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CUADERNOS PARA EL DEBATE

Nº 1 LA DEMOCRACIA

COMISION IDEOLÓGICA DEL PCOE

CUADERNOS PARA EL DEBATE – Nº 1 DEMOCRACIA

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I

Cada vez que el capitalismo pasa por un periodo de crisis más o menos prolongado, brotan impetuosas todas sus miserias. Como es lógico, los propagandistas oficiales, difusores de sus excelencias, auténticos maestros en las artes malabares, manosean la sensibilidad del pueblo con la intención de impedir que sus análisis, debates y críticas rebasen los límites del sistema, procurando que éste no sea cuestionado. Todo suele ser permitido en el juego de la política, excepto la posibilidad del socialismo, a lo que se llega si se le da contenido de clase a las opiniones. Cualquier truco sirve para el burgués si evita que los trabajadores, los más castigados por las crisis, tengan siquiera la opción de pensar en un cambio radical de las estructuras económicas (socialismo). Los estudios, las discusiones, se centran entonces en lo secundario y, cuando no hay más remedio porque la propia dinámica de los acontecimientos lo dispone e impone, se abordan los conceptos por caminos extraviados. Todo vale con tal de que el régimen capitalista permanezca indiscutible e intocable, tal es el caso del concepto democracia.
II

Con el propósito de eludir el socialismo, aparecen milagrosamente innovaciones “revolucionarias”, cuyo fin es sustituir los principios marxistas-leninistas, porque a criterio de los

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supersabios creadores, aquellos han fracasado. Los neoliberales, los socialdemócratas, los adeptos al “Socialismo del Siglo XXI” entre otros, postulan nuevos tipos de democracias o abogan por la conjunción de varias democracias al mismo tiempo. Así, en el mundo, con mayor intensidad e interés en América Latina y Europa, es tema de conversación las diferencias que separan a las distintas democracias: representativa, participativa, directa, comunitaria, consultiva, etc., para optar por una o varias de ellas a la vez, que resuelvan los problemas que plantea la actual crisis, pero como hemos dicho anteriormente, excluyendo su contenido clasista, tan presente en las obras de Marx, Engels y Lenin. Lo que subyace en el debate establecido es que no es posible vivir sin democracia pues ésta es la culminación histórica de las experiencias más positivas de las comunidades humanas. Más allá de la democracia se dice que sólo puede haber dictadura y oscurantismo. Como es sabido, democracia significa “gobierno del pueblo”. Pero el término pueblo en la boca y en la pluma de las clases explotadoras han tomado acepciones diferentes. En el esclavismo, por ejemplo, los esclavos no estaban incluidos en el pueblo.

III

Al ser una forma de gobierno, la democracia capitalista supera el acto de las elecciones generales. Lo que se venera es la democracia en sí. Sin embargo, los capitalistas han hecho de los comicios su rasgo distintivo, pues en su opinión determinan la voluntad de la mayoría del pueblo. El gobierno que salga de las elecciones parlamentarias representará a la mayoría del pueblo cumpliéndose exactamente la definición de democracia: gobierno del pueblo. El marxismo-leninismo pone al descubierto las patrañas y las mentiras que la burguesía, los socialdemócratas y falsos comunistas emplean en el uso del concepto democracia. En primer lugar, la democracia es una forma que reviste unl Estado, cualquiera que sea. Desde su creación, el Estado es un órgano de opresión de las clases explotadoras contra las demás clases; de lo contrario, los explotadores de todos los modos de producción no hubiesen durado ni tres días. Por consiguiente, es ley

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universal que las democracias –todas- representan el poder y la violencia estatal de la clase dominante. Resulta impensable que en un estado capitalista, su gobierno sea obrero, que su democracia sea la dictadura del proletariado, o a la inversa. No es el Estado –entendido como un conjunto de instituciones (parlamento, Iglesia, justicia, ejército, policía, partidos, sindicatos, etc.)- el que adquiere su carácter por la democracia que lo representa; es a la inversa, la democracia toma su naturaleza y sus cualidades del Estado. Cualquier forma de democracia que se dé bajo el sistema capitalista será de manera inapelable democracia burguesa.

IV

La democracia burguesa es a la vez representativa, participativa y directa, pero sólo para la burguesía. Constituyen un engaño y un entretenimiento las propuestas del ideario del “Socialismo del Siglo XXI”, cuando presenta la unión de “ambas democracias” (representativa-directa) como una nueva opción para superar el capitalismo desde dentro. Como si ellos las hubiesen inventado. Como si estas “democracias” no existiesen ya en el capitalismo sin que el sistema sufra ninguna consecuencia negativa. Por el contrario, son elementos que les dan vida. El sistema capitalista y su parlamento representan la voluntad de la burguesía (democracia representativa). La tecnocracia, la bolsa, las organizaciones empresariales, los organismos supranacionales burgueses, inciden directamente en el rumbo económico y político de un país (participativa-directa), reduciendo al parlamento a una administración de trámites (leyes que legalizan el poder del capitalista).

V

Para dar calidad y legalidad a la democracia burguesa, los partidos políticos suelen apelar a la cuantía. Es decir, argumentan que a diferencia de las democracias feudalista y esclavista, la

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burguesía ha sido capaz de dar participación al pueblo y si los capitalistas están en el poder es porque ganan por mayoría. Por eso, los oportunistas afirman que cambiando la dirección del voto, se puede construir otro tipo de sociedad. Como veremos, el concepto de mayoría es distinto en la ideología burguesa con respecto de la ideología marxista-leninista. A Lenin le preocupaba más bien nada el llamado problema de las mayorías: “Los scheidemannistas y kautskianos (en parte por la hipocresia y en parte por su extremada torpeza, fruto de decenios de labor reformista) embellecen la democracia burguesa, el parlamentarismo burgués, la República burguesa, presentando las cosas como si los capitalistas resolviesen los asuntos del Estado por voluntad de la mayoría, y no por voluntad del capital, mediante el engaño, la opresión y la violencia de los ricos sobre los pobres” Los últimos gobiernos del PSOE y del PP nos demuestran que ninguno de los dos partidos ha cumplido sus promesas electorales y pese a ello se han caracterizado por reprimir violentamente las protestas de los trabajadores, que se han sentido engañados. Tal es la democracia burguesa. En donde quiera que exista la democracia burguesa está presente la violencia institucional contra los trabajadores, pues como dijera Lenin, todo Estado, se llame como se llame y se vista como se vista, es una dictadura de las clases explotadoras contra las explotadas. La democracia, forma de los gobiernos burgueses, es sinónimo de violencia y de dictadura clasista. Teniendo en consideración esta Ley del Materialismo Histórico, Lenin apenas hablaba de mayorías y minorías, sino de clases sociales, y cuando se refería a la mayoría, lo hacía en un sentido de clase. Por ejemplo, Lenin tenía la idea de que la democracia proletaria, es decir, la dictadura del proletariado (recordemos en todo momento, que democracia es forma de Estado y éste es, siempre que exista, la dictadura de una clase) es mucho más avanzada y más democrática porque la clase obrera es la clase mayoritaria y más moderna. En este tipo de mayorías fue en lo que creía firmemente y no el de las elecciones. VI

Cuando el Partido Bolchevique se presentaba a las elecciones, su objetivo no era la conquista de la mayoría del

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“pueblo” (burguesía, terrateniente, etc.) como pretenden hoy los oportunistas, sino para atraer la atención de la curia obrera y demostrarle la inutilidad del parlamento para los trabajadores. Nunca se propuso el “poder” a través de las elecciones. Ni siquiera en el momento supremo de iniciar el proceso revolucionario, o sea, la insurrección, tuvo en cuenta la mayoría de la población. Lenin se fijó en la correlación de fuerzas de los principales Soviets en los lugares más estratégicos y cuando ésta fue favorable a los bolcheviques estimó que la mayoría consciente de la clase obrera (proletaria) le seguiría: “Sólo los bribones o los tontos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas en el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el Poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el régimen, bajo el viejo Poder” Lo cual no significa que Lenin no tuviera en consideración la mayoría de los trabajadores para emprender una lucha, bien sea una huelga, como la insurrección: ”El proletariado libra su lucha de clase sin esperar a una votación para comenzar una huelga; aunque para el éxito completo sea necesario contar con las simpatías de la mayoría de los trabajadores.” ¿Cuál es, entonces, el método que utilizó Lenin para medir que la mayoría de los trabajadores le seguiría? “La vida real, la historia de las revoluciones efectivas muestra que las “simpatías de la mayoría de los trabajadores” no pueden ser demostradas muchas veces por ninguna votación (sin hablar ya de las votaciones organizadas por los explotadores, !a base de la “igualdad” entre explotadores y explotados!). Muy a menudo, las “simpatías de la mayoría de los trabajadores” se demuestran no en votaciones, sino por el crecimiento de uno de los partidos, o por el aumento del número de sus miembros en los Soviets, o por el éxito de una huelga...” Lenin se oponía en cierta medida a dejarlo todo al criterio de unas votaciones, incluso entre los mismos trabajadores para ir a una huelga. En nuestro ambiente cotidiano vemos que Lenin atina. Pese a lo muy atrayentes que nos parezcan las votaciones de los trabajadores para iniciar o no una huelga, hay momentos en los que apostar por la votación es ofrecer todas las armas al enemigo para que la huelga no se celebre. Tanto si es en asamblea como si es a través del voto secreto, se da muy a menudo que los secuaces del

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empresario así como los traidores (los ejecutivos, jefes, encargados, esquiroles), que jamás participan en las asambleas de los trabajadores, suelan acudir a las urnas o al voto a mano alzada con la consigna del empresario para frenar (democráticamente) las luchas de los trabajadores.

VII

Al socaire de los vientos modernos, que consideran a la “democracia” como el sistema más perfecto y humano posible, Lenin lo ve desde el ángulo opuesto. La democracia es un sistema clasista, que significa poder y violencia, sea la democracia burguesa, sea la dictadura del proletariado (democracia obrera). En su juicio el dirigente bolchevique se nutre de la dialéctica para anunciar que la democracia es un periodo transitorio en la historia de la humanidad que perecerá con la implantación del comunismo, cuando el Estado se haya extinguido y se aniquile para siempre la violencia y la dictadura política en la comunidad humana. Así pues, la democracia nació con la lucha de clases y en el momento que las clases desaparezcan y con ellas el Estado, la democracia que fue fruto de la coexistencia de ambos fenómenos también desaparecerá. El proletariado conquista el poder para instaurar su dictadura (democracia) al objeto de acabar precisamente con la dictadura y con la democracia en aras de la conquista del comunismo.