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EL ESPÍRITU SANTO COMO MUJER EN EL APOCALIPSIS 12
Gilles Quispel
Traducción: Thelarbus

Simone Weil parece haber sido la primera en discernir que la mujer del capítulo 12 del Apocalipsis no era otra que el Espíritu Santo. Y así lo hizo en su libro "La connaissance surnaturelle", París 1950, pp 245-286.-1- Su amiga y biógrafa Simone Pétrement, una experta en la Gnosis, que en sus estudios sobre el dualismo destacó la importancia de la gracia en el Gnosticismo y en el Maniqueísmo, ha amplificado esta observación con bien elegidos argumentos. Independientemente de estas dos inteligentes y perspicaces mavericks, yo también he llegado a la misma conclusión, aunque por motivos diferentes, que en parte he mencionado en mi comentario sobre el Apocalipsis, publicado por McGraw Hill en 1979. Aquí quiero hacer referencia al mismo tema con unos argumentos más detallados. En mi mente no puede haber ninguna duda de que el episodio en el que esta Mujer está de parto, que da a luz a un niño y que escapa al desierto, contiene una alusión al escape de la congregación de Jerusalén a Pella, en Transjordania antes de que la guerra judía estallase o, por lo menos, llegase a su fin. La mujer, entonces, es la Shekhinah o el Espíritu Santo, que sigue el pueblo de Dios en el exilio temporal. La mayoría de los eruditos patrísticos saben que el concepto de Shekhinah juega un papel muy importante en la literatura kabbalística y hasídica, y que fue tomado de allí por los filósofos modernos, como Martin Buber y Franz Rosenzweig. De acuerdo con el último, Dios desciende y sufre con su pueblo y se pasea con ellos en el exilio. Esta idea se remonta a la literatura rabínica del siglo II, siendo de la misma fecha con la mayoría de los paralelos rabínicos del Nuevo Testamento:

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"Para los protestantes, la mujer celestial del Apocalipsis será la Iglesia. Para el pasaje del Evangelio de los Hebreos, citado por Orígenes, sobre 'mi madre el Espíritu Santo', podría ser el Espíritu Santo" (245). "La Mujer debe ser el Espíritu Santo" (268). Hablando sobre 2 Samuel 7,23 ("Tú arrojaste de delante de tu pueblo, al que rescataste de Egipto, a las demás naciones y a sus dioses") R. Akiba dice: "si no fuera un verso, sin duda, auténtico de las Escrituras, sería completamente imposible hablar de esta manera. Israel habla como si estuviera delante de Dios: que te salvó, y entonces encontramos que en cada lugar, cuando Israel estuvo en el exilio, la Shekhinah estaba con ellos". Si esto es un paralelo válido, entonces Juan el profeta parece indicar que Dios mismo, en su manifestación femenina de la Presencia, acompaña a la Iglesia en su huída de Jerusalén. Es cierto que esta, no rabínica evidencia de la Shekhinah, ya fue concebida como una hipóstasis femenina en una fecha más temprana, como estaba en el misticismo posterior, aunque el judeo-cristianismo y el Gnosticismo temprano, con frecuencia han anticipado los conceptos que la Kabbalah haría más tarde. Además, el punto de vista relacionado con la Gloria de Dios, el "kabod", está presente incluso en el exilio, como se atestigua en el primer capítulo del profeta Ezequiel, que puede fecharse hacia el 593 AC. Inspirado por él, el más grande de todos los profetas, aquel que es llamado Deutero-Isaías, describe en el principio de su escrito cómo, al final del tiempo, el pueblo en procesión pasará por la tierra de todas las naciones, entre Babilonia e Israel: el "kabod" los precederá y será su retaguardia (Is. 40,5). Podemos estar bastante seguros de que, en el pasaje discutido, es el Espíritu Santo al que se hace referencia con la figura de la Mujer. Se trata de un hecho conocido el que los Judeo-Cristianos y los de Siria, Arameos-Cristianos, que recibieron su fe de ellos, consideraban al Espíritu Santo como una hipóstasis femenina. En el Evangelio de los Hebreos, el Espíritu Santo dice a Jesús en su bautismo, que es su "hijo" primogénito (filius primigenitus, frag. 2). En otras palabras, el Espíritu Santo genera a Jesús como una especie de Dios durante su bautismo, Jesús experimentó esta ceremonia como un renacimiento espiritual. El Apocalipsis de Juan, aunque escrito en Éfeso o en sus alrededores (Patmos), es un escrito Judeo-Cristiano típico. Cuando su autor describe el nacimiento del niño, probablemente alude al nacimiento del Mesías en su bautismo. Pero entonces se hace aún más probable que la Mujer que genera al niño es el Espíritu Santo. Recientemente, un himno de Melitón de Sardis, ha sido publicado por Othmar Perler que es importante para nuestro tema. Comienza con las palabras:

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Alabad al Padre, vosotros los santos, Cantad a la Madre, vosotras las vírgenes. El Padre aquí, por supuesto, es Dios. Y la Madre no puede ser otra que el Espíritu Santo, porque se trata de igual a igual con Dios, y es el objeto de los júbilos de los fieles. Es el legado del Judeo-Cristianismo en Asia Menor. Melitón, que en su Sermón de Pascua resultó ser un firme defensor de Palestina y Asia Quartodecimanism, también ha conservado el arcaico concepto Judeo-Cristiano de que el Espíritu Santo es femenino. Otro testigo es Hermas. Recordemos que Hermas fue todo el escenario de un proceso de individuación clásica. Primero vio a su hermosa y bien construida amante Rhode y, aunque era un hombre casado, la deseó. Después de ella, la Ecclesia se le manifestó en diferentes formas. Entonces una figura masculina, su Ángel Guardián, o Pastor, entra en escena. Pero el verdadero "desenlace" sigue en Sim. 9,1, donde se dice que esta Mujer, Ecclesia, de hecho no es otra cosa que el Espíritu Santo: Yo te mostraré lo que el Espíritu Santo mostró, que cuando habló contigo, lo hizo en la forma de la Ecclesia. Porque el Espíritu es el Hijo de Dios. P. Prigent ha mostrado que la Mujer en el Apocalipsis 12 se ha interpretado de forma diferente en el curso de los siglos: a veces se mostró como la Iglesia, más tarde también como la Madre de Dios, María. Yo no diría que las interpretaciones tradicionales estaban equivocadas, porque el imaginativo pensamiento de la Biblia y de la Iglesia no está dominado por el principio de la contradicción, como ocurre con la lógica aristotélica. Si, de hecho, el Espíritu manifiesta la característica tierna y maternal de Dios, la Iglesia, que es o debería ser la morada del Espíritu, y María, que es a la vez la nave y el símbolo del Espíritu, van muy cerca de lo que se entiende en el Apocalipsis 12. La única interpretación que me parece que está radicalmente mal, es la interpretación moderna de que el Mesías es un producto de la gente. Como una perversión del simbolismo religioso en las categorías de la política es un metabasis eis allo genos.

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