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E HUBO UNA REVOLUCION EN FRANCIA?

cPor qué hubo una revolución en Francia en 1789, pero no en otros lugares de Europa? Fs verdad hasta cierto punto, que Bélgica y Polonia habían presengia{o algo semejante a rebeliones nacionales, contra los austríacos y los rusos respectivamente. En las Provinciqs Unldqs -la actual Holanda- hubo un g ab-o¡tado, d.9 ¡eyolución p olítica protagonizado -ilte-!,!-o ¿ au4qu por los "patriotas", y en Ginebra en 1768, un golpe de Estado, por los burgugseg d9 lq ciudad, que durante un año inclinaron a
su_ f-av_q_r

estos conflictos hubo una victoria decisiva de un grupo social, sobre otro;-ninguno fue "democrático", en cuanto ninguno tras!AdÉ._g _tlwo,

-e-l.eguilibfip de la Constitució|. Pero en ninguno de

la intenrión de trasladar gl peso de la autoridad política a la nación en general, y ninguno avanz6, en sucesivas etapas, hasta conseguir una transformación completa de la soei,e-dad- exis-te-n-t9, Eso sucedió únicamente en Francia; y si Lrien alguno de estos países, y también otros, rnás tarde, siguieron el rumbo trazado por los cambios revolucionarios realizados en Francia, ésta no es la cuestión que nos interesa aquí. Entonces, ipor qué hubo una revolución de esta clase en Francia? Los historiadores, que tienden a leer retrospectivamente la historia, han respondido de distintos modos a la preL7

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prejuicios o los de sus conliilnl¡t. rlt' :tt'tll:rtltl con sus propios ese ma,,',,,¡,,,,íulcos, y on el próximo capítulo consideraremos la sociea Ilri¡rl. l'e:ro .,,rt"n""-os con unábreve introducción régime, ásí como a su gobierno y.sus rllrrl f rirrrct:sit clel ancien los dramáticos i,,ri¡r,,.i,,,t"s; un modo de lévantar el telón sobre desarrollarse en1789' Irct'lros (lttc comenzaron a siglo XVIII l'r,tícrnos describir a la sociedad francesa del cuya cima estaba formada por la ,',,,r',, ,,',,, suerte de pirámide, obur.,,,,.' f i,,,,ristocracü, el centro por. las clases "medias" inferiores" de campesinos' por'las "órdenés ¡,,,,,.'sfii y la base esto no sería conlclciantes y artesanos urbanos'-En- sí mismo' pódría ajustarse a la-sociedad ,r,'t.|,, nu*uo' .tn *o¿lto análogo De ,i" .,t'lo cualquiera de los paísés europeos contemporáneos'condistintivo de la sociedad ,,,.,,1,t qu", para hallar el rasgo cosa: la pirámide t.',,rp,rránea francesa, debemós buscar otra por las contradicciones' tanto ,,,r.'¡,,t n'on.esa estaba agobiada pues tenía irrlcr.uamente como entie sus pailes constitutivas, llevaba en sí unír ntonarquía que, aunque en teoría-absoluta' una aristocracia rrrisnl¿t la simiente á" ,u-ptopia decadencia; alentaba un.profun.'1,';,';t trien privilegiada y án general rica, había rlo lcse'trtimiento moiiváao pót el hecho de que se la g.oque' cxclrriclo largo tiempo de los cargos; una burguesía -aut su jerarquía social zrrrtrlo cle creciente prosperidad,-veía negadas y ,,i'rr participación en el gobierno acorde con su riqteza; y estaban adquiriendo cirrrr¡'rcsit.tos que, por lo menos en parte, independencia, y sin embargo aún recibían e1 lrrls t:ultura e retlirlo clr.lc se dispenia a una bestia de carga, despreciaday tensiones ,',,'¡i,,,llt cle impúestos. Más aún, estos conflictos y las comenzaban a agudizarse a medida que i,r.iu,',.t,,r,,t por ellos ¡rvrrttzltlrit cl siglo. proAhol¿t, examinemos un poco más atentamente estos la baie de la pirámide y elevándonos lrh'nurs, ¡lri'tiendo de modo eran Ir¡rr'ir stt citlrit. Iln general, los campesinos de ningún sometidos como sucedía en muchos f irr, ¡r,rlrtcs y estaüan tan Hacia el fin del ancien régime' ¡,irtr,'s . otrlt'ttrllrlráneos europeos' l¡,,,rit ,,,',, tle, ciltcla cuatro familias campesinas era dueña directa rlr rrr liett'rt; cttttlp¿trativamente pocos eran prósperos coqs -de tlllttg,e ("¡i;rlkrs tlci ¿tlclea"), algunos etan laboureurs -(pequeños olto:- ciertamente ¡,,,,i,i,'ri,ii,,n¡ r'clittivrtmcnte prósperot, { inglés contempoobservador i,,,i,,,, [n oltst'tvr'r At(ltttr Young,
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ráneo, en sus Travels in France), eran "pobres... y miserables, situación atribuible a la minuciosa división de sus pequeñas fintodos los hijos". La mitad o más de los campesinos .ur "nrt. formada pot métayers (medieros) pobres que no tenían estaba los terratenientes sobre capital y compariían su producclón de la división en partes iguales, y una cuarta parte más la 6aié 'on estaba constituida por trabajadores sin tierra o peones que trabajaban por salario y arrendaban minúsculas parcelas' A su vez, la ecuación tenfa en su lado positivo el hecho de que menos de uno de cada veinte -sobre todo en las propiedades de los nobles o los eclesiásticos del este- eran siervos' aunque no estaban totalmente atados a la tierra'ni privados de la justicia real. Pero aunque sus inhabilidades legales eran menos opresoras que en muchos otros países, el campesino francés sóportaba r¡na pesada carga de. impuestos: pagaba diezmo a la Igiesia; taitle (un impuésto directo sobre el ingreso o la tierra); viigtiéme (un impuesto del'Vigésimo" sobre el ingreso); capital¡oi tiÁpi.sto per capita sobre el ingreso) y gabelle (impuesto sobre la sal) al Estado; y en beneficio del seigneur (señor) de la propiedad, que podía ser lego o eclesiástico, afrontaba una variada serie- de obligaciones, servicios y pagos, que iban desde la corvée (trabajo forzado en los caminos) y los cens (renta feudal en efectivo) al champart (renta en especie) y los lods et velltes (impuesto aplicado a la transferencia de propiedad); o, si no era dueño directo de su tierra, qtizá tenía que pagar por el uso del molino, el lagar o el horno de pan del señor- El agobio de estas cargas, como la jerarquía del propio campesino, variaban mucho de una región a otra y en algunas áreas no eran muy gravosas. Pero durante los años de malas cosechas y crisis, se convertían en cargas universalmente irritantes e intolerables, y éste füe un problema que aumentó al avanzar el siglo, lo mismo quE l0-s-ag{avios de las clases medias, sobre los que volveremos
más adelante.

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La nobleza o aristocracia -para los fines que aquf nos interesuñ *n.ió'mismo- se dividfan crr dos grupos principales: la -iói6;telsé nobleza "de la espada") y la (la
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X-V,II, haQían adquirido derechos hereclitarios de nobleza gracias a la compra de charges, o cargos, en la burocracia real. Gracias a estos privilegios podían ocupar cargos como los de seL9

tradicional d;épée antes burgueses acaudalados que, a partir del ¡obe,

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t('l;ni()s () itllcnclentes, y tenían acceso a los Parlamentos, las que el los períodos de gobiernos ¡ir;rrrrk's cor'¡tttt'ltciones legales ,i,'l,ilcs y rlivicliclos y gobernantes ociosos o incompetentes, polos edictos 1¡¡¡¡¡¡ r.,.jc'rccr autoridaá política negándose,a registrar negado ciichos ,,lit'irrli's. I)csde la época de Luis XIV se habían {iult()s lt la nobleza más antigua' como castigo por el papel neen las guerras civiles deJ$ lr¡q¡fli,t iu., rluo había representado ,i,,* ,1" iines de la década de 1640 y principios de la de 1650'. Aunque esta nobleza más antigua coniinuaba alimentando conrt.se ntirriéntos a causa de su exclusión de los altos cafgos-, sclvirba el privilegio de ocupar los principales puestos militares de dueñóq de las grandes propiedades, ejery, en su "ottOi"iOi de los antiguos señores feudales del lugar: ,'i,,,r 1,,, derechoi rlr'r'r'c:llos de justicia y vigilancia local, derechos de monopolio' de cazur y tener un molino'.un ¡ror c.jcrnplo ál derecho exclusivo lagar (banatités),y sobre todo, el derecho de exigir i,,,,,,i, o un tk st¡s .ulnp"rinor fentas y servicios de carácter feudal. Ader¡rás, los miémbros de la noblJ:z4,.frangesa qn cqnjunto, fuesen ¡uicrrbros del grupo de la,¡dnica" o de la 'ipspadii", gozaban de r¡n nivel .otttia-"ig9-¡" de.'libertq{ respecto de los impue,stos tlircctos. Eran prácticamente inmunes en relación con el pago tlcl prirrcipal y^e-l .pás oner-oso de, -qllgq lmpuestos, la.notoria t,titli (apllcaOá át ingreso estimado y la tierra), y también en ¡r¡crlicla considerable evitaban el pago de la parte que les corr,cs¡r'nclía en él viigtiéme y la capitation, introducidos como srr¡rtc'rnento de la taiile durante los años de escasez de fines del a los cuales esta¡rr,,l,,rrgaclo reinado de Luis XIV, impuestos nobles como los plebei,,,,r srrletos nominalmente tanto los vos. lrl clero? qu)/os plincipaleq dignatarios pertenecían casi sin r.rit.t.¡rcirin a lá nó¡teza , gozaba de ventajas financieras todavía ,',,,y,,,(.tr, además del ingreso obtenido como terratenientes grar ¡rrs rr llts rcntas ylos dérechos feudales, recibía el diezmo (que de la tierra).y lr()tllrr cc¡rrivaler á un duodécimo del rendimiento , ,rilr¡,lt:r sus obligaciones con el tesoro, pagando un porcentaje ¡r'l,rtivrt¡rc:¡te reducido de su ingreso en la forma de un don menOs "voluntario" ,t! t t I r I ¡c.gt l6 voluntariO, reConOCidamente irlgullos gobernantes que para otros' [';rt;r I'or srt¡rttcsto, el grado de privilegio del que las clases altas pnrll;¡r rli:rlrrrlrtt'dcpendía en medida considerable del grado de rlllnrirl;rrltlt'l t'r'y. lirl teoría, el sistema de gobig¡1-9 francés era
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todavía cl sistema "absoluto" que Luis XIV había creado en Versalles un siglo antqs. Pero bajo el régimen de los sucesores del Rey Sol ese sistema había perdido gran parte de su vigor y su capacidad para imponer respeto y lealtad a sus súbditos, privilegiados o no. Eso fue consecuencia, en parte, de la indolencia y las fallirs pe*lg"qngfeg de, Luis XV, para quien el gobierno era una áciiui¿ad desagradable y, en parte, de la tendencia de la burocracia, formada principalmente por funcionarios privilegiado¡, a convertirse casi en una ley en sí misma. Entretanto, las clas-gs rypllqq -U-qg?-1g-n g-.cg1qebi¡ más hostilidad frente a la extravagancia, I.q.jftStiqaqiA",y- 14 tira4ía de una corte y un gobierno a cuyo mantenimiento aquéllas contribuían abundantemente, pero sobre los cuales carecían de control. Después del prolongado reinado de su padre, Luis XVI ansiaba promover reformas fundamentales en la AdministraciÓn, reducir gastos de la qorte, liberal cl comercio de restriccioncs mezquinas' aliviar la carga impositiva que pesaba sobre los campesinos y promover cierta medida de gobierno propio mediante las asambleas . locqleq de las prov!¡rgiag, A diferencia de su predecesor, tenía ,; utr elevado sentido de la responsabilidad personal. Además, en i .r Turgqt, el pJim-er m.in!¡tro recientemente designado, tenía un . ,r hombre que gozaba de la estima y del afecto tanto de las clases .,,. medias "esclarecidas" como de ias industriosas. Sin embargo, el el cargo un pq fracasó, 9" " "I pla" enteroqué? T as y Turgot dejéTulgot, aunque bien años desrecibidas rgform-qs- Qq. ! pués. óPor los intereses creados de los por las clases medias, contrariaban i Parlamentos, el alto clero y las facciones aristocráticas de la "' c.orte. En este sentido, su experiencia fue análoga ala de ministros reformadores, como Machault y Maupeou antes que é1, y Calonne, Brienne y Necker después. Y se demostró una vez más, como se comprotaria ¡¡qa década más tarde, que no era 't pgsible aplicar medidas reformistas de gran alcance, por buenas

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ces que fuesen sus ministros, mientras las órdenes privilegiadas permaneciesen dueñas de sus poderes a través de los Parlamen-

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en la corte, y pudiesen obstruir la operación. Estos eran los límites que la reforma no podía sobrepasar - alcanzaba para abrir el apetito de algunos - y para irritar a otros, pero no satisfacía a nadie. Era suficiente también, y esto Serío un aspecto importante en el futuro, para provocar el oclio
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r¡r;js intenso de las órdenes privilegiadas y el desprecio a la M orurrquía que parecía protegerlas. Y además, pg'qe a tod4 su prosperidad en ascenso, las cla¡s / ses medias franpeqas tenían otros agravios. Entre ellos cabe -:. " ,, incluir los obstáculos opuestos al ejercicio más libre del comera creados por los onerosos peajes v dere- "'.' 10", .'' " chos internos cobrados tanto por el Estado como por los intere- ''1",*,' r

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aristocracia. No era sencillamente cuestión de que se cerlaran poco a poco los caminos que permitían progresar -y es muy posible que el número de tales caminos haya sido exageradoiino del hecho de que en efecto estaban cerrándose las puefias en momentos en que la riqueza en ascenso y la percepción de su propia importancia social por la burguesla, sin hablar del crecimiento de su número, la llevaba a creer que las puertas debían abrirse más ampliamente. El resentimiento y los agravios eran bastante serios, y en la historia* como nos recueida focquévilte éÁ fhé Ánrien R.égtme and the French Revolution, a menudo es el- qqqptimle"g.¡p.9f. {pct."o.1 mfs.ir4po¡tqlteÉ Por eso mismo, quizá es aun más notable que la burguesía frañcesa -si exceptuamos a los escritores, los periodistas y los panfletistas que eran parte de esta clase - esperase tanto tiempo antes de conferir expresión política franca a su resentimiento. De hecho, como veremos, sólo cuando fue provocada por los Parlamentos, I el alto clero y la nobleza, cuyo reto precedió al de la burguesía, j ésta comenzó seriamente a reclamar la igualdad social más que; il ;;tiltpación en el "privilegio', y ; representar un pape{ adecuado en el control del Estado. I-os resentimientos y los agravios de los campesinos tam-

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' p¡lvadgs, y las inquisiciones de ejércitos de inspectores ofi- ,Otro era su incapacidad cadá vez más acentuada para "l"-''l ", ciales. j iealizar sus ambiciones sociales y políticas en concordancia con ;,. . I -mucho tiempo el propósito 1. su riqueza. Había 'l.fI {¡r-rante
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losm'ercaderesylosfiñánciéros,enriquecidoSporlabanca,la 'i¡ {' manufactura o el comercio, coronar su carrera personal con la , rrlt' compra de cargos oficiales hereditarios o grados en el ejército. .(' Pero se ha sostenido -lo hicieron Mathióz,I-efebwe y Gode- ,' ",'.-'l chot en Francia, y Ford y Barber en Estados Unidps-t q,r" ju'''" ,,"''
estos camino,s d9 progreso estaban estrechándose en la segunda en 1o que ha sido denominado el período mitad-de-l qigfó

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de la reacción I'aqfs-to-c1ática" o "feudal". Un ejemplo citado con it,' . t" frecuencia es el de la I-ey Militar (la Loi Séguy) de 1781, que establecía qúe los ascensos hasta el grado de capitán y aún más ' .., '-, ' altos, debían quedar reservados para los hombres que tenían i;l ,,r

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iodos los plebeyos y a los que habían sido ennoblecidos recien- i ri ", temente. También durante este período varios Parlamentos !. provinciales, sobre todo los de Aix, Nancy, Grenoble, Toulouse y Rennes, estaban cerrqndq .b--rusca.¡49lte sus puertas .a los i'intrusos". De un moáo mas ge;éral, parece que hacia 1789la condición de noble había llegado a ser un requerimiento casi indíspensable para ocupar altos cargos no sólo en el ejército ' , sino también en la Iglesia y en la Administración.2 Así, paradói iic¿lmente, escribe Jaiques Godechot, "a medida que aumentaba r,l núrmero, la riqueza y la educación de la burguesía francesa, / rlisnlinufa el número de los cargos gubernamentales y adminisI tr¡rtivos a los que podía aspirgrl,3 Si bien estas opiniones han sitkr cucstionadas, y el concepto general de una reacción "ruislocrálic:a" o "feudal" ha sido puesto en tela de juicio,a ,lr¡rrcr.'c cvirkrnie que hacia el fin del ancien régime la burguesía f rsf irlrir ex¡rerirncntando un sentimiento cada vez más intenso de I irrtlip',rrirlrul y lrrrrrrilllción a causa de los actos del gobierno y la
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bién se acentuaron durante estos últimos años del ancien ,!&ry", Por una parte, la creciente prosperidad campesina
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nunca fue universal, Alnque- ¡¡no dq cada cuatro campesinos franceses era dueño de su tierra, la mayoría de estos propietarios rurales tenían minúsculás parcelas que, incluso en años de buena cosecha, etan por completo insuficientes para atender las necesidades de sus familias. Estaba también el número aún más elevado de medieros y campesinos sin tierra, que compraban su

pan en el mercado y que nunca, ni siquiera en la temporada más próspera, podían abrigar la esperanza de recibir más que una parte magra de la prosperidad general. Más aún, a los pequeños propietarios, a los arrendatarios pobres y a los peones se les sumaba la aflicción de que los terratenientes "dinámicos" y los campesinos más prósperos, estimulados por el ansia de acrecentar sus ganancias, cuando se les ofrecía la oportunidad cercaban campos y menoscababan los derechos tradicionales de recogida de frutos y pastoreo de los aldeanos. Una causa más general de descontento era la tendencia reciente de los terratenientes -nobles o burgueses- a exhumar antiguos privilegios "é"',, it
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rt.lirciotr¡rtlos c()u la tierra y a imponer obligaciones nuevas o ;rrrr¡rli:rrlrts a las que ya cargaban sobre sus campesinos' Esto es 1,, <¡trt' los c,ampesinos -o por lo menos los más enérgicos entre cllos c:n sus "cuadernos de quejas" (cahiers de doléances) de l7l.i() dcnominaron un renacimiento del feudalismo, y lo que rrr¡t.htls lristoriadores franceses han denominado una parte de l;r "r'r,ircción feudal". Pero Alfred Cobban se ha opuesto al

clcsocupación, que ya estaba acentuándose a causa de Ltn lr¿r-

t'rnplrrrt cle la expresión con

el argumento de que lo que los Ir'r'iirltrnientes estaban haciendo ora "menos un retorno al
Hay cierta verdad en esta afirmación, aun",rrpt"*oriales".s ,¡.,t.' c*t,get, el factor representado por un nuevo espíritu de "i'ir¡ritirliirno" aplicado a la producción rural' Pero de todos ¡rorltrs l<rs campesinos no tendían a realizar distinciones tan t'rritllrrl<lsas, y para ellos el "feudalismo", gegq,p lo veían, era aun nrlis nocivo cuando revestía un atuendo nueúo y desconocido. Aclemás -y este aspecto sólo recientemente há sido aclalrrlo -- precisamente durante los últimos años del ancien régime llr ¡lrosperidad general de la agricultura estaba acabándose. lisl(' l)r'oceso incluyó dos etapas principales. Después de 1778,' ,'l rrñrl cn que Francia entró én la Guerra Revolucionaria Norlctrrrrc:l'icana, hubo una crisis, con el resultado de que los pret'ios cnyeron gradualmente en la mayoría de los productos inrltrslriales y agrícolas, pero alcanzando proporciones críticas i'rr los vinos y los textiles. Durante estos años, las ganancias rrclirs rlc los agricultores que eran pequeños arrendatarios, los r'lrrrr¡rcsinos propietarios y los viticultores tendieron, a causa de l;r r'rrtgu pesada y permanente de los impuestos, los diezmos y l¡rs cxlrcciones señoriales, a disminuir de un modo que no guarrllrlrlr ¡rro¡rorción con el descenso de los precios; los propietarios rlt' ¡',r'rrrrrlt-rs extensiones estaban defendidos de la pérdida grar'r;r\ ir rius ingresos señoriales o "feudales". Después, sobre la r r¡r.rs t'tclicrr so superpuso la súbita catástrofe de 1787-1789 que rlt'trrrrrirrii coscchas pobres y escasez, de modo que el precio del lti¡1(l !('rlrrlllir:ó crt el lapso de dos años en el norte, y a mediarlrrs rlt'l v('r'lul() clc l7B9 alcanzó niveles antes no conocidos en vr,irrti5ir'lc rlc lrrs lrcinta y das généralités. La crisis afectó a la firrr\¡l rl¡'l r'irttt¡rr'sittitclo, cn su condición de consumidores y prorlu¡ ttrt*'r r',rnlo vilicrtltorcs, productores de lácteos y cultivadode nuevas técni¡)irslrrlo clue la aplicación a antiguas relaciones

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tado de "libre comercio" firmado con Gran Bretaña en 1786, llegó a alcanzar proporciones desastrosas en París y los ccntrtls textiles de Lyon y el norte, Los asalariados y los pequeños consumidores de las aldeas y los pueblos se vieron obligados, a causa del rápido aumento de los precios de los alimentos, a incrementar su gasto diario en pan a niveles que sobrepasaban de lejos sus medios. Así, los campes-fnos y los artesanos urbanos y los obreros -sin hablar de los manufactureros- se vieron un!$gs por unlazo común de hostilidad al gobierno, a los terratenientes, a los mercaderes y a los especuladores. Por lo tanto, f estas clases entraron en la Revolución en un contexto de esca-l ,, sez y privaciones cada vez más acentuadas, más que en uno delF

"prÁperidad".o

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f pronto lo advirtieron Burke y Tocqueville, debilitaron lag * [defensas i.deológi.cas del.qncien 1égi?&.Las ide_as de Montgs;' quieu, Voltaire, Rousseau y muchos otros se difundieron
ampliamente y fueron asimiladas por un entusiasta público lector, tanto aristócrata como plebeyo. Había llegqdo a ponerse de. moda, incluso en el clero, una actitud escéptica e "irreligiosa", y los escritos de Voltaire se habían combinado con las luchas en el seno de la Iglesia misma -sobre todo, el resentimiento del clero parroquial ante la riqueza y la creciente autoridad de

que la privación ecoPe,-{,g, p-o{ sup-ueslo, se necesita más nómica, el descontento poq¡ql y_ lqs ambiciones frustradas para hacer una revolución. Para ligar a los descontentos y las aspira.ió.r"t de ciases sociales muy diferentes tenía que existir un *cuerpo unificador de ideqs, un v_ocabulario común de esperanza $y protesta, en resumen, algo semejagle a una "psicología revoI lucionaria" común. En las revolrrciones de los últimos cien años esiá preparación ideológica ha sido obra de los partidos políticos de masas, pero la Francia del siglo XVIII no tuvo tales partidos hasta mucho después de iniciada la Revolución; tampoco los hubo en las revoluciones que estallaron entre 1830 y 1871. Por lo tanto, debía prepararse el terreno apelando a otros medios: ante todo, los escritores del Iluminismogue, como muy

tcr rlé lrigu l)t'lrr ir¡iricultura se extendió a la industria; y
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los obispos- para exponer a la lglcsia a la indiferencia, al menosprecio o a la hostilidad. Entretanto, expresiones como "ciudadano", "nación", "contrato social", "voluntad general" y los "derechos del hombre" -que pronto serí¿rn seguidos por la
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Frlrrr:!¡.in "'l'r'tr't'l' cslíl(l()" cstaban incorporándose a un vocat,ril¡rri,, ¡,rlilic. c.tnún qrle se difundió ampliamente' Este reqrrlt¡rrkr f'rrc sglrrc ttlclg gbra de los panfletistas de 1788 y L789, por los lrero rnttcht) itntcrs o[ terreno había sidb preparado v,,l,rrrlrs y lits c:rfticas de los Parlamentos- qte' e-n.su profgngado tlrrt.l.r, ,r ir,rtir de la década de 1750, con el'idespotismo" ministt.ti¡rl. r'itlrtlrn libremente y a menudo sin discriminar, los escrit{rs (lc M6¡tr:sc¡uieu y Rousseau y de otros críticos "filosóficos" rk.l nrorrrernto. En este caso, el faCtor nuevo fue que los Parlantr.lll()s rto sólo estaban redagtandg declaraciones políticas, t'orrr<l llirllf¿tn hecho los "filósofos", sino que se proponían cons,'i¡'¡¡l('¡¡¡¡:nto plasmar la opinión p-ública y promover el apoyo ¡rrilrlit'o irclivo a sus luchas con la Corona. l'r'r'r) a pesar de todo esto, todavfa puede considerarse durlrrso c¡rrc, por ejemplo, en enero de 1787 un francés o un observ;rrk)|' cxtranjero inteligente hubiera hallado rñotivos fundados y menos aún pa¡r;rnr ¡rrc<lccir que estaba celca una revolución, Para nosotros' con el saber i,, ¡,,"u"t la forma que ella asumiría' ;rrli¡rririrlo mediante la visión retrospectiva, es fácil ver que tales ,¿,ri,,,.,t existían. Sin embargo, incluso así, faltaba todavía un Flcrrrr:ntrl importante: aún se necesitaba una chispa o un "des(.n('lt(lL:nante" que provocase una explosión, y se necesitaba otrr t'ltispa para promover los alineamientos específicos de
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l,;r ¡rt'itnera cbp-p-A.fp.E-"p..{9y.qqqd? po1 el compromiso dgf lu,,l,i.'r'rro l}ancés con la revolución en Norteamériqa. El resultaI'li,, t,,u., tx)co que lrer cón-ia histoiiiintérña de Norteamérica: rri los rlistr¡rtrios de la Stamp Act ni la Masacre de Boston pesa-

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rr¡n rttt¡clto sclbre lo que sucedió en Francia' Tampoco puede arg.ilirse serriirmente que la Declaración francesa de los Derechos rk'l Ilo¡rrlrlc '-emitida por la primera Asamblea Revolucionaria l!¡rrrlcsir cn 1789- deba nada importante a la Declaración de la

!rrrlr'¡trnrlcttciit proclamada por los nortearnericanos en 1776' Arrrl¡¡rs sc llulrfitn on un caudal común de ideas "filosóficas" coulrrrlcs ('lr cl nlorr'rcnto dado, y Thomas Jefferson, el autor del en lrt inllr lrocrlo rk: llt f)eclaración norteamericana, estaba irilrl¡ r'n¡rrrtkr los f'¡itnccscs contemplaban su propia declaración, p lrlr lrrqu t's ¡rorilrlc t¡ttc haya sido consultado en el curso de las rilrrrralilrrt'r'; ¡rcttl ltts tlos Declaraciones, aunque comparten t.lellrtc aetttejltttzits tlc t'slikr, ticnen poco en común con respecto
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esta g.-s..u¡ ¡q.c.t¡rsos, ele48 fi.qagqjgl-an9-n-t-q-.d,919-{,iq$k. fue la chi;pa o el desencade¡ante qge-encendió la priméra de , I las explósiónes que -cgnduje-¡o¡ 4- !4 revolución en.Franciq. ' Pero la gravedad de la situación tardó en manifestarse. Sólo dos años después de concluida la guerra, Calonne, Contralor General o ministro de Finanzas, afrontó un déficit que de la renta anual de la nación, declaró representaba un -cuarto el estado de quiebra y reclamó remedios drásticos para superar la situación. En el caso dado, se decidió abandonar los procedimientos tradicionales y, en lugar de los Parlamentos protestatarios, convocqr uqa asambleq de "Notables" seleccionados, porque se q{gíg-qg-e'g-e;lqn.más asequibles a la persuasión, para examinar la crisis. Pero los Notables rehusaron aprobar las¡ reformas ministeriales, en gran parte porque sus propias ) apre-¡ ciadas inmunidades fiscales estaban amenazadás; replicarorü con la petición de que se consultara en cambio a los Estado¡i Generales, una convocatoria que representaba a los tres Esta' dos pero que habfa. sido mantenida en ,suspengg {ur3nte 1]5,, años. Pero el Ministerio rechazó esta propuesta, y asf provocó la "rewelta aristocrática" que desgarró al pals casi un año. !a rebelión concluyó qon la dqrrq14. -Qgt Ministerio y la victoria totql de los Parlamentos y la aristocracia. Sobre todo, el gobierno se vio obligado a conceder que de todas maneras se convocara a --;;*ivitégiados"los Estados Generales, a través de los cuales los coniiáÚan en resolver la crisis a costa de los plebeyos. Asf, en setiembre de 1788, cuando el Parlamento de París regresó a la capital desde su forzado exilio, pareció que se realizaba la profecla formulada pocos meses antes por Arthur Young, mientras recorría Francia: a saber, que habrla "una gran revolución en el gobierno", la cual probablemente "aumentaría la importancia de la nobleza y el clero". De modo que la creencia en una revolución, provocada por el desafío de la nobleza, ya estaba en el aire, pero la forma que adoptó, demostró que su
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al propósito y al contenido. El vlnculo real entre las dos revoluciones puede hallarse únicamente en las consecuencias de ia decisión francesa de unirse a los norteamericanos en la guerra contra Inglaterra en 1778. Pues aunque cinco años más tarde Francia había conquistado la victoria e Inglaterra estaba derrore lativa; t a d a, I n gl ate. qq ¡ 9*b,, 1 gv-!vió,, gen ¡u, p olicipn -e-ggn-pmica exigido dgma-* y, e-g c4mbio Francia, que meqté"'indemnq -había

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('r;r nruy (lilct'(lltlc. ¿A qué respondió este hecho? Brer, rrr''rrtt', rt t¡ttt' llt l)r'()rtlciia de los Estados Generales obligó a I [ 1,,:, ,lrlocnl('s scclot'os a definir sus propósitos y a adoptar nue! r',¡., ¡,,,sit iolrcs. l.ir burguesía, o Tercer Estado, hasta aquí dividirl;r crr ¡lrll irlirlios y opositores de la reforma ministerial, ahora r,rr¡sitlc'r'ri titil, urla vez convocados los Estados Generales, I r rrr;lt lilirs v ¡lrcsentar su propio programa. Pero los Parlamentol v l:r noblcztt, que alimentaban esperanzas muy distintas en rrl;rcir'rr con l¿r reunión de los Estados, también se vieron obli¡,;rrlos ir l)()r'lc'r sus cartas sobre la mesa y a mostrar que las rrlirrnlrs o "litlertades" que tenían en firente de ningún modo cr¡rrr lrrs rnismas que formuiaba el Tercer Estado o, cada vez

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campesinos, los habitantes urbanos y la burguesía; la frustración de las nacientes esperanzas de la burguesía y los campesinos acomodados y "medios'y la insolvencia y el derrumbe del gobierno; una "reacción feudal" real, o por lo menos percibida; los reclamos y la intransigencia de una aristocracia privilegiada: la difusión de ideas radicales en amplios sectores del pueblo;

una honda crisis económica

y

financiera;

y los sucesivos

nt¡1s. lrr nlrción en general.T

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l:n collsecuencia, la aristocracia y el clerb, lejos de conquisllrI r'r¡Íis rc:clutoS, comenzaron a perderios de prisa. Mallet du l':ur. obsolvador suizo acreditada ante la corte de Viena, rrrl'r'¡nír sólo cuatlo meses después del fin de la revuelta, que los rrlinc'¿rmientos políticos en Francia habían cambiado radir{ ;rlnr('ntc: según escribió,-lqc-uestión en juego ya no era un conf l li, t., t'orrst itucional entre el rey y los privilégiés, sino "una guerra llrrtrt'r't 'l'crcer Estado y las dos órdenes restantes". l-os alinealnr,, rlt,,s cirrnbiaron después que los Estados Generales se reuni,'r'o¡l crr Versalles, en mayo de 1789..$-9...............-nque vacilante, como Ic srrlt'tlí¿r sierrrpre qle afrontapa los reclamos irreconciliables rt. lrr rroblcza y el Tercer E*qt-,a{o, Llis {ecid!ó apoyar a la pri¡rrrrrr l ,lrrrnci tropas a Versalles y se prepagé para dispersar a ia ¡\:,;rrrrlrlt'ir Nircional (formada poco antes de manera ilegal por ,'l li rt'r'r'lrstirdo y sus aliados) mediante lafierza de las armas. ! l':,tr' liolpc |uc irnpedido por la intervención del pueblo de il';rrr: 'l'lrrrrlrión los campesinos, agitados por las crisis económir,r', v l)olrlit'rrs, lurbían comenzadoa actuar por propia cuenta; y r¡rr;r ,,lrrlrirurt'irin cle estas fuerzas -las ciases medias, los arte'.,rr.'. urlrltrroS y l<ls campesinos. ahora unidos en un propósito , r,nrrrn lrrr' llr t¡rrt,', con el apoyo aristocrático, liberal y clericai, ;=rr ¡rrlr,);rl,():il() rlt' 178() ejecutó la primera etapa importante de !it lt.r'Ulrtr !(1il ('n lillUrt'i¿t. l'lr l,r t;urt(). l)it.r'('('c' c¡uc la Revolución f1-a¡1qe--s,a bQ ¡-ido $ |El:llltitrhr l.rr¡lu rlc I'uctorr:s clc gran alcance corgo de.'fggpres .!!tllrrJtatt,:,. (1il(' :]r'rrrigitta|0rt crn las conái9io¡99-¡9cjgp."f ti¿áj.,f "¡t l'r,,rrrllir l,rr, rlr'l rutt¡(tr tq4irtg::.l.os antiguos agravios de lol

"desencadenantes" de la quiebra estatal, la revuelta aristocrática y la rebelión popular; todos estos factores representaron un papel. óEsos factores explosivos fueron peculiares de Francia? Considerados individual o aisladamente, la respuesta es negativa. Si exciuimos los "desencadenantes" definitivos, tensiones, crisis y frustraciones semejantes aparecieron, en distintas formas, a menudo complemóntadas ion una pobrezu -u" ptofunda, en otros países europeos contemporáneos. Entonces, cp,o,1 gué hubo una revolución en Francia en 1789 y no en otros lugares? O también podemos conferir distinta forma al interrogante y preguntar, como hace Jacques Godechot después de examinar los disturbios y los alzamientos en las grandes ciudades - incluso L,ondres, Bruselas y Amsterdam, pero no París durante la década de 1780: "cPor qué los disturbios que estalla-

ron en capitales extranjeras, y sobre todo en Londres, no acarrearon el derrumbe del Antiguo Régimen, o de los poderes
reales o aristocráticos en presencia de las rnasas insurgentes?"8 La respuesta breve tiene que ser que,_po_I..dif_gfefr_!-es fazq!.e._q,,..-loq.fg---c-tA'tg;.gtq,g.hgqlo¡.,p--b, gry.adg-en !a Francia del siglo

e.9q,nq.97mlinación aná1oga en otro sitio cuáiquiera áe Europa*En aigunos, principalmenie .n los paísed orientales, faltaron visiblemente dos factores: una clase media importante y "desafiante", y un cuerpo muy difundido de ideas po líticas radicales.-_Pq.ro _h,pb.-q-14tqbiÉ,¡¡,q{tq f g ct or qu e dife re qcié a Francia de los paisés iánto Oét ésté óomo del oeste: Parfi, ln!jü..s.o,¡1t{,s gue !q.l-{és; e¡á irna capitái que estaba en elbora9 ió'ihiqmo G ió; ;il;ió; r¡uticos, er lentJo del gnbiernof de lá Administración, ddla iey, la cultura y lá'educación.'Máff áún; á ü¡á Capitai qué 1éniá'yná.ai.tiva.pob!.q9iQq de burgufses. abogados y pueblo común que, una vez encendidá ffi " nrecha, podia maliar con su'impi¿iiif .óráciiná ia iúc¿sión od i ::.: I
5Y-lIl;1g-,ep,"1{9.9.¡.9.19p.

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Pero una vez iniciada la Revolución en Francia. ciertos
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y r(:giotres occidentales - la Renania y el Piamonte,-tanto r.',,nr,, íl.rla,rda, Bélgica y Ginebra- imitaron el ejemplo 9"t3ntr l¿r tlécada de 1790. En otros -Alemania, excluida Prusia, Pohrni;r. ltalia meridional y regiones de España- hubo revoluciolrcs o casi revoluciones que fueron consecuencia de la ocupacir¡rr nlilitar francesa más que de la mera fuerza del ejemplo l'nrrrcés o de la Declaración áe los Derechos del Hombre'e l'cro ésta es otra historia, y la dejaremos para un capítulo rrlte,rior. Sin embargo, primero, y antes de que formulemos t,xccsivo número de interrogantes en disputa, debemos retornar trl ¡rroblema que mencionamos antes muy brevemente: las dife,..,,it"s opiniones de los historiadores acerca del verdadero sentitkr cle la Revolución.
lr¡rise :t

2

I,OS HISTORTADORES Y

tA REVOLUCION FRANCESA

Y así llegamos al debate que ha dividido a los historiadores tlr¡r'ante los últimos 200 años, desde el dla en que el angloirllrnclés Burke por primera vez empapó su pluma en vitriolo para lrlucar en la cuna a la Revolución. El debate ha continuado a través de diferentes etapas, originando nuevas cuestiones y suscitirnclo nuevos conflictos en el curso de su desarrollo. Por c'jr:rnplo, durante el primer siglo de discusión -desde 1790 lrirsta 1900- los historiadores tendieron a considerar los prolrlc:rnas de la Revolución en términos sobre todo políticos e itlcológicos, sin prestar mucha atención a sus bases sociales y

realizí un intento st'rio de estuáiái'Ta sociedad d^e la cual surgió la Revolución. I'r'ro, pese a lo endeble de las pruebas que él podía usar, consicc<rnómicas. Burkg no fue excepción; nunca

tlcr(r que el antiguo sistema de ningún modo era desagradable: tlc' he:cho, sólo se necesitaban unos pocos arreglos secundarios ¡rrlrr e nderezarlo. Por consiguiente, la Revolución no podía ser, ,' srr iuicio. la consecuencia-de un auténtico V general deseo & r,'f,,,'',na, y más bien había sido provocada póitut ambiciones9* 'sobre todo a Ia camarilla de lrrs ínf rigas d¿ üná''minoríq Cita Iirclrrroiy'rfilós;fo;;; "üüé'ffirunt" mucho tiempo habían estado
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