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MAS DEMOCRACIA Edmundo Orellana Mercado1 Circula en el país el resultado de una encuesta practicada a nivel centroamericano que nos

revela el descontento de los ciudadanos de la Patria Grande con la democracia.. Los resultados de estas encuestas siempre son manipulados. Se formula una pregunta que solo tiene una respuesta. La que el encuestador quiere. En el procesamiento de los resultados, las conclusiones son las fijadas de antemano. Cuando se trata de verificar la popularidad de los candidatos, los encuestados no son libres de opinar. Deben responder como anticipa el encuestador. Preguntan quien es el más popular de una lista que ya está elaborada. El encuestado no tiene derecho a hacer la suya. Igualmente, cuando le presentan una preparada de antemano y luego le preguntan quien, de esa lista, cree que será el candidato a Presidente, a Diputado o a Alcalde. La manipulación es evidente. Nada existe fuera del esquema previamente elaborado por el encuestador. Las opciones ofrecidas al encuestado son las preestablecidas por aquél. Por eso, sus conclusiones deben ser aceptadas dentro de estas limitaciones. Uno de los resultados de aquella encuesta es que a los centroamericanos, desilusionados con la democracia, no les importa la naturaleza del gobierno, sino la solución de sus problemas. La conclusión, es la siguiente: si resuelve los problemas no importa que sea un gobierno antidemocrático. La crisis que viven los pueblos como los nuestros es el producto de malas administraciones. Y no precisamente democráticas. En Honduras, los gobiernos de fuerza que se sucedieron a partir del golpe del 3 de octubre de 1963, no tuvieron de negativo solo su existencia, sino también sus efectos. Interrumpieron un proceso democrático caracterizado por la tendencia a distribuir más equitativamente la riqueza nacional, ofreciendo garantías al capital y al trabajo, para que se desarrollaran armónicamente. En casi veinte años (prácticamente una generación) se nos negó la práctica de la democracia efectiva, se impuso un sistema de saqueo sin precedentes en la historia nacional, se distorsionó el proceso de la reforma agraria cuando se desistió de formar un empresario solidario en el agro dedicado a la explotación no tradicional de la tierra, se adquirieron préstamos que terminaron en cuentas bancarias

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Profesor de la Facultad de Derecho, UNAH.

personales de los jerarcas de la época e incontables desaguisados más. Lo patético es que todavía se nos está pasando la factura. Vino el proceso democrático, a partir de 1982. A la fecha llevamos apenas veintiún años en este proceso. Estamos aprendiendo a vivir en democracia. Lo que no es fácil. Porque la esencia de ésta es tolerar a los demás, en otras palabras, respetar el criterio de los demás y permitir que lo expresen, aunque sea contrario al nuestro. La tendencia a imponernos, a escucharnos únicamente a nosotros, a que el dialogo sea un monologo, es más poderosa que la disposición al dialogo, pues al hablar los demás corremos el riesgo de que sus opiniones prevalezcan sobre las nuestras. En una democracia todos tienen derecho a hablar y a aspirar, incluso los malos. Es la población la que decidirá, en definitiva, quien es el malo y quien es el bueno. Si se equivoca, siempre tendrá la posibilidad de rectificar. La democracia tiene la virtud de que los males no se prolongan indefinidamente. Perú, Bolivia, Ecuador y Argentina resolvieron sus crisis democráticas, dentro de la democracia. Hasta muy entrada la segunda mitad del siglo pasado, la opción hubiese sido un golpe militar o una revolución armada. En el nuevo milenio se recurre, en cambio, a fórmulas democráticas para resolver los problemas de la democracia. Aparentemente este es uno de los resultados de la globalización, porque los mayores defensores de la democracia se encuentran fuera del ámbito nacional. La defienden, porque es el requisito que el nuevo orden mundial exige para la estabilidad de los mercados. Europa fue el escenario de las dictaduras más feroces y sangrientas de la historia moderna y de las guerras más crueles (Saddan Hussein es un simple aprendiz de dictador sanguinario comparado con Hitler). Sin embargo, ha logrado superar las barreras de lengua, cultura, Estado- Nación, etc., y ha construido un sistema democrático ampliamente participativo, de Estados y de ciudadanos. La receta la dio hace tiempo Tocqueville: “las crisis de la democracia se superan con más democracia”. Si los hondureños no estamos contentos con nuestra democracia es porque la que tenemos no responde a nuestras necesidades. Lo que se impone es mejorarla, no suprimirla. Y hacia eso apuntan las llamadas “reformas políticas”. No debe deducirse, por tanto, que los hondureños deseamos volver a Carías o a los gobiernos militares. Esa es una conclusión del encuestador, no del encuestado.