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REDES SOCIALES
Cómo influyen en nuestro comportamiento y emociones
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NUEVAS TECNOLOGÍAS
INTELIGENCIA 2.0
EDUCACIÓN
¿POR QUÉ FALTAN A CLASE?
PSICOLOGÍA
VIOLENCIA DE GÉNERO
NEUROCIENCIA
SINAPSIS «DURMIENTES»
PSICOBIOLOGÍA
LA ADICCIÓN
SUMARIO
EDUCACIÓN
16 NOVILLOS ESCOLARES
Margrit Stamm
Casi todos los jóvenes dejan alguna vez
de ir a clase. Los motivos no deben bus-
carse exclusivamente en los alumnos:
los maestros y las escuelas tienen gran
parte de responsabilidad.
PSICOLOGÍA SOCIAL
20 VIOLENCIA DE GÉNERO
Francisca Expósito
La asimetría social en las relaciones
entre mujeres y hombres favorece la
violencia de género. Es necesario abor-
dar la verdadera causa del problema: su
naturaleza ideológica.
DROGAS Y CEREBRO
26 LA TRAMPA DE LA ADICCIÓN
Christian Lüscher
Drogas como la cocaína y la heroína blo-
quean, a través de mecanismos neuro-
nales aprendidos, la capacidad de tomar
decisiones con conocimiento de causa.
¿Qué ocurre en las neuronas?
PLASTICIDAD NEURONAL
32 SINAPSIS «DURMIENTES»
Mark Hübener
Montar en bicicleta, tocar la guitarra,
leer en francés. Con facilidad logramos
reactivar capacidades que creíamos
perdidas. Aunque no utilicemos las
conexiones nerviosas correspondientes
desde hace largo tiempo, una vez anuda-
das, permanecen.
MIMETISMO
48 CAMALEONES SOCIALES
Arnd Florack y Oliver Genschow
La capacidad inconsciente de imitar el
lenguaje, los ademanes o los gestos de
otras personas nos facilita la relación
con los demás; tal mimetismo también
puede influir en nuestros hábitos de
consumo.
CONTAGIO SOCIAL
54 JUNTOS SOMOS DIFERENTES
Nikolas Westerhoff
Familia, compañeros de trabajo, vecinos,
amigos. Cada persona participa en di-
versas redes sociales, las cuales influyen
en los pensamientos, sentimientos y
comportamientos de cada uno, incluso
invaden la vida privada.
Mayo / Junio de 2011 Nº 48
48
MIMETISMO SOCIAL
78
CIBERACOSO
INTELIGENCIA Y TECNOLOGÍA
68
MALOS TRATOS
20
SINAPSIS Y APRENDIZAJE
32
REDES SOCIALES
60 COMUNIDADES VIRTUALES
David Disalvo
Facebook, Myspace, Twitter, Tuenti y
otras redes sociales en Internet han
evolucionado en pocos años hacia un
fenómeno global. ¿Cómo influyen este
tipo de relaciones en la psique de los
usuarios?
SECCIONES
5 Encefaloscopio
Creatividad... Estados de ánimo...
Sociabilidad... Subconsciencia... Relaciones
afectivas... Neurociencias... Neuroimagen.
9 Retrospectiva
Desde el manicomio a la psiquiatría
comunitaria
36 Punto de vista
¿Psicoterapia a partir del escáner cerebral?
40 Mente, cerebro y sociedad
Y Bioelectricidad cerebral
y patologías neurológicas.
Y Red de proteínas en el alzhéimer.
Y Origen prenatal de la esquizofrenia.
Y Adicción a Internet.
84 Syllabus
Movimiento de masas
90 Ilusiones
Dos ojos, dos visiones
94 Libros
Potenciación radical
Ética y naturaleza
COGNICIÓN
68 INTELIGENCIA 2.0
Christian Wolf
Navegar en Internet y jugar a videojue-
gos aumenta la inteligencia visuoespa-
cial y la atención. Sin embargo, su uso
relega el desarrollo de otras facultades
cognitivas esenciales.
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REDES
SOCIALES
54 JUNTOS SOMOS DIFERENTES
60 COMUNIDADES VIRTUALES
66 GLAMOUR EN FACEBOOK
ENTREVISTA
75 CAMBIO FUNDAMENTAL EN LAS
ESTRUCTURAS DE PENSAMIENTO
Desde hace décadas crece el prome-
dio de cociente intelectual en todo el
mundo. El psicólogo Heiner Rinder-
mann aclara la razón del fenómeno y
la función que desempeñan en ello los
nuevos medios.
CONDUCTA
78 MOBBING 2.0
Dieter Krowatschek
Desde SMS ofensivos hasta alusiones
ridículas en Internet. El cyberbullying, o
acoso cibernético, supone una variante
de violencia entre los jóvenes. ¿Qué cau-
sas originan el fenómeno? ¿Cómo deben
actuar padres y maestros para evitarlo?
LUIS BOU: Encefaloscopio, Ilusiones; F. ASENSI: Novillos escolares, Punto de vista,
Mobbing 2.0; M.
a
DOLORES ESCARABAJAL: Violencia de género; IGNACIO NAVASCUÉS:
La trampa de la adicción, Sinapsis «durmientes»; ROLF GÁSER: Camaleones
sociales; NOELIA DE LA TORRE: Juntos somos diferentes; BRUNO MORENO: Glamour
en Facebook; SIXTO J. CASTRO: Inteligencia 2.0, Cambio fundamental en las
estructuras de pensamiento; MAR SANZ PREVOSTI: Syllabus
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Gehirn & Geist
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MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 5 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 5
CREATIVIDAD
El cerebro del artista
Pruebas fisiológicas sobre la relación entre la inventiva y el trastorno mental
L
a creencia popular de que los artistas y pensadores origi-
nales poseen algún ramalazo de locura se encuentra muy
arraigada. Los émulos de Vincent van Gogh o Sylvia Plath
han hecho pensar que la creatividad y la locura van de la
mano. En el pasado, ciertas investigaciones establecieron una
correlación entre ambas: estudios epidemiológicos indicaban
que en las familias de individuos sumamente creativos era
más frecuente la enfermedad mental,
lo que indicaba un vínculo genético. Un
estudio realizado en Suecia expone un
mecanismo biológico: individuos sanos
y creativos comparten con las personas
con esquizofrenia ciertos rasgos en su
química cerebral.
Un equipo de investigadores del Insti-
tuto Karolinska de Estocolmo ha estudia-
do un grupo de trece personas de ambos
sexos, todas ellas creativas. Como indi-
caban en su artículo publicado en PLoS
ONE, otros científicos habían observado
con anterioridad que en el pensamiento
divergente (la capacidad de «escapar del
marco») interviene el sistema dopamíni-
co del cerebro. El equipo determinó, mediante tomografía por
emisión de positrones, la abundancia en estos individuos crea-
tivos de un «sensor», esto es, de cierto receptor de dopamina en
el tálamo y en el estriado, regiones cerebrales que procesan y
clasifican la información antes de que se torne en pensamiento
consciente, y que también se relacionan con la esquizofrenia.
El equipo observó que los individuos que exhibían menor
actividad talámica del receptor obtenían
mayores puntuaciones en las pruebas de
pensamiento divergente: daban múlti-
ples soluciones a un problema.
Trabajos anteriores habían demos-
trado que los sujetos con esquizofrenia
exhiben, asimismo, una actividad infra-
normal en el receptor de dopamina. Esta
llamativa semejanza pone de manifies-
to un vínculo clave entre la creatividad
y la psicopatología. «Para salirse del
marco puede ser conveniente no tener-
lo completamente intacto», escribe el
autor principal, Fredrik Ullén, experto
en cognición del Karolinska.
—Elizabeth King Humphrey
A
unque a muchos de nosotros nos
repelen los «trabajos inútiles», que
acabamos realizando sin prestar aten-
ción, tales tareas pueden mejorar nues-
tro estado de humor, siempre y cuando
exista una excusa para desarrollarlas.
Psicólogos de las universidades de Chica-
go y Jiaotong de Shanghái ofrecieron a
sus probandos la posibilidad de elegir
entre rehacer una pulsera de cuentas o
sentarse sin hacer nada durante quince
minutos. La mayoría prefirió la segunda
opción, salvo si se les permitía reordenar
las cuentas del brazalete a su gusto. En
otro experimento, los probandos debían
cumplimentar un cuestionario; después
podían optar entre entregárselo a un
ayudante que se encontraba en la sala y
esperar a que empezase la segunda parte
del experimento, o bien matar el tiem-
po con una caminata hasta otro edificio
para entregar el documento y volver. En
todos los casos se recompensaba a los
estudiantes con un dulce al depositar su
ejercicio. Los probandos solo optaron por
el paseo si las golosinas en uno y otro
lugar eran diferentes.
Ambos experimentos parecen indi-
car que cuando existe una justificación,
como expresarse de forma artística u
obtener una recompensa distinta, las
personas prefieren ocuparse en alguna
actividad. De hecho, quienes optaron
por la versión más activa de la situación
informaron de promedio sentirse al fi-
nal de la prueba de mejor humor que
aquellas que permanecieron desocupa-
das. Sirva de consejo: la próxima vez que
deba esperar por algún motivo, piense en
alguna actividad que le mantenga ocu-
pado. Incluso acciones sencillas, como
pasear u organizar un armario, pueden
mejorar el estado de ánimo.
—Allison Bond
ESTADOS DE ÁNIMO
Excusas para ocuparse
Quienes encuentran razones para ocupar su tiempo son más felices
ENCEFALOSCOPIO
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SOCIABILIDAD
Ayuda hormonal para el autismo
La administración de oxitocina parece aumentar las destrezas sociales
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n las interacciones sociales íntimas es probable que inter-
venga la oxitocina, la llamada «hormona de la confianza»,
fundamental para establecer relaciones normales. Incluso una
variante sintética podría reforzar los sentimientos de seguri-
dad. La oxitocina podría corregir, asimismo, algunas de las
deficiencias interpersonales que experimentan las personas
autistas.
En un estudio publicado en los Pro-
ceedings of the National Academy of
Sciences USA, trece adultos autistas de
gran capacidad participaron en un vi-
deojuego que requería ir pasando un
balón entre tres personajes ficticios
controlados por el ordenador. Algu-
nos de los jugadores apenas coope-
raban, por lo que para triunfar en el
juego era necesario identificarlos y no
pasarles la pelota. Tras administrarles
un placebo, los voluntarios autistas se
manifestaban incapaces de discrimi-
nar unos de otros jugadores, situación
que cambiaba si recibían oxitocina:
los probandos lograban puntuaciones similares a las que re-
gistraban los individuos no autistas, gracias a que favorecían
a los jugadores más cooperativos.
«Bajo los efectos de la oxitocina, los autistas no solo partici-
pan más en las actividades sociales, sino que logran comprender
las conductas de otros y responder de forma acorde», explica
Angela Sirigu, coautora del estudio y directora de investigación
en el Centro de Neurociencia Cognitiva de Bron en Francia.
En estudios anteriores se había observado que la oxitocina
refuerza la capacidad de los autistas adultos para percibir emo-
ciones en el habla y amortiguar el comportamiento repetitivo,
otro síntoma que se da con frecuencia en dicha enfermedad. El
compuesto ayuda también a los niños
autistas a discernir mejor las inten-
ciones de otras personas a través de
lo que expresa su mirada.
Tales estudios apenas son compro-
baciones iniciales pero inducen a pen-
sar que la oxitocina, si se administra
al poco de un diagnóstico de autismo,
podría facilitar las interacciones so-
ciales tempranas y orientarlas a favor
de un desarrollo más normal. No obs-
tante, serán necesarios muchos más
ensayos antes de que sea aprobado un
fármaco. «No contamos con un gran
número de medicamentos para tratar
los síntomas centrales del autismo, incluso podría sostenerse
que no disponemos de ninguno», explica Thomas R. Insel,
director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU., «así
que si este posee algún efecto, valdría la pena ensayarlo».
—Nikhil Swaminathan
A
veces resulta fácil saber cuándo una
relación romántica va a fracasar. Si
resulta preferible ordenar calcetines que
tener una cita con la pareja o si a ningu-
no de los dos se le ocurre nada que decir,
parece que el asunto decae. Otra mala se-
ñal es que —conscientemente o no— se
asocie al ser amado con palabras como
muerte o ataque.
En un estudio basado en asociación de
palabras, psicólogos de la Universidad
de Rochester solicitaron a 222 personas
de ambos sexos, todas ellas casadas, pro-
metidas o con relaciones estables, que
clasificaran las palabras que les presenta-
ba un ordenador. Los probandos debían
emparejar los nombres o peculiaridades
de sus parejas con términos que evocaban
ideas gratas (paz, atención o cariño) o, por
el contrario, negativas (fastidio y crítica);
todo ello con la mayor rapidez posible.
Dicha prueba está diseñada para des-
cubrir en los sentimientos implícitos de
las personas prejuicios que no se saben o
no se quieren reconocer de forma explí-
cita. Los resultados del test demostraron
que cuanto más erraban los probandos
en aparear palabras asociadas a sus pare-
jas con palabras de significado positivo,
mayor era la probabilidad de que se sepa-
raran al cabo de un año; incluso al tener
en cuenta variables como satisfacción
o conflicto en la relación. Tras efectuar
SUBCONSCIENCIA
Pensamiento delator
Un test de prejuicios ocultos pronostica el declive de una relación
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RELACIONES AFECTIVAS
No sin mi madre
El vínculo maternal da forma a decisiones y estados de ánimo
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os fuertes lazos emotivos entre ma-
dres e hijos aumentan la disposición
de los niños a explorar el mundo. Un efec-
to que se ha observado en humanos, mo-
nos e incluso en arañas. Cuanta mayor se-
guridad tenemos en nuestro vínculo con
mamá, más proclives somos a ensayar
cosas nuevas y a asumir riesgos, efecto
que perdura hasta la edad adulta. La mera
evocación de una caricia de la madre o su
voz por teléfono bastan para cambiar el
estado de ánimo y las opiniones de los hi-
jos; también afecta en forma mensurable
las decisiones de los vástagos.
En un estudio publicado en línea en
Psychological Science, un grupo de estu-
diantes de economía debía elegir entre
apostar sobre seguro o arriesgarse en op-
ciones inciertas, por ejemplo, entre bonos
con una rentabilidad anual garantizada
del cuatro por ciento o una participación
en acciones con retornos mucho más fluc-
tuantes. En la mitad de los casos, los ex-
perimentadores dieron a los participantes
una palmadita en el hombro de un segun-
do de duración al tiempo que les propor-
cionaban verbalmente instrucciones para
la prueba. Los estudiantes de uno y otro
sexo tocados por una experimentadora
eligieron con mucha mayor frecuencia la
opción más arriesgada, en comparación
con aquellos alentados por un hombre o
quienes no contaron con tal aliento en ab-
soluto. El contacto alentador de una mujer
pudo evocar asociaciones afectivas muy
tempranas, inspirando la misma dispo-
sición por explorar que la que se observa
en los niños pequeños cuyas madres son
afectuosas, según explica Jonathan Levav,
profesor de economía en la Universidad
de Columbia y autor del estudio.
Para confirmar que el contacto feme-
nino vincula sentimientos de seguridad
con la adopción de riesgos, se pidió a un
grupo distinto de estudiantes que efec-
tuasen decisiones financieras después de
realizar un ejercicio escrito. Una mitad
de los probandos debía redactar expe-
riencias en las que se sintieron seguros y
respaldados, mientras que la otra mitad
de los participantes debía escribir sobre
momentos de soledad e indecisión. La
evocación de sentimientos de inseguri-
dad tornó a los estudiantes del segundo
grupo receptivos a los toquecitos alen-
tadores de las experimentadoras y les
dispuso mucho más a asumir un riesgo,
al igual que un niño que participa en
una excursión escolar puede buscar el
abrazo tranquilizador de su madre antes
de subir al autobús.
Sin embargo, no es el contacto físico
la única fuente de confortación mater-
na. En un estudio publicado también en
línea en Proceedings of the Royal Socie-
ty B, investigadoras de la Universidad
de Wisconsin-Madison estresaron a un
grupo de niñas de siete a doce años: les
exigieron que realizasen ejercicios de
matemáticas y que hablasen en público.
Después, algunas niñas se reunieron con
su madre; otras solo pudieron hablar con
ella por teléfono. Las últimas liberaron
iguales dosis de oxitocina, la hormona
que induce vínculos sociales, que aque-
llas abrazadas por mamá. Ambos grupos
presentaban similares niveles bajos de
cortisol (hormona del estrés), lo que po-
dría explicar por qué tantas personas,
sean jóvenes o adultas, llaman a su ma-
dre cuando se sienten tristes.
«Se trata de un fenómeno con carácter
muy fundamental», afirma Levav. «En el
fondo, se reduce a que nuestra madre fue
la primera en abrazarnos.» Los efectos de
ese vínculo perduran.
—Ferris Jabr
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dos experimentos que utilizan clases
de palabras ligeramente diferentes, los
participantes que puntuaron por deba-
jo de la media en asociaciones positivas
con su pareja y por encima de la media
en las negativas presentaban una pro-
babilidad de un 70 o un 75 por ciento
de romper en el plazo de un año, frente
a valores del 11 al 14 por ciento de los
otros voluntarios.
Los resultados demuestran que las
actitudes negativas implícitas hacia un
compañero sentimental pueden reflejar
confusiones o quejas demasiado sutiles
como para reconocerlas de forma cons-
ciente o lamentables para admitirlas.
Mas no es posible ignorar por siempre
jamás el propio subconsciente.
—Siri Carpenter
8 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
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ntre los miles de millones
de neuronas de nuestro
cerebro corren sin cesar im-
pulsos eléctricos que generan
campos eléctricos, que a su vez
lo envuelven como una nube
invisible. Un estudio publica-
do en línea en Neuron conje-
tura que el campo eléctrico
del encéfalo no constituye un
subproducto pasivo de su acti-
vidad neuronal, como se creía.
Este campo puede contribuir
a regular de forma activa el
funcionamiento del cerebro,
sobre todo durante el sueño
profundo. Se sabía desde hace
tiempo que las fuentes exter-
nas de electricidad (como la
terapia por electrochoque)
pueden alterar la función ce-
rebral; ahora se dispone de la
primera indicación directa de
que el campo eléctrico nativo
del cerebro modifica la forma
de conducta del mismo.
En el estudio, dos neuro-
biólogos de la Universidad de
Yale, David McCormick y Fla-
vio Fröhlich, envolvieron un
corte, vivo todavía, de cerebro
de hurón en un campo eléctri-
co que remedaba al que pro-
duce un encéfalo intacto de
dicho mustélido en la fase
de ondas lentas del sueño. El
campo aplicado amplificaba y
sincronizaba la actividad neu-
ronal que todavía existía en el
corte. Tales resultados indican
que el campo eléctrico gene-
rado facilita las mismas reac-
ciones neuronales que crea-
ron el campo en un inicio, al
igual que la nube de entusias-
mo que envuelve a una mul-
titud de espectadores cuando
animan a su equipo incita al
gentío a seguir animándolo.
Dicho de otro modo, el campo
eléctrico cerebral no constitu-
ye un subproducto: se trata
de un bucle de retroalimen-
tación.
Se sabía que los períodos
de elevada actividad neuro-
nal sincronizada (como la del
sueño profundo) revisten una
importancia crucial para el
mantenimiento del funcio-
namiento normal del cere-
bro, pero nunca estuvo claro
de qué forma se coordinaban
esas fases estables, ni por qué
se descarriaban en trastornos
como la epilepsia. El estudio
apunta la posibilidad de obte-
ner algunas respuestas sobre
la función del campo eléctrico
del encéfalo, que es sorpren-
dentemente activo.
«Se trata de un descubri-
miento muy nuevo e intere-
sante», afirma Ole Paulsen,
neurocientífico de la Univer-
sidad de Cambridge, quien no
tomó parte en la investiga-
ción. «Sabíamos que campos
eléctricos débiles podían in-
fluir en la actividad cerebral,
pero nadie había comprobado
con anterioridad que los cam-
pos generados por el cerebro
pudieran influir en su propia
actividad».
Fröhlich contempla asi-
mismo posibles aplicaciones
terapéuticas, sobre todo en el
perfeccionamiento de la esti-
mulación transcraneana por
corriente continua (tDCS, por
sus siglas inglesas). Dicha téc-
nica se basa en la aplicación de
campos eléctricos débiles sobre
el cuero cabelludo con el obje-
to de tratar la depresión o los
dolores crónicos, entre otras
dolencias. En su aplicación
tradicional, la tDCS se centra
en campos eléctricos estándar,
que no varían mucho, a dife-
rencia de los dinámicos utili-
zados en el presente estudio
para remedar un cerebro vivo.
«El paso lógico siguiente con-
sistiría en utilizar estas formas
de onda más complejas en un
contexto clínico y comprobar
si mejoran el tratamiento»,
opina Fröhlich.
—Ferris Jabr
NEUROCIENCIAS
Retroalimentación neuronal
El cerebro genera campos eléctricos que influyen en su propia actividad
NEUROIMAGEN
Tres son multitud
La estructura del cerebro podría explicar
la dificultad de efectuar varias tareas a la vez
Si hemos de realizar dos cosas al mismo tiempo,
nuestro cerebro escinde, en sentido estricto, la
tarea en dos. Así se afirma en un estudio publicado
en Science. Los investigadores midieron la actividad
cerebral en tareas de empare jamiento de letras.
Cuando los probandos tenían que habérselas con
dos ristras de letras y realizar al mismo tiempo
dos tareas de emparejamiento, la actividad de una
mitad del cerebro correspondía a una de las tareas,
mientras que el trabajo de la otra mitad, a la otra
labor. Ello podría explicar nuestra notoria torpeza
para llevar a cabo tres o más tareas a la vez. Cuan-
do las actividades son más de dos... nos quedamos
sin hemisferios.
—Graciela Flores
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RETROSPECTIVA
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egresemos a los años cincuenta del
siglo XX, en el sanatorio psiquiátrico
provincial Nuestra Señora de la Fuencisla
en Segovia. Durante mi etapa adolescente
comencé a frecuentar este «manicomio»
situado en el bello paraje serrano entre
Segovia y La Granja de San Ildefonso. Allí
trabajaba mi padre, el también psiquiatra
Agustín Jimeno Cattaneo, siguiendo las
normas asistenciales de La psiquiatría
activa de H. Simon: todos los enfermos,
incluso los catatónicos, debían estar ac-
tivos. En Segovia, las mujeres en corro,
en el patatero de la cocina, pelaban len-
tamente patatas, algunas faenaban en la
alpargatería, otras en el costurero donde
bordaban en la mejor artesanía segovia-
na preciosos manteles y juegos de sába-
nas. Los hombres se empleaban en las
vaquerías, en la labranza, en el cuidado
de cerdos y gallinas. Mi padre llevaba fi-
chas de cada uno de los pacientes en la
«laborterapia», nombre por aquel enton-
ces todavía en desuso. El hospital no solo
era autosuficiente, sino que abastecía al
Hospicio, y al Hospital Provincial. En una
limpia aunque pobre enfermería se admi-
nistraban electrochoques y curas de Sakel
de insulina, como se hacía en los mejores
centros sanitarios. Hoy sin embargo nos
horrorizaríamos de las precarias condi-
ciones de aquellos tratamientos.
Existía en la finca paludismo endémi-
co, herencia de las tropas de regulares que
se albergaron allí durante la Guerra Civil.
Mi padre realizó observaciones sobre el
paludismo espontáneo en los esquizofré-
nicos a semejanza de las curas eficaces
con paludismo que empleaba J. von Jau-
regg para el tratamiento de las parálisis
cerebrales. De este modo constató que la
fiebre producía una disminución mera-
mente sintomática de la agitación y la
ansiedad, aunque solo durante los abs-
cesos de fiebre.
Las instalaciones recientes y relativa-
mente pequeñas del sanatorio permitían
evitar las peores lacras de los «asilos ma-
nicomiales». Se hallaba en una magnifica
finca de la diputación provincial, propie-
dad anterior de los condes de Mallada
denominada ya en ese entonces «Quita-
pesares» por encontrar allí solaz la reina
regente María Cristina y su marido mor-
ganático, Muñoz.
Unidad de agudos
Muy pocos hospitales generales en Espa-
ña contaban por entonces con una uni-
dad de psiquiatría de agudos. La diferen-
cia entre esta y una unidad de crónicos
había marcado trayectorias biográficas
y posiciones doctrinales en Alemania y
Francia; es decir, en la psiquiatría dirigen-
te de la época. Una de las escasas unida-
des de agudos en España se hallaba en el
Clínico de Madrid, donde trabajaron Ro-
dríguez Lafora, B. Llopis y J. J. López Ibor,
entre otros. Las salas se encontraban en
un magnífico edificio, hoy el Museo Reina
Sofía. Allí, como asistente voluntario y
alumno de doctorado, asistí a la aparición
de nuevos fármacos, a las psicosis agudas
del alcoholismo y al kif (léase marihuana,
a la que eran adictos antiguos militares
DESDE EL MANICOMIO
A LA PSIQUIATRÍA COMUNITARIA
Una biografía profesional y personal resume 60 años de la historia psiquiátrica
en Alemania y España
AGUSTÍN JIMENO VALDÉS
AGUSTÍN JIMENO
en el Instituto Max Planck de Múnich en 1960. T
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10 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
que habían prestado servicios en Marrue-
cos), y también a brotes agudos de psico-
sis «endógenas». Todo ello en pacientes
casi todos indigentes, asistidos por la
Beneficencia Provincial.
En 1960 continué mi formación en
calidad de médico interno en la Casa de
Salud Valdecilla de Santander, otro de
los centros en España que contaban con
unidades de agudos. En el pabellón 20
se encontraban las tres unidades: una de
psiquiatría de hombres, otra de mujeres
y una tercera de pacientes neurológicos.
No estaba claro el concepto asistencial.
Había casos de ataxia de Fridreich y de
miotonía de Thomsen. La neurocirugía
también era bastante elemental, pues en
esos años no se contaba con la posibilidad
de realizar angiografías. Sin embargo, bajo
la dirección de J. M.
a
Aldama Truchuelo se
llevaba a cabo una asistencia individual
con la máxima calidad de la época: téc-
nicas de sugestión, de narcoanálisis, de
electrochoques, así como curas con los
psicofármacos disponibles.
Con la apertura por las hermanas hos-
pitalarias de un hospital para mujeres en
Cueto, en las laderas de El Sardinero, se
produjo una innovación asistencial im-
portante. Allí se trasladó a las enfermas
procedentes de Santander que se hallaban
dispersas por España, sobre todo en los
grandes hospitales de Palencia. La apertu-
ra de un centro específico para hombres
tuvo que esperar algunos años; con todo,
la coordinación entre ambos centros era
muy buena, pues el doctor J. M.
a
Aldama
Truchuelo era también director del centro
de Cueto. Empezamos a trabajar y a hacer
guardias, lo que nos proporcionó, amén
de un modesto estipendio económico, el
estudio simultáneo de pacientes agudos
y de crónicos, además del seguimiento
parcial de las escasas altas. Se iniciaba la
colaboración asistencial entre psiquiatría
de agudos y de crónicos.
La casa de salud Valdecilla ofrecía enor-
me experiencia, aunque escasa formación
docente y nula posibilidad de desarrollar
una tesis doctoral. Ello contrastaba con
su magnífica trayectoria en los años an-
teriores a la guerra, período en el que tra-
bajaron allí López Albo y Lorente de No,
uno de los primeros investigadores que
diseñó redes neuronales con capacidad de
desarrollar funciones complejas.
Experiencia en Alemania
Tras terminar en junio de 1962 la tesis
doctoral en el Instituto Max Planck de
psiquiatría de Múnich, trabajé como asis-
tente médico de la Clínica Universitaria de
Neuropsiquiatría en Giessen (Nervenkli-
nik), puesto análogo al del MIR, durante
cuyo desempeño se adquiría el título de
especialista en enfermedades nerviosas
y mentales. El lugar permitía conocer las
RESUMEN
Época de reforma
1
En los años sesenta del siglo XX,
muy pocos hospitales generales
en España contaban con una unidad
de psiquiatría de agudos.
2
Los servicios psiquiátricos alema-
nes ofrecían mayor posibilidad
para la formación, además de un
ejemplo a seguir para el cambio ne-
cesario en la asistencia de los centros
españoles.
3
El Sanatorio de Conjo, en Santia-
go de Compostela, fue uno de
los primeros en España en adoptar
mejoras en el sistema asistencial de
los enfermos mentales.
HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE HEILIGENHAFEN
El centro disponía de un servicio especializado en alco-
holismo y toxicomanías. Como todo hospital alemán, el
personal iniciaba la jornada con el intercambio de informa-
ción sobre cada paciente.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 11
características asistenciales tradicionales
de la psiquiatría en Alemania.
A mediados de los años sesenta, se divi-
dieron las cátedras y sus servicios en neu-
rología y psiquiatría. Sin embargo, el título
de especialista comprendía ambas discipli-
nas, por lo que la formación obligaba a ro-
tar por ambos servicios, al menos dos años
en cada uno. En neurología tomó el cargo
de dirección F. Erbslöh, quien falleciera de
manera trágica asesinado por la madre de
uno de sus pacientes. Erbslöh era un espe-
cialista de fama mundial en enfermedades
neurodegenerativas. El responsable de psi-
quiatría era A. Derwort, interesado, sobre
todo, en neurofisiología cerebral.
El trabajo asistencial
La clínica universitaria de Giessen carecía
de Aufnahmepflicht; es decir, obligación
de ingresar. Durante las guardias sufrí
en más de una ocasión el acoso de pa-
cientes, familiares, urgencias y médicos
de familia que demandaban por teléfono
o en la puerta el ingreso del enfermo. Si
había cama disponible, ingresaba siempre
a los pacientes ante la tremenda dificultad
que suponía discutir en mi alemán toda-
vía precario. La estancia me permitió un
amplio trabajo docente y de investigación
sobre todo en psicopatología.
Ya con el título de especialista bajo el
brazo, me trasladé al Hospital Psiquiá-
trico (Landeskrankenhaus) de Heiligen-
hafen, un pueblo remoto en las orillas
del mar Báltico, perteneciente al Land
de Schleswig Holstein. Ello me permitió
conocer de primera mano una reforma
asistencial. Se trataba de un manicomio
tradicional albergado en un magnífico y
antiguo cuartel de la marina alemana que
tenía sus arsenales en la cercana ciudad
de Kiel. El hospital creaba entonces un
servicio especializado en alcoholismo y
toxicomanías al que me incorporé con el
jefe de servicio (Oberarzt) H. Derwort.
Como en todas las clínicas alemanas, la
jornada comenzaba a primera hora con una
reunión de todo el personal para comentar
e intercambiar información de cada uno de
los pacientes. También se realizaban dos
veces por semana y en cada unidad reunio-
nes a modo de terapia grupal.
Dichas terapias cumplían dos objetivos:
por un lado, el de recoger información so-
bre el enfermo; por otro, de conversación
libre para los enfermos, quienes podían
exponer su caso sin sentirse presionados.
Se intentaba excluir toda atmósfera emo-
cional o pseudo mística, a diferencia de
como es frecuente hoy en algunos grupos
y comunas en el tratamiento de toxicó-
manos. Los familiares apenas existían.
Además, el hospital se encontraba lejos
de los centros urbanos.
La mayor parte de los pacientes asis-
tían a los talleres. La organización del
personal del hospital se prestaba para
comprender la organización funcionarial
alemana, la cual no resultaba tan patente
en la Universidad de Giessen por primar
allí la organización académica. El funcio-
nariado alemán en general constaba de
tres «carreras» (Laufbahn): alta, media e
inferior; cada una de ellas con jerarquías
diferentes, con sus correspondientes suel-
dos y denominaciones. En cada carrera
se ascendía por antigüedad y méritos.
Sin embargo, el cambio de una carrera a
otra exigía pruebas específicas. Así pues,
el hospital mantenía la organización y el
funcionamiento tradicional de «antes de
las reformas psiquiátricas». Todo ello me
recordaba al cursus honorum de la Repú-
blica Romana, en el que seguramente se
inspiró Federico de Prusia para establecer
tal organización funcionarial. Como anéc-
dota, se refiere que después de la Guerra,
los militares de EE.UU. ocupantes no lo-
graban aclararse en ese bosque de deno-
minaciones que los alemanes tan puristas
intentaban perpetuar. En tal coyuntura se
dice que los estadounidenses arreglaron el
asunto llamando a todos «Herr Doktor».
Sin embargo, la dificultad mayor en el
trabajo del día a día consistía, como tan-
tas veces después volví a experimentar,
en la adecuada actitud y colaboración del
personal. Es decir, en su transformación
desde la actitud paternalista y autoritaria
a la técnica y de colaboración en los trata-
mientos terapéuticos.
Actividades extrahospitalarias
Al margen de las estrictas obligaciones en
el hospital, contactamos y colaboramos
con diversos grupos activos en la lucha
A finales de los sesenta, los servicios psiquiátricos alemanes se organizaban en
tres tipos de centros que, aparte de su propio personal de plantilla, recibían
investigadores becados alemanes y de todos los países, así como psiquiatras
que gozaban de un año sabático que dedicaban a la investigación. Estos cen-
tros eran:
B Las clínicas universitarias de agudos. Desde finales del siglo XIX casi todas las
escuelas de medicina mantenían unidades psiquiátricas o neuropsiquiátricas,
puesto que englobaban a la neurología. Dirigidas por el catedrático u ordinario,
no estaban adscritas a un área geográfica ni tenían obligación de ingresar:
podían escoger a sus pacientes en razón a su interés para la investigación o
para la docencia.
B Los grandes asilos o manicomios (Landeskrankenhaus). Como en todas partes
a mediados del siglo XX, eran instituciones fundamentalmente de beneficencia,
cerradas y con numerosos ingresos judiciales. Tales centros tenían obligación de
ingreso, fuese por orden de las autoridades médicas, judiciales o policiales, o
por su área de referencia, generalmente muy amplias. Los directores no eran
profesores, ni los centros se utilizaban para la docencia.
B Centros de Investigación pura. Los más famosos eran los acogidos a la de-
nominación de la posguerra de Institutos Max Planck que sucedieron a los
institutos Kaiser Wilhelm (Emperador Guillermo). El de Múnich fue fundado
por E. Kraepelin y sufragado por la Fundación Rockefeller americana.
Centros psiquiátricos en Alemania
12 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
antialcohólica. Los nombres de estas ins-
tituciones son análogos a los de las ONG
actuales: alcohólicos anónimos, orden de
los Buenos Templarios, la Cruz Azul (orga-
nización dependiente de la iglesia evangéli-
ca y con potentes medios) y la Cruz de Oro
(organización de la Iglesia Católica).
En Heiligenhafen aprendí las técnicas
intra y extrahospitalarias de tratamiento
y prevención del alcoholismo, experiencia
que facilitó el contacto con los equipos es-
pañoles dedicados al tema. En concreto,
con J. Santodomingo y F. Alonso Fernán-
dez. Estos contactos me ayudaron a volver
a España en 1968, año en que F. Soto Yarri-
tu me apoyó para conseguir una plaza de
jefe de servicio en el Hospital Psiquiátrico
San Francisco Javier de Pamplona. El cen-
tro psiquiátrico se hallaba en el barrio de
la Rochapea. Se trataba de un edificio in-
menso, casi escurialense. Con un enorme
cuadrado de pasillos y tránsitos anchísi-
mos y altísimos de techo; con ventanas
solo en lo alto, de forma que el exterior era
invisible. A la mitad de uno de los lados,
la entrada principal; a la derecha, todas las
unidades de hombres, a la izquierda, las de
mujeres. Una gran capilla hacía de límite,
de tal forma que los y las pacientes no se
mezclaban ni veían.
Los pabellones, unos veinte, colgaban,
por así decir, de los tránsitos que forma-
ban los lados del cuadrilátero. Todos ellos
La reforma del Sanatorio de Conjo, en Santiago de Compostela, ofrece un
ejemplo de los avances que la asistencia psiquiátrica estaba viviendo en España
entre los años sesenta y setenta del siglo pasado. Consistió en tres grandes
mejoras:
B Instalaciones. La transformación arquitectónica supuso la dotación de espacios
de intimidad, con módulos de ocho a diez camas como máximo por sala. Tam-
bién se instalaron salas de estar, agua caliente, servicios higiénicos suficientes
y accesibles, calendarios, televisores y espejos. Además, se dotó a los pacientes
de vestimenta adecuada.
B Funcionamiento médico y social. Se instauró la revisión y puesta al día de todos
los pacientes (DNI, actualización de posibles derechos, pensiones o ayudas).
Asimismo se asignó a cada paciente una cartilla de ahorro en la que se ingre-
saría el dinero procedente de la laborterapia u otras ayudas. Se empezaron a
aplicar tratamientos psicoterapéuticos (terapia ocupacional o laboral, reunio-
nes de grupo), actividades lúdicas dentro y fuera del sanatorio (romerías, baile,
salidas a la ciudad, al cine o a la playa, entre otras). Por otro lado, se puso
énfasis en la formación y selección del personal, transformando los celadores
y cuidadores en auxiliares sanitarios, supervisores de unidad, etcétera.
B Sistema asistencial. Se decidió por la cancelación del sistema manicomial y la
sectorización. Cada provincia se haría cargo de sus pacientes. Así, se desarro-
llaron servicios extrahospitalarios creándose una red de dispensarios por La
Coruña y zonas limítrofes de la provincia. También se realizó un intenso esfuerzo
por disminuir el censo de pacientes ingresados y suprimir camas (entre 1972 y
1978 se pasó de 1400 a 800 camas en el Sanatorio de Conjo). En el sistema de
financiación se incluyeron los servicios ambulatorios esenciales para mantener
a los enfermos en la comunidad.
Transformación de un sanatorio español
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 13
disponían de diversos patios y dependen-
cias. Las instalaciones de servicios, como
cocinas y roperías, se situaban de forma
análoga respecto a los tránsitos. Cada pa-
bellón contaba con servicios de comedor,
patios, salas de estar y dormitorios.
Los pabellones ostentaban en la entrada
su nombre oficial, que, como era habitual,
correspondía al de algún santo: «San Fer-
mín», «San Francisco»... Sin embargo, en la
vida cotidiana la alusión a los grupos de
pacientes se sustituía por descripciones
más expresivas y funcionales: «sucios»,
«agitados», «trabajadores», «tranquilos»,
«tontos» o «epilépticos». Había unos 600
enfermos. Muchos de ellos activos en las
dependencias del hospital o con permisos
de salida en régimen custodial. En resu-
men, se trataba de un ejemplo de lo que
no debía ser un hospital de acuerdo con
las normas de rehabilitación psiquiátrica
que había aprendido en Alemania y que
debía poner en práctica en el centro psi-
quiátrico de Pamplona.
La verdad es que dentro de su contex-
to y época, el Hospital era magnífico. Se
trataba de un manicomio, pero se habían
hecho algunos esfuerzos de renovación.
En concreto, la construcción de un pabe-
llón de agudos totalmente nuevo delante
del vestíbulo principal antiguo y de ar-
quitectura moderna y más adecuada, con
despachos que albergaban las oficinas ad-
ministrativas; también reproducía en par-
te las separaciones por sexos del Hospital
antiguo, con dos áreas de 30 camas cada
una. Aun así, parece que las discrepancias
respecto al personal más las divergencias
del director respecto a la administración
y a la Comunidad de Religiosas (de la Ca-
ridad) del Hospital retrasó su puesta en
funcionamiento.
Falto de ayudas oficiales, no pudo avan-
zarse prácticamente nada en la reforma
asistencial del hospital ni en la instalación
de psicoterapias y técnicas de rehabilita-
ción, motivo por el cual me centré en el
problema del alcoholismo. En el Hospital
me hice cargo de todos los alcohólicos, con
un seguimiento después del alta. También
«prediqué» la lucha antialcohólica por
toda Navarra, en gran parte con la inesti-
mable ayuda de las cátedras ambulantes
de la Sección Femenina.
Reforma en Galicia
El Sanatorio («manicomio») de Conjo, en
Santiago de Compostela, también fue uno
de los pocos centros de España que experi-
mentó en los años setenta un plan asisten-
cial moderno. J. M.
a
Hernández Cochón, a
la sazón director del Instituto de Sanidad,
y J. L. Montoya, procedente del Hospital
Psiquiátrico de Oviedo, encabezaron la ini-
ciativa, en la que me integré tras el corres-
pondiente concurso, como jefe de servicio.
El Sanatorio estaba instalado en el barrio
de Conjo. Los edificios, el sanatorio como
institución, el personal y todo el resto
pertenecían a la «mitra», es decir, el arzo-
bispado poderoso y magnífico de la gran
sede arzobispal de Santiago. La mitra ha-
bía arrendado el Sanatorio a una sociedad
mercantil. El arzobispo cardenal Quiroga
Palacios decidió, en valiente criterio, que la
situación no podía continuar así, por lo que
conminó a que se disolviera la sociedad y
vendiera el centro a la Diputación Provin-
cial de La Coruña, organismo que habría de
proceder a las necesarias reformas.
El plan de construcción consistía en un
nuevo sanatorio con 2000 camas para Gali-
cia, León y el norte de Portugal. La primera
lucha de Montoya y nuestra fue frenar esa
técnica del ladrillo y convencer a todos de
que el plan consistiría en la descentraliza-
ción, la supresión del manicomio, el de-
sarrollo de dispensarios y la obligación de
que cada provincia gallega se responsabili-
zase de sus enfermos y de su psiquiatría.
El estado del sanatorio de Conjo era la-
mentable: unos 1500 asilados, abundancia
EL SANATORIO DE CONJO
Los enfermos se hacinaban en los patios y las
celdas. El centro carecía de cuidadores y cela-
dores suficientes. Abundaban las infecciones
por sarna, piojos y, sobre todo, tuberculosis.
14 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
de deficientes y de enfermedades neuroló-
gicas degenerativas discapacitantes, haci-
namiento y masificación, internamiento
continuo en patios o en celdas, existencia
de infecciones como sarna, piojos y, sobre
todo, tuberculosis sin diagnosticar (se rea-
lizó un estudio masivo de todos los enfer-
mos y se crearon unidades antituberculo-
sas independientes de toda consideración
psiquiátrica), deficiencias en calidad y
cantidad de los cuidadores y celadores.
La mayoría de los pacientes vestían solo
un mono (sin ropa interior), llevaban los
cabellos cortados al cero, se les lavaba con
una manguera desnudos contra la pared
sobre un canalillo en los patios; primero
por delante, luego por detrás.
Las bases de la reforma
Una primera condición fue la transforma-
ción de Conjo en una fundación pública
de servicios, lo que significaba que no
estaba sometido al régimen lento y com-
plejo funcionarial. A modo de pincelada,
se realizaron tres grandes grupos de refor-
mas: una arquitectura más humanitaria,
una asistencia médica más organizada y
formada, y un sistema asistencial descen-
tralizado, que suponía el fin del sistema
manicomial.
No obstante, varias circunstancias
dificultaron las reformas. Así, falló la
integración de los enfermos mentales
en la Seguridad Social (Conjo no podía
cobrar de la Seguridad Social por pacien-
tes asegurados que ingresaran, a pesar
de solicitarlo en diversas ocasiones); no
se obtuvo la colaboración necesaria por
parte de las unidades de agudos de otros
centros (hospitales generales y univer-
sitarios); los planes de formación de los
residentes y de formación continuada o
investigación de los especialistas de plan-
tilla tuvieron poco éxito (sobre todo por
las tremendas luchas ideológico-políticas
que llegaron a paralizar el centro por cor-
to tiempo). Asimismo, aquellos que pre-
conizábamos unas reformas médico-so-
ciales nos encontramos con la resistencia
inicial de las clases ultraconservadoras
de Santiago (en puestos administrativos,
profesionales y políticos). Tuvimos tam-
bién sin embargo apoyo en otros secto-
res. Amén de insultos y amenazas en la
calle, anónimos al teléfono y al correo,
se nos acusó públicamente de promover
una terapia por la libido, de fomentar
las relaciones sexuales en el centro, de
administrar la píldora anticonceptiva
de forma rutinaria y de liberar a la ca-
lle a enfermos peligrosos. El momento
álgido fue en febrero de 1974. Al fin, la
campaña fue palideciendo para pasar a
la fase siguiente, de alguna manera más
peligrosa, pues los ataques procedieron
del mismo interior del Hospital.
Revueltas internas
La selección del abundante personal
nuevo se realizó de forma sesgada: en su
mayoría eran personas con compromisos
políticos con el partido comunista, algu-
nos grupos anarcosindicalistas y la nueva
izquierda de movimiento sindical que se
estaba organizando en Galicia. Adoptaron
la reforma hospitalaria bajo la ideología de
la antipsiquiatría en su línea más dura, se-
mejante a la de Franco Basaglia, líder de la
antipsiquiatría italiana. Eran los últimos
años de la vida de Franco. En la culmina-
ción del proceso, aprovechando las nego-
ciaciones para nuevos pactos laborales, se
promovió un movimiento supuestamen-
te asambleario que intentó usurpar toda
autoridad del Hospital. Es sabido que este
proceso ocurrió en otros lugares con tanta
o mayor virulencia, como en la asociación
de pacientes socialistas del Clínico de Hei-
delberg o en los hospitales de Madrid y
Oviedo.
HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE CONJO
El hacinamiento obligó a llenar hasta la antigua capilla con camas (derecha).
A la izquierda, establecimiento de «módulos» con cuatro camas como primera fase
de la reforma arquitectónica.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 15
La culminación en el centro de Conjo se
produjo entre el 2 y el 7 de julio de 1975,
con una huelga general salvaje: abandono
de los puestos de trabajo bajo las presiones
de los piquetes y que resolvió el presiden-
te de la Fundación con la supresión de la
docencia y la expulsión de responsables
en puestos superiores. En los meses si-
guientes, con nuevas convocatorias de
especialistas y residentes, volvió poco a
poco el centro a recuperar los niveles asis-
tenciales anteriores y continuó la reforma.
El 7 de julio de 1976 se declaró un terrible
incendio en el Hospital, en el que fallecie-
ron siete pacientes y quedaron destruidas
200 camas. Aunque nada pudo probarse,
todos aceptamos que aquel incendio fue
provocado.
Cuando el centro recuperó su ritmo,
con la ayuda de V. Conde López, pude
trasladarme en mayo de 1978 al Hospital
Clínico y Facultad de Medicina de la Uni-
versidad de Valladolid como jefe de sec-
ción responsable de la unidad de agudos
y profesor adjunto interino en la Facultad
de Medicina, posteriormente profesor ti-
tular numerario hasta mi jubilación. Co-
menzaba el sistema de las autonomías. En
Valladolid existían las consultas de neu-
ropsiquiatría, los centros de diagnóstico
de Sanidad y el antiguo Hospital Psiquiá-
trico Doctor Villacián. En esos primeros
años nos esforzamos en que la unidad de
agudos del centro recibiera a los pacientes
difíciles de toda Castilla y León. De esta
manera, recibiríamos pacientes de toda
la comunidad autónoma, ya que, por otra
parte, no existían unidades de agudos en
ningún otro lugar, salvo en Salamanca.
Posteriormente cada provincia fue con-
tando con sus centros y en Valladolid
mismo se crearon dos sectores o áreas, de
las cuales una pasó a ser responsabilidad
nuestra en el Hospital Clínico.
¿Quo vadis psiquiatría?
En el futuro cabe esperar que cada vez
más los trastornos menores y los sínto-
mas psicológicos individuales sean asu-
midos por «no médicos». El psiquiatra
se transformará de esta manera en su-
perespecialista capaz de aplicar técnicas
de condicionamiento y aprendizaje, o de
administrar medicamentos bajo análisis
genéticos o de liberar el producto exac-
tamente en las células diana; o de actuar
como electrofisiólogo y cirujano cerebral
y capaz de realizar sutiles investigaciones
en neuroimagen, neuroquímica y neuro-
electrofisiología en tiempo real; así como
implantar marcapasos o controlar Hol-
ters (registros electrocardiográficos) que
supervisen en todo momento conductas,
pensamientos, emociones y deseos del
paciente.
Puede que muchos se estremezcan ante
tal descripción, quizás exagerada, de la
manipulación de las funciones humanas,
pero en la psiquiatría se trata precisamen-
te de eso, de manipulación, modificación
e intervención para curar, de la misma
manera que un cirujano manipula una
pierna o un ojo extirpándolo. Lo impor-
tante y esencial, aunque por desgracia
escasamente logrado, es que todo ello se
realice bajo férreas normas morales. Kon-
rad Lorenz, uno de los padres de la etolo-
gía, ya advirtió que el problema central
de nuestra civilización es el enorme auge
de la técnica frente al enorme atraso de
la moralidad y la ley a escala mundial. En
este camino, la función de la psiquiatría
resultará cada vez más relevante.
Agustín Jimeno Valdés estudió medicina en
Valladolid. Desde 1978 hasta su jubilación en
2005, ha sido jefe de la Unidad de Hospita-
lización de psiquiatría del Hospital Clínico de
Valladolid y profesor titular de psiquiatría de su
universidad.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
ALCOHOLISMO EN NAVARRA. EPIDEMIOLO-
GÍA 1969, 1970, 1971. A. Jimeno Valdés
en Archivos de Neurobiología, vol. XXVI,
n.
o
5, págs. 393-410, 1973.
CINCO AÑOS DE PSIQUIATRÍA SECTORIAL
A PARTIR DEL SANATORIO PSIQUIÁTRICO
DE CONJO EN SANTIAGO DE COMPOSTE-
LA. A. Jimeno Valdés en Archivos de
Neurobiología, vol. XLII, n.
o
2, págs. 87-
114, 1979.
LA CASA DEL TEJADO COLORADO.
MEMORIA GENERAL DEL MANICOMIO DE
NAVARRA. L. J. Lizarraga Larrión. Depar-
tamento de Salud, Gobierno de Navarra;
Pamplona, 1992.
SETENTA AÑOS DE VALDECILLA. Coordina-
do por J. M.ª Izquierdo. Caja Cantabria;
Santander, 1999.
CONCIENCIA HISTÓRICA DE LA PSIQUIA-
TRÍA. PRIMERA ENTREGA. Coordinado
por J. Santodomingo Carrasco. Colegio
de Psiquiatras Eméritos. KRK Ediciones,
colección Delirema; Oviedo, 2009.
Tres aspectos caracterizaban a la psiquiatría en ese período:
B Poco experimental: Existía un distanciamiento de la psicología experimental, a
pesar de los esfuerzos de Kraepelin, discípulo de Wundt. Ello fue consecuencia
de los espectaculares triunfos en la identificación de la parálisis cerebral y de la
enfermedad de Alzheimer que dirigieron la investigación a la neuropatología.
B Poco psicodinámica: Alejamiento asimismo de las corrientes psicodinámicas.
B Demasiado filosófica: Contaminación, tras el rechazo del psicoanálisis por muy
doctrinal y poco científico, por conceptos holísticos, humanísticos, filosóficos
(existencialismo) y aun religiosos, situación que la alejaba de los paradigmas
científicos puros necesarios para su progreso. Casi todas las monografías de
los mejores profesores, sobre todo en Europa, revelaban más reflexión que
investigación.
La psiquiatría a mediados del siglo XX
16 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
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esponda con la mano en el corazón: ¿nunca
se escabulló de ir a clase cuando era niño?
Algunos piensan que haberlo hecho ocasional-
mente es motivo de prestigio y hablan a favor
de la autoafirmación de los alumnos. ¿Estamos,
por tanto, ante un «delito de caballeros»?
Si hacemos caso a los medios de comunica-
ción, la respuesta es: no. Suele leerse que en Ale-
mania medio millón de alumnos hace novillos
por sistema y que este número va creciendo de
forma alarmante. En realidad no existen datos
fiables que lo confirmen. También suele decir-
se que quien hace novillos tiene más probabi-
lidades de caer en la criminalidad o de seguir
cualquier otro descarriado camino. Los padres,
preocupados, se preguntan: ¿los novillos son
algo baladí o constituyen un problema que hay
que tomar en serio? O también: ¿qué ha movido
a huir de clase a los niños y jóvenes que lo han
hecho?
Por desgracia es difícil encontrar estudios
amplios que se ocupen de este complejo pro-
blema. Para disponer de más información sobre
el absentismo escolar en Suiza, hemos realizado
una encuesta por todo el país y hemos entre-
vistado a casi 4000 alumnos de entre 13 y 17
años, escogidos al azar. Por un lado, constata-
mos que el fenómeno está muy difundido; por
el otro, llegamos a la conclusión de que no es
posible definir un prototipo de «alumno que
hace novillos».
El 95 por ciento de los escolares reconocen
haberse ausentado de clase al menos una vez.
Pero menos de la mitad de ellos lo hace de vez en
cuando. En los seis meses anteriores a la encues-
ta estos «alumnos que hacen ocasionalmente
novillos» no se ausentaron injustificadamente
de clase más de una vez. Alrededor del 13 por
ciento de todos los alumnos declararon hacer
novillos muy a menudo (por ejemplo: durante
RESUMEN
Absentistas,
¿por qué?
1
Los motivos por los
que los jóvenes se
ausentan de clase son
múltiples: desde el can-
sancio o desinterés esco-
lar hasta evitar exámenes
o profesores.
2
No existe un vínculo
claro entre absentis-
mo y rendimiento escolar:
muchos de los alumnos
absentistas sacan buenas
notas.
3
Sin embargo, una
ausencia prolongada
de la escuela puede de-
sembocar en un abandono
completo de los estudios.
Novillos escolares
Casi todos los jóvenes dejan alguna vez de ir a clase. Los motivos no deben buscarse
exclusivamente en los alumnos: los maestros y las escuelas tienen gran parte de responsabilidad
MARGRIT STAMM
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 17
¿QUIÉN FALTA?
La mayoría de padres y maes-
tros creen que solo hacen
novillos los malos alumnos.
Los resultados de las investiga-
ciones indican lo contrario: no
hay relación alguna entre las
notas obtenidas y el absentis-
mo escolar.
el período de la encuesta se ausentaron toda o
media jornada escolar más de cinco veces).
Una encuesta de 2004, centrada en los jóve-
nes alemanes y dirigida por el sociólogo de la
Universidad de Colonia Michael Wagner, arrojó
cifras similares. Se llega a la conclusión de que
en ambos países hay un volumen nada despre-
ciable de alumnos que faltan a clase; entre ellos,
el sexo masculino es predominante. En nuestra
encuesta, los alumnos hacían el doble de novi-
llos que las alumnas. En el estudio de Colonia
también se observó una clara diferencia.
Los motivos por los que los jóvenes adoptan
esta conducta son múltiples. Las respuestas más
frecuentes se refieren al cansancio escolar o al
desinterés por la enseñanza. Otros dicen que no
van a clase porque no quieren asistir a ciertos
exámenes, porque necesitan tiempo para hacer
los deberes domésticos o porque quieren alejar-
se de determinados profesores.
Rechazo a las horas iniciales y finales
Tan variadas como los motivos son las estrate-
gias seguidas para hacer novillos. Algunos se au-
sentan de las desagradables clases del comienzo
o del final de la jornada escolar, otros huyen de
determinada asignatura. Según los resultados
de nuestro estudio, la mayoría pertenecen a los
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que huyen de las horas marginales o de asig-
naturas poco gratas. También se dan aquellos
que prolongan las vacaciones por su cuenta y se
ausentan del primer o del último días de clase.
Tan solo uno de cada diez llega a faltar varios
días a la escuela.
Es, de hecho, muy corriente que los escolares
se ausenten de clase al menos de forma ocasio-
nal. Supone, por tanto, un problema que no ha-
bla solo de un grupo de alumnos flojos. En los
institutos son precisamente las clases iniciales y
finales, así como determinadas asignaturas, las
que experimentan más ausencias, incluso por
parte de muchos estudiantes buenos. ¿Es, por
ende, falso que el absentismo represente una
señal de alarma que delate problemas escolares,
en contra de lo que muchos padres, profesores
e incluso investigadores creen?
Es probable que sean justo los mejores alum-
nos quienes se ausenten reiteradamente de clase
porque se sientan exigidos por debajo de sus po-
sibilidades. Dado que aprenden más rápidamen-
te y con mayor autonomía, los adolescentes más
dotados pueden obtener rendimientos iguales
o incluso superiores a los de sus compañeros.
¿Es posible que para ellos los novillos supongan
simplemente una inteligente estrategia para al-
canzar sus objetivos con el mínimo esfuerzo?
Hemos investigado tal interrogante en otro
estudio centrado en la comparación entre el
absentismo y el rendimiento escolar de los
alumnos altamente dotados y el del resto de sus
compañeros. El resultado muestra que no puede
establecerse relación alguna entre la inteligencia
y la frecuencia de absentismo escolar.
Muchos de los alumnos altamente dotados
pertenecen a un grupo al que denominamos
«alumnos con tendencia a hacer novillos». Se
trata de jóvenes con un alto perfil intelectual
que solo de forma ocasional se ausentan de cla-
se. Es el caso, por ejemplo, de un alumno que
dijo: «Cuando tengo muchas cosas que hacer,
necesito imperiosamente disponer de un par de
horas libres». O también: «Algunas asignaturas
son tan aburridas que seguro que no me pierdo
nada si no voy a clase». Este tipo de alumnos al-
canzan un buen rendimiento escolar y no parece
que vaya a tener problemas en el futuro.
Sin embargo, también para los alumnos alta-
mente dotados es cierto que una ausencia que al
principio parece no suponer ningún problema
puede desembocar de forma paulatina en un
gran distanciamiento que lleve a malos rendi-
mientos escolares e incluso, finalmente, a una
completa ruptura con la escuela, pese a disponer
de buenas condiciones intelectuales para una
carrera exitosa.
Algo así resulta problemático en el grupo de
alumnos que podemos tipificar como «distan-
ciados». Son jóvenes que, con frecuencia, obtie-
nen varios suspensos, a pesar de tener buenas
dotes. En los tests de inteligencia consiguen
buenas calificaciones. Pero tienen poco interés
por aprender y obtienen unos rendimientos es-
colares inferiores a la media.
Quien falta a clase sale perdiendo
Hay distintas razones que explican dicho fe-
nómeno: al principio ciertos alumnos pueden
permitirse el lujo de saltarse alguna clase, mas
luego fracasan en asignaturas concretas y tienen
que repetir todo el curso. De esta forma, pier-
den el interés por otras materias supuestamente
fáciles, de las cuales se ausentan cada vez con
mayor frecuencia. Otros alumnos muestran ya
en primer o segundo curso una conducta absen-
tista, en algunos casos justificada incluso por los
padres, so capa de enfermedad.
Nuestro estudio anterior ya había mostrado
cómo el absentismo frecuente pone en peligro
el posterior desarrollo de niños y jóvenes. En
comparación con los alumnos que faltan a clase
en contadas ocasiones, quienes no asisten con
asiduidad obtienen peores notas y repiten curso
con casi el doble de frecuencia. El pronóstico a
largo plazo también les es desfavorable: aquellos
que faltan con reiteración tienen especial peligro
de no conseguir el certificado escolar final, con
lo que disminuyen sus posibilidades de acceder
a una plaza de capacitación superior.
Fuera de la escuela, estos alumnos con ausen-
cias frecuentes tienen más probabilidades de
entrar en conflicto con la ley. El 51 por ciento de
Por qué los alumnos faltan a clase
64 %
42 %
40 %
31 %
20 %
19 %
22 %
19 %
7 %
Falta de motivación:
ningún interés por la escuela
Querer dormir más
Enseñanza aburrida
Evitar los exámenes
Preparar los exámenes en casa
Hacer los deberes
No entenderse bien con el maestro
Hacer novillos junto a otros amigos
Acoso y violencia por parte
de compañeros de escuela
El factor
clave para
la prevención
de los novillos
escolares es una
relación de
plena confianza
entre maestros
y alumnos
(Datos de Margrit Stamm)
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 19
ellos ya ha cometido delitos de lesiones corpora-
les, mientras que solo el 23 por ciento de los que
se ausentan ocasionalmente han perpetrado ta-
les actos. Quienes hacen novillos con frecuencia,
sobre todo si son varones, se encuentran más
involucrados en delitos de robo, participan con
mayor frecuencia en delitos de daños a la pro-
piedad y cometen más falsificaciones de firmas
o de certificados.
Trabajos realizados por científicos que desde
hace tiempo se ocupan del problema en otros
países obtienen datos semejantes. Ya en los años
noventa del pasado siglo, el investigador y peda-
gogo Ken Reid, de la Universidad Metropolitana
Swansea de Gales, demostró que el absentismo
escolar va emparejado con una elevada delin-
cuencia juvenil. Según Reid, aun no tratándose
de una relación constante, el absentismo escolar
es un factor de riesgo para el abandono de la
enseñanza y la caída en la delincuencia.
Hace tiempo que los investigadores indagan
las causas de los novillos escolares en la persona-
lidad de los jóvenes y en sus relaciones familia-
res. Se extiende la opinión de que el absentismo
supone no tanto un problema individual como
un problema del que tiene que responsabilizar-
se la escuela. Dicho crudamente: las escuelas
con unas elevadas cuotas de absentismo están
negando a sus alumnos el derecho a recibir for-
mación.
¿Puede que la razón del absentismo escolar
resida en la enseñanza? Habla a favor de ello el
hecho de que el número de ausencias a clase
varía mucho de unos colegios a otros, incluso
cuando el nivel educativo y social de los padres
es análogo. En un mismo barrio suele haber
escuelas con elevadas y otras con bajas cifras
de absentismo. De ahí que algunos expertos
tiendan a pensar que la cuota de absentismo
constituye un índice de la calidad de las escue-
las, lo mismo que lo es el resultado del informe
PISA. Hay buenas razones para suponer tal cosa,
puesto que un bajo absentismo puede elevar el
rendimiento global de los alumnos. Los maes-
tros necesitarían, entonces, invertir menos tiem-
po en «alumnos problemáticos»; todo el clima
escolar mejora.
¿Oficializar los novillos?
Algunos cantones suizos intentan afrontar el
problema mediante los llamados «días como-
dín». Se trata de días del curso escolar que los
alumnos pueden tomarse libre de forma com-
pletamente oficial. Es dudoso, sin embargo, que
con esta medida se consiga reducir las faltas a
clase, pues los proyectos modelo todavía no per-
miten demostrar la repercusión que estos «días
comodín» puedan tener en el absentismo.
¿Qué más pueden hacer las escuelas? En pri-
mer lugar han de tomar el problema en serio.
Para ello, conviene que empiecen formando a
los maestros. En nuestra encuesta, la mayoría de
ellos no conocían la magnitud del absentismo
en su centro. Dos terceras partes de los docen-
tes tenían la impresión de que en sus clases no
se hacía en absoluto novillos. Solo un ocho por
ciento creía que entre sus alumnos había algu-
nos que hacían novillos con elevada frecuen-
cia. Parece ser que este porcentaje depende en
gran medida de la conducta de cada maestro en
particular. Lo esencial para la prevención de los
novillos es una relación de confianza entre los
profesores, los alumnos y los padres, además
de que todos se propongan afrontar las causas
del problema.
Conocer la magnitud del absentismo esco-
lar es una premisa necesaria. En Inglaterra, a
ciertos investigadores de la educación que tra-
bajan con proyectos modelo les ha resultado
una buena experiencia mantener un registro
homogéneo y centralizado. En él, los profesores
inscriben las ausencias de todos sus alumnos,
también aquellas que supuestamente se deben
a enfermedad. Cuando las faltas llegan a un de-
terminado número, hablan del problema con
los padres. Solo este hecho, incluso cuando se
presentan dificultades de contacto, suele pro-
ducir una mejoría.
En Oer-Erkenschwick (Renania del Norte-
Westfalia, Alemania) se ha dado un paso más.
En enero de 2009, el ayuntamiento puso en
marcha un discutido proyecto centrado en las
familias de los alumnos que se ausentan de la
escuela. Los padres de escolares que faltan con
frecuencia a clase disponen de una especie de
tarjeta en la que registran cuándo sus hijos se
presentan puntualmente a clase y cuándo acu-
den al médico. Al final del curso escolar pueden
canjear estos puntos por objetos de un valor de
hasta cien euros.
Resta por ver que este proyecto de recompen-
sa repercuta en un cambio de conducta. En todo
caso parece una medida más inteligente que las
reacciones de la mayoría de las escuelas ante las
ausencias en clase: esperar, hacer la vista gorda
y, a lo sumo, realizar controles esporádicos de
absentismo.
Margrit Stamm dirige el departamento de ciencias de la
educación de la Universidad suiza de Friburgo.
PALABRAS CLAVE
Novillos
y absentismo
escolar
Por «hacer novillos» suele
entenderse un rechazo
consciente de las reglas
que siguen los adultos.
El absentismo escolar hace
referencia sobre todo a
casos más difíciles: estos
objetores son niños con
problemas emocionales y
de conducta que, a menudo
con el conocimiento de los
padres, abandonan por
completo la asistencia a cla-
se. En ocasiones, el miedo
o la fobia a la escuela juega
un papel importante [véase
«Absentismo escolar», por
Gerd Lehmkuhl; MENTE Y CE-
REBRO, n.
o
31]. Sin embargo,
no pocas veces el rechazo o
incluso el abandono escolar
comienza con unos «inocen-
tes» novillos.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
DIE PSICOLOGIE DES SCHU-
LESSCHWÄNZENS: RAT FÜR
ELTERN, LEHRER UND BILDUNS-
POLITIKER. M. Stamm. Huber.
Berna, 2008.
20 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
L
a definición más aceptada de violencia de
género es la propuesta por la ONU en 1995:
«Todo acto de violencia sexista que tiene como
resultado posible o real un daño físico, sexual
o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción o
la privación arbitraria de libertad, ya sea que
ocurra en la vida pública o en la privada».
En este marco conceptualizamos la violencia
como «la coacción física o psíquica ejercida so-
bre una persona para viciar su voluntad y obli-
garla a ejecutar un acto determinado». Puede
adoptar formas diferentes: física, verbal, psíqui-
ca, sexual, social, económica, etcétera. Unas for-
mas de coacción que se han ejercido, en mayor o
menor medida, a lo largo de la historia.
Un binomio inseparable
La violencia de género ha ido impregnándose
con el tiempo de significado social, adulterando
de esa manera su definición original basada en
el binomio inseparable de violencia y género.
Así, de satisfacer una necesidad de superviven-
cia se ha convertido en una conducta instru-
mental que introduce desigualdad en una rela-
ción interpersonal o mantiene una desigualdad
subyacente y estructural. Es precisamente en
este sentido que la violencia y el género se con-
vierten en un binomio inseparable, ya que la
primera se usa como mecanismo para conseguir
un plus de presencia o influencia respecto a lo
segundo.
Para explicar la conducta del maltratador se
ha apelado con frecuencia a la existencia de una
serie de psicopatologías: carácter agresivo, falta
de control de la ira o una infancia marcada por
experiencias de malos tratos. Dichas explicacio-
nes tienden a buscar una causa externa, por lo
que reducen el grado de responsabilidad de la
persona que lleva a cabo la acción.
Así, los principales modelos teóricos sobre
violencia de género proponen teorías asenta-
das en problemas de tipo individual, investigan
alteraciones de la personalidad, disposiciones
biológicas o experiencias violentas a temprana
edad que puedan explicar tales reacciones. Las
teorías basadas en la dinámica familiar asumen
que la violencia es el resultado de problemas
derivados de una interacción inadecuada en la
familia y de los patrones desadaptativos de re-
solución de problemas de pareja o familiares (o
ambos) inherentes en sus relaciones. Las teorías
sociales y culturales, por su parte, abogan por la
existencia de valores culturales que legitiman
el control del hombre sobre la mujer.
Tales hipótesis surgen precisamente ante la
necesidad de explicar el fenómeno emergente
de la violencia de género. Mas tal enfoque, en
el que las mujeres aparecen a menudo como
las víctimas y los hombres como los victima-
rios, no señala a las disposiciones biológicas o
de interacción como factores que aclaran por
sí solos la violencia de género: ni las mujeres
nacen víctimas ni los varones están predeter-
minados para actuar como agresores. De hecho,
los estereotipos sobre cómo unos y otras deben
comportarse, las experiencias que refuerzan la
conducta estereotípica y la estructura social que
apoyan la desigualdad de poder entre géneros
ha contribuido a que se originen patrones de
violencia a lo largo de nuestro ciclo vital.
En las sociedades en las que no existe una
jerarquía formal de privilegios de unos grupos
Violencia de género
La asimetría social en las relaciones entre mujeres y hombres
favorece la violencia de género. Es necesario abordar la verdadera causa
del problema: su naturaleza ideológica
FRANCISCA EXPÓSITO
RESUMEN
Agresión
encubierta
1
La cultura ha legiti-
mado la creencia de
la posición superior del
varón, lo cual ha facili-
tado que las mujeres se
sientan inferiores.
2
El agresor actúa de
forma coherente con
su propio objetivo de su-
misión y control, por lo
que no existe un único
perfil de maltratador.
3
Al tratarse de manio-
bras habituales, no
parecen dañinas. Las víc-
timas deben reconocer
el maltrato y rechazarlo.
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NI AGRESIVOS NI PSICÓPATAS
La violencia es un recurso que
la sociedad y la cultura pone a
disposición de los hombres para
su uso en «caso de necesidad».
22 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
sobre otros, donde hombres y mujeres ejercen el
mismo poder, los niveles generales de agresión
y de violencia contra la mujer son inferiores. En
cambio, el sistema social del patriarcado inte-
gra un mensaje claro que afirma que los más
poderosos se hallan en su derecho de dominar
a los menos poderosos y que la violencia se
contempla como una herramienta válida y ne-
cesaria para ello. Hasta hace poco, un artículo
del código penal español recogía la forma de
proceder de los hombres (maridos o padres),
otorgándoles derecho pleno sobre las mujeres
en determinadas circunstancias: «El marido que,
sorprendiendo en adulterio a su mujer, matare
en el acto a los adúlteros o a alguno de ellos,
o les causare cualesquiera lesiones graves, será
castigado con la pena de destierro. Si les produ-
jera lesiones de otra clase, quedará exento de
pena. Estas reglas son aplicables, en análogas
circunstancias, a los padres respecto de sus hijas
menores de veintitrés años y sus corruptores
mientras aquellas vivieren en la casa paterna».
El contenido de este artículo no es más que el
reflejo de una sociedad en la que las relaciones
entre hombre y mujer se articulaban en torno
a la relación de género y poder.
Objetivo: sumisión y control
El ejercicio del poder tiene dos efectos funda-
mentales, uno opresivo (uso de la violencia para
conseguir un fin) y otro configurador (redefine
las relaciones en una situación de asimetría y
desigualdad). El sometimiento se convierte en
la única salida posible para mantener la nueva
situación. La cultura ha legitimado la creencia
de la posición superior del varón, reforzada a su
vez a través de la socialización. Todo ello ha
facilitado que las mujeres se sientan inferiores
y necesiten la aprobación de los hombres para
sentirse bien consigo mismas y con el papel en
la vida para la que han sido educadas.
La asimetría de poder de un género sobre otro
ampara las diferencias y configura el diseño
«apropiado» de proceder en las relaciones: los
varones ofrecen la protección a las mujeres a
cambio de la obediencia y el sometimiento. Ellos
ocupan así una posición de control y dominio.
El carácter sutil y encubierto de dicho tipo de
sexismo («sexismo benévolo») dificulta su de-
tección al tiempo que obstaculiza las reacciones
de rechazo por parte de las afectadas.
Si la violencia de género es una cuestión cul-
tural que resulta de un proceso de socialización,
cabría preguntarse entonces si todos los hom-
bres son maltratadores o si existe una psicolo-
REGALOS ENVENENADOS
En la fase de remisión o «luna
de miel», el agresor refuerza a
su víctima con regalos o signos
de arrepentimiento, para man-
tenerla junto a él.
gía del maltratador. Según la bibliografía y mi
experiencia profesional, no se trata de hombres
agresivos ni de psicópatas. La violencia es un
recurso que la sociedad y la cultura ponen a dis-
posición de los hombres para su uso en «caso de
necesidad», dejando a criterio de cada uno cuán-
do surge ese requerimiento. No es posible, por
tanto, establecer un perfil único de maltratador:
cada cual representa el papel de forma distin-
ta y se comporta de manera diferente. Existen
formas diversas de ejercer la violencia contra las
mujeres. La cuestión estriba en poner énfasis en
la clave del problema: ¿quién agrede y por qué?
El agresor actúa de forma coherente con su ob-
jetivo de sumisión y control, lo que contribuye
a que no exista un único perfil del victimario,
ya que cada uno experimenta el poder y la ame-
naza de forma distinta y actúa en consecuencia.
Así, solo podemos inferir que el elemento único
en común entre los maltratadores masculinos
es su condición de varón.
Pese a la dificultad para determinar un perfil
concreto, existen una serie de rasgos comunes
de comportamiento en todos los hombres que
maltratan a sus parejas o ex parejas. Responsa-
bilizan a la mujer de la situación. Ellos son las
víctimas, arguyen. De hecho, con frecuencia
se escucha en los grupos de tratamiento con
hombres maltratadores comentarios como:
«[...] ella saca lo peor de mí»; «[...] lo hace para
provocarme». O se aferran a ideales masculi-
nos tradicionales. La violencia resulta para ellos
una conducta aprendida y legítima, así como una
forma de simbolizar su poder. Muchos afirman
que «es la única manera de calmarla y ponerla
en su sitio».
A los anteriores rasgos se suman una empatía
pobre, una necesidad elevada de reafirmación,
una intolerancia a no situarse a la altura de su
papel, un pensamiento rígido, la creencia de te-
ner siempre la razón en sus actos («[...] lo hago
por tu bien») y una minimización de las con-
secuencias de su comportamiento, además de
sentimientos de autoestima baja, inseguridad,
dependencia y celos. Estos últimos suponen una
actitud posesiva más allá del aspecto puramente
sexual, ya que sirven de mecanismo para conse-
guir el aislamiento social de la víctima.
Nuestro estudio cuestiona los estereotipos
relacionados hasta ahora con la conducta y los
rasgos del maltratador (como el consumo de
alcohol y drogas, las vivencias traumáticas en
la infancia, la violencia inherente al varón, los
problemas psíquicos) y destaca, en cambio, la
normalidad del agresor.
Uno de los
principales
síntomas que
experimenta
la víctima de
malos tratos
es el síndrome
del estrés
postraumático
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Síndrome de la mujer maltratada
Tal como mantiene Luis Bonino, psiquiatra y
director del Centro de estudios de la condición
masculina, existe una serie de micromachismos
que dificultan la visualización del fenómeno del
maltrato. Se trata de maniobras «normalizadas»
que desarrollan los varones y que prácticamente
aceptan las mujeres. Los micromachismos sir-
ven para mantener el dominio y la superioridad
de los hombres frente a las mujeres, para recu-
perar la dominación ante la que se rebela o para
poner resistencia al aumento de poder personal
o interpersonal del sexo femenino actual. En po-
cas palabras, el denominador común es atentar
contra la autonomía de la mujer.
Al tratarse de maniobras habituales, en oca-
siones encubiertas, no parecen dañinas. Incluso
se presentan antes de que afloren las situaciones
de violencia. Entre tales maniobras destacan la
insistencia abusiva (el varón persiste en imponer
su punto de vista hasta que la mujer cede por
cansancio) o la intimidación (el autor insinúa
que si no se le obedece, puede suceder algo).
Asimismo, las actuaciones encubiertas pueden
producirse durante la situación abusiva o de vio-
lencia, de tal manera que la mujer muestra difi-
cultades para interpretarlas de forma correcta.
Es el caso del paternalismo protector (el hombre
argumenta actuar siempre por el bien de la mu-
jer; porque la quiere), las maniobras de desau-
torización (descalifica cualquier trasgresión del
papel tradicional) o incluso el impedimento de
que la víctima busque ayuda para poner fin a
una relación abusiva, mediante estrategias de
lástima (el hombre se muestra incapaz de cui-
darse solo, se abandona físicamente) o con mé-
ritos (regalos, promesas de cambio y conductas
de seducción).
Sin embargo, la violencia doméstica es una
interacción. ¿Qué sucede con la mujer? ¿Existe
un perfil para la víctima? Desde que la psicóloga
Leonor Walker describiera en 1984 el síndrome
de la mujer maltratada, se han llevado a cabo
múltiples estudios en torno al tema.
Variables sociológicas como la edad, el estado
civil, la ocupación y la distribución del trabajo
doméstico aparecen como algunos factores de-
finitorios en el maltrato a la mujer. No obstan-
te, de igual forma que en el intento de definir
una psicología del maltratador, la insistencia
de un perfil concreto para la víctima dificulta
la comprensión del proceso. Resulta más eficaz
estudiar los obstáculos de las mujeres afectadas
para terminar con una relación de abuso.
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Pretratamiento Postratamiento
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Patrón
Final mortal
De enero a abril de 2011
han fallecido un total de
19 mujeres en España vícti-
mas de violencia de género.
Solo 5 de ellas solicitaron
medidas de protección y
presentaron denuncia. La
franja de edad de las afecta-
das y los victimarios oscilaba
en un 31,6 por ciento de los
casos entre 41 y 50 años.
Un 68,4 por ciento de las
mujeres vivía en convivencia
y un 52,6 por ciento en
relación de pareja.
(Fuente: Ministerio de Sanidad,
Política Social e Igualdad)
Maltratadores «normales»
No existe un perfil único de maltratador. Tampoco se trata de hombres agresivos ni de psicópatas. Nuestro estudio pone en
cuestión los estereotipos relacionados hasta ahora con la conducta y los rasgos del maltratador, como puede ser el consumo
de sustancias tóxicas y de alcohol, la vivencia de experiencias traumáticas en la edad infantil o los problemas psíquicos. En este
último aspecto, los datos del patrón de personalidad de un grupo de maltratadores basados en el inventario clínico multiaxial
Millon-II señalan a la compulsividad como rasgo más destacado de estas personas; no obstante, el percentil no supera el grado
de normalidad, por lo que se descarta la posibilidad de una psicopatología. Otros rasgos, como la esquizofrenia, la personalidad
límite, paranoide o la neurosis depresiva, muestran un percentil aún menor (a). De todos modos, el tratamiento psicológico
contribuye a que la sintomatología específica de los maltratadores mejore, según demuestran los datos del inventario SCL-
90-R aplicado en un grupo de maltratadores. Este cuestionario indica, asimismo, la normalidad en los rasgos de personalidad
de los victimarios (b).
a b
24 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
Normalización de las conductas
Con frecuencia nos preguntamos cómo una
mujer puede permanecer en una relación de
maltrato. La respuesta es multidimensional.
Por una parte, interviene la idea que las mu-
jeres tienen del maltrato. Al tratarse de un
fenómeno cultural, muchas de ellas están
socializadas en la aceptación de patrones de
conducta abusivos sin ser conscientes de ello.
Según un estudio reciente, en torno al 90
por ciento de las entrevistadas consideraba la
agresión física como única forma de maltrato
y las participantes de mayor edad asociaban en
menor medida el hecho de sufrir golpes con la
idea de malos tratos. Los resultados reflejan la
«normalización» de determinadas conductas
en las relaciones de pareja.
El ciclo de la violencia descrito por Walker no
solo constata las diversas fases del fenómeno
(tensión-agresión-remisión), sino que también
recoge las principales sintomatologías de la
mujer maltratada, de tal manera que revela la
trampa en la que muchas mujeres caen y per-
manecen hasta incluso morir.
En la fase de remisión (o «luna de miel»), el
agresor «refuerza» a su víctima con regalos o
signos de arrepentimiento para mantenerla jun-
to a él y evitar que actúe, de manera que elude
las denuncias y el abandono de la relación. Se
trata de una ideología ambivalente que com-
bina refuerzos y castigos, y dificulta a la mujer
detectar la situación y actuar. Si el marido se
muestra unas veces hostil y otras benevolente,
la esposa tiende a pensar que su propia conducta
precipita el maltrato, por lo que se atribuye la
responsabilidad de lo ocurrido. La frecuencia
y peligrosidad de dicho ciclo aumenta con las
reincidencias. De cada recaída, él aprende que la
violencia resulta un mecanismo útil de control
y dominio sobre ella, quien cada vez se siente
más dependiente e incapaz de predecir los gol-
pes; se anula y se centra en él, volviéndose más
sumisa y dependiente en un intento de evitar
la agresión.
Una vez iniciado, ¿qué mantiene el ciclo de
violencia? La ideología sexista desempeña de
nuevo una función importante. Las mujeres
tienden a utilizar una serie de mecanismos
personales y sociales para afrontar dicha expe-
riencia. Entre tales métodos destaca la negación.
Negar el maltrato constituye un mecanismo
de defensa psicológica, no supone ni mentir ni
ocultar lo que ocurre.
Dos factores propician que se mantenga o
se rompa la relación abusiva. Por un lado, los
exteriores y sociales, por otro, los de índole
psicológica, derivados del desempeño de su rol
femenino.
La mujer es víctima de unas funciones y ac-
titudes prejuiciosas: desigualdad en el reparto
de poder entre sexos, menor empleo femeni-
no y menos recursos materiales (lo cual con-
tribuye en gran medida a mantenerla en una
situación de dependencia), además de mayores
cargas domésticas. La expectativa de salir de la
situación y valerse por sí misma es escasa. Por
otro lado, la confianza en el sistema de justicia
y social es muy débil. Todo ello influye en que
la situación no se denuncie y se perpetúe. La
mujer maltratada se siente atrapada en una
circunstancia ambivalente ya que el marido
la maltrata, sin embargo se ocupa de ella y de
sus hijos, de manera que evita alejarse; la so-
ciedad le ofrece una serie de apoyos, mas no
los percibe de forma clara, de modo que difi-
culta que se acerque a la ayuda social. Entre
tanto, los síntomas se agudizan y las secuelas
se cronifican.
Mujeres atrapadas
Sin duda, uno de los factores de mayor riesgo
para las mujeres maltratadas es el «atrapamien-
to». Estas mujeres suelen sentirse atrapadas en
sus relaciones. Su proceso de decisión se de-
termina por la inversión que han hecho en la
relación (el tiempo que llevan con el novio o
el marido, la dependencia emocional que sien-
ten, las expectativas de futuro, el significado del
matrimonio y la familia, etcétera). Es como si
se activara un sesgo que influye en la toma de
decisión, al que podríamos denominar «error
de inversionista». Las mujeres invierten mucho
tiempo y apego emocional en sus relaciones para
conseguir compromiso, seguridad y estabilidad.
Cuando empiezan a experimentar abuso, apa-
recen dudas que pueden provocar conflictos en
sus decisiones, es entonces cuando se plantean
cuánto control tiene en la relación. Si perciben
poco, acaban desarrollando la «indefensión
aprendida», actitud que supone un obstáculo
para tomar decisiones encaminadas al abando-
no de la relación. Otras razones que agrandan los
obstáculos para separase de la pareja son la de-
pendencia emocional y económica respecto del
agresor, la falta de recursos, el miedo a romper la
familia y de afrontar en solitario la atención de
los hijos, las propias vivencias familiares (tole-
rancia al maltrato aprendido en la infancia), así
como la inseguridad que crea para las mujeres
el proceso judicial.
La violencia
de género
en la Red
www.observatorioviolencia.org
Observatorio de la Violencia
Estadistica, victimarios, informes
y estudios, denuncias, opinio-
nes, etcétera.
www.inmujer.es
Instituto de la mujer. Ministerio
de Trabajo y Asuntos Sociales.
Estadísticas, información gene-
ral, proyectos, cursos, congresos
y seminarios, publicaciones y
cuadernos bibliográficos.
www.eclac.cl/mujer
Naciones Unidas. División de
Asuntos de Género. División
Económica para América Latina
y el Caribe.
Áreas de desarrollo económico,
social, de derechos humanos y
poder e institucionalidad (esta-
dísticas, publicaciones, análisis
e investigaciones, proyectos).
www.fundacionmujeres.es
Fundación Mujeres. Organiza-
ción sin ánimo de lucro. Docu-
mentos, campañas, legislación,
estadísticas, talleres preventivos,
etcétera.
www.pueg.unam.mx
Programa Universitario de
estudios de género. Universidad
Nacional Autónoma de México.
Líneas de trabajo, publicacio-
nes, actividades, seminarios
y noticias.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 25
Uno de los principales síntomas que expe-
rimentan las mujeres maltratadas, como su-
cede en cualquier otro tipo de delito o hecho
traumático, es el síndrome de estrés postrau-
mático (a nivel general, un 25 por ciento de los
afectados). Pero mientras que en el caso de una
agresión sexual el porcentaje se sitúa entre el 50
y el 60 por ciento, en circunstancias de maltra-
to alcanza el 51 por ciento de las víctimas. Los
síntomas principales son depresión, ansiedad,
baja autoestima e inadaptación en diferentes
áreas de la vida. Existen también otros síntomas
temporales como estrategia de afrontamiento
ante una situación insostenible (abuso de alco-
hol y fármacos). Todo ello puede provocar en
las mujeres maltratadas el desarrollo de cierto
tipo de comportamientos que pueden resultar
problemáticos fuera de la situación de maltrato.
Entre los más comunes están ciertas pautas de
comunicación de tipo manipulativo-seductor
ya que la mujer maltratada ha aprendido a ma-
nipular como medio eficaz de mantener el con-
trol de su situación. Asimismo, puede mostrarse
seductora, sexualizando las relaciones sociales
para ganar afecto y neutralizar la agresión. Y
sobre todo, desarrolla suspicacia en exceso, un
estado de hipervigilancia crónica que le hace
estar preparada para anticipar la violencia.
Todas esas estrategias que resultan adaptati-
vas en las relaciones de violencia, se tornan un
obstáculo en las relaciones normales. A conse-
cuencia de ello, la mujer maltratada manifiesta
una baja autoestima y una disminuida valora-
ción de sí misma, sentimientos que inciden en
una alta probabilidad de que conviva de nuevo
con el maltratador o empiece una relación con
otro hombre que también la maltrate. Es un
comportamiento aprendido: la mujer busca de
forma inconsciente modelos de varón (y de re-
lación) que refuercen la conducta que ellas han
aprendido ante la agresión. Las víctimas de ma-
los tratos muestran una gran complacencia y
deseo de agradar, se creen capaces de realizar
todo a la perfección que su maltratador recla-
ma. Mas, cuando fallan en esas expectativas
irreales, se sienten culpables (influencia de la
ideología sexista). Asimismo, piensan que de
ellas depende el funcionamiento de la pareja y
de la familia, convicción que se traduce en un
comportamiento sumiso, dócil en exceso, que
entorpece la recuperación posterior.
La respuesta social es otro de los elementos
fundamentales en la lucha para erradicar el
problema. La Ley Integral de Violencia de Gé-
nero es sin duda una herramienta necesaria
para ello, pero no suficiente. Urge la necesidad
de abordar la verdadera causa del problema, su
naturaleza ideológica. Una cuestión de ideología
de género que afecta a hombres y a mujeres de
esta sociedad.
Francisca Expósito es profesora de psicología social
aplicada en la facultad de psicología de la Universidad
de Granada.
Formas de maltrato
No existe un consenso claro sobre qué es violencia de género y qué conducta debe excluirse de
la tipología penal de «violencia de género». No obstante, cada forma de violencia contribuye a
establecer el patrón de «configuración» que mantiene la relación de poder y dominio del hombre
sobre la mujer. Los diferentes tipos de maltrato son:
B Violencia física (la más explícita). B Manipulación de los hijos.
B Intimidación (miradas, gestos, acciones). B Aislamiento.
B Abuso emocional.
Justificación del maltrato
Las mujeres deben evitar las racionalizaciones que justifican y contribuyen a perpetuar la situación
de maltrato, con el fin de reconocerla y evitarla. Se trata de justificaciones relacionadas con el
desempeño del papel femenino tradicional. Entre las más habituales destacan:
B Negar el daño que se sufre.
B Apelar a ideales (mantenimiento de la familia).
B No separarse por el perjuicio a los hijos.
B Atribuirse el fracaso en el papel de mujer, como esposa y madre.
Entre el domino y el sometimiento
ASIMETRÍA SOCIAL
Agresor y víctima justifican
su situación según el papel
masculino y feme nino
aprendido.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
IT’S FOR YOUR GOOD: BENEVO-
LENT SEXISM AND WOMEN’S
REACTIONS PROTECTIVELY JUS-
TIFIED RESTRICTIONS. M. Moya,
P. Glick, F. Expósito, S. de
Lemus y J. Hart en Persona-
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DON’T ROCK THE BOAT:
WOMEN’S BENEVOLENT
SEXISM PREDICTS FEARS OF
MARITAL VIOLENCE. F. Expósi-
to, M. C. Herrera, M. Moya
y P. Glick en Psychology of
Women Quarterly, vol. 34,
págs. 36-42, 2010.
VICTIM BLAMING AND EXONE-
RATION OF THE PERPETRATOR IN
DOMESTIC VIOLENCE: THE ROLE
OF BELIEFS IN A JUST WORLD
AND AMBIVALENT SEXISM.
I. Valor-Segura, F. Expósito y
M. Moya en Spanish Journal
of Psychology, vol. 14, n.
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págs. 191-202, 2011.
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La trampa de la adicción
Drogas como la cocaína y la heroína bloquean, a través de mecanismos neuronales aprendidos,
la capacidad de tomar decisiones con conocimiento de causa. ¿Qué ocurre en las neuronas?
CHRISTIAN LÜSCHER
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 27
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ontemple por un momento el paisaje que se
muestra en estas páginas. Apacible, ¿cierto?
Incluso puede que le resulte relajante. No obstan-
te, las personas adictas a la cocaína reaccionan
de otra manera frente a la misma instantánea:
se les acelera el pulso, sus manos se humedecen
y experimentan un ansia insaciable de droga.
Dicho efecto lo observó el investigador en dro-
gadicción Daniele Zullino, del Hospital Univer-
sitario de Ginebra, en varios de sus pacientes al
mostrarles la imagen de marras.
La explicación del ensayo es sencilla: las bol-
sas blancas de plástico llenas de heno recuerdan
a los afectados el envoltorio usual de la cocaína.
En múltiples ocasiones bastan tales imágenes
para despertar un ansia poderosa de droga, in-
cluso a veces para provocar una recaída.
El experimento pone sobre el tapete el pro-
blema básico de la adicción: ciertas asociacio-
nes con el consumo de droga pueden llevar a
una pérdida de control y, con ello, a un consu-
mo forzoso. A menudo, la asociación se halla
RESUMEN
Una enfermedad
cerebral
1
Los mecanismos
biológicos de apren-
dizaje hacen que se
automatice el consumo
de una sustancia o una
conducta en los drogo-
dependientes.
2
Drogas como la co-
caína o la heroína
modifican ciertos recep-
tores de glutamato en el
mesencéfalo. Se pone en
marcha una cascada de
señales cuyo final cul-
mina en la enfermedad
adictiva.
3
La activación de los
receptores metabo-
trópicos de glutamato
impide la plasticidad
sináptica mediada por las
drogas y, con ello, quizá
también la aparición de
la adicción. Es posible que
los tratamientos futuros
actúen sobre esta diana.
IDILIO ENGAÑOSO
La imagen muestra una apacible casa de campo en Berna Alta tras la cosecha del heno. Mas para las
personas adictas a la cocaína significa algo más: la contemplación de las bolsas de plástico blancas puede
acelerar su frecuencia cardiaca, así como desencadenar un ansia insaciable de la droga.
28 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
tan arraigada que ni siquiera el sujeto adicto
la percibe. En Europa, 37 millones de personas
sufren dependencia de alguna sustancia; las dro-
gas más habituales son la nicotina, el alcohol,
la cocaína y la heroína. A ellos hay que sumar
los millones de adictos al juego o a la comida.
Desde el punto de vista clínico, todos compar-
ten una característica: la pérdida de control. A
pesar de la repercusión negativa, las personas
afectadas prefieren el consumo de una sustan-
cia o un determinado comportamiento a cual-
quier otra actividad. Una curación completa es
por ahora difícil, afirmación que, por otro lado,
denota una clara misión para la neurobiología
experimental, puesto que la adicción representa
una enfermedad del cerebro.
En los diez últimos años, los neurobiólogos
han descubierto algunos procesos corporales
que explican el trastorno. Hoy sabemos que la
activación excesiva de una pequeña parte del
mesencéfalo puede ocasionar la adicción: el área
tegmental ventral. Experimentos como el des-
crito al inicio del artículo, además de investiga-
ciones con animales, indican que la adicción se
genera a través de un aprendizaje patológico en
el que el área tegmental ventral desempeña una
función capital.
Para entender el fenómeno de la adicción, hay
que ocuparse primero de una cuestión esencial:
¿qué ocurre cuando la persona toma decisiones
soberanas? Dicha facultad aparece muy limitada
entre los adictos. Los humanos y los animales
poseen dos sistemas complementarios de toma
de decisiones que se asientan en lugares anató-
micos diferentes del cerebro según la decisión
sea planeada o automática.
La decisión sopesada persigue obtener el me-
jor resultado. Para ello exige comparar diversas
opciones, proceso que a su vez requiere tiempo.
Se trata de un procedimiento muy flexible; se-
gún las circunstancias, pueden tomarse deci-
siones diferentes.
En una decisión automática, en cambio, el
estímulo lleva de inmediato a una reacción,
Siguientes pasos
Los investigadores pretenden
desarrollar modelos animales
optimizados, de manera que
representen el proceso de la
adicción de forma más comple-
ta, además de ser accesibles a
técnicas genéticas, moleculares
y de biología celular. Los nuevos
métodos —como los canales
iónicos que se activan por la luz
y que pueden introducirse de
manera selectiva en las neuro-
nas del centro de gratificación—
deberían facilitar mediante
dichos modelos una verificación
más fiable de las hipótesis.
En el lenguaje coloquial se usan, de manera indistinta, los términos «dependencia» y «adic-
ción». Sin embargo, desde el punto de vista neurobiológico, deben diferenciarse.
La dependencia se define como la aparición de un síndrome de abstinencia en cuanto
deja de administrarse la sustancia tóxica. El síndrome de abstinencia resulta muy acusado
en el caso de la heroína y otros opiáceos, puesto que aparece horas después de la última
dosis. La dependencia puede tratarse con éxito a través de un programa de desinto-
xicación.
La adicción, por el contrario, designa un estado persistente en el que, a pesar de toda
la repercusión negativa, se consume la sustancia o se adopta una determinada conducta.
Esto también significa que, tras una desintoxicación satisfactoria, la persona deja de ser
dependiente, pero sigue siendo adicta. En cuanto vuelve a tomar la droga, pierde de nuevo
el control en muy poco tiempo.
Mientras algunas drogas, como los opiáceos (la heroína, entre otras), crean una de-
pendencia rapidísima, no todas las personas dependientes son en absoluto adictas. En
el caso de los opiáceos, la adicción se da en un porcentaje reducido de consumidores;
de hecho, con la droga más adictiva, la cocaína, solo una quinta parte cumple los crite-
rios diagnósticos de adicción. Lo mismo ocurre con comportamientos y acciones como
los juegos de azar. Según los estudios epidemiológicos, la ludopatía afecta a menos de
un uno por ciento de las personas que han jugado alguna vez en su vida. La inmensa
mayoría de los individuos puede acudir sin temor al casino, ya que podrá abandonarlo
sin problemas.
La diferencia entre adicción y dependencia, además de la observación de que, incluso
tras una exposición repetida, solo una minoría pierde el control de su conducta, ha lleva-
do a plantear dos preguntas fundamentales en la investigación moderna de la adicción:
¿sobre qué estructuras cerebrales actúan las drogas?; ¿qué alteraciones producen allí?
También debe averiguarse en qué grado se diferencian las alteraciones entre las personas
que realmente padecen adicción.
Dependencia y adicción, diferentes
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 29
con la ventaja de que las acciones discurren de
forma inconsciente. Ello permite dirigir al mis-
mo tiempo la atención hacia otras actividades,
como cuando se conduce un vehículo mientras
se conversa con el copiloto.
Los experimentos conductuales con múri-
dos revelan que las drogas causantes de adic-
ción conectan entre sí los dos sistemas con una
consecuencia: la «automatización» del consu-
mo. El sujeto no decide de manera voluntaria
sobre el consumo de la droga, sino que se ve
obligado a consumirla. Para validar tal hipó-
tesis, David Belin, del Laboratorio Barry Eve-
ritts de la Universidad de Cambridge, seccionó
las vías nerviosas que comunican entre sí los
dos sistemas decisorios del cerebro en ratas
cocainómanas. Acto seguido, los animales des-
plegaron mucho menos interés por el polvo
blanco; se interrumpió la automatización del
consumo.
En 2001, Mark Ungless, del Laboratorio de
Antonello Bonci, y Robert Malenka, de la Uni-
versidad de California en San Francisco, de-
sarrollaron una observación trascendente: una
sola dosis de cocaína refuerza determinadas
sinapsis del área tegmental ventral. Dicho efec-
to, de varios días de duración, se halla media-
do por iones de calcio que entran en la célula
El área tegmental ventral del mesen-
céfalo es una acumulación de cuerpos
de células nerviosas (núcleo nervioso) con
dos tipos de neuronas: por un lado, las
neuronas de proyección liberan el neu-
rotransmisor dopamina hacia la porción
ventral del estriado (en concreto, al nú-
cleo accumbens) y hacia la corteza pre-
frontal. Las interneuronas, por su parte,
descargan el transmisor inhibidor GABA
al área tegmental ventral y frenan así la
actividad de las neuronas de proyección.
Todas las drogas adictivas incrementan las
cifras de dopamina del núcleo accumbens
(las bases moleculares se han descubierto
en los últimos años con ratones genética-
mente modificados). Hoy, los investigado-
res diferencian tres mecanismos.
1) Algunas drogas inhiben las interneu-
ronas y potencian, con ello, la actividad
de las neuronas dopaminérgicas. A este
grupo pertenecen los opiáceos, el can-
nabis, el gammahidroxibutirato (GHB) y,
probablemente, también las benzodiace-
pinas, aunque en estas últimas todavía
falta la comprobación experimental.
2) La nicotina activa directamente las
neuronas dopaminérgicas a través de los
receptores de acetilcolina a4b2. Así se
ha comprobado en un experimento con
ratones que carecían de la subunidad
b2 del receptor: los animales no mani-
festaron interés alguno por la nicotina
que se les ofrecía. Cuando Uwe Maskos,
del Instituto Pasteur de París, restauró la
subunidad b2 en las células nerviosas del
área tegmental ventral de los múridos,
estos empezaron a consumir la nicotina
ofrecida.
3) La cocaína, la anfetamina y el éxtasis
modifican el transportador de dopamina
que vuelve a captar la dopamina liberada
en el espacio sináptico entre dos neuro-
nas, de manera que bloquean el proceso
normal. Las anfetaminas penetran hasta
el interior de la célula nerviosa, donde
impiden que las vesículas sinápticas se
llenen de dopamina. De esta manera, se
eleva la concentración de dopamina den-
tro de la neurona y se invierte en última
instancia el sentido de transporte de di-
cho neurotransmisor: la célula absorbe
menos dopamina y libera más hacia la
sinapsis. Como las anfetaminas, el éxtasis
también entra dentro de la célula y con
ello destruye las neuronas, a diferencia
de la cocaína.
Las drogas como la dietilamina del áci-
do lisérgico (LSD) no aumentan, sin em-
bargo, las cifras de dopamina; por este
motivo, tampoco producen adicción.
Los tres caminos hacia la adicción
Área tegmental ventral Región ventral
del cuerpo estriado
1. Inhibición
de interneuronas
(opiáceos,
cannabis, GHB,
benzodiacepinas)
2. Activación directa
(nicotina)
3. Bloqueo
de la recaptación
de dopamina (cocaína,
anfetamina, éxtasis)
Dopamina
Inter-
neurona
Neuronas
de proyección
GABA
Dopamina
G
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La cocaína
en la memoria
de los ratones
Se introduce el ratón en una
jaula con dos mitades diferen-
tes. Se graba al animal con una
videocámara durante 15 minu-
tos. Tras administrarle cocaína,
se aprecia una preferencia del
múrido por el lado del habi-
táculo en el que se le inyectó
la droga; en este caso, el
izquierdo. En la imagen inferior
aparece el recorrido del ratón.
a través de los receptores NMDA (receptores
ionotrópicos del neurotransmisor glutamato).
El aumento de la concentración de calcio pone
en marcha una cascada de reacciones bioquí-
micas, cuya consecuencia es la modificación
de otro tipo de receptores de glutamato, los
receptores AMPA.
Mecanismo de aprendizaje fatal
Entre tanto, algunos grupos de investigación han
confirmado tal observación, incluso con otras
drogas adictivas. Estas sustancias modifican los
lugares de contacto entre las células nerviosas
del cerebro. Los neuroinvestigadores hablan de
plasticidad sináptica, un proceso neuronal que
se desarrolla siempre que aprendemos.
En nuestro laboratorio de Ginebra tratamos
de seguir la pista al mecanismo molecular que
genera la adicción. Mi colaboradora Camilla Be-
llone se centró en los receptores de glutamato de
tipo AMPA. De este modo comprobó que la sín-
tesis de tales receptores experimentan cambios
sustanciales cuando se potencia la transmisión
de la señal: en lugar de contener una subunidad
GluR2 y otra GluR1, solo contienen subunidades
GluR1.
Este juego de variaciones afecta por partida
doble en la función de la sinapsis. Los recepto-
res reaccionan entonces con más sensibilidad
—en consecuencia, la respuesta neuronal se
potencia— y, además, siguen mostrándose per-
meables a los iones de calcio, los cuales no solo
actúan como neurotransmisores para la plasti-
cidad sináptica, sino que regulan otras muchas
funciones esenciales de la neurona.
En nuestro laboratorio, Manuel Mameli in-
vestigó la posibilidad de revertir la plasticidad
producida por las drogas. Aisló cortes finos de
encéfalos de ratón en placas de Petri y com-
probó, a través de mediciones eléctricas, que
se necesita para ello otro tipo de receptores
de glutamato, los metabotrópicos. A los pocos
minutos de su activación, se producen nuevos
receptores AMPA que contienen GluR2 y se in-
corporan a la sinapsis. En otros experimentos,
Mameli comprobó que el mecanismo ocurre en
cortes cerebrales y en ratones vivos.
Los receptores metabotrópicos de glutamato
representan, pues, una especie de sistema de-
fensivo contra la adicción, lo que explicaría por
qué un pequeño porcentaje de todos los consu-
midores de drogas sufren una adicción clínica:
es posible que estas personas presenten una vul-
nerabilidad especial debido a que sus receptores
metabotrópicos se activen con dificultad.
La plasticidad originada por las drogas no
se limita al área tegmental ventral, también se
presenta en la corteza cerebral o en el núcleo
accumbens, ambos conectados directamente
con el área tegmental ventral. Para que ocurra
esta modificación cerebral en una rata, debe ad-
ministrarse de forma repetida la droga durante
al menos una semana, a diferencia del «efecto
único» característico en los receptores de gluta-
mato NMDA del área tegmental ventral.
Tal secuencia temporal lleva a pensar que las
distintas formas de plasticidad inducidas por
las sustancias tóxicas se relacionan entre sí, de
tal manera que suman juntas una reacción en
cadena. Así, las modificaciones sinápticas del
área tegmental ventral podrían, con el tiempo,
determinar cambios en las neuronas del núcleo
accumbens. Solo entonces, la toma de decisiones
pasaría al modo automático que llevaría a una
conducta compulsiva.
Con el fin de comprobar tales supuestos pue-
den efectuarse pruebas conductuales en ratones;
no obstante, la complejidad de la adicción no
puede simularse en toda su extensión en este
tipo de modelos experimentales. Por tal moti-
vo, los investigadores se concentran en algunos
aspectos como la activación de la conducta adic-
tiva a través de los contenidos de la memoria.
En este tipo de experimentos se introduce a
un ratón en una jaula dividida en dos mitades
(izquierda y derecha) con paredes de diferente
color o cenefa. Una cámara de vídeo registra,
durante un cuarto de hora, los movimientos
espontáneos del múrido; también se anota la
trayectoria que lleva a cabo.
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Dosis pequeña, larga acción
Tras inyectar una dosis de cocaína al ratón, se
le mantiene mediante un obstáculo en la parte
izquierda de la jaula. Al día siguiente, se retira la
barrera. Sin embargo, el ratón permanece en la
mitad izquierda del habitáculo, ya que al parecer
asocia el color de la pared de la izquierda con la
droga. Este efecto recordatorio dura varios días.
Incluso puede provocarse semanas después al
administrar una nueva pequeña dosis de cocaí-
na al animal. Lo mismo ocurre con los humanos
toxicómanos.
Ainhoa Bilbao, del Laboratorio de Rainer
Spanagel en el Instituto Central de Salud Men-
tal de Mannheim, efectuó en 2008 la misma
prueba con un ratón modificado genéticamen-
te. El animal carecía de los receptores NMDA
en las neuronas dopaminérgicas del área teg-
mental ventral, cuya activación representa
el disparo inicial para la drogadicción. El re-
sultado fue significativo: a diferencia de los
ratones normales, una dosis única y pequeña
de cocaína no ocasionaba un efecto duradero
en la memoria. En cuanto el roedor olvidaba
la relación entre espacio y droga, no se reacti-
vaba el recuerdo. Es decir, no ocurría ningún
riesgo duradero de recaída y, en consecuencia,
tampoco aparecía ninguna adicción en el sen-
tido clínico.
Nuestro grupo comprobó asimismo que la
plasticidad sináptica inducida por las drogas
se extiende en pocos días desde el área teg-
mental ventral hasta el cuerpo estriado. Así
pues, se modifican círculos cada vez más ex-
tensos del sistema de gratificación lo que, en
última instancia, puede llevar a una pérdida
del control.
Los conocimientos crecientes de ambos me-
canismos auguran que pronto entenderemos
por qué diferentes personas presentan distinta
vulnerabilidad frente a la adicción. Es de prever
que en un período razonable de tiempo podrá
disponerse de un tratamiento causal para este
trastorno.
Christian Lüscher es neurólogo, neurobiólogo
y profesor en la facultad de medicina en la Universidad
de Ginebra.
Núcleo
accumbens
Área tegmental
ventral
Corteza
orbitofrontal
Hipocampo
Mesencéfalo
Cuerpo estriado
Globo pálido
Tálamo
Corteza cerebral
Mesencéfalo
Cuerpo estriado
Globo pálido
Tálamo
Corteza cerebral
Porción dorsal
del cuerpo estriado
Sustancia
negra
Lóbulo
parietal
Decisión
planeada
Decisión
automática
DIFERENCIA DECISIVA
Las decisiones conscientes y planificadas se originan en la porción ventral
del cuerpo estriado (núcleo accumbens), en el hipocampo y en la corteza
orbitofrontal. Las decisiones automáticas, en cambio, activan otras regiones
dorsales del lóbulo parietal y del cuerpo estriado. Los dos sistemas son
regulados por la dopamina; por un lado, desde el área tegmental ventral,
por otro, desde la sustancia negra.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
COCAINE-EVOKED SYNAPTIC
PLASTICITY: PERSISTENCE IN
THE VTA TRIGGERS ADAPTA-
TIONS IN THE NAC. M. Mameli
et al. en Nature Neuro-
science, vol. 12, págs. 1035-
1041, 2009.
DRUG-EVOKED SYNAPTIC
PLASTICITY IN ADDICTION:
FROM MOLECULAR CHANGES
TO CIRCUIT REMODELING.
C. Lüscher y R. C. Malen-
ka en Neuron, vol. 69,
págs. 650-663, 24 de fe-
brero de 2011.
COCAINE INVERTS RULES FOR
SYNAPTIC PLASTICITY OF GLU-
TAMATE TRANSMISSION IN THE
VENTRAL TEGMENTAL AREA.
M. Mameli, C. Bellone,
M. T. C. Brown y C. Lüscher
en Nature Neuroscience,
publicado online el 20 de
febrero de 2011.
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squiar, jugar al tenis o tejer un jersey repre-
sentan acciones motoras complejas que de-
bemos practicar durante un tiempo para llegar
a dominarlas. Una vez que las hemos interio-
rizado, tales capacidades casi nunca desapare-
cen; incluso después de un prolongado desuso
somos capaces de volverlas a ejercer con mayor
facilidad que cuando las aprendíamos. Aunque
pasen muchos años, nos sigue sorprendiendo la
rapidez con la que recordamos unos determi-
nados pasos de baile que creíamos olvidados
para siempre.
Este fenómeno tan familiar para los humanos
no ocurre solo en el aprendizaje de patrones de
movimiento. También se da en la memoria de-
clarativa, la cual almacena los recuerdos relacio-
nados con hechos y vivencias personales.
El primer científico en escrutar dicha propie-
dad de nuestra memoria fue el psicólogo alemán
Hermann Ebbinghaus (1859-1909). Ya a finales
del siglo XIX, Ebbinghaus aprendió de memo-
ria largas listas de sílabas absurdas (tipo «huk»,
«lik», «bök») para medir acto seguido cuántas
repeticiones precisaba para reproducir de for-
ma correcta una secuencia. Comprobó que, al
memorizar de nuevo una serie de sílabas ya es-
tudiada, requería de menos repeticiones para
recordarla. La diferencia entre las reiteraciones
necesarias de las primeras grabaciones y las si-
guientes la bautizó con el término «ahorro».
No solo la memoria humana dispone de tal
capacidad, sino también la de muchos animales.
Así lo demostraron los experimentos de condi-
cionamiento clásico desarrollados con conejos:
si se soplaba a los ojos del animal un chorro
de aire, este cerraba enseguida los párpados. Si
dicho estímulo se combina cada vez con un so-
nido determinado, al cabo de un rato el sonido
por sí solo desencadenaba el reflejo de oclusión
palpebral. No obstante, el aprendizaje no resul-
taba ilimitado en el tiempo, pues ocurría una
«extinción»: el estímulo acústico acababa por no
inducir el reflejo del párpado en los conejos.
Si se retomaba el experimento, se observaba
asimismo un «ahorro». Durante el segundo pro-
ceso bastaban menos combinaciones de sonido
y chorro de aire para condicionar el cierre palpe-
bral. Estudiosos de la memoria han observado
fenómenos similares incluso en organismos
simples como el caracol de mar Aplysia.
Cuando los seres humanos, así como los ani-
males, aprenden, ocurre al parecer un cambio
permanente en su sistema nervioso. Este per-
siste, al menos de manera parcial, aun cuando
el conocimiento adquirido parece haberse olvi-
dado con el transcurrir del tiempo. ¿Qué meca-
nismos neuronales subyacen a tales recuerdos
«ocultos»?
Según se sabe hasta ahora, el aprendizaje se
basa en la modificación de las sinapsis, los lu-
gares de contacto entre las células del cerebro.
Dichas conexiones neuronales pueden tornarse
más fuertes o más débiles, generar nuevos con-
tactos o destruir los ya existentes, con lo que se
modifica la transmisión de la información desde
una neurona a la siguiente.
En el condicionamiento descrito del cierre
palpebral, la idea resulta muy simple: la per-
cepción repetida y simultánea del sonido y del
chorro de aire genera nuevas comunicaciones
sinápticas entre las neuronas auditivas que
procesan los ruidos y las neuronas motoras que
desencadenan el cierre del párpado. Gracias a
dicha comunicación, el estímulo acústico puede
inducir una oclusión del párpado en el animal.
Los procesos concretos que tienen lugar dentro
Sinapsis «durmientes»
Montar en bicicleta, tocar la guitarra, leer en francés. Con facilidad logramos
reactivar capacidades que creíamos perdidas. Aunque no utilicemos las conexiones nerviosas
correspondientes desde hace largo tiempo, una vez anudadas, permanecen
MARK HÜBENER
RESUMEN
Huellas
del recuerdo
1
El cerebro puede
recuperar las capa-
cidades que se creían
perdidas en un instante;
se trata del método del
«ahorro».
2
Experimentos con
ratones demuestran
que al practicar una ac-
tividad se crean espinas
dendríticas nuevas en
las neuronas que estable-
cen contacto con otras
neuronas.
3
Pese a un desuso
prolongado, las
conexiones adicionales
permanecen y permiten
refrescar el recuerdo.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 33
del cerebro son complejos; no obstante, el prin-
cipio no cambia: el aprendizaje consiste en la
modificación de la intensidad de transmisión
de las señales en la sinapsis.
¿Sobre qué mecanismo se sustenta «el ahorro»
cuando se refresca un recuerdo que se creía olvi-
dado? Para explorarlo, empleamos en el Instituto
Max Planck de Neurobiología de Martinsried un
modelo ya concebido en los años sesenta por los
entonces futuros premios nóbel Torsten Wisel y
David Hubel. Ambos médicos de la Universidad
de Harvard en Cambridge (Massachusetts) eli-
minaron temporalmente las aferencias en uno
de los ojos de los gatos jóvenes experimentales,
colocándoles un parche ocular que tan solo per-
mitía el paso de luz difusa.
Células con capacidad de adaptación
Al cabo de unas semanas, los investigadores
restablecieron la visión normal de los anima-
les. Comprobaron que se había modificado la
actividad de las neuronas situadas en la corteza
visual (región cerebral en la que se procesan por
primera vez en conjunto las informaciones que
llegan de ambos ojos). Las neuronas del centro
de la visión respondieron con menor intensidad
ante los estímulos luminosos en el ojo que había
sido ocluido durante un tiempo, mientras que
la misma estimulación en el ojo preservado en
condiciones normales se dispararon con mayor
fuerza. Sin embargo, experimentos posteriores
revelaron que el efecto no permanecía a largo
plazo; al poco tiempo, las células nerviosas en-
trenadas de esta manera regresaban a la nor-
malidad.
En 2008, nuestro grupo demostró, mediante
la investigación con múridos, que el ahorro se
daba incluso en aprendizajes sencillos. Cuando
oscurecimos uno de los ojos de los animales solo
durante tres días y luego estimulamos ambos
ojos por separado con un haz de luz, las neu-
ronas aún no se habían adaptado a la ceguera
unilateral: siguieron igual de activas que en los
animales con visión normal, fuese cual fuese
el ojo estimulado. En cambio, las neuronas de
aquellos ratones que durante seis semanas solo
habían podido gozar de una visión monocular
reaccionaron con mayor intensidad al estimu-
larse su ojo no tapado.
Semanas después, volvimos a colocar un par-
che en el ojo de los ratones «entrenados», cuya
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UNIDAD ELEMENTAL DE LA MEMORIA
Las neuronas, como esta célula piramidal de la
corteza visual, son las responsables del aprendizaje.
A través de las espinas dendríticas situadas en sus
ramas se comunican con otras neuronas.
34 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
visión y actividad neuronal ya se habían norma-
lizado. Bastaron tres días para que las neuronas
aprendieran a dar de nuevo preferencia al lado
con visión normal. La primera oclusión dura-
dera propició que el aprendizaje reapareciera
en poco tiempo en las pruebas posteriores. A
pesar de tratarse de un proceso muy sencillo de
aprendizaje, el efecto coincide con el «ahorro»
descrito por Hermann Ebbinghaus en la repeti-
ción de sílabas absurdas.
Con el fin de comprender el fundamento de
las modificaciones sinápticas, desarrollamos el
mismo experimento con ratones sometidos a
modificación genética. Un microscopio de dos
fotones permitía contemplar con exactitud la
estructura de las neuronas de estos múridos.
En particular, nos interesaban las espinas
dendríticas: prolongaciones minúsculas, de
escasas milésimas de milímetro, situadas en
las neuronas. Cada una de estas espinas se
comunica, a través de una sinapsis, con otra
célula nerviosa. Poco después de la oclusión
pasajera de un ojo del ratón, el número de es-
tas espinas y, en consecuencia, el número de
sinapsis, aumentó en las células piramidales
de la corteza visual examinada. Sospechamos
que las conexiones nerviosas adicionales ex-
plicaban por qué las células respondían con
mayor intensidad ante el estímulo luminoso
en el ojo intacto.
Sin embargo, sorprendió que, incluso después
de que los animales recuperaran la visión en
ambos ojos y que las neuronas reaccionaran de
manera habitual al estímulo de luz, las espinas y
la sinapsis recién formadas permanecían, si bien
habían retrocedido bastante. ¿Podrían estas co-
nexiones nerviosas adicionales y «durmientes»
explicar que los ratones aprendieran con mayor
rapidez en la segunda ocasión de adaptación al
estímulo visual alterado?
La segunda vez, más rápida
Para verificarlo, volvimos a ocluir uno de los
ojos de los ratones experimentales. Como era
previsible, la sensibilidad de las neuronas se
desplazó enseguida hacia el lado con visión.
A diferencia del primer aprendizaje, no se for-
maron nuevas espinas, pero se conservaron las
comunicaciones debilitadas. Al tapar otra vez
el ojo no aparecían sinapsis nuevas, empero se
reforzaban las conexiones establecidas con an-
terioridad. Ello requiere un menor esfuerzo, por
lo que, en una segunda exposición, los animales
aprenden más deprisa.
La hipótesis se corresponde con una obser-
vación realizada en los últimos años por otros
científicos: cuanto mayor es una sinapsis y la es-
pina dendrítica correspondiente, más impulsos
eléctricos intensos pueden intercambiarse las
neuronas a través de ese nexo. De hecho, con la
ayuda de un microscopio de dos fotones, obser-
vamos que las espinas dendríticas nuevas que
se creaban en las neuronas de los múridos du-
rante el primer aprendizaje habían aumentado
de tamaño, aunque se contraían de nuevo tras
destapar el ojo «cegado» del ratón. En la segunda
¿Qué significa
plasticidad?
El concepto de plasticidad desig-
na la capacidad del cerebro para
adaptarse. En la «plasticidad
cortical», regiones enteras de la
corteza cerebral asumen nuevas
tareas en el caso de lesiones.
En cambio, la «plasticidad
sináptica» significa que la in-
tensidad con que se transmiten
las señales entre dos neuronas
se refuerza mediante el uso
repetido. Ello puede suceder
a través de procesos químicos
o del crecimiento de la sinapsis.
Antes del aprendizaje Con el aprendizaje Con el olvido Con el reaprendizaje
Dendrita Espina recién
formada
Espina
reactivada
Espina
en retroceso
Axón de otra
neurona
OLVIDADO, NO DESAPARECIDO
Según nuestro modelo, los
recuerdos ocultos se basan en
sinapsis que retroceden después
de una larga pausa pero que
todavía se conservan.
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oclusión, su espesor volvió a reducirse. Así, el ta-
maño de las espinas variaba según la reacción de
las neuronas de la corteza visual en su conjunto
a los estímulos visuales.
Pese a que estos datos despejan los procesos
celulares que subyacen en el aprendizaje y el
fenómeno del «ahorro» en la memoria, quedan
todavía una serie de interrogantes por resolver.
Así, partimos de la idea de que, tras el primer
aprendizaje, la actividad neuronal modificada
se debe a las espinas recién formadas. Para con-
firmar tal suposición, cabe observar de forma
selectiva y exacta la sinapsis después de apli-
car un estímulo luminoso. No obstante, existen
dificultades técnicas que complican el experi-
mento, pues se trata de estructuras con tamaños
de milésimas de milímetro. Es probable que en
próximas investigaciones podamos marcar las
neuronas de la corteza visual con un pigmen-
to especial que permita visualizar los cambios
minúsculos en las concentraciones de calcio de
cada espina dendrítica.
Para probar de forma directa que las espinas
recién formadas y permanentes favorecen el
«ahorro» con el aprendizaje repetido, deberían
desconectarse de manera selectiva las sinapsis
después del primer aprendizaje, con lo que el
segundo aprendizaje duraría el mismo tiempo
que el primero. En principio, dicho experimento
puede efectuarse, por ejemplo, mediante un rayo
láser que elimine las espinas correspondientes.
Sin embargo, al poseer cada neurona cortical
multitud de miles de espinas a las que deben
sumarse otros centenares relacionados con la
oclusión de los ojos, el experimento resultaría
extraordinariamente laborioso.
Aunque resten detalles por aclarar, nuestros
experimentos revelan que con los procesos de
aprendizaje permanecen las nuevas conexiones
creadas entre las neuronas, las cuales facilitan
el aprendizaje posterior. Todo apunta a que se
trata de un principio general: la memoria no
destruye las sinapsis en desuso, sino que opta
por conservarlas en una especie de «sueño de la
Bella Durmiente». Si al cabo de años o decenios
decidimos volver a montar en bicicleta, no de-
bemos aprender de cero a guardar el equilibrio.
Las sinapsis durmientes despiertan.
Mark Hübener es director del grupo de trabajo sobre
Desarrollo del Sistema Visual en el Instituto Max Planck
de Neurobiología de Martinsried.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
MASSIVE RESTRUCTURING OF
NEURONAL CIRCUITS DURING
FUNCTIONAL REORGANIZA-
TION OF ADULT VISUAL COR-
TEX. T. Keck et al. en Nature
Neuroscience, vol. 11, n.
o
10,
págs. 1162-1167, 2008.
EXPERIENCE LEAVES A LASTING
STRUCTURAL TRACE IN COR-
TICAL CIRCUITS. S. B. Hofer
et al. en Nature, vol. 457,
n.
o
7227, págs. 313-317,
2009.
SEARCHING FOR ENGRAMS.
M. Hübener y T. Bonhoeffer
en Neuron, vol. 67,
págs. 363-371, 2010.
Los investigadores se sirvieron de un microsco-
pio de dos fotones para analizar las neuronas y
otras células en detalle. Dicha técnica aprovecha
la capacidad de «fluorescencia» de algunas sus-
tancias: cuando se proyecta sobre ellas una luz
con una longitud de onda determinada, emiten
fotones que percibimos a simple vista. Un ejem-
plo conocido de este efecto son las prendas de
vestir blancas que bajo la luz ultravioleta o «luz
negra» brillan en la oscuridad.
En la microscopía de dos fotones se iluminan
con un láser las células preparadas; en el extre-
mo del láser, dos partículas luminosas inciden
de forma simultánea sobre un colorante fluo-
rescente. De esta manera se puede operar con
una luz de menos energía; solo cuando se re-
únen los dos fotones brilla el tejido. El enfoque
preciso permite, además, una mayor resolución
y un menor ruido de fondo.
Con todo, ¿cómo penetran los pigmentos
fluorescentes en las neuronas? En las placas
de cultivo se pueden introducir colorantes
que penetren en un tipo de célula. Esta técni-
ca permite, asimismo, examinar el cerebro de
animales vivos. Existen ratones modificados
genéticamente para que algunas de sus neu-
ronas fabriquen una proteína especial: la pro-
teína verde fluorescente. Para irradiar dichas
neuronas in vivo y rastrear su luz, es necesario
reemplazar antes una parte del cráneo por un
disco transparente.
Mirada nítida del cerebro con la fluorescencia
EJEMPLAR ESPLÉNDIDO
Neurona de la corteza
visual de un ratón vivo,
proyectada con un
microscopio de dos
fotones.
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magínese la siguiente escena: en el año
2030 un joven acude a una consulta
psicoterapéutica. Padece un constante
impulso a utilizar Metanet, una versión
avanzada de Internet. Este le lleva a una
segunda existencia virtual que apenas
puede distinguir de la vida real. Se retrae
de sus relaciones sociales, con frecuen-
cia se manifiesta intranquilo. Después de
una primera conversación, el terapeuta
lo lleva a una habitación contigua en la
que se realizan escáneres cerebrales bajo
estímulos de diverso tipo. Las imágenes
muestran que el hombre en cuestión
padece un trastorno impulsivo, es de-
cir, ni una dependencia ni un trastorno
esquizoide. Asimismo, se le realiza un
análisis de sangre. A través del perfil ge-
nético del paciente, el terapeuta confirma
qué medicamentos se deben considerar
en su caso. El tratamiento sigue en la
consulta a lo largo de varias sesiones. Al
cabo de seis semanas, se le practican de
nuevo escáneres cerebrales, los cuales de-
muestran que los patrones de actividad
cerebral del paciente se han normaliza-
do. Asimismo ha mejorado el impulso a
utilizar Metanet y, en general, el sujeto
se encuentra satisfecho. El tratamiento
ha sido un éxito, por lo que, en principio,
se le da el alta.»
¿Hasta qué punto consideran realista
la visión del futuro descrita?
Gred Rudolf: No la considero ni proba-
ble ni deseable. En el fondo refleja una
interpretación demasiado mecanicista
de los procesos psíquicos. En estos pro-
cesos siempre se halla en juego la per-
sona en su totalidad, sus vivencias, su
conducta, sus relaciones con los demás.
¿Qué dicen la compañera o los padres del
joven? ¿Por qué utiliza siempre Metanet?
¿Qué hay detrás de ello? ¿Qué factores
condicionan esa conducta? Espero y su-
pongo que nunca podremos responder
a dichas preguntas a base de conceptos
fisiológicos puros.
Peter Henningsen: Yo lo veo de otra ma-
nera. Tampoco creo que llegue un mo-
mento en que se pueda diagnosticar una
enfermedad psíquica con solo conocer
un patrón de la actividad cerebral. Una
psicoterapia no puede limitarse a alterar
parámetros determinados en el cerebro.
¿Psicoterapia a partir del escáner cerebral?
Los expertos intentan mejorar el diagnóstico y tratamiento de los trastornos psíquicos
con el estudio de imágenes del encéfalo. ¿Es la neuropsicoterapia la panacea para tratar
las patologías mentales, o se trata solo de una moda pasajera? ¿Nos encontramos
ante una era de manipulación del cerebro?
DEBATE COORDINADO POR JASMIN ANDRESH Y STEVE AYAN
PUNTO DE VISTA
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GERD RUDOLF
B Nació en 1939 en Neunkirchen.
B De 1959 a 1964 estudió medicina en
Homburg, Colonia y Berlín.
B Fue asistente en la Universidad Libre
de Berlín.
B De 1989 a 2004 fue director médico
de la Clínica Psicosomática de Heidel-
berg.
B En 2004 recibió el premio Heigl por
méritos al servicio de la psicoterapia.
B De 2006 a 2009 fue presidente del
Consejo Científico de Psicoterapia
alemán.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 37
Aunque espero que se perfeccionen nues-
tros modelos y criterios diagnósticos. Es
posible que algunos trastornos que toma-
mos como diferentes se deban, al menos
en parte, a procesos de aprendizaje o défi-
cits funcionales similares. No se descarta
que cuando sepamos qué procesos neu-
ronales intervienen se puedan planear y
supervisar mejor los tratamientos.
Dr. Rudolf, ¿en qué se basa su temor a
un gran peligro? ¿Teme una reducción
unilateral de la persona a su cerebro?
Rudolf: Naturalmente, en la base de nues-
tras vivencias subjetivas existen siem-
pre actividades neuronales. La cuestión
es ¿de qué nos sirve este conocimiento?
Espero que la investigación neurológica
aclare la fisiología de funciones psíqui-
cas importantes como la autorreflexión,
el control de los impulsos o la empatía.
Ello ayudaría de manera decisiva al es-
tímulo terapéutico de tales funciones y a
la explicación de los trastornos. Podrían
conocerse, por ejemplo, cuándo existen
fases especialmente sensibles, es decir,
vulnerables en el desarrollo. En el trata-
miento de los niños ello puede propor-
cionar conocimientos muy significativos.
Pero en psicoterapia la relación entre el
terapeuta y el paciente resulta decisiva.
El pensamiento biologista puede llevar
a una disociación notable que podría re-
sumirse en la frase: «El que se encuentra
enfermo es mi cerebro, no yo». Muchos
hablan hoy de su amígdala, no de sus
sentimientos, o de «neuronas espejo»
en lugar de relaciones sociales. Tales ex-
presiones no aclaran nada.
Dr. Henningsen, ¿dónde ve usted las
grandes oportunidades para una «neu-
ropsicoterapia»?
Henningsen: En dos ámbitos. Por una
parte, como muestra la escena descrita,
en un futuro debe ser posible adecuar
mejor la terapia a los pacientes. Hoy ya
hemos dado importantes avances en este
sentido, por ejemplo en la búsqueda de
biomarcadores que indiquen la recepti-
vidad a determinados medicamentos.
Un problema de la terapia es que con
frecuencia deben ensayarse métodos
diversos hasta dar con el tratamiento
apropiado. Varía mucho de un paciente
a otro. Una mejor predicción de los posi-
bles efectos aportaría una ayuda impor-
tante, incluso en psicoterapia. Por otra
parte, espero que nuestros diagnósticos
sean más exactos. Una mejor compren-
sión de lo que pasa en el cerebro con
relación a los trastornos, por ejemplo,
en conductas compulsivas o en depre-
siones, contribuiría a plantear la actitud
de manera diferenciada ante pacientes
con síntomas determinados.
Los trastornos psíquicos ¿son también
enfermedades del cerebro?
Henningsen: No, de ninguna manera.
No existe ningún patrón neuronal que
permita determinar si una persona está
sana o enferma. No puede determinar-
se limitándose en exclusiva a estudiar
el cerebro. En los trastornos psíquicos
intervienen muchas dimensiones: el
pensamiento, los sentimientos, la con-
ducta, también el ambiente social en la
vida cotidiana. Aunque tampoco pueden
describirse atendiendo tan solo a estos
aspectos. A menudo los trastornos psí-
quicos van acompañados de alteraciones
neuronales, pero no necesariamente en
todos los casos. Con frecuencia no está
claro si las alteraciones neuronales son
la causa del trastorno, su consecuencia,
o la expresión de un mecanismo com-
pensatorio.
En todo caso, las explicaciones neu-
ronales de los fenómenos psíquicos re-
sultan hoy muy atractivas. Parece que
muchas personas se quedan más tran-
quilas con sus vivencias si saben que
durante ellas sucede algún fenómeno
en su cerebro. ¿Se trata de una huida o
una bendición?
Henningsen: En el ámbito psicosomáti-
co, área de la que me ocupo, se trata de
un hecho muy frecuente. Los pacientes
PETER HENNINGSEN
B Nació en 1959 en Stuttgart.
B De 1977 a 1984 estudió medicina en
Stuttgart, Friburgo, Berlín y Cambridge.
B Fue asistente de neurología y psicoso-
mática en Berlín y Heidelberg.
B Desde 2005 es director de la Clínica
de Medicina Psicosomática y Psicote-
rapia en el Klinikum rechts der Isar de
la Universidad Técnica de Múnich.
38 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
temen que no se les tome en serio si no
existe una causa somática de su trastor-
no. Incluso personas con depresión o es-
quizofrenia manifiestan el prejuicio de
que su enfermedad se debe a una peque-
ña lesión en el cerebro. Con frecuencia
la remisión a un proceso neuronal pro-
duce mejoría porque legitima el propio
sufrimiento.
Rudolf: Me parece que a menudo la sa-
tisfacción se la llevan los propios tera-
peutas. Si puede demostrarse que «real-
mente hay algo» que puede verse, una
causa material y perceptible del tras-
torno psíquico, parece que a los ojos de
muchos gana peso la comprensión de la
enfermedad. Creo que es contraprodu-
cente, ya que el problema se diluye en
su descripción fisiológica.
Henningsen: De todas formas considero
un avance que la investigación neuroló-
gica de hoy señale dónde radica el pro-
blema, es decir, en la cabeza. El dolor en
una parte del cuerpo con frecuencia no
tiene nada que ver con esa zona determi-
nada. En todo caso hay que prevenirse de
creer que nuestro destino se encuentra
en el cerebro. Algo similar ocurre con los
genes: desde que los desciframos, des-
cubrimos cada vez más la flexibilidad
de nuestra dotación genética. Lo mismo
puede decirse de los procesos neurona-
les: son igual de fácil o difícil de alterar,
como las vivencias y las conductas.
¿Piensan que el entusiasmo por la
neurología actual es una moda pasaje-
ra o nos encontramos ante un cambio
de paradigma?
Rudolf: Con toda mi admiración por los
avances en el conocimiento del cerebro,
no veo en ello ningún cambio funda-
mental. Sobre todo porque una parte
importante de nuestra vida psíquica
permanece todavía bastante a oscuras.
Me refiero a la fuerza que tienen nues-
tras relaciones sociales. Minusvaloramos
a menudo la importancia de su influen-
cia; incluso para las ciencias neurológicas
tal dimensión social sigue siendo en gran
parte una terra incognita.
Henningsen: Desde el punto de vista
histórico hemos superado, al menos
en parte, la estricta separación entre
psique y soma. Esto seguirá siendo así.
La separación puede haber tenido una
importancia histórica; sin un claro
alejamiento de las estrictas ideas fi-
siológicas de su tiempo, Freud y otros
hubieran tenido muchas dificultades
para desarrollar sus métodos y modelos
psicológicos. Entre tanto, por fortuna,
hemos superado esa división artificial;
vemos cómo escuelas que en otro tiem-
po mantenían posturas irreconciliables
hoy van teniéndose cada vez más mu-
tuamente en cuenta. No existe ni «la»
neurología ni una única psicoterapia,
pero las diferencias entre las posturas
dispares, como la terapia conductista, la
terapia conversacional o el psicoanálisis,
ya no resultan tan grandes. A ello han
contribuido también los hallazgos de
la neurología. En definitiva, no se trata
de quién tiene razón, sino de qué es lo
mejor para cada paciente.
A propósito, ¿puede abrir el estudio
del cerebro nuevos caminos para la te-
rapia?
Henningsen: A menudo, basta un sim-
ple mecanismo de espejos para aliviar el
dolor del «miembro fantasma» después
de una amputación. Solo puede llegarse
a ese tipo de métodos con la observa-
ción de cómo se reorganiza la corteza
somatosensorial, es decir, la parte de la
corteza cerebral donde se procesan las
sensaciones táctiles. Dichas sensaciones
«Con frecuencia minusvaloramos el poder las
relaciones sociales. También para las neurociencias
tal dimensión continua siendo una terra incognita»
Gerd Rudolf
«La exploración del cerebro tal vez pueda
en un futuro apoyar a una psicoterapia eficaz,
pero nunca la sustituirá»
Peter Henningsen
MAESTRO Y DISCÍPULO
Peter Henningsen (derecha) ejerció de asis-
tente médico de Gerd Rudolf en la Clínica
Psicosomática de Heidelberg.
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acompañan a los síntomas dolorosos y
pueden influenciarse mediante la esti-
mulación correspondiente. Tal vez no
podamos esperar métodos psicotera-
péuticos completamente nuevos, pero
sí podemos imaginar su perfecciona-
miento para el tratamiento de cuadros
clínicos o grupos de pacientes especí-
ficos.
Herta Flor explica que con frecuencia
en el núcleo de un trastorno psíquico
existen procesos inconscientes de apren-
dizaje. ¿Significa esto que la psicoterapia
ha de realizarse en buena parte «a espal-
das del paciente»?
Rudolf: La psicoterapia se basa, sobre
todo, en la concienciación de reaccio-
nes sentimentales o patrones de con-
ducta personales. Ello no significa que
el terapeuta tenga respuesta para todo
y que el paciente lo único que necesite
sea aceptar y adaptarse a esas verdades.
La posible solución a cada problema ha
de plantearse de manera conjunta, el
terapeuta no siempre dispone de todas
las armas para ello. En este sentido,
algunas partes esenciales de una psi-
coterapia se encuentran a espaldas del
terapeuta.
Henningsen: Me da la sensación de que
tras la fascinación por el cerebro suele
existir una especie de temor a descubrir
cosas de las que la persona no tiene ni
la más remota idea. Creo que es exa-
gerado. Tal vez en un futuro el conoci-
miento del cerebro pueda apoyar una
psicoterapia eficaz, pero nunca podrá
sustituirla.
¿Supone la investigación del cerebro
un renacimiento del inconsciente?
Henningsen: Creo que hay que tratar
el tema con precaución. Con frecuen-
cia se confunden cosas muy diferen-
tes. En principio, para los neurólogos
el inconsciente es todo aquello que el
paciente no percibe o sobre lo cual no
puede dar ninguna información. El psi-
coanálisis, por el contrario, se basa en
un modelo dinámico del inconsciente.
Freud describe incluso una estructura
perfectamente determinada del yo, del
ello y del super-yo, y postula una serie
de mecanismos, tales como represión,
sublimación o proyección. No debe
arrojarse todo ello por la borda. Otra
cuestión es hasta qué punto concep-
tos básicos de la psicoterapia pueden
confirmarse mediante la investigación
neurológica. La mayoría de los concep-
tos tienen que ver con las interacciones
sociales entre el terapeuta y el pacien-
te, interacciones que, hasta ahora, solo
han sido investigadas de manera pun-
tual por los neurólogos. Ese momento
todavía puede llegar.
ANIMADA CONVERSACIÓN
Gerd Rudolf (izquierda) y Peter Hennigsen
(segundo por la derecha) antes de la entre-
vista con los redactores Jasmin Andresch y
Steve Ayan.
ha publicado sobre el tema, entre
otros, los siguientes artículos:
Salvar las neuronas nuevas,
de Tracey J. Shors
Mayo 2009
Lateralización del cerebro,
de P. F. MacNeilage, L. J. Rogers
y G. Vallortigara
Septiembre 2009
Circuitos defectuosos,
de Thomas R. Insel
Junio 2010
Ciegos con visión,
de Beatrice de Gelder
Julio 2010
Anticiparse al alzheimer,
de Gary Stix
Agosto 2010
Control del cerebro
por medio de la luz,
de Karl Deisseroth
Enero 2011
Cien billones de conexiones,
de Carl Zimmer
Marzo 2011
Una mente extracorpórea,
de Miguel A. L. Nicolelis
Abril 2011
Claves de la resiliencia,
de Gary Stix
Mayo 2011
40 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
MENTE, CEREBRO Y SOCIEDAD
A
finales del siglo XVIII, el experimen-
to de Luigi Galvani se ganó el título
de «espectáculo de moda»: todo salón de
reuniones italiano que se preciara debía
ofrecer a sus convidados la posibilidad de
gozar del impactante y entretenido fenó-
meno científico. Los espectadores presen-
ciaban expectantes cómo las patas de una
rana se movían bajo el efecto de descargas
eléctricas, sin saber que estaban siendo
testigos de los primeros pasos hacia una
nueva ciencia conocida hoy como electro-
fisiología o incluso, por qué no, del origen
de la ingeniería biomédica.
Los resultados de las investigaciones
de Galvani propiciaron asimismo un gran
revuelo entre la comunidad científica. Ca-
laron hondo en Alessandro Volta, quien
interpretó los experimentos desde el rigor
de la física, por lo que negaba la existen-
cia de la electricidad de origen animal de
la que parecía estar convencido su coe-
táneo. Se iniciaba así una famosa contro-
versia que, fruto del afán de Volta por
detentar la razón, dio paso al invento de
la pila. No obstante, dicho ingenio no hizo
sombra a los descubrimientos de Galvani.
Giovanni Aldini, sobrino de este, demostró
con otro experimento la existencia de la
«electricidad animal» que su tío pregona-
ba. De esta manera zanjaba la discusión:
quedaba demostrada la influencia de la
energía eléctrica en el sistema nervioso y
muscular humano.
Capacidad eléctrica
Desde el punto de vista celular y químico,
el desequilibrio de iones positivos y nega-
tivos en la membrana de la célula crea el
escenario necesario para propiciar la ca-
pacidad eléctrica, la cual surge en primera
instancia en forma de impulsos bioeléctri-
cos en las células. La actividad sináptica
de las neuronas constituye el ejemplo por
excelencia de flujo de corriente extracelu-
lar que produce los potenciales eléctricos
cerebrales.
Las anormalidades que ocurren en la
corteza del encéfalo pueden clasificarse,
de forma general, según su etiología (por
ejemplo, trauma, enfermedad, toxinas o
infecciones). Aunque no siempre existe
una respuesta eléctrica cerebral fácil de
detectar, la mayoría de las enfermedades
neurológicas se manifiestan desde niveles
celulares y moleculares con actividad mag-
nética medible fuera del cuero cabelludo,
lo cual permite localizar la zona dañada
del cerebro, la causa y su posible función
fisiológica.
La actividad neuronal en el cerebro hu-
mano se inicia desde las primeras etapas
de desarrollo prenatal. Como ya se sabe,
las señales generadas por el encéfalo son
eléctricas en naturaleza y representan no
solo la función cerebral, sino también el
estado del cuerpo entero. Una manera de
registrar los potenciales eléctricos genera-
dos en el encéfalo —ya sea de forma es-
pontánea o evocada por algún estímulo—
es a través del electroencefalograma (EEG),
exploración que proporciona estimaciones
de la acción sináptica a grandes escalas y
relacionadas con el comportamiento y la
cognición.
Un caso particular de registro inmediato
en el EEG frente a un «estallido» repentino
y asíncrono de flujo de corriente eléctrica
entre neuronas, sucede con la epilepsia.
Existen formas de ondas cerebrales clasi-
ficadas que permiten diagnosticar la clase
BIOELECTRICIDAD CEREBRAL Y PATOLOGÍAS NEUROLÓGICAS
La mayoría de las enfermedades neurológicas se manifiestan desde niveles celulares y moleculares
con actividad magnética
CARLOS GUERRERO MOSQUERA
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ACTIVIDAD SINÁPTICA
Bajo un microscopio equipado con óptica
fluorescente, se observan neuronas motoras
en sinapsis (puntos rojos) que provocan el
movimiento del músculo esternocleidomastoi-
deo de un ratón con dos semanas de edad.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 41
L
a enfermedad de Alzheimer (EA) es una
patología neurodegenerativa aso-
ciada a la edad que se caracteriza por
una pérdida progresiva de la memoria
y de otras capacidades mentales a me-
dida que las células nerviosas mueren y
ciertas zonas del cerebro se atrofian. El
alzhéimer tiene una duración aproximada
de entre cuatro y doce años después del
diagnóstico.
Las investigaciones suelen asociar di-
cha patología a dos tipos de lesiones: la
aparición de placas seniles, resultantes
de la agregación del péptido amiloide
beta procedente de la ruptura enzimá-
de epilepsia además de su localización en
el cerebro. El análisis del EEG ha demos-
trado asimismo cambios de altas a bajas
frecuencias en zonas del encéfalo de pa-
cientes afectados de alz héimer. Un análisis
cuantitativo del EEG (qEEG) permite clasi-
ficar, por otra parte, pacientes con leves y
graves lesiones traumáticas cerebrales.
Interacciones neuronales
en imágenes
En la actualidad, aparte del EEG, existen
dos métodos adicionales que registran
los cambios funcionales y fisiológicos de
las interacciones neuronales a nivel de
red y con una alta resolución temporal: el
magnetoencefalograma (MEG) y la ima-
gen por resonancia magnética funcional
(IRMf), cada uno de ellos con sus ventajas
y deficiencias. Así, el MEG se basa en el
análisis de campos magnéticos generados
por la bioelectricidad que fluye entre las
neuronas. Dicha técnica ha demostrado
ser útil en la detección del flujo magnético
asociado a patrones en lesiones cerebrales
traumáticas determinadas. En la epilepsia,
el MEG constituye una alternativa tremen-
damente útil en los casos en los que se
requiere emplear electrodos intracranea-
les (en ocasiones los campos magnéticos
generados por las puntas de onda en la
epilepsia parcial compleja coinciden con
sus localizaciones intracraneales). Dicha
técnica puede localizar las zonas cerebra-
les en crisis epilépticas de una forma más
exacta, por lo que registra de forma eficaz
zonas con otra disfunción cerebral.
Por su parte, la IRMf ha demostrado su
utilidad como herramienta de diagnóstico
en la evaluación de precirugía de pacientes
con epilepsia, así como en la localización
de patrones cerebrales en las zonas de la
memoria de pacientes con alzhéimer de-
bido a su alta resolución espacial. La IRMf
se ha utilizado asimismo en psiquiatría con
el objetivo de investigar la activación cere-
bral de pacientes que sufren esquizofrenia
y depresión.
Se espera en un futuro detectar o cla-
sificar la actividad eléctrica cerebral ge-
nerada por una patología neurológica a
través de algoritmos basados en aprendi-
zaje máquina.
Carlos Guerrero Mosquera
Dpto. Teoría de la señal y comunicaciones
Universidad Carlos III de Madrid
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
THE CONTROVERSY ON ANIMAL ELECTRI-
CITY IN EIGHTEENTH-CENTURY ITALY:
GALVANI, VOLTA AND OTHERS. W. Ber-
nardi en Nova Voltiana. Studies on
Volta and his Times, coordinado por
F. Bevilacqua, L. Fregonese, vol. 1,
págs. 101-114, 2000 .
THE NEUROPHYSIOLOGY OF BRAIN INJURY.
M. Gaetz en Clinical Neurophysiology,
vol. 115, págs. 4-18, 2003.
CURRENT PRACTICE OF CLINICAL ELECTRO-
ENCEPHALOGRAPHY, 3
a
EDICIÓN. J. Eber-
sole y T. Pedley. Lippincott Williams &
Wilkins, 2003.
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SEÑAL BIOELÉCTRICA EN TIEMPO Y FRECUENCIA
Primer estallido neuronal visto desde una distribución tiempo-frecuencia de una señal EEG
con epilepsia. La gráfica bidimensional permite calcular el cambio energético (en rojo, alta
energía), el valor de frecuencia y el tiempo de ocurrencia.
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Tiempo de ocurrencia
RED DE PROTEÍNAS EN EL ALZHÉIMER
Las técnicas de genética molecular revelan 200 interacciones entre proteínas
que podrían hallarse relacionadas con la enfermedad de Alzheimer
MONTSERRAT SOLER LÓPEZ, ANDREAS ZANZONI, RICART LLUÍS Y PATRICK ALOY
42 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
tica de una proteína precursora (PPA); y
de ovillos neurofibrilares, formados por
deposiciones de la proteína tau [véase
«Bases moleculares de la enfermedad de
Alzheimer», por Vernon M. Ingram; MENTE
Y CEREBRO, n.
o
15].
No obstante, todavía se desconoce la
causa de tales lesiones. La mayoría de
los pacientes carecen de antecedentes
familiares, aunque en una minoría apa-
rece de manera hereditaria, con un debut
precoz de los síntomas. A pesar de los
grandes esfuerzos realizados en los últi-
mos años para entender los mecanismos
que la desencadenan, no se dispone de
tratamientos eficaces que puedan com-
batirla. Mientras que el avance en otras
enfermedades es notable, los casos de
muerte por EA siguen aumentando en
todo el mundo.
Del ordenador al laboratorio
Las proteínas son los instrumentos molecu-
lares que utilizan las células para desarrollar
sus funciones. Normalmente no operan so-
las; interactúan entre ellas formando redes
intra y extracelulares. En nuestro estudio
hemos analizado la biología de la EA de
una forma global (no individualizada, como
en la mayoría de los estudios anteriores),
combinando métodos experimentales con
métodos computacionales con el fin de es-
tudiar las conexiones entre proteínas y con-
textualizarlas en su entorno biológico.
En un primer paso, utilizamos técnicas
de genética molecular para estudiar las
miles de posibles interacciones entre pro-
teínas implicadas en la enfermedad o bien
posibles candidatas, tales como aquellas
cuyos genes se localizan en regiones cro-
mosómicas relacionadas con la dolencia
de marras. Como resultado, obtuvimos un
total de 200 nuevas interacciones. Esta in-
formación, añadida a la que ya se conocía
acerca de interacciones entre proteínas
relacionadas, resultó en una red de 6000
interacciones en total, en la que participan
1700 proteínas. Constituye la mayor red de
interacciones entre proteínas asociada al
alzhéimer descrita hasta el momento.
El análisis computacional de todas esas
interacciones, realizado en el superordena-
dor MareNostrum del Centro de Supercom-
putación de Barcelona, revela un complejo
análisis de interacciones entre numerosos
grupos de proteínas intensamente conecta-
das y con funciones celulares similares. Al-
gunos de estos grupos funcionales sugieren
nuevos mecanismos moleculares que po-
drían hallarse relacionados con la enferme-
dad. Un claro ejemplo es la identificación
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2. Caracterización de las interacciones
entre proteínas codificadas
por los genes seleccionados.
3. Análisis computacional
de las interacciones identifi-
cadas y su interacción en la
red de interacciones conoci-
das (interactoma humano).
Superordenador
MareNostrum
4. Generación de la red
de interacciones proteínicas.
5. Análisis funcional
de los grupos de proteínas
y elaboración de mecanismos
moleculares implicados
en el alzhéimer.
1. Identificación de genes
implicados en el alzhéimer
y posibles candidatos.
De los genes a los mecanismos moleculares
La estrategia para la identificación y análisis de redes de proteínas asociadas a la enfermedad de Alzheimer se compone de
cinco pasos fundamentales, en los que se combinan métodos de genética y biología moleculares con el análisis computacional
de las interacciones. La generación de la red de proteínas asociadas al alzhéimer permite el análisis de grupos de proteínas
funcionalmente conectados y quizás implicados en dicha patología.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 43
de la proteína SITPEC (del gen ECSIT), la
cual está interconectada con otras proteí-
nas implicadas en la regulación del estrés
oxidativo, la inflamación o las alteraciones
en las mitocondrias. Curiosamente, SITPEC
también guarda relación con proteínas
que presentan alteraciones en pacientes
con alzhéimer, por lo que tales procesos
podrían estar relacionados durante el de-
sarrollo de la enfermedad, estableciendo
a SITPEC como nodo molecular.
Disfunción mitocondrial
Los factores de riesgo más importantes en
la EA son el envejecimiento, el ambiente
y la predisposición genética. Nuestros es-
tudios aportan datos sobre mecanismos
moleculares que pueden contribuir a en-
tender mejor la enfermedad. En particu-
lar, concuerdan con hipótesis postuladas
anteriormente acerca del origen de la EA,
donde se implica un mal funcionamiento
de las mitocondrias como causantes prin-
cipales de la patogénesis del alzhéimer en
su forma tardía. Así, el daño oxidativo, que
podría iniciarse en las mitocondrias, en el
citosol o bien en el espacio extracelular, se
iría acumulando de forma progresiva con
la edad en las neuronas hasta desencade-
nar reacciones celulares, tales como la in-
flamación, que conducirían a los primeros
síntomas de la enfermedad.
A pesar de todos los avances, la EA se
encuentra lejos de haber revelado todos
sus secretos. Es probable que exista más de
una sola vía de enfoque. El presente traba-
jo abre la puerta a nuevas investigaciones
destinadas a su tratamiento.
Montserrat Soler López,
Andreas Zanzoni,
Ricart Lluís y Patrick Aloy
Programa Conjunto IRB-BSC
en Biología Computacional
Instituto de Investigación Biomédica
de Barcelona
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
LA GENÉTICA Y LA ENFERMEDAD DE ALZ-
HEIMER. J. Pérez Tur en Revista de Neu-
rología, vol. 30, págs. 161-169, 2000.
ALZHEIMER’S DISEASE. H. W. Querfurth
y F. M. LaFerla en The New England
Journal of Medicine, vol. 362, págs.
329-344, 2010.
INTERACTOME MAPPING SUGGESTS NEW
MECHANISTIC DETAILS UNDERLYING
ALZHEIMER’S DISEASE. M. Soler López ,
A. Zanzoni, R. Lluís, U. Stelzl y
P. Aloy en Genome Research, vol. 21,
págs. 364-376, 2010.
ALZHEIMER. VV. AA. Colección Temas
de Investigación y Ciencia, n.
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trimestre, 2010.
P
or su incidencia, su potencial cronici-
dad, su severidad y sus consecuencias
en el ámbito familiar y la sociedad en ge-
neral, la esquizofrenia se impone como
un gran reto social. Junto a la demencia,
constituye un problema prioritario de la
salud mental a escala mundial que afecta
a 1 de cada 100 habitantes, situación que
supone una repercusión humana, econó-
mica y social importante. A nivel indivi-
dual, el trastorno incide en la etapa más
productiva de la vida (en el 75 por ciento
de los casos los primeros síntomas apare-
cen entre los 16 y 25 años de edad), por lo
que los estudios, el trabajo y la vida social
plena de la persona afectada quedan da-
ñados a causa del grado de incapacidad
que produce.
El entorno familiar sufre también las
consecuencias; el cuidador debe dedicar-
se de por vida a la atención del enfermo,
sobre todo durante las etapas de crisis; en
el 50 por ciento de los casos es necesaria la
hospitalización. Por otro lado, la evolución
crónica del trastorno supone un deterioro
progresivo de todas las capacidades del
enfermo, lo cual significa un costo elevado
directo por la atención médica y paramédi-
ca recibida e indirecto por lo que dejan de
producir pacientes y familiares cuidadores.
A ello se suma el gasto intangible por el
sufrimiento que produce la psicopatología
en el paciente, la familia, los amigos y la
sociedad en general.
Aunque la esquizofrenia siempre se
consideró una patología biopsicosocial,
persiste la incógnita de hasta qué punto
es el componente biológico, el psicológico
o el social su motivo principal. A lo lar-
go de la historia, como sucede en otras
cuestiones científicas, el conocimiento
de la enfermedad ha dependido de tres
patas principales: la ideología imperante,
el desarrollo científico y técnico y el de-
sarrollo socioeconómico. En la Edad Me-
dia, el paciente esquizofrénico se creía
poseído por los demonios. Fue a partir del
desarrollo del microscopio y de las técni-
cas de imagen en los siglos XIX y XX que
comenzó a aclararse su causa orgánica,
lo que determinó la histología y la ana-
tomía patológica, además de contribuir a
la observación directa de los cerebros de
pacientes fallecidos y en vida. Se concibió
así por primera vez la esquizofrenia como
una enfermedad del cerebro.
Etiología del trastorno
En la primera mitad del siglo XX apareció
la teoría psicogénica fundamentada, entre
ORIGEN PRENATAL DE LA ESQUIZOFRENIA
El comienzo prenatal de la esquizofrenia parece cada vez más plausible.
En especial, durante el segundo trimestre de embarazo
SEGUNDO MESA CASTILLO
44 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
otros aspectos, en la falta de alteraciones
específicas en las células nerviosas. Hasta
entonces, la mayor parte de los estudios
histológicos con microscopía óptica se ha-
bían concentrado en la corteza cerebral
y en la región frontal, no en las regiones
profundas del cerebro ahora relaciona-
das con la enfermedad, en particular, el
sistema límbico. Surgió también la teoría
psicoanalítica, la cual hacía hincapié en los
factores ambientales postnatales; asímis-
mo apareció el concepto de «madre esqui-
zofrenogénica», que incide en la influen-
cia ambiental familiar de la enfermedad.
Sin embargo, más adelante los estudios
epidemiológicos de adopción (cruzados
y no cruzados), en especial de gemelos
monocigóticos, acabaron con la etiología
psicogénica postnatal.
Por su parte, la teoría sociológica, ba-
sada asimismo en el período postnatal,
apuntaba la influencia de la sociedad y
los intereses económicos (movimiento
de la antipsiquiatría). En contra de tal
teoría, se observó que la prevalencia de
la enfermedad era de alrededor un uno
por ciento en todas las sociedades (con
independencia del sistema social, econó-
mico y político); también que existía una
incidencia familiar en la enfermedad. De
esa forma pasaron a un segundo plano
los factores postnatales en relación con la
etiología de la esquizofrenia, ocupando
su lugar causas genéticas, ambientales
prenatales y perinatales como motivo de
vulnerabilidad. Los componentes psico-
sociales se consideraban factores desen-
cadenantes.
¿En los genes?
La teoría genética, a través de los estudios
de adopción, se fundamenta en una mayor
incidencia familiar del problema, señalan-
do de esta manera los factores prenatales
en relación a la etiología de la enfermedad.
Mas el hecho de observar que solo el 45 por
ciento de los gemelos monocigóticos pade-
cen la enfermedad pone en entredicho tal
teoría. La herencia acaba considerándose
un factor predisponente, pero no determi-
nante. Hasta ahora no se ha identificado
un gen específico de la enfermedad; más
bien parece que genes distintos actúan de
manera conjunta y contribuyen en la apari-
ción de la psicopatología. Mas, ¿hasta qué
punto inciden los factores genéticos o los
ambientales intrauterinos? La respuesta es
aún motivo de controversia. Si la causa de
la enfermedad fuera puramente genética,
ambos gemelos idénticos (monocigóticos)
deberían manifestar la patología, ya que
proceden de un solo óvulo y comparten el
mismo genoma.
De vuelta a los estudios postnatales,
surge la teoría del neurodesarrollo, que
destaca una mayor aparición de anoma-
lías físicas, signos neurológicos menores y
alteraciones en el dermatoglifo en perso-
nas con esquizofrenia que en la población
normal. Tales anomalías se relacionan, en
humanos y en animales, con la agresión
que sufre el feto durante el segundo tri-
mestre de vida, período crítico para el de-
sarrollo del cerebro. Surge aquí de nuevo
la controversia; ¿hasta qué punto influyen
los factores genéticos? ¿y los ambientales
prenatales? Entre los últimos destacan los
trastornos nutritivos, la hipoxia, el calor
y la respuesta inmunitaria de la madre,
además de los factores infecciosos (entre
ellos, los virus y el protozoario Toxoplasma
gondi).
La teoría del neurodesarrollo de la etio-
logía de la esquizofrenia, basada en las
pruebas acumuladas de daño prenatal, se
tiene por la más consistente. Sin embargo,
no despeja la incógnita sobre qué sucede
en el cerebro de un feto en el período crí-
tico del segundo trimestre de embarazo de
Partículas víricas
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DAÑO CEREBRAL PRENATAL
La agresión directa de una infección vírica sobre el cerebro del
feto, junto a la respuesta inmunitaria de la madre ante la presencia
de partículas víricas en las envolturas del feto, podría explicar la
posibilidad del carácter genético e infeccioso de la esquizofrenia.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 45
una madre con esquizofrenia o de una mu-
jer embarazada con riesgo de tener des-
cendencia con el trastorno. No es posible
por ahora disponer de un examen directo
en tiempo y espacio del encéfalo en ese
proceso. Solo una circunstancia eventual,
como la supresión o interrupción de un
embarazo por razones médicas, permite
estudiar el encéfalo en las circunstancias
señaladas.
En nuestros estudios hemos observado
partículas víricas que reaccionan con an-
ticuerpos contra el virus herpes simplex
hominis tipo I (HSV-1) en cerebros post
mortem de adultos con esquizofrenia (la
mayor parte menores de 40 años de edad,
etapa en la que aún persisten de forma
crítica las crisis psicóticas), en animales en
los que se ha inoculado el líquido cefalo-
rraquídeo de pacientes con esquizofrenia,
así como en el cerebro de fetos de madres
afectadas por el trastorno.
Factores ambientales
intrauterinos
En nuestras investigaciones mediante mi-
croscopía electrónica observamos la pre-
sencia de partículas víricas en componen-
tes de las envolturas del feto, de origen
materno y fetal, en células del amnios y
del corion. La posibilidad de que la infec-
ción pase del feto a estructuras vecinas o,
en sentido inverso, de estas estructuras
al feto, debe motivar investigaciones pos-
teriores. La respuesta inmunitaria de la
madre puede interactuar junto a la agre-
sión directa del virus sobre el cerebro del
feto. Tal hipótesis resultaría compatible
con la teoría genética, ya que los virus
se incorporarían al genoma celular y se
transmitirían por los progenitores (proce-
so que se observa en la práctica clínica).
Ello explicaría la posibilidad del carácter
genético a la vez que infeccioso de la es-
quizofrenia.
En estudios experimentales en animales
se ha comprobado la función de las cito-
quinas en el daño cerebral en el feto, en la
placenta y en el líquido amniótico de ma-
dres expuestas previamente a infecciones.
Una investigación de las células del líquido
amniótico en el segundo trimestre de em-
barazo en mujeres con riesgo de engen-
drar descendencia con esquizofrenia debe
ser motivo de investigaciones que tengan
como objetivo fundamental la preven-
ción de la enfermedad, ofreciéndose de
tal manera la interrupción voluntaria del
embarazo o un tratamiento antiviral tem-
prano en caso de comprobarse en dichas
células (mediante técnicas de microscopía
electrónica, así como virológicas) una in-
fección activa en el período de tiempo y
espacio crítico.
Segundo Mesa Castillo
Hospital Psiquiátrico de la Habana
L
as tecnologías de la información y la
comunicación (TIC), sobre todo Inter-
net, han revolucionado la forma de comu-
nicarse e informarse de las personas. Su
presencia en el hogar, el trabajo y el ocio
es omnipresente. Al igual que ha sucedi-
do con otros avances tecnológicos, y como
parte del proceso de adaptación, surgen
voces que advierten sobre sus riesgos. En
el caso de la Red, uno de los peligros más
extendidos es la posibilidad de caer en una
adicción.
La preocupación por el supuesto poten-
cial adictivo de Internet se refleja en la
cantidad creciente de publicaciones cien-
tíficas que tratan sobre el tema. Entre 1996
y 2005, de un total de 184 artículos en re-
vistas científicas de medicina y psicología
sobre adicción a las TIC, se observó que
casi el 85 por ciento de los textos publica-
dos se referían en concreto a la adicción
ENGANCHADOS A LA RED
Las aplicaciones sociales, sincrónicas y en las
que el usuario modifica su identidad son las
que mayor potencial presentan para generar
un estado adictivo. ©

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ADICCIÓN A INTERNET
Lo que supone un riesgo de adicción no es la Red, sino el uso excesivo de ciertas aplicaciones.
Entre ellas, los videojuegos en línea
XAVIER CARBONELL Y ANDRÉS CHAMARRO
46 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
a Internet. El resto se repartía entre la
conducta adictiva a los videojuegos, a los
juegos en línea y al teléfono móvil.
Definir el problema
Para comprender la aparición de la
adicción a Internet es necesario dife-
renciar las distintas aplicaciones o usos
del mismo, que pueden agruparse bajo
tres criterios principales: la interacción,
el tiempo transcurrido entre estímulo
y respuesta y la identidad del usuario.
Según la interacción, las aplicaciones
pueden ser sociales o individuales. En
el primer caso encontramos servicios
como el Messenger, los videojuegos en
línea, el correo electrónico, los chats y
los foros de discusión; todos ellos impli-
can una relación con otras personas. El
segundo supuesto incluye aplicaciones
de tipo individual, a saber, la navegación
por páginas web o el trabajo con un pro-
cesador de textos. Cuanto menor es el
tiempo que transcurre entre la emisión
de un estímulo por parte del usuario y la
obtención de una respuesta, más poder
reforzador manifiesta la respuesta, por
lo que su capacidad para incrementar la
frecuencia de la conducta (uso de Inter-
net) también es mayor. En dicho contex-
to, los escenarios sociales en la Red son
sincrónicos (chats, Messenger) o asincró-
nicos (correo electrónico).
El último criterio, no por ello menos
importante, es la identidad. En el uso del
correo electrónico del trabajo, cuando con-
sultamos una página web o al charlar con
nuestros amigos mediante un programa
de mensajería instantánea, mantenemos
nuestra identidad. Mas, cuando jugamos
a videojuegos en línea o participamos en
algunos chats anónimos (casi todos con
fines sexuales o románticos), la identidad
se altera.
De la misma forma que no es correcto
hablar de una adicción a la bebida —solo
producen alcoholismo las bebidas que
contienen etanol—, algunas aplicacio-
nes concretas de Internet, no la Red en
su conjunto, muestran un potencial para
provocar adicción, un estado patológi-
co. Se trata de las aplicaciones sociales,
sincrónicas y en las que la identidad se
halla en juego. Por tanto, incluyen los
chats con desconocidos y los juegos en
línea. Mas, ¿qué se entiende por juegos
en línea? En sentido literal, se trata de
juegos de rol multijugador masivo en lí-
nea (MMORPG, por sus siglas en inglés).
Dichos videojuegos permiten a miles de
jugadores introducirse en un mundo vir-
tual de forma simultánea e interactuar
entre ellos. Son un subgénero de los jue-
gos de rol, en los cuales el jugador crea un
personaje o avatar que supera niveles y
aumenta su experiencia en peleas contra
otros personajes o a través de la ejecución
de aventuras o misiones concretas. El más
popular de tales videojuegos es World of
Warcraft, que cuenta con 11 millones de
subscriptores de pago en todo el mundo.
Su segunda extensión, The wrath of the
Lich King, vendió 2,8 millones de copias
durante las primeras 24 horas de su pues-
ta a la venta. Otros juegos muy populares
son Everquest o Final Fantasy.
Mundo persistente y gratificante
Si jugar y comunicarse se consideran acti-
vidades humanas imprescindibles, ¿cómo
es posible que lleguen a resultar patoló-
gicas? Los MMORPG ofrecen una particu-
laridad muy relevante: la posibilidad de
crear una identidad propia para desen-
volverse en el juego. La alteración de la
identidad puede manifestarse tan refor-
zadora como también lo es el dinero en el
caso del juego de azar; además, permite
que el jugador sienta con mayor auten-
ticidad su «yo» en el mundo virtual que
en el real. De esta manera, los refuerzos
continuos acompañados de cambios psi-
cofisiológicos alteran el estado emocional
del jugador. Dichos estados alterados de
conciencia, a los que cuesta meses llegar
por otros medios, se originan con simples
clics en un teclado. El jugador puede en-
trar en un estado de trance altamente
gratificante.
Otra característica más propia de los
MMORPG que los acerca a la realidad es la
representación de un mundo persistente,
es decir, un mundo que sigue su curso aun-
que el participante no se halle presente.
Aunque un jugador o un grupo de jugado-
res (clan) no participen en el juego, la vida
virtual prosigue su devenir y evoluciona.
La persistencia temporal implica, pues, en
el usuario un sentimiento de pertenencia
a un grupo y una obligación de jugar. Tal
mandato puede incidir en los usos pro-
blemáticos que se observan en algunos
jugadores.
Por tanto, los juegos de rol multijuga-
dor masivo en línea aparecen como un
arma de doble filo: por un lado contienen
un claro componente socializador, fanta-
sioso y desinhibidor; por otro, presentan
el riesgo de su uso en exceso, práctica
que podría desembocar en una adicción.
Los pocos casos de personas que solicitan
tratamiento en hospitales por su adicción
a la Red corresponden a jugadores de
MMOPPG.
De todo ello cabe concluir que el térmi-
no «adicción a Internet» resulta inapropia-
do. Por otro lado, debemos permanecer
atentos a la evolución del problema en
nuestro país, así como en los países asiáti-
cos, donde el uso de las nuevas tecnologías
se halla más avanzado y las patologías re-
lacionadas podrían alcanzar proporciones
epidémicas.
Xavier Carbonell
Facultad de Psicología
Blanquerna - Universidad Ramon Llull
Barcelona
Andrés Chamarro
Facultad de Psicología
Universidad Autónoma de Barcelona
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
LA ADICCIÓN A INTERNET Y AL MÓVIL:
¿MODA O TRASTORNO? X. Sánchez-
Carbonell, M. Beranuy, M. Castellana,
A. Chamarro y U. Oberst en Adicciones,
vol. 20, n.
o
2, págs. 149-160, 2008.
ALGUNAS REFLEXIONES A PROPÓSITO DE
LOS JUEGOS (Y LOS JUGADORES) DE ROL
ON LINE. IDENTIDAD Y ADICCIÓN. Antoni
Talarn y Xavier Carbonell en Revista de
Psicoterapia, vol. 19, n.
o
73, págs. 50-
68, 2009.
TERAPIA DE LA ADICCIÓN A INTERNET Y
VIDEOJUEGOS EN NIÑOS Y ADOLESCEN-
TES. Rosa Díaz, Marta Beranuy y Ursula
Oberst en Revista de Psicoterapia,
vol. 19, n.
o
73, págs. 69-100, 2009.
48 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
E
l parecido entre los miembros de una pareja
aumenta con el tiempo. Haga la prueba: si en
su círculo de amistades cuenta con una pareja
casada o de hecho que convive desde hace años,
recupere alguna fotografía antigua de la pareja
en cuestión y compárela con una instantánea
más actual. Según determinan los estudios
psicológicos, el parecido entre las dos personas
habrá aumentado con el paso del tiempo.
El asombroso fenómeno fue descrito en los
años ochenta del siglo XX por Robert Zajonc.
El psicólogo social, junto con Ann Arbor, de la
Universidad de Michigan, realizó la siguiente
prueba: los participantes debían juzgar a partir
de unas fotografías la semejanza física entre los
dos miembros de una pareja. Los probandos atri-
buyeron un mayor grado de semejanza en los
rasgos faciales a las parejas que llevaban muchos
años de convivencia. Otro resultado a tener en
cuenta fue que cuanto más patente resultaba
la similitud de la fisonomía de ambas personas
—según la opinión de los probandos—, más sa-
tisfechos se mostraban los propios miembros
de la pareja con su relación.
En 1983, el director de cine Woody Allen llevó
a la gran pantalla y a los extremos el «efecto ca-
maleón». En su película Zelig, el personaje prin-
cipal del largometraje, Leonard Zelig, se adapta
psíquica y físicamente a su entorno. Tal es así
que cuando coincide con personas obesas, su
barriga se hincha de manera mimética.
Naturalmente, Allen exagera en su filme la
necesidad humana de sentirse aceptado por los
demás: las personas no podemos adaptar nues-
tra apariencia al entorno en tan solo unos se-
gundos. No obstante, sí es verdad que tendemos
a imitar a los individuos con los que interac-
tuamos. Los psicólogos se refieren a ello como
transformación mimética o mimetismo (del
griego clásico mimesis, «imitación»), en referen-
cia al concepto biológico homónimo. (Algunas
especies de animales adoptan las características
Camaleones sociales
La capacidad inconsciente de imitar el lenguaje, los ademanes o los gestos
de otras personas nos facilita la relación con los demás; tal mimetismo también
puede influir en nuestros hábitos de consumo
ARND FLORACK Y OLIVER GENSCHOW
RESUMEN
El reflejo
en un espejo
1
Los investigadores
utilizan el concepto
de mimetismo para desig-
nar la propensión a imi-
tar a los interlocutores.
2
La imitación provoca
simpatía y fomenta
las relaciones comerciales.
Así, las camareras reciben
más propinas si repiten el
pedido de sus clientes.
3
La observación de
una acción puede
provocar de manera in-
consciente un comporta-
miento similar en el ob-
servador: el área cerebral
responsable de la percep-
ción de movimientos se
halla vinculada a la que
gobierna los impulsos
motrices.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 49
externas de organismos más agresivos con el
objetivo de ahuyentar a sus depredadores.)
La capacidad de transformación mimética
en los humanos se inicia en los primeros días
de vida. Los recién nacidos comienzan a llorar
cuando oyen gritar a sus coetáneos; a los tres o
cuatro meses, los bebés imitan los movimien-
tos sencillos con la boca y aprenden a sacar la
lengua; ya con nueve meses reproducen las
expresiones de alegría, tristeza o enfado del
rostro de su madre. Por su parte, los progeni-
tores aprovechan la inclinación a imitar en la
primera infancia de sus hijos: un padre o una
madre abre la boca cuando acerca la cuchara
con papilla a su bebé con el fin de que actúe de
la misma manera.
A la inversa el fenómeno también funciona.
Los adultos imitan con frecuencia el lenguaje
infantil al comunicarse con los pequeños. Un
proceder que, de manera inconsciente, las perso-
nas adultas también ejercen con interlocutores
de la misma edad. Si un gallego conversa con un
andaluz, el primero acabará ceceando un poco,
mientras que el segundo terminará por adoptar
la cantinela típica en el español hablado en Gali-
cia. Con frecuencia, los dialogantes se imitan en
la velocidad del habla, el ritmo, el vocabulario;
se acaba copiando incluso la sintaxis de la otra
persona.
El tono de voz y el estado emocional tam-
bién se dejan influir por el entorno. En el año
2000, los psicólogos Roland Neumann y Fritz
Strack, de las universidades de Trier y Wurzburg,
respectivamente, mostraron a una serie de pro-
bandos la grabación de un orador que leía en
voz alta un texto filosófico, ora con tono alegre,
ora triste, con el fin de que repitiesen el texto.
Los voluntarios adoptaban la misma tonalidad
del orador, así como su estado emocional, como
demostró una encuesta posterior. Las personas
pueden mimetizarse: aquellas con un compa-
ñero bienhumorado siempre al lado afrontan la
ESPECIES TRANSFORMABLES
Las personas que se adaptan a sus socios comerciales ganan prestigio con
mayor facilidad, con lo que aumentan sus posibilidades de éxito.
«Efecto camaleón»
Debe su nombre a la especie
de reptiles homónima que cam-
bia de color de piel con mayor
o menor intensidad. El camaleón
utiliza la capacidad de transfor-
mación mimética para camuflar-
se, pero también para comunicar
a sus congéneres su disposición
para el apareamiento.
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vida con mayor alegría. Este estado de ánimo se
esculpe en la expresión del rostro.
Ulf Dimberg, de la Universidad de Uppsala,
comprobó en los años ochenta el modo en que la
imitación condiciona, a largo plazo, la apariencia
externa. El psicólogo mostró a los probandos fo-
tografías en las que aparecían personas alegres
o bien malhumoradas a la vez que registraba
la actividad muscular del rostro de los partici-
pantes mediante sensores especiales. Constató
que las contracciones imperceptibles registradas
en el rostro de los voluntarios reflejaban, como
un efecto de mimetismo, las emociones de las
personas que aparecían en las imágenes.
Consonancia muscular
La repetición sucesiva de una expresión facial
fortalece los músculos activados, a la vez que
influye en los vasos sanguíneos que intervie-
nen en el movimiento; a largo plazo, ello puede
modificar la fisonomía de una persona. La imi-
tación repetida podría provocar de este modo,
con el tiempo, una semejanza de los rasgos de
los miembros de una pareja.
En 1975, los psicólogos Seymour M. Berger y
Suzanne W. Hadley, de la Universidad de Massa-
chusetts en Amherst, llegaron a conclusiones
similares. Mediante un electromiógrafo regis-
traron la actividad muscular de los probandos
mientras observaban a unos individuos a los
que se les presionaba el brazo. A los partici-
pantes espectadores se les movían los mismos
músculos que resultaban afectados por la acción
de presionar el brazo de las «víctimas».
Tales estudios sugieren que al observar movi-
mientos ajenos se activan las regiones cerebrales
que coordinan la motricidad propia de la per-
sona que observa. Los procesos generadores de
imágenes, como la tomografía por resonancia
magnética, han demostrado que determinadas
regiones del encéfalo manifiestan una activi-
dad elevada tanto al ejecutar como al observar
movimientos.
Un estudio de los neurocientíficos Nobuyu-
ki Nishitani y Riitta Hari, de la Universidad de
Helsinki, constató que la sola observación de
un movimiento activa la corteza motora pri-
maria, así como el centro para el control, coor-
dinación y ejecución de movimientos, además
de una parte del centro del habla, el área de
Broca. Nishitani y Hari sostienen que dichas zo-
nas constituyen el centro de coordinación para
COMPORTAMIENTO
SINCRÓNICO
Largos años de imitación recí-
proca explican por qué algunos
cónyuges se asemejan con el
paso del tiempo.
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un sistema de las «neuronas espejo», las cuales
simulan el comportamiento de otra persona
[véase «El descubrimiento del otro», por Katja
Gaschler; MENTE Y CEREBRO, n.
o
23]. La especial
importancia de la región del habla es posible
que provenga de la comunicación con movi-
mientos del hombre primitivo: todo indica que
nuestros antepasados se entendieron durante
mucho tiempo con las manos y los pies.
Por otro lado, los estudios llevados a cabo por
Friedemann Pulvermüller, de la Universidad de
Cambridge en Gran Bretaña, demuestran el gra-
do de unión entre el lenguaje y el movimiento.
El neurocientífico comprobó que la lectura de
una palabra como «andar» o «agarrar» es sufi-
ciente para activar áreas cerebrales responsables
de dichas acciones. Según Pulvermüller, existen
muchos elementos que inducen a suponer que,
además de la observación de movimientos, las
palabras que los designan pueden desencadenar
impulsos motrices.
Desde la perspectiva de la biología evolutiva,
todo ello tiene sentido: cuando un hombre pri-
mitivo veía a otro salir corriendo, lo aconsejable
era imitarle, sin pensarlo dos veces, ya que era
probable que el peligro acechara. Tomar precau-
ciones nunca estaba de más para asegurarse
la propia supervivencia, aunque en realidad la
situación de peligro fuese inexistente. De esta
forma, la imitación automática pudo haberse
impuesto entre nuestros antepasados.
En la actualidad, raras son las ocasiones en
las que debemos huir del ataque de animales
peligrosos, sin embargo, el mimetismo social
continúa cumpliendo una función. Mientras
que los recién nacidos utilizan la imitación para
comunicarse con sus congéneres, a la vez que
aprenden a comportarse de forma adecuada,
los adultos imitan para ser como los demás (al
mudarse de casa, por ejemplo, para integrarse
en una nueva comunidad). El mimetismo re-
sulta asimismo importante para sobrevivir: la
persona que se aísla se siente sola y, por término
medio, fallece antes que aquellos individuos que
gozan de múltiples contactos.
La psicóloga Jessica L. Lakin, de la Universidad
de Drew en Nueva Jersey, sostiene que imitamos
en especial a nuestro prójimo cuando busca-
mos adhesión social. En un estudio publicado
en 2008, pidió a unos estudiantes que jugaran
a Cyberball, un juego para ordenador basado en
el fútbol americano. Los estudiantes pensaban
que jugarían en equipo con otros participantes
de la prueba. Mas los responsables de la inves-
tigación manipularon el entretenimiento de
tal manera que algunos participantes apenas
entraban en acción, mientras que otros recibían
el balón muy a menudo. Según la hipótesis de
Lakin, el mimetismo debía surgir de forma
intensa en aquellos probandos que se sentían
excluidos del juego.
Tras finalizar la partida, entre los participan-
tes que aguardaban en una habitación se sentó
una cómplice de los científicos. La infiltrada
tenía la orden de mover el pie de una forma
determinada, dibujando un círculo. Apenas
empezó a hacerlo, los voluntarios excluidos del
juego imitaron el movimiento de forma más
ostensible que los otros participantes. En un se-
gundo experimento, los participantes excluidos
socialmente mimetizaban con mayor énfasis a
su prójimo si, por lo que parecía, este pertenecía
al otro grupo de jugadores.
Armonía mediante copia
Imitamos a los otros con mayor frecuencia
si nos sentimos excluidos. También aumenta
nuestro ímpetu de mimetizar en situaciones en
las que la proximidad resulta importante por
otras razones, como cuando hablamos de temas
personales.
No obstante, ¿cumple la imitación su función?
Cuando las personas se imitan entre sí, ¿valoran
mejor a su interlocutor? Los primeros indicios de
que así es los aportó un estudio de 1979 a cargo
de Marianne LaFrance, del Boston College. Según
constató LaFrance, los escolares y los docentes
experimentaban una relación más armónica
si los primeros imitaban más a los segundos.
Sin embargo, tal relación causa-afecto resulta
incompleta: puede que el mimetismo surgiera
precisamente porque alumnos y profesores per-
cibían su relación como armónica.
Con el objetivo de determinar si la mímica
fomenta la simpatía mutua, Tanya Chartrand,
de la Universidad de Duke en Carolina del
Norte, y John Barg, de la Universidad de Yale,
realizaron a finales de la década de los noventa
diversos experimentos en los que ocultaban el
motivo real del estudio a los probandos. Una
de las conclusiones fue que cuando uno de los
responsables del experimento imitaba de ma-
nera premeditada a los participantes, la inte-
racción resultaba más fluida que si no lo hacía,
además de despertar mayor simpatía entre los
participantes. Al parecer, pues, el mimetismo
fomenta una relación armónica y la comuni-
cación social.
Tras concluir la investigación, Chartrand y sus
colaboradores preguntaron a los participantes si
¿Mata el Botox
la comunicación?
El reflejo de la imitación de
emociones parece ayudar a
reconocerlas. Así, al paralizar
la toxina botulínica (Botox)
determinados músculos de la
frente, los sujetos necesitan
más tiempo para comprender y
«leer» los sentimientos expresa-
dos en textos.
(«Cosmetic use of botulinum toxin
affects processing of emotional
language». D. A. Havas et al.
en Psychological Science, vol. 21,
n.
o
7, págs. 895-900, julio 2010.)
El mimetismo
perturba
la capacidad
de juicio
¿Comprendemos mejor a
nuestro interlocutor cuando le
imitamos? Al contrario: cuando
se solicita a los probandos que
renuncien conscientemente al
mimetismo, valoran mejor a su
interlocutor. La capacidad para
reconocer si este último miente
o dice la verdad empeora cuan-
do los voluntarios le imitan o no
reciben instrucción alguna para
renunciar de manera consciente
a las prácticas miméticas.
(«You want to know the truth? Then
don’t mimic!», M. Stel et al. en
Psycological Science, vol. 20,
n.
o
6, págs. 693-699, 2009.)
52 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
les había llamado la atención algún aspecto de
la prueba. Casi ningún probando percibió haber
sido objeto de imitación. Los sujetos también
negaron mimetizar de forma consciente a su
interlocutor. Ello sugiere que las personas utili-
zan de forma automática el mimetismo cuando
buscan la integración social.
¿Puede usarse el fenómeno para fines comer-
ciales? Nuestro grupo de investigación estudió si
el hábito de consumo deja influirse por la imita-
ción. Desde hace tiempo se sabe que las perso-
nas, por ejemplo a la hora de comer, se orientan
por los hábitos de consumo de los demás. Así lo
describe un estudio, ya clásico, que se realizó
con un par de probandos sentados a una mesa
en una habitación mientras llevaban a cabo al-
gún ejercicio escrito o miraban un vídeo. Una
fuente con galletas saladas ocupaba parte de la
mesa. Otra persona con la instrucción previa
de servirse de forma copiosa del aperitivo sa-
lado o bien dejarlo intacto se encontraba en la
estancia. Los participantes de la prueba comían
más cuando la persona «infiltrada» también se
servía del aperitivo. El notorio efecto se mostró
en todos los participantes, estuvieran hambrien-
tos o saciados.
En diversos experimentos de la Universi-
dad de Basilea y la Universidad Zeppelin de
Friedrichs hafen estudiamos, de forma conjun-
ta con nuestro compañero Simon Ineichen, si
existía la posibilidad de que una forma más
sutil de mimetismo tuviese efecto en el com-
portamiento. Nos planteamos si la observación
de una acción podía incrementar el consumo de
una bebida cuando los respectivos movimientos
solo tenían en común los músculos que inter-
venían en ellos.
Incitación a la bebida
Con el pretexto de probar una nueva bebida iso-
tónica, reunimos a un grupo de personas para
un estudio de mercado. Al mismo tiempo que
cataban nuestro refresco, los probandos contem-
plaban un vídeo en el que aparecía un deportista
que se entrenaba en el gimnasio. A una mitad
del grupo se le proyectó un corte de la graba-
ción que mostraba al deportista que contraía
sus bíceps al sostener una barra de pesas con las
manos; la otra mitad contempló unas imágenes
en las que el gimnasta levantaba la barra con los
brazos extendidos. Dado que el movimiento de
contracción de bíceps activa prácticamente los
mismos músculos que se emplean para levantar
un vaso al beber, esperábamos que el consumo
entre el primer grupo fuese más elevado. Los
resultados así lo confirmaron, aunque solo para
aquellos probandos que habían manifestado
identificarse plenamente con el deportista. Por
ENTRENAMIENTO MENTAL
La imagen de un deportista
que contrae sus bíceps (izquier-
da) incita a los espectadores a
beber una mayor cantidad de
refresco isotónico. En cambio,
el consumo resulta menor si se
contempla al gimnasta levan-
tado la barra de pesas con los
brazos extendidos (derecha).
Al observar el movimiento
de contracción de bíceps, el
espectador activa los mismos
músculos que se emplean para
alzar un vaso, por lo que tiende
a beber más.
Cuestión de valores
Los japoneses imitan más los
gestos de sus interlocutores que
los estadounidenses. Un estudio
realizado con ciudadanos de
distintos países demostró que
cuando el interlocutor se tocaba
el rostro, los asiáticos repe-
tían con mayor frecuencia el
movimiento que los probandos
de EE UU. Algunos psicólogos
sociales relacionan dicho fenó-
meno con las diferencias en los
sistemas de valores: las perso-
nas de culturas en las que se
da especial valor al rendimiento
e independencia tienden en
menor medida a la imitación
que los individuos procedentes
de culturas en las que se valora
más la cohesión social.
(«It takes two to mimic»,
por R. B. Van Baaren et al. en
Journal of Personality and Social
Psychology, vol. 84, n.
o
5,
págs. 1093-1102, 2003.)
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 53
consiguiente, los efectos sutiles de la imitación
no resultan ilimitados.
Los resultados confirman una vez más la es-
trecha relación entre la percepción y la acción.
Ap Dijksterhuis, de la Universidad de Nimega,
entre otros psicólogos, defiende la existencia
de un vínculo de percepción y comportamien-
to de interacción social, en virtud del cual una
observación siempre impulsa un comporta-
miento.
Mas el ánimo de consumir no se incentiva solo
mediante la imitación interna de movimientos.
Robin J. Tanner, de la Escuela de Negocios de
Wisconsin en Madison, demostró que la simpa-
tía también desempeña una función importante.
Según su hipótesis, se prefiere a las personas que
nos imitan; a ellas se acaba comprando género
antes que a otras. En este caso, comprar se con-
vierte en una forma de comportamiento proso-
cial (comportamiento que beneficia a otros o que
tiene consecuencias positivas).
Los resultados dieron la razón a Tanner: los
probandos valoraban con mejor puntuación un
aperitivo cuando el agente comercial que pre-
sentaba el producto imitaba su postura corporal
y sus movimientos. No obstante, las opiniones
mejoraban solo cuando el agente comunicaba
con anterioridad a los participantes sobre la
importancia que tenían para él sus opiniones.
Sin dicha confesión, la imitación no hubiera ob-
tenido ningún efecto.
Es posible que el lector crea improbable que
se deje influir por tales maniobras. No obstan-
te, el ensayo de campo publicado en 2003 por
el grupo de Rick van Baaren, psicólogo social
de la Universidad de Nimega, quizá le haga du-
dar de tal convicción. El científico pidió a un
grupo de camareras que imitara a sus clien-
tes al servir, por ejemplo, repitiendo el pedido
(cliente: «Una coca cola»; camarera: «Una coca
cola»). A otro grupo de camareras se le pidió
que evitara de manera consciente tal actitud.
El primer grupo recibió por cada mesa y por
término medio un florín más de propina (casi
un euro, por entonces) que el segundo.
Si el efecto del mimetismo resulta positivo,
también puede mostrar su cara menos agradable:
de la misma manera que llegamos a casa alegres
tras una noche de diversión con los amigos, nos
podemos contagiar del mal humor del jefe o de los
compañeros de oficina. Incluso cabe la posibilidad
de que con el paso de los años nos parezcamos
cada vez más al huraño de nuestro superior.
Arnd Florack es profesor de comunicación estratégica
en la Universidad Zeppelin de Friedrichshafen. Oliver
Genschow es psicólogo y colaborador científico en la
Universidad de Basilea.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
MIMICRY FOR MONEY: BEHA-
VIORAL CONSEQUENCES OF
IMITATION. R. B. Van Baaren
et al. en Journal of Experi-
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vol. 39, n.
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SUMPTION: THE IMPACT OF
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NONCONSCIOUS MIMICRY AS
AN AUTOMATIC BEHAVIORAL
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Psychological Science,
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© ISTOCKPHOTO / IMAGE DEPOT PRO
Juntos
somos diferentes
Familia, compañeros de trabajo, vecinos, amigos. Cada persona
participa en diversas redes sociales, las cuales influyen
en los pensamientos, sentimientos y comportamientos de cada uno,
incluso invaden la vida privada
NIKOLAS WESTERHOFF
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 55
E
l 30 de enero de 1962, tres chicas de un
pueblo de Tanzania estallaron en una risa
incontrolable. Su ataque duró horas y se exten-
dió de forma virulenta. Hasta el 18 de marzo se
contagiaron 95 habitantes de esas carcajadas his-
téricas. Durante los siguientes diez días, la risa
alcanzó Nshamba, una población a unos 90 kiló-
metros del lugar. Allí se registró el «contagio» de
más de 200 personas. La ola fue expandiéndose
progresivamente e «infectó» a miles de habitan-
tes al oeste del territorio africano.
Este fenómeno, conocido como la «epidemia
de la risa de Tanganica», fue documentado por
última vez en 2007, de la mano de Christian F.
Hempelmann, estudioso especializado en humor
de la Universidad del Sur de Georgia en Statesbo-
ro. Para el médico y sociólogo Nicholas A. Chris-
takis, de la Universidad de Harvard en Boston, el
caso muestra hasta qué punto pueden replicar-
se y contagiarse las emociones de una persona
a otra, y supone una prueba firme de la gran
influencia que los demás pueden ejercer sobre
nuestros sentimientos y comportamientos.
Junto al politólogo James H. Fowler, de la Uni-
versidad de California en San Diego, Christakis
aportó diversos ejemplos similares en su libro
Connected! La conclusión de los investigadores fue
que el contagio no es una característica exclusiva
de los agentes patógenos, sino que las formas de
comportarnos también se expanden: la risa, los
comportamientos suicidas, las elecciones de com-
pra o los hábitos alimentarios. Esta especie de con-
tagio social dominaría diversos ámbitos de la vida
cotidiana sin que seamos conscientes de ello.
Para comprobar su hipótesis, Fowler y Chris-
takis valoraron las relaciones sociales de más de
5000 ciudadanos estadounidenses. Puesto que
cada sujeto mantenía un promedio de diez con-
tactos cercanos, obtuvieron un cuadro total de
50.000 personas, de las cuales se pudieron ex-
traer datos interesantes con suma regularidad.
El análisis estadístico reveló que el incremento
de peso de los participantes coincidía con los
kilos de más de sus amigos.
Este efecto no se puede atribuir al solo he-
cho de que compartiesen los momentos de las
comidas, según los expertos. «Los aumentos
de peso se igualaban entre contactos sociales
muy diferentes», explica Fowler. «Las parejas
y los hermanos se influían mutuamente, de la
misma manera que ocurría entre los compañe-
ros de trabajo o los amigos» [véase «Camaleones
sociales», por Arnd Florack y Oliver Genschow;
en este mismo número].
Mapa de la soledad
Dichos análisis sobre las redes demuestran has-
ta qué punto los humanos estamos preparados
para reproducir e incorporar comportamien-
tos ajenos. Un segundo estudio de Christakis y
Fowler constató que ello también es aplicable a
las actitudes y emociones. Los valores relativos
al humor obtenidos con regularidad de varios
miles de personas fueron organizados gráfica-
mente, formando una especie de «mapa de la
soledad».
«Cuando un amigo cercano se siente solo
unos diez días adicionales al año, aumenta el
número de días de la propia soledad en tres
y hasta cuatro días», explica Fowler. «El sen-
timiento de soledad también se transmite en-
tre aquellos vagamente conectados. Si el vecino
se siente solo durante diez días más al año, se
suman entonces dos días más de soledad en
la puerta vecina. Tan solo se pierde este efecto
cuando las personas viven distanciadas más de
un kilómetro y medio.»
Los expertos se muestran convencidos de
que en las redes sociales se transmiten los sen-
timientos y gustos según determinadas leyes
matemáticas regulares. Aquello que siente una
persona no tiene que ver estrictamente con sus
parientes o vecinos más cercanos, sino también
con gente con la que mantenga contacto.
Christakis y Fowler registraron los valores de
felicidad de miles de habitantes de la ciudad
de Framingham (Massachusetts) mediante un
minucioso trabajo con cuestionarios. Tras 32
años de estudio (entre 1971 y 2003), los datos
fueron ilustrativos: las personas infelices solían
moverse «hacia el límite de la red social y final
de una cadena de relaciones sociales».
La felicidad, muy contagiosa
Por otro lado, los análisis revelaron el elevado
nivel de contagio de la felicidad. Aquel que se
hallaba en contacto directo con personas felices
parecía experimentar un auge medio de hasta
el quince por ciento en satisfacción. La persona
que conocía tan solo a un amigo de una perso-
na feliz aprovechaba alrededor de un diez por
ciento. En comparación, la ganancia de 10.000
dólares aumentaba la felicidad tan solo un dos
por ciento.
Los economistas John Knight, de la Univer-
sidad de Oxford, y Ramani Gunatilaka, de la
Universidad Monash en Melbourne, también
constataron en el año 2009 que la satisfacción
de las personas depende en gran parte del nivel
RESUMEN
Individuo y grupo
1
Los psicólogos de-
nominan contagio
social a la transmisión de
actitudes, sentimientos y
conductas que se da den-
tro de las comunidades
humanas. Tal influencia se
mantiene latente en los
integrantes del grupo.
2
Los mecanismos sub-
yacentes no están
claros. No obstante, la
identificación (inconscien-
te) con el grupo parece
importante, sea con los
amigos, la familia o una
comunidad religiosa.
3
Atender numerosas
redes sociales forta-
lece el estado psicológico
y corporal; sin embargo,
no significa una panacea
para la salud y la felicidad.
¡CHOCA ESOS CINCO!
Las comunidades humanas
fomentan rituales que se exte-
riorizan y se hacen visibles. La
influencia de los demás deter-
mina la psique del individuo.
56 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
de felicidad de otras personas de su alrededor.
Ambos científicos valoraron datos del Proyec-
to sobre los ingresos familiares en China (CHIP,
por sus siglas en inglés). En él reunieron infor-
mación acerca de los ingresos y la satisfacción
de miles de chinos de 22 provincias rurales. En
una comunidad rural en la que al conjunto de
la población le iba bien, aparecían pocos sujetos
insatisfechos y de forma aislada.
Mas la satisfacción individual no era solo atri-
buible a factores sociales. El bienestar, las condi-
ciones laborales y la salud física desempeñaban
también papeles relevantes. Las redes sociales
son formaciones complejas, en las cuales se
mezclan diversos sentimientos o emociones de
forma simultánea. Al parecer son estas las que
determinan, de forma global, si adelgazamos o
engordamos, si nos encontramos deprimidos o
alegres, incluso si nos sentimos solos o no.
Entonces, ¿determinan también la toma de
decisiones vitales? En cualquier caso, las perso-
nas reclamamos actuar con autonomía a la vez
que consideramos las opiniones de los allegados.
Aquello que creemos correcto o erróneo, nece-
sario o prescindible, repercute de nuevo sobre
nuestros actos (trátese de elecciones políticas o
de temas profesionales o familiares).
La experta en economía Ilyana Kuziemko,
de la Universidad Princeton en Nueva Jersey,
analizó varias «dinastías familiares» estadouni-
denses estudiadas previamente desde 1968 por
investigadores de la Universidad de Michigan en
Ann Arbor. A raíz de los datos de la Comisión de
estudio de la dinámica de los ingresos (PSID, por
las siglas en inglés), Kuziemko describió 823 fa-
milias primarias. Con el transcurrir de los años,
nacieron 1817 niños de ellas, las cuales, a su vez,
engendraron un total de 3666 hijos. El hallazgo
más destacado fue que los hermanos se conta-
gian el deseo de procrear.
Los sujetos con hermanos que habían tenido
hijos tenían hijos propios con más probabilidad
durante los siguientes dos años. Incluso la dife-
rencia de edad entre los niños y la cantidad de
hijos daría continuidad a la comunidad familiar,
sostiene Kuziemko. Si se deseaban dos niños,
las familias aspiraban a tener el doble de des-
cendencia, mientras que si reinaba el ideal de la
familia con un solo hijo, tuvieron el crío corres-
pondiente. Al parecer, no solo las emociones son
contagiosas; también los deseos personales y los
proyectos vitales.
Hechizo de la identidad grupal
¿A qué se debe tal tendencia? Muchos psicólogos
sociales consideran que el mayor objetivo de los
miembros de una determinada red consiste en
demostrar que ellos piensan, sienten y se com-
portan de la misma manera que los demás, solo
que, por lo general, no son conscientes de ello.
Esto refuerza la propia identidad grupal y fo-
menta de manera consecuente el «nadar a favor
de la corriente», lo cual favorece a la mayoría de
las personas, porque les confiere seguridad.
El estudio Add-Health es uno de los mayores
sondeos acerca del efecto de los grupos socia-
les. Investigadores de la Universidad de Carolina
del Norte en Chapel Hill encuestaron a más de
90.000 escolares entre los años 1994 y 2008.
Cada participante debía nombrar a cinco contac-
tos cercanos y facilitar información, entre otros
temas, de su vida amorosa, sus creencias religio-
sas y sus posibles experiencias con las drogas.
De esta manera se pudo comprobar que en las
relaciones entre jóvenes aparece un alto nivel de
contagio social. Los adolescentes solían practicar
aquello que les recomendaba su círculo de ami-
gos, ya fuese el sexo sin protección, frecuentar
la iglesia o consumir marihuana.
Un estudio del sociólogo Peter Shawn Bear-
man, de la Universidad de Columbia en Nueva
York, constató en 2001 el sutil poder de un círculo
exclusivista. Bearman realizó un seguimiento de
los adolescentes creyentes de la Iglesia Bautista
¿Son contagiosos
los sufrimientos?
Alrededor de 16 millones de
personas en Alemania sufren
trastornos psicológicos; allí
donde existe una red de psicote-
rapeutas son más frecuentes los
problemas mentales. Es decir, en
regiones con mayor densidad de
terapeutas suele darse un mayor
índice de psicopatologías.
Algunos investigadores valoran
dicho fenómeno como una
variante especial de contagio
social: en los lugares en los que
abundan los psicólogos existe
más demanda. Las característi-
cas estructurales de la población
desempeñan en este contexto
también una función fundamen-
tal: la diferencia se da entre la
ciudad y el ámbito rural.
Cambios vitales
(pérdida
de trabajo)
Pertenencia
a diversos
grupos
Conservar
lazos con
grupos antiguos

+
+
+
+
Tiempo
Bienestar
Construir
lazos con
grupos nuevos
Manejo colectivo de las crisis
Las personas que pertenecen a muchas redes sociales manejan los cambios
vitales con mayor facilidad. Una persona que se queda en el paro suele per-
der el contacto con los compañeros de trabajo, lo cual afecta a su bienestar.
Ahora bien, cuantas más alternativas de contacto tenga (desde el club de
tenis hasta ocupaciones para la comunidad), mayor posibilidad tendrá de
mantener los antiguos lazos o de entablar nuevas relaciones.
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del Sur, quienes mostraban entusiasmo por su
voto de castidad. La mayoría de ellos se aferraba
a la fe y no practicaba sexo antes del matrimo-
nio. En caso de que tal opción provocase la burla
o el rechazo por parte de los demás, el seguidor
conservaba con más ímpetu la restricción de
su comportamiento sexual; mas si generaba en
otras personas las ganas de vivir en castidad, ¡el
sujeto tendía a romper su promesa!
Bearman señala que cuando una promesa de
una minoría religiosa es asumida por la mayoría
parece perder su efecto exclusivo como señal de
identidad. Las convenciones sociales cumplen esa
función concreta; deben unir más al grupo y deli-
mitarlo de cara al exterior. En el momento en que
deja de funcionar (porque se ha «contagiado» de-
masiada gente), pierde su finalidad y su efecto.
Otro argumento explica el fenómeno del con-
tagio social: «Cuando las personas tienen liber-
tad de hacer lo que quieren, se imitan unas a
otras», explicaba ya el filósofo moral Eric Hoffer
(1902-1983). El ser humano posee una predilec-
TOPOLOGIA DE LOS KILOS DE MÁS
El diagrama representa la red social compleja en
relación al contagio de la obesidad investigada por
el politólogo James H. Fowler y el médico Nicholas
A. Christakis. Cada círculo simboliza una persona;
las líneas son relaciones familiares o de amistad.
Cuanto más céntrico se halla un círculo, más directa
es la relación de una persona con las demás. Los
sujetos con más sobrepeso aparecen marcadas de
color verde claro: estos se hallan interconectados
sobre todo con personas también obesas, tal y
como indican las estadísticas.
En 2006, Briten S. Alexander Haslam y Stephen
Reicher, en colaboración con la BBC, replicaron
el clásico experimento de la prisión del psicólogo
Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford.
Demostraron un fenómeno desconcertante.
Mientras que los probandos elegidos al azar para
hacer de presos se sentían con el transcurso del
tiempo menos estresados, a aquellos que des-
empeñaban la función de vigilantes les ocurría
justo lo contrario (a). Una posible explicación se-
ría que en el primer grupo la identificación social
era mayor, y la situación común mantuvo a los
sujetos unidos (b).
El sentido comunitario promueve el humor
Duración del experimento Duración del experimento
Presos Vigilantes
a: Sensación de estrés b: Identificación social
día 1 día 6 día 1 día 2 día 3 día 4 día 5 día 6
EL MUNDO AL REVÉS
En una «cautividad autoim-
puesta», los sujetos fueron
escogidos al azar para ser
vigilantes o presos. Mientras
que los presos iban acos-
tumbrándose a la vida tras
los barrotes (derecha), los
vigilantes sentían cada vez
mayor presión.
(«Stressing the group: social identity and the unfolding dynamics of responses to stress»,
por S. A. Haslam y S. D. Reicher en Journal of Applied Psychology, vol. 91, n.
o
5,
págs. 1037-1052, 2006)
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)
CORTESÍA DE JAMES H. FOWLER Y NICHOLAS A. CHRISTAKIS
58 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
ción por la sincronización: los soldados marchan
al mismo paso, los enamorados piensan en con-
sonancia, los creyentes rezan al unísono y los
hinchas corean a una sola voz.
Con el fin de examinar los efectos del com-
portamiento sincronizado, el psicólogo Scott S.
Wiltermuth, de la Universidad de Stanford en
California, convirtió su propio campus en una
academia militar. Para su estudio, publicado en
2009, hizo que los sujetos marcharan al mismo
paso. También fomentó la participación a tra-
vés de las apuestas de dinero. Observó que los
estudiantes que habían marchado previamente
juntos cooperaban más entre sí en comparación
con el grupo de control que solo había paseado
por el edificio universitario en una excursión
preparativa. Los «caminantes sincronizados»
parecían confiar más unos en otros, además de
sentirse más unidos que los «deambuladores»,
según las conclusiones de Wiltermuth.
Charles R. Seger, de la Universidad de India-
na en Bloomington, demostró cuán sencillo es
activar los sentimientos colectivos. Para ello,
planteó la siguiente cuestión a los probandos:
«¿Cómo se siente como ciudadano de EE.UU. en
este momento?» Los participantes indicaban, en
relación a su sentimiento de patriotismo, si se
sentían orgullosos, más bien culpables, rabiosos
o si miraban hacia el futuro con una actitud de
confianza o miedo. Con ello, Seger elaboró un
«perfil emocional» para cada sujeto.
Después, algunos escuchaban el himno na-
cional estadounidense o bien se les mostraban
fotografías de símbolos nacionales. Tras ello
debían describir de nuevo sus sentimientos
patrióticos con detalle. El himno y los emble-
mas nacionales acercaron las emociones de los
participantes. De forma similar a la sincronía
de los movimientos corporales bajo condiciones
determinadas, las emociones se sincronizan,
resumió Seger.
El acto de la imitación se basa, de la misma
manera que otros procesos relativos a las redes
sociales, en la similitud entre los integrantes. Te-
ner cosas en común promueve la confianza y la
comprensión mutua. Por ello los médicos suelen
relacionarse con amigos médicos y los artistas
con artistas; los padres de familia se reúnen con
otros padres de familia, y los solteros, con otros
individuos en la misma situación.
El lado oscuro de las semejanzas
Sin embargo, relacionarse con gente que se ase-
meja conlleva también riesgos. En los grupos ho-
mogéneos tan solo se intercambia información
de la que los miembros ya disponen; por otro
lado, el sentimiento de similitud puede tomar
el rumbo de amenaza en situaciones de crisis:
de forma espontánea, una persona siente miedo
porque podría correr el mismo destino que su
semejante.
Para un padre de familia, la separación ma-
trimonial de otro padre con el que tiene amis-
tad le resulta más amenazante que a un hom-
bre soltero; si un vecino fumador enferma de
cáncer de pulmón, otros fumadores se sienten
incómodos; incluso, con frecuencia, excluyen
al primero, dado que la enfermedad pone en
duda el estilo de vida de los otros miembros
de la red social.
La socióloga Martina Eller analizó hace algu-
nos años las relaciones sociales de unos 1000
diabéticos. Comprobó que, con la aparición de la
enfermedad, menguaban sus redes sociales. Dos
motivos, al menos, explican la reacción: existe
una tendencia a excluir a la persona enferma; a
su vez, el propio afectado se aparta y se muestra
menos activo.
El fenómeno resulta crítico, según Eller, pues-
to que el transcurso de una enfermedad como
la diabetes depende en parte de la amplitud y
la estabilidad de las relaciones de los enfermos.
«Cuando alguien dispone de una gran red so-
cial, gozará de una mejor salud años después
que aquella persona cuya red es escasa desde
el principio», indica Eller.
Entretanto, numerosos estudios prueban que
el aislamiento social supone un importante ries-
go para la salud. Las personas que sienten el apo-
yo de los demás viven con mayor satisfacción,
durante más años y envejecen mejor. Más im-
portante que el hecho de recibir ayuda puntual
de los demás es el sentimiento de ser atendidos
en caso de emergencia. La cuestión sobre si ese
último sentimiento es real o fundado, queda en
un segundo término.
Bernadette Boden-Alaba, de la Universidad de
Columbia en Nueva York, estudió a 656 pacien-
tes que habían sufrido un infarto de miocardio.
Pudo constatar que las personas aisladas mos-
traban el doble de probabilidades de sufrir un
segundo infarto en comparación con los pacien-
tes con mayor integración social. Dicho factor
suponía un mayor riesgo para su salud que el
sedentarismo o la arteriosclerosis. Boden-Alaba
critica la poca atención de los médicos hacia los
factores sociales en la salud.
La psicóloga Sheldon Cohen, de la Universi-
dad Carnegie Mellon, constató, por su parte, que
las personas con numerosas relaciones sociales
Calidad frente
a cantidad
Durante mucho tiempo, los
investigadores sostuvieron que el
exceso de roles y contactos so-
ciales ejercía un efecto negativo
sobre el estado psíquico, puesto
que implicaría más obligaciones
y estrés. Estudios más recientes
afirman que el mero número
de relaciones resulta menos
preponderante que la valoración
subjetiva de su calidad.
Las psicólogas Elianne van
Steenbergen y Naomi Ellemers,
de la Universidad de Leiden,
encuestaron a mujeres exitosas y
comprometidas con su profesión.
Las trabajadoras que considera-
ban que su vida familiar era rica,
activaban más su potencial de
trabajo. Por el contrario, aquellas
que respondían aportar más en
casa era porque su actividad
laboral les había defraudado. Al
parecer, la presunta disparidad
entre trabajo y familia es una
cuestión de valoración.
(Is managing the work-family
interface worthwhile?
Benefits for employee health
and performance,
por E. F. van Steenbergen
y N. Ellemers en Journal of
Organizational Behavior, vol. 30,
n.
o
5, págs. 617-642, 2009.)
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 59
sufren menos procesos de gripe y resfriados (a
pesar de su mayor exposición a los virus por su
actividad social). Los estudiosos de la resiliencia
también señalan la importancia del apoyo social
en los tiempos de crisis.
La psique aprovecha, por regla general, la va-
riedad de contactos. Según la psicóloga Jolanda
Jetten, de la Universidad de Queensland en Bris-
bane, los estudiantes que se implican en dife-
rentes redes sociales se hallan más protegidos
contra las depresiones.
En 2010, Jetten y los investigadores Cara
Pugliese y James Tonks, de la Universidad de
Exeter, establecieron que las personas con ini-
cios de demencia valoran su estado de salud de
forma más negativa que aquellas cuya enfer-
medad es más avanzada. Por lo que parece, los
enfermos más graves se consideran bien inte-
grados; si se sienten conectados, se encuentran
mejor.
Sin protección total
No obstante, el apoyo social no beneficia por
igual. «Las redes sociales tienen efectos bene-
ficiosos sobre el sistema circulatorio», afirma
la psicóloga Beate Ditzen de la Universidad de
Zúrich. Sin embargo, no queda claro si en las
patologías inmunitarias como el sida o la he-
patitis C dicho supuesto es válido. En algunos
estudios con enfermos de sida se llegó a encon-
trar una relación inversa: cuanto más grande y
cuidadosa era la red, peor resultaban los valores
inmunológicos de los afectados.
Es probable que la creencia popular de que
«las redes fomentan la salud» induzca al error,
igual que sucede con la afirmación de que «la
televisión es culpable de la soledad». Las redes
sociales no son una panacea contra la enferme-
dad y el dolor.
¿Cómo diferenciar las relaciones beneficiosas
de las perjudiciales? Las psicólogas Barbara G.
Melamed y Gail F. Brenner desarrollaron ob-
servaciones sistemáticas del comportamiento
de 35 matrimonios mayores, en los que uno de
los miembros sufría una enfermedad crónica
desde hacía 14 años como mínimo. Anotaron al
detalle el tipo de ayuda que prestaba la pareja
a la persona enferma: ¿Le leía el periódico? ¿Le
aconsejaba sobre la medicación? ¿Le acariciaba?
¿Consideraba el enfermo que ello le ayudaba?
Prestar apoyo en exceso no resulta del todo
recomendable, ya que el enfermo se vuelve de-
pendiente con rapidez. Pese a que la pareja aten-
día al enfermo con la mejor de las intenciones
—le cortaba la comida en trocitos, le ponía la
ropa en orden, le organizaba el día—, tal interés
causaba en el enfermo la sensación de encon-
trarse peor de lo que en realidad estaba y de
tener mayores necesidades. Por el contrario, el
sostén «benévolo» resultaba suficiente. Bastaba
con estar ahí.
Mejor menos que mal, indica la quinta esen-
cia de los estudiosos. Sin duda, tarea más fácil de
decir que de acometer. Cuando sentimos estima
por una persona, deseamos apoyarla en todo
momento. Los miembros hiperactivos de una
red social obvian, pues, un detalle: para ganarse
la simpatía y la confianza de los demás basta
con dar una señal, «Estoy aquí para cuando me
necesites».
Nikolas Westerhoff es psicólogo y periodista científico.
Según el sociólogo Sören Petermann, de la Universidad Halle-Wittenberg, las redes sociales de
un solo individuo abarcan de media unas 11 personas. El margen es, empero, amplio: alcanza
entre 1 y 30 contactos. Petermann distingue tres tipos de apoyo social: instrumental (ayudar
en la mudanza, prestar favores amistosos), emocional (aconsejar y escuchar los problemas) y
social (acudir a fiestas, salir con otros). Por norma general, sugiere que el apoyo social se logra
con facilidad; el instrumental resulta más complicado.
Los miembros de una red que cumplen los tres criterios se encuentran con mayor frecuencia
en el círculo más próximo del sujeto, como los amigos íntimos. Cuanto más grande es una
comunidad, más especializados aparecen los roles. En redes sociales virtuales, como Facebook
o Twitter, es posible vincular a cientos de contactos. Sin embargo, solo seis de las relaciones
en línea suelen ser estrechas (con las que se comparten fotos y experiencias personales, por
ejemplo). En general, las personas no se involucran en grandes redes a través de Internet; la
mayoría no dispone de tiempo suficiente para ello.
Redes sociales: pequeñas y sutiles
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
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60 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
A
Javier (nombre ficticio) le gusta explicar
a todo el mundo, en todo momento y con
todo detalle sus quehaceres. Su página en Fa-
cebook expone sin cesar entradas como «He
terminado mi capuchino; ahora voy a salir a
pasear con Pluto un rato»; «He perdido la re-
ceta de mi deliciosa tarta de chocolate... vaya
desastre... glups». A la sazón de otros millones
de miembros de las redes sociales en Internet,
Javier está convencido de que sus amigos de la
Red quieren saber a cada instante acerca de su
vida, por ello procura mantenerlos informados
cada 30 o 60 minutos.
A simple vista, el comportamiento de Javier
y demás usuarios de las redes sociales puede
resultar una banalidad; sin embargo, todos ellos
participan en el mayor ensayo de interacción
social jamás realizado. Si bien Internet ha ofre-
cido desde sus inicios un ámbito flexible para
congregar mentalidades afines, la aparición de
las redes sociales contribuye a poner orden en
el caos.
En un trabajo inicial publicado en 2007, los
expertos en medios sociales Danah Boyd, de
Microsoft Research New England en Cambridge
(Massachusetts), y Nicole B. Ellison, de la Uni-
versidad estatal de Michigan, atribuyen una
triple función a los sitios web de redes sociales:
deben proporcionar un foro en el que los usua-
rios construyan un perfil público o semipúblico;
deben crear una lista de otros usuarios con los
que mantener una conexión; deben permitir
la visión y movimiento por la propia lista de
conexiones, así como de otros usuarios.
Tales requisitos los cumplen MySpace, Linke-
dIn, Bebo, Qzone (enorme sitio web de redes
sociales chino para adolescentes), el español
Tuenti y el coloso mundial Facebook. También
otros sitios que se dirigen a un público más
joven, como el Club Penguin de Disney, en el
que los chicos interactúan como personajes
animados.
Desde su lanzamiento en la Universidad de
Harvard en 2004, Facebook ha llegado a contar
Comunidades
virtuales
Facebook, Myspace, Twitter, Tuenti y otras redes
sociales en Internet han evolucionado en pocos años
hacia un fenómeno global. ¿Cómo influyen este tipo
de relaciones en la psique de los usuarios?
DAVID DISALVO
ENREDOS VIRTUALES
Las redes sociales en línea per-
miten a los usuarios establecer
múltiples contactos. Su preferen-
cia de uso aparece por delante
de los correos electrónicos.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 61
con unos 600 millones de miembros en 190 paí-
ses y territorios de todos los continentes, incluso
en la Antártida. Si fuese un país, sería el cuarto
más poblado del mundo, después de EE.UU. Casi
la mitad de los miembros de Facebook lo visitan
a diario.
Otros sitios de redes sociales también se ex-
panden. LinkedIn, destinado a profesionales,
cuenta con más de 100 millones de usuarios
y cada segundo incorpora un nuevo miembro.
MySpace, que poseía la red social más extensa
hasta que Facebook la sobrepasara en 2008, re-
laciona a 63 millones de usuarios, y los siete mi-
llones de usuarios de Twitter distribuyen cada
día más de 65 millones de notas breves a quien
quiera leerlas. Aunque cerca del 40 por ciento
de los usuarios de redes sociales son adolescen-
tes y escolares, los crecimientos más rápidos en
Facebook se dan entre personas que se acercan
a los 40 años o que sobrepasan los 60.
Según datos de Nielsen Online, la comunica-
ción en las redes sociales (además de los blogs
o bitácoras que incluye) ocupa el cuarto lugar
entre las actividades en línea, por delante del
correo electrónico personal y solo por detrás de
los motores de búsqueda, los portales de interés
general (MSN, Yahoo, AOL...) y las descargas de
programas. El tiempo invertido en frecuentar las
redes sociales crece a un ritmo tres veces supe-
rior que el uso general de Internet; constituye
así cerca del 10 por ciento del tiempo total de
conexión en línea.
A medida que proliferan las redes sociales,
varía el criterio sobre el uso de Internet. De un
instrumento utilizado en el solitario anonimato
ha pasado a convertirse en un medio que incide
en cuestiones relacionadas con la naturaleza y
la identidad humana: quiénes somos, qué sen-
timos en relación a nosotros mismos y cómo
nos comportamos unos con otros. Mientras las
viejas teorías sobre la socialización en línea se
derrumban, brotan nuevas preguntas en tor-
no a la relevancia psicosocial del uso de redes
sociales.
RESUMEN
El efecto Facebook
1
A medida que prolife-
ran las redes sociales,
la gente modifica su modo
de pensar acerca de Inter-
net: de un instrumento de
uso en solitario anonimato
se ha convertido en un
medio que incide en as-
pectos de la naturaleza y
la identidad humanas.
2
El tiempo invertido
en sitios de red social
crece tres veces más que
el uso general de Internet.
Así, alcanza casi el diez
por ciento del tiempo total
de conexión en línea.
3
Las redes sociales
pueden mitigar la
soledad y fortalecer la
autoestima, aunque tam-
bién pueden producir el
efecto contrario. Depen-
de del usuario.
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A todos los solitarios
En general, se cree que la soledad significa un
aislamiento físico respecto a las demás personas.
Sin embargo, tal definición no acierta a expre-
sar la carga negativa del sentimiento, es decir, la
profunda decepción de sentir que las relaciones
sociales no se corresponden con las expectati-
vas. Algo semejante ocurre en la navegación a
través de distintas redes sociales; sería lógico
que la abundancia de contactos fuese una cura
de la melancolía y que, cuanto más numerosos
sean los contactos, más oportunidades habrá de
encontrar relaciones gratificantes. La realidad,
sin embargo, es más compleja.
Hasta no hace mucho, la Red se consideraba
un lugar social monótono. El neurocientífico
social John Cacioppo, de la Universidad de Chi-
cago, coautor del libro Loneliness: Human Nature
and the Need for Social Connection («Soledad:
naturaleza humana y necesidad de la relación
social»), afirma que casi todos los primeros es-
tudios sobre los usuarios de Internet con miras
sociales revelaban una tendencia al aislamiento.
La idea era que la gente utilizaba la Red como
sustitutivo de las relaciones a cara descubierta
y que los contactos establecidos por la red se
mantendrían en ese medio. Según Cacioppo, eso
resultaba ventajoso para las personas con dis-
capacidades que no podían salir y entrar, pero
no satisfacía a los demás usuarios. No sabían
con seguridad quién se encontraba en el otro
extremo de la línea. Los psicólogos criticaban
esta situación; a menudo descalificaban la socia-
lización en línea como una vía de escape para
ahorrar la molestia de unas relaciones reales a
las personas solitarias.
Esta visión fatalista de la comunicación a tra-
vés de las redes sociales comenzó a modificarse
a medida que la investigación se matizaba. En
2008, los psicólogos Kaveri Subrahmanyam y
Gloria Lin, ambos de la Universidad estatal de
California en Los Ángeles, interrogaron a 192
estudiantes de escuelas superiores sobre el uso
de Internet para comunicarse (el tiempo que de-
dicaban a ello y los sitios que solían frecuentar).
Tras ello, los participantes se sometieron a prue-
bas psicológicas con el propósito de evaluar su
nivel de soledad y de apoyo social. Ni el tiempo
total invertido en línea ni el dedicado a la propia
comunicación se compaginaban con una mayor
sensación de soledad.
Los resultados confirmaban un estudio rea-
lizado dos años antes por el psicólogo Andrew
Campbell y sus colaboradores de la Universidad
de Sydney que negaba la relación entre el tiempo
dedicado a la interconexión en línea y los niveles
de ansiedad o depresión, compañeros habituales
de la soledad. Además de no presentar mayores
recelos sociales que otras personas, los asiduos
a la Red pensaban que el tiempo dedicado a la
conexión les beneficiaba psicológicamente, pese
a manifestarse convencidos de que los usuarios
de Internet, en general, se sentían más solitarios
que el promedio de la población.
La relación entre la sensación de soledad y
la socialización en red aparece solo cuando las
variables se permutan: la soledad se estudia
entonces como precursora de la integración en
redes sociales. Para comprender la causa, hay
que recurrir a las ideas recientes sobre el com-
portamiento de un cerebro solitario. En 2009,
Cacioppo y su equipo demostraron mediante
imágenes cerebrales que los mecanismos neu-
ronales de las personas solitarias se diferencian
de las de sujetos comunicativos por su distinta
percepción del aislamiento social, componente
clave del sentimiento de soledad. Conectados
a una máquina de resonancia magnética, los
voluntarios contemplaron una serie de imáge-
nes: unas presentaban connotaciones positivas
(gente alegre, fiestas, dinero); otras, negativas
(escenas de desgracias, conflictos). A medida que
ambos grupos veían las imágenes agradables,
la zona del cerebro sensible a las recompensas
mostraba una respuesta más acusada en las per-
sonas comunicativas que en las solitarias. De
modo análogo, la corteza visual de los sujetos
solitarios respondía con mayor intensidad ante
las fotografías de escenas desagradables con per-
sonas que ante las imágenes desagradables con
objetos, lo cual sugiere que tales individuos fijan
una mayor atención en las aflicciones huma-
nas. En cambio, los probandos comunicativos
no mostraron diferencia alguna.
Dichas distinciones en la actividad cerebral
indican por qué la tendencia a la soledad dificul-
MILLONES EN FACEBOOK
El uso per capita de Facebook
entre los estadounidenses
creció un 175 por ciento en
2009; numerosos usuarios se
han apuntado a ese sitio y a
otros competidores a través
de móviles.
Los millones de
usuarios de las
redes sociales
participan
en el mayor
experimento de
interacción social
jamás realizado
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ta la participación en las redes sociales. Según
Cacioppo, en el cerebro de una persona retraí-
da se agudiza el estado de alerta ante posibles
amenazas sociales, aunque no se concreten de
forma expresa. En dichos sujetos, los insultos,
los desaires, las disputas y las murmuraciones
provocan niveles de tensión mucho más altos,
efecto que puede cuantificarse en parte a través
de la elevada producción de cortisol, hormona
del estrés. Tales efectos son más acusados en
la comunicación en línea, puesto que en este
caso los riesgos resultan más difíciles de prever.
Además, los largos silencios entre las respuestas
en una conversación virtual pueden suscitar el
temor en algunas personas de que estén obser-
vando o comentando a sus espaldas. También
crea inseguridad a los usuarios la multiplicidad
de posibles contactos de las redes sociales. Un
individuo solitario, con muy pocos contactos
registrados, puede sentirse incluso más inca-
pacitado a ampliarlos al ver que otros sujetos
podrían llenar un estadio con su lista de direc-
ciones favoritas.
No es de extrañar, pues, que las personas
que utilizan la tecnología como apoyo de sus
amistades ya existentes saquen el mejor pro-
vecho de las redes sociales. En un estudio en
adultos mayores, el doctorando en gerontología
Shima Sum, de la Universidad de Sydney, y sus
colaboradores descubrieron que el uso de las
redes sociales mitigaba la soledad cuando los
contactos virtuales se correspondían con físicos.
Así, las personas de edad avanzada que tratan
de establecer nuevas relaciones a través de las
redes sociales, por lo general, se sentirán más en
soledad que antes de su incursión en línea.
Sin duda, la interacción cara a cara resulta la
variable básica para calibrar los efectos de las
redes sociales. La psicóloga Laura Freberg, de la
Universidad Politécnica de California, estudió
junto a su equipo en 2009 el sentimiento de
soledad entre los miembros de Facebook: aque-
llos estudiantes que en sus relaciones cotidianas
se manifestaban comunicativos aportaban ese
talante a la red social, cosa que les beneficiaba.
Por el contrario, los probandos de ánimo retraí-
do acentuaban su carácter cuando usaban los
medios de comunicación tecnológicos.
Las personas solitarias también vuelcan en la
Red su auténtica personalidad al intentar «mu-
dar» de apariencia psicológica. De este modo,
una persona retraída y asocial podría, durante
un rato, asumir un carácter extrovertido, abier-
to y conversador, empero le será harto difícil re-
presentar ese papel durante más tiempo. Según
Freberg, la sensación de soledad proviene de
la diferencia entre lo que apetecemos y lo que
poseemos; si dicha diferencia se cronifica, pro-
voca comportamientos que repelen a los demás.
«Las redes sociales no están preparadas para
atender estas situaciones. De hecho, pueden
agravarlas», afirma Freberg. Por sí mismas, las
redes no crean ansiedades y temores en quie-
nes las usan, pero si las personas se sienten así
desde el principio, sus contertulios no tardarán
en notarlo.
Utilización
en CRESCENDO
El uso de las redes sociales
creció en España un 7 por
ciento en 2010 respecto al
año anterior. En total, un 83
por ciento de los internautas
españoles utilizaron alguna
red social en el año 2010.
Las redes más populares
en 2009 fueron, en primer
lugar, Facebook, seguida de
Tuenti.
Fuente: «Estudio de hábitos de
Internet» de Ocio Networks
RELACIONES FRÍVOLAS
La difusión de las redes sociales
en Internet podría sustituir la
riqueza de las relaciones en el
mundo real por una intermi-
nable retahíla de interacciones
triviales.
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Mirarse al espejo
En teoría, los sitios de redes sociales deberían
representar todo un hallazgo para quienes ne-
cesitan reforzar su autoestima: ofrecen un es-
cenario donde practicar las aptitudes sociales
sin la necesidad de afrontar la vergüenza de un
equívoco en vivo y en directo. En un estudio so-
bre usuarios de Facebook en 2008, Cliff Lampe,
investigador mediático, desmenuzaba las venta-
jas susceptibles de acumularse para algunos de
sus miembros. El equipo de Lampe examinó a
477 usuarios al principio y al final de un período
de un año, con el fin de evaluar los cambios en
diversos parámetros de bienestar psicológico. El
uso del sitio de redes sociales guardaba estre-
cha relación con un aumento del capital social,
es decir, los beneficios tangibles derivados de
la participación en una red de ese tipo, espe-
cialmente en personas con baja autoestima. (El
capital social potencia la autoestima: depura las
aptitudes sociales, suscita alegrías más durade-
ras y aumenta el nivel de confianza.)
Los efectos positivos fueron más notables en
los adolescentes, quienes parecen más dispues-
tos a sacar provecho de la experiencia a largo
plazo. Según Lampe, los muchachos encuentran
el modo de utilizar ese capital social en otras
actividades, sobre todo, a través de la adquisición
de una mayor confianza en sí mismos cuando in-
teraccionan cara a cara. Es decir, existe un efecto
multiplicador. A una conclusión semejante llegó
en 2009 Patti M. Valkenburg, de la Escuela de
Investigación en Comunicaciones de la Universi-
dad de Ámsterdam, tras analizar las consecuen-
cias sociales del uso de Internet en adolescentes.
Descubrió que asociarse a un sitio de las redes
sociales refuerza la autoestima al potenciar la
evolución de amistades, así como intensificar la
calidad de las relaciones existentes.
El contexto de Internet estimula en los ado-
lescentes la apertura hacia los demás y la propia
presentación. Al contrario que en la comunica-
ción cara a cara, las redes sociales solo permiten
señales visuales o acústicas limitadas. Valken-
burg sostiene que, de este modo, a los adolescen-
tes les estorban menos las emociones y las mo-
lestias físicas. Sin embargo, la conexión en Red
no beneficia a todos ellos. De igual modo que
las personas solitarias, los jóvenes se benefician
de las redes sociales en Internet si las utilizan
como medio para mantener sus relaciones ya
existentes. Aunque el uso de las redes sociales
tienda a fortalecer la autoestima, la predisposi-
ción a subestimarse acentúa la repercusión de
los fracasos, sean en el cara a cara o en línea.
Quizá por facilitar el contacto y la comuni-
cación, las redes sociales se han convertido en
refugio para personas con escasa autoestima,
pero también para aquellas que se complacen
demasiado en sí mismas. Sin duda, una crítica
muy frecuente a las redes sociales es el hecho de
dar cancha a los narcisistas que reclaman aten-
ción de todo el mundo, que desean contactos sin
importarles la superficialidad de las relaciones
que se establezcan, e incluso asaltan los foros
de debate en línea con el objetivo de acaparar
el protagonismo.
Sin embargo, su arma resulta de doble filo: el
mismo foro que da pábulo al narcisista también
puede convertirse en su ruina. La doctoranda Lau-
ra Buffardi, de la Universidad de Georgia, dirigió
un ensayo de psicología social con el fin de averi-
guar los rasgos que definen a un narcisista en la
Red y así «darle caza» con facilidad. Junto con el
psicólogo W. Keith Campbell, Buffardi examinó a
130 usuarios de Facebook mediante el Inventario
de Personalidad Narcisista. Cada probando debía
elegir entre dos descripciones posibles, la que,
según su opinión, mejor correspondiese con su
persona; por ejemplo, entre «Soy más capaz que
otros» y «Tengo mucho que aprender de otros».
Las personas que puntúan alto tienden a engañar
y bromear más en sus relaciones, acaparan los
recursos y son demasiado materialistas.
El estudio comprobó que los narcisistas en la
Red se comportan de modo análogo que en el
mundo real: acumulan muchos contactos, pese
a ser superficiales, y no cesan en pregonar su
valía. También es cierto que no cuesta descubrir-
los. Personas no habituadas al uso del Facebook
mostraron una capacidad similar para detectar
a sujetos narcisistas en páginas del sitio elegi-
das al azar que al valorar la personalidad de los
amigos, capacidad determinada en anteriores
¿MÁS SOLOS?
las redes sociales pueden crear
inseguridad y ansiedad en la
gente solitaria, ya que resulta
difícil percibir las amenazas
sociales en la Red. Sin embargo,
sí pueden mitigar la soledad si
se establece comunicación con
amistades de la vida real.
El máximo
provecho de
una red social se
obtiene cuando se
basa en amistades
ya existentes
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investigaciones. Tres características descubrían
a los narcisistas: un gran número de contactos,
una apariencia sugestiva y una fotografía de
calidad profesional.
Los narcisistas quizá no puedan pasar inad-
vertidos, pero sería más interesante saber si
llegaron a la red social provistos ya de un ego-
tismo delatador, o por el contrario, los propios
sitios de red social contribuyeron a desarrollar
tal personalidad. Las conclusiones no resultan
definitivas, aunque sí interesantes. Ciertos estu-
dios sugieren que los valores del Inventario de
Personalidad Narcisista en EE.UU. han variado
poco desde 1982; otros indican la existencia de
apreciables repuntes de narcisismo entre gru-
pos de adultos jóvenes en 2002, año en el que
nacieron las redes sociales. Sean los sitios de las
redes sociales fuente o sumidero de ese tipo de
personalidad, resulta fácil pensar que el espec-
tacular auge de estas comunidades virtuales
forma parte de la cultura de la ostentación.
Uso excesivo
El término «adicción» se asocia con facilidad a
este contexto. Póngase el calificativo que se pre-
fiera, lo cierto es que el tiempo que se invierte en
las redes sociales va en aumento. Según un infor-
me de Nielsen Online, 70 millones de miembros
de Facebook en EE.UU. consumieron 233 millo-
nes de horas en las redes sociales durante abril
de 2009. Si se compara dicha cifra con los 28
millones de horas que dedicaron 23 millones de
miembros el abril anterior, el incremento de uso
per cápita fue del 175 por ciento. Un estudio de
Nucleus Research en Boston indica que los usua-
rios «más adictos» invierten en las redes sociales
dos horas diarias de su horario laboral. De esta
manera, las compañías que permiten el acceso
a Facebook a sus empleados pueden perder el 1,5
por ciento de su productividad total.
No resulta raro que las redes sociales ejerzan
tal atracción. A semejanza de la televisión, los
videojuegos y otro tipo de medios electrónicos,
estos sitios ofrecen una gratificación instantá-
nea. Judith Donah, directora del Sociable Media
Group en el Media Lab del Instituto de Tecnología
de Massachusetts, asegura que tales redes pro-
porcionan una serie de pequeñas recompensas
mentales sin necesidad de grandes esfuerzos, las
cuales aportan energía para recargar el mecanis-
mo de la compulsión, como el estremecimiento
que siente un jugador de naipes ante una nueva
carta sobre el tapete. De forma acumulativa, su
efecto resulta poderoso y difícil de resistir.
Dedicar algo más de tiempo a las redes so-
ciales no amenaza el equilibrio psíquico de la
mayoría de la gente. De hecho, dos horas diarias
en Facebook significaría dos horas menos ante
el televisor. Sin embargo, para quienes vuelcan
sobre el teclado una personalidad compulsiva,
las horas pueden acumularse con rapidez, si-
tuación que desencadena toda una retahíla de
perjuicios en el trabajo y en casa. Las tenden-
cias obsesivo-compulsivas predisponen a una
gama de comportamientos adictivos, afirma el
neurocientífico Gary Small, de la Universidad de
California en Los Ángeles. En el caso de EE.UU.,
el grupo de riesgo es bastante nutrido, ya que
POTENCIAR LA AUTOESTIMA
El uso de Facebook puede
fomentar la autoestima en los
adolescentes: estimula su fran-
queza y apertura, además de
reforzar la confianza en sí mis-
mos al relacionarse cara a cara.
La interacción
cara a cara resulta
esencial para
nuestro modo de
ser; su riqueza
afecta a nuestro
cerebro
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uno de cada 50 adultos sufre en alguna medida
un trastorno obsesivo-compulsivo.
La red social no es más que un nuevo foro
para las malas costumbres, señalan múltiples
estudios. El investigador Scott Caplan, de la
Universidad de Delaware, argumenta que las
personas que prefieren la comunicación virtual
al encuentro cara a cara también puntúan alto
en el uso compulsivo de Internet y en utilizarlo
para alterar su estado de ánimo. En 2007, Caplan
analizó un grupo de 343 estudiantes universi-
tarios con el fin de averiguar el factor desen-
cadenante de su comportamiento compulsivo
en línea. Se basó en rasgos de la personalidad
que hacen vulnerable al individuo (aislamiento
y ansiedad social), así como actividades de la
Red que acentúan las tendencias compulsivas
(videojuegos, pornografía y apuestas).
Las redes sociales ofrecen a los usuarios maneras sencillas de
presentarse con imágenes idealizadas de sí mismos, incluso si
tales ideales no concuerdan con su personalidad real. La in-
vestigadora Soraya Mehdizadeh ha descubierto una forma de
atravesar la cortina entre el mundo real y el virtual: Facebook
como filtro para predecir el nivel de narcisismo y autoestima
de las personas.
Todavía como estudiante en la Universidad de York en To-
ronto, Mehdizadeh recibió el permiso para acceder a las cuen-
tas de Facebook de 100 universitarios. Evaluó sus actividades
en la red social: compartir fotografías, poner mensajes en el
muro y actualización del estado. También estudió la frecuen-
cia con la que los estudiantes se conectaban a Facebook y el
tiempo que duraba cada sesión. Los resultados se publicaron
en Cyberpsychology, Behavior and Social Networking.
Tras obtener la evaluación de cada participante median-
te el Inventario de la Personalidad Narcisista y la Escala de
Autoes tima de Rosenberg, descubrió que los sujetos narcisistas
y aquellos con una baja autoestima manifestaban una mayor
probabilidad de pasar tiempos prolongados en la red social
(en general, más de una hora diaria), así como de introducir
fotografías que intentasen resultar atractivas (posando o re-
tocadas con Photoshop). Los narcisistas solían promocionarse a
sí mismos a través de las actualizaciones de estado (aparecían
frases como «Soy tan glamoroso que sangro purpurina») y
la actividad en el muro (con enlaces egocéntricos del estilo
«Famosos que se parecen a mí»).
La autoestima y el narcisismo suelen aparecer relaciona-
dos, empero no siempre van de la mano. Algunos psicólogos
creen que los narcisistas, es decir, las personas con un patrón
dominante de actitud grandilocuente, una necesidad de ad-
miración y una falta de empatía, tienden a exagerar de forma
inconsciente su supuesta importancia como defensa contra los
sentimientos de inferioridad. No existen suficientes investiga-
ciones empíricas que confirmen tal vinculación, sin embargo, el
estudio de Mehdizadeh parece apoyar dicha hipótesis. Ya que
las personas narcisistas presentan una menor capacidad para
mantener relaciones íntimas o a largo plazo, Mehdizadeh pen-
só que se sentirían más atraídos por el mundo de los amigos
virtuales y de la comunicación emocional a distancia.
Aunque parece que los narcisistas pueden utilizar Facebook
con el objetivo de alimentar su ego sobredimensionado, Meh-
dizadeh no llega a confirmar que invertir un tiempo excesivo
en Facebook convierta a los usuarios en narcisistas. Asimismo
señala que las redes sociales podrían tener efectos positivos en
las personas con depresión o baja autoestima. «Si los individuos
con baja autoestima presentan una mayor tendencia a utilizar
Facebook», afirma, «la cuestión es si Facebook puede ayudar-
les a aumentar su autoestima al permitir conversar y ayudarse
mutuamente en un entorno social interactivo. No creo que sea
necesariamente negativo el hecho de que las personas con baja
autoestima utilicen Facebook».
— John H. Tucker
Glamour en Facebook
¿AUTOESTIMA DIGITAL?
El uso de las redes sociales
no tiene por qué convertir a
sus usuarios en narcisistas,
aunque sí podría conllevar
efectos positivos en las per-
sonas con baja autoestima.
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BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
BORN DIGITAL: UNDERSTAN-
DING THE FIRST GENERATION
OF DIGITAL NATIVES. John
Palfrey y Urs Gasser. Basic
Books, 2008.
DO TODAY’S YOUNG PEOPLE
REALLY THINK THEY ARE SO
EXTRAORDINARY? AN EXAMI-
NATION OF SECULAR TRENDS IN
NARCISSISM AND SELF ENHAN-
CEMENT. Kali H. Trzesniewski,
M. Brent Donnellan y Richard
W. Robins en Psychological
Science, vol. 19, n.
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págs. 181-188, 2008.
SOCIAL CAPITAL, SELF-ESTEEM,
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NETWORK SITES: A LONGITUDI-
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Lampe en Journal of Applied
Developmental Psychology,
vol. 29, págs. 434-445, 2008.
SOCIAL CONSEQUENCES OF THE
INTERNET FOR ADOLESCENTS:
A DECADE OF RESEARCH. Patti
M. Valkenburg y Jochen
Peter en Current Directions
in Psychological Science,
vol. 18, n.
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1, págs. 1-5, 2009.
THE NARCISSISM EPIDEMIC:
LIVING IN THE AGE OF ENTITLE-
MENT. Jean Twenge y W. Keith
Campbell. Free Press, 2009.
IMÁN PARA LOS OBSESIVOS
Internet es un imán para las personas con ten-
dencias obsesivo-compulsivas. Las redes sociales
pueden proporcionar el mismo tipo de gratificación
inmediata que la televisión y los videojuegos.
De todos los factores señalados, la ansiedad
social se reveló prevalente. «Los individuos
con ansiedad social, con dificultades para los
encuentros cara a cara, se ven atraídos por las
singulares características de la conversación en
línea», señala Caplan.
El futuro de las redes sociales
La conexión a las redes sociales, hoy ya muy di-
fundida, parece destinada a penetrar todavía más
en nuestras vidas. Lampe sostiene que nos acerca-
mos a un tiempo en el que la distinción entre la
relación virtual y la física tiende a borrarse.
Habrá que luchar para evitar que la constante
invasión de la conectividad social diluya nuestras
relaciones del mundo real al arrastrarnos a inte-
racciones triviales. La socialización en Red carece
de muchos elementos esenciales de la comunica-
ción personal, entre ellos, el lenguaje corporal y
el tacto. Cacioppo asegura que la interacción cara
a cara es necesaria para nuestra manera de ser.
«Necesitamos su riqueza en nuestras vidas, y esa
riqueza afecta a nuestro cerebro.» Espera que, en
último término, la interacción de las relaciones
virtuales se vuelva más compleja, incluso plantea
la posibilidad de que en un futuro la comunicación
en línea se produzca por medio de hologramas, no
de modo bidimensional como hasta ahora, de tal
manera que preserve una parte mayor del núcleo
vital de la comunicación en persona.
Una aplicación dinámica que probablemente
no tardará en aparecer es el filtrado cognitivo.
La infraestructura de la red social, según Boyd,
va a configurarse en moldes de todo tipo, sobre
todo en servicios multimedia. El filtrado cogni-
tivo permitirá a los usuarios concentrarse en
la información ya revisada por sus respectivas
redes, lo cual ahorrará tiempo y disgustos. Por
ejemplo, a la hora de repasar listas de películas
en el teléfono móvil inteligente se podrían ver
primero las que recomienda nuestra red social
seguidas de las valoradas según nuestro límite
de calidad. No obstante, se corre el riesgo de
que la técnica limite la perspectiva de quienes
la usan, de tal manera que fomente un pensa-
miento insular, lo que nos convertiría en una
sociedad de comunidades de miopes.
Por todo ello, las redes sociales, a modo de
microcosmos, constituyen un fenómeno tan
importante. Más allá de las recetas de cocina,
las historias de mascotas y los relatos de lo que
hizo el bebé al despertarse, surge una corriente
de transformación. Lo que al principio parecía
una caprichosa aplicación de comunicación a
través de la Red tiende a ubicuidad global. No
a mucho tardar, la conexión en redes sociales
puede formar parte de cualquier herramienta de
comunicación que utilicemos: cambiará nuestra
manera de relacionarnos y, con ello, a nosotros
mismos.
David DiSalvo escribe sobre ciencia y tecnología para
varias revistas sobre psicología y neurociencias. Publica
también en Neuronarrative.com y otros blogs
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ogares sin aparatos electrónicos como un
televisor, un DVD, un ordenador con co-
nexión a Internet o una videoconsola escasean.
Los detractores de tal tendencia advierten: pa-
sar mucho tiempo conectado a la Red provoca
que el interés en la vida «real» se centre solo
en porciones de información rápida, elemental
y digerible; jugar a los videojuegos en exceso
disminuye la capacidad de atención de niños
y adolescentes, por lo que les cuesta cada vez
más concentrarse. Así de claro y conciso. Mas,
¿se trata de temores infundados o de certezas
comprobadas?
A pesar de la opinión de los agoreros, el co-
ciente de inteligencia (CI) medio de la población
mundial ha aumentado en los últimos 60 años,
un fenómeno que se conoce como el «efecto
Flynn». No existe consenso sobre el motivo,
aunque se barajan diversas causas, entre ellas, el
aumento en la etapa de educación y formación,
una mejor alimentación y la creciente tecnifi-
cación de la vida cotidiana; esta última obliga
más que nunca a digerir información nueva de
modo constante, lo que contribuye a mantener
la materia gris activa.
Sin embargo, no todas las formas de inteli-
gencia han experimentado un aumento en los
últimos tiempos. Según un estudio panorámi-
co de 2009 de la psicóloga evolutiva Patricia
Green field, de la Universidad de California en
Los Ángeles, el incremento del CI se acusa so-
bre todo en pruebas no lingüísticas, es decir, en
aquellas en las que se exige una mayor inteli-
gencia visuoespacial a través de la comparación
de diseños complejos o el giro mental de figuras
geométricas. En los tests verbales, en cambio, la
tendencia al alza se presenta menos definida, se-
gún Greenfield. Si bien el vocabulario básico de
los estadounidenses ha aumentado en las últi-
mas décadas, en las pruebas escolares de aptitud
(SAT, de Scholastic Aptitude Test), los estudian-
tes manifiestan una menor comprensión de los
conceptos abstractos. Ambos resultados podrían
deberse a la presencia casi omnipresente de la
televisión frente a una menor inclinación por
la lectura en el tiempo libre.
Por el contrario, señala Greenfield, los me-
dios electrónicos podrían ser responsables del
incremento de la inteligencia visuoespacial.
Existen estudios que apoyan tal hipótesis. En
1994, el psicólogo Peter Frensch, quien por
aquel entonces trabajaba en la Universidad de
Missouri en Columbia, demostró que los juegos
de ordenador educan el pensamiento espacial.
Junto a la psicóloga evolutiva Lynn Okagaki, de
la Universidad Purdue en West Laffayete, some-
tió a más de 100 probandos a diversas pruebas
Inteligencia 2.0
Navegar en Internet y jugar a videojuegos aumenta la inteligencia visuoespacial y la atención.
Sin embargo, su uso relega el desarrollo de otras facultades cognitivas esenciales
CHRISTIAN WOLF
RESUMEN
¿Nuevo mundo
inteligente?
1
El cociente medio de
inteligencia aumenta
desde hace décadas.
Algunos investigadores
creen que los medios
electrónicos tienen parte
de responsabilidad en
esta tendencia.
2
Ciertos estudios
muestran que el
trabajo con las nuevas
tecnologías fomenta el
pensamiento visuoespa-
cial; también fortalece la
capacidad de interaccio-
nar con diversas tareas al
mismo tiempo.
3
Otras investigaciones
relacionan el uso de
los medios tecnológicos
con una conducta impul-
siva y una disminución en
la capacidad de concen-
tración.
CONEXIÓN TOTAL
En la oficina, en casa o al aire
libre. Internet y las formas mó-
viles de comunicación penetran
en nuestra vida cotidiana.
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de imaginación visuoespacial. Una parte de los
sujetos se entretuvieron en varias ocasiones du-
rante seis horas con el ya clásico videojuego de
lógica Tetris (rompecabezas digital que consiste
en colocar de forma adecuada y bajo la presión
del tiempo las piezas geométricas que caen sin
cesar de la parte superior de la pantalla). En una
prueba posterior con figuras espaciales, dichos
jugadores, en especial los varones, manifestaron
una mayor destreza para solucionar las tareas
que aquellos probandos que no habían emplea-
do unas horas resolviendo el Tetris.
De entrada, el mundo de la pantalla en el que
crecen los niños y los jóvenes de hoy no resulta
dañino para el cerebro. Al contrario: el cons-
tante bombardeo mediático podría preparar a
las nuevas generaciones ante las demandas de
la vida moderna. Cada vez más se exige a los
trabajadores la capacidad de la «multitarea»,
es decir, de dedicarse a diversas labores a un
mismo tiempo.
En 2005, Paul Kearney, del Instituto Unitec de
Tecnología de Auckland, descubrió que algunos
juegos de ordenador entrenaban dicha facultad.
Kearney solicitó a sus probandos que completa-
sen un test virtual, en origen desarrollado para
los reclutas de la armada de Estados Unidos. Los
voluntarios debían afrontar de forma simultá-
nea tareas habituales en una oficina: cálculos
mentales, memorizar series de nombres en poco
tiempo, prestar atención a estímulos visuales o
acústicos, entre otras. Antes de iniciar la prue-
ba por segunda vez, parte de los sujetos jugó
durante dos horas con el videojuego de acción
Counter-strike. Estos participantes consiguieron
mejorar sus resultados en la segunda prueba de
multitarea, así como los obtenidos por aquellos
sujetos que no habían jugado. ¿Por qué? En los
juegos de disparo en primera persona como el
Counter-strike, el jugador debe superar tareas
simultáneas: mover el personaje, atacar al adver-
sario, reaccionar ante los sucesos imprevistos,
vigilar su estado de salud y su provisión de mu-
niciones, además de idear una estrategia para
llegar al siguiente nivel. El completo reto cogni-
tivo preparó a los probandos para la prueba de
tareas simultáneas final, concluye Kearney.
Todo a la vista
Los videojuegos pueden influir también en
aspectos de la atención visual. En 2003, los
investigadores de la cognición Shaw Green y
Daphne Bavelier, de la Universidad de Roches-
ter en Nueva York, compararon individuos que
habían empleado gran parte de su tiempo libre
a lo largo de los seis meses en juegos digitales
de acción con personas que nunca cogían un
mando de videojuego. En la prueba, los volun-
tarios debían detectar cuántos cuadrados des-
tellaban en una pantalla. Aquellos probandos
que habían ejercitado con anterioridad su vista
en el monitor podían detectar más estímulos en
un mismo momento; también cuando los ele-
mentos aparecían en menor número y posicio-
nes más separadas. Asimismo, los probandos
jugadores demostraron su superioridad en el
A los psicólogos les resulta difícil definir con precisión esta importante cualidad. Desde que
William Stern, de la Universidad de Breslau, introdujera en 1912 el cociente de inteligencia, se
han desarrollado sistemas de tests para cuantificar las capacidades cognitivas de las personas.
Ello llevó a Edwin Boring (1886-1968), de la Universidad de Harvard, a la afirmación lapidaria
de que «la inteligencia es aquello que miden los tests de inteligencia». La mayoría de los inves-
tigadores, entretanto, pueden comulgar con la idea de que la inteligencia se halla compuesta
de dos grandes factores: la capacidad general de pensamiento («inteligencia fluida») y los
conocimientos aprendidos («inteligencia cristalizada»). El test de estructura de la inteligencia
que se aplica con mayor frecuencia divide el primer ámbito, el pensamiento deductivo, en los
siguientes componentes:
B inteligencia visuoespacial (rotar mentalmente figuras espaciales, completar modelos desde
el punto de vista lógico, etcétera).
B inteligencia numérica (calcular, continuar una serie de números, etcétera).
B inteligencia verbal (completar frases, construir analogías, entre otras).
El saber y la capacidad de recuerdo de los candidatos que realizan el test se detectan en
tareas separadas.
¿Qué es la inteligencia?
TV total
Tiempo promedio al día que
dedican los escolares de entre
6 y 13 años de edad en Alema-
nia a los diferentes medios de
información (según datos de los
tutores).
(KIM-Studio de 2008 de la Asocia-
ción de Investigadores de Pedagogía
de los Medios del Sudoeste.)
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procesamiento temporal. Los científicos inves-
tigaron también en los voluntarios el «parpadeo
de la atención», fenómeno psicológico que con-
siste en presentar, tras un primer estímulo, un
segundo objeto durante solo unos cientos de
milisegundos (elemento que escapa fácilmente
de la percepción visual). Mostraron a los sujetos
una serie de letras en negro de forma repetida y
rápida en la pantalla (diez por segundo). En un
punto aleatorio se insertó una letra en blanco.
En la mitad de los casos se añadió a la serie final
una X negra tras la letra blanca.
Después de la ejecución de cada serie, los pro-
bandos debían indicar qué letra había aparecido
en blanco, aunque el verdadero interés de los
investigadores residía en saber si los voluntarios
acertaban sobre la aparición de una X negra. La
curiosidad de los científicos obtuvo la siguiente
respuesta: aquellos participantes aficionados a
entretenerse con videojuegos mostraron cla-
ramente más aciertos que los probandos no
habituados a tal entretenimiento, sobre todo
en relación a la pregunta sobre la presencia de
una X negra tras la letra blanca. Solo cuando
aumentaba el intervalo temporal entre ambos
estímulos, los «abstemios» al videojuego alcan-
zaban resultados similares a los de los jugadores.
Pasar mucho tiempo ante el monitor, afirman
los psicólogos, podría pues incrementar la rapi-
dez en asimilar informaciones.
¿Se trata solo de un efecto de entrenamiento?
Podría pensarse también que los aficionados a
los videojuegos sienten especial atracción por
los juegos de acción, precisamente porque dispo-
nen de antemano de una mayor atención visual,
con lo que logran resultados mejores. Ante el
dilema, Green y Bavelier enviaron a una parte
de los probandos no duchos en los juegos digi-
tales a entrenarse en tales maniobras. La mitad
de ellos debía dedicar una hora al día durante
10 días al juego de disparos y puntería Medalla
de honor, mientras que la otra mitad de volunta-
rios coleccionaba puntos en el Tetris, más tran-
quilo. Los tests llevados a cabo antes y después
del periodo de entrenamiento mostraron que,
al contrario de lo que sucedía con el juego de
lógica, el de acción incrementó en gran medida
la atención visual de los participantes. Green y
Bavalier atribuyen dicho efecto a que los juegos
de acción obligan a prestar mayor atención a
multitud de objetos al mismo tiempo.
En un estudio de 2008, ambos investigadores
adujeron además un posible mecanismo por el
que desarrollan los efectos del aprendizaje; los
estímulos vinculados con recompensas condu-
cen con mayor facilidad a conexiones nuevas
en el cerebro. Los estudios han mostrado que
al jugar en el ordenador o la consola se segrega
dopamina (neurotransmisor que desempeña
una importante función en el sistema neuro-
nal de recompensa) en determinadas áreas del
cerebro, como el cuerpo estriado. Este «golpe»
de dopamina podría contribuir a que, al poco
tiempo de juego, se refuercen las capacidades
necesarias para jugar.
«Los videojuegos pueden resultar muy be-
neficiosos para capacidades como la atención
visual», confirma el pedagogo Jürgen Fritz, de
la Escuela Técnica Superior de Colonia. «Faltan
pruebas, no obstante, sobre los efectos a largo
plazo, ya que los estudios de laboratorio reali-
Iconos en vez
de palabras
Los «emoticonos» que se
emplean con frecuencia en
Internet, como :-), repre-
sentan rostros estilizados.
El procesamiento de tales
pictogramas estimula una
actividad cerebral más com-
pleja que la contemplación
de rostros reales. En dicho
proceso se activan áreas res-
ponsables de la descodifica-
ción de las palabras además
de aquellas responsables del
reconocimiento de objetos
reales.
(«Objects and their icons in the
brain: The neural correlates of
visual concept formation»,
por Y.-W. Shin et al. en Neuro-
science Letters, vol. 436,
págs. 300-304, 2008.)
EL CEREBRO «BUSCADOR»
La comparación de la actividad cerebral de pro-
bandos con y sin experiencia en Internet al leer el
texto de un libro y al navegar en una página web
muestra que quienes usan con regularidad los
buscadores activan al navegar por la Red regiones
cerebrales adicionales importantes para procesos de
decisión complejos.
Experto en Internet
leyendo
Experto en Internet
buscando en la web
Principiante en Internet
buscando en la web
Principiante
en Internet leyendo
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zados hasta la fecha solo analizan los efectos a
corto plazo.» Por otro lado, hasta ahora se ha
comprobado que las competencias adquiridas
a través de la práctica virtual pueden aplicarse a
otros juegos y tests psicológicos en pantalla, mas
resta por investigar hasta qué punto tales com-
petencias resultan útiles en el mundo real.
Internet se encuentra, desde hace algunos
años, bajo el punto de mira de científicos cog-
nitivos e investigadores del aprendizaje. Los
resultados, en parte, sorprenden. En 2008 la
psicóloga Genevieve Johnson, de la Universidad
Grant MacEwan de Edmonton en Canadá, inves-
tigó mediante tests cognitivos a alrededor de
400 estudiantes usuarios de la Red en su tiempo
libre. Para examinar la capacidad de planifica-
ción, los probandos debían hallar en una lista
de números de siete dígitos, bajo la presión de
un cronómetro, las cifras que se correspondían.
(Dicho ejercicio requiere una estrategia efectiva
de búsqueda, como puede ser comparar los tres
primeros dígitos de cada cifra.) Se ideó además
una prueba para comprobar la atención visual
de los sujetos: debían encontrar en una amalga-
ma de números impresos en distinta tipografía
aquellos que se correspondían con las indica-
ciones que los experimentadores les facilitaban
previamente.
Aquellos probandos que, según su propio tes-
timonio, navegaban con asiduidad por Internet,
obtenían mejores resultados en ambas tareas
que los participantes que se describieron como
usuarios ocasionales o incluso no consumido-
res de la conexión en línea. Según el estudio, la
capacidad de planificación a corto plazo desta-
caba, sobre todo, si los estudiantes usaban con
frecuencia la Red para preparar sus trabajos y
los buscadores en línea (como Google o Yahoo).
La atención visual, por el contrario, despuntaba
entre aquellos que utilizaban Internet preferen-
temente para comunicarse y mandar correos
electrónicos.
Búsqueda activa
Según Johnson, navegar por la Red estimula la
mente. A diferencia de la televisión, el consumo
de información en Internet no sucede de forma
pasiva, sino que permite una búsqueda activa.
Sin embargo, establecer una simple relación
causa-efecto entre el uso de Internet y la inteli-
gencia no resulta de recibo: es probable que se
necesite de cierta capacidad mental que induci-
ría a las personas a navegar cada vez con mayor
frecuencia en la Red, lo que a su vez aumentaría
las capacidades cognitivas.
Si el uso regular de Internet potencia la sus-
tancia gris, ello debería acusarse asimismo en la
actividad cerebral. En 2009, el psiquiatra Gary
Small y su equipo de la Universidad de California
en Los Ángeles examinaron tal hipótesis en 24
personas adultas. La mitad de ellas, de entre 55 y
76 años de edad, no tenía ninguna o tenía muy
poca experiencia con los buscadores de Internet.
El resto de los probandos usaban con frecuencia
este tipo de servicio. Los participantes, dentro
del tomógrafo de resonancia magnética, veían
a través de una pantalla una serie de textos
relacionados con temas diversos, entre ellos, la
marcha nórdica. Las informaciones aparecían en
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Test de matrices de Raven
WISC
En 1948 el psicólogo Read Tuddenham, de la Universidad de California en
Berkeley, señaló por primera vez que el cociente de inteligencia (CI) aumenta
con el tiempo. Comparó el CI de los reclutas estadounidenses de la Primera
y la Segunda Guerra Mundial; los resultados de los test de aptitud de la
generación más joven resultaron mejores.
A principios de los años ochenta del siglo XX, el politólogo James Flynn
empezó a recopilar los resultados de los tests de inteligencia de diferentes
países. Constató que la tendencia mundial era la subida continua: según el
test y el país, crecía el CI de generación en generación de 5 a 15 puntos, fenó-
meno conocido como «el efecto Flynn». Sin embargo, el propio descubridor
es escéptico sobre qué conclusiones se pueden sacar de ello. Según Flynn, los
test de inteligencia medirían sobre todo aquellas capacidades cognitivas que
habrían mejorado en el último siglo, el pensamiento abstracto y el científico.
Ello constituiría solo una parte de la inteligencia. El mayor incremento en
el CI se muestra en procedimientos que utilizan tareas visuales. Al parecer
se incrementa sobre todo la inteligencia espacial.
B Test de inteligencia Wechsler para niños (WISC, Wechsler Intelligence Scale for
Children), que registra, entre otras capacidades, las verbales, lógicas y matemáticas.
B El test de matrices de Raven solo consta de ejercicios con imágenes.
(«What is intelligence?», por J. R. Flynn. Cambridge University Press; Cambridge; 2009.)
Tendencia al alza
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 73
dos tipos de formato: como libro virtual o bien
distribuidas en varias páginas web, las cuales
contenían los mismos textos e imágenes, mas
los probandos debían decidir qué páginas y en
qué orden las contemplaban. Resultado: al obser-
var la reproducción virtual de las páginas de un
libro se activaban en todos los sujetos regiones
cerebrales asociadas con la lectura (en especial,
en el hemisferio izquierdo aparecían activos el
centro cerebral del lenguaje y la corteza visual).
En cambio, en la experiencia con las páginas
web, ambos grupos mostraron diferencias entre
ellos: mientras que los cerebros de los sujetos
no ejercitados en el uso de Internet presentaban
actividades semejantes a cuando leían el texto de
un libro, en los encéfalos de los «expertos en bus-
cadores» se activaban regiones del lóbulo frontal
y temporal, además del hipocampo, estructuras
cerebrales todas ellas implicadas en complejos
procesos de decisión.
Con el fin de confirmar que la navegación por
la Red provoca diferencias en la actividad cere-
bral, Small y su grupo escogieron de entre los
probandos a tres voluntarios inexpertos para
que se lanzasen a la «piscina» de las nuevas tec-
nologías: a lo largo de cinco días y durante una
hora debían buscar por separado en Internet
respuestas a preguntas preestablecidas. Tras la
búsqueda se observaría de nuevo la actividad
cerebral en el tomógrafo.
En esta segunda prueba se activaba en el ce-
rebro de los internautas novatos una red de la
región frontal izquierda, más en concreto, en
la corteza prefrontal dorsolateral. «Esta área
controla nuestra capacidad de tomar decisiones
y de relacionar unas informaciones con otras»,
señala Small. Aunque es probable que el uso
frecuente de la búsqueda en Internet ayude a
mejorar dichas funciones cerebrales, aún resta
por estudiar las consecuencias a largo plazo de
tal práctica, sobre todo en niños, cuyo encéfalo
experimenta un desarrollo más intenso.
Errores en los mensajes
Los medios electrónicos pueden, pues, estimu-
lar aspectos particulares del pensamiento, así
como preparar al cerebro para ciertas exigencias
de la vida cotidiana. No obstante, otras investi-
gaciones oscurecen la cara amable del mundo
de las nuevas tecnologías. En 2009 el médico
Michael Abramson, de la Universidad Monash
en Melbourne, preguntó a más de 300 alumnos
de entre 12 y 13 años de edad sobre el uso que
hacían del teléfono móvil; también sometió a
los estudiantes a diversos tests de atención en
el ordenador. Resultado: aquellos probandos que
EREBRO 48 / 2011
ESCRIBIR BLOGS EN VEZ DE LEER
Internet, como instrumento
«multimedia», incluye textos,
música y vídeos. En la web 2.0
cada usuario puede construir
y actualizar contenidos. Así,
puede escribir un bitácoras,
colaborar en proyectos abiertos,
como wikipedia, o atender un
perfil en una red social (como
Facebook o Twitter).
74 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
telefoneaban y escribían mensajes de texto con
frecuencia mostraban una velocidad mayor de
procesamiento, aunque también cometían más
fallos. «Quizá la comunicación móvil promueva
un comportamiento impulsivo y menos contro-
lado», arguye Abramson.
Los críticos advierten desde hace tiempo que
el uso frecuente de la videoconsola refuerza
la hiperactividad y el déficit de atención. Tras
dicha sospecha andaban en 2009 la psicóloga
Kira Bailey y sus colaboradores de la Universi-
dad estatal de Iowa en Ames. Los investigado-
res distinguieron en su estudio dos formas de
atención: la variante «proactiva», en la que se
preestablecen ciertos estímulos de manera que
el sujeto anticipa mentalmente determinados
resultados, y la atención «reactiva», que ayuda
a captar los estímulos inesperados y reaccionar
después.
Los probandos divididos en jugadores usua-
les y ocasionales debían superar el test Stroop
[véase «El efecto Stroop, una colorida trampa
verbal», de Rainer Rosenzweig; MENTE Y CEREBRO
n.
o
47]. La prueba consiste en nombrar los colo-
res en los que aparecen escritas unas palabras
que se refieren a su vez a nombres de colores; si
no coinciden uno con otro (como en «azul»), se
tarda más en determinar el color que significa
la palabra.
Muestras de cansancio
Con el fin de medir la atención reactiva, los in-
vestigadores tomaron como base la rapidez y
la corrección con las que los probandos nom-
braban los colores cuando aparecían palabras
«incongruentes» en la pantalla. Los aficiona-
dos a los videojuegos y los no habituados a ello
obtuvieron aciertos similares. Para la atención
proactiva, los científicos comprobaron que los
sujetos se mantenían en sus trece si se alterna-
ban palabras congruentes con incongruentes. En
este caso, los jugadores versados mostraron un
peor resultado: cuanto más duraba la prueba,
más tiempo necesitaban para procesar las pala-
bras escritas en colores «equivocados» si estas
seguían a correspondencias correctas.
Las ondas cerebrales registradas a través del
electroencefalograma reflejaron también tales
muestras de enlentecimiento. Aquellas frecuen-
cias que acontecen en un control cognitivo ele-
vado continuaban en los jugadores ocasionales
alrededor de dos segundos más después de la
aparición de una palabra. En cambio, en los pro-
bandos que consumen las horas libres frente a
un monitor, la señal se mantenía solo la mitad
del tiempo; al parecer les resultaba más difícil
destinar la actividad de su lóbulo frontal por
un tiempo prolongado a la atención proactiva.
Según el coautor del estudio, Rob West, los vi-
deojugadores podrían manifestar problemas
para concentrarse en un asunto durante largo
tiempo en la vida real.
Buscar en Google tampoco fomenta la lec-
tura atenta. En 2008, científicos del Universi-
ty College de Londres investigaron el modo en
que los navegantes utilizaban las páginas web
de la Biblioteca Británica. Para ello analizaron
los rastros digitales que los usuarios dejaban
a lo largo de sus indagaciones. El resultado fue
desalentador. La investigación y la lectura en la
web se asemejan más a un rastreo superficial
de información que a la lectura detenida de un
libro: alrededor del 60 por ciento de los usua-
rios de periódicos electrónicos apenas entraban
en tres páginas. «No parece que los usuarios en
línea lean en el sentido tradicional», concluyen
los investigadores. En cambio, parecen surgir
nuevas formas de consumo de la información:
una ojeada rápida al título, al índice y al resu-
men; nada de profundizar en textos largos.
La lectura detenida, no obstante, conlleva un
significado relevante, destaca Patricia Green-
field. Muchos medios electrónicos apenas dejan
tiempo al usuario para la reflexión crítica; el
paso rápido a la siguiente información, sección,
a un nuevo clic, rompe el curso del pensamiento.
Los investigadores del desarrollo también apun-
tan los inconvenientes de la televisión. En los
años ochenta del siglo XX comprobaron que
los niños, después de una reducción a la mitad
de su consumo habitual de televisión durante
seis semanas, mostraban una conducta menos
impulsiva que antes del experimento. En 2009,
el pediatra Dimitri Christakis, de la Universidad
de Washington, demostró en más de 300 niños
el temor que los críticos venían advirtiendo des-
de hacia tiempo: cuantas más horas pasaban los
pequeños frente al televisor, menos conversan
sus padres con ellos. Dicha interacción humana
resulta sumamente importante para el desarro-
llo cognitivo en la edad preescolar. Greenfield
señala que, aunque la televisión, la Red y los
videojuegos pueden estimular la inteligencia
visual, ello sucede a costa del procesamiento
cognitivo profundo. «Cada medio posee sus
fuerzas y debilidades, y promueve capacidades
mentales a costa de otras», puntualiza la inves-
tigadora.
Christian Wolf es doctor en filosofía y periodista científico.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
NEUE INTELLIGENZ. WARUM
WIR DURCH COMPUTERSPIELE
UND TV KLÜGER WERDEN.
S. Johnson. Kiepenheuer
& Witsch. Colonia, 2006.
TECHNOLOGY AND INFOR-
MAL EDUCATION: WHAT IS
TAUGHT, WHAT IS LEARNED.
P. M. Greenfield en Science,
vol. 323, págs. 69-71, 2009.
Crítica a los
medios en el
cambio de época
Hacia finales del siglo XVIII
se extendieron en Alemania
numerosas advertencias so-
bre la «adicción a la lectura»,
postura que se asemeja a las
críticas actuales a Internet.
La amalgama de libros ex-
pandiría en aquellos tiempos
demasiadas historias fútiles,
con efectos dañinos para el
espíritu de aquellos que leían
mucho: los consumidores,
principalmente jóvenes, se
distraerían y desconcen-
trarían, siempre a la busca
de consumo ligero, y ya no
sabrían separar lo esencial
de lo secundario. Hoy los
padres animan a sus hijos a
leer mucho y contemplan la
navegación por Internet con
recelo.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 75
Profesor Rindermann, ¿somos cada vez más
inteligentes?
Al menos, las personas en todo el mundo pun-
túan mejor en los tests de inteligencia que hace
dos o tres generaciones. Cuanto más se retroce-
de en el tiempo, mayor es la diferencia: hasta 20
o 30 puntos de diferencia en el cociente intelec-
tual (CI) en comparación con el comienzo del
siglo XX. El politólogo neozelandés James Flynn
fue el primero en documentar de forma siste-
mática tal incremento en distintos países. Por
este motivo hoy hablamos del «efecto Flynn».
Quizá las personas han aprendido simple-
mente a adaptarse mejor a esos tests...
Esa sería la contratesis crítica: los sujetos ex-
perimentales pueden responder mejor a las
preguntas, pero no se han vuelto más inteli-
gentes. Por ello deben buscarse más indicadores
sobre si realmente ha mejorado la capacidad
intelectual en las últimas décadas. Un factor
muy importante es que, como mínimo, las
personas en los países desarrollados acuden
durante más más tiempo a la escuela que hace
50 años; la educación fomenta naturalmente la
inteligencia. Asimismo, determinadas formas
de superstición, como las brujas o los demo-
nios, están menos difundidas en la actualidad.
La racionalidad ha aumentado.
Con lo cual llegaríamos a una pregunta difí-
cil: ¿Qué es propiamente la inteligencia?
En primer lugar, la inteligencia es la capacidad
de pensar. Dentro de ella se incluye poder sacar
conclusiones lógicas o deducir reglas generales
a partir de observaciones. Reconocer las afini-
dades de cosas diferentes y construir conceptos
son otras competencias que la componen.
¿No es demasiado occidental este plantea-
miento rigurosamente lógico?
Cierto. Un ejemplo conocido de cómo otras cul-
turas tratan este tema son las investigaciones
del psicólogo ruso Alexander Luria. En los años
treinta del siglo XX quiso investigar la inteligen-
cia de los campesinos uzbecos, poniéndoles ta-
reas como: «Allí donde siempre hay nieve, los
osos son blancos. En el norte de Siberia siempre
hay nieve. ¿De qué color son allí los osos?». Al-
gunos de los campesinos a los que se les pre-
guntaba rehusaban por sistema responder a la
pregunta. Al fin y al cabo ellos nunca habían
estado en el norte de Siberia, por lo que tampoco
podían saber de qué color eran allí los osos. No
solo no se habían introducido en absoluto en la
estructura lógica de la pregunta, sino que que-
rían hacer valer solo su propia experiencia.
¿Es nuestro pensamiento racional deductivo
forzosamente mejor?
Se podría decir que es más correcto. En muchas
actividades no se necesita una capacidad inte-
lectual racional, como, por ejemplo, cultivar la
música, disfrutar de una buena comida o man-
tener relaciones sociales. Pero la inteligencia
ayuda a solucionar problemas abstractos, una
capacidad que en el mundo moderno resulta
Cambio fundamental
en las estructuras de pensamiento
Desde hace décadas crece el promedio de cociente intelectual en todo el mundo. El psicólogo Heiner
Rindermann aclara la razón del fenómeno y la función que desempeñan en ello los nuevos medios
ENTREVISTA REALIZADA POR JOACHIM MARSCHALL
ENTREVISTA
HEINER
RINDERMANN
B
Nació en 1966 en Co-
lonia.
B
Estudió psicología, filoso-
fía, etnología y politolo-
gía en Heidelberg.
B
Obtuvo el premio William
Stern de la Sociedad
Alemana de Psicología
en 2007.
B
De 2008 a 2010 fue
profesor de evaluación
y métodos de psicolo-
gía del desarrollo en la
Universidad de Graz.
B
En la actualidad es profe-
sor de psicología educa-
cional y del desarrollo en
la Universidad Técnica de
Chemnitz.
76 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
cada vez más importante. También esto, dicho
sea de paso, indica que las personas se han vuel-
to más inteligentes.
¿Por qué?
Puede ser bastante complicado utilizar un coche
o un teléfono, no digamos los ordenadores. An-
tes apenas existían aparatos técnicos; además,
resultaban de manejo mucho más fácil, ya que
carecían de tantas funciones. Si las personas no
fuesen desde el punto de vista cognitivo más
competentes que hace dos o tres generaciones,
difícilmente podrían acometer las demandas
crecientes.
Los niños nacen hoy en un ambiente más
complejo que el de sus abuelos. ¿Les convierte
ello en más inteligentes?
Sí, esa es la hipótesis básica en investigación:
un ambiente variado y estimulante fomenta
las capacidades cognitivas. Además, debe di-
ferenciarse entre conocimiento e inteligencia.
Adquirimos conocimientos en la medida en que
estudiamos las instrucciones de uso de un mo-
delo de teléfono determinado. Por el contrario, la
inteligencia sería la capacidad de aplicar aquello
aprendido a otros aparatos, lo cual resulta mu-
cho más fácil a los jóvenes de hoy.
¿Qué incrementa nuestra inteligencia, ade-
más de un período escolar más largo y la ocu-
pación con una técnica compleja?
Muchos estudios han mostrado que los padres
más educados tienen, por término medio, hijos
más inteligentes. Los progenitores universita-
rios hablan más con sus vástagos y utilizan para
ello gran variedad de palabras. Eso fomenta el
desarrollo lingüístico; también el desarrollo cog-
nitivo general de los niños. Un segundo factor
interesante es que cuantos más libros ocupan
las estanterías de la casa, más inteligentes son
los descendientes. Es posible que los niños de
familias próximas a la cultura lean, de modo
automático, más y desarrollen por ello mejor
su potencial. Quizá también las personas que
gozan genéticamente de una inteligencia más
alta poseen más libros en casa. Presumiblemen-
te sean ambas cosas.
Los niños de hoy sin diccionario en casa
pueden consultar en Internet el asunto que les
interesa. ¿Fomentan los medios electrónicos la
distribución adecuada de la inteligencia?
En todo caso, el saber se ha vuelto más accesible
gracias a Internet. Pero con frecuencia se plantea
el problema de cómo los niños y jóvenes utili-
zan la Red: para aprovecharla desde el punto de
vista mental, deben ver las páginas adecuadas.
Sin embargo, en Internet se encuentra, junto a
informaciones políticas razonables, por ejemplo,
toda la información posible acerca de extremis-
mos de izquierda y derecha. Uno mismo debe
poder elegir lo que es importante y correcto; no
basta con el acceso a la Red como tal.
¿Usted no comparte la euforia por el «saber
libre disponible para todos»?
Naturalmente que los niños y los jóvenes pue-
den adquirir conocimientos en Internet que
les sirven para la escuela o para su formación.
Un buen ejemplo de ello es Wikipedia. Sin
embargo, de la misma manera pueden jugar
en línea, descargar música o ver pornografía.
Resulta necesario seleccionar entre la masa de
información.
Los hoy nacidos crecen con Internet. Por este
solo motivo, ¿no se manejará mucho mejor la
generación actual con la avalancha de infor-
mación?
Es muy posible. Pero con ello es probable que
también se transformen de raíz nuestras estruc-
turas de pensamiento: en lugar de llegar al fondo
de las cosas, tendemos cada vez más a abordarlas
en superficie. Tal tendencia se observa también
ESCUELA E INTELIGENCIA
Los períodos más largos de
formación son una causa im-
portante del incremento del
CI promedio en las últimas
décadas.
«Si las personas no fuesen más competentes desde
el punto de vista cognitivo que hace dos o tres
generaciones, difícilmente podrían hacer frente a las
demandas crecientes de la vida cotidiana»
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 77
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
RELEVANCE OF EDUCATION
AND INTELLIGENCE FOR THE
POLITICAL DEVELOPMENT
OF NATIONS: DEMOCRACY,
RULE OF LAW AND POLITICAL
LIBERTY. H. Rindermann en
Intelligence. vol. 36, n.
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y G. Meisenberg en Intelli-
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RECIPROCAL EFFECTS
BETWEEN FLUID AND CRYS-
TALLIZED INTELLIGENCE
AND THEIR DEPENDENCE ON
PARENTS’ SOCIOECONOMIC
STATUS AND EDUCATION.
H. Rindermann, C. Flores-
Mendoza y M. Mansur-Al-
ves en Learning and Indi-
vidual Differences, vol. 20,
págs. 544-548, 2010.
en la ciencia. Los investigadores producen resul-
tados cada vez más detallados y publican cada
vez más artículos, pero con frecuencia falta un
proyecto teórico maduro. Incluso en la filosofía
puede observarse dicho fenómeno.
¿Cómo?
Tome por ejemplo los trabajos de Peter Sloter-
dijk: resulta todo muy polifacético, muy elabo-
rado, con numerosas referencias. Sin embargo,
falta una estructura clara, faltan posiciones defi-
nidas, como en cambio sí se encuentran todavía,
por ejemplo, en Jürgen Habermas. Por ello, se
podría caracterizar a Sloterdijk como el «fósil
filosófico característico» de nuestra época. Creo
que este estilo caprichoso de pensamiento se va
a extender más.
¿Podría basarse también el incremento actual
del CI en un cambio en el modelo de pensamien-
to? Los estudios muestran que sobre todo las
capacidades visuoespaciales sacan provecho de
la progresiva estimulación de los medios.
Es cierto. Son sobre todo las tareas visuoespacia-
les las que se resuelven hoy mejor que antes. En
el test de matrices de Raven, por ejemplo, que
solo se compone de preguntas sobre imágenes,
se encuentra el mayor incremento de CI. En los
tests que exigen conocimientos de palabras o
capacidades matemáticas, el incremento dis-
minuye. En los clásicos de cultura general, los
resultados son también regresivos. Tales indicios
se reflejan asimismo en el efecto Flynn: estudios
desarrollados en Dinamarca, Noruega y Holanda
demuestran que el incremento del CI se ha dete-
nido en estos países; incluso en parte vuelve a
disminuir ligeramente el valor medio. Lo mismo
podría valer para Alemania.
Entonces, ¿no seremos más inteligentes en
un futuro?
Parece que en los países desarrollados hayamos
alcanzado un tope máximo, ya que todos los
efectos de potenciación se encuentran agotados.
Algo así como lo que sucede con los suplementos
de vitaminas: solo quien se encuentra mal nutri-
do puede aprovecharse de ellos. Mas si se come
lo suficiente y de forma variada, no presentan
ningún beneficio adicional; poco importa cuán-
tas pastillas se tomen al día.
Según lo anterior, solo podría valer para los
países industrializados ricos.
Sí. En los países en desarrollo observamos hoy
por hoy el mismo incremento de CI que en nues-
tras sociedades en el siglo XX. Por ejemplo, estu-
dios de Kenia o de la isla caribeña de Dominica
muestran que allí la inteligencia ha incrementado
con fuerza en los últimos 30 años. Por diferentes
causas. Con el crecimiento económico retrocede
la malnutrición; la educación médica también
aumenta, como por ejemplo, el conocimiento de
las consecuencias de fumar durante el embarazo.
Los padres están más educados. Eso mejora de
forma notable el desarrollo de los niños. Dicho
a la inversa: si aquí hay empeoramientos, puede
también revertirse la tendencia.
Usted suele subrayar que la democracia y el
estado constitucional dependen de la inteligen-
cia, ¿por qué?
Cuanto mayor es el grado de democratización
y la libertad política de un país, más despunta
en los estudios comparativos internacionales,
como Pisa o TIMSS. Existen diferentes modelos
explicativos para ello. Por ejemplo, los investiga-
dores han constatado que la inteligencia ayuda
a percibir la perspectiva de otros y juzgarla con
moralidad. Ambas llevan al comportamiento
democrático. Otros estudios muestran que las
personas educadas e inteligentes son, en conjun-
to, más liberales, acuden a las urnas con mayor
frecuencia y rara vez votan a partidos extremis-
tas. En el otro sentido, parece que una cultura
política abierta fomenta la inteligencia.
¿Por qué puntúa entonces tan bien en las
comparaciones internacionales de CI, por ejem-
plo China, donde las libertades políticas andan
más bien mal?
Yo lo atribuiría a la fuerte tradición del confu-
cianismo, que subraya el esfuerzo personal, la
moderación y la aplicación. Este pensamiento
profundamente arraigado, ciertamente inte-
rrumpido por la revolución cultural, parece
ahora que vuelve de nuevo a salir a flote. Tam-
bién las naciones vecinas, marcadas por el con-
fucianismo, puntúan muy bien en los tests de
CI. Con todo, en China existe un problema con
la falta de un Estado de Derecho. Eso afecta al
desarrollo económico del país y al desarrollo
cognitivo de sus habitantes.
¿Cambiará el mundo cuando todos los países
hayan agotado su CI potencial?
Creo que gracias a la formación y la inteligencia
nuestro mundo será en conjunto más pacífico,
más democrático y con un mayor Estado de De-
recho. Esa es una vieja idea de la Ilustración: el
pensamiento libera. La estamos poniendo en
práctica.
«En lugar de llegar al fondo de las cosas, tenderemos
cada vez más a abordarlas solo en superficie.
Incluso en la filosofía se observa este fenómeno»
78 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
D
urante las vacaciones de verano, Ryan,
un adolescente de 13 años natural de Ver-
mont, estableció vía correo electrónico y SMS
un animado contacto con una compañera de
colegio. El interés de ella era solo fingido. Tras el
periodo estival, al encontrarse el colegial cara a
cara con la joven, ella lo calificó de «perdedor»
y se burló de él delante de todos sus amigos. El
3 de octubre de 2003, Ryan se suicidó.
También el conocido como «chico de la
Guerra de las Galaxias» (Star Wars kid) ganó
popularidad de forma trágica. En 2002, el joven
canadiense filmó por diversión, con una video-
cámara del colegio, escenas en las que aparecía
simulando luchar con una espada de rayos láser.
Algo después, unos alumnos encontraron la gra-
bación por casualidad en el ordenador escolar y
decidieron colgar las imágenes en Internet, para
regocijo general. Desde ese día, internautas de
todo el mundo han editado, añadido música,
parodiado y descargado la filmación millones
de veces. Víctima involuntaria de la fama ori-
ginada por la difusión de unas imágenes que lo
dejaban en ridículo, el adolescente cayó en una
depresión que lo llevó a seguir un tratamiento
terapéutico.
Ambos sucesos son solo dos ejemplos de
un fenómeno social en expansión: el cyber-
bullying o acoso cibernético, una modalidad de P
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Mobbing 2.0
Desde SMS ofensivos hasta alusiones ridículas en Internet.
El cyberbullying, o acoso cibernético, supone una variante
de violencia entre los jóvenes. ¿Qué causas originan
el fenómeno? ¿Cómo deben actuar padres y maestros
para evitarlo?
DIETER KROWATSCHEK
RESUMEN
Dentro y fuera
de la escuela
1
El ciberacoso se de-
sarrolla a cualquier
hora a través del correo
electrónico, servicios de
mensajería instantánea o
teléfonos móviles, entre
otras herramientas elec-
trónicas.
2
Si un joven padece
acoso repetido en la
escuela, el riesgo de ser
víctima de ciberacoso es
siete veces mayor.
3
Padres y maestros
deben tener en cuen-
ta signos de alarma de
esta forma de violencia,
como el aislamiento o
el empeoramiento en el
rendimiento escolar de la
víctima.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 79
GRABACIONES VIOLENTAS
La violencia tradicional y la cibernética pueden
entremezclarse: los acosadores filman los ataques
físicos y luego los cuelgan en Internet.
80 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
violencia psíquica entre menores. A través del
correo electrónico, los servicios de mensajería
instantánea y teléfonos móviles, además de
otras herramientas electrónicas, niños y jó-
venes son acosados y afectados física o psico-
lógicamente.
Algunos acosadores consiguen el acceso perso-
nal a la cuenta de correo electrónico de la vícti-
ma, adoptan su nombre y envían bajo la identi-
dad usurpada mensajes agresivos dirigidos a ter-
ceras personas. En Estados Unidos, un acosador
cibernético remitió a través de una cuenta ajena
de correo instantáneo de Messenger mensajes de
contenido sexual a los compañeros de colegio del
alumno víctima de la intromisión cibernética.
Este, como cabía esperar, experimentó graves
problemas en clase.
El acosador clásico aterroriza a su víctima en
un lugar concreto y durante un espacio limita-
do de tiempo. El acoso cibernético, en cambio,
se desarrolla a cualquier hora, sea de día o de
noche. Además, no basta con cerrar la puerta
de la habitación al regresar a casa para olvidar
las humillaciones de la jornada: cualquiera pue-
de descargar fotos comprometidas en Internet
durante las 24 horas del día.
Las escasas investigaciones sobre ataques vir-
tuales contradicen los datos sobre la auténtica
magnitud del fenómeno psicosocial. Según un
estudio llevado a cabo en 2007 por científicos
del Centro de Investigación Pedagógica Empí-
rica de la Universidad de Landau, en el que se
encuestaron a cerca de 2000 alumnos de pri-
maria, secundaria y bachillerato, uno de cada
cinco escolares admitía que en alguna ocasión
había sufrido acoso virtual.
Por el contrario, un grupo de investigadores
dirigido por el sociólogo David Finkelhor, de la
Universidad de New Hampshire, informó en
2006 de que en Estados Unidos apenas uno de
cada diez internautas era víctima de acoso ciber-
nético. Estas cifras se basaban en una encuesta
telefónica y representativa efectuada a un total
de 1500 jóvenes estadounidenses de entre 10
y 17 años seleccionados de forma aleatoria. No
obstante, el número de afectados parece que no
cesa de crecer: cinco años antes, una encuesta
similar situaba en un seis por ciento el porcen-
taje de alumnos acosados.
En 2007, un episodio de acoso en un colegio
de una pequeña ciudad de Hesse produjo gran
revuelo en Alemania. Varios alumnos tortu-
raron a un compañero de su misma edad en
los vestuarios del gimnasio, grabaron la cruel
escena con un móvil y colgaron las imágenes
en Internet. Los autores justificaron su acción
alegando que la víctima llevaba el pelo largo.
Asimismo afirmaron que el chico estuvo rién-
dose todo el rato, por lo que pensaron que a él
también le divertía la situación.
Torturadores reales y virtuales
El ejemplo muestra cómo el mobbing se funde
entre dos mundos, el real y el virtual. Para mu-
chos jóvenes el asedio no finaliza al salir de la
escuela, sino que se prolonga en el ciberespacio.
Según Nancy Willard, directora del Centro para
el Uso Seguro y Responsable de Internet (CSRIU,
por sus siglas en inglés), existen dos modelos
posibles de fusión entre agresiones tradiciona-
les y virtuales. Por un lado, el acoso se inicia
en el mundo real y se traslada posteriormente
a Internet, donde el hostigador y la víctima de-
sempeñan sus respectivos papeles. Por otra par-
te, el sujeto perjudicado utiliza la Red (colgando
material comprometedor, por ejemplo) como
herramienta de venganza ante las experiencias
reales sufridas.
Michele Ybarra, investigadora de la organiza-
ción sin ánimo de lucro Internet Solutions for
Kids, desarrolló en Irvine (California) durante
los años 2004 y 2007 dos estudios con el fin de
comprobar dicha relación. Junto con Kimberley
Mitchell, de la Universidad de New Hampshire,
observó que muchos de los encuestados invo-
lucrados en extorsiones a través de Internet
—como autores, víctimas o ambos roles a la
vez— también eran objeto de un acoso con-
vencional. Así, la mitad de los que en el mundo
B Discusión acalorada (flaming, de flame, «llama» en inglés): Los jóvenes se
atacan unos a otros mientras chatean. Puede tratarse de un intercambio
breve y violento, pero también llegar al flame war, situación en la que
los interlocutores se insultan de mala manera.
B Hostigamiento (harassment): Esta variedad supone un grado más en la
interacción de insultos y vejación; su duración es también mayor. El agresor
envía cientos de mensajes insultantes.
B Ciberacoso: El acosador utiliza diversos medios electrónicos con el fin de
perseguir a la víctima. La hostiga repetidas veces con amenazas o falsas
acusaciones.
B Pegar por diversión (happy slapping): Los autores golpean a alguien
en la calle mientras uno de ellos graba la escena. Cuelgan la grabación en
Internet.
B Exclusión: Los actores expulsan a otro joven de su grupo virtual o le
niegan el acceso.
Formas de bullying cibernético
Investigación
Los datos referentes a la
magnitud del acoso ciberné-
tico resultan muy dispares.
La mayoría de las estima-
ciones indican que entre el
4 y el 15 por ciento de los
jóvenes están afectados.
Tales cifras dependen de la
definición que utilizan los
investigadores para el «aco-
so cibernético», así como
del grupo de personas o
edades que han elegido
para la muestra y de la
fecha de la encuesta, entre
otros factores.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 81
virtual eran de forma simultánea acosador y
acosado sufrían asimismo mobbing en la vida
real.
Si un joven padece de forma repetida acoso
en la escuela, el riesgo de que sufra a su vez mo-
bbing en el ciberespacio es siete veces mayor.
A esta conclusión llegaron en 2008 las psicólo-
gas Jaana Juvonen y Elisheva Gross, de la Uni-
versidad de California, tras entrevistar a unos
1450 usuarios de Internet.
Desinhibición en la Red
El acoso cibernético, a pesar de presentar mu-
chas coincidencias con el del mundo real, inclu-
ye aspectos novedosos, ya que el hostigamiento
a través de la Red aporta al actor virtual ventajas
significativas en comparación con el acometido
en el patio de la escuela: entre ellas, resulta anó-
nimo y de gran eficacia. Los jóvenes pueden, por
ejemplo, adoptar identidades falsas y propagar
rumores o mentiras en un amplio abanico de
personas. Según publicó en 2006 la revista Die
Polizei, en los ataques cibernéticos desciende la
inhibición natural que se origina al molestar
a otras personas, ya que los acosadores evitan
de esta manera enfrentarse cara a cara con sus
víctimas, mientras que en el mobbing real pue-
den comprobar de inmediato las consecuencias
de su conducta.
La Red, no obstante, no siempre garantiza el
anonimato. El estudio antes mencionado de Ju-
vonen y Gross señala que un 73 por ciento de los
internautas acosados se manifestaba bastante
o del todo convencido al reconocer al autor o
autores de los hechos; en su mayoría se trataba
de compañeros de clase.
¿Qué induce a los jóvenes a acosar a sus
compañeros? ¿Existen rasgos comunes entre
los acosadores? ¿Y entre las víctimas? Sea en el
patio del colegio o en Internet, los involucrados
suelen presentar anomalías psíquicas y sociales
con mayor frecuencia que sus compañeros de
clase. En 2006, las psicólogas Robin Kowalski
y Susan Limber, de la Universidad Clemson en
Carolina el Sur, observaron que todos los par-
ticipantes en casos de mobbing manifestaban
una baja autoestima.
Víctimas «puras» y acosadores-víctimas pre-
sentan mayores trastornos de angustia social
que los sujetos que desempeñan exclusivamen-
te el rol de hostigador o los no afectados. Las
investigadoras preguntaron a cerca de 4000 es-
colares cuán nerviosos se solían poner en de-
terminadas situaciones sociales, entre otras
cuestiones. Kowalski y Limber aducen que con
ayuda de los ataques de mobbing, los jóvenes
compensan problemas de angustia y autoes-
tima. Las psicólogas indicaron, a raíz de los re-
sultados de encuestas realizadas entre alumnos
de enseñanza secundaria y bachillerato, otros
motivos: el niño o adolescente acosador busca
notoriedad, quiere resultar impasible y podero-
so, actúa guiado por los celos o por la venganza;
en ocasiones ejerce el acoso simplemente por
aburrimiento.
La forma en que el menor percibía el ambiente
escolar parecía influir también en la práctica de
«psicoterror»: cuanto más vinculado se sentía a
la escuela, menos acosaba a sus compañeros. Del
mismo modo, si mantenía con un escolar de la
misma edad una relación de confianza y colabo-
ración, disminuía la práctica de mobbing. A tales
conclusiones llegó un grupo de investigadores
dirigido por Kurt Williams y Nancy Guerra, de la
Universidad de California en Riverside, a partir
de una encuesta a más de 3300 alumnos en el
año 2005.
Los mencionados estudios de Ybarra y Mit-
chell mostraban que la probabilidad de que un
joven presentase de forma habitual otro tipo
de comportamiento problemático, como agre-
sividad o trasgresión de normas, aumentaba
cuanto más acosaban a sus compañeros de es-
cuela. Jóvenes que habían acosado en el pasado
de forma reiterada a sus compañeros de cole-
gio transgredían las normas con una frecuencia
B Nunca facilitar datos personales de acceso (PIN, contraseña).
B No creer todo lo que digan los chateadores anónimos o desconocidos;
tampoco transmitirles ninguna información personal.
B Pulsar la tecla «ignorar» para dar por terminada una conversación
malintencionada.
B Informar al moderador de la sala cibernética de cualquier incidencia.
B Dejar sin respuesta los mensajes insultantes, de este modo se evita
que el acosador cibernético se sienta motivado a acometer nuevas
provocaciones.
B En caso necesario, abrir una nueva cuenta de acceso.
B Confiar en un adulto.
B Informar al proveedor de Internet, mensajería instantánea o telefonía
móvil sobre la presencia de amenazas o materiales inapropiados.
B No borrar de inmediato insultos o intimidaciones repetidas. Es mejor
conservarlas como posibles pruebas.
B Desconectar de vez en cuando el ordenador o el teléfono móvil
y relajarse.
(De la revista Die Polizei, 10/2006)
¿Cómo protegerse?
El acoso
cibernético
se puede
desarrollar
a cualquier
hora del
día y de la
noche
82 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
siete veces mayor que aquellos escolares de la
misma edad sin tales antecedentes. Establecer
a partir de dichos estudios de correlación qué
factores son causa y cuáles consecuencia del
fenómeno resulta complicado. El acoso ciber-
nético puede compensar y también reforzar la
baja autoestima.
Señales de alarma
A menudo los jóvenes sometidos a acoso en
la escuela explican que a causa de la situación
sufren depresiones, se sienten desamparados y
temerosos y les resulta difícil concentrarse. Es
probable que el acoso virtual suponga incluso
consecuencias más graves a largo plazo, ya que
los jóvenes no pueden refugiarse de la situación
ni en su casa.
En un estudio desarrollado en línea por
Kowalski en 2006, las víctimas del acoso ciber-
nético admitieron sentirse irritados, deprimidos,
estresados o turbados tras el acecho. Asimismo,
un grupo de investigadores dirigido por David
Finkelhor señalaba que en un 38 por ciento de
las víctimas, el acoso les había consternado y les
había convertido en personas temerosas.
Los efectos del acoso virtual se traducen en
ciertos signos de alarma que padres y maestros
deben tener en cuenta: después de una incur-
sión por Internet o de leer un mensaje SMS, el
adolescente se muestra emocionalmente irri-
tado, evita el contacto con compañeros de su
edad y empeora el rendimiento escolar. Dicha
conducta resulta muy significativa, ya que los
menores acosados no suelen contar su problema
a los adultos.
Datos de Juvonen y Gross indican que tan solo
uno de cada diez jóvenes informa a alguna per-
sona adulta de sufrir mobbing. Por otra parte,
la mayoría de los padres y educadores apenas
se desenvuelven con las nuevas tecnologías. En
este sentido, Nancy Wilard insiste en la necesi-
dad de que los padres muestren mayor interés
por la actividad en línea de sus hijos. También
deberían ayudarles a defenderse ante posibles
agresiones virtuales. Los adolescentes deben evi-
tar la publicación en Internet de información
que pueda utilizarse en su contra. Si un niño ya
ha sufrido acoso a través de la Red, la manera
más efectiva de reaccionar consiste en almace-
nar todo el material implicado y enviarlo a los
padres del acosador.
Los consejos de Kowalski y Limber tienen un
enfoque similar. Si se trata de un acoso inocuo,
recomiendan borrarlo e ignorarlo. En el supues-
CONMOCIÓN
Un 11,6 por ciento de jóvenes
entre 12 y 18 años reconoce
haber sufrido ciberacoso en la
Red, mientras un 8 por ciento a
través del móvil.
(Fuente: Juventud y Violencia,
Pfizer 2010)
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to de que el autor sea compañero de colegio de la
víctima, conviene notificárselo al director.
El método de «no inculpación» (no blame
approach) supone un modo especial de afron-
tar el acoso cibernético. En los años ochenta,
Barbara Maines y George Robinson, psiquiatra
y director, respectivamente, de una escuela es-
pecial para niños con problemas de conducta,
desarrollaron dicho sistema. El modelo parte del
supuesto de que, por principio, el mobbing no
puede evitarse en las escuelas; el castigo tampo-
co sirve de nada. Por dicha razón, los maestros
no debieran sancionar las acciones en sí mis-
mas, sino identificar a los involucrados con el
fin de analizar juntos los problemas de base que
han llevado a tal situación. El objetivo es lograr
la comprensión del acosador hacia su víctima
para que, finalmente, le pida perdón o «hagan
las paces».
En marzo de 2008, un consultorio asesor
para casos de conflicto de Colonia, en colabo-
ración con la Federación para la Defensa Social
en Menores, presentó dicho método en diversas
escuelas de Alemania. Según señalan los pro-
motores del proyecto, la mayoría de los casos
afrontados con el método de «no inculpación»
pudieron resolverse en un plazo relativamente
corto de tiempo.
Siempre que se conozca a los acosadores y que
procedan de la misma escuela que la víctima,
ese modelo de afrontamiento resulta una herra-
mienta útil para tratar el acoso cibernético. De
todos modos, la sinceridad y la curiosidad por
los temas que preocupan a los jóvenes de hoy
son dos bases indispensables para los padres
y profesores que quieran resolver con éxito el
problema.
Dieter Krowatschek es psicólogo escolar y maestro.
Trabaja en el Servicio de Asesoramiento Psicológico
Escolar de Marburg.
ciencia
blog
reflexión
opinión
a
diálogo
blo
educación
historia
pp
filosofía
investigación
Ciencia en primera persona
www.investigacionyciencia.es/blogs
universidad
cuestionar
ética
experimento
dd
ti ió
2 0
comunicación
o
conocimiento
SciLogs
JORDI SOLÉ CASALS
Tecnología, ciencia y sociedad
RAMÓN PASCUAL DE SANS
Física y universidad
YVONNE BUCHHOLZ
Psicología y neurociencia al día
JOSÉ MARÍA VALDERAS
De la sinapsis a la conciencia
JUAN GARCÍA-BELLIDO CAPDEVILA
Cosmología de precisión
Y MÁS...
CLAUDI MANS TEIXIDÓ
Ciencia de la vida cotidiana
JULIO RODRÍGUEZ LÓPEZ
La bitácora del Beagle
LUIS CARDONA PASCUAL
Ciencia marina
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
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TICS AND ASSOCIATED DIS-
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PREVALENCE AND PREDICTORS
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K. R. Williams y N. G. Guerra
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CYBER BULLYING: BULLYING
IN THE DIGITAL AGE.
R. M. Ko walski et al.
Blackwell. Oxford, 2008.
B Tomar en consideración cualquier sospecha de acoso cibernético.
B Animar a los jóvenes a hablar sobre el tema.
B El objetivo principal debería ser terminar con el acoso.
B Anteponer la ayuda a la víctima al castigo del autor.
B Los acosadores también necesitan una expectativa de superación.
B Permitir soluciones alternativas como el modelo de «no inculpación» de
Maines y Robinson.
(De la revista Die Polizei, 10/23006)
Consejos para padres y profesores
84 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
SYLLABUS
U
n coche atraviesa un edificio en lla-
mas. Se oyen gritos de personas y
aullidos de sirena. La gente corre sin or-
den, en confusión; cada uno busca poner-
se a salvo; ni un instante para comprobar
si alguien necesita ayuda. La desespera-
ción aumenta. La muchedumbre huye
atemorizada.
Secuencias similares se repiten en nu-
merosas películas de catástrofes de Holly-
wood, una visión sobre el comportamien-
to de las masas en peligro que alimenta, a
su vez, la imaginación de los espectadores.
¿Se corresponde el imaginario cinemato-
gráfico con la realidad?
Las escenas en las calles de Nueva York
después del ataque del 11 de septiembre de
2001 difieren del argumento sobre el com-
portamiento humano anterior. En las nu-
merosas imágenes disponibles en Internet
en relación al terrible suceso acaecido en
Nueva York destaca la formación sistemá-
tica de grupos de dos o tres personas que,
al huir, actuaban de forma relativamente
civilizada y coordinada, teniendo en cuen-
ta el miedo y las prisas del momento.
El Instituto Nacional de Estándares y
Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés)
en Gaithersbur estudió por orden del Go-
bierno estadounidense las repercusiones
del ataque al World Trade Center. Un ca-
pítulo del informe final se centra en el
comportamiento de la gente dentro del
edificio y en el momento de la evacua-
ción. Jason Averill y los coautores del do-
cumento describen, entre otras cosas, que
muchas de las personas que se hallaban
en las torres en llamas permanecieron
largo rato en su oficina antes de inten-
tar escapar por la escalera abarrotada de
gente; fueron muy pocas las que salieron
corriendo presas del pánico o empujaron
a otras a un lado.
Según informaron en 2004 las expertas
en seguridad, Rita Fahy, de la Asociación
Nacional de Protección contra el Fuego
(NFPA, por sus siglas en inglés) de Esta-
dos Unidos, y Guylène Proulx, del Consejo
Nacional de Investigación de Canadá, mu-
chas personas se ayudaron unas a otras.
«Según se desprende de los informes
de análisis de 745 testigos, en general la
evacuación de las torres se desarrolló de
forma tranquila y ordenada», resumen
ambas investigadoras.
Escasa pérdida de control
Testimonios de otras catástrofes propor-
cionan relatos parecidos. Sobre todo, si
se trata de situaciones en las que el peli-
gro no se percibe de manera directa (por
ejemplo, cuando existe una alarma de fue-
go pero todavía no se advierte el humo);
en general reina una gran disposición a
la ayuda mutua. El experto en catástro-
fes Lee Clarke, de la Universidad Rutgers
en Nueva Jersey, afirmó en un artículo de
2002 que uno de los resultados más esta-
bles tras cincuenta años de investigación
sostiene que «los afectados directos raras
veces pierden el control».
Ello se confirma sobre todo en situacio-
nes en las que la probabilidad de escapar
de la amenaza es elevada. Así, la evacua-
ción por una escalera amplia suscita ma-
yor cooperación entre los evacuados que
la huida a través de una salida estrecha y
con gente amontonada. Tales factores de-
MOVIMIENTO DE MASAS
Ante una catástrofe, ¿cunde el pánico y predomina el «sálvese quien pueda»
en una multitud humana, o impera la cooperación y la sensatez entre las personas?
El cine ha contribuido a arraigar la primera idea
TOBIAS KRETZ
RESUMEN
¡Que no cunda el pánico!
1
La opinión general atribuye a
las masas humanas un compor-
tamiento irracional y egoísta, sobre
todo ante una situación de peligro.
2
Encuestas a víctimas de catástro-
fes, así como la reproducción de
escenarios en el laboratorio, demues-
tran que en tales casos tiende a domi-
nar la calma.
3
Un factor importante es la iden-
tidad social: el sentimiento de
grupo puede crecer ante una ame-
naza común, hecho que potencia el
altruismo.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 85
ben tenerse en cuenta a la hora de trazar
los planes de evacuación.
Por otro lado, si se observa un com-
portamiento irracional o de pánico es
probable que se deba a causas «físicas»:
en una gran multitud resulta fácil que las
personas que se encuentran al final de la
masa y que siguen a las demás desconoz-
can aquello que sucede delante. Si allí se
encuentra un obstáculo estable, como
puede ser una valla, los sujetos situados
a la cola difícilmente podrán adivinar tal
circunstancia sin la ayuda exterior.
Numerosos acontecimientos trágicos,
como la catástrofe en la Loveparade de
Duisburg, suceden por la insuficiente
comunicación de delante hacia atrás, es
decir, por la dificultad de mantener un
flujo de información en los grandes gru-
pos, carencia que como mínimo agrava
las posibles consecuencias. La necesidad
de moverse, el ambiente revuelto y el rui-
do de fondo contribuyen a incrementar
el riesgo.
En situaciones de peligro, ¿tienden los
grupos a reaccionar con menos pánico y
caos de lo que suponemos por influen-
cia de los reportajes de los medios de
comunicación? En 2009, los psicólogos
sociales Chris Cocking, de la Universidad
Metropolitana en Londres, y John Drury,
de la Universidad de Sussex en Brighton,
corroboraron dicha idea. Los investiga-
dores evaluaron unos 150 informes de
supervivientes del atentado suicida en
el metro de Londres en 2005, en el que
murieron 56 personas; otras 700 resul-
taron heridas.
El estudio sistemático de protocolos
de testigos y entrevistas reveló que una
minoría de los entrevistados hablaba de
reacciones de pánico entre los ocupantes
del metro o de situaciones egoístas del
tipo «sálvese quien pueda». Al contrario,
la mayoría de los afectados mantuvieron
la calma y se ocuparon de los heridos hasta
que llegaron los equipos de salvamento.
Junto con Stephen Reicher, en 2008
Drury y Cocking recopilaron indicios
sobre la sorprendente resiliencia de los
grupos de personas. Los tres psicólogos
sociales refieren dicho término, basado
en la capacidad de resistencia psíquica del
individuo, para mostrar su disconformi-
dad con el prejuicio de que las multitudes
tienden, por norma general, al pánico y la
irracionalidad.
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Ficción y realidad
A través de escenarios creados por ordenador se simulan los flujos de movimiento en multitudes hu-
manas. Basándose en diversos parámetros como el número, la densidad y el ritmo de las personas, el
programa VISSIM genera imágenes y vídeos que pronostican la capacidad de admisión de espacios
públicos, así como la posibilidad de congestión. Pese a depender de los datos orientativos, la simulación
puede contribuir a la detección de peligros potenciales y prevenirlos. El sistema no puede garantizar la
seguridad, aunque sí revela posibles problemas.
86 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
Las evacuaciones simuladas y los es-
cenarios de realidad virtual de sus ex-
perimentos arrojaron aún más indicios
en esta dirección: cuando la identidad de
grupo era alta entre los probandos (los
investigadores habían provocado un sen-
timiento de similitud entre ellos), estos se
manifestaban más deferentes y dispuestos
a ayudar. Según los psicólogos, las situa-
ciones de peligro pueden incluso fortale-
cer la cohesión social porque convierten
a personas desconocidas en «compañeros
de destino».
Sin embargo, debe tenerse en cuenta
que el estudio posterior de catástrofes y
el análisis de informes de testigos son sus-
ceptibles de error. El recuerdo de los super-
vivientes puede ser engañoso, y aquellos
que murieron ya no pueden opinar. Por
otro lado, los escenarios simulados para
los experimentos solo se pueden replicar
con limitaciones.
En 1951, el psicólogo Alexander Mintz,
del City College de Nueva York, realizó un
experimento de este tipo. Los probandos
debían sacar de una botella unos bolos pe-
queños atados a un cordel; solo pasaba de
una vez una figura por el cuello de la bo-
tella, por lo que si tiraban varias personas
al mismo tiempo, los bolos se atascaban y
el proceso se alargaba.
Para complicar aún más la situación, de
vez en cuando subía lentamente agua des-
de el fondo de la botella. Quien conseguía
que su bolo se mantuviera seco recibía una
recompensa, condición que aumentaba la
presión psicológica entre los participantes,
con las siguientes consecuencias: cuando
el agua no ascendía, los participantes coo-
peraban entre ellos (decidían entre todos
quién iba tirar del cordel en cada turno),
mas en la variante con agua, los bolos se
estancaban en el cuello de botella con
mayor frecuencia. El estrés dificultaba la
cooperación de grupo y, con ello, el rendi-
miento grupal.
Los resultados de Mintz no pueden
trasladarse sin más a las situaciones de
peligro, puesto que competir por una re-
compensa no supone la misma tesitura
que huir ante una amenaza de peligro.
Flujo de movimiento seguro
Las personas que se dirigen desde un lugar determinado hacia varios accesos o taquillas suelen optar
por las entradas situadas al principio, mientras que las traseras son menos frecuentadas, por lo que
se crean atascos innecesarios. A pesar de que en teoría existe suficiente sitio, las personas se amonto-
nan en aquellos lugares que consideran más cortos y directos para llegar a su objetivo. Pocos sujetos
toman caminos alternativos de manera consciente. ¿Pueden compensar su decisión caminando más
rápido? Este tipo de simulaciones analizan tales factores para la distribución óptima en aeropuertos o
estaciones de tren.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 87 MEN MEN MEN MEN MEN MEN MENN MEN MEN MEN MMEN MEN MMEN EN ME MENN MEN EEN MMEN EEN EN MENNNN MENNN MMM TE TE TE TE TE E TE TE TE TE TEE TE TEE TTTE TE TE TE TE TTTEEEE TE Y C Y C Y C Y C Y C Y C Y C C YY C YY C Y C C Y C Y C YYYY C C Y C C Y C YYY C YYY C CERE ERE ERE ERE ERE RE ERE ERE RE ERE ERE RE ERE ERRE EREE EEREE ERE RRE EERE ERE RRE ERRRRE ERRRR BRO BRO BRO BRO BRO BRO BRO RO BRO BRO BRO BRO BRO BR R BRO BRO BRO BRO BR BRO RO BRO RO BRO RRO RO BBR RRR BRO RO RR BR R BRRO R BR B OO R BROO ROO 4444444448 4888888888 44444444488888 4448 448888888 448888 444448 4488888888 48888888888888888 488888 48 4 /// ///////////// //////// / 220 2220 20 01 20 20 0 20 011 011 011 2220 20 01 011 220 20 201 00 220 001 22 1 22222201 2 1 222 1 22011 20 20 11111111111 8888888888887 87 87 8777 87 87 87777 8888777 877777 8887 87 877 8888887 87 87 8777 887 87 87 877 8777 887 87 87777777 877777 87777 8888777777 8877 8877 8777 8887 88777 877 887777 887777 887 87777777 8887777777 87777
Un motivo mínimo bastó para generar
un sentimiento de grupo que influyó en
el comportamiento de los probandos: el
paradigma del grupo mínimo. Tajfel y
John Turner formularon, basándose en los
resultados obtenidos, la teoría de la iden-
tidad social, según la cual cambiamos de
grupo de forma constante.
Sábado por la tarde. Anton y Berta
ocupan dos asientos de las graderías del
estadio de fútbol con bufandas azules;
Clemens y Dagmar, vestidos de rojo, se
encuentran en la zona contrincante. Lunes
por la mañana. Anton y Dagmar, compa-
ñeros de trabajo, echan pestes sobre Berta
y Clemens, empleados de la competencia.
Todo ello, sin conocerse personalmente.
En cuanto domina una identidad social
concreta crece la disposición a la coopera-
ción y al altruismo en un grupo, al mis-
mo tiempo que dejamos de reprimir sen-
timientos amorales contra los miembros
de otros grupos. En contra de la tesis que
establece que en una situación peligrosa
cada uno mira por sí mismo, solo la viven-
cia conjunta de una experiencia semejan-
te puede crear una identidad social y, por
consiguiente, fortalecer la cooperación y el
altruismo, según la teoría de Drury y sus
colaboradores.
Por otra parte, en la realidad, las conse-
cuencias de los actos humanos no suelen
reconocerse con tanta facilidad como en
los experimentos. ¿De qué depende, pues,
que las personas cooperen en una situa-
ción de alarma?
El psicólogo social Henri Tajfel, de
la Universidad de Oxford, realizó, casi
veinte años después que Mintz, varios
experi mentos reveladores. Dividió a sus
participantes en dos grupos según sus
preferencias secundarias, tales como la
afición por un pintor u otro (Klee frente
a Kandinsky). A continuación, los proban-
dos debían asignar un importe de dinero a
otras personas, de las que solo sabían a qué
grupo pertenecían. Podían escoger entre
importes dobles, cuya suma variaba.
Sentimiento de grupo
y marginación
Al contrario de lo que cabía esperar, los
probandos no maximizaron el importe
para los miembros de su propio grupo ni
el de los participantes en su conjunto, sino
que se preocuparon de que la diferencia
entre ambos grupos fuera la mayor posi-
ble. En otras palabras, lo importante no
era recibir más, sino que los demás obtu-
vieran menos.
Más información
en Internet:
El proyecto de investigación
SKRIBT (protección de puentes
y túneles críticos en la red de carre-
teras) corresponde a una asociación
de científicos de diversas disciplinas
promovida por el Ministerio Federal
Alemán de Investigación y Técnica.
Simulan y estudian métodos para
mejorar la seguridad de flujos de
tráfico: www.skribt.org
Los investigadores realizan pruebas
con el asistente para evacuaciones
«Hermes» en el estadio de Düssel-
dorf ESPRIT Arena: www.fz-juelich.
de/jsc/appliedmath/ped/projects/
hermes-de
El software de simulación VISSIM,
desarrollado por la empresa PTV
Planung Transport Verkehr AG de
Karlsruhe, se ha impuesto en la
planificación de acontecimientos
multitudinarios y de tráfico: www.
vissim.de
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De todos modos, continúa siendo un
reto gestionar con éxito el encuentro de
miles de personas en un espacio limita-
do; objetivo para el cual se emplean cada
vez más las herramientas tecnológicas. En
2007, los físicos Anders Johansson y Dirk
Helbing, ambos de la Escuela Politécnica
Federal de Zúrich, presentaron un sistema
de alerta temprana que reconoce señales
previas a un colapso de masa humana y
activa la alarma correspondiente.
El sistema se basa en un modelo ma-
temático que Johansson y Helbing obtu-
vieron a partir del análisis de vídeos del
Hajj. Cientos de miles de musulmanes
peregrinan cada año a la Meca para ro-
dear siete veces el gran monolito negro;
en tales aglomeraciones suele haber fa-
llecidos. Cuando los investigadores pa-
saron los vídeos de las peregrinaciones
ping, describieron cómo los responsables
de la organización en torno al partido de
Alemania contra Polonia en el mundial
de fútbol de 2006 reforzaron de forma
deliberada la solidaridad de grupo entre
ambas aficiones. Debido a la relación es-
pecial entre los dos países, las fuerzas de
seguridad mantenían en su punto de mira
el partido que se celebraba en el estadio
de Dortmund; finalmente transcurrió con
igual normalidad que el resto de los en-
cuentros del campeonato.
La unión hace la fuerza
Según Hylander y Granström, el anun-
cio a través de los altavoces del estadio
de una fiesta futbolística conjunta y las
caras pintadas con los colores nacionales
de ambos países contribuyeron a lograr el
ánimo esperado.
La identidad de grupo desaparece, sin
embargo, con rapidez en situaciones en
las que se requiere «buscar alguna cosa»
o existe la posibilidad de perder algo;
sería el caso de la inauguración de una
tienda que atrae al público con grandes
descuentos o, en el otro supuesto, las
ansias de los hinchas para entrar al es-
tadio, que tiene el acceso limitado, para
no perderse el primer minuto del par-
tido. En tales situaciones, las personas
consideran a los demás sujetos como
competencia; el posible beneficio o la
probable amenaza de pérdida dominan
el pensamiento.
Estas ideas se valoran a la hora de pla-
nificar acontecimientos multitudinarios.
La psicóloga Ingrid Hylander, del Ins-
tituto Karolinska en Huddinge, y Kjell
Granström, de la Universidad de Linkö-
Aglomeraciones a prueba
Los obstáculos pueden significar trampas fatales en los acontecimientos multitudinarios, como
sucediera en 2010 en la Loveparade celebrada en Duisburg. Por ello, es necesario estudiar los flujos
de personas en escenarios definidos con exactitud. Factores como el ambiente agitado o el ruido
de fondo contribuyen a que tales simulaciones solo se aproximen a la realidad.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 89
Tobias Kretz es doctor en física. Simula flujos de
multitudes en carretera y eventos multitudinarios
en la empresa de planificación de transporte y
tráfico alemana PTV (Planung Transport Verkehr
AG) en Karlsruhe.
alemán), iniciativa en la que participan
psicólogos. Desde Wurzburgo se investiga,
entre otras cuestiones, cómo diseñar las
salidas de emergencia para que personas
angustiadas y desorientadas sean capaces
de encontrarlas de forma fácil y rápida.
En situaciones de emergencia, las perso-
nas actúan con impulsividad (ante la ame-
naza de fuego, muchas tratan de salir por la
entrada principal en lugar de tomar la sa-
lida de emergencia más cercana). La causa
de tal comportamiento suele encontrarse
en los cambios que sufre nuestra psique en
estado de estrés; sudando, tiritando y con
el pulso a mil resulta difícil concentrarse
en la ideación de un plan de huida.
Con el objetivo de diseñar un túnel de
forma que incluso un manojo de nervios
localice la salida sin problemas, los inves-
tigadores de Wurzburgo simulan situacio-
nes de emergencia mediante escenarios
de peligro virtuales. De este modo han
comprobado que las salidas iluminadas de
color verde facilitan un reconocimiento
más rápido que aquellas señalizadas con
luz blanca.
La investigación sobre la mejor mane-
ra de conducir a las personas de un sitio
a otro en acontecimientos multitudina-
rios, estaciones de tren y aeropuertos debe
continuar. Con la simulación de flujos de
movimiento de multitudes únicamente
no llegaremos muy lejos; se necesita la
colaboración multidisciplinar entre psicó-
logos, sociólogos, informáticos, matemá-
ticos y físicos para lograr que los lugares
y acontecimientos públicos resulten más
seguros en un futuro.
a una velocidad veinte veces más alta,
descubrieron ondas de «avance-parada»
(stop-and-go) no visibles a tiempo real.
La detención repentina de una parte de la
multitud puede provocar aglomeraciones
y, con ello, cundir el pánico.
Los vídeos permitieron calcular la
oscilación en el ritmo de marcha de los
peregrinos. Al densificarse la masa, en
principio, el andar es más lento; los rit-
mos más rápidos no se deben a que los
peregrinos decidan caminar más rápido,
sino a que los empujan. Si el producto de
la densidad y la varianza de la velocidad
sobrepasa un valor crítico, la situación
amenaza con descontrolarse.
Ayuda tecnológica
«Hermes», otra iniciativa de investigación
que debe contribuir a la tarea de los orga-
nizadores de acontecimientos multitudi-
narios, realiza pruebas con un asistente
de evacuación desarrollado para ello. El
dispositivo proporciona al personal de
seguridad el pronóstico del movimiento
de la masa previsto para los próximos
quince minutos. El análisis de vídeos y
las simulaciones de flujos de multitudes
actualizados permiten al sistema elaborar
tal previsión.
Ahora bien, por muy sofisticado que
resulte el plan de evacuación, carece de
valor si no repara en otro aspecto: la psi-
que humana. En la actualidad se desarro-
lla en Alemania un proyecto interdisci-
plinario de seguridad para la protección
en puentes y túneles críticos de la red de
carreteras, el SKRIBT (por sus siglas en
Cuando el comportamiento de las per-
sonas nos parece irracional en una si-
tuación de peligro, es posible que nos
influya la perspectiva. Después de una
catástrofe, por lo general, disponemos
de una información más completa de lo
ocurrido que los afectados mismos du-
rante el suceso. A partir de los conoci-
mientos sobre las causas y el transcurso
de un accidente o de una catástrofe na-
tural, resulta más fácil evaluar cuál ha-
bría sido la mejor manera de actuar. La
conducta que a posteriori puede parecer
irracional, desde el punto de vista del
afectado resulta totalmente razonable;
por ejemplo, en muchos casos la pasivi-
dad es una estrategia que en principio
contribuye al éxito.
Es importante diferenciar entre la
acción intencionada y los factores pura-
mente físicos. El hecho de que un adulto
dé un golpe a un niño en un incendio
porque el humo le ha impedido verlo no
puede considerarse una falta de altruis-
mo. Del mismo modo, las personas que
caen encima de otras que se encuentran
ya en el suelo o aquellas que pisan a otros
sujetos por la inclinación de un barco a
la deriva no actúan de forma egoísta. El
comportamiento en situaciones de emer-
gencia requiere un mínimo de libertad de
decisión; no puede determinarse simple-
mente por cuestiones físicas.
Conducta correcta en caso de emergencia: cuestión de perspectiva
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
PANIC: MYTH OR REALITY? L. Clarke
en Contexts, vol. 1, n.
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3, págs. 21-26,
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tive Sozialforschung, vol. 11, n.
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pág. 8, 2010.
90 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
ILUSIONES
L
os humanos gozamos de visión este-
reoscópica. Al tener los ojos separados
horizontalmente, las imágenes que vemos
a través de cada uno de ellos resultan algo
diferentes entre sí, diferencia que a su vez
es proporcional a la profundidad relativa
(b). Las áreas visuales del cerebro miden
dichas diferencias, resultado que experi-
mentamos en la percepción del volumen
y del que hemos disfrutado todos alguna
vez de pequeños con juguetes estereoscó-
picos (a).
El procesamiento que convierte la ima-
gen retinal en visión procede por etapas.
Los rasgos rudimentarios (la orientación
de bordes, la dirección de movimiento, el
color, entre otros aspectos) se extraen en
fases iniciales (regiones V1 y V2) antes de
alcanzar las etapas siguientes en la jerar-
quía de procesamiento visual, el cual en-
gendra de manera progresiva un análisis
cada vez más refinado. Dicha descripción
por etapas no es más que una caricatu-
ra; son muchas las vías que «vuelven»
de una etapa a otra, proceso que permite
que el cerebro practique una especie de
juego de las 20 preguntas antes de llegar,
tras iteraciones sucesivas, a una solución
concreta.
De vuelta al concepto de la estereop-
sis, o visión volumétrica, puede surgir
la pregunta, ¿en qué estadio acontece la
comparación de las imágenes de los dos
ojos? Si se mira una escena que contiene
centenares de características, ¿cómo se
sabe qué rasgo visto por un ojo casa con
uno percibido por el otro ojo? ¿Cómo se
evitan las falsas concordancias? Mientras
no se logre la concordancia correcta, no re-
sultará posible medir diferencias. Se trata
del problema de la correspondencia.
Cuestión de contornos
Hermann von Helmholtz, gran físico, of-
talmólogo y fisiólogo decimonónico ale-
mán, se preguntaba sobre el problema:
¿Efectúa el celebro la comparación muy al
principio, antes de que sean reconocibles
los contornos de los objetos, o bien extrae
por separado los contornos antes de com-
pararlos? Helmholtz concluyó, aunque sin
muchas pruebas, que la percepción de la
forma de las siluetas correspondientes a
cada ojo se produce antes de la compara-
ción interocular. «La percepción mono-
cular de formas precede a la estereopsis»,
afirmó, arguyendo que la tarea de com-
parar ambas imágenes de los respectivos
ojos suponía una complejidad horrenda y
se producía en un estadio muy avanzado
del proceso de visión. Según Helmholtz,
para resolver el problema de la correspon-
dencia, el encéfalo primero reconoce las
formas, para luego comparar los perfiles
planos de dichas formas. La estrategia per-
mite al cerebro evitar (o reducir al míni-
mo) las falsas concordancias.
Casi cien años después, Béla Julesz, cien-
tífico ya fallecido y por otro lado personaje
de escasa modestia y genialidad sin par,
puso en tela de juicio la idea de Helmholtz
mientras trabajaba en los Laboratorios
Bell. Julesz se valió de un estereograma
diferente (c), para el cual utilizó configu-
raciones de gruesos puntos generados por
ordenador al azar en lugar de las fotogra-
fías o los dibujos lineales. De tal manera,
ni en la imagen del ojo derecho ni en la
del izquierdo aparecía ningún contorno o
forma reconocible. Pese a que los puntos
de la imagen se obtuvieron mediante or-
denador (como se esquematiza en d), pue-
de comprenderse el principio utilizando
una cámara digital e imágenes de puntos
distribuidos de forma casual. Se parte de
un motivo aleatorio de puntos sobre un
DOS OJOS, DOS VISIONES
Cada uno de nuestros ojos percibe un mundo distinto, ello proporciona matices
en la percepción de la profundidad
VILAYANUR S. RAMACHANDRAN Y DIANE ROGERS-RAMACHANDRAN
ste-
dos
mos
algo
vez
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b
Ojo izquierdo Ojo derecho
cuadrado de unos cinco centímetros de
lado. Por otro lado, se recorta con unas ti-
jeras un cuadrado de un centímetro con
otro motivo aleatorio, al que llamaremos
C, de «cuadrado». Se centra este cuadrado
sobre la primera configuración y se toma
una fotografía para preparar la imagen del
ojo izquierdo (I). Si C se encuentra situado
en la posición correcta, resultará prácti-
camente invisible debido al camuflaje de
los puntos de fondo. Ahora se desplaza C
horizontalmente un poco hacia la dere-
cha (situándolo de modo que no se aprecie
desde el cuadrado pequeño ningún con-
torno por una superposición de puntos).
Se toma otra fotografía correspondiente
a la imagen al ojo derecho (D).
Julesz presentó a cada ojo solo una
imagen de su estereograma de puntos
aleatorios; observó con asombro que un
cuadrado pequeño destacaba y flotaba de
forma tan real que casi sintió la tentación
de asirlo, a pesar de que ningún cuadra-
do fuese visible para ninguno de los dos
ojos. El experimento original se realizó
con píxeles generados a través de medios
digitales, no con trocitos de papel, por lo
que el desplazamiento contó con una pre-
cisión digital. Así que no se trata de que
haya un cuadrado oculto en la imagen
que recibe cada ojo; matemáticamente,
ni siquiera existe en cada ojo por sí solo.
Se define exclusivamente por la diferen-
cia; el desplazamiento horizontal de C
(véase la columna de las X y las Y en d).
Julesz llegó a la conclusión de que Helm-
holtz se equivocaba. Dado que el cuadrado
emerge tan solo a resultas de una fusión
estereoscópica, la concordancia en estéreo
tiene que consistir en una medida del des-
plazamiento «punto a punto» (o «píxel a
píxel»); el perfil del cuadrado aflora solo
a partir de esta comparación. La aprecia-
ción del volumen precede a la detección de
forma (en este contexto debe entenderse
«forma» de modo intercambiable con per-
files y contornos generalizados).
La demostración de Julesz inspiró a
Jack Pettigrew, por entonces un joven es-
tudiante de medicina en la Universidad
de California en Berkeley, a examinar la
fisiología de las neuronas binoculares en
la etapa más temprana del procesamiento
binocular. Hasta entonces, el problema de
la visión estereoscópica parecía intratable:
si von Helmholtz estuviera en lo cierto,
los investigadores tendrían que habér-
selas primero con la fisiología de la per-
cepción de formas, problema que nadie
sabía abordar. Pettigrew descubrió, sin
embargo, que su corazonada era correcta:
esas células estaban extrayendo los des-
plazamientos horizontales y señalando la
estereovisión.
Esta sencilla historia se complicó cuan-
do un estudiante venido de India (Rama-
chandran) descubrió que, en ciertas cir-
cunstancias, la percepción de la forma
precedía a la visión «en estéreo», lo que
revelaba la versatilidad de los centros vi-
suales del cerebro. Ramachandran creó un
estereograma que poseía para cada ojo un
cuadrado definido por textura. Entonces
desplazó el cuadrado entero en lugar de
desplazar los puntos que definían las tex-
turas (e).
Tenía dos motivos puntuales aleato-
rios, uno en cada ojo. Pero esta vez hay un
cuadrado individualmente visible en cada
ojo, a diferencia de los motivos de Julesz.
Sigue estando formado todavía por pun-
tos repartidos al azar, pero a causa de la
diferencia en textura, hay un cuadrado vi-
sible de forma individual en cada ojo. Los
puntos que constituyen la imagen del ojo
izquierdo (incluido C) son completamente
1 0 1 0 1 0 0 1 0 1
1 0 0 1 0 1 0 1 0 0
0 0 1 1 0 1 1 0 1 0
0 1 0 A A B B 1 0 1
1 1 1 B A B A 0 0 1
0 0 1 A A B A 0 1 0
1 1 1 B B A B 1 0 1
1 0 0 1 1 0 1 1 0 1
1 1 0 0 1 1 0 1 1 1
0 1 0 0 0 1 1 1 1 0
1 0 1 0 1 0 0 1 0 1
1 0 0 1 0 1 0 1 0 0
0 0 1 1 0 1 1 0 1 0
0 1 0 Y A A B B 0 1
1 1 1 X B A B A 0 1
0 0 1 X A A B A 1 0
1 1 1 Y B B A B 0 1
1 0 0 1 1 0 1 1 0 1
1 1 0 0 1 1 0 1 1 1
0 1 0 0 0 1 1 1 1 0
c
d
92 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
distintos en los dos ojos; a diferencia de
las figuras de Julesz, no tienen correlación
mutua. Este estereograma es el recíproco
del de Julesz: existe un cuadrado visible en
cada ojo, pero los puntos que lo constitu-
yen (y su fondo) se encuentran sin relación
en los dos ojos.
Ramachandran observó que al exa-
minar esta imagen a través de un este-
reoscopio, el cuadrado central aparecía
en altorrelieve. Dado que los puntos que
definen los cuadrados carecían de corre-
lación en los dos ojos, sus colegas y él con-
cluyeron que, en este caso, la percepción
de la forma era anterior a la percepción de
profundidad. El cuadrado era reconocido
por separado en cada ojo antes de que fue-
ra medido su desplazamiento. La regla de
Julesz podría resultar infringida. El cere-
bro se vale de muchas astucias para lograr
un mismo fin. En un ambiente «ruidoso»
camuflado, es razonable que se apliquen
ambas estrategias.
La segunda presentación inventada por
él confirma esta misma tesis. Se aprovecha
de un curioso efecto visual denominado
«contornos ilusorios» ( f ). Se han hecho
cuatro «comecocos» (pacmen) con sendos
discos negros a los que se les ha recorta-
do un cuadrante. Pero lo que se ve no son
comecocos situados unos frente a otros:
lo que se percibe es un cuadrado blanco,
opaco e ilusorio, que cubre parcialmente
a cuatro discos negros situados más al
fondo. El cerebro se plantea «¿Cuál es la
probabilidad de que un científico malvado
haya alineado estos discos de esta forma
precisa? Lo más probable es que se trate
de un cuadrado opaco, y eso es lo que voy
a ver». Los lados del cuadrado son una
alucinación, llamada segmentación de
imagen.
¿Pueden dichos lados ilusorios inducir
una visión en profundidad? Comence-
mos con la figura correspondiente al ojo
izquierdo en f y desplacemos el cuadrado
ilusorio hacia la izquierda con el fin de
crear la imagen correspondiente al ojo
derecho. (Tal corrimiento supone tomar
raciones mayores del disco.) Al observar
las imágenes a través de un visor... ¡Zas!
¡El cuadrado ilusorio flota! Lo mismo que
antes, el procesamiento de formas y la seg-
mentación de la imagen se da antes que la
visión en estéreo.
Todavía se puede mejorar. Tomemos
una plantilla de este estereograma y pe-
guémoslo sobre un fondo creado por re-
petición de columnas de puntos (g). Los
puntos son idénticos en los dos ojos: no
aportan información de disparidad. Mas,
sorprendentemente, los puntos situados
en el interior del ilusorio cuadrado flotan
juntamente con él, ilusión que llamamos
captura de estéreo; los puntos son captu-
rados por el cuadrado ilusorio y llevados
hacia delante, a pesar de que ellos mismos
no han sufrido ningún desplazamiento.
Tal resultado hace pensar que la tesis de
Julesz no era correcta del todo: la estereop-
sis entraña más que la mera comparación
de píxeles a través de los dos ojos. Incluso
si se consideran las células de disparidad
de Pettigrew, es forzoso que estén extra-
yendo diminutas agrupaciones de pun-
tos orientados (no puntos individuales) y
«buscando» grupos idénticos que casen.
Pero los experimentos de Ramachandran
(también otros resultados muy parecidos
del psicólogo Lloyd Kaufman, de la Uni-
versidad de Nueva York) han permitido
ver que el mecanismo era todavía más
complejo: la imagen podría resultar seg-
mentada por oclusión implícita y crear
contornos ilusorios que sirvan de hitos
para la concordancia estereoscópica. Una
vez que esta información ha sido extraída
e
g
f
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 93
y medida la disparidad, el cerebro constru-
ye una superficie ilusoria en el espacio. El
hecho de que los puntos incluidos sean
proyectados hacia delante implica que la
superficie es retroalimentada y aplicada
a los puntos.
Así pues, podemos concluir que von
Helmholtz, Julesz, Pettigrew y Ramachan-
dran están en lo cierto: el procesamiento
visual de la estereopsis es más complejo
de lo que pensábamos. No tenemos ni
atisbos de los mecanismos fisiológicos
subyacentes a dichas interacciones. Las
neuronas detectoras de disparidades se
encuentran en V1 (como fue demostrado
por Pettigrew), pero las encargadas de la
extracción de contornos ilusorios (de la
oclusión implícita) residen en la región V2,
el siguiente estadio en sentido ascendente,
como demostró Rudiger von der Heydt, de
la Universidad Johns Hopkins. Estos des-
cubrimientos implican que ha de produ-
cirse una retroalimentación de mensajes
desde V2 hacia V1 con el fin de modular el
procesamiento de rasgos más pequeños.
Tal idea no se ha comprobado todavía.
Vilayanur S. Ramachandran y Diane Rogers-
Ramachandran investigan en el Centro para
el Cerebro y la Cognición en la Universidad de
California en San Diego.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
FUNDATIONS OF CYCLOPEAN PERCEPTION.
Bela Julesz. University of Chicago Press,
1971. (Edición MIT Press, 2006.)
THE ROLE OF CONTOURS IN STEREOPSIS.
V. S. Ramachandran, V. Madhusudhan
Rao y T. R. Vidyasagar en Nature,
vol. 242, págs. 412-414, 1973.
CAPTURE OF STEREOPSIS AND APPARENT
MOTION BY ILLUSORY CONTOURS.
V. S. Ramachandran en Perception and
Psychophysics, vol. 39, n.
o
5, págs. 361-
373, 1986.
SEEING IN DEPTH: VOL. 1: BASIC ME-
CHANICS Y VOL. 2: DEPTH PERCEPTION.
Ian P. Howard y Brian J. Rogers.
Oxford University Press, 2008.
Descárgalos gratis en nuestra web
www.investigacionyciencia.es
Las cuestiones sobre la estructura
y la transformación de la materia subyacen
bajo los mayores retos científicos de la humanidad.
La química es, por ello, una de las ciencias más
transversales y con mayor impacto en nuestra sociedad.
Con motivo del Año
Internacional de la Química,
INVESTIGACIÓN Y CIENCIA regala
cada mes, durante todo el 2011,
artículos relacionados con
el desarrollo y las aplicaciones
de la química.
En mayo:
RADIACTIVIDAD
Radiaciones ionizantes,
por Guillem Cortés Rossell
TALLER Y LABORATORIO
Miscelánea electroquímica,
por Marc Boada
94 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
L
a historia de la humanidad es una his-
toria de potenciación. Homo sapiens
ha sido una especie prolífica que ha sabi-
do adaptarse tenazmente al medio. Con-
troló el fuego y creó útiles para forjar el
mundo entorno. Aprovechó abrigos donde
refugiarse o construyó habitáculos; tejió
la vestimenta que le protegía de la intem-
perie hostil. Y lo que ha revestido simpar
interés, desde el comienzo de su historia
el hombre ha pugnado por superarse a sí
mismo, mejoramos la mente con el estu-
dio y el cuerpo con la dieta y el ejercicio.
No le bastan, sin embargo, en esa tarea,
creaciones externas, como los binocula-
res, el martillo o la calculadora digital.
Hemos empezado a incorporar mecanis-
mos técnicos en nuestro organismo que
acortan las distancias entre la realidad
y lo que hasta ayer mismo pertenecía
al dominio de la fantasía científica. Las
nuevas técnicas, al prescindir de teléfonos
celulares, ordenadores de bolsillo y GPS
portátil, prometen grandes beneficios:
una creatividad intelectual aumentada,
larga vida, equilibrio de ánimo, etcétera.
Accederemos sin mediación a las fuentes
de información y la transmitiremos.
La nanotecnología desempeña una
función esencial en el desarrollo de la
potenciación humana, junto con los ade-
lantos en sistemas microelectromecáni-
cos, ingeniería genética, robótica, ciencia
cognitiva, tecnología de la información y
farmacología. Disponemos ya de diseños
para innovaciones fantásticas, como la del
respirocito: una célula roja artificial que
mantiene un reservorio de oxígeno. Un
respirocito podría instalarse en el teléfono
móvil para que la víctima de un ataque al
corazón pudiera continuar respirando una
hora más hasta recibir la asistencia médi-
ca, pese a la falta de circulación sanguí-
nea a los pulmones. Pero en manos de un
atleta o un soldado, el respirocito podría
aportar oxígeno extra a los músculos y al
cerebro, como si el individuo respirara de
una bomba de oxígeno puro.
La potenciación radical no constituye
una idea nueva. La mitología abunda en
relatos de humanos que buscan y expe-
rimentan una transformación drástica.
Pensemos en la épica de Gilgamesh, en
los relatos sobre las fuentes de eterna ju-
ventud, en la concesión, de Zeus a Titón,
del don de la vida eterna. Dante Alighieri
empleó ya el término «transumanare»
en la Divina Comedia en el sentido de
trascender la condición y percepción hu-
manas. Y Giovanni Pico della Mirandola
invitaba a esculpir cada uno su propia es-
tatua. La diferencia con la potenciación
radical actual estriba en lo que los anglo-
sajones abrevian con las siglas DIY (de «do
it yourself», lógrelo por sí mismo). En 1923,
J. B. S. Haldane, predecía en su futurista
Daedalus unos grandes beneficios para
la biología con las aportaciones de otras
ciencias. Algunas reflexiones de Julian
Huxley (New Bottles for the Wine) sirven
de punto directo de partida para la histo-
ria reciente de la potenciación radical DIY.
Llamó la atención de la posibilidad de un
cambio en la evolución de nuestra especie,
provocado por el propio hombre.
¿Ejemplos de potenciación radical? Abar-
can desde la adquisición de una inteligen-
cia capaz de superar de lejos los logros de
Einstein, Picasso, Mozart o cualquier otro
genio hasta la prolongación milenaria de
la vida sin achaques de la senescencia, pa-
sando por la experiencia de sensaciones
más excitantes que la escalada del monte
Everest o el consumo de peyote. Una for-
ma sistematizada de la potenciación radi-
cal nos la ofrece el transhumanismo, cuyo
abanderado, Nick Bostrom, lo define como
el movimiento intelectual y cultural que
afirma la posibilidad y desiderabilidad
del perfeccionamiento fundamental de
la condición humana a través de la razón
práctica y en particular mediante el de-
sarrollo de técnicas para eliminar el enve-
jecimiento y potenciar drásticamente las
facultades física, intelectual y psicológica
del hombre.
Llevada a su radicalidad, la potencia-
ción soñada nos eleva a la categoría de
superhumanos. Nicholas Agar, contrario
a ese movimiento, describe en Humanity’s
End las consecuencias destructivas para
nuestra especie. Sistematiza su crítica a
través del análisis de cuatro defensores
acérrimos de la potenciación radical:
Ray mond Kurzweil, quien sostiene que
la tecnología nos catapultará más allá de
la biología humana; Aubrey de Grey, par-
tidario de terapias antienvejecimiento que
nos hagan sortear ese destino inexorable;
Nick Bostrom, teórico de la moralidad y
racionalidad de la potenciación, y James
Hughes, sociólogo que divisa una demo-
cracia armónica entre los potenciados y
el común. Al razonar su oposición, Agar
evita caer en extremos irracionales, como
LIBROS
POTENCIACIÓN RADICAL
Trascendiendo los límites de la naturaleza
HUMANITY’S END. WHY WE SHOULD
REJECT RADICAL ENHANCEMENT,
por Nicholas Agar. The MIT Press; Cambridge,
Massachusetts, 2010.
MENTE Y CEREBRO 48 / 2011 95
ya lo hizo en Liberal Eugenics, sobre el fu-
turo de la raza humana.
Se opone a la potenciación radical el mo-
vimiento «bioconservador». A Leon Kass le
produce náuseas la posibilidad de neuroim-
plantes electrónicos y la potenciación ge-
nética, declara en el artículo «The Wisdom
of Repugnance: Why We Should Ban the
Cloning of Humans» y en Life, Liberty, and
the Defense of Dignity: The Challenge for
Bioethics (2002). En la misma onda, Francis
Fukuyama encuentra nuestra humanidad
demasiado frágil para resistir los múltiples
asaltos de las técnicas de potenciación; lo
razona en Our Posthuman Future: Conse-
quences of the Biotechnology Revolution
(2002). En su animadversión, Bill McKib-
ben equipara las técnicas potenciadoras
radicales con las técnicas que destruyen
el medio (Enough: Staying Human in an
Engineered Age, publicado en 2003). Esos
bioconservadores se proponen ahorrar a la
humanidad las modificaciones genéticas e
implantes electrónicos anuladores.
Kurzweil ha defendido su tesis favora-
ble a la potenciación radical en The Age of
Intelligent Machines (1990), The Age of Spi-
ritual Machines: When Computers Exceed
Human Intelligence (2000) y Singularity
is Near: When Humans Transcend Biology
(2005). Pionero en inteligencia artificial e
inventor de la técnica de reconocimiento
del habla que permite a los invidentes ser-
virse de los computadores, declara que los
avances técnicos que propiciarán la poten-
ciación radical son consecuencias de una
ley que gobierna el cambio tecnológico,
la ley de los retornos acelerados. Resume
en tres letras el significado de la ley para
nosotros: GNR, iniciales de genética, na-
notecnología y robótica.
Los genéticos, tras cartografiar el geno-
ma humano, han comenzado a ensartar
segmentos de ADN con propiedades hu-
manas e identificado genes que nos mues-
tra cuán proclives a tal o cual enfermedad
somos, el ritmo de envejecimiento o el ni-
vel de nuestra inteligencia. Para Kurzweil
la combinación de esos conocimientos
con técnicas de selección y alteración del
ADN es lo que nos constituirá más inte-
ligentes y más sanos. La nanotecnología
implica la manipulación de la materia a
escala atómica y molecular; se valdrá de
robots microscópicos, nanobots, para in-
troducirlos en el cuerpo y transformar así
al hombre. Los nanobots permitirán po-
tenciaciones que no pueden conseguirse
mediante la inserción, deleción o trans-
posición de nucleótidos; los habrá que
limpiarán nuestras arterias del colesterol
«malo», mientras que otros fijarán retales
en nuestra memoria. Otros crearán reali-
dades virtuales. Moveremos objetos con
la mente. La robótica culminará nuestro
abandono de la biología humana. Y de
su mano llegaremos a la singularidad,
un período durante el cual el ritmo del
cambio tecnológico será tan rápido y tan
profundo, que la vida humana se trans-
formará irreversiblemente. La mente del
potenciado, aunque humana, no será bio-
lógica. Sus neuronas se habrán sustituido
por circuitos electrónicos, computacio-
nalmente más eficientes e inmunes a las
enfermedades.
Aubert de Grey aborda en Ending Aging:
The Rejuvenation Breakthroughts That
Could Reverse Human Aging in Our Lifetime
(2007), escrito con Michael Rae, las bases en
que dice apoyar la prolongación de nuestra
esperanza de vida. Ante un hecho de obser-
vación común —nadie se libra de la senes-
cencia que lleva a la muerte—, se propuso
revertir el proceso: la senescencia orillable.
El principio central de De Grey concierne a
la velocidad de fuga de la longevidad, que
explica su confianza de que algunas perso-
nas vivas hoy pueden vivir mil años. Para
ello necesitamos resolver el problema de
la reparación del año asociado a la edad.
Las técnicas que inventemos y las nuevas
terapias añadirán años a la esperanza de
vida de quien tenga acceso a ellas.
Bostrom se enfrenta a quienes cuestio-
nan la moralidad y racionalidad de la po-
tenciación radical. En un artículo escrito
en 2006 para Ethics con Toby Ord («The
Reversal Test: Eliminating Status Quo Bias
in Applied Ethics») que la idea de que un
estado de cosas es mejor que otro por la
sencilla razón de que es el estado en que
las cosas son ahora constituye una sinra-
zón. Tal planteamiento, prosiguen, impide
abordar cambios que mejorarían nuestra
situación, y así ocurre a propósito de la po-
tenciación radical. En cuanto a los valores
morales que los bioconservadores dicen
defender, exponen que si realmente los
entendiéramos en su alcance cabal, reco-
noceríamos que todos deseamos las cosas
que nos vienen dadas por la potenciación
radical. Bostrom vincula posthumanidad
con potenciación radical. Por capacidad
posthumana cabe entender la que supera
el máximo alcanzable por cualquier per-
sona normal sin recurrir a medios técni-
cos; puede tratarse de una esperanza de
vida larga y sana, de la cognición (incluida
la memoria, el razonamiento deductivo y
analógico y la atención), del gusto estético
y la emoción.
Hughes, por fin, presenta su aportación
sobre el contexto social y las consecuen-
cias de la potenciación radical en Citizen
Cyborg: Why Democratic Societies Must
Respond to the Redesigned Human of the
Future (2004). Abandera un transhumanis-
mo democrático, en el que los ciudadanos
comprenderán que las enormes distancias
de poder entre los carentes de potenciación
y los radicalmente potenciados no tiene
por qué repercutir en su valoración moral.
Considerarán el cociente intelectual o la
esperanza de vida como irrelevantes para
su ubicación en la sociedad. Para Hughes,
el transhumanismo democrático asegura
un futuro de armonía.
No se discute que, en algunas circuns-
tancias, quepa hablar de obligación de
potenciación, o de razones sólidas en pro
de ella. Pensemos en la vacunación o en el
entrenamiento exigido a los pilotos para
reforzar su capacidad por mor de la segu-
ridad del pasaje. Muy distinto es el caso
de los chips implantados en el cerebro. O
la selección embrionaria de determina-
dos individuos con unas características
genéticamente buscadas. Agar aconseja
plantearse la ética de la potenciación ra-
dical desde la perspectiva del principio de
precaución. A la manera de lo que ocurre
con el calentamiento global y las medidas
a tomar para paliar el efecto invernadero,
donde sería desastroso confiar en una so-
lución desconocida hoy por hoy, también
aquí existe una gran diferencia entre un
plan que tiene visos reales de ejecutarse y
una esperanza infundada en que las cosas
nunca serán tan malas como se teme. La
carga de la prueba recae en los defensores
de la potenciación radical, quienes deben
demostrar que los obscuros escenarios
que se prevén pueden evitarse.
LUIS ALONSO
96 MENTE Y CEREBRO 48 / 2011
E
n las nuevas áreas que contempla la
reflexión ética, pensemos el mundo
virtual, el de la genética o el de la biología
sintética; un recurso de referencia cons-
tante es el del orden de la naturaleza, el
respeto a lo natural, que en el hombre in-
cluye su racionalidad. Ni siquiera los de
formación humanística suelen saber que
la fundamentación ontológica de la moral
en la naturaleza se articuló en el Medievo,
cuando se la unió a los conceptos de or-
den, razón y ley. Germinó en un contexto
jurídico: en torno a los conceptos básicos
de ley (lex) y derecho (ius).
Para los romanos, el derecho era in-
disoluble de la justicia. Con Cicerón, la
justicia no debe solo vincularse con el de-
recho, sino también con el bien común.
Ulpiano afirma, a comienzos del siglo III
de nuestra era, que la justicia es la volun-
tad libre y perpetua de conceder a cada
uno su derecho. Lo reiterará Ulpiano. Isi-
doro de Sevilla afirmará que ius se llama
así «quia iustum est» («porque es justo»).
Las palabras de Isidoro son retomadas por
Graciano. Este enseñó derecho canónico en
Bolonia y compiló, en la primera mitad del
siglo XII, un tratado introductorio sobre la
ley (Tractatus de legibus). Indica que la raza
humana se regulaba por un derecho natu-
ral, contenido en la ley, y unas costumbres.
Cada persona, señalaba, debe hacer con los
demás lo que quiere que se haga consigo
misma y evitar causar el daño ajeno que
no queremos para nosotros mismos. Hasta
Graciano, la sociedad medieval se regía por
usos y costumbres. Un siglo más tarde, los
juristas hablaban ya de derecho positivo.
Graciano conformó su pensamiento al Di-
gestum de Justiniano (siglo VI). Graciano
se inspiró también en las Etimologías de
san Isidoro. Los primeros comentaristas
del Decretum de Graciano subrayaron que
las costumbres, a diferencia de las leyes, no
tenían que darse por escrito. La ley se esta-
blece cuando se promulga, si bien adquiere
validez cuando entra en las costumbres de
los ciudadanos que la utilizan.
La primera persona que asoció con
la ley natural la regla de oro (compórta-
te con los demás como quisieras que se
comportaran contigo) fue Próspero de
Aquitania, un discípulo de san Jerónimo.
En ello abundaba Haimo de Halberstadt
(m. 853), para quien la ley natural consta-
ba de dos preceptos: hacer a los demás lo
que quisiéramos que los demás hicieran
con nosotros y evitar en los demás lo que
no quisiéramos para nosotros. Remigio de
Auxerre (m. 980) repetía la tradición en
su comentario al Génesis. Los primeros
textos sistemáticos sobre la misma apa-
recen en los escritos de la escuela de An-
selmo de Laon (1050-1117), que vinculaban
ley natural y razón. A finales del siglo XI
y comienzos del XII, Rupert de Deutz de-
claraba que la ley natural estaba escrita
en los corazones de los hombres y que su
expresión era la regla de oro. Hugo de san
Víctor (m. 1141), cuya obra pudo ser cono-
cida por Graciano, y Honorio Augustodu-
nensis (m. 1156) reiteraban la tradición.
En breve, la regla de oro era el mandato
y precepto de la ley natural.
Del legado jurídico de Roma, condensa-
do en el primer título del Digestum, pasó
al mundo medieval la idea de un derecho
vertebrado en tres esferas concéntricas:
el derecho natural, el derecho de gen-
tes y el derecho civil. Según la imagen
emergente de la definición de Ulpiano, el
derecho natural reúne, en su dimensión
puramente instintiva, a hombre y ani-
males. El derecho de gentes presenta una
connotación genuinamente racional, que
construye un derecho común para todos
los humanos. Cipriano pudo, pues, afir-
mar, en la segunda mitad del siglo XII, que
ius naturale, ius gentium y ius civile eran
especies de un mismo género, ius. Para
Huguccio (ca. 1190), la ley mandaba lo que
era justo y prohibía lo contrario. A finales
del siglo XII, también, Azo admitía, en su
Summa sobre el código de Justiniano, una
doble acepción de ley; en sentido restringi-
do designaba, por ejemplo, la constitución
romana; en sentido lato, todos los estatu-
tos razonables.
Si hasta el siglo XII predominaba el em-
pleo de la expresión ley natural, en el XIII
comenzó gradualmente a incorporarse
la utilización de derecho natural. Tomás
de Aquino representa ese cambio. Así, en
su primer Comentario a las Sentencias de
Pedro Lombardo mantiene todavía el uso
de ley natural. Pero cuando aborda la ley
natural en la parte moral de la Summa
theologiae (1265-1272) dubita entre derecho
natural y ley natural. Empleaba ambas ex-
presiones de manera intercambiable. Parte
de tres precursores inmediatos: Guiller-
mo de Auxerre, quien aporta la funda-
mentación de la ley natural en su Summa
aurea; Alberto Magno, maestro de Tomás y
avanzado del derecho natural, y Alejandro
de Hales, quien aborda la ley natural desde
una perspectiva teológica. Para Tomás de
Aquino, el derecho natural sería algo obje-
tivo, no una mera facultad subjetiva.
LUIS ALONSO
ÉTICA Y NATURALEZA
La regla de oro en el mundo medieval
LEX UND IUS. LEX AND IUS. Dirigido por
Alexander Fidora, Matthias Lutz-Bachmann
y Andreas Wagner. Frommann-Holzboog;
Stuttgart-Bad Cannstatt, 2010.
Más información en www.investigacionyciencia.es
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t El aburrimiento
t La depresión refractaria
t Perfiles criminales
t Filosofía y psicología
de la realidad
t Y más...
Mente y cerebro 38/2009
t Neuroeconomía
t Psiquiatría de la esquizofrenia
t Mutismo selectivo
t Empatía animal
t Raices de la legastenia
t Suicidios hereditarios
t Y más...
Mente y cerebro 37/2009
t Alucinaciones
t La agorafobia
t El síndrome de Korsakoff
t Simulación cerebral
t Superdotados
t Y más...
Mente y cerebro 36/2009
t Psicología de la risa
t La percepción del error
t Trastorno límite
de la personalidad
t Placebo y charlatanismo
t Ilusiones táctiles
t La inteligencia de los robots
t Y más...
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ASTRONOMÍA
Planetas, Estrellas y galaxias,
Presente y futuro del cosmos
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BIOLOGÍA
El origen de la vida, Virus y bacterias,
Los recursos de las plantas
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COMPUTACION
Máquinas de cómputo, Semiconductores
y superconductores, La información
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FÍSICA
Fronteras de la física, El tiempo,
Fenómenos cuánticos
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CIENCIAS DE LA TIERRA
Volcanes, La superficie terrestre,
Riesgos naturales
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GRANDES CIENTÍFICOS
Einstein, Newton, Darwin
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MEDICINA
El corazón, Epidemias,
Defensas del organismo
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CIENCIAS AMBIENTALES
Cambio climático, Biodiversidad, El clima
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NEUROCIENCIAS
Inteligencia viva, Desarrollo del cerebro,
desarrollo de la mente, El cerebro, hoy
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LUZ Y TÉCNICA
La ciencia de la luz, A través del microscopio,
Física y aplicaciones del láser
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Tamaño y vida

Partículas subatómicas

Construcción del universo

La diversidad humana

El sistema solar

Matemáticas y formas óptimas

La célula viva (2 tomos)
TAPAS DE ENCUADERNACIÓN
DE INVESTIGACIÓN Y CIENCIA
ANUAL (2 tomos) = 7,00€
Si las tapas solicitadas, de años anteriores,
se encontrasen agotadas remitiríamos, en su
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Edición en rústica

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012-3 El sistema solar 12 €
016-6 Tamaño y vida 14 €
025-5 La célula viva 32 €
038-7 Matemática
y formas óptimas 21 €
Edición en tela

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ISBN TITULO P.V.P.
004-2 La diversidad humana 24 €
013-1 El sistema solar 24 €
015-8 Partículas subatómicas 24 €
017-4 Tamaño y vida 24 €
027-1 La célula viva (2 tomos) 48 €
031-X Construcción del universo 24 €
039-5 Matemática
y formas óptimas 24 €
046-8 Planeta azul, planeta verde 24 €
054-9 El legado de Einstein 24 €
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MyC 1: Conciencia y libre albedrío
MyC 2: Inteligencia y creatividad
MyC 3: Placer y amor
MyC 4: Esquizofrenia
MyC 5: Pensamiento y lenguaje
MyC 6: Origen del dolor
MyC 7: Varón o mujer:
cuestión de simetría
MyC 8: Paradoja del samaritano
MyC 9: Niños hiperactivos
MyC 10: El efecto placebo
MyC 11: Creatividad
MyC 12: Neurología de la religión
MyC 13: Emociones musicales
MyC 14: Memoria autobiográfica
MyC 15: Aprendizaje
con medios virtuales
MyC 16: Inteligencia emocional
MyC 17: Cuidados paliativos
MyC 18: Freud
MyC 19: Lenguaje corporal
MyC 20: Aprender a hablar
MyC 21: Pubertad
MyC 22: Las raíces de la violencia
MyC 23: El descubrimiento del otro
MyC 24: Psicología e inmigración
MyC 25: Pensamiento mágico
MyC 26: El cerebro adolescente
MyC 27: Psicograma del terror
MyC 28: Sibaritismo inteligente
MyC 29: Cerebro senescente
MyC 30: Toma de decisiones
MyC 31: Psicología de la gestación
MyC 32: Neuroética
MyC 33: Inapetencia sexual
MyC 34: Las emociones
MyC 35: La verdad sobre la mentira
MyC 36: Psicología de la risa
MyC 37: Alucinaciones
MyC 38: Neuroeconomía
MyC 39: Psicología del éxito
MyC 40: El poder de la cultura
MyC 41: Dormir para aprender
MyC 42: Marcapasos cerebrales
MyC 43: Deconstrucción de la memoria
MyC 44: Luces y sombras
de la neurodidáctica
MyC 45: Biología de la religión
MyC 46: ¡A jugar!
MyC 47: Neurobiología de la lectura
MyC 48: Redes sociales
Precio por ejemplar: 6,50€
T-4: Máquinas de cómputo
T-6: La ciencia de la luz
T-7: La vida de las estrellas
T-8: Volcanes
T-9: Núcleos atómicos y radiactividad
T-12: La atmósfera
T-13: Presente y futuro de los transportes
T-14: Los recursos de las plantas
T-15: Sistemas solares
T-16: Calor y movimiento
T-17: Inteligencia viva
T-18: Epidemias
T-20: La superficie terrestre
T-21: Acústica musical
T-22: Trastornos mentales
T-23: Ideas del infinito
T-24: Agua
T-25: Las defensas del organismo
T-26: El clima
T-27: El color
T-29: A través del microscopio
T-30: Dinosaurios
T-31: Fenómenos cuánticos
T-32: La conducta de los primates
T-33: Presente y futuro del cosmos
T-34: Semiconductores y superconductores
T-35: Biodiversidad
T-36: La información
T-37: Civilizaciones antiguas
T-38: Nueva genética
T-39: Los cinco sentidos
T-40: Einstein
T-41: Ciencia medieval
T-42: El corazón
T-43: Fronteras de la física
T-44: Evolución humana
T-45: Cambio climático
T-46: Memoria y aprendizaje
T-47: Estrellas y galaxias
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T-49: Desarrollo del cerebro,
desarrollo de la mente
T-50: Newton
T-51: El tiempo
T-52: El origen de la vida
T-53: Planetas
T-54: Darwin
T-55: Riesgos naturales
T-56: Instinto sexual
T-57: El cerebro, hoy
T-58: Galileo y su legado
T-59: ¿Qué es un gen?
T-60: Física y aplicaciones del láser
T-61: Conservación de la biodiversidad
T-62: Alzheimer
T-63: Universo cuántico
TEMAS de
PROMOCIONES
Ejemplares atrasados
de Investigación y Ciencia: 6,00€
LA DIVERSIDAD HUMANA
RICHARD LEWONTIN
EL SISTEMA SOLAR
ROMAN SMOLUCHOWSKI

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