LAS 5 REGLAS PARA ADQUIRIR UN GENUINO ESPÍRITU INTERRELIGIOSO

Por Rab Richard Gamboa Enero 2013 En los años en los que yo animaba a una comunidad de católicos de origen judío, los invité a intercambiar experiencias en un encuentro interreligioso. El resultado fue desastroso porque mis discípulos, en lugar de acercarse con amor y bondad a dialogar con las personas que se hallaban en el encuentro, tal y como lo hice (y como lo he hecho a lo largo de mi rabinato), se dedicaron a señalar a todos los demás como “herejes”, “paganos” y ”almas condenadas al infierno”; de hecho, me echaron en cara tanta apertura con los de las otras religiones y hasta me acusaron de estar promoviendo el sincretismo. Alguna vez escuché al profesor Marcos Aguinis decir en una entrevista de radio en el año 2003 lo siguiente: “la gente del siglo XXI le tuvo miedo a la libertad, por eso se ha refugiado en el fundamentalismo”1. Hasta ahora muchos teólogos han insistido en exaltar el diálogo interreligioso como un hito histórico en la Era de la Información, pero ese diálogo está muchas veces condicionado por la concepción que cada teólogo tenga del deber-ser del diálogo interreligioso y por sus intereses estructurales. En realidad las propuestas en la materia son demasiado tímidas y algunas veces tienden a un retroceso defensivo, anulando así la propuesta inicial que se había planteado. Y esto se debe por desconocimiento del otro, por el miedo a lo desconocido; esa es la raíz de todos los prejuicios. Es importante aclarar que el diálogo interreligioso no es en realidad un esquema en sí mismo sino más bien un medio de comunicación, un simple instrumento que debe llevar finalmente a una verdadera situación de paz interreligiosa. No querer avanzar del diálogo a la acción conjunta es señal de que aún hay prejuicios, intereses proselitistas ocultos y miedos infundados, y la época actual en la que vivimos reclama que las religiones sean coherentes con su plataforma ética y moral que busca finalmente la armonía entre todas las personas.

Hasta hace unos años el concepto de fundamentalismo era usado para referirse a ciertas ideas y comportamientos religiosos abiertamente hostiles contra todos los que no se ajustaran a sus creencias. Sin embargo en diversos debates académicos en las universidades, los fundamentalistas justificaron sus ideas y acciones argumentando que su fin era, justamente, la lucha por el retorno a los fundamentos de sus respectivas tradiciones o denominaciones religiosas. Así pues, el concepto de fundamentalismo dejó de ser negativo y se convirtió en un concepto positivo y un título de honor para estas personas. Por eso lo correcto hoy día es hablar del terrorismo religioso como una serie de ideas y comportamientos que buscan agredir a cualquier tipo de personas a razón de las diferencias religiosas. Para profundizar el concepto véase JUERGENSMEYER, M. Terrorismo religioso, el auge global de violencia religiosa. Madrid: Siglo Veintiuno 2001.

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Así que si buena parte de la dificultad del diálogo interreligioso se debe en gran parte a las actitudes, se hace necesario por tanto ofrecer una serie de criterios actitudinales para que el diálogo interreligioso pase del discurso a la práctica. Quiero compartirles cuáles son esas ideas y sentimientos necesarios para el encuentro y la fraternidad interconfesional. Es necesario que, quien quiera participar de la experiencia de la cooperación interreligiosa, se convenza de que es necesario adoptar ciertas máximas y actitudes si quiere vivir al máximo esta propuesta: REGLA # 1: SI AMO VERDADERAMENTE A DIOS, AMO A LA HUMANIDAD ENTERA, SIN EXCEPCIONES! Tener un alma interreligiosa implica reconocer que todos los seres humanos somos una familia creada por Dios, pues en la actual época de la historia que vivimos hemos aprendido que no podemos vivir aislados unos de otros, pues no existen “ciudadanos de primera clase” o “de segunda”; no existen “razas superiores” y “razas inferiores”. No existen “religiones verdaderas” y “religiones falsas”. Ya no vivimos en guetos sectoriales, regionales o nacionales, hoy día cada quien se impone sus propias fronteras y miles de millones de personas tienen una conciencia mucho más intercultural que no existía décadas atrás, eso es inevitable! La llegada de la Internet y de otros medios masivos de comunicación global que nos permiten establecer contacto con personas de cualquier lugar del planeta en tiempo real no nos permiten más seguir viviendo aislados del resto de un mundo que es diverso, cada vez más cambiante y mucho más interdependiente2. Quien quiera vivir la experiencia de la cultura interreligiosa tiene que sentirse “ciudadano del mundo” y ajustar todas las esferas de su vida a ese paradigma, incluso la religiosa. REGLA # 2: YO EXISTO, TÚ TAMBIÉN EXISTES Si la misión universal de todos los seres humanos consiste en vivir por el bien de los demás, ya es imposible seguir predicando una doctrina religiosa que conlleve a una actitud de apartheid pensando que solamente nosotros tenemos la Verdad o nos salvaremos mientras

Para profundizar en los efectos de la globalización en el hecho religioso en América Latina, véase CONSELHO EPISCOPAL LATINO-AMERICANO. Globalizacao e nova evangelizacao na América e no Caribe: reflexoes do CELAM 1999-2001. Traducción: Antonio Efro Feltrin Sao Paulo: Paulinas, 2003. IRIARTE, Gregorio. “La globalización: un gran desafío a la ética cristiana” [en línea], [consultado el 21 noviembre 2004], en Internet: http://sedos.org/spanish/lriarle.htm . TEIXEIRA, Faustino. Globalizacao e pluralismo religioso. Horizonte teológico, [s.l.], n.2, 2003. COMBLIN, José. Os desafios da cidade no século XXI. 2' ed. Sao Paulo: Paulus, 2003. BOFF. Leonardo. La globalización vista por un teólogo [en línea], [consultado el 19 de febrero de 2008], en Internet: http://servicioskoinonia.org/relaty058.htm . GARCÍA ANDRADE, Carlos. Globalización, lugar para Dios? teólogo [en línea], [consultado el 19 de febrero de 2008], en Internet: http://sedos.org/spanish/CGAndrade.html . LAPIERRE, Francois. La misión y los desafíos del mundo actual. Madrid: Misiones Extranjeras 2004. ROBINSON. William I. “Nueve tesis sobre nuestra época” [en línea], [consultado el 19 de febrero de 2008], en Internet: . http://servicioskoinonia.org/relat/l63.htm

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que el resto de la Humanidad debe perecer irremediablemente por no rezar como nosotros o creer lo mismo que nosotros. Yo no puedo afirmar que “yo respeto las creencias religiosas de los demás”… y luego venir a decir “yo no quiero ver al otro ni hablar con aquél ni rezar con este otro porque cree diferente a mí, reza diferente a mí’… eso es soberbia, falta de amor. Hasta el momento el diálogo entre las estructuras tradiciones religiosas se ha alimentado y apoyado, pero queda un sinsabor cuando se ignora o se rechaza la presencia de los líderes de las pequeñas y nuevas tradiciones e institutos religiosos, a los líderes de las espiritualidades ancestrales y emergentes. En este caso las acusaciones públicas y privadas de "falso", "pseudo", "hereje" y "secta" prevalecen en nombre del diálogo interreligioso, lo que genera un nuevo y grave conflicto. El derecho a la existencia se le ha negado públicamente a los líderes de las espiritualidades ancestrales y emergentes, y a los líderes de congregaciones más pequeñas y nuevas, agravando así el conflicto interreligioso. Incluso, en algunos casos concretos han pasado de las palabras a los hechos de violencia. En Colombia la negación del derecho del otro a la existencia se ha expresado a través de toda clase de acciones violentas, incluso en el seno de las familias mismas 3 ... cómo es posible que extendamos esta diabólica cadena a lo religioso?! El reconocimiento del otro como persona religiosa también implica un serio, humilde y objetivo replanteamiento teórico y práctico de las campañas de evangelismo, testificación o difusión doctrinal que muchas entidades religiosas ejecutan, ya que en la gran mayoría de los casos la exposición de las creencias religiosas por parte de los misioneros o difusores se han desarrollado a través de escandalosos y repudiables métodos de descalificación e irrespeto a las creencias y prácticas religiosas de los receptores. En muchos casos la acción misionera se ha realizado de manera abusiva, intensa o imprudente, lo que ha generado una polarización mucho más extrema de las posiciones de las personas y colectividades receptoras frente a las entidades religiosas que desarrollan estas campañas de evangelismo o de “pesca de almas”4. Todos los líderes religiosos tenemos que tomar conciencia de que ya no podemos perpetuar una cacería de brujas en nombre de nuestros respectivos credos. Ya no nos podemos seguir descalificando unos y otros con el fin de autolegitimarnos. Si como líderes espirituales de nuestras comunidades afirmamos defender los Derechos Humanos, tenemos que hacerlo no solamente para nuestros propio beneficio sino también procurando que el otro que no profesa el mismo credo que yo goce también de dichas libertades y derechos. La máxima "vivir por el bien de los demás" debe traducirse en la cooperación interreligiosa en acciones
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GAMBOA, Richard. “Conflicto religioso en Colombia: entre el fundamentalismo, el laicismo y la cooperación interreligiosa”, en Nova et Vetera 20(64): 43-54, 2011.

En el caso judío la reacción frente a los misioneros se ha radicalizado a través de campañas de prevención de contacto con cualquier misionero real o potencial, específicamente cristianos. Véase KRAVITZ, Bentzion. La respuesta judía a los misioneros. Baltimore, MD (Estados Unidos): Judíos para el Judaísmo 2001.

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que procuren defender en primer lugar, el derecho del otro a la existencia, para que también yo pueda gozar junto con él de ese mismo derecho. Si yo tengo derecho a expresar de manera libre mis creencias religiosas sin ser molestado por nadie, estoy en la obligación moral de conceder al otro ese mismo derecho, siempre que se haga en un clima de respeto mutuo, de fraternidad y de deseo de conocer al otro, jamás de compararme con el otro para luego degradarlo. Por eso la regla # 2 nos dice que no podemos sacar de la experiencia interreligiosa a absolutamente NADIE. El hecho de que un ministro de culto de un determinado credo religioso no sea del agrado de alguna estructura religiosa en especial, no me autoriza discriminarlo. Si mi experiencia religiosa es válida, la del otro también lo es.

REGLA # 3: TODOS SOMOS UNA FAMILIA CREADA POR DIOS, POR TANTO TODOS SON MIS HERMANOS LEGÍTIMOS. Alguna vez un psicólogo me preguntó “en caso de un naufragio tienes un pequeño bote y tienes a un niño y a un anciano; a cuál de los dos salvarías?”. Yo insistí en que salvaría a los dos, y aunque el psicólogo me insistía en que sólo podía salvar a uno, le respondí que era preferible que yo muriera para que el niño y el viejo se salvaran. El psicólogo me respondió “pero si el viejo ya vivió lo suficiente”, le dije “no! El viejo aún tiene mucho por hacer, tiene que entregarle su sabiduría al niño… es que no podemos andar en este mundo con una mentalidad utilitarista, creyendo que el viejo es un estorbo y que el niño es un tonto que ni siquiera ha empezado a vivir”. Y ante su insistencia de salvar sólo a uno le respondí enfáticamente “siempre hay espacio para uno más”. Una verdadera cultura interreligiosa desafía a todos los ministros de culto a ir mucho más allá de las comisiones ecuménicas e interreligiosas, a ir mucho más allá de la tolerancia (que en últimas viene siendo una actitud resignada de aceptar la existencia del otro a regañadientes, sin una intención sincera del corazón). El Papa Juan Pablo II expuso esta dimensión de amor verdadero entre los líderes religiosos de esta manera: "la única competencia válida entre nosotros, es ver quién de todos nosotros le puede ofrece al otro el amor más grande". Al asumir a todos los seres humanos como mis hermanos legítimos, ya no puedo discriminar a absolutamente nadie por ninguna razón, debo estar en capacidad de acoger a todos; toda la Humanidad debe caber en mi corazón y aún así debe sobrar espacio para uno más. Esto me lleva a algo más: a que el reconocer al otro como “hermano”, no puedo simplemente decirlo de dientes para afuera, es necesario demostrarlo con acciones concretas. Es muy difícil convertirse en ciudadano del mundo si uno no se da la oportunidad de conversar, comer, cantar y hasta incluso bailar con el que es de otra cultura diferente a la mía. Es muy difícil convertirse en una persona de espíritu interreligioso si no estoy en disposición de rezar las plegarias del otro, de estudiar junto con el otro sus textos sagrados, de visitar el templo del otro y todo sin dejar de ser quien soy.

Yo mismo he dado al mundo entero un ejemplo viviente de esto: he rezado con musulmanes, con cristianos, con hinduistas, con budistas, con los líderes espirituales de las tribus ancestrales de mi país, he estudiado sus textos sagrados (y extraigo de ellos enseñanzas comunes para todas las personas) y he ido a rezar a pagodas, mezquitas, templos y parroquias, y esto en nada ha afectado en lo más mínimo mis convicciones y mis tradiciones judías. Casi todos le temen a esto porque piensan que si comparten con el otro sus rezos, lecturas y espacios de oración, ya con eso se está traicionando a Dios y a su propia religión5 o se está perdiendo la identidad religiosa y cayendo en el sincretismo. Sólo los que no tienen bien claras sus propias creencias religiosas ven a los demás como “gente religiosa de segunda categoría”, y son los primeros en perder las bases de su propia identidad religiosa. Mientras esa barrera invisible no se derribe, nadie puede decirse que es una persona ecuménica o interreligiosa, porque ya está discriminando al que hace poco dijo que reconocía como “hermano” por ser creados todos por el mismo Padre Celestial. REGLA # 4: TODAS LAS RELIGIONES SON VERDADERAS Afirmar que nuestra tradición o denominación religiosa es la única religión verdadera sobre la tierra es una forma de practicar el exclusivismo, el proselitismo agresivo y la segregación religiosa que por milenios ha golpeado a millones de personas. Este punto puede sonar terriblemente duro para quienes están acostumbrados a forzar a las personas para que, de una u otra forma, abracen las creencias de quienes buscan ganar adeptos. El terrorismo religioso se vale precisamente de una técnica de manipulación sectaria llamada “dispensación de la existencia” para chantajear psicológica y espiritualmente a las personas bajo el lema “si no te conviertes a mi religión te condenarás”.
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De hecho, algunas estructuras religiosas prohíben a sus feligreses ir a otros lugares sagrados que no sean los propios, conversar con personas de otra religión o incluso, casarse con parejas de otro credo, so pena de recibir terribles castigos divinos, además de los fuertes castigos que sus autoridades imponen a quienes se atreven a desobedecerles. Los psicólogos religiosos identifican en estas normas dos técnicas de manipulación sectaria llamadas “control del entorno” y “demanda de pureza”, según los esquemas del psiquiatra Robert Jay Lifton. Para profundizar acerca de las técnicas de manipulación en entornos religiosos véase GROM, Bernhard. Psicología de la religión. Barcelona: Herder 1994. RODRÍGUEZ, Pepe. El poder de las sectas. Barcelona: Ediciones B 1989. POLL, Wilhelm. Psicología de la religión. Barcelona: Herder 1969 SPINKS, Stephens. Introducción a la psicología de la religión. Buenos Aires: Paidos 1965. WEIGEL, Gustave. Psicología de la religión. Santiago: Difusión Chilena 1945. DOMÍNGUEZ, C. Psicoanálisis y religión: diálogo interminable. Madrid: Trotta 2000. VARIOS. Psicología social de prejuicio y el racismo. Madrid: Centro Estudios R. Areces 1995. FONT, J. Religión, psicopatología y salud mental. Barcelona: Paidós 1999. FROMM, E. Psicoanálisis y religión. Buenos Aires: Editorial Psique 1976. JUERGENSMEYER, M. Terrorismo religioso, el auge global de violencia religiosa. Madrid: Siglo Veintiuno 2001. PRATT, J. El estigma del extraño. Barcelona: Ariel 1997. RODRIGUEZ CARBALLEIRA, A. El lavado de cerebro: psicología de la persuasión coercitiva. Barcelona: Ed. Boixareu Universitaria 1992. CENCILLO, L. Psicología de la fe. Barcelona: Herder 1997. CORDERO, J. Psicoanálisis de la culpabilidad. Estella, Navarra (España): Verbo Divino 1976. RAMBO, L.R. Psicosociología de la conversión religiosa. Barcelona: Herder 1996.

En la Asamblea de Seúl celebrada en julio de 2009 y en la que participamos más de 300 lideres políticos y religiosos de 100 países y que firmamos la Declaración de Cheong Jeong Gung 6 , llegamos al consenso de que no hay nada más irrespetuoso que el proselitismo religioso agresivo y abusivo, y como se dijo anteriormente, esto agrava mucho más las relaciones entre las religiones que las diferencias doctrinales entre sí. Si estamos convencidos de que no existen “ciudadanos de primera clase” o “de segunda”; de que no existen “razas superiores” y “razas inferiores”, entonces tendremos que decir también que no existen “religiones verdaderas” y “religiones falsas”. Todas, absolutamente todas las confesiones religiosas son verdaderas y válidas, ya que Dios se expresa a la Humanidad en palabras humanas y valiéndose de los símbolos humanos conforme las necesidades y los códigos culturales de cada pueblo. Hay que estar muy cerrados de corazón como para no admitir que Dios no le habla a la Humanidad entera exclusivamente en el lenguaje de una sola expresión religiosa o de una sola nación! No se trata de hacer comparativos en contenido sino en reconocer la dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios, sin excepción alguna. Por lo tanto, si Dios se ha manifestado a la Humanidad entera y los pueblos expresan de manera diferente esa experiencia de Dios (a través de sus ritos, contenidos doctrínales y propuestas de ética universal), no existe razón alguna para hacer ofensivos diferencialismos entre “religiones reveladas” y “religiones naturales”, o comparativos ofensivos entre “grandes religiones” y “sectas”, ya que absolutamente todos los credos, de una u otra forma, han experimentado el acontecimiento del Dios del Universo que se da a conocer a los seres humanos, expresando ellos esa experiencia según sus respectivos códigos lingüísticos y culturales. Pero el reconocimiento de la dignidad de todas las religiones y espiritualidades tiene un precio ético, ya que si bien Dios se hace presente en todos los credos y escucha las plegarias de todas las personas sin importar su afiliación religiosa, y que en muchos casos se pueda dar lo que en la Teología Profesional se conoce como “una situación de doble confesionalidad” o “pertenencia religiosa dual’ 7 , ello no legitima abrazar indiscriminadamente expresiones, símbolos y prácticas religiosas y espirituales, fenómeno que es catalogado como “sincretismo religioso” y que afecta mucho las relaciones entre
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Esta declaración se enmarca en los siguientes acuerdos: • La era actual es la era de la autoridad de Dios, es cuando todas las personas deben tratar de vivir de las normas éticas más elevadas, en maneras que sean transparentes y buenas. • Todas las familias pueden prosperar y ser bendecidas a través del compromiso con los valores verdaderos de la familia y la ética sexual, asegurando el linaje y la herencia que son las bases para un mundo de paz duradera. • La bendición interreligiosa e intercultural del matrimonio es el mejor camino para lograr la unidad centrada en el linaje de Dios, la solución de la histórica división entre las razas y tradiciones de fe.

KNITTER, Paul. “Sin Buda no podría ser cristiano”, en Entremeses teológicos 2010-2011: teología, ecumenismo y diálogo interreligioso. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana 2012, pp. 99-110.

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personas , representantes y colectividades de fe. Es decir, incluso la doble confesionalidad o pertenencia religiosa dual tiene un límite que no debe ser traspasado! En ese respecto el Gran Rabino de Colombia Alfredo Goldschmidt enfatiza en que toda actividad interreligiosa, bien sea dialogal o de cooperación, debe estar cimentada en dos columnas: IDENTIDAD y DIÁLOGO. Con respecto a la identidad, cada persona que participa del diálogo y la cooperación interreligiosa debe tener bien definidas su identidad, creencias y prácticas de fe y aunque existen liturgias y símbolos sagrados que las religiones pueden intercambiarse entre sí sin que ellos afecte las identidades propias de cada credo, se debe evitar asumir creencias y prácticas fundamentales que son ajenas a la identidad religiosa propia o que pueda afectar significativamente la identidad espiritual a nivel interno de la persona y a nivel externo en cuanto hacia la imagen que se transmite a las demás personas. Es decir, cada persona debe evitar hacer un “tutti-frutti” de creencias y prácticas religiosas para no ofender a las personas que representan íntegramente a sus credos. Hacerme como el otro en materia de creencias y prácticas religiosas no ayuda en nada a que aprendamos a apreciarnos mutuamente en nuestras diversidades de fe… ya que si Dios ama a la Humanidad entera sin distinción alguna y Él escucha las plegarias de todas las religiones (lo que hace que todas las religiones sean verdaderas y dignas por igual), por qué razón tendría yo que renunciar a la religión o espiritualidad que profeso para convertirme a la religión del otro? REGLA # 5: TENEMOS MUCHO MÁS EN COMÚN DE LO QUE CREEMOS, POR TANTO NO ME VOY A COMPLICAR LA VIDA FIJÁNDOME EN AQUELLO QUE NOS DIFERENCIA. En 1991 se reunieron 40 estudiosos de las religiones en los Estados Unidos y realizaron una lectura comparativa de todos los libros sagrados de todas las religiones existentes en el mundo, con el objetivo de identificar si había en ellos conceptos en común. El resultado fue que el 73% de los textos sagrados usaban términos y conceptos similares, mientras que el 27% restante sólo eran los elementos comunes a la identidad propia de cada tradición religiosa. Es decir, todas las religiones del mundo enseñan exactamente lo mismo en un 73%8. Uno de los problemas del diálogo interreligioso, como se explicó inicialmente, es que se convirtió en un monólogo y no en un diálogo. Es decir, cada representante de una tradición religiosa se dedica exclusivamente a decir en qué creen sus correligionarios, pero en ningún momento rescatan cómo eso mismo que ellos enseñan, también lo enseñan otras religiones pero con otras palabras, y aún así el mensaje es exactamente el mismo. Y en muchos casos, los representantes de las religiones se han negado a pasar del diálogo interreligioso eventual a la cooperación interreligiosa permanente.

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Los resultados de esa investigación se encuentran recopilados en VARIOS. World scripture: a comparative anthology of sacred texts. New York City, NY (Estados Unidos): International Religious Foundation 1991.

Así es como muchos encuentros interreligiosos se han convertido más en exhibiciones confesionales que en un verdadero encuentro de religiones. Por eso es esencial replantear de forma y de fondo la metodología de los encuentros entre representantes de las diversas religiones y espiritualidades9. No se niega que es importante que cada representante exprese su identidad y su particularidad, ya que sin conocernos bien mutuamente es imposible acercarnos y dialoga, como lo expresaba le teólogo alemán Hans Küng: “sólo habrá paz entre las religiones si éstas dialogan entre sí”. Pero los encuentros no se pueden quedar en la esfera expositiva, es necesario que cada representante confesional esté en plena capacidad de valorar lo que es común con las demás religiones. En mis discursos interreligiosos suelo hablar acerca de un valor universal fundamentado en lo que varias religiones dicen, incluyendo la mía (a los sectores radicales, fundamentalistas y conservadores de las religiones no les agrada en lo absoluto el hecho de que un simple rabino reformista, además de citar la Torá y el Talmud, también cite en sus sermones, discursos y clases apartes del Nuevo Testamento, del Corán, de los Sutras budistas, de los Vedas hindúes, del Siri Guru Grant Sahib de los sikhs, y de otros libros sagrados de otras religiones). Así demuestro que de la misma manera como lo mío es importante y puede aportar mucho a quienes nos escuchan, igualmente yo valoro lo que las demás religiones dicen en sus respectivas escrituras acerca de lo que yo estoy hablando. Y así los representantes y miembros de las demás religiones pueden sentir que los aprecio verdadera y sinceramente… pero siempre manteniendo las dos columnas que el rabino Goldschmidt señala: IDENTIDAD y DIÁLOGO. Una persona de espíritu interreligioso es por naturaleza una persona de mentalidad incluyente que, teniendo bien cimentada su propia identidad religiosa, aprovecha los encuentros interconfesionales para hacer de ellos un verdadero espacio de encuentro con el otro por lo mucho que tenemos en común.

Citando un caso específico digno de exaltar, podrían estudiar y emular los logros que la Corporación Teusaquillo Territorio de Paz, como colectivo base de líderes del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, han logrado en la capital colombiana, generando incluso impacto político y social. Para mayor información véase en Internet: http://www.teusaquilloterritoriodepaz.mex.tl

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