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Prof. Leonardo Piscoya Rivera lpiscoya@pucp.edu.

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¿Pensando con los dedos?
Lenguaje, Identidad y Subjetividad en la Era Informacional
J. Leonardo Piscoya Rivera

Desde

hace varios años vengo

colaborando con la formación de profesores en diferentes lugares de nuestro país. Esa experiencia es una de las más gratas que he tenido por el desafío que supone escuchar sus inquietudes e ideas, mantener la apertura a iniciativas diferentes a las que se me pueden ocurrir, esperar los procesos naturales de toma de decisiones que supone actuar de manera democrática y también, porque estar cada vez más lejos de las generaciones más jóvenes me obliga a resituarme de manera constante y a leer mucho y hacer esfuerzos por entender lo que desean y piensan. Esto último, que para algunos podría parecer algo exagerado, no me resulta novedoso en mi práctica como profesor. Como algunos saben, me desempeño también como profesor de Ciencias Sociales con estudiantes de Educación Secundaria en un colegio privado, y este año caí en cuenta de que tengo más del doble de la edad de mis estudiantes… y que hay algunas cosas en sus particulares formas de relacionarse conmigo que han ido cambiando en comparación a los estudiantes que conocí hace 13 años al iniciar mis tareas en esa escuela. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Tienen las tecnologías algo que ver en este asunto que puede parecer de índole tan personal? ¿Acaso mi “vejez recientemente descubierta” es sólo un asunto privado que no vale la pena poner en discusión en este momento? En los puntos que trataré a continuación espero que juntos podamos ir reconociendo algunas pistas que puedan ayudarnos a entender por qué tendríamos que mirar (nos) con más atención para que las instituciones educativas sean capaces de responder de manera más efectiva a los desafíos que el cambio tecnológico está trayendo consigo, y a lo que los adolescentes y jóvenes necesitan y esperan de nosotros, los que intentamos desempeñar el rol de adultos.
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El sujeto moderno era un ser integrado, coherente, racional, autónomo, con capacidad
de tomar decisiones sobre su propia vida, con la aptitud suficiente para crear proyectos de vida personales y familiares y esperar que se cumplieran. La vida moderna se caracteriza por el hecho de ser lineal, fácilmente descrita como un itinerario por un camino recto, sin atajos fáciles, lento pero seguro. En la postmodernidad eso ya no está claro, por ejemplo la educación no garantiza un trabajo bien remunerado, la fidelidad a la empresa no garantiza que no te despidan en la primera reestructuración de plantilla que se produzca y ni siquiera el matrimonio es vivido como definitivo, aunque las promesas se continúan haciendo siguiendo el antiguo modelo. Por la misma razón la identidad del sujeto moderno, expresamente estable y coherente, se fragmenta en tantas identidades como situaciones se viven, y se hace imposible vivirlas de forma coherente. Ello contribuye a crear una fuerte sensación de falta de control sobre la propia vida. (...) Esta nueva diversidad de individuos pasa por el consumo y no por el trabajo o por la construcción de un carácter fuerte. JOEL FELIU.; De la societat de consum al consum en persona.
En: FELIU, J.; GIL, A. (coord.). Psicologia econòmica i del comportament del consumidor. Barcelona: Edicions de la Universitat Oberta de Catalunya. 2003.)

Con las manos en la masa: Los apocalípticos e integrados recargados

Desde hace algún tiempo la discusión sobre el impacto de las tecnologías de la información
y la comunicación (TIC) en el campo de lo educativo se ha centrado en el tema didáctico o de su inclusión e integración como parte del trabajo de los maestros al interior de la escuela. Sin embargo, el impacto de las TIC va más allá de ello: frente a lo que estamos es a un proceso que está modificando al mundo (en sus dimensiones física y simbólica), los sujetos (sus formas de ser, sus identidades y sus formas de relación) y su cultura (lo que incluye sus formas de percibir, pensar, expresar, producir y actuar) y no solamente a la escuela y sus agentes. Este proceso de transformaciones es más complejo de lo que pensamos y nos enfrenta a nuevas realidades e incertidumbres. Parafraseando la propuesta de Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados frente a la Cultura de Masas (1965), podríamos decir que las reacciones frente a esos cambios han pasado por una gradiente que va desde la postura de aquellos que ven peligros y riesgos suscitados por el “avance tecnológico en cascada”, hasta la de quienes detectan sólo posibilidades múltiples y beneficios. Para entenderlo mejor veamos cómo definió Eco dichas posturas (que se referían a la cultura de masas, pero que pueden resultarnos útiles en el nuevo contexto): Los apocalípticos. Si la cultura es un hecho aristocrático, cultivo celoso, asiduo y solitario de una
interioridad refinada que se opone a la vulgaridad de la muchedumbre (…), la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es un contrasentido monstruoso. La cultura de masas es la anticultura. Y puesto que ésta nace en el momento en que la presencia de las masas en la vida social se convierte en el fenómeno más evidente de un contexto histórico, la “cultura de masas” no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable, ante la cual el hombre de cultura (último superviviente de la prehistoria, destinado a la extinción) no puede más que expresarse en términos de ApocaIipsis. (UMBERTO ECO, Apocalípticos e integrados frente a la cultura de masas. 1965.) 2

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Los integrados. En contraste, tenemos la reacción optimista del integrado. Dado que la televisión, los
periódicos, la radio, el cine, las historietas, la novela popular y el Reader's Digest ponen hoy en día los bienes culturales a disposición de todos, haciendo amable y liviana la absorción de nociones y la recepción de información, estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural, en que se realiza finalmente a un nivel extenso, con el concurso de los mejores, la circulación de un arte y una cultura “popular”. Que esta cultura surja de lo bajo o sea confeccionada desde arriba para consumidores indefensos, es un problema que el integrado no se plantea. En parte es así porque, mientras los apocalípticos sobreviven precisamente elaborando teorías sobre la decadencia, los integrados raramente teorizan, sino que prefieren actuar, producir, emitir cotidianamente sus mensajes a todos los niveles. El Apocalipsis es una obsesión del dissenter, la integración es la realidad concreta de aquellos que no disienten. La imagen del Apocalipsis surge de la lectura de textos sobre la cultura de masas; la imagen de la integración emerge de la lectura de textos de la cultura de masas. Pero, ¿hasta qué punto no nos hallamos ante dos vertientes de un mismo problema, y hasta qué punto los textos apocalípticos no representan el producto más sofisticado que se ofrece al consumo de masas? En tal caso, la fórmula “apocalípticos e integrados” no plantearía la oposición entre dos actitudes (y ambos términos no tendrían valor substantivo) sino la predicación de dos adjetivos complementarios, adaptables a los mismos productores de una “crítica popular de la cultura popular”. (UMBERTO ECO, Apocalípticos e integrados frente a la cultura de masas. 1965.)

Creo que, tal como sucedió con la cultura de masas en los años 60, el impacto de las TIC ha generado una serie de reacciones que se mueven en un espectro similar. Y los maestros, que también nos nutrimos de la cultura popular no somos ajenos a ello. Por ello, sería interesante que intentemos responder: ¿Cuánto tiene cada uno de nosotros de apocalíptico cuando descubre a sus estudiantes “capturados” por el Messenger, el Facebook, el Hi5, Second Life, Google, YouTube, el Play Station y las otras miles de opciones con las que cuentan para utilizar su tiempo de ocio? ¿Qué peligros percibimos e intuimos? ¿Cuánto tenemos de integrados cuando pensamos en que todas esas mismas alternativas pueden ser aprovechadas desde nuestras prácticas educativas y que nos abren brillantes posibilidades de construir cultura junto con ellos? ¿Nos anima la idea de generar “resistencia” desde la escuela frente a las nuevas formas de ser y de pensar que han aparecido debido al avance tecnológico? ¿Nos interesa que la escuela y la comunidad aprovechen las ventajas que la tecnología trae consigo?

¿De dónde eres tú? Cultura e identidad en la era informacional

Una de las propuestas que me parece más interesante acerca de la relación que hay entre
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y el surgimiento de nuevos lenguajes e identidades fue formulada por Marc Prensky. Prensky sostiene que las TIC han transformado las formas de conocer, percibir, pensar, aprender y expresarse. Así, propuso la idea de que quienes habían nacido en el “nuevo orden de la era digital” eran nativos, mientras que quienes nacimos en el “orden anterior” somos migrantes que tenemos que aprender cómo funciona este nuevo mundo.

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En poco tiempo se ha creado una barrera comunicacional entre nativos y migrantes a la que solo vemos una única salida: Los migrantes no solamente estamos condenados a aprender los nuevos lenguajes y códigos de la tecnología y el mundo digital, sino que también debemos perfeccionarlos y hablarlos con la mayor fluidez posible, si queremos tener éxito y comunicarnos adecuadamente con nuestros hijos y alumnos los nativos digitales. Por otro lado, los migrantes digitales (padres y maestros), debemos dejar de concebirnos como los poseedores absolutos del conocimiento y la verdad. Tenemos que acostumbrarnos a un rol de facilitadores o mediadores, reconociendo que los nativos también son capaces de enseñarnos, en un proceso de intercambio y colaboración mutua y permanente (CRISTIAN MATÍAS; De Nativos y Migrantes Digitales. En: http://www.educando.edu.do/educanblog/index.php?blogId=88).

Por su parte, Shirley STEINBERG y Joe KINCHELOE editaron un interesante libro titulado Cultura Infantil y Multinacionales. En la introducción del mismo señalaban que su intención era analizar la producción de cultura infantil popular por parte de las empresas comerciales y el efecto de esa cultura sobre los niños. En el marco de lo que Giroux denomina “pedagogía cultural”, los autores consideran que el aprendizaje profundo (de la cultura construida desde las empresas comerciales) cambia la propia identidad (de los niños). El texto es muy interesante porque explica cómo se ha constituido un currículo cultural estructurado alrededor de una dinámica comercial y de patrones de consumo que juegan con la fantasía y el deseo de los niños. Así mismo, permite comprender que
“la infancia ha cambiado a menudo como resultado de su contacto con la cultura infantil y otras manifestaciones más adultas de la cultura de los medios (…)” y que “puesto que los padres no controlan ya las experiencias culturales de sus hijos, han perdido el papel que desempeñaron antaño en el desarrollo de sus valores y de su visión del mundo”. Así, “las nociones tradicionales de la infancia como un tiempo de inocencia y dependencia del adulto se han debilitado por el acceso de los niños a la cultura popular durante el final del siglo XX” (STEINBERG & KINCHELOE. Cultura Infantil y Multinacionales. Ediciones Morata S.L. Madrid, España. 2000).

Sin embargo, en simultáneo se ha dado un proceso de progresivo reconocimiento de la pluralidad cultural. ¿Cómo ha sucedido esto? Pues en realidad es una estrategia de comercialización dirigida a segmentos especiales de mercado, y la diversidad se utiliza como método para llegar a nuevos consumidores. Sin embargo, si ponemos atención a la imagen de pluralidad cultural que muestran los medios, se trata de “un tipo de diversidad segura, de cultura común que higieniza y despolitiza cualquier reto a la armonía del estado de cosas”. Otro de los hallazgos del texto de Steinberg y Kincheloe es que permite reconocer que la cultura infantil continúa promoviendo roles de género perfilados. Los personajes femeninos siguen estando subordinados a los masculinos (como en ‘La Sirenita’ y ‘El rey león’) y se propone una forma de ser hombre-masculino de carácter hegemónico (como si hubiera sólo una manera de serlo). Para que los niños puedan responder de manera crítica a ese proceso, Henry Giroux propone un proceso de alfabetización en los medios, que no es una adición al currículo sino “una destreza básica necesaria para poder negociar la propia identidad, los valores y el bienestar en la hiperrealidad empapada de poder”. Esto supone que la escuela y la comunidad organizada deberían dotar a los niños de destrezas que les permitan dar sentido al caos de información que la hiperrealidad (construida gracias a las TIC) genera. La escuela debería entonces convertirse en un espacio de comprensión e interpretación de la realidad (un sitio hermenéutico).

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Me parece interesante preguntarnos entonces: ¿Qué modelos de identidad proponen los medios a los niños y adolescentes? ¿Somos conscientes de las implicancias que esos modelos tienen? ¿De qué manera las TIC contribuyen a que los niños y adolescentes se ‘apropien’ de esas identidades? ¿Estamos ante un proceso de socialización mediática (a través de los medios y las TIC) y horizontal (entre los pares “nativos”) que ha reemplazado a la socialización vertical (de padres a hijos)? ¿Están los adultos en capacidad de alfabetizar a niños y jóvenes para cuestionar la(s) identidad(es) hegemónica(s) que se les propone? ¿Qué necesitarían para poderlo hacer? Para responder estas dudas vale la pena citar in extenso a María Josefina Santillán, que explica cómo vivimos en una época en la que la idea de “una identidad” está en cuestión:
También en este mundo red en el que se insertan pobres, ricos como toda una gama de clases sociales se posibilita pensar la identidad como difusa y capaz de fragmentarse en múltiples yoes, sobre todo entre los que han aprendido a conversar on line. La nueva comunicación permite que los sujetos puedan dejar en suspenso o en letargo su propia identidad para asumir una ficticia. Si bien desde niños todos los hombres han jugado a ser otro: mamá, médico, enfermero, soldado, etc. Lo mismo podríamos decir de los actores, sin embargo, ambos (niños y actores) son conscientes de que el enmascaramiento es transitorio, el problema, según algunos especialistas como Tomás Maldonado, se produce cuando se vive la falsa identidad como si fuera la verdadera y se opina sobre política o cuestiones culturales que impliquen prácticas capaces de afectar a un colectivo. (…) La identidad, por su parte, se problematiza en la actualidad frente a los media desde múltiples ángulos, (…) se desdibuja y se construyen nuevas identidades en la red y cómo el yo pasa a ser “un proyecto simbólico que el individuo construye activamente” a partir de los materiales simbólicos que encuentra disponibles. Si en tiempos pasados esos materiales se adquirían en contextos de interacción cara a cara, ahora la interacción puede ser mediática, no presencial y por lo tanto, la identidad se vuelve más compleja. (Mª JOSEFINA SANTILLÁN; La cultura y la identidad frente a la alfabetización digital. Universidad Nacional de Tucumán. 2003).

En la misma dirección, Eva Gil Rodríguez, en un brillante texto que nos conviene leer a todos para entender varios procesos sociales contemporáneos, nos indica que:
Por una parte, parece que las TIC posibilitan pensar lo subjetivo como fruto de conexiones, de modo que la forma de pensar la identidad no tendría por qué corresponderse con este mito de la autonomía y la trascendencia en que la concepción moderna de sujeto se sustenta. (…) Esta idea se ve perfectamente reflejada en los nuevos movimientos sociales, ya que, tal y como dice Castells (2000), existe "un salto de los movimientos sociales organizados a los movimientos sociales en red sobre la base de coaliciones que se constituyen en torno a valores y proyectos (…). Cada vez más, el poder funciona en redes globales y la gente tiene su vivencia y se construye sus valores, sus trincheras de resistencia y de alternativa en sociedades locales". Internet funcionaria, así pues, como el dispositivo de conexión global-local por antonomasia. No obstante, por otra parte, parece ser que los cambios producidos en la estructura social nos llevan a una sociedad ultraindividualista (…) Esta ultraindividualización vendría acompañada necesariamente de una potenciación de la fantasía de control y autonomía del individuo, proporcionada por las TIC, gracias a las cuales parece que podamos estar en cualquier lado y que nuestra acción no tenga barreras espaciales, fantasía que difícilmente hubiera podido ser superada en épocas históricas anteriores. 5

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Esta fantasía de control no deja de ser un potente mecanismo de poder si tenemos en cuenta la ausencia de privacidad que caracteriza hoy por hoy el uso de las TIC: parece que la transparencia de lo privado pasará a ser moneda común (Castells, 2002). Y, curiosamente, no nos vamos a encontrar con una disolución de lo privado en lo público, como temían hace unos años los autores posmodernos detractores del control que suponía Internet, los cuales veían nuestra red de redes como un gran panóptico; parece que más bien nos encontraremos con un espacio público que parecerá la suma de privacidades, de entidades individuales. Ya hace un tiempo que los mecanismos de control han pasado a ser sinópticos: talk shows, reality shows, webcams... ventanas hacia la vida privada de personas que nos ofrecen las pautas y normas para comportarnos, y que nos muestran lo social como la suma de experiencias privadas, con lo que impiden lo que constituye la esencia de lo político, es decir, la posibilidad de vehicular discursos colectivos que vayan más allá de la simple suma de lamentos individuales (Bauman, 1999). (EVA GIL RODRÍGUEZ; Identidad y nuevas tecnologías: Repensando las posibilidades de intervención para la transformación social. FUOC, 2002. En: http://www.uoc.edu/web/esp/art/uoc/gil0902/gil0902html).

La misma autora, en colaboración con otros profesores de la Universidad Abierta de Catalunya (UOC por sus siglas en catalán) hacen un señalamiento que es clave, y es que
El consumo genera identidad hasta el punto de que la identidad se transforma en una parte más, y a menudo la más importante, de los productos de consumo. El consumidor utiliza el producto con finalidades identitarias y no sólo para su consumo funcional. (…) Así pues, el consumo es una noción básica para comprender las nuevas formas de constitución de la subjetividad. El consumo es el patrón a través del cual se configuran las prácticas de ocio de los jóvenes. (PATRICIA GIL, EVA GIL, JOEL FELIU & ISABEL RIVERO; ¿Nuevas tecnologías de la información y la comunicación o nuevas tecnologías de relación? Niños, jóvenes y cultura digital. FUOC. 2003. En: http://www.uoc.edu/dt/20347/index.html)

Así tenemos que las TIC han creado un espacio que cumple dos funciones que van más allá de la comunicación y el tránsito de la información: Han generado un privilegiado espacio de consumo y de creación simbólica. Esto sucede porque en el fondo son tecnologías de relación a las cuales las personas les otorgan colectivamente un significado durante el proceso de interacción y de relación. Y podemos ir aún más allá al afirmar que los niños y adolescentes viven un nuevo tipo de socialización, en la cual su forma social, el cómo se muestran delante de los otros, el cómo gestionan sus relaciones, está permanentemente mediatizado por el uso de aparatos electrónicos. A lo que nos enfrentamos es a un mundo en el cual la Identidad es consumida, actuada, reproducida, reinterpretada repetidamente. Y las TIC, las tecnologías de relación, son mediadoras que los migrantes no terminamos de comprender… Y lo más grave es que hemos entrado a esta era informacional como consumidores en desventaja frente a las nuevas generaciones.

Navegando en los nuevos lenguajes y las formas de conocer y pensar
Las TIC han dado lugar a nuevos lenguajes, o mejor dicho, se han desarrollado en un nuevo lenguaje. Y no nos referimos al tema de las palabras abreviadas, las malas ortografías, los emoticones y las siglas que resumen frases completas. De lo que se trata es de un proceso más complejo que pasa, a entender de Sandro Macassi, por cuatro características que superan el lenguaje de lo audiovisual: El hipertexto: Relacionado con la existencia de entradas múltiples e itinerarios propios en el texto, la posibilidad de hacer combinaciones y lecturas personales y no seguir las de autor,
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de establecer relaciones circulares y multicausales y no pensar en una secuencia lineal y lógicoanalítica. La simultaneidad: Vinculada con la existencia de tiempos (y espacios) paralelos, que dan lugar a significados abiertos, mezclas e hibridaciones. A ella se suma la multimedia con su variedad de registros (y estímulos) simultáneos. Esta característica de lenguaje de las TIC da lugar a la idea del tiempo múltiple y relativo. El tiempo y la realidad se convierten así en fragmentos que pueden ser recombinados. La realidad virtual: La experiencia humana ya no necesita ser real. Las TIC hacen posible la transgresión de lo posible con todas las consecuencias que ello puede tener. La interactividad: A pesar de las críticas usuales a las TIC y el supuesto rol pasivo del sujeto frente a ellas, su lenguaje convierte al sujeto en activo, en alguien que decide (aunque esto es una ficción que el consumidor decide creer). Así mismo, da lugar a un proceso de desmasificación de la producción y del consumo. El mismo Macassi señaló hacia ya varios años que:
Las nuevas tecnologías, los multimedia, el hipertexto, no son solo formatos distintos del conocimiento, sino que son maneras distintas de cognoscer la realidad. Lo que está cambiando es la manera de organizar, estructurar la comprensión del mundo y la forma de sentirlo: la sensibilidad. Al igual que muchas otras prácticas culturales juveniles la telemática ofrece diversas y heterogéneas formas de vivir pertenencias grupales. Recientes autores vienen hablando de ciberculturas y comunidades virtuales, en tanto que a través del vínculo con internet los jóvenes desarrollan sus particularidades y encuentran otros con sus mismas aficiones y percepciones y se relacionan e intercambian a través de chats, listas de interés, websites, etc. De se modo van construyendo identidades grupales, al mismo tiempo que desarrollan sus aptitudes e intereses y amplían los marcos de su conocimiento. Su identidad y pertenencia a grupos culturales que tienen presencia pública (…) como de los que discurren en ámbitos más privados (…) se ven dialogados y a veces complementados con otras tendencias culturales en Internet en las cuales se globalizan, recrean, beben, absorben (SANDRO MACASSI; Culturas juveniles, medios y ciudadanía. Asociación de Comunicadores Sociales Calandria. Lima, 2001).

Las afirmaciones de Macassi coinciden con lo que Manuel Castells señalara el año pasado en una entrevista con Alejandro Piscitelli para la revista Educ.ar, y es que las formas de pensar y de conocer están cambiando en las generaciones actuales. Sobre este punto volveremos más adelante. He escuchado varias veces a los educadores acerca de la necesidad de prohibir los equipos que hacen posible esa socialización mediática que está transformando las identidades y lenguaje de niños y adolescentes. Lo hacen bajo diferentes excusas: que distraen, que no ayudan a concentrarse, que aíslan, que son caros y actúan como tentaciones para robos, que “malogran” la ortografía, que atentan contra las posibilidades de aprender a redactar correctamente, entre muchas otras cosas. En otras palabras, el Apocalipsis en la escuela por culpa de las TIC. También he oído a otros maestros proponer algo parecido a lo que Amparo Cadavid dice:
...que miremos a los medios y a las TICs como instrumentos que funcionan de una u otra manera y para uno u otros fines, de acuerdo con quien los tiene en las manos y qué pretende hacer con ellos. Estos instrumentos hacen parte de un proceso mucho más amplio, mas profundo, más trascendental que la simple transmisión de mensajes y de entretenimiento. Este es un proceso llamado “comunicación” el cual es mucho más que transmisión de informaciones y mensajes de un lado para otro. 7

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La comunicación es ante todo, un proceso creativo. Esto significa que después del proceso hemos ganado y construido algo que antes no teníamos: un nuevo conocimiento o una nueva información. Pero también un nuevo sentimiento, una claridad, un acercamiento, un acuerdo, una decisión. Este proceso se ha dado gracias a que existen dos o más sujetos (y no un sujeto y un objeto, o varios objetos) que deciden ambos, generar este proceso porque se reconocen como válidos, tienen un lenguaje común (o lo construyen), comparten intereses y desean hacerlo libremente. Este proceso puede iniciarse en uno de los sujetos (que vamos a llamar interlocutor, tomando el término de la raíz latina locutor que es quien puede hablar para comunicarse con otro) que busca al otro o los otros porque siente la necesidad de establecer un contacto o puente con ellos y construir un campo común. (AMPARO CADAVID. Comunicación y medios ciudadanos. Bogotá, 24 de abril de 2003.)

Creo estar más cerca de esta segunda postura. Las TIC abren paso a nuevos procesos personales de interacción y comunicación entre la gente, y son un medio privilegiado para conformar nuevos sujetos sociales e interlocutores, para construir nuevas subjetividades, ponernos de acuerdo en valores esenciales y hacer propuestas. Pero se necesita de personas dotadas de habilidades para hacerlo, y también que crean firmemente en algunos mínimos comunes que hagan posible la convivencia. En el fondo, lo que se necesita es –y no es casual que la palabra salga en varios de los títulos de los autores que he citado- formar ciudadanos activos que no sean solamente consumidores de información y comunicación. Algunos de mis colegas me suelen responder a estas ‘fantasías’ aduciendo que no respondo al problema de fondo de la escuela: los niños y adolescentes no aprenden porque la tecnología actual los distrae y los tiene ‘embobados’. En este punto hay dos autores que pueden ayudarnos a pensar un poco más. Por un lado, Castells, señala que
Aún no se sabe muy bien, pero hay estudios –sobre todo en California– que se plantean qué pasa con la capacidad de aprendizaje en relación con el multitasking. Y, por un lado, los resultados muestran que aumenta la capacidad relacional, la capacidad de poner en relación distintos temas, la capacidad creativa y de innovación, y la de salir de la trasmisión de conocimiento hacia la iniciación de conocimientos. Y por otro, que disminuye la capacidad de atención, y disminuye seriamente la capacidad de memoria, porque como en internet está todo, para qué retener la información. Pero lo que aún no se ha estudiado es lo que más me gustaría saber a mí: estudios que digan cuál es la ponderación de estos dos procesos. Cuáles son los efectos de los dos procesos y si uno compensa al otro, o en qué sentidos van y qué magnitud tiene cada uno. (M. CASTELLS, entrevistado por Alejandro Piscitelli para la Revista Electrónica Educ.ar. Mayo de 2007).

Pero por otro, Tomás Unger –destacado científico que escribe para el diario El Comercio, a quien vale la pena leer de manera continua- y Alex Navarrete –quien publica en PC World- han explicado en varias ocasiones cómo funciona el multitasking (multitarea) en las computadoras y en las mentes humanas. Ninguno de los dos realmente ‘hace dos cosas a la vez’. Lo que en realidad hacemos es destinar sucesivamente y a gran velocidad nuestro esfuerzo a una tarea tras otra. Por eso es tan común eso de tener accidentes hablando por teléfono celular, o tropezarnos cuando queremos caminar y leer metafísica al mismo tiempo... o chatear por Messenger, conversar por teléfono y escribir un texto para una jornada pedagógica. Pero el problema no es de las TIC, sino de las decisiones que nosotros tomamos. Y nosotros somos sujetos. Nosotros tenemos voluntad. ¿O estamos frente al argumento de la película Matrix en
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que debemos enfrentarnos a un mundo virtual controlado por máquinas? Señores y señoras, de lo que se trata es de un asunto que no ha sido abordado de manera abierta en este coloquio: de la autonomía de niños y adolescentes… y de los propios maestros.

¿Vamos a seguir pensando con los dedos?

Se

han dicho muchas cosas sobre la relación entre niños / adolescentes, las TIC, la

enseñanza y las didácticas y tal vez muy poco sobre la autonomía. En un seminario de la Institución Teresiana al que fui invitado hace cuatro años, dije que si quisiéramos sintetizar lo dicho sobre las TIC, creo que habría que tomar en cuenta tres claves:
En la época actual la información es una materia prima. Las TIC son tecnologías para actuar sobre la información y quien las domine tiene posibilidad de ingresar al mundo informacional en otras condiciones. En otras palabras, de ser incluido (dando por descontado que la conectividad está casi asegurada). Las TIC han penetrado en todas actividades humanas, como señala Castells, “todos los procesos de nuestra existencia individual y colectiva están directamente moldeados por el nuevo modelo tecnológico”. Por ello, no tiene sentido intentar ‘ir contra ellas’ o ‘derrotarlas’, porque corremos el riesgo de resultar obsoletos y parcialmente reemplazables en el mundo de la educación. Las TIC han generado una lógica de interconexión de todo. Esto significa que enfrentamos un sistema o conjunto de relaciones en red en la que cada elemento genera conexiones –y mensajesde ida y vuelta. En consecuencia, se necesita de sujetos que puedan ser nodos de esa red ejerciendo su ciudadanía. (LEONARDO PISCOYA. Sobre la incidencia de las nuevas tecnologías en los procesos de aprendizaje y la formación de nuevas subjetividades. En: Seminario Procesos Educativos – Nuevas
Tecnologías – Redes de Solidaridad. INSTITUCIÓN TERESIANA - PROPUESTA SOCIOEDUCATIVA PARA AMÉRICA LATINA. Lima, Junio de 2007.)

En ese mismo seminario conté que pregunté a mis estudiantes por qué creían que la tecnología digital tenía ese nombre, ellos muy gentilmente me ‘explicaron’ que era debido a que por ejemplo usamos los dedos en el teclado de las PCs, o porque los celulares se manejan con los dedos, o porque son ‘cosas que hacemos funcionar con los dedos’. En pocas palabras: digital se deriva de dedos. Pero, ¿de dónde salió realmente esta idea de “lo digital”? He aquí donde vino al rescate Nelson Manrique, notable historiador peruano, con sus clases de mi época de estudiante universitario. Recuerdo que en una sesión nos explicó cómo funcionaba una computadora. En teoría suena muy simple, pero todo tenía que ver con dos dígitos: los que dan lugar al sistema binario, la base del ‘pensamiento’ de las máquinas actuales. Fue Nicolás Negroponte quien acuñó la frase “vivimos en un mundo digital”. Regresando a lo que me preocupa, decía al comenzar este punto, que hay un tema que es urgente. Y lo que se necesita no es tecnológico ni simplemente relacional sino de otra índole. En el pensamiento sistémico hay dos ‘caminos’ para estudiar y comprender los sistemas. Uno es mirar la estructura (la manera en que se relacionan los elementos), el otro la función (lo que cada elemento aporta al comportamiento global del sistema).

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Si nuestras escuelas son sistemas interconectados con los otros sistemas sociales del mundo informacional, entonces hay que preocuparnos por ambos aspectos. A mí en particular, me gusta una reflexión que un psicoanalista peruano hace respecto a la televisión (podemos reemplazar ‘tele’ por computadora y nos sonará casi igual). Me gusta porque al mismo tiempo nos permite abordar el tema de la estructura y la función de nuestros sistemas sociales:
Lo que ocurre con la tele, más bien, es que, al mediatizar el contacto del niño con la realidad, produce un efecto de pérdida de dicha realidad, un efecto de desrealización. En apariencia, la tele acerca la realidad, pero en la práctica la aleja, creando una relación mediatizada con la vida, una relación de desapego emocional en la que se ignora cuál es el lugar de afectos tales como la responsabilidad o el remordimiento. (...) No hay más; el espacio que ocupa la tele es necesariamente el vacío dejado por una sociedad enferma de sus lazos sociales. O por lo menos, hondamente perpleja. (JORGE BRUCE. Asuntos personales. La experiencia interior en el mundo contemporáneo. Violencia Teledirigida. 1995.)

Las TIC no están aquí para generar el Apocalipsis ni para salvarnos. De lo que se trata es de comprender que estamos ante un mundo nuevo en que si decidimos reconvertirnos del sistema analógico (de los migrantes) al digital (de los nativos) estaremos en mayor posibilidad de enfrentar la exclusión y de acompañar a otros en ese proceso. Pero no se trata de consumir acríticamente las TIC, sino de ser capaces de comprender que estamos ante una nueva lógica del sistema que ha modificado también nuestras formas de relacionarnos con el mundo y de aprender. Se trata por ello de hacer un ejercicio de ciudadanía que demanda usar nuestro ‘filtros valorativos’ para decidir qué TIC, en que momento, en qué cantidad e intensidad, con quiénes y para qué. Si nuestra opción es mirar deslumbrados la luz y el brillo de las TIC, tal vez conviene recordar el consejo un poco imperativo con el que termina J. Bruce el artículo antes citado: “Pequeños y grandes voyeurs (‘mirones’) del mundo, apaguen la tele y enciendan la realidad.” Me sucede una cosa curiosa... esa imagen me hace pensar en un control remoto que tiene dígitos y se maneja con los dedos. ¿Me basta eso para ser un nativo de la era digital? Tal vez lo más importante de esta ‘imagen’ es que en vez de andar pensando con los dedos, deberíamos tratar de usar nuevamente la cabeza y nuestro sentido crítico. En un par de palabras: habría que movernos con verdadera autonomía. Y eso se puede aprender… y no sé que piensan ustedes, pero yo creo que sí se puede enseñar.

Miraflores, mayo de 2011

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