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CORAZÓN DE PIEDRA

LUANNE RICE

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A Susan Robertson

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INDICE

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Agradecimientos:
Quisiera dar las gracias a mi agente, Andrés Cirillo, y a mi editora, Pamela Dormán, por su sabiduría, apoyo y amistad; a Bren-dan Gilí, por citarme las líneas de Yeats que me proporcionaron el título de este libro; a Hester Sperduto y a Laurie Bradt por su pericia arqueológica y sus conocimientos sobre los indios de Eas-tern Woodland. Este libro lo escribí durante una época en la que mi madre estaba muy enferma. Quiero dar las gracias a las personas que le llevaron su periódico matutino colina arriba y lo dejaron a su alcance, que le dejaron la correspondencia sobre la silla de la cocina, que esperaron con ella hasta la llegada de la ambulancia, que le llevaron tomates y albahaca de sus huertos, que cocinaron un pequeño plato de más y se lo llevaron para compartirlo con ella, que le enviaron un relato al día de la vida en el colegio: Inga Smith, Marguerite y Rod Mattison, Eleanore Parker, Betty y Chuck Crow-der, Hesse, Margery y Donald Ekwurtzel, Irma y Cliff Hall, Barbara Zyla, todos los Glenneys, Valeri y Pat Healey, Jackie y Paul Portelance, Lage Hartling, Jack Gavin y los demás profesores en Slade. Y sobre todo, quisiera dar gracias a Linda Camarra, la enfermera de mi madre, quien ha llegado a ser una querida amiga. Los médicos consideran con respeto y asombro el trabajo cotidiano de Linda, y nosotras también.

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Argumento:
Esta es la historia de un matrimonio llevado a límites insospechados, un enlace tan vinculado a la perversidad que sólo puede a un crimen horrendo cuya honda expansiva se extenderá perturbadora desde la casa Littlefield hasta las vidas de todos los que se relacionan con ella. Para María Dark, hermana de Sophie, que regresa a casa tras una larga ausencia, todo resulta estremecedor. Después de haber viajado durante años como arqueóloga, María abandona este tipo de vida, se divorcia de su marido y vuelve a su casa en Connecticut con la que había soñado en las frías cumbres de los Andes. Pero María no encuentra el abrigo seguro que había imaginado. Lo que comienza como un idílico retorno al hogar se transforma en una tragedia de familia tan primitiva como la de Medea, tan alarmante como ciertos títulos de primera plana. María, que actúa como detective, a su pesar, descubre las claves de la horrible verdad en el centro de la vida de su hermana.

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Primera parte

LAS ISLAS HECHIZADAS

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Aldo ya le había advertido que los nativos siempre sospechaban de los arqueólogos extranjeros porque los creían capaces de sustraer las antigüedades para sus países. Miami o el Machu-Picchu. luces estroboscópicas anaranjadas se reflejaban en las nubes que los rodeaban. El hombre sentado a su lado hablaba español en una grabadora portátil. Apenas parecía darse cuenta de los rayos que fustigaban las alas. Esta tormenta será de nieve en Nueva York. —Podríamos. Un regalo para mi hermana —dijo María. —Muy bonita —dijo el hombre que tenía a su lado al ver la estatuilla—. y por un instante María sintió deseos de estar en tierra. Kennedy. preparados para llevarla a casa. —Es demasiado bueno para un regalo —observó el hombre. es chavín —dijo María. con aire distraído metió la mano en la bolsa buscando un talismán para que guiara sin percances al avión hacia el norte. hacia Hatuquitit. Se sintió como la misteriosa forastera yendo a casa y llevando consigo tormentas. Dos azafatas circulaban por el pasillo comprobando si los pasajeros llevaban abrochados los cinturones.CAPÍTULO I María Dark viajaba hacia el norte. Dio un ~ 7~ . —Volamos con retraso sobre Filadelfia —contestó la azafata—. Luego se imaginó a Sophie y Nell esperando en el John F. El avión daba unos cuantos bandazos y luego reanudaba el deslizamiento continuado. —Sólo es una copia. desde una América a la otra. ya fuera en Filadelfia. ¿Es inca? —No. Cogió la diosa de oro que pensaba regalar a Sophie. Durante sus excavaciones en Chavín de Huantar. —Eso debería estar en el museo nacional —dijo el hombre. con una bolsa de tesoros entre los pies. —¿Quiere usted decir que podríamos aterrizar aquí? —preguntó María. ella y Aldo habían encontrado varias estatuillas como aquélla y habían pensado en hacerle un regalo a Sophie. con tono de reproche. —¿A qué hora aterrizaremos? —preguntó María. María había encargado una copia a un orfebre de la zona. Un rayo hendió el cielo.

antes de que María se casara con Aldo. Hallie no entendería jamás por qué la única hija que había conseguido escapar de aquella rutina volvía a ella. María se preguntó si Hallie también estaría en el aeropuerto para recibirla. Abrió la mano en la que tenía la estatuilla para echarle una rápida ojeada. La diosa era hermosa y esbelta. ¿Y para qué? Para regresar a un lugar en donde no había vivido desde hacía diecisiete años. la conferencia había sido horrible. Sophie tenía la habilidad de un cabecilla para organizar una escena. que le había abandonado con todas esas cosas para siempre. Sophie había dicho que ella y Nell irían solas.sificó como un picapleitos del Gobierno peruano. el avión había estado virando a-la derecha y trazando círculos durante cuarenta minutos. Como en los viejos tiempos.. Kennedy. ~ 8~ . Por lo menos así lo pensó María mientras el avión de Perú franqueaba el frente noreste de la tormenta e iniciaba el último vuelo para aterrizar antes de que cerrara el aeropuerto John F. Sophie y Nell ya estarían en el aeropuerto. Entretanto. Es decir. A juzgar por su letanía. Sophie comprendería que su madre no debería estar presente en esta vuelta a casa. antes de que Nell se casara con Peter y pasara de ser su mejor amiga a ser su cuñada. pensó. antes de que Sophie se casara con Gordon y tuviera a Simón y Flo.. Seguro que no estaría. casi tan hermosa como Sophie. reunir a una asamblea. Le contaría esta anécdota a Sophie para que su hermana valorara más el regalo. Le explicaría más detalles del hombre: que llevaba gafas gruesas. y el Instituto Correccional para mujeres de Hatuquitit al oeste. y luego reanudó su grabación. donde la casa materna se alzaba sobre una colina dominando la pradera delimitada por Bell Stream al este. María pensó que el hombre le habría tomado por una ladrona de tumbas. pero María notó de pronto un cambio de dirección. Poco antes de abandonar la montaña. Hallie no creería decoroso brindar un gran recibimiento para una hija que había abandonado a su marido en la encantadora excavación. o poco menos. María lo cla. que tenía fosas nasales peludas y que comenzaba cada frase que grababa con la expresión «y por añadidura». con los misterios de Chavín y el aire puro de la montaña. llena de ruidos. Para volver a una ciudad fundada por puritanos que habían llamado «desalmados del infierno» a los indios. María había telefoneado a Sophie. como un indio encaminándose a su aldea. Le pareció oler el norte. Para buscar trabajo en un lugar donde los arqueólogos daban clases en los colegios o conferencias en los museos indios de la zona en lugar de descubrir piezas para su exposición en el Museo Británico o en el Smithsoniano. pero según creyó entender María.respingo al restallar un trueno.

se había sentido como la madre de Sophie cuando eran niñas. parecían incluso más brillantes a la luz fluorescente. María miró a los ojos a su hermana. —¿ Cómo están todos ? —preguntó María cuando se dirigían hacia el coche. pululaban por el aeropuerto. Alguien ha de mantenerla a raya porque de lo contrario te esperaría en el camino de entrada hasta que se le congelara el trasero. pantalones de pana y el bolso de lona de Nell. Las seis piernas formaron una jaula alrededor del equipaje. —Salgamos de aquí —dijo Nell—. Al igual que todos los Dark.Sophie y Nell estaban en medio del gentío. frente a la zona de las excavaciones. María soltó sus maletas para abrazarlas. —Esta semana no —respondió a gritos Sophie. Luego Sophie y Nell dejaron caer sus bolsos. Un Hare Krishna viene para aquí. Se habían repartido las maletas entre las tres. protegiéndolo de los ladrones que. La intención de su pregunta era distinta de la de Nell. —Peter quería venir —dijo Nell—. La idea fue mía. —Decidí marcharme —dijo María—. esa pregunta resultaba tan natural como decir. Para unas niñas que habían crecido junto a una prisión de mujeres. tres años mayor. algo espantoso: que Sophie había engordado. Ahora parecían apesadumbrados por el matrimonio de María. Sophie tenía pelo negro. María. La profundidad de su tristeza distrajo a María y la hizo olvidar su primer pensamiento. —¿Qué tal estás? —preguntó Nell—. ¿Has tenido un buen viaje? —Algo movido —dijo María. —¿Se ha escapado alguien últimamente? —gritó María. ~ 9~ . repleta de regalos. ella llevaba la más pesada. cerca de Chavín de Huantar. Su gruesa ropa de Nueva Inglaterra. piel tersa sin pecas y unos ojos azules que no ocultaban nada. fue inconfundible e hizo rememorar a María unas fechas ya lejanas cuando las tres merodeaban por las colinas de Hatuquitit. Pero hacia la mitad de la adolescencia los papeles se habían trastocado y Sophie se hizo cargo. según imaginaron.. una grande y metálica llena de equipo fotográfico. De pronto las tres se abrazaron en un apretado círculo. Le hice quedarse en casa con Andy. «¿qué tal estás?» o «¿qué te parece el tiempo que tenemos?». Iban hombro con hombro por la nieve blanda. El glacial viento de febrero le fustigó la cara y le recordó las noches en la montaña. y una bolsa de lona. chaqueta roja y azul. silbando y agitando el brazo para que María pudiera verlas.. —Pero. Los dos cenan esta noche con tu madre. Sophie asintió como si comprendiera mejor lo ocurrido. increíblemente penetrante. ¿estás bien? —insistió Sophie. El silbido de Sophie.

no! —exclamó. —La de Gordon será diferente. ¿Dónde lo he puesto? —Miró absorta su cartera. Sonrió expectante. —De preguntar por Gordon y los niños. —Me alegro. —¿Qué sucede? —preguntó María inclinándose hacia delante. ella había vivido el suficiente tiempo fuera para dejar de ver a Nueva York como un antro del crimen. su madre había perfeccionado una devoción absoluta a su familia sin dejar entrever jamás las señales externas de ese afecto. Soy una tonta. Su madre no esperaría a nadie en el camino de entrada.. Pese a su cara regordete. Se preguntó por qué Sophie querría hacerla sentirse culpable por no haber hecho esa pregunta. —¿De qué? —inquirió María. —Ya hemos llegado —dijo Nell deteniéndose ante un jeep rojo perdido en la cuarta fila del aparcamiento. pero Sophie continuó sonriendo. según opinaban los austeros habitantes de Nueva Inglaterra. Luego rebuscó en su bolso.! —dijo Sophie—. —El aeropuerto está lleno de rateros —dijo Sophie revisando su bolso por si faltaba algo—. y Sophie resopló desdeñosa.—El camino de entrada en su imaginación —dijo María.. Luego puso en marcha el motor. Nell se negaba a verlo así. parecía tan radiante como siempre. Nell detuvo el coche frente al encargado del aparcamiento y le entregó el ticket. Por alguna razón. —¡Oh. un ladrón se habría llevado la cartera —dijo Nell—. María sonrió. La diseña él mismo —dijo Sophie mirando con frialdad a Nell. y rebuscó afanosa entre los papeles del bolso. Estoy segura que ~10~ .. Todos están bien. —¿Una glorieta-belvedere? Ahora todo el mundo tiene una —dijo Nell mientras hacía que Sophie se sentara en el asiento delantero y María en el de atrás.. —¡Estoy tan orgullosa de ellos. —¿ No te olvidas de algo ? —preguntó Sophie a María mientras Nell buscaba las llaves del coche en todos los bolsillos. Había cris-talitos de hielo en las pestañas negras de Sophie. Gordon quiere instalar una glorieta-belvedere cerca del arroyo. Seguro que fue cuando dejamos todo en el suelo para abrazar a María. —¡El dinero! —dijo Nell—. —No. Estaba segura de que sería así —dijo María. Sabe que siempre lo he deseado.

pechos y caderas. en la tienda. Ella y Aldo habían sido discípula y profesor primero. ni más ni menos. ella solía dormir sola mientras Aldo compartía su entusiasmo con los estudiantes. Escuchó su propio suspiro. Al descansar la cabeza sobre el hombro de Sophie. María pensó que todo habría sido más fácil si no hubiese sido así. Se vio a sí misma envuelta en su saco de dormir escuchando a Aldo en la tienda contigua y a sus estudiantes y ayudantes. ¿dónde estaba eso? ¿La casa de su madre en Hatuquitit o la tienda de Aldo en los Andes? Se quedó absorta pensando en una noche en Perú: el aire de montaña tan claro y frío que no dejaba llegar ningún olor a través de él. Pero durante la noche. —¿Sucede algo? —preguntó Sophie. Los descubrimientos de tesoros y civilizaciones habían llenado sus días de frenética emoción. —Necesitas una compañera de viaje —dijo Sophie acomodándose a su lado. y luego amantes. pero. Yo nunca podría dejar de querer a Gordon. Se quedaría dormida oyendo su voz de tono doctoral y despertaría con la misma voz susurrando buona notte. María pensó que su hermana parecía tan mullida como una madre. Le pasó el brazo por la espalda—. Pero. María se sintió agotada y ansiosa por estar ya en casa. —Me es imposible imaginarlo —dijo Sophie—. —Aquí tienes un billete de cinco —dijo Sophie cuando empezaron a sonar los cláxones detrás de ellas. —Eso quiere decir que los dos hacéis lo debido —comentó María. si ella hubiera podido odiarle. ~11~ . Tal vez lo haya perdido. Oyó el clic de la hebilla del cinturón y vio que Sophie se aupaba sobre el respaldo del asiento delantero y pasaba al trasero. Esto era la verdad. Dejamos de amarnos. Da una cabezada. Llegaremos a casa en un santiamén. Lo siento mucho. donde la gente decente sólo se divorciaba después de sufrir traición e infidelidad flagrantes. ¿Es que Aldo ha encontrado otra mujer? —No —contestó María—. —¿No quieres contármelo? —preguntó Sophie en voz baja para que no la oyera Nell—. después marido y mujer y ahora amigos. El peso de más le daba una redondez exuberante en mejillas. ¿quién creería una cosa tan extraña? Ella había sido educada en una ciudad de profundas raíces puritanas. María abrió los ojos y se encogió de hombros.he salido con dinero de casa porque pagué el peaje.

—Lo sé. Ella había oído decir muchas veces a los profesores. La despertó un crujido de papeles. y por los movimientos mesurados de Sophie dedujo que ésta hacía lo posible para no despertarla. cuando Sophie se volvió hacia ella. Ella había ido cada día al colegio universitario en New Haven. como si por fin hubiera encontrado lo que buscaba. asegurando que descubrían vidas. María vio que Sophie se metía la estatuilla en el bolsillo. —¿Cómo esta mamá? —preguntó María. Sophie estaba encorvada y rebuscaba con mucho tiento en la bolsa de regalos. los pueblos de la cultura. el National Geographic y el Smithsonian. ni una sola vez a lo largo de muchos años. el cuello le dolía por el aire frío que entraba por una rendija. Luego. Nell las llevó veloces al este por el Thruway de Nueva Inglaterra. con la pequeña diosa de Chavín entre sus dedos. Sophie le había dicho que no podía recordar ni una sola vez a su madre abrazándola. En una ocasión. María cerró otra vez los ojos y se hizo de nuevo la dormida. Su cabeza descansaba sobre la puerta del jeep. María la observó. «casa» siempre había significado Hatuquitit. Se quedó dormida. mujer y marido. —Lo importante es que vuelves a casa —dijo Sophie. no sólo los artefactos. formaban un equipo de magníficos investigadores. Sus ojos se abrieron de par en par. se había casado con un hombre de la aldea vecina. María sintió que aquel ritmo la adormecía y pronto empezó a dar cabezadas.—Todos pensábamos que erais muy felices —dijo Sophie. ante el asombro de María.. ~12~ . Las máquinas quitanieves avanzaban en la dirección contraria lanzando chorros de nieve al aire. —Ya conoces a mamá —respondió Sophie con una voz que pareció invitar a María a quejarse de su madre. Cruzaron raudas las consecutivas manchas de luz anaranjada que proyectaban las farolas de la autopista.. arqueólogos y estudiantes en la excavación que María Dark y Aldo Giordano. La nieve caía persistente. De pronto se quedó inmóvil. le había persuadido para que traspasara los límites de la ciudad y construyera una casa en Bell Strean. Retiró la mano. María se estremeció un poco y Sophie apretó su abrazo. Para Sophie. Un crítico los había llamado detectives arqueológicos. Nell encendió la radio y sintonizó una emisora de jazz. Sus rostros e historiales habían aparecido en el Geo.. María abrió los ojos.

Pero María la había visto robar la diosa y se había sentido demasiado desconcertada para aceptar su gesto de consuelo. —Resulta difícil de explicar —dijo Nell frunciendo el ceño—.CAPÍTULO II A la mañana siguiente. —¿Estaba durmiendo cuando llegaste a casa anoche? —Sí. La noche anterior. —Se trata de Sophie. veleros y un sachem indio. Sé lo unidas que estáis. Casi tropezó con su largo camisón de franela cuando se dirigía hacia la ventana que dominaba el extenso prado nevado que llevaba a Bell Stream.. La dorada hierba de la marisma sobresalía de la nieve. —Algo le está pasando. Acababa de salir el sol. ¿Se ha levantado Hallie? —Todavía no —dijo María. María le devolvió el saludo. Sentada sobre la vieja mesa de roble palpó con el pulgar la familiar superficie veteada.. Sophie se había acercado a María con un encogimiento de hombros y le había dado un beso de buenas noches. paseando por la cocina. Se echó por encima la vieja bata a cuadros y corrió escaleras abajo. Pensé que me esperaría. Quiso pasar por alto el hecho de que Hallie se hubiera ido a la cama y María pudiese sentirse dolida. Éste había sido su «sitio» desde la infancia y muchas veces había visto en las vetas de roble una bruja. María atisbo el camino de entrada en donde Nell agitaba la mano. Parece como que es ella misma. Nell asintió. Pero Sophie lo había entendido. ¿verdad? —dijo María sintiendo un vacío en la boca del estómago. la nariz de su padre. montañas. —Esto está helado —dijo Nell sacudiéndose la nieve de las botas—. ~13~ . completamente despabilada en la cama. María oyó el ruido de una piedrecita contra el cristal. —Bueno. se levantará pronto —dijo Nell mientras llenaba de agua una cacerola y ponía café en un filtro con tanta desenvoltura como si estuviera en su casa. —¿Qué te trae por aquí tan temprano? —preguntó María. el sol le daba un tono rosado. pero no lo es del todo.

María se quedó estupefacta. —Recordó todo aquello con gran ~14~ . desprovisto de calorías. ella. Siempre se imagina que le estás menospreciando. echo de menos alguna cosa. sí? —exclamó Nell con aire sorprendido. —¿Qué opina Peter? —preguntó. temiendo oír la respuesta.—¿ La oíste anoche cuando me olvidé de preguntarle por Gordon y los niños? —preguntó María. considerándolo sofisticado y. Creen que me estoy comportando de modo paranoico e injusto. —Pues a Hallie no le sucedió —dijo María. El café empezó a oler bien y María sintió deseos de tomar una taza. —Anoche la vi coger algo de mi bolso. Quiso contarle a Nell lo de la diosa pero vaciló. Sophie y Nell habían bebido el café negro y solo. Lo tomó como una especie de insulto. —Supongo que habrán notado que Sophie está engordando. Me lo robó Sophie. —Te creo —dijo María. —¿Recuerdas el dinero que perdí anoche? —dijo de sopetón Nell—. Porque sé que ayer yo tenía noventa y siete dólares cuando salí de Hatuquitit. —¿Cómo puedes saberlo? —Porque cada vez que sale de mi casa. recordando a su madre tan esbelta y hermosa como estaba Sophie la última vez que la vio. además. ¿verdad? — preguntó María. —¿Y cómo sabes que los cogió Sophie? —preguntó María. sabía que ésta tendía a exagerar y a fantasear sobre la familia Dark. —¿Ah. —Él no lo ve así —dijo Nell—. y sé que no me los quitó ningún ladrón. María colocó dos gruesos tazones blancos sobre la mesa. —La única vez que dejé el bolso fuera de mi vista fue cuando la verja del aparcamiento se atascó y me apeé para buscar al vigilante. —Claro. La teoría de Nell le pareció disparatada: ¿ Sophie imaginando que la gente menospreciaba a Gordon ? Por mucho que María quisiera a Nell. aunque en realidad eso sea lo último que se te ocurra. Y Hallie tampoco. Sirvió café sin molestarse en ofrecer leche ni azúcar: desde el bachillerato. Adopta una actitud muy defensiva cuando se trata de él. —Hallie dice que eso les sucede a todas las madres jóvenes.

. El cucharón de plata de tu madre ha desaparecido. Y se preguntó si su familia sabía que Aldo era un arqueólogo esnob que encontraba sumamente aburridas las reliquias de los indios del bosque oriental. Siempre coge cosas que valen dinero. ¿ Tienes algún proyecto ? Peter dice que podrías dar clases. Las cosas horribles que habían dicho de Sophie quedaron flotando en el aire. el ruido de la cisterna del lavabo y el suave roce de sus zapatillas por el suelo de madera.. y he de dar el desayuno a Andy. Peter tiene una reunión muy temprano. Tenía que haber alguna explicación. No le cabía en la cabeza la idea de que Sophie fuera una ladrona. —Celebro que hayas vuelto —dijo Nell algo incómoda. Siempre he deseado dedicarme a excavar por estos alrededores.. el pelo negro azulado y lustroso de Sophie. y María se había imaginado las guerras indias libradas en su propio patio. Aquel cucharón de plata de Hallie hizo rememorar a María la Navidad y el Día de Acción de Gracias de la familia.. la cabeza y la tensión de los hombros mientras rebuscaba su bolso—. Su interés por la arqueología había nacido en Hatuquitit. Era imposible que Sophie lo hubiera robado. De todas formas me proponía regalársela. —Pero valiosa. eran visitadas por los espíritus de los indios que habían vivido y comerciado en ellas. —Hasta que tenga lugar el próximo —dijo María. habían sido guerreros. cuando Aldo dijo que aquí ya se habían hecho todos los hallazgos importantes. Nell procuró barrerlas de momento y se aclaró la garganta—. María intentó borrar de su mente lo que había visto la pasada noche: si no hubiese buscado dos veces la figurilla de oro en la bolsa. las únicas ocasiones en que se usaba. una pequeña diosa. los pequot y los hatuquitit. Oyeron el rechinar de los muelles de la cama de su madre en la planta de arriba. Las tribus locales. ¿no? —dijo Nell—. En el colegio les habían contado leyendas sobre las islas Hechizadas. Nell asintió animosa —Siempre supuse que lo harías.. —Me alegro de que me lo hayas contado todo —dijo María abrazando a Nell. Recuerdo la Navidad de aquel año. —Será mejor que me vaya —dijo Nell levantándose—. Había encontrado puntas de flecha en el prado.. ~15~ . según se decía.claridad: el ruido de las máquinas quitanieves. el solo de trompeta de la radio. —No estoy segura —contestó María—. Una tontería. casi habría podido creer que había soñado aquella escena. tres islas frente a la costa que.

—¡Mi vieja María! —exclamó Hallie Dark desde el umbral de la cocina. se dieron las habituales palmadas en la espalda y luego se separaron para mirarse. ¡Qué buena chica es! —Anoche me pareció un poco. ~16~ . al otro lado de la mesa. en su primera mañana de estar juntas después de un año largo. tiempo atrás tan negro como el de sus hijos.. María siguió la mirada de su madre e intentó adivinar lo que estaría pensando. ocupó su lugar en la mesa y miró por la ventana panorámica. Siempre había sido así. había encanecido mucho. A Hallie no le caigo muy bien. Se sirvió café. —Tanto como tú. como si alguien hubiese accionado un interruptor—. —Nell —respondió María—. —He de marcharme —dijo Nell mirando nerviosa hacia la puerta—. que era el más pequeño. —No te preocupes —dijo María dándole un beso de despedida. Una comadreja amarillenta cazaba a lo largo de arroyo. con el aspecto majestuoso de siempre. —¿Quién ha estado aquí? —preguntó Hallie al descubrir al instante el tazón de Nell. Estoy muy contenta de haber visto de nuevo a Sophie y a Nell. —¡Mamá! —Ambas se abrazaron. —Me siento feliz de haber vuelto —dijo al fin María—. María procuró no mostrarse impaciente con Hallie por hacer aquello incluso ahora.. evolucionando en el aire y chillando. Una figura alta. Sé lo mucho que quieres a Sophie. Sus padres se habían sentado en las cabeceras con María a un lado y Sophie y Peter al otro. Peter decía que eso era una forma de Zen.—Me parece imposible. Peter dice que ella cree que siempre estoy causando problemas. Ella aún recordaba cuando Peter. nerviosa —dijo María. Según Sophie. Las mañanas de Hallie incluían siempre varios minutos de contemplación por la ventana. María se sentó y miró absorta el sitio de Sophie. su madre pensaba en todos los senderos que podría haber seguido su vida si no hubiese tenido hijos. —¡Sophie ha estado muy impaciente! —dijo Hallie con súbito entusiasmo. Las gaviotas volaban desde la marisma hasta el estrecho. Se levantó temprano y decidió pasarse por aquí. —Eso es muy temprano —dijo Hallie con expresión recelosa. pero no hizo más comentarios. María se sobresaltó al ver que su pelo. había ocupado su sitio en una silla alta.

sintiéndose enrojecer. —Se encuentra muy bien. por favor —dijo Hallie—. Por lo menos aquí. He soñado con ella durante todo el tiempo que he estado fuera.. —Y era cierto. ~17~ . Sophie era la predilecta de Hallie. Él te. Quiero mucho a Nell pero me parece que está complicando las cosas. Con azúcar de arce... Después de aquel escenario encantador. con Bell Stream. como si estuviera viéndose a sí misma en algún espejo distante. Hallie no se habría sorprendido si Sophie se hubiese casado con un arqueólogo italiano recorriendo el mundo con él. —A veces me/pregunto si te desenvolverás bien aquí. Creo que Aldo te hizo resplandecer. Hallie había sido hija única de unos padres que la adoraban y. Había soñado con llevar a cabo una excavación en algún lugar de la ciudad donde había nacido su interés arqueológico. el óvalo perfecto de su cara. Quizá por estos parecidos. en esta fría y gris Nueva Inglaterra —dijo Hallie—. no se cómo decirlo. —Me gusta Nueva Inglaterra —dijo María—.» —Habíame de Aldo —dijo Hallie—.. De los tres hijos... excavando aquí y allá. Está en Perú. por lo que había conseguido saber. y no pensó en la gran diferencia que observaba entre lo que Hallie decía de Sophie y el comportamiento de ésta. Había vivido a orillas del Nilo y del Amazonas. Ésta observaba a Sophie con un interés especial aunque objetivo. dormida o despierta. y la finura de la melena recta. pero le resultó muy difícil disimular su sorpresa cuando fue María quien lo hizo. En los primeros esquemas de su madre ella había sido la introvertida y Sophie la extrovertida. —No volverás a encontrar un hombre como Aldo —dijo Hallie—. —No seas tan susceptible. —Gracias. te sacó de ti misma. Sophie era la que más se parecía a Hallie: la sorprendente vitalidad en sus ojos de un azul claro.. nada la hacía tan feliz como la oportunidad de iniciar una historia con estas palabras: «Cuando yo era una criatura minúscula. mamá —respondió sarcástica María. paredes de piedra y el resplandor del cielo reflejándose en el Long Island Sound. su infancia y su juventud habían estado repletas de alabanzas y acontecimientos sociales: premios en el colegio.—Has estado hablando con Nell. Tiene muchas teorías sobre la salud mental de Sophie.. del Loira y del Yang-Tsé. No hago más que exteriorizar un poco de preocupación. concursos ecuestres. cotillones y regatas. pero muchas noches había soñado. Si excavas aquí en vez de tesoros de oro encontrarás conchas y polvorientos huesos de indios. ¿verdad? —dijo Hallie resoplando con exasperación—. ¿Se encuentra bien? El brusco cambio de tema la sobresaltó. Creí que era bueno contigo. Hallie adoraba su propia niñez. ¿te imaginas? En cierto modo eso le resultó familiar.

vosotras no tuvisteis que estar solas en esta enorme casa con una prisión al lado. María no dejaba de mirar a Sophie y Gordon. pasaba el brazo por detrás de ella para sacudir del mármol algunas briznas de café. y ellos contaron que sus maestros habían colgado en el tablón de anuncios varias fotografías de ella y de Aldo recortadas del National Geographic. María se levantó de un salto y corrió hacia la puerta. su madre sólo necesitó quince segundos para hacerle dudar de sí misma. María no había visto nunca a un hombre tan cariñoso y protector. Éste sería el primer sitio al que iría una fugitiva. parecía rodear a Sophie con sus movimientos. —¿Sola? —preguntó María—.—Está bien —dijo María.. —¡Buenos días! —vociferaron los Littlefield. La noche pasada. Ten cuidado. —Bañados en miel —añadió Simón. todavía tensa. le susurraba algo al oído. y Sophie entró en la habitación. Abrazó a Simón y Flo. de darse cuenta de que el encanto y la confianza de Aldo eran durante casi la mitad del tiempo pura manipulación y modos autoritativos. a Gordon y Sophie. María preguntó a los niños por la escuela. Y entonces todo sucedió tal como había ocurrido tan a menudo durante su vida: María deseando con todas sus fuerzas que apareciera Sophie para que fuera testigo de las cosas indignantes que Hallie dijese o hiciese. Era asombroso el poder que su madre aún ejercía sobre ella. —¿Se escapó alguien anoche? —preguntó Sophie sonriendo a María. —Nadie salvo la asesina del hacha —respondió María. —No le veo la gracia —dijo Hallie—. pesa mucho. —¿Nos has traído cosas? —susurró Flo. Le tocaba el codo.. — Flo y Simón salieron de estampida. —Tendremos buñuelos —dijo Flo. Pensó que Sophie estaba radiante y se sintió celosa... —¿De veras? Me encantan los buñuelos —dijo María poniéndose a Flo en la falda mientras se preguntaba si la niña no sería ya demasiado mayor para eso. y el ~18~ . Gordon era alto. Después de doce meses forcejeando con la idea de abandonar a Aldo. Vete corriendo a mi habitación y trae una gran bolsa amarilla. —Haré más café —dijo Sophie. —Sí —dijo María—. que estaban inclinados sobre la cafetera exprés. ¿Y yo qué soy? ¿Un saco de patatas? — Pensó que era mucho más fácil bromear con Sophie y olvidarse de que su madre se sentía siempre sola aunque estuviese con uno o más de sus hijos en casa.

excepto Gordon. Así pues. pasándole el pulgar por todo el cuerpo. —¿Su sitio? Pero. y me sentí tan relajada que olvidé devolverla a su sitio. cuando Sophie ya había cogido la diosa. y cuando se enderezó cargada de paquetes. y sintió una inquietud tremenda al comprobar que no encajaba. —¿De dónde ha salido? —preguntó. —¡Es que has ocupado su sitio. Ella siempre había considerado que aquél era su sitio. zapatillas de ante forrado de alpaca para Simón y un brazalete de oro para Flo. ¿verdad. Tú estabas dormida y no quise despertarte. —María se sintió confusa unos instantes. —Acerca una silla. apretando la mano de María para expresar su agradecimiento. María se esforzó por parecer feliz y describió las aldeas ~19~ . Gordon —dijo María. Pero. Fue una expresión juvenil. —Anoche la cogí prestada —dijo Sophie—. Pero. Él se apoyó en el mármol de la cocina y le dirigió una sonrisa bobalicona. se corrió hacia la izquierda y se puso a Flo sobre la falda—. y se los pasaron unos a otros. María fue repartiendo los demás regalos: cuentas de azabache para Hallie. —Es tuya —dijo. Todos expresaron su admiración por los brillantes colores y la calidad de los obsequios. la pequeña figurilla de oro estaba en su lugar. No te importa que compartamos este asiento. ¡Es tan agradable al tacto! La tuve en la mano. Por fin se sirvió el café y todo el mundo se sentó. ¿no era ridículo que una mujer adulta sintiera ambiciones territoriales sobre el sitio que había ocupado en la mesa durante la infancia? —Así me gusta más —dijo Flo. un resplandeciente suéter de lana para Gordon. Evidentemente. había vivido fuera de casa durante muchos años. La sostuvo jubilosa en la mano derecha. María! —se apresuró a decir Sophie. muy atractiva para un hombre de cuarenta y dos años. Y Gordon se sentó al lado de ellas. María intentó compaginar la explicación de Sophie con lo que ella había visto en el coche. María se inclinó para abrir la bolsa. pero brillaba de una forma tan atrayente que no pude resistir la tentación. Sophie alargó la mano a través de la mesa para coger la diosa. tal como dijo haber hecho la noche pasada. claro estaba.. —La adoro. cariño? — preguntó intentando ser indiferente para ocultar su desazón.corazón de María empezó a latir inquieto al pensar en repartir los regalos. Gordon había ocupado su lugar en la mesa..

~20~ . pero no pudo dejar de pensar que Sophie había robado la diosa y que por alguna razón había decidido devolverla.de montaña en donde había encontrado cada regalo.

CAPÍTULO III María fue al granero y utilizó el Volvo de Hallie para poner en marcha a empellones el viejo Mustang de su padre. Entonces ella pudo darse cuenta de lo mucho que le había amado y se dejó dominar por un dolor profundo que la aisló de sus hijos durante algunos años. y Hallie se pasaba casi todo el tiempo con él. «Algunos me lo pidieron». —Levántate. Odiaba conducirlo. mientras que con sus verdaderos hijos mantenía una relación distante aunque afectuosa. Por entonces Malcolm Dark empezó a necesitar los cuidados que requiere una persona mayor. A veces simulaba dolor de garganta para no ir al colegio y quedarse en casa con Hallie. La quería como si fuera su hija. mamá?».» Sophie era más amable. Ella deambulaba por la casa sacando la punta de la lengua entre los apretados dientes. contestaba sonriente Hallie. no estás enferma —solía decirle. Cuando tenía once años. María había dado rienda suelta a la fantasía imaginando que en realidad él era su abuelo. —Sí lo estoy. en memoria de su marido. Hallie lo conservaba por razones sentimentales. orificios del tamaño de medio dólar acababan por oxidarse. ¿verdad. según decían todos. pero ella nunca podía abandonar a Malcolm. Todos la aborrecían porque evidenciaba lo desgraciada que se sentía su madre. de quien. preguntaba Sophie. Hallie se convirtió en una viuda joven con tres niños. María solía pedir a Hallie que los llevara a la playa o al arroyo. es como esas señoras de la cárcel. «Podrías haberte casado con cualquiera de ellos. María apenas lo recordaba. María pensaba en lo divertido que sería si las tres hubiesen podido ~21~ . Malcolm Dark había sido un hombretón jovial. «Es como una prisionera —pensaba enfurecida María —. Al año siguiente. estaba locamente enamorado. los recitales de piano que había dado y los chicos con quienes había bailado en Yale y que ahora eran médicos notables y hombres de negocios. Malcolm falleció mientras dormía. y también podrías estarlo tú —le contestaba esperanzada Sophie. El coche traqueteaba y se estremecía en la carretera. y que su verdadero padre (joven y guapo) reaparecería algún día para reclamarla. María se vestía para ir a clase y se daba cuenta de que Sophie se quedaba en la cama. Mientras tanto. Solía ir detrás de Hallie por la casa escuchando sus historias sobre los concursos ecuestres que había ganado. treinta años mayor que Hallie. Sophie había denominado «esa cara» a la expresión de Hallie. Sophie aborrecía dejarla sola.

ella había estado demasiado atareada incluso para las reuniones de padres y profesores o para asistir a los conciertos de primavera de Sophie. Estuvo sentada un rato en el coche viendo pasar a la gente. Cada accidente del terreno le trajo recuerdos. El astillero estaba lleno de embarcaciones varadas y cubiertas para el invierno con plásticos azules. cruzó por los pantanos y luego por entre las majestuosas casas victorianas al comienzo de Summer Street. rosas. cuando se sentía tentada de hacer novillos con Sophie. ahondando en antiguas civilizaciones. El estar allí. de la librería. Se apeó del coche y vaciló un instante antes de cerrarlo con llave. Pero ella no lo hizo jamás. También sentía celos. ¿por qué no iba a sus recitales ? La carretera hasta la ciudad apenas había cambiado desde sus años de niños. el señor Brown. después de haber pasado tanto tiempo en países extraños. Al pasar por allí se le ocurrió la posibilidad de adquirir un pequeño velero para el buen tiempo. quien tuvo cuarenta y cinco ausencias en un año. María había olvidado sus placeres. ropa interior de seda auténtica en un maniquí de Jo-sie's. no Sophie. como él denominaba con indulgencia a sus visitas anuales. Aparcó entre la lavandería automática y el banco Pequot Savings.quedarse en casa. Contempló monedas en envolturas doradas y langostas de chocolate en la confitería. pasó ante la prisión. templado y brumoso para febrero. Hallie no lo merecía. y se avergonzaba por Sophie. y al carnicero. A pesar de haberse criado en esta pequeña ciudad. casi primaverales. en aldeas sin electricidad. Sophie tenía una voz hermosa. aparejos y botas hasta las caderas en James's Bait and Tackle. Condujo a lo largo de Cove Road. Experimentó un sentimiento de culpabilidad al rememorarlos ahora. En Perú hacía sus compras en granjas a lo largo de sucias carreteras. y se sentía muy dichoso cuando las cosas ~22~ . le causó una sensación tan estimulante como una aventura. Reconoció a un condiscípulo del bachillerato cuyo nombre no logró recordar. Incluso el tiempo. «Tu peregrinaje». pero la que quería ser famosa era Hallie. codos de cobre en la fontanería Hatuquitit. Antes de que Malcolm muriera. La culpabilidad fue su pago por el alivio de verse libre de Aldo. También a la señorita Rogers. María se enfurecía al pensar en Hallie y Sophie bebiendo té con miel (para la garganta irritada de Sophie). Tenía un récord casi perfecto de asistencia a clase. Aldo provenía de una familia de banqueros romanos. mientras Hallie animaba a Sophie a soñar despierta con una carrera de cantante que la hiciera famosa. en su ciudad natal. le hizo rememorar los últimos días de invierno. Y si le interesaba tanto el canto de Sophie. Mirar escaparates le pareció una novedad deliciosa. Aldo no había comprendido nunca sus sentimientos sobre Hatuquitit. Le fastidiaba pensar que Sophie y Hallie se pasaban todo el día juntas. narcisos y lirios en la floristería Sea Garden.

la extensión «más grande» en Smithsonian y la esposa «más» devota. Él apreciaba la fama sobre todas las cosas. Junto a aquella persona delicada con su melena rubia estilo paje. María siempre había pensado que era un hombre genial. Así podrá ver lo que hay disponible. Obedeciendo a un impulso. suéter azul de cachemira y falda gris. Pero había dejado de respetarle. su propia cocina y su propio suelo: tres cosas de las que no había dispuesto en las muchas tiendas de campaña que había ocupado. Parecía tener la misma edad que María. —¿En qué puedo servirle? —preguntó la corredora de fincas. con sus pantalones negros y su chaqueta de cuero negro. Y ella había empezado a sentirse en su órbita como una arqueóloga y no como su esposa.ocurrían a gran escala: las tumbas «más» antiguas del pre-Chavín. —Quisiera alquilar una casa —dijo. Sabía que Hallie la recibía con gusto. entró en el establecimiento. Y no era sólo María quien no había querido. y todavía lo seguía pensando. —¿Se ha fijado usted algún precio límite? —Bueno. Durante sus últimos meses en la montaña no habían hecho el amor ni una vez. Aldo siempre había encontrado algún pretexto para demorarse en la excavación o dar charlas en la tienda contigua. —La he visto en Nova —dijo por fin enrojeciendo—. —Gracias —dijo María. —¿Por qué no echa una ojeada a las listas? —sugirió la mujer mostrándole una mesa—. María se sorprendió contemplando unas fotografías de casas en el escaparate de Shoreline Realty. María se sintió como una bruja desaliñada. pero ésta no la reconoció. Su propia cama. Yo le enseñaré cualquier casa que considere de su agrado. quien pareció vacilar como si quisiera decir algo. Había ido al colegio con él. ¡Ya verá cuando le diga a Steve que ha vuelto usted a casa! ¿Conoce a mi marido? ¿Steve Grunwald? —¡Naturalmente! —exclamó María. un término medio —contestó vagamente María mientras intentaba convertir lo que ella tenía por una cantidad razonable de pesos en dólares estadounidenses. —¿Cuáles son sus necesidades? —preguntó la mujer—. Y sonrió a la mujer. y en el cuarto curso le había robado su Sugar Daddy y se había negado a devolvérselo mientras él no le entregara su suéter para que ella lo lanzara a las ~23~ . ¿Cuántas personas componen su hogar? —Sólo yo —contestó María saboreando las dos palabras. pero ella quería su propia casa. el tesoro faraónico «más» valioso.

. Y no he querido quedarme en Perú. y cañerías. ¿Tiene calefacción? —Sí. Es abogado.. Tiene el bufete en el mismo edificio que su hermano Peter. Espera a verla. Durante doce años su atención se había centrado en la tierra y en las cosas que contenía. Se preguntó si sería muy difícil adaptarse a ella sin tenerlos. —¿Hasta qué punto? —preguntó María—. Está a orillas del agua. —Eso pienso yo también —dijo María. —No —dijo María. Un lugar realmente bonito. Sólo se corre la voz. Miró a Nancy y pensó en sus hijos jugando con los de Sophie.. No está en la lista. Desde luego no le gustaría a todo el mundo. —¿A orillas del agua? —Sí. La separación debe de ser horrible. como por ejemplo la inmobiliaría. —Yo soy Nancy Grunwald —dijo la mujer estrechando la mano de María y entregándole una larga lista con las casas disponibles—. en el embarcadero de la Squaw. Se preguntó tambien si habría tenido tiempo para criar niños. Pero supo la respuesta de antemano: no con Aldo. Su propietaria la adora.ramas de un árbol—. ¿Cómo está? —Muy bien. —Me alegro —dijo María pensando en lo bonito que era estar de vuelta en una ciudad pequeña. Nuestros niños juegan con los de Sophie. —¿Tiene buenas vistas? —preguntó María. ~24~ . —Me he separado de mi marido —dijo María—. Tengo una casa que podría interesarte.. ¿Y qué te trae por aquí? —preguntó Nancy. No es una casa anticuada ni nada parecido.. no te preocupes —contestó sonriente Nancy—. de haber seguido una actividad profesional diferente. pero está trabajando en Montreal. —Eso de no tener niños debe de facilitar las cosas —dijo Nancy—. Pero creo que con hijos aún debe ser peor. Ella viviría allí si pudiera. Está un poco aislada y no es desde luego un lugar de interés turístico. Ha pertenecido a su familia durante tres generaciones. —¿No tienes hijos? —preguntó Nancy. —¿Sabes una cosa? —dijo Nancy mientras María ojeaba la lista—. rústica. —Mira a las islas Hechizadas —dijo Nancy—. La sencilla pregunta de Nancy le causó incomodidad. Es un poco. Los niños parecían unir esta ciudad.

pero ella apretó el paso hasta desaparecer en el bosque de la mayor de las islas »Un halcón marino oyó llorar al hombre. Las estanterías estaban llenas de libros ilustrados y de revistas amarillentas con títulos tales como «Cuentos de Pequot». si haces lo que yo te diga. En la portada había un mapa de Hatuquitit con una equis señalando el emplazamiento de las tumbas indias. Al caer la noche. ella morirá otra vez y no volverás a verla nunca más” ~25~ . prometiéndoles trasladar los huesos a alguna otra tierra sagrada. Dentro destacaba la mesa de la bibliotecaria.pero esto solo sirvió para ahondar su dolor. El hombre se enamoró de una squaw. pero la esposa le dijo que su marido no podría enseñarles la casa hasta las cuatro. »"¡No puedo dejarte marchar!" -clamó el marido. María hojeó los «Cuentos de Pequot». Todo le pareció más pequeño de lo que recordaba. »"No me sigas" —le suplicó ella. con persianas blancas y un espacioso porche. había estanterías de revistas. María pasó a la sección titulada «Colonial Trickery» e «Historias de amor». una sala de lectura con butacas de vinilo. Su marido tubo que remar muy deprisa en su canoa para alcanzarla. Soplaba una brisa salobre y fresca desde la bahía a lo largo de la vía férrea. podrás reunirte con tu amada Sigue el camino de la playa hasta los arrecifes. ¡Pero no la toques ni permitas que nadie lo haga durante cuatro días! De lo contrario. Le dio la mano y se encaminó hacia la biblioteca. ella salió de su tumba y caminó por la bahía hasta las islas hechizadas.Llamó por teléfono al vigilante. encarámate a ellos y allí encontrarás a tu esposa. Entonces decidió seguir el espíritu de su mujer hasta la Tierra de los Muertos. «Una visita a la chimenea del diablo» y «Hatuquitit: nuestro tricentenario». largas mesas de pino y estanterías de libros. Ella estará viva y podrás llevarla a casa en tu canoa. "Escucha joven -dijo-. María se dirigió directamente hacia su sección favorita: el folklore local. La Biblioteca Hatuquitit era una casa de piedra en Summer Street. —Por supuesto —dijo María. —¿Tienes algo que hacer hasta las cuatro? —preguntó Nancy. Leyó algo sobre un mercader inglés que hacia el convenció a los indios para que le vendieran su mayor cementerio. Dos de ellas estaban situadas en el embarcadero de la Squaw. pero alguien estaba utilizando el único teléfono público. Pensó en telefonear a Sophie o Nell para pedirle que viniera a la ciudad y la acompañara a ver la casa. Cuando el sol empiece a levantarse. casada ya con un pequot «Cuando descubrió la infidelidad de su esposa el marido indio le atravesó el corazón con una flecha -leyó María.

que seguía enamorado de la squaw. cada uno en una orilla del agua. Ella. impresas por el sello de la bibliotecaria. La noche anterior a la boda se desencadenó una tormenta. Fueron pasando las horas. Ella vivía al este del arroyo y él al oeste. A través de su procelosa superficie divisó a su gran amor. El pastor abrió su Biblia. La campana de la iglesia resonó por toda la ciudad y continuó tañendo hasta que amainó la ~26~ . Pero a la mañana del cuarto día. pasó por allí. y allí. Así pues.»El joven obedeció al halcón. Si la boda no se celebraba aquel mismo día. que sobresalían del resto. «Entonces celebraremos la ceremonia cuando pase la tormenta». Luego cogió un libro pequeño que había leído ya cien veces. Y empezó a releerlo. Pero jamás había oido la leyenda india. vestida con su traje de boda. deque algunos propietarios descubrían huesos indios en sus sótanos o cuando removían la tierra para construir una piscina. Pero el pastor había venido de Massachusetts. María pensó que no habría ningún niño de Hatuquitit que no hubiera leído el libro por lo menos una vez. mató al inglés con su tomahawk. Cuando el guerrero indio descubrió lo sucedido. cuando lo había leído por primera vez. preguntó sin cesar a su madre si habían llegado ya su prometido y el pastor. Apenas la vio se abalanzó radiante para abrazarla. Corría el año 1679 y el lugar era Hatuquitit. Llovió hasta el amanecer. Corrió la voz de que el arroyo se había convertido en torrente y que nadie podía cruzarlo. Él sintió un deseo vehemente de tocarla. Y por eso el iglés no pudo cumplir su promesa de trasladar las tumbas indias. la valerosa novia saltó a un carro tirado por un asno y se encaminó hacia el arroyo. Lo se porque me has seguido hasta aquí " »El guerrero indio llevó a su esposa en una canoa a través de la bahía y la escondió de los otros pequot durante tres noches. habría que aplazarla por lo menos un mes. Ella sonrió y dijo: "El amor que sientes por mi es verdadero a pesar de que yo he amado a otro hombre. razón por la cual muchas casas en Hatuquitit están construidas sobre tierra sagrada » María ya había oido parte de esa historia. vociferando para hacerse oír por encima del viento aullador. El libro tenía una descolorida portada roja con letras negras y parecía estar más cerca de la desintegración que veinticinco años antes. el mercader inglés. El libro relataba la historia de una pareja que iba a casarse. Pero tan pronto la hubo besado ella empezó a hacerse transparente y desapareció para siempre. Dentro de la portada había hileras de fechas que se remontaban sólo hasta 1982. muy lejos de ser un espíritu. dijo la madre. La historia del Bell Stream. pero recordo lo que le había dicho el halcón. adonde debería regresar aquella misma noche. Agitó frenética los brazos y él le respondió. los contrayentes pronunciaron sus votos nupciales. Tenía algunas páginas sueltas. Se encaramó a los arrecifes de roca en el preciso momento en el que un sol rojo emergía de las aguas y allí estaba su esposa. pero no fue así.

A excepción de una pequeña barriga. Sophie había colocado varias piedras que habían cogido en Town Beach para señalar los lugares más probables. —Mamá quiere enviarme a la prisión —susurró. Ya he telefoneado a la celadora. Sophie no contestó. No me lleves allí. —No me dejes. Sophie apareció en el pasillo contiguo. y cuando yo regrese te llevaré a la prisión. Medita bien sobre tu equivocación. A Peter. —No. que tardó cierto tiempo en captar lo que su hermana estaba diciendo.tormenta y los novios pudieron reunirse. ¡Qué felices se habían sentido María y Sophie de que el Bell Stream corriera a lo largo de sus tierras! De niñas habían reconstituido mil veces la ceremonia intentando determinar los lugares exactos en donde se situaron los novios y el pastor.. a veces las ~27~ . aquello le tenía sin cuidado. María se sumió de tal forma en aquella historia. por favor —dijo Flo. —No. —Por favor. María corrió hacia ella. Quiso huir al otro pasillo pero no pudo moverse. —¿Está mamá? —preguntó Flo. Ahora iré a casa. —¿Flo? —susurró. — Flo —repitió María inclinándose para tocarle la cabeza. —¡Sí que me preocupo! —dijo Flo muy nerviosa—. Flo tenía seis años. Un verano. —No tengo otra elección. y luego el llanto desconsolado de Flo. La pequeña parecía sin fuerzas y no respondió al abrazo. —Quédate aquí —dijo Sophie con tono afable—. Desde ese día en adelante el arroyo se llamó Bell Stream o Arroyo de la Campana. mamá. Quiero que te quedes aquí y que medites sobre lo que has hecho mientras yo voy a casa para empaquetar tus cosas.. María oyó el repiqueteo de sus tacones al alejarse. enterrando la boca en su mochila Minnie Mouse. —María levantó a la niña del suelo y la abrazó. Allí es a donde van las niñas malas. —gimoteó Flo—. ¡Quiero a papá! María se sintió paralizada de horror. hablando con tono mesurado. Cuando están furiosas. estaba escuálida. Llevaba trenzas. —Esta vez lo digo en serio —dijo—. Lo sabes muy bien. no es cierto —dijo María—. ¿Acaso no sabes lo mucho que le hiciste enfadar a papá? No te preocupas lo más mínimo por él. meteré todas tus cosas en una bolsa de basura y la arrojaré lejos para que papá y yo no tengamos que pensar más en ti. Sin pensarlo dos veces. Se había acurrucado.

—Tengo que quedarme aquí —dijo Flo—. conduciéndola fuera de la biblioteca. —¿Y sabes por qué? —preguntó María. luego se sentó y la puso en su regazo. María no dijo nada y continuó meciendo a la niña hacia delante y hacia atrás. llamaré a la policía. ~28~ . Cuando venga su madre. —Mamá está muy enfadada —dijo Flo. Se lo diré a la bibliotecaria para que ella se lo transmita a mamá cuando regrese. se agarró a la pierna de María y empezó a llorar de nuevo. la policía no! —gritó Flo. —¿Mucho rato? —Hasta que oscurece —dijo Flo. —Escucha —dijo María cogiendo a Flo de la mano y haciéndola levantarse—. Flo la acompañó sin decir palabra. Se sentaron en los asientos delanteros del «Mustang» y miraron la lavandería automática. te llevaré a casa —dijo—.? —Esto no es una guardería —le interrumpió la bibliotecaria—. —Vamos. que seguía llorando y se atragantaba al hablar. Puedes venir conmigo a casa de la abuela. Yo soy la hermana mayor de la mamá y digo que debes venir conmigo. la bibliotecaria le lanzó una mirada aviesa. Los brazos comenzaron a dolerle. Tomaron unos helados de cucurucho. —En cuanto te encuentres mejor. —¡No. —Soy la tía de esta niña —dijo María—. Esta situación se está repitiendo demasiado a menudo. Es la regla. —¿Qué regla? —Mamá me deja aquí porque es un lugar seguro y bueno para meditar sobre las cosas. Flo —dijo María. —Porque lloré en el dentista —dijo Flo. María pospuso su cita para ver la casa del embarcadero de la Squaw.. Algunas veces. —¿Te deja aquí muchas veces? —No muchas —contestó Flo—. Dígale a su hermana que la próxima vez que abandone aquí a su hija. María se detuvo ante la mesa. de modo que dejó cuidadosamente a Flo en el suelo..madres dicen cosas que no piensan. intentando mecer a Flo. ¿le querría decir que.

—¿No te parece divertido comer helado después de ir al dentista? — preguntó María con voz pausada. Llevaba un delantal rojo que se tensaba sobre el pecho. muebles sólidos forrados con zaraza y tartán. María cogió a Flo de la mano y atravesaron la puerta de entrada que estaba abierta. a mi casa. Y también a la del médico. o a la de la abuela? —No. probablemente. empezando a mostrarse inquieta—. Sophie había decorado la casa de campo con antigüedades rústicas. Flo? —Doctor Kaufman.—La gente se lava ahí la ropa —dijo Flo. Pasaron ante Simón. presentándose como la tía de Flo? Luego le pareció oír de nuevo la voz tranquila de Sophie diciendo a Flo que la enviaría a la prisión. La cocina amarilla tenía un hogar abierto. Sophie se hallaba en la cocina ante el fregadero. Sophie se volvió y su cara se descompuso. No es malo. pero tal vez no era oportuno decir tal cosa a una niña. Quiso que Flo le contara lo que la había hecho llorar. Pensó en la forma de preguntar lo imposible. María se sintió impotente y sin ideas. —¿Quieres decir que el doctor Kaufman es un amigo de tus padres? —Sí. El suelo de ladrillo rojo estaba cubierto de una alfombra trenzada. ¿Cómo le había permitido la bibliotecaria dejarla marchar con Flo? ¿Qué habría pasado si ella hubiese sido una secuestradora. que estaba viendo la televisión en el estudio. ¿A tu casa. —A mí me solía pasar lo mismo —dijo María. Y le pasaba todavía. —Mira a quién he encontrado en la biblioteca—dijo María. Es muy amigo de papá —dijo Flo. Una criatura. fotos de familia y cuadros con paisajes del siglo XIX en las paredes. —¿Te gusta tu dentista? —Es simpático. —Sí —dijo Flo. —Ya lo sé —repuso María. había bordado el perfil de un corazón ~29~ . y se encontró meditando sobre cosas que se pasaban de la raya. y por qué su llanto había puesto tan furiosa a su madre—. Su cabeza era un hervidero de preguntas pero no supo cómo formularlas sin inquietar otra vez a Flo. distraída. ¿Cómo se llama tu dentista. Pero me da miedo ir a su casa. ¿Me llevarás pronto a casa? —Claro —dijo María poniendo en marcha el coche—. A veces viene a casa a cenar y entonces no me da miedo. lamiendo cuidadosamente el helado de naranja para que no le goteara. colocando hielo triturado en un gran recipiente de cristal.

mamá —susurró Flo—. Estaba llorando a lágrima viva. Abrió un cartucho de chocolatinas y se puso a comerlas con avidez. cariño. pero que no se te ocurra hacerlo otra vez sin preguntarme. La niña se puso rígida. —Naturalmente —dijo Sophie. No puedes ni imaginarte lo que he estado sufriendo. —Habíame cuando tengas hijos —dijo—. Abrió los brazos y Flo corrió hacia su madre. —María sonrió a Flo intentando tranquilizarla. mamá —dijo Flo con un hilo de voz. —¿Puedo hablar contigo? —preguntó al cabo de un momento María. que se apretaban una contra otra. —¡Ay.. —Oí que le decías a Flo que ibas a enviarla a la prisión. María hizo una inspiración profunda. Volví a recogerla y no la encontré. Quizá lo hicieras con buena intención. Todo ha terminado bien. ¿No te lo contó la bibliotecaria? ~30~ . cariño? —dijo Sophie. ¿Por qué no te vas con Simón. Y salió corriendo. —Estoy bien. —Vale. con los ojos llenos de pánico. María! —dijo Sophie secándose unas lágrimas que le corrían por las mejillas—. Supo que si se tocaba el pecho encontraría el corazón latiendo descompasado. qué contenta estoy de verte otra vez en casa! —exclamó Sophie separando los mechones de pelo en la frente de Flo. acariciándose. Pero nadie lo dice en serio. María se sintió enferma al pensar en la inquietud que había causado a Sophie.azul en él. Todas las madres de Hatuquitit les amenazan con lo mismo. —¿No te dijo la bibliotecaria que me la había llevado? —Sí. —Te oí en la biblioteca —dijo—. —Gracias a Dios que estás bien —dijo Sophie. Yo estaba en el pasillo contiguo. —¿Qué oíste? —preguntó Sophie descargando un martillazo sobre una toalla llena de hielo. — Flo se lo creyó. —¡Por Dios. —Claro. Observó a Sophíe y a Flo. Sophie hizo una mueca y sacudió la cabeza con amargura. pero no estabais aquí cuando llegué a casa y mamá no sabía dónde andabais.. —Tía María me hizo acompañarla —exclamó Fío. —Quiero decir a solas.

y observé que se mostró muy dolido cuando Flo empezó a llorar. —También yo te quiero —dijo Sophie. Adora a los niños. Flo no tuvo miedo de él. —Sophie —dijo María procurando hablar con calma—. Pero recordó también que por entonces tenía mucho más de seis años—. Paul Kaufman es un buen amigo nuestro. Una buena razón. María vaciló. Te quiero.. A decir verdad. —Sí —dijo María. —¿Y qué celebráis? —No celebramos nada —dijo Sophie—. Lo comeremos esta noche. Últimamente lo hace con frecuencia. —Verdaderamente me pasé —dijo Sophie con voz trémula—. Sophie siguió comiendo chocolatinas sin parar. Él y Gordon juegan juntos al golf. Así son las cosas en esta casa. se puso a llorar porque sus amigas le dicen que debe mostrarse asustada con el dentista. Estoy preocupada por ti. Quería proteger a Flo pero necesitaba saber lo que diría Sophie. eso es lo que dijo. —Pues a mí también me da miedo el dentista —dijo más tranquilizada María. el favorito de Gordon. María casi creyó que había soñado la escena en la biblioteca. —¿Eso es lo que te dijo? —preguntó Sophie mirando fijamente a María. pero sus nudillos se pusieron blancos sobre el mango del martillo. —¿Para qué es ese hielo? —Caviar —dijo Sophie—. Petrossian beluga. pero nunca demasiado rato.—Me dio un rapapolvo estúpido advirtiéndome que no volviera a dejar allí sola a la niña. Oyendo la voz cálida de Sophie en la acogedora cocina. Me trató como a una madre incompetente.. —Pensaba que era porque lloró en el dentista. A veces dejo a los niños mientras voy corriendo al mercado o a Correos. no me extraña con los médicos hechiceros a los que probablemente estás acostumbrada. Cree que es un dentista muy cariñoso. ¿No recuerdas cuando te pasabas allí horas enteras sin mamá? —Mientras hablaba. —Bueno. —Sophie intentó sonreír. Luego pensó en la figurilla de oro ~31~ . Es sólo porque nos sentimos felices. ¿Quieres explicarme una cosa ? ¿Por qué te enfadaste tanto con Flo? —Dejó caer a propósito un frasco de mostaza en el mercado. —Sí.

~32~ . —Luego. comprendió que debería marcharse aprisa. ni mucho menos —dijo María—. Se lo merece todo. —¿Qué quieres decir? ¿Que Gordon no se lo merece? —preguntó Sophie con un tono molesto. —Caviar un martes por la noche —dijo con voz sorda queriendo saber más pero sin atreverse a preguntar—. —No. sorprendida de repente de que Sophie estuviera triturando hielo mientras daba por perdida a su hija.y volvió a sentirse intranquila.. Así que dijo adiós y se fue.. Muy original.

Y cada uno tiene su propio método para castigar a los niños.. —Pues fíjate. María se sintió conmovida de que Nell la hubiese invitado a cenar tan pronto supo lo ocurrido con Sophie.CAPÍTULO IV —Te conviene asegurarte antes de acusar a nadie de negligencia —dijo muy solemne Peter Dark. Sus gafas de montura metálica reflejaban la luz de vela. —¡No estoy acusando a nadie! —dijo María—.. Quiero decir que llegas al límite de tus fuerzas. Estoy hablando en confianza con mi hermano y mi mejor amigo. y el hombre jugueteaba con sus cubiertos usando la pala de su cuchara como un fulcro y el cuchillo como una barra. una vez mi madre me dijo que iría a la prisión si no era buena —dijo Nell—. —Si está sucediendo algo —continuó Nell—. Desde el invierno pasado se había dejado bigote. Hemos de pensar en Simón y Flo. Llevaba muy corto el pelo ondulado. Creo que es algo irresistible para las madres que viven en esta ciudad. quien parecía pensar primero como abogado y reaccionar después como hermano. —Siempre y cuando te des cuenta de que ésa es una de las imputaciones más serias que puedes hacer. no debe preocuparnos la reacción de Sophie. —O pincharte los neumáticos —dijo Nell. María se dio cuenta de la impaciencia de Nell ante el comportamiento de Peter. —¿Me he vuelto loca? —preguntó María—. Si Sophie te oye decirlo. de acuerdo con su imagen de abogado de pequeña ciudad. ¿O es algo normal? —Una de las dos cosas —comentó Peter mientras ensartaba un trozo de bacalao—. —¿Le dirías a Andy que te propones enviarlo a la cárcel? —No —dijo Peter. —Eso es lo que le dijo Sophie —observó María. ~33~ . Los padres suelen perder la paciencia. se revolverá contra ti en un segundo. Podría demandarte por difamación.. y hay una cárcel de mujeres a dos millas bajando por la carretera. Los vaporosos rizos rojos de Nell tenían un aspecto encantador sobre la blusa de terciopelo negro..

Un ornamento de nariz es un símbolo de poder. A menos que sea ésa la razón de sus hurtos. ~34~ . —Cada noche le sirve unas cosas increíbles a Gordon —dijo Nell—. —María recordó el rostro lúgubre de la señora Hacha y lanzó una carcajada. Pero. Solomillo. Gordon no puede hacer tanto dinero con el negocio de la ferretería. Si lo hiciese habría pruebas: magulladuras o algo parecido. —No sé cómo puede permitírselo —dijo Nell—.. habíanos de tus excavaciones.. En la cultura Chavín sólo lo llevaban los sacerdotes o los dignatarios políticos. foie gras. —Tal vez esto sea peor que pegarles —dijo María. —¿Y lo encontraste en tu excavación? —No. ¿Encontraste allí mi ornamento de nariz? Podría llevarlo mañana al juicio. María. —Dejemos de despellejar a los Littlefield. En Perú. Le fue imposible olvidar sus voces: el tono afable de Sophie. María sólo quería salvar a Sophie. —¿Qué pasa? —preguntó Nell. Está prohibido sacar del país el ejemplar auténtico. todas las ruinas pertenecen al Estado. así que no necesitas el permiso del propietario para excavar. ¡Cada noche! Y cada vez que paso por MacDonald's veo su coche en el aparcamiento.. ¿No has visto lo gorda que se está poniendo? —Esta noche le pondrá caviar —dijo María. Venga.. Por muchas que fueran las explicaciones de Sophie y por mucho que Peter quisiera ver el lado bueno de ella.—Ella no les pega —dijo Peter—. y Flo suplicando con verdadero terror y desesperación. ¿Y de las cosas que come? —¿Y qué le importa a nadie lo que coma? —Peter empezó a impacientarse. —¿Qué me dices de los hurtos? —preguntó Nell—. María creyó que ninguna niña de seis años debía sufrir semejante angustia. Cultivaba coca y en medio de su tierra había un túmulo funerario. ¿vale? —dijo Peter—. —Estaba recordando a la propietaria del terreno en donde queríamos excavar. No quiso contestarle de momento porque tan pronto como lo hiciera se cambiaría de tema y desaparecería la tensión. langosta. Ése es copia de uno que encontré cerca de Chupas. y no bromeo. ¿de qué? —Deberías hacerlo —dijo al fin—. Pero Aldo. María se le quedó mirando.

María hizo caso omiso de su comentario. o pasarlo por alto. que las habían criado desde niños. Aldo prefería dejar ese trabajo a otros. María recordó que fue precisamente después de excavar en los terrenos de la señora Hacha cuando ella empezó a pensar en marcharse. Aldo lo pediría —dijo Nell. Concéntrate en la tumba. Las mujeres no deben estar presentes en la ceremonia de la hechicera. María se fue tranquilizando. Protegiéndose los ojos. En Ha-tuquitit donde todo lo familiar parecía haber cambiado. Y nos acompañará —dijo Aldo poniendo punto final a la discusión. Sabía que era un hallazgo insignificante pero consideró que se debía clasificar todo cuanto se encontrase en la excavación. Agachada en el lugar de la excavación. Ella. —¿Por qué te molestas con eso? —preguntó impaciente. —Tú sí que estás excavando como un estudiante. Nell empezó a retirar los platos y Peter fue a echar un vistazo a su hijo dormido. el ayudante peruano de Aldo—.—Claro. como si pensara que el alegato de Pedro carecía de fundamento. Pero no fueron sus diferencias profesionales lo que molestó a María sino el tono en que le habló. ¡Y hablaba en serio! Mientras contaba esa historia. al igual que todos los Dark. ~35~ . María se sintió una extraña. María le miró sin pestañear. Aldo ya había excavado allí muchas veces. consideraba algo cómica la cortesía europea de Aldo. quizás el de un ratón.. los templos esculpidos en piedra de Cha-vín. —Él le dijo que pagaríamos todo el cultivo que se destruyese con la excavación —explicó María—. deseoso de que a ella le gustara la vida en las alturas andinas. pero la señora Hacha no quiso ni oír hablar del asunto.. Al recordar las montañas. —Te comportas como si estuvieras tratando con un estudiante —dijo. María recordó la primera vez que excavaron juntos en Perú. pero María lo hacía por vez primera. Dijo que aquellas plantas eran su familia. María percibió de repente que Aldo estaba de pie a su lado.. se fue sintiendo a sus anchas. mientras buscaban lo que casi con toda seguridad serían unos objetos de oro. mientras dejaba al descubierto con el duro pincel un cráneo minúsculo. Terminó de descubrir todo el esqueleto de un ratón de campo. Él le presentó aquello con orgullo. — María es arqueóloga. señor —dijo Pedro. Una noche él le dijo que la llevaría a unas ruinas de la montaña en donde una hechicera invocaría los espíritus para que la excavación fuera un éxito. —Ella no puede venir. Él no siempre había empleado ese tono.. Aldo. la señora Hacha. y luego lo clasificó hueso por hueso.

María no respondió. Las llamas se dispararon hacia el cielo oscuro. María se apretó atemorizada contra Aldo. —¿Asustada. esto no te parecería tan disparatado. María recordó la cara de Aldo: su clásica nariz romana. y continuó sentada ante la mesa de su hermano reflexionando sobre el poder de la magia y el poder del amor. —Lástima que Hallie no pudiera venir esta noche —dijo Nell—. los sensuales ojos verdes que se llenaban de lágrimas con mucha más presteza que los de cualquier hombre que María había conocido. Su respiración se agitó tanto como cuando ella y Aldo vivían a dos millas de altitud. —Me alegro por ella —dijo María intentando dar el salto cultural desde la magia a la vida social de su madre. —Así se hace cuando la vaca de Pedro se seca o las gallinas de Juan dejan de poner huevos. ascendió a la tumba una noche oscura y fría. Tenía entradas para el Yale Rep. Aldo le alisó el pelo y le puso los labios ardientes junto al oído. Comprendió que Nell quisiera terminar la velada con una nota agradable. De este modo no podrán decir que la excavación está embrujada. ~36~ . Acomodada en la sala de Peter. pero no pudo sonreír. Si tuvieses una abuela en Sicilia. Todas las ofrendas fueron iguales: tres hojas perfectas de coca embadurnadas con grasa reseca de llama. bella! —preguntó Aldo—. Va a ir con un amigo. la sonrisa fácil. el contacto del brazo de Aldo alrededor de su espalda mientras la hechicera quemaba sus ofrendas. —Tiene una cita —dijo gesticulante Peter—. —¿Y esto va a proteger nuestra excavación? —preguntó María. como hicieron la última vez. cenizas plateadas y serpol. Por fin la bruja preparó cincuenta y dos ofrendas para otros tantos espíritus. todos hombres excepto María. —Espíritus de la montaña. Las lámparas de petróleo llamearon al viento y arrojaron largas sombras sobre las pétreas paredes. Ninguno de nosotros lo conoce.El equipo arqueológico. Recordó la pasión en la voz de la señora Hacha. La hechicera miró a María en medio de un silencio sepulcral y se negó a hacer magia hasta que Aldo se lo exigió. —¿Sabéis una cosa? Tal vez todos estemos equivocados sobre Sophie — dijo Nell con ligereza. alzando cada ofrenda y arrojándola luego al fuego. os suplicamos seguridad y fortuna —dijo la hechicera en español cincuenta y dos veces. porque le pareció como si los espíritus estuvieran a punto de descender.

Tú la conoces. señora Dark.CAPÍTULO V . María supuso que en realidad lo que quería era hablar con Nancy. sin otra cosa que mirar más que el agua. —La conozco —la interrumpió María. leyendo. Nancy miró a Hallie por el espejo retrovisor. Hola. en el cabo. María sabía cuánto le gustaría a Hallie oír decir eso. —A mí me parece maravilloso —dijo María. Cuando María estaba subiendo a la furgoneta roja de Nancy. ¿verdad. Cuando se alejaban.. Tu madre me recuerda a una artista de cine. Hallie tenía habilidad para parecer enormemente preocupada por el bienestar de sus hijos mientras les hacía dudar sobre lo que pensaban. sólo quiero recordarte que estaré fuera cuando vuelvas a casa —dijo Hallie—. A las dos de la tarde del día siguiente. Hallie salió al portal envuelta en un chai amarillo de lana. Nancy. mamá. Mucha gente había hecho el mismo comentario.. —Hola. entrar en el mercado con una capa revoloteando alrededor de sus tobillos y unas gafas negras sobre el pelo mientras las demás ~37~ . —Vale. — María. —Oye. Pero sus comentarios sobre el embarcadero de la Squaw sólo sirvieron para que María imaginara furiosas tormentas desencadenándose desde el mar mientras ella estaba sentada sola junto al fuego. —Supongo que sabes lo que quieres —dijo Hallie. —No conozco a nadie en Hatuquitit que sea capaz de ponerse un chal amarillo —dijo Nancy—. Puesto que ya habían hablado sobre la invitación de Hallie a un cóctel en Slocum. María? Es una colonia de chalés a las afueras. Nancy Grunwald recogió a María en casa de Hallie. —Es un sitio solitario para vivir en invierno —dijo Hallie—. Gracias por recordármelo —dijo María. Hallie había deseado causar efecto desde que sus hijos eran pequeños. Resulta fácil sentirse deprimida cuando estás a varias millas de cualquier ser viviente. —En el embarcadero de la Squaw —dijo Nancy—. ¿dónde está esa casa que vas a enseñar a María? —preguntó Hallie.

Nancy se echó a reír. Las espadañas bordeaban los bancos de la marisma. Aspiró el olor de los pinos y del mar. Un chavín habría podido creer que aquella roca era uno de sus ascendientes transformado en piedra. —Sí. María tendió la mirada hacia el mar a través de la marisma ambarina. Ello le hizo pensar en Perú. ¿verdad? ~38~ . Soy de Chicago. —Todo el mundo queda entusiasmado con el panorama. Conocí a Steve en una boda —respondió Nancy—.. —No. e incluso a través de sus ventanas.madres llevaban faldas escocesas o vaqueros. Las tres islas Hechizadas.. Yrecordó una noche clara de noviembre a las afueras de Cuzco. Promontorios graníticos de la última era glacial surgían de la tierra. —No me imposta —dijo María apeándose—. Quiero vivir aquí. Detrás de él. Nancy se acercó. Y además. Yo solía hacerlas aquí. María se acercó y observó cómo los bulbos seguían los contornos de la roca.-. punteaban el horizonte. El arrendatario del invierno pasado se quejó de que la factura de petróleo subía demasiado. Después de dejar la ciudad pasaron por el parque nacional Lo-vecraft Wildlife. Pero hay algunos problemas. empiezan a volver. unas plataformas sobre sólidos postes contenían los nidos que los quebrantahuesos habían hecho el verano anterior. —Muy bonito. Más allá se iba en línea recta a Portugal. Alguien había plantado narcisos al pie de una gran roca. Nancy torció a la derecha en un largo camino flanqueado por abedules y pinos. Un diminuto chalé gris se alzaba al final. Están empezando a desovar en el río por primera vez desde hace cincuenta años. —¿Hay por aquí muchos quebrantahuesos? —preguntó María. —¿Vive en la ciudad tu familia? —preguntó María. Acostumbramos a ir allí en Navidad o Pascua. Una capa de nieve cubría el patio. pequeñas y deshabitadas. —Me lo quedo —dijo. casi cada año. La casa sufre un tremendo vapuleo con las tormentas. Muros de piedra de más de un siglo circundaban la propiedad. No está bien aislado. Y también salmones. María divisó el mar. cuando ella y Aldo contemplaban las evoluciones de un águila dorada cazando a la luz de la luna. —Las visitas anuales —dijo María—.

Steve era un obseso del trabajo hasta que nació Melissa. Una habitación grande con tres ventanas panorámicas que daban a una terraza cubierta de madera. —Aquí todo es muy luminoso —dijo Nancy. cama de matrimonio y una alfombra oriental raída pero enorme). y cómo había perdido todo interés por ella al ver que adquiría su propio estilo. con techo abovedado. pero me imagino que debe ser. Pero eso será si puedo averiguar qué llave.. ~39~ . De pie ante una de las ventanas. —¿Pasamos adentro? —preguntó Nancy—. Cuando entró en el segundo dormitorio (una habitación del tipo desván ocupando toda la anchura de la casa. como si no estuviera segura de que María quisiera hablar del tema—. Además esto rayaba el chismorreo.. Pero cuando pensó en el intenso placer que habían compartido juntos. María no había visto nunca un lugar tan romántico.. —Sí. María sonrió. La casa era sencilla. María se sintió como si llevara el timón de un barco. le echó mucho de menos. —Gracias. pero porque pensaba que su hermano era ahora padre. y cómo la había amado sólo pensando que podía moldearla. —Me encanta —dijo María mientras examinaba el sofá y las butacas de junco.. cosa que él odiaba—. sintió un escalofrío. —Sacó del bolso un abultado llavero. Peter le dijo a Steve que deseas volver a trabajar y todo eso. se alegró de haberle dejado. las cómodas marineras. —¡Eso sí que tiene gracia! —dijo María. No pudo imaginarse a Peter hablando de ella en el trabajo. —Creo que Peter está preocupado por ti —dijo Nancy. María había estado explorando arriba y abajo más confusa de lo que se había sentido en Perú. zócalo plateado sin pintar.—Sí. Cuando recordó la actitud de superioridad de Aldo. tu separación.. las estanterías cuidadosamente instaladas debajo de la escalera. por ejemplo cuando contemplaban las evoluciones de aquel águila dorada. —Nancy se expresó con timidez. Debe ser el sentimiento paternal. es muy bonito —dijo María. eso los cambia —dijo Nancy—. Hubo suerte: consiguió abrir con la segunda llave que probó. Ahora no piensa más que en volver a casa. Luego marchó escaleras arriba y encontró dos dormitorios y dos cuartos de baño. y más allá el mar. María pensó en el guerrero pequot remando desde el patio en busca del espíritu de su mujer.. —Quiero decir que éste puede ser un buen lugar para superar. Las islas Hechizadas quedaban a media milla de la costa.

—Me vendría bien una colcha de plumas —dijo. —¡Qué hay! —dijo Sophie. a menos que el arriendo sea por un año.. Además tendré trabajo. quiso herirla. allá en la montaña.—Esta habitación no está aislada —dijo Nancy—. como en mi caso. —Tienes suerte —dijo Sophie. Aún sentía irritación contra Sophie desde ayer. —¡Eeeeh! —gritó Sophie desde la entrada. Sin trabajo y sin Aldo. Nancy se marchó dejando que María explorara la casa y recorriera la finca. —Aldo no me ha mantenido nunca —replicó con aspereza María. Pediré una subvención y trabajaré para mí. Y pareció como si el comentario mordaz de María hubiese dado en el blanco. Pasearon en silencio por el piso superior. Y de pronto adoptó una actitud más ceremoniosa. Los precios suben en junio. Quédatela. y abrazó a María—. Es una alcoba portentosa y. —Tal vez una manta eléctrica —dijo Nancy. —Me estaba preguntando cómo vas a pagarlo —dijo Sophie de pronto—. He ido con el coche por todo el embarcadero de la Squaw buscando el de Nancy y.. ¿verdad? —No.nen dificultades para alquilar sus casas en invierno. endiabladamente fría. Corrió escaleras arriba y entró sin aliento—. ¡Caramba! ¡Menuda habitación! —exclamó mirando a su alrededor—. He ahorrado lo suficiente de otras subvenciones para que me dure un año. —Es un lugar muy hermoso —dijo Sophie—. Sophie! —dijo Nancy. —Me la quedaré —dijo María sonriendo a Nancy. Pasaron a la sala. Nancy me ha dicho que los propietarios de por aquí tie. María no supo qué decir cuando estuvo a solas con Sophie. —¡Hola. No costará una fortuna. Hacía tanto frío en aquel dormitorio como en la tienda de María. —¿Recuerdas cómo remábamos hacia las islas Hechizadas? —preguntó Sophie mirando por la ventana. Es uno de los inconvenientes. ~40~ . Es una casa imponente. —Hablaba con el aplomo de un agente inmobiliario seguro de haber hecho bien su trabajo. recordarle que dependía de Gordon mientras que ella era independiente—. por cierto.

Simón encontró una. Nell dijo que pasaría la noche con María. ~41~ . Sophie miró absorta por la ventana. No lo planeamos ni nada por el estilo. víveres y linternas. —Tengo dos niños preciosos —dijo Sophie echándose a llorar—. —Necesito hablar contigo —dijo bajando mucho la voz. Lanzó un suspiro e intentó serenarse. El verano en que María cumplió los trece años. conozco todas las fases. ella y sus amigas de Hatuquitit reunieron una flotilla de botes y los llenaron con mantas. ¿Cómo contestar a eso? —¿Por qué me buscabas? —preguntó al fin. La criatura habría nacido en mayo. María se volvió despacio hacia ella. Sophie dijo que se quedaría en casa de Polly Stubbs. y Peter dijo que dormiría en la de Bill Walker. —Los muchachos aún encuentran puntas de flecha —dijo Sophie—. Sé que todos vosotros creéis que algo marcha mal.—Y cómo nadábamos —dijo María. Todos remaron y nadaron hacia las islas con el propósito de pasar allí la noche.. Permanecieron el tiempo suficiente para hacerse unos bocadillos y ver cómo salía la luna antes de que les ahuyentaran el ulular de las lechuzas.. —Hizo una pausa y prosiguió—: Fui a buscarte a casa de mamá y me dijo que habías venido aquí con Nancy. Me pareció la cosa más maravillosa del mundo. —¡Oh. —Tuve un aborto —dijo Sophie—. pero me sentí feliz de tener otro. ¿De lo de la biblioteca? —No estoy actuando como acostumbro a hacerlo —dijo Sophie—. y realmente es así. Una bandada de mergos se zambulló en el agua. Hace dos meses. No lo habíamos planeado. ¿Te importa que haya venido a buscarte? ¿Quién podría creer que le importaba? María sintió cierta tensión. —Me pregunto si alguien ha excavado alguna vez allí —dijo María. Cuando remaron precipitadamente de regreso por el sendero resplandeciente de la luna. Sophie! — María la estrechó entre sus brazos. Sophie había inclinado la cabeza y le temblaban los hombros. —¿De qué? —preguntó alarmada María—. el canto de los grillos y los espíritus de los indios. María dijo a Hallie que pasaría la noche con Nell. cada ola les pareció infestada de tiburones y el aire atestado de espíritus amenazadores. Me paso todo el tiempo recordando mis otros embarazos. No puedo olvidarlo. María le cogió la mano y se la apretó para animarla. pero quedé embarazada.

pero todo lo que quiero hacer es dormir. Y entonces. Luego se adelantó a su hermana y salió a la luz del sol. Sophie se volvió hacia ella. Tienes contracciones. cuánto llegó a llorar! —Lo siento —dijo María conmovida por la aflicción de Sophie. pero fue demasiado tarde. María también sintió ganas de llorar pero no pudo dejar de pensar en Flo. No estoy llevando nada bien este asunto. Haré de niñera. —Tengo a Gordon —dijo Sophie frotándose los ojos—. Y luego sale. ¡Dios mío. Creo que debieras hablar con nosotras sobre esto. ahora que ya sabes lo terrible que es perder un hijo. En la entrada.. Cuando comencé a abortar. pero. y te sientes como si te elevaras en el aire. —Me odio —dijo Sophie—. Telefoneó al médico. —¡Gordon y yo éramos tan felices. ¿no te sientes más contenta por los que ya tienes ? —Te estás refiriendo a Flo.! Quisimos mantenerlo un tiempo en secreto. cuando perdí el bebé... él me llevó a la cama. haré cuanto necesites. el feto. Tengo dos hijos maravillosos. Los abortos ocurren a cada momento.—¿Por qué no se lo dijiste a mamá o a Nell? Sophie se encogió de hombros.. y también estuvo a mi lado para asistir a este bebé. Debes confiar en mí y en Nell. Gordon estuvo conmigo cuando nacieron Simón y Flo. —La habría llamado María —dijo. —Debes confiar en nuestra ayuda —dijo María con firmeza—.. —Soltó la mano de María para taparse los ojos. —Me resulta muy doloroso hablar —dijo Sophie—. Sophie —dijo—. ¿verdad? —Sí —dijo María—. ~42~ . —Escucha.... me resultó imposible hablar de ello.. ¿Vamos un rato fuera? —Vamos —dijo María. No comprendo cómo puedes haber sido tan ruin con ella. No sé si sabes que el aborto es exactamente como un parto. Se ha comportado maravillosamente.. Oí lo que le decías.

Aunque no fuera mucho mayor que sus discípulos. María la ahuyentó de su recuerdo..CAPÍTULO VI La primera noche en su nueva casa. Siempre había soñado con excavar por aquellos alrededores. su último año de carrera. Arrebujada bajo la colcha. en el siguiente coral azul y en el tercero la diosa dorada de Sophie. Unos cirros altísimos navegaban a través del sol. y las olas lamían el granito. Estaba harta de tener que mendigar subvenciones. ~43~ . Todo el mundo que había plantado un jardín en Hatuquitit se había encontrado restos de los pequot. Se vio ya excavando sin conseguir permiso de nadie. En un hoyo encontró una almeja. María soñó con las islas Hechizadas. En lugar de eso se imaginó que iniciaba una excavación. parecía mucho más experimentado que cualquiera de los que conocía María. cuando le conoció en Cambridge. Ella estaba allí con ocasión del Fulbright. Quería excavar por pura afición. Aldo solía invitar a cenar al alcalde y obtenía permiso para excavar en la zona verde de la ciudad. María sentía que la áspera arena le arañaba los dedos. Sophie no estaba allí. La despertó un resplandor lunar tan brillante como el día. En Perú. Lo mismo había hecho María. Nell y Peter excavaban hoyos en Sand Beach. y conseguía que le contrataran para dar algunas conferencias sobre arqueología. Aquel semestre se enamoró de Aldo. pero también hachas y vasijas de piedra. Aquella zona sería idónea para llevarla a cabo. Volvió a ella su voz tan italiana y melódica cuando pronunciaba una conferencia sobre «El arte de manejar la paleta». Cerca de la orilla crecían altos pinos. Aldo era un profesor visitante. María pudo ver su aliento. bien en la ciudad o en una de las islas. María pensó que las islas Hechizadas eran el lugar más indicado para empezar. Se ponía en contacto con los jefes del departamento de Antropología de Yale y la Universidad de Con-necticut. hacía muchos años. María. estaba harta de la competición.. sobre todo puntas de flecha. Obtenía dinero de universidades y fundaciones y contaba con apoyo financiero tanto si encontraba algo como si no. asegurándose así la publicidad y la cooperación política. todos los jóvenes arqueólogos habían buscado las alabanzas de Aldo. Excavaba como una niña. que llenó la espaciosa y fría estancia. no como una arqueóloga. En su sueño. No quiso cerrar otra vez los ojos porque temió ver el rostro de Sophie impreso en la estatua de oro.

Desde el regreso a Hatuquitit. sueños. Encontró la secuencia de cerámica junto con monedas de Guillermo I. y que era el representado en los tapices Bayeux. Ella y Sophie habían estado siempre muy unidas y eso lo probaba. Por su sobrina perdida. Pero Aldo seguía consiguiendo subvenciones. La culpa era tanto de María como de Aldo. Nunca habían sido «adecuados» el uno para el otro. concebido para iluminar sólo la civilización más antigua. No pudo imaginárselo besándole la nuca. Ahora se despabiló por completo. Mientras conducía hacia la ciudad se preguntó si habría ~44~ . Se puso la ropa que había llevado el día anterior. María pensó en Gordon atendiendo a Sophie mientras ésta abortaba.. Saltó de la cama y atravesó corriendo la fría habitación hacia el caldeado vestíbulo.Aldo solía excavar como una locomotora entrando en la estación. después de su visita a El Cairo. y el fondo de todo.. y en la cocina descubrió que se había olvidado de comprar café. la cerámica y el pedernal abandonados por los pequot. Ella sabía que Aldo desdeñaría su método: siempre lo había hecho. María recordó que aquella trinchera había deshecho parte de la piedra y del maderamen. las conchas abandonadas por los bomberos voluntarios en una mariscada hacía cuarenta años. había hecho abrir una larga trinchera a lo largo de la muralla interior del castillo. pero se alegró de no estar con él. y los ojos se le llenaron de lágrimas. María recordó cuando él dirigía una excavación del castillo de Hasting para demostrar que éste había sido construido por Guillermo I. María sentía grandes deseos. Su acercamiento era tenaz. María permaneció despierta viendo ponerse la luna. Siempre se había imaginado que quedaba embarazada en un brumoso futuro entre una subvención y otra: después de excavar en Hasting. María consideraba todos los estratos por igual: el penique de que se le había caído a un colegial de Hatuquitit. Después solían montar sus tiendas en un nuevo emplazamiento. pero Aldo no se inmutó. A lo largo de su matrimonio habían hablado de tener hijos. como hacía Gordon con Sophie mientras ésta preparaba el café. pero también porque parecía que nunca hubiera tiempo para que ella y Aldo tuvieran un hijo. desde el robo de la diosa y la escena con Flo. En su furia por descubrir una secuencia de cerámica del tiempo de la conquista. pero el oír hablar del bebé perdido restableció sus sentimientos más íntimos. Iba directamente al estrato del fondo. y la excavación quedó registrada en el National Geographic. Siguió en la cama pensando en el bebé a quien Sophie habría llamado María. después de la excavación en Chavín de Huantar. y los sueños de María por tener un bebé resultaban sólo eso. No pudo dejar de pensar en Aldo. María se había sentido desconectada de Sophie. destruyendo pruebas que podrían haber arrojado luz sobre la construcción del castillo.

María le imaginó preocupado pensando en Sophie. Pero gracias por pedírmelo. sintiéndose decepcionada porque le hubiera gustado tener compañía. podremos ir todos a nadar. —Por favor —dijo él. —Te levantas temprano —dijo Gordon. de modo que decidió tomar café en Kathy's l. La sonrisa de Gordon pareció un poco forzada. eran poco más de las seis.algunas tiendas abiertas. —Me encanta —dijo María—. Le sorprendió ver tanta gente levantada tan temprano. Echó una ojeada a su fuerte mano que descansaba sobre la superficie del mostrador. —También tú. Sophie me ha dicho que tienes una casa fantástica.uncheonette. Pagó su consumición y esperó junto a Gordon. en el embarcadero de la Squaw. creyó verle vacilar un instante antes de inclinarse hacia ella. Le había parecido una suerte tropezarse con su cuñado cuando menos lo esperaba. Quiso decirle que sabía lo del bebé. sobre todo hombres sentados solos ante las mesas con man-leles a cuadros. —¿No lo tomas conmigo? —preguntó María. para consolarle. El IGA y el Caldwell's estaban cerrados. El sol se filtró por las copas de los árboles. Echó una ojeada por el local y descubrió una mesa vacía junto a la ventana. así que yo abro a las siete. pero el local estaba atestado. ¿Cómo abres la ferretería tan pronto? —le preguntó María. —Estoy esperando un pedido —dijo él—. no había tenido muchas conversaciones a solas con él y le gustaba que todos la vieran sentada allí con el apuesto y popular propietario de la ferretería Littlefield. Lo de siempre —dijo a Kathy. —Los carpinteros y los pintores comienzan por lo general a las ocho. Al poco rato entró Gordon. y María se imaginó que serían pescadores y trabajadores. que pareció sorprendida. Todos miraban como adoradores en la misma ilirección: la ventana daba a Summer Street. Mientras esperaba en el mostrador observó que sólo dos hombres vestían traje. María pidió café solo y un panecillo de maíz. —¿Te vas? —preguntó Kathy. Tienes que venir a verla. Y cuando haga buen tiempo. él le pidió que se lo envolviera. ~45~ . Los otros llevaban gruesos suéters o uniformes. como si algo le inquietara. Le pasó el brazo por el cuello y se puso de puntillas para besarle en la mejilla. Está a orillas del agua. Cuando Kathy le trajo el café y un bollo danés de arándano. María no tuvo ganas de conducir hasta la ciudad vecina y atravesar la demarcación del listado en Westerly. Luego se volvió hacia María y sonrió—. —Buenos días —dijo María.

Habían sido buenos amigos en el colegio. Veleros. Mientras estaba tendida en la cama aquella mañana. y andaba aprisa. oyó pasar coches y unos cuantos camiones: gente camino del trabajo. Luego tocó la de María de tal forma que pareció estar alisándole las cejas—. y torció a la izquierda por el camino de gravilla que conducía al astillero. Cuando María entró en Kathy's. y sobre el izquierdo el nombre DUNCAN. Llevaba un cárdigan verde oscuro y pantalones caqui. ladeando la cabeza para conprobar si estaba en lo cierto. y al intentar darse un beso chocaron con las frentes. —¿Duncan? —dijo María. ¿Trabajas aquí? —Administro este local —dijo Duncan. Un hombre caminaba hacia ella. Le habría besado. pero una temporada bajo el agua la había dejado gredosa. su pintura azul del fondo había sido intensa en otro tiempo. descansaban en deteriorados armazones de madera. Parecía tener unos veinticinco pies de eslora. —¡Qué bien! — María recordó que Duncan adoraba las embarcaciones y aborrecía el colegio. Cuando su profesor se daba cuenta de que Duncan había faltado otra vez a clase. —¿No eres María Dark? —le llamó una voz. —¡Huy! —exclamó Duncan frotándose la cabeza. sólo se oían los chillidos de las gaviotas sobre las cabezas. La gravilla crujió bajo sus botas mientras paseaba por allí examinando los cascos de las embarcaciones. pero él ya se alejaba. barcos pesqueros y yates.—Otro día será —dijo María. María adoraba el astillero. Ella estaba disfrutando de la libertad de no tener todavía una rutina. Sobre su bolsillo derecho tenía bordadas en rojo las palabras AUDACES E INTRÉPIDOS TRABAJOS MARINEROS. varados para el invierno. había decidido excavar allí: pero para eso necesitaría una embarcación. ¿Es alguna costumbre tribal que has aprendido en Sudamérica? —Por lo general hago una reverencia y me pongo a cantar —dijo María —. Le reconoció de su época de bachillerato: Duncan Murdoch. Al abandonar el local. María se volvió sobresaltada. Él le sonrió. pero cambiaron de idea a mitad de camino. éste se hallaba ya a mitad de camino hacia ~46~ . no había empezado aún a echar de menos el ritmo de ir al trabajo. Cuando era niña. Se detuvo ante un balandro llamado «Galatea». María se vio zarpando hacia las islas Hechizadas en una embarcación como aquélla: navegando al viento y con la mano en el timón. Quisieron darse un apretón de manos. Deambuló por Summer Street. Toda la obra muerta estaba cubierta con lonas alquitranadas de plástico de un azul brillante. su padre la había llevado allí.

Todo el mundo se dispuso ya a trabajar y Duncan agitó la mano cada dos o tres segundos. —¿Flossie? —se extrañó María. —No digas tonterías —dijo María enrojeciendo. Que la llamen Flo cuando cumpla cuarenta años y sea ejecutiva de alguna compañía petrolífera. —¿De qué clase? ¿Deportiva. —Bueno. cuando unos y otros hacían sonar su sirena. Tal vez no lo creas. Suena como a motor diesel. Mi hijo juega con Flossie. —Gracias —dijo complacida María. no queriendo interrumpirlos. ~47~ . —Aldo —repitió Duncan—. El viento empezó a soplar con fuerza. —Escucha. Llevaba un cár-digan como el de Duncan con las mismas palabras bordadas en el bolsillo derecho y JIM en el izquierdo. Quiero ir a las islas Hechizadas.Orient Point en su Boston Wahler—. ésta es María Dark. no Guido. Se estrecharon la mano. Ella no ha abandonado nunca esto. ¿no? —Duncan sacudió la cabeza—. Jim Markham. Y por cierto. Voy a excavar allí. Mientras tú y Guido andabais vagando por el globo terráqueo. —Me gusta Flo —dijo María molesta. Le habían puesto el nombre de Flo por la ciudad de Florencia. Pero Duncan entendió mal lo que ella quiso decirle. —¡Eh. donde había nacido. la llaman Flo. —Busco una embarcación —dijo María. —Hablas como mi hermana Sophie —dijo María—. Mi mujer es amiga de Sophie. ella es una de las más simpáticas. yo estaba aquí. y a María le gustaban el nombre y el apodo. el tiempo invernal se dejó sentir por primera vez desde que María había regresado a casa. —Yo también la quiero —dijo—. De todas las niñas que Jamey trae a casa. él se llama Aldo. ¿Has estado en Hatuquitit todo este tiempo? —Sí —dijo Duncan—. Luego Jim consultó a Duncan sobre la reparación de la quilla de una embarcación que había encallado en Moonsil-ver Point el pasado octubre. Tampoco Peter ni Nell. como si Flo fuera su propia hija. pesquera? —Que no sea grande —dijo María—. pero Hatuquitit es la capital del universo. Una mujer famosa —dijo Duncan. Un nombre demasiado duro para una niña pequeña. Duncan! —Un hombre barbudo y enormemente alto se detuvo a unos pasos.

pintada de rojo y llamada «Alicia». No hay mucha agua allí. le dirigió una sonrisa y salió del astillero. Icorres peligro de estrellarte contra un tronco de roble. —Sí. Iclaro está. Sus sensaciones variaban por momentos. la señorita Laird. hacia el comienzo del muelle en donde estaba amarrada una embarcación de ancha manga.. ¿Tal vez la pequeña Shell? —No conozco sus nombres —dijo María—. —Sí. María —dijo él—. Todavía hay hielo en el río. Bueno. —Y señaló más allá de las oficinas. —Celebro verte. y en la cubierta tres nasas de langosta. y éste arrastra leños y otros materiales hasta el Sound.. Se encogió de hombros. la de la pequeña colina. —¿Es tuya? —preguntó María. Es demasiado pronto para botar una. —Recuerdo que la señorita Laird nos contaba cosas de un pe-quot que comerciaba allí. Por encima del hombro de Duncan vio que Jim se acercaba de nuevo—. Necesitarás algo de poco calado. Ahora mismo se sentía como si no se hubiese marchado (amas. La utilizamos para poner amarraderos en el verano. —Debe de ser fría —dijo María pensando que debería marcharse ya. pero las cosas van tan lentas entre octubre y marzo que hago muy poca pesca de langosta.—Está lejos —dijo Duncan con una sonrisa—. —Tienes tiempo para pensar en la embarcación —dijo Duncan—. ¿No te resulta extraño estar de vuelta? Pensó un momento en las palabras de Duncan y se dio cuenta de que no sabía qué responder. Ésa navegaría a cual-Pquier sitio. ~48~ . He pensado comenzar por la más grande. Había algunas herramientas diseminadas sobre la caja del motor. que quieras una bañera como ésa. ¿Así que te quedarás una temporada en la ciudad? —Quizá todo el verano —dijo María. Duncan. Algo que puedas arrastrar hasta la playa. aunque eso dependerá de la isla que hayas elegido. Cambiaba pescado por cuarzo y pedernal extraído de la cantera río arriba. ya pensaré algo sobre la embarcación y te diré alguna cosa. La única clase que yo podía soportar. —Ésa se llama Lookout —dijo Duncan. A menos.

esperando a que llegaran I lallie. su hijo Andy.. Gordon y Peter. las zanahorias peladas por Nell y el «Cótes-du-Rhone» aportado por María. Le pareció es-lar viendo a Duncan. pilotando su «Wahler» más allá de Hatuqui-lil High. —¿Qué es eso? ¿La araña mordiscona? —preguntó Sophie haciéndole cosquillas en los pies. un esfuerzo común con el pollo salteado por Sophie.. Nell le pasó a Andy y el niño le agarró al instante sus grandes pendientes de aretes. pero sólo su madre podía entenderle. Ésta tenía en la falda a Andy.. —Yo creo que nosotras fuimos al único colegio público del mundo cuyo código para vestir era más estricto que el de los colegios católicos —comentó Nell. ~49~ . El niño tenía el pelo rojo como su madre. —¡Qué niño tan grande! —dijo María alargando los brazos. cada una tenía un vaso de vino blanco. María y Sophie estaban sentados en la cocina de Sophie alrededor de la mesa. —¿Recuerdas cuando me suspendieron por llevar un escote de tortuga? —preguntó María.CAPÍTULO VII —¿ No recuerdas qué arrobamiento sentías por él ? —preguntó Nell. mientras María v los demás buenos estudiantes le miraban desde sus puestos en el laboratorio de la clase de Química. Balbuceaba con aparente buen humor. —¿Qué hay. dejando aguas espumosas en su estela. cariño? ¿Estás cantando tu canción? —preguntó Nell. tenía un aroma delicioso. Sophie había preparado una ensalada de lechuga de Boston y endibia. de trece meses. Ella. Andy soltó una nota aguda. A modo de entrada. y luego miró a su alrededor buscando aprobación. Andy se puso a reír y gritó a pleno pulmón: —Aucrojo. Me cuesta creer que se haya convertido en un buen ciudadano. —A Duncan Murdoch siempre le suspendían —dijo Sophie—.. El coq au vin. de un color más intenso a medida que crecía. —Eso quiere decir «el agua corre hacia abajo» —dijo Nell riendo encantada. —Pienso que era un inconformista —dijo María.

Antes de que María pudiera oír nada. —Sí. ¡Y aquí está! —Se unió con Flo y Simón en la puerta y todos besaron a Gordon. Flo levantó la vista y gritó sin aliento: —¡Papá! —Ella y Simón echaron a correr hacia la puerta de la cocina. la forma en que se saludaban los Littlefield pareció exageradamente afectuosa. cariño —dijo Sophie sentándose a Flo en el regazo. sin reaccionar ante las cejas enarcadas y la sonrisa maliciosa de esta. muy alto para sus diez años. —Sí. —Esas cosas parecen conchas de la playa —dijo Flo. cuando se trata de su padre —dijo radiante Sophie—. A Flo le tembló la barbilla y sus ojos se contrajeron hasta casi cerrarse. Pero. y María pensó en la teoría de Nell sobre lo que podría llamarse la lealtad ciega de Sophie a Gordon. Simón. Ello le hizo preguntarse a María qué clase de madre sería ella: ¿como Hallie o como Sophie? Hallie no se había sentido cómoda dando abrazos y besos a sus hijos. Luego le acarició el pelo y le metió algunos mechones rebeldes en la trenza. y es muy importante conocer la diferencia entre las cuentas de la abuela y sus perlas —dijo Sophie dirigiendo una mirada significativa a María. —El sexto sentido —dijo Nell. y ésta los acogía gustosa. María bebió un poco de vino. María contempló a Sophie y sus hijos. se apretó contra su pierna y le pasó el brazo por el cuello.Flo entró con Simón y ambos se plantaron delante de María para examinar su gran collar de cuentas y fragmentos de conchas: un regalo de Carmen Puño. —No le cuentes lo de las perlas —suplicó la niña. —Sabemos que fue un accidente. y por otra parte María pudo ver que el afecto era un rasgo natural en Sophie. Si coges algunas podremos perforarlas para hacerte un collar. —Todos mi polluelos —dijo Gordon tendiendo los brazos alrededor de Sophie y los niños—. y se dijo que formaban un grupo muy sólido. Sí. Se limitó a dirigir una leve sonrisa a Nell. ¿Habéis echado hoy de menos a papá? —A María le ~50~ . su ayudante en Chavín de Huantar. Se dio cuenta de que Nell estaba intentando mirarla pero ella no se prestó al juego. Los chiquillos parecían asediar a su madre. —Son parecidas —dijo María—. Seguramente ven los faros de su coche. —La abuela tiene unas cuentas que se separan y luego se juntan otra vez —dijo Flo. y María consideraba que esto era un dato fundamental para analizar el actual comportamiento de Sophie. u oyen los neumáticos en el pavimento o algo parecido. ¿qué tenía eso de malo? Nell no sabía lo del aborto de Sophie.

—¿Qué pedido? —preguntó de nuevo. haciendo pensar a María en una celadora de la cárcel. La pregunta le hizo enrojecer. —¿Y qué sabes tú de eso? —preguntó Sophie a María. Pero Sophie no cejó. Se soltó de Sophie y se aproximó a la mesa. Andy golpeó la rodilla de Nell con una cuchara. Pero luego apareció una sonrisa en su rostro. —Un gran pedido de Crosby Tools —dijo por fin Gordon. —Esta mañana me encontré a Gordon en Kathy's y él me lo dijo —explicó. María esperó a que él contestara. ¿Será posible que esté celosa?. como quien ha sido pillado in fraganti y finge inocencia. —Gracias. Se tocó la garganta y abrió mucho los ojos. pero María prefirió tomarse la cosa a broma. Su mirada fue de María a Gordon. —¿Qué te parece una copa de vino. ¡Eso había hecho maravillas en el ego de Aldo! Pero Gordon era su cuñado. María sólo vio teatralidad ~51~ . Sophie empleó un tono agresivo. se preguntó María. —Hola. cariño? —preguntó Sophie acercándose con la botella—.sorprendió que fuera Sophie quien contestara. La falta de expresión en sus ojos de color avellana hizo que María se sintiera como una mirona. —¡Oh! —dijo Sophie sin moverse. señoras —dijo. Gordon —dijeron las dos al unísono. —¿Pedido? ¿Qué pedido? —preguntó Sophie mientras llenaba el vaso de Gordon. El hombre pareció no darse cuenta de nada salvo de sus brazos alrededor de su familia. me apetece. Se inclinó sobre María con los puños en sus ampulosas caderas. María recordó cierta ocasión en París. Gordon alzó la vista por encima de la cabeza de Sophie para mirar a María y a Nell. O quizás había tomado un trago demasiado largo de vino. Le pareció que lo más probable fuera que Sophie quisiera que Gordon la creyese celosa. —¿Recibiste el pedido? —preguntó María. Hoy he tenido un día de mucho trabajo —dijo Gordon. cuando ella fingió sentirse amenazada por una bella arqueóloga de la Sorbona. Sophie se mantuvo junto a la mesa mientras aguardaba expectante la contestación. Aún queda un poco. —Sí —dijo con la voz apagada en el hombro de Gordon. para adularlo. —Hola. pero no lo hizo. y Sophie debía de saber que María no estaba interesada en robárselo.

los chismorreos de la familia le ponían nervioso. —Es el señor Porter —contestó Hallie poniéndose rígida. entonces House and Garden o cualquier otra maldita revista decide que las persianas y los marcos de ventana deben ser de un gris azulado. leyes o acontecimientos mundiales. ¿Hablamos del mismo hombre? Luce muy buenos trajes y lleva siempre un pañuelo de seda en el bolsillo.. y cuando Hallie pasó rauda por su lado. —Lo recuerdo del banco —dijo Nell—. Llevaba el visón negro que Malcolm le había regalado en su última Navidad. —Tienes un aspecto maravilloso —dijo Nell levantándose para besarla.. empezaron a irritarla. Y sólo tengo una ~52~ . El abrigó parecía lamentablemente arrugado y deslucido. —Sí. cosas en un plano superior y menos personal. —Pues fíjate. Creo que me toma por una amable conversadora. —Gracias.en la actitud de Sophie. Y pensé. Evidentemente.. es él —dijo Hallie. —Le llamo Julián —dijo muy seria Hallie—. querida. Hallie llegó del brazo de Peter. ¿para qué guardarlo otra vez? Todos. y dedicó toda su atención a Andy. A él le gustaban las discusiones sobre béisbol. ¿Sabes cuántos pedidos de ese gris azulado he recibido esta semana? Infinidad. y ésta pensó que ya había pasado el arrebato de celos o lo que hubiese sido. Pero sólo somos amigos. y él todavía lleva luto. Nos pasamos las horas hablando de Malcolm y de Elizabeth. María tuvo que contenerse para no revolverle el pelo. Se muestra siempre muy gallardo. Ya conocéis al señor Porter. incluso Sophie. los altibajos de su afecto.. —¿Y le llamas señor? —preguntó Sophie. pues se dieron cuenta de que Hallie se estaba refiriendo a su cita en el Yale Rep.. María olió a alcanfor.. Somos dos viejos náufragos. Gordon. A María le pareció bochornoso e indigno de su hermana. Su esposa murió hace tres años. —Una nueva técnica de seducción —susurró Sophie a María. trabajaba en el banco. Su sonrisa la delató. —Bueno. El humor fluctuante de Sophie. como una estudiante de la escuela dramática haciéndose pasar por una esposa celosa.. con aborto o sin él. —¡Aquí estoy! —gritó. Y se tocó el pelo que llevaba peinado al estilo francés—.. Lo saqué la otra noche para llevarlo al teatro —explicó Hallie—. cuando llenas las estanterías con ese verde manzana que todo el mundo usaba el verano pasado para pintar las maderas. ¿cómo va el negocio? —preguntó Peter. —¿Por qué no nos hablas de él? —preguntó María. sonrieron y cambiaron miradas maliciosas.

semillas de mostaza. —Claro que no —dijo Gordon—.. el sombrero caído sobre los ojos. ¿quieres preparar tú el aliño de ensalada? —preguntó Sophie acercándose al largo mostrador de la cocina. retiró la cacerola esmaltada de color naranja y la colocó sobre una esterilla de corcho. María se echó a reír. un pellizco de tomillo del herbolario de Sophie. una batidora. María volvió la espalda a los demás. Simón. naturalmente. Espionaje de ferretería: Gordon agazapado en el asiento delantero de la furgoneta. Las voces de la familia se elevaron a sus espaldas. observando cómo sus clientes entran con las manos vacías en Magnano's y salen con bolsas parduscas llenas de tornillos y pernos. una vaharada de aire caliente subió por las rodillas de María. Cuando alcanzara la adolescencia necesitaría plegarse en las sillas para poder sentarse. Sophie abrió la puerta del horno para pinchar el pollo con un tenedor de mango largo. —Oye. —Bueno. —Está casi listo —dijo Sophie—. vinagre de estragón y aceite virgen de oliva en una botella con forma de obelisco. Apártate. nadie querrá esperar a que te aprovisiones —dijo Sophie. —Estoy tentado de enviarles a la porra —dijo Gordon. Hoy se ha perdido la lealtad. es preciso seguir la pista de los competidores —dijo Gordon. —Claro —dijo María. Precedió a María hacia el mostrador y se ocupó de reunir el recipiente de cristal verde opaco.cuarta parte en almacén. —¿Ese de los ingredientes secretos? —preguntó Simón.. Ella reunió los restantes ingredientes: mostaza en polvo. una cucharada de yema de huevo y un chorro de crema espesa. y se mostró furtiva para que Simón creyera que le iniciaba sólo a él en el secreto. —Tu padre se habría muerto si hubiese sabido que los Clarke hacían negocios con Magnano's —dijo Sophie. Cuando se inclinaba hacia delante para oler el ~53~ . Mezcló todo con el vinagre y el aceite. Simón tenía el pelo castaño y la constitución enjuta de su padre. —Y.. como hacía Gordon. El sábado pasado vi que tres de mis clientes iban allí. Y estoy hablando de buenos clientes. nadie supo qué decir. — Se puso unos guantes acolchados. Y como el hombre hablara en serio. uno con la forma de una langosta y el otro como un tiburón. María. de los que tienen cuentas abiertas. Todos irán directamente a Magnano's en Westerly. esto está muy caliente. —¿Qué hiciste? ¿Mantener vigilado el lugar? —preguntó Pe-ter mientras cogía un puñado de frutos secos. y ella sintió una alegría que le recordó las grandes festividades.

¡Había habido tan pocas en Perú! Ella y Aldo habían vivido de patatas. yo recurría a cualquier pretexto imaginable para permanecer sentada. María sintió que Sophie la cogía por el cogote. que siempre iba vestida de punta en blanco. Cuando Flo y Simón eran pequeños. todo el mundo salvo Peter. a modo de protección. mamá —dijo Flo. Será mejor que le ayude —dijo a Gordon. —¿Qué puedo hacer yo? —preguntó. —Aliviarte de tu cargo —dijo Sophie empujándola hacia una silla de cocina—. chirimoyas. Cuando yo tenía esa edad siempre pensaba que el tenedor no debía ir por dentro de la cuchara sino por fuera. y Hallie. —Yo pondré la mesa. mamá? —gritó Flo desde el comedor. Peter y Hallie estaban conversando sobre la obra de Brecht que había visto Hallie. por cierto adoraba los encurtidos. Se puso de puntillas y le besó en la barbilla. ¿de acuerdo. llevaba vaqueros y suéter. —Mordisco de tiburón —dijo Sophie apretando las mandíbulas del guante en el cuello de María. que venía del bufete. ~54~ . y Nell intentaba que Andy contara los botones de su suéter. natillas y unas extrañas tajadas de carne fritas con manteca de cerdo. María echó una mirada al comedor. —¿Cuántos tenedores necesitamos esta noche. Luego la besó en la mejilla. —La mesa del comedor. O tumbada. —Un segundo —respondió Sophie—. Nell se acercó con Andy descansando sobre su cadera. —Gracias —dijo Nell—. a ser posible. Como la reunión era familiar. —Me parece que todos deberíamos comer menos sal —dijo María. María se inclinó hacia Gordon y le habló en voz muy baja para que sólo él pudiera oírla. —Quién diría que una niña de seis años ya sabe que se usa más de un tenedor en la misma comida —dijo María—. María no se perdió el fulgor en sus ojos ni la mirada que éstos le lanzaron para comprobar si lo había visto.coq au vin. pasó un brazo por la cintura de Sophie y hundió una cuchara en la cacerola para probar la salsa. estoy convencida. las nueces y las galletas saladas. —Papá no debería comer sal porque se le pone roja la cara —dijo Simón a María como si le comunicara algo confidencial. Flo? —dijo Sophie. Pensó que sería mejor que sus sobrinos no conocieran su afición a esas golosinas. Gordon rió entre dientes y probó otra vez el coq au vin. Este crío gana medio kilo cada vez que lo cojo en brazos. Gordon se acercó al mostrador.

—Sentí mucho lo del bebé —dijo. el nuevo juez. Como el soñador de una pesadilla. ¿Cómo has podido mentirme?. masticó cada bocado con una leve sonrisa en los labios. Le pareció como si la comida y la conversación sucedieran a cámara lenta. Con su atractiva obesidad. Gordon dejó la cuchara en la cacerola y le lanzó la mirada más fría que jamás había visto. —El vuestro. Aquella primavera ella y Sophie se habían encargado de recoger los huevos.. —¿Qué bebé? —preguntó él. María oyó que Peter y Ha-llie comentaban las cualidades de Ben Twining. María fue comiendo y habló muy poco. pensó observando a Sophie. Gordon y yo estamos pensando en comprar algunas gallinas. —No tengo ni idea de lo que me hablas. ¿cómo pudo inventarse la historia sobre su tercera criatura. Supo que todo cedería y terminaría mal. Su voz sonó normal pero se dio cuenta de que Sophie había sacado las antenas. que había tenido un comienzo tan festivo. llenaron las copas de vino... Al cabo de unos segundos María comprendió que la pregunta iba dirigida a ella. el del aborto de Sophie. ella había disfrutado metiendo la mano por debajo de las gallinas leonadas en la paja ~55~ . —Probablemente estás habituada a lo que procede directamente de la granja —dijo Sophie—. ¿No recordáis que cuando erais pequeños compramos unas gallinas y aquel horrible gallo? María recordó que el gallo cantaba durante toda la noche. y se limpió la boca con su servilleta de paño escocés. fueron a la cocina para traer más pan y mantequilla. —¡Haceros un favor a vosotros mismos y no pensad siquiera en ello! — exclamó Hallie—. Sophie parecía la imagen perfecta de la maternidad. no se dejó engañar por el ambiente familiar. Sophie comió con auténtico placer. aquella a la que hubiera llamado María y que murió en su seno? Gordon no parecía afectado por lo que le había preguntado María. De vez en cuando se inclinó sobre Flo y le ayudó a cortar su carne o la apremió a comer otra zanahoria. su atención paciente para con Flo y Simón. fue como una pesadilla para María. Habló con Simón y Peter sobre la construcción de una cabana de troncos. Observó que Simón ensartaba con su tenedor una cebolla menuda y la disparaba a través de la mesa. —¿No te gusta el pollo? —preguntó Sophie. Siendo así. Sophie y Nell sirvieron la comida. —Está estupendo —dijo María. cortó en trozos menudos el pollo. La velada.

Pero es tan animado. Después de cenar. e incluso algunos contenían embriones perfectos de pollo. —Aldo. —¿Qué tienen de grandioso los pollos correteando por todo el patio? — dijo Hallie—. Gordon y yo creemos que los pollos serían buenos para los niños. Egipto y muchos otros lugares. María le sonrió agradecida.. más oscura que la de los huevos de almacén. Tanto ellos como Hallie y María observaban a Flo y Simón. Compradles un perro.! —exclamó María. —Lo siento —dijo Hallie—. Nell apoyó la cabeza en el hombro de Peter. quienes estaban leyendo «Babar» a Andy. Hallie había estado obsesionada toda su vida con la pérdida de oportunidades: cosas que pudieran haberle hecho a ella o a sus hijos famosos y felices. María dejaría de trabajar y se pasaría los días haciendo compras en el supermercado o viendo los espectáculos de televisión. Aldo —repitió una y otra vez. —Tal vez debiéramos preocuparnos por Aldo —dijo Nell. Resultaba muy agradable contando siempre historias sobre su trabajo en Perú. —Me gustaría que Aldo estuviese aquí —dijo Hallie. tan interesante. —Ensuciaban todo el patio —continuó Hallie—. ~56~ . Y yo no podía soportar su forma de picotear la gravilla. Aldo. —Yo he trabajado en todos esos sitios —dijo muy tranquila María.. Andy se le había acercado para jugar con los lazos de sus zapatos mientras intentaba pronunciar la palabra Aldo. excavando con él. —¡Mamá. Pero aborreció comérselos: muchos tenían doble yema. No quería empezar a hablar de Aldo.. quién sabe hasta dónde habría llegado vuestra carrera —dijo Hallie. complacido con su sonido. Quizás imaginara que sin Aldo. Sophie condujo a todo el mundo hacia la sala y anduvo en la radio hasta encontrar a Warlock Devlin tocando un melancólico solo de saxo.. —Eso es natural —dijo Sophie—. —Se estremeció al recordarlo. —Si te hubieses quedado allí.cálida y sacando de cada nido uno o dos huevos morenos con pintas oscuras. —Poneos cómodos mientras Gordon y yo hacemos café —dijo. — María estará bien viviendo por su cuenta —dijo Peter. Ellos necesitan ver un poco más de la vida real y no sólo lo que pescan en la TV y la escuela. con pico y plumas.

olvidando que María había terminado casi Cambridge. por supuesto. Nadie. ni siquiera Aldo. y María se sintió culpable. El trabajo sobre el terreno era lo que más le gustaba. Tal vez al irte tú. —Procura no olvidar quién te dio el primer empujón —le advirtió Hallie. él pierda su puesto. Pero Nell tenía razón. el tener todo el día las manos llenas de asuntos tediosos. —¿Dónde está el café? —preguntó Hallie. Pero Gordon los detuvo. María condujo demasiado de prisa. Proyectaban juntos la excavación y Aldo tomaba las decisiones importantes. —¿Es fuerte ese dolor de cabeza? —preguntó Hallie frunciendo el ceño. —Estoy segura de que su ayudante desempeñará bien mis funciones —dijo María. e intentó atraer a Andy con una caja de fichas para que se olvidara de los pies de Nell. conocía mejor que María la excavación en Chavín de Huantar. Probablemente se estarían peleando. Ella se refería a Aldo. —Iré a verlo —dijo Simón levantándose de un salto y corriendo fuera de la sala. y eso le hizo apretar aún más el acelerador. Lo siento muchísimo. Pero él tenía talento para la administración. Se pasaba mucho tiempo en el teléfono y en las oficinas. éramos un equipo —dijo María. María siguió mirando a Simón y Flo. ¿No formabais una especie de equipo? ' —Sí.—¿Por qué habríamos de preocuparnos? —preguntó María. Ella había mencionado el aborto ~57~ . —Sophie tiene jaqueca —dijo—. había excavado en una abadía de Nottingham y en una ladera de Grecia por las fechas en que se conocieron. Se sintió nerviosa pensando en Sophie y Gordon. Echó una mirada hacia la puerta preguntándose por qué tardarían tanto Sophie y Gordon. Entró en la sala con una mano sobre el hombro de cada niño y una sonrisa tímida en el rostro. ¿No será porque antes comió chocolatinas? —Estoy seguro de que se pondrá bien —dijo Gordon palmoteando el hombro de Hallie. así que María se dedicaba por entero al emplazamiento. nadie podía remplazarle. Le frustraba el estar demasiado atareado para excavar. —Los dos habéis trabajado juntos durante años —dijo Nell—. —Quizás haya sido todo ese vino tinto en el pollo —dijo Hallie—. —Bueno. pero me ha pedido que os pregunte si no os importa pasaros sin café. Flo voló tras él. ella cree que es una migraña —dijo Gordon.

darles las buenas noches y hacerle saber que la quería a pesar de todo. Hacía menos de cuarenta minutos. ella y Aldo habían olido sangre y con razón. —¿Estaban peleándose? —le preguntó María con tono cariñoso—. no discutían. corriendo por puro gusto. Lo intuyó como aquella vez en que. Flo? —preguntó María arrebujando a la niña. por favor —susurró Flo con tono apremiante—. todos se habían dicho adiós. Por otra parte. pero luego observó que estaban llorando aterrorizados. No sabía lo que le diría Sophie. Pero como María sabía ya que no había habido tal aborto.. Flo —dijo abrazándoles. Allí. —Bájame. Decidme qué os ha sucedido. sintió verdadero terror. Al principio. sólo sabía que necesitaba besar a su hermana. Pero Flo sólo tuvo fuerzas para llorar. ¿ Era posible que aquel lugar tan lóbrego hubiera sido poco antes escenario de una cena en familia? No había ninguna luz encendida. ¿Estabas tan alterada por eso? No quiso entrometerse en alguna escena romántica entre Gor-don y Sophie haciendo las paces. —¡No podemos! ¡No se nos permite hacerlo! —chilló Simón. Cruzó rauda el patio hacia ellos abriendo los brazos. en plena oscuridad.a Gordon porque quería sentirse más cerca de él. Entonces se dirigió directamente a su casa. Ahora comprendió que Sophie había mentido para explicar sus malas acciones: robar y hacer daño a Flo. y procedían del dormitorio de Gordon y Sophie. Se detuvo en una gasolinera Shell para utilizar el teléfono público. La noche era fría pero no llevaban abrigo. Ellos intentaban desasirse pero María se lo impidió—. María pensó que estaban saltando de alegría. No me hagas entrar ahí. y pensó que evidenciándole su simpatía podría congraciarse con él. así que María la cogió en brazos y caminó hacia la casa. Siempre había tenido la impresión de que Gordon la quería mantener a distancia. La línea de los Littlefield estaba ocupada. —Simón. Pero estas voces fueron reales. La casa Littlefield estaba en un terreno de cuatro acres al final de un largo camino flanqueado por setos. su tono no era desagradable. María comprendió que necesitaba hablar con Sophie. excavando una tumba pre chavín.. ~58~ . pues allí había un ladrón de tumbas con la garganta cercenada. Sophie no tuvo excusa para justificar sus malos tratos a Flo en la biblioteca. hasta que ambos cesaron de moverse. Simón y Flo estaban corriendo en círculos. María pudo oír casi las voces de su familia. María entró en el patio. Y por fin se soltó. —¿Y tú. A mitad de camino hacia el embarcadero de la Squaw.

. —¿Sophie? —dijo María sintiendo náuseas en el estómago. El color volvió a las rotundas mejillas de Sophie que empezó a sonreír. agarrando el atizador. —Déjala marchar —dijo María con voz firme. Apenas pudo pronunciar las palabras—. las lágrimas le llenaron los ojos y le corrieron por las mejillas. lleno de horror y pesadumbre. nos has sorprendido en plena acción —dijo estúpidamente. Vamos. Gordon hablaba con un tono monótono que a María le recordó el de Sophie en la biblioteca. Y también el esparcir tus cenizas por el patio. Corrió a la sala y cogió el atizador de la chimenea. todavía sonriente—. María sintió demasiado miedo para poder tranquilizar a Flo. Sophie abrió los ojos con terror. Iré a darte las buenas noches después de ver a los papas.. Fue un sonido gutural. Porque quieres ser incinarada.. También será muy triste para ellos asistir a tu funeral. esta vez enojado—. —¿Quieres la incineración. corrió por el pasillo hacia la habitación de Sophie. —Es triste pensar en los niños sin una madre —estaba diciendo él—. Vaciló al ver una cuerda delgada anudada alrededor del cuello de Sophie pero siguió adelante—. Tiene plena libertad para moverse. —Me encuentro bien —dijo Sophie con voz ronca. Al verla. como si se hubiese pasado mucho tiempo llorando. —¡No entres ahí! —le suplicó Flo. Luego regresó corriendo.—Vete a tu habitación —le ordenó María—. dices? —exclamó Gordon. sentada muy erguida en una silla delante de Gordon. —Bueno. A ella le gusta esto. Ella tenía la cara lívida y ojerosa. levántate. No está atada. Sophie? —preguntó Gordon—. Sophie se limitó a negar con la cabeza y a gruñir de nuevo. La habitación olía a perfume y a orinal Gordon dirigió a María su sonrisa juvenil. Guardaremos unas pocas para el Bell Stream. María entró en el dormitorio. —Puedes venir conmigo. Se llevó con languidez una mano al cuello y luego la dejó caer. Allí estaba Sophie en un sutil camisón carmesí. A menos que quieras ~59~ . María nunca había oído un sonido tan inquietante. Será mejor que me lo digas ahora para tenerme informado. —¿Marchar. se imaginó a Sophie con la garganta cercenada. Sophie —dijo María caminando hacia ella. ¿verdad? ¿No es eso lo que dijiste? Sophie gruñó por toda respuesta. Atisbo por la rendija de la puerta preparándose para ver algo horripilante. que se apoyaba muy tranquilo en el escritorio. luego desvió la vista avergonzada. ¡Déjanos en paz! —Ya la has oído —dijo Gordon. La luz se filtraba por una rendija de la puerta.

Esta noche dormiréis en mi casa. —Adiós —dijo María saliendo de la habitación. hicieron que María tomara una decisión. Al levantarse. —Levántate y demuéstrame que estás bien —dijo María. sintiéndose como una intrusa. —¿Por qué le hace daño papá? —preguntó Simón. Allí encontró a Flo tendida en un extremo de la cama y a Simón sentado en el otro. María comprendió que forzando a Sophie a demostrar que era una participante complaciente. María se detuvo en la puerta. Luego se dirigió directamente al dormitorio de Flo. Las palabras de Flo. recoged vuestras cosas. golpeó la puerta a sus espaldas. ~60~ . a reconocer que estaba permitiendo a Gordon hacerle eso. la estaba humillando de paso. —Eso no es querer —dijo incapaz de callarse. el camisón se le deslizó de un hombro revelando una serie de magulladuras y un hilo de sangre desde el lugar donde la cuerda segaba el cuello.quedarte y contemplar el espectáculo. Uno de los dos. No se iría hasta que lo viera con sus propios ojos. —¿Está bien mamá? —preguntó Simón. —Estará bien —dijo eludiendo la respuesta. —No te marches ahora —dijo Flo. —Es la forma de querer de papá —dijo Flo. —Ahí lo tienes —dijo. Sophie se levantó de la silla con una mirada desafiante. Forzaría a Sophie a levantarse. Y añadió—: Vamos. Gordon o Sophie.

María encendió todas las luces. La luna. cuando tuvo un momento para considerar lo que había hecho. María se sintió despeinada. estaban adormilados. ¿Sería posible que Sophie no se hubiese apercibido todavía de su ausencia? Al pensar en lo que había visto y en lo que pudiera impedir a Sophie el darse cuenta de que sus hijos se habían ido. Llevó en brazos a Flo hasta la casa mientras Simón caminaba silencioso a su lado. María se pasó a Flo a la cadera derecha y abrió la puerta. Aunque no hubieran estado nunca en su casa. Se había propuesto hacer chocolate caliente y tostadas de cinamomo pero los niños bostezaban sin parar y se frotaban los ojos. como lo*s de Nell. —dijo—.CAPÍTULO VIII Los niños se quedaron dormidos en el coche. Al recostarse sobre Nell. María tuvo que despertarles cuando llegaron al embarcadero de la Squaw. Pero sólo vio árboles oscuros doblándose bajo el viento.. como si la hubiese zarandeado un viento fortí-simo. la dominó el pánico. que olía como si hubiese estado durmiendo. dijo en voz alta. —No —dijo María. —¿No han telefoneado todavía para saber si tienes a los niños? — preguntó.. como si esperase ver destellos de luces rojas de una patrulla armada. notó el temblor de todo su cuerpo. enorme. ascendía en el cielo proyectando un sendero plateado sobre el tenebroso mar. Sus ojos. Peter bajó las escaleras. Pensó en telefonear a Sophie para decirle que los niños estaban a salvo. parecía muy cómodo con sus anchos pantalones de pana tostada y la camisa de gamuza azul marino. Pero en vez de ello telefoneó a Peter y Nell para pedirles que vinieran cuanto antes. se sintió llena de pánico. ~61~ . parecieron demasiado cansados para explorarla. Peter había ido escaleras arriba para instalar a Andy en la cuna portátil. No sé lo que han visto u oído. «He secuestrado a Simón y a Flo». Luego la cerró con llave y echó el cerrojo.. —Los niños estaban tan trastornados. Sola. en la planta baja. El resplandor de la luna inundó la casa vacía. —Yo habría hecho exactamente lo mismo que tú —dijo Nell abrazando a María tan pronto como llegaron.. María los arropó en la cama de la habitación sobrante. Miró por la ventana. y les dio las buenas noches.

Pero las dos habían confiado también en él por ser su hermano. Sé que Sophie quería que me marchara.. —Vayamos —dijo Peter. No podéis entremeteros si Sophie no os necesita. María sintió ganas de gritar. Creo que tú y yo debemos volver ahora mismo allí. Si los niños vieron eso. Cuando los tres eran niños.. —¿Por qué volviste allí después de la cena? —preguntó Nell. —¡Dios mío! —dijo Nell con un estremecimiento—. Había apadrinado a sus dos hermanas en sus respectivas bodas. y siempre se había preocupado por ellas. Eso fue lo peor: Sophie torturada y humillada por Gordon. Sophie dijo que se encontraba bien. —Sophie me dijo que había tenido un aborto —explicó María—.—Tenemos que ayudar a Sophie —dijo—. Esto les afectará durante años. —Vosotros no estuvisteis allí —dijo María. tal vez toda la vida. Peter se había hecho cargo de las finanzas de Hallie. a María y a Sophie les gustaba gastar bromas a Peter. Peter la miró a los ojos. —¡Espera! —dijo Peter—. Él le había atado una cuerda alrededor del cuello. Estoy asustada por ella. —Sí. ¿Qué es lo que vieron? ¿Estaban de verdad tan trastornados? —Lo estaban —dijo María pensando en Sophie. Espero que Sophie y Gor-don lo sepan. Ahora mismo. No pudo quitarse del pensamiento la expresión desafiante de Sophie. que Sophie no era verdaderamente su hermana. pero estoy asustada. el único hombre de la casa tras la muerte de Malcolm. —¿Qué es lo que vieron? —preguntó Peter—. Según has contado. En varias ocasiones le habían dicho que él era un hijo adoptado. pero he tenido tiempo para reflexionar. Estoy muy preocupada por Simón y Flo. e induciendo a María a pensar que ella misma lo permitía. sino una princesa y que Malcolm y Hallie la habían comprado para hacerla su esposa cuando él fuera mayor. Has dicho que los dos estaban gritando en el patio cuando llegaste. Ella pudo ver que su hermano empezaba a darle crédito. Al cumplir los quince años. tú crees que ella quería realmente que te fueras. que la familia hablaba un lenguaje diferente cuando él no estaba presente. Peter. Pero cuando le expresé mi condolencia a Gordon. —Debemos hacer algo —dijo—. Hemos de salvar a Sophie. Nell y Peter la miraron con gesto de impotencia. éste me dijo que no sabía nada ~62~ . —No estoy segura de que debáis hacerlo —dijo Nell—. deseando poder hacerles ver lo que ella había visto—.

Lo siento. Gordon —dijo Peter dándole una palmada en la espalda. pero Sophie no quiso hacerlo. María. —Sophie —dijo María avanzando hacia ella. —Llamemos a la policía —propuso Nell. Nell y Peter permanecieron silenciosos ante la ventana. —Sentémonos un minuto. Le podría suceder cualquier cosa.sobre el asunto. Me sentí muy inquieta cuando Sophie no apareció para el café. Sophie se dirigió despacio hacia las escaleras con movimientos de autómata. Me figuré que ella y Gordon estaban peleando por lo que yo le había dicho a Gordon. —Es tarde y estamos cansados —dijo Gordon—. —¿Ni siquiera a mí? —preguntó Peter dolido. —Hemos venido a buscar a Simón y a Flo —dijo Gordon con calma y extremada dignidad cuando María les hizo pasar. pensó María revisando la serie de acontecimientos—. ¿Están arriba los niños? —Sí —dijo María. —Sube y hazles bajar —dijo Gordon a Sophie. No debiera haberme marchado de allí. Estaba cerca de casa y tenía un mal presentimiento. —Ella tuvo un aborto —dijo Nell frunciendo el ceño—. Frunció el entrecejo y se alisó el bigote. aborreciendo su aparición. Y miró fijamente a Sophie incitándola a levantar la vista. Un arco de luz barrió el techo. —Me lo hizo prometer. Intenté telefonearla pero tenían el teléfono descolgado. los tres miraron hacia fuera a tiempo para ver cómo se apagaban unos faros. pero telefoneemos primero —dijo Peter. Pero el furor de Sophie la hizo ~63~ . Pero luego ella se soltó y le miró con odio. Sophie bajó la mirada y se mantuvo inmóvil en la puerta. María se imaginó a los tres erigiendo una barricada invisible. su afecto. Peter le cerró el paso. La rodeó con los brazos y durante unos segundos ella le dejó abrazarla. Me pidió que no se lo dijera a nadie. —Y en consecuencia castigó a Sophie por su mentira. Pero la aparición de Sophie envuelta en un grueso abrigo y con una bufanda de seda alrededor del cuello la hizo desear salir volando por la puerta para abrazarla. —Vuelvo a casa de Sophie —dijo María levantándose—. —Quiero aquí a mis hijos —dijo enfurecida. Sophie y Gordon subían andando por el camino. Peter no dijo nada. creo que debemos ir. No pude quitármelo de la cabeza. —Sí. y nadie pudo negar que ambos eran hermanos: su estatura. pero sus ojos evidenciaron que se sentía traicionado. su pelo oscuro. —Nell le cogió las manos y le sonrió a los ojos—.

impotentes. sólo pudieron mirar. Como pollos con la cabeza cortada. sorteó a Peter y marchó escaleras arriba. Peter y Nell se mantuvieron juntos. Él la sostuvo. María. Ninguno de ellos dijo nada. Por primera vez Sophie la miró directamente a los ojos. — María dice que estaban los dos muy alterados —dijo Peter con claridad y mesura. Su postura pareció más protectora que dominante. pensó María al recordar su carrera alocada sin dirección alguna. —¿Crees que yo haría daño a mis hijos? —preguntó Sophie—. Sólo deseamos hablar. Su mirada pareció llena de amor y pesadumbre. —Déjame verte el cuello —dijo María a Sophie dando un paso hacia ella. Gordon —dijo Nell. Gordon le pasó un brazo por encima. —¿Acaso tenéis la costumbre de arrebatar a cualquier niño alterado a sus padres? —preguntó Gordon—. Los quiero mucho. Sophie la miró pasmada. Corrían en círculo fuera y sin abrigo.detenerse. Un instante después regresaron cada uno con un niño dormido en los brazos. soltándose de Gordon. y Sophie se apoyó en él como si le necesitara más que nada en el mundo. Luego. ~64~ . —Lo sé —dijo María. Gordon la siguió. Todos te queremos. conciliadora—. ¿Es que Andy no llora nunca? ¿Acaso vosotros dos sois perfectos? —Escucha. mientras los Littlefield abandonaban la casa y caminaban hacia su coche. más como un abogado que como un hermano—.

María no había tomado el sol todavía aquel año y su cara empezaba a quemarse. una goleta de cien pies con vela de estay y motor diesel. Pero ella miró hacia el oeste. ~65~ . sintió que el mundo le daba vueltas y comprendió la necesidad de tumbarse. hacia las islas Hechizadas. —Si miras el horizonte no te marearás —dijo una voz masculina. y ella negó con la cabeza. María y Sophie habían embarcado en Westerly para un viaje oceanógrafico escolar. teñía el mar de un azul profundo y el granito de las islas de un tono dorado. María vomitó por encima de la borda. María se mareó. Aunque era un día de julio despejado. vieron cómo el barco se alejaba del puerto. cuando el barco pasaba por las boyas. Sophie se había recogido el pelo bajo una gorra Red Sox y tenía todo el cuerpo bronceado por haberse pasado la primavera tomando el sol desnuda en el tejado de su dormitorio. alzándose detrás de la península en donde se asentaba su casa. Tenía un leve acento de Cranston y pertenecía a un estudiante pecoso. todavía con la bata de franela y las zapatillas forradas de alpaca. El chico la miró tara a cara. El sol. Un verano. ¿verdad? Vamos. Una hora después. Sabes lo que quiero decir. Un montón de libros de la biblioteca estaban apoyados contra su butaca. equipada como barco de investigación con un laboratorio e hidrófonos para seguir la pista a las ballenas gibosas y estudiar sus costumbres migratorias y de apareamiento. La proa del barco subía y bajaba. María dio vueltas y más vueltas a ese recuerdo en su cabeza. con rizado pelo rojizo y ojos azules de pálidas pestañas. durante el colegio. y los «Cuentos de Pequot» abiertos sobre su regazo. las suaves olas de la bahía alcanzaban los diez pies. hazlo. pero no sobre lo sucedido la noche anterior. Sobre la cubierta. —Lo mejor es desahogarse —dijo Sophie—. Ella pensó en Sophie.CAPÍTULO IX A la mañana siguiente. —¿Te encuentras bien? —preguntó Sophie. Se encaminó vacilante hacia su litera mientras oía que Jack Frazier se presentaba a Sophie. María se sentó ante la gran ventana panorámica. Lo que recordó la hizo sonreír. Quince estudiantes y siete tripulantes se habían dirigido hacia Georges Bank a bordo del «Narragansett». con el viento fustigándoles el rostro.

intentando contener las náuseas. —Escucha. llegaremos allí mañana. Cuando el científico les preguntó si les gustaría visitar el laboratorio y escuchar ~66~ .. —La ballena era increíble —dijo Sophie—. Hemos avistado la primera ballena. Pasaron muy cerca del barco. Tendida en su litera. y rodeaba con un brazo la cintura de Sophie.María y otros cuantos estudiantes se pasaron las siguientes veinticuatro horas con un malestar horrible. tocándose apenas. María sintió un malestar atroz y al mismo tiempo una irritación irracional contra Sophie porque ésta no se mareaba. Sophie intentó parecer preocupada. Cuando te sientas mejor podrás trepar con nosotros. como una buena enfermera. Jack dijo que quería ser marino biólogo. ¡Sophie estaba disfrutando! —Él es un gran chico —dijo. El científico del barco. Llevaba una gorra de béisbol. Tal vez si fingiera interesarse. María —dijo Jack. se les acercó para preguntarles por qué les interesaba la océanografía. —Hola —dijo María—. La decepción la hizo enrojecer. María oyó que otras personas gemían en sus literas. Una gibosa con su cría. Sophie le llevó algunas sales. —Hola. Sophie y María le dijeron que se habían apuntado a la expedición porque les encantaba el mar. Anoche nos encaramamos a la cofa y nos lo contamos todo. Más tarde. —¿A la cofa? ¿Cómo llegasteis hasta allí? —preguntó María. ¿No fue asombroso. Jack? —Por descontado. un licenciado enjuto y serio. se mostraría más atenta y su estómago cesaría de revolverse. María vislumbró lo que había sucedido durante el día en que ella había estado mareada. Durante la conversación se mantuvieron uno junto a otro. Y subió a cubierta. Sophie y Jack se habían enamorado. pero sus ojos chispearon demasiado. tienes que sacudirte ese mareo y venir a cubierta. —¡Mierda. a tiempo para contemplar la puesta de sol. —Trepando por las jarcias. me lo he perdido! —dijo María. había tenido la vaga impresión de que la cofa estaba a unos setenta y cinco pies de altura en el palo mayor.. ¿Dónde estamos? ¿Habéis visto muchas ballenas ? —Nos dirigimos hacia Georges Bank. La única vez que había estado en cubierta. —Será lo primero que haga —dijo María con desánimo. pero desde ese instante empezó a sentirse mejor. apoyando los codos en la litera de María—. Las enormes velas de la goleta se llenaron de aire sobre sus cabezas. Le desafié a hacerlo.

dónde la habría conocido. Ahora. La misiva estaba llena de adjetivos: «adorable». María recordó la aflicción de Sophie. cómo podría amar él a otra persona que no fuera a ella. el hombre con quien se casó tres años después de que Jack la abandonara. Sentada en su sala. Solía estrecharla entre sus brazos mientras Sophie gemía. «guapo». ~67~ . o por lo menos no lo pareció. a los profesores y los amigos. A Sophie se le partió el corazón. Su compromiso duró los tres últimos años de colegio y el primer año universitario de Jack. Le pasó por la cabeza que Aldo tampoco la había amado a ella sin reservas. deseando matar al hombre que había herido a su hermana. en el embarcadero de la Squaw. «No digas eso». Y cuando Jack conoció a Hallie. y Hallie no se lo perdonó jamás. imaginó María) que temía no encontrar jamás a otro hombre que la quisiera tanto como Jack. había dicho María. los padres católicos de Jack no aceptaron con entusiasmo la idea de que él se casara con una episcopalista que no había puesto pie en una iglesia desde hacía muchos años. su amor no flaqueó nunca. bastantes años después. Jack fue el amor de la vida de Sophie. Sin embargo. y había sufrido por Sophie. Se prometieron a la Navidad siguiente. preguntándose en voz alta quién sería la mujer. sólo María dijo que sí. le molestó saber que Sophie había tenido razón. Soportó las presiones de la familia: al principio.las grabaciones de las ballenas gibosas. Jack asistió orgulloso a las corales de Sophie en el departamento de música hasta que ella le confesó que no quería seguir cantando. Hicieron el amor en lugares recónditos. dijo Sophie. María conocía todos sus esfuerzos por complacer a su madre. que nunca criticaba a Jack. Jack y Sophie marcharon hacia la popa para ver la espumosa estela del barco que empezaba a relucir con la bioluminiscencia del plancton a medida que el mar y el cielo se oscurecían. María recordó que ella estaba en Inglaterra cuando Sophie le escribió la carta sobre Gordon. María cuidó de Sophie durante las primeras semanas. Sophie había dicho a María que estaba tan habituada a decepcionar a la gente (como a Hallie. de forma completa e inequívoca. se estremecía y hablaba de Jack. Sophie no había ni sospechado siquiera que él la abandonaría. Él parecía amar a Sophie sin reservas. Se divirtieron juntos. A Sophie y a Gordon. Nunca había conocido a un hombre como él. pero sus pensamientos se ciñeron a Sophie. que la amaba sólo por lo que era. «Es un cerdo». Se pasó el tiempo dándole vueltas al asunto. él y Sophie bebieron demasiada cerveza. Los fines de semana cocinaban comidas exóticas en sus dormitorios. un hombre que compartía sus intereses. hasta el día en que Jack telefoneó a Sophie para decirle que se proponía romper su compromiso porque se había enamorado de otra mujer. y él le dijo que lo dejara si eso no la hacía feliz.

si se pensaba que se había casado con ella. que ella y Gordon se habían conocido una noche durante el baile de un club náutico y que se habían enamorado a los pocos días. y forma increíble de hacer el amor. por una razón diferente. incluso se había convencido a sí misma. con Nell. en su lugar enviaron un increíble servicio de té georgiano. «atlético» e «intenso». No pudo comunicarse con Nell. Por entonces se hallaban inmersos en su excavación de I lasting. que Gordon poseía la ferretería Littlefield. —¿Te apetece dar un paseo en barco? —preguntó una voz. Está amarrada en un muelle cerca de donde vives. Sophie se mostró enormemente dolida. Aldo se había echado atrás ante el precio.«exitoso». A las diez. No se mostró dispuesta a vestirse para planear el día.. María había reprochado siempre a Aldo que su excavación y las cámaras de la BBC le hubiesen impedido ocupar su legítimo puesto como dama de honor de Sophie. María aún seguía con la bata. sin obtener respuesta. Aldo habría provocado una apasionada escena italiana en la minúscula tienda de antigüedades si María no le hubiese explicado. María reflexionó sobre la propuesta. —¿Hablo con Duncan Murdoch? —preguntó María. Sonó el teléfono y se abalanzó para cogerlo esperando que fuera Sophie.. de que Gordon amaba a Sophie tanto como Jack. No hizo la menor mención de Jack. en la misma casa donde él había crecido. Sophie decía en su carta que los padres de Gordon vivían a unas cinco millas de distancia. y que si el trabajo de el iba a impedirles asistir a la boda de Sophie. e incluso más. María concedía a Gordon el crédito de haber ayudado a Sophie a olvidar a Jack. que ella sólo tenía una hermana. María y Aldo se vieron imposibilitados de volar a casa para la boda. ellos iban a enviarle sin discusión un regalo de boda absolutamente fantástico. espeso. Arnie Pratt quiere vender su embarcación «Damson». Podía quedarse en casa analizando ~68~ . El distanciamiento de Gordon siempre le había parecido extraño. hombros anchos. Todo lo que no fuera hablar con Sophie o. —Sí. le pareció que no tenía sentido. teniendo en cuenta el agradecimiento que le había hecho patente por entrar en la vida de Sophie y amarla. María recordó que se había divertido con las frivolas descripciones de Sophie sobre los atributos físicos de Gordon: pelo castaño. María estaba segura de que Gordon no la había perdonado nunca. Sophie había encontrado conmovedor que un hombre con la educación de Gordon (licenciatura en Princeton) se hiciera cargo de la ferretería de su padre sólo porque la familia había esperado que así lo hiciese. pecho lo bastante peludo. con calma. Sophie no comparó a Gordon con Jack en aquella carta. sin lágrimas. como debiera hacerlo Só-phie. Había telefoneado cinco veces a Sophie.

Duncan apareció al timón de una embarcación verde. Estaré ahí dentro de una hora. El azafrán que crecía junto al portal le recordó que quedaba sólo una semana para marzo. Duncan atracó la embarcación de costado en el malecón de piedra y la mantuvo quieta mientras María saltaba a bordo. a barlovento ~69~ . En marzo los chavín solían sacrificar llamas negras para oscurecer los cielos y hacer caer la lluvia sobre los campos. María se colocó ante el timón y buscó el cambio de velocidades y el acelerador. María caminó hacia el agua. larga y de malas trazas.lo ocurrido la noche anterior o ir a probar la embarcación. La luz solar se reflejó en la tranquila superficie del mar. Los había utilizado en Perú. —¿Cuánto quiere Arnie Pratt por esta embarcación? —gritó María. no tenía cabina e incluso a cierta distancia parecía haber pasado un mal invierno. —¡No te oigo! —gritó a su vez Duncan. Aferró el timón. —¡No te oigo! —gritó Duncan a pleno pulmón. al volver un poco la cabeza hacia la izquierda. —De acuerdo —dijo María. encontró la paleta y el cepillo. Ella habría preferido que Duncan la condujese hacia fuera y le pasara el timón cuando estuvieran seguros. ¿Me reúno contigo en el muelle? —¿Por qué no voy a recogerte a tu casa? —propuso Duncan—. Rebuscando en los bolsillos de su chaqueta mientras esperaba. en medio del mar. cerca de un sepulcro natural donde había descubierto con Aldo tres recipientes intactos de ofrendas en forma de llamas. Pero una hora después se dio cuenta de que no sabía si él vendría por carretera o por mar. El estruendoso motor soltó un olor a gasolina. y luego los colocaban en un pastizal para asegurar la fertilidad de la tierra. Así que se plantó en el patio lateral desde el que podía ver el camino de entrada y la bahía. El fondo plano de la embarcación hizo que las aguas tranquilas parecieran olas de un huracán. Los cha-vín solían llenarlos con una mezcla de grasa de llama y sangre. —¡No puedo ver hacia dónde nos dirigimos! —vociferó María escupiendo un mechón de pelo que se le metía en la boca. El surcar de aquel modo el mar tuvo un efecto terapéutico en María. —Ponía en marcha —dijo Duncan cediéndole los mandos. su proa se alzó enormemente bloqueando la visión de María. Se oyó el zumbido de un motor. pero su orgullo la animó a hacer maniobras con la embarcación y conducirla hacia el oeste. Aunque la embarcación tuviera muy poca obra muerta. El rugido del motor hizo imposible toda conversación. —Me gustaría verla —dijo cautelosa—.

Duncan se acomodó en la proa. una combinación magnífica de frescor y podredumbre. pudo oler el aire salino. Olió el mar y la marea baja. y con su fondo plano puedes traerla hasta la playa. Pero tú debes tener mucho trabajo. bajo un bos-quecillo de pinos. que sus hijos jugaban juntos. ¿qué podía averiguar? ¿Que todo el mundo en Hatuquitit sospechaba que a Gordon le gustaba pegar a su mujer? ¿Que la gente decía que Sophie era mala con Flo?—. María se figuró que él la estaba dirigiendo por aguas poco profundas. la destreza reapareció por sí sola. la embarcación se equilibró. Yo mismo la calafateé el mes pasado. Aunque no había conducido una embarcación desde hacía años. —¿Qué? ¿Buscando un lugar donde excavar? —preguntó Duncan. Es de fácil maniobrabilidad. —Maniobraremos con el lastre —dijo Duncan—. Se protegió los ojos con la mano y miró arriba y abajo de la playa. descargando trozos de cuarzo. Es amiga de Alice. —Eso es culpa de las olas —dijo Duncan con tristeza. atisbo un lugar donde la arena se transformaba en arcilla. Por encima de la marca de la pleamar. gracias —dijo María. Tú conoces a mi hermana. —Sí. aflojó el acelerador. Arnie lleva los bidones de gasolina y las nasas en la popa. Luego señaló a la izquierda.. Quería hacerle preguntas sobre Sophie. él había dicho que su mujer y Sophie eran amigas. Pero. María inspeccionó la zona. Comprendió que se dirigían hacia las islas Hechizadas.del escape. —Esto es divertido —dijo María—. —Hay un problema: el tajamar se levanta tanto cuando voy a más de seis millas por hora que no puedo ver hacia dónde voy. María se echó a reír. Señaló hacia la derecha. Por eso me he metido en este negocio.. ~70~ . María la hizo pasar entre dos islas y por fin la varó en la que Duncan había llamado Lookoout. Al marchar a poca velocidad. Él es mucho más alto que tú. —Tengo tiempo. Imaginó a los pequot arrastrando sus canoas hasta la playa. —Yo aprovecho cualquier oportunidad para hacer un viaje por mar —dijo Duncan—. ¿verdad? ¿Sophie Littlefield? —Claro que sí. Y así tendrás que hacerlo porque aquí no hay ningún muelle. ¿Quieres dar una vuelta por los alrededores? —No. el viento le revolvió el pelo pajizo. planchas de pedernal. —Creo que ésta es la embarcación idónea para ti —dijo Duncan—. y ella maniobró en esa dirección.

Ella. te sentirás a gusto con ella —dijo Duncan. pero notó que la ansiedad la asaltaba de nuevo. Nell y yo crecimos juntas y estuvimos muy unidas. El sol matutino se reflejó en la ventana de la torre de la cárcel. Yo soy la que se fue. Algunas veces estoy en casa cuando Sophie viene a recoger a Flossie. Sintió el impulso de empezar a excavar. —Compraré esta embarcación —dijo. Nell y Peter vivían en la ciudad. Fue lo único que la hizo sentirse bien después de muchos días. esta ciudad no cambia mucho. —Ya lo creo —dijo Duncan. María asintió. la más cercana a su casa. Es una tontería pensar que eso puede durar para siempre. —Sí. el refugio de Lovecraft Wildlife y las agujas blancas de Hatuquitit. Miró por encima del agua el embarcadero de la Squaw. siempre esperas que todo siga igual —dijo María—. Bajó la cabeza para que Duncan no lo viera. ésta supo que había visto su expresión.—¿La ves a menudo? — María se sintió cortada. cuando regreso. Por su tono solemne y su forma de esperar a lo que dijera María. Su mano se cerró en el mango de la paleta que tenía en el bolsillo.. espero que las cosas sean como cuando me marché.. la verdad. —Ese apodo tan tonto para denominar a la sobrina que ella tanto quería. y entonces. La ciudad no ha cambiado lo más mínimo. Y cuando arreglemos la proa. —¿Todavía estás pensando en tu hermana? —preguntó Duncan. —Bueno. al oeste de la casa de Hallie. pero María no miró en esa dirección. pensó María. —Es una niña muy buena —dijo al cabo de unos segundos. le hizo temblar los labios. María divisó el campanario encima de la iglesia congregacional. —Es sólida. como un detective privado fisgando los asuntos del vecino a sabiendas de que todo el mundo descubre su disfraz. ~71~ . —Cuando vuelves a casa y ves a gente que has conocido toda la vida. desde que me marché. —¿Estás hablando de Sophie? —Mira. y María supo que la casa de Hallie estaba sólo a doscientas yardas hacia el oeste. El otro día me preguntaste si me resultaba extraño estar de vuelta. ella se ha casado con un auténtico gilipollas. —Parecía como si María hablara más para sí que con Duncan. Sophie se ha casado y ha tenido hijos. —Mira. Los Littlefield vivían en la pineda cerca del Bell Stream. —No. y creo que sí.

claro está. —Haz lo que creas conveniente —gritó María al viento mientras avanzaba dando bandazos hacia el este. Se alegró de que Duncan hubiera inventado un pretexto para que ella pudiera verle otra vez.. cree que la gente está contra él. y volveremos a calafatearla. Se man-luvo lo bastante cerca para oírle por encima del motor. —Esta embarcación necesita que la entonemos —gritó él—. El sol le cegó. o nosotros en el astillero. y Gordon siempre se comporta como si estuviera resentido. sobre las pequeñas olas. Le rebajaremos la proa para facilitarte las cosas. Necesita un rascado y una mano de pintura. Eso puedes hacerlo tú misma. hacia el sol que era todo cuanto ella podía ver sobre la proa. —Eso debe de ser duro para Sophie —dijo María. sus ojos color avellana se contrajeron y miraron a María.—¿ Gordon ? —Siempre que alguien criticaba a un miembro de su familia.. Y quedó silenciosa. María se sentía incómoda. En tal caso deberás abonar una cantidad extra. Duncan se dirigió hacia la popa. —Los dos asistimos a las reuniones de la cámara de comercio. Ésta observó que su mano sobre el timón era recia y estaba curtida. Pareció como que había el acuerdo tácito de que él condujera a la vuelta. ~72~ .

con los niños en la escuela. Las diminutas manos del niño agarraban una botella de zumo de manzana. Hicieron pensar a María en los mayores de la ciudad. Todas esas historias son ciertas. —Oportuno salvamento —dijo María.» María había oído las mismas cosas sobre las leyendas peruanas: que incluso las más extrañas contenían una parte de verdad. Se detuvo un momento. Pero Nell recuperó la botella. Cuando se dirigía hacia el parque. Y encontró interesante que los pequot. El hombre que se casó con la luna. tuvieran un mito sobre un hombre que se casó con la luna. estaban haciendo sus recados. Pero por fin siguió adelante. meciendo a Andy en su cochecito.CAPÍTULO X María se pasó una mañana en la sección Folklore local de la biblioteca. leyendo todo cuanto pudo sobre los indios de Hatuqui-tit... Al intentar saludar con la mano. el sachem de los mohegan. se le cayó la botella. María consultó el reloj: eran las dos y media. pero la bibliotecaria no pareció reconocerla. el hombre que empleó una flauta mágica para hacer que las mujeres de otra tribu se enamoraran de él. Mujeres jóvenes. Algunas se arracimaban a la entrada de las tiendas y charlaban un rato antes de entrar. «Si queréis saber cosas sobre los pequot —decía—. ~73~ . Se sentó en el banco al lado de Nell y contempló el parque. En el Hatuquitit Inquirer encontró una entrevista con Mathil-da Brown. Al pasar por delante de los astilleros. leed las leyendas. deseando que él diera media vuelta y la viera. una descendiente directa de Uncas. Algunos viejos envueltos en abrigos oscuros estaban sentados al sol. Cuando llevó los libros a la mesa para devolverlos. Se le revolvió el estómago. Su expresión pasó del vau-deville a la tragedia con tanta celeridad que María hubo de disimular una sonrisa. a semejanza de los cha-vín. los puritanos. se encontró cara a cara con la bibliotecaria que se había quejado de que Sophie abandonara allí a Flo. Cuando María se aproximó. Había dicho a Nell que se reuniría con ella en el parque de la ciudad. María vio a Duncan dirigiendo a un camión cargado de pilotes hacia el muelle. Se limitó a fruncir el entrecejo y volvió a chupar con furia redoblada. el guerrero que asesinó a su esposa y a su amante inglés y luego la siguió al país de los muertos. el pequeño bajó la botella para dedicarle una sonrisa esplendorosa. observó que la Summer Street estaba atestada. Nell estaba sentada en un banco. limpió la tetina con su guante y se la devolvió al niño antes de que éste tuviera tiempo de llorar.

o la forma en que ellos cogían con idéntica facilidad su kayak y se iban de excursión por el Maine. Pero salvo esto. procurando no ver la imagen de aquella noche. toda la familia lo sabía.. Quizá lo simulara sólo delante de otras personas. Sus relaciones con Jack parecían perfectas. —¿ No te has fijado nunca en su forma de mirarla ? —preguntó Nell.. Realmente. Y allí estaba ella.. —Nunca se me ocurrió que algún día podría verla bajo el yugo de un individuo —dijo María pensando en la Sophie del bachillerato y del colegio universitario. Ella siempre había tenido chicos alrededor pidiéndole que saliera con ellos. La forma en-que Sophie le convencía para que se pusiera una chaqueta mientras ella se ponía un vestido de seda. ¡Dios mío. lo juro. tacones altos y perfume y se iban a bailar durante toda la noche. —Pues bien.. —Quizás él no la adorara —dijo María—. Siempre que la llamo. ¿Y tú? Nell negó con la cabeza. Quiero decir. vi su coche aparcado delante de una floristería en Westerlay. —¿Tenías alguna idea de que estuviera ocurriendo esto? —preguntó María. —Sí —dijo María. Yo sabía que ella estaba recibiendo rosas de algún admirador secreto. me cuelga. y observé que adoptaba una actitud tremendamente protectora respecto a Gordon.—¿Has hablado con Sophie? —preguntó Nell. con la cuerda anudada alrededor del cuello de Sophie—. —No. ¿Crees que él le ha hecho un lavado de cerebro? —preguntó María. con una tarjeta en blanco. —¿Por qué se enviaría rosas a sí misma? —preguntó María. es mejor que me lo digas. —empezó a decir Nell y luego se interrumpió—. que Gordon parecía adorarla desde el principio. Tenía la impresión de que robaba. ella no tenía por qué darle celos. ella me matará si sabe que te lo he dicho! —Bueno. Pero un día que iba hacia casa desde Watch Hill. y cómo Sophie presentía por entonces que su buena estrella la había abandonado para siempre. —No. —Cuando se casó con Gordon. ella solía enviarse rosas a sí misma para darle celos. Una vez a la semana. pagando las rosas al contado. —Estarás bromeando. Pero María entonces recordó cómo terminó aquello. María se había sentido celosa. —Nunca logré comprenderlo. ¿no? —No. todo parecía marchar bien. ~74~ . Me hizo prometer que no lo contaría.

Nell frunció el ceño. —Eso suena demasiado extraño. —¿Más extraño que otras cosas? —Mientras hablaba, María empezó a ver el lavado de cerebro como la única explicación posible. ¿Cómo lo habría hecho él? Se imaginó a Gordon haciendo oscilar un reloj de bolsillo ante los ojos de Sophie y diciéndole «ahora empiezas a adormecerte...». —Estoy segura de que no es eso —dijo Nell—. Sophie se domina más de lo que crees. ¿Te has fijado alguna vez en esa fotografía que tiene enmarcada en el comedor? María se concentró y acabó recordando una fiesta de Carnaval. —¿Gente con disfraces? —preguntó. Nell asintió. —Fue una fiesta de martes de Carnaval, hace mucho tiempo. Peter y yo asistimos. La pareja del centro... ésa vestida como Ro-sie y Charlie en «The African Queen», ¿recuerdas? Bueno, pues ésos son Sophie y Jack Frazier. —¿Sophie tiene fotografías de Jack en el comedor...? ¿Lo sabe Gordon ? Nell negó con la cabeza. —Ni mucho menos. Él cree que es una fotografía que Sophie adquirió en algún mercadillo. Una noche celebraron una cena, y durante ella Gordon alabó el buen gusto de Sophie y dijo que ella había decorado toda la casa sin ayuda de nadie. También se refirió a las fotografías en las paredes, incluida ésa, y contó que ella las compró todas en cierta tienda de Blackwood, y yo me puse cada vez más nerviosa. Pues fíjate, ninguno de los dos lleva careta ni nada parecido. La cabeza de Sophie mira hacia otro sitio, pero es ella, con toda seguridad. —¿Y ella no le corrigió? —No. Siguió allí muy quieta y tranquila, como hace siempre que él la elogia. María pudo imaginarse la escena: Sophie mirando fijamente con ojos líquidos a Gordon, como si fuera a fluir hacia él a través de la mesa. —Y ella no me confesó jamás que había mentido a Gordon, que la foto había sido hecha en la fiesta de Mae Morgan aquel martes de Carnaval. Tal vez olvidara que yo había estado allí —terminó diciendo Nell. A María le complació pensar que Sophie se permitía ciertas actitudes desafiantes... aunque sólo fuera el exhibir una foto en la que aparecía con un antiguo pretendiente. Ello simbolizaba un espíritu de resistencia: Sophie había ocultado algo a Gordon, y lo colgaba con orgullo en la pared del comedor.

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Esa idea infundió esperanzas a María. Andy dejó caer otra vez su botella. María se inclinó hacia delante y vio que se había quedado dormido. A pesar de tener el pelo rojo de Nell, a María el niño le recordó a su hermano Peter cuando era pequeño. —¿Le ha contado alguien a Hallie lo de Sophie? —preguntó Nell. —Yo no, si es eso lo que quieres decir. — María se sintió de repente tensa. —Nosotros tampoco —dijo Nell—. Creo que alguien debería hacerlo porque Sophie necesita ayuda de verdad. —¿Por qué crees tú que Hallie se va a preocupar por eso? —preguntó María. Nell levantó la vista, alarmada por el tono amargo de María. —Porque es la madre de Sophie —dijo. María siempre había encontrado más fácil dejar correr sus sentimientos sobre Hallie que expresarlos con palabras. —Hallie no quiere ser una madre —dijo—. Lo que Hallie quería era hijos atractivos para poder parecer una madre atractiva. Y ahora que hemos crecido, sólo le interesa saber lo que podemos hacer por ella. —¡María...! —exclamó reprensora Nell. La propia Nell provenía de una familia conflictiva; sus padres se daban a la bebida, y ella había transferido su amor por ellos a los Dark, incluso antes de casarse con Peter. —Bueno, entonces contéstame a esto: ¿Cuándo fue la última vez que hizo de niñera con Andy? —Hace mucho tiempo. —¿Cuánto? —Creo que cuando él nació. Alrededor de un año. Ante la expresión satisfecha de María, Nell agitó la mano—. Pero ella no es ese tipo de abuela. Ya dejó bien claro desde un principio que no le gustaba hacer de niñera. —Bueno, pues tampoco es ese tipo de madre —dijo María. Y recordó cómo Hallie solía mirar al vacío o escuchar los discos de María Callas; lo más que Sophie o Peter podían esperar de Hallie era una larga reminiscencia de su propia infancia. —Escucha, María, parece como si estuvieras culpando a tu madre por los problemas de Sophie. —¡Oh, no es eso! —dijo María—. Lo que quiero decir es que ahora no deberíamos esperar mucha ayuda de ella. —No le debió resultar nada fácil cuidarse de tu padre. Él ya era viejo y

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estaba muy enfermo cuando vosotros erais pequeños. Y Hallie tampoco era muy mayor. —Eso es cierto —convino María. —¿Sabes una cosa? Peter siempre ha estado algo celoso por la forma en que tu madre quiere a Sophie. —Sophie es su favorita —dijo María. Pero cuando hubo pronunciado estas palabras, se dio cuenta de que carecían de verosimilitud. ¿Acaso la «favorita» no se beneficia de un amor extra? En lugar de querer a Sophie más que a los otros hijos, Hallie la había encarrilado por el camino del éxito. Primero llegaron las lecciones de piano, luego las de canto. «Haz que me sienta orgu-llosa de ti», solía decir Hallie cada vez que Sophie practicaba el piano o ensayaba para un concierto. Sin embargo, Hallie asistía raras veces a sus conciertos. Era como si no pudiera soportar ver a su segunda hija ocupando el centro del escenario. María recordó cierta ocasión, en el bachillerato, cuando Sophie iba a cantar dos solos en el concierto de primavera. —Causa furor, querida —le dijo Hallie a Sophie al besarla cuando esta salió de casa. —¿ Es que no vienes ? —preguntó Sophie. Ella ya sabía que Ha-Ilie no lo haría. Pero volvió a preguntarlo, como si quisiera dar una última oportunidad a Hallie. —Tengo un picor muy molesto en la garganta —dijo Hallie—. Me parece que he pillado un resfriado, y tendría que marcharme a mitad del espectáculo. María no había oído toser a Hallie en toda la primavera, pero no dijo nada. Se dio cuenta de lo decepcionada que estaba Sophie v no quiso empeorar las cosas. —Vamos, Sophie —dijo María—. Te espera el telón. —Mamá es una madre extraña y teatral —dijo Sophie en el roche—. Parece como si se fuera a morir si no hago esto, y luego ni siquiera viene a escucharme. Detengámonos un momento en los almacenes. —¿Para qué? —preguntó María. —Para comprar cigarrillos —dijo Sophie—. Quiero que se me ponga la voz lo más áspera y sexy posible. —¿De verdad? —preguntó Peter. Él era sumamente crédulo l>ara todo cuanto le decían sus hermanas. —Está bromeando —dijo María. —Nada de eso —dijo Sophie—. Quiero hacerme polvo la garganta. Lo digo en serio. Vamos...

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María no le contestó y siguió conduciendo. Y Sophie no insistió. Una hora después, sentada con Peter en el auditorio del colegio, María vio a Sophie salir al escenario. Hallie le había comprado un vestido blanco con encaje en el cuello y los puños... a María le pareció una novia, y a Peter un ángel. Sophie permaneció inmóvil bajo el foco, como si escudriñara la oscuridad. María se preguntó si estaría buscando a Hallie; o quizás estuviera adaptando los ojos a la luz deslumbrante. Luego, con una voz clara, pura, Sophie cantó «Somewhere» de «West Side Story». Al terminar la canción, las lágrimas corrieron por las mejillas de María. Sentada junto a Nell en el banco del parque, rememoró aquella canción de Sophie y sintió otra vez ganas ile llorar. —Sophie tiene problemas —dijo desolada—. No sé qué hacer. —Tenemos que comenzar por algún sitio —dijo Nell—. Creo que deberíamos contárselo a tu madre. Ella fue la única persona a quien le dije lo del aborto de Sophie, ¿te imaginas ? Traicioné la confianza de Sophie divulgando algo que además no era cierto. —¿Cómo lo tomó Hallie? —preguntó María. —Le ofendió que Sophie no se lo hubiese contado. Pero yo la hice prometer que no le diría a Sophie que lo sabía. —No debieras haber dicho nada si Sophie te lo pidió —dijo María. Y de repente deseó ver a su madre. La reacción egoísta de Hallie despertó los proverbiales sentimientos protectores de María respecto a Sophie. Era típico de Hallie el aprovechar la desgracia de Sophie para sentirse menospreciada—. De acuerdo —dijo—. Vayamos a ver a mi madre. —Cuando yo era una criatura minúscula —explicó Hallie—, mi padre decía que yo correría entre los macizos de flores y acabaría mareándome con el olor de todas esas dalias. —Estaba ante el fregadero de la cocina preparando unos narcisos y lirios en un jarrón de cristal tallado. Se los había enviado el señor Porter. Ella adoraba las flores de tallo largo. María observó que le desagradaba la desproporción entre los elegantes lirios y los narcisos relativamente rechonchos. Pero no se decidió a cortar los tallos de los lirios. —Debes de haber sido muy mona —dijo Nell con un toque de ironía. María sabía que Nell adoraba a Hallie. Cuando eran niños, María, Sophie y Peter ya supieron lo de los padres de Nell. Los Draper siempre habían estado sobrios durante el día, y María y Sophie tuvieron celos de Nell por tener una madre que hacía sué-ters y bollos y les enseñaba cómo arreglarse el pelo con cerveza y mahonesa. María pensaba que posiblemente Nell había sentido celos de ella por el aspecto de actriz cinematográfica de su madre, lo romántico de su viudedad, su enorme casa en el Bell Stream y su

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despreocupación por todas las cuestiones domésticas que la hacían parecer una mujer moderna más que una madre. —Mi padre decía que yo apenas era más alta que las flores, y le gustaba observar mi pequeña cabeza oscura moviéndose a través del jardín. —Hallie hizo una pausa, se aclaró la garganta y dirigió una mirada significativa a María —. María, he oído decir que ahora das paseos en barco —dijo. —Sólo he dado uno —dijo desconcertada María. El tono de Hallie fue extremadamente desaprobador. —Recuerda que esto es una ciudad pequeña y que tú eres la divorciada peligrosa. No querrás que todo el mundo empiece a murmurar. —¿Porque Duncan Murdoch me llevó a dar un paseo en barco? ¿Quién te lo dijo? —Ginger Talisker estaba fisgoneando en Lovecraft, y te vio subir a bordo de esa embarcación y salir disparada. Supongo que ya sabes que él está casado. —Sí, ya lo sé —dijo María, poniéndose a la defensiva. —Es un matrimonio inestable —terció Nell—. Alicia le contó una vez a Sophie que pensaban divorciarse. —No sabía nada —dijo María. La noticia le causó tanto placer que se dio cuenta de lo mucho que le gustaba aquel hombre. Pero se preguntó por qué no se lo habría dicho Duncan. —Te lo voy a repetir —dijo Hallie—. Ésta es una ciudad pequeña y a la gente le encanta ese tipo de cosas. Puedes tener la seguridad de que Ginger se lo ha contado ya a cinco o seis personas, y muy pronto todas te pondrán en la cama con él. Mucha gente se alegraría de que dañaras tu reputación y destrozaras a los Dark. Supongo que sabes lo que quiero decir, ¿no? —No te preocupes —dijo María—. Cuando le haya comprado una embarcación no volveré a empañar la puerta de Duncan Murdoch. —De acuerdo —dijo Hallie—. Además él no es tu tipo. —Queremos hablarte de Sophie —dijo María con aspereza. Se dio cuenta que su madre se refería a Aldo o alguien parecido al decir lo de «tu tipo»: afable, famoso, competente, alguien que diera lustre y distinción a los Dark. No una ama de casa como Nell ni un ferretero como Gordon. Porque aunque Nell se creyera aceptada, así era como Hallie veía a los cónyuges de sus hijos, aunque Gordon se hubiera licenciado en Princeton. —¿Qué sucede con Sophie? —preguntó Hallie frunciendo el ceño. —Gordon la maltrata. Yo lo vi. —Sabiendo lo aficionada que era Hallie a ver las cosas no como eran sino como ella deseaba que fueran, María habló

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sin rodeos. —Eso es ridículo. ¿Qué es lo que viste? María sintió una ternura repentina por su madre. —Será mejor que te sientes —dijo. Nell cogió del brazo a Hallie y la condujo hasta la mesa de la cocina. Las tres tomaron asiento formando un semicírculo; Andy se puso a jugar en el suelo—. Sucedió después de cenar la otra noche... cuando todos nos reunimos en su casa —dijo María—. Yo volví allí más tarde... el motivo no tiene importancia. Los dos estaban en el dormitorio. Gor-don hablaba del funeral de ella, de esparcir sus cenizas. Y le había atado una cuerda alrededor del cuello. Hallie sacudió con violencia la cabeza sin querer levantar la vista. —¡Eso no es asunto nuestro! —dijo—. Los juegos que las parejas quieran hacer en sus alcobas, no nos atañen. María quiso cogerle la mano, pero Hallie la retiró. —Vi las contusiones, mamá. —Gordon no haría eso —dijo Hallie. —¿Has visto últimamente a Sophie sin un cuello de tortuga o una bufanda? —preguntó Nell con un tono tan melifluo como el de un director de pompas fúnebres o de una monja. —Ayer mismo estuve con ella de compras. Lo pasamos muy bien en Blackwood, curioseando por las tiendas y después comiendo —dijo Hallie, eludiendo la pregunta. —Estoy preocupada por Flo y Simón —dijo María—. La semana pasada Sophie se comportó de una forma horrible con Flo en la biblioteca. Y los dos niños vieron lo que sucedió la otra noche. —Gordon es un yerno maravilloso —dijo Hallie—. Él no haría una cosa semejante. No un padre maravilloso ni un marido maravilloso sino un yerno maravilloso, pensó María, aborreciendo a su madre. Antes que acudir en ayuda de Sophie, ella preferiría preservar la imagen de los Littlefield (una rama de los Dark después de todo) como una familia dichosa. —¿Es que no ves lo que él le está haciendo? La está destrozando. Sophie no volverá a ser nunca la misma después de esto. Terminará muerta... o como un zombie. Es ya un zombie. Miente y roba para comprarle caviar. No le interesa nada que no sea complacer a Gordon. —No puedes ni imaginarte lo bueno que fue Gordon después del aborto —dijo Hallie con voz quebrada—. Él la ayudó a pasar el terrible trago, y luego

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fue todo líneas y sombras. y luego se descompuso de nuevo. llenos de desesperación. Yo me la imaginaba en el Metropolitan cantando «Lucia di Lammermoor». Me pediste que no lo hiciera. —Ella le defenderá hasta la muerte —dijo Hallie alzando la cabeza. Podría haber sido una gran cantante. Sophie se inventó toda la historia. Lo que se me daba mejor era las canciones de moda. Pues bueno. dejará de hablarme — dijo Hallie—. Éste será el año en que mi madre se hará vieja. Sin embargo enmudeció. pero yo le dije a Sophie que lo sabía. mamá —dijo María cogiéndola por el brazo—. —Tenía tanto talento. —¿Por qué hará eso? —preguntó Nell. —Que el bebé era una niña. Nell. Y gracias a Dios que lo hice. —Su rostro se iluminó unos instantes con el recuerdo. qué? —preguntó Nell. —¿Qué podemos hacer? —preguntó María a Nell.. porque si no ella no me hubiera contado jamás que.cogió al bebé ensangrentado y lo llevó afuera para enterrarlo en el jardín. Muchas noches. —dijo Hallie sin la menor expresión—. desde luego. —Escucha. Hallie empezó a vislumbrar la verdad. y María se preguntó si Sophie le habría dicho que se proponían llamar Nell al bebé. Aunque. En cierta ocasión hice algún comentario sobre sus bermudas. Pensaban llamarla Hallie. pensó María desviando la mirada. —Hablar con Sophie. Yo expresé mi condolencia a Gordon y éste dijo que no sabía nada del aborto. yo cantaba para Malcom. —No contesta a mis llamadas —dijo María. —empezó a decir Nell. no fuera operística. frunciendo el ceño. —Cuando le diga que me he enterado de todo. Lo siento. que me parecían demasiado largos. como yo.. —Pero. Así fue como comenzó todo. —Lo sé —dijo María. me pasé las dos semanas siguientes intentando volver a congraciarme con ella. Apoyó la cabeza sobre la mesa y dejó escapar un leve gemido. cuando los niños os quedabais dormidos.. Nunca ha podido sufrir las críticas contra Gordon. —¿Contado.. Su rostro pareció envejecer. — Hallie rompió en sollozos—... y ésa es la razón de que yo volviera a su casa. María pudo percibirlo en sus ojos. ~81~ . No hubo tal aborto. —Yo tampoco tenía mala voz —continuó Hallie—.

considerando que estaba a punto de perder una hija y era difícil imaginar cómo se sentiría. pero de todas formas besó a su madre y le dio un abrazo tan apretado como ella lo permitiría. —Me temo que Sophie les esté haciendo daño —dijo muy lentamente María—.. No en términos físicos.Ninguna dijo nada. Las tres permanecieron mudas e incapaces de consolarse unas a otras.. Aun suponiendo que él no les haga daño. —No puedo seguir escuchando. Hallie se tapó los oídos. ~82~ . ¡ni una palabra más! —dijo. El ceño de Hallie. María pensó que esa actitud de Hallie era tiránica e imperiosa. Y su voz se hizo un murmullo. —Puede que incluso su proceder no sea intencionado —dijo Nell. María se preguntó por qué Sophie habría puesto tanto empeño en el mito sobre la perfección de su marido. —Tal vez les esté traspasando lo que se le hace a ella. y su postura súbitamente rígida. no lo olvides —dijo. ¿cómo no va a afectarles esto para el resto de sus vidas? —Los niños son muy resistentes. indicaron a María y a Nell que quería quedarse sola. pero sí psicológicos. dando una muestra de su natural optimismo. —Me preocupan mucho esos niños —dijo Nell—.

. Sophie lo sentirá mucho —dijo Hallie—. Telefoneó a Hallie.. pero tras una inspección más cuidadosa.. María no se sintió con fuerzas para refutarlo.. resultó ser una invitación para la fiesta del quincuagésimo aniversario de los padres de Gordon. más segura estoy de que te equivocas.. ella y Gwen están poco unidas. Pero eso es precisamente lo que intenté decirte al hablar de Duncan Murdoch: eres la encantadora divorciada. —Sí —dijo María. —Supongo que no dirías nada a Sophie de lo que te conté. Gwen siempre cree que es culpa de Sophie. —¿Has recibido una invitación? —preguntó Hallie sin darle tiempo a hablar. —dijo María con sequedad. —Bueno. Me dijo que andabas rondando por Kathy's con la esperanza de desayunar en su compañía —dijo Hallie con un tono de desaprobación que enfureció a María. no la creo. ella asegura que has estado persiguiendo a Gordon. A veces me gustaría darle un mamporro. Incluso tu propia hermana está expuesta a interpretarlo mal. Y cuanto más pienso en ello. ~83~ . Ed y Gwen Littlefield iban a celebrarlo el siguiente sábado en el Masonic Temple.. Había una nota personal con la letra inclinada de Gwen: «¡Ahora que has vuelto de tierras lejanas. —¿Por qué no quiere Sophie que se me invite? ¿Qué te dijo? —A decir verdad. —No. —Imagino que no creerás semejante cosa. Ella había pedido a Gwen que no te invitara. Ella sabía muy bien lo que Hallie estaba haciendo: le resultaba más fácil tomar a María por una secuestradora de maridos que aceptar que Sophie estaba complicada con Gordon en algo terrible. A Sophie le resultó muy duro decírselo... y Sophie no quiere que se divulgue que está teniendo conflictos con su familia. pero ya se habían enviado las invitaciones. —No. la tarjeta impresa con globos de los siete colores primarios y las palabras ¡LO HEMOS CONSEGUIDO!. y la gente va a murmurar. no le dije nada. confío que no te pierdas esta ocasión tan especial de la familia!» María se preguntó si la pulla era intencionada por haberse perdido antes la boda de Sophie y Gordon.CAPÍTULO XI Al principio María pensó que se trataría de un artilugio publicitario.

sus restaurantes. Incluso en días laborables. pendientes. dejando ver una red de venas rojas hasta su garganta negra. Pasó ante las casas blancas de los capitanes mercantes. Podría haberle comprado un dije o la figurita de una llama a Anselmo Ramis. María pensó en la pintura «El alarido» que representaba la cabeza inmensa de un bebé con la boca desdentada abierta de par en par. lo que se vería si ella se arrancara la máscara. Todo cuanto hay entre vosotras es falso. y entonces ella no tendrá a nadie con quien hablar. En lugar de un objeto de oro. Ahora la ciudad era famosa por su hotel Victoriano. Así no le haces ningún favor. Blackwood estaba atestada de turistas que prolongaban el fin de semana y veraneantes que aprovechaban los precios del hotel fuera de temporada. ¿Cómo puede ayudarle esa confrontación? Sólo servirá para indisponerla. —Suponiendo que lo que me has dicho sea cierto —dijo Hallie con voz fatigada—. Por el bien de Sophie. —Creo que cometes un error al no confrontar a Sophie con lo que sabes. Pienso ir.—¿Han invitado a Peter y a Nell? —Ella no los mencionó. —¡Dios mío! —exclamó Hallie. sus tiendas de antigüedades y galerías de arte alineadas a lo largo de Main Street. Hatuquitit sólo tenía una joyería. Sophie había representado durante tanto tiempo el papel de esposa y madre dichosa que cuando la gente le hacía preguntas. y esposa devota de Gordon. alfileres en forma de flores y con perlas en el centro. María sabía que el oro era el regalo más apropiado para un aniversario de boda. Además. —Creo que no deberías asistir a esa fiesta —dijo Hallie—. era caro. separadas por ~84~ . Encontrarlo en Perú no habría representado problema alguno. al norte del centro comercial. sin fondo. Se dirigió con el coche a Blackwood. Ella necesita ayuda. a principios de la primavera. María se preguntó lo que sería verdaderamente Sophie. No creo que eso pueda ayudarla. María aparcó en Crooked Street. —¿Por qué? ¿Para que ella siga haciendo teatro? —preguntó María—. María decidió regalar a los padres de Gordon una acuarela. palo de rosa y teca que los capitanes mercantes traían a Connecticut desde el Extremo Oriente. ella respondía con arreglo a este papel: madre adoradora de sus hijos. Después de todo. le hubiera gustado decir a su madre. ni Peter ni Nell han visto nada. conocida antaño como importante centro maderero de caoba. pensó María. el orfebre local. y las piezas de oro que se vendían en ella estaban hechas en serie y eran poco originales: amuletos para colegiales.

¿Tiene usted más cosas chavín? —¿Chavín? —Bueno. ~85~ . y con su aspecto actual. —Permítame ayudarla —dijo una voz femenina. Sus escaparates estaban llenos de tótems.setos privados. según recordó ella. verdaderamente encantadoras —dijo la mujer señalando una larga vitrina adosada a la pared. peruanas —dijo María sin querer entrar en explicaciones. María caminó despacio por aquel espacio oscuro y abigarrado. todo parecía importado de la India. Aquello le pareció un golpe de buena suerte. un poco perpleja porque acababa de descubrir una placa representando al principal dios chavín: una criatura colmilluda de aspecto humano que servía como custodio de la armonía cósmica. —Sí.. una chica de su edad que había navegado con el equipo de Balckwood High. Méjico y Perú. María dio media vuelta esperando dar con una mujer envuelta en muselina. Todo aquello le pareció demasiado pintoresco y melancólico para los padres de Gordon quienes. La larga uña carmesí de la mujer recorrió la silueta de la figura hasta los colmillos. María se sintió etérea. Gale Parsons. sutil maquillaje de ojos. eran decididamente modernistas y contemporáneos. Filipinas. gracias —contestó María. una rareza en Blackwood. en los días del comercio de madera. Unas campanillas tintinearon cuando abrió la puerta. Jacintos y narcisos rodeaban unos árboles plantados en la acera. pelo rubio lacado.. —Lo es —convino María—. y decidió comprarlo para los Littlefield. ¿verdad? —dijo la vendedora cuando María colocó la placa sobre el mostrador. —Es espléndido. peces tallados en madera. palmatorias de estaño prensado. suéter carmesí y falda larga caqui. María recordó que el padre de Gale había sido el propietario de Blackwood Motors y había vendido el Mustang a Malcolm. vivía en una de ellas. El estar comprando un regalo de aniversario para los padres de Gordon le causó una sensación irreal pero agradable. Las ventanas de Gale tenían cortinas de damasco. María visitó una nueva tienda. El letrero decía CABO DE BUENA ESPERANZA y mostraba una goleta dando caza a una ballena blanca. una pegatina en la puerta proclamaba que la propiedad estaba protegida por Alert Security. Pero la mujer parecía recién salida del Blackwood Garden Club. joyas indias y esterillas para el rezo mahometano. inspeccionando objetos. —En la vitrina tenemos algunas cosas suramericanas de oro. como aquella vez que mascó hojas de coca con Carmen Puna. Visitó galerías especializadas en marinas o pinturas representando una misma escena en épocas diferentes de la historia: la Main Street de Blackwood antes de la colonización.

Pudo ver cuentas de lapislázuli. no puedo revelárselo —dijo—. las joyas de la abuela Dark. la dueña escrutó la vitrina. como si María hubiese eructado en una cena de gala. me la vendió ella. —Lo siento. —Dos mil dólares —dijo la mujer—. dio las gracias a la mujer y se encaminó hacia la puerta. —Sí. una sortija con topacio. Su tienda estaba en una polvorienta calle a espaldas de la maciza iglesia colonial española. Sin decírselo a Aldo. Al salir echó una ojeada a la vitrina. pero sin querer inspeccionó la vitrina buscando el cucharón de Hallie.María no tuvo la menor intención de pagar el oro a precio estadounidense por mucho que necesitara un obsequio de aniversario. —A decir verdad. —¿Sabe usted dónde la adquirió? —preguntó María con el corazón latiendo descompasado. no lo sé. Es precolombina. —¿Cómo se llama esa señora? —preguntó. bajo un minúsculo reflector. Anselmo administraba un mercado negro unipersonal. Recordó habérsela comprado a Anselmo Ramis. —¿Cuánto cuesta? —preguntó. A María le producía un dolor casi insufrible ponerse a buscar otras cosas estupendas. Con el propósito de preservar los pocos sepulcros todavía intactos. La vendedora soltó una risa nerviosa. Probablemente fue ~86~ . medios dólares de Kennedy. cualquier cosa que le resultara familiar. —¿Dónde adquirió esto usted? —preguntó a la dueña del CABO DE BUENA ESPERANZA. —Ah. ella le había visitado un día después de la compra en el mercado. Es exquisita. collares de plata y. de una dienta —dijo—. Aunque María desaprobara las activides de Anselmo como perista. la diosa chavín de oro que María había regalado a Sophie. ella le había encargado que modelara la pequeña diosa para Sophie. Bordeando el mostrador para ver a qué objeto se refería. Durante unos segundos María miró fijamente la diosa. apreciaba sus dotes como orfebre. Extendió un cheque por la placa. Debe de ser una coleccionista pues a menudo me trae cosas estupendas. Eso es confidencial. Aldo azuzaba constantemente a la policía para que detuviera a Anselmo. ¿verdad? —¿Se la vendió ella? —preguntó María. comprando objetos chavín a los ladrones de tumbas y vendiéndoselos a los coleccionistas de Estados Unidos y Europa que establecían contacto con él. La estatuilla relució bajo el reflector.

María había pagado a Anselmo Ramis el equivalente de trescientos dólares estadounidenses. ~87~ . A decir verdad. Dio las gracias a la mujer y salió de la tienda. debería estar en un museo. —Demasiado para mí —dijo.hecha en Bolivia hace novecientos años.

Le había prendido un águila coronada de oro batido. si te sirve de consuelo te diré que ella ha estado muy fría conmigo y abiertamente grosera con Nell. Sophie habrá obtenido por lo menos seiscientos —dijo Peter. un quinteto formado por amigotes de Ed. A María le recordó las prendas que Sophie y Nell llamaran «vestidos de viejas damas». ~88~ .. La Porch Swing. Ella y Julián se reunieron con Peter y María. haciéndolos parecer muy pálidos. Esa era la alusión más directa que se permitía Peter en asuntos de importancia emocional. Gwen se puso de pie junto a su mesa llorando de alegría. y María se sintió conmovida por su tono afable. cuando eran muy jóvenes. Le dejaba los hombros al aire. hecho con una generosa cantidad de tejido lleno de abalorios. —Eso no me sirve de consuelo —dijo María. cuando lo compró con Aldo en la rué du Faubourg St. El vestido de Sophie. tocaba música de los años cuarenta. y era su favorito a pesar de los recuerdos agridulces que le traía de días lejanos. —Ella pasa de ti. que fumaba en su mesa y parecía algo mohína excepto cuando el director de orquesta atacó «I am. María observó a Gwen. ¿verdad? —preguntó Peter. intercalando alguna melodía de Neil Diamond. Gwen saltó de su asiento y arrastró a Ed hasta la pista de baile. I said» y «Forever en Blue Jeans». —Ese vestido ha costado unos seiscientos dólares —dijo María observando el arco iris que proyectaban los abalorios bajo las luces veladas. —Ni siquiera me mira. Cuando la orquesta interpretó «Sweet Caroli-ne». En ambas ocasiones. debía de haber costado una pequeña fortuna. —Si la estatuilla está en venta por dos mil dólares. —Bueno. que había llevado a Andy al cuarto de baño. Los Littlefield habían llenado el Masonic Temple con todos sus amigos y familiares. que había comprado a Anselmo Ramis el mismo día en que eligiera la diosa. con el cantante diciendo «Gwendolyn» en vez de «Caroline». Ella llevaba un vestido negro de lana suave ceñido.. Honoré.CAPÍTULO XII —¿Es eso lo que ella hizo con el dinero? —preguntó María a Peter mientras observaba a Sophie bailando con Gordon. Peter siguió girando la cabeza para localizar a Nell. —¡Qué espectáculo! —murmuró Hallie.

. Voy a traer algo de bebida para tu madre. los colores del club—. Le sujetó las dos manos y las retuvo hasta que ella se volvió hacia María. —Tengo un problema con los juanetes —aclaró—. seguro —dijo Julián contagiado a todas luces por Hallie. María desvió la mirada de Gwen hacia Sophie. Fue como si. —Supongo que en los trópicos no tienen el sonido de las grandes orquestas —dijo "Julián mientras manoseaba los botones de su smoking azul.—Gwen está disfrutando lo suyo —dijo María a sabiendas de que su madre se sentía disgustada porque. por una vez. —¡Bah. que realzaba su bonita figura. —Ruedas pinchadas —dijo. ¿cómo has dicho? —preguntó María. María dirigió la mirada hacia su alto cuello. —Seguro que les habría gustado. No puedo bailar. Peter —dijo Hallie alargando la mano—. El vestido de Sophie semejaba algo que hubiera llevado Olivia de Havilland en los Osear. Julián se mantuvo pegado a Hallie. Gwen vistiera como la mujer joven. Eran unos botones de latón con una versión esmaltada del gallardete del Yatch Club de Hatuquitit. —La única razón de que toquen esas anticuallas es porque Gwen cree que todos olvidaremos que ella tiene la misma edad que el resto de nosotros. —¡Cuánto les habría gustado a Malcolm y a Elizabeth estas viejas canciones! —le dijo Hallie cogiéndole las manos y mirándole a los ojos. ella no era el centro de la atención general. con una inmensa sonrisa en su rostro. pero al preguntarse lo que ocultaría ese cuello miró hacia otro lado. no tiene importancia! Hace tanto tiempo que no bailo que lo he olvidado. hizo una reverencia y condujo a Hallie a la pista.. Julián lanzó a María una mirada de disculpa. ¿Quieres que te traiga algo a ti también? ~89~ . María reprimió una carcajada y se limitó a sonreír. cuya cabeza descansaba sobre el hombro de Gordon mientras ambos miraban con evidente adoración a Gwen. y Sophie como la matrona. —Vamos. Baila con tu anciana madre. —Perdón. ¡Fíjate en su ropa! —dijo Hallie chascando la lengua y pareciendo más regia que nunca con su excelente vestido Chanel. Luego ajustó el pañuelo del bolsillo. por una noche. Gwen llevaba un ajustado modelo de terciopelo color espliego hasta el suelo. azul y blanco. aunque revolotee por ahí como una adolescente. Peter sonrió.

¿verdad? ~90~ . ¿ Era posible que Flo hubiese crecido tanto desde la última vez que la había visto? —¡Pareces por lo menos una pulgada más alta! —exclamó. muy hermosa —dijo María algo dubitativa. Flo llevaba un vestido carmesí. María apenas oyó su voz por encima de la música. El abrazo de María pareció haber servido para eliminar toda actitud ceremoniosa—. Sólo he podido venir yo.. Hubiera dado cualquier cosa porque Sophie lo hubiese escuchado. —Se están deshaciendo. deshaciendo. con las manos unidas. ¿No es hora ya de iros a la cama? —Sí —dijo Flo muy inquieta. tía María —dijo Flo con tono solemne. Estaba a varios pies de distancia. Te he echado mucho de menos —añadió. María no quiso averiguar el porqué. —Yo también. No sabía que tú y Simón estuvierais aquí esta noche. Las trenzas habían desaparecido. gracias —dijo María. —Tu mamá está. —Sé que te gusta —dijo Flo. Pero se entristeció al instante al recordar que Sophie no había querido verla en la fiesta. —Hola. en cualquier caso. Se preguntó cómo habría explicado Sophie a Flo el hecho de que ya no vieran a María. Pero Simón ha tenido que quedarse en casa. —Mucho —dijo María. —Mucho. Los finos calcetines blancos contrastaban con los zapatos de charol negro. — Flo siguió con la mirada las evoluciones de sus padres sobre la pista de baile. y ahora los rizos se estaban deshaciendo. —Es simpático —dijo María con cautela. pero su imagen la sorprendió.—No. encantada con su galantería. —Tienes unos rizos muy bonitos —dijo María.. son muy bonitos —dijo María sin querer entrar en puntualizaciones—. que María tomó al principio por magulladuras pero pronto comprendió que eran ojeras por falta de sueño. La niña tenía pequeños semicírculos morados bajo los ojos. —Bueno. Sophie había usado tenacillas para rizar el pelo de Flo. —¿Crees que papá es guapo? —preguntó Flo con más ansiedad que de costumbre. con lazos blancos cubriendo los botones. agachándose para abrazarla—. —¿Quieres decir cayendo? —No. con la frente fruncida por la preocupación. Flo se los tocaba sin cesar.

La viva imagen de su padre. La hija de Gordon. Él acostumbraba a jugar a las cartas con Ed los jueves. son unos mierdas. La pareja se despidió. Pero a ratos miraba nerviosa ~91~ . Ésta casi dio la espalda a María. Siempre he dicho que muchas madres tienen gemas pero yo poseo una verdadera joya. —Gordon es así —dijo radiante Gwen—. Mamá dijo que sólo podría venir uno de los dos. Gwen —dijo Flo. y María pensó que la mujer estaba exagerando un poco el toque juvenil. ¿Es así como llamas a tu abuela? —Por supuesto —dijo Gwen. —Te juro que no puedo recordar sus nombres —dijo—. Flo. como si quisiera arrastrar consigo a Flo. Gwen encendió un cigarrillo y observó cómo se alejaban. ¿Tad y Helen? ¿O es Dora? Bueno. —Es una monada —dijo Gwen. que permaneció inmutable—. Sí. y sonrió a Gwen.. Gwen se pasó la mano por su escurrida cadera izquierda. con una pose de indiferencia. —El otro día pasé por la tienda de Gordon —dijo el hombre—. qué importa. ¿Es tu nieta? —Sí. Tenían una hija que estaba loca por Gordon. —¡Qué niña tan guapa! —dijo la mujer—. y pareció como satisfecha de que María hubiese contestado a todas sus preguntas. Administra bien el negocio de su padre. —Celebro que pudieras venir. retuvo la mano de Flo y se echó hacia atrás. apartándose de María. —Eso es lo que dice mamá —dijo Flo.—Bueno. María —dijo Gwen acariciando la cabeza de Flo. —¡Flo! —exclamó riendo María. tu papá me gusta mucho. y él no le daba ni la hora. Vio a Sophie en mitad del salón. Hola. —El tono de Gwen fue frío.. —¿Por qué no ha podido venir Simón? —inquirió María. —Hola. el que fuese el mejor. —Es una astilla del viejo tronco —dijo el hombre—.. —Porque yo fui la mejor esta semana —contestó Flo con una sonrisa de orgullo—. —Feliz aniversario. —Me gustan tus pendientes. Una pareja a la que María había visto por la ciudad se detuvo para felicitar a Gwen. Gwen —dijo María. él está casado con tu mamá. Me dio un precio muy aceptable para una podadora Black & Decker porque sabe que tengo amistad contigo y con Ed. y yo quiero a tu mamá.

Gwen desfilaba desde el dormitorio al cuarto de baño en ropa interior de encaje y que Gordon silbaba a su paso. No se le ocurrió ninguna respuesta oportuna para Gwen. —¡Mamá no es un monstruo! —exclamó Flo. ella tiende a hacer una montaña de nada —prosiguió Gwen como si no hubiese oído a Flo—. La proximidad de Sophie hizo temblar a María. quiso decirle tantas cosas que se ahogó. la mujer la mandaría a paseo. En cierta ocasión Sophie le confesó toda llorosa que cada vez que Gordon visitaba a sus padres. ¿verdad. Cuando Ed llevaba la tienda. Parecía muy nerviosa y empezó a temblarle la barbilla. —Así que tú y tu hermana os habéis enfadado —dijo Gwen con un tono tan afable que sorprendió a María. Sophie? —preguntó María sin apartar la vista de ella. —¡Mamá! —exclamó sollozando Flo en cuanto oyó la voz de Sophie. enlazando por la cintura a Gwen y Sophie. Gwen y Flo como si se preguntara lo que estarían hablando. —Hola. mamá? —preguntó quejumbrosa Flo. y Sophie la apartó de María. Sophie fulminó a María con la mirada. y Gwen no dijo nada para aclarar la situación y sacar de apuros a María. ¿Puedo hablar contigo. si no se andaba con cuidado. Sophie nunca ha entendido eso. —En mi opinión. —Tranquilízate —dijo Sophie palmoteando la espalda de su hija—. —¿Qué te sucede. Así que no pienses que digo esto con malicia. —Sí. —Yo quiero a Sophie como si fuera mi propia hija —dijo Gwen sin rodeos—. De hecho la he visto transformarse un par de veces en un monstruo de ojos verdes que me mira con fijeza. ¿Qué ha ocurrido? —No eres un monstruo. cariño? —preguntó Sophie con tono glacial. Luego cosquilleó la nariz de Flo—. Luego le tendió los brazos. —Yo no he dicho eso —dijo muy tranquila María. no lo es —dijo María levantándola del suelo. María. ~92~ . —¡Aquí están mis chicas! —exclamó Ed. Ed las veía venir y flirteaba un poco. apareciendo por detrás de ellas. —¿Está celosa mamá? —preguntó Flo. —No. entraban muchas mujeres para pedir cosas estúpidas que sus maridos no podrían utilizar jamás.hacia María. Pero creo que si ella perdiera algo de peso tendría menos celos. lo justo para mantener su negocio. Hola. Ed.

Ticky! —vociferó—. —¿Has comido bien. —No le llames Ticky —dijo Gwen sin perder la calma.! —exclamó Ed con ironía—. aliada con Sophie contra Ed. Ticky! —exclamó riendo Ed—. La presencia de Gordon produjo un cambio en su actitud. radiante. Se mantuvo inmóvil mirando al vacío por encima de la cabeza de Flo. Ticky siempre ha sido propenso a embaucar a este tipo de clientes. Por lo menos he comido una tonelada.. Éste llevaba un traje de poliéster marrón y una corbata ancha estampada con diminutos cruceros. hoy te he pillado holgazaneando —dijo Ed. Díselo. Si se hubiese pedido a María que describiera el aura de Gwen. ¿Dónde está? Hoy le sorprendí holgazaneando en la tienda. Comprendió que si se amilanaba. Pero Sophie no contestó. pero se mantuvo erguida. ~93~ . El gran hombre de Princeton. Sophie lo interpretaría como que admitía su culpa. el gran hombre. como un muchacho que ha sido sorprendido en falta. Ésta se estremeció bajo su mirada. Sophie y Gwen endurecieron sus expresiones pero ninguna dijo nada—.. María se sintió atónita al oír que el padre de Gordon le llamaba vago y Ticky. ¡Ven aquí y baila con tu mujer! Gordon se aproximó sumiso. Ed alzó un brazo. Clientela de club de campo... Cuando descubrió a su hijo al otro lado de la pista. En fin. con los anchos hombros caídos. mirando todavía fijamente a María. En otras circunstancias María habría susurrado a Sophie. —¡Ticky. Son los que más me gustan. ¿dónde diablos está? —¿Se refiere a papá? —preguntó Flo—. Papá estuvo en Princeton. —También son mis preferidos —dijo Gwen. —Ticky. ¿Has probado esos pequeños kielbasas? —¿Los de la salsa de barbacoa? —preguntó Gordon—. Sophie. y que Sophie y Gwen se mostraban incapaces de defenderle.. cariño? —le preguntó Gwen—. —Earl está construyendo una casa —dijo Sophie con un tono tan digno que a María le recordó Hallie. Cada vez que paso por la tienda le encuentro dándole a la sin hueso con Earl Marsden. Se mostró animosa. —¿Dónde está ese vago? —preguntó Ed. Se sintió orgullosa a pesar suyo.. Ticky. pero Gordon abrazó a su madre. Está hecho un vago. padres —dijo. —Estupenda fiesta.Sophie negó con la cabeza. sólo tuvo ojos para ellos. ella habría empleado la palabra «reverente». Sonrió a sus padres. «tejido experimental». Sophie se inclinó hacia él. —¡Eh. —¡Earl Marsden.

«garrapata». frunciendo el entrecejo como si intentara recordar dónde habría podido ser—.. papá —dijo Gordon. Un gran bateador. Y no sirve a tiempo. papá —contestó Gordon. Sólo he estado allí dos veces. ¿Qué hace ahora? ¿Anunciar para la White Sox? —Creo que sí —dijo Gordon. Eso es todo lo que voy a decirte. ¿Verdad. —Me encanta Chicago —intervino María con la esperanza de cambiar de tema de conversación—. Sólo es un buen jugador de béisbol. —Tienen un nuevo proveedor. Ticky? —Sí. sintió deseos de coger a Sophie y a Flo y llevarlas lejos para que no tuvieran que presenciar cómo le humillaban y ahorrarle a él la humillación de que lo vieran. —¡Ah. María puso el oído. —¿Por qué Ed llama Ticky a papá? —preguntó Flo. (N. Se le puso la cara roja y las venas de las sienes se le hincharon. ¿Quién inventó el apodo? ¿Paulie Conklin? —Creo que fue Paulie —dijo Gordon. —El compañero de Gordon está anunciando allí el béisbol —la interrumpió Ed—. ahora está en la radio. 1 Tick. Es lo que piden los clientes. Cuando tenía diez años se le agarró al cuello una garrapata enorme y fea.. con la nuez moviéndosele arriba y abajo—. Estoy intentando cerrar un trato con Dutch Boy.. Después de jugar como profesional. Ticky. pero.. He estado todo el día muy ocupado. del T. —Paulie Conklin —dijo Ed—. María se sintió avergonzada y violenta al escuchar el horrible episodio de la familia Littlefield. tú y tus grandes operaciones! —dijo Ed gesticulando—. ¿Por lo de tic-tac? —No. creo que fue tres sesenta —dijo Gordon repitiendo como un idiota todo cuanto decía su padre. Realmente es una gran operación. poniendo las manos como palas en las mejillas de Sophie—. La primavera pasada vino a Hatuquitit para inaugurar el nuevo campo. En cambio Sophie estaba pálida y a un millón de millas de distancia. —No me extraña que se hiciera profesional —dijo Ed—.—No puede ser. papá —respondió muy serio Gordon. ¿Qué tiene de malo Cover-Brite? Siempre hemos tenido Cover-Brite. Él no tiene ninguna licenciatura de Prince-ton. tú y tus grandes operaciones.) ~94~ . Se acumulan los pedidos pero no tengo el stock necesario. —¡Dutch Boy! —exclamó Ed—. Porque una vez le mordió una garrapata 1 —dijo Ed—. Paulie no tiene nada especial. le pareció que Sophie tarareaba por lo bajo. A pesar de sus sentimientos hacia Gordon. ¿Qué te bateó en tu año de licenciatura? ¿Tres sesenta? —Sí.

hijo —dijo Ed—. al tararear. —¡Oh. Así ella hubiera podido rebajar un poco ese peso. a la complacencia de Sophie después de lo que Ed había dicho. ¿Qué te parece. pero pensó en lo que sucedería más tarde. ¡Otra oportunidad para bailar con mi marido! María no daba crédito a semejante transformación.—Baila con tu mujer. María se alejó de ellos sin volver la vista atrás. y Peter con Nell y Andy. Atravesó la puerta y salió a la clara noche de primavera a respirar aire fresco. Se preguntó qué haría Gordon. cariño? —Separó a Flo de Sophie. Ed! —dijo efusiva—. —Lástima que no sea un baile movido —dijo Ed—. y ésta le miró radiante. gracias. Parecía como si Sophie. Al otro lado de la pista estaban Hallie con Julián. el color de su piel. Todas sus miradas confluyeron en Sophie. y sabía que ese alguien iba a ser Sophie. Ella había visto el dolor en sus ojos. Sabía que alguien debería pagar por lo que Ed le había hecho. ~95~ . cuando Gordon y Sophie llegaran a casa. Gordon cogió de la mano a Sophie y la condujo entre las parejas. La orquesta estaba tocando «Moon River». sin besar siquiera a Flo. Mamá y yo nos cuidaremos de Flo. Sin darse cuenta empezó a tararear «Moon River». se hubiera olvidado de todo salvo del ofrecimiento de Ed para hacer de niñera.

El agua fría de mar le entumeció los pies. la piedra se extraía en Massachusetts o el Nueva York oriental. saltó por la borda con agua hasta la rodilla y arrastró la proa hacia la playa de guijarros. Por la mañana habían dejado su lancha recién pintada en el muelle con una fac-lura escrita a máquina de la Bold and Intrepid Boatworks colocada cuidadosamente junto al timón. templado para abril. en Lookout. Ella se imaginó a los indios montando una factoría en Lookout donde esculpirían la piedra para elaborar vasijas y morteros. Al verla allí. Llevaba una mochila llena de herramientas. Rechazó cualquier pensamiento sobre So-phie y Gordon. Mientras caminaba por la isla. Se limpió la arena y se puso los zapatos. era ventoso.CAPÍTULO XIII María se dirigió hacia las islas Hechizadas volando a través de las olas en su nueva embarcación. Calculó que la isla mediría media milla de longitud y un cuarto de milla de anchura. deteniéndose en el punto donde la ~96~ . Robles dispersos y pinos achaparrados crecían hasta las mismas rocas con varios parches de hierba marina plateada. María pensó que las canoas habrían llegado por la playa. Contra todas las normas de la arqueología. así que caminó desde allí tierra adentro. María pensó que era una buena oportunidad para escapar de las pesadillas que la habían asediado durante toda la noche hasta el amanecer. María limpió un trozo de terreno. El día. Pero aquí. luego se la acarreaba por el río Connecticut hasta los puestos comerciales a través del Long Island Sound. se sintió liberada. Se sentó en la playa para secarse los pies. platos y fuentes. acordonaría unas cuantas secciones y luego empezaría a horadar meticulosamente el suelo. y por primera vez en su carrera no tendría un montón de devotos de Aldo mirando por encima de su hombro. ésta era su excavación. Exceptuando la playa de guijarros. la costa era un promontorio granítico sobre una extensión de terreno arenoso. Había leído que varias tribus de Nueva Inglaterra habían tenido una próspera industria de cacharros de piedra. Dirigió la embarcación a la cala de Lookout. María rememoró todo cuanto había leído últimamente e intentó imaginar dónde podría haberse instalado un puesto comercial en el que los indios pudieran descargar la piedra de cantera. los zapatos de goma y un bocadi-llo. Ella había aprendido esos métodos en el colegio universitario y con Aldo. Una vez decidiera dónde excavar. y sabía que daban resultado. El viento salino le fustigó los ojos.

Quizá tuviera dos pulgadas y media de longitud. hacer la primera comunión en una iglesia con mil años de antigüedad. rascando suavemente hasta dar con un cambio. yendo desde lo nuevo hacia lo antiguo. le habían estimulado a descubrir el pasado. por ejemplo. quiso oír su voz. Al encontrar el primer cambio claro en la calidad del suelo.. algún día habría de excavar allí. Encontró su primer artefacto. con su nombre indio y sus leyendas locales. con bordes estriados. Pero María se puso de rodillas y siguió su propio método. jugar ante el Coliseo y el Foro. preguntándose si habrían sido dejados caer por las gaviotas o por los excursionistas. Aldo siempre indicaba a sus discípulos que retiraran la capa superior del terreno porque le interesaba llegar hasta el fondo de las cosas.vegetación arraigaba realmente. hacia atrás en el tiempo. sintió un arrebato absurdo. Calculó que habría sido hecha por un indio durante el último período de la cerámica. algo diferente de todo lo que había encontrado hasta entonces. Sostuvo la punta pasando los dedos por sus afilados bordes. Se preguntó qué estaría haciendo Aldo en aquel momento. hacia el . Por esa impaciencia suya. fue dando vueltas a aquella punta labrada por un indio de Nueva Inglaterra. Desde que se fue de Perú había sentido con frecuencia el deseo de telefonearle. Sacó el cepillo para quitar la suciedad de entre las piedras. Continuó cepillando y así estuvo durante casi una hora hasta que las rodillas se le entumecieron y las palmas de las manos se le llagaron. Los examinó. él retiraba la capa superior hasta la arcilla de abajo. El trabajo. En aquel momento pensó que ningún hallazgo arqueológico le había proporcionado nunca tanta felicidad.. después de que llegaran los colonizadores ingleses. Roma había ejercido una atracción similar sobre él. Estaba ya a punto de abandonarlo cuando dio con una piedra. por haberse criado en Hatuquitit.. siguiendo el orden inverso al que habían sido depositados. cualquier cosa que fuera diferente. Aldo había reconocido que María. Mientras pensaba en Aldo. una punta aguda y una base estrecha. y el objeto como una punta de venablo. Sacó la paleta y decidió excavar una sección de muestra. Registró el hallazgo en el bloc y los puso a un lado. Pero entonces recordó aquella noche fría en su ~97~ .. uno por uno. guijarros transformándose en arcilla o arcilla en arena. Ir al colegio a lo largo de la muralla Aureliana. un condón usado. Le alegró verlos. Había dos fragmentos de concha. La reconoció como pedernal. y después una tapa de aluminio. siempre le había complacido remover capas de artefactos. lento y metódico. con su lado más largo sobresaliendo del suelo. atenta por si percibía cambios en la textura y el color del suelo. En parte por costumbre. una capa de guijarros. Se echó hacia atrás en el emplazamiento para evitar arrodillarse en la superficie recién removida. la adormeció.

en cualquier sitio menos en María.. pero María sintió cólera al pensar cuánto dolor se podría haber evitado si él le hubiese dicho cuáles eran sus sentimientos en lugar de esquivarla e insultarla con su distanciamiento. luego empezó a pasear por la tienda con los ojos'fijos en el suelo o en las paredes. —¿Tú no? —inquirió María. —¿Pretendes decirme que todavía me amas? —preguntó. después de tantas noches como la había dejado sola y de tantos días en que se había limitado a examinar su trabajo con aire profesional. Aldo se llevó un dedo a los labios para hacerla callar. pensó María. y eso es todo cuanto deseo analizar esta noche. hundiendo ambas manos en los bolsillos de su chaqueta caqui. Entonces Aldo la miró a los ojos. Él se encogió de hombros.. recordando todos los buenos ratos que habían pasado juntos. de tantos años. María se preguntó si él continuaría durmien- ~98~ . Cada noche. Parecía que estaba examinando una foto aérea del emplazamiento. su decisión parecía cogerle por sorpresa. Tú eres la valiente. diciéndole que pensaba marcharse. tú eres capaz de expresar con palabras lo que ambos hemos estado pensando. —Pienso marcharme la próxima semana —dijo—. Aquélla no fue la primera vez que discutieron sobre su separación. Mi esposa acaba de decirme que quiere marcharse. Tuvo la impresión de que él iba a llorar..tienda. medio vuelto hacia ella. Mírame... —Siempre te amaré —dijo. expuesta sobre un caballete. Su cama estaba en un rincón de la tienda. Ahora no. hay muchas cosas de las que Carmen puede hacerse cargo cuando yo. Habló con tristeza afectuosa.. Fue tan sólo la primera vez que ella le había dicho que se proponía volver a Hatuquitit para no volver. María se la quedó mirando. —¿Quieres hacer eso? ¿Para poner fin a nuestro matrimonio? —preguntó después del largo silencio que siguió a la larga exposición de María. que la amaba tal como ella le amaba a él: con una sensación agridulce de pérdida de lo que creían haber tenido. Quiero que las cosas funcionen bien cuando yo me vaya. como si él no hubiese desempeñado papel alguno. Y se preguntó por qué.. aparentar como si la decisión de María fuese unilateral. —No hablemos de eso —dijo—.. Él se había apoyado en el escritorio. al terminar el trabajo. —Después de tanto tiempo. —dijo. su perfil romano perfilado por la luz de la lámpara de petróleo parecía tenso y colérico. Pero María dedujo por su triste sonrisa que reconocía el fin de su matrimonio. Aldo se metía en la cama.

Es mejor que no conduzcas. Pensó que los indios no tenían apellidos sino sólo nombres personales. con la boca seria y sus ojos color avellana severos. con la punta de venablo en la mano. o «La que vive en el valle». María sintió que había conjurado algo de su propio pasado y creyó en la leyenda. María se dirigió como atontada hacia su lancha. y había una raya del mismo color a través de su bronceada mejilla. Pero pensó sobre todo que ella siempre había temido que algo iba a suceder. Yo te llevaré. y que hubiera debido tomar alguna iniciativa para impedirlo. Dormiré en el catre de la oficina. —Vamos —dijo—. Por ejemplo. A las niñas se les daba nombres de la tierra. —Se cayó por las escaleras. de plantas o del agua. y vio a la «Alicia» entrando en Kurth Cove. Flo y Simón corriendo como locos por el patio. «Nube voladora» o «Águila del cielo». Ticky. Cruzó la tienda y la besó en la frente. Ticky». Uno de estos días ella tendría que bautizar la lancha. Un suave zumbido la hizo volverse. Sentada junto a su nueva excavación en Lookout. bella —dijo—. tales como «La mujer de maíz». Sophie ha sufrido un accidente. las venas latiendo en las sienes de Gordon. —Buona notte. Pero cuando Duncan fue hacia ella. María comprendió que había sucedido algo—. se preguntó si deseaba que lo hiciera. Pasó el pulgar por el borde de la punta de venablo. —Sus manos estaban sucias de pintura azul. Pero Aldo dio un paso decidido. pero Duncan la cogió por el brazo. Sin decir palabra.do a su lado. —¡Echa una ojeada a esto! —gritó antes de que él hubiera varado la lancha. con su estela agitando las aguas tranquilas. En los «Cuentos Pequot» ella había leído que a los niños se les daba el nombre de indios muertos o de fenómenos de la naturaleza. María subió a bordo de la «Alicia» y miró cómo Duncan aseguraba su lancha en la playa. Intentó recordar la leyenda pequot que había leído. Está en el hospital. —Peter me pidió que viniera a buscarte aquí —dijo Duncan—. —¿Qué ha sucedido? —preguntó María con tono inexpresivo. clavando un ancla Danforth en la arena por encima del nivel de la marea alta. y agitó la mano al verla. Oyó la voz de Ed diciendo. ~99~ . «Ticky. María suspiró. María salió cuidadosamente de su terreno excavado y cruzó el promontorio granítico hacia la playa. Duncan estaba de pie ante el timón. aquella leyenda sobre amor y traición en la que el indio seguía al espíritu de su esposa hasta la tierra de los muertos. ¿Qué ocurre? —dijo. Su cabeza fue un hervidero de imágenes: la cuerda alrededor del cuello de Sophie.

Gordon estaba cada vez más furioso. las largas pestañas rectas. Parecía como si hubiera rastros de Sophie. Esto le hizo pensar en Sophie. Escucha. la tristeza que María siempre percibía en sus ojos cuando ocurría algún percance familiar. María se sintió desaseada al lado de su hermano vestido con un impecable traje a cuadros. miró hacia atrás por encima del hombro izquierdo preparándose para retroceder hacia la cueva.o «La mujer que nada hacia la costa». Según dicen se cayó por las escaleras del sótano cuando llevaba una carga de ropa sucia.. —¿Qué quieres decir? —Anoche. —¿La has visto? —preguntó María mirando directamente a los ojos de su hermano.. Peter. —Voy a matarle —murmuró Peter. —Sophie tiene conmoción cerebral y fractura de muñeca. Al otro ~100~ . Gordon está con ella. —No hubieras podido hacer nada —dijo Peter con tono monótono mientras miraba hacia el pasillo del hospital y las innumerables puertas. —¿Te encuentras bien? —preguntó Duncan. —No.. una náufraga nadando hacia la costa sin nadie que la salve. María tuvo la impresión de que él sabía que Sophie no se había caído por las escaleras. Así estuvieron durante unos segundos. Luego se levantó del banco de madera y atravesó la cubierta hacia María. —Yo.. Peter recibió a María en la sala de espera del hospital. Duncan intentó darle ánimos.. Ed estuvo humillando a Gordon — dijo María recordando las horribles escenas—. y condujo la «Alicia» a toda velocidad fuera de las islas Hechizadas. pero se pondrá bien —dijo besándola en la mejilla—. —La idea le pareció aún más insoportable expresada con palabras. yo sabía que él le iba a hacer daño. La hizo sentarse otra vez. Duncan subió a la embarcación. Con sus uñas sucias y su ropa de excavar. María asintió.. La hizo levantarse de su asiento y le dio un abrazo tan apretado que la cremallera de su chaqueta se le clavó en la mejilla. puso en marcha el motor de la «Alicia».. —Se le quebró la voz. hizo marcha atrás. Las manchas doradas alrededor de las pupilas. — María tragó saliva a punto de llorar—. en la fiesta de sus padres. como cuando murió su padre. dudó un momento y volvió a dejarlo en punto muerto. pasó ante el embarcadero de la Squaw y puso rumbo hacia la ciudad de Hatuquitit. y lanzó un gemido. —Estoy segura de que fue él quien lo hizo..

Legalmente. Ni siquiera quiere hablar con la asistente social. A lo largo del brazo. —¿Algo en Flo? —inquirió María. y se le puso la carne de gallina—. —Todo terminará bien —susurró. Le acarició la mano con la vista fija en el pulcro puño blanco de la camisa que asomaba por la manga de la americana. María no respondió. —¿Dónde está la niña? ¿Y Simón? —Están con los padres de Gordon —dijo Peter—. Quería que vinieras. ~101~ . María se preguntó si esa emoción intensa. tan desusada en Peter. esperando que él explotara? Pero sin embargo le siguió asediando la idea de que ella podría haberle detenido. él no puede hacer nada.lado de una de ellas estaba Sophie. —Esta vez —dijo Peter recuperando el habla—. María nunca había visto llorar a su hermano. Él se esforzó por dominarse. —¿Se lo has contado a mamá? Peter negó con la cabeza. Una vez se la ingresó con una quemadura.. le asustaría o le turbaría. Estoy aquí porque el doctor Salter me lo pidió. ¿Qué es lo que vio? —Contusiones.. el sanitario vio algo en Flo. Se quitó las gafas. ¿qué podría haber hecho? ¿Decir a Sophie que Gordon se había puesto furioso. cuando la ambulancia fue a recogerla. que Duncan Murdoch sabía dónde encontrarte. Oficialmente. —La voz de Peter se quebró porque le ahogaron las lágrimas. —Pareció que al hablar de medidas legales se serenaba. porque Sophie no quiere presen tar una denuncia contra Gordon. Habrá una investigación. PeKo esta vez. el doctor Salter está obligado a informar a las autoridades sobre cualquier abuso cometido con un niño. Después de todo. por tragarse los sollozos mientras su cuerpo se estremecía. pero en otras ocasiones ha sido atendida por heridas y golpes. las limpió con un pañuelo de hilo y volvió a ponérselas. María —dijo Peter cogiéndole las muñecas y mirándole directamente a los ojos para reclamar su atención—. cuando ella ya lo había visto así en otras ocasiones? ¿Llamar a la policía antes del hecho consumado? ¿Meterse en su casa a escondidas para espiar. —Escucha. Dice que Sophie ya había estado en el hospital otras veces. El grupo de internos que rodeaba el cubículo de las enfermeras no pareció darse cuenta de nada. Nell dijo que estabas excavando. El doctor me llamó al despacho para decirme que tenía la sospecha de que Gordon la maltrataba. Ninguno de nosotros lo sabía.

—La detesto por eso. haciéndole sangrar. —A mí puedes contarme la verdad —suplicó María—. —¿Cómo pudo tolerar eso Sophie? —preguntó María. Gordon avanzó por el pasillo hacia ellos. dos internos le sujetaron. La sangre corrió por el rostro de Peter manchándole la camisa blanca y la cazadora de Gordon. el derecho parecía pegado con cola. El deseo de que Sophie pudiera necesitarla fue tan intenso que María cerró los ojos con tal fuerza que cuando los abrió sólo vio lentejuelas. observando cómo los médicos y algunos guardias de seguridad rodeaban a los dos hombres. la rodeó con un brazo. Pareció sorprendido al ver a María. Gordon levantó las manos para protegerse la cara. María se mantuvo aparte. Pero cuando vio a María. —Me caí por las escaleras —dijo Sophie con voz cansada. cuando tomaba impulso para descargar otro golpe. inmóvil entre blancas sábanas. pero. Peter se las separó pero Gordon le asestó un puñetazo en la nariz. —¡Márchate! ~102~ . Por permitir que Gordon le haga daño y también a Flo. —No la odies —dijo Peter con voz cargada de tristeza—. Peter le empujó contra la pared. Yo siempre la he querido mucho. cerró también el izquierdo. —Sophie está descansando —dijo con el tono de un viejo médico de cabecera. Sophíe. —¿Qué ha sucedido? —preguntó María. luego dio media vuelta y se dirigió hacia la habitación de Sophie. Lo necesitas por Flo y Simón. Yo puedo ayudarte. María se acercó a la cama y sintió deseos de acariciarla. —Hola. sintiéndose vacía—. ¿sabes una cosa? —¿Qué? —preguntó Peter. Y como si supiera lo que María le iba a decir. Sophie —dijo en voz baja.—Nell iba a acercarse hasta allí para decírselo. con los ojos cerrados y la cabeza vendada. Peter le golpeó en el estómago y. —Hijo de puta —dijo. —Tal vez tenga rota la nariz —dijo uno de los médicos. Va a necesitarte. Lo necesitas. Sophie movió ligeramente el párpado izquierdo. parecía tan serena como la virgen de Mem-ling.

Todo el mundo sabe que estás celosa de nosotros. —Nadie te creerá. como si intentara dominarse o pensar lo que tenía que decir. Sophie sabía que la única persona que podía sacarla de aquel atolladero era su hermana. —Sálvate. Pareció debatirse consigo misma. Sintió el impulso de atravesar la puerta sin mirar hacia atrás. Voy a pedirle que te haga salir. Por fin lo encontró y apretó el botón. —Yo también soy tu familia —dijo María. —Estoy muy bien —contestó Sophie—. Es su padre. Aquel día vi lo que te estaba haciendo. —¿Sophie? —susurró María. Siguió inerte. María tuvo la impresión de que si pudiera hacer abrir los ojos a Sophie para mirarla. Sus ojos permanecieron cerrados. aunque sólo fuera unos segundos. María sintió que se le revolvía el estómago. se la estaban recomponiendo. —Sophie hablaba maquinalmente. Sophie —dijo. Estaba parada al pie de la escalera. Por mediación de un interno envió aviso de que se quedaría allí un buen rato. — Sophie sonrió autocomplacida. ¿verdad? —preguntó María—. Cerró con rabia la mano que no tenía herida. Dio un beso a su hermana en la frente húmeda y se marchó sin esperar a que la enfermera se lo dijera. —He llamado a la enfermera —dijo—. —Tal vez eso que dices pueda engañar a la asistente social —dijo María—. —¡Déjanos en paz! —suplicó Sophie—.—Te lo hizo Gordon. El rostro de Sophie se contrajo. Peter dice que tiene magulladuras en el brazo. Sophie no contestó. pero yo conozco la verdad. María estuvo un buen rato mirándola fijamente mientras intentaba tomar una decisión. conseguiría hacerse con ella. —Él nunca haría daño a Flo. con los ojos aún más apretados. Somos una familia. —¿Por qué no quieres mirarme? —preguntó María conociendo de antemano la respuesta: bajo el influjo de Gordon. Cuando María ~103~ . Intenta recordar el mal que te hizo. Flo se hizo daño al intentar detener mi caída. A Flo también le hizo daño. Peter tenía rota la nariz. como cuando un niño recita los versos de Navidad. como si se creyera lo que estaba diciendo. Luego piensa en Flo. María no dijo nada. que María debería volver a casa y que él la telefonearía aquella misma tarde. Tal vez Sophie pensó lo mismo porque empezó a buscar a tientas el timbre que colgaba de la barandilla de la cama. —No digas nada —murmuró—. Soy feliz. Sólo quiero que pienses: piensa sobre lo sucedido.

Duncan estaba en la acera. ~104~ . —Entonces lo mejor será que me lleves a Lookout —dijo María. —Se recuperará —dijo María—. —Me olvidé por completo de la lancha —dijo María. y pensó que él sentía lo mismo. —No te preocupes —dijo Duncan—. Me he acordado de que no tenías aquí tu lancha ni tu coche. Aquel hombre la atraía. bueno. —La cuestión es saber si quieres que te lleve a casa o de vuelta a tu lancha —añadió Duncan. Navegaremos a vela. También se había olvidado de la punta de venablo. O tal vez estuviese equivocada. pero no tenía ganas de hablar con nadie. pero después del horror que había presenciado se sintió verdaderamente agradecida.cruzó la puerta del hospital. Acabo de botar mi embarcación y este año sólo tengo una oportunidad para probarla. —Se la ha llevado Tony para preparar la amarradura de Mor-gans —dijo Jim también a gritos. —Es mi hora del café —dijo él—. —¿Dónde está la «Alicia»? —gritó Duncan a Jim mientras aparcaba a su lado.. —Ah. porque después no podrás sacarla de la playa. tal vez Duncan la viera sólo como una vieja amiga que había vuelto a casa.. tanta amabilidad le hubiera sorprendido. Se dio cuenta de que le habría gustado dar otro paseo en lancha con Duncan. —María pareció decepcionada porque le hubiera gustado reanudar la excavación. y se preguntó si él y su mujer habrían alcanzado la fase en que nada tenía salvación. Salió al encuentro de María. y he pensado que te iría bien que alguien te recogiera. —No debieras dejarla allí cuando llegue la marea baja —dijo Duncan—. pero le resultó extraño que pudiera sentir semejante deseo después de lo que acababa de ver en el hospital. Pensó en su matrimonio. Ella miró por la ventanilla sin sentir el apremio de dar conversación. La idea la excitó. En circunstancias normales. La sacó del bolsillo y la sostuvo en la mano como un talismán. Pero le pareció que no. ¿Cómo es que no estás en el trabajo? — Su presencia la desconcertó. Echó una ojeada a su mano sobre el cambio de marchas y se imaginó que esa mano le acariciaba la mejilla. Atravesaron en silencio la ciudad. tal como solía hacer con gente que no era de la familia. se sorprendió al descubrir que el día seguía siendo hermoso. —¿Qué tal está Sophie? —preguntó. recostado sobre la furgoneta de la Bold and Intrepid Boatworks. No sabía por qué Duncan estaba allí.

Hace un día hermoso. —Es una bonita bañera —replicó Duncan—. con la mano sobre el timón. Cuando se aproximaron a las aguas poco profundas de Tautog Reef. Mucho más práctica que un velero para ir y venir entre Lookout y el muelle. ¿Quieres que lo intentemos? Mientras hablaba miró hacia la esbelta embarcación amarrada al muelle. Veinte minutos después. —¡Lista! —dijo ella. a dos millas y media sobre el nivel del mar. Duncan se sentó a su lado en la borda de barlovento. ¿Encontraste algo esta mañana? —Sí. —¿Por qué no me vendiste una embarcación como ésta en lugar de esa bañera? —vociferó María para hacerse oír por encima del viento. el agua que bañaba la borda de estribor. Cuando hubo zarpado del muelle trazó una amplia curva para doblar por la Monja roja en la boca de la bahía. rodeado de rutilantes montañas nevadas. y ambos se acomodaron en la empapada borda. Desde luego soy el jefe y algunas veces me salgo con la mía. El foque y la mayor orzaron y luego restallaron al llenarlas el viento. escorando todo lo posible. en el lago Titicaca. María soltó la driza y arrió la vela mayor. Recordó lo feliz que se había sentido excavando ~105~ . y el viento es constante. y luego se la devolvió. y después viró con el viento. Grabada en un yugo se leía la palabra «Arcturus». —Me encanta la vela —dijo María. —Yo me pasaría el día navegando si me dejaran —dijo Duncan—. —Eres un buen marinero —dijo Duncan. El casco blanco relucía al sol. María se preguntó cómo era posible pasar en tan poco tiempo de la desesperación al optimismo. la proa viró a la izquierda. María se sintió más a sus anchas en un velero que en una lancha. Atravesaron el canal entre Lookout y Little Shell y viraron para entrar en la cala. pudieron ver a lo largo de sus piernas. El sol se reflejaba en la superficie serena del mar abriendo un sendero de diamantes desde la bahía de Hatuquitit hasta las islas Hechizadas. Duncan la examinó con admiración. con los pies apuntalados en el alojamiento de la orza. Se agacharon para dejar pasar por encima de sus cabezas la botavara. María hizo un leve cambio de dirección. — María le puso la punta de venablo en la mano. —No he hecho gran cosa desde el bachillerato —dijo María rememorando la última vez que había navegado con Aldo. La lancha de María flotaba en aguas ya menos profundas. Volaban por el agua. El velero navegó contra el viento y su velocidad se redujo a la mitad.

—Desde luego —dijo María. —¿Piensas obtener el divorcio? —preguntó ella. Nunca pensó que pudieran llegar tan lejos hasta que vio a Sophie en el hospital. —Eso mataría a Sophie —dijo María. —Ella siente lo mismo. Flo tiene algunas contusiones —dijo María—. —murmuró. Quiso acariciar a Duncan.. Alicia. ¿no? Él afirmó con la cabeza. A María le hubiera gustado hacer más preguntas.antes de que llegara Duncan. Vivimos juntos. notó el sabor de sal en sus labios. ~106~ . Estás casado. —Flossie y. Pasamos el uno del otro.. ¿cómo se llama su hermano? —Simón. Mi mujer. pen eso es todo. El hombre olía a brisa marina y a lubricante de máquina. Cuando se deja de querer a alguien y la pareja ya no vive como marido y mujer. Cuando apartaron sus labios. y le dejó que la abrazara. Duncan sacudió la cabeza. Duncan la miró sonriente. dejar que la estrechara entre sus brazos y besarle otra vez—. —Los dos estamos casados —dijo ella. —Bueno. —Quiero hacerlo —dijo él. Se tapó la cara con las manos. Notó que Duncan la rodeaba con los brazos. pero en un impulso alargó la mano para cogerle por la nuca y le besó. Pero en seguida se zafó del abrazo—. —Te creo —dijo María pensando en ella misma y Aldo. ¿Qué sucederá si se los llevan? ¿A dónde irán? —Creo que hay familias adoptivas —dijo Duncan. Ni siquiera guardamos las formas. —Me preocupan los niños de Sophie —dijo de repente.. A un crío es fácil hacerle un daño irreparable. —Si él maltrata a Flossie —dijo Duncan—. No sé si me creerás. pe hace mucho tiempo que no me siento casado. Con los ojos cerrados. ¿Qué haría Sophie sin Flo y Simón? María pensó en Sophie y Gordon completamente solos.. Luego pensó en Sophie. —Has bautizado a la embarcación con el nombre de ella —dijo María. —Yo no me siento casado —dijo él—. e intentó imaginar hasta dónde podrían llegar las cosas. lo mejor será sacarla de allí. ya no hay nada que hacer. sin nadie que dependiera de ellos ni nadie de quien responder.

María se estremeció y sintió deseos de que Duncan la tumbase sobre la cubierta. ~107~ . Fue un beso diferente. Tampoco María lo deseaba. Tenemos un niño. —Lo haré —dijo María. y los viejos escrúpulos tardan en morir.—Nunca quise hacerle daño. Duncan cogió a María y la besó otra vez. Supo que no lo haría. la cala de Lookout. pero consultó su reloj y recordó que Peter la telefonearía en cuanto regresara del hospital. y sigo sin quererlo. La propia María era una descendiente de aquella gente. Lejos de aquel lugar. María no dijo nada. y ella se preguntó si se habrían besado también en cualquier otro lugar. Al abandonar la tierra de los muertos pequot. ella volvería a una ciudad fundada por puritanos. Aquel lugar. las cosas volverían a su cauce. y tampoco quiero hacerle daño. —Me lo figuraba —dijo Duncan sin soltarla. tenía cierto embrujo. —He de volver a casa —dijo con una mirada triste. De repente se le ocurrió que a Simón y Flo les habría ido mucho mejor si sus padres se hubiesen divorciado. Pero al subir a su lancha y poner en marcha el motor sintió más tristeza. —No quiero volver —dijo Duncan cuando dejaron de besarse. —Llámame si necesitas algo —dijo él reteniendo su mano unos instantes antes de dejarla marchar.

—Gwen protege a Gordon —dijo María—. y se autorizó a Sophie a volver a casa. máxime cuando Sophie había indicado a la enfermera de recepción que no quería visitantes. no se puede hacer nada —dijo Peter. Sin embargo. que había asistido a los dos partos de Sophie y al de Nell. Cuando telefoneé a Gwen pidiéndole que dejara venir a los niños para jugar. y que no se debía perturbar sus nuevos hábitos. —No obstante. la asistenta social había confirmado que Flo tenía amoratado el brazo derecho y con cinco marcas de dedos. que les preocupaba mucho el que su madre estuviera en el hospital. —Sólo Sophie puede presentar una denuncia contra él. Ésta repetía la historia de sus padres. una exploración posterior no mostró nada extraño. —Nadie cree que se cayera por las escaleras. ¡Se han quedado a los niños para ellos solos! ¿Quiénes se creen que son? ¡Yo también soy abuela de Simón y Flo! —¿Qué derecho tienen? —protestó Nell—. a cuyo alrededor se había reunido la familia. Ocho días parecían mucho tiempo para una conmoción cerebral. ¿No sería eso un motivo para arrestarle? Peter negó con la cabeza. decía que Sophie había topado con ella al caer por las escaleras. A María esto aún le pareció más monstruoso: que una niña de seis años hubiese sido entrenada para mentir por las personas en quienes más ~108~ . —Estoy tan furiosa contra Ed y Gwen que me pondría a gritar —dijo Hallie. Ocupaba la cabecera de la mesa de Hallie. —¿ Y si cuento a la policía lo de aquella noche. dijo que estaban instalándose en su casa. cuando Gordon le puso una cuerda alrededor del cuello? —preguntó María—. No quiere que veamos las contusiones de Flo. Otra cosa sería si hubiesen pruebas de que Gordon había hecho daño a los niños. Pero el doctor Salter.CAPITULO XIV Sophie permaneció más de una semana en el hospital. escupiendo casi las palabras—. en cualquier caso. El doctor Salter había dicho que la asistenta social no podía hacer nada a menos que viese con sus propios ojos cómo Gordon maltrataba a Flo. pero. Ni siquiera Hallie fue autorizada a verla. ¿Y qué hace Gordon en casa de sus padres? ¿Por qué no coge a los niños y se los lleva a su casa? Nunca pensé que estuviera tan enmadrado. telefoneó cada noche a Peter para darle noticias. Dijo que la exploración CT había revelado un área sospechosa y que podría tratarse de una hemorragia cerebral.

y las ajorcas de oro.confiaba. el gran diamante y la sortija con rubí de Malcolm.. Era la primera vez en su vida que hacía llorar a su madre. Sorprendida. Observó cómo Hallie miraba estupefacta a Nell. —¡Oh. sus muñecas tintinearon y captaron la luz de la lámpara. No podemos quedarnos sentados y esperar a que él la mate. De hecho. como si pendiera de cada palabra suya. las lágrimas asomaron en las comisuras de sus ojos. Él era totalmente incapaz de hacer mal a nadie. Hallie —dijo Nell.. no! —chilló Hallie tapándose los oídos—. Pensar que la niña no pueda crecer adorando a su padre. Gordon la ha hecho entrar en el hospital... ella encontrará algún modo de quererle. —De hacerte la pobrecita —dijo María—. Es sólo. —¿Qué vamos a hacer? —preguntó desolada Nell—. El enorme tamaño de sus joyas hacía que sus muñecas parecieran más delicadas que las de una niña. ¡No me hagas oír semejante cosa! —Lo siento de verdad. María siguió mirando indignada a Hallie. —Realmente María no había concedido nunca ningún crédito a Nell en su papel de pacificadora de la familia. María la miró asombrada. ¿Es que no lo entiendes? Hallie asintió y bajó la cabeza.. —¿Basta de qué? —preguntó con tono imperioso Hallie. Acto seguido alargó el brazo y agarró la mano izquieda de Hallie.. Pero Hallie siguió tapándose los oídos y con los ojos cerrados... tal vez no se lo hubiese lavado esta mañana. Eso me llena de tristeza. —Ella lo conseguirá —dijo Nell—. Sophie está en una situación dificilísima. Se olvidó de lo que había estado a punto de decir. Éste parecía haber adquirido desenvoltura desde que comenzaron los percances de Sophie. y ella lo ~109~ . cuando se haga mayor le respetará aún más por salvarse a sí mismo. —la reconvino Peter. me duele pensar que Gordon hizo daño a Flo. Esto va de mal en peor. —¡Basta ya! —dijo María. Ésta llevaba puestas sus joyas habituales: la moneda romana colgando del brazalete de macizos eslabones de oro.. Hallie abrió los ojos de par en par.. María observó a su madre sin apasionamiento. Llevaba la camisa de franela con el cuello abierto y tenía el pelo desgreñado. —Cuando yo era una niña pequeña adoraba a mi padre —dijo Hallie—. Está bien. Quiso más de su madre.. Si podemos prestar alguna ayuda a Gordon. Cuando se llevó las manos a los oídos. — María. como lo hice yo.. pensó María perdiendo la paciencia: si quieres ser tratada como una niña.

El niño dormía sobre el estómago. escuchando. Pero esta vez el tono de su voz era tranquilo y no se tapó los oídos. podría haber visto venir todo esto. Allí estaba Peter acariciándole el hombro. Pudo ver que había herido los sentimientos de su madre. haciendo chirriar las patas contra el suelo de madera. El pelo. Y María comprendió con cierta sensación de culpabilidad. y corrió por el vestíbulo hacia la habitación en donde Hallie había instalado una cuna portátil para su nieto. Él va a necesitar ayuda.había obtenido siempre. Hallie y María formaron un semicírculo alrededor del niño dormido. —¡Qué nos importa Gordon! —saltó María. Todos le miraron en silencio. se le pegaba húmedo a la redonda cabeza. Nell. —¡Y qué! —dijo María llena de rabia—. pero se sintió dominada por una furia avasalladora e incontrolada—. Peter abrió despacio la puerta de la habitación y entró. que estaba enfadada con Hallie por haberle arrebatado el consuelo al que ella tenía derecho. y nadie podía imaginar lo mal que se sentía. Los demás le siguieron sin decir palabra. ¿Por qué no? Después de todo Hallie era la madre de Sophie. Ella había reclamado su lugar usurpado por Gordon. por el bien de todos. Porque a través de todas sus vidas nadie había querido tanto a Sophie como ella. ¿comprendes? —Él es su marido —dijo Hallie. — Vaciló unos instantes y concluyó con tono sombrío—: Que él se propone matarla. Siempre he querido a Gordon pero. la verdad. ¡Ella es mi hermana! Y temo. Respiraba a través de la ~110~ . —¿Es Andy? —preguntó Peter. Pero por algún subterfugio sutil. y se estremeció. no estoy muy unida a él.. No dudó de que Hallie estuviese aterrada por lo que le sucedía a Sophie. Si hubiera pasado más tiempo con ellos.. —No digas eso —repitió Hallie. con los pulgares hundidos en los pequeños puños. Peter echó hacia atrás su silla. y Nell mirándola con simpatía. mirando fijamente las aguas del roble en busca de pautas familiares. Él. Le fue imposible imaginarlo volviendo otra vez a casa de Hallie. el consuelo que su madre exigía anuló todo lo demás. ¿Realmente te preocupa a ti que él se reforme o no? Yo sólo quiero que salga de las vidas de Sophie y de los niños. Luego imaginó el no ver nunca más a Sophie. —He sido egoísta —dijo desolada Hallie—. Nadie encontró una solución. rojo y fino como el de su madre. María reconoció el sa-chem indio. el trasero sobresaliendo y las piernas abiertas como una rana a punto de saltar. La luz amarillenta del vestíbulo entraba sesgada en la habitación hasta cerca de la cuna en donde Andy dormía pacíficamente. Los cuatro continuaron sentados en silencio alrededor de la mesa. Todo el mundo se quedó en silencio.

el ritmo fácil de una criatura con dulces sueños. Se dio cuenta de que estaba respirando al ritmo de Andy. y tuvo la impresión de que los demás hacían lo mismo.boca entrea-bierta. libre de peligro. a salvo en su cuna. ~111~ . María oyó la voz de un chotacabras llamando desde algún lugar en el Bell Stream.

Se sin-i ió entumecida después de tantas horas agachada. Se había tenido cuidado de colocar el cuerpo en flexión extrema. El suelo era más profundo algo más arriba de la playa de arena en donde María había anclado su lancha. pero al cumplirse el decimotercer día de tamizar cuidadosamente la tierra. María sacó de la bolsa estacas. El borde de lo que parecía ser un cacharro de piedra surgía entre los escombros. una costumbre que.. Y allí fue donde ella decidió concentrar su excavación. si no fuera por los árboles y las pequeñas elevaciones. y situación. según sabía. la luna creciente apareció por el oeste. quizá como protección en el país de los muertos. Aunque lo intentara en otros lugares diferentes. los cemen-i crios estaban cerca de las residencias de los pequot. estado en que se hallaban. Consideró la conveniencia de excavar en las otras islas. Al final de la jornada. Aunque el cielo iún estaba luminoso. María se levantó y se desperezó. Robles y pinos cubrían su cresta. Se alegró del hallazgo. restos de una boya de langosta y una punta de flecha dentada por un lado. no encontró ni rastro de indios. porque éstos solían hacer visitas frecuentes a sus muertos. se podría ver fácilmente la isla de un extremo a otro. Puesta de rodillas. dedos largos y una pelvis ancha. Ésta contenía los restos de un ser humano. Clavó ~112~ . Descubrió también una punta de flecha. cordel y una lona de polietileno. un botón negro. Por lo general. joyas. encontró una tumba. los pequot compartían con los chavín. con las manos cubriéndole la cara. Después de cepillar muy despacio la tierra descubrió algunas cuentas y unos discos metálicos muy oxidados entre los huesos. y luego otras más en color para mostrar el verdín de los huesos sobre los que descansaba un ornamento de bronce. El cacharro serviría para conservar el alimento en la vida futura. Después analizó los huesos: dos costillas que parecían fracturadas. con las manos sobre la cara. La intrigó que una india estuviera enterrada allí sola. con el sol caldeándole la espalda.. tomó nota de la profundidad de los huesos. como si alguien hubiese adornado amorosamente el cuerpo para su enterramiento. pero los años de entrenamiento la hicieron proceder con cautela y reflexión. María descubrió algunos peniques.CAPÍTULO XV La isla de Lookout sobresalía del mar más que las otras islas Hechizadas. lo que la hizo pensar que se trataba del cuerpo de una squaw. María tomó varias fotografías en blanco y negro. El esqueleto estaba tendido de espaldas. Necesitó varias horas para descubrir parte del esqueleto.

marcó el número de los astilleros. Aldo. Pero las palabras habrían salido a borbotones y se habría pasado una hora al teléfono. —¿Te encuentras bien? Hace mucho tiempo que no recibo carta tuya. Ella bebió un sorbo de vino y sonrió antes de decir: —Hola. Mientras sonaba el teléfono fue pensando en lo que le diría si contestara: le contaría cómo había sido su jornada y le explicaría lo de la tumba de Lookout. María se lo imaginó en casa. las condiciones en que se hallaban los huesos. —Ella no le había contado lo de Sophie y ahora consideró la conveniencia de decírselo.en tierra las estacas e hizo una especie de tienda sobre la tumba. Durante los días que transcurrieron desde que Sophie abandonó el hospital. —Estoy estupendamente. pensando durante todo el camino hacia casa en la tumba que había descubierto. Preguntó por Aldo en su tosco español y le informaron que estaba en el bar. con un fuego ardiendo en su chimenea y un vaso de vino en la mano. Pero siguó con deseos de hablar. Resultó evidente que Duncan no contestaría. María condujo despacio a través de las olas. Le llegó la voz de Aldo: —¡ María! —El acento italiano con el que él pronunciaba su nombre le resultó encantador. Pero esta noche. Algunas luces titilaron en la ciudad y la oscuridad se tendió sobre la tierra. hizo retroceder la embarcación y fijó la dirección hacia el desembarcadero de la Squaw. como siempre. ¿qué aspecto tendría?). sentado en el sofá junto a Alicia (por cierto. los timbrazos le procuraron una especie de compañía. Decidió telefonear al Archaeo-logy Club en Chavín de Huantar. Mientras mantenía el teléfono mudo junto al oído. María no había pensado quedarse hasta tan tarde. —¿Algún hallazgo? —Hoy he descubierto una tumba. Subió temblando a la lancha. Decidió no tocar el tema —. O tal vez Carmen Puna andará por los alrededores. y su impresión de que ~113~ . Esa imagen la hizo colgar bruscamente el auricular. —Y le describió todo: la colocación del cuerpo. por si Aldo estaba cenando allí. se sintió culpable de haberle telefoneado. dejando atrás en su estela las islas Hechizadas. Estoy excavando en las islas Hechizadas —dijo en su lugar. En la cala de Lookout un pez rompió la tranquila superficie v desapareció. ayudando a hacer los deberes a su hijo. María luchó con el deseo de telefonear a Dun-can.

He tenido noticias del cardenal. —Hasta ahora. haciendo deducciones nada menos que desde Perú sobre un emplazamiento que no había visto jamás. —¿Ofrendas funerarias? —preguntó pensativo Aldo. —Envíame tus notas de campo. el orgullo de los Giordano. —¿Hay otras tumbas cerca? —preguntó Aldo. —Por ahora no he visto ninguna otra —dijo María—. —Aún no las he retirado. —Podría tratarse de una lesión —dijo Aldo—. los objetos enterrados con el cuerpo. —Haré copias —dijo—. Confiaba en encontrar pruebas de un puesto comercial. Aldo trataba cada hallazgo arqueológico como un misterio por resolver. —Muy interesante —dijo Aldo. y gracias a Aldo. Pero todavía están demasiado profundas. como si se preparara para poner fin a la conversación. con el dedo índice sobre la sien. Había enseñado a María a analizar la historia de cada ruina. —¿Algunas claves sobre su muerte? —preguntó Aldo. uno de los cardenales más poderosos de Italia—. Me ha concedido la ~114~ . una punta de flecha y algunas joyas. María sabía que lo que más le interesaba a Aldo eran las ofrendas funerarias. cada esqueleto. —Aldo se estaba refiriendo a su tío. ella consideraba todavía que los detalles personales eran tan importantes como el gran contexto. ¿Algún arma? —No he descubierto ninguna —dijo María—. bella —dijo Aldo hablando más aprisa. María se preguntó si él tendría una amiga y si ésta estaría esperando impaciente a su lado. Hay un cacharro de piedra.pertenecían a una squaw. María creyó estar viéndole. deseoso de conocer el cuadro completo. —¿No habían lesiones aparentes? ¿No faltaban huesos? María intentó recordar. —¿Qué cardenal? —Giovanni. pero nunca pude imaginarme que encontraría esta tumba. Todavía no he profundizado mucho. — María —dijo Aldo con voz mucho más seria—. ninguna. Y te enviaré fotos. —Dos costillas rotas —dijo. O quizás el peso de la tierra las fracturara después del entierro. Este pensamiento le hizo sentir celo. Él era muy sagaz en ese terreno.

Mi anulación procede directamente de Su Santidad el Papa. Aquélla fue la típica conversación de los tiempos con Aldo: no estructurada.. por consiguiente. Marcó el número de los Littlefield. —Eso no puedo prometértelo. Nunca lo estuvo. —¡Anulación! —repitió anonadada María. pensó María bebiéndose el resto del vino.. Quiso hablar con Sophie. —Ahora mismo te odio. —Pero nosotros estábamos hablando de divorcio —dijo María consternada—. Yo lloraría por verte sufrir a causa del divorcio. Estoy seguro de que lo verás así. Divorcio. Se ha anulado ~115~ . ¿Acaso anulación no significa que no hemos estado nunca casados? ¿Vas a decir que el matrimonio no fue nunca consumado. —Adivina qué pasa —dijo cuando oyó la voz de Sophie—. —Tal vez —murmuró entristecida María—. —Pero. —A la larga es lo mejor —dijo Aldo—. —Estás lleno de mierda. ¿Para qué complicarnos la vida con abogados y tribunales? Nosotros no somos de ese tipo. Como un favor al cardenal. imaginándose a Philippa. Pensé que esto nos facilitaría las cosas. Será mejor que cuelgue. claro que no —se apresuró a contestar Aldo—. María sabía desde hacía mucho tiempo que aquel matrimonio había terminado. ¿ qué importaba ahora terminarlo oficialmente? Se imaginó al Papa rezando unas cuantas oraciones y haciendo pedazos su certificado de matrimonio. licenciada en Cambridge. nada de eso. —Es natural. Él tenía razón. —¿Has encontrado ya a alguien? —preguntó María. Esa imagen la hizo reír a carcajadas. bella. no anulación. —Lo sé —respondió Aldo con tristeza. apasionante. una hermosa discípula. —Y no me llames nunca más bella. la anulación era más fácil que el divorcio. —Buenas noches. o algo parecido? —Esa idea la llenó de furor. Aldo —dijo María.anulación. María le dio las buenas noches y colgaron. —No. llena de sorpresas. María —dijo Aldo. ¿por qué? —Para que podamos casarnos algún día. No estoy casada. —No.

María apretó el teléfono contra su oreja pero sólo pudo oír un televisor voceando en algún lugar de la casa Littlefield. Se quedó un buen rato así. Un amigo íntimo de mi marido ha conseguido que el Papa declare que Aldo y yo nunca estuvimos casados. sonriendo de oreja a oreja—. ¿Has oído lo que te he dicho? Su Santidad ha anulado mi matrimonio. que nunca fuiste mi dama de honor. Sophie no dijo nada pero tampoco colgó. supongo yo. enlazada con su hermana por un hilo telefónico hasta que Sophie colgó suavemente y la línea empezó a zumbar. Lo cual significa. ~116~ . Creyó oír una risa reprimida. —¿Sophie? —dijo María.mi matrimonio.

María había ocupado un asiento entre Hallie y Sophie. Algunas veces ésta se despejó lo suficiente para dejar ver la silueta de las islas Hechizadas. pero ahora le hizo añorar las relaciones que habían existido entre ellas. pero la tierra estaba demasiado mojada para excavar. Quiso tener más información sobre los cementerios pequot. Recordó haberse sorprendido de que Ha-llie llorara en silencio durante toda la misa. ministro episcopaliano e historiador local. transformando los patios en pantanos y las calles en ríos. Ella no había puesto pie en St. los chanclos de los clientes dejaban un rastro de barro y de jirones de papel. que después de su muerte no había habido nadie que la viera como una niña. como Sophie y Peter. Flo se pasó la misa llorando y Sophie tuvo que marcharse antes de tiempo. Hallie estuvo más allá de todo consuelo. como ocurría cada primavera. Cuando cogió la mano de Hallie y la apretó. Los comerciantes extendieron periódicos y cartones en la entrada de las tiendas intentando en vano mantener limpios los suelos. María sintió tristeza. María parpadeó y se quedó mirando el banco en donde se habían sentado para los funerales de su padre. su madre permaneció inerte. Ma-ria comprendió que Malcolm había sido el único amor de Hallie. En aquella ocasión eso le había parecido mejor que nada. Cada mañana se sentó ante la ventana y miró absorta la niebla. Pero ninguno de ellos había conocido verdaderamente a su padre. Él le sugirió que fuera a verle en su rectoría. Los Dark y los Littlefield se sentían tan contentos que decidieron acudir a la iglesia para dar las gracias por el nuevo niño. y que Hallie se había dado cuenta de que tenía tres hijos con los que no sabía qué diablos ~117~ . Sentía grandes deseos de volver a la tumba. así que telefoneó al reverendo Hawkes. María sacudió el agua de su paraguas negro y lo dejó fuera de la blanca iglesia. María se sentía deprimida por la conversación muda con Sophie. Mientras miraba el banco donde había descubierto esto.CAPÍTULO XVI La lluvia cayó con fuerza durante cuatro días seguidos. En aquel momento María comprendió que Hallie había hecho algo más que cuidarse de un hombre caduco: se había dedicado totalmente a él porque le amaba de verdad. El Bell Stream se desbordó. Luke desde la Navidad después del nacimiento de Flo. Una luz fría y gris se filtraba por los altos ventanales. Malcolm había sido demasiado viejo y había estado demasiado enfermo durante la vida de sus hijos.

¿sabes? María se preguntó si se los estaría ofreciendo. Es extraño que nadie lo haya hecho.hacer. —Se encaminó hacia una larga mesa entre dos ventanas y regresó con un gran volumen negro titulado «Historical Cementeries in the State of Connecticut». frunciendo el ceño—. pero también la iglesia. María observó que era el mismo mapa que aparecía en el libro de las leyendas pequot que ella había encontrado en la biblioteca. —Vamos. Pero ella había venido aquí por asuntos profesionales. el reverendo le dedicó una sonrisa desdentada. —Tenemos algún dinero en reserva. —Es un placer —dijo indicándole la negra butaca Windsor enfrente de su mesa—. entra. Ésta parecía tan austera e implacable como el temporal de Nueva Inglaterra. tenía ojos pequeños y penetrantes. —Están todos bien —dijo ella. No he oído hablar nunca de un cementerio en las islas. Sin embargo. —¿Allí fuera? —preguntó el reverendo Hawkes. La Historical Society posee unos fondos que no hemos tocado hasta ahora. con la larga nariz que se encorvaba hacia la barbilla y con la barbilla que se curvaba hacia arriba. María siempre había pensado que el hombre parecía un halcón. Soy el presidente. —¿María? El reverendo Hawkes apareció en la puerta de su despacho. —No es un estudio de grandes vuelos —dijo María—. La violentó acudir a la iglesia para hablar de arqueología cuando hacía años que no había asistido a la misa dominical. —Ayer descubrí una tumba —dijo. —¿Cómo está tu familia? —preguntó él. Siempre he pensado que alguien debería hacer un estudio arqueológico de esta zona. en la ciudad y en el desembarcadero de la Squaw. Medía seis pies de altura. Qué sorpresa. Había pensado en solicitar de la Archeological Foundation una subvención para excavar la tumba que acababa de encontrar. teniendo en cuenta que esto fue un centro importante de la vida pequst. El hombre había asustado siempre a María. María le estrechó la mano. Lo abrió por el mapa de Hatuquitit. Sabemos de varios cementerios pequot aquí. Trabajo por mi cuenta excavando en una de las islas Hechizadas. —Gracias por recibirme tan pronto —dijo ella. —Yo vivo aquí —dijo ella señalando el lugar del desembarcadero de la ~118~ . Su pensamiento voló a Sophie. y se encorvaba de forma que el pescuezo le desaparecía dentro del cuello.

—Ahí no —dijo María señalando el cementerio y pensando que él la había interpretado mal—. Será una gran ayuda. Tengo una enorme embarcación que devora gasolina. María se sintió emocionada ante la idea de que hubiese tal riqueza arqueológica en su propio patio trasero. ¿verdad? El ministro asintió. incluidos los cementerios. a condición de que él trasladara las tumbas. —Verdaderamente es terrible. Ella había caminado a través del cementerio pero ninguna de las tumbas estaba señalada. Ahora no tenemos gran cosa.Squaw en donde se alzaba su casa. María. En el mapa. ¿Me tendrás al corriente? —Desde luego —dijo ella. ~119~ .. el cementerio más próximo a su casa estaba ubicado en un campo abierto entre dos edificios. No sabes lo contento que estoy de que hagas ese estudio. —Hay tumbas indias por todo el desembarcadero de la Squaw —dijo el reverendo Hawkes—. Los pequot hicieron un trato con un inglés: le vendieron el desembarcadero de la Squaw. —Puede que tu casa haya sido construida sobre tumbas indias —dijo muy serio el reverendo. —Y me ocuparé de que obtengas algo de los fondos para cubrir tus gastos.. levantándose mientras se preguntaba si el reverendo era sincero. Yo vivo al oeste de ese lugar. ¿no? —Ella se llamaba Alicia Hawkes antes de casarse con Duncan —dijo el reverendo Hawkes. —Llévala al astillero. —Ha sido muy interesante hablar contigo. Pero nadie sabe exactamente dónde están situados los cuerpos. —Alicia Murdoch. Al pensar en la tumba que había descubierto. Los grupos indios aún siguen queriendo que sus muertos sean trasladados a tierra sagrada. Sin embargo. —Gracias —dijo ella con una sonrisa—. De vez en cuando alguien se encuentra un esqueleto al hacer los cimientos de una casa. allí hay un muelle para embarcaciones a motor. —He leído sobre eso —dijo María—. El propietario está casado con una sobrina mía. Le asesinaron antes de que tuviera oportunidad de hacerlo. El reverendo Hawkes consultó su reloj.

—Miserables —dijo María. Pidió un «sueño de queso». Fuera. Ésta lo notó a través de sus zapatos de goma.—¡Oh! —exclamó María. la lluvia repiqueteó en las jardineras de la ventana zarandeando las prímulas y ensuciando el cristal. —Se está fatal ahí fuera —dijo Duncan mirando directamente a María. Kathy seguía detrás del mostrador trabando conversación con cualquiera que tuviese ganas de hablar. queso a la plancha acompañado de encurtidos y patatas fritas. Hoy me han dejado sola en la oficina. Luego le estrechó la mano y se marchó. —¿Qué. —¡Nancy! —gritó María. que se disponía a hacer las presentaciones. Recordó que Sophie. esperando ver a Duncan y temiendo la aparición de Gordon. intentaba recortar sus propios tirabuzones. Nancy Grunwald entró corriendo con un reluciente impermeable rojo y botas del mismo color. El agua que goteaba de Nancy. —¡Ah! ¿Os conocéis? —dijo Nancy. El «sueño de queso» chisporroteó en la plancha. Jim. con unos mechones que sobresalían por las orejas. María observó al instante que a Duncan le habían hecho un corte de pelo horrible. cómo funciona la casa? —preguntó Nancy mientras se sacudía el agua de las mangas. mientras pasaba la espátula por la enorme y negra plancha. Hola. Nancy estaba explicando lo terrible que era llevar por ahí con aquel tiempo a los cazadores de casas.. ~120~ . A ella nunca le había gustado que le cortaran el pelo. Duncan. pero sólo vengo a buscar un bocadillo para llevármelo. Le habían dejado el pelo demasiado largo en la nuca y los lados. esperando tener compañía. Se abrió la puerta y Duncan entró con Jim.. En lugar de ir directamente a casa. María decidió almorzar en Kathy's. María sintió cierto embarazo y fingió que no le había visto. —Sí —dijo María—. ¿No quieres sentarte? —Me encantaría —dijo Nancy—. Duncan y Jim formó un charco debajo de la mesa de María. María ocupó una mesa a lo largo de la pared y se puso a leer sobre los hábitos funerarios de los pequot. María levantaba la vista cada vez que se abría la puerta. ni siquiera que se lo entresacaran. —Estupendamente. a los cuatro años. hola. —Los días de lluvia viene todo el mundo por aquí —dijo Nancy cuando Duncan y Jim pasaron por delante. que encontraban muy molesto meter tanto barro en las casas.

—Toda la ciudad es un charco —dijo Jim. Y recordó el beso de Duncan. —¿Cómo voy a llamarte a casa? —dijo. telefoneé a mi marido en Perú. —¿Qué estás leyendo? —preguntó Duncan cogiéndole el libro.. Me alegro de haberte visto. y me dijo que había conseguido la anulación de nuestro matrimonio.. Así solíamos llamar al océano Atlántico. —Mientras hablaba. —El gran charco —dijo Duncan—. me voy al trabajo —dijo Nancy—. Sus miradas se cruzaron y ambos sonrieron. Éstas siempre terminaban ~121~ . —Acabo de entrevistarme con el reverendo Hawkes —dijo María. cuando se lo hayamos explicado a Jamey. Durante algunas noches de insomnio. —Bueno. —La otra noche intenté hablar contigo —dijo ella—. —Es el tío de Alicia. María se dio cuenta de que él no lo había dicho con intención. —Tal vez coma aquí. Duncan miró con gesto inexpresivo hacia Kathy. ahora ni siquiera pudo sonreír. —No. Él sacudió el chubasquero y no se apercibió de su mirada. La camarera. ¿No te importa que te acompañe? —preguntó a María. me trasladaré a un pequeño chalé cerca del astillero. Después de intentar comunicar contigo la otra noche. María pidió té con limón. —Lo mismo digo —dijo ella. ahora se lo llamamos al astillero. Deberías haber llamado a casa. María había permanecido muy desvelada imaginando conversaciones con Duncan. María se estremeció al darse cuenta de que se estaba enamorando de Duncan. —No estaré allí mucho tiempo —dijo Duncan—. sólo de servicio durante la hora de la comida. Telefoneé al astillero. qué extraño le resultaba estar hablando de Aldo cuando todo cuanto quería era estar con Duncan. por supuesto —dijo ella. María. La mano de él se movió a través de la mesa y le tocó la suya un instante. observó que Nancy y Jim se dirigían hacia el mostrador para pedir su bocadillo. Esta misma semana. —Por lo general cerramos a las cinco y media. — María intentó hacerlo pasar por una broma. Y antes de mirar a Duncan. Duncan? —preguntó Jim. De cualquier forma. —¿Qué tipo de bocadillo quieres. pero por muy cómico que le hubiese parecido la otra noche. —A mí me resultó muy difícil abandonar a Aldo —dijo María—. retiró el plato de María y anotó el pedido de Duncan: unos trozos de pavo con centeno. el que nos casó.

Flossie últimamente parece muy apagada —dijo Duncan. Pero Gordon dejó pasar ese momento. La mirada de María se deslizó hacia Gordon. Pero no me cuesta nada imaginar que lo estoy matando. Nadie de mi familia lo ha ~122~ . A María le hubiera gustado que él la viera y que emprendiese una rápida retirada. Todo la interesaba. —Según dice Alicia. Éste estaba leyendo un periódico con tal nerviosismo que parecía a punto de romperlo—. ¿Las viste tú? —Hace semanas que no veo a los niños. Pero en esas fantasías él se mostraba cariñoso y le contaba cosas que no había revelado a nadie más. Incluso en medio de Kathy's. Se figuraba a Gordon muriendo entre sus manos por lo que había hecho a Sophie. —¿Dijo algo más Alicia sobre Flo? ¿Vio sus contusiones? —No las mencionó. Le fastidia mi presencia —dijo ella. el dispararle un tiro requeriría demasiada distancia. Éste se frotó los pies contra el suelo y se sacudió como un perro perdiguero. Al levantar la vista. y no resulta difícil darse cuenta de que ahora se muestra muy reservada. se vio acribillándole con un cuchillo o estrangulándole con sus propias manos. Gordon se dio la vuelta y luego se dirigió derecho hacia una mesa sin saludarla. —Claro —dijo Duncan—. Durante unos segundos se miraron fijamente. su entusiasmo cuando ella le contaba una de sus largas y complicadas historias. María se sintió muy cerca de él. Y recordó el rostro sonriente de Flo. a sabiendas de que era absurdo esperar que Duncan hubiese ocultado los percances de la familia Littlefield a su esposa. —No —dijo Duncan—. —Nunca he deseado matar a nadie —dijo con voz baja y mesurada—. Él cree que eres la única persona de aquí que conoce sus desmanes. Ella se enteró por su cuenta. María vio a Gordon que acababa de entrar. —¿De veras? ¿Le contaste a Alicia lo que había sucedido? —preguntó María. María se sentía tan obsesionada con las extrañas pasiones de Sophie y Gordon. —Atención —dijo Duncan en voz baja. Normalmente Flossie es una niña muy feliz y sociable. que le extrañaba que el resto de la ciudad no conociera los terribles secretos de su familia. Ella no querría tenerlo a distancia.con un beso y nada más. Casi confiaba que los demás parroquianos se revolvieran contra él y le expulsaran de Kathy's dejándole sin chaqueta bajo la lluvia. —Eso es cierto —dijo María. por fin la localizó cuando empezaba a quitarse la chaqueta.

La escalera que a ella siempre le había parecido enorme. María rememoró sus días en la escuela de Covey. pero no podemos entrar juntos en la escuela de Jamey. De repente María sintió la necesidad de ver a Flo y Simón. Yo hubiera pensado que os querríais cerciorar.. se le antojó ahora minúscula. Duncan mantuvo el mismo tipo de mirada. y de pronto se sintió tranquilizada por la compenetración entre ambos. Consultó su reloj.. —¿De veras? —dijo Duncan con inquietud—. quiero decir. Peter y Nell. El chispazo de miedo fue remplazado por algo diferente. Él asintió y le apretó la mano. te acompañaré. Luego ella se marchó. Se levantó. Olió a palomitas de maíz. —Se interrumpió y miró fijamente a María. los profesores y los visitantes. por un instante María temió entrar en el gimnasio y encontrarse con los fantasmas de ~123~ . María vio un brillo extraño en los ojos de Duncan que la dejó paralizada y la mantuvo rígida durante unos instantes. pero estaba seca. Enferma —dijo Duncan por fin. bueno. Se sintió triste y desorientada. Sólo estaban autorizados a entrar por allí los alumnos de quinto y sexto cursos.conseguido.. para asegurarse de que ambos estaban fuera de peligro. de que Gordon es violento y Sophie está. eran las tres. Lo peor fue cuando llegó al quinto curso y hubo de utilizar una puerta diferente de la que utilizaban Sophie. Vamos. María atisbo por la puerta de un aula. una pila de piedra se alzaba en el centro de una habitación. Subió los escalones de tres en tres. María aparcó el «Mustang» en el aparcamiento del profesorado y corrió bajo la lluvia hacia la puerta norte. La pila de las tortugas había sido una de sus cosas predilectas. Ni Gordon ni Sophie nos lo permiten. —¿A qué hora es la salida? —preguntó. El eco de voces infantiles se multiplicó de forma fantasmal por el corredor. Pero cuando llegó al sexto curso. y María vio reflejado en ella su propio terror sobre lo que estaba sucediendo en la familia de Sophie.. los niños pequeños debían utilizar la puerta sur. María no pudo resistir la tentación de mirar dentro por si habían plantas y tortugas.. y luego por otra: las dos estaban vacías.... que se sentía cada vez más inquieta por su silencio—. empezó a gustarle la distinción y el privilegio de ser la más veterana. —¿En la escuela? No lo sé —contestó Duncan—. Los primeros cursos estaban más allá del vestíbulo. Dibujos de tiza cubrían el tablero de anuncios. —Me gustaría ir contigo —dijo—. y recordó la tradición de los días lluviosos o nevados de hacer palomitas y permitir que toda la escuela las comiera en el gimnasio durante el recreo. una especie de energía.

—Sí. tía María —dijo Simón cuando ella se detuvo ante ellos. mirando cómo jugaban los otros niños. la señorita Rosen. ~124~ . Pero los chiquillos estaban jubilosamente vivos y juguetones..? —No. Jeffrey Clay. Le pareció tan joven que a María le resultó difícil creer que se hubiese licenciado en la Universidad. pero ninguno lo sabía a ciencia cierta. y María se preguntó como siempre dónde las haVían. Helene Warble. se revolcaban en esterillas y bailaban imitando a Madonna. Empezó a caminar hacia allí pero se detuvo—. y todos quieren sus fotografías en el tablón de anuncios. —Y María estrechó la mano de la profesora. soy su tía. Los profesores no las habían traído todavía. No quiso violentarlos delante de sus amigos. He venido por aquí para visitar mi vieja escuela. La profesora mostró una expresión recelosa. de pie. Allí tenemos una pequeña estufa. queridos —dijo ella sin abrazarlos.sus propios profesores y condiscípulos. ¿Puede decirme dónde hacen las palomitas? —preguntó. María Dark. Muchos niños saben que usted vino a esta escuela. —En la sala de profesores —contestó la profesora—. A la luz grisácea. Casi todos sus condiscípulos habían pensado que utilizaban la oficina o la habitación de las enfermeras. busco a Florence Littlefield —contestó muy afable María.er. —Hola. —Hola.. —La profesora señaló hacia las ventanas. recostados contra la pared. ¿por qué tendrían que traer ellos sus propios almuerzos en lugar de tomar comidas calientes. la señorita MacMorris. Patty Scha. Pensó que los dos podrían creer que algo marchaba mal y quiso tranquilizarlos—. La he visto en la National Geographic —dijo sonriente—. A María le pareció curioso que después de tantos años descubriera la respuesta a una pregunta que la había asediado cada día lluvioso de su infancia. como se hacía en el instituto de Hatuquitit? —¿Puedo ayudarla? —le preguntó una profesora. —¿No será su madre. Vestidos con ropa caliente y vistosa.. corrían detrás de pelotas. Flo está allí con su hermano. —Sí —dijo Simón. como si les enloqueciera el olor de las palomitas recién hechas. —Gracias —dijo. Flo y Simón estaban juntos. La señorita Laird. Si hubiese tenido una. Veo que aún se siguen haciendo palomitas de maíz los días de lluvia. Beau Stanton. María distinguió dos figuras pequeñas.. gracias a una mujer que entonces ni siquiera había nacido. —Ahora la reconozco. La vieron aproximarse pero no se movieron. La escuela Covey no tenía cocina. que supieran los niños.

Pero se puede saber por qué no estáis jugando. jodida! —dijo Simón. arrastrando a Flo. María se quedó inmóvil.Flo permaneció en silencio. Pensó que lo mejor ~125~ . ¿Os explicaron por qué? —Porque eres mala con nuestra familia —dijo Simón—. Tenía la piel pálida. —Mamá no quiere que hablemos contigo. —Hemos de marcharnos. Llevaba un par de lazos amarillos en las trenzas. —No tenemos ganas —contestó Simón. haciéndola tambalear. —¡Simón! —exclamó María alargando la mano hacia su sobrino de diez años. como si se hallara resfriada. —Hola —dijo Flo. —¡Las manos quietas. Flo? —No tenemos ganas —murmuró la niña. De repente. María la sujetó y por un instante Flo se agarró a ella. viendo como se alejaban. María cogió a Flo. ¡Mira lo que has conseguido! —Y los dos niños echaron a correr. —Creo que los papas se equivocan —dijo muy despacio María. ¿No me quieres decir hola? Los ojos de Flo se movieron muy despacio hacia María y la miraron durante unos segundos. desviando de nuevo la mirada. —insistió con un tono apremiante. Flo empezó a llorar. Has hecho cosas que no podemos comprender —añadió solemnemente. como siempre: conjunto rojo de pana y un suéter azul marino con cuello de cisne.. —¿Por qué no estáis jugando? —preguntó María. —¡Qué tontería! Para mí el recreo siempre era lo más bonito del día —dijo María aunque no fuera cierto. en la piel nacarada del brazo vio un montón de magulladuras. Levantó la larga manga de la niña y allí. Pero el retrocedió. No podemos hablar más contigo. Ninguno de los niños contestó—. —No lo entiendo —dijo María—.. —¡Muy bonito! —exclamó Simón con desprecio—. Yo os quiero. — Flo —dijo María—. casi sin pensarlo. intuyendo peligro. intentando disimular la alarma que sentía. —Simón dio un empujón a Flo. Sophie la había vestido con pulcritud. Miró a lo lejos esquivando deliberadamente la mirada de María. Y papá tampoco —dijo sin rodeos Simón. —¿Y tú qué dices.

vomitó bajo la lluvia. salió por la puerta norte al aparcamiento y allí. pero en lugar de ello echó a correr escaleras abajo.sería buscar a la profesora de Flo. o a la directora o a la enfermera de la escuela. ~126~ . entre dos coches.

Y Simón era muy educado. —Tendremos que cogerlos in fraganti. no sabemos a ciencia cierta que sea él. —De lo contrario tendrán que coger in fraganti a Gordon.CAPÍTULO XVII Unas nubes tormentosas oscurecieron el cielo de Hatuquitit después de la semana de lluvia y se negaron a retirarse. —Esperamos que los niños confíen en alguien —dijo la señora Cannon. Aunque pareciera una cruel contradicción. —Nos alegramos de que la familia se preocupe —dijo la señora Cannon. El tono mesurado y amable de la directora le produjo escalofríos. Ella había visto cómo la familia se agrupaba excluyendo a todo el mundo. Han enviado asistentas sociales a la casa Littlefield pero sin resultado alguno. María se quedó consternada. que ellos quieren a sus padres y que sus padres les quieren a ellos. la asistenta social de nuestra escuela. ¿Y qué me dice de su manera de comportarse? Flo siempre se mostraba cariñosa y feliz. Pero los dos dicen lo mismo: que todo marcha bien en casa. Telefoneó a la escuela y habló con la profesora de Flo y con la directora. Hace mucho tiempo que estamos muy preocupadas por Flo y Simón. —¿Y cómo es eso? ¿Qué me dice de las contusiones? —preguntó María —. María pensó que sus padres les querían. —Hemos notificado nuestras sospechas sobre abuso de menores a las autoridades. Se imaginó que Gordon había creado un universo poblado por su mujer y sus hijos y gobernado por él. Las dos parecían complacidas de su llamada. —Hemos procurado que los niños hablen con la señorita Calderone. Desde luego. la directora—. — María no pudo apartar de su pensamiento la expresión despreciativa de Simón cuando la llamó jodida. —Y ahora ¿qué sucederá? —preguntó. Le hubiera gustado que la mujer se sintiera furiosa e indignada como ella. —Entonces ¿por qué no hacen algo? —preguntó María. La baja presión causó jaqueca a María y la hizo ver aquellas nubes como un presagio portentoso de que algo terrible iba a suceder. Ella había tenido la impresión de haber ~127~ .

—Hallie no se molestaba en ocultar el gris de su cabello. —El otro día fui a la iglesia para hablar con el reverendo Hawkes. Tengo sesenta y siete años y me siento exactamente como cuando tenía dieciséis. Alzó la labor para que la viera María. Pero la soledad la angustiaba y decidió ir a visitar a su madre. ¿Vais en serio tú y Julián? —preguntó de pronto. —Sabemos que es Gordon —dijo en tono glacial. Es un modelo mío. —No. como desconcertada. Acababa de ir al peluquero. Me resulta difícil creer que ya han pasado todos esos años. y ahora la directora le decía que tal vez lo hubiese hecho Sophie. para mantener una vigilia que no podía prometer un final feliz. Cuando colgó el teléfono tuvo la sensación de estar preparándose para una tormenta.encontrado un aliado. María pensó que el pelo de Hallie parecía rígido con la laca y le daba un aspecto más matriarcal que de costumbre. —De acuerdo —dijo Hallie—. He venido para hablarte de Simón y Flo. —Estoy segura de que le encantará —dijo. —Es una funda para el regalo de cumpleaños de Julián —dijo Hallie—. Echó una ojeada a su madre mientras le devolvía la labor. El mundo se me venía abajo y Sophie sólo quiso cuidarse de mí. Hallie estaba sentada en el sofá de la sala haciendo punto de media. Pero su expresión era infantil. alguien deseoso de proteger a Sophie y los niños contra Gordon. hablamos de historia local. —Sophie se comportó como una gran amiga después de la muerte de tu padre —dijo Hallie mirando fijamente el punto de media—. —Me lo imagino —dijo María sin ironía. unos palos de golf y la corona del club de campo de Ha-tuquitit. y pensé en el funeral de papá. —Lo fue —dijo Hallie—. —No —contestó Hallie con un tono tajante para descartar semejante posibilidad. Pero antes déjame hacer un poco de té. ejecutado con diminutas puntadas. Se sentó junto a Hallie y le cogió la mano—. —Debió de ser muy duro quedarse sola con tres críos —dijo indecisa María. mucho esfuerzo para que Hallie lo volcara en un obsequio—. —Supongo que fuiste allí para hablar de Sophie. Hallie miró recelosa a María. Parecía un trabajo hecho con amor. Fue una chica muy buena. ~128~ . María elogió el diseño de su madre.

El objeto estaba junto a una costilla y sobre él había otra. María observó a su madre mientras se sentaba en la silla junto al teléfono de pared de la cocina. Percibió la decoloración. Hallie echó algunas toallas a la lavadora. María miró el cielo. Era Ginger Talisker. La brisa tibia empujó las últimas nubes de la tormenta hacia el horizonte. corrió hacia la lancha y puso rumbo hacia las islas Hechizadas. María estuvo segura de que quien hubiese enterrado el cuerpo lo había envuelto primero cuidadosamente en pieles y esteras. María olvidó su frustración con Hallie. la separación podría haber sido causada por el paso de un bebé. Enrolló el toldo de polietileno. Al cabo de un rato. María cogió sus herramientas de excavar. el lugar donde Hallie se acomodaba siempre cuando se preparaba para una larga y agradable charla. y tras la descomposición del cuerpo todo se revolvería mezclándose huesos y talismanes. Volando sobre las olas. y ella quiso cobrar antes la punta ~129~ . los bordes desgastados de los porosos huesos parduscos. María la miró enfurecida durante unos minutos pero Hallie no le devolvió la mirada. desde los objetos otrora brillantes hasta los huesos y. recorrió todo con la mirada. María cepilló tres cuentas que formaban un grupo. María pensó que debería examinar la pelvis de la mujer por si hubieran marcas que indicasen que había dado a luz. El alumbramiento podría haberlo rajado. al recordar la pregunta de Aldo sobre posibles lesiones. El sol tardó en aparecer aquella tarde. varios siglos de lluvias. María miró el interior. Luego concentró su atención en retirar algunas de las pequeñas ofrendas funerarias mezcladas con los huesos. El musgo y la suciedad las habían teñido de pardo. Se sentó sobre los talones hincando las rodillas en la tierra húmeda.María la siguió a la cocina. Probablemente las dádivas habrían sido colocadas en la mortaja. Se agachó utilizando el cepillo suave para limpiar la superficie de la pelvis. pero las expuso a la luz y vio que eran de un púrpura intenso y que estaban hechas con la cara interior de unas conchas. El hueso se abría en cierto punto. Por primera vez después de muchos días se sintió libre de su familia y pensó en la mujer cuya tumba no había vuelto a ver desde que comenzaran las lluvias. Descubrir la punta de flecha resultó más dificultoso. lombrices de tierra y sedimentos podrían hacer ensanchado la raja. Una noche de insomnio. El esqueleto se había conservado muy bien. Tocó con el índice un lugar áspero y recorrió la curva de la pelvis hasta la columna vertebral. Como una urraca. examinó las tibias y los fémures por si hubiera alguna señal de rotura u osificación. Una parte del toldo que cubría la tumba se había soltado con la tormenta. dentro de un hora habría oscurecido demasiado para excavar. Luego sonó el teléfono. María se marchó. Los huesos seguían exactamente tal como los había dejado.

María le miró mientras él echaba el ancla en la bahía y luego tiraba del cabo para arrastrar la embarcación hasta la orilla. Trabajó esforzadamente con el cepillo y el pequeño pico. Pero las ventanas de las casas al otro lado del agua. En ese mismo momento un ronroneo la hizo volverse hacia la pequeña bahía. quién le habría disparado la flecha y si alguien podría haberla salvado. El sol empezó a ponerse llenando el cielo de una luz dorada. Al pensar en el poder para proteger y salvar. brillaban con un naranja de fuego. y con el paso de los años había dejado de llorar. viva o muerta. le pareció que el corazón le latía en la garganta. De pronto la comprensión la envolvió como una ola fría: el corazón de la mujer había sido atravesado por una flecha. Pero Duncan saltó de la «Alicia» y caminó por la húmeda arena hacia donde ella le ~130~ . pensó en Duncan Murdoch y sintió deseos de besarle. Se levantó y se limpió la suciedad de las rodillas. Por alguna razón esta vez intuyó que él no venía con malas noticias. María se dio cuenta de que estaba pensando en Sophie. se había distanciado de sus sujetos. en el desembarcadero de la Squaw.de flecha. Pero esta tumba era diferente. En sus primeras excavaciones. a las personas cuyos huesos desenterraban. y el corazón empezó a latirle presuroso. su lugar favorito. El sol había desaparecido detrás del pinar de Lookout: la bahía en calma relucía como hielo negro. Ella siempre había creído que los arqueólogos debían amor. había llorado cada vez que veía un esqueleto: todos tenían en común los dientes apretados y desnudos como si se dolieran de algo. María siguió un buen rato de rodillas mirando a la mujer asesinada. se encaminó hacia la playa. Incluso entonces se había dado cuenta del sentimentalismo de su imaginación. y vio la «Alicia» que doblaba el promontorio. Mientras caminaba a lo largo de las rocas. Se preguntó cómo habría muerto. Probablemente. reflejando el sol poniente. la mujer habría partido del embarcadero de Squaw para su viaje final. junto al mar. Luego se agachó y colocó la cubierta de polietileno sobre la tumba. Todos parecían suplicar ayuda. Sintió que se le había concedido un deseo. había convertido el dolor en objetividad científica. Enderezándose sobre las rodillas. o por lo menos compasión. Estaba tan cerca de su casa que María no tuvo dificultad en imaginar que su ocupante había caminado por la tierra que ella y aquellos a quienes quería pisaban a diario. Se saludaron con la mano. se sorprendió de que la punta de flecha estuviera tan cerca del lugar en donde había estado el corazón. Sintió deseos de seguir mirando un poco más al hombre y a la embarcación hasta que el corazón se le tranquilizara. María recordó la última vez que Duncan la había encontrado allí. miró temblando a la mujer. donde se quedó a esperar a Duncan. María retrocedió.

bueno. —He encontrado algo increíble —dijo María mirando el suéter azul marino de Duncan. — María hubiera querido contarle toda la historia pero se quedó hipnotizada por sus ojos que danzaban y ardían de deseo. Se sentían felices. El pelo rubio. dos literas cubiertas con mantas de cuadros rojos y unas estanterías llenas de revistas del mar y novelas de misterio.. —Una squaw asesinada. He pescado por lo menos quinientas veces cuando tú no estabas aquí. María descendió las escaleras y miró a su alrededor. Descubrió una pequeña cocina. Saltaron un rollo de alambre verde para nasas de langosta y un cubo vacío para llegar hasta la cabina. una mesa. salpicado de motas blancas. sabiendo lo que vendría después. Él la atrajo hacia sí.. —¿Ya? —Sí. —Hola —dijo—. —Pensé que tendrías hambre —dijo Duncan—. tan áspero como sus manos. apretándola contra su suéter. —¿Y has recorrido todo ese camino para traerme la cena? —preguntó María deseando subir a la lancha de él. le cayó sobre los ojos: él se lo echó hacia atrás. Vi tu lancha y pensé que estarías aquí. —¿Qué has encontrado? —Duncan se acercó hacia ella. Quizá fuera la irrealidad de hablar con una madre que no la escuchaba o las horas pasadas de rodillas extrayendo una punta de flecha del esternón de la mujer que había sido su víctima. Duncan abrió la puerta de la cabina y encendió una luz en el interior. María dejó que la cogiera de la mano y que la condujese hacia su lancha. —Lo celebro —dijo María. Había salido a pescar. Duncan encendió una estufa de alcohol y la cabina se caldeó casi al ~131~ . casi todas. Ella subió por la proa en donde brillaban las escamas de pez bajo el último resplandor. y ella alzó la cara para que él la besara. pero María deseó tener junto a sí el cuerpo cálido de Duncan. —Necesitaba verte —dijo él.esperaba. Dos pequeñas lámparas difundían una luz rosada. María frotó la mejilla contra él. ¿Quieres comer algo? Todas las comodidades de casa. uno frente a otro. Su expresión fue de un leve desconcierto. sentirle temblar. pero hoy he visto tu lancha. mojado por las salpicaduras de la espuma. Su suéter resultó áspero como ella imaginaba. —Duncan tenía el rostro radiante—. acariciarle la espalda. Es hora de cenar. —¿Cómo lo supiste? —Es el primer día hermoso después de tanta lluvia.

La sopa siguió burbujeando—. Nunca me imaginé que alguien pudiera ser tan suave. Sus dedos excitaron un pezón. Ella conocía sus razones. Ella levantó los párpados y vio sus ojos verdes moteados de oro sonriéndole. vertió el contenido en una cacerola. Él pasó las manos por la blanca garganta de María. dibujando con un dedo sus labios. Ella negó con la cabeza. —susurró él—. Luego cogió unas latas del aparador y las examinó a la luz. —Huele muy bien. mientras María intentaba soltarle el cinturón. —¿Qué te parece una sopa de almejas? —preguntó. Sus musculosos hombros y su pecho le parecieron suaves en contacto con las ásperas manos. Sus bocas se abrieron. Se movió con sorprendente gracia para ser un hombre tan grande en un espacio tan pequeño. y luego la besó otra vez. Se echaron en la litera. La sopa empezó a burbujear. no había doble sentido en sus palabras. Pronunció su nombre en voz alta.instante. —Yo también —dijo María. Duncan apagó la estufa. y se preguntó si a Duncan le ocurriría lo mismo. por sus brazos y más abajo. Ella le devolvió la sonrisa. se desabotonaron tímidamente las camisas uno a otro. Ella notó que la rodeaba con el brazo. Duncan tomó asiento frente a ella y se miró las manos que había puesto sobre la mesa: estaban muy bronceadas y tenían tres nudillos despellejados. El amarse en ~132~ . —Eres tan suave. ¿No tienes hambre? —preguntó él. —Me estoy enamorando de ti —dijo Duncan. Y ella le creyó. —Hace dos meses que estaba deseando que visitaras esta cabina. Sintió el corazón de él latiendo contra el suyo. sólo por el placer de hacerlo. y ella sintió que las manos de él le cubrían los pechos. y entonces le cogió la nuca y lo besó. sintiéndose caliente y viva. —Estupendo —dijo María sentándose en la litera. Duncan bordeó la mesa. Duncan abrió la lata. Se sentó en la litera al lado de María. A María le pareció extraño acostarse con alguien que no fuera Aldo. Después la mano de él le recorrió la garganta. pero ahora no puedo pensar en comer.. deteniéndose para darse un apretado abrazo.. —Bien. con tanta ternura que ella cerró extasiada los ojos. Levantó la vista sonriente. añadió agua de botella y ajustó la llama. y él hizo lo mismo con el suyo. luego el otro. se deslizó debajo del suéter y permaneció quieta en el nacimiento del pecho.

Las constelaciones resplandecieron sobre su cabeza. la miró dentro de los ojos y ambos sonrieron. —Me alegro —susurró María rodeándole el cuello con los brazos. dormidos. duro como el marfil. Una vez dentro. Él se montó sobre ella. Abrió los pantalones de él. Hizo sonar dos veces su sirena. María se apretó contra él como si quisiera introducirse en su cuerpo y ni por un instante deseó surgir para respirar. Tal idea la hizo sonreír. entonces Duncan viró a la izquierda. Se acomodó en la sala con las cortinas corridas. después los suyos y luego le liberó el pene. Caminó despacio hacia casa por la áspera hierba. consternada. María siguió la estela de Duncan hasta que alcanzaron la boya negra en la boca de Lookout Bay. —Nunca he hecho el amor aquí —dijo Duncan. Al levantar la mirada hacia el cielo se dio cuenta. y guió la embarcación hacia el muelle. Se dirigieron hacia casa en sus respectivas embarcaciones. Siguió imaginando que los niños estaban ahora arriba. de sus calzoncillos blancos. hacia la ciudad. su pensamiento pasó de Duncan a Sophie y a la squaw en la tumba de Lookout. mientras que su «tío Duncan» la esperaba en el granero. de que sus pensamientos sobre las dos mujeres eran extrañamente similares: sentía pesar por ambas. ¿Sería posible que después de viajar durante tantos años por el mundo lo que más deseara María fuese un marido. se orientó hacia la luz del porche de sus vecinos. Tal vez fuera por el movimiento de la embarcación. Con los pies en tierra firme. Ésta fue la primera vez que ella condujo su lancha en la oscuridad. pero el viento marino sopló por las aberturas de la embarcación. que mantuvo sobre su cabeza. la Osa Mayor y Casiopea.un espacio tan pequeño le recordó los tiempos de bachillerato. Se imaginó que se traía consigo a Simón y Flo mientras Sophie y Gordon se iban lejos para solventar sus diferencias. unos hijos y una casa en Hatuquitit? Pero la realidad volvió a enseñorearse de todo: ni Flo ni Simón eran hijos ~133~ . La litera desprendió un olor rancio. Orion y las Pléyades. pero ambos se movieron al ritmo del mar. durante todo el camino hacia casa rememoró como había sido hacer el amor con él. Pero ahora no se sintió cortada como entonces. Luego lo atrajo hacia sí y le hizo penetrarla. y María le contestó del mismo modo. María se hizo un poco de té. mecida por el leve oleaje de Loo-kout Cove. María sentía aún los brazos de Duncan alrededor de sus hombros. Encendió el potente reflector.

Su respiración sonó agitada a través del teléfono. —Dentro de un momento estoy ahí —dijo María. Se inclinó sobre Sophie sujetándola por los brazos. —¿ Puedes pasarte por aquí ahora mismo? Acabo de matar a Gordon. La casa parecía alegre. —La voz de Sophie llegaba débil a través del hilo. Duncan no era su marido. —Dime qué ha ocurrido —insistió ésta sacudiéndola por el brazo. —¿Qué sucede. Quizás aquella sacudida le hubiese recordado las cosas que Gordon le había hecho. —¿Diga? —Soy yo. Pero Sophie no respondió. —¿Te has cortado? —preguntó María. como pintura de guerra. —No he sufrido daño alguno —dijo Sophie —¿Qué ha ocurrido? —preguntó María. —Sí. —Me dijiste por teléfono que habías matado a Gordon —dijo María. Fue un accidente. Él estaba casado con otra mujer. Quise asegurarme de que estabas en casa para que te lleves a Flo y a Simón contigo. mirándose. Lanzó una mueca de dolor cuando María le apretó el hombro. que se desmayó de pronto quedando acurrucada en el camino como una bola. Cuando estaba a punto de subir las escaleras para bañarse. sonó el teléfono. Durante unos segundos las hermanas permanecieron una frente a otra.suyos. —Acabo de llamar a la policía —dijo Sophie como si no hubiese oído a María. María vio rastros de sangre. después otra vez a María. Por fin Sophie se adelantó para darle un abrazo fugaz. Será mejor que mañana no vayan a la escuela. —Precisamente estaba pensando en ti —dijo María. El contacto hizo retroceder a Sophie. por favor —dijo muy quedo Sophie. Él se ~134~ . Están arriba preparando sus cosas. Tenía el lado derecho del suéter empapado de sangre. lo he matado. Sophie hizo otra mueca de dolor cuando María le tocó el lado derecho. —¿Qué ha ocurrido? —repitió María. —Cálmate. Sophie? —preguntó alarmada María. como si estuviera revisando mentalmente una lista—. —Todo se arreglará —dijo Sophie. María suspiró y dejó la taza. Sophie miró hacia el garaje. en la mejillas y en el pecho de Sophie. Sophie recibió a María en el camino de entrada. casi todas las luces del primer piso estaban encendidas. María sintió no haberse sabido reprimir. —Sophie empezó a sollozar—.

María se agachó y vio que el neumático delantero izquierdo había pasado por encima del torso. porque Sophie no habría intentado jamás escapar sin Flo y Simón. Decidí abandonarle y me subí corriendo al coche. —Creo que sí —contestó sin querer tocarlo. Eso hizo pensar a María que Sophie estaba mintiendo. ¿no te propusiste hacerlo? ¿Dónde sucedió? —Aquí mismo —dijo Sophie señalando con la mano. —Tuvimos una pelea —dijo Sophie con tono inexpresivo—. No quiero que digas nada a la policía mientras Peter no esté aquí. —¿Lo vieron los niños? ¿Estaban contigo en el coche? —Estaban durmiendo. rozando con las yemas de los dedos el punto que había señalado María—. ¿verdad? —preguntó Sophie. La cabeza de Simón desapareció de la ventana del dormitorio de sus padres. encantadora y aterrada. María cogió de la mano a Sophie. Sophie? —preguntó María tocándole la mejilla. —Está muerto. y volviendo presurosa junto a Sophie. Necesitas un abogado.puso delante de mi coche. Las manchas de su mejilla podrían ser barro en lugar de sangre de su marido. el único miembro del cuerpo de Gordon a su alcance... Al instante. María empezó a alimentar cierta esperanza. ~135~ . Me arrastré debajo del coche para estar con él —dijo al cabo de un momento. Sophie no iría a la cárcel. La luz del primer piso lo hizo resaltar entre las sombras. Aceleré y entonces Gordon se puso delante de mí. En la penumbra parecía una jovencita: candorosa. Al oír voces. —¿Tengo sangre? —preguntó muy desconcertada Sophie. Creyó oír sirenas pero era el televisor. María caminó despacio hacia el cuerpo de Gordon. Una de las peores peleas. Gordon! —se lamentó Sophie. Sophie asintió. en el segundo piso. —¡Oh. —Entonces. María levantó la vista hacia la casa. si no era asesinato. —¿Y cómo te has manchado así de sangre. se vino abajo. —Voy a telefonear a Peter —dijo—. Pero lo que María tomó al principio por la sombra de un arce chino era una pierna de Gordon. La parte superior estaba escondida bajo el coche. María vio el coche aparcado en su lugar habitual delante del garaje. Sobresalían las piernas. María se preguntó si se podría encontrar el pulso en la pierna.

—Hola. a medida que los coches de la policía doblaban por Cove Road y entraban en el largo camino dé los Littlefield —. queridos —dijo María acunando a Flo y besando en la frente a Simón. Estaban paralizados. ¿Qué te hizo él esta noche? —Algún día te lo contaré —dijo Sophie.—Te propusiste hacerlo. Ésta. —¿Por qué esta noche? —inquirió María. Quiso examinárselo. ¿verdad? —susurró María. Sus ojos miraron feroces a los de María. una ventana abierta. y marcó el número de Peter. Soltó la mano de María y se volvió hacia los coches que se acercaban. Lo levantó. Flo y Simón estaban acurrucados en la cama de sus padres. dos pequeños soñadores sufriendo la misma pesadilla. Sonaban cada vez más próximas y ruidosas. No tenía elección. —He de llamar al tío Peter —dijo. vio lo que los niños contemplaban pasmados y lo que les acompañaría durante el resto de su vida: una pared embadurnada con sangre y pelo. las palabras bien claras de que su madre había matado a su padre no les hicieron reaccionar. Ni Simón ni Flo se movieron. aferrando la mano de María. —Le dije a mamá que se limpiara la cara —murmuró con voz sorda. pero oyó los chirridos de los coches de la policía. Como él se negaba a moverse. María meció a Flo y. no pudo creer que aquel fuera el mismo niño. —Sí —dijo Sophie con un hilo de voz. María alzó a Flo. Ahora las sirenas fueron reales. Subió las escaleras de dos en dos y entró precipitadamente en la habitación de Sophie y Gordon. Acaba de matar a Gordon. —Ven ahora mismo a casa de Sophie —dijo apenas contestó—. siguiendo su mirada. Se echó boca abajo desesperado y no quiso mirar a María. procurando no tocar la pegajosa huella. aquél era el único teléfono que funcionaba en la casa. María tuvo que levantarse con el otro ~136~ . y ésta creyó percibir un destello de triunfo. dormidos con los ojos abiertos. María miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba buscando inconscientemente una pistola. Los destellos azulados de sus luces estroboscópicas asomaron fantasmales entre los árboles. se detuvo a observar una gran huella de sangre en el auricular. Cuando iba a coger el teléfono. recordando su actitud desafiadora en Covey School. Miraron al varío. un cuchillo o un bate. Simón no quiso salir de la cama de sus padres. una gruesa alfombra color marfil empapada con la sangre de su padre. Flo gimoteó cuando vio a María y abrió los brazos para que ésta la aupara. Corrió a la cocina pero el teléfono había sido arrancado de la pared. —Voy a telefonear a Peter —repitió María. Observó que Flo se había mordido el labio.

~137~ .» Y María se preguntó si tal promesa llegaría a cumplirse. y repentinamente comprendió por qué le dolía a Sophie el lado derecho: había hecho un gran esfuerzo levantando el cuerpo de Gordon para arrojarlo por la ventana. chicos —dijo afable. Quiso correr escaleras abajo para asegurarse de que Sophie no hablaba demasiado. —Hola.brazo. María siguió sosteniendo a Flo pero dejó a Simón en el suelo. Un agente los recibió en el vestíbulo. Recordó lo que Sophie le había dicho antes de que llegara la policía. Intento desesperada sacar a los niños de aquella habitación. Libre de su peso. lejos de la sangre. sintió un dolor lacerante en el hombro. «Algún día te lo contaré.

Segunda parte CAPITAL DEL UNIVERSO ~138~ .

Luego cogió una funda de almohada de la secadera. Sólo quiero que me deje en paz. La he visto de uniforme en Caldwell's comprando comida. No necesitábamos hablar porque podíamos leernos mutuamente los pensamientos. me pregunta una celadora. El sueño era tan real como si estuviera despierta. disfruto poniendo la tele por la noche y viendo nuestra hermosa cárcel de ladrillo rojo y columnas blancas. la asquerosa llaga de mi pierna. «estas langostas están casi hechas». «Debe de haberle odiado mucho». a decir verdad.. DEJADLA VOLVER A CASA CON SUS HIJOS. Mamá se queja siempre de que producen embotellamientos. como si me estuviera preguntando si tenía intención de cocinar el pollo del carrito de la compra. y yo estaba pensando. sobre todo durante los meses de calor. a dejarme salir de aquí. el ojo morado. dice con voz llena de simpatía. Parece como si las manifestantes quisieran que el Estado liberase a la persona que ellas consideran injustamente acusada. Me hace la pregunta con gran naturalidad. respondo. A Gordon esto le hizo morirse de risa. Examinan mis contusiones. «No lo sé». porque yo no he sido acusada injustamente. por delante de la cárcel.. A mí nunca me molestaron. Estábamos cociendo langostas en la cacerola de esmalte negro moteado y escuchando la WGBH en la radio.. cuando todos los veraneantes vienen por aquí. Así que me fastidia imaginarlas dando vueltas con unas pancartas que dicen. LIBERTAD A SOPHIE. Anoche soñé que él estaba allí. «¿no sería gracioso que tuviésemos baberos de langosta?». porque considero que eso no es asunto suyo. «¿Por qué mató usted a su marido?». «te quiero». objeto de una cosa tan interesante como una manifestación. Sacó del frigorífico una barra de mantequilla sin sal y la puso en el cacharro de cobre que María nos trajo de París. Por la tele se muestran tan apasionadas que me resulta muy difícil creer que la persona en cuestión sea culpable. «Son sobre todo feministas que tienen problemas como el suyo y quieren verla fuera de aquí. envolvió con ella una ~139~ . con aire muy colonial. incluso más real.. Gordon estaba pensando.» Me imagino a las manifestantes enarbolando esas tristes pancartas hechas con un cartón sujeto a un palo. Yo pense. Luego me habla de las manifestantes que marchan por la carretera A.CAPÍTULO XVIII Están dispuestos a perdonarme.

despierta. la plantación de manzanas en la primavera anterior. y sentí una descarga eléctrica como no la había vuelto a sentir desde Jack. —Vete y dile que necesitas un tornillo —dijo Billy haciéndose el gracioso. Durante todo el camino hasta el club náutico. John Hannigan y Polly Stubbs. Yo había leído en el Hatuquitit Inquirer una reseña de cómo se había hecho cargo del negocio de ferretería de su padre. Desde luego yo comprendí que sus sentimientos hacia mí eran más profundos que los míos hacia él. con su cazadora azul. Mi cuerpo y la ropa que me han dado para ponerme son las únicas cosas sin cerrojos en esta habitación. como en su juego con la cuerda. la compra de los zapatos de los niños en Jewel Box Malí. Apretó demasiado. Me tienen ais lada. Verdaderamente esto es una celda. sobresaliendo unas seis pulgadas de todo el mundo que le rodeaba. la noche en que nos conocimos.. con esa postura suya tan maravillosa. pero no estábamos hablando de un bachiller. Billy y yo. así que me reí como si le creyese un auténtico genio. —Ésta no es la cuestión —intenté explicarle. Por aquellas fechas él y yó habíamos terminado el último curso. La Navidad pasada. —¿Es tan importante vender artículos de ferretería? —preguntó Billy. Pregunté si me permitirían tener unas fotografías de Simón y Flo. después de todo. ninguno de nosotros tenía plan. Seattle Slew y Northern Dancer. Polly nos machacó con los ganadores del Derby de Kentucky porque sus padres tenían esos estúpidos vasos de whisky representando a todos los grandes caballos: Man O'War. Secretariat. bajo observación. En la Fiesta del Trabajo yo había ido a bailar con Billy Walker.. Al desvanecerse el sueño me siento sola y deprimida. él era un licenciado en Princeton con el mundo a sus pies. ni periódico ni música. Ellos fumaron marihuana pero yo no quise. En el sueño yo era feliz. estar muerto. puedo imaginar lo que e>. vuelvo a vivir los tiempos que estuvimos juntos. Localicé a Gordon tan pronto como entré allí. Luego me desperté. En cierta ocasión dije a María que a mitad de nuestra primera cita supe que deseaba casarme con Gordon.langosta y me la ató alrededor del cuello.. un retrete y un lavabo. Acababa de volver a casa desde Prince-ton. pero de hecho lo supe ya aquella noche ~140~ . Nada para leer. Gordon estaba solo en el bar. la celadora contestó que esta noche no sería posible. Oigo su voz. Aquella noche me enamoré de él. pero me di cuenta de que él no pretendía hacerme daño. pero que las pediría cuanto antes. Tengo una cama estrecha. Cometí el error de decir a Billy lo maravilloso que me parecía que Gordon asumiera el negocio de la familia cuando. Creo que temen que intente suicidarme. así que decidimos ir juntos. estaba viva. No puedo dejar de pensar en Gordon.

lo que aproveché para esconder mi permiso debajo de una lata de coca-cola ante la tienda de Gordon. Asi podría entregártelo. —¡Qué lástima! —exclamé—. Pero leí en sus ojos que necesitaba a alguien tanto como yo. Él frunció el ceño. Pude verle imaginándose la inspección del vehículo. dos coches de policía y una hilera de automóviles delante de su tienda.en el club náutico. pero cuando llegué a casa no pude encontrarlo. posición social. Pero le había estado observando un rato y me di cuenta de que él no era de los que responden al típico flirteo. no lo he encontrado —dijo. ~141~ . así que por fin saqué fuerzas de flaqueza. La recuerdo perfectamente: tenía una cubierta anaranjada con el sello de Princeton impreso en negro. y no necesité esforzarme mucho. Al día siguiente Gordon me telefoneó. Caminé hacia el bar y me aclaré la garganta. Voy a pasar a recogerlo.. —Estoy a punto de hacerte una pregunta estúpida —le dije. Quise parecer tímida. Billy había apartado a Peter y estaba bailando con Nell. Bueno. delante de tu ferretería? —pregunté—. así que pedí a John que me llevara a casa y en el camino le rogué que atravesara la ciudad. Lo tenía todo: apostura. y me sentí muy mal por haberle engañado de aquel modo. si lo encuentras. —Sophie Dark —dije. un buen negocio y los ojos más dulces que jamás había visto. John se puso a reír como un loco. ¿Cómo te llamas? —preguntó sacando una pequeña agenda. Le hice prometer que no se lo contaría a nadie. incluso antes de hablar con él. ¿querrás hacérmelo saber? —Por supuesto.. —Estoy seguro de que no será así —me contestó con una sonrisa. Estuvo solo casi toda la noche sin prestar atención a las chicas que estaban a su lado y que tomaban su tiempo para pedir bebidas. —Me encantaría —dije. —¡Estupendo! —exclamé—. Eran unos ojos en los que yo podía confiar. —Lo he encontrado —me dijo. —¿Encontraste por casualidad un permiso de conducir en la acera. Luego le di mi número de teléfono y me despedí. —No. Me pararon para inspeccionar el coche y recuerdo que el agente me devolvió mi permiso. Parecían muy tristes. —¿Te gustaría que cenásemos juntos? —me preguntó él—.

Me entran ganas de llorar sólo de recordarlo.Me llevó al Sea Shanty. Supe. Estuve a punto de decir que me gustaban las almejas crudas y la langosta cocida. Por lo demás. luego sopa de mariscos y por último langosta rellena. aunque él no lo dijera de momento. Ella le había estado presionando para que hiciera una promesa de matrimonio. una mesa que según me dijo sus padres siempre reservaban para los cumpleaños y aniversarios. Como no pude imaginarme que un licenciado de Princeton quisiera casarse con una mujer que no había salido nunca de Hatuquitit salvo para ir a la Universidad del Estado. Me dijo que había tenido una novia en Bryn Mawr. Virtualmente no se requería nada para herir los sentimientos de Gordon. pidió almejas casino. pero con Gordon fue diferente: serio y adulto. Me pareció tan ufano que no pude cesar de sonreírle. Ocupamos una mesa junto a la venta na. Cottage y Tiger Inn por considerarlos demasiado exclusivistas. me adjudiqué las credenciales de María. ¡Qué feliz me habría sentido aquella noche si hubiera sabido que aquélla sería la mesa que Gordon y yo ocuparíamos cada aniversario durante los próximos doce años! Ni siquiera me dejó mirar el menú. y pasé mi año júnior en Roma. porque deseo una vida sencilla. ¿Qué habría contestado yo si él me hubiese preguntado el porqué de tal decisión? Aún me asusto al pensar en lo que le habría dicho: «Decidí quedarme aquí. estudiando arqueología. Mientras tomábamos unos whiskies. Pero algo en su forma de expresarse —demasiado aprisa. Yo culpo de eso a Ed y Gwen. Todo el mundo pensaba que yo iría a Cambridge para hacer la licenciatura. como si temiera dejar entrever sus sentimientos— me hizo pensar que tal vez había sido ella la que había roto con él. pero me contuve al ver su expresión. Aborrezco esta parte. Eso de la carrera lo dejo para mi hermana. Gordon me habló de Princeton. Jack me había llevado a sitios muy agradables. que estaba dispuesto a sentar cabeza. Luego empezó a hacerme preguntas sobre mí. me habló de ofertas de trabajo que había recibido de la IBM. y donde había rehuido los grandes clubes como Ivy. —Fui a Radcliff —le dije—. donde se había graduado en Económicas y había remado con el primer equipo. hasta que él sacaba fuerzas de flaqueza para decirte lo mal que se sentía. en Hatuquitit. A él le complació mucho pedir esa cena especial para los dos. quienes le educaron de tal forma que no tenía la menor confianza en sí mismo. con una Fulbright. Podrías decir una cosa inoportuna y no darte cuenta de ello durante una hora. pero decidí no hacerlo. pero que rompió con ella antes de su baile de debutante.» Ésta hubiera sido una respuesta a la medida para el hombre ~142~ . Merrill Lynch y el Chase Manhattan Bank. —Me encantan las almejas casino y la langosta rellena —comenté tan pronto como me di cuenta de que estaba estropeando sus planes.

» Gordon nunca le contó que yo había dicho que fui a Radcliffe. escuchándole aplicar los principios de la economía que había estudiado en Princeton al negocio de la ferretería. remedando perfectamente su voz. ¿Con cuanto de la verdad podría salir librada? ¿Qué pasaría si le contase que yo había protagonizado la presentación de «Aida» en el último curso? ¿Qué pasaría si le dijese que la Yale Review había publicado un poema mío? ¿Qué pasaría si le dijese que yo había roto con Jack por creerle demasiado artificial? Me despojé de esas tres mentiras para quedarme con la verdad desnuda: que me había especializado en inglés por el bachillerato. Por alguna razón.. cómo intentó disuadirle su madre! Gordon solía contarme las cosas que ella le decía. un buen negocio y un porvenir sereno. Gordon tenía muchas ventajas de las que carecía Jack: una familia sólida. en cualquier caso más que a mí. a Hatuquitit. al igual que él. Nuestra boda sorprendió a todo el mundo menos a Gordon y a mí. Hice un recuento de mis propios beneficios. y que tarde o temprano se cansaría de su nueva novia y la abandonaría como había hecho conmigo. mi niño? Sabes que su madre es una terrible esnob y también lo que tú piensas del esnobismo. ensayé diversas retractaciones. Me incliné hacia delante y apoyé la barbilla en la mano para que mis ojos chispearan a la luz de la vela. Pero él no me preguntó nada. Estaba segura de que eso no pasaría nunca con Gordon. me sentí avergonzada de mis verdades y contenta por no habérselas dicho. y que el chico de mis amores con quien iba a casarme se había enamorado recientemente de otra mujer y me había abandonado. fiable. Me dije que la vida con Jack habría sido como una montaña rusa. Felicia Woods.. Me encontré pensando en términos de escapatoria. mi condiscípula y ~143~ . rehuía ciertos clubes de Princeton por creerlos demasiado exclusivistas y que volvía a casa para administrar el negocio de la familia. Sentada junto a Gordon. que a Jack le gustaba la diversión más que cualquier otra cosa. Me lo imaginé dando las gracias a su buena estrella por haberle enviado una mujer con tanto talento que podría haber hecho grandes cosas fuera pero que había preferido volver a casa. en la mesa.que . desde el principio me di cuenta de lo leal que era Gordon. Allí. Apenas la dije. que había cantado ópera en el club. Su sonrisa me hizo derretirme. «¿Estás seguro. ¡Dios mío. Pero la noche se estropeó por culpa de mi mentira. —Me alegro de que decidieras no marcharte —me dijo cubriéndome la mano con la suya. tal como lo haría tantas veces a lo largo de los años. yo habría rechazado una oportunidad que muchos envidiarían. porque claro. Su hermana sí que es todo un personaje. empecé a cavilar sobre la forma de deshacer el entuerto. cuánto amor necesitaba y cuánto estaba dispuesto a devolver.

Gordon no dijo jamás ni una palabra sobre mi mentira. Probablemente soy la única persona del mundo que va a una cárcel que está al lado de la casa de su madre. intenté no pensar en Gor-don. que me pasé unos días en la cama. diciéndome que mi vida había sido una pesadilla. Simón prohibe a Flo que piense en semillas de lima. cloqueando como gallinas. y también lo de mi ruptura con Jack. pero es todo cuanto me queda de él. pero no lo conseguirá. hasta hace dos años. Pobre mamá. cuando me trajeron aquí. asegurándome que aprobaban lo que hice. y que Felicia y Carol me tuvieron que arrastrar hasta la enfermería. era la maldita ahijada de Gwen y había contado a ésta todos los detalles de mis estudios. mientras yo apretaba la mano para conservar unas motas de su sangre bajo las uñas. y entonces ella sólo puede pensar en semillas de lima. Intenté engañarme a mí misma. ~144~ . por supuesto. Anoche. No tienes por qué pensar más en él. ella está más allá de esos árboles. Sé que es patético. me dije. Ellos se pasaron todo el tiempo limpiándome la sangre. Me gusta el juego de Simón y Flo.compañera de dormitorio. Pero Gordon es la única meta de mis pensamientos. al menos. Seguramente hará todo lo posible para olvidar que estoy aquí.

las disposiciones para el funeral de Gordon y la investigación policial. Compraremos uno. En casa tenemos tele. Hallie. —Pero yo quiero ir a casa. —dijo Flo. Le empezó a temblar el labio—. Percibió físicamente las palabras que no podía decir—.CAPÍTULO XIX —«Charlotte Web» es mi libro favorito —dijo Flo—. Luego le tendió la mano a Simón. Una policía se había pasado la mañana interrogándoles y ambos aseguraron que habían estado viendo la televisión cuando su madre entró para decirles que había golpeado accidentalmente a su padre con el coche. Todos le hicieron numerosas recomendaciones y preguntas sobre los niños. —¡Cállate! —gritó Simón. —Seguro —dijo María. —Ya te he dicho que no tengo televisión —contestó María—. Durante todo el día los niños habían estado sentados muy quietos en la sala o habían estado correteando por el patio mientras María intentaba entretenerlos. que parecía más animado de lo que había estado durante todo el día.. —¿Podrás comprar un «Sony Trinitron»? —preguntó Simón. ella podría leérselo durante una hora y luego se cansarían y se irían a la cama.. —No podemos ir a casa —intervino tajante Simón.. ¿verdad? —dijo María rompiéndose la sesera para hallar una solución. Peter y Nell le estuvieron llamando constantemente para contarle las últimas novedades sobre Sophie. —Echo de menos a mamá y a papá —se lamentó Flo. ¿Cuál es tu libro favorito? —No lo sé —contestó Simón con desgana. con el ceño fruncido. Supongo. pero mañana era el funeral de Gordon. Si se le ocurriera algún libro del que los dos pudiesen disfrutar. —Sé que los echas de menos —la consoló María. —Y se quedó sin terminar la frase. ~145~ . —¿Y tú. Pero los dos volverán pronto a casa. —¿Podemos ver la TV? —preguntó Simón.. María rodeó con un brazo a Flo. pero éste se hizo el desentendido. —Eres un poco mayor para «Charlotte Web». Había estado a punto de decir «mañana». Simón? —preguntó María—.

. —Sí. —¿Qué va a pasar? —preguntó Simón con tono insistente. —¿Qué quieres decir? —preguntó María con un tono de voz más autoritario del que hubiera querido. Se dio cuenta de que había asustado al niño. —¿Cómo puedan hacerla estar allí? —preguntó Flo—. Mamá tiene niños pequeños de que cuidarse. —Es cierto que ella ahora mismo está allí —dijo María con lentitud—. María intentó desenredarlo. claro —murmuró Simón mirándose la rodilla. —Una vez papá dijo que ella iría allí algún día —dijo descaradamente Simón. El señor Grunwald hablará con la policía. —¡Es cierto! — María se sintió embargada de frustración. ¿no? —Ella te quiere mucho —dijo María. —Ya lo sé —dijo—. —Bueno. el tío Peter ha contratado al señor Grunwald para que actúe como abogado de mamá. Vamos.—Es como decir. echándose hacia atrás el pelo de una manera que recordó extrañamente a Gordon. Pobre papá. retorciendo entre los dedos un mechón de pelo. El niño tocó un pequeño orificio en la cabeza de un estegosaurio. cubierto de dinosaurios. ella ahora está allí. Ahora ella es una de esas señoras en la cárcel. fingiendo concentrarse en el pelo y esquivando la pregunta. da un beso de despedida a mamá —dijo Simón. ¿Acaso no he dicho que sí? ~146~ . Pero no sabemos por cuánto tiempo. —¿Qué tiene de extraña? —inquirió Simón—. Los tres llevaban puesto el pijama. —¿Qué quieres decir? —preguntó María. —Que no volverá a casa —contestó Simón—. —¿Qué va a pasar? —preguntó ansiosa Flo. —Me pregunto por qué diría una cosa tan extraña —dijo María sin querer presionarlos pero deseando conocer los detalles. es verdad —dijo Flo—. —Sí. ¿qué quieres decir? —Él lo decía siempre —contestó Simón. Él tenía razón. el de Simón era de franela. poniéndolo tan tirante como el hilo de un huso. Pero Simón volvió la cabeza y le dirigió una sonrisa taimada.. con algunos abogados y con un juez para decidir cuánto tiempo ha de estar en la cárcel. que se puso a mirar el suelo—.

María pensó que debería hablarles del funeral de su padre al día siguiente. —Vale —dijo María. pero no pudo detenerse. contó a Peter que Gordon había recibido cinco balazos de un revólver treinta y ocho. Tuvo la impresión de estar jugando con fuego: se dio cuenta de que podría ser peligroso para los niños empezar a recordar cosas en el momento de acostarse. —¿Os lavaréis los dientes? —preguntó intentando recordar cuál había sido su rutina cuando niña—. y Sophie y Gordon querían ir a Nantucket. —Me gustaría que tuviésemos una tele aquí —insistió Simón. ¿ No te parece divertida? Mamá siempre me trenza el pelo como a ella. No había hecho de niñera con ellos desde que eran muy pequeños. La policía aún no había encontrado el arma. ¿Os arrodillaréis para rezar vuestras oraciones? —¿Podríamos comer algo antes de acostarnos? —preguntó Flo esperanzada. pero en la enfermería de la cárcel le habían curado un hombro dislocado. diversas laceraciones y una torcedura de muñeca. No pudo imaginar lo que habrían presenciado los niños. que había sido condiscípulo de Sophie en la escuela. un fin de semana cuando ella y Aldo estaban pasando una temporada en Hatuquitit. Sophie no había reconocido nada. el fiscal del distrito. Y si además no tienes tele. —¿Podemos irnos ya a la cama? —preguntó Simón. ~147~ . Pero buenas reposiciones. Y se preguntó cuál sería su ritual para irse a la cama. quien normalmente la guardaba en su mesilla de noche. El cuerpo había sido arrojado por la ventana y fue arrollado varias veces por el vehículo. Después me parece que «Cosby». ¿verdad? —preguntó María. —A los dos os gusta la tele. —Reposiciones —dijo Simón—... —¿Qué visteis anoche? —preguntó María. Pero no supo qué decir. —¿Reposiciones de qué? —«Kate and Allie» —dijo Simón—. y explicarles lo que verían.Sus palabras la dejaron perpleja y sintió un escalofrío por la espalda. deseando conducirles lo más cerca posible de lo sucedido la noche anterior. Bob Fredrerickson. —Nos encanta —dijo Flo. pero creía que era la registrada por Gordon. —¿No te gusta esa niña pequeña que sale en «Cosby»? —preguntó Flo tirando de la manga a María—. —¿Estáis cansados? —Un poco —dijo Simón—.

Luego proyectó la cabeza hacia delante y María pudo ver su perfil mirando ceñudo al reverendo Hawkes. los niños Littlefield y Julián Porter estaban en la iglesia de St. gente de la ciudad. y eso que él murió en acto de servicio —susurró Hallie —¡Chis! —dijo María. muy elegante con un traje de «bouclé» negro. María no apartó la vista de los niños. y Nell ocupaba el extremo del banco. Simón miró fijamente el féretro.—¿Qué os parecen unas tostadas con canela? —Estupendo —dijo Simón. yt no cesaba de llorar. El resto del templo lo llenaban amigos de Sophie y de Gordon. Luego los fotógrafos empezaron a disparar sus máquinas. ~148~ . entre los Dark y los Littlefield. Cuando María levantó la mirada vio que las lágrimas goteaban por la barbilla de Gwen. Luke. todos los reunidos se levantaron de sus asientos. estaba sentado entre Flo y Simón. unos guantes negros de cabritilla y unas botas italianas de tacón alto. El féretro de Gordon apareció transportado por su tío y sus primos. policías y reporteros de toda la región. Ed y Gwen Littlefield estaban al otro lado del pasillo. Flo no quería soltarle la mano. —El funeral de Selectman Brown no atrajo tal multitud. Hallie había permanecido tiesa como un bastón hasta que la gente quedó en silencio. Por otra parte lamentaba la muerte de Gordon. Al entrar el reverendo Hawkes. Hallie estaba preocupadísima por Sophie. Gwen llevaba un espeso velo que le cubría toda la cara hasta el labio superior. Al llegar a la iglesia los Dark se habían encontrado con la entrada bloqueada de reporteros y fotógrafos. Todos los Dark. María y Peter habían intentado convencerla de que tomara un valium antes de salir de casa. —Me gustaría que Gwen dejara de dar este espectáculo —susurró Hallie. Peter. —No olvides que Gordon era su único hijo —dijo Julián con afabilidad. enfocando a Simón y Flo. Hallie estaba muy inquieta. inclinándose hacia él como si éste ejerciera una atracción física. adorables con su ropa festiva. y se sentía profundamente avergonzada ante la tremenda situación. Es mortificante —susurró Hallie a María. a unos seis pies de Gwen Littlefield. —Esto es totalmente horrible. —No tenemos ningún comentario que hacer —dijo con fría dignidad. lo depositaron en el pasillo. con Andy en brazos. y a Hallie. a quien había querido mucho. —¿Quieres hacer el favor de callarte? —masculló Hallie entre dientes. sentados en el mismo banco que había ocupado la familia cuando el entierro de Malcolm.

Sophie y Gordon habían estado casados durante doce años. ésta había respondido que sí. María miró a su alrededor. De pronto se dio cuenta de que Flo. y María pensó que en algún momento de ese período Sophie debió de haberle amado. ¡Como si nosotros nos sintiéramos felices por lo ocurrido! —Después de todo Gordon era su hijo —dijo Peter. Simón y ella eran los únicos miembros de la familia Dark y Littlefield que no lloraban. La cárcel estaba a sólo unas millas. la saliva resbalándole por la barbilla. la noche en que Gordon había enviado a Sophie al hospital. Hallie se inclinó por delante de María para palmotear la rodilla de Flo. que había estado llorando en silencio. habían decidido no invitar a otros asistentes al funeral para el acostumbrado café con pastas—. sintió que las lágrimas se le secaban. sabiendo que el funeral de Gordon estaba teniendo lugar sin ella. Vio a Duncan de pie con su esposa unos bancos más atrás. La mirada de Duncan se cruzó un instante con la suya antes de que María desviara la vista. Sin embargo. que como de costumbre no se apartaba lo más mínimo de Hallie—. María recordó que Ed había llamado «Ticky» a Gordon en su fiesta de aniversario. —Los ángeles se llevan a tu papá al cielo —susurró—. María. todavía ceñudo. Se oyó un enorme sollozo. sola en su celda. María imaginó que Sophie miraría por la ventana y vería pasar el coche fúnebre con el cuerpo de su marido y las limusinas con su familia. Debe de ser muy ~149~ . y pensó que eso era debido a que eran las tres personas más cercanas a la verdad. Con rostro pétreo miró hacia el frente. Exceptuando a María. de vuelta en casa. —Los ángeles se están llevando a papá al cielo —dijo Flo a Simón con voz normal. Se preguntó si Sophie lloraría o si el alivio al verse libre de Gordon aplacaría su dolor. Dadas las circunstancias. María sintió que le caían las lágrimas de los ojos. —Eso es lo que le estoy diciendo todo el rato —dijo Julián. La procesión fúnebre tendría que pasar por allí camino del cementerio. apartó la vista y miró otra vez. Todas las pruebas evidenciaban que Sophie había matado deliberadamente a Gordon pero Sophie no lo había reconocido así ante nadie. habían tenido dos hijos maravillosos. Alargó el cuello para mirar por encima del féretro y vio que Ed estaba llorando con la boca abierta de par en par. —¡No puedo dejar de pensar en cómo nos desairaron! —dijo Hallie. Cuando el reverendo Hawkes empezó a hablar. Quiso secárselas pero Flo le cogía una mano y Hallie la otra. Simón asintió. Oyó otra vez el sollozo. Porque María recordó que al preguntar a Sophie si lo había hecho adrede. María imaginó cómo se sentiría Sophie en aquel momento.Flo echó una ojeada al féretro. Díselo a tu hermano.

—No saben lo que sienten —terció María—. Sentémonos y tomemos una copa. ¿dónde está el arma? Todo el mundo la miró con simpatía y nadie se molestó en discutir. Luego sintió un arrebato de cólera contra Peter y Nell. Su sentido del decoro se ofendió con la mera mención de una copa antes del mediodía. Sophie está en la cárcel por disparar contra Gordon. Nosotros no sabemos lo que sucedió y somos adultos. —No puedo dejar de pensar en que ni Simón ni Flo muestran emoción alguna —dijo—. —Yo creo que son muy valientes —dijo Hallie. Deben de estar muy confusos. Si ella le disparó. —Si ella hubiese prestado más atención quizá no habría ocurrido nada de esto. —Ellos vivían allí —dijo María mirando fijamente a Hallie. Estoy segura de que los dos conocen lo ocurrido. O por lo menos debieron oír los disparos. —¿Una copa? —exclamó desdeñosa Hallie. —Cálmate —dijo Peter. ¿Por qué no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo? —Sophie siempre ha protegido a tu madre —dijo Nell con suavidad—. Gordon ha estado maltratando a Sophie durante años y Sophie ni siquiera ha podido pedir ayuda a mamá —farfulló María pensando lo solitaria que se habría sentido Sophie y cómo habría temido confiar en alguien. y donde Andy jugaba con sus bloques. ~150~ . —¿Cómo es posible? —dijo Hallie—. —Deben de haber visto que Sophie disparó contra Gordon —dijo Peter en voz baja—. sobre todo contra Nell—. Y eso se remonta a nuestra época de niños. —¡No tenemos la seguridad de que esto sucediera! —gritó Hallie—. —Vamos. Querían a su padre pero vieron lo que le hacía a su madre. Supongo que lo recordarás. Esos niños me preocupan. —Permíteme que insista —dijo Julián conduciéndola fuera de la habitación. —¡Esto es increíble! —exclamó María enfurecida cuando su madre abandonó la estancia—. y a mamá le preocupa terriblemente lo que la gente puede pensar si alguien le hace tomar una copa. Nell echó una mirada al estudio donde Simón y Flo estaban viendo un espectáculo deportivo.doloroso perder el único hijo. querida —dijo Julián al cabo de unos instantes—.

—O tal vez pensara que mamá se avergonzaría —dijo María—. ¿qué derecho tienes? Nosotros no sabíamos nada. tal vez pensara que ella podía asumirlo. La estriden cia de su voz llamando a Andy recordó el silbido agudo de alguien llamando a un perro. nosotras solíamos salir juntas dos veces al mes. era ella ante quien Sophie había reconocido su intención de matarle —Nosotras también estábamos unidas —dijo Nell. Peter quiere a Sophie tanto como tú y como yo. Y desde luego estoy segurísima que ella no aceptaría que Sophie se dejase golpear por Gordon. —De hecho. Las palabras de Nell tuvieron una resonancia de la que María no pudo desprenderse. ¿Qué derecho tienes a ser la conciencia de la familia? Dime. así lo creo —dijo María serenándose. Mamá ha dejado siempre bien claro lo que ella está dispuesta a aceptar y lo que no. Andy apareció tambaleante en la puerta do la cocina y se detuvo lloriqueando hasta que su madre lo cogió en brazos—. ¿O era simplemente que nadie se había apercibido antes? —Nosotras estábamos demasiado unidas —dijo indecisa— Ella no podía ocultarme la verdad. —No odies a mamá —dijo Peter sentándose y cogiéndose la cabeza con las manos—. Tú crees que yo debería haber visto venir esto y haberme cuidado de Sophie. perdóname pero vete a la porra —dijo Nell. Antes de que tú volvieras a casa. De hecho. Se le puso la piel de un rosa febril—. María suspiró con un estremecimiento y se sentó junto a Peter tocándole la rodilla con la suya. —Tal vez Sophie no quisiera agobiar a Hallie. Creo que la cosa ya está suficientemente mal como para que además nos empecemos a odiar unos a otros. —Nell balbució las últimas palabras como si no hubiese querido decir tanto. pero aún con una actitud de desafío. —Querrás decir que ella no aceptaría que Gordon golpease a Sophie —la corrigió Peter con tono amable. No pongas en mis labios palabras que no he dicho. yo creo que deberías reconocer que las cosas han empeorado cien veces desde que regresaste. Peter. —Bueno. No quiso ya culpar a nadie: sólo ~151~ . —Sé que estabais unidas —dijo María.—Claro que lo recuerdo —dijo María molesta. las cosas entre Sophie y Gordon se habían deteriorado después de que Ma ría llegara a Hatuquitit. Quiero decir que la primera persona a quien mamá criticaría sería a Sophie. —Eso no es lo que he querido decir —contestó María alzando la voz—. —Y María recordó que era ella a quien Sophie había telefoneado después de matar a Gordon.

que ambas preferirían preservar el statu quo a buscar la verdad y quizá salvar a Sophie en el proceso. María se volvió hacia los niños sin atreverse siquiera a respirar. —¡No os peleéis! —vociferó Simón. no deseando causarles más dolor del que ya sufrían. Si todo el mundo hubiese actuado antes. tal vez Gordon estaría vivo y Sophie en libertad. Pero escucha. ~152~ . —¿Así que tenemos la responsabilidad de ayudarla a engañarse a sí misma? —preguntó María—. La expresión de Andy pasó de la preocupación al terror y empezó a lanzar gemidos. Estoy un poco harto. No lo veo de esa forma ni mucho menos. intentando pacificar los ánimos. —Creo que deberías dejar en paz a mamá —dijo Peter volviéndose hacia María—. —¿Acaso habría sido tan horrible dejarla que siguiera pensando que Sophie había abortado y que pensaba llamar Hathaway al bebé? —Has perdido el juicio —dijo María.quiso entender—. —¡Como si ella y yo no fuéramos iguales! —dijo María dejándose dominar otra vez por la furia. Esa idea la hizo gemir. No os habéis llevado bien desde que volviste a casa. Yo lo sé. Y Peter le tendió los brazos. —Ella se queja de ti. sin tocarse. dada —dijo Andy. Ella los creía un matrimonio perfecto —dijo Nell con calma exagerada. —Todas esas noticias sobre Sophie y Gordon la han golpeado con una fuerza increíble. —¿En medio? —inquirió desconcertada María. con lágrimas resbalándole por el rostro lívido. cuando te robó el dinero en el aeropuerto. —Odiamos las peleas —gimoteó Flo. Nell. Pero estaba segura de que ella se avergonzaría si le decía que estaba robando. Él y Flo estaban en el umbral. Ella está pasando por un infierno. con lágrimas resbalándoles por las mejillas. —Dada. y estoy cansado de que me cojáis en medio. Yo habría hecho cualquier cosa para ayudarla. y también Sophie lo sabe. ¿n< > crees? Aquella noche. —¿Que he perdido el juicio? —Nell empezó a sollozar. tú te quejas de ella. ¿por qué no se lo dijiste? —No lo sé —dijo intimidada Nell. Estrechó a Andy contra su pecho—. Sophie habría sabido que las quejas de Hallie provenían de un universo que no era el de María ni el de nadie más. ¿por qué no le dijiste que sabías que estaba robando? Eso la habría ayudado. Y pensó que Hallie y Nell estaban cortadas por el mismo patrón. —Nell quiere a Sophie —dijo Peter sonriendo a Nell y mirándola como si quisiera infundirle ánimos—.

María oyó que Nell susurraba a Peter: —Al fin está llorando. Tarde o temprano tenía que llorar por su padre. —Y quizás el alivio de ver a Flo comportarse como una niña normal hizo que Nell se secara sus propias lágrimas. Pero mientras abrazaba a sus sobrinos, María dudó de que éstos derramaran lágrimas de dolor sólo por Gordon. Ni Simón ni Flo podían soportar ver cómo se peleaban María, Nell y Peter, porque ellos sabían adonde conducían las peleas de personas que presuntamente se querían.

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CAPÍTULO XX
María se encontró cara a cara con Sophie en una antesala de la cárcel reservada por lo general para las entrevistas entre las reclusas y sus abogados. Steve Grunwald había pasado la hora anterior con Sophie; hacia el final había llamado a María y luego las había dejado solas. —Parece eficiente —comentó María refiriéndose a Steve. —Es simpático —dijo Sophie—. Resulta curioso que mi destino esté en manos de un tipo con quien he jugado a balonvolea. —¿Tu destino? —inquirió María. —Las personas que hacen lo que yo hice son condenadas a muerte —dijo Sophie con amargura. —Vale, vale —dijo María mientras tanteaba inconscientemente debajo de la mesa. Se dio cuenta de que estaba buscando un micrófono—. No hables de esa manera. —¿Por qué no? —dijo Sophie sin el menor rastro de nerviosismo en la voz. Tenía el aire de alguien que se ha rendido. Su traje carcelario sin forma era lila, el mismo color de esas toallas de papel enrollables en los lavabos de los restaurantes. Le venía muy holgado. María pensó que Sophie había perdido peso durante su estancia allí. —Quiero, quiero... —balbuceó Sophie. María no dijo nada; esperó a que Sophie continuara. Sophie inclinó la cabeza y dio algunos estirones a la tela de su traje; María supo entonces de quién había adquirido la costumbre Simón. Miró fijamente la cabeza de Sophie mientras ésta jugueteaba con un botón casi suelto de su manga—. ¿Cómo están los niños? —preguntó por fin Sophie sin mirar a María. —Están pasando unos días difíciles —dijo María. —Cuéntame... —Sophie se interrumpió con una risotada—. ¡Como si yo no lo supiera! —Los dos están tristes. No quieren contar a nadie lo que sucedió. Flo se comporta como un bebé. Se pasa el rato chupándose el dedo; anoche se orinó en la cama. Simón se muestra agresivo. —A Flo le encanta hacerse el bebé —dijo Sophie sonriendo por primera vez—. Le gusta acurrucarse en el regazo y hacerte jugar con su pelo. ¿No te lo

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ha contado? —Sí —dijo María, aunque eso había sucedido sin que ninguna de las dos pronunciara una palabra. Una noche en que María se había sentado en el sofá para leer, Flo, con su camisón de rayón rosa, se subió a su regazo, cogió la mano izquierda de María y se la puso en la cabeza. María captó la idea y empezó a revolverle los finos mechones. Ahora Sophie frunció el ceño. María se preguntó si estaría celosa de que Flo le permitiera jugar con su pelo. —Te echan de menos —dijo. —Saldrán mejor librados sin mí —dijo Sophie con cierta dureza en la voz. —Eso no es verdad. — Flo se orina en la cama desde hace meses —dijo Sophie con vivacidad, como si quisiera hacerse cargo del asunto—. Eso la hace sentirse muy molesta. ¿Le has hecho saber que estás enterada? —Claro —dijo confusa María. —No debieras haberlo hecho. Eso aún la pone más inquieta. Limítate a cambiar las sábanas sin decir nada. —¿Por qué les gustarán tanto los secretos a todos los miembros de esta familia? —explotó María—. Hallie es igual. No quiere hacer saber a Nell que está muy enfadada con ella, y no te dice que sabemos que Gordon te pegaba. — María miró fijamente a Sophie, esperando una reacción. —Apenas me pegó —dijo Sophie después de un largo silencio, pero utilizando un desconcertante tono coloquial—. Se pueden contar con los dedos de una mano las veces que lo hizo. Es extraño, pero eso no me molestó tanto como las otras historias. —¿Qué otras historias? —preguntó María. —No tengo intención de empezar a hablar de eso. —Sophie sonrió a María—. Es curioso que Steve se enfadara tanto cuando dije que Gordon muy pocas veces se mostraba violento. Dijo que eso podía dar al traste con mi defensa. —¿ Es que hay algo peor que ser golpeada ? —la presionó María. —Muchas cosas —contestó Sophie bajando la vista. Luego pareció recuperarse y dijo—: Pero no todo fue malo. No todo. Tal vez no lo creas, pero no conozco ninguna familia que tenga tanta reserva de amor como la nuestra. María asintió y cogió la rolliza mano de Sophie a través de la mesa. Estaba convencida de que Sophie lo creía así, y en diversas ocasiones ella misma lo había pensado, un hecho que ahora le causaba incredulidad. Ella había

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envidiado la intimidad de Sophie, Gordon y sus hermosos hijos. —¿Así que te quedarás con los niños una temporada? —preguntó Sophie recobrando la compostura. —Tanto como haga falta. —¿Por qué? —inquirió Sophie, otra vez con voz temblorosa—. ¿Hasta que yo salga de aquí? —¿Qué tal te va? —preguntó María—. ¿Es terrible la vida en este lugar? —No es demasiado mala. No hay intimidad. Me tratan como a una... — Sophie frunció el ceño buscando la palabra. —¿Mierda? —sugirió María. —Todo lo contrario —dijo Sophie—. Como a una heroína. No sólo las reclusas sino también las celadoras. Muchas reclusas tienen maridos que las han maltratado. La violencia no es nada nuevo para ellas. Me preguntan sin cesar si he visto la película «La cama ardiente». Les digo que lo que me sucedió no fue tan evidente, pero no me hacen caso. Me consideran una persona de una admirable sangre fría por haber matado a Gordon. —¿Por qué no pudimos haber hablado así de estas cosas antes de que sucediera nada? —preguntó entristecida María. —¿De qué cosas? —¿Por qué no me contaste lo que estaba sucediendo? —preguntó María —. Estoy segura de que hubiera podido ayudarte a salir del paso. —Yo no quise salir del paso —dijo Sophie repentinamente glacial—. Y en todo caso, ¿qué quieres decir con eso de «haber hablado así» ? Siento decírtelo, pero no voy a contarte nada. ¿Por qué estás tan desesperada? María se encogió como si Sophie la hubiese abofeteado. Intentó sacar algún partido de*l ataque de su hermana, pero lo que acababa de decirle Sophie la había dejado sin habla. Después de un largo silencio dijo: —Quiero que hables conmigo porque eres mi hermana y te quiero. —¿ Estás segura de que no es porque quieres conocer los sórdidos detalles? —preguntó Sophie, que parecía disgustada. En aquel momento María se dio cuenta de que su hermana se odiaba a sí misma. —Estoy segura de que ésa no es la razón. —No digo que esté desahuciada —dijo Sophie—. Pero me encuentro en muy mala forma. Eso sonó a una llamada de auxilio, pero María, todavía quemada porque Sophie le había dicho que estaba desesperada, se abstuvo de hacer

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promesas. En el fondo de su pensamiento alentó la idea de que Sophie debería agradecerle su amor y su apoyo, el cuidarse de sus hijos y el permitir que Simón y Flo le trastocaran por completo la vida. —Necesitas a alguien —dijo Sophie—. Ahora que Su Santidad ha declarado que tú y Aldo ya no formáis ya una unidad. María sonrió. —Por ahora voy saliendo adelante. —Según he oído decir, en el local VFW celebran unos fabulosos bailes de solteros —dijo Sophie sonriendo—. ¿Por qué no vas allí? Podrías conocer a un hombre simpático. María pudo imaginarse el VFW. Tuvo la impresión de estar compartiendo la misma visión de Sophie: guirnaldas de papel de seda; hombres robustos con camisas de franela y gorras luciendo los logogramas de International Harvest, Toro, Chevrolet y VFW; mujeres divorciadas que habían llevado rulos una hora antes, y un triste ponche aderezado con whisky de centeno. —Ya me he estado viendo con alguien —dijo. —Duncan Murdoch. ¿Acierto? María asintió. —¿Te lo ha dicho mamá o Nell? Me creen una mujer terrible. —No, lo he adivinado. Siempre has estado loca por él. Desde el colegio, ¿recuerdas? Y no me digas que no. —Tienes razón —dijo María resplandeciente al rememorar cómo habían hecho el amor en su embarcación. Todo volvió a su memoria en un instante: la oscuridad cayendo sobre Lookout Cove, la cálida cabina, los brazos de Duncan rodeándole el cuerpo. —Él está casado con un auténtico murciélago —dijo Sophie. —¿Cómo es? —preguntó María. —Frivola. Cree que debería estar actuando en el Lincoln Center. Dos o tres veces al año intenta reunir a unas cuantas mamas musicales. Ella con el violoncelo, Sally Drake tocando el piano y yo cantando. —Sophie apoyó los codos en la mesa de fórmica. La conversación tomó un giro que trascendía del ambiente carcelario: ahora María y Sophie eran dos hermanas charlando. Podrían haber estado en cualquier otra parte. —¿Qué tiene eso de malo? —preguntó María—. Parece estupendo. —Pretende que la ciudad patrocine una serie de conciertos y lo proclame por todo el condado. Quiere ser famosa, pero te aseguro que no tiene talento para eso.

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—No sabía que fuera aficionada a la música —dijo María. La deprimió hablar de la esposa de Duncan; sabía por experiencia lo mal que se pasa cuando termina un matrimonio. Hasta ahora su idilio con Duncan había tenido lugar en el agua, fuera de la ciudad, y esto la había mantenido al margen de lo que estaba sucediendo con la familia de Duncan. Su propia separación había sido dolorosa, y eso que ella ni siquiera tenía un hijo. Se preguntó cuándo se lo contaría Duncan a Alicia y a su hijo—. Él piensa dejarla —dijo a la defensiva. —¡Dios mío! La abandona por ti, ¿no? —preguntó Sophie, encantada—. ¿Estás enamorada de él? —Sí —confesó María ruborizándose mientras sonreía—. Pero no la deja por mí. Me dijo que ellos tienen problemas desde hace mucho tiempo. —Recordó la última vez que le había visto: en el funeral de Gordon con Alicia a su lado. Alicia la había sorprendido por su delicadeza. Tenía unos ojos grandes y hermosos de cervatillo. Era pequeña y frágil como un niño, con un pelo sedoso de color de acero que le caía por los hombros. —Estoy segura de que él no la deja por ti —dijo Sophie dándole ánimos—. Todo el mundo sabía que los Murdoch se divorciarían tarde o temprano. No están hechos el uno para el otro. Ella misma me lo dijo una vez. Como tú y Aldo. —Al ver la expresión de María, Sophie hizo una sonrisa tranquilizadora-^. Bueno, tengo razón, ¿no? De lo contrario aún estarías en Perú. —Es cierto —convino María con cierta sensación de tristeza. —Duncan es sexy. Sexy e inteligente. Necesitas afianzar el idilio. Lo que tienes que hacer es alquilar una limusina. Asegúrate de que la compañía este fuera del Estado. Intenta conseguir un coche con matrícula de Nueva York. Diles que lo lleven hasta el astillero y que lo aparquen ante la verja un día determinado. Procura que sea hacia el atardecer. La hora del cóctel es la mejor. —¿Cómo? —balbuceó María confusa. —Dispónlo todo para que te encuentres en el astillero. Hablando con Duncan de... bueno, no sé, puedes decirle que has perdido el ancla y que necesitas comprar otra. Entonces llegará la limusina. Todo el mundo se dará cuenta: ¿quién tiene una limusina en Hatuquitit? Duncan enviará a alguien para que pregunte al conductor lo que desea. Que el conductor diga: « El señor Springsteen está esperando a la señorita Dark.» Asegúrate de que el coche tenga ventanillas oscuras para que nadie pueda ver el asiento trasero. —Sophie chascó la lengua, encantada con su propia historia—. Duncan caerá rendido a tus pies. Imagínate cuánto te deseará si cree que un tal Bruce Springsteen envía coches para recogerte. María se sintió desconcertada al darse cuenta de que Sophie hablaba en

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¿Me prometes una cosa? —imploró Sophie. —¿Sería capaz de hacer eso? —inquirió María considerándolo muy improbable. pero no cacarees el huevo antes de ponerlo. —Eso habrá sido obra de Gwen —dijo—. me desterraba a mí. y cantaba el villancico con unos tonos tan puros que hacían llorar de emoción. que le explicara cuáles habían sido sus sentimientos. —¿Cantaron algún himno? —preguntó Sophie con voz queda. Quiso que Sophie hablara sin detenerse. ¿sabes? Aún creo verla tapándose los oídos cada vez que yo cantaba en la iglesia la víspera de Navidad. Ni ella ni Aldo habían conseguido volver a casa con el tiempo suficiente para oír cantar a Sophie en los oficios de medianoche. —No —dijo María—. Sophie no hizo nada por detener las lágrimas que le rodaban por las mejillas. María observó que su hermana había olvidado que estaba en la cárcel—. Desterrando la música de la iglesia. Y pensó que si pudiera hacer participar a Sophie de la culpabilidad que había estado sintiendo. que le contara todo cuanto le había hecho Gordon. Alicia cree que está a la altura de Rostropovich. Alicia se moriría si supiese que Duncan está viéndose con mi hermana. podría hacerla volver a la realidad. —Sí. y que profundizara en lo que le había inducido a matarle. ¡Po-brecita! —Estoy haciendo muy bien el robo sin necesidad de recurrir a Bruce Springsteen —dijo María. A María le resultó fácil imaginar a cualquier músico sintiendo celos de Sophie cuando ésta cantaba «Noche de paz». no comprendió lo que quería decir Sophie. llevando siempre un vestido verde de terciopelo. Supongo que todos los músicos se tienen envidia.serio. —Tal vez eso es lo que piensas. —¿Qué? — María estaba dispuesta a prometer cualquier cosa. que estaba escuchando todavía «Noche de paz» en la imaginación. —¿Cuándo? —preguntó. —Hazlo como te digo. Siempre me ha odiado. Le harás un favor robándoselo a esa presuntuosa. No cantaron ningún himno. ~159~ . —En el funeral de Gordon. querida —dijo Sophie farfullando de tanta agitación. María. Solía destacar en el coro. Estrechó la mano de Sophie. pero la habían visto en un vídeo. incapaz de contestar. Cualquiera que cantase la habría hecho acordarse de mí.

Sophie. No quiero que ellos la visiten. —Lo sé —dijo María adelantándose hasta el borde de su asiento.. Sophie sostuvo la mirada de María. Sus palabras eran tan frías. —¿Quieres decir en su custodia? Desde luego. —¿Has oído lo que te he dicho? ¿Sabes lo que te estoy diciendo? Simón y Flo. Por unos instantes María miró fijamente a Sophie. Lo sé bien. —Tú eres la única persona a quien se los puedo confiar. —No quiero que pasen ni un momento con Gwen. porque ella es quien ~160~ . María. —No me refiero a eso ni mucho menos. Pero Sophie se limitó a mirar al vacío como si hubiese dicho todo cuanto quería decir. —Escucha.. —Me cuidaré de ellos —dijo María. Comprendo que aborrezcas a Gwen y Ed. tajantes y claras como un cubo de hielo.. —Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de las dos hermanas. —¡Nadie sabe cómo me siento! —dijo Sophie.. Su obstinada negativa a hablar. Sé cómo debes sentirte. no quiero que ella los vea ni que les hable. —La voz de María se apagó. cuando Sophie yacía herida en la cama rehusando la ayuda de María. Al cabo de un rato Sophie dijo en voz baja: —Te estoy entregando a mis hijos. ¿Cómo puedo impedir eso? Ella es su abuela. —Dime cómo puedo hacerlo —suplicó María deseosa de que la convenciera—. después de la fiesta de Ed y Gwen.. Oí cómo le hablaban a Gordon en su fiesta de aniversario. —Escucha.. Ahora Sophie había pedido ayuda y María se la había negado. Sophie. observando cómo intentaba dominarse. —No. recordó a María aquellos días en el hospital. pronto estarás de vuelta. Sophie asintió.. ¿No les proporcionaría estabilidad el poder hablar con personas que conocen y quieren? —Así que tu respuesta es no.. No quieres prometérmelo.—No permitas que Gwen haga presa en Flo y Simón. a encontrar la mirada de María. . —dijo María. Sé que los querrás porque me quieres a mí. Y estuvo a punto de decir: «¿Puedes imaginarte a mamá con un niño de diez años y una niña de seis?» Pero los ojos tranquilos de Sophie la hicieron detenerse.

que dejó sin decir lo que era incapaz de exteriorizar. —La voz de Sophie se quebró y su cuerpo empezó a temblar. Por fin Sophie la besó con fuerza en los labios y las dos permanecieron un buen rato abrazadas hasta que entró la celadora y condujo a Sophie hacia una habitación interior. Le hizo llevar. —Vale —dijo María—. Lo encerró en el sótano. —En un monstruo —dijo Sophie. —Quiero que los mantengas lejos de Gwen —dijo Sophie. Parecía exhausta. ~161~ . —Sophie alzó una mano como si no pudiera seguir—. —Hubo algo escalofriante en el tono de Sophie.. sin querer separarse. Creo que suena horrible. —¿En qué? —preguntó María hipnotizada. Así lo haré. —¿Qué hizo? —¿Que qué hizo? —repitió Sophie alzando la voz—. Ella tenía un hijo pequeño y lo transformó en. María abandonó la cárcel por la puerta principal. —Yo creo que sí —dijo María—..hizo daño a Gordon.. ¡Olvídalo! Ni siquiera suena a algo real. —Se levantaron de sus asientos y permanecieron inmóviles..

Peter contorneó la mesa para dar un beso a María. Le rozó la mejilla con los labios y empezó a retroceder. Ya tenido algunos clientes de esa cárcel. Se esforzó por ver el astillero pero éste estaba fuera del campo visual. Se niega. quería que Hallie le llamara cada vez que necesitase algo. Sophie no podrá resistirle —Lo resistirá —dijo María sintiéndose atemorizada. Peter era el hombre que estaba de más. —No quiere que la saquemos con una fianza. cuando eran niños. En una familia llena de mujeres. desbarataba sus planes. pero creía que su dolor venía de muchos años atrás. María se daba cuenta de que Peter estaba herido. —¿Por qué? ~162~ . Él se había quitado la chaqueta y su camisa blanca olía a polvos de talco. nada proclives a pedir ayuda. ahora convertido en oficinas para abogados. un estudio fotográfico y un dermatólogo. contables. La recepcionista de Peter. como mucho. condujo a María hasta el despacho de Peter. pero ella le abrazó y apretó la mejilla contra su hombro. María había visto a Peter muy trastornado por lo de Sophie. una joven jovial visiblemente embarazada. María se pasó por el bufete de Peter. En su camino desde la cárcel a casa. se sentía dolido de que Sophie hubiera confiado sus hijos a María en lugar de a él. El hecho de que las mujeres Dark fueran fuertes y seguras.CAPITULO XXI Peter siempre había querido ser el hombre fuerte de la familia. el hogar de un capitán ballenero durante el siglo XVIII. —Mierda —dijo él al cabo de unos segundos. Aparcó en Summer Street y entró en una casa de piedra con columnas blancas. —Espero no molestarte con mi visita —dijo María mirando por la ventana la bahía de Hatuquitit y la pintoresca flota de embarcaciones pesqueras en sus amarraderos. Peter no podía entender por qué Sophie no le había llamado para defenderla contra Gordon. Animaba a sus hermanas a que confiaran en él. —Sophie está bien —dijo María sobresaltada. su papel en la defensa de su hermana era secundario. Antes y después del funeral de Gordon. —Sé lo bien que puede estar —dijo Peter sentándose—.

Tú eras el único a quien hablaba. —Fue mucho peor para ti que para mí y Sophie. y le explicó que la muerte era como irse a dormir. me mira como si fuese una idiota.. —Él estuvo presente antes —dijo Peter—. —¿Recuerdas cuando murió papá? Tenías más o menos la edad de Simón.—Dice que no merece estar libre. Él nunca estuvo presente antes de morir. Un petirrojo se cayó de su nido y se rompió un ala. Fue hace años. Siempre tiene el ceño fruncido. no creo que Flo hubiese nacido todavía. Apenas nos enteramos de lo que había sucedido. Simón quiso saber dónde estaba «el bebé». María —dijo impaciente Peter—. Me explicaba que adoptaba una expresión desaprobadora y bajaba la voz para intimidar a los testigos de la parte contraria. Peter miró absorto un lápiz sobre su mesa.. Cuando intento consolarle. No entienden por qué Sophie no vuelve a casa Y no estoy segura de que entiendan por qué tampoco vuelvq Gordon. María ladeó la cabeza y miró a su hermano. —¿Y se murió? —Sí. —Eso es diferente. —Sé que fue diferente —murmuró María con una extraña voz soñadora—. Y después de que él muriera mamá se aferró a Sophie y eso fue todo.. —Recuerdo que una vez Gordon explicó la muerte a Simon. Papá murió de viejo. y nunca lo estuvo después. Simón lo llamaba «el bebé». Durante todo el día pareció terriblemente confuso.. Yo solía visitarle en su habitación y él me contaba cosas de los tribunales. A ti y a mamá. Se porta mal con Flo. Lo mismo que yo hago ahora. no lo sé bien. O furioso. María permaneció en silencio y Peter continuó. —¿Cómo están los niños? —No muy bien. Sophie intentó salvarle la vida cogiendo lombrices en el jardín de atrás y dándole agua con un cuentagotas. Gordon le llevó afuera y le enseñó el pájaro muerto.. —Su madre acaba de disparar contra su padre —dijo Peter pasándose los dedos por el pelo—. Mierda. Un domingo por la mañana nos habíamos reunido todos para el desayuno o algo parecido. Y Simón se pasó el tiempo diciendo «el bebé está durmiendo». —Sí —dijo Peter—. ~163~ . —Simón está aterrado —dijo María—.

. —Mamá no se culpará jamás de nada —dijo María—. María se levantó y alisó las arrugas de su falda. pero ése no es el principal motivo. y sintió que se tambaleaba. Deseó poder estar con Duncan. Deberá admitir que Sophie no pudo recurrir a ella solicitando ayuda para defenderse-de Gordon. siempre y cuando Sophie fingiera que quería cantar en el Carnegie Hall. —¿Cuál es? —inquirió dubitativa María. pero no quiere decirnos nada que sea real. —Quiere que estemos presentes —dijo Peter—. María y Sophie habían estado siempre unidas. Quiero comprar un televisor. Ella aborrece la publicidad. Peter negó con la cabeza. No puede soportar a los reporteros de la televisión. —Su tono se suavizó—. ni los artículos de. He estado fuera mucho tiempo. su imagen dulce y clara. —Tengo que irme. consternado. —Eres muy bueno con mamá —dijo María—. y a María no le había importado compartir a Hallie con Sophie. —Gracias —dijo Peter aceptando las palabras de María como un cumplido. ¿Tienes alguna sugerencia? ~164~ . No creo que quiera tener a nadie allí. Pero ¿a quién tenía Peter? Su madre y sus hermanas le halagaban teniéndole por «el hombre de la casa». pero es como si ella estuviera envuelta en una niebla. Ella y Sophie mantenían unas buenas relaciones siempre y cuando Sophie escuchara los recuerdos de mamá sobre su infancia. y tú has seguido aquí manteniendo unidas las cosas. deberá admitir también el papel que ella representó. —Pareces amargada. María —comentó Peter. habían confiado siempre una en la otra. porque Sophie nunca ha podido recurrir a ella. les divertían (y a veces se mostraban agradecidas) sus esfuerzos para segar la hierba del jardín. —Cuando mamá admita lo que le sucedió a Sophie. Así es como la veo.. Está avergonzada. —Pues no lo estoy. Niega por completo lo que le ha sucedido a Sophie. mantener en orden los libros y pintadas las persianas. A veces yo intento serlo. Su recuerdo la anonadó. Ahora María comprendió cuánto debió de haberse esforzado Peter para conquistar el amor de su madre.María no había considerado nunca seriamente lo mal que debió de pasarlo Peter tras la muerte de Malcolm. —Lo sé —dijo María—. Así es como veo a la familia. —No es eso.

María —dijo el reverendo. No era probable que los recientes acontecimientos cambiaran ese estado de cosas. ¿Cómo sigue la familia? Ella se encogió de hombros.. —Nos vamos defendiendo. Quiero darte una cosa. Pero ella no supo qué decirle. Y dio un beso de despedida a su hermano. ~165~ . (lo último que querría Sophie sería que Simón y Flo se pasaran el tiempo con el reverendo Hawkes). Una hora después.. — María buscó las palabras adecuadas —. diciéndole que colocara el televisor en el portaequipajes.—Ve a la Electrónica de Ernie —dijo Peter—. cuando hacía retroceder su coche hasta la puerta de servicio de Ernie. Está en la carretera de Blackwood. Está especializada en niños. No tengo su número de teléfono pero estoy seguro de que está en la guía. pero él continuó hablando: —Mucha gente me ha hablado muy bien de la doctora Middleton. María pudo comprender eso. Slocum CT»—.. Acompáñame hasta mi coche —dijo sonriente—. —Simón y Flo están viviendo conmigo. —No he hecho nada desde que. Sacó un bloc de notas y escribió. María entregó las llaves al chico del almacén. —Eso dificultará tu trabajo. Bueno. —¿Una psiquiatra? —Una psicóloga clínica —dijo el reverendo Hawkes mientras se palpaba los bolsillos. Mientras caminaban a través del aparcamiento charlaron con cautela. «doctora Elizabeth Middleton. Sus penetrantes ojos le escrutaron la cara. Agitó la mano y se encaminó hacia ella. la había visto por última vez en el funeral de Gordon—. —Hola. Hoy he visitado a Sophie. —Ella no quiere verme —dijo él. ni Sophie ni ella habían sido muy religiosas. —Tal vez te convenga buscar un consejero para ellos. y salió al encuentro del reverendo Hawkes.. María descubrió al reverendo Hawkes que estaba cruzando el aparcamiento. —Me pasaré por allí —dijo María. María abrió la boca para protestar. Le resultó algo incómodo verlo desde que supo que él era el tío de Alicia y que había oficiado en la boda de los Murdoch. desde que los niños vinieron a mi casa.

el inglés que compró la tierra en el desembarcadero de la Squaw. Su mente quedó en blanco al recordar a Sophie en su celda. El reverendo Hawkes abrió la puerta delantera de su «Buick» azul marino. sachem de Hatuquitit. y aquí me comprometo a hacer buena la venta de la susodicha parcela de tierra. MATTHEW WALKER Huella de Nasseequidgeon —Se solía llamar «Squam» al desembarcadero de la Squaw —dijo pensativo el reverendo Hawkes—. —Sé cuánto bien puede hacer el trabajo en momentos como éste —dijo —. todos mis derechos. situada en un promontorio de cara al mar. y asegurarla contra las reclamaciones de cualquier otro indio o indios. Seguramente podrá servirte de ayuda. No lo sabía. Sintió deseos de contar al reverendo Hawkes lo de la punta de flecha descubierta. Los ingleses deformarían el nombre cuando colonizaron la comarca. sonriendo. Entonces recordó la tumba. Por la presente declaro que ya se me ha pagado. Es una copia del trato entre el sachem indio y Charles Slocum. Lo miré en el diccionario y significa «plácido remanso». Testificado por John Chester. Nasseequidgeon. Rebuscó en una cartera de piel y entregó a María una fotocopia de un documento escrito con una letra de patas de mosca. Y se puso a leer el documento: Por la presente testifico que yo. —El que no trasladó las tumbas. incluida la tierra funeraria de Hatuquitit. notario. títulos e intereses en una parcela de tierra denominada por los indios squam. —Es del registro catastral de Hatuquitit —explicó—. de hacerle saber su impresión de que la mujer había sido asesinada. pero no quiso hablar de asesinatos. ¿verdad? —dijo María. excepto aquellos que están enterrados allí y cuyos restos deberán ser trasladados a otras tierras. —Muchas gracias por esto —dijo María dando unos golpecitos con el dedo en el documento. he negociado y vendido a Charles Slocum de Adamsville en Connecticut. ~166~ . El reverendo Hawkes le dirigió una mirada de complicidad. Mide treinta acres más o menos. Lo testifica mi firma o huella: de agosto del año .María le dijo que Hallie se las arreglaba bien. que Peter se ocupaba de los negocios de la familia y que Nell les llevaba comida caliente a los niños casi cada día.

Sabe lo que ocurre entre Alicia y yo desde hace mucho tiempo. temí que acabase matándola. —No puedes ni imaginarte cómo me siento —dijo Duncan. no pudo concentrarse. —¿Has estado pensando en eso todo el tiempo? —En el fondo de mi pensamiento.. ¿Sabe lo que hay entre nosotros? —No. Luego. Sonó el teléfono y acudió a la llamada. —Estoy bien —dijo ella—.. de Sophie. Nunca pensé que pudiera ser tan malo. y se preguntó si ~167~ . y María sintió cierto alivio. Cuando descubrí que él la maltrataba. conmovida por su amabilidad. añadió—: Te vi en la iglesia y sentí deseos de estar a tu lado. sintiéndose vacía. Intentó hacer lo que le había sugerido el reverendo Hawkes: trabajar. Él no lo sabe todavía. Recordé todas las veces que me habías hablado de ella. —La vi —dijo María—. ¿Sabes una cosa. pero lo celebro por mí.. tras un largo silencio. ¿verdad? —Él no es ningún tonto —dijo Duncan—. lo siento por tu familia.. —Vi que estabas entre tu madre y Flo. Tenía sobre la mesa las fotografías de las tumbas. —¿Diga? —¿Estás bien? —preguntó Duncan. —Me alegro. —Alicia quiso ir al funeral.. María percibió cierta duda en la voz de Duncan. Este fin de semana le diremos a Jamey que. Todo cuanto se me ocurrió pensar fue que Sophie necesitaba ayuda.. Pensé en lo que está a punto de suceder. Pero al estrecharle la mano no pudo dejar de pensar que aquél era el hombre que había casado a Duncan y a su esposa. Duncan? Me alegré de que fuera él y no ella. Pero todo le pareció borroso ante la vista. Te echo de menos —dijo de nuevo. Vamos a conseguir el divorcio. El lunes me iré de casa. Lo celebro. Bueno. —La voz de María se puso tensa—. Acabo de hablar con su tío sobre unos registros catastrales. las notas de campo y algunos libros sobre los indios de la zona. Y no creo que tome partido por ninguno de los dos. Pero te echo de menos. Los niños no habían regresado de la escuela. —Lanzó un suspiro—. Supusiste lo que iba a suceder. —Se detuvo unos instantes aferrada al auricular—. Ella conocía a Gordon de la tienda. ¿verdad? —No esto.—Seguramente —dijo María. Imaginé lo que debías estar sintiendo. —¿De veras? —dijo María—.

—Estoy seguro.realmente creía lo que estaba diciendo o intentaba convencerse a sí mismo. —Yo también a ti. María sonrió. Al colgar el teléfono. Quiero que todo esto acabe cuanto antes para poderte ver. ~168~ . Te quiero. —Lo sé. —Duncan hizo una pausa—. No por otro sufrimiento de familia sino porque por fin había encontrado a alguien que la necesitaba tanto como ella a él. —Todo saldrá bien —dijo. Duncan. Parece un exilio.

Temió encontrarse con alguna reseña sobre lo de Sophie. Miró por encima del periódico a Flo. ella se sentó en el otro extremo de la mesa e intentó leer el Hatuquitit Enquirer. —¿De lona? —preguntó Simón. quien con ceño fruncido se esforzaba por cortar en pequeños cuadrados la tostada. Por aquellos días el periódico era sobre todo un pretexto para aplazar la conversación con Simón y Flo hasta después del café. —La próxima semana —dijo Flo—. Después de la escuela. Podemos comprar el regalo de Toby y zapatos para vosotros. a punto de echarse a llorar. —No. Cuando ella ~169~ . cuando ella estuviese preparada para hablar con un niño de diez años y una niña de seis. de pie ante el tostador. Este mismo fin de semana él y Alicia explicarían a su hijo lo del divorcio y cómo iban a cambiar sus vidas. los dos exigían más verdad y lógica que cualquier adulto. gracias —dijo Flo sin levantar la vista. Pensó en Duncan. María se preguntó si alguna vez volvería a saber de Aldo. el «Doonesbury» y el parte meteorológico. —¿Cuándo es? —preguntó María. —Ella te está preguntando qué día. así que se saltó la sección de noticias y pasó directamente al horóscopo. esperando a que saltaran más tostadas. —¿Necesitas ayuda? —preguntó María. A veces María añoraba* la montaña en donde ella y Aldo pasaban una hora ante la mesa del desayuno hablando de los acontecimientos mundiales. María miró otra vez el periódico. —Claro.CAPITULO XXII —Necesito un regalo de cumpleaños para la fiesta de Toby Jen-kins —dijo Flo durante el desayuno del sábado. —No me llames estúpida —dijo Flo. Incluso a una hora tan temprana. Les sirvió tostadas y mientras ellos se ponían mantequilla y almíbar en las tostadas. estúpida —intervino Simón. la agenda del día y los equipos arqueológicos rivales. —¿Queréis que vayamos al centro? —se apresuró a preguntar María—. —María se alegró de haber evitado otra reyerta.

había estado proyectando su divorcio. —¡Llorona! —dijo Simón. —¿Qué te parece si Simón viaja delante a la ida y tú a la vuelta? — preguntó María. la noción de un compás de espera impuesto por el Estado de Connecticut le había parecido un ultraje. la anulación súbita de su matrimonio le pareció demasiado precipitada. Se cubrió con una mano el lugar dañado. —¡Yo quiero viajar de escopeta! —gritó Flo. que se puso a gritar de dolor. ~170~ . —A mí me parece bien —dijo Simón asintiendo con la cabeza. como una muerte inesperada en la familia. Pero una hora después. —En el camino hacia el centro comercial «escopeta» quiere decir el asiento delantero. Pensó en el período de espera. Se preguntó qué papel representaría ella. dejó caer la cabeza y se puso a llorar a lágrima viva. los niños empezaron a pelearse otra vez. María. Le fastidió pensar que Duncan podría pasar por eso. al otro lado del coche. María se sintió incapaz de telefonear a Aldo. y él les echaba gravilla en los zapatos de lona. en lugar de ello. con cuánta frecuencia podrían dejarse ver juntos cuando Duncan decidiera que ella conociese a Jamey. —Mamá siempre me deja viajar delante cuando vamos al centro comercial —gimoteó Flo. Ella y Sophie pellizcaban a Peter siempre que podían hacerlo sin peligro. Pero. cuando los tres estaban en el camino de salida. una vuelta al puritanismo. justamente cuando el resentimiento de los Murdoch estuviese más enconado. Las peleas de los sábados por la mañana entre ella. —¿Puedo ir de escopeta? —preguntó Simón. Sophie y Peter habían sido corrientes e inofensivas. le había escrito una larga carta acompañada con las notas de campo de la tumba de la squaw. Papá me dijo que los tipos con escopeta viajan junto a los conductores del furgón para proteger la mercancía. una táctica paternalista mediante lo cual Connecticut enviaba a ambos cónyuges a sus habitaciones recomendándoles que meditaran sobre el acto irrevocable que estaban a punto de cometer. vio que Simón pellizcaba el brazo de Flo. por alguna razón. cuando ellos se transformaran en adversarios ocupando campos opuestos en una batalla legal. en comparación con la dolorosa espera de noventa días exigida por Connecticut. —¿Cómo? —respondió desorientada María. —Lo he visto —dijo María contorneando el coche. Por otra parte. de oír su voz cuando le contase lo que había hecho Sophie.

—Es muy bonito —dijo impaciente Simón. echó hacia delante el asiento y se dio un coscorrón al intentar pasar a la parte trasera. la ronda Zafiro y la rambla Dorada. María esperó a que ambos se pusieran el cinturón de seguridad. Incluso a Simón parecía cautivarle el romanticismo de un lugar comercial cuyos nombres eran algo tan maravilloso como las piedras preciosas. Ahora lloraban los dos. —¿Qué ha querido decir él con lo del «asiento de la muerte»? —preguntó Flo. De todas formas es el asiento de la muerte. papi decía que era el asiento de la escopeta. ambos llenos de aflicción.la hostilidad entre Simón y Flo le pareció siniestra por lo que hubiesen podido aprender de sus padres. Ahora que Simón lloraba a lágrima viva. Durante el camino de ida le habían explicado que se llamaba así por los diferentes colores que se había dado a cada sección del centro comercial: la plaza Rubí. El ir de compras no era ~171~ . Flo continuó llorando y María observó que cerraba los puños. Sus ojos chispeantes le recordaron a María los de Judy Garland cuando vio por primera vez la ciudad Esmeralda. —Casi todas las personas que mueren en accidentes de automóvil viajan en el asiento delantero —dijo Simón como si fuera un experto en estadística—. Esa idea se les antojaba mágica. no es verdad —dijo Flo. —Es una mocosa —dijo Simón con voz aguda. me da igual —explotó Simón—. Aparcaron a gran distancia de la entrada y hubieron de atravesar por entre infinidad de coches. el paseo Diamante. —Lo siento —dijo Simón a regañadientes. — Flo no es ninguna mocosa —dijo—. —Abrió de un tirón la puerta del coche. y los niños tenían mucho interés en enseñárselo. decía que era el asiento de la muerte. ¿De acuerdo? Los niños asintieron. Cuando mamá viajaba delante. —Lo vamos a llamar sólo el asiento delantero —dijo María pro. María nunca había estado en el Jewel Box Malí. luego puso en marcha el coche y lo condujo hacia la carretera. Simón sujetó el asiento mientras Flo se I encaramaba a la parte trasera. Cuando yo viajaba allí.curando mantener un tono firme—. —No. Dile ahora mismo que lo sientes. —¡Me encanta este sitio! —exclamó Flo. —Viaja delante. Luego él y María se sentaron delante. Y Simón va a viajar ahí en el camino de ida y Flo en el de vuelta. incapaces de volverse uno a otro o hacia ella en busca de consuelo. Era un soleado día de mayo. María los miró. ella pareció recuperar un poco de compostura.

—Le gusta ir a Bradlee's —dijo Simón. A Gwen le encantan las velas. El carril hacia el oeste llevaba hasta Bradlee's. No se la compres. —¡Ah! ¿Sí? — María recordó la promesa que había hecho a Sophie de que mantendría a los niños lejos de Gwen. ¿Puedo cogerla? —Cógela —dijo María entregándole un billete de diez dólares.justamente algo que a María la divirtiera y por un instante se imaginó a Sophie fuera de la cárcel y comprando zapatos con sus hijos y el regalo de Toby Jenkins mientras ella excavaba en la tumba de Lookout. Flo se mantuvo al lado de María. —Es asquerosa —dijo Flo—. Sintió grandes deseos de que esto pudiera ser realidad. Simón podrá escucharla en su habitación y tú y yo nos sentaremos abajo para ver «El fantasma de la ópera». —Es metal pesado —dijo entristecida Flo. —La tienda que más le gusta es la de velas —dijo Flo—. —¿A quién pueden gustarle las fajas? —preguntó riendo María. —A veces Gwen nos trae aquí —dijo Flo. El niño salió disparado hacia la tienda. azul celeste y doradas colgaban del techo. —¿Puedo comprar la cinta de «Pistolas y rosas»? —preguntó Simón. María supuso que todos habían visto las fotografías de los niños en los periódicos. Guirnaldas escarlata. El comprarla no sólo la haría parecer «hippie» sino que también la ayudaría a comprender mejor a Simon. ¿Qué tiendas prefiere la abuela? —preguntó María para poder evitar todo posible encuentro. ella y los niños se tropezaran con Gwen?—. —¿Por qué no? ¿Por qué es asquerosa? —preguntó María deseando adquirir la cinta. moviendo la cabeza. ¿Había alguna probabilidad de que Gwen estuviese comprando hoy allí? ¿Cabrá la posibilidad de que entre los centenares de personas que pululaban por allí. y el del este pasaba por la plaza Rubí camino de Raphael's. Si no te gusta esa música no tienes por qué escucharla. La gente los miraba con curiosidad. En cierta ocasión. pero los niños estaban hechizados por los escaparates de Tuneville y Foxcroft Tweeds. También los perfumes y las fajas. — María sabía que a Flo ~172~ . María le dirigió una sonrisa—. Una araña de cristal relucía sobre sus cabezas. —A Gwen —dijo Flo muy segura. y se alegró de que los pequeños parecieran no darse cuenta. tía María. ella y Sophie habían desarrollado una teoría de la personalidad basada en la música que una persona escuchaba durante las diferentes fases de su vida. —Es asombrosa —dijo Simón—. Dentro del centro comercial la gente se movía como coches en una carretera.

¿De acuerdo? —¿He de devolver la cinta? —preguntó Simón. Bueno. Pero le encantará ese «tutu». No me gusta comprarte cosas que mamá no aprobaría. Echemos una ojeada por la tienda. Numerosos diamantes falsos chispeaban en el tul rosado de la falda.le encantaba. Simón —dijo María preguntándose si el niño se prestaría a cambiar la cinta de «Pistolas y rosas» por alguna de otro conjunto. —¡Tía María! —exclamó Flo. Estará muy guapa con él. de un tejido blanco tan sedoso que María apenas pudo creer que fuera de nilón. Toby es demasiado grande. —La próxima vez te agradeceré que te atengas a las reglas. María cogió de la mano a Flo y la hizo entrar en Tuneville. aferrado a una bolsa de plástico y esperando a que el vendedor le devolvió ra el cambio. —Oye. tenía lentejuelas plateadas por todos los ribetes. —A mamá no le gustaría —dijo Flo. da igual. Él la miró expectante. —No —dijo María. —Va a segundo grado —dijo Flo—. Flo quiso comprar a Toby un «tutu» rosa para su cumpleaños. —No lo sé —murmuró Flo hipnotizada por la rutilante prenda. apartándose y fingiendo desentenderse de la compra—. —¿Le gusta el ballet a Toby? —preguntó María. Porque no aprueba el metal pesado. Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba y luego se extendieron en una amplia sonrisa—. Cuando salieron de la tienda y volvieron a la fluida circulación del centro comeVcial. ~173~ . una tienda para niños que llevaba el nombre de la hija de los dueños. María puso una mano sobre el hombro de Simón. —¿Por qué no? —Ella no dejaría que Simón la comprara. Una cosa era la discrepancia de gustos y otra muy distinta el desafiar los deseos de Sophie. Simón estaba ante el mostrador. La prenda estaba expuesta en el escaparate de Penny Violet. Parecía feliz. El corpiño. debiéramos comprarle otra cosa. Le molestaba hacer algo que Sophie desaprobaba pero aún le dolía más el desasosiego que había aparecido en el rostro de Simón. —Pero como no sabemos si le gusta el ballet o no. —No le sentará bien a Toby —dijo Simón.

Pero aquella misma noche. y ahora tuvo la impresión de que ella y los niños saldrían bien librados. —Venid —dijo María. —¿Qué te parece este suéter? —preguntó María. naranja y espliego. amarillo y verde. Mientras se ponía en la cola. María tocó un «nicky» y se fijó en la gama de colores: rojo y azul. rosa.María recordó haber regalado estuches de pinturas. —Lo comprendo —dijo Gwen. pero María imaginó que Gwen estaba llorando en el otro extremo.. Resultaba difícil ser cortés con la madre del hombre que había abusado de Sophie. Es una especie de tradición. María sintió un alivio absurdo. —Comprendo —dijo Gwen.. El ingrato recuerdo de la falda le hizo tomar una determinación—. sí! —exclamó Flo aplaudiendo y luego lanzando los brazos al aire. como María permaneció en silencio. guantes de béisbol y sortijas de amistad para los cumpleaños. ¿Qué te parece? —¡Oh. Hizo una breve pausa y. La línea quedó muda. —A Ed y a mí nos gustaría que los niños pudieran venir a cenar el domingo —dijo—. Flo volvió al «tutu». prosiguió—: Bueno. cuando Flo y Simón estaban ya dormidos. camino de casa. especialmente después de que ésta le hubiera contado el papel que había jugado Gwen. Pero María comprendió que también le resultaría difícil a Gwen mantener una conversación normal con la hermana de Sophie. —Lo que sucede es que ya nos ha invitado mi madre —dijo María con un tono más afectuoso de lo que hubiera deseado. Podemos comprar el «tutu» para ti. —¿Podemos marcharnos ya? —preguntó Simón. Compraremos los zapatos en el Sports Loft. Flo y María estuvieron mirando una hilera de vestidos que parecían demasiado caros para una niña que los dejaría pequeños al cabo de poco tiempo. Pero sobre todo se sintió feliz por haber encontrado la forma de hacer sonreír a los hijos de Sophie. pero Flo insistió en que quería regalar a Toby una prenda de vestir. —Si tú lo quieres. ¿cómo están los niños? —Muy trastornados. ~174~ . Había una estantería con varios modelos de suéter. Desde su llegada al centro comercial se había pasado el tiempo mirando por encima del hombro por si aparecía Gwen. Le recordó una Navidad cuando ella tenía siete años y había pedido a Santa Claus una «falda de todos los colores» y le regalaron una de color negro y morado. recibió una llamada de Gwen. —En cuanto pague —dijo María—.

que recordó a Sophie en la cárcel. —Me lo imagino —dijo María eludiendo una respuesta. pero francamente no creo que Ed hubiera podido soportar la presencia de los niños. —Esas palabras no me suenan nada bien —dijo con brusquedad Gwen. ¿Te has enterado? —Sí —dijo María. —Entonces. Y colgó con suavidad el auricular. pensó en Sophie y suspiró. Se condolió con Gwen por la pérdida de su hijo. Y Ed está deshecho. ¿cuándo te parece conveniente? —No me parece adecuado que ellos os vean ahora —dijo María —¿Por qué no? —El tono de Gwen se hizo frío de repente. volviendo a ser ella misma—. pero te voy a preguntar una cosa: ¿has oído hablar de los derechos de los abuelos? —Sí —dijo María. —Por la misma razón que tú no crees que Ed debía verlos: eso evocará tristes recuerdos. les diré a los niños que has llamado —dijo Maris —¿Cuándo podremos verlos? —preguntó Gwen sorbiendo las lágrimas—. —No puedo creer que él se haya ido.—Son momentos muy difíciles —dijo María casi sin voz. —Bueno. pero no tuvo arrestos para decirlo así. Hubiera debido telefonearte antes. ~175~ . —Sus palabras revolvieron el estómago de María. Luego se quedó mirando la oscura ventana sin ver siquiera su imagen reflejada. No sé de dónde has sacado esa idea. —Porque si intentas mantener a los hijos de Gordon lejos de mí y de Ed. te llevaremos ante los tribunales. Simón es el vivo retrato de Gordon.

no lo olvidéis. Cuando Sophie hizo una sonrisa triste.CAPÍTULO XXIII María y Peter se sentaron frente a Sophie ante la larga mesa en la biblioteca de la prisión. el hermoso tiempo de mayo y la libertad. María —dijo Peter con el tono solemne de un hombre juicioso... —No bromeo —dijo muy seria Sophie. Dejadle llevar el «tutu» a la escuela. Imagínate .. el pañuelo de seda haciendo juego en el bolsillo superior de la chaqueta. —¡Déjaselo llevar! —chilló Sophie—... pero María pudo ver que se le había herido en sus sentimientos.. Y María se echó a reír. —El año pasado Gordon y yo le regalamos a Flo unos pantalones de montar y una pequeña gorra de terciopelo para que los llevara cuando montase el poney de su amiga Emma. y esperaron a que ella terminara de ver las polaroid que habían hecho a los niños aquel mismo día. —No se lo quita de encima. e incluso su nariz. María temió que Sophie estuviera dejando de comer como castigo por su crimen. ¿Lo ha llevado ya a la escuela? —Me lo pidió —dijo María—. —empezó a decir Peter. Sólo somos pequeños una vez. la corbata asegurada en su sitio por el sujetador con monograma de oro de su padre.. ¿verdad? —dijo Sophie sonriendo de pronto mientras miraba una fotografía de Flo llevando su «tutu». A su profesora no le importó que los llevara en la escuela. parecían más destacados. —Muy gracioso. —Tampoco yo se lo permitiría —terció Peter. —¿Cómo lo sabes? —preguntó María. —Si tú quieres. Sophie fijó la mirada en su hermano: el bigote bien recortado. como si estuviera perdiendo kilos por momentos. un «tutú« en la escuela. y la niña se negó a quitárselos salvo para dormir. María imaginó que estaba pensando lo mucho que echaba de menos a sus hijos. Los pómulos y las clavículas de Sophie. Se aferra a las cosas y no las suelta hasta que descubre algo aún más maravilloso.! —dijo Sophie—. —Porque Flo es así. —Sophie. —murmuró María. ~176~ . —¡Estaba tan graciosa.. Eres demasiado rígida. pero no se lo permití.

Sophie asintió con la cabeza. María no pudo creer lo que estaba oyendo. Pero Sophie se limitó a asentir de nuevo. Según sabía María. ¿verdad? —No. nuestro hermano el abogado —dijo Sophie con sorna. —Debes decírnoslo. —¿Recuerdas aquella noche. y él necesita saber más para poder preparar tu defensa. —Bromeas. ¿verdad? —preguntó Sophie. —Sí —dijo María. María y Peter guardaron silencio. ¿Disparaste cinco veces contra Gordon? —insistió Peter. ¿Es que no quieres salir de aquí y volver a casa? —No —dijo Sophie—. Eso te ayudará —insistió Peter—. —Sophie miró fijamente a María. creyó lo que decía. —Steve dice que no quieres hablar con él. —Vaya. Sophie —dijo Peter al cabo de un rato. —¿Disparaste contra Gordon? —preguntó Peter. que su cuerpo había sido arrojado por la ventana del dormitorio. Sophie permaneció en silencio—. María se sintió desconcertada por la discrepancia entre el tono de Sophie y sus palabras. —Ocupaos de vuestros jodidos asuntos —dijo Sophie con un tono de voz como el que acababa de emplear con Peter. allí se indicaba que se habían disparado cinco balas contra Gordon. Tuvo que cerrar los ojos y apretar los dientes.—Es bonito. Y aunque ésta no pudiera imaginar lo que Sophie estaba pensando. El deseo de sacudir a Sophie se transformó en una necesidad apremiante de estrecharle la mano. pendientes de que Sophie decidiera el momento oportuno para hablar sobre Gordon. María la alargó a través de la mesa. —Vamos. —¿Qué? —dijo Sophie sin mostrar la menor intención de cooperar. No quiero. —¿Estás diciendo que sí? —inquirió Peter. Dice que no quieres darle ningún detalle. y que el coche de los Littlefield había pasado varias veces por ~177~ . nada de eso. Peter había leído y releído el informe policial. Sintió unos enormes deseos de sacudir a Sophie. cuando me dijiste que algún día me contarías por qué lo hiciste? —Hoy no es aquel día —dijo Sophie. —¿Es que no puedes tomarte esto en serio? —preguntó María. una de las cuales le había matado.

Peter hizo una profunda inspiración.. ~178~ . Sophie podría haberse sentido impulsada a matar a su marido. —Calla.. Peter frunció el ceño y golpeó con el lápiz en la mesa. Por lo menos está hablando. —Cuéntame lo que hacían ellos —dijo María. Allí guardaban un horrible árbol artificial de Navidad. Si no permites que ellos les visiten. María —dijo Peter—. —¿Qué tenía de mal eso comparado con lo que Gordon te hizo? — preguntó María. —Ed tuvo suerte de que a Gordon no lo enviaran al frente —dijo María tras una larga pausa. Por esa razón no fue movilizado. engalanado durante todo el año. Su abogado me envió una carta. —Ed solía llamarle «cobarde» y «mariquita» por no ir a Vietnam.. se querellarán contra ti y reclamarán su custodia. quien hablaba gustosa del heroísmo de su padre en el Maine. no reclamarán la custodia —dijo Peter. —Solían encerrar a Gordon en el sótano durante horas. Cuando era pequeño. Sophie negó con la cabeza.. Por otra parte se alegraba de que Peter hubiera sido demasiado joven para luchar en Vietnam. retiró la mano fuera del alcance de María. a mí. —¿Hizo él algo a Flo aquella noche? ¿O a Simón? —preguntó María. con telarañas. —murmuró Sophie moviendo la cabeza. pensando que si Gordon hubiese hecho daño a los niños. —Ese Ed. Pero Sophie pareció no oírle. y del de Malcolm como piloto sobrevolando Normandía. si no quieres hablar de Gordon. A Ed le tenía sin cuidado que Gordon tuviese un número de sorteo muy alto.encima de su cuerpo. —Los aborrezco —dijo. —Si permites que los niños les visiten. —¿Qué tal sigue tu hombro? —preguntó María. —Creo que Ed se alegró de que Gordon no fuera movilizado. No a Steve.. nosotros hablaremos de sus padres. Si vieras ese lugar. —Bien —dijo Sophie. tenebroso. La cara de Sophie se descompuso. Pensó en Hallie. la policía afirmaba que se había dado muerte a Gordon de varias maneras. Pero mientras hablaba lo flexionó como si intentara probar si aún le dolía.. Según había dicho a María. —Vale.

—Sophie miró a Peter y a María—. Tenía sólo ocho años. —Ésa no es la razón —dijo María—. Gwen le quemó con un cigarrillo en el culo y le dijo que la próxima vez se lo haría en la cara. He concertado una visita para ellos con una psicóloga que me ha recomendado el reverendo Hawkes. —¿Quieres decir que los padres de Gordon le trataron mal y que eso le indujo a daros malos tratos a ti y a los niños ? —preguntó María. —Eso está bien —dijo Sophie. no los verá nunca más. Sophie asintió. —De acuerdo —dijo Peter mientras anotaba algo en un bloc amarillo —Quiero que salgas de aquí —dijo María—. sin la menor luz.—¿Hay alguna posibilidad de que la consigan? —preguntó Sophie. Algunos jueces podrían considerar que los Littlefield están más capacitados. En el sótano. —Una vez le sorprendieron arrancando el papel de las paredes en su dormitorio. María no está casada ni ha cuidado nunca de hijos suyos. —¡Dios mío! —exclamó Peter. Peter se encogió de hombros. Así que para castigarle le ataron con una correa. pero eso dependerá del juez. Puedo tolerar que los niños les visiten siempre y cuando Gwen comprenda que si mis hijos dicen que ella o Ed les ha hecho daño. —Porque la única vez que lo intentó. Le pusieron un collar de perro alrededor del cuello y lo ataron con una correa al banco de trabajo de Ed. Así podrás tener a Simón y Flo para ti sola. —Eso sería un desastre —dijo Sophie. lívida. —Lo dudo mucho. Así que nunca más le desobedeció. —Espero que comprenderás por qué no quiero que reclamen la custodia de Simón y Flo —dijo muy cavilosa Sophie como si estuviera pensando por primera vez en alguna estrategia legal—. ~179~ . Estoy muy preocupada por ellos. Los niños te echan mucho de menos. ¿ Habíais oído alguna vez algo tan horrible? María no dijo nada pero pensó en la cuerda que Gordon había arrollado alrededor del cuello de Sophie. por poco que sea. —¿Por qué no se la quitó? —preguntó Peter. —¿Cómo? Sophie intentó abrir un boquete en su manga. —¿Te están empezando a cansar? —preguntó sonriente Sophie.

Dinos qué hiciste con el arma. —Ni siquiera están cerca —dijo María. los estudiantes de bachillerato lo usaban como lugar de aparcamiento. ¿La noche en que maté a Gordon? —Sí —dijo Peter—. Más parecía una espectadora de ópera que una fan deportiva. camino del aeropuerto Kennedy. y por último Hatuquitit. Nell. veía aparecer ante su visita los contornos familiares de la bahía de Narraganset. El descolorido traje playero de María. y ella había pasado allí algunos ratos muy agradables con muchachos cuyos nombres apenas recordaba. el cabo Judith. —¿Aquella noche? —preguntó Sophie—. Caminaron descalzas por la hierba alta hacia el arroyo. vieron la estela blanca antes de oír su ruido. Algo sobre aquella noche. María. María. María miró por debajo del ala de su sombrero de paja a Nell. —Vamos —dijo Nell. Ésta captó la mirada y sonrió. —¿Quieres que demos un paseo hasta allí? —preguntó María. Hallie estaba molestando a todo el mundo con un spray contra mosquitos. recuperado del armario en su antigua habitación de la casa ~180~ . bebía una tónica con ginebra. Peter se inclinaba sobre Simón para enseñarle a coger correctamente una herradura de caballo. Las herraduras caían con ruido sordo junto al pitón y a veces tintineaban cuando Peter acertaba. —No —convino Nell. Ginebra. París o Londres directamente sobre Hatuquitit. Peter. Nell y Andy se habían reunido en casa de Hallie para merendar. sentada junto a ella. Westerly. —La tiré al Bell Stream —dijo Sophie con la voz y los ojos sin la mínima expresión. Había aprendido a reconocer el Bell Stream fluyendo hacia la bahía. Hallie le ovacionaba con un «¡bravo!». escuchaba el lejano graznido de las radios policiales. Nadie le había dicho que Sophie había confesado que había arrojado el arma al Bell Stream. así que el sonido de las radios policiales no tenían ningún significado para ella. Simón y Flo. el desembarcadero de la Squaw. Los coches patrulla estaban aparcados en un claro bastante alejado de la casa Littlefield. La policía había explorado el Bell Stream durante horas. sentada en una hamaca. Muchas líneas aéreas los hacían pasar desde Roma. sentada junto a Aldo. pero María lo conocía muy bien. María se estremeció al recordar lo inquieta que se sentía cuando.—Cuéntanos algo más —dijo Peter—. Un reactor que volaba desde Europa a Nueva York pasó muy alto sobre sus cabezas.

permitiendo que una pareja de recién casados se reuniera y dado su nombre al Bell Stream. y vio casi enterradas bajo tierra y cubiertas por la hierba las piedras que hacía veinte años Sophie había colocado en forma de corazón para conmemorar la fecha en que las campanas de la iglesia habían tañido hasta que terminó la tormenta. El murmullo del agua dominaba el ruido de las radios policiales. redujo el paso y se agachó para rascarse la mordedura de algún bicho. María se agachó y limpió alrededor de las piedras con los dedos. Eran artefactos embutidos en tierra. —No estoy segura pero creo que es ésta —dijo. en la orilla opuesta del arroyo. El arroyo estaba flanqueado por arces y robles. tal vez hubiera sido cuarzo rosado pero ahora la tierra y el musgo la habían teñido de un verde pardusco. Mantuvieron los ojos fijos en el suelo. pero más allá se transformaba en barro. La hierba crecía espesa a la sombra. Tú estabas allí de pie. María no dijo nada pero las lágrimas le escocieron los ojos. —¡Las piedras! —exclamó—. ¡Dios mío! ¡Cómo es posible que estén todavía aquí! María se acercó a Nell. —¡Oh. Sophie! —susurró Nell. —Y tú te quejabas de que ella te hiciera llevar a casa desde la playa demasiado peso. pero María lo sabía. El corazón de ~181~ . ¿Está todavía ahí? María limpió con los dedos una piedra áspera situada junto al vértice del corazón. María aminoró el paso. Sophie se agachó justo donde tú estás ahora y hundió los guijarros en el suelo. triunfante. Las hierbas altas le acariciaban los tobillos. Nell levantó la vista. —Yo tampoco —dijo María—. No sé si podremos encontrarla. María sintió que le cosquilleaban los dedos de los pies. —Parece que fue ayer —dijo Nell—. La casa de Sophie estaba a unas doscientas yardas de allí.de Hallie. Cualquier arqueóloga se hubiera preguntado corno era posible que unas piedras pulimentadas por el mar pudieran aparecer tres millas tierra adentro y formando un corazón. —Aún recuerdo un trozo de cuarzo rosado —dijo Nell arrodillándose junto a María—. ése era el trecho de agua que la policía estaba explorando. —Hace años que no vengo por aquí —dijo Nell. le dejaba al aire los brazos y las pantorrillas. —Deben de estar por aquí.

pero sí recordó lo convencida que estaba Sophie.piedra se le hizo borroso. de apenas cuatro pulgadas de profundidad. Nell la siguió hasta la orilla del arroyo.» María y Nell habían entrado de buena gana en el mundo de Sophie. ~182~ . Estoy segura. tuvo más sentido para María que el haber soportado sus ataques. se habían fiado de su instinto. mirando todavía absorta el corazón de piedra. aunque más joven que María. y escudriñaron el fondo de guijarros. había sido el corazón y el alma de todas ellas. bañado por el Bell Stream. apareció el revólver que Sophie había usado para matar a Gordon. le resultara imposible comprender por qué Sophie había renunciado a sus convicciones para convertirse en la víctima de Gordon. Sophie. Y entre ellos. tal vez de alguna rana oculta entre las profundidades. «Fue aquí mismo —insistió Sophie—. Hierbas verdes se balancearon en la corriente. —Aquí hay menos hondura —dijo María levantándose. Lo sé. Ésa fue la razón de que a María. El hecho de que Sophie hubiese escapado al fin dándole muerte. Aparecieron algunas burbujas. Se inclinaron sobre el agua. No pudo recordar ya cómo Sophie había determinado que éste era el lugar más probable en donde tuviera lugar la famosa boda. Las arañas de agua se agitaron por la superficie. numerosos guijarros cubrían el fondo.

no. desde luego. Mamá no es dada a ninguna clase de visitas. mi compañera de celda. mamá. Evidentemente. ¡Como si la suya ~183~ . y nunca le pudo sacar una nota acertada. «Pienso ir esta tarde a las seis». abandonando esto con una imagen de su madre vestida con el mismo | uniforme que usamos todas. querida». también. me repite una vez y otra Peter. Pero ella me disuadía. pero tú tienes derecho a hacerle saber lo que piensas. Cuando ingresó en el Slocum General para su histerec-tomía. a mitad de las horas de visita. desde luego. Las seis eran un momento adecuado. En el Carnegie Hall. Bess. Las lecciones de música no tienen nada de malo. el instrumento era tan alto como él y no menos esmirriado. Bess habla de ellos sin cesar. al otro extremo del Estado. pero lo que realmente esperaba mamá es que nosotros alcanzáramos el Juilliard. En la cárcel. Pensábamos que aquello era para divertirnos. Mamá no me ha visitado aquí. o bien: «Es mejor que me envíes flores y que te quedes en casa con tu pequeña familia. yo le enviaría un mensaje escueto: no te molestes. Quiero decir que está muy bien comprender k> que una persona está pensando. Me duele pensar en ellos. ¿Por qué iba a querer yo hacerle pasar por eso? Estoy segura de que ella jamás pensó en tener una hija aquí. sí. así que fui yo quien se cargó las lecciones de canto. Llora porque viven lejos. y viviendo en un mundo de criminales. Peter es muy comprensivo con mamá. solía decir. En Radcliffe. Ben. Si mamá me hiciera saber que pensaba venir aquí. María era demasiado cerebral para contribuir a la exhibición de mamá. Las madres suelen tener una visión errónea de lo que es mejor para sus hijos. Cuando éramos pequeños ella nos veía a María y a mí como debutantes en miniatura y a Peter como un pequeño acompañante. «Habrá un tráfico terrible.» Solía irritarme su forma de decir «tu pequeña familia». «Le resulta muy penoso». Yo le digo que tiene suerte.CAPÍTULO XXIV No puedo imaginar qué clase de madre querría que sus hijos! la visitasen aquí. adoro las dalias. Pero tal vez yo sea injusta. tiene tres hijos| y los tres vienen cada dos sábados. Royce y Lance. no quiso que nadie la visitara. y no pueden visitarla con más frecuencia. le dije. Peter optó por el clarinete.jamin. Le digo que se imagine lo terrible que sería si ellos vivieran en Hatuquitit y cada día cuando fueran a la escuela I y tuvieran que pasar por delante de este lugar sabiendo que su madre está dentro. porque ella también es una. Por ejemplo. una cualidad que considero poco honesta.

Lo reconozco. y a continuación le pegó un hilo amarillo como pelo. Los hospitales la deprimían. mamá no vino ni una vez. Podría haber sido muy feliz. cuando él era pequeño. Gordon les daba muchas cosas pero eran las cosas menos indicadas. Sea como fuere. Mamá siempre acudía a visitar un recién nacido pero cuando yo ingresé en el Slocum para que me operaran de disco. Gwen conoce las mejores floristerías y pertenece a un club de artesanía para poder enviar regalos pequeños y estimulantes a sus amigos enfermos. Claro que cuando ella sufrió la histerectomía. extirpación de nariz o amputación de un dedo del pie como consecuencia de la diabetes. estuches de cigarrillos. Gwen se ha especializado en visitar a los amigos en el hospital. Podría pensarse que esto es algo que ha empezado a hacer desde que sus amigos se han hecho viejos. un nacimiento hecho enteramente con escobillas de limpiar pipas y un centro de mesa construido con un alambre de colgar la ropa formando un círculo y tiras de papel de estaño retorcidas a su alrededor. Por otra parte. Ed no podía vivir con la idea de que Gordon no sería un deportista profesional. ¿ Quién diablos era el señor Peabody para Gordon? ¡Nadie! No me hagáis saltar. Manzanas y naranjas. tardé años en adivinar por qué ella no quería visitantes: para no verse obligada a devolver las visitas. Gwen conservaba algunas de sus mejores obras: una caperuza a punto de cubrir el rollo de papel higiénico. pero Gwen era una visitante tan habitual que las enfermeras hacían una excepción con su hijo. así que he estado alimentando mis rencores. «Eso da igual ~184~ . Me enfureció mucho cuando pensé en Gwen arrastrando a su niño hasta la planta de cirugía para visitar al pobre señor Peabody. luego pintó unos ojos azules y una sonrisa. Por lo general Gordon daba sus productos artesanos a los amigos enfermos de su madre. Miento aquí pensando en lo mucho que odio a Ed y Gwen. le solía preguntar yo. no se permitía que los niños entraran en la planta de cirugía. yo sólo tenía a Simón. «¿Qué deporte?». Ella solía llevar consigo a Gordon. Por entonces. y él las hacía en casa. Ella le enseñaba las cosas que había aprendido en las clases de artesanía. Sus padres le exigían mucho. También hizo un busto de su profesora de cuarto curso invirtien-do un platillo y pegándole la correspondiente taza invertida. Es inútil pensar en los buenos tiempos. al que le habían amputado la nariz. El asa de la taza era la nariz.fuera tan enorme! Mamá sólo tenía un hijo más que yo. Algunas veces admito haber sabido siempre eso: que Gordon no tuvo ni un día feliz en su vida. un pupurrí hecho con las rosas y las glicinas de Gwen. Gordon podría haber sido un hombre maravilloso. Sus amigos siempre están allí dentro por algo terrible: cáncer rectal. No hay mucho que hacer salvo recordar el pasado. pero lo cierto es que se remonta a mucho tiempo atrás.

Hace un mes. Participaba en los torneos de golf en Princeton. Pero él seguía adelante. y que me fastidiaba de verdad. Cuando me disponía a ir a la cama le oí murmurar «Yo quisiera». Bess es la única con quien hablo.. «¿Qué dices?».—contestaba Gordon—. porque creen que ha debido de ser una pieza de cuidado para haber educado un hijo como Gordon. «Encerrar a un niño en el sótano. Ellas ven a Gwen como una mujer malévola que ha criado a un villano.» Bess me dijo: «Pues los golpes son el peor problema de Jimmy y lo sigue siendo. Si él estaba leyendo un libro y yo entraba con un montón de ropa limpia para guardarla. y a veces alarga el brazo hacia abajo y nos estrechamos la mano. Cada vez que yo entraba en una habitación. preguntó ella. La celadora nos advirtió dos veces que nos durmiéramos. golf y natación.» Era bueno en atletismo. le dije. Muchas dicen no haber satisfecho las ex-pectactivas de lo que sus suegras esperaban para sus hijos. A veces se quejan de que las suegras. Solía susurrar algo al pasar por mi lado. Pero al cabo del tiempo dejamos de reírnos y vi que Gordon había empezado a creérselo. pero yo la veo como una mujer estúpida que ha criado a un niño solitario y desconcertado. Pude captar las palabras «Yo quisiera. una cosa sutil que Gordon no había hecho nunca pero que la hizo durante los últimos meses. no elogiarle jamás o fingir que no se le escucha. como si él no estuviera presente. había recibido golpes de sus padres y que él golpeaba a sus propios hijos.» Entonces me preguntó qué era lo peor que Gordon me había hecho. Aquí todas las mujeres se lamentan de sus suegras. poco antes de que se encerrara en el cuarto de baño «¿Que es lo ~185~ . Cualquier deporte. Me oye llorar por la noche. Al principio nos reíamos cuando Ed dijo que si Gordon no se hubiera casado conmigo ni tuviese que mantener una familia. *j j ¡Encuentro tan poco consuelo en eso! Es fácil hablar todavía a ji los hombres adultos que nosotras amamos. los pensamientos acuden sin cesar. Bess dijo que Jimmy.». en lugar de ocuparse de sus propios asuntos. Una vez has comenzado. Gordon empezó a decirlo en voz más alta. Anoche Bess y yo estuvimos mucho rato despiertas hablando de nuestros maridos y sus padres. Es un tema tópico de conversación. Se mueren por que les ha ble de Gwen. su marido. Pero me bulló una cosa en la cabeza. Bess es la única persona a quien se lo he contado. pero no pudimos parar. Gordon se iba. «¿Cuáles?». preguntaba yo. Estuve pensando un buen rato y así y todo no encontré una respuesta. Dijo que eso se conocía como una «cadena de abuso» y me preguntó si los padres de Gordon habían abusado de él. «Hay otros procedimientos peores». Tienen razón pero no saben el porqué. cerraba el libro y cogía la puerta.. se entrometen y critican. y Ed esperaba que Gordon volviera a casa y se hiciera profesional de golf en el club de campo de Hatuquitit. podría haber sido un gran hombre.

Dejaron los libros sobre la mesa de Maria. Maria habló muy despacio: —He dicho si hay alguien dispuesto para dar un paseo en barca. Maria. Le estuve observando un rato y no pude dejar de pensar en nuestros primeros años de matrimonio. —¿Estáis dispuestos para un paseo en barca? —preguntó Maria. pareció sorprendido de verme. Intenté imaginar lo que quería Gordon. —Yo no quiero -dijo Simon. veían vídeos musicales en la tele. «Yo quisiera. justo delante del armario de los abrigos. vestida para excavar. ¿Que fuésemos felices? ¿Amarme más a mí y a los niños? ¿Que nada de esto hubiera sucedido? Una noche.. No lo hizo con demasiada fuerza. pude sentir su cálido aliento en mi pelo. «Yo quisiera que te murieses». alargué la mano hacia el interruptor para poder vede la cara. El padre de mis hijos. Inmóvil en el vestíbulo de la casa que habíamos elegido y decorado juntos. Yo le iba a suplicar que me lo dijera. sus altos pómulos y su ancha frente. dijo al pasar por mi lado con una voz más alta de lo usual. Pareció como si ninguno de los dos la oyera. Estuvimos allí parados tanto tiempo que los ojos se me habituaron a la oscuridad y pude ver sus hermosos ojos. tumbados en el sofá. por favor. fui a la cocina para hacerme una taza de té. comieron algo y se acomodaron delante del televisor. le dije. «¿Qué quisieras?». pero él me la sujetó. Simon y Flo.. Era una mezcla especial de vienes y tostado francés que yo había comprado en Dean & Deluca porque había oído que Gordon decía a Ralph Gamble que últimamente le gustaba el café muy fuerte. se concentró. los miró pasmada y se esforzó por dominar su impaciencia. Gordon. Se detuvo bruscamente en el pequeño vestíbulo. Como las luces estaban apagadas. en poner la medida justa en la cafetera. «Te quiero». Muchas veces me la cogía así cuando bailábamos. Y luego se marchó escaleras arriba. Dímelo. Era el primer día soleado después de varias jornadas de llovizna continua.que quisieras? —le pregunté a través de la puerta—. Gordon levantó la vista. Cuando yo pensaba que habíamos encontrado la realidad de la vida. de pie en la cocina. Gordon estaba ante el mostrador preparando café para la mañana siguiente. como si hubiera estado pensando en algo muy alejado del hogar. pregunté. ceñudo. ~186~ . cuando éramos tan felices. pero no hubo necesidad. después de meter en la cama a Simón y Flo. me dijo Gordon. Y corrí tras él.». Éste era el hombre con quien me había casado. Después de la escuela habían ido directamente a casa. Dejó caer el café dentro de la bolsa y salió de la habitación.» Pero no lo hizo.

Pero por otra parte sabía que tanto Flo como Simon necesitaban estabilidad y que no les convenía trasladarse de una casa a otra. Vamos a dar un paseo en lancha. A ella le gustaba trabajar a últimas horas de la tarde. Maria caminó hasta la lancha para asegurarse de que todo estaba en orden. Él se lo metió por la cabeza. —Cambiaos de ropa —dijo Maria—. —¿Adónde vamos?—pregunto Simon.—Yo tampoco —dijo Flo. Había que comprar comida. lavar la ropa y hacer otras faenas domésticas. Simon se acercó malhumorado por el sendero. Maria se preguntó si habría algún procedimiento especial para lavar un «tutú» sin arrugar la falda de tul. Dejó que Maria la metiera en la lancha y le pusiera un salvavidas anaranjado alrededor del cuello. Con no pocas dificultades Simon se encaramó por la borda. Maria no había visto a Duncan desde que habían llegado los niños. A las islas Hechizadas. Maria le dijo que se Pusiera el salvavidas. Cuando se hubieron cambiado. ¿Dónde está tu hermano? Flo se encogió de hombros. Intentó olvidar su mal humor pensando que se debía a que se sentía atrapada. justamente cuando los niños volvían de la escuela a casa. A veces se enfadaba con Peter y Nell. daos prisa! Los niños abrieron los ojos como platos al darse cuenta y corrieron escaleras arriba. Luego apagó el televisor. Maria hizo como que no se daba cuenta. lentamente. aguardaba esperanzada el viernes. —Está bien —dijo Maria—. pero no parecía haberse dado cuenta. Cada vez que le preguntaba si algo iba mal. Y le echaba de menos. ¡Venga. Maria sonrió al observar que la niña se había puesto una cazadora sobre el «tutú» y que se había metido toda la falda dentro de unos pantalones. Ella luchó con el deseo de ayudarle a entrar en la lancha. —Vamos a excavar. él le contestaba tajante que no. e incluso con Hallie por no relevada en el cuidado de los niños. reluciendo como un espejo. —¡Eh! —protestó Simon. con los ojos bajos. mirandoo a Maria con expresión escéptica como si la respuesta de ella fuera a determinar si él iba o no. la fecha que había convenido a regañadientes para que fueran a casa de Ed y Gwen. tía Maria? —preguntó Flo. Se había manchado de chocolate la pechera del «tutú». pero con todo ~187~ . —¿Puedo llevar esto. contemplaron a través de la bruma la plácida bahía extendiéndose hacia las islas Hechizadas. y lo añadió a la larga y onerosa lista de los quehaceres que había asumido desde que llegaron los niños. Sin embargo. Mientras esperaba a Simon. Permaneció donde estaba. Se oyó un portazo. y Maria miró hacia la casa.

Cuando cruzaron el canal Maria miró a los niños. —¿Se tiran pedos los peces? —preguntó. María pensó que la pregunta de Flo iba dirigida a Simón. —No. —¡Mirad eso! —gritó para hacerse oír a través del ruido de motor. una bandada de peces se zambullía en el agua. Por fin parecían niños pequeños. Los niños treparon por las rocas en busca de algún charco de. es una tontería —dijo Simón. Algunas veces se gastaban bromas pesadas. —¿Se tiran pedos? —repitió Flo. Pero la propia María se puso solemne cuando ascendió con la mochila ~188~ . —Pues. Maria hizo la vista gorda. Veían la televisión sin sonreír. —Por eso hay burbujas —dijo Simón. Hubiera deseado una caña de pescar bordo. —¿Te gusta pescar? —preguntó María. Duran.. supongo que sí —dijo María. pero parecían aburridos. De pronto parecían deseosos de divertirse. —¿Queréis ver la excavación? —preguntó María.jado por la marea. Se ag rró a la borda observando los peces hasta que María viró por boya roja y cortó el gas.te casi todo el tiempo los niños parecían tan solemnes como luteranos. —No. María observó cómo marchaban. Sólo me gusta coger peces para poder lanzarte sus tripas. —Son atunes —gritó Simón repentinamente interesado. —Preferimos jugar —dijo Simón. —Es mejor idea —convino María. haciendo reír a Flo y María. no lo hago —dijo Simón—. María sonrió al oír sus chillidos mientras ascendían por las rocas resbaladizas.. Flo se echó a reír. pero cuando se volvió para señalar hacia su casa a través del canal. vio que los dos niños la miraban expectantes. y ella se sintió agradecida. Le hubiera gustado verlos contentos con el paseo en lancha. agitando las colas plateadas y revolviendo la aguas.descaro se lo dejó sin abrochar. A popa. Comían con bocados mesurados. Entre los tres vararon la lancha. —Pues tú lo haces —dijo Flo. como ella habri estado a su edad.

en algún lugar de las islas Hechizadas.. —¿Es un esqueleto? —preguntó Simón. Durante unos minutos María contempló desanimada el emplazamiento y se preguntó cómo proceder. Y alargó la mano para tocar la tibia de la mujer sin que María se lo impidiera. Hacía días que no visitaba la tumba. Se detuvo en lo alto y le echó una ojeada. Después de sacudir el toldo. aquí había muchas ofrendas funerarias. Nunca había sabido a ciencia cierta si las teorías que ella había concebido en una fase previa de la excavación. y que se la había enviado con abundantes regalos al viaje de tres días hacia la tierra de los muertos. lo cual denotaba que la mujer había sido querida en las fechas de su entierro. Sin embargo. Estos huesos podrían pertenecer a esa mujer. ¿Queréis verlo? Los niños se acercaron. Los indios siempre enterraban a sus muertos con obsequios. Sentado sobre los talones. Se veían grandes arañazos de garras. Él y Flo aparecieron en lo alto del montículo. María se sobresaltó al oír su voz. La lluvia había revuelto la tierra alrededor del toldo. Recordó el cementerio indio en el desembarcadero de la Squaw y se preguntó por qué la mujer no habría sido enterrada allí. Su voz comenzó a temblar. Ella estaba habituada y no había considerado que quizás ésta fuera la primera vez que los niños veían ~189~ . quizá buscando lombrices. —Hace trescientos años. Es el esqueleto de una mujer india. Se sentó sobre los talones y localizó la costilla rota. María se corrió hacia la izquierda para dejarles ver. —dijo María después de un breve silencio. examinó con atención el cráneo de la mujer. —Sí que lo tendrá —dijo Simón resoplando furioso. —Estoy intentando dejar al descubierto esas cuentas y piedras —dijo—. —¿Tendrá papá este aspecto? —preguntó Simón. y sobre las superficies que había limpiado con tanta escrupulosidad la semana anterior se había depositado una fina capa de polvo. darían resultado. Un pájaro o algún animal mayor había escarbado la tierra. pensó María mientras limpiaba con el pincel duro la tierra adherida alrededor del disco metálico. ¿No se desahuciaría a los indios asesinados? En algunas culturas que ella y Aldo habían estudiado. —¿Cuándo murió esta india? —preguntó Flo. —Sí —dijo—.por la suave pendiente. examinó los huesos de la mujer. —Papá no tendrá ese aspecto —dijo Flo. —Bueno. María alargó los brazos para estrecharla contra sí. Le resultaba difícil volver a excavar después de tanto tiempo.. el asesinato era tan vergonzoso para la víctima como para el asesino.

Si se nos quiere cuando estamos vivos. pero nosotros lo hacíamos todo el tiempo. —Si él tiene ese aspecto. —¿Veis lo que os quiero decir? —preguntó María. Y le llegaban del mundo entero. Pero no importa. Quiso investigarles para que ~190~ . animándole a seguir hablando. —No era feliz —dijo Flo moviendo también la cabeza. —Pero mamá intentaba hacerle feliz —dijo Flo con voz débil y tensa—. ¿Tenéis alguna idea de por qué no era feliz? —Por culpa de mamá —dijo Simón. se nos querrá cuando muramos. ¿por qué decía que se sentía desdichado por culpa de mamá? ¿Qué hacía él? —preguntó María. El corazón de María se puso a latir más aprisa. Ella pedía cosas de fuera. Algunas personas lo comen en ocasiones especiales. Ellas tienen las mismas caras que tenían cuando estaban vivas.un esqueleto. ¿Crees que ya lo tiene? —No —dijo María. ¿Recuerdas aquellas huevas de pez? —Caviar de Rusia —dijo Simón—. Todas tienen el mismo aspecto con el que lo recuerdas. —Pero más feliz —dijo Simón—. —También yo —dijo Simón. No es justo que papá tenga ese aspecto. cariño? ¿Es que tu papá no era feliz? Simón negó con la cabeza. —Las personas no cambian en el cielo —dijo María—. —¿Por qué. —Y mamá le compraba montañas de regalos —dijo Flo como si fuera una persona mayor rememorando los buenos tiempos—. Pero éste se quedó callado y ella le tocó el hombro. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas y se las lamió cuando le llegaron a los labios—. Ella sabía lo que más le gustaba. —Entonces. —Todos lo tendremos así —dijo con dulzura—. ¿cómo podré encontrarle cuando yo vaya al cielo? —preguntó Flo. ¿Veis cómo había alguien que quería mucho a esta persona? ¿Veis cómo se la enterró con un cacharro y algunas joyas? —Yo quiero todavía a papá —dijo Flo. Papá tenía pijamas. pero en el cielo son felices. —¿Sabéis por qué? —preguntó María—. bufandas y corbatas más suaves que nadie. esperando que Simón continuara.

¿ recuerdas aquella vez que Sophie estuvo en el hospital. María sintió mareos. y comprendió que los niños estaban diciendo la verdad. Como sus padres. Sintió deseos de poder hacer algo para compensarles. decorado todo el año. pero se sintió más allá de toda consternación. y se preguntó si Sophie y Gordon también tendrían en su sótano un árbol artificial de Navidad. cuando les contó que los padres de Gordon le habían encerrado durante horas en el sótano. Decía que terminaría allí. —Entonces. La empujó y luego cerró la puerta con llave y dijo que la tendría allí encerrada mucho rato para que tuviera tiempo de pensar en lo que había hecho. Se sentía muy impaciente. Para castigarla por haber hecho daño a Flo. y tú tenías contusiones por todas partes? Tú dijiste que ella se había derrumbado sobre ti. Pero se esforzó por dominarse y mantenerse serena. —Aquel día. Recordó la apasionada explicación de Sophie a ella y a Pe-ter. ¿Es eso cierto? ¿Es eso lo que sucedió? Flo cerró los puños y negó con la cabeza. ¿qué le sucedió a mamá? —preguntó calmándose de repente—.siguieran pablando. —Papá siempre decía que ella iría a la cárcel por lo que nos hacía —dijo Simón. —Pero Sophie no os pegaría nunca —dijo. pensó María. sombrío y amargado de nuevo—. mamá dio una buena tunda a Flo —dijo Simón. Tenía la impresión de que al fin estaban dispuestos a manifestarse y que iba a saber lo que Gor-don les había hecho. Flo asintió. el llanto no le dejó hablar. aunque sólo fuera una fracción de lo que les habían hecho sus padres. ~191~ . —¿Papá ha sido enterrado con cosas para su último viaje? —preguntó Simón al cabo de un rato. Sintió ganas de coger la lancha y abandonarlos en la isla. cuando oyó hablar a Sophie y Flo en la biblioteca de Hatuquitit. Pensó que debiera estar consternada por lo que le había dicho Simón. —¡Sí que lo hacía! Lo hacía siempre. ¿Cómo terminó en el hospital? —Papá la empujó por las escaleras del sótano —dijo Simón—. Flo se puso a llorar con más fuerza y María la apretó amorosamente contra sí. La memoria de María se remontó al invierno. Pudo oír los latidos de su corazón en los oídos. Son unos embusteros. cuando dijo que se había caído por las escaleras. — Flo.

~192~ .—Eso no se suele hacer hoy día —dijo María. —¿Y qué me dices de mamá? —preguntó María temiendo oir la respuesta —. —Sí. También la queremos. la queremos —dijo Flo. Yo querría mi tabla de patinar y un televisor. —Y yo mi «tutu» —dijo Flo. —¿Por qué no? Es una buena idea —dijo Simón—. Y todos nosotros le queríamos. ¿Tendrá ella cosas a su lado? —Desde luego —dijo Simón—. la niña continuó llorando muy quedo y chupándose el pulgar —Seguro que papá tiene cosas con él —dijo confiado Simón-Tú has dicho que la persona a quien se quiere en vida es enterrada con cosas. Aunque habían cesado los sollozos.

Duncan vendría a cenar. quienes sabían lo que había hecho Sophie. cariño —dijo María. y quería encontrar algún medio para advertirles a los niños que lo mantuvieran en secreto ante Ed y Gwen. Hay otras madres. con canas prematuras y una sonrisa radiante. El estómago le dio un vuelco. La fiesta no puede comenzar sin ti. Apenas despertó. —Cómo estás? —dijo María. —Simón está esperando. hora en que Ed y Gwen pasarían a buscarlos para pasar la noche en' su casa. Pero mantuvo una mano protectora sobre el hombro de Flo.. sería la primera vez que se veían desde que él se había mudado de casa. —Corre adentro. llevar a Simón al centro para la primera sesión con la doctora Middleton. envuelto en papel con ositos de felpa color espliego. pero gracias de todas formas —dijo María tomando nota de lo de «otras madres». las recibió en la puerta. La señora Cannon le había dicho que los niños se burlaban de Simón y Flo en la escuela.. recoger a los niños y tenerlos listos a las seis en punto. se le vino encima todo lo que tenía que hacer. agarrando fuertemente el regalo para Toby. —Tú debes de ser María —dijo estrechándole la mano—. Flo se quedó vacilante en el umbral. María intentó ordenarlo en su mente. Pero todo cuanto pudo pensar fue que había sido Sophie y no Gordon quien había pegado a los niños. Flo —dijo Olivia rozando con los dedos una de las trenzas de Flo—. comprar comida.CAPÍTULO XXV El viernes por la tarde María tenía que dejar a Flo en casa do Toby Jenkins para la fiesta de cumpleaños. —Vamos. María supo cómo se sentiría Flo entrando en una habitación llena de niños. Yo soy Olivia Jenkins. —¿Por qué no te quedas a tomar café? —propuso Olivia—. María no se lo había revelado a nadie. como una agenda con columnas de horas y las correspondientes citas. Simón esperó en el coche mientras María y Flo marchaban cogidas de la mano por el camino enlosado hacia la casa de Toby Jenkins. La madre de Toby. Acompañó a Flo hasta la sala en donde un grupo de niñas vocingleras ~193~ .

le entraban ganas de aplasta el maldito aparato. El hablar de las cosas aún las empeora más —dijo Simón con amargura. Se sentía furiosa. como si Alicia estuviera intentando identificarla. María le miró fijamente intentando adivinar lo que estaba pensando.. los meados de Flo en la cama. Y miró a María. —Debes de tener muchas cosas que contar a la doctora Middleton —dijo. ¿Qué podía contestar a eso María? Al ver a Simón sentado i rante horas delante del televisor. —Me parece estúpido. Simón no respondió.jugaba con globos. porque siempre hay otro programa —dijo él.. Al echar hacia atrás la cabeza para apartar el pelo que le caía sobre los ojos le recordó a Gordon. Había algunas mujeres jóvenes que hablaban alrededor de un velador. ¿qué hay que contar? —preguntó Simón con voz tensa. —Sabe cosas de tus padres —dijo María. Cuándo echas de menos a tus padres. —¿Cómo me siento? —Si te sientes triste o preocupado. dijo adiós a Olivia y se marchó. hurgó un pequeño orificio en la rodillera de los vaqueros. —Eso no es cierto. Tú puedes creer que es más fácil ver la televisión y fingir que las cosas malas están bien. —Entonces. —¿Qué es lo que sabe de mí? —preguntó al fin. —Puedes hablar con ella. Simón miró impertérrito por la ventanilla del coche.. Cualquier cosa.. Dile cómo te sientes. Le resultó difícil esperar hasta las seis. las burlas de los otros niños. felicitó a Olivia por su pequeño cuadro paisajístico colgado cerca de la puerta. luego dirigió una última mirada a la mujer cuyo marido era su amante. Quizá recordara haberla visto en el funeral de Gordon. Te guardará el secreto. la hora en que Ed y Gwen recogerían a los niños y Duncan acudiría al desembarcadero de la Squaw. como si no la hubiera visto. Cuándo te enfadas conmigo. Observó cómo Flo entregaba el regalo a Toby y se incorporaba a la fiesta. —No muchas —dijo Simón frunciendo el ceño a la ventanil —Puedes decirle lo que quieras. Alicia Murdoch era una de ellas. Ella no había contado con todo esto: el silencio de Simón. Una mirada curiosa e insistente... —No. pero sabes que éstas reaparecen cuando termina el programa. algo azorada. Simón. Cuando subió al coche se sentía como si hubiera salido huyendo. María. ~194~ . Su aspecto mohíno y silencioso inquietó a María.

Nell empujaba el cochecito de Andy. y yo sólo quiero olvidarlo. Durante unos instantes. Simón se encogió de hombros. —La tensión en su voz hizo que María sintiera una ole da de odio contra Sophie. —Claro —dijo Simón. observó a la gente que pasaba por la calle. ~195~ . si a él no le importa. pez espada para asar. tomates y patatas. Compró todo aprisa porque quiso estar frente a la casa de la doctora Middleton cuando Simón terminase. Y sin despedirse de María entró en el consultorio de la doctora Middleton. Fuera de Hatuquitit la historia no era tan descomunal. ella y Simon contemplaron el edificio de la doctora Middleton. María compró lechugas. Te he estado telefoneando toda la mañana. la sala de espera tenía flores y varios pósters de embarcaciones. —Hola —dijo Simón sin ningún entusiasmo. María aparcó el coche. Hallie y Nell llegaron deambulando. María —dijo la doctora. María se apeó del coche. Dentro. —Hola. Caminaron sin decir palabra por la acera. Mientras esperaba en el coche. —¿Conmigo? —preguntó sorprendido Simón mirando a María. María se dispuso a seguirle pei| la doctora la detuvo. —¿Te parece bien? —preguntó María. Simón —dijo sonriéndole con los ojos. De vez en cuando alguien la reconocía. —Creo que hoy Simón y yo hablaremos a solas. Ella no la había visitado desde lo que le habían revelado los niños y no podía soportar la idea de verla. Se abrió una puerta y entró en la sala una mujer alta y hermosa. Ésta cerró la puerta. Conversaban animadamente. Hallie llevaba una enorme pamela y gafas oscuras. y un pastel de chocolate. A hojeó Highlights mientras Simón jugaba con un rompecabezas. María calculó que la doctora Middleton tendría su misma edaij —Hola. —¿Quieres entrar? —preguntó la doctora. una enorme casa blanca. —¿Dónde has estado? —le preguntó Hallie—. —Todo es porque mamá está en la cárcel. María le estrechó la mano y luego la doctora se centró Simón. lanzaba un mirada furtiva y seguía caminando.—Tal vez debieras decirle que los niños se burlan de ti. María había hecho sus compras en el centro comercial cerca de Blackwood para evitar los ojos inquisitivos de la gente que conocía.

en el consultorio de la doctora Middleton. Eso podría incluso hacerles salir de la escuela. —No me gusta eso —dijo. Jamás pensé que algún día debería ocultar la cara en Hatuquitit. que es psicóloga. La gente no sabe qué decir. miró implorante a Nell en busca de ayuda. ~196~ . Hallie echó una mirada alrededor. confusos.—Recados —dijo María. una de ellas me dijo cuánto sentía lo de Sophie y todo eso. Las gafas de Hallie se deslizaron hasta la punta de la nariz dejando ver unos ojos desorbitados. —Debes de estar bromeando. Yo pensaba que las madres que llevan sus hijos a la guardería me desairaban. —¡Mamá! —exclamó María consternada ante la lógica retorcída de su madre. Y creo que era sincera. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Hallie. No iban corriendo al psiquiatra. pero cuando yo era joven las familias se ocupaban de sus propios problemas. —Es un estigma que los niños llevarán toda su vida. Pensó en lo que decía Peter de que Hallie negaba que las cosas fueran tan tremendas para preservar su propio equilibrio. —Sé que soy anticuada. Aquel tramo de la Summer Street era eminentemente residencial. Hallie echó una ojeada al edificio de la doctora Middleton. Me refiero al hecho de que necesiten ayuda psiquiátrica. pero ayer. —Simón está ahí. —Esto no durará siempre —dijo Nell—. Hallie apretó los labios. María. Muchas de sus grandes casas habían sido divididas en apartamentos o transformadas en consultorios de médicos. que había estado pensando lo mismo. cuando recogí a Andy. —Observa a toda esa gente que pasa sin dirigirme la palabra —dijo Hallie —. —Creo que esto es demasiado complicado para que lo afrontemos solos —dijo María con exagerada firmeza para ocultar la alarma que sentía. —Yo creo que es una buena idea —dijo Nell. —Las cosas están ya bastante mal sin necesidad de que la gente piense que los niños están confundidos. mamá —dijo María sin querer creer que Hallie pudiera llegar a ser tan ridícula.

—Más vale que vaya adentro y espere allí a Simón —dijo María. —Ella debe de estar volviéndose loca allí —dijo Nell refiriéndose a Sophie. Yo me pongo muy nerviosa cada vez que tengo que enviar a Toby para que pase el fin de semana con su padre. cuando Charles Slocum compró la tierra a Nasseequidgeon. estoy segura —dijo María. el niño salió del coche y acarició al perro pastor de los Jenkins. aunque a veces se preguntara si eso era cierto. —Sí —dijo María. Cuando se detuvieron para recoger a Flo. Un camión aparcó junto a ellas y su conductor empezó a descargar cajas. —Carol y Alicia aún están aquí —dijo Olivia—.—A ellos les gusta culpar a las madres. María dio media vuelta y se dirigió hacia la entrada dejando que Nell se explicase. Olivia sonrió. cómo me gustaría darles con un bate! —exclamó Hallie. —¿Y esta noche es la «noche»? —inquirió Hallie. Su presencia les hizo darse cuenta de que estaban levantando la voz. querida —dijo Hallie—. Simón pareció más sereno cuando salió del consultorio de la doctora. Se imaginó el siglo XVII. Nos veremos el domingo. Pero tengo que preparar a los niños para que pasen la noche con sus abuelos. —¿De qué estás hablando? —preguntó Hallie mientras se alejaban. Nell y Andy. —¿Vendrás a cenar el domingo? —preguntó Hallie bajando el tono e intentando guardar la compostura. ¿Te apetecería tomar un vaso de vino con nosotras? —Gracias —se apresuró a contestar María—. —Le resultaba muy violento ver a Alicia otra vez. —El doctor Middleton es una mujer y sabe que las cosas no son tan simples como todo eso. María tuvo la impresión de que las dos hablaban en clave. ¡Oh. Tres mujeres discutiendo de conflictos en la Summer Street de Hatuquitit podrían muy bien haber sido tomadas por brujas. pocas horas antes de que llegara Duncan. Aunque no sonriera se mostró complacido cuando María le dijo que había visto a Hallie. María imaginó que se estaba refiriendo a la reunión de Ed y Gwen con los niños. Estoy segura de que él está ahí contando a Simón que todos los problemas de Sophie son por mi culpa. —Sé cómo te sientes. Me preocupa más que le cause buena impresión que cualquiera de las cosas que me ~197~ . —Adiós. y asintió—. —Que os divirtáis esta noche —dijo Nell agitando la mano.

Flo hizo como si no supiese de qué le estaba hablando Patty y dijo que su madre estaba en casa. Oyó carreras de niños por el vestíbulo. bañadores por si a sus abuelos les gusta la playa. Pero su mente estaba ya en otra parte. María asintió agradecida y se despidió. —Estoy segura de que sería así. los juguetes con los que duermen. Ya verás como es fácil. —Hemos tenido pocos problemas —dijo Olivia en voz baja—. —¿Qué sucede? —preguntó María.. Simón miró sin cesar a María con el ceño fruncido. para que no puedan decir que no soy la tía adecuada. La ansiedad de Simón aumentaba por momentos. ¿No odiaría mamá a alguien que me matase a mí o a Flo? María quiso abrazarle para premiar su lógica. —Yo siempre temo olvidar cualquier tontería como su cepillo de dientes. calcetines de recambio. Y deseó que Simón siguiera hablando. —Sólo esta noche. él y Flo se sentaron en sus bolsas de viaje. Luego se olvidaron. la ropa de jugar para mañana.. —Deben de odiarla. —Gracias. Mientras se dirigía hacia Simón y el perro pastor. aplastándolas. —No lo sé —contestó María. eso es fácil. Patty preguntó a Flo por qué estaba su madre en la cárcel. libros. Te metes en su habitación con la maleta y vas recogiendo todo lo que puedan necesitar en veinticuatro horas. —¿Cuánto tiempo estará allí? —preguntó Olivia. Porque ella mató a papá. Se preguntó si él habría hablado de eso con la doctora Middleton. —Eso es cierto —dijo María con actitud neutral. ~198~ . Olivia —dijo María alargando el cuello para mirar hacia el interior de la casa.. con Flo cogida de la mano. No estaban allí. pero estoy convencida de que lo hizo sin malicia. ¡Aquí viene! —dijo Olivia tocando la espalda de Flo cuando pasó corriendo. Mientras esperaban la llegada de los Littlefield ante el portal de María. zapatillas. se preguntó cavilosa cómo enseñaría a estos niños a proteger a una madre que había fracasado en su intento de protegerlos a ellos.inquietaban cuando él y yo estábamos casados. Pijamas. batas.. —Bah. —Ellos no lo entenderán —dijo Simón—. —¿Ed y Gwen odian a mamá? —preguntó.

Pese a todo estuvo a punto de abrir la carta de Aldo. Allí se acomodó en una silla metálica dando cara a las islas Hechizadas. ¿verdad? — preguntó. pero Ed y Gwen miraron fijamente al frente. —No querrás que mamá se quede para siempre en la cárcel. Se la metió en el bosillo trasero. pero su cuerpo aún exhalaba un leve olor a barniz de teca y diesel. Era un momento muy poco oportuno. Contorneó la casa hacia el porche delantero. Demasiado conmovida para hablar. Y sabes que ella no es mala —dijo con toda sencillez Simón. Pero entonces apareció Duncan. María sonrió al verle llegar. —De todo —dijo Simón. Duncan se había quitado la camiseta y el mono de «Bold & Intrepid Boatworks» y se había puesto una camisa polo de color rojo. —Porque tú eres su hermana. tenía el pelo pajizo húmedo de la ducha. ~199~ . María se lo imaginó luchando contra el mismo dilema que ella había afrontado una hora antes: cómo decirle a Flo que mantuviera cerrada la boca. Flo no cespondió per movió la cabeza de un lado a otro. María dio unos pasos detrás del coche por el camino de entrada y se detuvo ante el buzón mirando cómo los Littlefield desaparecían en un recodo de la carretera. Ed y Gwen se detuvieron ante el camino y permanecieron sentados en el coche hasta que los niños corrieron hacia ellos. María le abrazó porque no se había imaginado que Simón se diera cuenta de eso. No le apetecía leer una carta de Aldo cuando Duncan estaba a punto de aparecer. Abstraída. Al abrir el buzón encontró una carta de Aldo. —Entonces no les digas nada de las palizas —dijo él. María les vio marchar.—No quiero que ellos sepan las cosas malas que hizo mamá —prosiguió Simón—. Porque entonces la culparán de todo. —¿Por qué me lo contaste a mí? —preguntó María sentándose en el suelo entre los niños. —¡Qué contento estoy de volverte a ver! —exclamó. Después del trabajo. Quería saber qué opinaba sobre su teoría sobre la mujer asesinada. —Estoy aquí fuera —gritó. Él dio la vuelta a la casa. Y se quedó mirando pensativo a Flo. —¿Le culparán de qué? —inquirió Flo. Los niños la saludaron con la mano por la ventanilla trasera. Le oyó llamar en la puerta trasera. muy solemne. sorprendida de que él hubiese tomado esa decisión por su cuenta. La estrechó entre sus brazos y le cubrió de besos las mejillas.

de un resplandeciente amarillo anaranjado pues apenas quedaba una hora para el ocaso. los muebles y las fotografías de la familia de María en la repisa de la chimenea. Luego entraron juntos en la casa. Me dijo adiós a voz en grito. ¿Te apetece una copa? —He traído un poco de vino —dijo Duncan enarbolando una bolsa pardusca. —¡Dios mío. desviando la mirada. como si me marchase al trabajo. que íbamos a pedir el divorcio. No me pareció triste cuando la dejé.. Se quedaron mirando el sol. —Tal vez sea Alicia la que quiere alentar la esperanza —dijo María observando la expresión de Duncan. Duncan mudó de expresión. María consiguió coger las copas de vino y Duncan retiró el brazo sólo el tiempo suficiente para abrir la botella de vino blanco. María iba descalza. para dejarle con la esperanza de que yo podría volver. —¿Así que te has mudado? —preguntó María incapaz de esperar por más tiempo. Tuvimos una pelea enorme por esa cuestión. Colocaron juntas las sillas para que sus codos pudieran tocarse. María cogió a Duncan del brazo. —Es posible. —Cuesta creer que no hayas estado todavía dentro —dijo María. Por primera vez desde su llegada. —Así que aquí es donde vives. Duncan no pudo ver a fondo la casa porque la seguía rodeando con el brazo y no parecía muy dispuesto a dejarla marchar. Pero observó los grandes ventanales... Yo abriré la botella. Pero desde entonces me ha estado telefoneando cada noche. Podremos lamentarnos de lo mal que nos sentimos —dijo bromeando. —Ni hablar.—No puedes ni imaginarte la cantidad de cosas que he tenido que hacer esta mañana. fue horrible decírselo a Jamey! Alicia me hizo decirle que era sólo una separación de prueba.. ~200~ . Voy contigo —dijo rodeándola con los brazos. —Vayamos afuera para beber el vino y hablar de mi marido y tu esposa. Él asintió. —Siéntate —dijo María pensando que a él le gustaría mirar el mar tras una dura jornada de trabajo—. La besó en la boca. Estaba en la cocina hablando por teléfono con una amiga. Acabo de recibir una carta de Aldo. —dijo Duncan. pero me he consolado pensando que esta noche te vería. Duncan se quitó a puntapiés los zapatos y apoyó con delicadeza el pie sobre el de María. yo le dije que deberíamos contar a Jamey la verdad. Pero ella quiso revelárselo por partes.

acarreando por los pasillos sacos de arpillera llenos de bases y bates. Duncan la miró inquisitivo esperando una respuesta. —Pues no lo sé. —Esta mañana nos llamó Bruce Stafford diciendo que su embarcación hacía aguas y que le remolcaba el guardacostas. —Sé lo que quieres decir —dijo María—. El no poder ver a sus hijos debe de ser un infierno. Siempre lo recuerdo como el chico gordo que conduce una furgoneta de reparto de la Beehive Bakery. —¿Cómo te han ido hoy las cosas? —preguntó al fin María. Está como atontada. la niña se queda ~201~ . no tuvimos hijos. Siempre que veo a Steve Grunwald me lo imagino dirigiendo el equipo de béisbol. Te fuiste de Hatuquitit hace tantos años que algunas personas se han quedado congeladas en el tiempo para ti.. Quizá debiéramos haber contratado a alguien más experimentado en casos criminales.. Por cierto. Es sólo desde el lunes que yo no. y por lo visto la lanzó contra unos bajíos cerca del Mona Passage. Eso es lo peor de todo.. —Aunque fuera una aseveración y no una pregunta.—¿Pondrías otra vez todo en su sitio si pudieras? —preguntó María. A veces. —Steve lo hará bien. ahora que estoy con Flo y Simón. Sí. Pero se niega a que depositemos la fianza. Pero otras veces. —No lo sé. —No. —No me sorprende —dijo Duncan—. — María hizo una pausa para pensar—. Tiene una Yellowtail .. ¿cómo le va a Sophie? María sacudió la cabeza. —Se le quebró la voz. creo que es él. Si vieras ahora a Bruce Stafford. Es agotador. Duncan le cogió la mano. Pensaba que se volvería loca si no salía de allí. Y se quedaron silenciosos un rato. Y me asusta pensar que ahora él es el que se encarga del caso de Sophie. —Lo cierto es que no quiere cooperar. Se cuidará de ella. No puedo recordar cómo me sentía cuando todo estaba en su sitio —dijo Duncan. —Probablemente él y Peter son los mejores abogados de la ciudad —dijo Duncan.. —¿Bruce Stafford? ¿Aquel chico que iba con nosotros a la clase de álgebra? —¡Ah! ¿Lo recuerdas? —dijo Duncan bebiendo un poco de vino—. están siempre presentes. Son unos niños implacables.. creo que es mejor no haber tenido hijos. Tú no has tenido hijos. por ejemplo cuando estoy leyendo un cuento a Flo. —¿Echas de menos a Jamey? —Me fastidia estar lejos de él.

¿verdad? —preguntó Duncan. Cuando murió Malcolm. Necesitan muchas cosas.» Aquel recuerdo llegó a ella como por encanto. María ya era lo bastante mayor para cuidarse de si misma. ¡Quién sabe! María dejó su vaso en el suelo.. Tenemos pez espada. Los niños son implacables. María pensó que eso era cierto. —Voy a encender el carbón de la barbacoa —dijo levantándose—. y él anunció: «Mañana hará calor. Duncan y María contemplaron el sol que se ponía por detrás de Lookout como una bola de fuego. Hallie pareció desaparecer con él. Tal vez Sophie hubiese fingido que era lo bastante fuerte para cuidar de Hallie. —Tienes razón —dijo Duncan—. Ella iba de pie | en el asiento delantero del coche. como cuando murió. Pero de pronto se encontró pensando en Hallie. María recordó que había excavado un I hoyo en la arena y que había recogido leña para encender un fuego y asar perritos calientes ensartados en un palo. menos trastornado. tenía demasiado calor para cocinar. embarazada de Sophie.. rodeando con un brazo el cuello de su padre mientras éste conducía a casa desde la playa una | noche de julio en que Hallie. Pero en aquella ocasión ella vio un pelo negro encaneciendo. Se frotó las manos y se levantó de un salto—.dormida contra mí. —Una vez mi padre y yo vimos una puesta de sol como ésta —dijo María —. pero Sophie había sufrido más de lo que ella pudiera imaginar. —Fue la mejor comida de mi vida —dijo María escondiendo la cara en el hombro de Duncan. el padre tenía el pelo blanco y escaso sobre el cuero cabelludo rosado. Simón me pareció más tranquilo. y cuando Hallie le gastaba alguna broma sobre sus canas.» Corazón de piedra —Tu padre murió cuando nosotros estábamos en el bachillerato. Se acurruca como un cachorro. Al salir del consultorio de la doctora.. ¿Dónde está la parrilla? Yo cocino el pez espada casi tan bien como la sopa de almejas. ~202~ . Mientras esperaban a que el carbón estuviera en su punto. recordaba que él le decía: «Hebras plateadas entre otras de azabache. En casi todas sus remembranzas. Y los dos se echaron a reír recordando que ninguno había probado bocado de aquella comida en la embarcación. —¡Qué bien! —exclamó Duncan. realmente tengo la impresión de haber hecho algo bueno al haberle enviado allí. y tú eres la única que puede dárselas.

—Luego. —Quiero besarte —dijo.. y ella le sonrió. casi sentí alivio.. los hijos de Sophie. —¿De veras? No lo sabía. camino de casa.? —Un accidente de automóvil —dijo Duncan—. —Está bien —le susurró Duncan al oído—. Duncan la estrechó entre sus brazos. —¿Es que tu padre. —¿Disponemos de unos pocos minutos antes de que el carbón esté listo? —preguntó María—. Ella le pasó un dedo por la espina dorsal hasta llegar al cinto. la familia entera. Tú parecías siempre muy feliz participando en todas esas actividades escolares. Lo extraño de eso es que siempre he pensado que Peter y Sophie sentían lo mismo que yo. quizás en aquel instante. Ella se cogió a su cuello mientras él abría la puerta con una leve patada y la llevaba escaleras arriba hasta la habitación abuhardillada. le besó la coronilla. mirando el mar. ¿Podemos ir arriba? —Sus ojos fueron de Duncan a la puerta. También mis hermanos. ¿No te parece horrible? Me sentía culpable por albergar semejante sentimiento. Cuando murió. Duncan la dejó sobre la cama. y el faro de Little Harbor destelló a través de la bahía. Una noche ella había mirado aterrorizada el techo. las mejillas y por último los labios. Él era viejo y estaba muy enfermo —prosiguió—.. Duncan se apartó sorprendido. Murió allí mismo y no le vimos nunca más. su respiración se interrumpiría y él sería un cadáver—.... Estaban de pie en el porche. y entonces deslizó la mano por dentro del pantalón.—En el octavo curso —dijo María. Porque a mí me había ocurrido lo mismo. la frente. Mi madre estaba virtualmente deshecha. Quiso disipar el sentimiento que la embargaba. —Recuerdo que lo sentí por ti cuando sucedió. Una brisa fresca agitó las cortinas en las ventanas abiertas. Combatió el pánico e intentó respirar con normalidad. A últimas horas de la noche. atravesó el porche llevándola en brazos. ~203~ . De pronto María volvió la espalda al ocaso. pero yo sabía lo triste que te sentías. amor y pesadumbre por Malcolm. rememorando. Podemos hacer lo que te plazca. alzándola del suelo. —Mi padre murió el año anterior. —No sé —dijo María. Recordó cómo había sido aquello de esperar a que Malcolm muriera. sabiendo que muy pronto. —Debe de ser terrible contemplar cómo alguien a quien quieres se muere lentamente —dijo Duncan.

Pudo verlo en sus ojos. continuó por sus piernas. y estuvo a punto de gritar. Las sensaciones volvieron tan intensas como antes. porque se sentía como alguien nuevo. Cuando iba a rogarle que se parara.—Nunca me había llevado nadie a la cama. Ella supo por qué necesitaba una promesa tranquilizadora. agarró por los hombros a Duncan y gimió. y el trasero de Duncan. Te quiero. los tobillos.. A la luz vespertina sus bronceados cuerpos parecían más oscuros. besando y lamiendo con infinita ternura. —Eres ligera como una pluma —dijo él. porque no había ido nunca tan lejos. Permaneció tendida de espaldas mientras Duncan la besaba empezando por los dedos de los pies. la raíz del pelo. —No por llevarte. Echó la cabeza hacia delante y hacia atrás sobre la almohada. eran blancas como perlas y María sintió una rara excitación al mirarlas. Cuando él alcanzó los tobillos. —¿Confías en mí? —dijo Duncan—. pulgada a pulgada. Él pareció como si no la oyera. —Ven aquí. —¿Necesitas un minuto para recobrar el aliento? —preguntó ella.. Cuando creyó que no podía soportarlo por más tiempo se incorporó a medias. él le cogió la mano y sonrió. es decir. —Por favor —dijo. Se sintió electrizada. María asintió y se recostó de nuevo sobre el almohadón. Abrázame. ~204~ . las partes protegidas del sol. brillando en la oscuridad. jadeando un poco. María estudió sus ojos buscando lo que había de familiar en ellos. no sólo por lo que Duncan estaba haciendo sino también por sus sentimientos hacia ella. Hago esto por ti. Se quitaron aprisa la ropa y se besaron en la cama. la hizo dar media vuelta y le cosquilleó las corvas con la lengua. se sintió como una prisionera de Duncan y de su propio deseo. María creyó enloquecer. y María comprendió que iba a perder el control pero supo que no había nada que temer. María se apartaba de vez en cuando para ver sus cuerpos unidos. Él se llevó la mano al corazón. Sus pechos y caderas. los pezones. María sintió un hormigueo a través de su cuerpo. Giró sobre sí misma. sintió una excitación intensa en los más extraños lugares.

. Fruncirás el ceño cuando leas esto. Sé que estos momentos tienen que ser difíciles para ti. He visto muchas veces esa cárcel y jamás imaginé que tu hermana pudiera estar un día en ella. ~205~ . Y por el pobre Gordon. con los Dark siempre estabas sonriendo pero con frecuencia tristemente. Pero piensa: ¿Sería eso suficiente para ti si tu hermana tuviese éxito y tú no? Recuerda. ¡por muchas razones! Primera y principal. En el fondo de su corazón. que quisiste venir conmigo. bella.. Luego tristeza de nuevo porque se acercaba la hora de partir. Creo ver tristeza en tu sonrisa. Ni en Inglaterra. unos niños adorables. bella. y una noche repleta de amor. pero no pienses que te lo vaya a agradecer. María. ¡Se la comen viva! Recuerdo cuando estábamos todos sentados ante la mesa. Es cierto que ella tiene un marido preeminente. tú tan hermosa y llena de anécdotas sobre tu éxito profesional (que subestimas en un grado que yo por lo menos considero erróneo). Tendrás que admitirlo algún día. Tu carta me ha perturbado. y Sophie queriendo todo para sí. cuando María abrió a regañadientes la carta de Aldo mientras Duncan dormía a su lado Querida María. ni en Perú ni en París: nunca fuiste feliz. ahora tienes a sus hijos. También sé que lo hiciste por amor. El hecho de que yo no te devolviera ese amor como correspondía. alegría en la casa de tu madre. Quizá la consuele mirar por la ventana y ver a través de los árboles las luces en la casa de tu madre. Chispazos en el avión. Ruego por ellos. la felicidad que sentías al poder estar entre los tuyos.CAPÍTULO XXVI Fue a la mañana siguiente. Recuerdo todas las fiestas navideñas que pasamos con tu familia. Nunca fuiste feliz.. Sólo cuando cogimos el avión de Nueva York. Y por si fuera poco. Sé cuánto dolor te causó separarte de ellos. Sé. por la pobre Sophie. los ambiciosos proyectos de tu madre para Sophie. vi los verdaderos chispazos. Voy a decirte algo sobre tu hermana que no quisiste escuchar jamás: tiene celos muy peligrosos de ti. es algo con lo que debo vivir.. te enfadarás conmigo por imaginar que puedo obligarte a hacer algo que no quieres hacer. Sophie debe de sentirse como una fracasada por no haberlos llevado a cabo. ¿Qué tal lo llevas? ¡Qué fuerte eres! Sophie está en la cárcel. por sus hijos y sobre todo por ti. Y tiene suerte de que te ocupes de Simón y Flo. y una casa preciosa. después de una cena de pez espada a medianoche.

un poco. ¡Sé cuánto los deseabas!) Ahora. una advertencia sobre tus notas de campo.. —Por otra parte. (Creo verte besándoles la frente en la cama cada noche. Por lo general tú eso lo solías ver. cuando me desperté hace unas horas pensé que Alicia y Jamey estaban abajo haciendo el desayuno. sin la pasión que se requiere para lastimar a su esposa. —Lo sé. y ése es tu gran don. —¿Te hubiera gustado? ~206~ . y llorando porque no besas a tus propios hijos. El hecho de que ahora no lo hagas se debe a tu estado emocional y porque no estoy ahí para ayudarte. Gordon era tímido e inofensivo. ¡Pobre Simón y pobre Flo! Me resulta imposible creer que sus padres hayan querido hacerles daño. Pero estoy despierta desde hace horas. También me parece disparatado que Gordon quisiera hacer daño a Sophie. abre bien los ojos por si hay pistas. Para mí. —Buenos días. ¿Por qué está allí esa mujer? Examina con mucho cuidado las ofrendas funerarias. —Tal vez no debiera haber leído esto. Así que has encontrado una mujer india asesinada enterrada en una isla donde no hay ningún cementerio conocido. Con besos muy tiernos. y ahora me siento como si él estuviera en la habitación con nosotros. —No está —dijo Duncan. Aldo escribe exactamente como habla. esos niños deben estar contigo. habría pospuesto lo de nuestra anulación. Sin duda la persona que la enterró ha dejado allí algo para que tú lo encuentres. estando tú durmiendo a mi lado. Sé que ésta es por tu bien. que serás más feliz en el seno de tu familia. ALDO María sintió que Duncan le tocaba la pierna con el dedo gordo del pie.. —¿Te ha inquietado? —Bueno.. virtualmente nada. cerca de tu adorado Bell Stream... mucho de ti misma a la excavación. Lo mejor para todos es que ellos estén contigo. Sí. Pero esta vez.. Pero yo te amaré siempre. Lo observé una y otra vez en Chavín de Huantar. de eso no hay duda. Si yo hubiese sabido lo que iba a suceder.No te sugiero que renuncies a ellos para que Sophie no tenga celos de ti. Con frecuencia has aportado mucha imaginación. Recuerda que los talismanes para el último viaje dicen más sobre una cultura o un individuo que cualquier otro artefacto.

.. María sintió un poco de miedo ante la cantidad de poder que había conferido a Duncan la pasada noche. Aldo era familiar. Se detuvo en la puerta. no sólo porque fuera fin de semana. María subió a su cohe y se encaminó hacia la cárcel.. ya no eres una mujer casada. ¿No se pensaba que los asuntos amorosos estaban libres de preocupaciones? Ellos los habían iniciado. y yo estoy oficialmer te separado.. vestido para el trabajo con su polo rojo y pantalón caqui. pero yo voy contigo —dijo María. un beso largo que termi-l nó con un abrazo todavía más largo. Hubo muchas cosas que María pudo haber hecho aquel día volver a. sin que rer separarse.. Duncan la abrazó y la meció. La «Bold & Intrepid Boatworks» tenía trabajo de oficina en los primeros sábados del verano. algo desusado al comienzo de la temporada. y Duncan hubo de marcharse inmediatamente después del desayuno. —Los niños estarán aquí. —¿Te veré esta noche? —preguntó Duncan.—No —dijo Duncan. Duncan le dio un beso de despedida. No quería quedarse a solas con la carta de Aldo.rretera.. María se había puesto pantalones blancos y una camisa blanca suelta para reflejar el sol. —No lo sé. reunirse con Nell en la playa. tendida sobre la cama en la soleada mañana de verano. Voy a hacer café y tostadas y te las traeré a la cama. ¿tú qué opinas? —preguntó María pensando que él sabía más de niños. Pero Aldo había evocado cosas de su pasado que Duncan no podía conocer todavía. la tumba.. en el agua. y cuando él se dirigió porl fin al sendero hacia su furgoneta. ¿qué te parece? —Me parece maravilloso. María sintió verlo marchar. ~207~ . —Le preguntaré a su madre —dijo María. y tal vez no las conociera jamás. Confió en que el instinto paternal de él con tradijera su fina intuición que le decía que el verla con el padre de Jamey podría trastornar a Simón y Flo. —Crees que es mejor que no nos vean juntos todavía. —Bueno. —Eso no quiere decir que no desee desayunar —dijo Duncan saltando de la cama desnudo y llevándose consigo una sábana—. contestar a Aldo I y examinar las ofrendas funerarias que había desenterrado Pero tan pronto como la furgoneta de Duncan desapareció por la ca. Y ahora.. Se sonrieron uno a otro. Su previsión del tiempo la pasada noche había sido acertada: el día iba a ser cálido y brumoso. Se abrazaron.

~208~ . —respondió Sophie con desenfado .. éste será el primero que no lo haga. ¡Nos reímos sin cesar! —¿Por qué está aquí? —preguntó María. Espero que sea antes de que te marches. viniéndose abajo. McDonalds. la celadora amenaza con separarnos. Todo ese odio entre madre e hija. Esa mujer quiere a Bess como a una hija. lo cual suena maravilloso. pero la misma noche en que llegó a su nuevo hogar. Se casó con él y tuvo dos hijos más. su verdadero amor. ya sabes. Entonces conoció a Jimmy. María lamentó al instante su arrebato. Sea como fuere. pero ellas no tienen las relaciones entre madre e hija. —Estoy emocionada —dijo María hirviendo por dentro—.. esa mierda que nosotras tenemos con Hallie. el Sheraton y unos cuantos moteles. Nació en Jack-sonville y su madre murió cuando ella tenía once años. ha recolectado tabaco en Windsor cada verano. —¡Es todo un carácter! —siguió diciendo Sophie—. Nos pasamos casi media noche hablando. Bess ha trabajado en infinidad de tios. Las dos tenemos unos orígenes muy diferentes. —Asalto a mano armada —dijo Sophie frunciendo el ceño como si hubiera perdido el hilo de lo que estaba contando—. Sea como fuere. —Bueno. pero idéntico sentido del humor. María escuchó.. Quiso coger la mano de Sophie pero no se atrevió a hacerlo. Le han publicado dos cartas al director en el Beinbridge Courier. sus chicos vienen a visitarla hoy. Lo digo en serio.Sophie sólo parecía deseosa de hablar de Bess. Pero entretanto tus hijos están intentando remendar sus vidas.. —Entonces ella vino aquí para vivir con su abuela. No se casó con el padre. su compañera de celda. ¿Te imaginas? —Es horrible —dijo María. ambas sobre drogas en las escuelas. frustrada al principio pero luego muy sosegada porque pensó que el monólogo de Sophie le daría la oportunidad de exponerle lo que los niños le habían dicho sobre su madre. así tendrás oportunidad de conocerla. el centro de convenciones. su madre adoptiva fue asesinada por su hermano adoptivo. Bess tuvo a Benjamín cuando cumplía los catorce años. Odio a mamá. —¿Qué quieres decir? —inquirió María. no tengo ninguna pista sobre lo que he de hacer y tú ni siquiera has preguntado por ellos. María! —exclamó Sophie. Tiene una vida tan interesante. La adoptó una familia.. Era evidente que Sophie estaba intentando recobrar la compostura. como hacía mamá cuando tú y yo nos negábamos a dormir. Un ladrón asesinó a su madre... —¿Por qué te pones tan dura? ¿Por qué adoptas esa actitud tan práctica? ¿No te alegras de que tenga aquí una amiga? —preguntó sonriente Sophie. que es lo que me asombra... Yo estoy con ellos día y noche. —¿Y cómo va tu defensa? —inquirió María. —¡Oh..

—¿Quieres decir que te gustaba esa historia de la cuerda? —Todo es relativo —dijo Sophie—.—Lo siento —dijo María—.. Voy a ser testigo de descargo. ¿Has permitido alguna vez que alguien se apodere de ti más allá de tus límites? —¿Qué quieres decir? —Quiero decir ponerte en manos de alguien. —¿Por qué? —preguntó María—. —dijo Sophie con un tono soñador que asustó a María—. Miró con el ceño fruncido la superficie de fórmica. el cargo será menor porque no tuve tiempo de concebir la intención. incluyendo tu vida. Pero María tuvo la impresión de que lo sabía y no quería decírselo. —Y así es —dijo Sophie—. Sophie se pasó la mano por el cuello. El hecho de que yo lo arrojara por la ventana y lo arrollara con el coche. de tu compañera de celda. Recuerda que yo vi lo que él te hizo. Si Gordon murió de heridas de bala en el dormitorio. Porque confías en él hasta ese punto. luego la dejó caer sobre el regazo. Eso es lo que complica las cosas. La de cosas que saldrán a relucir. Pero si murió en el camino. Sophie asintió con la cabeza. me gusta estar aquí. —Cuéntamelas —dijo María—. ¿No sería eso lo que había hecho ella con Duncan anoche? Pero se sacudió ese pensamiento. Ayúdame a preparar a los niños. —Él te hizo daño aquella noche. no pudo comparar el erotismo de Duncan con lo que Sophie había soportado. como si verdaderamente encajases en la cárcel. Sophie. Sophie —dijo María con tono afable—.. Me limité a coger el arma y disparar. Participé en aquel juego para complacer a Gordon. será peor. Me gustaba hacerle feliz. —Escucha. ~209~ . ¿Sería porque se sentía segura? ¿Sería porque creía merecer ese castigo? —¿Cómo cree Steve que van las cosas? ¿Cómo va tu defensa? —Pues no lo sé —dijo Sophie—. —Me merezco lo que tengo.. —Un juicio será terrible para los niños. Vi la cuerda alrededor de tu cuello. Lo creas o no. ¿Por qué no quieres que Steve te saque? —No lo sé —contestó Sophie. María la miró asombrada. Pero yo sé que él murió en el dormitorio. no se puede decir que proyecté arrojarlo por la ventana.. —La cuerda. Todo gira en torno a la intención. Yo lo vi. Lo siento de verdad. —Me siento muy frustrada al oírte hablar de tu vida aquí. Considerando que me disloqué el hombro al hacerlo.

Y aquella noche vi en tu dormitorio que él te pegaba. ¿Diez? ¿Doce? Recordó a Sophie cuando era una adolescente esmirriada.. incluso después de lo que he hecho. —Gordon significaba todo para mí —dijo Sophie con aire casi ausente—.. Estuvo a punto de culpar a Gordon por lo que Sophie había hecho. María frunció el ceño. Él era un perfeccionista. Aunque deseara maldecirle. Pensó que los niños tal vez habían interpretado mal las cosas y que habían confundido el vapuleo con los golpes. Sobre todo si los adiestraba su padre. y yo intentaba ser perfecta. — Ahora su voz bajó de tono—. Algunas veces ese mal comportamiento me causaba una gran frustración. ¿Es que crees que yo lo quería? Amo a mis hijos. María. Les hice daño de verdad. comprendió que la responsabilidad era de su hermana. Nell lo hace con Andy. —La mirada de Sophie fue penetrante—. Según dicen los libros. Incluso ahora. —preguntó deseando que la respuesta fuera afirmativa. hay que castigar a los niños.. A veces se había preguntado ~210~ . ¿Cómo pudiste hacer daño a Simón y Flo? —le remedó burlona Sophie con una expresión tan cruel que María pudo imaginar lo asustados que debieron estar los niños—. María sintió deseos de preguntarle si el robar a la familia y hacer daño a los niños era compatible con su idea de la perfección.—¿Te refieres a que. intentando calcular los kilos que había perdido Sophie desde su ingreso en la cárcel. Me dijeron que él te empujó por las escaleras. —¿Qué quieres decir? —Gordon solía decir que yo no sabía controlar a mis propios hijos. Cuando eran malos. —Así que sólo les diste una zurra. La miró atentamente. A veces yo no sabía cuándo detenerme. —No.. Gordon se sulfuraba cada noche que los niños se comportaban como animales salvajes antes de irse a la cama.. —Ellos también eran hijos suyos —dijo María. Así que les zurré. Les zurraba realmente para que no se portaran mal. Pero eso no funcionó nunca con Simón y Flo. —¿Te lo han contado? —Sí.. Sophie movió impaciente la cabeza.. —Yo empecé a zurrar a los niños —dijo Sophie con tono distante—. con encierros de diez minutos para que tengan ocasión de meditar sobre lo que han hecho mal. golpeaste a los niños? —preguntó María. Pero a pesar de todo no merecías lo que te hizo Gordon.. pero no tuvo el valor de formular la pregunta.

sin sonreír. —Fuera hace calor. y Flo irá el lunes. un trastorno que suele afectar a los perfeccionistas. —¿Irás de blanco en tu segunda boda? María se echó a reír. súbitamente asustada. El viernes Simón vio a la doctora Middleton. —No parecen demasiado felices. con lo guapa que estabas delgada? —¿Te importa que hablemos de algo que no sea mi rotundidad? — preguntó Sophie—. Y María recordó lo delicada y bonita que Sophie había estado con él. Pero no saben todavía lo que les ha golpeado. —¿Lo han dicho ellos? —preguntó Sophie mirando fijamente la mesa como si temiera descubrir la verdad en la mirada de María. Quieren que vuelvas a casa. ¿Cuánto más podrá soportar?. Los niños volverían a su casa dentro de dos horas escasas. Los dos te quieren. —Estaba hecha una cerda. —Sí. María pensó que debería estar allí para esperarles. —¡Sophie! —exclamó meneando la cabeza. ~211~ . —Gracias por contármelo —dijo Sophie levantando al fin los ojos. se preguntó. Y ahora se preguntó por qué Sophie se habría dejado engordar. —Tienes muy buen aspecto de blanco —dijo Sophie. María se levantó para marcharse. Me lo dijeron. —No me lo has pedido —dijo—. —Sí que le importaba —dijo Sophie—. Miró a Sophie y vio que le temblaba el labio.si Sophie había padecido anorexia. —Has perdido mucho peso —dijo. El traje de Sophie había sido una copia del de Jacquelíne Kennedy. Cuéntame cosas de Simón y Flo. Y no le gustaba lo más mínimo. ¿verdad? —¿Y a Gordon no le importaba? —preguntó María pensando en las fotografías de la boda. pero cambiando un fuerte abrazo con la imaginación. Ya sabes que han pasado la noche con Ed y Gwen. —Lo sé. pero estoy segura de que te preguntarás cuáles son los sentimientos de los niños respecto a ti. Durante unos segundos se miraron fijamente. —¿Por qué te dejaste engordar tanto.

—Será mejor que mamá no se entere. La mitad de sus amigos tienen padres que están divorciados. Mientras conducía hacia casa oyó por la radio el último cuarto de hora del Moming Pro Music de la WGBH. —¡Sophie! —exclamó consternada María. y no digamos ya una cena. atrapada en la cárcel y hablando sobre el nuevo amor de su hermana y su efecto sobre sus propios hijos. eso es todo —dijo Sophie.. Pero no quiero hacerlo cuando los niños estén en casa. —Duncan no tiene nada que ver con eso —dijo Sophie—. —Ellos ya saben todo sobre divorcios —dijo Sophie—. Imaginó cómo debía sentirse Sophie. —Tal vez no. ~212~ . y cuando alcanzó el refugio de Lovecraft Wildlife recordó lo que Sophie había dicho al comienzo de la visita: que odiaba a Hallie. Decidles que vuestro matrimonio ha sido anulado.. las comidas más raras. —Sí. y cuando Duncan obtenga la separación no hagáis la tontería de ocultárselo. pero por lo menos invítale a comer. recordó con una sacudida lo que había escrito Aldo sobre los celos de Sophie.—Así que todo va bien. —Espera vivir un poco más en Hatuquitit —dijo Sophie—. María observó a Sophie pensando en todos los esfuerzos que su hermana había derrochado para satisfacer el paladar de Gor-don. Hazle algo fabuloso. —Él se ha mudado —dijp María—. —dijo Sophie con una sonrisa. Lo que le molesta es que seas feliz. Poco después María se marchó. Nos preguntábamos si sería conveniente que los niños nos vieran juntos. Robando cosas y luego vendiéndolas para comprar los productos más selectos. Entonces comprenderás lo que quiero decir. —¿De lo de Duncan? Ya sé que ella no lo aprueba. No sabía hacer ni un bocadillo decente. Anoche estuvimos juntos. Alicia era demasiado cerebral para preocuparse de la cocina. que de pronto pareció amargada. muy bien.

Sin duda no es asesinato en primer grado.. Peter y María estaban en el camino de entrada limpiando una lubina que él había pescado por la mañana. Ni pizca de suerte. Ella no pudo imaginar nada: el furor en los ojos de Sophie. Julián se había llevado a Flo. Él era un peso muerto. ¿Cómo diablos pudo levantarlo y arrojarlo por la ventana? —¿ No puede interponer Steve un alegato de enajenación mental? — preguntó María. — Peter meneó la cabeza—.. Simón y Andy para dar un paseo por el Bell Stream.. —Mide cuarenta pulgadas —dijo Peter mientras le abría el vientre desde la cola hacia la cabeza. —dijo Peter—. Es el mayor pez que he cogido en mi vida.CAPÍTULO XXVII Por lo general la comida de los domingos en casa de los Dark era rosbif en invierno y pescado a la parrilla en verano. —¿Qué empleaste? —Un Kastmaster. ¿y tú? —Yo tampoco —dijo María. literalmente. —Peter dejó la voz y lanzó una mirada furtiva alrededor—.. —Tal vez no sea necesario. si es que se la puede llamar así. —Me gustaría que llevases a pescar a Simón. Sophie poniendo en marcha el coche. Estaba en el cabo echando el anzuelo a una bandada de arenques sin conseguir nada. hasta que lo lancé muy lejos. Salgo cada fin de semana. más allá de los arenques. No puedo ser objetivo sobre esto. No puedo imaginarla haciendo eso. Una escama brilló como un diamante en su bigote—. el cuerpo ensangrentado de Gordon precipitándose por la ventana. —¡Qué pez tan enorme! —dijo María. Nell y Hallie estaban haciendo una ensalada en la cocina. —¿Qué dice Steve sobre el caso de Sophie? —Hay una buena noticia.. el arma disparando una vez y otra.. y es que Gordon estaba muerto antes de que ella lo arrojara por la ventana. y atrapé este ejemplar. Sé que ella ha de ~213~ . —Ella es tan menuda comparada con él. Las entrañas se derramaron sobre el periódico—. —Pues claro —dijo Peter subiéndose las gafas.

. María. Tú ni siquiera estabas aquí.cumplir una condena más o menos larga. Y me contó lo que habíais hablado. La creí porque quise. Ya conoces a Sophie. —Peter gesticuló al evocarlo—.. —Su rostro expresó la angustia de un hermano que ha permitido que su hermana arruine su vida. sin embargo. de él. —¡Ah! ¿Sí? —Lo de golpear a los niños. Cuando le pregunté sobre el particular. y nos crucificas a los demás por no hacer lo suficiente. —¿Cómo? —preguntó María observando con cuánta felicidad aceptaba las palabras de Peter y cuan incapaz era ya de sentir consternación. Me dijo que habías estado allí. ella adoptó una actitud defensiva y dijo que era su forma de castigarle.. y no puedo soportarlo. Que fue ella quien lo hizo. —¿Lo sospechabas? —preguntó muy quedo. Pero recuerdo que le golpeaba con excesiva dureza. —Sí. Se cuidaba de la casa.. —Ayer la visité —dijo María. desde luego. por permitir que ~214~ .. —Oye. a veces tienes un maldito e irritante complejo de superioridad. Ni que Nell los percibiera y. no Gordon. —También la habría creído yo —convino María con sinceridad. Durante unos segundos María guardó silencio mientras introducía el cuchillo para hacer filetes entre la carne y la espina del pez. una verdadera paliza. ni siquiera después de que ella empezara a cambiar. —También yo. Pero si ella hubiese estado allí ¿habría visto lo que ninguno de la familia quería ver? Yo pensaba que Sophie manejaba a Gordon como quería.. Pero lo que no puedo comprender es que no observaras los cambios. Sophie siempre zurró a sus hijos y nosotros no lo aprobamos jamás. —Rememorando las cosas que parecían inocentes. no hiciera nada. Creía que ella dirigía el espectáculo. —Comprendo que la creyeras —dijo María—. Dices que te preocupas mucho por Sophie. Yo vi que Sophie golpeaba a Simón. —Hubiera debido hacer algo. Ni Nell ni yo pegamos a Andy. Luego utilizó la manguera para limpiar la sangre. de los niños. —¿No pudiste hacer nada para protegerlos? —preguntó María levantando la voz. todos aceptamos sus explicaciones porque no podíamos ofrecer ninguna alternativa. No tuve ni idea de lo que ocurría.

y tú ni siquiera estabas aquí. detrás de esos árboles. yo he estado aquí todo el tiempo y he hecho lo que he podido para ayudar a la familia. quien estaba quitando meticu. —Bueno. pues imagínate cómo se siente Sophie. ¿Por qué no hacéis las paces y vamos a dar un paseo por el arroyo para buscar a los demás? Procurad que los niños no os vean discutir. De pie ante el fregadero de la cocina de Hallie. —El maíz ha cambiado mucho —dijo Hallie—. Yo me quedo aquí. Parecía exhausta. ¿queréis parar? —dijo Nell. —¿Por qué no has ido a ver a Sophie ? —preguntó María interrumpiendo el monólogo de Hallie. María —dijo. Y acentuó el aquí en atención a Peter. agrupó las hebras plateadas en una fina cola de caballo y la alisó con los dedos. Esos pobres niños. —Hola. le pasó el brazo por la espalda y señaló hacia el bosquecillo de pinos—. María se limpió la sangre de las manos con la manguera. —Peter va a llevar a Simón a pescar el próximo fin de semana —dijo María. María se sintió cada vez más fu. A mi padre le encantaba. desenvainandol el primer maíz de la temporada. amarillo como la mantequilla derretida. —Por favor. Era delicioso.. chicos. —Se acercó a Hallie. Nadie sabía nada del Butter & Sugar o el Silver Queen.ella se vaya por el desaguadero. ~215~ . Cuando yo era menuda comíamos Golden Bantam. Miró sin cesar a su madre. que apareció por la puerta trasera secándose las manos en la falda de su traje playero—. A punto estuvo de darle un corte. —Nell tiene razón —dijo Peter—.riosa. La acusación de su hermano la había molestado y quiso defenderse. ¿Acaso creía Nell que podía pacificar las cosas con su simple aparición? Pero se contuvo. Exceptuando el ejército y la Facultad de Derecho. —¿Era demasiado duro para ti ? — María parecía como un águila dispuesta a caer sobre su presa. Ella está allí. —Sí. Hallie no levantó la vista. —Lo sé —dijo Hallie—..losamente las hebras sedosas de las mazorcas que María había limpiado. Vivo con ese pensamiento cada instante del día. Sophie está allí mismo. —¡A Sophie no la ayudaste! — María se enfureció de repente con Peter. Nell —dijo. era muy duro. —Bien. —Que os divirtáis —dijo—.

Sophie te necesita. En la cárcel es tan hija tuya como lo era antes. —Se le quebró la voz —. y ser en cambio incapaz de visitar en persona a Sophie? —¿ Por qué no te das un paseo hasta allí cualquier día y se lo preguntas? Ella es exactamente la misma. ¿Tú crees que hay algo peor que la realidad? —'No puede haberlo —dijo Hallie.. María. Era tan graciosa como Shirley Temple. No puedo soportar el pensamiento de que ella vive entre criminales. Siempre he odiado tenerlo tan cerca. Quiero que vayas a verla. El tono de la madre. le dio la impresión de que Hallie sabía mucho más que nadie sobre la situación de Sophie. ¿Acaso crees que se ha convertido en una persona diferente? —Al parecer eso ocurrió hace años —dijo Hallie—. fotografías de las familias Dark y Littlefield obtenidas de quién sabe qué amigos desleales de Sophie.. —Cuéntame lo que imaginas —dijo María. Pero cuando volvió la cara hacia María. Fue horrible. y aborrezco tener una hija ahí. alertó a María. sin poderse contener a pesar de sus buenas intenciones—.. pero estuvo dispuesta a dar una oportunidad a su madre. Vi una foto suya en el Hatuquitit Inquirer. evocó la expresión predominante de Sophie durante su infancia. —Imagino que he perdido a mi hija —dijo. que se imaginó a Shirley Temple con una sonrisa perpetua formando hoyuelos.. —Y yo no quiero ir —replicó Hallie—. la luz de la ventana la rodeó y ensombreció sus facciones haciéndolas difíciles de leer. entrevistas con psiquiatras y profesores. —Pero yo quiero leer sobre ella —dijo Hallie—. sus ojos parecían pozos de pesadumbre.—¿Cómo podría ser peor el verla? —preguntó María—. Su tono sugirió una posibilidad misteriosa en la mente de María.. El talento se le salía por las orejas. ¿Gomo podía Hallie sumirse en esos artículos interminables. Yo quería a esa niña. sólo que con el pelo de un negro azabache. Coge otro periódico menos. —Eso es una chorrada —dijo María. Ella conocía la habilidad de Hallie para el melodrama. vacilando entre la resignación y la incredulidad. Necesito saber lo que está sucediendo. María sacudió confusa la cabeza. Hallie fue una silueta. espectacular. con uno de esos enormes trajes carcelarios. No he estado nunca en ese sitio. —¿Por qué lees esas cosas? —preguntó María—. ~216~ .. lo cual solía enfurecerla.

Cuando la vio deslizar la palma de la mano por las sedosas hebras de maíz. Recordó también su propia acusación de que la familia había desestimado los signos de advertencia que podrían haber salvado a Sophie. —Hablas como si'no pudieras perdonárselo —dijo María. Cuando Sophie cantaba.. con tanta vehemencia. Se contuvo para no decirle a Hallie que Sophie la aborrecía. Recordó que Peter la había acusado de tener complejo de superioridad. María siempre creía tener razón. —Y no puedo del todo —dijo Hallie mirando a María—. Lo que quiso decir es que cuando se trataba de Sophie. Eso es lo que necesitas. Se sentaron un rato con los pies dentro del agua cantando canciones que les recordaban los chicos que les habían gustado. —¿Has leído eso en el periódico? —Sí. —Creo que ella lo echó todo por la borda. Y temo lo que pueda suceder. sin rocío.—Supongo que las dos tenían rizos. Al no utilizarlo. comprendió que el tema estaba cerrado. Por entonces tenían trece y dieciséis años. —¿Crees que todo esto sucedió sólo porque Sophie no quería cantar en el terreno profesional? —preguntó María. sentía ganas de llorar. Sólo llorar. Creo que cometes un gran error al no querer ir a verla. —Vete a ver a Sophie —dijo María con tono glacial—. hacia el arroyo. Cantaba con tanta. mamá. —¿Y lo crees? —preguntó María sintiendo que se quedaba sin aliento. y no pudo abandonar el tema. Y cuando Sophie cantó Moon River. María y Sophie se fueron al patio trasero y caminaron por la hierba reseca. Hizo una elección pésima — dijo Hallie con amargura. María lloró pensando que no volvería a ver a Duncan hasta setiembre. —Las dos tenían talento. Eso es sólo mi opinión. Una noche de julio. creo que te equivocas —dijo con mucha calma—. ~217~ . empezó a corromperse dentro de su ser. está pasando por la peor época de su vida. —Escucha. que hacía demasiado calor para dormir. —Tiene lógica. Nunca sabré por qué ella desperdició su talento. —También yo —dijo Hallie.. Un psicólogo cree que Sophie dejaba que Gordon la golpeara porque ella se consideraba despreciable. Y eso era cierto. También lo necesita Sophie.

dio media vuelta.. pues había observado que el espíritu de Sophie se distanciaba por momentos—. Necesita que la convenzamos de lo contrario. Cuando salga de la cárcel no se interesará por nada. quizás ella se crea despreciable. —Ella puede no volver a casa nunca más —dijo María. Hallie parecía estar escuchando. Quizá tengas razón. Al verla marchar presurosa por la puerta trasera para decir a tedo el mundo que se limpiara los zapatos antes de entrar y para dar un gran abrazo a sus nietos. pero al oír que la familia regresaba. ~218~ ..—¿Qué más puede suceder? —preguntó Hallie. María sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y se preguntó por qué la chica que cantaba con tanta vehemencia tenía ahora el corazón de piedra.

Me senté en el borde de mi asiento.. Cuando estaba fuera. Más vale así. pero salvo Bess. pero entonces trajeron a dos tipos del escenario de Whitehall para que representaran una escena de «A Chorus Line». ¿Acaso me gustaría sentarme con Nancy Grunwald o Alicia Murdoch para criticar a las otras reclusas? Supongo que lo más interesante que sucede aquí es el «programa creativo de rehabilitación». Cuando vienen visitas. María y Peter.. sino porque traen a gente bastante maja. Gordon y yo la vimos en el Whitehall de Adamsville una noche de la pasada primavera. Nell y Ste-ve. Como el otro día. Me refiero al coreógrafo y a los actores del repertorio de Whitehall.CAPÍTULO XXVIII Bueno. Me sentí como si alguien me hubiese hechizado. No me refiero a esos sociólogos de Nueva York. Bueno. Recordé a uno de ellos del verano anterior: hizo un trabajo magnífico en la comedia de Derek Mobley. El tipo era increíble. estridente y desagradable. había mujeres a quienes apenas conocía. De verás. pero enseñé a todo el mundo las cicatrices que tengo en el trasero y en los muslos. y cada vez que he contado algunas.. Empecé a hablar de Gordon y no pude parar.. No quise devolver la botella. luego me he sentido fatal. Todas las reclusas estaban en el auditorio oyendo hablar a sociólogos sobre el espectáculo que. nadie me habría sorprendido bebiendo tequila en un cóctel. las demás lo que quieren es oírme decir cosas sobre Gordon. me aburro de lo lindo. esto es aburrido. Por primera vez desde que llegué aquí.. Aún me parece oír mi voz. estoy harta de esa triste cabeza ladeada que ellos han perfeccionado tanto. Linda Naples hizo pasar de mano en mano una botella de tequila. He estado intentando distraerme recordando viejas historias para contárselas a Bess y a las otras. Este actor me hizo desternillar de risa aunque el resto de la comedia no fuera tan cómico. como si le hubiera profanado. y yo no soporto hablar de él. Estuye a punto de quedarme dormida. en la asamblea del miércoles pasado quise que alguien supiera que soy diferente. me sacan afuera.. Ninguno de mis vecinos. salvo en ocasiones como ésa. pero aquí bebo bastante. No puedo recordar su título. No porque sea divertido ni porque yo tenga intención de probarlo. nadie de la ciudad. no una de «ellas».. al parecer vamos a presentar en agosto. Sé que ellas quieren oír las partes malas. Reía y lloraba al mismo tiempo. Avan- ~219~ .. ¿quién diablos sabe cómo la ha conseguido? Los guardias no ven ni la mitad de lo que ocurre aquí.

Realmente no tiene una gran voz. bailando claque? Según la celadora. Me resultó rarísimo verlo en el escenario de la cárcel. Se hace unas ilusiones increíbles pensando en la posibilidad de llevar leotardo y zapatos de tacón alto. entró ese actor. Le vi conversando con la celadora. Después de la función un cliente de Gordon insistió en que fuéramos con él y su esposa a tomar una copa en un bar al otro lado de la manzana. Todavía me estremezco cuando recuerdo a ~220~ . Ella sabe algunos trucos de cartas. le dije que nos habíamos conocido después de la representación de una comedia en Adamsville. no es obligado actuar. Pensé que yo era la única persona del auditorio que le había visto actuar en Whitehall. A Gordon no le gustó demasiado pero | a mí me encantó. Es lo que Hallie solía decir de los espectáculos escolares: tenía que sufrir las voces desafinadas de cuarenta niños. Una hora después de que cayera el telón. No es justo para los niños. y eso me fastidió. Sé que Gordon no lo oyó porque nunca me comentó nada al respecto. así que yo no lo haré. Más tarde intenté hablar con él. Nos sonreímos. es divertido. Luego se volvía hacia el público y le lanzaba una mirada sumamente burlona. Yo capté su mirada en la entrada. Dice que sus hijos asistirán y quiere que se sientan orgullosos de ella. Algunas de las reclusas lanzaron estridentes silbidos como hacen siempre que entra un hombre. porque yo nunca había oído cantar a aquel actor (se llama James Court). una de mis guar-dianas favoritas.zaba hasta la mitad del escenario y se detenía como si hubiese olvidado algo. pero de todas formas. pero sí ese algo que te hace desear escucharle. y bailar hasta que reviente su pequeño corazón sobre un tambor de tamaño monstruoso mientras yo canto al fondo. Todo es un truco comercial. y en caso contrario lo hubiera hecho. y él me dio las gracias. ¿Qué me figuraba? Bess está entusiasmada con lo del espectáculo. quiere vestirse como un ilusionista para hacer unos cuantos ante el público. Por fin se tranquilizaron y me dejaron oír. ¡Él estaba allí! Le expliqué la situación a Etta. sólo para oír a su propia hija durante tres segundos. resulta patético animar a la gente a salir al escenario para hacer el ridículo. —Me ha encantado —dije. lo anuncian como el lugar habitual donde los aficionados al teatro pueden mezclarse con los actores. Si lo piensas un poco. cuando Gordon y yo nos disponíamos a marchar. María Gericault baila claque y está intentando convencerme para que cante con ella un número de «La calle cuarenta y dos». ¿Es que no se ha mirado nunca en el espejo? ¿Te puedes imaginar una mujer de noventa kilos en leotardo. los sociólogos y dos mujeres vestidas con traje de calle. refiriéndome a su actuación. pero ella no me dejó acercarme.

~221~ . Me resultó imposible explicarle por qué no podría hacerlo.Mariá plantada en el escenario para recitar el «Kubla Khan» de Coleridge. Así que lo dije en voz alta. Me limité a acogerla en el regazo y a dejarla llorar. «Frosty the Snow-man». yo no le he tenido nunca pero me imagino lo que se siente. Cómo podía haber desperdiciado tanto tiempo con ellos. También le comentó que permitiría actuar a Flo si cantaran «Hark. «Silver Bells». Intenté articular la siguiente línea. Le dijo a su profesora que las canciones le parecían demasiado comerciales. He hecho daño a mis hijos. zapatos de charol y lazos en el pelo. he robado y he matado. Sus pequeñas caras desfiguradas por el dolor. Ella lo había ensayado cien veces en casa. A Flo se le partió el corazón. Mis palabras dieron impulso a María y le permitieron terminar el poema. Gordon no permitió que Flo cantara en el concierto de Navidad. Sí. Con eso quiero decir que es una persona espiritual. Mamá me dirigió una mirada glacial. que van por ahí intentando convertir a todo el mundo. pero ella no supo leer en mis labios. Me pregunté qué habría hecho Gordon si la profesora hubiese cambiado el programa. Como digo. Con una indumentaria corriente no habría sido tan humillante. —Pero ¿qué son? —pregunté. Causado por mí. Le encantaba doblegar a la gente. cantando «alabanzas al Señor» por cosas tan triviales como tener barquillos para el desayuno. El caso fue que de pronto se quedó calada. No es osten-tosa como muchas de las reclusas redimidas. no auténticos villancicos. Necesito que ella me lo diga. con las manos entrelazadas. He mentido. era así. Me pregunto si ella lo recordará. Eso aún lo empeoró más si cabe. Silencio. —Sí que lo son —convino ella. Bess me está enseñando a rezar. me pregunto qué había hecho yo. Cómo podía haberles hecho daño. «Rudolf the RedNesed Reindeer». Cree en la expiación y en la redención. Su papel en el espectáculo iba a consistir en hacer sonar las campanillas cuando Rudolf entrara en el escenario. y olvidándose de las palabras. pero me alegré de haberlo hecho. Es tremendamente religiosa. ella estaba plantada allí. the Herald Angels Sing» o «Adeste Fidelis». El horror al escenario es una cosa extraña. Cada vez que rememoro cosas como ésa. Me buscó entre los espectadores y me miró fijamente. era así. —Mis pecados son enormes —le susurré la noche pasada.. Yo la había oído ensayar tantas veces que me sabía de memoria el poema. toda vestida con un pelele de terciopelo. era así. Me dijo que no quería convertirla en una presumida como yo. Dudo que hubiera pemitido cantar a Flo.. Bess cree de verdad.

Has de considerar las cosas desde el principio. Cuida sobre todo de la abuela. Benjamín.—Tu peor pecado es el no amarte a ti misma —me dijo Bess—. Ayuda a mi amiga Sophie para que enmiende sus pecados y encuentre su camino. porque sabes que va a necesitarla. santificado sea tu nombre — empezó a decir ella. protege a todos los que quiero. Ampara a Simón y Flo y el alma de Gordon. —Di una oración —dije. —Padre nuestro. ~222~ . Bendice a nuestros abogados y celadoras. sin enfadarse como yo habría hecho. Debes seguir el ejemplo de Dios. —¿Qué te pasa? —me preguntó Bess. la orientación que se requiere para cuidar de dos niños pequeños. Royce y Lance. Dios nos ama a todos nosotros. Me estrechó entre sus brazos y pensé que su cuello olía mejor que cualquier piel que había conocido. —Amén —susurré. Estábamos bebiendo una botella de vodka que le había traído Jimmy. Ayuda a la madre de Sophie a ser mejor persona. Dios te ama. y por tanto tú debes amarte a ti misma. Por favor. Y las dos nos pusimos a reír tan fuerte que acudió la celadora para decirle a Bess que volviera a su litera. —Estaba pensando en Simón —dije—. Amén. Cuando era pequeño solía creer que Dios se llamaba Howard. Ten piedad de nosotras. que estás en los cielos. Señor y guárdanos de todo mal. vela por Jimmy. —Pues claro —dijo. por favor. porque es vieja. María. Querido Dios. —Diré una verdadera oración —susurró Bess cuando la celadora se hubo marchado—. pero yo me eché a reír y no pude parar. Si te amases a ti misma no habrías cometido ninguno de los otros. —¿Incluso a Gordon? —pregunté. Él pensaba que la oración «Howard sea tu nombre». —Dios bendiga a Simón —dijo Bess. Da a la hermana de Sophie.

Saltó de la cama y se encontró en el vestíbulo con Flo. Cuando María vio que el niño se había vuelto a dormir. profundamente dormida. —Y empezó a llorar. con el corazón aún agitado. despierta. —¡Simón! —gritó María con pulso acelerado. —Tiene una pesadilla —dijo Flo asustada y con ojos como platos. Estás a salvo en tu cama. apartándole el pelo húmedo de los ojos—. Simón no contestó. María y Flo corrieron a la cama de Simón. —Ahora estás despierto. le frotó la espalda y por fin él se tranquilizó. María se puso a temblar mientras estrechaba a Simón entre sus brazos. El niño abrió mucho los ojos pero no pareció reconocerla a ella ni a Flo. pero al cabo de un rato los dos éramos la misma persona. que acudía a ella. —¿Puedo dormir contigo? —susurró Flo. le dejó caer con suavidad sobre la cama y le ordenó las sábanas. —¿No estarías más cómoda en tu cama? —preguntó María. ~223~ . Simón? —preguntó Flo. —Estoy aquí —dijo Flo con un hilo de voz. Todo ha terminado. y en ese momento cesó de gritar y abrió los ojos. ¿verdad. pataleando y estremeciéndose. El niño estaba envuelto en las sábanas como una momia. abriendo la boca cuanto podía. con la mejila dolorida. con el pelo empapado de sudor. le oyó al principio como parte de su sueño. —Hola. Simón liberó los brazos del lío de sábanas y batió el aire sobre su cabeza. Flo y yo estamos contigo. O ellos me estaban estrangulando. Simón —susurró. —Sólo ha sido un sueño —dijo María—. Su cuerpo estaba tan tieso como una tabla. María. Simón. Se abalanzó sobre él. —No podía saber quién era yo y quién era mamá —dijo Simón—. Golpeó con un puño la mejilla de María. cariño. Gritó sin pausa.CAPÍTULO XXIX Simón empezó a gritar en plena noche. Al principio lo sabía. María. le besó la frente. María le cantó una nana. —Él la estaba estrangulando —dijo Simón con voz apagada—.

pequeños cilindros de plástico parecidos a gusanos. cuando Flo empezó a revolverse. Los niños prepararon sus cañas. —¿Te duele? —preguntó. Cada uno tiene sus propios sueños. —¿Viste la hembra que cogió el tío Peter? —preguntó Simón—. María temió que la niña también tuviera una pesadilla. cuando Sophie le dio debajo del ojo con una comba. Quiso que alguien le diera ánimos y le dijera que estaba haciendo una buena obra. El dolor de la cara le recordó los gritos de Simón. —¿Y qué pasará si me viene a la cabeza la pesadilla mientras duermo? —Eso no puede suceder —dijo María—. Simón no recordó su pesadilla. —No demasiado —respondió María tocándose la cara. Contenía un tesoro de anzuelos. —A veces sí sucede —dijo Flo—. y se sintió profundamente avergonzada de sus pensamientos pero no pudo evitarlos. Quiso escapar de los pequeños Littlefield. cebos de brillante metal plateado. —No creo que hicieras eso. que los niños estaban mejor con ella. Encenderemos un fuego y lo asaremos. Aquella noche María no se volvió a dormir. dejó que Flo entrara en su cama. sedal ya utilizado con restos resecos de algas y un cuchillo cubierto de escamas deslustradas. Iban a pescar con Duncan. Deseó que desaparecieran. ¿verdad? — preguntó Flo. Se sintió muy extraña/a punto de llorar. pero no. de sus pesadillas y mojaduras de cama. flotadores blancos y rojos. —No te preocupes. sólo se orinó en la cama. Simón y Flo extendieron todo el contenido de la caja en el porche delantero para decidir qué cebos usar. con el ceño fruncido de preocupación. Yo he tenido antes la pesadilla del estrangulamiento. pero deberías decírselo a la doctora Middleton la próxima vez que la veas —dijo María. de su psicóloga y de sus necesidades constantes. —Si atrapamos un pez podremos cocinarlo para la cena. dijo que no recordaba nada. —Por supuesto —dijo María—. Ella no había tenido un ojo morado desde que iba a la escuela.Flo la miró con ojos suplicantes. plomos. —Lo siento —dijo Simón. No entendía que pudiera haber hecho algo tan dramático como dar un puñetazo a su tía y no acordarse de ello. Cuando María y Flo le preguntaron sobre ella. y se alegró de que Flo estuviera acurrucada junto a ella. No obstante. Pareció tener dulces sueños hasta cerca del alba. Era ~224~ . A lo mejor se la traspasé a Simón. Simón había encontrado una caja de aparejos junto a un armario de la cocina.

—Eso es el banco de alimentos —dijo María sonriendo. —Y entonces nosotros nos comemos a los peces grandes —dijo Flo. Estaba segura de que aquello debió ocurrir en setiembre u octubre. Sólo Sophie.. —Parece un pececillo —dijo Flo. mamá y yo estábamos en una balsa. lo vio en la misma bahía de Hatuquitit —dijo inquieto Simón—. plantas y animales microscópicos que hay en el mar. ¿Estaba pescando frente a Montauk? —No. Pudo imaginarse la escena: Sophie y sus hijos alborotando felices en el agua. La cadena de alimentación empieza con el plancton. ese cebo plateado y liso que hay ahí. Comparado con los más llamativos. —Una vez papá vio un gran tiburón blanco —dijo Flo pasando un brazo por las piernas cruzadas de María. Bajó la cabeza hacia su regazo y María le acarició el pelo. —¡Y luego los tiburones se nos comen a nosotros! —dijo Simón. la otra persona adulta presente.. Le hubiera gustado que Sophie hubiera estado allí para oírlo—. cuando la playa estaba casi desierta y no habría nadie aparte de la familia para oírle. —Casi se nos comió —dijo Flo chupándose el pulgar. plateado por un lado y azul metálico por el otro.. Flo. —¿Por qué no podemos ver a mamá? —preguntó Simón con súbita violencia. satisfecha del sentido darwiniano de su sobrina—. y papá nos gritaba desde la playa que regresáramos. ¿Sabes lo que es la cadena de alimentación? —No —dijo Flo.. por eso el Kastmaster es muy útil en estas aguas. —¿Es cuando llevas cazuelas de comida a la escuela para los pobres el día de Acción de Gracias? —preguntó Simón. sabría lo que él estaba haciendo. ¿verdad? —Desde luego —dijo María—. nadando a nuestro alrededor. tenía una elegancia funcional. —¡Ah! ¿Sí? —preguntó María—. queriendo aguarles la diversión. Y alzó un cebo trapezoidal de dos pulgadas. Luego los peces grandes se comen a los pececillos. —¡Eso es! —dijo María. Gordon en la playa. sintiéndose marginado. Nadábamos directamente hacia él.tremenda. La cogió con un Kastmaster. Y cuando llegamos allí nos dijo que había visto un gran tiburón blanco. —¿Éste? —preguntó dubitativo Simón. A las grandes lubinas les gusta comer pececillos. Sirve para alimentar a unos peces minúsculos que a su vez sirven de alimento a los pececillos. María no supo qué decir. ~225~ .

—Pues yo no voy. No tengo ganas de pescar. —El tío Aldo hizo que anularan nuestro matrimonio —dijo María—. Pero teme que sería muy duro para vosotros el que la visitarais en la cárcel. Los niños abandonaron la caja de aparejos y se sentaron con las piernas colgando por el borde del porche. —No tengo ganas de pescar —dijo Simón. —Quédate ahí —dijo María—. —Ella no quiere vernos más —dijo Simón—. Duncan se aproximaba a la casa y agitaba la mano—. —Tampoco yo —dijo Flo. No tuvo ánimos para hacerle disculparse. Duncan la dirigió de costado hacia el malecón y paró el motor. —¿Nos va a llevar a pescar en esa lancha? —preguntó Simón. Flossie! —les llamó Duncan. —La golpeé mientras dormía —dijo Simón. Está separado. —Pero el señor Murdoch no está divorciado. deportista! ¡Eh. María y los niños observaron cómo la amarraba. —¡Tiene miedo de ir lejos con la lancha y ver tiburones! —chilló Flo—. Duncan le miró ceñudo la mejilla amoratada—. —Eso no es verdad —dijo Simón. Eso es lo mismo que el divorcio. —¡Eh. ¿Qué te pasa? —Sus manos juguetearon con el bloc de notas en su regazo. —No es nada —dijo María con voz temblorosa. —De pie junto a María. Bueno. —Lo siento. Tiene miedo de que le den pesadillas. Mientras tanto. Simón se volvió para lanzar por encima del hombro una mirada cruel a María. olvídalo. —Mi nombre es Simón —dijo Simón. —Creo que sí —dijo María. —No estás divorciada y él tampoco lo está —dijo Simón. —Ella os quiere —dijo María con cautela—. ¿Qué ha sucedido? —preguntó. Simón. María le miró fijamente. —Simón se encaminó hacia la puerta del porche. —Eso es cierto —dijo María—. —Sí quiere —dijo María sin creer en sus propias palabras.—Quiero ver a mamá —dijo Flo echándose a llorar. ~226~ . María levantó la vista y vio la «Alicia» traqueteando dentro de la cala.

Anoche Simón tuvo una pesadilla horrible. —¿No vienes.. Simón me golpeó mientras soñaba. ordenar sus notas de campo y examinar los objetos de la tumba que había extraído. que la miró como si acabase de despertar de una siesta—. cogió uno y lo alzó a la luz—. —¿Cuál fue la causa de esa pesadilla? —Tú y Gordon.. —Buena idea —dijo Duncan—.. Nunca había oído gritar así a nadie. Fue muy violento. esperando que una u otra se decidiera a hablar.. Le hizo un guiño para indicarle que él se haría cargo de todo durante un rato. unos cuantos cebos y un cubo. la puso de mal humor. —Pensábamos usar el Kastmaster —dijo Simón malhumorado—. —¿Qué es este equipo? —preguntó Duncan agachándose sobre los cebos. Se quedaron en silencio. Luego avanzó unos pasos y arrebató su caña a Simón. —Quiero. Como nadie le contestaba.Duncan ¡a escrutó y se dio cuenta de lo nerviosa que estaba.. —Se señaló la cara—. ¿Qué me decís de pescar desde el malecón? Simón se encogió de hombros. ¿Qué os parece si vamos a pescar sin ella.. —Vale —dijo Flo. tía María? —preguntó Simón. —dijo Simón observándola. —Deberíamos dejar descansar un poco a tía María —dijo Duncan con la autoridad de un padre—. Tal vez es demasiado brillante para usar hoy. Flossie? —preguntó Duncan. gracias.. Simón le devolvió la sonrisa y se apresuró para alcanzar a Duncan y Flo. El intentar trabajar en las pocas horas de libertad robadas sólo sirvió para que María se sintiera más frustrada y de peor humor. María comprendió que debería unirse a la partida de pesca y asegurarse de que todo marchaba bien. —He tenido problemas con los niños —dijo a Sophie. Así que decidió ir a la cárcel. ~227~ .. Pero no vamos a salir en esa lancha. Simón —dijo sonriente María animándole a seguir a Duncan. Después caminó hacia el malecón. —¿Vienes. Vio cómo Duncan recogía las cañas. Cuando venía hacia aquí vi unos cuantos pomátimos saltadores comiendo en la cala.. —Si ella quiere. Pero la idea de pescar cuando lo que quería era trabajar.

—Haz una inspiración profunda —dijo afable Sophie—. Eso no es real. —He pensado que vengan a verme en el espectáculo —dijo Sophie distraídamente. Luego alzó de repente la cabeza para mirar de frente a Sophie. como si lo estuviera sintiendo.—¿No vas a decir nada? —preguntó por fin María. Sueño con mis hijos cada noche. —Ellos necesitan verte. María obedeció. — María hizo una pausa para mirarla con firmeza—. —¿Qué más dijo? ¿Qué estábamos haciendo nosotros? —Estrangulándoos uno a otro. Creo que el que no quieras verlos aún empeora más las cosas. la sangre le latió detrás de los ojos. —¡Dios mío. Bess va a hacer juegos de manos. —No estoy segura de poder aguantar esto mucho más. Me parece que pretenden que nos sintamos útiles y que descubramos nuestros talentos ocultos. pero las lágrimas siguieron corriendo por sus mejillas—. —Dime qué he de hacer. — María se sintió como si estuviera a punto de explotar—. tú aborreces la idea de que tus hijos te vean aquí. Pon la cabeza entre las rodillas. No tengo ni la más mínima idea de qué hacer. Ellos son demasiado para mí. —No quiero que me vean en estas condiciones —dijo Sophie. —No pienso cantar —dijo Sophie. Los dos están viendo a la doctora Middleton. —Lo estás haciendo muy bien —dijo Sophie—. pero. Eso es lo real. en una ciudad como Hatuquitit pero en Australia o cualquier otra parte. ¿Me oyes bien. El problema es que estás aquí. Se las secó con los dedos. Tienes dos hijos maravillosos que te necesitan. ~228~ . Y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sueño que somos una familia feliz. todos juntos. —¿Qué espectáculo? —¡Bah! Una cosa estúpida que la cárcel está poniendo en marcha. —Tú podrías cantar. Y tampoco lo son tus sueños. ¡quién sabe si ella les servirá de ayuda! No puedo hacer mi trabajo y me siento como si estuviera fallando a los niños. —Estrangulándonos uno a otro —dijo Sophie muy despacio. —¡Escúchame! ¡Escucha! — María levantó el tono de voz peligrosamente —. Los niños están mejor contigo que con cualquier otro. eres como Hallie! Ella aborrece la idea de verte aquí.

Retorció un hilo suelto en su manga izquierda. Sophie se miró las manos y se examinó las uñas mordidas. Tal vez perdiera el juicio. Y ellos me vieron llorar y gruñir como un cerdo cuando arrojé a su padre por la ventana. —Continúa. Por lo general me aguantaba. ocultar la prueba. En cuanto me detuve. — Sophie empezó a reír pero acabó gimiendo—. —Luego me di un paseo hasta el arroyo. Seguramente es lo que ocurrió.. —Los dos estaban allí.. Disparé cinco veces.Sophie? —Te oigo —dijo Sophie todavía llorando—. Se encaramaron a nuestra cama que estaba toda revuelta porque Gordon y yo acabábamos de levantarnos. Simón me gritó que me detuviera. María recordó haberlos visto en la cama mirando pasmados el rastro de sangre y pelo en la pared. prolongado. María asintió. Pero tú eres todo lo que tienen. Habían estado viendo la televisión. —Dije a los niños que se apartaran y disparé el arma. junto al corazón de piedra. Durante media hora dejé solos a mis hijos en aquella habitación donde había matado a su padre. estaba llorando. —¿Todo? — María sintió un vacío en el estómago. quise desembarazarme del arma. Flo me agarró las rodillas. pero nos oyeron vociferar. Gordon estaba de pie contra la pared. Sophie dirigió una mirada a María para comprobar si ésta comprendía lo que estaba diciendo. Habíamos hecho el amor una hora antes. ¿Saben ellos lo que sucedió? ¿Vieron algo? —Ellos lo saben todo —dijo Sophie. Por lo general yo no replicaba a gritos.. ¿Sabes dónde la arrojé? —Sí. —Me vieron cuando disparé contra Gordon —dijo. Sophie? Sophie movió la cabeza impaciente. Me daba cuenta de que los niños estaban allí pero no me importó. ellos se callaron. ~229~ . —Entonces dime una cosa para que yo sepa a qué atenerme. Yo tenía el arma en la mano. —¿Por qué lo hiciste. Luego levantó la vista. Así que tal vez el sonido de mi voz hiciera que los niños viniesen a nuestra habitación. Se quedaron completamente mudos. —Todo. Sophie —dijo María al ver que se detenía. delante de esa foto de Hatuquitit de los años veinte. Las dos hermanas se miraron fijamente. se hizo un silencio tenso.. cerca de la ventana.

Era una noche demasiado calurosa para dormir. Y te agradecería que. —A veces me imagino que ellos me perdonan porque saben lo que yo estaba pasando. ~230~ . —Tengo que confesarte una cosa —dijo Sophie—. —No —dijo Sophie—. Deseaba saberlo todo. Sophie se encogió de hombros. María continuó—: Fui a Blackwood. —¿ Comprendes ahora por qué no quiero ver a mis hijos.. Eso es lo último que recuerdo hasta que tú llegaste. y quieren que cantemos y bailemos. intentando digerir la noticia. Sophie se rió por la nariz. El hecho es que ellos quieren verte. Un anticuario. —¿Se lo has contado a Peter o a Steve? —Eres la única persona que lo sabe —dijo Sophie con tono solemne—. —Menuda broma ese espectáculo de la cárcel. —El otro día estaba pensando en ti cuando cantaste «Moon River». No se lo diré a nadie.—Luego volví a casa y encontré a Gordon tendido en el camino. — María se sintió ofendida de que Sophie la creyera capaz de semejante cosa—. —Descuida. María no quiso que Sophie dejara de hablar. pero eso no cambia las cosas.. ¿A quién se la compraste? —A un individuo que conozco en Stanford. Lo empleé para comprar el arma. —Hace mucho tiempo de eso —dijo Sophie con una leve sonrisa. ¿Recuerdas aquella hermosa figurilla que me regalaste? Pues la vendí. —Podría serlo. — María se sintió impaciente por encarrilar la conversación hacia la noche de la muerte de Gordon. —¿No me has oído? —preguntó Sophie. María se quedó silenciosa e inmóvil. sorprendida. —Sophie levantó la vista. Sophie hizo caso omiso. Pero sé que eso no es realista. —¿Por qué lo hiciste? —repitió María. Me imaginé que utilizaste el dinero para comprarte el vestido que llevabas en la fiesta de Ed y Gwen. después de lo que les hice pasar? —Lo comprendo. —Ya lo sabía. Somos un puñado de asesinas y ladronas. No recuerdo siquiera que te telefoneara.

Cosas que había robado —dijo Sophie—... ¿Por qué no te vas a casa y cocinas una buena comida para mis hijos? —¿Cocinar una comida? ¿Qué quieres decir? —preguntó María confusa y furiosa—. Le había vendido algunas cosas. que él la guardaba en la mesilla de noche para defenderse contra los ladrones. Aparte de ciertos consejos basados en su experiencia legal. —¿Y cómo es que ese hombre te vendió un arma sin registrar? —preguntó María.—¿Era un arma usada? —preguntó María. La policía cree que pertenecía a Gordon. ¡Dios santo. Y aunque María deseara. María.! Nunca has hecho nada mal.. No me importa lo que pienses de mí. —Dime una cosa. Desahógate. dime lo que piensas de mí. La gran ama de casa eres tú.. Le pareció percibir una actitud evasiva en la expresión de Sophie. —No. Habla también en nombre de Hallie. tú eres tan perfecta. como si deseara eludir la pregunta. de Peter y Nell. Los labios de Sophie formaron una línea recta y burlona. si bien no lo esperara. —¿Cosas robadas? —Sí.. —Adelante. María no dijo nada. María la miró asombrada.? Sophie negó con la cabeza. ¿ Por qué ibas a vender el cucharón de Hallie si no fuera para comprar trufas o cualquier otra golosina para la cena? ¿Crees que eso estaba bien? —No.. —¿Cómo se te puede ocurrir que estamos contra ti? —Pero apenas salieron sus palabras de la boca comprendió la razón. oírle dar las gracias por ocuparse de Simón y Flo. ¿qué apoyo le había prestado Peter? ¿Y Nell? Por no mencionar a Hallie. siempre has caído de pie. ~231~ . Me la vendió como un favor. no lo creo —dijo Sophie. ¿Qué te indujo a comprar el arma? ¿Ya proyectabas. el resto de los perfectos. a decir verdad. en el fondo de su pensamiento estaba la carta de Aldo. Luego te sentirás mejor.. Probablemente el tío Duncan está ya muy cansado de hacer de niñera. y ella comprendió lo mucho que Sophie le envidiaba su posición. —Ahora es mejor que te vayas —dijo Sophie—. —Porque habíamos hecho algunos negocios. Mantuvo la beza erguida y no quiso desviar la vista—. sin documentos. era nueva.. Pero Gordon no poseyó un arma en su vida.

Tengo esta cicatriz. ¿Me dejarás traer mañana a los niños? ¿Por favor? —Mañana no —dijo Sophie con evidente alivio al ver que María se ~232~ .. Por lo menos así es como lo siento ahora. Luego levantó la vista—. —Pero después de cierto tiempo me dejaba atada cada vez más rato.. Fue casi excitante.—Sólo quería tener una. para protección. ¿ Fue entonces cuando te hizo daño? Sophie se quedó en silencio durante un buen rato. María se quedó horrorizada. cuando cogí la pistola y fui a nuestra habitación. —Dices que acababais de hacer el amor. —¿Cómo me pude meter en esto? —preguntó para sí. ¿verdad? —No. —Dices que compraste la pistola como protección —dijo María deseando darle crédito pero sintiéndose incapaz de hacerlo por completo—. Pensé que sería una buena idea.. me pellizcaba y me insultaba. la ternura con que él le decía que se estuviera quieta mientras le -besaba todo el cuerpo. Eso es todo. María no dijo nada. Dejémoslo así. Aquella noche. Sophie la miró fijamente.. pero todo cuanto eso significaba era que él pretendía hacerme enloquecer antes de eyacular.. —No. — María recordó que a veces Sophie mentía. yo no.. —Pero me has dicho que te hizo daño. Aquella noche él no me puso ni un dedo encima. —Será mejor que me vaya —dijo María algo incómoda—. María —dijo Sophie con una voz que reflejaba agotamiento—. —Y miró hacia la puerta como si deseara que la celadora entrase y se la llevara. Sintió que se le revolvía el estómago. Pensó cómo hacía el amor con Duncan. fue como un sueño. él dijo que quería marcarme para que ningún otro hombre.. pero esto le pareció más siniestro. Cruzó los brazos sobre el pecho y pareció resuelta a no decir ni una palabra más. Fue algo maravilloso. t —Al principio no me parecía mal. que se le iba la cabeza. Él me ataba y decía que iba a torturarme... ¿Qué te hizo él aquella noche? ¿Por qué necesitaste de repente protegerte? —Él me hizo daño. eso fue hace largo tiempo. —¿Fue eso lo que hizo la noche en que le mataste? ¿Te marcó? Sophie negó con la cabeza. Tú nunca permitirías que un hombre te hiciera daño.

Se preguntó qué podría haber hecho Gordon aquella noche. —Resulta extraño estar sentada aquí intentando mantener una conversación normal sobre Sophie mientras ella está en la cárcel —dijo. y el hecho de que no pudiera hablar sobre el secreto de Sophie aún le produjo mayor desazón. Le bullía la cabeza. aparentando no darse cuenta del rechazo o quizá no apercibiéndose de él. María siguió su mirada y vio que había un hervidero de peces. como si una parte de ella se hubiese quedado en la cárcel. algo todavía peor que lo que Sophie había soportado hasta entonces. ~233~ . Pero me gustaría que les dieras un beso de mi parte. La mayor bandada de caballas que he visto jamás y no hemos pescado ni una sola. Mientras caminaba hacia el malecón. María se sintió aturdida. Sintió como una intrusión el brazo de él alrededor de sus hombros. —¿Qué te ha dicho? —preguntó Duncan. Aldo tenía un sentido histórico de la familia Dark. Después de tanto horror. Se sintió despreciable. A diferencia de Duncan. Se levantó y la rodeó con el brazo—. tendiendo con impaciencia las cañas. Se zafó del abrazo y no pudo mirarle a los ojos. Regresaron al porche y los niños se quedaron allí. —No hemos cogido ni uno —dijo Simón con tristeza. nada la trastornó tanto como el hecho de que Gordon hubiese quemado a Sophie y ésta lo hubiese consentido. Simón y Flo flanqueaban a Duncan. —No hay mucho de normal en esta conversación —dijo Duncan. —No quiere verlos —dijo con tono inexpresivo María.levantaba—. —Nos han dado una lección —dijo Duncan sonriendo a María. —¿ Qué más te ha dicho ? —preguntó Duncan. —Eso es porque es un cochino tópico. Los cebos son demasiado grandes. De repente María sintió unos grandes deseos de hablar con Aldo. —Siempre lo hago —dijo María. Transmíteles todo mi cariño. quien miraba absorto el agua bajo sus pies. él había sido un miembro más durante el matrimonio de Sophie con Gordon y el nacimiento de sus hijos. Duncan sacudió la cabeza y miró ceñudo hacia las islas Hechizadas. violencia y mentiras. partida por la mitad. ¿Cómo lo habría hecho Gordon? ¿Cómo habría soportado Sophie tanto dolor? Le fue imposible dejar de imaginar los detalles. De repente María deseó que Duncan la dejara a solas con los hijos de Sophie.

Dices que los niños son una lata. Parecía un capitán de barco. Y hoy me ha contado. María. sentada en el porche con Duncan. Dices estar trastornada porque tu hermana es una gran chica y ahora está en la cárcel. —Escucha. —dijo María. Si Simón tortura a los cangrejos es porque vio cómo su padre torturaba a su madre. Duncan asintió. —Lo vieron todo.. —¿Ha hecho eso? —preguntó María sintiendo un vuelco en el estómago. Pero ahora. pero los dejas estar ahí. me ha contado. sino simplemente porque María había sido educada para guardarse las cosas negativas y mantener conversaciones amenas.... quiero ayudarte. —Cogí uno para utilizarlo como cebo y antes de que pudiera hacerlo. no lo haces. No me cuentas los detalles.. —¡Dios mío! —exclamó Duncan. Una noche entré en su dormitorio y encontré a Sophie con una cuerda alrededor del cuello.. Yo lo vi una vez. Simón empezó a arrancarle las patas. En la familia Dark no era normal exteriorizar los sentimientos. No porque se considerara repugnante ese desahogo emocional. —No. —¡Dios mío! La pesadilla que tuvo anoche. no se le ocurrió nada ameno. Flo estaba agarrada a sus piernas mientras ella disparaba el arma. Observó un langostero que estaba colocando nasas en el canal entre Lookout y Little Shell. —¿Qué más puedo decir? —preguntó María. ¡Qué satisfactorio sería empezar a excavar de nuevo y hacerlo bien esta vez!: cuadricularlo. Y que Simón tiene sólo diez años y dice palabras como «jodida». Cuéntame lo preocupada que estás porque Simón no sonríe nunca y Flossie se chupa el dedo sin cesar. Y se imaginó que volvía a la tumba.. —Empieza por los niños —dijo Duncan—.. Duncan alargó el brazo entre sus asientos para cogerle la mano. María le dirigió una mirada y los ojos de él se contrajeron bajo el sol. — María no pudo decir en voz alta que Gordon la había marcado. registrar con precisión cada descubrimiento y resolver el misterio.—Es porque no me permites que te ayude. Me dices que estás muy preocupada pero no me explicas por qué. No quieres hablar conmigo. —Hoy Sophie me ha dicho que los niños vieron cómo mataba a Gordon — dijo—. y que le gusta arrancar las patas a los cangrejos vivos. Pensó en lo que Sophie le había dicho sobre la excitación que ~234~ . —Estoy hablando contigo —dijo.

.. Él es tuyo. En la habitación abuhardillada. María hizo una mueca de sobresalto cuando Duncan hizo crujir un peldaño. Y empezó a llorar. ~235~ . —¿No es extraño qué? ¿Que ella le matara? —saltó María—. Necesitas a alguien que se cuide de ti para variar. lo habían visto nadar alrededor del malecón una hora antes. Quiero decir que es tu hijo.. una receta que había aprendido de un arqueólogo francés en la excavación de Hasting. De repente estoy viviendo el tipo de vida que a veces he deseado. Ella le amaba. —Estaba pensando en lo que has dicho de Jamey. María. —No —dijo ella. aunque ellos no lo hubiesen pescado. —Y no pudiste ayudarla. después de todas las cosas que le hizo. Duncan echó hacia atrás su silla haciendo rechinar las patas en la madera del suelo. aunque con hijos propios. —murmuró Duncan. y María los salteó con sidra. —Prueba de contármelo —dijo sonriente Duncan. Ella se colocó la palma de la mano sobre la cabeza. y se preguntó en qué punto habían traspasado la raya. Quiso aislarse del hecho de que Duncan (¡todo el mundo menos ella!) tenía hijos. —Jamey es un buen pescador —dijo Duncan cuando él y María se quedaron a solas en el porche. —Te quiero —susurró—. Me refiero a lo que has asumido. Ella le miró de frente. protegiéndose los ojos con una mano. Pero cuando fue a ver a los niños los encontró durmiendo tan profundamente que no pudo resistir la tentación de inclinarse y besarles la frente. —Su mano revoloteó en el aire. —¿Qué quieres decir? —Dime cuál es el pensamiento que te está rondando por la cabeza. María se sintió como un globo que alguien hubiese dejado suelto.había sentido al principio de verse atada.. Eso es lo más extraño de todo. —¡Ah! ¿Sí? —dijo María sin demasiado entusiasmo. Ellos ni siquiera se movieron.. —No es extraño. Duncan la dejó caer en la cama.. Pero la pesca les había dejado agotados y se marcharon a la cama antes de que oscureciera. Se marcharon escaleras arriba. —dijo Duncan con una voz tan tierna que la hizo parpadear. Duncan marchó a la ciudad para comprar unos filetes de caballa. —Es abrumador. Los niños parecieron complacidos de estar comiendo un pez que.

Le deslizó las manos por la es. Él se arqueó complacido con su caricia y ambos se besaron sonriendo. sin dejar rastro. Mientras Duncan dormía. viendo cómo la luna naciente plateaba las viejas paredes. con pies enfundados en calcetines. que se retorcía y gesticulaba como un hombre que no ha sido embelesado jamás. Ella intentó mantenerse quieta pero no pudo. preguntándose si no sería demasiado tarde para dejar algo detrás de sí.—Y empezó a desabotonarle la blusa. Mientras lo besaba. Un buen arqueólogo debe deslizarse por el polvo de las civilizaciones: vestido de negro. quería embelesar a Duncan. y ella. ~236~ . La habilidad de un buen arqueólogo es la de no dejar huellas de su presencia en una excavación. María pensó en lo buenos que eran el uno para el otro: él quería verla tranquila y poder cuidarse de ella.j palda y lo atrajo hacia sí. María permaneció despierta. que no había recibido nunca f tales atenciones.

CAPÍTULO XXX Una tarde. Le dolió que Hallie no aceptara ni perdonara nunca a la naturaleza. El sol caldeó los asientos del bote que desprendieron un agradable olor a madera y mar. —¡Salgamos de aquí! —gritó—. Una pareja de quebrantahuesos voló en círculo sobre sus cabezas. abandonó la marisma y puso rumbo a Lookout. María soñó despierta con Duncan. cuando Nell llevó a Simón y Flo con Andy a la playa. María condujo despacio la lancha. Se dio cuenta de que Hallie la estaba reprendiendo con afabilidad por no haberla invitado antes. —Demos un rodeo por Lovecraft. Hizo virar la embarcación. y un blusón hasta la pantorrilla para cubrir la blusa de verano y los pantalones. Varios chorlitos se pasearon por un fangoso banco de arena. María se sintió como una madre llevando de paseo a una hija mayor. —¿Esa tumba india que encontraste? —preguntó Hallie simulando un estremecimiento—. ~237~ . Al doblar el primer recodo sorprendieron a una garza gris plantada sobre una nudosa pata: levantó el vuelo batiendo sus grandes alas. —¿Te gustaría verla? —preguntó María a sabiendas de que la respuesta sería negativa. Sólo le faltaba una sombrilla. Está esperando a que salgan del cascarón los nuevos pollos de cisne. —¿Vamos hasta las islas Hechizadas? —preguntó a gritos. Hallie parecía Katharine Hepburn en La reina de África: un sombrero de paja de ala ancha sujeto con un pañuelo de gasa. María invitó a Hallie a dar un paseo en lancha. Hallie husmeó el aire. Quiero saludar con la mano a Ginger Talisker. No me extraña que a estas islas las llamen Hechizadas. María miró el agua poco profunda llena de plantas marinas. El ruido del motor impedía conversar. —Ahí es donde he estado excavando —dijo María echando el ancla en la cala de Lookout. Es marea baja y esto apesta. que apenas dejaba estela mientras cruzaba un canal lleno de cañas hacia el refugio de Lovecraft Wildlife. María soltó las amarras y puso en marcha el motor. Debiera hacerlo más a menudo. —Me encanta navegar —dijo Hallie acomodándose en la proa—.

¿ No podemos quedarnos sentadas en la embarcación? Este mecer de las olas es encantador. Era un mal trago para ellas. —A decir verdad. —¿Qué he hecho mal? —preguntó. —¿Demasiado duro? —preguntó Hallie—. Se vino abajo y se cubrió los ojos con dedos temblorosos. —Hallie dio la impresión de quedarse satisfecha.. está hecha un desastre. pero ~238~ . —Suelta esa cuerda y desahógate de una vez —dijo Hallie—. un festival de patinaje hasta que alguien caía. Quizá su aislamiento la permitiera llorar sin reservas. ¿Acaso hay algo más claro que eso? —He estado pensando al respecto —dijo Hallie con una dignidad regia que desapareció al instante. —Intenté explicártelo aquel domingo en la cocina. una de cuyas esquinas era visible. los gritos de las gaviotas en el promontorio rocoso de Little Shell parecieron su espectral eco. por supuesto. el tema pareció quedar cerrado. Se colocó al lado de su madre pero no la tocó—. empezó a recoger el ancla. Hallie miró a María con ojos envejecidos. No quiere que los niños la visiten. —No lo sé —dijo María. Empezó a sollozar. —Lo celebro. ¿Mamá? Los sollozos de Hallie remitieron. Sophie te necesita. La vida con Hallie era un deslizamiento peligroso sobre hielo negro. Temes que sea demasiado «duro». pero no hasta el punto de impedir que Hallie patinara con sus modales elegantes. —¿Sophie? Está bien —dijo María. Y lo es. —¿Mamá? —dijo María al cabo de un rato. sin reprimir el sonido.—No me gustan los huesos —dijo Hallie—. ¿no? —¿Por qué habría de entenderlo yo? —preguntó Hallie. Quiso dar por finalizado el paseo en la lancha. Pero María no quiso que su madre saliera tan fácilmente del | paso. Supongo que tú entiendes eso. Me estoy empezando a cansar de esos aires tuyos tan sacrosantos. sorprendida. Entonces. —Porque no quieres visitar a Sophie.. —¿Cómo sigue tu hermana? —preguntó Hallie. La| había cubierto con una lámina de polietileno. y ellos están desolados. María se apoyó en la regala y echó una ojeada a la tumba. ¿por qué vas tú? —El hecho de que puedas hacer semejante pregunta significa que ni siquiera puedo intentar darle respuesta —replicó tajante María. Comprendió que Hallie quería la absolución.

querida —dijo Hallie. —¿Te tratan bien? —preguntó Hallie. amigas. Y me dijo que Simón les arrancaba las patas a los cangrejos. —¡Saludos. Luego se arrellanó en la silla. quien se había enderezado al oír mencionar ese nombre —. Siempre puedo contar con ella para una evaluación puntual de mis grasas. —Me encuentro bien —dijo Sophie. —El otro día Duncan los llevó a pescar —dijo María con una mirada de advertencia a Hallie. Quiero hablar contigo. Una dieta razonable combinada con el ejercicio. —comentó Sophie con tono afectuoso—. —Para qué emplear una báscula cuando tengo a María. —Sí —dijo María. —Supongo que no querréis que yo esté presente —dijo Hallie con tono dolido. ~239~ . o quizás escudriñarle la cabeza en busca de canas. señal segura de su envejecimiento allí—. —No. ¡Estás muy delgada! —Aquí tenemos un programa de control de peso —dijo Sophie—. como si no estuviese segura de si se atrevería a quedarse. La esposa golpeada que hizo algo para evitarlo.. y bienvenidas! —exclamó Sophie cuando vio a Hallie. —¿Cómo están los niños? —Ahora se encuentran en la playa con Nell y Andy. Se produjo un silencio y Sophie captó la mirada de María. quédate si quieres —dijo Sophie. Hallie pareció indecisa. mamá. —Hola. —¿Querrás llevarme allí? —preguntó Hallie con voz muy queda.. Hallie bajó la vista.no quiso dársela. desaprobadora. sobre Simón. Dejó caer el ancla en la proa y marchó presurosa para poner en marcha el motor. —Los periódicos dicen que eres una especie de celebridad aquí —dijo Hallie sin mostrarse precisamente orgullosa.. Pareció como si hiciera un esfuerzo para no abalanzarse a través de la mesa y abrazar a Sophie.. —Represento una causa célebre —dijo Sophie—. —Estás delgada —dijo María como si pensara que el formular su opinión daría credibilidad al comentario de Hallie.

— María se está cuidando muy bien de los niños —dijo Hallie—. —murmuró Sophie. —Él nunca ha hecho nada semejante —dijo Sophie—. Sabes más sobre ellos que yo. incluso aunque en cierto modo fuera a expensas de Simón. No tienes por qué preocuparte. Y también lo de las pesadillas. Jugueteó con el dobladillo de su traje violeta azulado... pero al mismo tiempo experimentó cierta satisfacción. —dijo Sophie. —Pues cuéntaselo —dijo Sophie. Quiso que Hallie se enterara de los detalles desagradables que habían de soportar ella y Sophie. cada vez más tensa—. me contestó que de todas formas los animales iban a morir.—¿Que Simón hacía qué? —exclamó Sophie.. —No puedo creer que Simón cometa crueldades —dijo Hallie desautorizando la versión de Duncan. no tengo derecho a. Y Sophie se quedó quieta.. querida —la reprendió Hallie. recobrando su rigidez habitual—.. Dios mío. —Sophie pareció hostil y desgraciada. ¿Que les arrancaba las patas? —Eso es lo que dijo Duncan.. Además. ¿ Se lo has contado a la doctora Middleton? —No.. la guardó en una botella de leche hasta que el animal tejió una crisálida y se transformó en una estupenda mariposa. pues estaba segura de que Sophie había apreciado el comentario crítico de Hallie. —María se sentía confusa por la presencia de Hallie.! —No te pongas nerviosa. pero tenemos una reunión el martes. —Tú misma. —Bueno. ~240~ .. María se sintió agradecida por el apoyo de Sophie. Sonrió con gratitud a su madre.. si Duncan dice que lo hizo. El año pasado encontró una oruga en una vaina. —Cuando al día siguiente pregunté a Simón por qué había arrancado las patas a los cangrejos. Duncan los utilizaba como cebo. Empezó a desaparecerle el color del rostro—. ¡Oh. —¿Qué más debo contarle? —preguntó María.. María se preguntó si sería por su preocupación. La sostuvo en el dedo cuando el insecto emprendió su primer vuelo. —Eso no lo justifica —dijo Sophie muy pálida—. —¿Qué crees? ¿Que eso me va a hacer sentir mejor? ¿Que ya no me necesitan mis hijos? —Sophie había elevado peligrosamente el tono de voz. A Simón le gustan los animales. Y me preocupa.

—Sí. baile. —El de aquí. ¿vendrías a oírme. eso es todo. —Son unos juegos de manos sorprendentes —dijo Sophie radiante—. más allá de los árboles. —¿Vendrías si lo hiciera? —preguntó. —¿Juegos de manos? ¿En un espectáculo de variedades? —preguntó Hallie arrugando la nariz—. —Sophie utilizó un tono de voz tan alegre que María se sintió transportada fuera de la cárcel. —Pensaba que no ibas a acturar —terció María.. Recordando su infancia. —¿Qué quieres decir con «ya lo verás« ? —preguntó Hallie recelosa. —¿Has leído lo del espectáculo? —dijo Sophie. Ya lo verás. —Bueno —dijo Sophie—. James Court nos está ayudando a presentar un espectáculo de variedades. Nadie quiere tanto a un hijo como su madre. —El verano pasado estuvo maravilloso en esa comedia de Mo-bley —dijo Hallie—. Varaos a representar un espectáculo con actores de Whitehall. —Yo sí que vendría —intervino María. querida —dijo Hallie rompiendo el hielo sin darse cuenta—.Hallie se encogió de hombros. todo el repertorio. —¿No vas a cantar? —preguntó Hallie meneando la cabeza—. Sophie se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre la mesa. hasta la cocina de Hallie. —No. Los hijos necesitan siempre a sus madres. Por fin miró fijamente a Sophie. Fue como si ella. —No quiero decir nada —respondió Sophie—. Sophie y María cambiaron sonrisas irónicas. juegos de manos. ~241~ . Me parece un poco extraño.. Quedas invitada. James Court... tú lo conoces. la ventana enrejada y luego su propia muñeca. Tuvo una actuación extraordinaria. Gordon y yo vimos la obra. no voy a actuar —dijo Sophie—. Toda la familia está invitada. ¡Qué despilfarro! Una voz que podría derretir el hielo y nunca la utilizas. —¿Qué espectáculo? —preguntó Hallie. sí o no? —Supongo que sí —dijo Hallie. Soy la encargada del vestuario. Pero la mirada implacable la hizo desistir..—Claro que te necesitan. su madre y su hermana estuvieran sentadas ante la gran mesa de roble bebiendo té—. Pues bueno —continuó Sophie—. Canto. Miró fijamente una pintura en la pared más distante.

A María le preocupó que Sophie pudiera considerar aquello como su gran oportunidad de conseguir que Hallie se sintiera orgullosa de su hija. —No lo creo —dijo Sophie. —Me temo que me vais a saltar al cuello —dijo Hallie—, pero eso de que un grupo de convictos ofrezca un espectáculo tiene algo de indecoroso. Lo siento, pero ya está dicho. —Supongo que estarás bromeando —dijo Sophie. —¡No me refería a ti! —dijo Hallie golpeándose el entrecejo con la palma de la mano y con expresión de angustia—. Escucha, Sophie, yo no te agrupo con las demás. Rezo por ti cada noche. —Esto viene de lejos —dijo Sophie intentando mantener una voz serena—. Nunca viniste a oírme cantar. Quiero decir, cuando yo estaba en la escuela. —¿Que nunca fui a oírte? —preguntó Hallie con una mirada vacía en los ojos—. Siempre lo hice. Esperaba con impaciencia tus conciertos. —No —intervino María—. Nunca lo hiciste. Siempre dijiste que debías ocuparte de papá. Yo fui en tu lugar, y me senté en la fila de los padres... —Te equivocas —replicó Hallie con voz firme. María vio que su madre creía realmente lo que estaba diciendo—. No sé por qué vosotras dos estáis confundidas sobre esta cuestión. Recuerdo con mucha claridad lo orgullosa que me sentía. Recuerdo las canciones..., aquel pupurrí de Gershwin, el aria de Puccini... —Creo que lo que quizá recuerdes son mis ensayos en casa —dijo Sophie —. Está bien, no te culpo. Sólo me he estado preguntando por qué... —Su voz se apagó con tristeza. Sophie estaba librando a su madre del anzuelo con demasiada facilidad, pero María no dijo nada. Vio dolor en los ojos de Hallie, vio que nublaba su visión del pasado porque la verdad era vergonzosa. —Querida Sophie —dijo Hallie—, nadie se cuidó de mí tan bien como tú después de que muriera tu padre. —¿Nadie? ¿Ni siquiera tu madre? —preguntó María, recordando algunas cosas que había contado Hallie. Sophie y Hallie se miraron con tal intensidad que María sintió celos. Sophie absorbió como una esponja el amor de Hallie, y la simpatía fluyó hacia ella desde Hallie. —Mi madre me adoraba —dijo Hallie—, pero siempre estaba muy atareada. La gente decía que ella daba las mejores fiestas de Nueva Inglaterra. Y vosotras sabéis que ella era una líder en la defensa de los derechos de la mujer. —¿De veras? Yo no lo sabía —dijo interesada María.

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—Sí, es cierto. Ella nunca quiso ver atrapada a ninguna mujer en casa con los crios y las tediosas labores domésticas. Creo que se habría revuelto en la tumba si hubiera sabido a cuánto renuncié yo por Malcolm. Eso me transformó en una esclava. Mi madre le quería cuando nos casamos, por supuesto..., sí, mis padres le adoraban por la sencilla razón de que él me amaba. Y ése fue también el mismo sentimiento que yo tuve por Gordon y Aldo, no sé si lo sabíais. El hecho de que hubieseis encontrado unos hombres que os amaban, me hizo feliz. María no pudo mirar a Sophie mientras Hallie continuaba con voz ronca: —Me culpo de no haber visto lo que te estaba sucediendo, Sophie. Casi... casi odio decir esto y espero que no lo tomes a mal, pero yo quería a Gordon como a un hijo. De verdad. —Lo sé —dijo Sophie recobrando un poco el color de las mejillas. Se tocó la garganta y no pudo apartar la vista de su madre. —Razón por la cual todo resulta cien veces peor. Yo di mi amor a ese muchacho y durante todo el tiempo él estaba... estaba... —Lo sé —dijo Sophie cogiendo la mano de Hallie. Y por segunda vez aquel día, a Hallie se le escaparon las lágrimas. María pensó lo repugnante que era hablar cariñosamente de Gordon. Pero comprendió lo difícil que le resultaba a Hallie exteriorizar unos sentimientos tan profundos. Le cogió la otra mano y Hallie se la apretó. —Queridas niñas... —murmuró Hallie. María buscó en su bolsillo y encontró una servilleta que había empleado la noche anterior. Se sonó con ella y se la pasó tímidamente a Sophie, quien la utilizó y luego intentó entregársela a Hallie, pero ésta negó con la cabeza y se sorbió la nariz. —Vamos a ver —dijo Hallie—. ¿Podrías cantar algo de Puccini en ese espectáculo? Sophie negó con la cabeza y sonrió un poco. —No voy a cantar —dijo—. Sólo quería saber si vendrías a oírme en el caso de que lo hiciera. —Vendría —dijo Hallie con aplomo. Pero aunque Hallie creyera lo que estaba diciendo, María dudó que estuviera aquí cuando llegara el momento.

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Tercera parte

BELL STREAM

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CAPÍTULO XXXI
María se sintió nerviosa mientras aguardaba en la sala de espera de la doctora Middleton. Esta vez se había puesto un traje de gabardina negra para hacer ver a la doctora que ella era una mujer cabal con sentido de la responsabilidad, y que era tan profesional como la doctora. Otras personas leían revistas o miraban al vacío mientras esperaban, ser atendidos por otros facultativos. Nadie cambiaba sonrisas, como suele hacerse en el consultorio del dentista o del médico de cabecera. Al subir las escaleras, María había oído el estrépito del tráfico que circulaba veloz por la Summer Street de Hatuquitit, y el ronroneo de lanchas motoras en la bahía. Pero una pequeña máquina en la sala de espera sin ventanas reemplazó al ruido real. Hizo el ruido de un túnel aerodinámico o de una radio sintonizada entre dos emisoras. María observó que la distraía de sus pensamientos. —¿ María? —dijo una voz. Al levantar la vista, María vio a la doctora, que llevaba un vestido de algodón estampado; una cenefa de concha le sujetaba el pelo, cada vez más rubio desde el comienzo del verano. —Hola, doctora Middleton —dijo María. Y se estrecharon la mano. María la precedió hacia el interior del soleado consultorio. Se sentaron en butacas forradas con tejido de algodón tostado, una frente otra. Unas ventanas altas miraban a un aparcamiento de gravilla con el Bold & Intrepid Boatworks a lo lejos. Un grabado de la serie Ocean Park de Richard Diebenkorn colgaba de la pared. El parqué estaba cubierto con una desgastada alfombra de nudos. María tuvo una instantánea sensación de comodidad y cordialidad. —Mi hermana estaba muy interesada en que la visitara. Está muy preocupada por sus hijos —dijo María. Se sintió un poco como una intrusa, como alguien que pretendía ser la madre de Simón y Flo y quiso que la situación quedara suficientemente clara desde el principio. —Me estaba preguntando si no querría usted plantearme algunas cuestiones —dijo la doctora Middleton sorprendiendo a María—. ¿Quiere preguntarme alguna cosa? —¿Sobre los niños? Sí, quisiera preguntarle algo —dijo María. Pero súbitamente su mente quedó en blanco. Siguió un silencio que al principio pareció cómodo pero que luego se tornó tenso. María se encogió de hombros y alzó las cejas. —Permítame hacerle un par de preguntas —dijo la doctora rompiendo el

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hielo—. ¿Cómo se comportan los niños en casa? —Les gusta permanecer dentro más de lo que debieran, creo yo. Simón, sobre todo, se pasaría todo el día viendo la televisión si se lo permitiera. —¿Qué piensa que debieran hacer en lugar de estar en casa? —Bueno, no lo sé... —dijo María, aunque sí lo supiera: los niños deberían pasar los días de verano jugando y divirtiéndose fuera. Repentinamente temió dar una respuesta equivocada—. Yo quisiera que les gustara más la playa. En general, estar al aire libre. —Cuando los niños proceden de un hogar inestable —dijo la doctora—, no es raro que les asuste abandonar la casa. Cuando la abandonan, temen lo que puedan encontrar al regresar. En su casa no hay límites, por tanto tampoco hay seguridad. —Así pues, ¿debo permitirles que estén dentro? —preguntó María. —Ahora mismo yo no los empujaría afuera —dijo la doctora Middleton—. Sé que usted no está habituada a los niños, que las cosas se le ponen difíciles. —Quiero hacer lo que sea mejor para ellos —dijo María. El acondicionador se puso a ronronear. Vio por la ventana que Dun-can conducía el Travelift hacia el muelle. —¿ Le ha preocupado algo particularmente ? —preguntó la doctora Middleton. —Supongo que usted cdnoce la situación —dijo María refiriéndose al hecho de que Sophie había matado a Gordon. La doctora asintió—. ¿Y sabía usted que Gordon golpeaba con regularidad a Sophie, o por lo menos que hacía cosas para humillarla y degradarla? No sé cómo define usted el abuso. —Hay muchas formas de definirlo, incluyendo las críticas constantes y la falta de respeto. Pero tengo entendido que también había abuso físico. —¿Se lo dijeron Flo y Simón? —preguntó María. La doctora Middleton permaneció en silencio unos instantes. —Les he prometido no decir a nadie, ni siquiera a usted, los datos específicos que me han revelado, pero sí, ellos percibieron que había abuso físico. —Sophie me dijo que ellos habían visto cómo le mataba. —Por la expresión impávida de la doctora comprendió que la noticia no la sorprendía, que los niños se lo habían contado—. ¿Qué perjuicio puede causarles eso... a la larga? ¿Cómo pueden crecer y tener vidas normales después de lo que han visto y oído? Por cierto, el otro día Simón arrancó las patas a un cangrejo. — María se echó a llorar sin poderse contener.

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—Los niños aprenden muy pronto a conocer los valores... antes de los tres años... y mediante las observaciones y sensaciones, no mediante las palabras —dijo muy despacio la doctora—. Las cosas que ven les causan sensaciones que ellos no saben cómo expresar. Es inútil que usted les diga que todo va bien o que «papá no quiso hacer eso». Sus sensaciones les dicen que no todo está bien y que papá hace lo mismo una vez y otra. —¿Qué les sucederá entonces? —preguntó María desolada. —Todos nosotros trabajamos juntos —dijo la doctora Middleton—. Ellos necesitan poner palabras a sus sensaciones y sentirse lo bastante seguros para expresarlas. —¿Cómo puedo ayudar yo? —preguntó María. —Mostrándose paciente con ellos, sin esperar que se adapten a su horario. No haciéndoles marchar afuera si no lo desean. —¿Le dijo Simón que yo hacía eso? La doctora Middleton se limitó a sonreír. María se sintió ofendida con ella porque no le había dado todos los detalles que podían interesar, pero contestó a su amable sonrisa. —Dígame lo que debo hacer —preguntó María sin rodeos—. ¿Hay algo que yo esté haciendo mal? —Hágalo lo mejor que sepa, con eso basta. Usted no puede ocupar el lugar de su madre, por supuesto, pero los niños saben que usted se cuida de ellos. Sería bueno que usted mantuviera sus propios intereses. —Lo intentaré —dijo María pensando al instante en Duncan y en la excavación de Lookout—. Pero los niños me ocupan mucho tiempo —Es importante —dijo la doctora Middleton. Terminada la entrevista, María se encaminó directamente hacia el astillero. Se preguntó si la gente sabría ya lo de ella y Duncan. Recordó que, siendo niña, había oído hablar a Hallie y a su amiga Ginger de la señora Brown, la bibliótecaria, y del padre de Patty Winograd. Tal vez las separaciones, los divorcios y los amoríos fueran más comunes en la actualidad, pero María no se hizo ilusiones sobre las raíces puritanas de Hatuquitit. Duncan estaba con el torso desnudo al timón de un barco langostero, trasladándolo de un muelle a otro. El sol se reflejaba en la tranquila bahía. María se mantuvo en la sombra observándole. Pensó que él se alegraría de verla y escucharía gustoso lo que había dicho la doctora Middleton. Ella no pudo imaginarse que pudiera contarle lo mismo a Aldo en plena jornada de trabajo. Cuando Duncan amarraba la embarcación a un muelle flotante, la

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esperó que Duncan reprendiera a Jamey. al tiempo que surgía una cabeza pequeña que atisbo por encima de la regala. la tía de Flossie —dijo Duncan. Duncan! —gritó Jim señalando hacia un bloque de motor que se balanceaba colgando de una grúa. Luego escudriñó a María de pies a cabeza. Vuelvo en seguida. —¡Eh. —¿Tienes una lancha? —preguntó Jamey. Se sentaron en ella. María le imaginó calculando las futuras posibilidades de felices finales de semana. —Hola —dijo María. —¿Quieres sentarte? —preguntó—. Conozco un sitio. Luego se encaminó hacia María dando unas zancadas tan largas que su hijo hubo de correr para mantenerse al paso.. el color del pelo y la expresión facial. —Hola —dijo.. la longitud del dobladillo. Sus ojos parecían los de Duncan. quizá se sintiera dichoso de verse tratado como un adulto. porque dos hombres que estaban en el muelle se volvieron de repente para mirarla. María y Jamey le siguieron con la mirada. —dijo María a Duncan..descubrió y agitó el brazo. —¿Se la compraste a mi papá? —Sí. los zapatos. tal vez comparándola con su madre y tomando buena nota de los detalles. —Estupendo —dijo María. María percibió la diferencia entre aquel chico y Simón o Flo: la ex-'presión de Jamey era de felicidad. Éste pareció sonreír al vacío más que a María. le dirigió una amplia sonrisa. a quien le habían enseñado que el hablar de dinero era una falta de educación. —Sí —dijo Duncan observando satisfecho la escena. vacaciones escolares y festividades navideñas compartidos entre los tres. Cuando hubo concluido. llevaba el pelo rojizo largo y algo enmarañado.. Pero como éste permaneció callado. la hebilla del cin-turón. se sintió algo molesta. ésta es María.. la ausencia de maquillaje. —Así que éste es tu hijo. Jamey se aclaró la garganta. Y alargó la mano para estrechar la de Jamey. pero no aquí. Duncan saltó de la embarcación y se volvió para ayudar a un niño pequeño. —¿Queréis esperar un segundo? —dijo Duncan—. —Jamey.. Y dejó que Jamey la condujera hacia una Boston Whaler con el casco blanco al aire. Y enrojeció. La guardo en mi casa. —La tengo. María se preguntó si su falda negra no aparecería blanca como la tiza cuando se ~248~ . Quizá gritara su nombre... —¿Cuánto te costó? María.

. —¿Cuántos años tienes? —preguntó María.. pero Jamey habló primero —¿Sabes lo del. ~249~ . —Sí. como si temiera que María se marchase al oír tal noticia. —Porque su mamá está en la cárcel —dijo Jamey—. —¿Eres la tía de Flo Littlefield? —Sí —dijo María volviéndose hacia Jamey—. pues la miró repetidas veces con una sonrisa amplia. El doctor Kaufman le dio una sortija exactamente igual que la de mi prima. —Seis —dijo él con tono solemne. ¿ çFlo va a tu clase? —Ella vino a mi fiesta —dijo Jamey—. Por primera vez María percibió una ansiedad que le recordó la de Flo. María iba a preguntarle si le gustaba navegar. yo también —dijo María no queriendo entrar en explicaciones sobre la anulación.podía saber.. —Yo lo sabía ya —dijo María con. —Algunas personas lo ven mal —dijo Jamey—. sí que lo está —dijo María esperando a que Jamey continuara. —¿Cómo? —dijo María confusa. y luego desvió la vista pero se le acercó un poco más.levantara. —De hecho. pero tuvo la impresión de que el niño estaba urdiendo algo. —¿Estás pasando un buen verano? —Sí. desconocía lo que el niño . — Flo debe de estar muy triste —dijo Jamey. —Eso está bien. —Pero mi tío está divorciado —dijo Jamey—. María estuvo segura de que el niño quería significar lo contrario. Se van a divorciar. Pero yo no. —Supongo que es bonita —dijo. A juzgar por su vehemencia. —Pareció algo preocupado. tiene un rubí grande. Le hubiera gustado preguntar a Jamey sobre lo que le gustaba hacer durante el verano. grave entonación. No está nunca en casa con Flo. Muchas personas lo están. —Mi mamá y mi papá —dijo Jamey—. lo del divorcio? —preguntó con tono íntimo. María recordó que Flo había ido a casa del doctoc Kaufman el día en que Sophie la dejó sola en la biblioteca...

la que más le inquietaba: ella. Simón y Flo viviendo sus vidas con el espectro de Sophie en la cárcel de la carretera. Jamey en el tercer curso. Alicia se perdió de vista. pero no llegó a tocarla. —A veces lo estoy —dijo María. —¡Ah! Tú también debes de estar muy triste —dijo Jamey. Pero María encontró esa visión más simple que la usual. apesadumbrada y solitaria. Su pequeña mano se deslizó por el casco hacia María.—Su mamá es mi hermana —dijo María. Duncan y Jamey decorando un árbol navideño con los mismos ornamentos cada año. luego en el sexto. tuvo la visión que había imaginado poco antes a Duncan: ella. mientras le sonreía. Las palabras «hijo» e «hijastro» le llenaron el pensamiento. ~250~ . más tarde en el bachillerato y por último la universidad. De pronto.

quiero decir. dijo. no debí permitir que las cosas empeoraran tanto. como una hoja de afeitar trazando sus iniciales en mi trasero. Anoche intenté apartar las sábanas y sentir el aire moviéndose a mi alrededor. Rememoré tiempos pasados.CAPÍTULO XXXII Anoche me metí en la cama con la sábana hasta la barbilla. los coches. fue así... Entonces solía apartar las mantas y respiraba con ansia. Sólo su voz en la noche. y algunas veces despertaba a María para convencerla de que se encaramara conmigo al tejado. cuando le contaba a María que Gordon me había marcado. pero eso no es nada comparado con estar atrapada por lo que hice. A lo largo de todo ese dolor I me odié a mí misma por habérselo permitido. cuando me sentía como si estuviera atrapada en una grieta muy angosta de las rocas. me abrasó como un hierro de marcar muchos días después. sintiéndome atrapada en la grieta de la roca.. debajo de las sábanas. hubiera podido llamar a la policía. y que se fueran al infierno. Me dolió más tarde. y ahora tendré la I marca de Gordon el resto de mi vida. cuando yo era pequeña. y libertad para seguir adelante con las cosas. Se lo hubiera podido decir a Peter y Nell. ¿Le haría volver si pudiera? Es un juego estúpido e inútil. La cuerda alrededor de mi cuello era una especie de lazo. nada de imágenes. Si hubiésemos seguido juntos. Tuve deseos de decirle a María que ni siquiera me dolió. aunque en realidad se parecía más al collar de perro que Gwen solía obligarle a llevar. O hubiera podido coger la puerta. Realmente estoy atrapada en eí lugar donde me hallo. Ideo diversos procedimientos. El otro día. Lo sentí como un lápiz. Algunas noches me pregunto si yo habría permitido que las cosas empeoraran ~251~ . la casa.. nada fresco. «Me estoy aproximando». como si no quisiera escucharme. Entonces pienso: ¿seguir adelante con las cosas? ¿A quién creo estar engañando? Yo tenía alternativas. pero yo lo juego. la sorprendí con una mirada extraña. Probablemente. ¿Qué pasaría si yo no le hubiese matado? ¿Qué pasaría si él hubiese muerto de un ataque cardíaco? Entonces tendría su seguro de vida.. lo que en cierto modo.. Como si no quisiera conocerme. Fue entonces cuando me desperté sudando. dinero en el banco para enviar a los chicos a la universidad. Algunas noches permanezco despierta en la cama preguntándome si podría haber sido feliz con Jack. y me creía más atrapada que nunca. hasta el punto de que no pude sentarme. Anoche tuve un sueño. La primera vez que sucedió. pero era aire acondicionado. ella se imaginó un hierro candente y un lazo. sólo su voz.

pero entonces temí tanto la posibilidad de perderlo. Ésa fue toda la explicación que me dio.tanto. aún se me aparece y no puedo soportarlo. me preguntaba dónde había puesto las llaves del coche.. Parte de ti y parte de mí.. y la quería. Y desde entonces Gordon no creyó normal que yo alimentara a Simón. Dios mío. si le hubiese demostrado que cuanto más amas tanto más amor tienes. más que mis padres.. María.. todo cuanto yo podía sentir era compasión. Nell e incluso Simón y Flo. Si yo abrazaba a Simón. y después de todos estos años ya no pude recordar en dónde habíamos comenzado.. insultado y me hubiese burlado de él. Incluso cuando me daba cuenta de que se interponía entre mí y todas las personas que me querían y a quienes yo quería: mamá. Empecé a temer que me quedaría sin leche. con satisfacción y ternura. Si yo me hubiese mantenido firme. Pero se cansó de mí. y me decía que yo era la imagen ideal de una hermosa madre.. y encontró a otra mujer. sorprendía a Gordon mirándome con mucha tristeza porque yo estaba dando mi amor a Simón y no a él. más que mi hermano. Me dolía porque él mamaba con ansia. Cuando yo tenía a Simón en mi regazo y le cantaba al oído.. Tal vez recuerde esto porque fue muy dramático. Cuando llegaba la Navidad y yo quería pasarla con mi familia y no con la suya. Él me amaba más que nadie. —Le quiero porque es nuestro hijo —solía decir yo al principio—. cuando ya entonces era normal y evidente. Una vez y otra.. todo al mismo tiempo. otra vez la misma cara. no hacía lo mismo con él. quizás incluso más que María. Cada vez me empujaba un poco más lejos. Pero entonces.. Si era sábado y yo quería ir con mamá a Lord & Taylor's en lugar de esperar a que él volviera de jugar al golf con Ed. Siempre encontraba algún pretexto para interrumpirnos: por ejemplo. pero me llenaba de gozo.. Nunca esperé encontrar otro amor como aquél. Él podía inducirme a hacer cualquier cosa aparentando simplemente que estaba dolido ¡Terriblemente dolido! Como si yo le hubiese abofeteado.. feliz y orgullosa de tener un hijo tan encantador. Pero todo cuanto hice fue abrirle una herida. él ponía esa cara de niño triste que siempre me vencía. Gordon solía mirarnos fijamente. pero creo que en realidad el origen de todo fue darle el pecho a Simón. Eso fue todo. cerrando los ojos. pensé que mi vida había terminado. esto no habría sucedido. si* no hubiese sido por Jack.. Cuando Jack me abandonó. He necesitado todo este tiempo para reconocerlo así.. Entonces una vez hicimos el amor y él empezó a chuparme el pecho sin querer soltarlo de ninguna forma. Pero llegó un momento en que Gordon no me hizo caso. Creí haberlo encontrado con Gordon. Si yo me ocupaba de Flo. A menudo he pensado que si no hubiese intentado engañarle y le hubiese dicho lo que pensaba que necesitaba oír. o que tenía una astilla clavada en el pie y no podía ~252~ . Peter. no le abrazaba a él.

¿Algo va mal? —Ya va siendo hora de que él empiece a utilizar el biberón —dijo Gordon —. una familia de tres. casi pensaba que Gordon estaba bromeando —Sólo tiene dieciséis semanas —dije. Oía el canto de los grillos y los gritos de los niños que jugaban en el Bell Stream. Cuando se apearon del coche. —¿Qué pasa? —pregunté al fin—.esperar ni un minuto más para sacársela. ¡Dios mío. Llevó tranquilamente hasta el coche al niño. mientras Gordon susurraba: ~253~ . Pero yo no pensaba dejar de darle de mamar al niño. Y un día Gordon no pudo soportarlo por más tiempo. le daba el pecho y pensaba: esto es lo natural.. —¿Eso te da placer? —me preguntó una vez. Gordon estaba sentado en una enorme butaca de mimbre. y arrancó. Ya va siendo hora de que lo destetes. eso no duraba mucho y yo volvía a pensar en mí y en mi bebé. Así que sostenía a Simón entre mis brazos. Me quedé sin respiración. pues de lo contrario los hubiese perseguido. lo puso en el asiento delantero. nunca olvidaré la escena! El niño con la boca abierta como un pajarillo y Gordon rojo de rabia. mi hermoso hijo. Yo sentía que mis brazos se ponían tensos. que estaba berreando. Simplemente se largó. yo llevaba un sujetador de criar y una vieja camisa de Gordon desabotonada. En aquel tiempo yo no tenía coche. Nos fulminaba con la mirada. Pero Gordon no tardó en volver con el niño. Simón y yo estábamos sentados en el porche para su última comida antes de irse a la cama. No lo hizo. así es como los animales alimentan a sus cachorros. Simón había dejado de llorar y Gordon sonreía implorando perdón. como una jaula alrededor de Simón. Pero. no sólo por eso sino porque probablemente yo gemía de placer como cuando Gordon lo hizo mientras nos amábamos. quizás estuvieron fuera un cuarto de hora. Según recuerdo. perros y mujeres prehistóricas antes de que se inventara el biberón. claro está. en Simón. pero lo cierto es que Gordon se abalanzó a través del porche y me arrebató a Simón del pecho.. Desde entonces todo fue una indirecta tras otra sobre lo mucho que me excitaba dar de mamar a mi hijo. Yo pensaba en vacas y caballos. temí que Gordon estampara a Simón contra la pared. Eso me hizo reír. mirándonos con expresión reprobadora. Me puse a pasear desesperada por el camino de entrada y me pregunté si debería telefonear a mamá o a Peter. Todos los libros decían que los bebés más equilibrados estaban alimentados con la leche materna. Me entregó a Simón y nos abrazó. Lo cierto es que me gustaba. Así estuvimos durante mucho rato. y ello me hacía sentirme increíblemente culpable. ¿Por qué lo hizo? Tal vez porque me riera.

y luego ése en que el as de espadas reaparece sin cesar. aunque quizá no cuando él me hacía daño. La pobre ni siquiera sabe barajar bien. Todavía somos amigas. Ella piensa que son verdaderamente mágicos. Tampoco debí permitirle que grabara sus iniciales en mi piel. no significa que estemos destinadas a ser amigas de por vida. No me importaría despertarla y contarle cómo decidí dejar de amamantar a Simón. haz esto por mí. —En ese momento no estaba segura de que pudiera perdonarle jamás.—Lo siento. Quiero decir que siempre me está apremiando para que riña con mi madre o con María. — Este es el gran final —dijo ella. Nunca debía permitirle que me humillara. Gordon. Hubiera debido marcharme. Lo estuvimos. supongo que mi expectación era excesiva. También hubo otros momentos. ¿Pero acaso debía deshacerme en exclamaciones sólo porque ella lo quisiera? Quiero decir que Bess siempre me está recordando lo importante que es la sinceridad. Hizo dos o tres juegos estúpidos. porque él me amaba demasiado. Me pongo enferma al pensar que le creí cuando él dijo que quería marcarme para que ningún otro hombre me tuviera. —¿Y qué hay a continuación? —le pregunté. Por el bien de Simón hice lo que Gordon me pedía. pero no lo hice. A veces me gustaría poder largarme de aquí. Simón y Flo. —Por favor —dijo—. Supongo que me ha decepcionado un poco. y sin embargo espera de mí que me pase el día alabando sus pésimos juegos de manos. Yo lo creo que lo somos. pero eso no significa que no pueda enfadarme con Bess. antes y después Je amé. a María o a Peggy. Debí haberme marchado después de que dejara de burlarse y empezara a torturarme. lo siento de corazón. Y por todo ello. Con toda probabilidad ése fue el momento en que debía haberme marchado. —¡Oh! —dije mientras deseaba poder reparar la situación. probablemente eso es todo: decepción. El hecho de que Bess y yo seamos compañeras de celda gracias al estado de Connecticut. Su mirada se tornó increíblemente sombría. y me miró absorta. cuando lo único que quería era hacerme daño. que había comprado en alguna tienda. Pero. y lo cierto es que me fastidia bastante su contradicción. Hasta ese último instante estuvimos unidos. Nosotros éramos una familia: yo. Me alegro de no tener a Rhonda. Bess está dolida porque no pude fingir que sus juegos de manos son sensacionales. pero con el tiempo lo hice. ~254~ . pero a raíz de lo ocurrido temí seguir amamantándole. No quise alimentar a Simón con aquello. Me gustaría que Bess no estuviese enfadada conmigo. Me entregó una bolsa de papel con un biberón y varias latas de comida para bebés.

ramitas y tres leños hendidos en la chimenea de piedra. Los indios ribereños habían canjeado la piedra de las tribus locales por pescado y conchas. —Estoy de acuerdo —dijo María—. concentrados en mantener las salchichas ante el fuego hasta que adquirieran el característico tono dorado. —Necesitamos leña menuda —dijo. —No. Podríamos hacer perritos calientes —dijo Simón. María apiló periódicos. —A mí no me gustan nada esas pastillas para la tos con sabor a pino. —¿Podemos hacer una comida? —preguntó Simón. —¿Una comida? —preguntó María deseando poder tener algo de melcocha. Y cogió la mano de María. Papá decía que si se quema pino se llena de brea la chimenea. —Pero si ya hemos cenado. barrió el desembarcadero de la Squaw. y María decidió encender la chimenea.. no cojáis pino —recomendó Simón—. Cuando hubieron recogido la suficiente leña menuda. de cara al fuego. no! —exclamó Flo cuando se le cayó al fuego su salchicha.. a punto de ponerse. —¡Perritos calientes! —exclamó Flo—. La sala sólo estaba iluminada por las llamas. Simón y Flo la siguieron hasta el patio. Creosota. ¿A vosotros os gustan? —preguntó Flo. ~255~ . El sol. Los tres se sentaron en el suelo con las piernas cruzadas. —¡Oh. una ráfaga de viento tan fresca que parecía octubre. María sacó tres salchichas del frigorífico mientras Simón afilaba unas ramas de abedul. Buscaron por el suelo e hicieron haces de ramitas. Clavados en palos. que no pudo seguir cogiendo ramitas. pasaron adentro. —Es una buena idea. Se imaginó que esa piedra habría sido extraída en las márgenes del río Hatuquitit. Todos permanecieron en silencio. —dijo María recordando el pollo con mostaza y miel que a todos parecía haber gustado.CAPÍTULO XXXIII Cierta noche. lanzaba rayos anaranjados y purpúreos hacia el Oeste y la bahía.

—Era de esperar —dijo Simón. —Toma la mía —dijo María. Y rodeó con un brazo a Flo para enseñarle a apuntar con el palo hacia arriba. Luego corrió a la cocina para coger otra salchicha. Oyó que Simón decía: —Tienes que apuntar hacia arriba. —Su tono fue sorprendentemente cariñoso. Se detuvo en el penumbroso arco entre la cocina y la sala para observarles. Por una vez sus espaldas encorvadas no estaban tensas. Tenían tal flexibilidad que les resultaba fácil sentarse con las piernas cruzadas; la rodilla de Simón descansaba sobre la de Flo. —¿Cómo sabes cuándo están hechas? —preguntó Flo. —Vete dándoles vueltas hasta que tengan el mismo color por todas partes —dijo Simón. —La mía parece negra —dijo Flo. Pero cuando se aproximó a la salchicha para examinarla de cerca, se le cayó en las brasas. —¡Oh, no! —exclamó de nuevo. Esta vez Simón se echó a reír, lo cual provocó la risa de Flo. María se preguntó si se mostrarían siempre tan relajados a solas. Cuando entró en la sala con más salchichas, los niños se revolcaban por la alfombra, presas de una gran hilaridad. Simón mantenía intacta en alto su salchicha. —¿Qué? ¿Asamos dos o tres más? —preguntó María. —Claro —dijo Simón enderezándose y todavía sonriente. Los tres mantuvieron sus palos ante el fuego mientras se pasaban la salchicha indemne para darle bocados por turno. —¡Oh, no! —exclamó María cuando su nueva salchicha se prendió en las llamas y cayó en las brasas. Entonces los tres se echaron a reír con tantas ganas que Simón empezó a hipar. —¿No os duele el estómago —les preguntó María cuando los llevó a la cama. —No, ha sido muy díver —dijo Simón. —Yo podría comerme por lo menos dos más —dijo Flo. —¿Qué queréis que os lea esta noche? —preguntó María echando una ojeada a la estantería. —Cuéntanos historias de fantasmas —dijo Simón. María había oído algunas espeluznantes a los indios peruanos, pero no le

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parecieron adecuadas para los niños. También recordó unas cuantas de su infancia... «La canoa hundida», «La fogata de media noche», y «Las cuentas enterradas»... que según se decía habían ocurrido en las islas Hechizadas. Pero como eran muy violentas, no quiso contárselas. —Yo conozco una muy buena —dijo Simón—. Pero es de miedo, Flo. —No me importa —contestó impaciente la pequeña. —Está bien —dijo Simón—. Apaga las luces, tía María. María obedeció. —Cierta noche unos niños estaban acampando sin sus padres —empezó a contar Simón—. Estaba muy oscuro, sin luna, linternas ni nada. Se hallaban en una tienda de campaña y había mucho silencio. Estaban en el campo a muchas millas de cualquier sitio. Desde luego había animales salvajes como lobos, zorros y gatos monteses. Aquello estaba cerca de Cornwall, en donde la gente había visto panteras. De repente, los niños oyeron pisadas... Flo se estremeció extasiada y se apretó contra María. Simón pareció complacido. —¿Qué sucedió entonces? —preguntó María. —Las pisadas se acercaron. ¡Crac, crac! —dijo Simón. —¿Estaba comiendo algo esa cosa? —preguntó Flo. —No, se aproximaba a través de la hierba alta. Cada vez más cerca. Los niños estaban asustadísimos. De repente la oyeron gritar, «dedos ensangrentados... dedos ensangrentados...». —¡Dios mío! —dijo Flo. —Su voz fue cada vez más fuerte. «¡Dedos ensangrentados, dedos ensangrentados!» Los niños imaginaron que la cosa tenía dedos largos goteando sangre porque acababa de matar a alguien con las manos. María se preguntó si no convendría detener la historia. Pero Simón la estaba contando con una complacencia macabra y Flo le escuchaba alucinada. —Los dos niños se pegaron uno a otro temblando de horror. La niña se meó en las bragas, de miedo que tenía. De repente, la cosa se plantó delante de la tienda. Ellos la oyeron dar vueltas en busca de la cremallera mientras decía: «¡Dedos ensangrentados, dedos ensangrentados!» «Haz algo», dijo la niña agarrándose al chico. «Vale», dijo él, y cogió una sartén. —Llegado a este punto Simón saltó de la cama, cogió un libro y manteniéndolo sobre su cabeza avanzó cauteloso como hubiera hecho el valiente muchacho de su historia acercándose a la cosa.

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—Él tenía que protegerla —dijo Simón con tono dramático—. La cosa no deja de decir, «manos ensangrentadas, manos ensangrentadas». Entonces el niño abrió muy despacio la cremallera de la tienda. «¡Ten cuidado!», dijo la niña. «Lo tendré», dijo el chico. Entonces marchó afuera y allí mismo, delante de él, ¡estaba la cosa! Era alta y peluda con pies y colmillos enormes. Cuando vio al muchacho corrió hacia él alzando un dedo ensangrentado. ¡Le goteaba sangre! Cuando el niño estaba a punto de golpearle con la sartén, la cosa se detuvo en seco y dijo: «Discúlpeme, caballero, ¿no tendrá usted una venda por casualidad?» Simón terminó la historia imitando la voz del pato Donald. Pareció inmensamente complacido al ver que María y Flo reían a mandíbula batiente y movían la cabeza con alivio. —¡Qué historia tan buena! —dijo María. —La cosa no tenía intención de hacerles daños, ¿verdad? —preguntó Flo. Su voz reflejaba alivio y ansiedad al mismo tiempo. —No, sólo se había contado un dedo —dijo Simón. —Sólo necesitaba una venda; no iba a matarles ni a hacerles daño, ¿verdad? —insistió Flo. —Claro —dijo Simón. —Está muy bien —dijo Flo—. Es un cuento muy bonito. Me alegro de que no fuera una verdadera historia de fantasmas, sobre alguien muerto. —Vamos, niños, es hora de dormir —dijo María arropándolos. —Yo voy a contar lo del bebé muerto —dijo Flo con una voz llena de misterio. —¿Es una historia de fantasmas? —preguntó María. —¡Cállate, Flo! —dijo Simón. —¡Cállate tú! —Bueno, no iréis a pelearos ahora después de haber pasado un rato tan agradable —dijo María intentando engatusarles—. Digámosnos buenas noches y que tengáis dulces sueños. —Era un bebé muy pequeño —empezó a contar Flo como si no hubiese oído a María—. Una niña muy bonita que no lloraba nunca ni llevaba pañales. No comía ni bebía nunca. Ni siquiera había nacido. —¿Era mágica? —preguntó María siguiéndole la corriente. —Mucho —dijo Flov—. Ella no había venido de la forma acostumbrada. Sólo «estaba».

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—Tú sabes que no debemos hablar de eso —dijo Simón de nuevo con su habitual tono de voz malhumorado—. Cuando vea a mamá le diré que lo has contado. —Me da igual —dijo Flo—. Yo quiero a ese bebé muerto y voy a hablar de él. —Cuéntame —dijo María. —Bueno, ella era como un hada —dijo Flo—. Con alas de seda, el pelo lleno de rizos, y las manos y los pies muy pequeñitos. Podía volar. —Estás pensando en un ángel —dijo Simón. —Ella es un ángel —dijo Flo. —¿De qué estáis hablando vosotros dos? —preguntó María—. ¿Es una historia de fantasmas? —Sí, pero de verdad —dijo Flo muy satisfecha—. Una historia muy bonita. —¿Una historia de fantasmas bonita? ¡Ni soñarlo! —dijo Simón. —¿Quién fue el bebé muerto? —preguntó María. —El otro bebé de mamá y de papá. El que murió —dijo Flo—. El que murió. ¿Sabes lo que sucedió? —No hubo otro bebé —dijo María—. Tú y Simón sois los únicos hijos de vuestros padres. —¡Sí que hubo otro! —La voz de Flo se tornó tensa. —¡ Flo! —dijo María con exasperación no exenta de cariño. Flo se agitó y sacudió la cabeza como si quisiera hundirla en la almohada. María puso una mano sobre la frente húmeda de Flo y empezó a jugar con su pelo. Al cabo de un momento Flo se tranquilizó y dijo: —Fuimos todos a enterrarla. —Escucha, cariño, no hubo... —empezó María, pero sintió un escalofrío como si le estuvieran contando una buena historia de fantasmas, como si se hubiera conjurado el espíritu. —Ella tiene razón, Flo —dijo Simón—. No hubo otro bebé. María dio un beso de buenas noches a Flo y otro a Simón. Permaneció sentada en la cama de Flo hasta que la respiración de los niños se hizo cadenciosa en su sueño. Luego salió de la habitación, dejando un poco entornada la puerta. Y de pronto intuyó que Simón había mentido cuando dijo que «no hubo otro bebé». Pudo sentir la presencia fría de un tercer niño Littlefield con tanta verosimilitud como si lo estuviera acunando en su regazo.

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María vivió con esa impresión durante varios días. Quizá fuera eso lo que la hiciera volver a Lookout. Al retirar el toldo encontró la tumba tal como la había dejado. Se puso a trabajar con la paleta y el pincel, catalogando cada pequeño hueso, amuleto y piedra. Recordó que Aldo le había aconsejado que resolviera el misterio arqueológico. Aplicando las reglas convencionales de la ciencia, María se sintió lejos de esas islas Hechizadas donde tenían lugar las historias de fantasmas de su infancia. Hizo una lista de cada objeto de la tumba: Una cazuela de esteatita, cuatro pulgadas de diámetro. Un incisivo de castor. Cuarenta y un fragmentos de concha, incluyendo veneras, bucemos estriados, almejas, mejillones y bígaros. Noventa y seis cuentas de concha perforadas con orificios simétricos, que posiblemente formaban un collar. Un disco metálico. Una punta de flecha de dos pulgadas con muescas laterales. Un esqueleto de mujer adulta. Aunque no tuviera la menor duda de que el esternón de la squaw había sido atravesado por la punta de flecha y no se preguntara sobre las posibles razones del asesinato, María se encontró pensando en la religión de los indios. Fue una especie de plegaria, arrodillada en el duro suelo, cepillando los huesos y cavilando sobre Cautantowit. Cautantowit era el gran dios de los indios. Éstos creían que habitaba una casa en la cumbre de una montaña. Al principio de los tiempos, los espíritus malignos hundieron los diques de lagos y ríos e inundaron la tierra, salvo la casa de Cautantowit. Muchos pájaros y animales escaparon buscando refugio allí; los que lo hicieron, adquirieron cualidades divinas. Cautantowit secó la tierra. Primero hizo de la piedra un hombre y una mujer, de los que no se sintió complacido. Luego hizo otros de un árbol. Confirió dones de sabiduría, valor y bondad a las personas. Cada indio eligió como su dios personal o manito a un animal, pájaro o pez dotado de divinidad por Cautantowit durante su estancia en la casa de éste. Esta criatura velaría por el indio a lo largo de su vida. María examinó el disco metálico y el cuenco de piedra buscando pruebas de un pez o pájaro... un manito de la mujer muerta. Sabía que si la mujer hubiese utilizado los dones espirituales de Cautantowit durante su vida, haría su viaje de tres días después de fallecida a la tierra de los muertos. Allí descansaría pacíficamente para la eternidad. De lo contrario, si ella fuera ladrona, embustera o asesina, quedaría condenada a vagar por la tierra sin descanso. Y, no obstante su interés en excavar por mera erudición, sin ningún otro motivo, María sintió horror por esa squaw, por Sophie y por el tercer bebé de la historia de Flo.

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Cuando llegó a casa, María extendió los objetos de la tumba sobre su mesa de trabajo. Había pasado ya el arrebato sentimental que había sentido en la tumba. Ahora quiso descubrir por qué la mujer había sido enterrada tan lejos del cementerio indio. Acercó la lámpara de flexo a su hombro y rebuscó en un cajón hasta encontrar la lupa grande. Examinó todos los objetos que parecían hechos a mano: el minúsculo orificio en cada cuenta a través del que había pasado un bramante para formar un collar, la punta de flecha con las muescas laterales simétricas y el pulido cuenco de piedra. Luego, lo escudriñó, sujetando el disco metálico con un fórceps. Al examinarlo de cerca vio que era una aleación que contenía oro. Tenía forma algo ovalada y daba la impresión de que había sido una sortija. El pulso de María se aceleró. Los pequot no habían tenido oro. Si se trataba de una joya, quizá hubiese sido parte de un trueque comercial con los colonizadores ingleses. Dio vueltas en la mano al objeto y lo examinó muy de cerca. Descubrió unas leves incisiones en el oro. Lo acercó aún más a la luz y lo colocó bajo la lupa, moviéndola hasta ajustar el enfoque. Las incisiones eran superficiales, apenas visibles, pero de longitud y anchura uniformes. No estuvo muy segura, pero le pareció posible que representaran unas iniciales. Y puesta a hacer conjeturas, hubiera dicho que eran C.S.

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o se encontró el cuerpo de ella poco tiempo después? ¿Y si se llevó el cuerpo y lo enterró con sus propias manos.S. sobre la mesa. —Es inverosímil —dijo ella. según la cual el colonizador inglés Charles Slocum se había enamorado de aquella mujer india cuyo celoso marido mató primero a la esposa y después al inglés. María señaló con el índice dos secciones contrapuestas donde el metal se curvaba hacia abajo y luego se adelgazaba. —No es moneda ni medallón —dijo el reverendo—. estaban «Los cuentos pequot». —Ahí era donde estaba la faja —dijo. Pasó un fórceps por el borde del disco y una partícula verdosa de metal cayó sobre la mesa. —Es extraordinariamente delgado —dijo él—. —¿Y las iniciales? ¿Serán las de él? —Me parecen C.. en Lookout? ~262~ . Estaba inclinada sobre el reverendo Hawkes.CAPÍTULO XXXIV —¿Podría ser un anillo de sello? —preguntó María. Y el hecho de que no descartara sin más semejante posibilidad. desató la lengua de María. María había telefoneado al reverendo Hawkes y éste le había dicho que acudiera en seguida. antes de que éste pudiera trasladar la tumba al desembarcadero de la squaw.. Ella quería un testigo que corroborara lo que podría ser un descubrimiento emocionante. Junto a ella.. y el níquel y el cobre podrían haberse desgastado.. La imaginación de María la hizo repasar vertiginosamente la leyenda pequot. —¿Y si Charles Slocum vio cómo el indio mataba a su esposa. —Creo que tienes razón —dijo el reverendo después de un momento. Desde luego por aquellos tiempos debieron de utilizar muy poco oro en sus aleaciones. Demasiado convexo. —Algunos de esos mitos antiguos se fundan en la verdad —dijo el reverendo Hawkes pensativo. quien sentado ante su mesa examinaba el disco metálico.

de abrir el ataúd del inglés y ver si encontraba una punta de ~263~ . El reverendo Hawkes negó con la cabeza y sonrió de oreja a oreja. como si se hubieran pasado la última media hora divagando sobre cuentos de hadas. rodeándolo de ofrendas funerarias. María. y estaban coronadas por ángeles alados de la muerte. Sólo había unas veinte lápidas. —¿Está usted seguro de que es la suya? —preguntó. —En la leyenda Pequot —dijo el reverendo abriendo y cerrando sus ojos de pájaro como si estuviesen fatigados por el detenido examen— el guerrero indio sigue al espíritu de su esposa hasta la tierra de los muertos. Estoy seguro de que esto es imposible. Arrodillada delante del sepulcro. María sintió como arqueóloga el deseo de excavar. porque él está enterrado aquí fuera. —Estoy seguro de que esto es una «C». excavando la tumba. él tuvo un papel destacado en la colonización de Hatuquitit. tal vez el indio mató a Charles Slocum en la isla. Varias tumbas databan de más o menos. depositando el cuerpo sobre pieles. La fecha estaba borrosa. y si esto otro no es una «S». ¿Y si ella tuviese razón? Sabiéndose obligado a trasladar las tumbas indias de cualquier forma. y cubriéndolo todo con tierra. un lugar que él pudiera visitar sin la intromisión de la tribu. Honeyman y Fowler. María caminó por el musgoso sendero leyendo nombres y fechas. —Si eso es cierto. —No. Las letras grabadas de muchas losas estaban casi borradas. un sitio permanente.El reverendo Hawkes continuó escrutando la superficie de oro a través de la lupa. incluido su anillo de sello. Leyó los nombres Brown. tal vez su marido los siguiera y así fuese como nació la leyenda.. Si eso es algo más que un mito y Charles Slocum enterrara a su amante en Lookout. no más gruesa que una guía telefónica. María se lo imaginó transportando el cuerpo a las islas Hechizadas. —Dicho esto se dirigió hacia la puerta y María le siguió hasta el umbroso cementerio a lo largo de la pared norte de la iglesia. —Una de las primeras cosas que me dijeron cuando llegué a esta iglesia fue que Charles Slocum está enterrado en nuestro camposanto. en el patio de nuestra iglesia.. —Charles Slocum está enterrado aquí —dijo el reverendo Hawkes deteniéndose ante un lápida baja. es una «F». y quizás haya allí otra tumba. pero sólo la «S» y la « » en Slocum. María se agachó y distinguió varias letras en el nombres Charles.. Slocum habría querido enterrar a la mujer amada en un lugar definitivo de descanso. Eso nos enorgullece.

El sol. Jamey —contestó María con cierta opresión en el pecho. Al oír que alguien atravesaba la verja. El rostro de Alicia se descompuso. —Exacto. —Hola —dijo María. Alicia no deseaba el fin de su matrimonio. Permanecieron una frente a otra durante varios segundos interminables hasta que el reverendo Hawkes tocó el hombro de María. Y adivinó al instante que. Cuando vio a María se quedó boquiabierto. La que me enseñaste la última vez. los ojos perdieron toda expresión. Estaba convencida de que si excavaba encontraría la punta de flecha pero no el anillo. —Hola —dijo. La mujer se quedó inmóvil. —dijo Jamey encantado. Jonathan —dijo Alicia. levantaron la vista. —¿Quieres que guarde esta sortija en una bolsa de plástico? ~264~ . que le matara el marido de su amante. —¿Te refieres a Sydney Starr? Está aquí —dijo el reverendo. tío Jonathan ? —preguntó—. El registro de la parroquia dice que Charles Slocum murió de fiebre. La mujer dirigió una mirada curiosa a María—. —Hola —dijo Alicia. Jamey aún no había advertido la presencia de María. Fue buscando algo de tumba en tumba. —Ésta es la tumba más antigua. —Hola. —Hola. luego sonrió. Jamey ha querido traerte nuestros primeros tomates. —¿ Dónde está la más antigua.flecha en su esternón y un anillo de sello en uno de los huesos de sus dedos. iluminó su pelo plateado. ¿No nos vimos en casa de Olivia Jenkins? —Ella es la amiga de papá —dijo muy satisfecho Jamey. con los brazos pegados a los costados.. —¡Ah! ¿Os conocéis? —dijo Alicia adelantándose para ser presentada—. —Es una idea romántica ¿verdad? —dijo el reverendo Hawkes—. filtrándose por entre las hojas. Alicia y Jamey Murdoch entraron en el cementerio con un cesto de tomates. Su tío cogió la cesta de tomates. —Por ejemplo. pero «fiebre» tal vez fuera un eufemismo para denotar algo menos decoroso. Y levantó la vista para asegurarse de que todo el mundo le prestaba atención.. por mucho que dijera Duncan.

se abanicaba y de vez en cuando echaba miradas a la entrada principal. Se dirigieron hacia la rectoría. —Simón y Flo se retrasan —dijo—.. —Vale. golpeaban ligeramente el suelo al andar.. esperando a que los niños salieran. tal como acordaran por teléfono la semana anterior. «y ya conoces a Hallie». Gwen había aparcado a la sombra de un arce. mirando al frente. Una ola de calor había enturbiado la claridad transparente de la semana anterior. María pensó que Gwen debería de estar pasando mucho calor.—Me parece una buena idea —dijo agradecida María. —Tu teoría es fascinante —dijo él—. Entraré —dijo Gwen con tono forzado para implicar que estaba accediendo bajo coacción.. —Siento lo. Un modelo muy popular en Milán. Aldo las habría llamado «zapatos jódeme». Gwen miró descaradamente a su alrededor. y no por el cementerio en donde estaba enterrado Charles Slocum y donde la mujer y el hijo de Duncan esperaban a que saliera el reverendo y les dijese que ella se había marchado. Procuraré averiguar algo más. en el asiento del conductor. —Con otra persona cualquier habría añadido. María se sentía nerviosa y no la ayudó a serenarse el hecho de que Hallie se retrasara en volver con los niños del Mystic Sea-port. Pero el reverendo Hawkes la interrumpió alzando una mano. Celebro que me hayas traído el anillo. Mientras la observaba desde la sala. las sandalias. Una vez dentro. Al apearse del coche. Las uñas de los pies y manos estaban pintadas de un tono frío entre salmón y rosa. pero prefirió no hacer este comentario a Gwen. Se sentó en una mecedora Boston ~265~ . Tenía las cuatro ventanillas abiertas. dejando fuera a Alicia y Jamey. Se sintió enrojecer. Y salió del despacho por una puerta interior que la llevaría a través de la iglesia. observó el panorama y luego le volvió la espalda. pero Gwen se había presentado en el camino de entrada a las cinco en punto. —Pensé que habíamos quedado a las cinco en punto —dijo. ¿Quieres entrar y esperarles dentro? Gwen miró dubitativa su reloj. abiertas y sin correas. Quiso trabajar con su hipótesis. Al cabo de diez minutos.. —Así es —dijo María—. María pudo ver que llevaba bañador de dos piezas y una guayabera de encaje blanco hasta el muslo. Gwen estaba sentada allí. —empezó a decir María. María no supo si él quería significar que la cuestión no tenía importancia o que no quería hablar de ella. Tal vez quieras dar una charla sobre el tema ante nuestra asociación histórica. María salió. —Me encantaría —dijo María—. revisar otra vez las pruebas. Pero mi madre los llevó al Mystic.

llena de interrogantes—.. —Sé que ellos lo pasan bien con vosotros —dijo María.. dulce y enormemente refinada. sin dejar entrever demasiado sus sentimientos. Gwen se le adelantó. —Estoy preocupada por ellos. Pensé que era una chica perfecta para él. el choque emocional. María se puso rígida. «¡Cásate con esa mujer!». Aquella chica conocía las necesidades de los hombres. —Los dos están visitando a una doctora —dijo María. me basta con pensar en Simón y Flo. Temí que no supiera mantener una ~266~ . Era «Sophie. Sophie» todo el tiempo. Realmente la adoraba. eso había estado claro desde el principio. Pero la cosa no funcionó. Sophie. muy tímida. —¿Cómo os va a ti y a Ed? —preguntó con tono suave. Me ha costado lo mío habituarme a los veraneantes. También el hecho de que fuera de aquí y no hubiese estado en la universidad. sintió un arrebato de compasión. ¿No te importa que fume? María le entregó un pequeño cenicero de bronce.dando frente al interior de la habitación. Ni lo más mínimo.. cuando iba a contestar. y unas ojeras oscuras hábilmente disimuladas con el maquillaje. que a veces olvidaba lo que Gwen habría soportado. Gordon adoraba a tu hermana. —Vamos tirando —dijo. Era bonita y nada pretenciosa. Fue a un colegio de perfeccionamiento en Virginia. Yo solía decirle a Ed: «¡Si oigo una vez más ese nombre voy a estallar!» Gordon había tenido en la universidad una amiga encantadora.. Estamos impacientes por ver a nuestros nietos. Gwen lo examinó atentamente y luego dejó caer en él la cerilla. obtuvo la licenciatura en Bryn Mawr. —No. pero la única vez que nos visitó en Slocum nos sorprendió a todos haciéndonos una comida maravillosa de cuatro platos. Gwen se encogió de hombros.. —Tú siempre has sido una de esas personas solitarias —dijo Gwen—. Ahora. Siguió un silencio tenso—. —Lo más vergonzoso de todo es que ellos formaban una hermosa familia —dijo Gwen con voz suave. le solía decir a Gordon. Cuando él conoció a tu hermana. —¿No está muy solitario esto en invierno? —preguntó. Yo estaba loca por ella. Ella comulgaba tanto con la opinión de Sophie sobre Gwen. sentada a solas con Gwen en la sala.. A mí me gusta —dijo María—. María percibió un ligero temblor en la mano de Gwen.! Cuando siento deseos de compadecerme. —Nunca olvidaré el día en que se conocieron. ¡Lo que deben haber pasado.. yo tuve mis reservas..

cualquier cosa. fíjate. Él le dio todo. Gwen hizo un ademán evasivo. —Gwen movió la cabeza y apagó el cigarrillo—. Ed se burlaba de él preguntándole si era capaz de empezar una frase con unas palabras que no fueran «mi esposa». jugador profesional de golf. lo hice.conversación con él y que se fueran distanciando uno de otro. pensó María. Por ese orden. —Ésa es Sophie —convino María. Gordon la puso en un pedestal. —¿Hiciste eso? —preguntó María. pero quiso que Gwen terminara.. Ella había esperado que Gwen dijera «yo lo sabía todo el tiempo.. tuve que darle la razón. sorprendida de que Gwen hiciera semejante concesión. Yo le eduqué para advertir tres cosas en una mujer: inteligencia. Nunca vi un aprendizaje tan rápido.. con esas esperanzas — dijo. Así se llamaba la otra. —Debió de resultar difícil vivir de acuerdo con. En lugar de eso. Esa piel de porcelana por la que se matan tantas mujeres. devoción y belleza. Era exquisita. hablando de Sophie. —Gordon abusó de ella —dijo María con tono sereno pero dispuesta a ~267~ . —Bueno.. pero. Sabía que esa chica era mala para él».. que Sophie le defraudó. Además era muy inventiva en la cocina. —Éso parece —dijo Gwen dando un resoplido—. Pelo grasiento. Y ella se dejó llevar por la molicie. —Sí. El hecho es —prosiguió acalorada—. Tal vez su devoción fuera selectiva pero tan pronto como seleccionaba a alguien era persistente.. Podría haber sido candidato a la Presidencia. contrató a una diosa. Podría haber hecho cualquier cosa por su esposa.... antes de que engordara. Éso parece. Parecía la mujer gorda del circo. ¿no te parece un poco extraño que ella encontrara tantas dificultades en ser adorada? —Yo preferiría ser amada que adorada —dijo María.. Me dijo que era lista como el hambre. ¿No te resulta extraño? Quiero decir. Ella era encantadora. —Le enseñé todas las comidas favoritas de Gordon. eran innegables. —Gwen se interrumpió melancólica. que sabía cocinar como un «chef» y que ensombrecía a Shelley. Pero Gordon estaba loco por ella. Se ufanaba de ella sin cesar. No he visto jamás nada semejante.. Y durante unos segundos miró ceñuda hacia el vacío—. Y. administró el próspero negocio de su padre para mantener a su esposa y a sus hijos. Gordon se encandilaba cuando la veía. Su inteligencia y su belleza. esa maravillosa figura. Podía preparar una comida con sobras y te creías que estabas celebrando un banquete. ese pelo delicioso. Él no se casó con una mujer... es igual —dijo. ropa vieja.. María se sintió desleal. y ella captó las recetas como si nada. Gordon la idolatraba. sé que eres su hermana.

—¿Os habéis divertido en el puerto? —preguntó María. El rostro de Gwen se puso blanco. —Por un momento María pensó que iba a golpear a Gwen. —¡Lo cual no te impidió encerrar a Gordon en el sótano con un collar de perro alrededor del cuello! —gritó María. ¡Menuda indumentaria! María había caminado hasta donde estaban ellos. Julián y los niños acababan de entrar en el camino al mismo tiempo que Duncan. nos lo pasamos estupendamente —dijo Hallie—. Hallie. Gordon se lo contó todo a Sophie. —¿Dices que Gordon abusó de ella? —preguntó Gwen con el aplomo de una cantante de cabaret. —Sí. Simón estaba encandilado. Pensó que si hablaba fuera con Hallie y Julián se evitaría tener que invitarles a pasar. haciendo profundas inspiraciones. Se moría de ganas por preguntar a Hallie si había sospechado que Sophie había tenido un tercer embarazo.. incrédula a María. Oyó que Hallie charlaba con él. haced lo que os plazca. y no le importó que Simón y Flo lo vieran.explotar. ¿Quieres saber cómo le transformó eso? Él hizo daño a mi hermana. y miró hacia otro lado por no ver la expresión de Hallie cuando los niños corrieron para abrazar a Gwen.. No estaba de humor para aguantar a su madre. María oyó algunos portazos. Pero ésta saltó de su butaca. lo enriquece —estaba diciendo. La torturó. —Sabes muy bien de qué estoy hablando. —No voy a permanecer aquí para escuchar toda esa basura —dijo Gwen volando hacia la puerta. La envió al hospital. La mujer miró boquiabierta. Duncan se habría figurado que los niños ya estarían lejos a estas horas. Y si quieres hablar de gente enfermiza. María observó que Gwen interrumpía a todo el mundo para reclamar a sus nietos. pero prefirió que Hallie se fuera. —Sí.. —Tú y tu familia me ponéis enferma. Le arrebató toda su confianza en sí misma —dijo María dando rienda suelta a su cólera. ~268~ . María miró su reloj: las seis menos cuarto. ellos no habían subido nunca a bordo de un ballenero.. —¿De qué estás hablando? —preguntó temblorosa. Imagínate. y si queréis inventar mentiras para disimular lo que hizo tu enfermiza hermana. Todos vosotros os creéis mejor que cualquiera. Yo estoy por encima de eso. —¡Vaya! Va preparada para la playa —dijo Hallie cuando Gwen y los pequeños se hubieron marchado—. —Y creo que este mástil con bandera blanca que has puesto en el astillero.

el corazón aún le latía descompasado de tanto gritar a Gwen. ¿De qué me estás hablando? —Estoy segura de que ella considera escandaloso que las reclusas presenten un espectáculo de variedades —dijo Hallie exteriorizando su desdén por Gwen. Supongo que se llevaría las manos a la cabeza por lo del espectáculo de la cárcel. —Dime una cosa —dijo Hallie volviéndose hacia María y bajando la voz—. Ballenas y tortugas. —Cuando yo era una niña pequeña. ¿cómo sigue tu madre? —Muy bien. Creo que eres tú quien lo considera un escándalo. —Me lo imagino —dijo Hallie—. —¿Una ballena en el Long Island Sound? —preguntó dubitativo Julián. —No lo expresó exactamente de ese modo. el Sound estaba lleno de ballenas — dijo Hallie—. delante de su tío. —Ni siquiera lo mencionó —dijo María desconcertada—. Intentó calmarse. ¿no se llaman así? —Creo que la palabra correcta es «manadas» —dijo Duncan.Ahora quiere ser capitán de ballenero cuando sea mayor. —Es bueno para Sophie —dijo Hallie—. María se tendió en el sofá con la cabeza recostada en el regazo de él y mirando el techo. querido. Me dijo lo humillante que había sido. —¿ Es que no sabía nada acerca de mí ? ¿Ni siquiera que te ves con ~269~ . Por cierto. gracias. —No dijo ni una palabra al respecto. —Bueno. Lo apoyo por completo.. —Me ha llamado Alicia —dijo Duncan. él no dijo eso —objetó Julián chascando la lengua—. —Gracias. Rebaños enteros.Si mal no recuerdo fuiste tú la que dijiste que él podría ser un magnífico capitán de ballenero. con Jamey sabiendo todo sobre ti antes que ella. María sonrió al observar que Julián tenía la valentía de reprochar a Hallie su versión de la verdad. ¿Dijo algo Gwen sobre Sophie? —Muchas cosas. —La semana pasada Jim avistó una ballena cuando volvía de la partida de pesca en el Race —dijo Duncan. Cuando se quedó a solas con Duncan.. —¿Te dijo que nos vimos? —preguntó María incorporándose.

Si todo ha terminado entre vosotros y te has marchado de tu casa. como hubiera podido tenerlas con cualquier otra. Al principio la cosa resultaba soportable. Ella no me deseaba. Y eso no es lo que me has estado contando. y yo no la deseaba. ¿Y eso es lo que tú quieres? —Cuando ella me hizo la propuesta. Me pareció incluso repugnante el tener relaciones sexuales con mi esposa. yo me calentaba las sobras y comía en la cocina mientras ella jugaba con el niño o hablaba por teléfono. Hemos estado casados muchos años. Yo tenía el astillero. yo le pregunté qué habíamos estado haciendo. Nuestros horarios eran diferentes.alguien? —No. Yo volvía tarde a casa. —¿Lo arreglarías si pudieses? ¿Volverías atrás esos cinco años para hacerlo mejor esta vez? Duncan cogió la mano de María. —¿Aún os queríais? —No lo recuerdo. —La cosa no es tan sencilla. Se sintió engañada por Duncan. —Yo no podría hacer eso. durante los últimos cinco años. María.. eso era todo. y ella cedía. —Tengo la impresión de que ella quiere seguir casada contigo. —La separación resulta más dura para ella que para mí. A veces. Ni siquiera recuerdo cómo empezó. la sostuvo cariñoso y la colocó sobre su rodilla. Compartíamos una casa. —¿De veras? —preguntó María llena de sobresalto—. yo quería hacer el amor. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que no tenía nada que hacer con Alicia. El que yo no quiera estar casado con ella. Esta respuesta la enfureció. —Dime una cosa. De improviso observé que no nos prestábamos ninguna atención. Se ha quedado sola en la casa donde vivimos juntos. no significa que no me preocupe por sus sentimientos. Por eso han ido mal las cosas entre nosotros. y ella tenía a Jamey. Porque nos hemos conocido. Ella me ha estado telefoneando para preguntarme si no podríamos intentar arreglarlo. ¿por qué ha de preocuparte que ella sepa que estás viéndote con alguien? Duncan apretó los labios y adoptó una actitud defensiva.. Apenas nos tocábamos. Ella había comido con Jamey. pero desde luego no fue por mucho tiempo. con todos nuestros muebles y toda la mierda que le hacen recordar los tiempos en que éramos felices. ~270~ . Tenemos un hijo. a su juicio. ella estaba agotada.

Recordó el anillo de oro. ~271~ .—Pero dejando eso aparte —insistió María recordando el desconsuelo de Alicia—. como yo echo de menos ciertas cosas de mi vida allí. en su hombro y recorrió con el pulgar su encallecido índice. Ella echa de menos mi presencia. —Pero hoy he visto su cara —dijo María—. no puedo imaginármela con otro hombre. en la casa del desembarcadero de Squaw. Para ella no debe de haber sido fácil el descubrir que yo tengo una amiga. contó a Duncan la historia de una mujer india que había sido asesinada por amar a un inglés. Te lo prometo. ¿lo harías? —No puedo dejarlo aparte —dijo Duncan—. María descansó la cabeza. y me es imposible fingir que no estoy enamorado de ti. Y allí. —No —dijo Duncan—. ¿Cómo te sentirías tú si vieras a Aldo con otra mujer? Esta alusión revolvió el estómago de María. —Comprendo lo que quieres decir —murmuró. Me es imposible fingir que los últimos cinco años no han existido. si pudieses volver a lo que tenías cuando estabas enamorado de Alicia. Sigue enamorada de ti. —Saldremos airosos de esto —dijo Duncan—. No puede ser. y que éste la había enterrado con su anillo de oro en una isla. A decir verdad. pero ella sabía que ya no quería estar casada con Aldo.

Pero comprendió el recelo de Simón. Ésta le miró. Littlefield Prisión de Hatuquitit Hatuquitit. ¿qué te hace pensar que leerá mi carta? —Sé que lo hará. —Ya os dije anoche que Duncan y Jamey se pasarán por aquí. —Aborrezco este aire acondicionado —dijo Sophie—. —Y yo me alegro de verte a ti —dijo María—. La noche anterior le había dicho que se proponía visitar a Sophie. —Su sonrisa se esfumó—. Cuando pareció convencido de que la niña estaba verdaderamente absorta. —Hoy tenía cosas difíciles para discutir con Sophie..CAPÍTULO XXXV —¿Adonde vas? —preguntó Simón a María. ¿Os parece bien? —Me gustan. entregó un sobre a María. Simón.. pero empezó charlando de nimiedades. Simón pareció calcular hasta qué punto Flo se interesaba por la contrapuerta y la llegada inminente de los Murdoch. Esto es muy agradable y refrescante. Connecticut —¿Has escrito una carta a tu madre? —preguntó María. Sophie entró sonriente en la sala de visitas. Simón asintió y levantó la vista pero no sostuvo la mirada de María. Pero ¿qué te pasa? —¿Crees que ella la leerá? —Claro que sí. Fuera hace mucho calor. sorprendida de su pregunta. Ésta leyó las señas: Señora Sophie D. eso es todo —dijo María. Sólo pienso en salir de aquí. ~272~ . —Celebro verte. —¿Y quién cuidará de nosotros? —preguntó Flo. Éste será el primer verano que no iré a la playa de Hatuquitit. —Es una idea estupenda. Son simpáticos —dijo Flo—. ¿Por qué crees que no iba a hacerlo? —Si ella no quiere verme. Me seca la nariz. Y se encaminó despacio hacia la puerta principal en donde se apostó para esperar la llegada de los Murdoch mientras pasaba los dedos por la fina malla de la contrapuerta. —A ver a tu madre.

se me propondrá para la libertad bajo fianza dentro de seis años. Supongo que sabes de qué estoy hablando. ¿Por qué has de aceptar un plan tan adverso como ése? —Hay cierta cuestión sobre el arma —dijo Sophie—. y la «Deep Blue IV» lo atravesaba despidiendo humo. Dios mío! —exclamó Sophie. Hizo una inspiración profunda. doce años. se sentía como una fisgona. —¿Seis años? —preguntó María calculando las edades de Simón y Flo para entonces. las lágrimas le corrieron por las mejillas. Alisó el sobre y se lo puso ante los ojos. y Simón dieciséis—. lo siento —dijo María palpándose los bolsillos. La puso sobre la mesa. Además espera que no esté demasiado preocupada por él ni por Flo. —¡Oh. Eso es todo lo que me dice. no están convencidos de que sea la de Gordon. —No. —Esto desencadenó una nueva ~273~ . —¿Stamford? —preguntó María. Aunque Sophie leyera sin la menor expresión. —Necesito verlos —dijo. Sophie sorbió unas cuantas veces.Según María. Y Sophie asintió. Sus ojos estaban enrojecidos y cansados. —¿Tienes un «Kleenex»? —le preguntó Sophie cuando hubo terminado de leer la carta. Flo tendría el doble de edad. María cogió con una mano la de Sophie. —¿Te ha escrito para eso? —preguntó María—. que va a pescar con Peter y Duncan y que las meriendas contigo son estupendas. Sólo me dice que está pasando un verano estupendo. ¿Para pedirte que les dejes venir a verte? —No —dijo Sophie—. —Y pasarán años antes de que pueda volver allí —dijo Sophie. —Según Steve. para quien era el primer verano en nueve años que iba a la playa de Hatuquitit. En primer lugar. con la boca entreabierta. —Eso no lo sabes. Miró a través de la arboleda hacia la bahía de Hatuquitit. María hubo de apartar la vista. María empujó su silla lejos de la mesa. frente a la ventana enrejada. De vez en cuando miraba a Sophie. como si el sobre contuviese al propio Simón y ella quisiera captar su olor. el fiscal ha propuesto un plan. y con la otra buscó en el bolsillo la carta de Simón. para respetar la intimidad de Sophie. estas palabras pusieron la situación de Sophie bajo una perspectiva verdaderamente desoladora. Si me declaro culpable de homicidio. o sea. Se había abierto el puente de la vía férrea.

—La otra noche estuvimos contando historias de fantasmas —dijo María sin variar de tono—.avalancha de lágrimas. —Yo no sabía que hubieras tenido otro bebé —dijo. con seis años ineludibles por delante. y que pensaba decírtelo a ti. —No sé —murmuró Sophie. No es que no lo merezca. Sophie apoyó la frente sobre la superficie de la fórmica y siguió llorando. ¡Que no me preocupe por ellos! —¿Quieres verlos? —preguntó María. Después de largos sorbetones. —¿Sabes de lo que estaba hablando Flo? —preguntó María sobre ascuas. María se quedó muy quieta observando que el rostro de su hermana se contraía de angustia. Sophie levantó la vista. Pero entonces su expresión cambió—. Sophie permaneció callada y María imaginó lo que estaría pensando. María observó que Sophie fruncía el ceño y tamborileaba con los dedos. como si estuviera sentada al lado de una amiga en el funeral de la única persona a la que ésta hubiese amado en su vida.— Ésa sí que es buena —dijo—. —Y ahora lo harás —le apremió María. Por eso no quería que sus hijos la fueran a ver. Simón se enfadó mucho y dijo que ella no tenía derecho a contar eso. Al cabo de un rato preguntó: —¿Es eso todo lo que Simón escribe en la carta? —Más o menos. —Eso es sólo una posibilidad —dijo María con ficticio optimismo. ~274~ . con la cabeza entre las manos. —Siempre he querido verlos. Flo contó una sobre un bebé muerto. dentro de pocas semanas u otro mes. ¿Por qué? ¿Acaso ha sucedido algo? —preguntó Sophie con expectación. su necesidad de verlos posiblemente había subido a la superficie. La sangre inundó el rostro pálido de Sophie. María se sintió desvalida. Pero ahora. María. —Estaba hablando de mi bebé —dijo Sophie. —Él no lo menciona en la carta. —Seis años —dijo otra vez Sophie sacudiendo la cabeza. Quizá esperaba un pronto excarcelamiento. Prefería soportar su ausencia y ahorrarse que la vieran en la cárcel.

Yo me enfadé con los niños. Se dio cuenta de que el sabor acre que le llenaba la boca. En cierta ocasión. y lo avergonzada que se había sentido. —¿El hotel junto al río? —preguntó María. decidimos llevar a los niños a una excursión. la nariz y los pulmones como el éter. que el compartir solos las cosas hasta el último minuto era algo sagrado para nuestra familia. ¿Recuerdas aquella vez. —¿Estuvisteis allí? —No salimos de casa —dijo Sophie—. —¡Oh. cuando las hojas de los árboles se ponen brillantes. Debieron de creer que estaba ganando peso. que miraba a un ancho río verdoso cuyas aguas reflejaban el rojo. ¿Qué dijo el doctor Salter? —El doctor Salter no se enteró nunca —dijo Sophie—.—Nadie supo que yo estaba embarazada —dijo Sophie—. —¿Cuándo fue. Sophie! —exclamó anonadada María—. María no había pensado en aquello desde hacía años. Un fin de semana. Hallie y Malcolm los habían llevado a través de Berkshires para ver las hojas otoñales y se habían alojado en un hermoso hotel blanco. —¿Cómo es que nadie de la familia se enteró? —Yo me había ido engordando —dijo Sophie—. con altas columnas. era cierto —confirmó. y Gordon y yo tuvimos una pelea. cuando decidiste alquilar la casa del desembarcadero de la Squaw? Entonces te dije que había tenido un aborto. El propio Gordon asistió al parto. Lo mismo ocurrió con Simón y Flo. —¿Qué ocurrió? —Gordon me empujó contra una pared y empecé a sentir los dolores del parto. Recordó cuánto se había enfadado con Sophie después de que Gordon le dijera que no sabía de qué estaba hablando. ¿Así que era cierto? — Aquel día pensó que Sophie no podía mentir sobre una cosa así. Sophie? —El otoño pasado. —¿A los seis meses? —preguntó María. Gordon lo quiso así. —Sólo lo tuve seis meses —dijo Sophie—. era una consecuencia del horror—. —¿Llegó a nacer el bebé? —preguntó María. —Sí. Dijo que deberíamos mantenerlo en secreto. No comprendió cómo era posible que se hubiese podido engañar a toda la familia. La pequeña habría nacido hacia Navidad. ~275~ . el amarillo y el naranja de los arces. Reservamos habitaciones en ese lugar de la ruta de Mohawk.

así fue.. La niña nació viva. —Fue tan doloroso como cuando tuve a Simón y Flo. y fuimos todos juntos a lo largo del Bell Stream. Luego se quedó otra vez como abstraída. ¿lo lamentó? —No lo sé —dijo Sophie con voz inexpresiva—. Pero sobre todo recordó lo que Sophie le había dicho varios meses atrás sobre el aborto: que le había dolido tanto como un parto. Él me dejó escoger el lugar en donde enterrarla.. —¿Nació viva? —repitió María. —Sophie hizo una pausa —. —¿ Y cómo es que el doctor no os hizo sepultarla en un cementerio? — preguntó María—. —¿La enterrasteis cerca del arroyo? ~276~ . Sentí llegar al bebé y sólo quise morir. —¿Está ahora allí la niña? —preguntó María. que sentí los dolores del parto y que tuve un bebé.—¡No. —Entonces. Sólo lloró. María. Sophie asintió. La bautizamos en el Bell Stream y excavamos un hoyo para darle sepultura. Pareció abandonar la cárcel y remontarse a diez meses atrás. ¡Qué diminuta era! Es inconcebible. Sobre nuestra cama. Al día siguiente dijimos a los niños que habíamos perdido el bebé. Quiero decir que di a luz. —Sophie. —Gordon la puso sobre mi estómago y la criatura se quedó allí hasta que dejó de respirar. —Sí. Apenas parecía un bebé. Lo supe durante todo el tiempo. María se hizo preguntas sobre el dolor. Me curé por mi cuenta. Lanzó una mirada larga y directa a María. Pero lo peor de todo fue saber que lo perdería. Y lloró. Nunca se lo dijimos. —¿Por qué no telefoneaste a alguien? ¿Por qué no telefoneaste a Peter o a la policía? Sophie pareció volver a la realidad. Sophie! —exclamó María. —Sucedió en nuestro dormitorio —dijo Sophie con una voz como una sonámbula—. Le temblaban las manos. ¿No lo dispone así la ley? —El doctor no se enteró de que yo estaba embarazada. Al observar a su hermana. sobre el hecho de que Sophie lo hubiese permitido.. asistiendo al parto y conduciendo a la familia en una procesión fúnebre hacia el arroyo. María se dio cuenta de que Sophie estaba volviendo a vivir toda la odisea. Luego la cogió y la envolvió en los paños de cristianar de Flo. sobre lo que Gordon sabía de partos. Se imaginó toda la escena: Gordon empujando a Sophie contra la pared. no..

se revolvió en su asiento. —Vale —dijo—. Incluso Hallie es una buena madre comparada conmigo. La odio. Había matas de lirios color naranja en plena floración. Por primera vez desde la noche del asesinato de Gordon. Sophie se respaldó contra la puerta. Las malas hierbas habían invadido el césped y el jardín. la bicicleta roja Sting Ray de Simón apoyada contra el garaje. Tráelos. —Escucha. Durante varios minutos María estuvo sentada en el coche observando esos detalles y algunos más: dos paños de cocina colgados del tendedero. pero recordó la punzada ~277~ . una cinta de plástico de color naranja que había bloqueado el camino de entrada y que ahora estaba en el suelo. Más que apearse. La pusimos allí para señalar la tumba. sin Aldo. pero o no lo había habido nunca o la lluvia lo había borrado. María se quedó sentada un buen rato ante la mesa hasta que una celadora le dio un toque en el hombro y le dijo que era hora de marcharse. una ventana entreabierta de la sala. Se levantó sin cruzar la mirada con María y caminó hacia la puerta. ¿Por qué le consentiste que te hiciera esas cosas? Pero Sophie se quedó ensimismada. María volvió a la casa de los Littlefield. —Deja que sean ellos quienes puedan expresar sus sentimientos —dijo con aspereza María—. Aún había señales de la investigación policial: una nota adherida a la puerta. El día en que ella había recibido la carta de Hallie notificándole que Sophie y Gordon habían comprado esta propiedad. Londres era el que le causaba menos añoranza.—Bajo la pequeña estatua de un ángel —dijo Sophie—. una bolsa vacía de MacDo-nald's. saltó del coche. María se sintió como si se hubiese adentrado un paso en el mundo de los Littlefield. ¿Querrás ver a Simón y Flo? ¿Les permitirás que te visiten? —¿De verdad crees que eso les ayudará? —respondió Sophie volviéndose hacia ella—. dando una serie de conferencias en el British Museum. —¿Por qué permitiste que sucediera eso? —preguntó deseando liberarse —. Había pasado el verano en Londres. Y fíjate cuáles son mis sentimientos hacia Hallie. te lo juro. María había sentido envidia. Al menos haz eso por ellos. meditando la sugerencia de María. Se sintió cubierta con una tela de araña. imagínate lo que sentirán mis hijos por mí. De todos los lugares en donde había vivido. Sophie —le llamó María—. Sin desperdiciar otra mirada en la casa se encaminó a través de la hierba alta hacia el Bell Stream. —Luego abandonó la sala. María buscó el contorno blanco marcando el cuerpo de Gordon. Y si la odio.

María —dijo Aldo. Margaritas. Desde niña. Se vendería la finca y se depositarían los fondos en fideicomiso para Simón y Flo. —Al menos Sophie tendrá casa propia —dijo María—.lacerante que había sentido al pensar que Sophie se había instalado en el Bell Stream. pero ahora. —¡Oh! ¿Por qué no dices «polvo eres y en polvo te convertirás»? — preguntó María exasperada.. unas señas que ella pudiera grabar en el papel de carta. Ella quería tener su propia casa o apartamento. No le costó mucho imaginar que ningún familiar suyo volvería a vivir allí de nuevo. heléchos y cardos crecían entre la hierba amarillenta. Me extraña que precisamente tú no percibas la futilidad de la propiedad. mientras caminaba por la propiedad desierta de los Littlefield. Cuando Aldo llegó para el fin de semana desde Edimburgo. Tendrá tierra propia. El viento. Vale. ¡Pobre Gordon! —¿Qué tiene eso de malo? —preguntó María—. que parecía realmente decepcionado—. Sophie adora el Bell Stream. Clavó la mirada en el suelo por si aparecía alguna. te compras tu pequeña parcela ¿y durante cuánto tiempo te ocupas? ¿Veinte años? ¿Cincuenta? Piensa en los centenares de personas que ocuparán ese terreno antes del fin del mundo. ella le contó esa historia. María le aseguró que no le importaba el dónde siempre y cuando fuera permanente. Él reaccionó con ironía: —¿Vivirá Sophie cerca de tu madre? —preguntó incrédulo—. —¡Pero está muy cerca de tu casa! —dijo Aldo. había tenido que desechar kilos de papel de carta porque las señas impresas habían perdido vigencia. cuando Peter y Sophie capturaron una serpiente y la soltaron en su habitación. De repente creyó oír una voz y levantó la vista. María había sentido temor a las serpientes. Se mantuvo en el sendero: aunque no estuviese limpio. el hecho de que se hubiera cometido un asesinato en aquella propiedad acrecentaría su valor. Recuerda Roma. —Me sorprendes. abanicando las ~278~ . donde había estado dando conferencias. un jardín o una terraza en donde pudiera cultivar flores y verduras. Ahora María dejó el césped y se internó en el campo que Sophie y Gordon habían dejado en estado silvestre. Ella siempre había pensado que Aldo era vulgar cuando aplicaba su nihilismo arqueológico a la cuestión inmobiliaria. Fue el apogeo de su lucha por el lugar en donde vivir. había sido hollado lo suficiente para mostrarle el camino. Se consideraría hechizada. Varios años más tarde.. sintió el pesimismo que él predicaba. A lo largo de los años.

Aunque la piedra fuera relativamente nueva. María miró a su alrededor desorientada. Tenía un ala rota y la nariz destrozada. sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Era pequeño. vio una espesura demasiado densa para atravesarla. María recordó lo orgullosa que estaba Hallie cuando le dijo que Sophie había decidido llamar Hathaway al bebé. pero ¿por qué allí? Esto no era de su propiedad. Sin duda ya habría cruzado la delimitación de la propiedad Littlefield y la de dos o tres más. María se detuvo por si veía serpientes.agujas de pino. las lágrimas le rodaron por las mejillas. y mientras lo hacía vio que alguien había grabado un nombre en la piedra: HATHAWAY DARK LITTLEFIELD. Caminó hasta él. María creyó que no había un ángel más dulce en ninguna capilla del mundo. lo descubrió con la punta del pie y luego volvió al ángel. Mientras apartaba algunas ramas del ángel. y luego empezó a buscar la tumba del bebé. Se arrodilló en el barro para rezar una oración. como el de esa madre a la que decía aborrecer. María lloró por la hija de Sophie y por el hecho de que Sophie la hubiera bautizado con el nombre de Hathaway. Pensó en el secreto que Sophie había guardado. ~279~ . vio el ángel de piedra. un poco a ella y luego retractándose con mentiras. Cuando estaba a punto de dar media vuelta y volver sobre sus pasos. así que se dirigió hacia el sur. ¿Cómo habrían podido imaginar entonces que algún día Sophie enterraría allí a su hija? Y al pensar que la pequeña criatura no lo sabría jamás ni jugaría nunca con sus hermanos. sonó como un murmullo. contando un poco a Hallie. tal vez fuera de Hallie. exteriorizándolo poco a poco cuando su peso resultó excesivo. Se hallaba al pie de una pequeña colina. Miró hacia el norte. La pequeña estatua había sido dañada. El terreno se hizo fangoso a la sombra. hacia la casa de Hallie. como ella. un poco a Nell. Se preguntó dónde terminaría la propiedad Littlefield y empezaría la de sus vecinos. Sophie le había dicho que Gordon la dejó elegir el lugar del enterramiento. Agarrada a las ramas de la maleza. Caminó mucho más lejos de lo que había esperado y sin embargo no la encontró. Recordó cuando ella y Sophie eran niñas y jugaban cada día junto a este arroyo. pero por poco. Llegó al borde del Bell Stream. apenas tenía doce pulgadas de altura. casi cubierta por la maleza. Tenía rizos de piedra y una sonrisa triste. Entonces María se dio cuenta: el corazón de piedra de Sophie se hallaba muy cerca. el musgo crecía en sus grietas.

¿te servirá de ayuda saber que me alegré de que eso sucediera? Puedo descansar pensando que el bebé está en paz. Dije a Simón que se diera prisa. Mi hija murió en los brazos de su madre. Mientras tanto yo pensé: «¡Dios mío. pidiendo a Gordon que me diera otra oportunidad. cuando ya estábamos dispuestos para la partida.. Aquella mañana.. Simón no la conocerá. pero no lo era: había roto aguas. él nunca me había hecho daño cuando estaba embarazada. Sólo deseaba echarme en la cama. Flo tampoco. Resulta extraño que alguien más lo conozca. defendiéndome. pasado el límite de la tierra de mamá. Simón empezó a alborotar. Me la imaginé pensando: ¿Cómo pudiste permitir que eso sucediera? ¿Por qué no le obligaste a llevarte al hospital? Ella no podía creerlo. Pero Gordon siguió adelante. Cuando Gordon y yo volvíamos a casa. Ella es la única persona de nuestra familia que conocerá la paz. las amenazas. la crueldad. Pocos minutos después subimos al coche y entonces tuve las contracciones. María. vuestra madre no quiere ir —dijo Gordon.. en realidad le grité. niños. —Te llevo a casa —dijo Gordon. manténlos al margen de todo esto!» Porque por entonces yo estaba sintiendo ya unos calambres muy fuertes y no quería que ellos me vieran sufrir. sencillamente. —Bueno. De improviso sentí una oleada de líquido caliente. Y Gordon y yo.. ¿Y quién podría? Escucha. Cuando se lo estaba contando me sentí como un ángel cerniéndose sobre nuestras cabezas. Les explicó que yo había aguado el viaje antes de que comenzara.. me sentí mareada y pesada.. Pero todo cuanto hizo él fue decirme que dejara en paz a Simón. Gordon me empujó con todas sus fuerzas contra la pared. —Llévame al hospital —dije. me vino a la mente cada cosa mala que él había hecho.. permítenos que puedan salir los niños. ~280~ .. Enterrado muy hondo en la margen del Bell Stream. Me toqué bajo la falda para comprobar si era sangre. como nunca lo había hecho. Le miré boquiabierta. Seguí el rastro de mi voz y de las reacciones de María.CAPÍTULO XXXVI María ya conoce lo peor. Los golpes. y sin más condujo el coche hacia la casa de Gwen.

pero por entonces ya había aprendido lo suficiente para darme cuenta de que eso no significaba que él fuera a cambiar. cuando Gordon decía «lo siento». Permanecí en la cama haciendo ejercicios respiratorios. La chaquetilla de seda blanca con ribetes negros la había llevado en un crucero a las Bermudas. Fuimos escaleras arriba y él me dejó sobre la cama. Empecé a darme cuenta de que perder el bebé sería una bendición. Me invadió una especie de neblina y perdí todo interés ~281~ . por haber convencido a Gordon de que nos alojáramos en aquel hotel donde estuve de pequeña. diría yo. Gordon me dio un sedante y me lo tomé. el escritorio de Gordon y los armarios abiertos llenos de nuestra ropa. Me secó el sudor de la frente. las contracciones se hicieron intensas y constantes. Me culpé por haber proyectado el viaje. con Gordon atendiéndome. Un alma menos a quien Gordon y yo desgraciaríamos la vida. —Lo siento —dijo. Él se había propuesto sabotear el viaje desde el principio. Entre una contracción y otra miré las cosas familiares alrededor de la habitación: nuestra fotografía de boda. Tal vez requiriera un poco menos de tiempo: las contracciones parecieron venir una tras otra con creciente rapidez.Empecé a llorar porque intuí que perdería el bebé. O tal vez sólo le estuviera enojando. luego puso la cabeza sobre mi estómago. aquello sonaba como una revelación. nuestro bureau de caoba. Cuando llegamos a casa. Me levantó las faldas y me quitó las bragas. Al principio pensé que se sentía culpable porque se daba cuenta de que yo estaba perdiendo el bebé por su culpa. Los robles y arces a lo largo de la orilla tenían unos colores tan brillantes que me pregunté por qué habíamos decidido ir hacia el norte en primer lugar. Gordon condujo con los dientes apretados. El tener a aquel bebé fue como tener a Simón y Flo. con un paño húmedo. Para distraerme me fijé en los distintos modelos y rememoré dónde los había llevado. Otras veces. No cesó de mirarme. yo estaba por encima de todo eso. el traje playero color melocotón pálido me lo había puesto todo el verano pasado porque era lo bastante holgado para disimular mi embarazo. y lloró desconsolado. diciéndome que no había llegado todavía el momento de empujar. los pantalones de franela gris los había comprado con Hallie en nuestro último viaje a Nueva York. No me preocuparon los efectos de la droga en el bebé. fotos de Simón y Flo y la escuela. Pude creer que Gordon lo sentía. una imagen de Hatuquitit en los años veinte. Lloré tanto que respiraba con dificultad y Gordon me tuvo que llevar adentro en brazos. Las cosas empezaban a mejorar. que ya había empezado a hincharse. Llegado a ese punto cesé de preocuparme por lo que pensara Gordon. Pero aquel día de octubre.

de papá y mamá. con todo lo que tenía. Ellos quisieron verla. Cuando alcanzamos el arroyo me volví hacia la izquierda. de Nell y Peter. Pero también la historia de ti y de mí. Lo único es que no sabía cómo pasar de ser una hija a ser una madre. Sophie. Gordon me preguntó cómo la llamaríamos. La historia de un muchacho y una chica que querían casarse a toda costa durante una tormenta aunque estuviesen en las orillas opuestas del arroyo. Gordon cogió una pala y formamos una procesión fúnebre a través del prado. si hubiéramos estado en el hospital. Me sentí muy fría y racional. y que probablemente seguiría así.. Las llevamos hasta el Bell Stream y las colocamos en el suelo formando un corazón. Fue un bebé perfecto. Nunca supo qué hacer con nosotros. Nadie dijo nada. como Flo. por supuesto. Un diminuto gatito sonrosado abriendo y cerrando la boca sin emitir ningún sonido. Por alguna razón intuyó que yo no quería que me tocara. ellos debieron pensar que me encaminaba hacia el trecho de arroyo de Hallie. Gordon les llevó a la habitación de los niños donde la pequeña yacía envuelta en los paños de cristianar. tocando sus minúsculos dedos. Tal vez ya supiera lo que ocurriría entre Gordon y yo. como mamá. Aquel día Gordon fue muy bueno conmigo. Luego me puse mi vestido negro. Cesé de llorar. les dijimos que habían tenido una hermanita pero que se había muerto. sólo que más pequeño. quise enterrar a mi hija cerca del corazón. —Oye. Pero no lo estábamos. eso es un gran historia de amor. Además. nuestra tierra termina aquí —dijo él.. Al día siguiente recogimos a Simón y Flo de casa de Gwen. Por fin nació la niña. —Lo sé —contesté. Siempre recordaré. La sostuve entre los brazos. cuando caminaba por la playa de Hatuquitit contigo y con Nell para coger piedras. Ella nos quería. Gordon me la puso sobre el estómago y cortó el cordón umbilical. Yo dije «Hathaway». sintiendo cómo temblaba su pecho con cada aliento. Cuando estábamos formando el ~282~ . dije: —¿Por qué me empujaste si no querías que ocurriera esto? Él siguió llorando. Mamá había llevado mal la maternidad desde el principio. Para mí. como quería a sus padres y a papá. Incluso podría haber vivido si hubiese habido una incubadora. pero no porque no nos quisiera. Él y los niños me siguieron. sin contestar. Tuve presente que aquella tierra había pertenecido a la familia Dark durante generaciones. Yo llevé el cuerpo de Hathaway y él me dejó hacerlo sola. No tuve otra elección. Y seguí caminando. Al ver sollozar a Gordon. María..por las cosas.

por todos vosotros. Por eso quise enterrar a Hathaway cerca del corazón de piedra. por Flo. me sentí enferma de amor por ella. Mientras la enterrábamos. Y. por Gordon. por Simón.corazón. pensé en nuestra familia y en lo mucho que yo quería a todos. a pesar de todo. ~283~ .

—Tengo un presentimiento —dijo Hallie alegremente. Evidentemente. ¿O el corpino blanco y la falda rosa? —Déjale llevar el «tutu» —dijo María. Ella ha de vigilar que todos se cambien a tiempo y que lleven las prendas bien puestas y abotonadas. la familia local reinante. Flo llevó su «tutu». Simón llevó sus pantalones chino. Simón. —¿Qué significa «encargada de vestuario»? —preguntó Simón muy excitado. —¿No te gusta más el vestido amarillo de los días de fiesta? —sugirió Hallie —. Todo el mundo se apretujó en el coche familiar de Peter. Bain-bridge y Milford. una camisa con rayas rojas. una corbata del Covey School y una cazadora azul. —Casi. Flo y Nell se sentaron delante. Hallie había considerado que Julián no les acompañara para que Sophie tuviera más tiempo para hablar con Simón y Flo. —¿Ya hemos llegado? —preguntó Flo por segunda vez. Dado el gran número de visitantes para el espectáculo. desde el encarcelamiento. la administración de la cárcel había previsto unas horas específicas de visita. María deseó que Duncan estuviese con ella. cariño —dijo Peter.CAPÍTULO XXXVII Simón y Flo se pusieron sus mejores ropas para visitar a Sophie. Éste. a las dos en punto. A Sophie se le había asignado la hora previa a que se alzara el telón. a Hallie no le gustó la idea de que la familia Dark irrumpiese en el auditorio de la cárcel como un espectáculo ambulante. ~284~ . Sólo falta un minuto. Toda la familia quiso dar su apoyo a Sophie. —Significa que tu madre se encarga de todos los trajes —dijo Nell—. con una entrada digna entre otras familias de reclusas de Waterbury. Pero después de pensar mucho sobre ello. Él se había ofrecido a acompañarla sabiendo lo nerviosa que estaría con aquella primera reunión entre Sophie y sus hijos. ambos decidieron que su presencia sólo serviría para acrecentar la tensión de la familia. María se imaginó a Hallie viendo a los Dark como diplomáticos de Hatuquitit. Hallie y María en los asientos traseros.

—Bueno. —¿En el escenario? —preguntó Simón. pero creo que Sophie va a cantar hoy. la doctora Middleton. —Es sólo un presentimiento —murmuró Hallie. Sophie es encargada del vestuario y nosotros deberíamos estar orgullosos de ello. —Él tiene aquí muchas clientes —dijo Nell—. —¿Y visitas a mamá cada vez que vienes? —preguntó Flo. —Tu tío viene aquí muchas veces —dijo Nell—.. —¡Menudo espectáculo va a ser éste! —dijo siniestramente Hallie llevándose una mano a la garganta. —Mamá sabe muy bien hacer vestirse a la gente —dijo Flo. A María. —¿Y es aquí donde vive mamá? —preguntó dubitativo Simón. no cada vez —contestó Peter chascando la lengua. Tras las conversaciones mantenidas entre la familia.. Es abogado. —No —dijo María dirigiendo una mirada severa a Hallie—. —Sí —dijo Simón—. centinelas uniformados de gesto adusto por todas partes. —Ya lo sabes. —No sé. Steve Grunwald y los psicólogos de la cárcel. —Claro —dijo Peter. Peter y Nell le parecieron los enorgullecidos habitantes de una pintoresca ciudad costera mostrándosela a unos amigos de Arkansas que visitaban Nueva Inglaterra por primera vez. se decidió que primero toda la familia se reuniera con Sophie en una sala de conferencias y no se dejase a ~285~ . altos muros coronados por espirales de alambre espinoso. querido —dijo Nell—. María apretó la mano de Simón y contempló el escenario ya familiar como si lo viera por primera vez. ¿Acaso no hemos pasado por delante centenares de veces? —Sí —dijo Simón. Pero el buen humor de la familia se evaporó cuando Peter detuvo el vehículo ante la verja de la cárcel y habló con el centinela. como lo verían los niños: la edificación de ladrillo rojo era tan impresionante como cualquier edificio oficial del estado de Nueva Inglaterra. Tal vez sea una ilusión. Es estupendo que sea la encargada del vestuario. Otras señoras que necesitan su ayuda. No va a cantar. —¿Podremos salir de la cárcel cuando queramos? —preguntó Flo. aunque con las ventanas enrejadas.—¿Qué presentimiento? —preguntaron a la vez Peter y Nell.

Eso es lo que pienso. leyendo una revista. sin centrar la atención en los niños y Sophie. Sophie abrió los brazos y le dio un abrazo tan apretado que María las oyó jadear. A mí tampoco. éstos la miraron alelados e inmóviles. Sophie levantó la vista. Durante unos segúndos. Demasiada arena pegajosa. ~286~ . —¡Y colillas por toda la arena! —terció Flo. —Lo siento de verdad. —¡Cuánto tiempo sin verte! —dijo. sin mirarles con curiosidad en el momento de la reunión. claro. —Hola a todo el mundo —dijo. La celadora. Simón avanzó.Simón y Flo a solas con ella hasta que todo el mundo se sintiese cómodo. Y se echaron hacia atrás cuando todo el mundo avanzó hacia Sophie para saludarla. Y medusas. Me he transformado en Annette Funicello —dijo Nell —. ¿verdad? ¿Verdad. Los Dark y los niños Littlefield caminaron silenciosos por un largo pasillo. vaciló un segundo y luego intentó arrancar a Flo de los brazos de Sophie y meterse como una cuña. Al cabo de un rato. Peter y María. Dio un abrazo especialmente fuerte a Nell. Andy no me deja salir de la playa. —¡Eh. No hay suficientes días de playa al año. Peter localizó la sala de conferencias «B» y abrió la puerta. —¡Ah! ¿No! —dijo Sophie. despacio! —le reprendió Sophie dándole un beso. Durante tres segundos su cara amenazó con descomponerse pero luego se rehizo y dejó ver una alegre sonrisa—. demasiado sol! —exclamó desaprobadora Hallie. y sobre todo. Y bichitos en la arena. Sophie estaba sentada en una butaca con las piernas cruzadas. que se había apostado junto a la puerta. Llevaba el pelo cepillado y brillante. Llegamos temprano y no nos marchamos hasta la hora de la siesta. y había encontrado un lazo amarillo en alguna parte. Llevaba el usual traje de color espliego. Simón? —Ya no me gusta la playa —dijo el niño. cambió una mirada con Peter y luego dejó sola a la familia. Además de las anguilas. Sophie se mostró radiante besando a Hallie. Primero avanzó vacilante hacia Sophie y después se lanzó como una locomotora. María sintió alivio al observar que no parecía más amenazador que cualquier corredor de la escuela de los niños. María advirtió a todos que actuaran con la mayor normalidad posible. Aunque hablara a la familia en general sólo tuvo ojos para Simón y Flo. —¡Bah. eh. —El sol es bueno —dijo Sophie buscando con la mirada a Simón y Flo—.

—¿Y qué es lo que hace? —preguntó Nell con una risita. —Es una vergüenza que vistas a otros cuando son ellos quienes deberían vestirte a ti —dijo Hallie.—¿Cómo es que te han hecho encargada de vestuario? —preguntó Simón. que se restregaban contra ella. pero así es como se ha hecho —dijo Sophie. Peter. —¿Lo estoy? ¿No te gusto? —Tienes un aspecto estupendo. Sophie no estaban tan pálida como en las anteriores visitas de María. Empezaría a hablar sobre la isla de Wight o cualquier otro sitio. mamá —dijo Flo. Peg y Támara visten un traje de camello. eso es lo que he dicho —replicó Hallie como si pretendiera desafiar a Sophie. y cuando menos lo esperáramos nos daríamos cuenta de que la visita había terminado. pero ésta no se amilanó. intentando dominar a Hallie. Le pareció una injusticia concederle un poco de tiempo contigo. —Bueno. Por cierto. —¿Una vergüenza? —preguntó Sophie con tono más bien frío. —Sí. Sus ojos relucían al mirar a sus hijos. ~287~ . —Porque soy muy elegante —dijo Sophie. ¿Y qué lleva esa gente? —Bess lleva una gorra de mago y enarbola una varita mágica. querida. —Estás flaca. Los ojos de Sophie fulguraron. ¿a qué hora empieza el espectáculo? —A las cuatro en punto para ser exactos —dijo Sophie. Julián puede dejar sordo a un mono de bronce. —Bueno. ¿qué tiene eso de malo? —exclamó Hallie fingiendo indignación —. estás bien —dijo Simón. Nell y María se echaron a reír. Y María se asombró al ver lo satisfecha que parecía. estás mejor delgada —dijo Hallie. —Es bonito que te encargues de los trajes de todo el mundo —dijo Simón ilusionado—. —Sí. tal vez sea una vergüenza. —Mamá no le dejó venir —dijo Peter—. —Sí. —¿Y dónde está Julián? —preguntó Sophie mirando a su alrededor. María saldrá disfrazada de Donny Osmond. Sophie —dijo Peter.

—¿Qué me decís de.. ya sabes cuál.. —Es estúpido decir a alguien que se rompa la pierna —dijo Simón malhumorado.. —¿Por qué dijo la abuela «rómpete una pierna»? —preguntó Simón frunciendo el ceño. ~288~ . —¿Quieres quedarte con nosotros. —Es un viejo dicho del teatro —dijo María. Dejemos que los niños estén un rato a solas con su madre. —Lo sé. —Venga.! —María echó una mirada de advertencia a Hallie.—Imita a Puppy Love.? —empezó María. Estoy segura de que serías la mejor de todas en el escenario y que casi me desmayaría de orgullo al escucharte. —¿Y tú qué cantas? —preguntó Hallie. a cámara acelerada —dijo Sophie. ya con una sonrisa un poco forzada. pero las costuras empezaban a abrirse. Peter y Nell. Quiere decir «buena suerte». conmigo y con los niños? —Claro —dijo María. —Yo deseaba que cantaras en el espectáculo —la interrumpió Hallie—. lo sé. María... Eso es todo. —¡Mamá. —Gracias —dijo Sophie. —Ya voy. ya voy —dijo Hallie inclinándose para besar en la cabeza a Sophie—. que la pasó por alto.. sin alegría. porque Sophie no parecía dispuesta a explicarlo—. pero aún me parece oírte cuando cantabas el aria de Donizetti. ¿Acaso es un crimen que una madre se enorgullezca de la voz de su hija? —Si se exceptúa el hecho de que ella no va a cantar —dijo María. todo el mundo fuera —dijo jovial Peter dando unas palmadas—.. —No la recuerdo —dijo Sophie con voz un poco temblorosa. —Te he dicho que soy encargada. —dijo Sophie palideciendo y sin poder terminar la frase. María vio que su hermana se había echado unos cuantos remiendos para afrontar la situación. He visto tu mirada aviesa. Y despidió con la mano a Hallie. Rómpete una pierna. querida. Como si se hubiese roto un hechizo. Tal vez yo sea una vieja pesada. mirando impávida al frente. los niños se apartaron de Sophie y empezaron a vagar por la habitación. el rostro de Sophie cobró vitalidad.. Sophie —dijo Hallie de pie junto a la butaca de Sophie y poniéndole una mano en la cabeza. Pero cuando María se inclinó para besarle en la mejilla. Lo sé. Le acarició el pelo con evidente afecto—.

Sophie le abofeteó. que había encontrado una tiza. pero no puedes llamar jodida a tu tía. —No lo haré —contestó con firmeza Sophie.. intentó disimularlo. Fue hacia ella. alzó la mano. —Sí —dijo Flo sin sacarse el pulgar de la boca. —Quiero irme a casa —dijo Simón.! —exclamó Sophie sin moverse. —¿Cuándo vendrás a casa? —preguntó. Se ve que vuestra tía María os cuida muy bien. —Sí lo harás —dijo Simón. le cogió la mano e intentó hacerla salir de la butaca.. —Vosotros dos tenéis muy buena pinta —dijo Sophie—. —¡Y tonto! —añadió Flo.. De repente Simón se abrió de piernas. empezó a escribir su nombre en el encerado. Y yo estaba ~289~ . —Ven aquí. mi pequeña Flossie —dijo Sophie dándose unas palmadas en la pierna. —¡Cállate. Aunque la afirmación de Flo hiciera sentir a María una felicidad absurda. ¡Estate quieto! Sabes perfectamente que ha de seguir aquí. Todo ocurrió en un instante: soltó el pelo de Flo. y la dejó caer sobre la cara de Simón. jodida! —gritó Simón. ¿verdad? —dijo Sophie. incluida Sophie. éstos estaban observando a Sophie. Simón.. —¡Simón! —dijo María con firmeza—. Sophie la había estado observando con los niños. Flo obedeció y se acomodó sobre la rodilla de Sophie para chuparse el pulgar mientras su madre le revolvía el pelo. —¡Simón. —¿Por qué no? Papá te lo llamaba. La tensión hizo que la habitación zumbara. plantó las manos en las caderas y se enfrentó con Sophie. Simón —dijo con voz temblorosa Sophie—. —Papá estuvo muy equivocado al decir esto —dijo Sophie—. y María tan sólo quería que todo marchara bien y que se hablara de la próxima visita. como si hubiese una tormenta eléctrica. Ven. Mientras fingía concentrarse. —Ven —dijo él tirando—. observó con el rabillo del ojo a Sophie y Flo. —Escucha.—Es estúpido. La mejilla de Simón se tornó blanca y luego apareció la huella rojiza de una mano. Todo el mundo se quedó sin aliento. Siento haberte dado un bofetón.

agitando la mano.muy equivocada al permitírselo. —Lo estoy intentando con todas mis fuerzas. María? —Mucho —dijo María. los párpados. Pe-ter abrió la puerta y sacó afuera a los niños. Pero quizás aún fuera peor no habernos respetado a nosotros mismos. Nosotros dos te dimos mal ejemplo. —¡Os quiero! —dijo Sophie por encima de su llanto—. —La doctora Middleton es muy inteligente —dijo Sophie—. Los dos lloraron a lágrima viva y ofrecieron resistencia. ¡Adiós! Como por ensalmo. el uno al otro. ~290~ .. Y empezó a llorar. y después yo. —Cierra la puerta —dijo. Ella os quiere.. —¿Incluso las cosas que tú y papá nos dijisteis que no contáramos? — preguntó Simón. Y sabéis lo difícil que es recuperarse. pero Sophie la hizo volver. Las circunstancias eran difíciles pero. y al verlo. e hizo un gesto a María para que se los llevara. Solíamos amarnos el uno al otro. ¿No es así. —¿Nunca? —preguntó Simón. Ahora ha llegado el momento de marcharse. —Dadme un beso —dijo Sophie. Vosotros conocéis las cosas horribles que sucedieron. Pero eso requiere mucho tiempo. —No quiero irme —dijo Flo. los hombros y los labios —. María se volvió para despedirse. Pero primero se puso enfermo papá. Luego susurró algo en el oído de Sophie. —¿Estás mejor ahora? —preguntó Flo. o quizá porque estuviera escuchando. Flo hizo lo mismo. —Antes solíamos hacerlo —dijo Sophie muy despacio. Ella os ayudará a hablar sobre todas las cosas que sucedieron. ¿verdad? Simón asintió.. —Es hora de marcharse —dijo Sophie.. las orejas. —Incluso lo del bebé muerto —dijo Sophie mirando directamente a María —. Simón se le acercó y Sophie estuvo un buen rato besándoles la nariz. —Su voz fue cálida y mucho más firme de lo que había sido durante la visita. —Incluso ésas. —Esto ha ido bien —dijo María no muy convencida—.? —dijo Flo. Puedes contarle a tía María lo que quieras —dijo Sophie—. como si prestara la máxima atención al peso de cada palabra—. —¿Incluso lo del. No hay nada que no podáis contarle.

El espectáculo está a punto de comenzar. y eso me tranquiliza. —No voy a hacerlo —dijo Sophie—. a Hathaway. —Para hacerme daño. —Mamá es una tonta de marca —dijo María preocupada ante el tono resignado de Sophie. —¡Oh. Pensé que la quería de verdad. ¡Y las actrices! Estropearás todo el espectáculo. Desde luego compré la pistola después de que él hiciera eso. —Gracias —dijo María sintiéndose realmente incómoda—. Ése es el único motivo. Piensa lo decepcionados que estarán los niños. Los niños tienen buen aspecto. entonces sí que habría un vacío en el programa.Sophie se limitó a negar con la cabeza. Estás haciendo una gran labor. pero no la usé hasta que él destrozó el ángel. Si yo tuviera que cantar y no me presentase. vamos! —dijo María—. —Estoy segura de que pensarás de otra forma cuando recapacites sobre ello. —No —dijo Sophie—. —¿Qué hizo? ~291~ . —¿Por qué? —preguntó atónita María. —Míralo de esta forma: ellas son un puñado de mujeres adultas y saben cómo vestirse. Sophie? —¿ Sabes por qué maté a Gordon ? —preguntó Sophie—. La gente debe de estar esperando a la encargada del vestuario. En primer lugar. —No es culpa suya —dijo Sophie—. Pensé que lloraba por ella. Se trató sólo de una artimaña para hacerme creer que sentía cariño por ella. Sophie apretó los labios y sacudió la cabeza. mi corazón no estuvo nunca con ese espectáculo. Rompió la lápida sepulcral de nuestra hija. ¿Qué sucede. —Será mejor que nos marchemos. Pero no fue así ni mucho menos. —Ya he recapacitado. —No pienso volver a verlos —dijo. Estoy agotada. María miró su reloj. ¿Sabes por qué disparé contra él? —Porque te hizo abortar —dijo María. Parecía exhausta. Sólo quiero volver a mi celda y tumbarme.

Le dije que no lo soportaría por más tiempo. Si aquella noche hubiese transcurrido de una forma diferente. como si me desafiara. pero aquella noche me di cuenta: yo quería distanciarme de Gordon. privándole de algo. —¿Como si te desafiara a hacer qué? —preguntó María. incluso después de haber perdido el bebé. Engordando. cuando ya no tenía necesidad de disimular nada. María imaginó el alivio que debió experimentar Sophie al encontrarse con fuerzas para pedir el divorcio a Gordon. Empecé a llorar. a la esperanza. Pero Sophie prosiguió. Yo seguía ganando peso. Sólo el tiempo suficiente para terminar de vestirme.. Pensaba que él me pediría un cambio de actitud. Pero ahora tienes un aspecto maravilloso. pensó María. Le pedí que me entregara el ángel. Cuando le pedí el divorcio. En cualquier caso. Si ella hubiera podido atenerse a eso.. Al observar la cara de su hermana... él no dijo nada.— Pero no me dijo ni una palabra. —Él no estuvo fuera mucho tiempo —dijo Sophie—. Me dije que lo hacía para llenar el lugar de ella en mi cuerpo.. desnuda y fría. Y quería seguir haciéndolo hasta estallar.. de la mujer delgada con quien se había casado. —Sus ojos parpadearon. Pero tan pronto como le dije que quería abandonarle. Incluso Simón lo ha dicho. Me hizo mirarme al espejo. me sentí esperanzada. repelente. y tenía razón. El ángel de piedra. sin contestarle: —Toda la fuerza que yo había acumulado se esfumó. Gorda. sencillamente se marchó. —Lo alzó sobre su cabeza y me miró fijamente. Sophie miró hacia el vacío. y él me ridiculizó. Pensé en la tumba del bebé.—Aquella noche. recordando aquel día. la noche en que le maté... —¿Lo había quitado de la tumba? —preguntó María. —Sí. Le dije que no sabía lo que estaba haciendo. Llevaba la lápida de Hathaway. Pensé que tal vez fuera posible perdonarle algún día. le dije que quería el divorcio. —Los dos estábamos de pie delante del espejo —continuó Sophie como si María no hubiese hablado—. Le oí subir las escaleras. Habíamos hecho el amor. Me propuse mantenerme fuerte para poder defender mi terreno contra todo lo que él dijera. Me dijo que yo parecía un espectáculo de horror. magullada y. Yo me vestí. Y me asaltó una idea terrible: ¿qué pasaría si él no pudiera encontrarla ? ~292~ . Sophie asintió. —Es extraño —dijo Sophie^—. hiciste eso —dijo María—. Sólo comía y comía.

Mientras lo hacía. Entraron corriendo en la habitación. —Gracias —dijo.. María se acercó a Sophie y la abrazó. Sigue allí. Disparé y disparé. sigue allí —dijo María. Y entonces la cabeza se me despejó y cogí el arma.. —Sí. Lo aseguré tanto como pude. tenía significación para él. Creo que había luna. Cuando le vi por primera vez con el ángel. Caminé a través de nuestro campo llevando el ángel y recordé haber llevado al bebé a lo largo del mismo sendero. no te preocupes —dijo María.Sophie se estremeció al recordarlo. pero el suelo estaba húmedo y resbaladizo. Sophie pareció quedar satisfecha. Además allí cerca estaba el corazón de piedra. bastante más que cuando enterramos al bebé. Encontré sin dificultad el lugar. por supuesto. —¿Querrás asegurarte de que la base esté bien asentada para que no se mueva? —Lo haré. No podía soportar la idea de que no hubiese allí ninguna marca. «Lo has roto». —Él me escuchó. y entonces creí haberle convencido. Pensé que nada de lo que habíamos hecho juntos.. Hacía mucho frío aquella noche. Notó que Sophie jadeaba antes de continuar: —Después.. No le miré siquiera la cara. Sophie se tocó la garganta como si le costara tragar. Siguieron sentadas un rato y por fin María comprendió que era hora de ~293~ . Flo me agarró de las rodillas. —Así que puse otra vez el ángel en la tumba de Hathaway —dijo Sophie—. Todo era un juego enfermizo. Bajó el ángel. Había una pequeña hendidura hecha por la base del ángel y en el barro vi las huellas de Gordon. Alzó otra vez el ángel y lo lanzó contra la pared de nuestro dormitorio. y dejé solos a los niños para hacerlo. ¿verdad? —Sí.. La enterraste cerca del corazón de piedra. —Vi su tumba —dijo María con voz ronca—. Yo empecé a gritarle. le grité una y otra vez. me miró fijamente y me sonrió. le odié. casarnos y tener hijos. esperé que todo aquello terminara bien. Pero cuando Gordon bajó el ángel.. —Levantó la vista y miró a María—. —Pero aquello fue un juego después de todo. pero no hice caso. —Los niños te oyeron gritar.. todo cuanto se me ocurrió fue poner otra vez el ángel en la tumba del bebé. Y luego tiré el arma al Bell Stream.

María no comprendió que también ella se hallaba bajo los efectos de una ilusión. quiso decir para siempre. Sé cuántas cosas horribles has tenido que soportar. María se volvió para agitar la mano por última vez y abandonó la habitación. —Te quiero —dijo besando a Sophie—. —Te quiero —dijo Sophie abrazándola con fuerza—.marcharse. No comprendió que cuando Sophie dijo adiós. hacerles creer que Sophie estaba entre bastidores haciéndose cargo de todo. Adiós. pero ahora todo marchará mejor. ~294~ . Se propuso hacer realidad una ilusión: conducir a la familia al espectáculo y hacerles creer que todos los cambios del vestuario eran obra de Sophie.

ésta era la primera vez que María había sido capaz de imponerse la obligación de venir. Levantó la vista protegiéndose otra vez los ojos. y Duncan y Alicia habían acordado cambiar de turno. se reflejaba en la bahía. Se colocó una mano sobre los ojos. o una «corona de nieve» como solía decir Hallie. María se alegró de haber llevado botas. un quebrantahuesos se remontó desde la bahía agitando lentamente las grandes alas con un pez que se debatía entre sus garras. formando alrededor del sol una corona. opaca. y únicamente porque los meteorólogos habían anunciado nevadas. María le vio abandonar el agua para dirigirse hacia su nido en el refugio de Lovercraft. pero los padres de Alicia habían venido de visita. que habían preferido llevar a Lookout en lugar de la suya. reunió sus herramientas. el suelo arenoso de Lookout seguía suelto y resultaba fácil de remover. Allí estaba la tumba india. tal como la había dejado en julio. exploración del campo. Le extrañó ver un quebrantahuesos en una época tan avanzada del año. Se extremeció ligeramente. blanquecina. Acurrucada en la popa de la lancha de Duncan. Sintió que Jamey no hubiese venido y se dio cuenta de que Duncan estaba decepcionado porque era su turno para tenerlo aquel largo fin de semana. Aunque Duncan hubiese venido periódicamente para inspeccionarla y asegurarse de que el toldo estaba en su sitio. María creyó oportuno hacer constar que no había ninguna guía buena sobre la forma de rellenar una excavación. María lo probó con el pie. porque tenía la cabina con calefacción.EPÍLOGO Aunque tuviera a su disposición todos los tratados arqueológicos sobre acción con la paleta. Las voces de los niños le llegaron de algún lugar en la playa: quizá la siguiente cala. como si el día fuese demasiado deslumbrante. pues creyó que esas aves habrían ~295~ . La luz solar. Era el tercer miércoles de noviembre. enterrando por entero la bota. como haría un niño hundiendo el pie al borde del agua en un caluroso día de verano. Dejó profundas huellas en la arena. Nubes altas velaban el cielo. prospección geofísica. análisis de suelo. Subió el pequeño repecho y suspiró. Mientras que las tierras de labor y los terrenos pantanosos se habían congelado ya. apertura de zanjas y cuadriculado. Mientras avanzaba por el agua poco profunda con la mochila y la pala. María caminó alrededor del emplazamiento lanzando ojeadas al toldo de plástico. Un ruidoso chapoteo la hizo dar media vuelta.

Los detalles sobre la forma de volver a enterrar a la india la habían mantenido despierta. Flo aferrando una fotografía enmarcada de la escuela de ella y Simón. Si fuera de lona o algodón. le comunicó que se tomaba un día de asueto para acompañarla. Y Acción de Gracias era mañana. pero titubeó. irían con ellos. decidió seguir durmiendo aunque sonara el despertador. María no había tenido la suficiente presencia de ánimo para buscar la diosa. Su corazón se sobresaltó a la vista del cráneo de la squaw. Se quitó un guante. y luego se detuvo. Dejó caer la pala. De repente se le ocurrió una idea: arrojaría directamente tierra sobre el emplazamiento y el toldo podría servir como mortaja. muy despacio. María echó dos o tres paladas de tierra sobre el toldo. y ahora había llegado ese momento. Según un recuerdo muy vago de su infancia. El cráneo era lo que había planteado más problemas. fue hasta Blackwood y la compró con ese propósito. En los días transcurridos desde que ellos dieran sepultura a Sophie. Soltó las cuerdas de las estacas y echó hacia atrás el toldo. Ella había conocido íntimamente este esqueleto. Los dedos le escocieron de frío a pesar de los guantes. y lo quiso como huesos. Los niños habían querido enterrar a Sophie con ofrendas. pero eso fue todo. Pero se dio cuenta de que sería sacrílego enterrar a la india con aquel toldo confeccionado con productos químicos.emprendido ya la migración. pasando por la pelvis. y Simón sosteniendo las perlas que ~296~ . No le pareció adecuado. Los huesos seguían en la tumba. tal como María los había encontrado unos meses atrás. como la india era ahora. Un día de septiembre. Suspiró y la miró fijamente durante mucho rato. levantaría simplemente una esquina del toldo y lo deslizaría adentro. y así lo habría hecho si no hubiese sido por Duncan. Hundió la pala en un montón de tierra. Y como quería colocar algo en la tumba. Esa idea la había permitido conciliar el sueño. no como lo que había sido. Sin entrar en explicaciones. —Sophie —dijo en voz alta. Por fin se volvió hacia la tumba. pues le recordaba que aquel esqueleto había sido en otro tiempo una persona con esperanzas y temores y una familia a quien amar. Siempre había pensado en rellenar la tumba antes de que cayera la primera nevada. No quería ver otra vez sus huesos. Como los niños habían comenzado las vacaciones. podría dejarlo como una mortaja. María se palpó los bolsillos de la chaqueta hasta encontrar lo que buscaba. El toldo era de plástico. De hecho. Su mirada recorrió el esqueleto desde los pies de la squaw hasta el cráneo. la squaw que había amado a Charles Slocum. hundió la mano en el bolsillo derecho y sacó la diosa de oro. todos los pájaros del verano abandonaban Hatuquitit hacia el día de Acción de Gracias. cuando al fin cerró los ojos. La noche anterior no había podido dormir. Ambos se habían sentado en la iglesia.

Colocó la diosa de ~297~ . mirando fijamente a Peter. leía algunas líneas de Yeats: Un sacrificio demasiado largo puede convertir el corazón en una piedra. María sabía que una excavación no prometía ninguna respuesta y que la ciencia de la arqueología no garantizaba ninguna conclusión definitiva. de pie sobre la fría arena. Pero alguien la había amado lo suficiente para enterrarla con un anillo de oro. y nuestra parte murmurar un nombre tras otro como una madre pronuncia el nombre de su hijo cuando el sueño llega al fin en miembros que se han desorbitado. No había estado pensando con cordura. Después de un buen rato. pero sonrió. quien. María había traído la diosa de Sophie para sustituirlo. las lágrimas siguieron cayéndole por las mejillas. ¡Oh! ¿Cuándo será suficiente? Ésa es la parte del Cielo. ¿Qué es eso sino la caída de la noche? No. Ella no sabría nunca con seguridad si aquella mujer había amado a Charles Slocum. María miró los huesos de la mujer. María y Hallie se habían sentado una junto a otra.Sophie había llevado en su boda. sin tocarse. ¿Fue innecesaria la muerte. asaltada por una total y abrumadora sensación de intimidad. que acabó por convertirse en una pasión. Y esta vez supo lo que quería significar. fue demasiado tarde. María cayó de rodillas aferrando la diosa y lloró desconsolada. Ahora. Aunque aquélla no fuera la tumba de Sophie. después de todo? María había estado demasiado confusa y enojada con Sophie para dejarse conmover por el poema. de pie en el pulpito. como si estuviera besando a Sophie. El reverendo Hawkes había obtenido permiso de la comisión arqueológica del Estado para conservar las ofrendas funerarias que María había encontrado allí y para exhibirlas en la Asociación Histórica. Al hacerlo experimentó una extraña sensación. Entonces. y cuando se le ocurrió la idea de que debía haber enterrado a Sophie con la diosa. no. —Adiós —dijo. podría haberlo sido. Apretó los labios contra la estatua y la besó. no la noche sino la muerte.

no le hubiese invitado a su casa junto con María. —Ella estará bien. Simón y Flo.oro entre los huesos de la india. No tienes por qué preocuparte por su suerte. y cada año tenemos pavo —dijo Simón riendo. Pero uno de los últimos deseos de Sophie había sido que María cuidase de su tumba y se asegurara de que el ángel de piedra estaba en su lugar. —Bueno. tan solo —dijo Flo frunciendo el ceño. —Porque ni mamá ni papá estarán allí —dijo Simón. Los esqueletos no tienen frío. Encontró el ritmo adecuado arrojando una palada tras otra en la sepultura. La inquietud veló los ojos de Duncan pero se disipó cuando vio que María sonreía. —No —contestó María—. estaba empezando a hacer frío fuera —dijo la niña. ya había enterrado a la mujer. Con su madre en Florida y Jamey pasando las fiestas con Alicia y sus abuelos. cogió la pala y empezó a llenar la tumba con tierra. —Yo lo siento mucho por ese bebé. —Los esqueletos no tienen frío. ya está hecho —dijo Flo con la voz llena de alivio. —Por lo menos Acción de Gracias será como siempre —dijo Simón—. —Sé que ellos ya no pueden sentir nada. María había considerado la posibilidad de trasladar a Hathaway al cementerio y enterrarla junto con Sophie y Gordon. pero me alegro de que mamá y papá estén juntos —dijo Simón. ¿verdad? —preguntó Simón. —Sí —dijo María sonriendo a Duncan. y cuando Duncan y los niños llegaron al montículo. —Así es tu tío Peter —dijo María. En casa de la abuela. ~298~ . Luego se levantó. —Pero es triste. ¿sabes? —dijo Flo. —¿Lo hiciste? —preguntó Simón con timidez. Ella pensó que en los últimos tiempos sonreía muy poco. —Cada año el tío Peter dice que tendremos perritos calientes. —¿Estabas preocupada por esto. Duncan habría pasado solo el día de Acción de Gracias si Hallie. María asintió y señaló la tierra recién removida. la había dejado enterrada junto al Bell Stream. —Bueno. Así pues. —Hola —dijo. Flossie —le dijo Duncan estrechándola contra sí—. Flossie? —preguntó Duncan. en un gran gesto de magnanimidad.

—Sin parar jamás —convino María. Se echó a reír y contó la anécdota a Duncan. eso es muy triste —dijo María. quien estaba todavía en el agua con las olas lamiéndole las botas de goma. —No me importa si es gracioso o no —dijo Flo—. —¡Preparados! —contestaron todos. La escarcha había endurecido la tierra y el viento de noviembre les silbaba en los oídos como una galerna. Empezaron a caer copos de nieve erráticos. —Y creyó en sus propias palabras. Simón y Flo. Sophie y Nell. jugando a los Pilgrim2 en el prado de los Dark. El sol se ocultó entre las nubes. María se aupó por la borda y Simón se encaramó detrás de ella. Sophie había sacado del bolsillo una barra de chocolate Old Nick y la había hecho circular. la trasladó por el aire como un ángel con ropa de invierno. —¿Y qué pasará si los olvidamos? —preguntó Simón. —Uno debe resignarse con lo que tiene —había dicho muy resuelta Sophie. y María la cogió en brazos. —Los Pilgrim no tenían chocolate —había dicho Nell rechazando la golosina por falta de autenticidad. Todos se rieron. pero entonces Simón preguntó: —¿Y qué tiene de gracioso eso? —Pues que es un dicho muy viejo para que lo diga una niña pequeña — dijo María. Al pronunciarlas le vinieron a la mente imágenes de ella misma. del T. Entonces todos observaron que estaban tiritando y decidieron subir a la lancha de Duncan y encender la calefacción. —Y de papá —añadió Flo. María había encontrado una hondonada a sotavento de un pinar. Duncan mantuvo a Flo sobre su cabeza. Volviéndose hacia Duncan. María extendió los brazos para coger a Flo.) ~299~ . María recordó exactamente las palabras pronunciadas por su hermana a los ocho años. —Deberíamos contar más historias de mamá —dijo Simón. —¿Preparados? —preguntó Duncan cuando hubo subido a bordo. muy cómodos en la cabina. 2 Pilgrim Fathers: primeros colonos de los Estados Unidos. —Nunca lo harás —dijo María—. —Deberíamos contarlas y contarlas sin parar jamás —dijo Simón. cuando tenían ocho y once años.—Sí. Siempre te acordarás de tus padres. las tres niñas se habían acomodado allí imaginando lo duro que habría sido el primer invierno para los Pilgrim. (N. La historia me gusta.

camino de casa. y la embarcación viró poniendo la proa al viento. Fin ~300~ . Salió traqueteando de la bahía y se alejó de las islas Hechizadas.Entonces Duncan puso en marcha el motor.

Comenzó su carrera literaria ecribiendo relatos cortos en la revista MacCall´s y en otras prestigiosas publicaciones.Sobre la autora: Luanne Rice es una prestigiosa novelista norteamericana residente en Connecticut. Sus excelentes novelas Crazy in love y Angels all over the town se han convertido en grandes bestsellers ~301~ .

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