RETAZOS DE UNA VIDA EJEMPLAR JESUS PALERO

(1924-1950)

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Nihil obstat: J. N. GUECHEA. S. I., Censor eceles Imprimi potest: C. MAZON, S.I., Praep. Prov. Cast. Occid. † CASMIRUS, Episcopus Flaviobrigensis 5 ianuarii, 1952

Autor: Milicia de Santa María

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ÍNDICE

HISTORIA ÍNTIMA DE UNOS EJERCICIOS........................................................................7 AL SERVICIO DEL REY ETERNO Y SEÑOR UNIVERSAL........................................................33 HACIA EL RELEVO FINAL...................................................43

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RETAZOS DE UNA VIDA EJEMPLAR

JESÚS PALERO
(1924 - 1950) RETAZOS, se titula el folleto que ha caído en tus manos. No es sino eso: retazos, trozos de la vida ejemplar de un joven trabajador que Se siente llamado a la santidad y al apostolado de conquista de sus compañeros, en la vida agitada del Madrid trepidante. Una vida que se ofrece gota a gota, con ilusión creciente de MÁS y MÁS y MÁS, por Cristo, por la Virgen, por España. Una muerte que se pide y se acepta en medio de terribles dolores, por la juventud trabajadora de Madrid, de España, del mundo... Y retazos suministrados por las notas íntimas, los ejemplos, sencillos y heroicos al mismo tiempo, de Jesús Palero. El autor se ha limitado a hilvanar escritos y recuerdos recogidos con cariño por sus compañeros del Hogar del Empleado durante los seis meses últimos de su vida, desde el 31 de marzo, Viernes de Dolores del año Santo 1950, en que inició sus ocho días de Ejercicios Espirituales en Las Navas de Riofrío (Segovia), hasta el viernes 29 de septiembre, en que murió santamente. Retazos que quieren ser invitación, esperando que alguien se decida a utilizarlos en su día para destacar, en biografía completa, la silueta de Palero en sus veinticinco años de vida sedienta de ideal, rebosante de alegría conquistadora. La luz vivísima que despiden estos retazos, disipará tantos tópicos que suele acumular la cobardía o la ignorancia: que la santidad es para otros siglos, para otros estados de vida; que el Evangelio no puede vivirse, con su belleza integral, en la vida de Madrid; que para hacerlo atractivo a jóvenes llenos de pasiones, excitadas por la vida febril de la gran ciudad, hay que amputarlo, expurgando cuidadosamente todo lo que tiene de desagradable a la naturaleza; que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio están desfasados, que sólo sirven para sacar almas del pecado, y no para 5

contribuir eficazmente a esa movilización de los laicos en profundidad de vida interior, sin la cual será imposible la actualización de la Iglesia del Post-Concilio. La vida de Jesús Palero, se abre aleccionadora para todos. A los Directores de Empresa, les descubrirá la transformación de la vida de un empleado a la luz de los Ejercicios Espirituales, en el cálido ambiente del Hogar del Emplead, prolongación natural de aquéllos. A los Jefes de Sección y Negociado de Bancos y oficinas, les revelará que también ellos pueden tener cerca de sí almas tan bellas como la de Palero, si facilitan la práctica de los mismos a sus subordinados. A todos los que simpatizan y apoyan al Hogar, a cuantos españoles se preocupan seriamente del mañana de la patria, les hará ver clara la transcendencia de una Obra que naciendo de los Ejercicios, regenerará y conquistará para Dios y para España a toda la juventud trabajadora, formando hombres alegremente ejemplares en el cumplimiento del deber. Y será también un estimulo para los Directores de jóvenes. Para que pierdan el miedo a exigirles el Evangelio integra y gozosamente vivido, para que se convenzan de la verdad de aquella frase de un celoso sacerdote extranjero, gran formados de juventudes: “Si a los jóvenes se les pide poco no dan nada; si se les pide mucho, dan más”. Estímulo también para una gran masa de nuestra juventud, que parece haber perdido la fe en el ideal, para una juventud adocenada en la vulgaridad de una vida intranscendente que sólo entiende de goces y egoísmos. Y acicate, sobre todo, para esos grupos más escogidos de jóvenes que quizá viven tímidamente la vida de la gracia, sin atreverse a lanzarse a la santidad, sin decidirse consagrar su vida al gran ideal de conquista, alma por alma, de todos los que les rodean, hasta conseguir su total regeneración material y espiritual, apropiándose la consigna luminosa que Palero hizo suya en los Ejercicios: POR CRISTO, POR LA VIRGEN, POR ESPAÑA, MÁS Y MÁS Y MÁS. Más entrega, más ejemplaridad, más alegría.

Madrid, 8 de diciembre Fiesta de la Inmaculada Concepción del Año Santo, 1950

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I

HISTORIA ÍNTIMA DE UNOS EJERCICIOS
Corren los últimos días de marzo de 1950. Palero se dispone a empezar sus Ejercicios Espirituales de ocho días. Los deseaba con ansia desde hacia tiempo. Una hoja suelta, escrita fuera de su Diario de Ejercicios y encontrada entre sus papeles, nos revela los anhelos de santidad que le embargaban al comenzarlos. La escribió, sin duda, después de la Comunión del primer día: “Señor, Te pido en estos días de Ejercicios que Te sienta en mi corazón. Has venido esta mañana a mí. ¿En qué se me conoce? Hazme santo. Yo solo, ¿adónde voy? Yo solo no puedo, quiero que me modeles como a Tu Hijo, dame los golpes que creas necesarios para tallarme y hacerme como el modelo que me has presentado, Jesucristo. Hay en mí, Señor, aristas muy duras, muchas asperezas que no me hacen parecido a Cristo. Si hace falta dar algún golpe duro y fuerte, hazlo y ten piedad de mí. Quiero ser santo, lléname de virtudes, guíame Tú. Ya sé, Señor, que esto no tiene ningún mérito, pero yo no quiero méritos, sólo quiero Tu gloria y mi santificación, para alabarte, y amarte, y hacer, inflamado de ese amor, que los demás Te amen.” “Los Ejercicios son para tocar a Cristo” —decía el Padre Director al comenzar la plática preparatoria. Y comentaba las palabras del Evangelio de San Lucas: "La multitud de enfermos buscaban tocar a Cristo y quedaban sanos." Palero escribe: "Dichosos aquellos, entre todo el mundo que no conocía a Cristo y que no sabía de esas curas milagrosas, que tuvieron la suerte de estar allí para tocarle. ¡Si otros lo hubieran sabido!... Quiso Dios que fueran 7

solamente aquéllos." "Mi caso, nuestro caso: el mismo. De unos centros de trabajo, de unas oficinas, reunidos aquí para tocarle. Porque de El sale la virtud que da la salud a todos. El ha tenido esa deferencia conmigo. ¡Qué fácil se solucionó lo del permiso! y ¡qué negro estaba todo! La cuestión económica. La santa conformidad de Juanita (alude a su novia). Agradecimiento: porque El me ha elegido, en estos días santos de la Semana Santa, en unos Ejercicios de ocho días. ¡Cuántos, queriendo, no han podido! En el Año Santo del gran retorno y del gran perdón. Petición: a la Madre: que yo toque a Cristo. Tú, Corredentora en tu dolor al pie de la Cruz. Hoy, Viernes de Dolores, en que hemos cantado y rezado, uniéndonos a tu dolor (1). Llévame de tu mano a El. Tú que con El sufriste haz que yo haga que los sacrificios tuyos y Suyos, no se desperdicien." Al día siguiente comienzan las meditaciones ignacianas. En su diario leemos: “Grandeza, Majestad, Omnipotencia de Dios. Eternidad. Los imponentes y sublimes y sencillos encantos de la Naturaleza. La fuerza del arte que mueve mis pinceles. Yo podría no haber sido cosa alguna y Dios me ha dado el ser, y Dios me está dando constantemente la vida. ¿Quién mueve mi sangre? ¿El corazón? ¿Quién mueve el corazón?... ¿...? ¡Dios! Soy de Dios, sólo de Dios, todo de Dios. Luego le pertenezco. Todo para El." Y a continuación, hablando con el Señor, Palero nos refiere lo que le sucedió la mañana de ese día, al despertar: "Gracias, Señor. Esta mañana antes de levantarme, me despertaste para hacerme una visita. Me reclamaste. ¡Y aún no había meditado que era solo, solamente y todo Tuyo! ¡No me niego! Estoy aquí no sólo para hacer lo que Tú quieras de mí... Te pido que hagas que me entregue a Ti. Quiero entregarme a Ti. Más y más y más. Perdona este atrevimiento, esta falta de expresión; es el corazón: quiero forzarte a que me llames. Quiero que dispongas mis cosas para darme entero a Ti."
Alude a la Santa Misa celebrada por la mañana con asistencia de todos los ejercitantes, en la capilla del antiguo Hogar, en la calle de Santa Teresa, 7, de Madrid.
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La meditación del fin del hombre le hace escribir: “¿De que le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Afán del mundo por las cosas perecederas: Títulos, empleos, honores, diversiones, ¡codicia!... Y después ¿qué?, ¿y después?... Nada, Nada y Nada. De tantos y tantos que se afanaron por eso hace cincuenta años, cien, el siglo XVIII, el XV... ¿qué sabemos? No son nada ya aquí y no hay nada aquí de todo aquello. Quizás se condenaron. San Ignacio dice: Para alabar, reverenciar y servir a Dios, y mediante esto, salvar mi alma. En definitiva: servir a Dios. No sirvo a Dios multiplicándome y trabajando mucho apostólicamente, si no hago media hora de meditación, asisto a la Santa Misa, examen particular, rosario, visita al Santísimo, un cuarto de hora de examen de conciencia antes de acostarme, lectura espiritual. Esto por encima de todo. ''Pro eis sanctifico me ipsum". Salvar mi alma. Santificarme. Esto, exclusivamente esto, y nada más. Santificarme yo. Lo único que a mí me interesa es el negocio de mi santificación. Aunque se hunda el mundo, egoístamente, si hay quien piense que así es. Yo. ¡Mi alma!, yo. Y siendo así de “egoísta”, es como no seré egoísta, porque sé que nadie puede dar lo que no tiene, porque... “sine Me, nihil potestis fácere”, porque haciéndolo así "lo demás vendrá por añadidura". Y todo eso no es más que... Pro eis. Y sigue desgranando las profundas ideas del Principio y Fundamento: “Todas las creaturas, todo, todo lo que me rodea ha sido creado por Dios para mi salvación. Por tanto, he de usar de ellas, tanto en cuanto me lleven al último fin, de salvación mía, la mía. Así salvo a los demás. Un negociante tiene que ir a Barcelona a un asunto financiero. El único medio de ir es en tren y sólo en tercera. El está acostumbrado ya a ir en coche cama (es más cómodo). Resulta que para todos los demás puntos de España, hay coche cama. Y entonces él va, y, como lo que quiere es ir en coche cama, se va a Sevilla. Y, claro está, no resuelve su negocio. Así de ridículo y tonto ocurre en la vida espiritual, cuando tomo los medios como fines. Todas las cosas son medios para ese solo fin: Servir a Dios y salvar mi alma. 9

Por tanto: ser indiferente a las cosas. ¿Enfermedad?, ¿salud?, ¿pobreza?, ¿riqueza? Qué sé yo. Lo que más me convenga para salvarme. Que sea una flor que germine donde Dios quiera plantarme." Cierra el primer día de Ejercicios con la siguiente conclusión dolorosa y heroica: "Dejar lo que tanto quiero... (se refiere a su novia). Porque Dios quiere más de mí: porque veo que ahí no está mi santificación; porque así estoy libre para que Dios haga de mí lo que quiera en lo sucesivo; porque así estoy libre para hacer lo que Dios me pide ahora y todos los días me lo pide: Más, Más y Más. "Pero si no pienso en eso (su novia) ¿qué va a ser de mí? Pero los Apóstoles no se preguntaron, cuando Cristo les llamó, qué iban a hacer luego, sino que al instante le siguieron. Y Jesús no les abandonó... Lo más bonito es la ¿...? interrogación...

Acaba este gran día de las renuncias afectivas, dibujando en su cuaderno de notas el emblema de la Virgen Pura: Una azucena entre estrellas, aplastando con su tallo la cabeza del dragón y sobre ella el anagrama de María. Al pie añade: "Mater divinae gratiae: Ora pro me." ¡Deo gatias! A. M. D. G.”

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"Día 2 de abril, Domingo de Ramos. Las seis de la mañana. Visita del Señor. Gracias. Gran consolación. Esta vez está muy cerca. Con El hasta las siete en que me levanté. Gracias. No lo merezco. ¿Qué quieres?... Ella también. La Reina, la Señora, la Madre. Les ofrecí mi vida entera. Todo lo mío, todo. Eso, eso también. Ya para mí no existe, ya sólo ha de servirme para que tenga que dominarlo. Todo aquello que soñé..., todo aquello para lo que está hecho... ya nada. ¡Tenlo, tómalo!... Castidad hasta el fin, in aeternum."

Dibuja después el anagrama de Jesús con el crismón de cristiano primitivo y debajo escribe: “No me dejes, átame y ten piedad de mí.” La meditación de los tres pecados le impresiona vivamente, sobre todo en su coloquio final. Un magnifico dibujo a pluma ilustra en su Diario esta emoción. Se reconoce en el ladrón de aquella iglesia de Baviera. Un Cristo aparece desclavado y abrazando al que le fue a robar la corona de perlas que la piedad de las gentes había puesto sobre su cabeza. 11

“Cristo le abraza cuando iba a ultrajarle. Confusión, vergüenza, temor, arrepentimiento. Inclina el ladrón su cabeza en el pecho del que le abraza y cuando levanta la cabeza ve a Cristo que le mira. Con los labios ardientes le besa, le perdona y le olvida. Así conmigo muchas veces.” A última hora de este día, la primera meditación del infierno se le clava en el alma, sobre todo la eternidad: "Castigo eterno —escribe—, eterno, eterno." Y concluye: “Temor: el Dios justo, el Dios de Jehová. Agradecimiento. Si yo hubiera estado ya en el infierno y Cristo me hubiera sacado después de unos días... Pues ha hecho más: no me ha dejado que yo caiga, porque se clavó en una cruz en medio entre mis pecados y el infierno.” Pero el gran fruto de la meditación del infierno lo obtiene en la repetición que al día siguiente se hizo a primera hora de la mañana. “Tres de abril, Lunes Santo. Yo camino del infierno. Mis pecados conmigo hacia el infierno, iba derecho. Y Cristo se clavó en una cruz en medio. Se puso entre mis pecados y el infierno cubriendo la entrada con su cruz para que no pase. Y no pasé por eso. (Un impresionante dibujo ilustra, al margen de su cuaderno, esta idea). Otros con menos pecados, pasaron. Esto ¿por qué?, ¿por qué, Señor, te pusiste en mi camino?, ¿por 12

qué me sacaste hacia la tierra prometida?, ¿por qué quitaste las escamas de mis ojos?, ¿por qué toda esa serie de gracias que sólo Tú y yo sabemos?, ¿por qué?, ¿para qué? Porque me tenías destinado para otra cosa. Para Ti. “Nos hiciste para Ti, Señor...”

Y valientemente, va a sacar la conclusión, en un arranque de amor. La insistente pregunta de San Ignacio le espolea. ¿Qué debo yo hacer por Cristo? Y no se detendrá, como tantos otro, a mitad de camino en esta meditación. Se entregará totalmente a Aquel que le salvó, y se entrega a la santidad en una meditación que aparentemente sólo sería apta para excitar temor cuando en realidad lo es también para despertar entusiasmo y amor a Cristo: "Potestis bibere calicem?... ¡POSSUMUS!" Puedo. ¡Quiero! ¡Quiero! Quiero beber el Cáliz de tu Pasión, ser santo, santo, santo, MÁS y MÁS y MÁS. "Usque ad finem", hasta el fin. Dame la santidad ambiciosa que te pido. Con todas las circunstancias y consecuencias anejas. Porque sé que el camino es estrecho y la pueda angosta. Porque sé toda una serie de renuncias, sacrificios y penitencias que has dado a tus santos. ¡La Santidad mayor! ¡Dura y áspera! Como sea. No quiero que me la regales. Quiero comprarla a su precio. Ya sé lo que cuesta. Dame fuerzas. He visto la tarifa: enfermedades dolorosas, largas, contagiosas. Martirio, pobreza, 13

deshonras horribles... penitencias... Martirio. Eso si que me gustaría. ¡Mártir! para irme con mi padre y con mi madre. Porque el martirio de ellos, son las bendiciones de Dios, sobre mí, mi hermano Manolo y mis otros hermanos. Y serán las de la familia entera. “Le sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos” (2) La santidad COMPRADA. Y si es preciso de estraperlo. A. M. D. G. Dame lo que haga falta para conseguirlo: Una tuberculosis, pobreza, fracasos, dolores agudos, inspiraciones para poner en práctica... lo que sea, lo que quieras. 'Fiat voluntas tua". A. M. D. G." Así se entrega a la santidad, a la mayor gloria de Dios, en alas de la luminosa consigna de Ignacio, impulsado por el Más, Más y Más de Francisco Javier, que tantas veces él habla repetido al oír en las grandes concentraciones del Hogar el grito de guerra de sus compañeros: Por Cristo, por la Virgen, por España: Más y Más y Más... Y a la santidad en Jesús por María como lo expresa gráficamente en el crismón, centrado entre las iniciales del Ave María, que dibuja en su cuaderno al acabar esta meditación.

La plática de ese día versó sobre las reglas de San Ignacio acerca de la manera de distinguir los movimientos causados en el alma por el buen y mal espíritu. Palero se aplica estas valiosísimas enseñanzas del gran Santo escribiendo: “Actuará el mal espíritu en mi, como lo ha hecho hasta ahora, con apariencias de bien: consejos de... ''personas buenas" (3), desolaciones interiores, haciéndome ver que no tengo razón, que no estoy en la verdad, que, claro, en estos Ejercicios actúa mucho la sugestión, porque todo está dispuesto para sugestionarme y conseguir el fin. Cazarme. “Que te van a pescar". Buen espíritu ¡PUES BIEN! ¿cazado? ¿y qué? Bendito Dios que puso
Durante la guerra de 1936-39 el padre de Palero fue fusilado por sus creencias en Alcalá de Henares. Su madre murió a consecuencia de ello. Su hermano Manolo, a quien alude, es actualmente sacerdote en Madrid.
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Varias veces en su vida, como por desgracia suele suceder a muchos jóvenes que en Ejercicios sienten muy de cerca a Dios, algunas de estas “personas buenas” trataron de apartarle, con consideraciones aparentemente razonables del recio camino que le trazaba la voluntad de Dios.

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el anzuelo. A mí no me pasa lo que a los peces que sacados de su ambiente, el agua, mueren, no respiran. Yo vivo, yo vivo más. Yo en el otro ambiente no viviría a pesar de las apariencias. ¿No lo sé por experiencia? ¿y voy a probar? ¡NO! La conclusión a que llega al penetrar las primeras reglas de San Ignacio, revela la inteligencia perspicaz que calibra exactamente la potencia y ardides del enemigo. Trata de prevenirse contra ellos, aun cuando todavía no conocía la regla de oro de San Ignacio de no cambiar los propósitos en tiempo de desolación, hasta llegar a ser "un autómata'' que actúa mecánicamente, “aunque no vea”, aunque le “parezca ridículo” lo que hace: “Conclusión. Ahora veo. Sé que llegará el día en que el tentador hará que piense que esto que he propuesto en Ejercicios es una solemne tontería. Influenciado por el ambiente me he dejado llevar de estas historias Cuando venga esa tentación: hacer lo que me he propuesto en Ejercicios, cueste lo que cueste, pase lo que pase, aunque no vea, aunque me parezca ridículo después. Si es preciso, actuar como un autómata". Inicia sus notas sobre la meditación de la muerte con estas palabras: “Autorretrato”, y debajo, en un recuadro, dibuja a pluma su propia calavera, al pie de la cual se lee en grandes caracteres: Yo. Al margen del dibujo, esta frase: "dentro de cien años, ni esto. Nada."

A continuación escribe: "Consideración de mi muerte. Ahora que he estado con la pleuresía (alude a la enfermedad que había tenido hacía algunos meses), podía haberme empeorado, en lugar de mejorar y haber venido a estos Ejercicios; y he visto claro por que el Señor me llama para algo MÁS de lo que hacía.'' Y siguiendo las indicaciones del P. Director, enfoca realísticamente la 15

meditación, presentándose su propia muerte: "Imaginarme que hubiera desembocado la cosa en una tuberculosis. Los dolores, la plastia, las angustias, las gentes y amigos que hablan bajo, se percibe en el ambiente que estoy grave, aunque no me lo dicen. Hemoptisis final, y el alma fuera del cuerpo. En el mundo: los más queridos (los míos) me lloran, y al correr del tiempo, nada. Los demás, ¡comedia! A los dos años, nadie se viste de luto por mí. En el entierro, todo el mundo habla de sus negocios. Fuera del mundo: mi alma ante el Señor. Eso es lo único que no es comedia. ¿De qué me ha servido tanto afán tanta honra, tanto, tanto en el mundo?" Su alma de artista se impresiona ante la suerte final de tantos: “Supongamos que Velázquez, el Greco, Cervantes, etcétera, uno de ellos se hubiese condenado, ¿de que le sirve a él que el mundo entero cante las maravillas de su pincel o de su pluma...?” Y al final de la meditación, una decisión firme, inspirada en la conducta de un gran santo y gran español: "Actitud: la del Duque de Gandía ante la hermosura putrefacta del cadáver de la Emperatriz Isabel: "No serviré jamás a Señor que pueda morir". Y fue San Francisco de Borja." Pero a su alma selecta no le bastan actitudes generales, que por lo vagas e inconcretas, pueden desvirtuarse al correr de los días. Son necesarios propósitos definidos, preguntas tajantes: “¿No me afano demasiado con mi porvenir, no pienso demasiado en mis pinceles?” Y para salir de duda, como quien sabe dónde se encuentra la voluntad de Dios, añade: "Consultar al P. Director." Y consultarle con indiferencia heroica y sencilla de quien de antemano elige lo que más le cuesta: “Por mí, las 8 horas de oficina peladas, de un triste empleado, y el resto del tiempo, a alabar a Dios según me pida." Se cierra aquel Lunes Santo con la meditación del Rey temporal. El Rey Temporal Cristo llamando, escribe: “A otros llama, que quieren más afectarse en seguirle y señalarse en todo servicio.” Una doble raya bajo estas palabras denota la honda impresión que le producen las frases encendidas de San Ignacio. Y la contemplación imperial de los Ejercicios, es el sello de las 16

anteriores meditaciones, que cada vez se han ido haciendo más nítidas, a lo largo de las grandes ideas de la primera semana. Nada nuevo parece que descubre, solamente reafirmarse en los propósitos. "En esta meditación he confirmado todas las conclusiones y propósitos de las demás." Desde el Principio y Fundamento, desde antes quizá de entrar en Ejercicios, era soldado del Gran Rey, "Ya estaba yo alistado para luchar contra mis enemigos, los enemigos de Cristo." Pero ahora la lucha adquiere para él todo su sentido práctico. Así al aplicarse la consigna conquistadora del Rey Eterno y Señor Universal, añade: "He considerado las luchas contra el enemigo mío interno, el que llevo en mi cuerpo por causa del pecado." En apariencia no se inmuta en la plática que más sobresaltos y más paz al mismo tiempo, cuando derechamente se busca a Dios, produce a los jóvenes ejercitantes. Así escribe al tratar de la elección de estado: "También aquí se confirma mi decisión de las últimas meditaciones". Y con aire de triunfo, añade: "Es seguro, ése es el camino." Y luego, de su corazón agradecido brota una oración: "Gracias, Dios mío, porque no he tenido que llegar aquí para que se cayeran las escamas de mis ojos." Tenía razón. Hablan caído ya el primer día de Ejercicios después de aquellas cuatro meditaciones contundentes sobre el Principio y Fundamento. En ellas se había incubado el germen de generosas resoluciones que florecerían a lo largo de los Ejercicios y de los pocos meses de vida que el Señor le concedió. "Aunque no lo he formulado —concluye—, es lo mismo, voto de castidad. Estudiar un programa de privaciones que me hagan vivir como si tuviese voto de pobreza, y someterlo al P. Director." Y para pedir fuerzas, no olvida el recurso filial a la Madre, artísticamente expresado en su cuaderno: una rosa abre graciosamente sus pétalos, y en ella el anagrama de María. A ambos lado, la leyenda “Ora pro nobis"... *** El Martes Santo, cuatro de abril, inicia sus Notas a la contemplación 17

de la Encarnación, reproduciendo en latín las palabras de San Juan: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". Lentamente va recorriendo los puntos de San Ignacio: “1.º El mundo en el pecado antes de que brillara la luz: Tú, lumbre y resplandor del Padre. Blasfemias, pecados, lujurias, crímenes, soberbia, bestialidades... La mezcla de todo lo malo del hombre. 2.º Un pueblecito de montaña ignorado, escondido, perdido... Nazaret. Una Virgen orando.” Y al contemplar a María, un recuerdo aflora a su alma de artista: “El cuadro de Fr. Angélico, con toda su pureza de líneas, de color, con todo su ambiente transparente, limpio, de una atmósfera clara cual corresponde a lo que allí pasa.” Y levanta su alma al cielo, y al contemplar la Santísima Trinidad, dice: “La determinación santa. El Dios Jehová. El Dios Justiciero. El Señor de todo se hace hombre... Hágase en mí según tu palabra. Y el Verbo se hizo carne.” Muchos puntos suspensivos en su cuaderno. Y a continuación, vehemencia de afectos en su corazón. "Gran consolación. El, hecho carne por mí. Confusión, agradecimiento. Coloquio con Ella." Inmediatamente, una conclusión práctica: "Más entrega. Más. Santidad ambiciosa." Y la intensidad de sentimientos que esta resolución produce, se traduce en las siguientes frases, frases del alma emocionada, que siente cerca a su Dios y no quiere separarse de El: "Que siempre Te sienta como ahora. ¡Que arda en amor!" "¡Que me queme amando! ¡Más santo, MÁS, MÁS, MÁS!" Y acaba dirigiéndose lleno de amor a su Dios, con una frase que sintetiza el intenso movimiento afectivo de un alma enamorada de Cristo al contemplar el prodigio de la Encarnación: “¡Que siga unido a Ti con el regalo de tus caricias! ¿Cómo ahora? ¡No! ¡más! Más, luego: más, siempre. Tú que me has robado el corazón.” Y debajo de estas palabras, el anagrama de Jesús en una de las formas en que solían reproducirlo los cristianos de los primeros siglos. He aquí la disección que hace, aplicándosela a su vida, de la regla que da San Ignacio acerca de las causas de las desolaciones: 18

“1.º Por desórdenes en mi vida: sin acostarme a una hora fija, sin levantarme puntualmente, sin tener un plan, sin esforzarme en la oración, dejándome llevar del gusto del cuerpo. 2.º Dios quiere probarme para que vea que no soy nada, para que no me crea algo porque siento así, para que no lo haga por gusto, para que lo haga por servicio". Ahora contempla a la Virgen y San José en la ruta de Nazaret a Belén: “Algún magnate se les juntaría en el camino. El, en su carroza: "pobres campesinos', pensará. Un “haiga” por la calle de Alcalá, y un pobre botones que va zarandeado de un lado para otro. El del ''haiga", ni mirará al botones. Y quién sabe si el botones lleva a Cristo dentro. La historia se repite.” Al llegar a Belén, apunta: "Y no encontraron alojamiento. Cristo expelido antes de nacer. Y lo será muchas veces. Ese es el camino. Disgustarse y dar disgustos por Cristo. Como San Juan: Non licet."

Y en su cuaderno, al pie de esta meditación, dibuja una imagen bíblica: Una nube en cuyo centro flota el anagrama de María, y un sol con el crismón en el punto medio. Y del sol, a través de la nube, se filtran rayos que iluminan la tierra Es Jesucristo la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En la Adoración de los pastores experimenta "gran consolación", como dice en su cuaderno. Le sorprende particularmente que el gran anuncio "se hace a los pastores, y en la soledad de la noche". Y añade, "¿Cómo va a venir el Señor en nuestras meditaciones, con el jaleo que tenemos en esa vida de Madrid, de ir y venir, sin acordarnos de El para nada, sin cumplir con nuestro deber, sea el que sea? Con el ruido dentro de mi de películas, novelas, etc., no aparece el Señor aunque le 19

busque." Después de señalar cómo los pastores al retirarse anuncian a todos lo que habían visto, se aviva en él la llama del apostolado que le consumía, y escribe: "Fueron apóstoles porque vieron a Cristo a través de María. Y viéndole así no pudieron aguantarse. Y tuvieron que decirlo a otros: APOSTOLADO." Miércoles Santo, 5 de abril. Se inicia para Palero con la contemplación de la Huida a Egipto. La sublime lección de obediencia de la Sagrada Familia le sugiere los siguientes propósitos: “Obediencia ciega. La vida es servicio, servicio al Señor Dios, mi Creador, a Cristo que ha hecho lo que ya sé por mí, a María por lo mismo. ¡Servir a Dios, hacer su voluntad! Servir a Cristo y a la Madre: Imitar su ejemplo: la Virgen y Cristo al servicio de Dios, haciendo la voluntad del Padre.” Y concluye: “Obedecer, obedecer a Dios, siempre, en todo y en todos.”. Así, en esta meditación comprendió la verdad de aquella frase con que San Benito prologa su regla: "Los que quieran seguir en pos de Cristo-Rey, deberán tomar las armas mejor templadas, las de la obediencia." Al oír la explicación de las reglas cinco a doce de discreción de espíritus en que San Ignacio habla del modo de conducirse en tiempo de desolación, con grandes caracteres, escribe en sus apuntes: "Conclusiones evidentes. EN TIEMPO DE DESOLACION NO MUDAR EL PROPÓSITO, POR EL CONTRARIO: HACER OPPOSITUM PER DIAMETRUM. ¿Qué no quieres caldo?, toma dos tazas. Dar parte al Director espiritual de estos estados de ánimo, AUNQUE ME PAREZCA INÚTIL." La contemplación de Jesús trabajador en Nazaret le descubre el valor redentor del trabajo. Hasta entonces para él había sido lo que para tantos antes de hacer Ejercicios: un triste y penoso medio de ganarse la vida, algo que se hace con repugnancia, porque no hay más remedio. Pero ahora, la luz de Cristo disipa esta sombra de paganismo en su concepto del trabajo: "No desperdiciaré la fuerza redentora del trabajo". Quiere hacer del trabajo apostolado, la gran obsesión de su vida. Para ello, escribe: 20

"Ofrecimiento al empezar a través de mi Madre, la Santísima Virgen.". Y la vida oculta y monótona de Nazaret, hace desaparecer la preocupación que le agobiaba antes de ir a Ejercicios: "No insistir más en querer colocarme mejor." Lleno de la santa voluntad de Dios, para imitar a Cristo sacrifica su inclinación a la pintura que tanto le atraía: "No buscar la profesión en la pintura, a la que siento más que vocación. ¿Para qué? Triste empleado, pero grande, igual que Cristo, el carpintero. Lo que Dios quiera." Al contemplar ahora a Jesús perdido en el Templo, descubre lo que él llama "peligro de los afectos desordenados, aunque algunas veces sean lícitos y parezcan razonables." Inmediatamente, aplicación a su apostolado: "Ser camarada con todos, en el Hogar, en el centro que sea, no tomando sólo afecto y tratando a unos determinados." Y en seguida, su censura para "el que siempre va con sus amigos, dentro de su circulito de conocidos que piensan como él, olvidándose de los que no conocen a Cristo y que quizá no están lejos." Y a la luz de la meditación, se reavivan sus deseos de sacrificar los afectos más íntimos, los que todavía le ligaban a su novia: “Quiero las cosas de mi Padre aunque sea rompiendo afectos, quedando mal, lo que sea, si la voluntad de Dios lo exige. Yo me debo a mi Señor. Servicio.” Su sexto día de Ejercicios acaba con una contemplación-resumen de las meditaciones precedentes. "Recapitulación —escribe—, para que se fije más en mi ese cuadro de Nazaret, síntesis de la vida cristiana... Todo aquello que contemplo en la Santa Familia, se resume en un principio: Hacer TODO por amar de Dios. Las acciones con sencillez y humildad. Cumplir la voluntad de Dios." Y como buen discípulo de San Ignacio no se contenta con esa contemplación afectuosa. Quiere ver las personas, oír lo que hablan, mirar lo que hacen; para reflectir sobre el mismo, para formular propósitos muy concretos, persuadido, como estaba, de que las fórmulas vagas no llevan a la santidad, si no se lucha eficazmente contra las propias pasiones: "Para copiar yo de Nazaret tengo que quitarme muchas cosas: muchas ganas de sobresalir y de contar en el mundo." 21

Y ve claramente que Dios le exige sacrificar sus inclinaciones artísticas: “Tengo que abandonar la ambición de triunfar con mis pinceles, porque es peligrosa para le humildad.” Para luchar decididamente contra la vanidad, un propósito: "No tengo que poner firma a mis cuadros. Si pinto algo, para recreo del espíritu o porque me lo manden." Su entrega a Dios es total también en este punto que tanto le costaba. Como antes había ofrendado al Señor los afectos más queridos de su corazón, ahora sacrifica aquello por lo que sentía "más que vocación": "Como la voluntad de Dios es que me ponga al servicio del Hogar, haré en esto lo que me mande mi Director." Al hacer esta contemplación-resumen, dirige de nuevo su mirada a Jesús entre los doctores: “Otra vez ‘los suyos no le recibieron’. Ante esta teofanía, los soberbios científicos doctores no descubren en aquel niño un Dios. Sólo lo comprenden los humildes y generosos. ¡Pero si no le comprenderían cuando hizo los milagros ante ellos! El mundo es así." Y acaba aplicándose la enseñanza de San Pablo anunciando persecuciones a cuantos quieran vivir según el espíritu de Jesús: "Si yo tengo a Cristo y vivo conforme a El, seré el raro y me perseguirán, aunque no sea más que el contraataque a mi ‘non licet’ a muchas cosas del mundo.” *** Al amanecer del Jueves Santo, Palero contempla a Jesús comenzando una nueva vida, su vida pública después de despedirse de su Madre bendita. "Jesús parte de Nazaret. Otro golpe al corazón. Dejar su Madre, su casa, su pueblo, todo. Hacia el sacrificio, hacia la vida dura, a por un cáliz amargo que le espera. Y empieza su ministerio público, difícil, penoso.” Y ahora, contemplando al Maestro, Palero experimenta lo que le costará vivir después de Ejercicios la ofrenda total que ha hecho a Dios: "Cómo cuesta siempre el empezar a una vida nueva por Cristo. Como cuesta siempre, cuando hay que romper con todo, CON TODO, con todo afecto, e irse despojando de todo hasta que se cumpla lo del Apóstol: 22

‘Vivo yo, mas ya no yo, es Cristo quien vive en mí’." Y comprende que este despojo total es necesario para la conquista: "Porque para ser apóstol, para llevar almas de joven a Cristo, hay que olvidarse de sí mismo. No dejar hueco en el corazón ocupado por nada, para que todo lo llene El. Olvidarme de mí, para que El se acuerde de mí. Dejarse llevar, para lo cual no hay que agarrarse, no hay que hacer resistencia. Dócilmente, suavemente. Yo quitando lastre para hacerme ligero y que pueda manejarme con facilidad. Entonces, sin ocuparme de mí, El actuará por mí y yo no haré nada, porque El es quien convierte. Yo soy la herramienta, herramienta limpia que corte, dispuesta para El."

Y presintiendo alegrías y triunfos de apostolado, hecho ya una misma cosa con Cristo Jesús exclama alborozado: “Y me llenaré de su amor y seré 'alter Christus’, ‘lux mundi’, sin yo saberlo, haré apostolado, santificaré en donde esté, porque es Él el que vive y no yo. Por ellos me santifico, me ofrezco como victima, me inmolo al Padre.'' Esas alegrías y esos triunfos del apóstol incorporado a Cristo, los expresa bellamente en el dibujo estampado en esta página de su Diario: la figura augusta del Maestro de la que brotan candelabros con llamaradas de luz saliendo del Corazón de Cristo. Y todo ello con movimiento prodigioso y exultante, con una perfección de líneas casi insuperable. 23

Y ahora contempla compadecido a la Virgen: “Dolor de la Madre en la despedida. Ahí está Ella, otra vez asociada a la Redención, como cuando su Hijo se quedó en el Templo." Y como siempre, un propósito concreto, lleno de amor y confianza filial: "Acudir a Ella cuando tenga que partirme el corazón." Y como se siente sin fuerzas para sacrificar sus aptitudes artísticas, se las pide con toda sencillez a la Madre que todo lo alcanza: "Madre, dame fuerzas para destruir toda mi obra de aceite, si es que Dios lo quiere, para quemar mi archivo de las fotos. Para destruir lo que guardé para ser algo, sin saber que no. siendo algo, soy mucho." En el alma magníficamente preparada de Palero la magistral Meditación de Dos Banderas va a producir el efecto apetecido. Los emisarios que Satanás enviara sobre él desde Babilonia serán: “Personas de esas prudentes, risas y ataques en la oficina, incomprensiones, susceptibilidades, etc. Todo ello encaminado a que deje de ser "cabezota'', ''fanático de Cristo'', 'raro', 'autómata', ciego ante el Director espiritual, o sea lo que me mande, sea lo que sea. Personas que me dicen que estoy influenciado por unas ideas que no he pensado en frío." Pero Palero no se contenta con señalar esos satélites que Satanás envía a todas las almas revestidos de ropaje aparentemente inofensivo. Ahora señala lo que él llama "sus demonios particulares", los que le tientan dentro de él: "Dejarme llevar del aburrimiento en la desolación, metiendo inquietud. Pero no he de estar inquieto por nada desde el momento que sé a ciencia cierta que hago la voluntad de Dios.” También el buen Caudillo le envía en particular sus emisarios. Son: “Las gracias y suasiones que vienen del Cielo, las personas que en medio de ambientes contrarios viven a Cristo.” Y acaba hablando con la Virgen: “Docilidad dejarse llevar cogidos de la Madre. Coloquio con Ella, para que me obtenga la gracia de ver claro ahora y siempre, luego las actuaciones del mal espíritu y las invitaciones del bueno. Velar y orar, estar prevenido y dispuesto siempre. Pedirle esta gracia a Ella." La contemplación de Lázaro resucitado hace vibrar con intensidad as fibras más delicadas de su alma. 24

“El que amas está enfermo. Oración sencilla y llena de confianza del alma que ama. Señor, a mí que me amas, que obras son amores, y que he visto lo que has hecho por mí, Señor, yo, el que amas está enfermo. Enfermo de alma, con muchas imperfecciones, con mucha tirantez hacia la tierra, con mucho lastre que me imposibilita ir hacia Ti. El que amas está enfermo.” Y le impresiona una frase del Evangelio: “Y se quedo allí aún dos días. No fue rápidamente, y bien que les quería, a sus amigos de Betania. Retorciéndose el corazón, dominando afectos buenos y en sí lícitos. Para que yo vea el ejemplo y me dé su gracia en las renuncias que me esperan." El secreto íntimo del apostolado fecundo, la confianza absoluta e incondicional en el poder de la gracia impregnada en el amor afectuoso al Maestro, lo descubre en esta soberana meditación: “¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios? Amar y creer tocarle con el corazón, y veremos la gloria de Dios, la resurrección de un compañero de trabajo, el ganar para Cristo a toda mi empresa." En esta atmósfera de amor cálido al Cristo adorado, acaba esta contemplación en diálogo íntimo con El, saturado de humildad, empapado del más puro amor. "Señor Jesús, que Te toque, que Te ame como aquellos Tus amigos de Bolonia, para que Tú me devuelvas amor. Mírame débil e impotente. Lléname de Tu amor, una llama que arda mucho, que me consuma y se consuma en Tu servicio. Y junto con la gracia de tu amor, dame la gracia de no creérmelo y que sepa que eres Tú solo sin yo merecerlo." A la caída de la tarde de aquel inolvidable Jueves Santo del año jubilar 1950, los cincuenta y tres ejercitantes compañeros de Palero se reunían con él en la capilla de la Casa de Ejercicios de Las Navillas, en esa capilla inolvidable para tantos jóvenes trabajadores de Madrid que pasaron en ella los más felices instantes de su vida, al calor de la mirada maternal de María, en contacto íntimo con Jesús Eucaristía. Ante el Monumento, situado en uno de los altares del presbiterio, llamarada de luz y de amor, apretado haz de almas juveniles, iluminadas para Dios al apagarse las luces del sexto día de Ejercicios. La emoción se adueña de todos. Es la hora en que Jesús instituye el Santísimo Sacramento. Gratitud confianza, amor conmueven el alma de Palero. Y le encien25

den en deseos de hacer más y más y más por su Dios: “Gracias, Señor. Para que Te comamos, tengamos vida sobreabundante y nos transformemos en Ti. No estamos solos. El está con nosotros. Confianza. Es la vida que necesito. Sin ella no podría hacer nada. La clave del apostolado, del éxito de Dios. Recibirte, estrecharte, reclinar la cabeza muy cerca de Tu pecho jadeante. Con San Juan de la Cruz estarse amando al Amado." "Ir dejando el corazón colgado del Sagrario, que se empape, que se esponje, que se llene de Tus caricias y de Tus ternezas, de vida sobreabundante. Y ya, transformados en Ti, todo está hecho. Tendré las fuerzas que necesito. Para ser humilde más, más y más, para ser pobre más y más, para ser obediente más y más, para cumplir a rajatabla mi deber más y más, para hacer que los que estén a mi lado Te conozcan, para tener fuerzas en los momentos de desolación, para poder todo en Aquel que me conforta. ¡Amor! ¡Amor! ¡Más Amor!" A las diez de la noche de ese día, los ejercitantes nuevamente ante el Monumento. Una meditación especial que se suma a las cuatro habituales, para acompañar a Jesús en el Huerto. Palero escribe: ''Hora Santa, noche de Getsemaní". Y el Señor parece se digna asociarle a sus tristezas y sufrimientos, permitiendo en esta meditación que la desolación se apodere de su alma: "Lo que más me impresiona de esto es la desolación tan grande. Yo lo sé, Jesús, y total, no es nada. Cuando se pierde la fe... Cuando se encuentra uno en el vacío, cuando parece que todo se viene abajo, cuando parece que Dios se olvida. ¡Qué tristeza! ¡Qué sequedad! ¡Qué asco! ¡Qué tedio! Después de haberse afanado y matado, para luego, nada. ¡Que soledad! Comprendo Tu dolor y Tus gotas de sangre. Señor, que a mí no me pase otra vez esa desolación. Mejor dicho, que me pase y sea fuerte, pero que me acuerde de Getsemaní. Y esté firme hasta que el Ángel Tuyo me conforte. Porque al final, vendrá el Ángel, aunque me parezca que no. Vendrá, vendrá. Todo lo que he hecho, todo lo que he abandonado, me parece tonto. Dudaré de Ti, mi Dios. Creeré que estaba equivocado, como otras veces lo he creído. Haz, Señor, que si viene otra vez esta prueba horrible, estas notas me recuerden la noche esta de Getsemaní contigo en la capilla de Las Navillas. Resistí, y el Ángel me confortó."

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Las emociones más hondas de sus Ejercicios, son las recibidas en el Viernes Santo, 7 de abril, tan hondas que "no se pueden borrar, no se pueden escribir", según nos dice en su Diario. Como a los grandes contemplativos, lo que más le impresiona es la desolación de Jesús en medio de los tormentos de la Pasión, el contraste entre los mártires confortados con la presencia sensible de Cristo y el desamparo de Dios que siente Jesús: “Es impresionante el martirio de un Santo, sea el que fuere, pero la gracia de Dios en ellos, les hace fácil, o al menos posible el sacrificio. San Ignacio de Antioquía echa a correr rápido a las fieras, lleno de amor, de fe en Dios, para hacerse trigo molido de Cristo en los dientes de las fieras. Todos mueren con el nombre de Jesús en los labios y en su corazón. Dios /es asiste. Puedo repasar el martirio de cualquier Santo. La Cruz les dio fuerzas, Esa Cruz y esa Pasión debieron ser grandes para dar fuerzas a todas esas otras cruces y pasiones de tantos y tantos mártires. Lo imposible y más que heroico, hubiera sido que Cristo no hubiese padecido y que los mártires que murieron lo hubiesen hecho sin creer en Cristo, sin fe. Es imposible ir al martirio sin fe. Pues bien, ése es el mayor dolor de la Pasión de Cristo. Mucho más que los dolores naturales, el abandono, la desolación. El no tenía esa fuerza divina que empujó siempre a los mártires. (Misterio sublime). El Dios-Hombre desamparado de Dios... Vacío... Desolación... ‘¿Por qué me has abandonado?’ Cristo sin fe, aunque parezca herejía, asco del tormento, repugnancia. Le parecía todo inútil." Un sentimiento de natural indignación aflora a su alma entristecida por tanto sacrificio estéril: "El mundo pecando y pecando sin hacerle caso. ¡Desagradecidos, así 27

le pagan por quererles salvar! ‘¿Por qué me persigues?’ —dijo a Saulo. Perseguir al Señor, escupirle, no es una frase piadosa hecha. ¿Por qué me persigues? Lo ha dicho El.” Y va siguiendo a Jesús por la vía dolorosa, llenándose de dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas de tanto como padece, siguiendo las huellas de Ignacio: "Seguir con el Maestro los pasos de su Pasión, Calle de la Amargura. El como un leproso, como un gusano. La Virgen deshecha en lágrimas... Muere en la Cruz. La Hostia pura, la Hostia santa, la Hostia inmaculada. Contemplación a los pies de la Cruz. Con la Madre. Recogimiento profundo. Es la tarde de Viernes Santo hace mil novecientos cincuenta años justos." Después de la contemplación de Jesús muriendo en la Cruz, al declinar la tarde de aquel Viernes Santo, en la soledad augusta de la casa de Ejercicios, se siente impulsado a añadir en sus apuntes la siguiente nota: "En estas meditaciones de la Pasión, no hay muchas notas. Cuando las repita, siguiendo este cuaderno, recordaré las emociones de esta tarde del Viernes Santo, que no se pueden borrar, que no pueden escribirse. ¡Viernes Santo con Cristo en Las Natillas! Entereza de carácter. Sacrificio, ¿no me quedare convencido de que la abnegación es posible? ¿De que no hay que tener miedo al sacrificio? ¿De que querer es poder? ¿De que después de haber visto a Cristo como le he visto los sacrificios, las renuncias y los padecimientos son mucho menos que lo que parecen? Todo está en vencer la primera repugnancia, y luego, GOZAR." Esta palabra gozar aparece subrayada..., como queriendo recalcar la alegría que siente al compartir el sacrificio de Jesús. Una meditaciónresumen de todas las de la Pasión compendia en el alma de Palero las profundas impresiones del día más santo de los Ejercicios. Hará un ramillete con ellas para que la Madre Dolorosa lo conserve en sus manos maternales y el crucifijo será el amigo más íntimo de su vida, el testigo que en el examen diario de su conciencia le reprochará sus faltas, llenándole al mismo tiempo de confianza y amor “Cristo en los brazos de su Madre. Recuerdo de la Pasión. Recuerdo de todo lo meditado. Ante Ella, con su Hijo muerto. Pegarse el corazón a Ella. Consolarla. Ella, en silencio, contempla y llora. Yo maté a tu Hijo. Con mis orgullos, con mis pecados... Acudir a Ella, consumando su corredención. Poner todos los sentimientos de las contemplaciones de la Pasión en sus manos. Tener y llevar siempre conmigo un Crucifijo. Que 28

me ayude en el trabajo, que me recuerde la obediencia de Cristo. Que me haga humillarme, que sea el auxilio de mis necesidades, cuando el trabajo sea muy costoso, cuando tenga que hacer un determinado acto de apostolado de conquista. En el bolsillo, que le sienta; en mi mesa; a donde vaya, que El sea el testigo por las noches de mi examen de conciencia, recordando ante El mis faltas. Y mirándole a El para saber que hay un perdón, un perdón muy grande, muy grande, que en estos días me ha llenado de alegría y confianza.” No quiere resistir a la tentación de reproducir en sus Notas, aquellos versos que tanto le habían ayudado en los Ejercicios: “Si es Tu amor el que me guía —con dulzura o sin sabor, — ¿qué me importa a mi la vida? — ¿qué me importa a mí el dolor? — ¿si es Tu voluntad, Señor? — Llévame donde Tú quieras — ponme en trabajo o en quietud — que adonde quieras que vaya — esperándome estás Tú — en la Hostia y en la Cruz." Sábado de Gloria, 8 de abril, último de Ejercicios. Escribe: “Meditación 29. ¡¡Resurrexit!! ¡¡Aleluya!! Regocijaos, Reina del Cielo. Aleluya.” Y después de explayar su corazón afectuoso en parabienes a la Virgen, rebosando de amor a la Madre, añade: “Alegría en el alma en este último día de Ejercicios. Como la alegría de la Virgen —que le siguió sufriendo—, cuando el Ángel le anuncia la Resurrección.”

Y luego, las consignas de vida cristiana que nunca faltan en su Diario. Ahora utilizando palabras de San Pablo: “Si habéis resucitado juntamente con Cristo, buscad las cosas que 29

son de arriba... Saboread las cosas del Cielo... no las de la tierra." Un nuevo coloquio con la Madre: "Pedir a la Virgen que nos alcance la gracia de seguir, como Ella, siempre a Cristo, en las dulzuras de Nazaret y en los sacrificios de su obra redentora, hasta el pie de la Cruz. En la confianza, en la esperanza que llegará el día de su resurrección, la mía: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien vive y cree en Mí, aunque hubiera muerto, vivirá’." Y en la alegría de la Resurrección, descubre un nuevo motivo de aliento para la vida por y para Cristo, que quiere llevar después de Ejercicios: en los momentos de desolación que se le presentará, soñará con el triunfo final: “Si el contemplar Tu Vida, Tu Pasión y Muerte no me es un aliciente en los momentos de desolación, lo será la esperanza gloriosa de verte cara a cara, el abrazo de duración eterna...” Una novedad en sus Notas. Desde el Jueves Santo se habían celebrado, con solemnidad impresionante, los Divinos Oficios en la Capilla de la Casa de Ejercicios. En los días anteriores no encontrarnos en su cuaderno nada alusivo a ellos. Pero el Sábado Santo, después de las notas que acabamos de transcribir, encontramos lo siguiente: “Profecía 1,ª del Sábado Santo. El ejemplo de los tres jóvenes en el horno por no querer adorar la estatua de oro de Nabucodonosor. Entre el fuego sin quemarse... En el mundo, sin ser mundo, ‘loando a Dios y bendiciendo al Señor.' Y el Señor les ayudó por no querer adorar a la soberbia, al dinero, a la tierra. Profecía 2.ª: Noé en el arca, al cubierto de todo paganismo, de toda pesadumbre. El arca de la Iglesia flotando sobre toda inmundicia en un paganismo solapado, es nuestro resguardo." Palero preveía que tendría que moverse con agilidad cristiana para no contaminarse, en el ambiente pagano de un Madrid alejado de Cristo. Por eso dibuja a los pies de estas palabras, la navecilla de la Iglesia que le permitirá surcar, sin salpicarse, las aguas del mundo.

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Impresionado sin duda por las grandezas de las ceremonias de los Oficios del Sábado Santo, debió de emplear algún tiempo libre de ese día en espigar su Liturgia, repasando en su misal algunas de sus partes. Y no sólo en las Profecías, como lo demuestra este comentario atrevido y valiente a la Angélica. ''Hay un cinismo impresionante en una exclamación en que se alaba y engrandece el pecado de Adán que trajo las maravillas de la Redención. Gracias a eso hemos visto el amor de un Dios." De todas las meditaciones de la Vida gloriosa del Señor resucitado, la que más le impresiona, como nos dirá en su Diario, es la aparición a los discípulos de Emaús. Como en la de Lázaro, se complace en transcribir, subrayándolas, las frases del Evangelio que mas le hieren, añadiendo luego una breve consideración: “Se fueron dos discípulos desolados, tristes, no tuvieron fuerzas para perseverar con los otros, desertaron. El mismo Jesús, no un ángel sino El mismo, sale a su camino como sale al camino del alma, como ha salido a mi camino. En otra figura, sin que el alma se percate: un amigo, el Director espiritual, una circunstancia cualquiera. Es el Señor en mi camino. El sabía que iban tristes, sabía todo. Y se humaniza, les gana el corazón. Es maravilloso cómo inicia el dialogo. Ganar el corazón, como San Ignacio con Francisco Javier. Y luego echar la simiente, cuando el corazón está esponjado y propicio. Eso lo hace la Caridad de Cristo, el amor a las almas. No te vayas, que anochece. Eso era lo que precisamente Jesús quería que le dijeran. Tuvieron que hacerle fuerza. Dios sabe lo que necesitamos, lo que queremos, está deseando darnos su gracia, pero quiere que le hagamos fuerza a que venga, a que se quede. ¿No es verdad que sentíamos abrasarse nuestros corazones? Claro. Era Cristo. El apóstol, si vive la vida de Cristo, si vive unido a El, será otro Cristo y 31

abrasará el corazón, predisponiéndolo para la gracia... Y al punto, ya de noche, regresaron, corriendo, a participar la alegría de que eran portadores." Y acaba con estas palabras triunfales: “Apostolado, conocer amar, y llenarse, y darse.” A primera hora de la tarde aparición de Jesús en el Cenáculo a los discípulos reunidos: "Aún no le creen. Come un pescado y miel. Les hace tocarle. Por fin le ven. Cristo esforzándose en consolarme. Cristo deseando que le toque. Hace lo indecible. Faltaba uno, Santo Tomás. Y hace un nuevo milagro para él. ¡Cuánto se esfuerza! ¡Qué obstinación la nuestra en resistirnos!" Los Ejercicios tocan a su fin. Por última vez la noche empieza a cubrir con sus sombras la soledad majestuosa de Las NaviIlas. Las cimas de las montañas, todavía coronadas de nieve, apagan sus blancos reflejos. Y cerca del Sagrario de la Casa de Ejercicios, Palero habla íntimamente con Jesús: “De estas meditaciones, la que he mantenido este día, es la de Emaús. Ultimo día. No te vayas, Jesús, que anochece que te fuerce, como los dos discípulos, para que Te quedes conmigo, en el Madrid en que tengo que vivir." Y cierra sus Notas con esta despedida íntima, cordial, agradecida: "Coloquio con Jesús de Las Novillas. Agradecimiento. Hasta pronto, cuando venga a verte en el retiro mensual. Entonces, Señor, comunícame las gracias que estos días me has concedido y auméntamelas, si cabe. Amén. Laus tibi, Christe."

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II

AL SERVICIO DEL REY ETERNO Y SEÑOR UNIVERSAL
Al caer la tarde del Domingo de Resurrección, 9 de abril, después de un día de alborozada excursión por las montañas con sus compañeros, Palero regresa a Madrid La soledad majestuosa de Las Navillas se va a trocar por la vida ajetreada y artificiosa de la gran ciudad. Pero Palero ha descubierto en los Ejercicios la fórmula para sustraerse a sus deprimentes influjos, el Hogar del Empleado Y el Hogar encuadrará ya el resto de su vida, haciendo cuajar en realidades fecundas sus propósitos de Ejercicios. El Hogar había ido formándose lenta y trabajosamente a lo largo de cuatro años. En octubre de 1946 unos treinta empleados jóvenes de oficinas de Madrid, se reunieron a hacer Ejercicios en la casa de Chamarán de la Rosa, regentada por los PP. de la Compañía de Jesús. Entusiasmados por los Ejercicios de San Ignacio, se decidieron a ser apóstoles de los mismos entre sus compañeros, viendo en los Ejercicios el medio más eficaz para conquistarlos para Cristo y la Virgen. Con valentía y decisión se lanzaron. A los quince días, una segunda tanda, reclutada por ellos mismo, reunía cuarenta empleados. Y luego, otra y otra... y ya en junio de 1947, habían pasado por las Casas de Ejercicios unos 500. Y entre ellos, sobresalía un núcleo entusiasta, decidido a sacrificarlo todo con tal de ver realizado un gran sueño de conquista. Cristo viviendo en el corazón de la juventud trabajadora de Madrid, bajo la mirada maternal de la Virgen María. Lo que al principio fue solo un vago ensueño, empieza a perfilarse en realidades muy concretas que van fraguando a la luz de los Círculos de estudios semanales y de los días de retiro de cada mes. Para la conquista total de la juventud trabajadora, no bastan los Ejercicios. Muchos, muchísimos, por desgracia, no se decidirán a practicarlos si no se prepara el ambiente. 33

Muchos, muchísimos, no perseverarán después de hechos, si no encuentran una atmósfera propicia. El Hogar del Empleado concebido como obra integral de regeneración total, sale al paso de Jesús Palero cuando éste acaba sus Ejercicios. Aspira a una santidad conquistadora de compañeros. El Hogar había surgido en el corazón ardiente y sacrificado de un puñado de jóvenes al calor de los Ejercicios de San Ignacio. Inflamados en el anhelo ardiente de incorporar a Cristo a la clase trabajadora, van forjando el Hogar. Pretenden evitar la proletarización y descristianización total en bien de España, de los trabajadores (4). Palero encuentra en el Hogar jóvenes empleados como él, ardiendo en idénticos deseos, y se entrega en él al servicio del Rey Eterno y Señor Universal. Una conclusión sacada de los días inolvidables de Las Navillas: “SERVIR, ser santo, santificando a los demás, santidad viril, alegre, contagiosa". Conocer y amar a Jesús, es para él dárselo, comunicárselo a los demás: “Conocer, amar, llenarse, darse”, las cuatro palabras con que cerraba su contemplación de Emaús. Para él, santidad y apostolado, amar a Dios y comunicárselo a los demás son la misma cosa. Por eso, al acabar sus Ejercicios y comenzar a vividos en la monótona existencia de cada día, escribe: “El problema, el ideal del apostolado, es un problema de conocer a Dios. Quien haya visto pasar cerca de él a Cristo, quien haya experimentado la fuerza penetrante de su mirada, será un apóstol, por tuerza, aunque no quiera, como lo fue la Samaritana, como tantos que El curó, como los pastores de Belén y todos aquellos que con El amistosamente, de buena voluntad, trataron. El apostolado no es un hecho aislado: es una consecuencia, ‘nada más’.” Con esta convicción honda se lanza a la conquista. Prestaba sus servicios como contable en una de las Entidades comerciales más fuertes de Madrid. Allí se presentará ante sus compañeros con la audacia del cristiano nuevo, regenerado en las aguas de los Ejercicios: “Como un valiente —escribe—, como un reto, como un desafío, para que vean el potencial del enemigo que tienen delante. Y, acaso, deslumRadio Moscú en diferentes ocasiones hizo al Hogar objeto de sus ataques. Veía que dentro de las Empresas surgen grupos combativos de juventud dispuesta a no tolerar consignas incompatibles con la dignidad cristiana.
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brados con Tu gracia, Señor, con la gracia que quieres que administre, se pasen al campo contrario, ¡al mío!, ¡al Tuyo!” La mística de catolicismo integral del Hogar y de los Ejercicios le entusiasma, vislumbrando tras ella la formación de unos hombres que cimentarán la grandeza cristiana de la Patria: “¿Qué pretendes, Señor —escribe— hacer con España? ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué vas dejando caer en nosotros esos pensamientos recios? Señor, Tu nombre ha sido invocado y en Tu nombre nos hemos reunido, y Tú estás aquí entre nosotros. Con inquietud apostólica has removido todo mi ser. Tú has vencido en ese afán de santidad que vas sembrando en mi alma...” Y se entusiasma al ver surgir a su alrededor esa nueva juventud del Hogar enarbolando bandera de cristianismo viril y férvido patriotismo: "Estos católicos de nuevo cuño, que no entienden de otro catolicismo que el que dejó escrito el Maestro por aquellas campiñas de Palestina. Que les duele Cristo en lo más íntimo de sus entrañas. Que no les asusta la santidad. Que no les gusta ese catolicismo ‘a lo cine’, que no sirve para nada, que no exige nada, que es un estorbo y una comedia, que quiere meter en el templo el paganismo de la calle, que no llena esa inquietud que Cristo prendió en sus almas. Que ven en el Maestro Santo ese puesto que les emborracha, esa poesía de los lirios del campo, de las mieses fecundas, de las aves del cielo. Católicos que han mojado sus labios con el agua que salta a la vida eterna y que no tienen otra sed que las almas, que saben de una alegría que no es preciso comprar con unas pesetas en taquilla. Estos, Señor, son la esperanza de tu Reino que ya apunta. Estos harán que muchos se rasguen las vestiduras y que muchos les sigan, chiflados como ellos, por el santo ideal que pusiste en sus manos. Estos santos ideales, esos pensamientos recios que Tú vas dejando caer entre esta generación para que surja de entre las idioteces de una sociedad pagana y tonta. Juventud que con santa impaciencia no puede aguantar más, porque le escuece en todo su ser esa bofetada de falso catolicismo, de exhibición, de cobardía, de lujuria y de codicia, de esa peste que como un humo denso va subiendo desde la tierra hasta el Trono de Dios." Palero “no puede aguantar mas”. Y se decide a poner en práctica su programa de Ejercicios. Ya no se contenta con dar a Dios unas cuantas horas aisladas de su juventud. Aspira a entregarle la vida entera para la salvación de las almas de sus compañeros. 35

El Señor le había pedido el sacrificio doloroso de los afectos de su corazón, y con la alegría y buen humor connaturales en él, se decide a dar el paso. Sale del Hogar más encopetado y peripuesto que nunca, para decir adiós a su prometida. Sus íntimos bromean con él. —Con las damas hay que ser siempre caballero— les dice, despidiéndoles con sonrisa humorista, Pocos días después, al mediar el mes de mayo, se presenta a su Director espiritual. Se quita el anillo de oro que siempre llevaba y se lo entrega: —Padre, es el anillo símbolo de mis amores de la tierra. En él, grabada una fecha, 17 noviembre 1922, la boda de mis padres. Este anillo simbolizó sus amores. También simbolizaba hasta hoy los míos con Juanita. Pero he visto que Dios me pedía sacrificarlos. Y alargando el anillo, añadió: —Tómelo. Para el Corazón de la Virgen. A Ella se lo he ofrecido (5). *** Corría el mes de mayo. Palero va a dar un paso más en el camino de las renuncias por Cristo. El Hogar había abierto en Madrid una Residencia, la primera de este tipo que se fundaba en España, para ciento cuarenta trabajadores. Comprendió que su presencia era allí necesaria, para llevar adelante el gobierno y administración de la complicada Obra que en ese mes se ponía en marcha bajo el manto de la Madre. Y se decide abandonar la oficina en que trabajaba percibiendo un elevado sueldo, para consagrarse a la tarea desinteresadamente. Ante los jefes y compañeros que le instaban a aplazar su resolución,
Cuando en las inmediaciones de la Plaza de España se empezó a levantar el nuevo edificio del Hogar, los empleados que habían concebido la Obra tuvieron la idea de labrar una imagen de la Virgen que se llamaría de Nuestra Señora del Hogar, costeada por todos los empleados de Madrid, perteneciesen o no al Hogar. La imagen llevara un corazón hecho con distintos objetos de oro, muchos de ellos recuerdos familiares o personales, entregados por los mismos jóvenes, alguno de los cuales, después de incontables sacrificios, ha reunido la cantidad necesaria para adquirir un gramo de oro, destinado a ese corazón en que se escribirán los nombres de cuentos se consagren a Ella.
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responde con sencillez y firmeza: —Si Nuestro Señor Jesucristo hubiese esperado para salvarnos, ¿qué habría sido de nosotros? Ya está viviendo en el Hogar ambientando con su simpatía la vida de familia que inicia el primer grupo de residentes. Alegría servicial que se derrama por igual en todos. Y al mismo tiempo está en todos los detalles de la casa: obras pendientes de ejecutar, habitaciones que hay que acabar de instalar, capilla que requiere sus habilidades artísticas, entradas y salidas continuas en busca de lo necesario para llevar la Obra adelante... Y todavía le queda tiempo para atender a sus amigos más queridos, los botones de los Bancos, a quienes reúne en la calle de Santa Teresa, organizándoles clases, juegos y excursiones, acompañándolos a la piscina, dándoles charlas... Esta era su actividad predilecta, los botones, los empleados más jóvenes expuestos a los mayores peligros. Veía en ellos el porvenir del Hogar del Empleado. —Si logramos captar —decía— antes de que se estropeen para siempre a esos muchachos entre los catorce y diecisiete años los habremos salvado en la edad más peligrosa. Desde que uno de ellos entra en el Banco, todo un ambiente deletéreo de conversaciones, gestos, actitudes, por parte de los compañeros, y lo que es peor aún, a veces de Jefes, para corromperlos. Todo los arrastra al vicio, cuando todavía no poseen una voluntad firme y criterios seguros para orientarse y defenderse. Impotentes para luchar, sucumben la inmensa mayoría, marchitándose en flor para siempre vidas que pudieron ser fecundas para Dios y para España. Al contemplar este tristísimo cuadro le vienen a la memoria aquellas frases doloridas de Pío XI en una de sus magistrales Encíclicas, aplicándolas Palero a las oficinas de Madrid: "El ánimo se horroriza al ponderar los gravísimos peligros a que está expuesta en las fábricas modernas la moralidad de los obreros, principalmente jóvenes." Y añade: —¡Qué verdadera es aquella frase punzante del gran Papa: "La materia inerte sale de la fábrica ennoblecida, mientras los hombres en ella se corrompen y degradan"! Acuciado por esta necesidad urgentísima se entrega en cuerpo y alma a la tarea. 37

Hay que formar el Hogar del Botones, a imagen y semejanza del Hogar del Empleado —dice. Y se lanza con decisión. Por aquellos días el Hogar del Empleado se trasladaba a su nuevo edificio. Patero respiraba satisfecho. El primitivo local de la calle Santa Teresa quedaba a su disposición. Allí instalaría el Hogar del Botones. Pintar y decorar paredes, darle ese ambiente de alegría que le obsesiona, es su primera ilusión. Pone manos a la obra y con el entusiasmo que le caracteriza se atrae a estos jóvenes empleados. Los botoncitos le quieren a rabiar. Descubren en él al padre querido, al hermano mayor, siempre dispuesto a sacrificarse por ellos. Se ha creado una atmósfera de reciproca confianza, y empieza en seguida una fecunda labor de apostolado en charlas individuales y colectivas que van formando lentamente los criterios y vigorizando voluntades hasta entonces vacilantes. Esta exuberante actividad apostólica le hizo traicionar en algún caso sus propósitos de vida de oración concebidos en los Ejercicios. De ello se quejaba amargamente. Tenía algún fallo en la integridad del tiempo destinado a la meditación, pero en seguida lo reparaba. Sabía que el ser santo no consiste en no tener caídas, sino en levantarse siempre. Y él lo hacía en seguida. —No puede ser —le decía a su compañero de habitación —, se acabó. Desde mañana hay que acostarse a tiempo, para poder hacer la media hora de oración por la mañana antes de la Misa. Llegados los meses de verano. Palero sabía muy bien dónde estaba su puesto de combate los sábados por la tarde: en los camiones, a la puerta del Hogar, para conquistar nuevos compañeros que asistirían a la marcha que se organizaba todos los fines de semana. Antes de anochecer se montaba el campamento y hasta la hora de descansar, ejemplarmente alegre al servicio de los demás, particularmente cuando alrededor del fuego se congregaban los ochenta jóvenes que participaban en la marcha. Después, reunidos en su tienda con los que la formaban, rezaba el rosario a la Santísima Virgen, pidiendo la conversión de los compañeros que asistían. 38

Y mientras éstos se acercaban al sacerdote para obtener el perdón de sus pecados, Palero seguía desgranando las cuentas del rosario e invocando a la Santísima Virgen, —Santa María, Reina y Madre del Hogar —repetía con sus compañeros—, bendice nuestro campamento, bendice nuestros grupos de irradiación y conquista, bendice a la juventud trabajadora de Madrid, de España, de América, del mundo. Y aquellas oraciones perdidas en la soledad de la noche, en los majestuosos contornos de aquellas montañas, llegaban hasta el corazón de la Madre y volvían cargadas de gracias y misericordias. Al día siguiente se ofrecía con gusto inmolado en aquellas alturas del Guadarrama, en el momento en que se celebraba el Santo Sacrificio. En esas marchas no hacía otra cosa que poner en práctica lo que el Señor le había inspirado en las meditaciones del día de retiro celebrado en la casa de Ejercicios de Chamartín desde la tarde del 24 de junio a la noche del 25: "Marchas, campamentos, albergue... No para pasarlo yo bien. Si para que muchos jóvenes que verán por primera vez un ambiente alegre y cristiano, se den cuenta de la Verdad, por la Caridad de Cristo. Y yo tengo que ser un engranaje de ese ambiente, una parte de ese todo. Con oración intensificada, que es vida alegre, ejemplar, sacrificada por los demás".

Medía exactamente la trascendencia de su misión en aquellas marchas: "Sentir la responsabilidad de esas almas —escribe—, que van a pasar a mi lado este verano, y quizá sólo les fallará el empujón mío, para llegar a 39

la salvación. "No tuve a nadie que me empujara a donde estaba el bien", dijo el paralítico de Betsaida. Terrible acusación para todos aquellos que pasaron a su lado, que estuvieron cerca de él. Oración y oración, pro eis". Y así, en este ambiente de oración conquistadora, Palero pasaba por las marchas de fin de semana, como pasará después por el albergue, arrastrando compañeros hacia Dios. Lo había presentido en aquel retiro de Chamartín: "Si yo me preocupo de encontrarle, arrastraré conmigo hacia El a todos los demás, a todas las turbas, a esos que van a tener con El su primer contacto. A todos los que por la Divina Providencia van a tener la ocasión que tuvieron los de Cafarnaúm de ver unos momentos destellos de su gloria. Y se irán conmigo en pos de El, y después de vislumbrarle en una marcha, en la Residencia, en el campamento, en el albergue... se irán conmigo, si yo oro. Si dejo empapar mi corazón de sus ternuras con la mortificación y el trato con El, "cristificándome". "Vivo yo mas ya no yo, es Cristo quien vive en mi". Alter Christus. Se irán conmigo en pos de El. No es presunción esta afirmación. No es falta de humildad. El lo quiere, con ansias sedientas; no quiere que se pierda ninguno. Yo lo quiero: a El se lo pido, por ellos me ofrezco. Él lo puede: es Dio. Sólo basta que yo quiera. ¡Yo quiero, Señor!" Y la fecundidad de este apostolado de conquista es floración de su vida de oración, arraigada en la mortificación: "Desde luego, —escribe en las notas de este retiro—, no hay espíritu de oración, sin espíritu de mortificación: que es: Vencerse cada día. Mas posibilidades en el verano: venciendo la pereza, el cansancio, los sentidos, aguantando la sed, buscando lo incómodo en ciertas ocasiones, fastidiándome, persiguiendo el hablar de mí mismo..." Así, con alegría ejemplar, vivía Palero sus decisiones heroicas de Las Navillas a servicio del Rey Eterno y Señor Universal, al calor de la mirada maternal de la Virgen. Ella se encargaba de endulzar los sacrificios. Ella, agradecida sin duda a aquellas palabras de Palero a uno de sus íntimos, alegrándose en cierta ocasión de que a veces tuviese que rezar el Rosario por las calles: "Esto tiene la ventaja de que mientras unos la injurian, otros le van echando flores." 40

A Jesús y María dirigía diariamente con sus compañeros, después de la Santa Misa en la capilla del Hogar, la siguiente súplica de conquista: "Señor Jesús, nuestras oraciones y sacrificios de hoy, nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras horas de trabajo, por la conversión de nuestros compañeros y en reparación de los pecados que cometen contra el Inmaculado Corazón de María, Reina y Madre de nuestro Hogar. Que 1950 sea el Año Santo del gran perdón y del gran retorno a Cristo de la juventud trabajadora de Madrid, de España, de América, del mundo. Amén." Uno de los rasgos que más sorprendía en él era la confianza firme en que Dios otorgaría al Hogar todos los cuantiosos recursos materiales para cumplir sus objetivos. Un día, contemplando desde las inmediaciones del antiguo cuartel de la Montaña las siete plantas del nuevo edificio del Hogar, comentaba con uno de sus íntimos: —Ya ves, lo que son las obras de Dios. Sin recursos materiales, con sólo la confianza más absoluta de El, se ha levantado este edificio. ¿De dónde han salido los millones que ha costado? De una fe inquebrantable en el Evangelio: 'Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura". Un grupo de jóvenes empleados que hicieron suya esta frase hace muy pocos años, que creyeron en la palabra de Jesús, y sacrificándolo todo empiezan a buscar el reno de Dios, primero en ellos mismos, entregándose a vivir plenamente el cristianismo; luego lo demás, lanzándose a la conquista de los compañeros... y lo demás, este magnifico edificio con todas sus dependencias, es lo que se nos ha dado por añadidura. Otro día, en un fin de semana se encuentra en las alturas de Guadarrama, en las proximidades del Puerto de los Cotos. En alas de la confianza en Dios y del amor a la juventud trabajadora, se perdía su mirada en el azul limpísimo de aquella mañana de julio, recortando la silueta majestuosa de las montañas. Hablaba entusiasmado del Hogar, con aquella cándida emoción que ponía siempre en sus palabras al hablar de su querida obra. Su interlocutor, un compañero de una de las más importantes empresas de Seguros de Madrid, le hablaba de la magnificencia del nuevo 41

edificio que la Virgen había concedido al Hogar, después de las oraciones y sacrificios ininterrumpidos durante más de 3 años de tantos empleados. Palero, impresionado, añadió: —Y así vendrá todo lo que necesite el Hogar. . Un gran campo de deportes y una casa en la Sierra, para que la juventud trabajadora de Madrid se acerque a nosotros y a Dios. Se nos dará por añadidura si buscamos la santidad en nosotros y en los demás. Una casa de reposo en las afueras de Madrid para nuestros compañeros enfermos y convalecientes, un sanatorio en su día... Todo se nos dará por añadidura... Un Hogar para los botones, amplio y capaz, en el centro mismo de Madrid, para que se expansione y dilate la semilla que en ellos vamos depositando en el reducido local que ahora tenemos, se nos dará por añadidura… Una, muchas casas para los jóvenes matrimonios que van saliendo del Hogar empapados en la mística familiar que respira nuestra obra. Se nos darán porque Dios lo quiere, porque no se soluciona el problema de la vivienda para los trabajadores contentándose sólo con hacer edificios si se descuida formar en sus futuros habitadores el espíritu de familia Todo se nos dará por añadidura Una casa perdida en la costa cantábrica, alejada de las grandes playas, cara al mar, para turnos de vacaciones en que muchos compañeros atraídos por el cebo de un veraneo cómodo y agradable, se acercarán por nosotros a Cristo... Todo lo que haga falta para la conquista de la clase trabajadora vendrá. Vendrá, porque nos lo regalará la Virgen, si nos dedicamos a buscar ardorosamente el Reino de Dios dentro y fuera de nuestros corazones. No faltarán almas buenas que nos ayudan con sus recursos en esta gran empresa. Dios lo quiere, la Virgen, Reina y Madre del Hogar, lleva prendida de su manto nuestra querida obra.

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III

HACIA EL RELEVO FINAL
El 31 de julio, día de San Ignacio, hacia las seis de la tarde, se unía Palero a los 60 jóvenes empleados de Madrid que se trasladaban al Albergue organizado por el Hogar a orillas del Cantábrico. Los dos camiones ostentaban grandes carteles dibujados en letras rojas y verdes por él_ El Hogar del Empleado al Albergue de Comillas, Santander, decían. Allí, en las afueras del pueblo, una casa deliciosamente situada, cara al mar. Era el Albergue de Nuestra Señora del Hogar. En él transcurrirían para para Palero los últimos días de su vida, entregado como siempre a la gloriosa tarea de conquista alma por alma, madurada en los días de Las Navillas. De los 60 jóvenes que componían el Albergue, sólo unos 8 á 10 pertenecían al Hogar. Los demás, masa de oficinistas atraídos por ellos con el cebo de unas vacaciones agradables. Y masa alejada de Dios, pervertida por el ambiente frívolamente demoledor de la gran ciudad. En esa masa unos fermento, y entre ellos, Jesús Palero. Eran levadura de Cristo para hacer fermentar la masa y ganarla para la Virgen. Desde el primer momento, se entrega sin reservas, con esa totalidad que no reconocía límites, con esa alegría sencilla y espontánea que disimulaba una virtud heroica. Y al servicio de la conquista pone todas sus habilidades. Sembrador incansable de alegría, amenizará con sus chistes y ocurrencias las sobremesas nocturnas al pie del mástil de la bandera cara al mar. Deportista infatigable será el nadador de mejor estilo del Albergue, y su raqueta, ágil y rápida, se moverá en le pista de tenis, siempre a la mayor gloria de Dios, tensa su alma para la conquista de los compañeros. 43

Dibujante y pintor, él animará con sus figuras y colores los itinerarios de los días de excursión, con esas salpicaduras de humorismo tan suyas. Un día Reinosa, el nacimiento del Ebro, la maravillosa cuenca del Saja, y el Valle de Cabuérniga, para acabar en Cabezón de la Sal, Torrelavega, Altamira y Santillana, industria, prehistoria y arte en el paisaje encantador de la Montaña. Y aquella peregrinación en busca de la Santina de Covadonga, regresando por la incomparable vega del Sella y la costa oriental de Asturias. Todo despertaba en el alma de Palero un eco de poesía, que su corazón de artista, ponía al servicio de los demás. Con el correr de los días se iba afianzando en la idea que había vislumbrado en Las Navillas, al celebrarse durante los días 14 y 15 de mayo una jornada de militantes de los Grupos de irradiación y conquista del Hogar. Creía con fe creciente en la eficiencia de la Obra. Por aquellos días, uno de sus compañeros, empleado en una de las Empresas eléctricas de Madrid, le había oído decir: —Hay que sembrar España de hogares para la juventud trabajadora. Y alrededor de los hogares, campos de deportes, comedores, residencias, cooperativas, viviendas, casas de reposo, sanatorios... El Hogar es la fórmula para la conquista de la juventud trabajadora. Una tarde en Comillas, contemplaba el mar desde una roca prominente. Hablaba con uno de sus compañeros y hacía de soñador, o quizá, de profeta. —Si —le decía—, la semilla del Hogar es ahora pequeñita como el grano de la Parábola. Pero se desarrollará, crecerá, cobijará bajo la sombra de sus ramas las ciudades y campos de España... Quizá del mundo… y la juventud volverá a Cristo en brazos de María. Derrochaba alegría conquistadora. Pero su salud se iba ya resintiendo. Fuertes dolores de cabeza, presagio de la meningitis que acabaría su vida, se presentaban. Una tarde, al visitar la Universidad, según nos cuenta otro compañero, “se sintió de repente malo y empezó a hablar todo al revés. Yo al principio me creí que lo hacía por hacerme reír, pues le había pasado lo mismo durante la comida en el Albergue de Rovacías. Además, como me lo decía riéndose, no le creía. Pero como vi que seguía igual, me empecé a asustar. Así estuvo un gran rato hasta que se le pasó con gran alegría mía, que creí 44

que se iba a volver loco. Lo que más me gustó de él es que me lo decía riéndose, cuando tenía que estar muy preocupado por lo que podría ser lo que le ocurría.” A pesar de todo, alegría desbordante con sus compañeros, igualdad de carácter siempre, sin altibajos, lleno de humorismo y espontaneidad al servicio del Gran Rey y de la Madre. Está cumpliendo virilmente el programa que se había trazado días antes en el retiro espiritual del 25 de julio en la casa de Ejercicios Villa San Pablo, de Carabanchel: "PUREZA para el apostolado; APOSTOLADO para la pureza, dentro de la mayor alegría". En ese día de retiro había escrito en sus notas las siguientes frases: En el Hogar hacen falta santos de chaqueta, para que Cristo obre sus milagros en las almas. Esto no es posible sin mortificación diaria, vencerse a sí mismo, no beber más que en las comidas, etc., etc... Hoy hacen falta santos como Pablo y tus apóstoles para llevar adelante esta obra de conquista. Yo me ofrezco a ello. Yo quiero. Si Tú quisieras... Al precio que quieras. Y él ya sabia, desde la contemplación de Nazaret en Las Gavillas, que la santidad consiste en "hacer todo por amor de Dios, las acciones más pequeñas con sencillez y humildad". El amor a la Virgen iba iluminando sus caminos y encendiendo su corazón. "Una vez —nos dice uno de sus compañeros de albergue— fuimos a la playa para bañarnos y él no quiso hacerlo. Se puso en unas rocas que dominaban muy bien la playa y un gran trozo de mar. Como yo sabia que a él le gustaba estar mirando el mar para hacerse más al Señor, y como por otra parte a mí me gustaba estar con él, me bañé muy pronto y me fui con él para charlar un poco. Estuvimos hablando del cielo y del amor a María. Pasamos un gran rato hasta que tuvimos que regresar al Albergue, pero me quedó una gran impresión de la conversación que tuvimos, por el amor que ponía en sus palabras." Pero todo lo que hacía, le parece poca Quiere ofrecer algo más por su Maestro, por la Reina, por las almas. Más entrega, más santidad ambiciosa, más santo, más, más, más, que me queme amando —decía en la contemplación de la Encarnación. Ahora va a hacer al Señor su suprema ofrenda por la salvación de las almas, en aras del celo de la gloría de Dios 45

que le consumía. Son las cinco de la tarde. Han transcurrido ocho días de albergue. Los "fermentos", y Palero entre ellos, se reúnen con el Padre, a la sombra de un pinarcillo, pintorescamente situado en un ángulo prominente de la finca que enclava el Albergue. Cielo azul, mar inmenso, magnifico escenario para planear conquistas por Cristo, por la Virgen, por España... la nación que supo seguir por el azul del mar el "caminar del Sol", como cantaban, dos veces al día, los 60 jóvenes formados ante el mástil al izar y arriar la bandera de la Patria. Los jefes de Grupo van informando de triunfos y derrotas en sus ímpetus de conquista. Es un balance de la situación. Los resultados conseguidos parecen escasos. Se indagan causas, se exponen pareceres. —Uno da en el clavo: —Hace falta —dice— más oración y más sacrificio. Palero, al oír estas palabra, se conmueve. Era el MÁS y MÁS y MÁS de sus Ejercicios del Hogar. Acabada la reunión sin que nadie lo advierta, se dirige silencioso a la capilla instalada en el piso bajo del Albergue y allí solo, sin que nadie le vea, hace su oblación. En diálogo íntimo con Jesús Eucaristía, ofrece su vida por la salvación de los compañeros del Albergue, por la conquista de la juventud trabajadora de Madrid, de España, de América, del mundo. Pide al Señor una enfermedad dolorosa, muy dolorosa, para ofrecer su vida por ellos. Es el "PRO EIS SANCTIFICO MEIPSUM'', que encabeza el cuaderno de sus Notas, llevado al último extremo. Lo que le costo esta ofrenda podemos deducirlo a la luz de estas palabras encontradas entre sus papeles sueltos: "Si mi juventud y mis ansias de apostolado, si mi inquietud de almas, si esta sed que me consume como un fuego el corazón, se viese tronchada por dar la vida por Cristo, con gusto la daría por El. Que conste que estoy dispuesto a ello, Señor. Pero quiero vivir para darte gloria y pagar por 46

mis pecados, quiero vivir para satisfacer esta sed, esta inquietud de Tu gloria... Vivir y morir. Todos vivimos y todos morimos. Morir por Cristo, ¡como los mártires! Vivir para Dios, ¡como los Santos! (¡Qué sabe el corazón de estas cosas!) A mí me parece más heroico vivir por Ti, que morir por Ti. No quiero morir por Ti para poder vivir por Ti). Y el Señor acepta su generosa oblación. Le da la "santidad ambiciosa" que le pedía en Las Navillas, la santidad "comprada a su precio: enfermedades dolorosas, largas, contagiosas... Lo que haga falta para conseguirla: una tuberculosis, dolores agudos..." Transcurren cuatro o cinco días. Es en el santuario de Covadonga. Aquella mañana del viernes 11 de agosto el Albergue se postraría ante la imagen bendita. Uno de sus compañeros cuenta como hizo el viaje: "Cuando íbamos camino de Covadonga se puso malo en el camión, empezó a devolver, y como se encontraba mal se tapó con la manta la cabeza. Llegando al santuario, se le ocurrió levantar la cabeza sin saber que estábamos llegando, y se encontró con que estábamos cerca de a Santa Cueva, y fue tal la impresión, que se echo a llorar como un niño y se tapó con la manta para que no le viéramos los demás. Esto lo sé porque él mismo me lo contó después de haberle pasado: Al escuchar con sus compañeros antes de la Santa Misa la lección heroica de constancia ante el ideal de reconquista proclamado por aquellas rocas, su corazón se conmueve de nuevo al pensar en la obra de recristianización emprendida por el Hogar. Siente que la Madre bendita le pide el sacrificio de su vida por la salvación de la juventud trabajadora. Y ante la imagen venerada de la Santina, la ofrece al Señor, en manos de la Madre, oteando desde aquellas incomparables alturas, conquistas para Dios y para España vinculadas a la ofrenda de su vida joven. Aquella tarde todos pudimos observar algo extraño en Palero. Cerca de Arriondas, se detienen los camiones hacia las dos de la tarde. En uno de aquellos prados circundados de montañas, la alegre muchachada se dispone a la pitanza. Al final se derrocha alegría y buen humor. Se trata de despedir a tres jóvenes franceses venidos en auto-stop 47

desde Paris viajando por carreteras de España, esperando que los camiones o autos se apiadasen de ellos para facilitarles su marcha. En Santillana del Mar, refugiados en un portal al abrigo de la intensa lluvia, se encontraron con los jóvenes del Hogar. Convivieron con ellos todo un día en el Albergue. Al oír que deseaban ir a Covadonga, se decidieron a llevarlos, para dejarlos luego camino de Gijón. Para despedirlos, se organizó un amentísimo festejo en aquel prado, en el que no faltó, naturalmente, una improvisada corrida de toros... Pero Palero no intervino. ¡El que siempre amenizaba con sus ocurrencias estas actuaciones! Fuertes dolores de cabeza, más agudos que otras veces, se lo impedían. La enfermedad se acercaba y sus aldabonazos eran cada vez más fuertes. Palero tenía la persuasión de que moriría joven. Uno de sus íntimos que se quedo en Comillas al acabar el primer turno, nos dice lo siguiente: "Entre el turno primero y el segundo que tuvimos en el Albergue de Rovacías, ocurrió lo que sigue: Nos quedamos él y yo en el mismo cuarto. En una siesta nos pusimos a hablar del cielo y de la muerte. Él me dijo que tenía la impresión de que iba a morir joven. Pero que no le gustaría, pues su mayor alegría sería poderse presentar ante el Señor con las manos llenas, y que si moría ahora no podría hacerlo. Pero lo que más me gustó fue el ardor que tenía al hablar del cielo y de la Virgen, impresionados como estábamos por la lectura del Apocalipsis que por petición mía había empezado a leer". Desde aquella marcha a Covadonga no tuvo día sin agudos dolores. El domingo 13 de agosto despidió a sus compañeros que regresaban a Madrid, y dos días después recibía con su alegría característica al nuevo turno de empleados que llegaban de la capital. Apenas pudo convivir con ellos. Pronto tuvo que guardar cama. Primero en el mismo Albergue. De entonces data el siguiente recuerdo contado por uno de sus compañeros: "Cuando ya estaba malo en la cama, por petición suya le llevábamos todos las días la comunión El primer día que fue el Señor a su cuarto, le entro tal emoción, que se puso a llorar al ver al Señor que se humillaba hasta llegar hasta allí, como él me lo dijo después." Ni siquiera en la cama, torturado por los dolores y molestias, 48

decrecieron sus ímpetus de conquista. "Durante su enfermedad —dice uno de los que le visitaron— pedía que le lleváramos a los más despistados para hablarles de cosas que les hiciesen pensar un poco en la vida futura". A los dos o tres días fue trasladado a la Universidad de Comillas, gracias a la benevolencia de los PP. Jesuitas que le acogieron en la enfermería de la misma para que estuviese mejor atendido. En medio de grandes dolores permaneció allí unos ocho días, sin quejarse lo más mínimo, y edificando a los Padres que le visitaban. Había empezado ya a comprar la santidad "a su precio", como él decía en sus apuntes de Las Navillas. Durante los días de su permanencia en Comillas, no se supo lo que tenía. Al principio se pensó en una infección de tipo gástrico, impresión que aparentemente quedó confirmada al conocerse el resultado del análisis de sangre practicado en el Sanatorio Valdecilla, de Santander. Esta incertidumbre de los primeros días impedía contestarle a su pregunta constante: —"¿Qué es lo que tengo? Que me lo digan. ¡Si no me importa morirme! Lo que quiero es saberlo''. Uno de los Padres que más le trató entonces dice en una carta escrita cinco meses después, desde Granada: "No se quejaba, aunque notaba que los médicos no daban en el clavo, y esto, como es natural, lo sentía". Abandono la Universidad Pontificia en las primeras horas de la tarde del lunes 28 de agosto. En la madrugada de ese día, había salido con dirección a Madrid uno de los camiones del Hogar con casi todos los jóvenes participantes en aquel turno de vacaciones. En el otro, convertido en ambulancia instalaron a Palero cuatro de sus compañeros. Emprendieron el viaje, acompañados del médico, compañero también del enfermo, y de un sacerdote norteamericano, que casualmente debía llegar con urgencia a Madrid y que les celebraría al día siguiente el Santo Sacrificio, prestando los auxilios espirituales en caso necesario. Así llegó a Madrid, e inmediatamente fue instalado en la enfermería del Hogar, situada en el piso principal de la casa de enfrente al inmueble, propiedad del Hogar del Empleado. A los pocos das, el domingo 3 de septiembre, comienzan a presentarse los síntomas alarmantes de la meningitis tuberculosa. El Señor había aceptado el generoso ofrecimiento de su vida aquella 49

tarde en la capilla del Albergue de Comillas, renovado en manos de la Sentina en las alturas de Covadonga. Los dolores agudos, la tuberculosis, pedidos en Las Navillas, ya los tenia. Ya era "mártir", como había deseado y pedido en la repetición de la meditación del infierno el Lunes Santo, 3 de abril. Al día siguiente, 4 de septiembre por la mañana, aprovechando los instantes de lucidez plena que siguen a la primera punción, se le administra la Extrema Unción. Por la tarde, su hermano Manolo, el sacerdote, le administra también el Santo Viático. La mañana del día 5 se celebra la Santa Misa en su misma habitación. En su presencia... de él que tan íntimamente vivía su liturgia y que diariamente asistía al Santo Sacrificio en la capilla del Hogar, que prefería a todas por el recogimiento y devoción que le inspiraba. La enfermedad avanza y los dolores se agudizan. —No creía que iba a sufrir tanto cuando ofrecí m vida al Señor —dice a uno de sus amigos más íntimos al referirle la ofrenda hecha en Comillas. —¡Cuánto cuesta ganar el cielo! —dice al médico que le asiste. Pero Palero no pierde su buen humor. Cuando un día le afeitan el bigote, con cara sonriente exclama: —Palero sin bigote es tiesto sin flor. Al ver aparecer a Manolo, el médico, para practicarle la punción e inyectarle le estreptomicina, dice: —Ya está aquí Manolete que viene a pincharme. Un día, a la hora de comer, tiene buen apetito. Ya ha consumido todos los manjares y con su guasa característica, exclama: —Bueno, ya que estamos sentados, ¿por qué no hacemos también la cena? Uno de los compañeros que más le visitaban dice: "Durante su enfermedad lo que más me gusto de él fue la alegría que tenía. Una vez me dijo que cuando le venían los dolores se ponía a cantar, y cuánto más fuertes eran, mas cantaba. Así que no era extraño que los que le iban a ver le encontraran la mayoría de las veces cantando, y además, una música que más de una vez me preguntó si la había oído alguna vez, pues él no la había oído nunca y que le salía de no sabía dónde."

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Sufría mucho. ''Que el Señor haga de mí lo que quiera'', se le oía decir muchas veces. Y en El buscaba fuerzas para soportar el dolor. Estando aparentemente sin sentido, tomaba su crucifijo de la mesilla y lo apretaba entre sus manos. Cada vez que se le cambiaba de cama, buscaba, palpando, el crucifijo, y no paraba hasta encontrarlo de nuevo. Y siempre le gustaba tenerlo muy al alcance de la mano. El domingo 17 de septiembre se empezaron a perder todas las esperanzas. Rechazaba ya el alimento y se debilitaba por momentos. Ocho días después, el 24, se agotaba el supremo recurso en lo humano para salvarle: la punción se hizo con grandes dolores en el bulbo, escena impresionante por lo que sufrió y que no podrán olvidar los que la presenciaron. Al ver sus hermanos que no reaccionaba, decidieron trasladarle a Alcalá de Henares, para tener el consuelo de verle morir entre ellos. Así lo hicieron al día siguiente. A las cuatro y media de la tarde del lunes 25 de septiembre, se le trasladó de la enfermería del Hogar a una ambulancia de la Cruz Roja de Alcalá. Durante todo ese día los compañeros del Hogar desfilaron por su habitación para verle por última vez. Todos sabían que iban a Alcalá a morir. Y todos, emocionados, pensaron con pena en la separación del amigo insustituible. Sólo tres días más alargó su vida. El 29, a las siete y media de la mañana, acababa aquel prolongado y glorioso martirio. Sin duda a lo largo de su enfermedad había pedido a la Virgen morir en viernes, y Ella se lo alcanzó de Nuestro Señor. No podía ser de otro modo desde que en la meditación de los tres pecados descubrió a Cristo clavado por el en la Cruz, tapiándole la entrada al infierno. Ya no acertó a separarse de Él y sólo aspiraba a morir por su Dios: "Martirio: eso sí que me gustaría." Al divulgarse la noticia en el Hogar, a nadie se le ocurrió encomendar su alma al Señor, por la seguridad que se tenía de que ya gozaba de la presencia de Dios. En cambio muchos pensaron, y todavía lo siguen haciendo, en encomendarse a él. 51

Uno de los Padres que le asistía, visitando a la señora de un distinguido diplomático de Madrid, le habló de la vida y enfermedad ejemplar de Palero. Desde que se enteró que había fallecido, todos los días se encomendaba a él. Varios meses después, cuando el 13 de enero de 1951 tuvo ocasión esta señora de conocer a algunos de los compañeros de Palero en el Hogar, les dijo: "Siempre, antes de salir de casa, me acuerdo de él y me encomiendo a su intercesión." El 19 de enero de este mismo año uno de los Padres que le conoció en su enfermedad, escribía: "Desde su muerte me he encomendado muchas veces a él, pues le traté bastante en los primeros días de su enfermedad en la Universidad de Comillas, y pude apreciar su entrega al Señor." Al día siguiente, a las cuatro de la tarde, Alcalá de Henares presencia un espectáculo conmovedor. Desde Madrid, en dos autobuses que salen del Hogar, unos ciento veinte jóvenes compañeros. En Alcalá otro nutrido grupo de la juventud de Acción Católica en la que un día había militado Palero. El cadáver sale en hombros de sus compañeros. Avanza por las calles con dirección al cementerio. Delante, en dos filas, más de doscientos jóvenes. Rezan con fervor, con virilidad. Y rezan a la Madre, pasando las cuentas de sus rosarios ofrecidos con emoción, y casi con envidia, por el alma de Palero. Espectáculo impresionante de fe juvenil, de hondas convicciones pletóricas de virilidad, que contrastan con la intrascendencia y superficialidad de tantos cortejos fúnebres. Llegamos al cementerio. Son las cinco de la tarde de aquel último día de septiembre del año 1950. Es sábado, día de la Virgen. Los restos mortales de Jesús Palero van a perderse en el fondo de la tierra. Se suceden los responsos. Son diez los sacerdotes que asisten: el señor Arcipreste y todo el clero de Alcalá, su hermano Manolo, párroco de San Mamés, varios compañeros de éste... Nunca hemos visto tantos ministros del Señor reunidos en el entierro de un joven. 52

Parece que Dios quiso demostrar así ante aquel concurso de jóvenes, cómo se complacía en la obediencia ciega de Jesús Palero a su Director espiritual, en su respeto a todos los sacerdotes. No olvidemos sus frases: "A mi Director espiritual, obediencia pronta, alegre, sin pedir explicaciones... " El Señor premió esta docilidad con el mejor de los premios en la tierra. Desde que enfermó Palero, fue rodeado de esos otros Cristos que son los sacerdotes de Dios: en Comillas, los Padres de la Universidad Pontificia; en el viaje de regreso a Madrid, aquel sacerdote extranjero, que providencialmente se les juntó, en la enfermería del Hogar, todas las noches velando un Padre jesuita; en su misma habitación, su hermano Manolo y algunos compañeros de él, también sacerdotes; los Padres Camilos celebrando dos veces la Santa Misa, los Padres Carmelitas llevándole varias veces la Comunión desde el templo de Santa Teresa, contiguo al Hogar; un Padre Jerónimo, del Parral (Segovia), visitándole también... Y así, en el último retazo de la vida y muerte ejemplar de Jesús Palero aparece esculpida, como síntesis de su paso por la tierra, la consignaprograma que todo joven con aspiraciones de hacer algo grande por Dios y por España debería hacer suya: "Por la dirección espiritual ciega, con la gracia de Dios y bajo la mirada maternal de María Santísima, a la santidad. Y por la santidad al apostolado de conquista alma por alma, para los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, de una juventud estancada en la insustancialidad de una vida frívola anticristiana y antiespañola. Y todo a la mayor gloria de Dios."

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