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¿Por qué no me di cuenta?

Hace 5 meses, mi vida dio un vuelco impresionante. Todo era extraño.
Habíamos pasado 9 años juntos y nunca pensé que esto podría ocurrir. Esta
historia es una fase que ha pasado mi vida. Empecé a creer que la culpa era
mía, pero al tiempo te das cuenta de que algo sucede. Lo que os voy a
contar, son esos 9 años que pasé junto a Joan, un hombre de 25 años, una
carrera radiante y una especial sonrisa. Era el hombre perfecto. Sus ojos
eran grises y su pelo de un castaño claro. Dientes perfectos y siempre una
sonrisa preciosa. ¿Quién no se iba a enamorar de él? Yo no iba a ser menos.
Mis amigas decían que aquel muchacho era encantador, ya que habían
coincidido en clases con él. Pasando por la universidad, vi un cartel que
indicaba que el domingo había una fiesta de antiguos alumnos y profesores.
Era el momento de ver a mi amiga Verónica. Ella era una muchacha de 19
años, pelo rizado y muy, muy rojo. Tenía unos brillantes ojos azules y una
nariz con muchas pecas. Era buena estudiante además de espléndida
persona. Se tuvo que marchar ya que a su padre le habían dado un trabajo
en el extranjero. Pero a pesar de la distancia, no perdimos comunicación en
ningún momento. Estábamos a jueves cuando vi el cartel, así que me
quedaba tiempo para saber si mi amiga vendría, aunque siempre estaba en
todas las fiestas posibles. Esa tarde, me fui con unas amigas a comer fuera,
en un restaurante. Comí y me inflé de carne con salsa especial, con patatas
Boilage, (el nombre del restaurante) y ensalada con poca lechuga y mucho
aceite. Para mi gusto, asquerosa. Pero eso no era lo importante, sino que al
salir, vimos a Joan en la entrada. Mis amigas, a las que les contaba todo,
sabían que me gustaba, así que me intentaron convencer de que le dijera
algo, pero no consiguieron nada. No iba a ceder. Yo he sido siempre muy
vergonzosa y siempre lo seré. Nos quedamos en la puerta. Él, estaba
apoyado a una columna mientras nosotras disimulábamos que buscábamos
algo en un bolso. De repente, así porque sí, vino una mujer de
aproximadamente 29 años y que se quedó también apoyada en la columna.
Se quedaron sin hablar durante 5 minutos y después, la mujer empezó a
decir algo. No se escuchaba muy bien porque le hablaba demasiado flojo y
había mucho alboroto fuera. Lo que pude deducir, fue que le pedía perdón
por lo ocurrido y que no debería haberlo desafiado, cosa que no entendí.
Estaba todavía buscando en el bolso, cuando me di cuenta de que la mujer
se había ido junto con Joan, ya no estaban. Entonces les dije a mis amigas
que me tenía que irme, ya que mi padre me echaría la bronca si no estaba
allí a las 4:00. Esperé la línea de autobuses 5, la que tarda más.
Efectivamente, al llegar a casa, la bronca estaba servida. Desde que murió
mi madre, se había convertido en una persona muy rara, y muy poco
permisiva, ya no me dejaba salir tanto como antes, y sus horas de llegada
eran demasiado exigentes para una persona que acababa de cumplir la
mayoría de edad. Siempre he pensado que el gran problema de mi padre
fue no afrontar la muerte de mi madre y refugiarse en la primera persona
que vio, Rocío, una mujer de armas tomar y de la cual prefiero no hablar
mucho. La antipatía es mutua.
Siempre que me he sentido desprotegida o mal en algún sentido, me he
refugiado en mi álbum. La foto que observaba era del año 2001, el último
año de vida de mi madre. Después de 2 años te das cuenta de todo lo que
pasaba. Que mi madre no iba a volver y que no lo haría nunca. Al lado de la
fecha vi mi nombre, Cristina Berlanga. El nombre me lo puso mi madre y el
apellido, mi padre. El apellido de mi madre estaba muy escondido,
Benavente. Era el segundo apellido y que con el tiempo me hubiera gustado
ponerlo el primero. Bueno pues ese es mi nombre, Cristina Berlanga
Benavente. Mis amigas me llaman Cris y si me quieren llamar por mi
apellido, Berli. Pasé de hoja, para ver más fotos. Vi una de una mujer y un
hombre muy, muy jóvenes. Supongo, que eran mis padres. Ellos se conocían
desde los 14 años e iban juntos al instituto. Se casaron con 20 años y a los 4
años nací yo y mi gemela, o eso me contaron. Mi gemelo, se murió al nacer.
Era una niña y pensaban ponerle Claudia. Por una parte me pone triste
porque ella ahora estaría aquí conmigo y podría ayudarme a decirle a Joan
algo. Eso era lo que necesitaba, un consejo familiar. A mi padre, no le iba a
contar nada y mis amigas no eran el apoyo que yo necesitaba en esos
momentos. Las dos personas que necesitaba en ese momento, se habían
ido. De repente, al pasar la hoja, vi un montón de fotos. Pero no eran de mi
madre, mi padre y yo. Eran de Rocío y mi padre. ¿Quién habría metido allí
las fotos? Yo desde luego no. Se me pasó por la cabeza de que pudo haber
sido Rocío porque mi padre sabe que mi álbum no se toca. Además no sería
capaz. Ni siquiera lo tocaba. Para él, mi madre no existía, pero se engañaba
solo. Mi padre no quería ver a mi madre en fotos, le ponía muy triste. A
Rocío tampoco le gustaba que le enseñara fotos de mi madre a mi padre.
Ella quería destruir nuestra familia más de lo que estaba. Yo no me sentía
bien. Por eso tenía claro que en cuanto me enamorara, me casaría con él y
me iría de casa. Lo planeé cuando mi madre se murió. No soportaba a mi
padre en aquellos momentos. Rompí las fotos horribles de Rocío y mi padre.
En ese momento me acordé de Verónica. Era la única amiga que tenía que
parecía una hermana. Le había contado todo lo de Joan. Pero hacía tiempo
que no nos veíamos así que le llamaría más tarde para saber si viene.

Al día siguiente, me levanté a las 6:30. Me di una ducha bien calentita, me
vestí y me hice un vaso de leche con cacao. Luego cogí el 5 y me fui a la
universidad. Tenía a primera hora didáctica y no estaba para tal clase, no
tenía ganas. Estaba cansadísima. Tuve dos clases más y luego me fui a ver
el tablón de anuncios. No estaba en la lista de los mejores estudiantes. De
repente, me choqué con otra persona. Como es de suponer, esa persona era
Joan. Me miró y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa. Cuando llegué a casa, no
había nadie. Ni mi padre, ni Rocío. Vi una nota encima de la mesa: <<
Tienes la comida en el microondas >>. Miré en él y vi un plato de
macarrones. Me lo comí y me subí a mi cuarto a hacer las actividades.
Llamé a Verónica que me reconoció en seguida y se puso muy contenta.
Empezó a contarme que estaba enamorada de una persona y sí, lo
reconozco, me daba envidia. Por lo contenta que estaba y lo enamoraba que
estaba de Eddie, un chico de su edad que, tal me definía, era encantador.
Luego, le pregunté si podría venir el domingo a la fiesta y así podría ver a
Joan. Estuvimos hablando mucho rato. Tras esto, estuve todo el día en mi
casa estudiando.

Llegó el domingo. Yo, estaba muy ilusionada. Me puse un vestido rojo, unos
zapatos de tacón y un moño. Cuando llegué a la fiesta había muchísima
gente. Allí estaba Joan y mis amigas. Pero a Verónica no la encontraba. Si
estuviera, la habría visto al llegar. De repente, en ese momento, vi a una
chica de pelo liso y rubia. Me saludó, pero yo no sabía quién era. Luego, me
di cuenta de quién era. Era Verónica. Nunca la había visto así, tan cambiada.
Después me vino mucha sed, así que fui a por bebidas. Allí, me encontré
con Joan y fui el primer momento en el que hablamos. Solo me hago una
pregunta, ¿Por qué no me di cuenta? Esa es la pregunta que me he estado
haciendo siempre. Después de esto, vino el lunes, martes, miércoles, jueves
y viernes y todos esos días, me hablaba. Luego, llegó a más. Me invitaba a
fiesta y más tarde, llegaron las cenas en su casa, ya que él no vivía con sus
padres. A mí, me gustaba pero no estaba segura de si era el momento. Pero
después me dio igual porque creía que era el hombre de mi vida, ¿Cómo
pude ser tan tonta? En fin, empezamos a salir como pareja. Yo estaba muy
contenta, enamoradísima, tanto que me quedé sin amigas, llevábamos 4
meses saliendo. Pero a mí eso me daba igual, tenía a Joan. Era la única
persona que me entendía. Bueno pues ahí estaba yo, vestida con mi vestido
azul por las rodillas y pelo liso recogido en una coleta. A punto de ver a mi
amado, me encontraba en el lugar de la cita. Y ahí estaba Joan. Con
chaqueta y corbata. Lo veía una persona especial y de la que nunca se
espera nada malo de él, que equivocada estaba… Me sonrió (la misma
sonrisa de siempre, su estrategia para ligar) y luego me cogió de la mano y
me llevó a la mesa que estaba reservada. Esa noche comí una carne
blandita y con salsa de roquefort, patatas asadas y ensalada con muchos
condimentos. Esta comida, sí estaba rica. Estuvimos hablando de si yo me
iría a vivir con él o de si tendría hijos, yo en esos momentos no lo entendía.
Pero en el postre, estaba más nervioso. Ya no hablaba. Y de repente soltó 4
palabras, 4 simples palabras: ¿Te quieres casar conmigo? Yo, tan solo tenía
19. No sabía que decir. Le quería y en esos momentos yo me creí que era el
momento de empezar mi vida, así que acepté. No le dije nada a mi padre y
en cuanto se acercaba el día, se lo dije. Me echó de casa y no me volvió a
hablar. No me respondía a las llamadas ni a las cartas. Hizo como que nunca
hubiera existido. Me olvidó, como hizo con mi madre. Llevé el vestido de
boda de mi madre, me quedaba como un guante. Quise seguir los mismos
pasos de mi madre, todo perfecto. Después de la boda empezaron mis
desdichas. Tan solo era una niña cuando empecé la historia y ahora,
después de 9 años, me doy cuenta de la barbaridad de errores que he
hecho. Bueno, nos mudamos a una casa muy bonita y grande. Sus padres le
dieron muchísimo dinero para que él y yo pudiéramos crear una familia. Se
llevó todas sus pertenencias como ese dichoso cuadernillo. No sabía que
contenía ya que nunca me lo contaba, así que decidí dejarlo en paz, a lo
mejor era simplemente trabajo. Él no dejó en ningún momento los estudios,
al contrario que yo, siguió con su carrera. Era él quien traía la comida a
casa. Bueno como iba diciendo, la casa era enorme. Estaba segura de que
íbamos a ser felices para siempre y que nunca iba a ocurrir nada malo. Al
principio, se iba encargando de las cenas, citas, salidas. Pero no duró
mucho, solo 1 año, porque después empezó lo malo. Un día, vinieron unos
amigos suyos a comer a casa. Había pollo y como siempre, la comida la
hacía yo. Por lo visto, en un despiste mío, se me quemó. Me empezó a decir
palabras ofensivas y dolorosas. Me humilló y sus amigos se rieron de mí.
Ellos le animaban para que me siguiera ofendiendo.¿Qué amigos serían
esos? Pero me retiré sin protestar. Cuando se fueron, él no me pidió perdón.
Pero lo dejé pasar, ya que no volvimos a hablar de ello. Pero la cosa siguió
así. Y ya me insultaba cuando estábamos en la calle, en casa, delante de la
gente…pero a él no le importaba. Empecé a pensar que tenía la culpa. Pero
yo ya no podía más así que un día le pregunte por qué me decía aquellas
cosas. Él me pidió perdón y me prometió que no lo volvería a hacer. Estuvo
muy atento durante varios días. Pero las tareas de la casa las seguía
haciendo yo. Sí, yo seguía siendo una niña y no me daba cuenta de que no
me trataba bien.

Un día, íbamos por la calle cuando de repente me empezó a chillar porque
había pisado un charco. Me llamó inútil y me empujó. Ese fue el primer
moratón que tuve de él y llevábamos ya años de casados. Cuando me iba a
mi trabajo si alguien me preguntaba sobre los moratones yo siempre decía
lo mismo: me caí por las escaleras o me tropecé con una pelota. Nunca me
atrevía decir lo que me pasaba. Desde el punto de vista de una maltratada,
es una cosa horrible y no puedes decir nada por temor a que suceda algo
inesperado. Claro que, qué iba a suceder algo peor que ser maltratada y
humillada. Además, hace poco estaba embarazada de él y yo, a pesar de
todo, le amaba, le quería. Siempre me lo tomaba como si hubiera tenido un
mal día, nunca le reproché nada. Lo que nunca quise decirle fue el
embarazo, pero no pude guardarlo eternamente. Mi barriga crecía porque
tenía a un niño dentro creciendo, hacía comida doble para él y una sanísima
para mí. Y entonces empezó lo peor. Me agarraba de la muñeca y me la
retorcía mientras subía arriba. Me empezaba a soltar palabras horribles en
el oído. Luego me pegaba en la cara y me tiraba al suelo. Yo me arrastraba y
me retiraba para atrás. Pero me cogía del pelo y me arrastraba hacía él. Y
vuelta a empezar. Desde ese momento, no estaba tan enamorada de él.
Cuando se empezó a dar cuenta de que estaba embarazada fue cuando se
lo dije. Ese día, me arrepentí de haberme casado, de haberme olvidado de
mis amigas y sobre todo me arrepentí de haber cometido el error más
grande de mi vida, contarle lo del embarazo. Ese día me pegó y rompió
todos los cuadros de barquitos que tanto me gustaban, todos los vasos de
colección de mi madre y destruyó a mi bebé. Me empujó hacía la pared y
me agarró del cuello. Entonces, en la otra dirección, me soltó y caí boca
abajo. Me dolió muchísimo la barriga y yo me arrastraba por el suelo, ya que
no me podía mantener de pie. Joan se fue. En cuanto salió, llame a una
amiga mía. Al principio me empezó a chillar y a decirme que no quería
hablar conmigo y, fue, cuando entre gemidos, le dije que me ayudara. Vino
en seguida, ya que vivíamos cerca; me vio tirada y me llevo corriendo al
hospital. Como me temía, había perdido a mi bebé. El doctor me curó las
heridas. Yo le dije que me había caído por las escaleras. Mi amiga, como es
de suponer, no se lo creyó y empezó a interrogarme. Y entonces me puse a
llorar con una magdalena. Le dije que Joan me pegaba, me humillaba y que
rompió todas las cosas que me gustaban. Ella me abrazó y me aconsejó, dijo
que le denunciara y que ella me acompañaría, pero yo no sabía si eso era lo
correcto. Cuando volví a casa, Joan estaba durmiendo. Me puse a recoger
mis cosas, ya que me iba a ir a casa de mi amiga. Cuando me dispuse a
irme, me encontré encima de la mesa, el cuadernillo que llevaba siempre
Joan. Entonces, lo leí. Ponía varias fotos de varias mujeres. La última foto
era de una mujer a la que reconocía. Era la mujer que hablaba con Joan
hace tiempo en el restaurante Boilage. No supe, ni me contó, nada de ella.
Encima de todas las fotos ponía: Mujeres que me ha desafiado y han
recibido su merecido.

Escuché la voz de Joan por detrás y me giré. Tenía un cuchillo en la
mano y me agarró de la muñeca. Me dijo que ahora pondría la foto mía en el
cuadernillo. También, me dijo que todas las mujeres eran inferiores a los
hombres y que si a él le daba la gana, las pegaba y si quería las mataba. Se
dispuso a cortarme las venas, cuando una patrulla de policías vino a
sacarme de la casa. Cogieron a Joan y me fui corriendo con mi padre que
estaba en la puerta, él fue quien avisó a la policía, por lo visto se había
enterado de todo gracias a mi amiga y lo abracé. Me dio un beso y me llevó
hasta el coche. A Joan lo cogieron y se lo llevaron a la cárcel. Pero me seguí
preguntando sobre la mujer de la puerta del restaurante. Pregunté a la
policía y me contaron que estaba en el hospital interna y en coma. La había
empujado hacía el suelo y el golpe fue terrible. Habían estado juntos 5
meses. A mí me extraño ya que nunca me enteré de que tuviera novia.
Entonces me acorde de las palabras sueltas de la mujer que le decía Joan y
era evidente que estaban juntos y todo encajaba. No me podía creer la
cantidad de mujeres que habían pasado por su vida. Según me contaron,
algunas relaciones duraban sólo 2 o 3 días. Empezó a matar con 17 años,
pero que nunca habían creído que fuera él, por eso no lo cogieron antes. Era
increíble que no estuviera muerta tras haber vivido con él 9 años. Bueno ahí
se acabó la historia de Joan.

Los 5 meses pasados, he estado viviendo con mi padre y ahora estoy
empezando a salir con Tom. Moreno y ojos azules. Pinta cuadros y estudia
medicina. Me entiende perfectamente. Sabe que me fío de él, pero no estoy
preparada para vivir con alguien que no sea mi padre ni mis amigas. En un
futuro me casaré con él. Estoy segura, de que es el hombre de mi vida. Es
independiente pero, la verdad, no puede vivir sin hablar todos los días con
su madre. Le quiero muchísimo. Aquí transcurre mi historia, mi futuro, no lo
sé, me puede deparar muchas cosas. Adiós.

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