ir, que quién me manda salir…. Me preguntan dónde tengo la documentación y les digo que en la riñonera, que estaba también en la mochila, con la botella de agua. Empiezan a sacar las cosas de la riñonera hasta que encuentran el DNI. Me dice que me dé la vuelta para enseñarles la cara, me ponen el DNI al lado y empiezan a decir que estoy bastante fea ahora, que de cuando era la foto, a ver, a ver, si la del carnet de conducir es igual…. Siguieron un rato con la broma en su posición autoritaria de poder y les dije que pararan, les dije “ya vale ¿no?” que sólo sirvió para que se rieran un rato más. La chica del Samur que estaba atendiendo a Gabi me pregunta si me duele algo y le digo que el codo. Me lo mira pero me dice que me duele del golpe, le digo que no lo puedo mover y me dice que seguramente sea por la postura de estar con las esposas pero que no es nada. Decide no hacerme ningún parte. Y vuelve con Gabi. Les pregunto que si me puedo sentar en vez de estar de rodillas y me dicen que no. Me preguntaron si trabajaba y les dije que sí, que “dónde”, “en una tienda de muebles”, “ah, pues yo necesito muebles; ¿hacéis descuentos a policías?”, más risas. Decidí no hablar más. Veo como vendan la cabeza a Gabi y uno de los policías decide que no le llevan al hospital, que por lo visto pueden pasar 6 horas antes de que le den puntos sin que le pase nada, así que irá desde la comisaría. Yo no doy crédito. La cabeza abierta con un vendaje que le acaban de decir que se le va a mover, y aún así no le llevan al hospital. Llegan más policías, o por lo menos yo no les había visto antes, una mujer policía plantea a sus compañeros que apaguen las luces de la lechera porque se nos ve demasiado. No entiendo muy bien qué es lo que quieren esconder si es todo lo que están haciendo tan lícito. Por fin nos dicen que nos levantemos, porque acaban de llegar dos lecheras diferentes con otros policías. Andamos hacia ellas y uno de los policías nuevos, más mayor, le dice a uno que me quite la mochila. Pero con las esposas no me la puede quitar, y le dice que la corte, pero yo les digo que las saquen sin cortar o que me quiten las esposas para cogerla. Finalmente las sacan y me quitan la mochila. El DNI aún no me lo han devuelto. Me llevan hasta la nueva lechera, a Gabi ya le han metido (creo), pero por la parte de atrás. A mi me ponen delante en un asiento justo detrás del conductor. Oigo voces que vienen de la parte de atrás y oigo a Gabi, me tranquiliza oírle, pero no le veo, parece que alguien más está con él. Mi asiento está de lado, no hay cinturón de seguridad, o por lo menos no me lo ponen, sigo esposada y no quepo bien en el asiento. Dejan las dos mochilas al lado de mis pies y entran dos policías, con varias hojas amarillas y varios DNI. El mío no. El que conduce se enciende un cigarro y arranca el coche. Suenan las sirenas y empieza a andar. Me da la impresión que va rápido, o por lo menos así lo siento porque al no poderme sujetar en nada tengo que hacer mucha fuerza contra el asiento para no caerme en las curvas. Llegamos a Moratalaz, y al bajar veo muchos encapuchados en la entrada. Nos colocan a tres personas mirando a un muro de hormigón no muy alto. Gabi, otros dos chicos y yo. Pasa un poco de tiempo, todo resulta lento, pero no sé si es sensación mía. Me dan la mochila para que la agarre por detrás con las manos esposadas. Y entramos en comisaría.

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Al fondo de la sala hay varias personas mirando a la pared, bordeando toda la parte final de la habitación. Nos vuelven a quitar las mochilas y nos cambian las esposas por los lazos. Tres paredes llenas de personas esposadas mirando a la pared. Para llegar hasta ahí tenemos que ir atravesando policías. Nos ponen en la pared de la derecha. Como no nos podemos sentar, apoyamos la frente en la pared. Tampoco podemos hablar; se oyen murmullos de la gente. Bajito puedo hablar con Gabi, nos preguntamos cómo estamos y me dice que está grabando con el móvil. Me preocupa que no le lleven al hospital. Cada vez que el murmullo es un poco más alto, nos mandan callar. Que dónde creemos que estamos, que estamos detenidos, que parece un colegio, que nos callemos, que no podemos hablar y que miremos a la pared. Llaman a Gabi. Se va. Hay una chica con las manos muy hinchadas, un chico con los dos ojos morados, una chica que más parece una niña que ha pedido el Habeas Corpus. Calculo que unas 14 personas o así. Me llaman para que vaya a una habitación. Hay que pasar por un pasillo que está lleno de policías de uniforme y encapuchados. Me quitan los lazos para entrar avisándome que no me mueva porque el cuchillo que utilizan corta mucho (no sé si es para avisar o para meterme miedo). Entro ahí, y me siento en una silla. Un policía sin uniforme que está detrás de la mesa me informa de mis derechos, me da el papel para que me lo lea. Me pregunta si tengo abogado y el número de teléfono, y se lo doy. Me preguntan si quiero que me vea el médico y le digo que sí. Parece que ya ha terminado y le digo si no puedo avisar a nadie, que en el papel estaba escrito y me dice que sí, que se le había olvidado. Le digo que avise a mi pareja, y le doy el número. ¿Tu novio? No, mi pareja, mi compañero. ¿Pero estás casada? No, aún así es mi pareja y tengo dos hijas con él. Pues tu novio. Por favor, llamarle cuanto antes. No te preocupes que llamarán. Aún no sé por qué estoy detenida. ¿Firmas? No, no firmo. Y me sacan de nuevo. Me ponen los lazos. Me llevan otra vez a la sala. De nuevo mirando a la pared. Y Gabi sigue sin ir al hospital. Me llaman de nuevo y me meten en una habitación (me quitan los lazos). Hay dos mesas y me quedo en la primera en donde me toman las huellas. Gabi está en la segunda. Parece que ya termina. La policía de paisano me vuelve a sacar el papel de los derechos. Le digo que ya lo han rellenado, así que esperamos a que termine Gabi. Hablan de sus pertenencias y le dicen que si firma. Dice que no. Dice también que pongan el resto de cosas que hay en la mochila, una batería, los cascos…. Sacan la hoja que entiendo que es mi atestado policial. Me dice el policía que saque la documentación, abro la mochila y abro la riñonera sin sacarla para sacar el monedero. Se lo doy y le digo que de todas formas mi DNI lo tienen ellos, y me dice que coge los datos del carnet de conducir. Le digo que quiero que aparezca mi DNI y que lo quiero ver, que lo tienen. La chica que me ha atendido antes va a buscarlo. Por fin lo traen. Veo arriba en el papel atentado y desobediencia. Debe ser de lo que me acusan pero a mí nadie me informa de nada. Cogen la mochila y sacan la botella de agua. Me dicen “esto se queda aquí porque no lo vas a poder utilizar”. Me dicen que me quite los pendientes, los piercing y los cordones de las botas. Me quito el pendiente de la izquierda pero no puedo quitarme los demás porque no puedo mover el brazo derecho. El de la lengua tampoco, me duele mucho al hacer la rosca. “Inténtalo porque si no alguien tendrá que meterte la mano en la boca”. Ya lo creo que me los quito, aunque me cueste la vida. 13€, los carnet, y los pendientes. Lo meten en una bolsa de plástico, y “una mochila con efectos personales”. “En la riñonera hay muchas cosas, ¿no las vais a apuntar?”

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“Tienes más dinero, o algo importante?”. “Tengo los móviles, tengo la tarjeta…” “Cosas personales, no hace falta poner más”. Guardan la mochila con la riñonera y sin la botella de agua en la misma bolsa. Justo cuando la van a cerrar aparece un policía con barba que dice “Esta es la que lleva las piedras en la mochila” “yo no llevo ninguna piedra en la mochila” Me dan la mochila otra vez y saco la riñonera. Veo dos adoquines dentro. Suelto la riñonera. “Eso no es mío”. ¿Firmas? No, no fimo. Meten la mochila con las piedras y con la riñonera en la bosa de plástico y la cierran. Me sacan de la habitación. El que ha dicho lo de las piedras es el que me pone de nuevo los lazos, y me dice que no vaya con los puños cerrados que parece que tengo guardado algo. Suena el móvil. ¿Puedo apagarlo? No, ya se acabará la batería. Vuelvo al lado de Gabi y le cuento que me han metido piedras a mí también. Vuelve el policía con barba. Abre la bolsa precintada, abre la mochila, saca tres piedras (yo sólo había visto dos) y dice “esto no lo puedes tener aquí”. Me cuenta luego Laura que oyó cómo ese policía dijo: “mira la vasquita lo que llevaba”. Llaman a Gabi otra vez, por fin se lo llevan al hospital. Pregunto a un policía si han llamado a la persona que dije que avisaran. “Habrán llamado los de arriba”. Pero me lo puedes confirmar, es que es importante” No te preocupes que ya te informarán. Y entonces otro detenido dice que cuando avisen a su novia que por favor le digan que le dé de comer al loro porque si no se va a morir. “¿Dónde te piensas que estás?” Pero es que si no le da de comer se muere. “No lo voy ni a decir, aquí no estamos para dar recaditos”. Y volvemos a murmurar bajito. Ha venido una chica que ha estado en el hospital y le han puesto al lado mío. Me cuenta que iba con una amiga que está enferma y que a ella no le han traído para Moratalaz. Viene la policía y dice que si queremos una baraja y nos echamos unas cartas. Que miremos a la pared y que nos callemos de una vez. Todos mirando a la pared. Me llaman para entrar con el Samur. Me siento y pregunto si podemos cerrar la puerta. La chica del Samur le dice a su compañero que cierre. Me siento y me pregunta que qué me duele. Le explico que me han dado con una porra en el codo y que no puedo mover el brazo, que cada vez me duele más. Se levanta y me remanga la camiseta para verlo. El brazo está muy hinchado, por fin me lo puedo mirar. Me toman la tensión y le dice a su compañero que me quiten los lazos para tomármela bien. Entra un policía y corta los lazos. Otra vez que no me mueva que me puede cortar la mano. Sale de la habitación. Mientras me toma la tensión la doctora me dice que no me preocupe por el brazo, que si me duele que pida un ibuprofeno y que si no me lo dan, que seguramente ya me lo podré tomar en casa mañana por la mañana que seguro que nos sueltan. Me echo a llorar, le digo que me han metido piedras en la mochila, que no sé cuándo me van a sacar de aquí, que es todo una locura”. Termina la consulta y me dan el informe, me dice la chica que lo tenga conmigo. Salgo de la habitación y me ponen los lazos otra vez. Vuelvo a mi sitio con la bolsa y el informe fuera, al lado. Seguimos mirando a la pared, piden agua por el fondo y les dicen que no. Tampoco nos dejan ir al baño. Acaba de entrar el de los ojos morados con el Samur, que estaba cerca de mí también. De repente un chico rubio se desmaya. No sé cuántas horas llevaría de pié y sin beber. Llegan los del Samur y exigen a los policías que nos den agua y se llevan al chico al hospital. Vuelve el de los ojos morados y me dice que se lo estaba diciendo él también a los del Samur, que no nos daban agua, y que a él le han dado ellos allí. Aparece una policía con dos vasos de plástico para todos los que estamos allí. Uno se niega a beber del mismo vaso, que nos den vasos limpios, que

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si no, no beberemos. Viene una de las policías con la capucha y la braga hasta la nariz con más vasos. Vienen dos policías, uno de ellos es el de barba que dijo lo de las piedras y me dicen que me vaya con ellos. Me sacan por la puerta de la entrada y bordeamos el muro dónde habíamos estado al entrar. Entramos a otro edificio. El de barba empieza a leer el informe y me dice que por qué he dicho eso de la porra si ellos no me han pegado en ningún momento, que me lo habré hecho antes, que lo del informe no es cierto. Me hablan como si hubieran sido ellos los que me han detenido, pero yo creo que no. Yo no les contesto. Llegamos al sitio de los calabozos, y antes de entrar hay una garita en dónde un tipo les pregunta que qué hacen ahí. Ellos le dicen que me traen ya al calabozo y el de la garita les dice que si traen el papel que se necesita para poder hacerlo. Dicen que no, que no sabían que tenían que traer nada. Así que volvemos arriba. Y vuelvo a mi sitio. Me dejan la bolsa y el informe, pero vuelve el de barbas y se lo lleva. Le pregunto pero me dice que ya me lo devolverá. Pregunto por Gabi, que si está en el hospital, que hace mucho que se lo han llevado y que si saben si está bien. Que no saben quién es. El que tiene la cabeza abierta. Pues no sé quién es. Se lo han llevado hace bastante tiempo, ¿no puedes informarte? No, si se lo han llevado estará en el hospital y ya volverá. ¿Y a qué hospital le llevan? Pues no sé, igual a La Paz. Y ¿me puedes confirmar si han llamado a la persona que dije que avisaran? Si has dado un teléfono, habrán llamado. Pero ¿alguien me lo puede confirmar? Ya te lo dirán. Una chica pide sentarse porque tiene la pierna muy mal, no puede estar de pié. Le dicen que no, que se tiene que quedar de pié. Todo esto mientras nos dicen que ellos no nos han detenido y que no estemos mal con ellos porque no tienen nada que ver en todo esto. Al final la dejan que se siente, pero hay cambio de turno y aparece otra chica que le hace levantarse de nuevo. Al baño tampoco nos dejan ir en un principio. Protestamos, y al final a algunos les dejan ir. La policía esta le dice a uno que si también quiere que se la sujete mientras mea. Y vuelta a empezar con que ellos no nos han detenido, que ella también está de pié, que si nosotros estamos cansados ella también, que no es el patio del colegio y que no podemos hablar que nadie nos está preguntando. Le digo que se han llevado mi parte médico y que no me lo han traído, que todas lo tienen y que a mi me lo han quitado, que quiero que me lo devuelvan (cada vez que venía un policía nuevo lo preguntaba). Me dice que ella no sabe nada, “tú sabrás dónde lo has dejado, no lo voy a saber yo”, le digo que yo estoy esposada, de pié y mirando a la pared, poco puedo hacer, y que ya la he dicho que se lo llevó un policía. “Ya te lo darán”. Por fin vuelve Gabi, aunque ya no le ponen a mi lado, pero le veo de lejos y me dice que está bien. La policía de la que antes he hablado, se ríe de la chica que ha pedido el Habeas Corpus y la dice que seguro que no sabe ni lo que es eso, y que si hubiera estado en la biblioteca estudiando en vez de en la manifestación no tendría este problema. Que si nos creemos que es nuestra profesora… Nos empiezan a llamar para bajar a los calabozos por grupos, y vuelvo a decir lo del parte médico, parece que por fin alguien me hace caso y se mete dentro a preguntar. Me dice que

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abajo me lo darán. Aprovecho y pregunto por la llamada, pero sin éxito, otra vez me dicen que los de arriba habrán llamado (no se qué hora era, igual las 5h, y aún nadie me confirma si han llamado o no), ya me informarán. Bajamos y nos meten en una celda a bastantes juntos, aunque antes nos quitan las pertenencias. Por fin nos podemos sentar y hablar un rato, por fin puedo hablar con Gabi y preguntarle cómo está y comentar lo de las piedras, y la chica con las manos hinchadas nos cuenta que las tiene así de cubrirse la cabeza mientras la daban porrazos. La chica del Habeas Corpus está asustada. Vamos saliendo las chicas, me quitan los lazos, me meten en una habitación y una policía me cachea (es la única vez que me cachean, ni antes, ni después). Me dice que me quite el sujetador. Me lo quito y se lo doy. Lo meten en otra bolsa, junto con el parte médico que acaban de bajar. Me llevan a otra habitación para coger una manta y luego a una celda para que me coja una colchoneta. Finalmente me meten en la celda número 19. Pregunto por la llamada, que me habían dicho que me informarían y aún nada. Me remiten de nuevo a los de arriba, que no saben nada, que habrán llamado, pero que no lo pueden confirmar. Nos dan el desayuno para el día siguiente. Al poco entra María, mi compañera de celda, con la que compartiré las siguientes horas. Cierran la puerta. Y apagan la luz. La puerta de la celda 19 es una puerta opaca y gruesa con un ojo de buey, por el que ni siquiera se ve el pasillo; se ve la celda de enfrente que ahora está vacía. Pensamos que es una celda de castigo porque tiene váter y un lavabo. Al principio pensé que qué bien, que por lo menos teníamos agua y el váter, pronto me arrepentí, cuando me di cuenta que tenerlo sólo valía para no salir. María tenía la pierna hinchada y una brecha en la ceja, también algo en el ojo, y en el hospital le dijeron que se tenía que echar unas gotas al día siguiente. Ya que ella estaba mal de la pierna, decidimos que ella durmiera arriba, y yo en el suelo. Nos pusimos las colchonetas y nos tumbamos. Apagaron la luz desde fuera. Mañana estaríamos en casa, seguro. Hablamos un poco, yo estaba agotada y me dormí enseguida. No sé cuánto tiempo pasó, cuánto tiempo dormí. Me desperté y me comí las palmeras del desayuno, después de comprobar que las galletas integrales eran espantosas para comer y además se te quedaban entre los dientes. Nos encienden la luz. No sé en qué momento empiezan a gritar las personas que están en mi pasillo que necesitan ir al servicio y beber agua. Gritan pero nadie viene. Todas empezamos a dar golpes en las puertas y en los barrotes para que nos oigan y gritamos para que vengan a abrirnos. Da igual lo que gritemos, porque vienen cuando les viene en gana. Una chica se hizo pis en la celda porque no la vinieron a abrir. Utilizó una de las mantas para limpiarlo, y luego esa manta sucia se la dieron a otro detenido que vino al día siguiente. Para poder oír lo que decían mis compañeros de ese pasillo (porque a los que estaban en el otro sólo les intuíamos) teníamos que estar pegadas al ojo de buey. Llamaron a María y se fue. La soledad en esa celda era horrible. Yo me acurruco y me tumbo en la colchoneta. Si me duermo un rato, habré ganado tiempo. Me llaman y me llevan donde la científica, en donde nos hacen la foto y nos sacan las huellas de todas las partes posibles de la mano. Hago la pregunta de la llamada de nuevo, pero sin suerte aún, no me pueden confirmar nada. Se lo pregunto otra vez al que me lleva de nuevo a la celda,

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y la misma respuesta. Cuando cierra la puerta casi cierra el ojo de buey por fuera. Le grito que no lo cierre (sólo pensar que eso se cierra por fuera me agobia). Afortunadamente no lo hace. Vuelvo a la celda. María ha estado con el abogado, yo me empiezo a poner nerviosa porque no me dicen nada de la llamada y porque no me llaman para ir con el abogado. Nos traen la comida. Fabada. Le digo a María que si sale ella antes que yo que llame al número de Javi. Con la las pegatinas de la comida envasada fabrico el número y lo pego en un trozo de papel higiénico y se lo guarda en el bolsillo. Necesito saber que mis hijas están bien. De vez en cuando se oyen gritos pidiendo agua, o ir al baño, e incluso que alguien necesita un médico. María finalmente consiguió que la llevaran al médico para que le recetaran las gotas que le había recetado el Samur. Alrededor de las 15.30 me llaman por fin para ver al abogado. Primero me meten en una habitación con un policía que me explica que mi abogado está llegando. Les digo lo de la llamada de teléfono y que necesito que me aseguren que han llamado. Que suponen que sí; les digo que no me vale el suponerlo, que por favor se aseguren que han hablado con él, y que si no lo han hecho que le llamen ahora. Una chica va a asegurarse. Vuelve y me dice que sí, que han llamado. Llega mi abogado y me dicen que si quiero declarar. Yo digo que no y le pregunto que si en algún momento me va a decir alguien de qué me acusan exactamente. Me dice que de eso ya me informará mi abogado. Me dan a firmar el papel en el que se nombra a mi abogado, y lo firmo. Luego me reúno con él a solas. Me comenta que están tardando más de la cuenta porque parece que quieren mandar el caso por la Audiencia Nacional, y que hay mucha desinformación. Parece que se rumorea que igual nos sacan esta tarde/noche, aunque no es seguro. Me bajan de nuevo al calabozo. Cuando vienen a abrir a los que no tienen baño les pedimos a los policías que nos dejen salir al baño a nosotras también, pero no nos dejan. Utilizamos las bandejas de la comida como recipiente para beber agua. Pido jabón pero tampoco nos lo dan. Tener el baño en la misma celda implica también que tiene que hacer tus necesidades, todas, delante de tu compañera. Nos traen la cena. Fabada. Al rato nos dicen que salgamos a tirar lo que tengamos para la basura. Salgo yo, y paso por el otro pasillo. Llamo a Gabi, a ver si está por ahí. Me dice que sí, que está bien. Un chico me pregunta por Virginia, que no puede tomar ni trigo ni azúcar y que es vegetariana y me pregunta si está comiendo algo. Le digo que no, que no come. Vuelvo a mi celda. María sale por lo menos a echarse las gotas. A mí tirar la basura me ha dado un respiro. Dormimos una noche más. Mañana por la mañana seguro que nos vamos, es imposible que nos vayan a tener privados de libertad 72 horas. Cuando me despierto está María levantada. Dice que ha tenido fiebre por la noche, que se ha acercado al ojo de buey para decirlo pero que no le han hecho caso. Llamamos fuerte para que vengan, pero nada. No sé cuánto tiempo pasa hasta que alguien se acerca. Abren al resto para ir al baño y una señora limpia las celdas. La nuestra no. Dos cucarachas durmieron cerca de mí. Han cambiado a alguna chica de sitio, y ahora las oímos menos aún, las han metido en una como la nuestra a dos de ellas. Luego me entero que una de ellas, Patricia, ha estado un día entero sola en una de esas celdas. Traen la comida. Fabada. Cuando la traen yo no daba crédito. Primero le digo a la policía que si podría hablar con mis hijas, que necesito saber si están bien. Obviamente me dice que no. Y me da la fabada. Le digo que no puede ser verdad que nos vayan a dar otra vez fabada, que no se puede estar comiendo fabada a todas horas y me dice

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que ella no pregunta qué es lo que hay, que le mandas las cajas con 400 raciones y que es lo que hay, que hay muchos niños muriéndose de hambre y que por lo menos ella nos está dando comida caliente, además que no puede hacer nada. Le digo que ya sé que hay gente que se muere de hambre, que si estuviera bien repartido el mundo no tendríamos que salir a la calle a manifestarnos, y que siempre se puede hacer algo, como decir a la persona que se encargue de hacer los pedidos que ponga más cosas además de fabada, por ejemplo. Que en los trabajos, como en la vida, siempre se pueden intentar cambiar las cosas, si se quiere, claro. Pero empieza con lo de siempre, que si ella hace lo que la mandan, que si ella no tiene la culpa de que nosotros estemos allí, que no nos ha detenido ella… Así que decido que no voy a discutir y perder mi tiempo con estas personas. Ahora ya me siento mal, porque pasan las horas y seguimos allí. Ya no estoy nada segura de que nos vayan a soltar hoy. No como. Y en nuestro pasillo decidimos que no vamos a comer más. Nos dejan tirar la basura. Yo no he salido en todo el día y estoy deseando moverme un poco, pero esta vez me acercan el cubo, así que nada, ni paseo a la basura. Empieza a haber rumores de que se ha empezado a ir gente ya. Gritamos para ver si nos contestan los del otro pasillo, pero nada. Debe ser que se han ido. Aún tardaremos alguna hora más en irnos. Nos sacan a la celda de la entrada y nos van llamando para recoger nuestras pertenencias, y no firmo. Por fin nos vamos. Nos esposan de dos en dos y nos meten en una furgona. No cabemos todas sentadas, así que una tiene que ir sentada en el suelo. Cuando estamos llegando a Plaza Castilla, se oyen aplausos de la gente que está fuera. No consigo ver nada, pero me da un subidón impresionante. Empezamos a golpear las puertas y a gritar desde dentro. Nos meten en una celda grande y muy sucia que tiene una especie de váter en un lateral. Escucho a mis amigos de Carabanchel, y a Tito. Me subo para gritarles por una ventana muy pequeña que hay, pero me oyen poco. Nos van sacando para tomarnos las huellas y nos preguntan si queremos que nos vea el forense, y todas decimos que sí. En la celda otra vez nos vamos mirando todas las heridas. Tengo moratones en el cuello de cuando me agarraron, dos manos marcadas en la espalda, el brazo que no lo puedo mover, y en la nariz también me ven un moratón. Se hace todo interminable, pero por lo menos estamos todas juntas. Pedimos un boli para poder escribirnos los contactos pero nos dicen que no, que en el juzgado los bolis están muy solicitados. Nos van sacando con cuentagotas para ver a los abogados. A mí me sacan pero me llevan directamente a la jueza. Les digo que yo quiero hablar antes con mi abogado y que quiero que esté presente en ese momento. Por lo visto una confusión, así que me vuelven a mandar a la celda. Vuelvo a escuchar a mis compis de Carabanchel, casi se me saltan las lágrimas. Me subo a contestarles y entra una funcionaria y me dice que la próxima vez que grite me baja a los calabozos de abajo. Así que me callo. Por fin hablo con mi abogado y paso a declarar. Me preguntan únicamente si llevaba piedras en la mochila o las había tirado. Contesto que no. Mi abogado me hace un par de preguntas sobre si me habían dicho por qué me habían detenido y sobre cómo había sido la detención. Me devuelven a la celda. Parece que todas las declaraciones están siendo rápidas. El abogado de Laura le dice que hay mucha prensa fuera.

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Ya es de noche, y nos dan la cena. Nos van sacando para ir con la forense. Le enseño todas las magulladuras y ella las apunta. Ya salimos. Nos dan el auto en el que nos imputan unos delitos que no eran los que estaban en mi atestado policial, e incluyen el de Delitos contra las Instituciones del Estado. A los 34 el mismo auto. Por lo visto uno se queda y tiene que pagar fianza. Queremos salir todas juntas pero no nos dejan. La salida fue espectacular. Mi familia, mis amigos, mis compañeros. Muchos abrazos, y no tengo palabras para agradecer todo el apoyo que he recibido. Se acompaña como documento nº 7 informe médico sobre la lesión sufrida en el codo en el momento de la detención.

6. Hechos relativos a Maria Ribé Martínez y Carolina Antonia Martin Ortega El pasado 25 de septiembre acudimos a la manifestación convocada en la plaza de Neptuno. En un momento dado, sobre las 18:45-19:00 horas, y de manera sorpresiva, se produjo una carga policial cerca de donde estábamos siendo golpeada una de nosotras (María Ribé Martínez) por un agente de la UIP en la pierna. Ante la agresión sufrida, fuimos a la ambulancia que se encontraba al fondo de Neptuno donde se le realizó un parte de lesiones a una de nosotras, en concreto y dado que la denuncia es conjunta, a María Ribé. Se adjunta dicho parte como documento nº 8. Posteriormente fuimos a la Cafetería Prado para ir al servicio, y aprovechamos para tomar algo. Se adjunta tiquet de la Cafetería Prado como documento nº 9.. Debido al dolor que tenía una de nosotras en la pierna, (María Ribé Martínez), al cansancio de ambas (Carolina Martín padece Hepatitis C y esta siendo tratada con quimioterapia), decidimos iniciar el camino a casa, para lo cual debíamos atravesar la Plaza de Neptuno desde nos encontrábamos. Una vez en la entrada de la Plaza Neptuno, la cual no estaba cortada con cordón policial alguno, y al caminar en dirección al Metro de Sevilla para volver a casa, se nos acercó un agente de policía de la UIP a decirnos que no podíamos pasar ni atravesar la Plaza. Cansadas y doloridas, y ante el hecho de que hubiese personas que sí estuviesen pasando a escasos metros de donde nos encontrábamos, insistimos en que nos dejase pasar sin proferir insulto alguno. En ese momento se acercó otro agente de policía de la UIP que de manera muy agresiva y violenta nos dijo que nos fuésemos, razón por la que una de nosotras sacó su teléfono móvil para grabar lo que estaba ocurriendo (Maria Ribé). En el momento en el que María sacó el teléfono móvil para grabar el segundo agente de policía le arrebató violentamente el teléfono móvil sin mediar palabra, que fue a caer al suelo, y procedieron a detenernos ante nuestra más absoluta perplejidad. Para ello nos tiraron al suelo, nos volvieron a levantar, y con las manos cogidas zancadillearon a María Ribé Martínez y le

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dieron patadas hasta volver a hacerle caer, esta vez bajo el peso del agente de policía, lo que le produjo un golpe en la ceja. Se aporta la grabación que una de nosotras, concretamente María Ribé Martínez realizó con su móvil en la que se oye como se le arrebata violentamente como documento nº 10. Hemos tenido conocimiento de que nuestra detención fue grabada en video por Juan Miguel Ponce Martínez, DNI 33473842-X y domicilio en la calle Almazora 54 pta 7, CP 46010 de Valencia. Dicha grabación, de 1:35 segundos de duración, fue subida por Juan Miguel en el portal de Youtube a través de su usuario “blanhiblar” en el enlace http://youtu.be/gDOQQJBzeko. Se adjunta, como documento nº 11 copia de dicha grabación. Obviamente, Juan Miguel Ponce Martínez fue también testigo directo de los hechos. Una vez detenidos fuimos llevadas a empujones hasta un furgón policial. María Ribé, debido al malestar que sentía como consecuencia de los golpes recibidos tanto en las cargas como en su detención y a que padece “alergia al frío” tal y como le manifestó a los agentes que la detuvieron (Sídrome Raynaud, que se acredita mediante informe médico como documento nº 12) se tumbó en un banco junto al furgón y no dejó de tiritar durante un tiempo considerable. Paralelamente, en el otro lado del furgón Carolina manifestaba su estado de salud y su preocupación por el estado de María Ribé, por lo que finalmente se nos comunicó que no iba a ser detenida Carolina dada su situación médica dejándole acercarse a ver como estaba la otra compañera (María Ribé,) momento en el que convenció a un Policía de que le facilitasen una manta a María. Debido al estado de una de nosotras (María) decidieron trasladarla al Hospital para ser reconocida. Dicho traslado lo efectúan otros agentes de policía de los que procedieron a nuestra detención, pero en un momento dado se personan en el Hospital los mismos agentes que procedieron a su detención, que comienzan a reprocharle intimidatoriamente su actitud y a responsabilizarla de que por su culpa habían detenido a la otra compañera, Carolina. Se adjuntan como documentos nº 13 y 14 informe de urgencias del Hospital de la Paz de 26 de octubre de 2012, así como informe de alta de urgencias del Hospital la Moraleja de 29 de octubre de 2012. Cuando terminó el reconocimiento de María se le traslada a la comisaría de Moratalaz sobre las 3:30 h o más. Allí había un montón de gente de pie, en silencio y contra la pared. Al poco la unieron al grupo y preguntó que pasaba. El resto de detenidos le dijeron que llevaban muchas horas allí y hasta que no se había desmayado una persona, un chico, cree recordar, no les habían dado agua ni asistido y eso que lo habían solicitado. De hecho, cree que cuando llegó estaban los del Samur atendiendo. A todo esto una policía de pelo largo y castaño se acercó y de malas maneras nos preguntó si queríamos que nos trajera unas cartas, a lo que le contesté que sí quería no le iba a decir que no porque no entendía a que venía. Se quedó contrariada y le dijo que todos contra la pared y en silencio que ya estaba cansada de repetirlo. Y contestó que era la primera noticia que tenía. Transcurrido un tiempo y al no soportar más el dolor de la pierna pidió sentarse, siendo respaldada por algunas de las personas en mi misma situación. Accedieron y, como no había sillas en la comisaría, o eso decían, para nosotros, le dejaron sentarse en la escalera.

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Por último cabe señalar que la medicación que le fue prescrita en el Hospital en caso de dolor a María Ribé, a pesar de que la solicitó reiteradamente, no le fue facilitada. Los agentes que procedieron a nuestra detención según el atestado (ya que no se encontraban debidamente identificados) fueron los de número profesional 82.880, 107.194 y 115.020 adscritos a Puma 74, y los que trasladaron a María al Hospital fueron los agentes con número profesional 106.962 y 123.901 adscritos a Zeta 11.

7.- Hechos relativos a Cristobal García Ruiz El pasado 25 de septiembre fui detenido por ejercer lo que considero un derecho fundamental, cual es el de manifestación y si bien no fui golpeado y/o agredido de manera física durante la detención, considero que los hechos que se produjeron con posterioridad en las dependencias de Moratalaz si que deben ser objeto de denuncia por mi parte e investigación por el Juzgado. Me encerraron en una celda individual en la que estuve las cuarenta y ocho horas que duro nuestra privación de libertad y esto pareció obedecer por lo que pude escuchar por la radio de la policía al hecho de que me consideraban un agitador. No se muy bien a que hora empezaron a llegar los otros detenidxs esa noche: conté hasta un total de 35 personas entre ellas varias chicas; algunos traumatizados y heridos que habian sido atendidos fuera y reclamaban que llamaran a un medico ya que tenian fuertes dolores y solicitaban que se le administrara la medicación que les había sido recetada instantes antes por el SAMUR. No se nos dio durante los dos días ninguna botella de agua: solo en el desayuno se nos dió un tetrabrik pequeño de leche junta a las galletas y la mermelada asi que cuando saliamos al baño, bebiamos y llenábamos los tetrabrik de agua a pesar de que fuimos todxs los que pedimos agua en algun momento de las 48 horas durante nuestra estancia en calabozos No atendían nuestras peticiones de ir al baño; situación que me llevo a mi personalmente a que las dos noches tuviera que orinar en una manta debido a la prostatitis que padezco. Fui testigo de las agresiones y lesiones asi como tratos vejatorios que recibieron el resto de detenidxs: he de decir - como he dicho al inicio de mi relato y denuncia - que yo no estuve en el mismo calabozo con ellos pero que fui testigo directo de todo lo que allí acontenció y que considero que debe ser investigado por un Juzgado. 8. Hechos relativos a Javier Olaya Fernández El pasado 25 de septiembre de 2012 sobre las 20:00 de la tarde acudí a la manifestación convocada frente al Congreso de los Diputados acompañado de 3 amigos: Juan Rueda, Daniel Mera y Miguel Gamella. Sobre las 23:00 horas tanto Juan como Daniel deciden irse a su casa ya que ellos habían venido juntos en un coche. Miguel y yo decidimos en ese momento ir hacia Atocha para coger el metro, pero cuando nos estamos acercando vemos a gente viniendo de la estación de Atocha que nos informan que la

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Policía esta cargando dentro de los andenes de la estación. Por ello, damos media vuelta y volvemos a la Plaza de Neptuno, donde estaba teniendo lugar una sentada. En un momento dado, y fruto de los acontecimientos, cargas y agresiones que habían tenido lugar ese día, comienzo a recriminar a los Policías que ahí se encontraban su actuación en voz alta y a cierta distancia, diciéndoles entre otras cosas que “mis abuelos y mis padres junto con tanta gente no habían luchado y sufrido para que ahora nos recortaran nuestros derechos sociales y laborales”. En ningún momento pronuncié frases como las que constan en el atestado, ni semejantes, como que “a tus hijos los van a matar en el colegio”. Antes de irnos aviso a Miguel que me espere un momento, que tenia que ir a hacer pis, para lo cual me dirijo a un árbol cercano. Es en ese momento en el que soy abordado por la espalda y sin previo aviso por cuatro agentes de Policía, que tras detenerme, sin mostrar resistencia alguna por mi parte, me arrastran hacia un furgón policial amenazándome de que no se me ocurra levantar la cabeza. Una vez junto al furgón, me arrodillan y me ordenan que saque mis pertenencias, obedeciéndoles al instante, siempre sin dejar de estar inmovilizado con un brazo en la espalda. Según estoy sacando mis pertenencias un agente de Policía me propina por detrás un fuerte puñetazo en la cabeza, a la vez que dice “ESTE ES EL HIJOPUTA DEL ABUELO”. Finalmente soy esposado e introducido en el furgón policial sin recibir en ningún momento información sobre los motivos de mi detención. Según el atestado policial, los agentes que procedieron a mi detención fueron los de número profesional 95.704, 99.483 y 100.385 adscritos a la I Unidad de Intervención Policial, con indicativo Puma 1. Los datos de las 3 personas con las que acudí a la manifestación son: Juan Rueda Ruiz, DNI 53391737-C, C\ la viña nº 1, bajo b (Majadahonda). Daniel Mera Bañeres, DNI 53394410-W, C\ Antonio maura, nº 5, 2º A.(Torrelodones). Miguel Gamella Gavete, DNI 53393932-F, C\ Miguel Hernández nº 5, 1 A (Majadahonda). Al rato, son introducidas dos personas detenidas, de las que creo recordar se llaman Gabi y Rodrigo, presentando el primero de ellos una brecha en la cabeza. Una vez en Comisaría somos puestos de cara a la pared, y nos cambian las esposas por algo parecido a unos cordones. Según el atestado policial, los agentes que procedieron a nuestro traslado a comisaría fueron los de número profesional 52.616 y 66.591 adscritos a la B.P.S.C. GAR, Área 2. Al rato, una persona de paisano me conduce a una sala a mi solo. Mientras este señor rellena una hoja, otra persona de paisano trae una bolsa con las pertenencias que llevaba encima (móvil, cartera…) y me preguntan si son mías, a lo que contesto que si. Se sienta y sigue escribiendo cosas en un papel, y cuando termina me ordena que lo firme, a lo que le pregunto si puedo leerlo. Me contesta “AQUÍ NO SE VIENE A LEER, O FIRMAS O NO FIRMAS”, contestándole que no iba a firmar, “VAYA OSTIA TE DABA LISTO DE MIERDA” me dice. En ese momento me levanta con fuerza de la silla y me dice “VAMOS A BUSCAR UN CUARTO SIN CÁMARAS QUE TE VOY A HACER UN REGISTRO QUE TE VAS A CAGAR”, llevándome a otra sala donde había varios agentes de Policía donde añade “TE VAS A SALVAR PORQUE

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ESTAMOS HASTA ARRIBA DE GENTUZA COMO TÚ” . Luego se dirige a otro Policía que tenía a mi espalda diciéndole “DÉJAME LA NAVAJA QUE LO APUÑALO” a lo que su compañero contesta “¿TE VAS A CARGAR A UNO TAN PRONTO?”. Acto seguido soy conducido de vuelta a la misma pared y me dejan de pie junto a los demás detenidos hasta las 6:0 o 7:00 de la mañana sin poder mirar a otro lado, sin poder hablar y sin poder ir al baño. Durante este tiempo soy testigo de cómo uno de los detenidos que a pesar de no encontrarse bien, no era atendido se desmayó con los ojos en blanco. Sólo en ese momento fue atendido por el Samur, y tras encontrarse mejor le dijeron que se quedara sentado. Pero 10 minutos después llega una agente de Policía rubia con coleta y pelo largo, que le ordena que se levante diciéndole: “¿VES QUE AQUÍ NOSOTROS ESTEMOS SENTADOS? PUES TÚ TAMPOCO, QUE TIENES MUCHO CUENTO”. Esta misma agente, ante la petición de otro detenido de ir al baño le contesta “Y TAMBIÉN QUERRÁS QUE TE AGUANTE LA CHORRA”, negándole lo solicitado. En un momento dado entran a donde estamos 6 personas con pasamontañas y vestidos de paisano, que comienzan a observarnos detenidamente uno por uno. A instancias del personal del Samur que estaba presente, uno de ellos nos trae un vaso de agua para que bebamos todos, ya que el sanitario recomendó darnos agua después de tantas horas privados de ella. Aproximadamente a las 7:00 horas nos meten en celdas, en mi caso, junto a 6 personas más, dándonos una colchoneta a cada uno y una manta para todos. Durante el tiempo en calabozos nos dieron de comer y cenar fabada fría y de desayuno un pequeño brick de leche y galletas, que utilizábamos para llenarlo de agua cuando nos dejaban ir al baño, tampoco nos facilitaron papel higiénico. Encendían y apagaban el aire y la calefacción sin sentido y produciendo cambios de temperatura constantes, y se negaron en todo momento a dar asistencia médica a aquellas personas que lo solicitaban. El miércoles 26 de septiembre a mediodía declaro y veo a mi abogado 15 minutos. El 27 de septiembre, sobre las 16:00, nos esposan de una mano a cada uno y nos introducen en una furgoneta policial junto con otros 5 detenidos. Antes de arrancar podemos oir que dicen “VAYA VIAJE QUE VAN A TENER ESTOS” Efectivamente padecemos el viaje en el furgón policial, ya que sufrimos continuos golpes entre nosotros como resultado de los frenazos, giros y acelerones bruscos del conductor. Al llegar, el conductor comenta en voz alta y con sorna “CREO QUE SE ME HA IDO UN POCO EL FRENO DE MANO”. El mismo 28 de septiembre de 2012, acudo al Centro de Salud de Majadahonda a ser reconocido por las lesiones y dolores que tenía, adjuntándose como documento nº 15 copia del Informe. Al persistir el dolor intercostal, acudo el 4 de octubre a Urgencias del Hospital Puerta de Hierro, adjuntándose como documento nº 16 copia del Informe de alta de urgencias.

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9.- Hechos relativos a Jairo Longas Hernando: El pasado 25 de Septiembre de 2012, yo, Jairo Longás Hernando, con D.N.I. 76918016 J, me encontraba en la Plaza de Neptuno de Madrid con motivo de la celebración de una convocatoria para “rodear el Congreso de los Diputados”. Cabe destacar que esta movilización tenía como objetivo protestar contra las reformas y políticas aprobadas por el Gobierno y que en ningún momento se pretendió acercarse a los aledaños del Congreso debido entre otras cosas al impresionante cordón policial desplegado. Sobre las 21 horas, cuando aumentó la tensión entre manifestantes y policía y se preveía una inminente carga policial, un grupo de personas desplegó un par de pancartas en una de las cuales se leía: “lo llaman democracia y no lo es” y se dirigieron hacia la primera línea de la movilización, encontrándome yo entre este grupo. En el momento de la carga, los antidisturbios disolvieron el tumulto rompiendo las pancartas y volcándolas sobre los manifestantes. De este modo me caí al suelo con la pancarta encima y en el momento de incorporarme varios antidisturbios me agarraron de la mochila. Me golpearon un par de veces y me arrastraron hacia los furgones policiales, no sin antes golpearme uno de ellos repetidas veces en el gemelo izquierdo para intentar desestabilizarme y ponerme los grilletes. Ante los repetidos golpes grité: “No me peguéis más que ya me tiro al suelo” (o algo así). Me pusieron los grilletes y me llevaron hacia otros furgones policiales. Allí donde vi a Virginia (detenida de pelo rizado), un policía la asía de la cabellera y grité: “No la trates así que no es un animal”, a lo que él me contestó: “La trato así porque mira lo que llevaba”, enseñándome una maceta. Acudí a la manifestación con Virginia y en ningún momento la vi en posesión de esta herramienta. Nos metieron en una zona vallada para detenidos, a mi me quitaron los grilletes, a unas cuantas personas no. Aprovechamos este momento para hacer llamadas telefónicas. Al que no podía le ayudamos a hacerlas. Cuando los policías se cansaron, nos pusieron lazos a los que estábamos libres y a los que llevaban grilletes se los cambiaron por lazos. Mi lazo se soltó y pude seguir mandando mensajes telefónicos e incluso llamadas. Me identificaron con un carné de conducir viejo, pero en regla, que sacaron de uno de los bolsillos de la mochila cuando me registraron. Tardaron bastante en devolverme mi documentación y me registraron y cachearon en dos ocasiones. Después de bastante rato retenidos entre vallas como ganado, y tras varias conversaciones con los policías, nos llevaron a los furgones de policía para dirigirnos a la comisaría de Moratalaz. En el furgón aprovechamos para llamar por teléfono porque llevaba el lazo suelto y se lo solté al resto de los compañeros detenidos. Allí fue cuando empezamos a hablar sobre los posibles abogados que nos podían representar. Una vez en comisaría, nos dejaron a todos los detenidos de pie y cara la pared en el hall de entrada. Así estuvimos unas cuantas horas, castigados como en el colegio, sin poder ir al baño y en muchas ocasiones se nos ordenaba mantener silencio. Solicitábamos ir al baño y recibir asistencia médica algunos de los heridos. La asistencia médica llegó con una ambulancia del Samur bastante tarde y a los heridos más graves se los llevaron a urgencias. A mitad de noche ya de madrugada empezaron a llamar a detenidos para requisar las pertenencias, tomar datos y declaración y abrir la ficha policial. Me hicieron quitarme los lazos de las zapatillas, los pendientes y me preguntaron que si era asturiano. También me dieron opción de dar un número de teléfono para hacer una llamada, di el número de un compañero que me había

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acompañado en la manifestación. Estos policías no tenían respeto alguno y carecían de toda educación, por lo menos en lo que a dos de ellos respecta.

Seguíamos de pie en el hall, soportando los malos modales de los policías, cuando se dieron cuenta de que llevaba el lazo suelto y me lo pusieron de nuevo. Mientras tanto, siguieron llevando detenidos a urgencias. Uno de los detenidos se cayó al suelo, desmayado o por cansancio, se lo llevaron también a urgencias. Los que quisimos fuimos pasando para que nos vieran los médicos de Samur, yo pasé para dar parte de los golpes recibidos en la detención. En esta revisión me quitaron el lazo y ya no me lo volvieron a poner. Tras mucho tiempo de estancia en comisaría, por fin nos dejaron visitar el baño. Fuimos de uno en uno y escoltados por un par de policías. Al poco tiempo, nos bajaron al calabozo para meternos en dos celdas a todos los detenidos. Allí esperamos a que incautasen nuestras cosas y las metieran en una habitación y después nos llevaron a nuestras definitivas celdas. En mi celda, la número siete estábamos nueve personas, dormimos con un catre en el suelo. Al día siguiente, nos llevaron a declarar. Allí conocí a mi abogada. Nos leyeron nuestros derechos y de qué se nos acusaba, a mi en concreto de “alteración del orden público”. No declaré nada. Tras la declaración nos devolvían a nuestras celdas. Durante este día cambiaron a dos de los compañeros a otra celda quedándonos siete detenidos en esa celda. El tiempo a partir de entonces transcurrió lento, comiendo mal, con continuas discusiones con los policías por querer ir al baño o por solicitar atención médica para algún herido. Al baño íbamos cuando ellos querían y la atención médica no llegó en ningún momento. Además estábamos continuamente divagando sobre que iba de ser de nosotros y cuando íbamos a salir para los juzgados. Eso sucedió el jueves 27 de Septiembre por la tarde cuando ya pensábamos que íbamos a pasar una noche más detenidos. Nos metieron a siete detenidos en un furgón que acababan de limpiar con algún tipo de producto químico y nos llevaron a los Juzgados de Castilla. Llegamos y había gente esperando en la calle, empezamos a gritar desde el furgón y oímos como nos secundaban y apoyaban. En los juzgados nos metieron en varias celdas. Nos fueron llamando para vernos con la secretaría de la jueza que tomaba nuestros datos y cumplía con diversos trámites administrativos. A continuación nos fueron llamando para hablar con nuestros abogados. En ese momento, conocí a mi nuevo abogado. El letrado nos leyó el atestado, en esta ocasión se me acusaba de haber lanzado dos botellas de vidrio. Posteriormente, pasamos a declarar frente a la jueza y la fiscal. Nos leyeron nuestros derechos. Me preguntaron que si había lanzado dos botellas de vidrio a lo que contesté: “No, tajantemente no”. Después di el nombre de tres compañeros que podían actuar como testigos de mi detención. Nos devolvieron a nuestras celdas y al poco rato nos dieron el auto a cada uno. Nos fueron juntando a todos en una misma celda, menos a las chicas y allí nos dimos cuenta que nos la habían jugado, salimos de comisaría con unos cargos, en mi caso desorden público y salimos de los juzgados con “atentado, resistencia y delito contra las instituciones del Estado”. Para todos los detenidos el mismo delito. Se acompaña parte de lesiones como documento nº 17.

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10.- Hechos relativos a Laura García Haro Relato de los abusos durante mi detención. Deberia poner dónde fue detenida, qué hacía minutos antes, cómo fue detenida - Momento de la detención , Me golpean mientras estoy de pie con las manos en alto sin ninguna actitud agresiva , creo q caigo al suelo de un golpe en la parte izqda de la cabeza , recibo muchos golpes en cabeza y espalda cuando no estoy haciendo ninguna resistencia , agachada esperando a que dejen de pegarme me veo arrastrada brutalmente " por los pelos " , que duele , y recuerdo más golpes. El Antidisturbios me grita " no te muevas Hija de Puta " yo no le he dicho nada, no le he insultado y no intento moverme ni resistirme . Son ellos los que me mueven y me zarandean. Cuando ya estoy tumbada para esposarme siguen haciendo uso de una fuerza innecesaria y recibo al menos una patada. - Permanecemos esposados en la calle desde las 21 varias horas hasta que pudieron acceder a recogernos. Durante ese tiempo le pregunto al antidisturbios a cargo de mi detención qué estaba haciendo yo cuando me ha detenido. Contesta q ya me enteraré en el juicio, busco su número de placa , pero no lo llevan a la vista . Ya en comisaría nos tienen en pie mirando a la pared, sin poder hablar entre nosotros ni dirigir la mirada a otro sitio q no fuera la pared , durante horas hasta tomarnos declaración y leernos los derechos ...en mi caso creo que eran entorno a las 3.30 a.m. no tenia referencia horaria, durante todas esas horas. Nadie me lee mis derechos y mis obligaciones ni las razones de mi detención. En comisaría soy testigo:

- Uno de los detenidos que esta magullado y sin camisa y ha recibido claramente una brutal Paliza, con numerosos golpes y sangra, apenas puede respirar . Les pedimos q le atiendan porque el chico tiene q hacer grandes esfuerzos para respirar . Según la policía de la comisaría FINGE (cuando se lo lleva el samur , escucho q tiene el tabique nasal fracturado )

- No nos dan agua a pesar de haber mucha gente mareada y con nauseas ( por los golpes en la cabeza )

- No nos dejan sentarnos en el suelo Porque " Si ellos están de pie nosotros también " Me llama la atención un chico por el que me preocupo bastante porque está realmente pálido y tiene la mirada muy perdida , conseguimos q le dejen sentarse Otros relatos parecen señalar a éste cómo el que se desmayó en Moratalaz, no en el momento de la detención. Intentar ajustar y unificar el criterio. Al minuto aparece una policía Rubia que le obliga a levantarse ( esto se repite durante la noche con aquellos q están muy mareados si consiguen sentarse les obligan a estar en pie ) . Ese chico ( no recuerdo el nombre ) perdió el conocimiento durante su detención por los golpes. -Yo tengo fuertes dolores de espalda y estoy muy mareada y con nauseas , no me dejan sentarme . Otro detenido quiere ir al baño . No le dejan.

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- Ellos dirán que es mentira , nos observan , hacen mofa, nos vejan y humillan continuamente , mientras las personas detenidas estamos doloridos mareados , y con distintos tipos de lesiones . Observo de reojo un grupo de policías Municipales en una esquina mirándonos y bromeando entre ellos . No me puedo callar cuando veo que uno de ellos coloca su teléfono encuadrando una fotografía de los detenidos . Salta el flash de la cámara de su teléfono !!! me ve mirándole y al saltar el flash se da cuenta de que se ha notado . Le recrimino y otro policía me dice que me lo he imaginado y que vuelva a mirar a mi pared . Yo no sé si esto es ilegal pero En Nuestra Situación y su Actitud ES MUY HUMILLANTE QUE SE RIAN ASI DE TI HIZO LA FOTO para el whassap??facebook? para sus colegas ??

- Desde que hemos llegado a comisaria la gente que necesita atención médica como a Miguel ( q el Samur le dijo que le llevaran al hospital )todos la solicita pero no la reciben .

- Uno de los detenidos se zarandea a mi izqda con los ojos entreabiertos , se sentó porque también le dolía mucho una pierna . Le obligan a estar en pie ... se zarandea : Una de las policías dice que tiene sueño . Finalmente se derrumba , y se golpea la cabeza contra el suelo . Según la Policía morena cuando vienen a asistirle " Se ha quedado dormido de pie y se ha caído " muy gracioso les resultaba todo .

-Veo como un Policía de unos 50 años , grueso , se acerca al grupo de municipales que está en corrillo junto a las escaleras de bromitas , y les enseña una mochila verde , saca una piedra y dice : Mira lo que tenía en la mochila la Vasquita , entendí que se refería a Ainhoa , por el nombre y porque luego ella me relato como aparecieron tres piedras en su mochila . Vasquita fue utilizado en un tono Peyorativo claramente ( además ella es de Carabanchel ) . Frases de este tipo dejaba en evidencia sus prejuicios y actitud discriminatoria Son cerca de las 4.00 a.m. y estamos absolutamente agotados y muy doloridos, y en mi caso con una extraña somnolencia y mucho dolor de espalda, llega el .Los propios policías que me van a tomar declaración me preguntan si estoy bien porque me ven muy pálida, insisten: YO NO PUEDO MAS y lo único que quiero es que por fin me bajen al calabozo para poder sentarme y tumbarme por la espalda la cabeza y el resto de dolores: Cuando me preguntan si quiero asistencia médica digo que si. Luego salen a algo y yo espero, empiezo a pensar que no voy a poder aguantar otras 4 horas o más en pie esperando a que me vea un medico, así que pregunto a otro de los que estaban allí tomando la declaración " Si no lo solicito ahora y me sigo encontrando igual o peor puedo pedirla después ? " Me contesta que si, asi que firmo que no la solicito. Una vez fuera en pie con todos los detenidos tomo consciencia del dolor y me da miedo que cuando se vaya el samur q ha venido a atendernos no me lleven al médico. Intento hablar con una policía rubia explicándole que cambio de opinión antes de que se vaya el samur Para aprovechar que están ahí . Debí insistir mucho porque entró a preguntarles a los que me habían tomado declaración. Sale y me dice que acabo de firmar que No la quiero. Nos bajan a las celdas y vuelvo a pedir ver al médico creo que no hice nada más que insistir en ello y en que me dijeron que podría hacerlo. Siempre me contestan que Si, que ya lo han Pedido

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. Nos registran entregamos nuestras pertenencias oigo al policía le toca a" Laura , Laura la Macarra "y nos mandan a nuestras celdas. El trato que se recibe de los policías en todo momento IRRESPUETUOSO Y VEJANTE. Cuando llego veo a una Chica brasileña en el Pasillo pidiendo Perdón y limpiando con una fregona (sus propias heces ) una voz le grita que no tiene que pedir perdón lleva horas gritando para ir al baño. Cuando entro en mi celda me dan colchoneta pero NO MANTA pido una y les recuerdo el MEDICO. Me dicen que SI . En mi celda hay otra chica. Se despierta y me dice que no coja la manta que hay porque ella no podía mas y ha tenido que orinar en la manta ,porque llevaban horas pidiendo ir al baño . Cada vez q vienen a algo insisto con la manta: de vez en cuando también pregunto por el médico. Dormí a ratos sueltos , pasando frio y con muchísimos dolores hasta creo , el cambio de turno, y la única razón por la que no me dieron una manta es porque no quisiero: la habitación donde estaban mantas y colchonetas tenía la puerta abierta y estaba justo enfrente de mi celda. Por la mañana se llevaron a mi compañera a otra celda: ese policía no había estado por la noche así le volví a pedir por favor la manta y le dije que me encontraba muy mal y tenia frio . Por fin por la mañana a no se que hora, alguien se dignó a darme una manta . La celda en la que estaba( la 14 creo) no podía oler peor , no la limpiaron al menos en dos días . Decían que éramos nosotros los que olíamos mal, que apestábamos , todo tipo de frases vejatorias : os comportáis como animales se os trata como animales. Pasé casi todo el tiempo encogida en mi colchoneta y durmiendo porque me dolía muchísimo la cabeza y me quedaba dormida constantemente, mis compañeras se extrañaron y me preguntaron si estaba bien porque cada dos por tres me gritaban y yo no contestaba: me había vuelto a dormir. Casi no podíamos hablar entre nosotras porque había celdas incomunicadas y aunque lo intentábamos apenas nos escuchábamos unos a otros. Cuando subí a declarar con mi abogado, aproveché para comentar lo del médico, me llevaron unas horas más tarde. Por fin supe que el dolor de cabeza, las nauseas, los mareos y la somnolencia eran producto del traumatismo en la cabeza. Mientras espero en una celda enfrente del control para ir al médico: Unos policías dicen que "Que me pusieron fina ... Otro con acento Gallego contesta , “es lo que tiene ellos dan por culo y Nosotros Les Ponemos Finos “sube el tono y empiezan a fantasear , dicen “lo que tenían que hacer era apagar las cámaras , avisar de un error técnico , y darnos bien etc etc hincharnos a ostias " Me llevan al médico en un coche patrulla , sin Cinturones de Seguridad funcionaban. dado que no

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Al volver un grupo de policías pregunta si soy la que viene del hospital y uno de ellos rubio empieza a reírse de mí y a gritar haciéndome burla " Ay como me duele, Ay que me han pegado... Quiero denunciar como teníamos que gritar durante horas para que la gente que necesitaba medicinas las tuviera, medicinas q les habían prescrito e indicado por parte del personal sanitario. Teníamos que gritar y golpear las puertas durante horas Pedias ir al baño y tampoco te llevaban. A Virginia no solo no le dieron nada de comer (ella es vegana e intolerante a diversos alimentos). Frases del tipo, "tampoco tenemos comida musulmana porque como se detiene a muchos moros es la primera que se acaba ". "Nosotros solo tenemos la obligación de daros comida y aquí están las judías (Fabada )" La fabada da Gases y sed y en el calabozo no dan AGUA. Cuando nos sacaron de los calabozos pretendían que firmáramos un papel sin explicarnos de que se trataba, yo dije que obviamente no iba a firmar algo sin saber lo que era " Tus pertenencias" como voy a firmar mis pertenencias sin tenerlas delante! Entonces lanzaron amenazas de que si no las firmábamos no esperáramos que luego estuviera todo . Hasta que no nos las dieron al salir no pudimos comprobarlo. No recuerdo mucho más que un trato déspota y humillante en todo momento, con insultos y faltas de respeto constantes y la seguridad de que éramos unos privilegiados ya que su comportamiento agresivo estaba limitado por la presión mediática en torno al 25 ,26 y 29 con su correspondiente cobertura por la prensa internacional.

11.-Hechos relativos a Ángel García Rodríguez. Estando en la concentración legalizada del 25 de septiembre, fui detenido sobre las 21 h, por policías de paisano, al menos eso creo, por cuanto no se identificaron en ningún momento, tras una carga policial. De un golpe en la espalda, me tiran al suelo y me arrastran hacia los furgones de la policía mientras los policías antidisturbios nos dan patadas y porrazos a mí y a uno de los policías de paisano, mientras este gritaba "que soy compañero coño". Mientras discuten y se gritan entre ellos me terminan de esposar y me llevan a una calle de al lado del congreso, una zona habilitada con furgones policiales donde había mas detenidos, donde nos tienen varias horas antes de llevarnos a comisaria

12. Hechos relativos a Pablo Enmanuel Cañadas Fernández: Cuando ocurrieron los hechos, el 25 de septiembre, estaba en la Plaza de Neptuno porque había acudido a la convocatoria “Rodea el Congreso”, para manifestarme pacíficamente por la

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situación de crisis que estamos viviendo todos los ciudadanos y ciudadanas de éste país, y para mostrar mi rechazo a un Parlamento que no escucha a su Pueblo. Serían las 18,00 o 18,30 horas de la tarde, cuando en compañía de unos amigos miraba orgulloso a toda la gente que había acudido a la convocatoria, y sin esperármelo, un agente de la autoridad me dio un porrazo en la cabeza. Inmediatamente después del golpe caí al suelo inconsciente. En ese momento oía gritos pero no podía distinguir nada, no podía moverme, no era dueño de mi cuerpo. Con la visión borrosa me doy cuenta de que me están arrastrando del cuello fuertemente, agarrándome también un brazo, hasta detrás del cordón policial. Me llevaron a una marquesina y me dejaron caer al suelo cual saco de basura, estaba muy mareado. Un agente decide pisarme en el abdomen, y posteriormente me hinca la rodilla en el pecho. Les dije: “por favor, parad, me habéis dejado insconsciente de un porrazo”. Intenté incorporarme mientras se lo decía, pero seguía mareado y me volví a desplomar en el suelo. En ese momento me dieron la vuelta bruscamente y me pusieron las esposas. Me pusieron de pie y me sentaron encima de una maceta llena de piedras que se me clavaban. En aquel momento me empecé a marear más. Mientras la cabeza me daba vueltas, pensaba en qué estaba pasando, no era consciente ni de que estaba detenido. Por supuesto, en ningún momento me informaron de que estaba detenido ni los motivos de la detención, nada de nada. No sé el tiempo que estuvimos allí sentados en la maceta, podrían ser horas. No puedo concretarlo, pero se me hizo eterno, seguía muy mareado. A mi lado estaba otro chico, al que habían sentado también en la maceta, que no dejaba de sangrar por la boca, y al que, a pesar de nuestros requerimientos de que nos viera un/a médico/a, no nos hicieron ni caso. Cuando llegó un furgón policial me alegré, pensé que nos llevarían a comisaría y que allí me podría ver un/a médico/a. Muchos más lejos de la realidad, estuvimos en el furgón seis personas metidas otras dos horas por lo menos, allí no corría el aire porque no tenía ventilación ninguna. Se me juntó el mareo del golpe con el agobio de estar allí dentro, y ya entonces me dejaron salir y llamaron al Samur para que me viera. Cuando vemos que por fin nos llevan a Comisaría me volví a alegrar, pensé que allí podría verme un médico más detenidamente y descansar un poco, me encontraba fatal. Me alegré porque no me podía imaginar la tortura y el calvario que se me avecinaba. A parte de todo lo ya relatado sobe el trato que recibimos en Comisaría, quiero destacar dos cosas relativas en exclusiva a mi persona. Yo padezco la enfermedad de Crohn, y no puedo tomar ni leche ni fabadas. Sólo me dieron pan y galletas. Eso fue lo que comí desde mi detención hasta que me dieron la libertad. También cuando llegamos, me rompieron la sudadera al quitarme los cordones. Le dije a un agente que tuviera cuidado, que me la iba a romper, sin embargo, no me hizo caso. Aunque

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comparado con el infierno que vivímos aquellos días, que me rompieran la sudadera, por supuesto que no tiene importancia. A la mañana siguiente de salir en libertad, el 28 de septiembre, fui al Hospital Universitario de Fuelabrada, y me diagnosticaron un Traumatismo Cranoencefálico, y me recetaron reposo y medicación. Adjunto informe del Hospital como documento adjunto número 18.

13. Hechos relativos a Daniel Edom: Me encontraba ejerciendo mi derecho constitucional de manifestación de manera pacifica frente al cordón policial, tal y como además se demuestra con las fotografías que la propia policía incorporó al atestado policial, y en la que se me ve en una actitud absolutamente pacífica. Las cuales además demuestran que cuando comenzó la intervención policial destinada a disolver de manera violenta a los allí concentrados la policía ya tenía intención de detenerme y se dirigieron a mi directamente pese a que no estaba haciendo nada. Supongo que mi aspecto personal y el hecho de que llevase rastas me convertían en una “presa fácil” para la detención y para posteriormente imputarme falsamente alguna conducta de lo que ellos denominan “anti-sistema”. No hubo tales conductas por mi parte, ni ninguna otra que pudiera determinar la obligación de detenerme. Fui una victima más de las detenciones indiscriminadas, injustificadas y violentísimas que produjeron ese día, y a las que la policía nos tienen tristemente acostumbrados conocedores de la impunidad de la que gozan porque nadie hasta la fecha a querido tomar cartas en el asunto de manera valiente y desacomplejada. Como otros cientos de personas yo me encontraba frente a la valla que separaba a los ciudadanos de los policías. Estaba allí en actitud absolutamente pacifica, y cuando la policía comenzó a cargar, lamentablemente no me dio tiempo a salir corriendo de allí y fui detenido con la violencia injustificada que muestran de manera objetiva las fotografías que se muestran a continuación:

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Se manifiesta falsamente en el atestado policial lo siguiente: “[...] resistirse activamente a la detención propinándole durante la misma al compareciente (inspector 85465) una fuerte patada en el antebrazo derecho así como al policía con carné profesional 77759, un puñetazo en la mano izquierda, el cual colaboró en la detención con el compareciente […] Tal y como se acredita con las fotografías anteriores en ningún momento me resistí a la detención, cosa que, dada la violencia con la que actuó la policía sobre mí, tampoco hubiese podido hacer aunque hubiese querido puesto que me tenían completamente inmovilizado. Es más me estaban aplastando la cabeza contra el suelo. Una vez que me incorporaron me condujeron al furgón policial escoltado y caminando por mi propio pie sin que ofreciese resistencia alguna tal y como demuestra la fotografía incorporada al atestado por la propia policía. He de poner de manifiesto que durante la detención, el traslado y la estancia en comisaría se profirieron diversos insultos y expresiones de connotación racista contra mi. Como consecuencia de todo ello, y de la agresión sufrida de manera gratuita por parte de la policía, se me produjeron diversas contusiones en la cabeza, la nariz y la espalda y de las que tuve que ser atendido por el SAMUR tal y como demuestra el parte de lesiones que se adjunta como documento nº 19. También quiero señalar que durante mi estancia en la comisaría de Moratalaz permanecí durante tres días sin comer, puesto que soy vegetariano y no me dieron ningún alimento acorde a tal condición, lo que considero un trato cruel y que además puso seriamente en riesgo mi salud como es natural. En definitiva he de denunciar que los hechos relatados en el atestado policial contra mi son absolutamente falso, que la policía mintió, de manera deliberada y consciente, en todo lo que reflejó en dicho atestado, lo cual ha de ser, entiendo, constitutivo de algún tipo de delito de falsedad. Que como consecuencia de lo golpes innecesarios e indiscriminados recibidos durante la detención sufrí diversas contusiones. Según se desprende de las imágenes fueron al menos tres, los policías que participaron en mi detención. Constan en el atestado la identificación de

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dos de ellos, el inspector con nº 85465 y el policía nº 77759, haciéndose necesario que este juzgado realice las diligencias de averiguación necesarias para identificar al resto de agentes que me agredieron causándome las lesiones descritas y acreditadas anteriormente. 14. Hechos relativos a Leandro Acosta López: Me encontraba en la plaza Neptuno. Asistí a la manifestación con voluntad pacifica como el resto de los asistentes con ganas de expresar, aún creyendo que era legal, lo que pensaba. Pero me encontré con la realidad de que a los dos minutos de comentar a la gente y a alguna cámara algo que me surgió a partir de uno de los lemas que se mencionan en alguna pancarta, un antidisturbios sale de la segunda línea del cordón policial en la que estaba para acercarse a mi y colocarse a mi izquierda , y al fijarme en él , otro antidisturbios por mi derecha me coge por el cuello y en una fracción de segundo me pasa al otro lado del cordón policial. En ese momento se me echan encima unos ocho antidisturbios que me sujetan por todas partes del cuerpo, cuello, cara, brazos, piernas, con la intención de tirarme al suelo. Pasan pocos segundos hasta el momento en que se quitan a los periodistas de encima, y empiezan a golpearme con porras por el torso, puñetazos en la cara, me rompen la camiseta, pierdo mi calzado, me levantan de las piernas colgándome boca abajo mientras me ponen las esposas y ya estando esposado descalzo y medio desnudo me llevan arrastrándome por el suelo y golpeándome unos 100 metros, eran tantos los golpes que no podía distinguir ni de quien ni donde era el golpe, daba la sensación de que hasta los antidisturbios que pasaban de fondo y no tenían nada que ver con la ‘’detencion’’ daban alguna patada aprovechando que estaba en el suelo y esposado. Me ponen de pie y me llevan tironeándome del cuello mientras me siguen golpeando en la cara, hasta la puerta del Congreso. Los malos tratos sufridos en este tramo son exagerados, inhumanos, no solo me asfixiaron en repetidas ocasiones hasta el punto en que pensé que me desmayaba, de forma profesional colocándome los dedos en la traquea, sino que entre porrazos patadas y puñetazos (todo de cintura para arriba al contrario de lo que dice la ley) intentaron hasta estrujarme los testículos con la mano. Todo esto con la misma intención con la que me detienen, hacerme callar, en este caso ante mi pregunta de porque me detenéis, pues no había respuesta por su parte de ningún tipo salvo más agresiones. Me sueltan contra el suelo en la puerta del Congreso, me golpeo en la cara pues no tenia manos para evitar la caída, y me ponen unas cuatro rodillas en la espalda y una en la cabeza mientras me hacen una llave en la pierna para inmovilizarme. No podía respirar e intentaba hacérselo saber pues tenia encima de mis pulmones a cuatro agentes que probablemente superasen los 100 kilos de peso. Me ignoran mientras me identifican y aprietan más la llave de la pierna para que me calle nuevamente. Todo lo relatado está objetivamente registrado en grabaciones de video que se pueden ver públicamente en los siguientes enlaces: http://www.youtube.com/watch?v=_5V5i4CPxI&feature=related minuto 1 http://www.youtube.com/watch?v=KUey7FkdfFM&feature=related minuto 6:20 En ese momento viene un antidisturbio que al parecer tenia mas poder que algunos y me dice algo mientras me agarra del pelo y me golpea la cara contra el suelo en hasta cinco ocasiones.

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Para terminar éste mismo da la orden de que no me cambien los grilletes por los lazos y me dejan en el suelo junto a otros dos detenidos con los que posteriormente pasaría cuatro o cinco horas, no puedo precisarlo pues perdí la noción del tiempo, en un furgón policial. Después nos llevaron a la comisaría de Moratalaz donde seguimos recibiendo un trato cruel y degradante, rayando la tortura. Mas de un herido tuvo que llegar al punto de desmayarse para recibir atención medica. A mi me atendieron rato después de que mi respiración se empezase a agitar por estar prácticamente a la intemperie ya casi de madrugada descalzo y sin nada en el torso, aunque los motivos por los que me hacia falta realmente la atención medica eran los golpes recibidos por los cuales tuvieron que desinfectarme varias heridas en cara, pecho, espalda ,colocarme varias grapas en la espalda, ponerme un collarín que llevaría durante varias semanas y anestesiarme por vía intravenosa para aliviar el dolor. Todo lo relatado es manifiestamente ilegal y más si viene de un policía. Los hechos relatados son propios de un trato degradante, cruel y vejatorio, cuando no directamente una tortura. Además he de denunciar igualmente a la policía por detención ilegal toda vez que no existió causa legal alguna que aconsejara mi detención tal y como se ve de manera incuestionable en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=A0Yy4jX9G4s&feature=share minuto 1:29

En dicha grabación se aprecia con toda certeza y sin ningún género de dudas que yo no estaba haciendo absolutamente nada que pudiera motivar mi detención, por lo que la misma devine ilegal. Además de que la detención en si fue ilegal y el trato fue vejatorio e inhumano tampoco se me informó en ningún momento de los motivos de la detención, lo cual puedo llegar a comprender puesto que no los había. De las agresiones relatadas anteriormente son responsables los agentes que me detuvieron, constando únicamente en atestado el subinspector nº 72339, pero puesto que fueron numerosos los agentes que participaron en la detención de manera violenta y que me agredieron, se hace necesario realizar las labores de investigación oportunas y destinadas a tal fin si no se quiere que el delito quede impune.

15. Hechos relativos a Juan Manuel Bustamante Vergara: El 25 de septiembre de 2012 asistí a una manifestación en ejercicio de mi derecho fundamental de reunión y manifestación pacífica. La manifestación comenzaba en Plaza España y desde allí salí con un amigo, Alejandro Cachero. Avanzamos sin ningún incidente junto a miles de personas, recorriendo las calles céntricas de Madrid hasta llegar a la plaza de Neptuno, que era donde finalizaba la manifestación. Al llegar a Neptuno nos dimos cuenta de que la policía había cargado contra las personas que se encontraban allí.

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No fue la primera ni la última carga, la policía cargó en repetidas ocasiones de manera indiscriminada, desproporcionada e injustificada. En una de las cargas que se produjo al anochecer me dirigí a los policías y de manera pacífica les dije “Estamos luchando por los derechos de todos, incluso de ustedes”. Al girarme ví que un grupo de “manifestantes” se acercan con una pancarta y palos directos hacia el cordón policial. Intenté interponerme en su camino sin éxito, y mi amigo trató de dialogar con ellos, recibiendo un golpe con un palo como única respuesta. Provocado por este grupo que se enfrenta de manera directa con la policía, se produce otra carga más. Tras la carga policial un grupo de policías se dirigen hacia mí y me golpean con las porras en la cabeza por la espalda, caigo al suelo y tras incorporarme regurgité, intenté salir de allí pero caí otra vez al suelo. Al caer al suelo me puse en posición fetal a la vez que me cubría la cara y la cabeza. Aún así recibí golpes en la parte trasera de la cabeza, espalda, codos, rodillas y demás partes del cuerpo mientras me decían “maricón”. Un par de ellos me levantaron del suelo y me amarraron las manos de una manera muy violenta. Mientras me llevaban me dio un ataque de asma, y tras pedir el inhalador repetidas veces finalmente accedieron a dármelo. Me situaron junto a unas chicas en una especie de celda hecha con vallas. Allí note que sangraba por la nariz aunque no había sido golpeado en ella. Dentro de esa especie de celda estábamos varias personas, que recibimos insultos, incluso amenazas por parte de los policías que estaban custodiándonos. Yo me mantuve al margen de ello dado que me encontraba mareado, aún así los policías hacían bromas entre ellos sobre mi apariencia y ponían en duda mi orientación sexual, incluso mi género. Frases como “Mira a ese maricón” o “¿Ese es hombre o mujer?”. A una chica que estaba comunicándose por móvil con un familiar preocupado se le arrebato de manera violenta. A mí también me quitaron el móvil cuando intentaba llamar a mi madre para informarle. Finalmente nos metieron en la furgoneta y nos trasladaron hasta la comisaria de Moratalaz, donde nos tuvieron esperando dentro de la furgoneta un buen rato. A continuación nos introducen en la comisaría, donde vi a un grupo de personas contra la pared, muchos de ellos con heridas brutales, unos con la cabeza sangrando y otros con la nariz rota. Nos colocaron junto a ellos frente a la pared mirando hacía abajo y se nos prohibió hablar entre nosotros. Varias personas pidieron agua y se les respondía con “Esto no es un hotel”, otros pedían ir al baño porque no podían aguantarse más, y se les respondía de mala manera, diciéndoles que si llegaban a orinarse en los pantalones se lo harían limpiar.

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Al ver ese ambiente sumamente hostil me quedé callado, observando a través de una pequeña ventana circular de una puerta a gente que entraba ensangrentada hacia una especie de habitaciones, oyendo cómo les decían los agentes que mirasen para abajo. Cuando uno de los policías se percató de que estaba mirando por esa ventana me gritó que dejase de mirar hacia allí y mirara hacia abajo. Empecé a notar que cada vez me encontraba peor, y debió ser evidente porque un par de detenidos avisaron a los policías. Me preguntaron qué me pasaba y me movieron de lugar hacia una columna. Respondí que me sentía mareado, con nauseas y que me dolía la cabeza. A lo que me respondieron que a ellos también, así que tenía que aguantarme. Nos tuvieron muchas horas de pie, mirando al suelo, no recuerdo cuantas fueron ya que estaba muy desorientado, aunque luego me informaron de que habían sido más de 6 horas las que nos tuvieron parados de pie de manera innecesaria, solo para hacernos sentir mal y caernos. Las piernas me temblaban por lo que usé mi cabeza como respaldo para resistir el peso de mi cuerpo. Los policías se burlaban de la postura en la que estaba, y seguían burlándose de mi apariencia. Luego vinieron dos mujeres policía, una rubia y otra morena, la morena nos tomó una foto con el móvil mientras hablaba en tono burlesco con sus compañeros. Tras mantenerme mucho tiempo en pie sentí como una luz blanca en toda la cara y perdí la visión. Tras recuperar la visión sentí un terrible dolor en la parte lateral de la cabeza, vi a una mujer con vestimenta del SAMUR que me preguntaba que había pasado, volví a ver negro. Me encontré dentro de una ambulancia del SAMUR donde me pusieron un suero y se me trasladó al Hospital Gregorio Marañón. Entre las conversaciones de los médicos del SAMUR oí como dijeron que les pidieron a los policías que por favor le dieran agua a los detenidos a los cuales ellos respondieron que no eran sirvientes de nadie, sin embargo terminaron por acceder a dársela. En el hospital Gregorio Marañón me hicieron diferentes pruebas, sin embargo mis recuerdos no son lineales sino fragmentos, entre los cuales se acercaban policías a preguntarme repetidas veces mis datos o médicos para trasladarme para una prueba. Uno de los policías me dijo que cuando me diesen el alta saldría en libertad con cargos y me iría directamente a casa, sin embargo, luego me informaron que volvería a comisaria. Cuando me dieron el alta los médicos me entregaron un sobre con información sobre mi ingreso, pero los policías se quedaron con el sobre, por lo que no pude ver cuales eran las recomendaciones de los médicos. Una doctora se acerco a los policías y le oí decir que necesitaba cierta medicación, a lo que los policías se comprometieron a dármela. Mientras iba camino al coche patrulla decían que seguro yo había estado tirando piedras, pregunta que más tarde descubriría que se la hicieron a muchos de los detenidos/as. Me dijeron que no cambiaría nada yendo a manifestarme, que aprendiera la lección y que dejase de ir. Me trasladan a la celda donde estaban otros detenidos también con heridas graves. El trato en Comisaría fue muy hostil, duro y vejatorio, algunas de las situaciones que tuvimos que sufrir fueron las siguientes:

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Apagaban las luces del calabozo en pleno día y nos dejaban a oscuras durante horas. Los detenidos/as que pedíamos ir al baño éramos ignorados. Con el suero que me habían dado en el hospital pedí varias veces ir al baño, pero no me dejaron ir hasta la hora de almorzar. Yo pedía mi medicina sin éxito, también me ignoraban. Algunos compañeros al salir al baño intentaban ver el número de placa de los policías para poder identificarlos, pero estos respondían a gritos “No me mires” con tono desafiante y se les ordenaba no mirar. Cuando tocábamos la celda para pedir ir al baño o mi medicina sólo recibíamos amenazas de palizas o gritos. Pedí repetidas veces mi medicina, sin embargo era ignorado o me decían que ya me la darían.

Cuando me reuní con mi abogado, éste me preguntó si quería llamar a alguien, pero no podía recordar ningún número y mi móvil se encontraba en mi mochila junto a las cosas que se quedaron los policías. Por cierto, mencionar que llevaba un libro que se llamaba “Guerra Civil. La sublevación del ejército”, y en lugar de poner este título en el registro de mis pertenencias pusieron que llevaba un libro titulado “La sublevación”. Me informaron que la detención había sido por desordenes públicos, algo que desconocía hasta ese momento. Los agentes nos dijeron que seríamos trasladados al día siguiente por la mañana a plaza Castilla, donde prestaríamos declaración ante el Juez. Al anochecer nos trasladaron a otra celda, esta vez nos pusieron a cada uno con otro compañero en una celda más pequeña, y por la noche de nuevo nos dejaron la luz encendida. Los detenidos/as que pedían ir al baño eran ignorados, por lo que alguno tuvo que orinar dentro de la celda. A media noche me despertaron para tomarme fotos y las huellas dactilares, no entiendo por qué no lo hicieron antes, cuando estábamos despiertos. Por la mañana los detenidos/as esperábamos impacientes el traslado a Plaza Castilla, sin embargo pasaba el tiempo y seguíamos allí. Algunos empezaron a desesperarse porque no se nos decía nada y cuando preguntábamos se nos respondía a gritos. Por la tarde nos trasladaron a Plaza Castilla. En la entrada a la cochera quien conducía empezó a avanzar y frenar repetidas veces para que nos golpeásemos dentro de la furgoneta. Al salir entre risas decían “Es que se me enganchó el freno de mano”. A uno de los dos policías que nos trasladó logré reconocerlo, tenía barba y bigote, con acento gallego, era uno de los que anteriormente en las celdas nos amenazó con entrar a darnos una paliza si seguíamos reclamando. Uno de los detenidos que es abogado (José Cosín) quiso ver su número de placa para identificarlo, pero éste intentó evitar que se le viera y se movió a la vez que empujaba al detenido. El compañero del policía cogió al detenido y le dijo que avanzase. Todo esto sucedió delante de los guardias civiles que se encontraban allí.

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En Plaza Castilla estuvimos bastante tiempo esperando hasta que a cada uno se nos tomó declaración. Allí se me informa de que la policía dice falsamente que he agredido a un policía, cosa absolutamente falsa. Me vió una médica forense a la que le conté todo lo que me sucedió, informándole de que no me habían dado la medicina ni para los vómitos ni para el dolor. Después seguimos en los Juzgados un buen rato hasta que nos dejaron en libertad De las lesiones sufridas existe parte de lesiones que se adjunta como documento nº 20.

16.- Hechos relativos a Don Jesús Blanco Ruíz. Que llego a la manifestación sobre las 18.00 horas del 25 de septiembre de 2012, y es aproximadamente sobre las 18.30 o 18.45 cuando unos seis furgones de la policía antidisturbios se abre paso entre la multitud para intentar acceder al interior del cordón policial en calle Cedaceros. Los ánimos se alteran y algún manifestante increpan el paso de los furgones, que tienen que detenerse antes de superar el cordón policial dada la presencia de los manifestantes. Que mientras me encuentro al final de la comitiva de los furgones tomando imágenes de los manifestantes y a mi espalda queda la policía, quedando por delante los manifestantes, Un policía, aprovechando que estoy de espaldas a él mirando a través del objetivo de la cámara, sin mediar palabra y sin existir altercado alguno a mi alrededor, me golpea salvajemente con la porra en la posterior de mi pierna. Que se aportará parte médico conforme le sea requerido a esta parte. Que sigo trabajando tomando imágenes de la manifestación alrededor de los furgones, y veo una persona que huye de la policía, perseguido por cuatro o cinco agentes. Viene desde la parte delantera de la comitiva de furgones hacia la parte trasera. Entre dos furgones le atrapan varios agentes, que se abalanzan sobre él golpeándole con sus porras y propinándole patadas. Fotografío la escena, pero en seguida dos policías cubren a sus compañeros para que pueda retratar lo que ocurre. Un tercer policía me amenaza: “¿Quieres perder la cámara?”. Yo le contesto: “¿me estás amenazando?”. Ya no hay más respuesta. Me acerco a la parte delantera de la hilera de furgones, cerca del cordón policial que cerca el Congreso de los Diputados. Un grupo de manifestantes permanecen en el suelo con las manos levantadas gritando consignas. Un grupo de antidisturbios comienzan a golpearles con sus porras, por lo que los manifestantes se levantan y comienzan a retroceder. Yo fotografía toda la escena justo detrás de los agentes, pegado a ellos y franqueado por periodistas de otros medios, que fotografían lo que está aconteciendo. En un determinado momento un agente que está golpeando a los manifestantes se vuelve, y al percatarse de que le estoy fotografiando, me agarra del cuello y así, inmovilizado, me acerca hasta uno de los furgones, donde junto a varios agentes proceden a arrestarme y a meterme en uno de los furgones que esperan a superar el interior del cordón policial. Que junto a mí, en el furgón, se encuentra el manifestante cuya detención fotografié minutos antes: Mario Silvestrin. Tiene parte de la cara hinchada por los golpes. Dentro del furgón el agente que me detiene cumplimenta el atestado. En un momento dado otro policía

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antidisturbios abre la puerta del furgón, me mira y espeta “¿qué, se está bien ahí?”, tras lo cual me propina un golpe en la cara. Yo, en ese momento estoy esposado. Ante la imposibilidad de mover el furgón de policía, nos trasladan a los dos detenidos a pie al interior del cordón policial, donde nos introducen a ambos en otro furgón situado frente a la escalinata del Congreso de los Diputados. Allí permanecemos aproximadamente otra hora, esperando que llegara un “Zeta” para trasladarnos a comisaría. Durante la espera, Mario Silvestrin y yo vemos como varios agentes introducen a rastras dentro del cordón policial a otro detenido. En determinado momento lo arrojan al suelo y entre cuatro o cinco policías lo golpean lejos de la vista de los manifestante y las cámaras. Luego vuelven a arrastrarlo, el detenido ha perdido su camiseta y un zapato. Lo arrojan entre dos furgones de nuevo y le vuelven a golpear sin motivo aparente. Sobre las 20.00 o 20.30 horas aproximadamente nos introducen a Mario Silvestrin y a mí en un furgón de traslado de detenidos. Estamos seis personas en un furgón sin ventilación, todos heridos. Aquí encontramos al único agente que nos trata con respeto, proporcionándonos agua, abriendo la puerta para ventilar cada 15 ó 20 minutos y aflojándome los grilletes (soy el único que sigue con ellos, al resto de detenidos se los han sustituido por lazadas). Permanecemos en este furgón unas tres o cuatro horas ante la imposibilidad, según la policía, de salir del recinto debido a la gente que rodea el Congreso. Finalmente nos trasladan a la comisaría de Moratalaz, donde permanecemos aproximadamente un par de horas esposados, de pie, mirando contra la pared, con la prohibición de hablar, movernos, sentarnos o mirar hacia otro lado. Un policía, sin mediar palabra o pedir permiso, coge un papel que me sobresale del bolsillo. Lo ojea y lo vuelve a introducir en mi bolsillo mientras dice “no me mires, mira a la pared”. Mientras tanto, uno a uno, nos introducen en una sala para requisarnos las pertenencias, tomarnos las huellas, leernos nuestros derechos, solicitar un abogado y proporcionar el número donde avisar de nuestra detención. Terminado esto, nos devuelven a la sala principal para situarnos de nuevo contra la pared. Con el paso de tiempo llegan más y más detenidos, algunos visiblemente heridos. Varios detenidos solicitan agua, ir al baño, poder sentarse o que les atienda un médico, pero ninguna solicitud es atendida; por el contrario, nos amedrentan verbalmente: “no te muevas, quédate de cara a la pared, esto parece un colegio, ¿quieres que te castiguemos de verdad”. Varios policías visten de paisano y se cubren la cara con pañuelos o pasamontañas. Sobre las 01.00 de la madrugada me trasladan junto a unos pocos detenidos a una celda. Somos diez. Justo antes nos dan un zumo y unas galletas y nos permiten ir al servicio: es la primera vez que podemos beber agua. La celda tiene el tamaño justo para entrar los diez tumbados unos junto a otros. No todos tienen manta. A las 01.30 me trasladan a otra sala para volver a tomarme las huellas y fotografiarme. Durante las 48 horas posteriores estando detenidos sufrimos el siguiente trato:

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Sólo nos permiten salir 3 ó 4 veces al baño al día, una con cada comida. Hay detenidos que tienen que hacer sus necesidades en el suelo de la celda. Cuando nos permitían ir al baño, eran generalizadas las increpaciones nada más sobrepasar el umbral de la puerta: “¡rápido, salid ya, qué coño estáis haciendo ahí dentro” y cosas parecidas, como golpear la puerta con la porra. Pese a los gritos insistentes en más de una ocasión de varios detenidos para solicitar un médico, pedir calmante o ir al baño, ningún agente se persona en los calabozos. Sólo aparecen a la hora de las comidas o para trasladar a algún detenido. Durante el resto del tiempo estamos aislados. Determinados agentes nos dejan completamente a oscuras durante el día (“hay que ahorrar”, argumenta uno) y con la luz encendida durante la noche. Un agente nos llama “asesinos” y “guarros”. Otros nos intimidan agitando o balanceando la porra. Otro agente nos amenaza con una “sanción administrativa de 300 euros” si armamos escándalo dentro de la celda. La comida proporcionada durante los dos días era siempre un paquete de fabada tibia. Sólo puedo ver a mi abogado transcurridas 24 horas de entrar en el calabozo. No se nos proporciona ningún producto de higiene personal, ni limpian el interior de la celda. No permiten fumar a los detenidos que lo solicitan, sin embargo, la zona de control y acceso a los calabozos, donde se sitúan los agentes, huele a humo y es evidente que se ha fumado.

Que hago míos los hechos relatados precedentemente respecto de las condiciones y el trato recibido dentro de la Comisaría y que no reitero por economía procesal.

17. Hechos relativos a Don Juan Enrique Montalbán García. Que en el momento de mi detención fui agredido, pese a que en mi detención no realicé resistencia, ni forcejeo alguno. Que producto de dicha agresión he sufrido pérdidas dentales, así como movilidad de piezas dentales, movilidad y debilidad en la sujeción que no tenía antes de sufrir la agresión por parte de los funcionarios policiales en el momento de mi detención. Que igualmente sufrí golpes tanto en las costillas que dejaron marcas y dolores que duraron varios días, así como distintos chichones por toda la cabeza, constando en los oportunos partes médicos en las distintas asistencias que recibí y que constan en las actuaciones judiciales. Que fui detenido al inicio de la manifestación y me tuvieron en la calle sin explicación alguna, junto a otros detenidos, que desconozco su nombre pero podría identificar, durante más de una hora, hasta que finalmente fuímos conducidos por la oportuna dotación policial hacia el furgón, transcurriendo de nuevo un período muy dilatado de tiempo hasta que finalmente somos trasladados al el centro de detención. Que hago míos los hechos relatados precedentemente respecto de las condiciones y el trato recibido dentro de la Comisaría que no reitero por economía procesal.

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18.- Hechos Relativos a Manuel Rubio Ortega Estuvimos en la manifestación mis amigos y yo, quizás serían las diez cuando nos marchamos, decidimos buscar un bar para picar algo de cenar. Tomamos rumbo por un paseo y paralelo al retiro. llegamos a una cafetería que resulto ser la cafetería “San Ildefonso”, en el Pº de la Infanta Isabel nº 15 pedimos una ración de patatas bravas, nos pusimos a comerlas cuando de repente pasó una multitud corriendo por la calle, vistos a través de la puerta abierta del bar. Nos asomamos para ver qué pasaba y entramos de nuevo. Acto seguido, entran unas chiquillas atemorizadas, parece ser que las perseguían varios “antidisturbios”. -¡Todo el mundo fuera!—gritan dos antidisturbios- concretamente los nº 67.032 y 101.811 adscritos a la primera unidad de intervención Policial con indicativo Puma 37. Disculpe fui yo el único que se atrevió a replicar—Pero estamos cenando y tenemos que pagar. “¡Pues usted quédese ahí” me dice uno,. Las chiquillas y alguien más, entre ellos mis compañeros salieron fuera, donde les esperaban varios agentes. Dentro del local se quedaron los que ya estaban desde hace mucho rato y que seguramente no habrían ni estado en la manifestación y yo, dando a entender despreocupación me quedé también sentado.”Documentación”, escuche a los agentes de afuera, mientras tanto, yo comía. Entran mis amigos y uno también se atreve a comer, el camarero. Estaba, en contraste a nosotros, tan tembloroso y preocupado. ¡Que jamás he visto a alguien temblando tanto en mi vida! Y me respondió que él cerraba a las once y que no servía más, en un modo casi de tartamudeo. Tras unos minutos “¡Ala!, los que quedan, que vayan saliendo y entreguen la documentación”. Yo se la fui a ofrecer directamente al agente. Cuando todo el mundo se aturdía sumiso, yo conservaba una sorprendente sangre fría. “He dicho que usted el último” Salieron todos, pero mis amigos se quedaron esperándome en la puerta, abierta de par en par; yo también los veía,, “Se le acusa de desobediencia. Es una falta menor. Firme este papel y se podrá ir. Ya le llamaremos para testificar –me dice el más alto y tranquilo. Es mejor para usted” Aquí me quede algo aturdido. Supuse que colaborar sería lo mejor y bien pensado acerté; es posible que por ello me libré de discusiones y enfrentamientos. Ya no se sí leí lo que ponía, simplemente yo soy un tonto confiado y además esto indicaba que yo no me resistía. No me devolvieron la documentación, en respuesta: Está usted detenido. Extienda las manos para esposarle. Pero… ¿Por qué? –dije mientras extendía las manos hacia adelante. Ellos no respondieron, me esposaron por delante y me sacaron tranquilamente del local. Mis compañeros asistieron a mi detención que aunque lo veían no acababan de entenderlo. Me introdujeron en el furgón y a esperar. Y en ningún momento me puse nervioso, pues pensé que aquello sería una confusión evidente y que me confundirían con otra persona. Hasta que la mente se me iría aclarando en los siguientes días de cautiverio. Entramos en la antesala de la comisaría de Moratalaz. Aquí vi detenidos inverosímiles pero reales, parecía una pesadilla: una mujer de unos cincuenta años y cincuenta quilos de peso, delicada y amable, que no sería capaz de hacer daño a una mosca, mostraba un ojo hinchado y una fuerte contusión en la pierna; una chiquilla algo magullada de unos cuarenta kilos de peso, eso sí, con rastas en forma de melena; un anciano apaleado con un brazo en cabestrillo; varios jóvenes brutalmente golpeados, uno con la cabeza abierta. Nos dieron el trato por igual a todos, de criminales muy peligrosos, aplicando un pequeño método de tortura; todos atados las manos hacia atrás con cuerdas, mirando contra la pared, durante unas cuantas horas, ya no me acuerdo. Algunos policías esto lo cumplían a rajatabla, otros nos dejaban mirar en otra dirección. a mí se me acusó de agitación y resistencia, luego lo cambiarían a su conveniencia Unas chicas comentaban: Nos han introducido piedras en las mochilas.

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Ya en las celdas nos daban muy poco tiempo para ir a los aseos, un minuto No nos daban agua y: periódicamente, nos llamaban para algún requisito. Mi abogado me expuso de lo que se me acusaba, a pesar de que las acusaciones eras más leves que las que luego me imputarían. El jueves salimos de nuestro hacinamiento, para declarar en los juzgados de plaza Castilla.fui demasiado explícito ,exponiendo solo los hechos de mi detención. Vuelta a la celda; larga espera y otra vez ante la juez para después sorprendentemente comunicarme que se dictó AUTO DE PRISIÓN BAJO FIANZA DE 1.000 EUROS, que se depositó antes de las 13 h del día siguiente sin embargo se me excarceló de la prisión de Soto del Real aproximadamente 7 horas después de haber depositado la fianza.

19.- Hechos relativos a Mario Silvestrin. El día 25 de septiembre de 2012, sobre las 18 horas, llegué a la Plaza de Neptuno a una manifestación convocada y expresamente autorizada. A las 19.30, aproximadamente, en una carga, ayudé a levantarse a una joven que estaba caída en el suelo mientras era golpeada por la policía. La policía me empezó a golpear a mi también, siendo arrestado. Permanecí cuatro horas encerrado en una furgoneta, con otros cinco detenidos, con enorme calor y falta de aire, además de dolorido por los golpes recibidos. Después fuí llevado a las dependencias policiales de Moratalaz, donde les recibe una barrera de Policías Nacionales con la cara cubierta con un pasamontañas, casco y la porra en la mano. Inmediatamente fueron puestos todos mirando a la pared, uno al lado del otro, con la orden de mirar única y exclusivamente hacia la pared. Alguno de los detenidos llegó incluso a desmayarse. Yo solicité un vaso de agua y la respuesta fue: "tú, mira para adelante y calla". Así estuvimos más de dos horas. Posteriormente, fui visto por los servicios médicos, observándome contusiones por todo el cuerpo, zona periorbital derecha y clavícula derecha. Adjunto parte médico como Documento número 21. Finalizada la revisión médica, se me puso de nuevo de cara a la pared durante más de una hora. La actitud de los funcionarios de policía fue en todo momento prepotente, desafiante y despectiva.

20.-Hechos relativos a Saul Calvo Lafarga Pasadas las 23h15 de la noche del día 25 de septiembre, subía por la acera del paseo Recoletos, desde Cibeles a Colón, abrazado a mi novia. Nos cruzamos a un policía que llevaba a un detenido (Miquel Catalán). A unos metros bajaba otro policía con una chica detenida (Patricia Nieto). Cuando nos cruzamos a la misma altura, el policía me cogió por el cuello con su brazo izquierdo al grito de “otro guarro más”. Me tiró al suelo y empezó a golpearme en todas las partes de mi cuerpo. Me esposó con los grilletes y me forzó los brazos, retorciéndomelos y clavándome los grilletes. Apareció otro policía golpeándome en la cabeza, me dio patadas, pisotones, puñetazos. Al cabo de unos 3 minutos dejaron de golpearme, quedándome en el suelo bocabajo, magullado y esposado. Más tarde se acercó uno de ellos, se agachó, me cogió del pelo, me dijo que en la comisaría me iba a meter en una habitación, sin el uniforme, ni la

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pipa, ni la porra, y que me iba a machacar a golpes, me iba a destrozar sin que nadie lo pudiera grabar. Me golpeó con la cara en la acera y me dio puñetazos en la cara. Me quedaría en el suelo durante unos 10 minutos. De ahí nos llevaron a la comisaría de Moratalaz en un coche donde íbamos 3 detenidos. En la comisaría reconocí al policía que me había amenazado en la detención. Tras leerme mis derechos y la imputación me apartaron del resto del grupo de detenidos, situándome en un lugar fuera de las cámaras. Este policía se acercó a mí y me volvió a amenazar. Me dijo que estaría esperándome a la salida de los juzgados de plaza castilla, que me seguiría hasta mi casa y que me partiría las piernas y las rodillas con un bate de beisbol. Puedo identificar a este policía tanto por su cara como por su voz. Trato en la comisaría Entre con otros 2 detenidos a la comisaría de Moratalaz y nos dejaron en el pasillo de la entrada donde había más detenidos. Todos estábamos atados por las muñecas y brazos atrás, de pie y de cara a la pared, sin permitirnos hablar ni mover. En esta posición nos tuvieron más de 3 horas antes de ingresar en los calabozos. Pedí repetidas veces un poco de agua, negándonosla sistemáticamente. Lo mismo ocurría con los que solicitaban ir al baño. En un momento me hicieron pasar a una habitación contigua donde me leyeron mis derechos y me requisaron mis pertenencias. En la puerta de dicha habitación había 5 policías de la U.I.P. y reconocí al que me había amenazado en el momento de la detención. Cuando me sacaron de la habitación me dejaron en el pasillo, a parte del resto de los detenidos, fuera del ángulo de la cámara de vigilancia. Entonces dicho policía se acercó y me volvió a amenazar. Me dijo que estaría esperándome a la salida de los juzgados de plaza castilla, que me seguiría hasta mi casa y que me partiría las piernas y las rodillas con un bate de beisbol. Después me volvieron a juntar con el resto de detenidos. Al leerme los derechos solicité asistencia médica y me contestaron que “iba para largo” porque en ese momento no había médicos, pese a que eran muchos los detenidos heridos y a la espera de dicha asistencia médica. Durante la espera seguí solicitando agua para todos los detenidos, aunque nos la negaron. Pasó mucho tiempo hasta que vino un equipo del SAMUR. Este no hizo ninguna evaluación de los heridos para darle prioridad a los más urgentes, sino que primó el orden impuesto por la policía, un orden burocrático, sin contemplar la opinión especializada de un médico. Cuando llegó mi turno, la médico me empezó a atender con las muñecas atadas, a pesar de que tenía los antebrazos muy dañados e inflamados. Pedí a un policía que pasó por la sala que me soltara para que pudieran curarme las heridas de los antebrazos, tras pensárselo y darse cuenta de la gravedad de las heridas al final me dejaron los brazos libres, pudiéndome así aplicar hielo para rebajar la fuerte inflamación. También pedí agua al médico, me dijo que solo tenía suero y que era la policía la que nos tenían que dar agua, aunque no se lo sugirió a ellos. Al minuto entro una policía avisando de que se había desmayado unos de los detenidos, golpeándose la cabeza contra el suelo y que tenía los ojos en blanco. Salieron a atenderle. Cuando regresó la médico y un policía les recordé que nos estaban negando el agua sistemáticamente. Entonces la médico sugirió a la policía que nos dieran un poco de agua, recalcando que sino habría más

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desmayos entre los detenidos. No fue hasta entonces que nos ofrecieron un sorbo de agua. Me ofrecieron 1 botellín de 50cl de agua y al ver la sed que tenía, me dijeron que “de que vas, este botellín es para todos los detenidos, tu verás si quieres que los demás beban algo”. La médico redactó su parte médico correspondiente y después me volvieron a reagrupar con el resto de detenidos, de cara a la pared. Conservé el hielo aplicándolo en los antebrazos. Estuvimos durante horas de cara a la pared, de pie, soportando continuas vejaciones y amenazas por parte de los policías que nos custodiaban. Al final, al cabo de más de 3 horas, nos trasladaron a los calabozos. En los calabozos de la comisaría el maltrato psicológico se hizo notar desde el mismo instante que llegamos. Los gritos, insultos y desprecios fueron constantes, pero a pesar de ello mantuvimos la serenidad, evitando caer en las provocaciones de la policía. Hacían caso omiso a nuestras llamadas, ya fueran solicitando ir al baño o ayuda médica. En mi caso, solicité la ayuda médica puesto que me dolía mucho la parte de las costillas, impidiéndome respirar con facilidad. La noche del 26 al 27 nos dejaron encerrados más de 12 horas, desde las 22h hasta más tarde de las 10h del día siguiente. Pese a la insistencia de la llamada para poder ir al baño e hidratarse un poco, nadie se presentaba, tardando más de 2h en hacer acto de presencia algún policía para abrirnos la celda. Cada vez que nos dejaban salir al baño, nos encontrábamos a 3 o 4 policías en el pasillo apremiando y amenazando a los detenidos. Se nos negó una simple pastilla de jabón con la cuál poder asearnos y así mantener la higiene durante las más de 40 horas que estuvimos retenidos en la comisaría. La comida suministrada no garantizaba el mínimo de nutrientes necesarios. Ausencia por completo de productos frescos, en consecuencia ausencia de vitaminas. Además todas las comidas fueron idénticas, la misma ración de legumbres con productos cárnicos, sufrido especialmente por los vegetarianos presentes. La pobre alimentación añadida a la insuficiente hidratación hizo mermar las fuerzas de los detenidos, haciendo la reclusión más larga y difícil. La tarde del jueves 27 de Septiembre nos trasladaron a los juzgados de plaza Castilla. Solicité la visita del médico-forense puesto que a lo largo de mi estancia en los calabozos de la comisaría me fueron apareciendo múltiples dolores producidos durante la detención. La médico que me evaluó no se levantó de su asiento para comprobar el tipo de heridas y contusiones que tenía. Además se negó a releerme el informe que había escrito, lo cual me hizo dudar muchísimo de su profesionalidad. Tengo fotos del estado en que me encontraba tras la detención. Fotos y parte de lesiones en los que se puede apreciar cómo estaba mi cara que adjunto como Documentos número 22 y 23. 21.- Hechos relativos a Antonio Javier Jiménez Chillaron El día 25 de septiembre del año en curso, asistí a la manifestación convocada bajo el lema “Rodea el Congreso”, con la intención de hacer uso de mi derecho de petición, y en actitud siempre pacífica. Quise, junto con otras personas, presentar un escrito en el Congreso de los Diputados, pero los agentes que estaban allí no nos permitieron el acceso al mismo que estaba del todo blindado.

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Dado que no se nos permitía acceder a la calle Zorrilla para lo expuesto anteriormente, volvimos a la Plaza de Cánovas del Castillo dónde, apenas habíamos llegado, ví cómo una persona yacía en el suelo junto a la primera de las vallas con los ojos en blanco y una fuerte inflamación y enrojecimiento de la frente, por lo que me vi en la obligación ciudadana y humana de prestarle auxilio, estando herido como estaba. Me acerqué a él con la sola intención de levantarlo y llevarlo a un lugar más tranquilo para que recibiera asistencia médica. Tras llevar a su cuerpo junto a la valla y comenzar a levantarlo, llegaron varios agentes del CNP y, sin mediar palabra me golpearon repetidamente de manera brutal e la cabeza y espalda, haciéndome caer pisando mis gafas y, en un primer momento haciendo retirarme de la valla apenas unos metros, para luego agarrarme entre varios y arrastrándome pasar por el cordón policial, dónde procedieron a arrestarme a la vez que proferían insultos tales como “gilipollas, ves lo que has conseguido?”, “idiota, más te valdría estar trabajando”, a lo que yo les respondía, “me dais vergüenza, pensad que también estamos luchando por vuestro hijos y por vosotros”. Tras meterme en el furgón a mí y a la persona a la que yo pretendía ayudar que, en cuestión de cinco minutos estaba lleno con otras cuatro personas más, fuimos conducidos a las dependencias policiales y posteriormente fichados y encarcelados, sufriendo durante el transporte en repetidas ocasiones frenazos bruscos que provocaban a los allí transportaos, caídas al suelo y golpes contra las paredes del vehículo policial. Tengo como prueba la factura de las gafas que me rompieron en la detención y partes médicos que acompaño como Documento nº 24 y 25. 22.- Hechos relativos a la detencion de Estela Díaz Gutierrez Acudí junto con mi novio, Wilber Díaz Gutiérrez a la manifestación convocada por “Democracia Real Ya” en Neptuno el 25 de septiembre de este mismo año. Pero en ningún caso mi intención era asaltar el Congreso de los Diputados como se me acusa en estos momentos. Esa tarde en la concentración me encontraba con mi novio en mitad de la gente. Mi estatura no es elevada por lo que yo no alcanzaba a ver lo que ocurría delante de mí. En un momento determinado la gente que estaba delante empezó a retroceder, entonces nos empezamos a tropezar y mucha gente caímos al suelo, yo quedé debajo del todo y fui una de las últimas personas que se levantó. Al incorporarme un antidisturbios comenzó a pegarme con la porra en destintas zonas de mi cuerpo; entonces mi novio al ver lo que ocurría vino a por mí, me cogió de la mano y comenzamos a correr, pero el antidisturbios me agarró de la sudadera y volví a caerme al suelo junto con mi novio, éste se puso encima de mí para que no me pegaran pero aun así siguieron pegándome y él, por estar conmigo también recibió golpes, algunos de ellos en la cabeza. El antidisturbios me cogió del cuello para llevarme detenida, no me dejaba respirar, yo le decía con la voz entrecortada que por favor me soltara, que me estaba ahogando, pero no parecía importarle. Nos llevaron a mi novio y a mí al otro lado de las vallas, allí se encontraban los furgones policiales, donde nos dijeron que nos detenían sin darnos ningún tipo de explicación y nos esposaron. Mi novio estaba muy mareado y desorientado debido a los fuertes golpes recibidos en la cabeza, cuando fue a entrar en el furgón perdió unos segundo la consciencia y los policías no le asistieron, sencillamente le agarraron y le empujaron con fuerza para meterle en el furgón. Yo en todo momento preguntaba que qué habíamos hecho y que por qué motivo estábamos siendo arrestados pero no nos decían nada. Cuando llegamos a la comisaría de Moratalaz personal del SAMUR nos asistió. Después, en un despacho me leyeron

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mis derechos y el motivo por el que había sido detenida, en mi caso era por alteración del orden público. Lo tuve que firmar. En cuanto al trato recibido en los calabozos de la comisaría de Moratalaz tengo que decir que no recibí el trato digno que se merece una persona. La primera noche que pasé en mi celda tuve que miccionar en ésta después de estar bastante tiempo gritando para que por favor alguien me abriera para ir al servicio, pero al parecer nadie me escuchaba así que tuve que hacerlo allí. Esa noche también me consta que otra chica tuvo que hacer sus necesidades en su celda tras estar mucho tiempo gritando y suplicando sin éxito que por favor fueran a abrir su celda para ir al baño. Yo escuchaba cómo mi novio y sus compañeros de celda solicitaban para éste asistencia médica al continuar muy mareado y estar vomitando, así que al escuchar en un momento determinado a un guardia pasar por los pasillos del calabozo le pregunté cómo se encontraba Wilber y me dijo riéndose que estuviera tranquila que él ya había vomitado todo lo que tenía que vomitar. Al día siguiente por la mañana al ir al servicio me di cuenta que no podía apoyar el pie, me dolía mucho el tobillo y deduje que tenía un esguince leve. Recuerdo haber hablado con 3 ó 4 policías solicitando asistencia médica pero no me hicieron caso, uno me dijo que sí que vale que luego vendría y no volvió en ningún momento, otro me dijo que lo iba a comunicar y que ahora vendría a decirme lo que fuera y tampoco volvió a decirme nada, hubo otro que me dijo que para estar tumbada que no necesitaba utilizar el pie así que, que me aguantara. Cuando subí a declarar ante la policía y en presencia de mi abogada le comenté al policía que estaba allí lo que me ocurría en el pie y a los 15 minutos me llevaron a un centro de salud para vendarme. En otras ocasiones pedía un analgésico o antiinflamatorio ya que me dolían los golpes y el tobillo, de hecho el médico me lo pautó pero seguían sin hacerme caso, me daban largas pero al final no me traían nada. Con mis compañeras exactamente igual. En general para que nos hicieran un poco de caso teníamos que ponernos a gritar y a hacer ruido, tanto para recibir asistencia médica, como para ir al baño o para recibir cualquier tipo de medicación, que en la inmensa mayoría de las veces no la facilitaban. En una ocasión cuando dos policías repartían la comida se quejaban de nuestro comportamiento, no entendían que les reclamáramos “tantas cosas”, nos decían que ellos ya nos sacaban a beber agua y a orinar y que qué más queríamos. Tras las primeras 24 horas y haber cambiado dos veces de celda me cambiaron una tercera vez a una celda de aislamiento con una compañera que ya permanecía allí. De allí no salimos en todo un día ya que la celda poseía baño. Su puerta únicamente tenía un círculo de cristal que era nuestra única conexión con el exterior ya que las personas de fuera casi no nos escuchaban y las luces las teníamos la mayor parte del tiempo apagadas. Tras 48 horas en el calabozo nos llevaron al Juzgado para declarar ante el juez, allí estuve con mi abogada y cual fue mi sorpresa cuando me enseña mi atestado y leo que el motivo de mi detención es pegar una patada en el estómago a un antidisturbios, cuando en la comisaría firmo un papel en el que pone que soy detenida exclusivamente por alteración del orden público. Tras declarar ante la juez y ser vista por la médico forense nos dan la libertad condicional y leo en el parte de libertad que estamos imputados todos de manera conjunta por atentar contra las altas instituciones. Los delitos de los que me acusaban habían crecido de manera exponencial. Tengo que decir muy alto y claro que yo no derribé ninguna valla, ni lancé objetos, ni me resistí, ni agredí a ningún policía. Existen múltiples vídeos que demuestran lo que digo. Mi único “delito” fue estar en medio de una concentración legalmente autorizada que fue reprimida de forma violenta por la policía. Aporto como documento 26, los partes de lesiones.

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23.- Hechos relativos a la detención de Wilber Díaz Gutiérrez. El día 25 S acudimos mi novia –Estela Díaz González-y yo a una concentración convocada por Democracia Real Ya en Neptuno. Estábamos situados a varios metros de la valla, no llegábamos a divisarla debido a la aglomeración de gente. Nos encontrábamos manifestándonos de manera pacífica. Al principio el ambiente parecía estar tranquilo, pero poco a poco se empezó a caldear y en un momento determinado la gente empezó a correr hacia nosotros debido a una carga policial. A continuación se sucedió otra carga, entonces, la gente empezó a correr y a caerse; nosotros fuimos aplastados por la multitud y al incorporarnos mi novia comenzó a ser agredida por un antidisturbio con la porra, al ver lo que sucedía fuí a ella la cogí de la mano y salimos corriendo pero el antidisturbio la volvió a coger de la sudadera y volvimos a caer ambos al suelo, la siguieron pegando y yo me agarré a ella entonces me comenzó a pegar con la porra en la cabeza y me dejó inconsciente unos segundos, a continuación me arrastraron entre varios antidisturbios hacia la zona de los furgones policiales mientras me seguían agrediendo con la porra. Me pusieron detrás de una especie de quiosco situado detrás de las vallas en la zona de los antidisturbios dónde también situaron a mi novia y a otro chico. Permanecíamos sentados en el quiosco con las esposas puestas, allí intentaba tranquilizar a mi novia, no entendíamos nada, estábamos nerviosos y un poco mareados debido a los golpes. Después nos llevaron al furgón dónde había algún detenido, yo seguía algo mareado y en la puerta del furgón intento pedir durante varias veces explicaciones del motivo de nuestra detención, si no estábamos haciendo nada, me dijo un agente que me callara, que me iba a caer un puro que me iba a cagar. Llegó otra agente con otra persona detenida y yo empecé a marearme y a caerme al suelo pero el agente que me tenía agarrado me empujó hacia el interior de la furgoneta de manera violenta. Pedí el número de identificación a varios policías pero ninguno de ellos quiso identificarse. Yo seguía algo mareado pero lo único que quería era que mi novia no lo pasara mal y que supiese que yo estaría con ella. En el furgón policial yo seguía mareado y mi novia en todo momento pedía asistencia médica para mí. Fuimos trasladados en el furgón a la comisaría de Moratalaz. Primeramente fuimos asistidos por personal del SAMUR, nos chequearon y nos hicieron un parte médico. La médico que me atendió me dijo que si a lo largo de la noche sufría algún mareo o refería náuseas inmediatamente avisara a un agente para ser atendido por personal sanitario ya que esos síntomas pueden ser secundarios de hemorragia. Después nos llevaron a un despacho dónde una agente policial nos leyó nuestros derechos y nos dijo el motivo de nuestra detención, en mi caso fue por alteración del orden público y por otro motivo que no consigo recordar debido al nerviosismo q en ese momento vivía. Firmé ese papel. Nos bajaron a una celda, allí nos encontrábamos las mismas personas que fuimos trasladadas en el furgón. Fueron llamándonos uno a uno para que nos quitáramos los cordones de las zapatillas y de las sudaderas o cualquier objeto con el que pudiésemos dañarnos como pulseras, anillos, piercings, los sujetadores a las chicas... y fueron llevándonos a nuestras celdas, en ese momento me separé de mi novia, nos pusieron en celdas diferentes. Me pusieron con 4 ó 5 personas en la misma celda pero al encontrarme mal empezamos a pedir asistencia médica. Tardaron más de diez minutos en hacernos caso, en ese momento llegó un agente que me sacó de esa celda y me llevó a la que habíamos estado en un principio. Estuve allí durante varios minutos muy mareado y con náuseas, le decía que llamase a un médico pero no me hacían ningún caso, me decían con rintintín que sí, que ahora le llamarían. Intenté tranquilizarme y dormir, a ver si todo pasaba y se me quitaba el mareo, en ese momento empecé a escuchar comentarios de los agentes insultándonos e incluso comentarios entre ellos, un agente le decía a

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otro: ¿ les damos a esta gente mantas? y el otro le contestó: que se jodan, no creo que se mueran de frío. Yo seguía mareado. Al rato vino uno de los guardias y me preguntó que si me encontraba bien, le dije que no, que estaba muy mareado, fui al baño, vomité, me eché agua y me lavé las heridas que tenía en la boca, ya que hasta ese momento no nos ofrecieron agua. Al salir del baño el agente me dijo que si quería una manta y le pregunté que si no iba a venir un médico, me dijo que sí, que en un rato. Me acompañó a coger una manta y me llevó a otra celda dónde se encontraba otra persona, también manifestante. Seguía encontrándome francamente mal pero no recibí en toda la noche la asistencia médica que reclamé. Al día siguiente, temprano, nos ofrecieron ir al baño, había que aprovechar esos momentos ya que no nos solían hacer caso, daba igual lo que reclamáramos. En ocasiones escuchábamos comentarios despectivos. Por la tarde fuimos a declarar ante la policía, aunque yo decidí no hacerlo ya que es opcional. En ese momento hablé con mi abogada, que me tranquilizó bastante. No nos dieron agua, a pesar de pedirla. Tras permanecer 48 horas en los calabozos nos trasladaron al Juzgado para declarar ante el juez. Cuando lo hicimos todos los manifestantes detenidos nos pusieron en libertad y nos dieron un papel que decía que todos de manera conjunta estábamos imputados por atentar contra las altas instituciones, en ese momento quedamos todos sorprendidos, incluso los abogados, ya que el motivo de nuestra detención no era ese. Quiero dejar claro que en la manifestación me comporté de manera pacífica, no arrojé ningún objeto, ni agredí a policía alguno, ni derribé ninguna valla, ni me resistí, lo único a lo que me dediqué fue a socorrer a mi novia que estaba siendo agredida de manera muy violenta. Me considero una víctima de toda esta situación. Aporto, como documento 27, partes de lesiones.

24.- Hechos relativos a la detención de Jose Cosín Me desplacé desde Málaga donde resido, con motivo de un caso judicial, así tras entergarle al procurador un escrito en relativo al caso Bankia, donde represento a la acusación popular, vi la concentración de personas en la Plaza conocida como Fuente de Neptuno. Incluso ignoraba que se tratara de la Plaza adyacente a las Cortes. Me acerqué hasta las vallas, momento en el cual pude ver como éstas cedían. Fue entonces cuando un agente de Policía desplazó violentamente una valla, golpeándome en la cara, motivo por el cual caí de rodillas al suelo. Me puso en “posición fetal”, mientras sentí como me golpeaban y escuchaba que algunas personas intentaban defenderme. Sentí como me arrastraban por el suelo, y al ver que era un policía, pensé que lo hacía para ayudarme puesto que estaba en una situación de peligro, debido precisamente al golpe recibido, justo en la sien, por la valla. Una vez dentro del perímetro de seguridad, me levantaron y golpearon la cabeza contra el quisco que se encuentra en la Plaza de las Cortes. Tras darme una patada que me dejó de rodillas, me introdujeron dentro de la furgoneta al grito de “el primer pavo” pude ver entonces una persona que me había intentado ayudar, como también lo habían detenido su nombre era Antonio Jimenez Chillarón.

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Mientras me fichaban escuchábamos las órdenes que se retransmitían por radio “han ordenado cargar y detened a todos”, pude escuchar a un policía, cuyo número de placa tengo apuntado en el anverso del informe médico. Pretendía que firmara la entrega de mis pertenencias en una bolsa, cuando ésta se encontraba abierta. Al negarme a firmar si no cerraban la bolsa ( podían introducir algo dentro) me dieron una “cachete”. Lógicamente, me negué a firmar. En la celda previa al encerramiento, uno de los detenidos sufrió un mareo ( tenía dos grandes golpes en la cabeza) motivo por el cual llamé a los guardías y al no hacerme caso, golpeé los barrotes con el zapato ( temía por la vida del compañero preso que se encontraba semiinconsciente en el suelo de la celda). Cuando vinieron, me llevaron a la celda más alejada. Cuando pedía agua, tardaban 8 horas en dejarme salir a beber. Tampoco me dieron comida la primera noche. Al preguntar a los guardias me respondieron que “se la habrá comido el ratoncito Pérez”. Al día siguiente tenía un cita en extranjería para evitar una orden de expulsión. Rogué, una y otra vez que me permitieran llamarle, o que le llamaran ellos, para que esta PERSONA pudiera ser asistida. Al ver mi insistencia me aseguraron que “lo hemos notificado a nuestros superiores y lo están gestionando” Era falso. Uno de los policías que me custodiaba me miraba de psicópata (cabeza agachada y ojos hacía arriba). Cuando nos transportaban hacia los juzgados de plaza de Castilla, el conductor accionaba el freno de mano, sabiendo que detrás, esposados y hacinados, éramos zarandeados como muñecos.

25.- Hechos relativos a la detención de Roberto Muñoz Laguna En el día de la fecha me encontraba en la manifestación, lugar plaza de Neptuno con el lema "rodea el congreso" sobre las 21:30 se produjo una carga policial en la cual me vi cercado por la policía sin escapatoria porque detrás mía había una gran aglomeración de gente por el suelo. Al estar manifestándome pacíficamente levante las manos en señal de no haber cometido delito alguno, inesperadamente comencé a sentir golpes de porras en cabeza y piernas, sin oponer resistencia alguna por mi parte, me detuvieron entre 4 antidisturbios retorciéndome los brazos y llevándome muy violentamente hacia el congreso, mientras me llevaban ya entre 2 policías les dije que no iba a oponer resistencia,me contestaron: “eso es lo que queremos, que intentes hacer algo para partirte la cara,hijo de puta”. Acto seguido me llevaron entre dos furgones de policía alejado de la vista de la gente y cámaras que pudieran ver lo que estaba ocurriendo, lugar donde me propinaron diversos golpes y agresiones sin motivo alguno, (patadas, bofetadas, e insultos)luego me pidieron mi documentación y cuando me eche la mano al bolsillo trasero de mi pantalón para sacar el dni y presentárselo, uno de ellos me retiro las gafas que llevaba puestas y me dio una bofetada muy fuerte en la cara: yo le mire a la cara y en actitud amenazante me dijo que no se me ocurriera mirarle a la cara, que mirase al suelo. Posteriormente uno de ellos se quito el casco, los guantes, y se encaró hacia mi diciéndome que “a ver si ahora tenia cojones a enfrentarme a el a solas” ;todo esto ya esposado con las manos a la espalda.

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Después de unos minutos me llevaron a una especie de jaula con el resto de detenidos, que habían montado con vallas, a la media hora me sacaron de allí y me llevaron a mi solo unos metros mas lejos y me pusieron cara a la pared y esposado manos a la espalda. Uno de ellos se me acerco y me dijo que si quería saber de lo que me acusaban y porque estaba detenido. Yo les volví a decir que no había hecho nada, me contestaron:”tu te callas, tu habrás hecho lo que me sale a mi de los huevos.......estas detenido por haber propinado un fuerte puñetazo a un agente en el pecho”(imputación totalmente falsa). Me retuvieron allí aproximadamente hasta las 0:00 horas sin dejarme mirar hacia ningún lado, solo hacia la pared. Acto seguido fueron llegando furgones para trasladar a todos los detenidos hasta la comisaría de Moratalaz. Una vez allí nos llevaron a todos los detenidos a una entrada de la comisaria y nos volvieron a poner de cara a la pared y esposados sin dejarnos hablar unos con otros: fuimos pasando de uno en uno; mas tarde nos atendió el servicio del Samur. Durante todo ese tiempo no nos dejaron ni ir al servicio, ni nos daban agua, fuimos sometidos a distintas clases de burlas y mofas por parte de los agentes, a la vez que alguno de ellos nos hacia fotos con su teléfono móvil. A altas horas de la madrugada un detenido se desmayo y cayo al suelo de bruces por cansancio y deshidratacion, propinándose un fuerte golpe con la cabeza en el suelo partir de ese suceso ya empezaron a dar agua a algunos detenidos y dejándonos ir al wc de uno en uno. Sobre las 5:30 de la madrugada después de que los 34 detenidos hubiesen firmado y pasado por asistencia del Samur fueron bajándonos en grupos de 7 personas hacia los calabozos. Durante casi 72 horas que estuvimos allí solo nos daban de desayunar un brik de leche con galletas para comer y cenar fabada sin un triste vaso de agua, día tras día. Pedíamos atención medica por que había compañeros con fuertes lesiones que necesitaban Atención; nos fue negada: no nos dejaban ir al baño a hacer nuestras necesidades y no nos daban ni agua, solamente salíamos 2 veces al día: una por la mañana y otra por la noche y es cuando aprovechábamos para coger agua del lavabo en tetra-brik vacíos o bandejas de plástico y poder llevarla a las celdas para beber agua cuando tuviésemos sed. Algunos de los detenidos hizo sus necesidades en la celda al no poder aguantarse y pedir por favor que les dejaran ir al servicio. Durante el tiempo que permanecimos allí fuimos sometidos a insultos, malos tratos, vejaciones, desprecios. El día 27 sobre las 17:00 horas fuimos conducidos hacia los juzgados de plaza castilla: antes de salir de la comisaria de Moratalaz y antes de subir al furgón escuche decir a unos de los agentes:”se van a cagar estos hijos de puta durante el trayecto”.

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Así fue, nos metieron entre 8 y 9 detenidos en cada furgón, cuando este solo esta acondicionado para trasladar a un máximo de 6 personas: algunos de nosotros íbamos esposados en grupos de dos y alguno en el suelo. Durante el trayecto fueron a toda velocidad trompeando y pasando por badenes, por lo que los detenidos que íbamos dentro nos golpeamos contra las paredes del furgón y entre nosotros, produciendo fuertes golpes. En algunos de los furgones echaron los agentes un producto desinfectante en el suelo, lo que producía asfixia y picores de ojos durante el trayecto de los detenidos a los juzgados. Acompaño parte de lesiones como documento 28. Por todo lo cual, AL JUZGADO DE GUARDIA SUPLICA que habiendo presentado este escrito con las copias y la documentación que lo acompaña, se sirva admitirlo a trámite y tener formulada DENUNCIA por los delitos que puedan derivar de los hechos contenidos en la presente denuncia. OTROSÍ DECIMOS.- Que para garantizar un proceso con todas las garantías en su vertiente de derecho al juez imparcial INTERESO que no se remita la presente denuncia al Juzgado 8 de Madrid que ha entendido de las Diligencias tras la puesta a disposición de los detenidos, con pronunciamientos sobre el fondo. Por ser de hacer en Justicia que se pide en Madrid a 20 de diciembre de 2012

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