EL DESARROLLO DE LA FILOSOFIA EN LA EDAD MEDIA La filosofía medieval se desarrolla en un ambiente social y cultural propio, distinto al de la filosofí¡a antigua o moderna

. Los filósofos medievales se enfrentaron a los problemas peculiares de su tiempo desde un horizonte mental característico. Este horizonte mental estuvo condicionado, entre otros: -Por la existencia de una cultura teocéntrica. Durante la Edad Media la religión fue el centro en torno al cual giraban la cultura y la organización de la sociedad. Su importancia en la vida individual era mucho mayor de lo que es actualmente. La filosofía medieval es una filosofía religiosa, marcada profundamente por el cristianismo. -El cristianismo produjo un corte decisivo en la historia de la filosofía. Tras su introducción, la filosofía no volvió a ser como antes. Pues aunque el cristianismo no es propiamente una filosofía, introdujo cambios fundamentales en la manera de entender al hombre, al mundo y a Dios (religión monoteísta, idea de un Dios creador, concepción del hombre como interlocutor de Dios, admisión de dos modos de conocimiento: el que el hombre obtiene con su propio esfuerzo mediante la razón y el de la revelación -conocimiento que Dios transmite al hombre-). -La Iglesia. Fue una organización fundamental en la Edad Media. Hizo de puente entre el mundo antiguo y el medieval y fue un poder supranacional que preservó la cultura, legitimó el poder político y mantuvo el sistema de ideas y creencias admitido por todos. La fuerza de la Iglesia se apoyaba en que se la consideraba la depositaria de la tradición cristiana. La filosofía medieval se desarrolló en el seno de la Iglesia. A esta filosofía, desarrollada en el seno de la organización eclesial, se la conoce también como filosofía escolástica: un intento de aplicar la razón y los conceptos de la filosofía clásica a la comprensión de los datos de la fe y a la exposición del pensamiento cristiano. La escolástica fue una tarea colectiva: cada pensador trabajaba en el seno de la tradición, a la que intentaba completar considerando su trabajo como una colaboración en una obra común. ETAPAS DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Antecedentes: la filosofía cristiana en el Imperio Romano. La filosofía medieval se desarrolla a partir de la filosofía cristiana elaborada por los Padres de la Iglesia durante los primeros siglos del cristianismo anteriores a las Invasiones bárbaras. Este pensamiento evolucionó al hilo de dos preocupaciones fundamentales: la defensa del cristianismo frente a las acusaciones de los paganos -en este sentido, se intentó mostrar que el cristianismo no era una religión bárbara o irracional, sino que sintonizaba con una parte importante de la filosofía griega- y la defensa de la fe ortodoxa frente a las herejías que surgían en el seno del propio cristianismo -para ello se utilizaron los conceptos de la filosofía griega que ayudaron a precisar los dogmas cristianos-. Primera etapa: desde las invasiones hasta el siglo X. En este período no hay filosofía. Europa se sumerge en los llamados "siglos oscuros". La cultura se refugia en los monasterios, donde se copian

textos clásicos y se escriben compendios del saber heredado o libros de tema exclusivamente religioso (comentarios a la Biblia, Vidas de Santos, etc). Durante este período se crean las primeras escuelas y el plan de estudios (trivium y quadrivium) lo que hará posible los desarrollos posteriores. Segunda etapa: desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Empieza a producirse un importante avance económico, social y cultural: la revitalización de las ciudades y el comercio produjo el despertar de Europa y el nacimiento de la burguesía. El desarrollo de las ciudades permitió la fundación de las universidades y el desarrollo de conocimientos técnicos y científicos tomados de autores griegos y árabes. En el siglo XIII aparecieron los grandes sistemas de la filosofía medieval (Sto Tomas, San Buenaventura, Roger Bacon...). Estos sistemas son una síntesis de la tradición cristiana y las nuevas ideas representadas, sobre todo, por Aristóteles. Estas síntesis armonizaban dos formas de conocimiento que para muchos eran incompatibles: -La sabiduría cristiana, basada en la Revelación divina y en la tradición de la Iglesia y orientada al otro mundo. -La sabiduría científica (griegos y árabes) independiente de cualquier revelación, basada en la razón y en la experiencia y aplicable a la práctica. En el siglo XIII muchos autores defendieron una de estas dos formas de conocimiento con exclusión de la otra. Por aquel entonces la ciencia se ocupaba de temas que también eran propios de la religión -como Dios, el hombre y su destino, el alma, le felicidad- enseñando doctrinas distintas, e incluso opuestas, a la tradición cristiana. Filosofía y religión chocaban en algunas cuestiones fundamentales, de ahí el conflicto y el que muchos pensaran que había que elegir o una u otra. Pero los grandes filósofos escolásticos defendieron la necesidad de una síntesis. Por un lado, reconocieron la validez del conocimiento científico y la capacidad de la razón natural de cualquier hombre para conocer el mundo. Pero al mismo tiempo admitían la necesidad de la Revelación: un conocimiento que Dios transmite a todos los hombres y les permite salvarse. También señalaban que no podía haber una contradicción real entre la razón científica y la revelación. Ultima etapa (siglo XIV). Este periodo se caracteriza por la separación del conocimiento científico-filosófico y el conocimiento teológico. De este modo se rompió la síntesis conseguida el siglo anterior. Para los escolásticos del último período la filosofía no puede llegar a conocer la existencia de Dios o la inmortalidad del alma, debiendo limitarse al conocimiento de este mundo. Dios y el alma son conocidos solamente por la fe.

TOMÀS DE AQUINO Naci¢ en el castillo de Roccasecca, cerca de Ná poles en 1224-5. De familia noble, ingresó a los cinco años en la abadía de Montecasino, destinado a ocupar un puesto de mando en dicha abadía. De joven dejó la abadía e ingresó -con la oposición de su familia- en la orden mendicante de los dominicos. Abandonó así un futuro de poder para buscar el conocimiento: los dominicos eran, junto a los franciscanos, la vanguardia intelectual de la época. Santo Tomás estudió en Nápoles y en Colonia. Su maestro, San Alberto Magno le puso en contacto con la ciencia natural de los árabes y los griegos y le hizo comprender la necesidad de armonizar a Aristóteles con la tradición cristiana. Fu‚ profesor en la Universidad de la Sorbona de París y autor de una obra muy extensa en la que destacan la Suma Teológica, la Suma contra gentiles, los comentarios a Aristóteles, las cuestiones disputadas, opúsculos, etc

LOS TEMAS DE SU FILOSOFÍA: RAZÓN Y FE Santo Tomás se oponía a dos posturas extremas: la de los que negaban la capacidad del hombre de llegar a la verdad por sus propias fuerzas sin apoyo de la religión y la de los que consideraban que solamente a través de la razón se podía alcanzar el conocimiento. Frente a estas dos posiciones, Santo Tomás defendía que la razón y la fe eran dos vías legítimas y distintas para llegar a la verdad. Su diferencia no radica tanto en los contenidos (pues hay verdades que pueden ser conocidas tanto por la razón como por la fe, por ejemplo, la existencia de Dios o la inmortalidad del alma) como en el método. La razón es una capacidad presente de modo natural en todos los hombres que parte de la observación de los hechos de experiencia y puede remontarse al conocimiento científico de la esencia de las cosas, al conocimiento metafísico de los conceptos fundamentales (ser, sustancia, materia, forma, potencia, acto, esencia, existencia) y al conocimiento imperfecto de Dios. La fe parte de las verdades que Dios ha revelado al hombre y es un conocimiento necesariamente verdadero. La fe profundiza el conocimiento que el hombre puede alcanzar sobre Dios por sus propias fuerzas naturales. Según Santo Tomás, la razón y la fe no pueden contradecirse porque sólo hay una verdad que se alcanza por distintos caminos. En caso de que se produzca una contradicción (por ejemplo, cuando alguna tesis de Aristóteles se opone a algún dogma de la religión cristiana) ésta se debe a un uso incorrecto de la razón: el ser humano es imperfecto y siempre puede equivocarse. La fe, en cambio, es infalible porque procede de Dios. Por eso la fe sirve de ayuda al filósofo creyente, avisándole cuando sus conclusiones son erróneas. Por otro lado, la fe también es superior a la razón porque es la única forma de conocimiento que permite que el hombre alcance la salvación. En conclusión, para Santo Tomás puede existir una filosofía independiente de la revelación que alcance la verdad (aunque no toda la verdad. La Verdad fundamental, la que salva al hombre, sigue estando en la revelación).

EL CONOCIMIENTO DE DIOS A partir de la distinción razón-fe de la que acabamos de ocuparnos, Sto Tomás distingue dos formas de conocimiento de Dios: el de la teología revelada y el de la teología natural (filosófica). Siguiendo a Aristóteles, Sto Tomás señala que el conocimiento humano tiene su punto de partida en la experiencia que capta los seres individuales, plurales y cambiantes. A partir de estos datos, y a través de un proceso de abstracción parecido al propuesto por Aristóteles, el hombre es capaz de conocer la esencia de los seres naturales, es decir, de obtener un conocimiento científico que se expresa en verdades universales. Yendo más allá de las ciencias particulares, el hombre puede llegar al conocimiento del ser en cuanto ser, es decir, al conocimiento de aquellos conceptos de máxima generalidad que se aplican a todas las realidades y que están presupuestos por las demás ciencias. Sto Tomás toma estos conceptos fundamentales de la Metafísica de Aristóteles (sustanciaaccidente, materia-forma, potencia- acto) y les añade una distinción que tiene su origen en la admisión de un Dios creador y del mundo como de una realidad derivada que no existe por si misma. Esta distinción fundamental es la que se expresa a través de los conceptos de esencia y existencia. La esencia es el conjunto de cualidades que definen a un ser (por ejemplo, la esencia de una sirena es la combinación de las cualidades de una mujer y de un pez) la existencia es la realización efectiva de ese ser, su presencia en el mundo. Sto Tomás afirma que en todos los seres finitos creados la esencia es distinta a la existencia; es decir, que la existencia no está incluida en la definición de ningún ser creado; los seres creados pueden existir o no existir: en el lenguaje técnico de Sto Tomás, son seres contingentes, no necesarios. Los seres contingentes no tienen su existencia por sí mismos, siempre reciben la existencia de otro, y, en último término de un ser que existe necesariamente, es decir, que existe por sí mismo. Un ser que existe por sí mismo es un ser necesario, o un ser que no puede no existir, un ser en el que la esencia se identifica con la existencia, un ser cuyo ser es existir. Para Sto Tomás este ser es Dios, fuente de toda la existencia del Universo. Junto al conocimiento científico y al conocimiento metafísico del ser en cuanto ser, la razón humana es capaz de alcanzar un cierto conocimiento de Dios. Aunque imperfecto (no podemos conocer perfectamente a Dios porque nuestra inteligencia es finita y Dios es infinito) este es el conocimiento más importante que puede alcanzar el hombre. Pues Dios es la causa última de todo, el principio y el fin del universo, la clave última de la realidad. Por otra parte, Dios es el principio y el fin del hombre en un sentido especial: su principio no sólo porque Dios le ha creado, sino también porque el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, de manera que la clave del misterio que es el hombre es Dios; su fin, porque la verdadera felicidad para el hombre consiste en llegar a Dios. El conocimiento filosófico de Dios se refiere a dos grandes cuestiones: el conocimiento de la existencia de Dios (saber si Dios existe) y el de su esencia (saber lo que es Dios). En cuanto al conocimiento de la existencia de Dios Santo Tom s afirma:

-que, para la razón, la existencia de Dios necesita ser demostrada. Pues la razón humana se orienta, en un principio, a conocer la esencia de los seres naturales, por lo que Dios no es un dato que conozca de un modo inmediato. -que la razón humana puede llegar a conocer a Dios como la única causa los seres naturales. -La demostración de la existencia de Dios puede realizarse a través de cinco vías. Todas las vías tienen una estructura común: el punto de partida es un hecho de experiencia, después se establece un principio metafísico (por ejemplo: "todo lo que se mueve es movido por otro", a continuación se afirma la imposibilidad de una serie infinita y, por último, se concluye en Dios como primer principio de toda la realidad (motor inmóvil, causa incausada, ser necesario, perfección absoluta, ordenador del Universo). En cuanto al conocimiento de la esencia de Dios, Santo Tomás afirma que éste sólo puede ser alcanzado de un modo muy imperfecto, en tanto que Dios es el origen de todas las perfecciones de las criaturas. Para alcanzar este conocimiento de la esencia de Dios pueden seguirse dos vías: -Negar de Dios cualquier imperfección En este sentido, dice Santo Tomás que la razón puede conocer lo que Dios no es. -Afirmar de Dios todas aquellas perfecciones que puedan convenirle (es decir, que no sean incompatibles entre s¡) elevándolas al infinito. Dios es así justicia, sabiduría, bondad, etc infinitas (pero la razón humana no puede comprender qué sea, por ejemplo, una sabiduría infinita)

LA ÉTICA La ética se ocupa de conocer el Bien del hombre. Siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás afirma que el Bien es el fin de nuestras acciones y que se identifica con la Felicidad. De este modo, las acciones son buenas si nos conducen a la felicidad y malas si nos apartan de ella. Santo Tomás distingue dos sentidos de felicidad: la alcanzable por el hombre en esta vida a través del ejercicio de las virtudes (felicidad imperfecta); la alcanzable en la otra vida, que consiste en la visión de Dios (felicidad perfecta). La felicidad perfecta, el fin último de la vida humana, no puede buscarse en ninguna cosa creada, sino sólo en Dios, bien supremo e infinito. En esta vida el hombre puede conocer que Dios existe y alcanzar un conocimiento imperfecto de su esencia, pero sólo en la otra vida puede conocer a Dios tal y como es en sí mismo. Y ningún otro bien puede satisfacer al hombre. La felicidad imperfecta ha de subordinarse a la felicidad perfecta (que no puede ser alcanzada por las solas fuerzas del hombre, sino que 'es un don de Dios). Para que el hombre alcance el bien, ha de poner en juego dos facultades: la voluntad y la razón. La voluntad desea la felicidad; la razón ordena las acciones que han de conducir a ese fin querido. Pero la razón no es arbitraria, basa sus mandatos en la ley natural, cuyo primer principio es "el bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse". Pero el bien del hombre es todo aquello que conviene a su naturaleza, aquello a lo que tiene inclinación natural como ser racional. Por eso, de la naturaleza humana se derivan las leyes que han de gobernar la conducta del hombre.

La ley natural consiste en el conocimiento que la razón tiene de aquello que es bueno o malo para el hombre según esté o no de acuerdo con su naturaleza. Esta ley se apoya en la ley eterna: la ley puesta eternamente por Dios que establece el bien de cada cosa. A diferencia de los seres irracionales, que buscan su propio bien de una forma espontánea y obedecen siempre a la ley eterna, el hombre es capaz de elegir entre el bien y el mal, guiándose por su razón y el conocimiento de la ley natural. La ley natural no cambia y es conocida por todos los hombres, al menos en lo que se refiere a sus principios fundamentales. Pero el hombre puede malinterpretar la ley al aplicar los principios a las situaciones concretas. Por eso necesita la ayuda de la ley revelada, transmitida por Dios a los hombres a través de los profetas y de Jesucristo. Por último, las leyes vigentes en las distintas comunidades políticas son las leyes positivas, adaptadas a las particularidades de cada nación. Estas leyes sólo son moralmente válidas si están de acuerdo con los otros sentidos de la ley.

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