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MIGUEL DÍAZ

Psiquiatra-psicoanalista. Docente y miembro del Comité Consultor de iPsi, centro de atención, docencia e investigación en salud mental. Supervisor en la Red Pública de Atención a las Drogodependencias de la Generalitat de Catalunya

ARTE PARA PENSAR
Ante todo debo decir que mi acercamiento al arte y al periodismo es el de un ciudadano inquieto por la actualidad y sensible a la actividad creativa, carente de formación en ambos campos, aunque mi tarea como psicoanalista reconoce en los practicantes de los distintos lenguajes del arte a los primeros exploradores de la subjetividad humana. Entiendo que la propuesta de Jaime Serra a través de sus columnas en el periódico La Vanguardia es la de un arte que invita a pensar. Una narrativa que trasciende las disciplinas con las que opera y se constituye en un discurso propio, singular, que muestra la imposibilidad de poner fronteras a los diferentes modos de expresión artística. Esas incursiones por parte de escritores, pintores, escultores y sobre todo poetas en los entresijos del psiquismo humano, donde se debaten los genuinos sentimientos que sostenidos por palabras conforman el cuerpo del pensamiento, dotaron de materia prima a la construcción del corpus psicoanalítico. En este caso, imágenes y palabras que tienen como objetivo una invitación a pensar, no sólo a sentir, a leer distraídamente. El detenerse e interesarse por la columna lleva implícito la obligación de pensar, de ir más allá de lo evidente. Mi experiencia de trabajo con el psiquismo me hace valorar la importancia que tiene para éste todo acto de pensamiento que se aleje de lo explícito y se entregue, guiado por lo que la metáfora propone, a su devenir subjetivo. Iniciativa que viene a dar una alternativa al predominio que actualmente tienen en los medios de comunicación las imágenes. Apunta una idea con el propósito de que el lector se ponga a trabajar en ella. Provoca un diálogo, lo que deriva en la necesaria renuncia a cualquier actitud pasiva ya que busca la complicidad del lector, compartiendo con él la responsabilidad del acto creativo. Entiendo que de esta forma se constituye una nueva esfera de contacto entre el arte y el gran público, tan necesaria en los tiempos que corren, en el que los titulares condensados buscan facilitar, simplificar, ¿evitar?, la lectura de un texto que, según parece, tiene muchas posibilidades de no ser leído. Lo que indica que se puede llegar a ese público sin perder contenido, sin banalizar. Por cierto, tarea pendiente en el ámbito del psicoanálisis. No se trata pues de tener como meta que el mensaje destaque en su claridad ya que la significación ha de ser la tarea reservada al lector. Porque si por algo se caracteriza el siglo XXI es por ofrecernos narrativas previamente elaboradas con intereses concretos, probablemente alejados de los nuestros, con la supuesta intención de facilitarnos la tarea, cualquiera sea ésta, guiándonos hacia el objetivo a conseguir. Reclamar el compromiso de participación a quien lee no hace más que revelar que todas las personas nos aproximamos a las cosas desde un mundo propio y todo lo que se incorpore a ese mundo tendrá su sello, será transformado según sus principios y, por tanto, desde sus sentimientos e intereses. Se trata entonces de propiciar en el lector la posibilidad de perderse frente a lo que la lógica de nuestro imaginario social parece imponer, desafiando la opinión general regida por unos principios que van a ser puestos en cuestión al estilo de una paradoja, del absurdo. No cabe duda de que estamos frente a lo que guía el trabajo del artista, la búsqueda permanente de nuevas realidades, de nuevas composiciones. Nuevas ideas que buscan conmover un lecho que, mediante representaciones seguras y estables, pretende convertirse en una realidad única, la realidad. Hay otras realidades posibles, es evidente y así lo sugiere la columna.

í, el tabaco es la peste. Y sin embargo, ahí siguen; acorralados física y moralmente, en contra de toda legislación, del pensamiento social imperante, conscientes del daño físico al que se someten, un número considerable de ciudadanos resiste. ¿Es sólo adicción? Para los fumadores de mayor edad, que sin la información que hoy tienen los jóvenes empezaron a fumar para ser adultos, el primer beso sabe a tabaco. Para muchos, el cigarrillo es el amigo leal que siempre estuvo ahí: cuando nació el hijo, cuando llegó el divorcio, cuando perdieron el trabajo... Dejar de fumar, sí, pero ¿y las cosas que le acompañan? Josep Pla decía que sus ideales a medio liar eran una herramienta para encontrar adjetivos, ¿qué habría sido de El quadern gris sin el humo? Y todavía hay fumadores por parejas que, después de hacerse el amor, encienden un cigarrillo compartido. No es sencillo abandonar la significación de ese acto. En mi caso quizá fumaba sólo por adicción, pero fue por romanticismo que antes de matarlo quise tomarle una instantánea. Tracé un viaje de despedida por la mítica ruta 61, cruzando Estados Unidos desde Canadá hasta Nueva Orleans. Ayudado por un GPS, a cada cigarrillo que encendía marcaba el lugar con una pequeña quemadura en un mapa.

S

Un ex amigo

27 días

729 cigarrillos

36,45 por día

Al llegar al Caribe nos despedimos en silencio. Ya en casa, calqué rojo sobre negro su retrato. Recuerdo de un viejo amigo para mi nueva vida de ex fumador.
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O

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