El trá nsito, metá forá de lá sociedád

Por Graciela Gagliano, Gustavo Bellinsky y Guillermo Nicora

Publicado en MONJEAU, J.A. (editor) Conocimiento para la transformación II. Serie Investigación y Desarrollo, Mar del Plata, Universidad Atlántida Argentina, 2007

Introducción
El tránsito (qué duda cabe) es un problema complejo en nuestra sociedad. Este trabajo pretende llamar la atención sobre algunas dimensiones de esa complejidad, para proponer un camino de indagación multidisciplinaria que entendemos prioritaria. Las graves consecuencias personales de los accidentes relativizan, al pasarlos a un segundo plano, sus enormes costos económicos: el mantenimiento y operación de los servicios de emergencia vial y atención médica de urgencia, los gastos hospitalarios, prótesis y tratamientos de rehabilitación, las horas laborales perdidas y las incapacidades remanentes, el gasto de refacción o reposición de vehículos e instalaciones viales fijas dañadas en accidentes, la inversión en prevención y seguridad vial, el mayor precio de los seguros, las costas judiciales de los litigios civiles y penales vinculados con los accidentes de tránsito, componen una extensa matriz de costos que merece ser explicitada y desarrollada en profundidad para aportar datos duros (y no sólo argumentos humanistas que si bien debieran preponderar, están ciertamente devaluados en las discusiones economicistas) al debate sobre las políticas públicas y las prioridades de inversión presupuestaria. ¿Por qué en nuestra Universidad? No sólo porque es un tema cuyas múltiples facetas permite involucrar a todas las facultades. Existe además una razón vinculada con la comunidad a la que pertenecemos: en nuestra región, el tránsito es uno de los condicionantes de la actividad turística. Sin buenas condiciones de tránsito terrestre, muchas personas sienten un incentivo negativo para vacacionar en la costa. Las permanentes noticias trágicas sobre siniestros viales durante fines de

semana largos o de “recambio turístico” afectan no sólo la sensibilidad humana de todos nosotros: también son un factor considerable a la hora de tomar decisiones Este trabajo pretende aportar algunos elementos iniciales para un debate universitario sobre el tránsito. Sin perjuicio de algunos señalamientos y algunas profundizaciones en diversos aspectos del problema, nos interesa especialmente mostrar la amplitud del campo de investigación que tenemos por delante. Pero no sólo por la importancia que tienen por sí mismo los problemas del tránsito. Creemos que cuando hablamos del tránsito, no hablamos sólo del tránsito. Antes bien, intentaremos demostrar aquí que los problemas del tránsito operan como una metáfora de los problemas esenciales de la sociedad argentina. A la manera de un pantógrafo, cada curva, cada ángulo, cada línea de los conflictos de tránsito guarda correlación con varios aspectos de los conflictos que atraviesan nuestras comunidades. La exclusión, la solidaridad, el egoísmo, el abuso de poder, la violencia, las desventajas económicas, los discursos manoduristas, la huida hacia delante, el gatopardismo, la corrupción, la ineficiencia o la irresponsabilidad de los funcionarios públicos que integran los organismos estatales de control. Todo lo que nos pasa en el tránsito, nos pasa también en otros rubros de la dinámica social. Por lo tanto, cuanto más sepamos del tránsito, más sabremos de la sociedad. Esta es nuestra apuesta, y nuestra propuesta.

Accidentes, salud, conducta y educación: el factor humano
En la Argentina los siniestros de tránsito y transporte terrestre constituyen un grave problema de seguridad y salud. El año 2004 fue declarado por la Organización Mundial de la Salud “Año Mundial de la Seguridad Vial” señalando de esta manera la necesidad de implementar acciones tendientes a disminuir las cantidades alarmantes de muertes y discapacidades resultantes de siniestros viales. Las sociedades están conformadas estructuralmente en alguna clase de orden y al mismo tiempo en movimiento. El orden y el movimiento, la estabilidad y el cambio no son polos antitéticos sino parte del flujo histórico que tratamos de comprender y explicar, así también en el tránsito, orden y movimiento, movimiento y orden forman parte de su estructura. Accidente es definido en el Diccionario de la Lengua Española como “calidad o estado de una cosa sin que sea de su esencia”. Esto nos lleva a darnos cuenta de que el llamado accidente no es algo natural sino que es producto de un entramado de factores., entre ellos el Factor Humano que se manifiesta a través de la conducta y comportamiento de los individuos, y que es una entidad sumamente compleja compuesta de variables psicológicas, biológicas, sociales y culturales y según estadísticas y estudios epidemiológicos aparece como el principal responsable de los choques viales. Las variables citadas intervienen en el complejo proceso de construcción de la subjetividad que se expresa en la peculiar manera de ser y estar en el mundo. Este proyecto esta articulado sobre Educación Vial y Formación Ciudadana y como producto de esta articulación surge una Educación Vial formadora de ciudadanos responsables del uso de la vía pública. Una Educación Vial que permita comprender que los siniestros de tránsito son la consecuencia de múltiples factores y que a la vez destaque que los determinantes dependientes del comportamiento humano (Factor Humano) resaltan como los de mayor responsabilidad en la causalidad de los mismos.

La seguridad vial integra y forma parte de la política general de protección de los derechos humanos (DDHH), se advierte claramente que las consecuencias irreparables de pérdidas de vidas humanas, lesionados y discapacitados, así como los daños materiales, significan la vulneración de los derechos a la seguridad, salud y al goce de una vida digna. Los transeúntes afectados por siniestros de tránsito se enfrentan con un acto de violencia que afecta su derecho a la salud, a la integración social y, lo que es peor, su derecho a la vida. La educación en general representa una condición primordial para el desarrollo humano y es por ello que para establecer e incrementar la seguridad vial el recorrido propuesto es a través de una tarea educativa que forme al ciudadano en valores esenciales para la vida comunitaria como: tolerancia, convivencia, comprensión, cooperación y solidaridad. Una Educación Vial que forme ciudadanos que privilegien el interés colectivo sobre el individual, que tienda a formar conciencia vial que no solo previene choques sino que forma ciudadanos respetuosos de derechos y obligaciones. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (Bogotá, 1948) en su preámbulo dice: “Derechos y deberes se integran correlativamente en toda actividad social. Si los derechos exaltan la libertad individual, los deberes expresan la dignidad de esa libertad” y en su capítulo I art. 28: “Los derechos de cada hombre están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bienestar general” Que dicha formación permita incidir de manera significativa en la problemática vial y que posibilite el desarrollo de criterios éticos-sociales que promuevan y fortalezcan la calidad de vida centrada en el convivir. El sistema vial tiene como fundamentación la capacidad del ser humano de convivir, cooperar y ser solidario con el resto de los ciudadanos con los que comparte la vida en la vía pública. Para ser un buen conductor no es suficiente con adquirir destrezas y habilidades. Se trata de no "atropellar" los derechos de los otros. Cuando nos referimos a tránsito reconocemos que es un asunto de todos y que la seguridad vial nos afecta a todos por lo tanto hablamos de un Estilo de Vida que construimos entre todos. Lo social es gestado y portado por los seres humanos en tanto son configurados como tales por la interacción con los otros y el medio social al que también ellos configuran se va construyendo mediante interacciones. El tránsito configura un complejo marco de interacción social donde las tendencias del psiquismo de las personas se expresan a través de conductas y comportamientos. El comportamiento de los conductores, peatones y pasajeros no se ajusta a las normas legales establecidas y la constante transgresión caracteriza la conducta de unos y otros. Los comportamientos al volante tienen que ver con valores cívicos y aspectos técnicos, de la articulación que produzca cada persona de estos aspectos surgirá una modalidad de conducir. En general los comportamientos al volante son el resultado de una cultura del riesgo y desaprensión por las normas de seguridad vial lo que produce una degradación de la calidad de vida. Hoy sabemos que los siniestros viales constituyen una de las problemáticas de mayor prevalencia en Salud Pública, que deja secuelas en el cuerpo y psiquismo de los que sobreviven, de las familias, produciendo también gastos no deseados en salud. Por lo dicho se la considera como enfermedad social basada en cultura de transgresión de normas e incumplimiento de las mismas.

Por lo dicho consideramos prioritario enfatizar los conceptos de prevención y de seguridad como construcción social y así desnaturalizar su representación actual.

El tránsito, una suma de decisiones
¿Cómo salimos de la situación en que estamos? ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué esperamos para cambiar lo que nos agrede y mejorar? Estas preguntas resultan en la actualidad comunes no sólo a quienes hablamos, analizamos y estudiamos el tránsito argentino como especialistas sin a quienes plantean proyectos de negocios, cuestiones de seguridad pública, buscan soluciones a problemas de salud, o simplemente a quienes tratan de comprender nuestro país de hoy. El tránsito no es un componente aislado de la sociedad: es un reflejo, su metáfora en muchos aspectos. Las sociedades con fuertes improntas estructurales son organizadas en su tránsito (como ejemplo Alemania, Japón y Suecia), las sociedades con normas de convivencia y valores difusos, poco claros e imprevisibles (los países asiáticos de menor desarrollo, los africanos y por mucho que nos duela, los latinoamericanos). Las raíces de los siniestros viales se hunden en la infraestructura social, se atan a ella y se retroalimentan. Un tránsito riesgoso debido a la poca preparación de sus conductores, a la baja calidad de su infraestructura caminera, a la antigüedad y mal estado de su parque automotor provoca una elevación del costo del transporte y los seguros, éstos a su vez elevan el costo de las mercaderías y de la medicina, y esto hace subir el costo de vida en general. Obviamente, este proceso no está aislado de otros ni es infinito en sus repeticiones, pero su incidencia en la economía, en la salud y en el nivel de vida de la población, resulta innegable. Ahora bien, por ser el problema de la seguridad vial estructural, podemos preguntarnos: ¿puede hacerse algo, o simplemente debemos aceptar estos problemas como un hecho, descartando cualquier esfuerzo por estéril? Y ¿qué puede hacerse si acaso hay algo para hacer? A la primera pregunta, la respuesta es afirmativa. El fenómeno de los siniestros, la seguridad en el tránsito y el transporte, como cualquier fenómeno que resulte digno de estudiar, no es estático. Más aún, podríamos decir que es rabiosamente “dinámico”1. Conocer los principios que guían su curso, prever su estado, es posible. Sin embargo, las acciones que deban tomarse, las decisiones que deban adoptarse y los recursos que deban usarse no pueden ser fruto de la improvisación o la casualidad, se impone el análisis de la situación y diagnóstico basado en análisis exhaustivos para que las soluciones que se propagan sean técnicamente viables, jurídicamente aplicables, individualmente asumibles y sustentables en tiempo e inversión2. De nada sirve aplicar las técnicas más actuales de infraestructura vial y diseño de vehículos si nuestra legislación se corresponde con una realidad inexistente. De nada sirve exigir por ley la existencia de la conciencia individual si el individuo tiene la íntima convicción de que la ley no es para él, y así podemos seguir ejemplificando hasta el cansancio. Y sin embargo, debemos partir de los cimientos: no hay indicación de posible solución sin análisis profundo intra e interdisciplinario.

1

Conferencia Europea de Ministros de Transporte (ECMT), 1995 “El transporte y sus actores, hoy”

2

Idem

A la segunda pregunta sobre qué puede hacerse, la respuesta es obvia: actuar profesionalmente y científicamente. Establecer prioridades de trabajo, analizar aspectos fundamentales y proponer primeras hipótesis de investigación, realizar estudios que permitan confirmar o descartar estas hipótesis, proponer a plazo razonable acciones y medir su resultado desde su aplicación para observar si el comportamiento es el esperable o si se deben realizar ajustes, trasmitir los conocimientos adquiridos e intercambiar experiencias, asegurar la sustentabilidad del proceso. Existe un amplísimo campo de investigación, actuación profesional y empresarial que puede abrirse a partir de un planteo que contemple todos los aspectos de la seguridad y la educación vial. Volviendo al título del párrafo, la seguridad vial, la calidad de vida individual y colectiva, la forma de vida en una sociedad es una suma de decisiones explícitas e implícitas. No hay una forma de decidir bien sin conocimiento, sin discernimiento inteligente, sin sustento intelectual. Y es principalmente (y casi únicamente) la Universidad quien puede aportar a la sociedad estos elementos imprescindibles para su desarrollo y crecimiento.

El tránsito en la sociedad del riesgo
Como ya se ha señalado, el tránsito no es tan sólo una actividad física de desplazamiento, ni un vector de lesiones. Es un espacio interactivo y contextuado, en el que se juegan varias definiciones de poder, e incluso paradigmas fundacionales de la sociedad. Toda convivencia genera conflicto. En algún momento, la acción o el deseo de un individuo interfieren con la acción o el deseo de otro. El conflicto es un dato esencial e ineludible de la sociedad. La decisión paradigmática estará orientada a qué hacer con los múltiples conflictos interpersonales: o se los niega, sometiendo la acción y el deseo de cada individuo o grupo social a cuanta represión sea precisa para evitar la manifestación de un conflicto (paradigma del orden) o se establecen reglas, mecanismos y recursos para dar respuesta o canalizar los inevitables conflictos (paradigma de la gestión de la conflictividad). Obviamente, la concreción fáctica del paradigma absoluto de una sociedad sin conflictos es tan impensable como el de una sociedad con todos sus conflictos armónicamente gestionados, y de hecho, las sociedades van mutando entre distintas dosis de gestión, orden y descontrol. El tránsito también demanda decisiones análogas: el orden, impuesto en forma férrea e invariable, irroga la virtual paralización del tránsito. El libre albedrío, como ausencia de todo límite a las acciones y deseos de cada actor del tránsito, genera tal caos que inmoviliza la circulación casi de inmediato. No existen, pues, recetas simplistas, soluciones mágicas ni equilibrios estables. Toda regla de tránsito que eleve muy fuertemente el valor “orden”, perjudicará crecientemente el valor “circulación”, del mismo modo que sucede con el resto de las regulaciones de la conducta humana en sociedad. Debemos, pues, analizar los problemas del tránsito (o de la sociedad actual), partiendo de la base que algún nivel de riesgo estamos dispuestos a asumir. Las personas en cualquier actividad aceptan un cierto grado de riesgo subjetivamente evaluado para su salud, seguridad, etcétera, a cambio de los beneficios que esperan obtener de dicha actividad. Consideramos que se impone un enfoque motivacional que ofrezca a las personas una razón para vivir mejor y por lo tanto adoptar estilos de vida más seguros y saludables.

Bibliografía
       SAFORCADA, E. “El factor humano en salud pública” WILDE, G. “¿Riesgo deseado? El comportamiento humano ante el peligro” BONZO, C. “Aportes psicosociales al concepto de riesgo, de prevención y salud” DE BLUE, “El concepto de campo de salud” BOTTERI, F A., “La producción óptima en el transporte caminero” Conferencia Europea de Ministros de Transporte, 1995 GRANEL, J. “El accidentarse y la colisión de las identificaciones”

Copia de este trabajo disponible en: http://es.scribd.com/doc/117973638/El-transito-metafora-de-lasociedad

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