CORAZÓN DE PIEDRA

LUANNE RICE

~ 1~

A Susan Robertson

~ 2~

INDICE

~ 3~

Agradecimientos:
Quisiera dar las gracias a mi agente, Andrés Cirillo, y a mi editora, Pamela Dormán, por su sabiduría, apoyo y amistad; a Bren-dan Gilí, por citarme las líneas de Yeats que me proporcionaron el título de este libro; a Hester Sperduto y a Laurie Bradt por su pericia arqueológica y sus conocimientos sobre los indios de Eas-tern Woodland. Este libro lo escribí durante una época en la que mi madre estaba muy enferma. Quiero dar las gracias a las personas que le llevaron su periódico matutino colina arriba y lo dejaron a su alcance, que le dejaron la correspondencia sobre la silla de la cocina, que esperaron con ella hasta la llegada de la ambulancia, que le llevaron tomates y albahaca de sus huertos, que cocinaron un pequeño plato de más y se lo llevaron para compartirlo con ella, que le enviaron un relato al día de la vida en el colegio: Inga Smith, Marguerite y Rod Mattison, Eleanore Parker, Betty y Chuck Crow-der, Hesse, Margery y Donald Ekwurtzel, Irma y Cliff Hall, Barbara Zyla, todos los Glenneys, Valeri y Pat Healey, Jackie y Paul Portelance, Lage Hartling, Jack Gavin y los demás profesores en Slade. Y sobre todo, quisiera dar gracias a Linda Camarra, la enfermera de mi madre, quien ha llegado a ser una querida amiga. Los médicos consideran con respeto y asombro el trabajo cotidiano de Linda, y nosotras también.

~ 4~

Argumento:
Esta es la historia de un matrimonio llevado a límites insospechados, un enlace tan vinculado a la perversidad que sólo puede a un crimen horrendo cuya honda expansiva se extenderá perturbadora desde la casa Littlefield hasta las vidas de todos los que se relacionan con ella. Para María Dark, hermana de Sophie, que regresa a casa tras una larga ausencia, todo resulta estremecedor. Después de haber viajado durante años como arqueóloga, María abandona este tipo de vida, se divorcia de su marido y vuelve a su casa en Connecticut con la que había soñado en las frías cumbres de los Andes. Pero María no encuentra el abrigo seguro que había imaginado. Lo que comienza como un idílico retorno al hogar se transforma en una tragedia de familia tan primitiva como la de Medea, tan alarmante como ciertos títulos de primera plana. María, que actúa como detective, a su pesar, descubre las claves de la horrible verdad en el centro de la vida de su hermana.

~ 5~

Primera parte

LAS ISLAS HECHIZADAS

~ 6~

Un regalo para mi hermana —dijo María. es chavín —dijo María. Durante sus excavaciones en Chavín de Huantar.CAPÍTULO I María Dark viajaba hacia el norte. Aldo ya le había advertido que los nativos siempre sospechaban de los arqueólogos extranjeros porque los creían capaces de sustraer las antigüedades para sus países. Un rayo hendió el cielo. Kennedy. —Volamos con retraso sobre Filadelfia —contestó la azafata—. ¿Es inca? —No. con una bolsa de tesoros entre los pies. luces estroboscópicas anaranjadas se reflejaban en las nubes que los rodeaban. El hombre sentado a su lado hablaba español en una grabadora portátil. Miami o el Machu-Picchu. María había encargado una copia a un orfebre de la zona. desde una América a la otra. Luego se imaginó a Sophie y Nell esperando en el John F. —¿A qué hora aterrizaremos? —preguntó María. El avión daba unos cuantos bandazos y luego reanudaba el deslizamiento continuado. —Muy bonita —dijo el hombre que tenía a su lado al ver la estatuilla—. Cogió la diosa de oro que pensaba regalar a Sophie. hacia Hatuquitit. Dos azafatas circulaban por el pasillo comprobando si los pasajeros llevaban abrochados los cinturones. —Es demasiado bueno para un regalo —observó el hombre. preparados para llevarla a casa. ella y Aldo habían encontrado varias estatuillas como aquélla y habían pensado en hacerle un regalo a Sophie. con aire distraído metió la mano en la bolsa buscando un talismán para que guiara sin percances al avión hacia el norte. Apenas parecía darse cuenta de los rayos que fustigaban las alas. Esta tormenta será de nieve en Nueva York. Se sintió como la misteriosa forastera yendo a casa y llevando consigo tormentas. con tono de reproche. Dio un ~ 7~ . —Podríamos. —Sólo es una copia. y por un instante María sintió deseos de estar en tierra. —Eso debería estar en el museo nacional —dijo el hombre. —¿Quiere usted decir que podríamos aterrizar aquí? —preguntó María. ya fuera en Filadelfia.

que tenía fosas nasales peludas y que comenzaba cada frase que grababa con la expresión «y por añadidura». Para buscar trabajo en un lugar donde los arqueólogos daban clases en los colegios o conferencias en los museos indios de la zona en lugar de descubrir piezas para su exposición en el Museo Británico o en el Smithsoniano. Como en los viejos tiempos.. María había telefoneado a Sophie. y el Instituto Correccional para mujeres de Hatuquitit al oeste. ~ 8~ . María pensó que el hombre le habría tomado por una ladrona de tumbas. Le pareció oler el norte. Abrió la mano en la que tenía la estatuilla para echarle una rápida ojeada. como un indio encaminándose a su aldea. pensó. casi tan hermosa como Sophie. María lo cla.respingo al restallar un trueno. Sophie tenía la habilidad de un cabecilla para organizar una escena. A juzgar por su letanía. Entretanto. Para volver a una ciudad fundada por puritanos que habían llamado «desalmados del infierno» a los indios. la conferencia había sido horrible. María se preguntó si Hallie también estaría en el aeropuerto para recibirla. Kennedy. Poco antes de abandonar la montaña. Le contaría esta anécdota a Sophie para que su hermana valorara más el regalo. antes de que Nell se casara con Peter y pasara de ser su mejor amiga a ser su cuñada. pero según creyó entender María. Por lo menos así lo pensó María mientras el avión de Perú franqueaba el frente noreste de la tormenta e iniciaba el último vuelo para aterrizar antes de que cerrara el aeropuerto John F. y luego reanudó su grabación. antes de que Sophie se casara con Gordon y tuviera a Simón y Flo. Es decir. Seguro que no estaría. antes de que María se casara con Aldo. o poco menos. Hallie no entendería jamás por qué la única hija que había conseguido escapar de aquella rutina volvía a ella..sificó como un picapleitos del Gobierno peruano. Sophie y Nell ya estarían en el aeropuerto. ¿Y para qué? Para regresar a un lugar en donde no había vivido desde hacía diecisiete años. Sophie había dicho que ella y Nell irían solas. Hallie no creería decoroso brindar un gran recibimiento para una hija que había abandonado a su marido en la encantadora excavación. Sophie comprendería que su madre no debería estar presente en esta vuelta a casa. Le explicaría más detalles del hombre: que llevaba gafas gruesas. donde la casa materna se alzaba sobre una colina dominando la pradera delimitada por Bell Stream al este. reunir a una asamblea. llena de ruidos. el avión había estado virando a-la derecha y trazando círculos durante cuarenta minutos. con los misterios de Chavín y el aire puro de la montaña. La diosa era hermosa y esbelta. pero María notó de pronto un cambio de dirección. que le había abandonado con todas esas cosas para siempre.

—Salgamos de aquí —dijo Nell—. según imaginaron. silbando y agitando el brazo para que María pudiera verlas. María miró a los ojos a su hermana. El glacial viento de febrero le fustigó la cara y le recordó las noches en la montaña. y una bolsa de lona. repleta de regalos. Le hice quedarse en casa con Andy. cerca de Chavín de Huantar.. algo espantoso: que Sophie había engordado. —¿Se ha escapado alguien últimamente? —gritó María. ella llevaba la más pesada. —Esta semana no —respondió a gritos Sophie. Sophie asintió como si comprendiera mejor lo ocurrido. —Pero. Al igual que todos los Dark. —Decidí marcharme —dijo María—. —¿ Cómo están todos ? —preguntó María cuando se dirigían hacia el coche. La idea fue mía. ¿estás bien? —insistió Sophie. fue inconfundible e hizo rememorar a María unas fechas ya lejanas cuando las tres merodeaban por las colinas de Hatuquitit.. La intención de su pregunta era distinta de la de Nell. Para unas niñas que habían crecido junto a una prisión de mujeres. —¿Qué tal estás? —preguntó Nell—. María. —Peter quería venir —dijo Nell—. «¿qué tal estás?» o «¿qué te parece el tiempo que tenemos?». protegiéndolo de los ladrones que. Los dos cenan esta noche con tu madre. una grande y metálica llena de equipo fotográfico. Se habían repartido las maletas entre las tres. chaqueta roja y azul. Alguien ha de mantenerla a raya porque de lo contrario te esperaría en el camino de entrada hasta que se le congelara el trasero. frente a la zona de las excavaciones. pululaban por el aeropuerto. Sophie tenía pelo negro. Iban hombro con hombro por la nieve blanda. Luego Sophie y Nell dejaron caer sus bolsos. pantalones de pana y el bolso de lona de Nell. se había sentido como la madre de Sophie cuando eran niñas. ~ 9~ . increíblemente penetrante. Un Hare Krishna viene para aquí. Pero hacia la mitad de la adolescencia los papeles se habían trastocado y Sophie se hizo cargo. El silbido de Sophie. esa pregunta resultaba tan natural como decir. piel tersa sin pecas y unos ojos azules que no ocultaban nada. María soltó sus maletas para abrazarlas. Su gruesa ropa de Nueva Inglaterra. Ahora parecían apesadumbrados por el matrimonio de María. Las seis piernas formaron una jaula alrededor del equipaje. ¿Has tenido un buen viaje? —Algo movido —dijo María. parecían incluso más brillantes a la luz fluorescente. De pronto las tres se abrazaron en un apretado círculo. La profundidad de su tristeza distrajo a María y la hizo olvidar su primer pensamiento.Sophie y Nell estaban en medio del gentío. tres años mayor.

—¿De qué? —inquirió María. Estoy segura que ~10~ .. —¡Estoy tan orgullosa de ellos. pero Sophie continuó sonriendo. La diseña él mismo —dijo Sophie mirando con frialdad a Nell. Nell se negaba a verlo así. parecía tan radiante como siempre. Sabe que siempre lo he deseado. Gordon quiere instalar una glorieta-belvedere cerca del arroyo. —¿Qué sucede? —preguntó María inclinándose hacia delante. Luego rebuscó en su bolso. María sonrió. Todos están bien. —El aeropuerto está lleno de rateros —dijo Sophie revisando su bolso por si faltaba algo—..—El camino de entrada en su imaginación —dijo María.. —¿Una glorieta-belvedere? Ahora todo el mundo tiene una —dijo Nell mientras hacía que Sophie se sentara en el asiento delantero y María en el de atrás. según opinaban los austeros habitantes de Nueva Inglaterra. —La de Gordon será diferente.! —dijo Sophie—. —¡El dinero! —dijo Nell—. y rebuscó afanosa entre los papeles del bolso. Por alguna razón. —No. un ladrón se habría llevado la cartera —dijo Nell—. y Sophie resopló desdeñosa. Estaba segura de que sería así —dijo María. —¡Oh. Soy una tonta. su madre había perfeccionado una devoción absoluta a su familia sin dejar entrever jamás las señales externas de ese afecto. Nell detuvo el coche frente al encargado del aparcamiento y le entregó el ticket. ella había vivido el suficiente tiempo fuera para dejar de ver a Nueva York como un antro del crimen. ¿Dónde lo he puesto? —Miró absorta su cartera. Pese a su cara regordete. Seguro que fue cuando dejamos todo en el suelo para abrazar a María. —Me alegro. —Ya hemos llegado —dijo Nell deteniéndose ante un jeep rojo perdido en la cuarta fila del aparcamiento. Su madre no esperaría a nadie en el camino de entrada. Luego puso en marcha el motor. —¿ No te olvidas de algo ? —preguntó Sophie a María mientras Nell buscaba las llaves del coche en todos los bolsillos. Sonrió expectante. Se preguntó por qué Sophie querría hacerla sentirse culpable por no haber hecho esa pregunta. no! —exclamó. Había cris-talitos de hielo en las pestañas negras de Sophie. —De preguntar por Gordon y los niños..

—Aquí tienes un billete de cinco —dijo Sophie cuando empezaron a sonar los cláxones detrás de ellas. y luego amantes. —Necesitas una compañera de viaje —dijo Sophie acomodándose a su lado. en la tienda. Pero. María abrió los ojos y se encogió de hombros. Escuchó su propio suspiro. Yo nunca podría dejar de querer a Gordon. Se quedaría dormida oyendo su voz de tono doctoral y despertaría con la misma voz susurrando buona notte. Lo siento mucho. María se sintió agotada y ansiosa por estar ya en casa. Se vio a sí misma envuelta en su saco de dormir escuchando a Aldo en la tienda contigua y a sus estudiantes y ayudantes. pechos y caderas. —¿No quieres contármelo? —preguntó Sophie en voz baja para que no la oyera Nell—. después marido y mujer y ahora amigos. Los descubrimientos de tesoros y civilizaciones habían llenado sus días de frenética emoción. Llegaremos a casa en un santiamén. Da una cabezada. Tal vez lo haya perdido. pero. Al descansar la cabeza sobre el hombro de Sophie. ni más ni menos. —¿Sucede algo? —preguntó Sophie. —Me es imposible imaginarlo —dijo Sophie—. ¿quién creería una cosa tan extraña? Ella había sido educada en una ciudad de profundas raíces puritanas. Dejamos de amarnos. Pero durante la noche. María pensó que todo habría sido más fácil si no hubiese sido así. María pensó que su hermana parecía tan mullida como una madre. ~11~ . —Eso quiere decir que los dos hacéis lo debido —comentó María. ella solía dormir sola mientras Aldo compartía su entusiasmo con los estudiantes. donde la gente decente sólo se divorciaba después de sufrir traición e infidelidad flagrantes. ¿Es que Aldo ha encontrado otra mujer? —No —contestó María—. Le pasó el brazo por la espalda—. Oyó el clic de la hebilla del cinturón y vio que Sophie se aupaba sobre el respaldo del asiento delantero y pasaba al trasero. ¿dónde estaba eso? ¿La casa de su madre en Hatuquitit o la tienda de Aldo en los Andes? Se quedó absorta pensando en una noche en Perú: el aire de montaña tan claro y frío que no dejaba llegar ningún olor a través de él. Ella y Aldo habían sido discípula y profesor primero. Esto era la verdad. El peso de más le daba una redondez exuberante en mejillas.he salido con dinero de casa porque pagué el peaje. si ella hubiera podido odiarle.

—Lo sé. Retiró la mano.. María sintió que aquel ritmo la adormecía y pronto empezó a dar cabezadas. y por los movimientos mesurados de Sophie dedujo que ésta hacía lo posible para no despertarla. La nieve caía persistente. María se estremeció un poco y Sophie apretó su abrazo. En una ocasión. Nell las llevó veloces al este por el Thruway de Nueva Inglaterra. los pueblos de la cultura. el National Geographic y el Smithsonian. Para Sophie. cuando Sophie se volvió hacia ella. Sophie estaba encorvada y rebuscaba con mucho tiento en la bolsa de regalos. asegurando que descubrían vidas. ante el asombro de María. María abrió los ojos. María cerró otra vez los ojos y se hizo de nuevo la dormida. el cuello le dolía por el aire frío que entraba por una rendija. Sophie le había dicho que no podía recordar ni una sola vez a su madre abrazándola. Un crítico los había llamado detectives arqueológicos. ~12~ . —Ya conoces a mamá —respondió Sophie con una voz que pareció invitar a María a quejarse de su madre. Cruzaron raudas las consecutivas manchas de luz anaranjada que proyectaban las farolas de la autopista. «casa» siempre había significado Hatuquitit. Su cabeza descansaba sobre la puerta del jeep. ni una sola vez a lo largo de muchos años.—Todos pensábamos que erais muy felices —dijo Sophie. no sólo los artefactos. María vio que Sophie se metía la estatuilla en el bolsillo. Ella había oído decir muchas veces a los profesores. —¿Cómo esta mamá? —preguntó María. con la pequeña diosa de Chavín entre sus dedos. arqueólogos y estudiantes en la excavación que María Dark y Aldo Giordano. como si por fin hubiera encontrado lo que buscaba. mujer y marido. Las máquinas quitanieves avanzaban en la dirección contraria lanzando chorros de nieve al aire. se había casado con un hombre de la aldea vecina. Sus rostros e historiales habían aparecido en el Geo. le había persuadido para que traspasara los límites de la ciudad y construyera una casa en Bell Strean. De pronto se quedó inmóvil. Ella había ido cada día al colegio universitario en New Haven. Se quedó dormida. —Lo importante es que vuelves a casa —dijo Sophie. Luego. Nell encendió la radio y sintonizó una emisora de jazz. Sus ojos se abrieron de par en par. formaban un equipo de magníficos investigadores.. María la observó.. La despertó un crujido de papeles.

Éste había sido su «sitio» desde la infancia y muchas veces había visto en las vetas de roble una bruja. se levantará pronto —dijo Nell mientras llenaba de agua una cacerola y ponía café en un filtro con tanta desenvoltura como si estuviera en su casa. Se echó por encima la vieja bata a cuadros y corrió escaleras abajo. Pensé que me esperaría. completamente despabilada en la cama. Sophie se había acercado a María con un encogimiento de hombros y le había dado un beso de buenas noches. María le devolvió el saludo. Sé lo unidas que estáis. Nell asintió. Acababa de salir el sol. La noche anterior. María oyó el ruido de una piedrecita contra el cristal. paseando por la cocina. —Resulta difícil de explicar —dijo Nell frunciendo el ceño—.. Pero Sophie lo había entendido. el sol le daba un tono rosado. la nariz de su padre. —¿Qué te trae por aquí tan temprano? —preguntó María. pero no lo es del todo. montañas. Sentada sobre la vieja mesa de roble palpó con el pulgar la familiar superficie veteada. ¿Se ha levantado Hallie? —Todavía no —dijo María. veleros y un sachem indio.. —Esto está helado —dijo Nell sacudiéndose la nieve de las botas—.CAPÍTULO II A la mañana siguiente. —¿Estaba durmiendo cuando llegaste a casa anoche? —Sí. Quiso pasar por alto el hecho de que Hallie se hubiera ido a la cama y María pudiese sentirse dolida. ¿verdad? —dijo María sintiendo un vacío en la boca del estómago. María atisbo el camino de entrada en donde Nell agitaba la mano. Parece como que es ella misma. ~13~ . La dorada hierba de la marisma sobresalía de la nieve. Pero María la había visto robar la diosa y se había sentido demasiado desconcertada para aceptar su gesto de consuelo. —Bueno. —Se trata de Sophie. Casi tropezó con su largo camisón de franela cuando se dirigía hacia la ventana que dominaba el extenso prado nevado que llevaba a Bell Stream. —Algo le está pasando.

—Claro.—¿ La oíste anoche cuando me olvidé de preguntarle por Gordon y los niños? —preguntó María. ella. además. —Supongo que habrán notado que Sophie está engordando. Lo tomó como una especie de insulto. aunque en realidad eso sea lo último que se te ocurra. Adopta una actitud muy defensiva cuando se trata de él. Sophie y Nell habían bebido el café negro y solo. —Recordó todo aquello con gran ~14~ . —La única vez que dejé el bolso fuera de mi vista fue cuando la verja del aparcamiento se atascó y me apeé para buscar al vigilante. echo de menos alguna cosa. El café empezó a oler bien y María sintió deseos de tomar una taza. y sé que no me los quitó ningún ladrón. considerándolo sofisticado y. —¿Y cómo sabes que los cogió Sophie? —preguntó María. Me lo robó Sophie. desprovisto de calorías. —¿Qué opina Peter? —preguntó. Creen que me estoy comportando de modo paranoico e injusto. —¿Cómo puedes saberlo? —Porque cada vez que sale de mi casa. —Pues a Hallie no le sucedió —dijo María. sí? —exclamó Nell con aire sorprendido. La teoría de Nell le pareció disparatada: ¿ Sophie imaginando que la gente menospreciaba a Gordon ? Por mucho que María quisiera a Nell. sabía que ésta tendía a exagerar y a fantasear sobre la familia Dark. María colocó dos gruesos tazones blancos sobre la mesa. Porque sé que ayer yo tenía noventa y siete dólares cuando salí de Hatuquitit. —¿Ah. —Te creo —dijo María. Siempre se imagina que le estás menospreciando. —Él no lo ve así —dijo Nell—. Sirvió café sin molestarse en ofrecer leche ni azúcar: desde el bachillerato. recordando a su madre tan esbelta y hermosa como estaba Sophie la última vez que la vio. temiendo oír la respuesta. Quiso contarle a Nell lo de la diosa pero vaciló. —Hallie dice que eso les sucede a todas las madres jóvenes. —¿Recuerdas el dinero que perdí anoche? —dijo de sopetón Nell—. —Anoche la vi coger algo de mi bolso. María se quedó estupefacta. Y Hallie tampoco. ¿verdad? — preguntó María.

según se decía. María intentó borrar de su mente lo que había visto la pasada noche: si no hubiese buscado dos veces la figurilla de oro en la bolsa. el solo de trompeta de la radio. el ruido de la cisterna del lavabo y el suave roce de sus zapatillas por el suelo de madera. eran visitadas por los espíritus de los indios que habían vivido y comerciado en ellas. No le cabía en la cabeza la idea de que Sophie fuera una ladrona. casi habría podido creer que había soñado aquella escena. —No estoy segura —contestó María—. la cabeza y la tensión de los hombros mientras rebuscaba su bolso—. El cucharón de plata de tu madre ha desaparecido.. En el colegio les habían contado leyendas sobre las islas Hechizadas. el pelo negro azulado y lustroso de Sophie.. Era imposible que Sophie lo hubiera robado. Las tribus locales. —Celebro que hayas vuelto —dijo Nell algo incómoda. ¿ Tienes algún proyecto ? Peter dice que podrías dar clases. Oyeron el rechinar de los muelles de la cama de su madre en la planta de arriba. Recuerdo la Navidad de aquel año. y María se había imaginado las guerras indias libradas en su propio patio. De todas formas me proponía regalársela. —Pero valiosa. Su interés por la arqueología había nacido en Hatuquitit... Tenía que haber alguna explicación. cuando Aldo dijo que aquí ya se habían hecho todos los hallazgos importantes. ~15~ . y he de dar el desayuno a Andy.. ¿no? —dijo Nell—. Había encontrado puntas de flecha en el prado. —Hasta que tenga lugar el próximo —dijo María. Y se preguntó si su familia sabía que Aldo era un arqueólogo esnob que encontraba sumamente aburridas las reliquias de los indios del bosque oriental. las únicas ocasiones en que se usaba. Una tontería. Peter tiene una reunión muy temprano. Nell asintió animosa —Siempre supuse que lo harías.claridad: el ruido de las máquinas quitanieves. una pequeña diosa. —Me alegro de que me lo hayas contado todo —dijo María abrazando a Nell. Nell procuró barrerlas de momento y se aclaró la garganta—. Siempre coge cosas que valen dinero. los pequot y los hatuquitit. Aquel cucharón de plata de Hallie hizo rememorar a María la Navidad y el Día de Acción de Gracias de la familia. tres islas frente a la costa que. Las cosas horribles que habían dicho de Sophie quedaron flotando en el aire. —Será mejor que me vaya —dijo Nell levantándose—.. Siempre he deseado dedicarme a excavar por estos alrededores. habían sido guerreros.

—Nell —respondió María—. —Me siento feliz de haber vuelto —dijo al fin María—. al otro lado de la mesa. nerviosa —dijo María. Una comadreja amarillenta cazaba a lo largo de arroyo. Peter dice que ella cree que siempre estoy causando problemas. pero no hizo más comentarios. A Hallie no le caigo muy bien. se dieron las habituales palmadas en la espalda y luego se separaron para mirarse. Se sirvió café. María se sobresaltó al ver que su pelo. en su primera mañana de estar juntas después de un año largo. Peter decía que eso era una forma de Zen. María siguió la mirada de su madre e intentó adivinar lo que estaría pensando. —Tanto como tú. —¿Quién ha estado aquí? —preguntó Hallie al descubrir al instante el tazón de Nell. Siempre había sido así. —No te preocupes —dijo María dándole un beso de despedida. —¡Mi vieja María! —exclamó Hallie Dark desde el umbral de la cocina. con el aspecto majestuoso de siempre. ~16~ . había encanecido mucho. evolucionando en el aire y chillando. ocupó su lugar en la mesa y miró por la ventana panorámica. María se sentó y miró absorta el sitio de Sophie. había ocupado su sitio en una silla alta. que era el más pequeño.—Me parece imposible. Ella aún recordaba cuando Peter. —Eso es muy temprano —dijo Hallie con expresión recelosa. —¡Sophie ha estado muy impaciente! —dijo Hallie con súbito entusiasmo. Según Sophie. Las gaviotas volaban desde la marisma hasta el estrecho. Las mañanas de Hallie incluían siempre varios minutos de contemplación por la ventana. su madre pensaba en todos los senderos que podría haber seguido su vida si no hubiese tenido hijos. María procuró no mostrarse impaciente con Hallie por hacer aquello incluso ahora. —¡Mamá! —Ambas se abrazaron.. tiempo atrás tan negro como el de sus hijos. como si alguien hubiese accionado un interruptor—. Se levantó temprano y decidió pasarse por aquí. Estoy muy contenta de haber visto de nuevo a Sophie y a Nell. Sé lo mucho que quieres a Sophie. —He de marcharme —dijo Nell mirando nerviosa hacia la puerta—. ¡Qué buena chica es! —Anoche me pareció un poco. Sus padres se habían sentado en las cabeceras con María a un lado y Sophie y Peter al otro. Una figura alta..

—No seas tan susceptible. Hallie había sido hija única de unos padres que la adoraban y. —Gracias.. Quiero mucho a Nell pero me parece que está complicando las cosas. Sophie era la que más se parecía a Hallie: la sorprendente vitalidad en sus ojos de un azul claro.. Con azúcar de arce. ¿te imaginas? En cierto modo eso le resultó familiar.. en esta fría y gris Nueva Inglaterra —dijo Hallie—. su infancia y su juventud habían estado repletas de alabanzas y acontecimientos sociales: premios en el colegio. —Y era cierto. pero muchas noches había soñado.» —Habíame de Aldo —dijo Hallie—. Había vivido a orillas del Nilo y del Amazonas. Ésta observaba a Sophie con un interés especial aunque objetivo. no se cómo decirlo. el óvalo perfecto de su cara. Quizá por estos parecidos.. sintiéndose enrojecer. —Se encuentra muy bien. ¿verdad? —dijo Hallie resoplando con exasperación—. por favor —dijo Hallie—. Por lo menos aquí. Sophie era la predilecta de Hallie.—Has estado hablando con Nell.. paredes de piedra y el resplandor del cielo reflejándose en el Long Island Sound. En los primeros esquemas de su madre ella había sido la introvertida y Sophie la extrovertida. Había soñado con llevar a cabo una excavación en algún lugar de la ciudad donde había nacido su interés arqueológico. Él te. mamá —respondió sarcástica María. He soñado con ella durante todo el tiempo que he estado fuera. por lo que había conseguido saber. excavando aquí y allá. Creo que Aldo te hizo resplandecer. Está en Perú. como si estuviera viéndose a sí misma en algún espejo distante. —No volverás a encontrar un hombre como Aldo —dijo Hallie—. Si excavas aquí en vez de tesoros de oro encontrarás conchas y polvorientos huesos de indios. Creí que era bueno contigo. Hallie adoraba su propia niñez.. No hago más que exteriorizar un poco de preocupación.. ¿Se encuentra bien? El brusco cambio de tema la sobresaltó. cotillones y regatas. Después de aquel escenario encantador. y no pensó en la gran diferencia que observaba entre lo que Hallie decía de Sophie y el comportamiento de ésta. ~17~ .. —Me gusta Nueva Inglaterra —dijo María—. Hallie no se habría sorprendido si Sophie se hubiese casado con un arqueólogo italiano recorriendo el mundo con él. —A veces me/pregunto si te desenvolverás bien aquí. pero le resultó muy difícil disimular su sorpresa cuando fue María quien lo hizo. concursos ecuestres. De los tres hijos. del Loira y del Yang-Tsé. dormida o despierta. nada la hacía tan feliz como la oportunidad de iniciar una historia con estas palabras: «Cuando yo era una criatura minúscula. con Bell Stream. te sacó de ti misma. Tiene muchas teorías sobre la salud mental de Sophie. y la finura de la melena recta.

a Gordon y Sophie. y el ~18~ . —No le veo la gracia —dijo Hallie—. Pensó que Sophie estaba radiante y se sintió celosa. Vete corriendo a mi habitación y trae una gran bolsa amarilla.. y ellos contaron que sus maestros habían colgado en el tablón de anuncios varias fotografías de ella y de Aldo recortadas del National Geographic. María preguntó a los niños por la escuela. Le tocaba el codo. —¡Buenos días! —vociferaron los Littlefield. — Flo y Simón salieron de estampida. Abrazó a Simón y Flo. su madre sólo necesitó quince segundos para hacerle dudar de sí misma. pesa mucho. —Tendremos buñuelos —dijo Flo. —Sí —dijo María—. Gordon era alto. de darse cuenta de que el encanto y la confianza de Aldo eran durante casi la mitad del tiempo pura manipulación y modos autoritativos.. —Bañados en miel —añadió Simón. Y entonces todo sucedió tal como había ocurrido tan a menudo durante su vida: María deseando con todas sus fuerzas que apareciera Sophie para que fuera testigo de las cosas indignantes que Hallie dijese o hiciese. Era asombroso el poder que su madre aún ejercía sobre ella. La noche pasada. todavía tensa. María se levantó de un salto y corrió hacia la puerta. Después de doce meses forcejeando con la idea de abandonar a Aldo. María no dejaba de mirar a Sophie y Gordon. ¿Y yo qué soy? ¿Un saco de patatas? — Pensó que era mucho más fácil bromear con Sophie y olvidarse de que su madre se sentía siempre sola aunque estuviese con uno o más de sus hijos en casa. le susurraba algo al oído.. vosotras no tuvisteis que estar solas en esta enorme casa con una prisión al lado. —¿Se escapó alguien anoche? —preguntó Sophie sonriendo a María. —¿Nos has traído cosas? —susurró Flo. —Nadie salvo la asesina del hacha —respondió María. —Haré más café —dijo Sophie. pasaba el brazo por detrás de ella para sacudir del mármol algunas briznas de café. que estaban inclinados sobre la cafetera exprés.. —¿Sola? —preguntó María—. —¿De veras? Me encantan los buñuelos —dijo María poniéndose a Flo en la falda mientras se preguntaba si la niña no sería ya demasiado mayor para eso. y Sophie entró en la habitación. Ten cuidado. parecía rodear a Sophie con sus movimientos.—Está bien —dijo María. María no había visto nunca a un hombre tan cariñoso y protector. Éste sería el primer sitio al que iría una fugitiva.

la pequeña figurilla de oro estaba en su lugar.. —Anoche la cogí prestada —dijo Sophie—. Así pues. María fue repartiendo los demás regalos: cuentas de azabache para Hallie. María se inclinó para abrir la bolsa. muy atractiva para un hombre de cuarenta y dos años. Él se apoyó en el mármol de la cocina y le dirigió una sonrisa bobalicona. pero brillaba de una forma tan atrayente que no pude resistir la tentación. tal como dijo haber hecho la noche pasada. ¿no era ridículo que una mujer adulta sintiera ambiciones territoriales sobre el sitio que había ocupado en la mesa durante la infancia? —Así me gusta más —dijo Flo. María! —se apresuró a decir Sophie. claro estaba. —María se sintió confusa unos instantes. Ella siempre había considerado que aquél era su sitio. —Acerca una silla. Y Gordon se sentó al lado de ellas. y cuando se enderezó cargada de paquetes. —¿Su sitio? Pero. Gordon —dijo María. Tú estabas dormida y no quise despertarte. Fue una expresión juvenil.. había vivido fuera de casa durante muchos años. se corrió hacia la izquierda y se puso a Flo sobre la falda—. La sostuvo jubilosa en la mano derecha. y sintió una inquietud tremenda al comprobar que no encajaba. pasándole el pulgar por todo el cuerpo. Evidentemente. excepto Gordon. Pero. zapatillas de ante forrado de alpaca para Simón y un brazalete de oro para Flo.corazón de María empezó a latir inquieto al pensar en repartir los regalos. y se los pasaron unos a otros. Por fin se sirvió el café y todo el mundo se sentó. un resplandeciente suéter de lana para Gordon. —¿De dónde ha salido? —preguntó. —¡Es que has ocupado su sitio. ¡Es tan agradable al tacto! La tuve en la mano. No te importa que compartamos este asiento. —Es tuya —dijo. y me sentí tan relajada que olvidé devolverla a su sitio. Gordon había ocupado su lugar en la mesa. cariño? — preguntó intentando ser indiferente para ocultar su desazón. María se esforzó por parecer feliz y describió las aldeas ~19~ . apretando la mano de María para expresar su agradecimiento. María intentó compaginar la explicación de Sophie con lo que ella había visto en el coche. Sophie alargó la mano a través de la mesa para coger la diosa. Todos expresaron su admiración por los brillantes colores y la calidad de los obsequios. Pero. —La adoro. cuando Sophie ya había cogido la diosa. ¿verdad.

~20~ .de montaña en donde había encontrado cada regalo. pero no pudo dejar de pensar que Sophie había robado la diosa y que por alguna razón había decidido devolverla.

orificios del tamaño de medio dólar acababan por oxidarse. y también podrías estarlo tú —le contestaba esperanzada Sophie. mamá?». María pensaba en lo divertido que sería si las tres hubiesen podido ~21~ . mientras que con sus verdaderos hijos mantenía una relación distante aunque afectuosa.CAPÍTULO III María fue al granero y utilizó el Volvo de Hallie para poner en marcha a empellones el viejo Mustang de su padre. María apenas lo recordaba. treinta años mayor que Hallie. «Podrías haberte casado con cualquiera de ellos. Malcolm falleció mientras dormía. de quien. María solía pedir a Hallie que los llevara a la playa o al arroyo. —Levántate. Malcolm Dark había sido un hombretón jovial.» Sophie era más amable. contestaba sonriente Hallie. A veces simulaba dolor de garganta para no ir al colegio y quedarse en casa con Hallie. «Algunos me lo pidieron». los recitales de piano que había dado y los chicos con quienes había bailado en Yale y que ahora eran médicos notables y hombres de negocios. Sophie aborrecía dejarla sola. y Hallie se pasaba casi todo el tiempo con él. María se vestía para ir a clase y se daba cuenta de que Sophie se quedaba en la cama. Mientras tanto. según decían todos. María había dado rienda suelta a la fantasía imaginando que en realidad él era su abuelo. Hallie lo conservaba por razones sentimentales. Por entonces Malcolm Dark empezó a necesitar los cuidados que requiere una persona mayor. Al año siguiente. Odiaba conducirlo. es como esas señoras de la cárcel. Solía ir detrás de Hallie por la casa escuchando sus historias sobre los concursos ecuestres que había ganado. ¿verdad. no estás enferma —solía decirle. —Sí lo estoy. estaba locamente enamorado. «Es como una prisionera —pensaba enfurecida María —. y que su verdadero padre (joven y guapo) reaparecería algún día para reclamarla. Entonces ella pudo darse cuenta de lo mucho que le había amado y se dejó dominar por un dolor profundo que la aisló de sus hijos durante algunos años. Hallie se convirtió en una viuda joven con tres niños. pero ella nunca podía abandonar a Malcolm. Cuando tenía once años. Sophie había denominado «esa cara» a la expresión de Hallie. El coche traqueteaba y se estremecía en la carretera. Todos la aborrecían porque evidenciaba lo desgraciada que se sentía su madre. La quería como si fuera su hija. Ella deambulaba por la casa sacando la punta de la lengua entre los apretados dientes. preguntaba Sophie. en memoria de su marido.

le hizo rememorar los últimos días de invierno. no Sophie. Se apeó del coche y vaciló un instante antes de cerrarlo con llave. cuando se sentía tentada de hacer novillos con Sophie. Al pasar por allí se le ocurrió la posibilidad de adquirir un pequeño velero para el buen tiempo. Le fastidiaba pensar que Sophie y Hallie se pasaban todo el día juntas. aparejos y botas hasta las caderas en James's Bait and Tackle. de la librería. ropa interior de seda auténtica en un maniquí de Jo-sie's. Aldo provenía de una familia de banqueros romanos. «Tu peregrinaje». Mirar escaparates le pareció una novedad deliciosa. Estuvo sentada un rato en el coche viendo pasar a la gente. como él denominaba con indulgencia a sus visitas anuales. Pero ella no lo hizo jamás. A pesar de haberse criado en esta pequeña ciudad. Sophie tenía una voz hermosa. en su ciudad natal.quedarse en casa. Incluso el tiempo. El astillero estaba lleno de embarcaciones varadas y cubiertas para el invierno con plásticos azules. cruzó por los pantanos y luego por entre las majestuosas casas victorianas al comienzo de Summer Street. y se sentía muy dichoso cuando las cosas ~22~ . Reconoció a un condiscípulo del bachillerato cuyo nombre no logró recordar. pero la que quería ser famosa era Hallie. Aparcó entre la lavandería automática y el banco Pequot Savings. rosas. después de haber pasado tanto tiempo en países extraños. ahondando en antiguas civilizaciones. En Perú hacía sus compras en granjas a lo largo de sucias carreteras. y se avergonzaba por Sophie. mientras Hallie animaba a Sophie a soñar despierta con una carrera de cantante que la hiciera famosa. narcisos y lirios en la floristería Sea Garden. La culpabilidad fue su pago por el alivio de verse libre de Aldo. en aldeas sin electricidad. casi primaverales. Hallie no lo merecía. También sentía celos. el señor Brown. También a la señorita Rogers. codos de cobre en la fontanería Hatuquitit. Experimentó un sentimiento de culpabilidad al rememorarlos ahora. le causó una sensación tan estimulante como una aventura. Y si le interesaba tanto el canto de Sophie. María había olvidado sus placeres. templado y brumoso para febrero. quien tuvo cuarenta y cinco ausencias en un año. Condujo a lo largo de Cove Road. ella había estado demasiado atareada incluso para las reuniones de padres y profesores o para asistir a los conciertos de primavera de Sophie. Antes de que Malcolm muriera. ¿por qué no iba a sus recitales ? La carretera hasta la ciudad apenas había cambiado desde sus años de niños. Contempló monedas en envolturas doradas y langostas de chocolate en la confitería. Cada accidente del terreno le trajo recuerdos. Tenía un récord casi perfecto de asistencia a clase. El estar allí. María se enfurecía al pensar en Hallie y Sophie bebiendo té con miel (para la garganta irritada de Sophie). pasó ante la prisión. Aldo no había comprendido nunca sus sentimientos sobre Hatuquitit. y al carnicero.

Durante sus últimos meses en la montaña no habían hecho el amor ni una vez. María siempre había pensado que era un hombre genial. Había ido al colegio con él. Parecía tener la misma edad que María. —¿Se ha fijado usted algún precio límite? —Bueno. suéter azul de cachemira y falda gris. Y ella había empezado a sentirse en su órbita como una arqueóloga y no como su esposa. Su propia cama. Él apreciaba la fama sobre todas las cosas. —Gracias —dijo María. pero ésta no la reconoció. ¡Ya verá cuando le diga a Steve que ha vuelto usted a casa! ¿Conoce a mi marido? ¿Steve Grunwald? —¡Naturalmente! —exclamó María. ¿Cuántas personas componen su hogar? —Sólo yo —contestó María saboreando las dos palabras. Junto a aquella persona delicada con su melena rubia estilo paje. pero ella quería su propia casa. —¿Cuáles son sus necesidades? —preguntó la mujer—. Así podrá ver lo que hay disponible. Y no era sólo María quien no había querido. —La he visto en Nova —dijo por fin enrojeciendo—. Obedeciendo a un impulso. —Quisiera alquilar una casa —dijo. quien pareció vacilar como si quisiera decir algo. el tesoro faraónico «más» valioso. y en el cuarto curso le había robado su Sugar Daddy y se había negado a devolvérselo mientras él no le entregara su suéter para que ella lo lanzara a las ~23~ . Sabía que Hallie la recibía con gusto. Pero había dejado de respetarle. Yo le enseñaré cualquier casa que considere de su agrado. Aldo siempre había encontrado algún pretexto para demorarse en la excavación o dar charlas en la tienda contigua. la extensión «más grande» en Smithsonian y la esposa «más» devota. entró en el establecimiento. y todavía lo seguía pensando.ocurrían a gran escala: las tumbas «más» antiguas del pre-Chavín. su propia cocina y su propio suelo: tres cosas de las que no había dispuesto en las muchas tiendas de campaña que había ocupado. María se sorprendió contemplando unas fotografías de casas en el escaparate de Shoreline Realty. Y sonrió a la mujer. María se sintió como una bruja desaliñada. —¿Por qué no echa una ojeada a las listas? —sugirió la mujer mostrándole una mesa—. con sus pantalones negros y su chaqueta de cuero negro. un término medio —contestó vagamente María mientras intentaba convertir lo que ella tenía por una cantidad razonable de pesos en dólares estadounidenses. —¿En qué puedo servirle? —preguntó la corredora de fincas.

No está en la lista. Tengo una casa que podría interesarte. Miró a Nancy y pensó en sus hijos jugando con los de Sophie. Ella viviría allí si pudiera. Se preguntó si sería muy difícil adaptarse a ella sin tenerlos. pero está trabajando en Montreal. ¿Y qué te trae por aquí? —preguntó Nancy. ¿Cómo está? —Muy bien. —¿No tienes hijos? —preguntó Nancy. Su propietaria la adora.ramas de un árbol—. —Me he separado de mi marido —dijo María—. Pero creo que con hijos aún debe ser peor. rústica. No es una casa anticuada ni nada parecido. —¿A orillas del agua? —Sí. Es abogado. —Mira a las islas Hechizadas —dijo Nancy—. Durante doce años su atención se había centrado en la tierra y en las cosas que contenía. —¿Tiene buenas vistas? —preguntó María. —Yo soy Nancy Grunwald —dijo la mujer estrechando la mano de María y entregándole una larga lista con las casas disponibles—. Y no he querido quedarme en Perú. en el embarcadero de la Squaw. ~24~ . Nuestros niños juegan con los de Sophie. y cañerías. —Me alegro —dijo María pensando en lo bonito que era estar de vuelta en una ciudad pequeña. Está a orillas del agua. como por ejemplo la inmobiliaría. Los niños parecían unir esta ciudad. ¿Tiene calefacción? —Sí. Se preguntó tambien si habría tenido tiempo para criar niños. Pero supo la respuesta de antemano: no con Aldo. —¿Sabes una cosa? —dijo Nancy mientras María ojeaba la lista—. —¿Hasta qué punto? —preguntó María—.. —Eso de no tener niños debe de facilitar las cosas —dijo Nancy—. La separación debe de ser horrible.. Es un poco. Espera a verla. de haber seguido una actividad profesional diferente. Ha pertenecido a su familia durante tres generaciones. Tiene el bufete en el mismo edificio que su hermano Peter. Un lugar realmente bonito.. Sólo se corre la voz. Desde luego no le gustaría a todo el mundo. La sencilla pregunta de Nancy le causó incomodidad.. —Eso pienso yo también —dijo María. no te preocupes —contestó sonriente Nancy—. —No —dijo María.. Está un poco aislada y no es desde luego un lugar de interés turístico.

Entonces decidió seguir el espíritu de su mujer hasta la Tierra de los Muertos. ella morirá otra vez y no volverás a verla nunca más” ~25~ . María se dirigió directamente hacia su sección favorita: el folklore local. Le dio la mano y se encaminó hacia la biblioteca. «Una visita a la chimenea del diablo» y «Hatuquitit: nuestro tricentenario». con persianas blancas y un espacioso porche. »"¡No puedo dejarte marchar!" -clamó el marido. pero la esposa le dijo que su marido no podría enseñarles la casa hasta las cuatro. María pasó a la sección titulada «Colonial Trickery» e «Historias de amor». —Por supuesto —dijo María. Cuando el sol empiece a levantarse. "Escucha joven -dijo-.pero esto solo sirvió para ahondar su dolor. ella salió de su tumba y caminó por la bahía hasta las islas hechizadas.Llamó por teléfono al vigilante. largas mesas de pino y estanterías de libros. Todo le pareció más pequeño de lo que recordaba. encarámate a ellos y allí encontrarás a tu esposa. Al caer la noche. si haces lo que yo te diga. Dentro destacaba la mesa de la bibliotecaria. casada ya con un pequot «Cuando descubrió la infidelidad de su esposa el marido indio le atravesó el corazón con una flecha -leyó María. Dos de ellas estaban situadas en el embarcadero de la Squaw. Leyó algo sobre un mercader inglés que hacia el convenció a los indios para que le vendieran su mayor cementerio. Pensó en telefonear a Sophie o Nell para pedirle que viniera a la ciudad y la acompañara a ver la casa. podrás reunirte con tu amada Sigue el camino de la playa hasta los arrecifes. María hojeó los «Cuentos de Pequot». El hombre se enamoró de una squaw. una sala de lectura con butacas de vinilo. En la portada había un mapa de Hatuquitit con una equis señalando el emplazamiento de las tumbas indias. »"No me sigas" —le suplicó ella. —¿Tienes algo que hacer hasta las cuatro? —preguntó Nancy. La Biblioteca Hatuquitit era una casa de piedra en Summer Street. pero ella apretó el paso hasta desaparecer en el bosque de la mayor de las islas »Un halcón marino oyó llorar al hombre. había estanterías de revistas. prometiéndoles trasladar los huesos a alguna otra tierra sagrada. Su marido tubo que remar muy deprisa en su canoa para alcanzarla. Ella estará viva y podrás llevarla a casa en tu canoa. Soplaba una brisa salobre y fresca desde la bahía a lo largo de la vía férrea. pero alguien estaba utilizando el único teléfono público. Las estanterías estaban llenas de libros ilustrados y de revistas amarillentas con títulos tales como «Cuentos de Pequot». ¡Pero no la toques ni permitas que nadie lo haga durante cuatro días! De lo contrario.

Tenía algunas páginas sueltas. la valerosa novia saltó a un carro tirado por un asno y se encaminó hacia el arroyo. Luego cogió un libro pequeño que había leído ya cien veces. A través de su procelosa superficie divisó a su gran amor. Ella. Lo se porque me has seguido hasta aquí " »El guerrero indio llevó a su esposa en una canoa a través de la bahía y la escondió de los otros pequot durante tres noches. Dentro de la portada había hileras de fechas que se remontaban sólo hasta 1982. vociferando para hacerse oír por encima del viento aullador. María pensó que no habría ningún niño de Hatuquitit que no hubiera leído el libro por lo menos una vez. Pero tan pronto la hubo besado ella empezó a hacerse transparente y desapareció para siempre. El libro tenía una descolorida portada roja con letras negras y parecía estar más cerca de la desintegración que veinticinco años antes. pero no fue así. Si la boda no se celebraba aquel mismo día. los contrayentes pronunciaron sus votos nupciales. Así pues. pero recordo lo que le había dicho el halcón. y allí. pasó por allí. Pero el pastor había venido de Massachusetts.»El joven obedeció al halcón. preguntó sin cesar a su madre si habían llegado ya su prometido y el pastor. Ella vivía al este del arroyo y él al oeste. Pero a la mañana del cuarto día. La campana de la iglesia resonó por toda la ciudad y continuó tañendo hasta que amainó la ~26~ . muy lejos de ser un espíritu. deque algunos propietarios descubrían huesos indios en sus sótanos o cuando removían la tierra para construir una piscina. El libro relataba la historia de una pareja que iba a casarse. El pastor abrió su Biblia. Apenas la vio se abalanzó radiante para abrazarla. Él sintió un deseo vehemente de tocarla. habría que aplazarla por lo menos un mes. que seguía enamorado de la squaw. dijo la madre. Pero jamás había oido la leyenda india. La historia del Bell Stream. «Entonces celebraremos la ceremonia cuando pase la tormenta». Y empezó a releerlo. mató al inglés con su tomahawk. adonde debería regresar aquella misma noche. Ella sonrió y dijo: "El amor que sientes por mi es verdadero a pesar de que yo he amado a otro hombre. cada uno en una orilla del agua. Fueron pasando las horas. La noche anterior a la boda se desencadenó una tormenta. Llovió hasta el amanecer. Agitó frenética los brazos y él le respondió. Y por eso el iglés no pudo cumplir su promesa de trasladar las tumbas indias. vestida con su traje de boda. Corría el año 1679 y el lugar era Hatuquitit. cuando lo había leído por primera vez. que sobresalían del resto. razón por la cual muchas casas en Hatuquitit están construidas sobre tierra sagrada » María ya había oido parte de esa historia. impresas por el sello de la bibliotecaria. Se encaramó a los arrecifes de roca en el preciso momento en el que un sol rojo emergía de las aguas y allí estaba su esposa. Corrió la voz de que el arroyo se había convertido en torrente y que nadie podía cruzarlo. el mercader inglés. Cuando el guerrero indio descubrió lo sucedido.

La pequeña parecía sin fuerzas y no respondió al abrazo. —No me dejes. enterrando la boca en su mochila Minnie Mouse. hablando con tono mesurado. Medita bien sobre tu equivocación. Cuando están furiosas. —No. María corrió hacia ella. Sophie no contestó. ¡Qué felices se habían sentido María y Sophie de que el Bell Stream corriera a lo largo de sus tierras! De niñas habían reconstituido mil veces la ceremonia intentando determinar los lugares exactos en donde se situaron los novios y el pastor. —Por favor. aquello le tenía sin cuidado. —María levantó a la niña del suelo y la abrazó. —¿Flo? —susurró. ¿Acaso no sabes lo mucho que le hiciste enfadar a papá? No te preocupas lo más mínimo por él. Flo tenía seis años. Sin pensarlo dos veces. mamá. meteré todas tus cosas en una bolsa de basura y la arrojaré lejos para que papá y yo no tengamos que pensar más en ti.. Sophie había colocado varias piedras que habían cogido en Town Beach para señalar los lugares más probables. No me lleves allí. y luego el llanto desconsolado de Flo. estaba escuálida. —gimoteó Flo—. por favor —dijo Flo. —¿Está mamá? —preguntó Flo. María se sumió de tal forma en aquella historia. Ahora iré a casa. a veces las ~27~ . Un verano. —Mamá quiere enviarme a la prisión —susurró. Lo sabes muy bien. A excepción de una pequeña barriga.. no es cierto —dijo María—. Se había acurrucado. —Esta vez lo digo en serio —dijo—. ¡Quiero a papá! María se sintió paralizada de horror. —¡Sí que me preocupo! —dijo Flo muy nerviosa—. Llevaba trenzas. Sophie apareció en el pasillo contiguo. —No. —Quédate aquí —dijo Sophie con tono afable—. María oyó el repiqueteo de sus tacones al alejarse. A Peter. y cuando yo regrese te llevaré a la prisión. Allí es a donde van las niñas malas.tormenta y los novios pudieron reunirse. Quiero que te quedes aquí y que medites sobre lo que has hecho mientras yo voy a casa para empaquetar tus cosas. —No tengo otra elección. Ya he telefoneado a la celadora. Quiso huir al otro pasillo pero no pudo moverse. — Flo —repitió María inclinándose para tocarle la cabeza. Desde ese día en adelante el arroyo se llamó Bell Stream o Arroyo de la Campana. que tardó cierto tiempo en captar lo que su hermana estaba diciendo.

. —¿Mucho rato? —Hasta que oscurece —dijo Flo. —Mamá está muy enfadada —dijo Flo. —¡No. te llevaré a casa —dijo—.madres dicen cosas que no piensan. —Escucha —dijo María cogiendo a Flo de la mano y haciéndola levantarse—. ~28~ . —Tengo que quedarme aquí —dijo Flo—. que seguía llorando y se atragantaba al hablar. llamaré a la policía. Los brazos comenzaron a dolerle. la bibliotecaria le lanzó una mirada aviesa. —¿Y sabes por qué? —preguntó María. Puedes venir conmigo a casa de la abuela. ¿le querría decir que. luego se sentó y la puso en su regazo. Cuando venga su madre. —¿Qué regla? —Mamá me deja aquí porque es un lugar seguro y bueno para meditar sobre las cosas. María pospuso su cita para ver la casa del embarcadero de la Squaw. se agarró a la pierna de María y empezó a llorar de nuevo. María no dijo nada y continuó meciendo a la niña hacia delante y hacia atrás. Dígale a su hermana que la próxima vez que abandone aquí a su hija. Se lo diré a la bibliotecaria para que ella se lo transmita a mamá cuando regrese. Yo soy la hermana mayor de la mamá y digo que debes venir conmigo. —Soy la tía de esta niña —dijo María—. —Porque lloré en el dentista —dijo Flo. conduciéndola fuera de la biblioteca. Se sentaron en los asientos delanteros del «Mustang» y miraron la lavandería automática. intentando mecer a Flo. Esta situación se está repitiendo demasiado a menudo. María se detuvo ante la mesa. la policía no! —gritó Flo.. Tomaron unos helados de cucurucho.? —Esto no es una guardería —le interrumpió la bibliotecaria—. de modo que dejó cuidadosamente a Flo en el suelo. Flo —dijo María. —¿Te deja aquí muchas veces? —No muchas —contestó Flo—. Flo la acompañó sin decir palabra. Algunas veces. —Vamos. Es la regla. —En cuanto te encuentres mejor.

Pensó en la forma de preguntar lo imposible. —¿Te gusta tu dentista? —Es simpático. Y le pasaba todavía. muebles sólidos forrados con zaraza y tartán. que estaba viendo la televisión en el estudio. Una criatura. había bordado el perfil de un corazón ~29~ . La cocina amarilla tenía un hogar abierto. Pasaron ante Simón. Sophie se hallaba en la cocina ante el fregadero. —Mira a quién he encontrado en la biblioteca—dijo María. Es muy amigo de papá —dijo Flo. María se sintió impotente y sin ideas. presentándose como la tía de Flo? Luego le pareció oír de nuevo la voz tranquila de Sophie diciendo a Flo que la enviaría a la prisión. a mi casa. ¿Cómo le había permitido la bibliotecaria dejarla marchar con Flo? ¿Qué habría pasado si ella hubiese sido una secuestradora. ¿Cómo se llama tu dentista. Pero me da miedo ir a su casa. pero tal vez no era oportuno decir tal cosa a una niña. Llevaba un delantal rojo que se tensaba sobre el pecho. —¿Quieres decir que el doctor Kaufman es un amigo de tus padres? —Sí. o a la de la abuela? —No. El suelo de ladrillo rojo estaba cubierto de una alfombra trenzada. empezando a mostrarse inquieta—. Su cabeza era un hervidero de preguntas pero no supo cómo formularlas sin inquietar otra vez a Flo. —Sí —dijo Flo. —Ya lo sé —repuso María. y por qué su llanto había puesto tan furiosa a su madre—. lamiendo cuidadosamente el helado de naranja para que no le goteara. Quiso que Flo le contara lo que la había hecho llorar. ¿Me llevarás pronto a casa? —Claro —dijo María poniendo en marcha el coche—. Y también a la del médico. No es malo. A veces viene a casa a cenar y entonces no me da miedo. María cogió a Flo de la mano y atravesaron la puerta de entrada que estaba abierta. distraída. ¿A tu casa. probablemente. Flo? —Doctor Kaufman. y se encontró meditando sobre cosas que se pasaban de la raya.—La gente se lava ahí la ropa —dijo Flo. colocando hielo triturado en un gran recipiente de cristal. Sophie había decorado la casa de campo con antigüedades rústicas. —¿No te parece divertido comer helado después de ir al dentista? — preguntó María con voz pausada. fotos de familia y cuadros con paisajes del siglo XIX en las paredes. Sophie se volvió y su cara se descompuso. —A mí me solía pasar lo mismo —dijo María.

—¡Ay. Y salió corriendo. María! —dijo Sophie secándose unas lágrimas que le corrían por las mejillas—. —¿Puedo hablar contigo? —preguntó al cabo de un momento María. Pero nadie lo dice en serio. Abrió los brazos y Flo corrió hacia su madre. Observó a Sophíe y a Flo. mamá —susurró Flo—. acariciándose. Yo estaba en el pasillo contiguo. —Gracias a Dios que estás bien —dijo Sophie.. —¡Por Dios. —María sonrió a Flo intentando tranquilizarla. —Vale. qué contenta estoy de verte otra vez en casa! —exclamó Sophie separando los mechones de pelo en la frente de Flo. Supo que si se tocaba el pecho encontraría el corazón latiendo descompasado. pero que no se te ocurra hacerlo otra vez sin preguntarme. —Estoy bien. Volví a recogerla y no la encontré.. —Tía María me hizo acompañarla —exclamó Fío. ¿No te lo contó la bibliotecaria? ~30~ . —Quiero decir a solas. Todo ha terminado bien. — Flo se lo creyó. pero no estabais aquí cuando llegué a casa y mamá no sabía dónde andabais. —Claro. María se sintió enferma al pensar en la inquietud que había causado a Sophie. mamá —dijo Flo con un hilo de voz. —¿No te dijo la bibliotecaria que me la había llevado? —Sí. cariño? —dijo Sophie. —Habíame cuando tengas hijos —dijo—. Abrió un cartucho de chocolatinas y se puso a comerlas con avidez. Sophie hizo una mueca y sacudió la cabeza con amargura. —Oí que le decías a Flo que ibas a enviarla a la prisión. María hizo una inspiración profunda. que se apretaban una contra otra. —Naturalmente —dijo Sophie. cariño. Quizá lo hicieras con buena intención. con los ojos llenos de pánico. La niña se puso rígida. —¿Qué oíste? —preguntó Sophie descargando un martillazo sobre una toalla llena de hielo.azul en él. ¿Por qué no te vas con Simón. No puedes ni imaginarte lo que he estado sufriendo. Estaba llorando a lágrima viva. Todas las madres de Hatuquitit les amenazan con lo mismo. —Te oí en la biblioteca —dijo—.

Petrossian beluga. —¿Y qué celebráis? —No celebramos nada —dijo Sophie—. —Pensaba que era porque lloró en el dentista. Flo no tuvo miedo de él. Últimamente lo hace con frecuencia. Luego pensó en la figurilla de oro ~31~ . —Pues a mí también me da miedo el dentista —dijo más tranquilizada María.—Me dio un rapapolvo estúpido advirtiéndome que no volviera a dejar allí sola a la niña. —Sophie —dijo María procurando hablar con calma—. —Bueno. —También yo te quiero —dijo Sophie. A decir verdad. —¿Para qué es ese hielo? —Caviar —dijo Sophie—. Estoy preocupada por ti.. Te quiero. María vaciló. Así son las cosas en esta casa. María casi creyó que había soñado la escena en la biblioteca. Cree que es un dentista muy cariñoso. y observé que se mostró muy dolido cuando Flo empezó a llorar. Sophie siguió comiendo chocolatinas sin parar. se puso a llorar porque sus amigas le dicen que debe mostrarse asustada con el dentista. Es sólo porque nos sentimos felices. ¿No recuerdas cuando te pasabas allí horas enteras sin mamá? —Mientras hablaba. Adora a los niños. eso es lo que dijo. —Sophie intentó sonreír.. Me trató como a una madre incompetente. —¿Eso es lo que te dijo? —preguntó Sophie mirando fijamente a María. Oyendo la voz cálida de Sophie en la acogedora cocina. el favorito de Gordon. Quería proteger a Flo pero necesitaba saber lo que diría Sophie. pero sus nudillos se pusieron blancos sobre el mango del martillo. —Sí —dijo María. —Verdaderamente me pasé —dijo Sophie con voz trémula—. no me extraña con los médicos hechiceros a los que probablemente estás acostumbrada. Lo comeremos esta noche. Pero recordó también que por entonces tenía mucho más de seis años—. A veces dejo a los niños mientras voy corriendo al mercado o a Correos. —Sí. Paul Kaufman es un buen amigo nuestro. pero nunca demasiado rato. ¿Quieres explicarme una cosa ? ¿Por qué te enfadaste tanto con Flo? —Dejó caer a propósito un frasco de mostaza en el mercado. Él y Gordon juegan juntos al golf. Una buena razón.

Así que dijo adiós y se fue.. ni mucho menos —dijo María—. —Luego. Se lo merece todo. —¿Qué quieres decir? ¿Que Gordon no se lo merece? —preguntó Sophie con un tono molesto. Muy original..y volvió a sentirse intranquila. ~32~ . —No. comprendió que debería marcharse aprisa. —Caviar un martes por la noche —dijo con voz sorda queriendo saber más pero sin atreverse a preguntar—. sorprendida de repente de que Sophie estuviera triturando hielo mientras daba por perdida a su hija.

. una vez mi madre me dijo que iría a la prisión si no era buena —dijo Nell—. —¡No estoy acusando a nadie! —dijo María—. y hay una cárcel de mujeres a dos millas bajando por la carretera. Hemos de pensar en Simón y Flo. —Pues fíjate.. no debe preocuparnos la reacción de Sophie. de acuerdo con su imagen de abogado de pequeña ciudad. se revolverá contra ti en un segundo.. y el hombre jugueteaba con sus cubiertos usando la pala de su cuchara como un fulcro y el cuchillo como una barra..CAPÍTULO IV —Te conviene asegurarte antes de acusar a nadie de negligencia —dijo muy solemne Peter Dark. Creo que es algo irresistible para las madres que viven en esta ciudad. —¿Le dirías a Andy que te propones enviarlo a la cárcel? —No —dijo Peter. Si Sophie te oye decirlo. Llevaba muy corto el pelo ondulado. Y cada uno tiene su propio método para castigar a los niños. Podría demandarte por difamación. María se dio cuenta de la impaciencia de Nell ante el comportamiento de Peter. —Eso es lo que le dijo Sophie —observó María. —Siempre y cuando te des cuenta de que ésa es una de las imputaciones más serias que puedes hacer. —O pincharte los neumáticos —dijo Nell. Desde el invierno pasado se había dejado bigote. Sus gafas de montura metálica reflejaban la luz de vela. quien parecía pensar primero como abogado y reaccionar después como hermano. ¿O es algo normal? —Una de las dos cosas —comentó Peter mientras ensartaba un trozo de bacalao—. —¿Me he vuelto loca? —preguntó María—. Quiero decir que llegas al límite de tus fuerzas. María se sintió conmovida de que Nell la hubiese invitado a cenar tan pronto supo lo ocurrido con Sophie. Estoy hablando en confianza con mi hermano y mi mejor amigo. Los vaporosos rizos rojos de Nell tenían un aspecto encantador sobre la blusa de terciopelo negro. Los padres suelen perder la paciencia. ~33~ . —Si está sucediendo algo —continuó Nell—.

Solomillo. y Flo suplicando con verdadero terror y desesperación. A menos que sea ésa la razón de sus hurtos.. —Estaba recordando a la propietaria del terreno en donde queríamos excavar. Si lo hiciese habría pruebas: magulladuras o algo parecido. ¿No has visto lo gorda que se está poniendo? —Esta noche le pondrá caviar —dijo María. habíanos de tus excavaciones.. —María recordó el rostro lúgubre de la señora Hacha y lanzó una carcajada. ¿Y de las cosas que come? —¿Y qué le importa a nadie lo que coma? —Peter empezó a impacientarse. En la cultura Chavín sólo lo llevaban los sacerdotes o los dignatarios políticos. Pero. ¿vale? —dijo Peter—. —Cada noche le sirve unas cosas increíbles a Gordon —dijo Nell—. —Dejemos de despellejar a los Littlefield. y no bromeo. —¿Qué me dices de los hurtos? —preguntó Nell—. Cultivaba coca y en medio de su tierra había un túmulo funerario. ¿de qué? —Deberías hacerlo —dijo al fin—. —No sé cómo puede permitírselo —dijo Nell—. así que no necesitas el permiso del propietario para excavar. ¿Encontraste allí mi ornamento de nariz? Podría llevarlo mañana al juicio. —¿Y lo encontraste en tu excavación? —No.. —Tal vez esto sea peor que pegarles —dijo María. Gordon no puede hacer tanto dinero con el negocio de la ferretería. —¿Qué pasa? —preguntó Nell. María se le quedó mirando. Un ornamento de nariz es un símbolo de poder. todas las ruinas pertenecen al Estado. langosta. No quiso contestarle de momento porque tan pronto como lo hiciera se cambiaría de tema y desaparecería la tensión. ¡Cada noche! Y cada vez que paso por MacDonald's veo su coche en el aparcamiento. María creyó que ninguna niña de seis años debía sufrir semejante angustia.. Está prohibido sacar del país el ejemplar auténtico. Venga. foie gras. Por muchas que fueran las explicaciones de Sophie y por mucho que Peter quisiera ver el lado bueno de ella. ~34~ .—Ella no les pega —dijo Peter—. Ése es copia de uno que encontré cerca de Chupas. En Perú. Le fue imposible olvidar sus voces: el tono afable de Sophie. María sólo quería salvar a Sophie. María. Pero Aldo.

En Ha-tuquitit donde todo lo familiar parecía haber cambiado. Y nos acompañará —dijo Aldo poniendo punto final a la discusión. —Ella no puede venir. —Te comportas como si estuvieras tratando con un estudiante —dijo.. ¡Y hablaba en serio! Mientras contaba esa historia. Terminó de descubrir todo el esqueleto de un ratón de campo. — María es arqueóloga. consideraba algo cómica la cortesía europea de Aldo. Protegiéndose los ojos. —Tú sí que estás excavando como un estudiante. Él no siempre había empleado ese tono. María percibió de repente que Aldo estaba de pie a su lado. Él le presentó aquello con orgullo. Pero no fueron sus diferencias profesionales lo que molestó a María sino el tono en que le habló. María se fue tranquilizando. señor —dijo Pedro. mientras dejaba al descubierto con el duro pincel un cráneo minúsculo. como si pensara que el alegato de Pedro carecía de fundamento. que las habían criado desde niños. los templos esculpidos en piedra de Cha-vín. —¿Por qué te molestas con eso? —preguntó impaciente. al igual que todos los Dark. Una noche él le dijo que la llevaría a unas ruinas de la montaña en donde una hechicera invocaría los espíritus para que la excavación fuera un éxito. Aldo.—Claro. Concéntrate en la tumba. Sabía que era un hallazgo insignificante pero consideró que se debía clasificar todo cuanto se encontrase en la excavación. Las mujeres no deben estar presentes en la ceremonia de la hechicera. ~35~ . pero María lo hacía por vez primera. mientras buscaban lo que casi con toda seguridad serían unos objetos de oro. Ella. María recordó la primera vez que excavaron juntos en Perú. Agachada en el lugar de la excavación. María le miró sin pestañear. deseoso de que a ella le gustara la vida en las alturas andinas. María se sintió una extraña. Nell empezó a retirar los platos y Peter fue a echar un vistazo a su hijo dormido.. Dijo que aquellas plantas eran su familia.. María hizo caso omiso de su comentario. Aldo prefería dejar ese trabajo a otros. Aldo ya había excavado allí muchas veces. se fue sintiendo a sus anchas. —Él le dijo que pagaríamos todo el cultivo que se destruyese con la excavación —explicó María—. y luego lo clasificó hueso por hueso. María recordó que fue precisamente después de excavar en los terrenos de la señora Hacha cuando ella empezó a pensar en marcharse. la señora Hacha. o pasarlo por alto.. pero la señora Hacha no quiso ni oír hablar del asunto. quizás el de un ratón. el ayudante peruano de Aldo—. Al recordar las montañas. Aldo lo pediría —dijo Nell.

El equipo arqueológico. pero no pudo sonreír. Su respiración se agitó tanto como cuando ella y Aldo vivían a dos millas de altitud. la sonrisa fácil. todos hombres excepto María. alzando cada ofrenda y arrojándola luego al fuego. como hicieron la última vez. Las llamas se dispararon hacia el cielo oscuro. Va a ir con un amigo. Aldo le alisó el pelo y le puso los labios ardientes junto al oído. porque le pareció como si los espíritus estuvieran a punto de descender. La hechicera miró a María en medio de un silencio sepulcral y se negó a hacer magia hasta que Aldo se lo exigió. ascendió a la tumba una noche oscura y fría. esto no te parecería tan disparatado. Comprendió que Nell quisiera terminar la velada con una nota agradable. Tenía entradas para el Yale Rep. María recordó la cara de Aldo: su clásica nariz romana. —¿Asustada. el contacto del brazo de Aldo alrededor de su espalda mientras la hechicera quemaba sus ofrendas. —Me alegro por ella —dijo María intentando dar el salto cultural desde la magia a la vida social de su madre. —¿Sabéis una cosa? Tal vez todos estemos equivocados sobre Sophie — dijo Nell con ligereza. —Espíritus de la montaña. bella! —preguntó Aldo—. —Así se hace cuando la vaca de Pedro se seca o las gallinas de Juan dejan de poner huevos. Todas las ofrendas fueron iguales: tres hojas perfectas de coca embadurnadas con grasa reseca de llama. Recordó la pasión en la voz de la señora Hacha. María se apretó atemorizada contra Aldo. ~36~ . cenizas plateadas y serpol. De este modo no podrán decir que la excavación está embrujada. —Tiene una cita —dijo gesticulante Peter—. Las lámparas de petróleo llamearon al viento y arrojaron largas sombras sobre las pétreas paredes. —Lástima que Hallie no pudiera venir esta noche —dijo Nell—. Por fin la bruja preparó cincuenta y dos ofrendas para otros tantos espíritus. Si tuvieses una abuela en Sicilia. os suplicamos seguridad y fortuna —dijo la hechicera en español cincuenta y dos veces. —¿Y esto va a proteger nuestra excavación? —preguntó María. los sensuales ojos verdes que se llenaban de lágrimas con mucha más presteza que los de cualquier hombre que María había conocido. y continuó sentada ante la mesa de su hermano reflexionando sobre el poder de la magia y el poder del amor. María no respondió. Acomodada en la sala de Peter. Ninguno de nosotros lo conoce.

mamá. ¿dónde está esa casa que vas a enseñar a María? —preguntó Hallie. Tú la conoces. —A mí me parece maravilloso —dijo María. —Supongo que sabes lo que quieres —dijo Hallie. leyendo. Cuando se alejaban. entrar en el mercado con una capa revoloteando alrededor de sus tobillos y unas gafas negras sobre el pelo mientras las demás ~37~ . Hallie salió al portal envuelta en un chai amarillo de lana. —Hola. en el cabo. Puesto que ya habían hablado sobre la invitación de Hallie a un cóctel en Slocum. Nancy. ¿verdad. sin otra cosa que mirar más que el agua. Hola. —La conozco —la interrumpió María. Nancy miró a Hallie por el espejo retrovisor. María supuso que en realidad lo que quería era hablar con Nancy. Cuando María estaba subiendo a la furgoneta roja de Nancy. señora Dark. A las dos de la tarde del día siguiente. Gracias por recordármelo —dijo María. Hallie había deseado causar efecto desde que sus hijos eran pequeños. Tu madre me recuerda a una artista de cine. Mucha gente había hecho el mismo comentario. María sabía cuánto le gustaría a Hallie oír decir eso. Hallie tenía habilidad para parecer enormemente preocupada por el bienestar de sus hijos mientras les hacía dudar sobre lo que pensaban.. Nancy Grunwald recogió a María en casa de Hallie. Resulta fácil sentirse deprimida cuando estás a varias millas de cualquier ser viviente. sólo quiero recordarte que estaré fuera cuando vuelvas a casa —dijo Hallie—. —En el embarcadero de la Squaw —dijo Nancy—. María? Es una colonia de chalés a las afueras. —Es un sitio solitario para vivir en invierno —dijo Hallie—. —Oye. — María.. —Vale. —No conozco a nadie en Hatuquitit que sea capaz de ponerse un chal amarillo —dijo Nancy—. Pero sus comentarios sobre el embarcadero de la Squaw sólo sirvieron para que María imaginara furiosas tormentas desencadenándose desde el mar mientras ella estaba sentada sola junto al fuego.CAPÍTULO V .

Una capa de nieve cubría el patio. cuando ella y Aldo contemplaban las evoluciones de un águila dorada cazando a la luz de la luna. Muros de piedra de más de un siglo circundaban la propiedad. La casa sufre un tremendo vapuleo con las tormentas. No está bien aislado. Ello le hizo pensar en Perú. Nancy torció a la derecha en un largo camino flanqueado por abedules y pinos.-. Y también salmones. María se acercó y observó cómo los bulbos seguían los contornos de la roca. Detrás de él. —Sí. Más allá se iba en línea recta a Portugal. Las espadañas bordeaban los bancos de la marisma. Aspiró el olor de los pinos y del mar. e incluso a través de sus ventanas. Yo solía hacerlas aquí. Y además. Están empezando a desovar en el río por primera vez desde hace cincuenta años. ¿verdad? ~38~ . Las tres islas Hechizadas. María divisó el mar. El arrendatario del invierno pasado se quejó de que la factura de petróleo subía demasiado. Nancy se acercó. —Me lo quedo —dijo. Después de dejar la ciudad pasaron por el parque nacional Lo-vecraft Wildlife. —No. Pero hay algunos problemas. —Muy bonito. pequeñas y deshabitadas. Un diminuto chalé gris se alzaba al final. —Todo el mundo queda entusiasmado con el panorama.. empiezan a volver. —¿Hay por aquí muchos quebrantahuesos? —preguntó María. Alguien había plantado narcisos al pie de una gran roca. Acostumbramos a ir allí en Navidad o Pascua. punteaban el horizonte. —Las visitas anuales —dijo María—. —¿Vive en la ciudad tu familia? —preguntó María. Nancy se echó a reír.madres llevaban faldas escocesas o vaqueros.. María tendió la mirada hacia el mar a través de la marisma ambarina. casi cada año. Un chavín habría podido creer que aquella roca era uno de sus ascendientes transformado en piedra. —No me imposta —dijo María apeándose—. Conocí a Steve en una boda —respondió Nancy—. Quiero vivir aquí. Yrecordó una noche clara de noviembre a las afueras de Cuzco. Promontorios graníticos de la última era glacial surgían de la tierra. Soy de Chicago. unas plataformas sobre sólidos postes contenían los nidos que los quebrantahuesos habían hecho el verano anterior.

Ahora no piensa más que en volver a casa. le echó mucho de menos.. —¿Pasamos adentro? —preguntó Nancy—.—Sí. pero me imagino que debe ser. como si no estuviera segura de que María quisiera hablar del tema—. María sonrió. Además esto rayaba el chismorreo. —¡Eso sí que tiene gracia! —dijo María. María no había visto nunca un lugar tan romántico. zócalo plateado sin pintar. las cómodas marineras. con techo abovedado.. —Me encanta —dijo María mientras examinaba el sofá y las butacas de junco. Pero cuando pensó en el intenso placer que habían compartido juntos.. Hubo suerte: consiguió abrir con la segunda llave que probó. cosa que él odiaba—. Luego marchó escaleras arriba y encontró dos dormitorios y dos cuartos de baño. —Aquí todo es muy luminoso —dijo Nancy. se alegró de haberle dejado. es muy bonito —dijo María.. —Sacó del bolso un abultado llavero. No pudo imaginarse a Peter hablando de ella en el trabajo. La casa era sencilla. cama de matrimonio y una alfombra oriental raída pero enorme). y cómo la había amado sólo pensando que podía moldearla. Cuando entró en el segundo dormitorio (una habitación del tipo desván ocupando toda la anchura de la casa. —Creo que Peter está preocupado por ti —dijo Nancy. Pero eso será si puedo averiguar qué llave. Steve era un obseso del trabajo hasta que nació Melissa. pero porque pensaba que su hermano era ahora padre. María había estado explorando arriba y abajo más confusa de lo que se había sentido en Perú. —Sí. eso los cambia —dijo Nancy—. por ejemplo cuando contemplaban las evoluciones de aquel águila dorada. Una habitación grande con tres ventanas panorámicas que daban a una terraza cubierta de madera. y más allá el mar. —Nancy se expresó con timidez. María pensó en el guerrero pequot remando desde el patio en busca del espíritu de su mujer. Las islas Hechizadas quedaban a media milla de la costa. De pie ante una de las ventanas. ~39~ . —Gracias.. Cuando recordó la actitud de superioridad de Aldo.. María se sintió como si llevara el timón de un barco. y cómo había perdido todo interés por ella al ver que adquiría su propio estilo. —Quiero decir que éste puede ser un buen lugar para superar. Debe ser el sentimiento paternal. sintió un escalofrío. las estanterías cuidadosamente instaladas debajo de la escalera. Peter le dijo a Steve que deseas volver a trabajar y todo eso. tu separación.

Aún sentía irritación contra Sophie desde ayer. —Me vendría bien una colcha de plumas —dijo. a menos que el arriendo sea por un año..—Esta habitación no está aislada —dijo Nancy—. como en mi caso. —Tal vez una manta eléctrica —dijo Nancy. por cierto. Es una alcoba portentosa y. Sin trabajo y sin Aldo. ¡Caramba! ¡Menuda habitación! —exclamó mirando a su alrededor—. —Me estaba preguntando cómo vas a pagarlo —dijo Sophie de pronto—. He ahorrado lo suficiente de otras subvenciones para que me dure un año. endiabladamente fría.nen dificultades para alquilar sus casas en invierno. Nancy me ha dicho que los propietarios de por aquí tie. Hacía tanto frío en aquel dormitorio como en la tienda de María. ¿verdad? —No. He ido con el coche por todo el embarcadero de la Squaw buscando el de Nancy y. —¿Recuerdas cómo remábamos hacia las islas Hechizadas? —preguntó Sophie mirando por la ventana. María no supo qué decir cuando estuvo a solas con Sophie. Además tendré trabajo. Quédatela. Pasearon en silencio por el piso superior. Y pareció como si el comentario mordaz de María hubiese dado en el blanco. —¡Qué hay! —dijo Sophie. Los precios suben en junio. Nancy se marchó dejando que María explorara la casa y recorriera la finca. No costará una fortuna. —Me la quedaré —dijo María sonriendo a Nancy. y abrazó a María—. Y de pronto adoptó una actitud más ceremoniosa. recordarle que dependía de Gordon mientras que ella era independiente—. —Hablaba con el aplomo de un agente inmobiliario seguro de haber hecho bien su trabajo. Es una casa imponente. quiso herirla.. —Tienes suerte —dijo Sophie. —¡Eeeeh! —gritó Sophie desde la entrada. —¡Hola. Pasaron a la sala. allá en la montaña. Es uno de los inconvenientes. —Es un lugar muy hermoso —dijo Sophie—. —Aldo no me ha mantenido nunca —replicó con aspereza María. Pediré una subvención y trabajaré para mí. Corrió escaleras arriba y entró sin aliento—. ~40~ . Sophie! —dijo Nancy.

—Los muchachos aún encuentran puntas de flecha —dijo Sophie—. —Tengo dos niños preciosos —dijo Sophie echándose a llorar—. Cuando remaron precipitadamente de regreso por el sendero resplandeciente de la luna. —Necesito hablar contigo —dijo bajando mucho la voz. Nell dijo que pasaría la noche con María. El verano en que María cumplió los trece años. Permanecieron el tiempo suficiente para hacerse unos bocadillos y ver cómo salía la luna antes de que les ahuyentaran el ulular de las lechuzas. Sophie miró absorta por la ventana. La criatura habría nacido en mayo. No lo habíamos planeado. Simón encontró una. —¡Oh. víveres y linternas. y Peter dijo que dormiría en la de Bill Walker. —Tuve un aborto —dijo Sophie—. María le cogió la mano y se la apretó para animarla. ¿De lo de la biblioteca? —No estoy actuando como acostumbro a hacerlo —dijo Sophie—. Sophie dijo que se quedaría en casa de Polly Stubbs. Me pareció la cosa más maravillosa del mundo.. No lo planeamos ni nada por el estilo. Todos remaron y nadaron hacia las islas con el propósito de pasar allí la noche. pero quedé embarazada. ¿Cómo contestar a eso? —¿Por qué me buscabas? —preguntó al fin. María dijo a Hallie que pasaría la noche con Nell.. —Hizo una pausa y prosiguió—: Fui a buscarte a casa de mamá y me dijo que habías venido aquí con Nancy. ~41~ . Me paso todo el tiempo recordando mis otros embarazos. ella y sus amigas de Hatuquitit reunieron una flotilla de botes y los llenaron con mantas. Sophie! — María la estrechó entre sus brazos. Lanzó un suspiro e intentó serenarse. No puedo olvidarlo. María se volvió despacio hacia ella.—Y cómo nadábamos —dijo María. conozco todas las fases. —Me pregunto si alguien ha excavado alguna vez allí —dijo María. Sé que todos vosotros creéis que algo marcha mal. pero me sentí feliz de tener otro. el canto de los grillos y los espíritus de los indios. y realmente es así. Una bandada de mergos se zambulló en el agua. Sophie había inclinado la cabeza y le temblaban los hombros. Hace dos meses. —¿De qué? —preguntó alarmada María—. ¿Te importa que haya venido a buscarte? ¿Quién podría creer que le importaba? María sintió cierta tensión. cada ola les pareció infestada de tiburones y el aire atestado de espíritus amenazadores.

—Soltó la mano de María para taparse los ojos. Oí lo que le decías. pero todo lo que quiero hacer es dormir.. me resultó imposible hablar de ello. —La habría llamado María —dijo. Se ha comportado maravillosamente. Tengo dos hijos maravillosos. pero fue demasiado tarde. y te sientes como si te elevaras en el aire. En la entrada.. No estoy llevando nada bien este asunto. Y luego sale. cuánto llegó a llorar! —Lo siento —dijo María conmovida por la aflicción de Sophie. Cuando comencé a abortar. Y entonces.—¿Por qué no se lo dijiste a mamá o a Nell? Sophie se encogió de hombros. el feto. cuando perdí el bebé. pero. Debes confiar en mí y en Nell. ¿verdad? —Sí —dijo María—.. Telefoneó al médico. haré cuanto necesites. Los abortos ocurren a cada momento. ¡Dios mío. —Me odio —dijo Sophie—. Sophie se volvió hacia ella.. ¿no te sientes más contenta por los que ya tienes ? —Te estás refiriendo a Flo. Luego se adelantó a su hermana y salió a la luz del sol.. ¿Vamos un rato fuera? —Vamos —dijo María. No sé si sabes que el aborto es exactamente como un parto... Gordon estuvo conmigo cuando nacieron Simón y Flo. No comprendo cómo puedes haber sido tan ruin con ella.. y también estuvo a mi lado para asistir a este bebé. —Me resulta muy doloroso hablar —dijo Sophie—. —¡Gordon y yo éramos tan felices. ahora que ya sabes lo terrible que es perder un hijo. María también sintió ganas de llorar pero no pudo dejar de pensar en Flo.! Quisimos mantenerlo un tiempo en secreto. él me llevó a la cama. ~42~ .. —Escucha. Creo que debieras hablar con nosotras sobre esto. —Tengo a Gordon —dijo Sophie frotándose los ojos—. Haré de niñera. —Debes confiar en nuestra ayuda —dijo María con firmeza—. Tienes contracciones.. Sophie —dijo—.

parecía mucho más experimentado que cualquiera de los que conocía María. Se vio ya excavando sin conseguir permiso de nadie. Aunque no fuera mucho mayor que sus discípulos. que llenó la espaciosa y fría estancia. Aquella zona sería idónea para llevarla a cabo. cuando le conoció en Cambridge.. María la ahuyentó de su recuerdo. su último año de carrera. En lugar de eso se imaginó que iniciaba una excavación. no como una arqueóloga. estaba harta de la competición.CAPÍTULO VI La primera noche en su nueva casa. ~43~ . Unos cirros altísimos navegaban a través del sol. En su sueño. pero también hachas y vasijas de piedra. Sophie no estaba allí. hacía muchos años. Lo mismo había hecho María. Aldo solía invitar a cenar al alcalde y obtenía permiso para excavar en la zona verde de la ciudad.. Excavaba como una niña. Arrebujada bajo la colcha. María. La despertó un resplandor lunar tan brillante como el día. Nell y Peter excavaban hoyos en Sand Beach. Cerca de la orilla crecían altos pinos. bien en la ciudad o en una de las islas. María sentía que la áspera arena le arañaba los dedos. Aldo era un profesor visitante. Quería excavar por pura afición. y las olas lamían el granito. todos los jóvenes arqueólogos habían buscado las alabanzas de Aldo. Volvió a ella su voz tan italiana y melódica cuando pronunciaba una conferencia sobre «El arte de manejar la paleta». Obtenía dinero de universidades y fundaciones y contaba con apoyo financiero tanto si encontraba algo como si no. sobre todo puntas de flecha. Siempre había soñado con excavar por aquellos alrededores. Estaba harta de tener que mendigar subvenciones. Ella estaba allí con ocasión del Fulbright. y conseguía que le contrataran para dar algunas conferencias sobre arqueología. En Perú. Se ponía en contacto con los jefes del departamento de Antropología de Yale y la Universidad de Con-necticut. No quiso cerrar otra vez los ojos porque temió ver el rostro de Sophie impreso en la estatua de oro. Aquel semestre se enamoró de Aldo. Todo el mundo que había plantado un jardín en Hatuquitit se había encontrado restos de los pequot. en el siguiente coral azul y en el tercero la diosa dorada de Sophie. María pensó que las islas Hechizadas eran el lugar más indicado para empezar. En un hoyo encontró una almeja. María pudo ver su aliento. asegurándose así la publicidad y la cooperación política. María soñó con las islas Hechizadas.

y que era el representado en los tapices Bayeux. desde el robo de la diosa y la escena con Flo. Encontró la secuencia de cerámica junto con monedas de Guillermo I. María se había sentido desconectada de Sophie. y los ojos se le llenaron de lágrimas. después de su visita a El Cairo. Siempre se había imaginado que quedaba embarazada en un brumoso futuro entre una subvención y otra: después de excavar en Hasting. María sentía grandes deseos. María recordó que aquella trinchera había deshecho parte de la piedra y del maderamen. María recordó cuando él dirigía una excavación del castillo de Hasting para demostrar que éste había sido construido por Guillermo I. pero el oír hablar del bebé perdido restableció sus sentimientos más íntimos. y la excavación quedó registrada en el National Geographic. María permaneció despierta viendo ponerse la luna. destruyendo pruebas que podrían haber arrojado luz sobre la construcción del castillo. Siguió en la cama pensando en el bebé a quien Sophie habría llamado María. Ella sabía que Aldo desdeñaría su método: siempre lo había hecho. Iba directamente al estrato del fondo.. Ella y Sophie habían estado siempre muy unidas y eso lo probaba.. Ahora se despabiló por completo. había hecho abrir una larga trinchera a lo largo de la muralla interior del castillo. las conchas abandonadas por los bomberos voluntarios en una mariscada hacía cuarenta años. Su acercamiento era tenaz. María pensó en Gordon atendiendo a Sophie mientras ésta abortaba. pero también porque parecía que nunca hubiera tiempo para que ella y Aldo tuvieran un hijo.Aldo solía excavar como una locomotora entrando en la estación. Nunca habían sido «adecuados» el uno para el otro. Saltó de la cama y atravesó corriendo la fría habitación hacia el caldeado vestíbulo. Desde el regreso a Hatuquitit. después de la excavación en Chavín de Huantar. la cerámica y el pedernal abandonados por los pequot. No pudo dejar de pensar en Aldo. A lo largo de su matrimonio habían hablado de tener hijos. pero se alegró de no estar con él. pero Aldo no se inmutó. No pudo imaginárselo besándole la nuca. y los sueños de María por tener un bebé resultaban sólo eso. concebido para iluminar sólo la civilización más antigua. y el fondo de todo. y en la cocina descubrió que se había olvidado de comprar café. Pero Aldo seguía consiguiendo subvenciones. sueños. En su furia por descubrir una secuencia de cerámica del tiempo de la conquista. Por su sobrina perdida. Se puso la ropa que había llevado el día anterior. María consideraba todos los estratos por igual: el penique de que se le había caído a un colegial de Hatuquitit. como hacía Gordon con Sophie mientras ésta preparaba el café. La culpa era tanto de María como de Aldo. Mientras conducía hacia la ciudad se preguntó si habría ~44~ . Después solían montar sus tiendas en un nuevo emplazamiento.

pero el local estaba atestado. Cuando Kathy le trajo el café y un bollo danés de arándano. podremos ir todos a nadar. Está a orillas del agua. no había tenido muchas conversaciones a solas con él y le gustaba que todos la vieran sentada allí con el apuesto y popular propietario de la ferretería Littlefield. y María se imaginó que serían pescadores y trabajadores. eran poco más de las seis. María pidió café solo y un panecillo de maíz. —Buenos días —dijo María. Lo de siempre —dijo a Kathy. Y cuando haga buen tiempo. Los otros llevaban gruesos suéters o uniformes. que pareció sorprendida. Le sorprendió ver tanta gente levantada tan temprano. —¿No lo tomas conmigo? —preguntó María. —Te levantas temprano —dijo Gordon. ¿Cómo abres la ferretería tan pronto? —le preguntó María. Mientras esperaba en el mostrador observó que sólo dos hombres vestían traje. Tienes que venir a verla. Le pasó el brazo por el cuello y se puso de puntillas para besarle en la mejilla. así que yo abro a las siete. Quiso decirle que sabía lo del bebé. sobre todo hombres sentados solos ante las mesas con man-leles a cuadros. —También tú. ~45~ . El IGA y el Caldwell's estaban cerrados. Echó una ojeada por el local y descubrió una mesa vacía junto a la ventana. para consolarle. Todos miraban como adoradores en la misma ilirección: la ventana daba a Summer Street. Le había parecido una suerte tropezarse con su cuñado cuando menos lo esperaba. Al poco rato entró Gordon.algunas tiendas abiertas. Pagó su consumición y esperó junto a Gordon. —¿Te vas? —preguntó Kathy. Echó una ojeada a su fuerte mano que descansaba sobre la superficie del mostrador. Pero gracias por pedírmelo. Luego se volvió hacia María y sonrió—. Sophie me ha dicho que tienes una casa fantástica. en el embarcadero de la Squaw. —Por favor —dijo él. —Los carpinteros y los pintores comienzan por lo general a las ocho. creyó verle vacilar un instante antes de inclinarse hacia ella.uncheonette. —Estoy esperando un pedido —dijo él—. María no tuvo ganas de conducir hasta la ciudad vecina y atravesar la demarcación del listado en Westerly. María le imaginó preocupado pensando en Sophie. él le pidió que se lo envolviera. —Me encanta —dijo María—. como si algo le inquietara. de modo que decidió tomar café en Kathy's l. El sol se filtró por las copas de los árboles. La sonrisa de Gordon pareció un poco forzada. sintiéndose decepcionada porque le hubiera gustado tener compañía.

—¡Huy! —exclamó Duncan frotándose la cabeza. varados para el invierno. Él le sonrió. Al abandonar el local. pero él ya se alejaba. Llevaba un cárdigan verde oscuro y pantalones caqui. Mientras estaba tendida en la cama aquella mañana. Cuando su profesor se daba cuenta de que Duncan había faltado otra vez a clase. —¿Duncan? —dijo María. Habían sido buenos amigos en el colegio. Toda la obra muerta estaba cubierta con lonas alquitranadas de plástico de un azul brillante. su padre la había llevado allí. y andaba aprisa. había decidido excavar allí: pero para eso necesitaría una embarcación. Parecía tener unos veinticinco pies de eslora. Sobre su bolsillo derecho tenía bordadas en rojo las palabras AUDACES E INTRÉPIDOS TRABAJOS MARINEROS. Cuando era niña. —¡Qué bien! — María recordó que Duncan adoraba las embarcaciones y aborrecía el colegio. pero una temporada bajo el agua la había dejado gredosa. ¿Es alguna costumbre tribal que has aprendido en Sudamérica? —Por lo general hago una reverencia y me pongo a cantar —dijo María —. Un hombre caminaba hacia ella. barcos pesqueros y yates. no había empezado aún a echar de menos el ritmo de ir al trabajo. y al intentar darse un beso chocaron con las frentes.—Otro día será —dijo María. Luego tocó la de María de tal forma que pareció estar alisándole las cejas—. su pintura azul del fondo había sido intensa en otro tiempo. sólo se oían los chillidos de las gaviotas sobre las cabezas. Se detuvo ante un balandro llamado «Galatea». Cuando María entró en Kathy's. oyó pasar coches y unos cuantos camiones: gente camino del trabajo. La gravilla crujió bajo sus botas mientras paseaba por allí examinando los cascos de las embarcaciones. ¿Trabajas aquí? —Administro este local —dijo Duncan. Deambuló por Summer Street. María se volvió sobresaltada. Le habría besado. Le reconoció de su época de bachillerato: Duncan Murdoch. y sobre el izquierdo el nombre DUNCAN. Ella estaba disfrutando de la libertad de no tener todavía una rutina. descansaban en deteriorados armazones de madera. María se vio zarpando hacia las islas Hechizadas en una embarcación como aquélla: navegando al viento y con la mano en el timón. pero cambiaron de idea a mitad de camino. Veleros. y torció a la izquierda por el camino de gravilla que conducía al astillero. ladeando la cabeza para conprobar si estaba en lo cierto. —¿No eres María Dark? —le llamó una voz. María adoraba el astillero. Quisieron darse un apretón de manos. éste se hallaba ya a mitad de camino hacia ~46~ .

Orient Point en su Boston Wahler—. Que la llamen Flo cuando cumpla cuarenta años y sea ejecutiva de alguna compañía petrolífera. —Escucha. Y por cierto. ¿no? —Duncan sacudió la cabeza—. Se estrecharon la mano. De todas las niñas que Jamey trae a casa. El viento empezó a soplar con fuerza. no Guido. Le habían puesto el nombre de Flo por la ciudad de Florencia. pero Hatuquitit es la capital del universo. no queriendo interrumpirlos. yo estaba aquí. —No digas tonterías —dijo María enrojeciendo. ésta es María Dark. donde había nacido. Todo el mundo se dispuso ya a trabajar y Duncan agitó la mano cada dos o tres segundos. Llevaba un cár-digan como el de Duncan con las mismas palabras bordadas en el bolsillo derecho y JIM en el izquierdo. ella es una de las más simpáticas. Mi mujer es amiga de Sophie. —¡Eh. —Busco una embarcación —dijo María. cuando unos y otros hacían sonar su sirena. y a María le gustaban el nombre y el apodo. —Me gusta Flo —dijo María molesta. —Hablas como mi hermana Sophie —dijo María—. él se llama Aldo. la llaman Flo. —Aldo —repitió Duncan—. —¿De qué clase? ¿Deportiva. pesquera? —Que no sea grande —dijo María—. Un nombre demasiado duro para una niña pequeña. como si Flo fuera su propia hija. Pero Duncan entendió mal lo que ella quiso decirle. Duncan! —Un hombre barbudo y enormemente alto se detuvo a unos pasos. Mientras tú y Guido andabais vagando por el globo terráqueo. —Bueno. Luego Jim consultó a Duncan sobre la reparación de la quilla de una embarcación que había encallado en Moonsil-ver Point el pasado octubre. —Yo también la quiero —dijo—. Mi hijo juega con Flossie. Quiero ir a las islas Hechizadas. Tal vez no lo creas. Ella no ha abandonado nunca esto. Una mujer famosa —dijo Duncan. Voy a excavar allí. ¿Has estado en Hatuquitit todo este tiempo? —Sí —dijo Duncan—. Jim Markham. el tiempo invernal se dejó sentir por primera vez desde que María había regresado a casa. —Gracias —dijo complacida María. —¿Flossie? —se extrañó María. ~47~ . Tampoco Peter ni Nell. Suena como a motor diesel.

María —dijo él—. Duncan. —Sí. Por encima del hombro de Duncan vio que Jim se acercaba de nuevo—. Iclaro está. pero las cosas van tan lentas entre octubre y marzo que hago muy poca pesca de langosta. la señorita Laird. —Celebro verte. que quieras una bañera como ésa. Había algunas herramientas diseminadas sobre la caja del motor. ¿Tal vez la pequeña Shell? —No conozco sus nombres —dijo María—. y en la cubierta tres nasas de langosta. La única clase que yo podía soportar. Cambiaba pescado por cuarzo y pedernal extraído de la cantera río arriba. ya pensaré algo sobre la embarcación y te diré alguna cosa. Todavía hay hielo en el río. Algo que puedas arrastrar hasta la playa. —Y señaló más allá de las oficinas. Se encogió de hombros. hacia el comienzo del muelle en donde estaba amarrada una embarcación de ancha manga. Icorres peligro de estrellarte contra un tronco de roble. A menos. le dirigió una sonrisa y salió del astillero. La utilizamos para poner amarraderos en el verano. ~48~ . —Ésa se llama Lookout —dijo Duncan. Necesitarás algo de poco calado. —¿Es tuya? —preguntó María. ¿Así que te quedarás una temporada en la ciudad? —Quizá todo el verano —dijo María. Ésa navegaría a cual-Pquier sitio. pintada de rojo y llamada «Alicia». —Recuerdo que la señorita Laird nos contaba cosas de un pe-quot que comerciaba allí. —Debe de ser fría —dijo María pensando que debería marcharse ya.. —Sí. Sus sensaciones variaban por momentos.—Está lejos —dijo Duncan con una sonrisa—. Es demasiado pronto para botar una. Bueno. ¿No te resulta extraño estar de vuelta? Pensó un momento en las palabras de Duncan y se dio cuenta de que no sabía qué responder. No hay mucha agua allí.. Ahora mismo se sentía como si no se hubiese marchado (amas. aunque eso dependerá de la isla que hayas elegido. —Tienes tiempo para pensar en la embarcación —dijo Duncan—. la de la pequeña colina. He pensado comenzar por la más grande. y éste arrastra leños y otros materiales hasta el Sound.

un esfuerzo común con el pollo salteado por Sophie. esperando a que llegaran I lallie. Andy soltó una nota aguda. El coq au vin. Balbuceaba con aparente buen humor. mientras María v los demás buenos estudiantes le miraban desde sus puestos en el laboratorio de la clase de Química. Ésta tenía en la falda a Andy. Sophie había preparado una ensalada de lechuga de Boston y endibia. tenía un aroma delicioso. Gordon y Peter. dejando aguas espumosas en su estela. —¿Qué hay. cada una tenía un vaso de vino blanco... A modo de entrada. Andy se puso a reír y gritó a pleno pulmón: —Aucrojo. de un color más intenso a medida que crecía. de trece meses. —Eso quiere decir «el agua corre hacia abajo» —dijo Nell riendo encantada.. —¿Recuerdas cuando me suspendieron por llevar un escote de tortuga? —preguntó María. Nell le pasó a Andy y el niño le agarró al instante sus grandes pendientes de aretes. —¿Qué es eso? ¿La araña mordiscona? —preguntó Sophie haciéndole cosquillas en los pies. su hijo Andy. —Yo creo que nosotras fuimos al único colegio público del mundo cuyo código para vestir era más estricto que el de los colegios católicos —comentó Nell.CAPÍTULO VII —¿ No recuerdas qué arrobamiento sentías por él ? —preguntó Nell. —Pienso que era un inconformista —dijo María. y luego miró a su alrededor buscando aprobación. pero sólo su madre podía entenderle.. pilotando su «Wahler» más allá de Hatuqui-lil High. cariño? ¿Estás cantando tu canción? —preguntó Nell. María y Sophie estaban sentados en la cocina de Sophie alrededor de la mesa. ~49~ . Me cuesta creer que se haya convertido en un buen ciudadano. las zanahorias peladas por Nell y el «Cótes-du-Rhone» aportado por María. —A Duncan Murdoch siempre le suspendían —dijo Sophie—. El niño tenía el pelo rojo como su madre. Ella. —¡Qué niño tan grande! —dijo María alargando los brazos. Le pareció es-lar viendo a Duncan.

¿qué tenía eso de malo? Nell no sabía lo del aborto de Sophie. y ésta los acogía gustosa.Flo entró con Simón y ambos se plantaron delante de María para examinar su gran collar de cuentas y fragmentos de conchas: un regalo de Carmen Puño. —Sí. u oyen los neumáticos en el pavimento o algo parecido. y es muy importante conocer la diferencia entre las cuentas de la abuela y sus perlas —dijo Sophie dirigiendo una mirada significativa a María. su ayudante en Chavín de Huantar. A Flo le tembló la barbilla y sus ojos se contrajeron hasta casi cerrarse. Luego le acarició el pelo y le metió algunos mechones rebeldes en la trenza. cuando se trata de su padre —dijo radiante Sophie—. María contempló a Sophie y sus hijos. Pero. —No le cuentes lo de las perlas —suplicó la niña. cariño —dijo Sophie sentándose a Flo en el regazo. Los chiquillos parecían asediar a su madre. y por otra parte María pudo ver que el afecto era un rasgo natural en Sophie. —Esas cosas parecen conchas de la playa —dijo Flo. Si coges algunas podremos perforarlas para hacerte un collar. —Todos mi polluelos —dijo Gordon tendiendo los brazos alrededor de Sophie y los niños—. ¡Y aquí está! —Se unió con Flo y Simón en la puerta y todos besaron a Gordon. Simón. Ello le hizo preguntarse a María qué clase de madre sería ella: ¿como Hallie o como Sophie? Hallie no se había sentido cómoda dando abrazos y besos a sus hijos. —Sí. —El sexto sentido —dijo Nell. —Sabemos que fue un accidente. Sí. —Son parecidas —dijo María—. Se dio cuenta de que Nell estaba intentando mirarla pero ella no se prestó al juego. María bebió un poco de vino. se apretó contra su pierna y le pasó el brazo por el cuello. y María pensó en la teoría de Nell sobre lo que podría llamarse la lealtad ciega de Sophie a Gordon. Antes de que María pudiera oír nada. Se limitó a dirigir una leve sonrisa a Nell. la forma en que se saludaban los Littlefield pareció exageradamente afectuosa. Flo levantó la vista y gritó sin aliento: —¡Papá! —Ella y Simón echaron a correr hacia la puerta de la cocina. ¿Habéis echado hoy de menos a papá? —A María le ~50~ . —La abuela tiene unas cuentas que se separan y luego se juntan otra vez —dijo Flo. y María consideraba que esto era un dato fundamental para analizar el actual comportamiento de Sophie. Seguramente ven los faros de su coche. y se dijo que formaban un grupo muy sólido. muy alto para sus diez años. sin reaccionar ante las cejas enarcadas y la sonrisa maliciosa de esta.

—Esta mañana me encontré a Gordon en Kathy's y él me lo dijo —explicó. cariño? —preguntó Sophie acercándose con la botella—. Pero Sophie no cejó. Le pareció que lo más probable fuera que Sophie quisiera que Gordon la creyese celosa. pero no lo hizo. y Sophie debía de saber que María no estaba interesada en robárselo. me apetece. se preguntó María. Se inclinó sobre María con los puños en sus ampulosas caderas. ¡Eso había hecho maravillas en el ego de Aldo! Pero Gordon era su cuñado. Sophie se mantuvo junto a la mesa mientras aguardaba expectante la contestación.sorprendió que fuera Sophie quien contestara. María sólo vio teatralidad ~51~ . Gordon —dijeron las dos al unísono. —¿Qué te parece una copa de vino. —Gracias. Se soltó de Sophie y se aproximó a la mesa. El hombre pareció no darse cuenta de nada salvo de sus brazos alrededor de su familia. María esperó a que él contestara. Hoy he tenido un día de mucho trabajo —dijo Gordon. —¡Oh! —dijo Sophie sin moverse. haciendo pensar a María en una celadora de la cárcel. para adularlo. Sophie empleó un tono agresivo. como quien ha sido pillado in fraganti y finge inocencia. Andy golpeó la rodilla de Nell con una cuchara. Se tocó la garganta y abrió mucho los ojos. —¿Qué pedido? —preguntó de nuevo. O quizás había tomado un trago demasiado largo de vino. María recordó cierta ocasión en París. Pero luego apareció una sonrisa en su rostro. —Sí —dijo con la voz apagada en el hombro de Gordon. —¿Recibiste el pedido? —preguntó María. La falta de expresión en sus ojos de color avellana hizo que María se sintiera como una mirona. pero María prefirió tomarse la cosa a broma. —¿Pedido? ¿Qué pedido? —preguntó Sophie mientras llenaba el vaso de Gordon. —¿Y qué sabes tú de eso? —preguntó Sophie a María. —Un gran pedido de Crosby Tools —dijo por fin Gordon. ¿Será posible que esté celosa?. Aún queda un poco. Gordon alzó la vista por encima de la cabeza de Sophie para mirar a María y a Nell. Su mirada fue de María a Gordon. La pregunta le hizo enrojecer. señoras —dijo. cuando ella fingió sentirse amenazada por una bella arqueóloga de la Sorbona. —Hola. —Hola.

¿cómo va el negocio? —preguntó Peter.. —Es el señor Porter —contestó Hallie poniéndose rígida. A él le gustaban las discusiones sobre béisbol. —Pues fíjate.. entonces House and Garden o cualquier otra maldita revista decide que las persianas y los marcos de ventana deben ser de un gris azulado. Su esposa murió hace tres años. A María le pareció bochornoso e indigno de su hermana. —Gracias. Su sonrisa la delató. Y sólo tengo una ~52~ . María tuvo que contenerse para no revolverle el pelo. con aborto o sin él. ¿Sabes cuántos pedidos de ese gris azulado he recibido esta semana? Infinidad. Y se tocó el pelo que llevaba peinado al estilo francés—. como una estudiante de la escuela dramática haciéndose pasar por una esposa celosa. Pero sólo somos amigos. Somos dos viejos náufragos. cuando llenas las estanterías con ese verde manzana que todo el mundo usaba el verano pasado para pintar las maderas.. Lo saqué la otra noche para llevarlo al teatro —explicó Hallie—. El abrigó parecía lamentablemente arrugado y deslucido. y cuando Hallie pasó rauda por su lado. —¡Aquí estoy! —gritó. —Lo recuerdo del banco —dijo Nell—. Evidentemente. ¿Hablamos del mismo hombre? Luce muy buenos trajes y lleva siempre un pañuelo de seda en el bolsillo. es él —dijo Hallie. los altibajos de su afecto. —Le llamo Julián —dijo muy seria Hallie—. trabajaba en el banco. —Bueno. leyes o acontecimientos mundiales.. —¿Y le llamas señor? —preguntó Sophie. Hallie llegó del brazo de Peter. cosas en un plano superior y menos personal.. —Sí.. Y pensé. María olió a alcanfor. y él todavía lleva luto. y ésta pensó que ya había pasado el arrebato de celos o lo que hubiese sido. sonrieron y cambiaron miradas maliciosas.en la actitud de Sophie. Nos pasamos las horas hablando de Malcolm y de Elizabeth. y dedicó toda su atención a Andy. Gordon. pues se dieron cuenta de que Hallie se estaba refiriendo a su cita en el Yale Rep.. los chismorreos de la familia le ponían nervioso. —Una nueva técnica de seducción —susurró Sophie a María. ¿para qué guardarlo otra vez? Todos. Creo que me toma por una amable conversadora. incluso Sophie. empezaron a irritarla. —Tienes un aspecto maravilloso —dijo Nell levantándose para besarla. Ya conocéis al señor Porter. El humor fluctuante de Sophie. Llevaba el visón negro que Malcolm le había regalado en su última Navidad. querida. Se muestra siempre muy gallardo.. —¿Por qué no nos hablas de él? —preguntó María.

nadie supo qué decir. un pellizco de tomillo del herbolario de Sophie. observando cómo sus clientes entran con las manos vacías en Magnano's y salen con bolsas parduscas llenas de tornillos y pernos. y se mostró furtiva para que Simón creyera que le iniciaba sólo a él en el secreto. uno con la forma de una langosta y el otro como un tiburón. Sophie abrió la puerta del horno para pinchar el pollo con un tenedor de mango largo. Y estoy hablando de buenos clientes. Hoy se ha perdido la lealtad. Espionaje de ferretería: Gordon agazapado en el asiento delantero de la furgoneta. —Está casi listo —dijo Sophie—. —Tu padre se habría muerto si hubiese sabido que los Clarke hacían negocios con Magnano's —dijo Sophie. nadie querrá esperar a que te aprovisiones —dijo Sophie. ¿quieres preparar tú el aliño de ensalada? —preguntó Sophie acercándose al largo mostrador de la cocina. Las voces de la familia se elevaron a sus espaldas. María. —Claro —dijo María. esto está muy caliente. una vaharada de aire caliente subió por las rodillas de María. —Claro que no —dijo Gordon—. —Estoy tentado de enviarles a la porra —dijo Gordon. Y como el hombre hablara en serio. el sombrero caído sobre los ojos. una batidora. —Y. María volvió la espalda a los demás. Simón.. vinagre de estragón y aceite virgen de oliva en una botella con forma de obelisco.cuarta parte en almacén. Cuando alcanzara la adolescencia necesitaría plegarse en las sillas para poder sentarse. —Oye.. naturalmente. una cucharada de yema de huevo y un chorro de crema espesa. Precedió a María hacia el mostrador y se ocupó de reunir el recipiente de cristal verde opaco. María se echó a reír. retiró la cacerola esmaltada de color naranja y la colocó sobre una esterilla de corcho. Todos irán directamente a Magnano's en Westerly. Ella reunió los restantes ingredientes: mostaza en polvo. —Bueno. como hacía Gordon. Simón tenía el pelo castaño y la constitución enjuta de su padre.. —¿Ese de los ingredientes secretos? —preguntó Simón. — Se puso unos guantes acolchados. y ella sintió una alegría que le recordó las grandes festividades. de los que tienen cuentas abiertas. semillas de mostaza. El sábado pasado vi que tres de mis clientes iban allí. es preciso seguir la pista de los competidores —dijo Gordon. Apártate. Mezcló todo con el vinagre y el aceite. —¿Qué hiciste? ¿Mantener vigilado el lugar? —preguntó Pe-ter mientras cogía un puñado de frutos secos. Cuando se inclinaba hacia delante para oler el ~53~ .

María no se perdió el fulgor en sus ojos ni la mirada que éstos le lanzaron para comprobar si lo había visto.coq au vin. y Hallie. mamá —dijo Flo. todo el mundo salvo Peter. Este crío gana medio kilo cada vez que lo cojo en brazos. chirimoyas. —Un segundo —respondió Sophie—. María se inclinó hacia Gordon y le habló en voz muy baja para que sólo él pudiera oírla. —Papá no debería comer sal porque se le pone roja la cara —dijo Simón a María como si le comunicara algo confidencial. —¿Cuántos tenedores necesitamos esta noche. —Me parece que todos deberíamos comer menos sal —dijo María. Flo? —dijo Sophie. O tumbada. —¿Qué puedo hacer yo? —preguntó. Nell se acercó con Andy descansando sobre su cadera. y Nell intentaba que Andy contara los botones de su suéter. las nueces y las galletas saladas. María echó una mirada al comedor. Como la reunión era familiar. ~54~ . —Quién diría que una niña de seis años ya sabe que se usa más de un tenedor en la misma comida —dijo María—. Pensó que sería mejor que sus sobrinos no conocieran su afición a esas golosinas. Luego la besó en la mejilla. —La mesa del comedor. Cuando Flo y Simón eran pequeños. Cuando yo tenía esa edad siempre pensaba que el tenedor no debía ir por dentro de la cuchara sino por fuera. mamá? —gritó Flo desde el comedor. que siempre iba vestida de punta en blanco. —Gracias —dijo Nell—. pasó un brazo por la cintura de Sophie y hundió una cuchara en la cacerola para probar la salsa. yo recurría a cualquier pretexto imaginable para permanecer sentada. por cierto adoraba los encurtidos. Gordon se acercó al mostrador. —Mordisco de tiburón —dijo Sophie apretando las mandíbulas del guante en el cuello de María. llevaba vaqueros y suéter. a ser posible. ¡Había habido tan pocas en Perú! Ella y Aldo habían vivido de patatas. Gordon rió entre dientes y probó otra vez el coq au vin. Será mejor que le ayude —dijo a Gordon. Se puso de puntillas y le besó en la barbilla. natillas y unas extrañas tajadas de carne fritas con manteca de cerdo. estoy convencida. María sintió que Sophie la cogía por el cogote. que venía del bufete. —Yo pondré la mesa. —Aliviarte de tu cargo —dijo Sophie empujándola hacia una silla de cocina—. Peter y Hallie estaban conversando sobre la obra de Brecht que había visto Hallie. a modo de protección. ¿de acuerdo.

—Probablemente estás habituada a lo que procede directamente de la granja —dijo Sophie—. La velada. Sophie y Nell sirvieron la comida. —El vuestro. Con su atractiva obesidad. fue como una pesadilla para María. Aquella primavera ella y Sophie se habían encargado de recoger los huevos. fueron a la cocina para traer más pan y mantequilla. ella había disfrutado metiendo la mano por debajo de las gallinas leonadas en la paja ~55~ . Habló con Simón y Peter sobre la construcción de una cabana de troncos. ¿No recordáis que cuando erais pequeños compramos unas gallinas y aquel horrible gallo? María recordó que el gallo cantaba durante toda la noche. ¿Cómo has podido mentirme?. el nuevo juez. ¿cómo pudo inventarse la historia sobre su tercera criatura. Le pareció como si la comida y la conversación sucedieran a cámara lenta. Supo que todo cedería y terminaría mal. Siendo así. llenaron las copas de vino. Gordon dejó la cuchara en la cacerola y le lanzó la mirada más fría que jamás había visto. —¿Qué bebé? —preguntó él. De vez en cuando se inclinó sobre Flo y le ayudó a cortar su carne o la apremió a comer otra zanahoria. Gordon y yo estamos pensando en comprar algunas gallinas. masticó cada bocado con una leve sonrisa en los labios.. aquella a la que hubiera llamado María y que murió en su seno? Gordon no parecía afectado por lo que le había preguntado María.—Sentí mucho lo del bebé —dijo. el del aborto de Sophie. que había tenido un comienzo tan festivo.. —¿No te gusta el pollo? —preguntó Sophie. Como el soñador de una pesadilla. Al cabo de unos segundos María comprendió que la pregunta iba dirigida a ella. —Está estupendo —dijo María. y se limpió la boca con su servilleta de paño escocés. cortó en trozos menudos el pollo. —No tengo ni idea de lo que me hablas. María oyó que Peter y Ha-llie comentaban las cualidades de Ben Twining. Su voz sonó normal pero se dio cuenta de que Sophie había sacado las antenas. no se dejó engañar por el ambiente familiar. Observó que Simón ensartaba con su tenedor una cebolla menuda y la disparaba a través de la mesa. Sophie parecía la imagen perfecta de la maternidad. su atención paciente para con Flo y Simón. —¡Haceros un favor a vosotros mismos y no pensad siquiera en ello! — exclamó Hallie—.. Sophie comió con auténtico placer. María fue comiendo y habló muy poco. pensó observando a Sophie.

—Yo he trabajado en todos esos sitios —dijo muy tranquila María. —Aldo. Gordon y yo creemos que los pollos serían buenos para los niños. —Ensuciaban todo el patio —continuó Hallie—. —¿Qué tienen de grandioso los pollos correteando por todo el patio? — dijo Hallie—. excavando con él. No quería empezar a hablar de Aldo. quienes estaban leyendo «Babar» a Andy. Andy se le había acercado para jugar con los lazos de sus zapatos mientras intentaba pronunciar la palabra Aldo. Quizás imaginara que sin Aldo. Después de cenar.! —exclamó María. complacido con su sonido. con pico y plumas. Egipto y muchos otros lugares. —¡Mamá. Pero aborreció comérselos: muchos tenían doble yema. — María estará bien viviendo por su cuenta —dijo Peter. ~56~ . Tanto ellos como Hallie y María observaban a Flo y Simón. Aldo —repitió una y otra vez. Pero es tan animado. quién sabe hasta dónde habría llegado vuestra carrera —dijo Hallie. Hallie había estado obsesionada toda su vida con la pérdida de oportunidades: cosas que pudieran haberle hecho a ella o a sus hijos famosos y felices. —Si te hubieses quedado allí. más oscura que la de los huevos de almacén... tan interesante. —Me gustaría que Aldo estuviese aquí —dijo Hallie. María dejaría de trabajar y se pasaría los días haciendo compras en el supermercado o viendo los espectáculos de televisión. Resultaba muy agradable contando siempre historias sobre su trabajo en Perú. Nell apoyó la cabeza en el hombro de Peter. —Lo siento —dijo Hallie—. —Eso es natural —dijo Sophie—.. e incluso algunos contenían embriones perfectos de pollo. María le sonrió agradecida.. Ellos necesitan ver un poco más de la vida real y no sólo lo que pescan en la TV y la escuela. —Poneos cómodos mientras Gordon y yo hacemos café —dijo. Aldo. Sophie condujo a todo el mundo hacia la sala y anduvo en la radio hasta encontrar a Warlock Devlin tocando un melancólico solo de saxo. Y yo no podía soportar su forma de picotear la gravilla. Compradles un perro. —Tal vez debiéramos preocuparnos por Aldo —dijo Nell.cálida y sacando de cada nido uno o dos huevos morenos con pintas oscuras. —Se estremeció al recordarlo.

había excavado en una abadía de Nottingham y en una ladera de Grecia por las fechas en que se conocieron. Pero Nell tenía razón. ella cree que es una migraña —dijo Gordon. así que María se dedicaba por entero al emplazamiento. Echó una mirada hacia la puerta preguntándose por qué tardarían tanto Sophie y Gordon. —¿Es fuerte ese dolor de cabeza? —preguntó Hallie frunciendo el ceño. —Quizás haya sido todo ese vino tinto en el pollo —dijo Hallie—. nadie podía remplazarle. Se sintió nerviosa pensando en Sophie y Gordon. Lo siento muchísimo. —Procura no olvidar quién te dio el primer empujón —le advirtió Hallie. éramos un equipo —dijo María. Nadie. y María se sintió culpable. ¿No formabais una especie de equipo? ' —Sí.—¿Por qué habríamos de preocuparnos? —preguntó María. él pierda su puesto. Pero Gordon los detuvo. —Iré a verlo —dijo Simón levantándose de un salto y corriendo fuera de la sala. —Bueno. María condujo demasiado de prisa. María siguió mirando a Simón y Flo. —Sophie tiene jaqueca —dijo—. —¿Dónde está el café? —preguntó Hallie. Entró en la sala con una mano sobre el hombro de cada niño y una sonrisa tímida en el rostro. Le frustraba el estar demasiado atareado para excavar. y eso le hizo apretar aún más el acelerador. por supuesto. Proyectaban juntos la excavación y Aldo tomaba las decisiones importantes. Probablemente se estarían peleando. ni siquiera Aldo. ¿No será porque antes comió chocolatinas? —Estoy seguro de que se pondrá bien —dijo Gordon palmoteando el hombro de Hallie. el tener todo el día las manos llenas de asuntos tediosos. pero me ha pedido que os pregunte si no os importa pasaros sin café. Tal vez al irte tú. Se pasaba mucho tiempo en el teléfono y en las oficinas. olvidando que María había terminado casi Cambridge. —Estoy segura de que su ayudante desempeñará bien mis funciones —dijo María. Ella había mencionado el aborto ~57~ . conocía mejor que María la excavación en Chavín de Huantar. e intentó atraer a Andy con una caja de fichas para que se olvidara de los pies de Nell. El trabajo sobre el terreno era lo que más le gustaba. —Los dos habéis trabajado juntos durante años —dijo Nell—. Ella se refería a Aldo. Flo voló tras él. Pero él tenía talento para la administración.

María pensó que estaban saltando de alegría. Sophie no tuvo excusa para justificar sus malos tratos a Flo en la biblioteca. Por otra parte. ella y Aldo habían olido sangre y con razón. Al principio. Allí. Simón y Flo estaban corriendo en círculos. y pensó que evidenciándole su simpatía podría congraciarse con él. su tono no era desagradable. pero luego observó que estaban llorando aterrorizados. María pudo oír casi las voces de su familia. todos se habían dicho adiós. Ahora comprendió que Sophie había mentido para explicar sus malas acciones: robar y hacer daño a Flo. Lo intuyó como aquella vez en que. no discutían. Flo? —preguntó María arrebujando a la niña. ¿Estabas tan alterada por eso? No quiso entrometerse en alguna escena romántica entre Gor-don y Sophie haciendo las paces. —Simón. Pero Flo sólo tuvo fuerzas para llorar.a Gordon porque quería sentirse más cerca de él. Flo —dijo abrazándoles. —¡No podemos! ¡No se nos permite hacerlo! —chilló Simón.. corriendo por puro gusto. No sabía lo que le diría Sophie. así que María la cogió en brazos y caminó hacia la casa. A mitad de camino hacia el embarcadero de la Squaw. Se detuvo en una gasolinera Shell para utilizar el teléfono público. Y por fin se soltó. por favor —susurró Flo con tono apremiante—. Hacía menos de cuarenta minutos. excavando una tumba pre chavín. La línea de los Littlefield estaba ocupada. María entró en el patio. ¿ Era posible que aquel lugar tan lóbrego hubiera sido poco antes escenario de una cena en familia? No había ninguna luz encendida. —¿Y tú. y procedían del dormitorio de Gordon y Sophie. en plena oscuridad. sólo sabía que necesitaba besar a su hermana. hasta que ambos cesaron de moverse. darles las buenas noches y hacerle saber que la quería a pesar de todo. sintió verdadero terror. Pero como María sabía ya que no había habido tal aborto. Cruzó rauda el patio hacia ellos abriendo los brazos. pues allí había un ladrón de tumbas con la garganta cercenada. No me hagas entrar ahí. —¿Estaban peleándose? —le preguntó María con tono cariñoso—.. —Bájame. Entonces se dirigió directamente a su casa. La noche era fría pero no llevaban abrigo. Ellos intentaban desasirse pero María se lo impidió—. Decidme qué os ha sucedido. Siempre había tenido la impresión de que Gordon la quería mantener a distancia. Pero estas voces fueron reales. María comprendió que necesitaba hablar con Sophie. ~58~ . La casa Littlefield estaba en un terreno de cuatro acres al final de un largo camino flanqueado por setos.

¿verdad? ¿No es eso lo que dijiste? Sophie gruñó por toda respuesta. Se llevó con languidez una mano al cuello y luego la dejó caer. La habitación olía a perfume y a orinal Gordon dirigió a María su sonrisa juvenil. Porque quieres ser incinarada. Luego regresó corriendo. Allí estaba Sophie en un sutil camisón carmesí. Y también el esparcir tus cenizas por el patio. Sophie abrió los ojos con terror. que se apoyaba muy tranquilo en el escritorio. Iré a darte las buenas noches después de ver a los papas. Fue un sonido gutural. Vamos. —Déjala marchar —dijo María con voz firme. agarrando el atizador. Sophie se limitó a negar con la cabeza y a gruñir de nuevo..—Vete a tu habitación —le ordenó María—. Atisbo por la rendija de la puerta preparándose para ver algo horripilante. —¡No entres ahí! —le suplicó Flo. Será mejor que me lo digas ahora para tenerme informado. nos has sorprendido en plena acción —dijo estúpidamente. ¡Déjanos en paz! —Ya la has oído —dijo Gordon. Ella tenía la cara lívida y ojerosa. Apenas pudo pronunciar las palabras—. Al verla. Tiene plena libertad para moverse.. —Puedes venir conmigo. María entró en el dormitorio. corrió por el pasillo hacia la habitación de Sophie. lleno de horror y pesadumbre. A menos que quieras ~59~ . esta vez enojado—. Sophie —dijo María caminando hacia ella. La luz se filtraba por una rendija de la puerta. Gordon hablaba con un tono monótono que a María le recordó el de Sophie en la biblioteca. No está atada. todavía sonriente—. como si se hubiese pasado mucho tiempo llorando. María sintió demasiado miedo para poder tranquilizar a Flo. levántate. las lágrimas le llenaron los ojos y le corrieron por las mejillas. —Bueno. —Es triste pensar en los niños sin una madre —estaba diciendo él—. El color volvió a las rotundas mejillas de Sophie que empezó a sonreír.. Guardaremos unas pocas para el Bell Stream. —¿Marchar. También será muy triste para ellos asistir a tu funeral. se imaginó a Sophie con la garganta cercenada. —¿Quieres la incineración. —¿Sophie? —dijo María sintiendo náuseas en el estómago. María nunca había oído un sonido tan inquietante. dices? —exclamó Gordon. —Me encuentro bien —dijo Sophie con voz ronca. sentada muy erguida en una silla delante de Gordon. Corrió a la sala y cogió el atizador de la chimenea. A ella le gusta esto. Vaciló al ver una cuerda delgada anudada alrededor del cuello de Sophie pero siguió adelante—. Sophie? —preguntó Gordon—. luego desvió la vista avergonzada.

—Levántate y demuéstrame que estás bien —dijo María. —¿Por qué le hace daño papá? —preguntó Simón. Gordon o Sophie. sintiéndose como una intrusa. —Adiós —dijo María saliendo de la habitación. María comprendió que forzando a Sophie a demostrar que era una participante complaciente. Luego se dirigió directamente al dormitorio de Flo. hicieron que María tomara una decisión. recoged vuestras cosas. Y añadió—: Vamos. —No te marches ahora —dijo Flo. Uno de los dos. —Es la forma de querer de papá —dijo Flo. Esta noche dormiréis en mi casa. ~60~ . Las palabras de Flo. golpeó la puerta a sus espaldas. a reconocer que estaba permitiendo a Gordon hacerle eso. —Estará bien —dijo eludiendo la respuesta. Sophie se levantó de la silla con una mirada desafiante. María se detuvo en la puerta. Forzaría a Sophie a levantarse. Al levantarse. —Eso no es querer —dijo incapaz de callarse. No se iría hasta que lo viera con sus propios ojos.quedarte y contemplar el espectáculo. el camisón se le deslizó de un hombro revelando una serie de magulladuras y un hilo de sangre desde el lugar donde la cuerda segaba el cuello. Allí encontró a Flo tendida en un extremo de la cama y a Simón sentado en el otro. la estaba humillando de paso. —¿Está bien mamá? —preguntó Simón. —Ahí lo tienes —dijo.

CAPÍTULO VIII Los niños se quedaron dormidos en el coche. estaban adormilados. dijo en voz alta. en la planta baja. Miró por la ventana. —Los niños estaban tan trastornados. Sus ojos. que olía como si hubiese estado durmiendo.. No sé lo que han visto u oído. María los arropó en la cama de la habitación sobrante. parecieron demasiado cansados para explorarla. ascendía en el cielo proyectando un sendero plateado sobre el tenebroso mar. Luego la cerró con llave y echó el cerrojo. María se pasó a Flo a la cadera derecha y abrió la puerta. —Yo habría hecho exactamente lo mismo que tú —dijo Nell abrazando a María tan pronto como llegaron. ¿Sería posible que Sophie no se hubiese apercibido todavía de su ausencia? Al pensar en lo que había visto y en lo que pudiera impedir a Sophie el darse cuenta de que sus hijos se habían ido. «He secuestrado a Simón y a Flo». El resplandor de la luna inundó la casa vacía. —dijo—. se sintió llena de pánico. Sola. Peter había ido escaleras arriba para instalar a Andy en la cuna portátil. María encendió todas las luces. María tuvo que despertarles cuando llegaron al embarcadero de la Squaw. Al recostarse sobre Nell. Aunque no hubieran estado nunca en su casa. como si la hubiese zarandeado un viento fortí-simo. Pero sólo vio árboles oscuros doblándose bajo el viento. y les dio las buenas noches. parecía muy cómodo con sus anchos pantalones de pana tostada y la camisa de gamuza azul marino. Pensó en telefonear a Sophie para decirle que los niños estaban a salvo. Peter bajó las escaleras. María se sintió despeinada. como lo*s de Nell. notó el temblor de todo su cuerpo. La luna. la dominó el pánico. Llevó en brazos a Flo hasta la casa mientras Simón caminaba silencioso a su lado. cuando tuvo un momento para considerar lo que había hecho. —¿No han telefoneado todavía para saber si tienes a los niños? — preguntó. enorme. ~61~ .. —No —dijo María. Pero en vez de ello telefoneó a Peter y Nell para pedirles que vinieran cuanto antes. Se había propuesto hacer chocolate caliente y tostadas de cinamomo pero los niños bostezaban sin parar y se frotaban los ojos... como si esperase ver destellos de luces rojas de una patrulla armada.

Cuando los tres eran niños. Había apadrinado a sus dos hermanas en sus respectivas bodas. —¿Qué es lo que vieron? —preguntó Peter—.—Tenemos que ayudar a Sophie —dijo—. Según has contado. Sé que Sophie quería que me marchara. y siempre se había preocupado por ellas.. Peter. Ella pudo ver que su hermano empezaba a darle crédito. Hemos de salvar a Sophie. Ahora mismo. Él le había atado una cuerda alrededor del cuello. que Sophie no era verdaderamente su hermana. Pero cuando le expresé mi condolencia a Gordon. —Vayamos —dijo Peter. sino una princesa y que Malcolm y Hallie la habían comprado para hacerla su esposa cuando él fuera mayor. María sintió ganas de gritar. deseando poder hacerles ver lo que ella había visto—. —Sí. —¡Dios mío! —dijo Nell con un estremecimiento—. Esto les afectará durante años. pero he tenido tiempo para reflexionar. tal vez toda la vida. No pudo quitarse del pensamiento la expresión desafiante de Sophie. Sophie dijo que se encontraba bien. Eso fue lo peor: Sophie torturada y humillada por Gordon. —¿Por qué volviste allí después de la cena? —preguntó Nell. Si los niños vieron eso.. ¿Qué es lo que vieron? ¿Estaban de verdad tan trastornados? —Lo estaban —dijo María pensando en Sophie. En varias ocasiones le habían dicho que él era un hijo adoptado. Has dicho que los dos estaban gritando en el patio cuando llegaste. Pero las dos habían confiado también en él por ser su hermano. —Vosotros no estuvisteis allí —dijo María. Creo que tú y yo debemos volver ahora mismo allí. pero estoy asustada. el único hombre de la casa tras la muerte de Malcolm. tú crees que ella quería realmente que te fueras. Peter se había hecho cargo de las finanzas de Hallie. que la familia hablaba un lenguaje diferente cuando él no estaba presente. —No estoy segura de que debáis hacerlo —dijo Nell—. Peter la miró a los ojos. Al cumplir los quince años. —Sophie me dijo que había tenido un aborto —explicó María—. No podéis entremeteros si Sophie no os necesita. a María y a Sophie les gustaba gastar bromas a Peter. éste me dijo que no sabía nada ~62~ . Espero que Sophie y Gor-don lo sepan. e induciendo a María a pensar que ella misma lo permitía. —¡Espera! —dijo Peter—. Nell y Peter la miraron con gesto de impotencia. —Debemos hacer algo —dijo—. Estoy asustada por ella. Estoy muy preocupada por Simón y Flo.

—Nell le cogió las manos y le sonrió a los ojos—. Frunció el entrecejo y se alisó el bigote.sobre el asunto. —Llamemos a la policía —propuso Nell. —Sí. su afecto. No pude quitármelo de la cabeza. —Sophie —dijo María avanzando hacia ella. aborreciendo su aparición. —¿Ni siquiera a mí? —preguntó Peter dolido. Lo siento. Me pidió que no se lo dijera a nadie. pero telefoneemos primero —dijo Peter. María. Intenté telefonearla pero tenían el teléfono descolgado. pero Sophie no quiso hacerlo. pero sus ojos evidenciaron que se sentía traicionado. su pelo oscuro. —Vuelvo a casa de Sophie —dijo María levantándose—. No debiera haberme marchado de allí. —Es tarde y estamos cansados —dijo Gordon—. Me sentí muy inquieta cuando Sophie no apareció para el café. Le podría suceder cualquier cosa. Sophie bajó la mirada y se mantuvo inmóvil en la puerta. Sophie y Gordon subían andando por el camino. y nadie pudo negar que ambos eran hermanos: su estatura. Me figuré que ella y Gordon estaban peleando por lo que yo le había dicho a Gordon. creo que debemos ir. María se imaginó a los tres erigiendo una barricada invisible. —Sube y hazles bajar —dijo Gordon a Sophie. Estaba cerca de casa y tenía un mal presentimiento. los tres miraron hacia fuera a tiempo para ver cómo se apagaban unos faros. Pero la aparición de Sophie envuelta en un grueso abrigo y con una bufanda de seda alrededor del cuello la hizo desear salir volando por la puerta para abrazarla. Gordon —dijo Peter dándole una palmada en la espalda. ¿Están arriba los niños? —Sí —dijo María. —Sentémonos un minuto. —Quiero aquí a mis hijos —dijo enfurecida. —Ella tuvo un aborto —dijo Nell frunciendo el ceño—. Pero el furor de Sophie la hizo ~63~ . —Hemos venido a buscar a Simón y a Flo —dijo Gordon con calma y extremada dignidad cuando María les hizo pasar. La rodeó con los brazos y durante unos segundos ella le dejó abrazarla. Nell y Peter permanecieron silenciosos ante la ventana. Y miró fijamente a Sophie incitándola a levantar la vista. Pero luego ella se soltó y le miró con odio. Un arco de luz barrió el techo. pensó María revisando la serie de acontecimientos—. Sophie se dirigió despacio hacia las escaleras con movimientos de autómata. —Me lo hizo prometer. Peter no dijo nada. —Y en consecuencia castigó a Sophie por su mentira. Peter le cerró el paso.

soltándose de Gordon. Peter y Nell se mantuvieron juntos. Los quiero mucho. —¿Acaso tenéis la costumbre de arrebatar a cualquier niño alterado a sus padres? —preguntó Gordon—. —Déjame verte el cuello —dijo María a Sophie dando un paso hacia ella. ¿Es que Andy no llora nunca? ¿Acaso vosotros dos sois perfectos? —Escucha. Luego. conciliadora—. pensó María al recordar su carrera alocada sin dirección alguna. Sophie la miró pasmada. Todos te queremos. mientras los Littlefield abandonaban la casa y caminaban hacia su coche.detenerse. Gordon le pasó un brazo por encima. Gordon la siguió. Él la sostuvo. Su mirada pareció llena de amor y pesadumbre. ~64~ . Gordon —dijo Nell. Como pollos con la cabeza cortada. impotentes. Un instante después regresaron cada uno con un niño dormido en los brazos. Corrían en círculo fuera y sin abrigo. Ninguno de ellos dijo nada. —¿Crees que yo haría daño a mis hijos? —preguntó Sophie—. y Sophie se apoyó en él como si le necesitara más que nada en el mundo. — María dice que estaban los dos muy alterados —dijo Peter con claridad y mesura. —Lo sé —dijo María. María. Su postura pareció más protectora que dominante. sorteó a Peter y marchó escaleras arriba. más como un abogado que como un hermano—. Sólo deseamos hablar. sólo pudieron mirar. Por primera vez Sophie la miró directamente a los ojos.

las suaves olas de la bahía alcanzaban los diez pies. durante el colegio.CAPÍTULO IX A la mañana siguiente. y los «Cuentos de Pequot» abiertos sobre su regazo. Tenía un leve acento de Cranston y pertenecía a un estudiante pecoso. Ella pensó en Sophie. Sobre la cubierta. sintió que el mundo le daba vueltas y comprendió la necesidad de tumbarse. Una hora después. todavía con la bata de franela y las zapatillas forradas de alpaca. ¿verdad? Vamos. hacia las islas Hechizadas. La proa del barco subía y bajaba. con el viento fustigándoles el rostro. Lo que recordó la hizo sonreír. Sabes lo que quiero decir. —Si miras el horizonte no te marearás —dijo una voz masculina. Se encaminó vacilante hacia su litera mientras oía que Jack Frazier se presentaba a Sophie. con rizado pelo rojizo y ojos azules de pálidas pestañas. —Lo mejor es desahogarse —dijo Sophie—. hazlo. María no había tomado el sol todavía aquel año y su cara empezaba a quemarse. una goleta de cien pies con vela de estay y motor diesel. María vomitó por encima de la borda. vieron cómo el barco se alejaba del puerto. El sol. alzándose detrás de la península en donde se asentaba su casa. Sophie se había recogido el pelo bajo una gorra Red Sox y tenía todo el cuerpo bronceado por haberse pasado la primavera tomando el sol desnuda en el tejado de su dormitorio. teñía el mar de un azul profundo y el granito de las islas de un tono dorado. María y Sophie habían embarcado en Westerly para un viaje oceanógrafico escolar. pero no sobre lo sucedido la noche anterior. Aunque era un día de julio despejado. —¿Te encuentras bien? —preguntó Sophie. cuando el barco pasaba por las boyas. ~65~ . Quince estudiantes y siete tripulantes se habían dirigido hacia Georges Bank a bordo del «Narragansett». y ella negó con la cabeza. Un verano. María dio vueltas y más vueltas a ese recuerdo en su cabeza. equipada como barco de investigación con un laboratorio e hidrófonos para seguir la pista a las ballenas gibosas y estudiar sus costumbres migratorias y de apareamiento. María se sentó ante la gran ventana panorámica. El chico la miró tara a cara. María se mareó. Un montón de libros de la biblioteca estaban apoyados contra su butaca. Pero ella miró hacia el oeste.

había tenido la vaga impresión de que la cofa estaba a unos setenta y cinco pies de altura en el palo mayor. Y subió a cubierta. —Escucha. Cuando el científico les preguntó si les gustaría visitar el laboratorio y escuchar ~66~ . se les acercó para preguntarles por qué les interesaba la océanografía. un licenciado enjuto y serio. Le desafié a hacerlo.María y otros cuantos estudiantes se pasaron las siguientes veinticuatro horas con un malestar horrible. pero sus ojos chispearon demasiado. Cuando te sientas mejor podrás trepar con nosotros. Jack dijo que quería ser marino biólogo. Tal vez si fingiera interesarse. como una buena enfermera. La única vez que había estado en cubierta. Sophie intentó parecer preocupada. se mostraría más atenta y su estómago cesaría de revolverse. Jack? —Por descontado. tienes que sacudirte ese mareo y venir a cubierta. me lo he perdido! —dijo María. Las enormes velas de la goleta se llenaron de aire sobre sus cabezas. —La ballena era increíble —dijo Sophie—. —Será lo primero que haga —dijo María con desánimo. Sophie le llevó algunas sales. apoyando los codos en la litera de María—. —¡Mierda. Anoche nos encaramamos a la cofa y nos lo contamos todo. ¿No fue asombroso. —Trepando por las jarcias. Tendida en su litera. María oyó que otras personas gemían en sus literas. ¡Sophie estaba disfrutando! —Él es un gran chico —dijo. Más tarde. María sintió un malestar atroz y al mismo tiempo una irritación irracional contra Sophie porque ésta no se mareaba. pero desde ese instante empezó a sentirse mejor. a tiempo para contemplar la puesta de sol. y rodeaba con un brazo la cintura de Sophie. ¿Dónde estamos? ¿Habéis visto muchas ballenas ? —Nos dirigimos hacia Georges Bank. Una gibosa con su cría.. Hemos avistado la primera ballena. Durante la conversación se mantuvieron uno junto a otro. Sophie y María le dijeron que se habían apuntado a la expedición porque les encantaba el mar.. María —dijo Jack. El científico del barco. Llevaba una gorra de béisbol. llegaremos allí mañana. —Hola —dijo María—. intentando contener las náuseas. Pasaron muy cerca del barco. —Hola. tocándose apenas. —¿A la cofa? ¿Cómo llegasteis hasta allí? —preguntó María. Sophie y Jack se habían enamorado. María vislumbró lo que había sucedido durante el día en que ella había estado mareada. La decepción la hizo enrojecer.

María cuidó de Sophie durante las primeras semanas. dónde la habría conocido. preguntándose en voz alta quién sería la mujer. Sophie había dicho a María que estaba tan habituada a decepcionar a la gente (como a Hallie. de forma completa e inequívoca. Hicieron el amor en lugares recónditos. Los fines de semana cocinaban comidas exóticas en sus dormitorios. y había sufrido por Sophie. o por lo menos no lo pareció. cómo podría amar él a otra persona que no fuera a ella. dijo Sophie. le molestó saber que Sophie había tenido razón. A Sophie se le partió el corazón. un hombre que compartía sus intereses. que nunca criticaba a Jack. María conocía todos sus esfuerzos por complacer a su madre. se estremecía y hablaba de Jack. Sentada en su sala. Y cuando Jack conoció a Hallie. La misiva estaba llena de adjetivos: «adorable». Se prometieron a la Navidad siguiente. Solía estrecharla entre sus brazos mientras Sophie gemía. su amor no flaqueó nunca. había dicho María. Jack y Sophie marcharon hacia la popa para ver la espumosa estela del barco que empezaba a relucir con la bioluminiscencia del plancton a medida que el mar y el cielo se oscurecían. y él le dijo que lo dejara si eso no la hacía feliz. Se divirtieron juntos. hasta el día en que Jack telefoneó a Sophie para decirle que se proponía romper su compromiso porque se había enamorado de otra mujer. Jack fue el amor de la vida de Sophie. pero sus pensamientos se ciñeron a Sophie. A Sophie y a Gordon. que la amaba sólo por lo que era. María recordó la aflicción de Sophie. María recordó que ella estaba en Inglaterra cuando Sophie le escribió la carta sobre Gordon. Jack asistió orgulloso a las corales de Sophie en el departamento de música hasta que ella le confesó que no quería seguir cantando. Ahora. Soportó las presiones de la familia: al principio. Su compromiso duró los tres últimos años de colegio y el primer año universitario de Jack. «No digas eso». «Es un cerdo». y Hallie no se lo perdonó jamás. deseando matar al hombre que había herido a su hermana. sólo María dijo que sí. Le pasó por la cabeza que Aldo tampoco la había amado a ella sin reservas. a los profesores y los amigos. Se pasó el tiempo dándole vueltas al asunto. imaginó María) que temía no encontrar jamás a otro hombre que la quisiera tanto como Jack.las grabaciones de las ballenas gibosas. Sin embargo. Él parecía amar a Sophie sin reservas. ~67~ . bastantes años después. el hombre con quien se casó tres años después de que Jack la abandonara. en el embarcadero de la Squaw. Nunca había conocido a un hombre como él. «guapo». los padres católicos de Jack no aceptaron con entusiasmo la idea de que él se casara con una episcopalista que no había puesto pie en una iglesia desde hacía muchos años. Sophie no había ni sospechado siquiera que él la abandonaría. él y Sophie bebieron demasiada cerveza.

en su lugar enviaron un increíble servicio de té georgiano. No pudo comunicarse con Nell. pecho lo bastante peludo. María y Aldo se vieron imposibilitados de volar a casa para la boda. A las diez. —¿Hablo con Duncan Murdoch? —preguntó María. María aún seguía con la bata. por una razón diferente. incluso se había convencido a sí misma. sin lágrimas. que Gordon poseía la ferretería Littlefield. María concedía a Gordon el crédito de haber ayudado a Sophie a olvidar a Jack. María había reprochado siempre a Aldo que su excavación y las cámaras de la BBC le hubiesen impedido ocupar su legítimo puesto como dama de honor de Sophie. Está amarrada en un muelle cerca de donde vives. espeso. No se mostró dispuesta a vestirse para planear el día. Aldo habría provocado una apasionada escena italiana en la minúscula tienda de antigüedades si María no le hubiese explicado. Sophie no comparó a Gordon con Jack en aquella carta. si se pensaba que se había casado con ella. Aldo se había echado atrás ante el precio. No hizo la menor mención de Jack. y forma increíble de hacer el amor. hombros anchos. de que Gordon amaba a Sophie tanto como Jack. Sophie decía en su carta que los padres de Gordon vivían a unas cinco millas de distancia. y que si el trabajo de el iba a impedirles asistir a la boda de Sophie. ellos iban a enviarle sin discusión un regalo de boda absolutamente fantástico. le pareció que no tenía sentido.«exitoso».. que ella y Gordon se habían conocido una noche durante el baile de un club náutico y que se habían enamorado a los pocos días. e incluso más. como debiera hacerlo Só-phie. María recordó que se había divertido con las frivolas descripciones de Sophie sobre los atributos físicos de Gordon: pelo castaño. Todo lo que no fuera hablar con Sophie o. Había telefoneado cinco veces a Sophie. Sophie había encontrado conmovedor que un hombre con la educación de Gordon (licenciatura en Princeton) se hiciera cargo de la ferretería de su padre sólo porque la familia había esperado que así lo hiciese. Sophie se mostró enormemente dolida.. —¿Te apetece dar un paseo en barco? —preguntó una voz. en la misma casa donde él había crecido. María estaba segura de que Gordon no la había perdonado nunca. sin obtener respuesta. María reflexionó sobre la propuesta. —Sí. Podía quedarse en casa analizando ~68~ . que ella sólo tenía una hermana. Arnie Pratt quiere vender su embarcación «Damson». con calma. El distanciamiento de Gordon siempre le había parecido extraño. «atlético» e «intenso». con Nell. teniendo en cuenta el agradecimiento que le había hecho patente por entrar en la vida de Sophie y amarla. Por entonces se hallaban inmersos en su excavación de I lasting. Sonó el teléfono y se abalanzó para cogerlo esperando que fuera Sophie.

—De acuerdo —dijo María. Aunque la embarcación tuviera muy poca obra muerta. El azafrán que crecía junto al portal le recordó que quedaba sólo una semana para marzo. —Me gustaría verla —dijo cautelosa—. El fondo plano de la embarcación hizo que las aguas tranquilas parecieran olas de un huracán. —¡No te oigo! —gritó Duncan a pleno pulmón. Pero una hora después se dio cuenta de que no sabía si él vendría por carretera o por mar. Duncan atracó la embarcación de costado en el malecón de piedra y la mantuvo quieta mientras María saltaba a bordo.lo ocurrido la noche anterior o ir a probar la embarcación. su proa se alzó enormemente bloqueando la visión de María. —Ponía en marcha —dijo Duncan cediéndole los mandos. Duncan apareció al timón de una embarcación verde. El estruendoso motor soltó un olor a gasolina. pero su orgullo la animó a hacer maniobras con la embarcación y conducirla hacia el oeste. y luego los colocaban en un pastizal para asegurar la fertilidad de la tierra. —¡No puedo ver hacia dónde nos dirigimos! —vociferó María escupiendo un mechón de pelo que se le metía en la boca. La luz solar se reflejó en la tranquila superficie del mar. a barlovento ~69~ . Los había utilizado en Perú. larga y de malas trazas. en medio del mar. Rebuscando en los bolsillos de su chaqueta mientras esperaba. El surcar de aquel modo el mar tuvo un efecto terapéutico en María. encontró la paleta y el cepillo. ¿Me reúno contigo en el muelle? —¿Por qué no voy a recogerte a tu casa? —propuso Duncan—. —¡No te oigo! —gritó a su vez Duncan. Aferró el timón. Así que se plantó en el patio lateral desde el que podía ver el camino de entrada y la bahía. Estaré ahí dentro de una hora. Ella habría preferido que Duncan la condujese hacia fuera y le pasara el timón cuando estuvieran seguros. cerca de un sepulcro natural donde había descubierto con Aldo tres recipientes intactos de ofrendas en forma de llamas. al volver un poco la cabeza hacia la izquierda. Los cha-vín solían llenarlos con una mezcla de grasa de llama y sangre. —¿Cuánto quiere Arnie Pratt por esta embarcación? —gritó María. María caminó hacia el agua. Se oyó el zumbido de un motor. En marzo los chavín solían sacrificar llamas negras para oscurecer los cielos y hacer caer la lluvia sobre los campos. no tenía cabina e incluso a cierta distancia parecía haber pasado un mal invierno. María se colocó ante el timón y buscó el cambio de velocidades y el acelerador. El rugido del motor hizo imposible toda conversación.

y con su fondo plano puedes traerla hasta la playa. Al marchar a poca velocidad. Señaló hacia la derecha. Aunque no había conducido una embarcación desde hacía años. Es de fácil maniobrabilidad. descargando trozos de cuarzo. Olió el mar y la marea baja. Él es mucho más alto que tú. Se protegió los ojos con la mano y miró arriba y abajo de la playa.del escape.. Y así tendrás que hacerlo porque aquí no hay ningún muelle. —Sí. y ella maniobró en esa dirección. aflojó el acelerador. Pero. que sus hijos jugaban juntos. María se echó a reír. una combinación magnífica de frescor y podredumbre. ~70~ . María se figuró que él la estaba dirigiendo por aguas poco profundas. Es amiga de Alice. gracias —dijo María. —Eso es culpa de las olas —dijo Duncan con tristeza. el viento le revolvió el pelo pajizo. —¿Qué? ¿Buscando un lugar donde excavar? —preguntó Duncan. Por eso me he metido en este negocio. Luego señaló a la izquierda. —Yo aprovecho cualquier oportunidad para hacer un viaje por mar —dijo Duncan—. la destreza reapareció por sí sola. él había dicho que su mujer y Sophie eran amigas. Pero tú debes tener mucho trabajo. Duncan se acomodó en la proa. ¿Quieres dar una vuelta por los alrededores? —No. Quería hacerle preguntas sobre Sophie. planchas de pedernal. Tú conoces a mi hermana. ¿qué podía averiguar? ¿Que todo el mundo en Hatuquitit sospechaba que a Gordon le gustaba pegar a su mujer? ¿Que la gente decía que Sophie era mala con Flo?—. María la hizo pasar entre dos islas y por fin la varó en la que Duncan había llamado Lookoout. María inspeccionó la zona. —Hay un problema: el tajamar se levanta tanto cuando voy a más de seis millas por hora que no puedo ver hacia dónde voy. ¿verdad? ¿Sophie Littlefield? —Claro que sí. —Creo que ésta es la embarcación idónea para ti —dijo Duncan—. Yo mismo la calafateé el mes pasado. la embarcación se equilibró. —Esto es divertido —dijo María—. Imaginó a los pequot arrastrando sus canoas hasta la playa.. Por encima de la marca de la pleamar. bajo un bos-quecillo de pinos. Arnie lleva los bidones de gasolina y las nasas en la popa. pudo oler el aire salino. —Tengo tiempo. —Maniobraremos con el lastre —dijo Duncan—. Comprendió que se dirigían hacia las islas Hechizadas. atisbo un lugar donde la arena se transformaba en arcilla.

Los Littlefield vivían en la pineda cerca del Bell Stream. esta ciudad no cambia mucho. —Ya lo creo —dijo Duncan. el refugio de Lovecraft Wildlife y las agujas blancas de Hatuquitit. pero María no miró en esa dirección. —¿Estás hablando de Sophie? —Mira. Por su tono solemne y su forma de esperar a lo que dijera María. ~71~ . —Parecía como si María hablara más para sí que con Duncan. Sintió el impulso de empezar a excavar. te sentirás a gusto con ella —dijo Duncan. Nell y Peter vivían en la ciudad. Algunas veces estoy en casa cuando Sophie viene a recoger a Flossie. María asintió. espero que las cosas sean como cuando me marché. —Sí. pensó María. El sol matutino se reflejó en la ventana de la torre de la cárcel. y creo que sí. Fue lo único que la hizo sentirse bien después de muchos días. le hizo temblar los labios. pero notó que la ansiedad la asaltaba de nuevo. —Es sólida. María divisó el campanario encima de la iglesia congregacional. El otro día me preguntaste si me resultaba extraño estar de vuelta. —No. —Bueno. desde que me marché. y María supo que la casa de Hallie estaba sólo a doscientas yardas hacia el oeste. —¿Todavía estás pensando en tu hermana? —preguntó Duncan.. Ella. la verdad. —Cuando vuelves a casa y ves a gente que has conocido toda la vida. Bajó la cabeza para que Duncan no lo viera. Su mano se cerró en el mango de la paleta que tenía en el bolsillo. Yo soy la que se fue. como un detective privado fisgando los asuntos del vecino a sabiendas de que todo el mundo descubre su disfraz. ella se ha casado con un auténtico gilipollas. Es una tontería pensar que eso puede durar para siempre. y entonces. siempre esperas que todo siga igual —dijo María—. Nell y yo crecimos juntas y estuvimos muy unidas. la más cercana a su casa. Sophie se ha casado y ha tenido hijos. —Ese apodo tan tonto para denominar a la sobrina que ella tanto quería. ésta supo que había visto su expresión. —Compraré esta embarcación —dijo. al oeste de la casa de Hallie. —Es una niña muy buena —dijo al cabo de unos segundos. La ciudad no ha cambiado lo más mínimo. cuando regreso. —Mira. Y cuando arreglemos la proa. Miró por encima del agua el embarcadero de la Squaw..—¿La ves a menudo? — María se sintió cortada.

sobre las pequeñas olas. Necesita un rascado y una mano de pintura. y Gordon siempre se comporta como si estuviera resentido. ~72~ . sus ojos color avellana se contrajeron y miraron a María. María se sentía incómoda.. o nosotros en el astillero. —Los dos asistimos a las reuniones de la cámara de comercio. Eso puedes hacerlo tú misma. claro está. —Esta embarcación necesita que la entonemos —gritó él—.—¿ Gordon ? —Siempre que alguien criticaba a un miembro de su familia. El sol le cegó. cree que la gente está contra él. En tal caso deberás abonar una cantidad extra. Y quedó silenciosa. Se alegró de que Duncan hubiera inventado un pretexto para que ella pudiera verle otra vez.. hacia el sol que era todo cuanto ella podía ver sobre la proa. —Eso debe de ser duro para Sophie —dijo María. Le rebajaremos la proa para facilitarte las cosas. Pareció como que había el acuerdo tácito de que él condujera a la vuelta. y volveremos a calafatearla. —Haz lo que creas conveniente —gritó María al viento mientras avanzaba dando bandazos hacia el este. Se man-luvo lo bastante cerca para oírle por encima del motor. Ésta observó que su mano sobre el timón era recia y estaba curtida. Duncan se dirigió hacia la popa.

Se sentó en el banco al lado de Nell y contempló el parque. Y encontró interesante que los pequot. leyendo todo cuanto pudo sobre los indios de Hatuqui-tit. leed las leyendas. Todas esas historias son ciertas. una descendiente directa de Uncas. María consultó el reloj: eran las dos y media. Se limitó a fruncir el entrecejo y volvió a chupar con furia redoblada. Pero Nell recuperó la botella. Su expresión pasó del vau-deville a la tragedia con tanta celeridad que María hubo de disimular una sonrisa. a semejanza de los cha-vín. Hicieron pensar a María en los mayores de la ciudad. En el Hatuquitit Inquirer encontró una entrevista con Mathil-da Brown. Se le revolvió el estómago. Cuando llevó los libros a la mesa para devolverlos. Había dicho a Nell que se reuniría con ella en el parque de la ciudad. deseando que él diera media vuelta y la viera. meciendo a Andy en su cochecito. Las diminutas manos del niño agarraban una botella de zumo de manzana. «Si queréis saber cosas sobre los pequot —decía—. el pequeño bajó la botella para dedicarle una sonrisa esplendorosa. Cuando María se aproximó. se le cayó la botella. Cuando se dirigía hacia el parque. Al pasar por delante de los astilleros. Algunos viejos envueltos en abrigos oscuros estaban sentados al sol. Nell estaba sentada en un banco. Se detuvo un momento.. María vio a Duncan dirigiendo a un camión cargado de pilotes hacia el muelle. estaban haciendo sus recados.» María había oído las mismas cosas sobre las leyendas peruanas: que incluso las más extrañas contenían una parte de verdad. —Oportuno salvamento —dijo María. observó que la Summer Street estaba atestada. tuvieran un mito sobre un hombre que se casó con la luna. ~73~ . el guerrero que asesinó a su esposa y a su amante inglés y luego la siguió al país de los muertos. pero la bibliotecaria no pareció reconocerla. con los niños en la escuela. Mujeres jóvenes. Al intentar saludar con la mano. el sachem de los mohegan.CAPÍTULO X María se pasó una mañana en la sección Folklore local de la biblioteca. limpió la tetina con su guante y se la devolvió al niño antes de que éste tuviera tiempo de llorar.. Algunas se arracimaban a la entrada de las tiendas y charlaban un rato antes de entrar. se encontró cara a cara con la bibliotecaria que se había quejado de que Sophie abandonara allí a Flo. el hombre que empleó una flauta mágica para hacer que las mujeres de otra tribu se enamoraran de él. El hombre que se casó con la luna. Pero por fin siguió adelante. los puritanos.

Tenía la impresión de que robaba. es mejor que me lo digas. —Nunca se me ocurrió que algún día podría verla bajo el yugo de un individuo —dijo María pensando en la Sophie del bachillerato y del colegio universitario. Sus relaciones con Jack parecían perfectas. tacones altos y perfume y se iban a bailar durante toda la noche. La forma en-que Sophie le convencía para que se pusiera una chaqueta mientras ella se ponía un vestido de seda. Y allí estaba ella. Una vez a la semana. que Gordon parecía adorarla desde el principio. ¿no? —No. —¿Tenías alguna idea de que estuviera ocurriendo esto? —preguntó María. me cuelga. —No. Realmente. toda la familia lo sabía. y cómo Sophie presentía por entonces que su buena estrella la había abandonado para siempre. Me hizo prometer que no lo contaría. ella no tenía por qué darle celos. pagando las rosas al contado. todo parecía marchar bien. —No. —Quizás él no la adorara —dijo María—.—¿Has hablado con Sophie? —preguntó Nell. —¿ No te has fijado nunca en su forma de mirarla ? —preguntó Nell. vi su coche aparcado delante de una floristería en Westerlay. procurando no ver la imagen de aquella noche. ¡Dios mío. Quiero decir. —Estarás bromeando.. Quizá lo simulara sólo delante de otras personas.. —¿Por qué se enviaría rosas a sí misma? —preguntó María. ~74~ . Pero María entonces recordó cómo terminó aquello. Yo sabía que ella estaba recibiendo rosas de algún admirador secreto.. —Nunca logré comprenderlo. y observé que adoptaba una actitud tremendamente protectora respecto a Gordon. Siempre que la llamo. ella solía enviarse rosas a sí misma para darle celos. María se había sentido celosa. ella me matará si sabe que te lo he dicho! —Bueno. —empezó a decir Nell y luego se interrumpió—.. Pero salvo esto. ¿Crees que él le ha hecho un lavado de cerebro? —preguntó María. —Sí —dijo María. —Pues bien. o la forma en que ellos cogían con idéntica facilidad su kayak y se iban de excursión por el Maine. con una tarjeta en blanco. Pero un día que iba hacia casa desde Watch Hill. Ella siempre había tenido chicos alrededor pidiéndole que saliera con ellos. con la cuerda anudada alrededor del cuello de Sophie—. ¿Y tú? Nell negó con la cabeza. —Cuando se casó con Gordon. lo juro.

Nell frunció el ceño. —Eso suena demasiado extraño. —¿Más extraño que otras cosas? —Mientras hablaba, María empezó a ver el lavado de cerebro como la única explicación posible. ¿Cómo lo habría hecho él? Se imaginó a Gordon haciendo oscilar un reloj de bolsillo ante los ojos de Sophie y diciéndole «ahora empiezas a adormecerte...». —Estoy segura de que no es eso —dijo Nell—. Sophie se domina más de lo que crees. ¿Te has fijado alguna vez en esa fotografía que tiene enmarcada en el comedor? María se concentró y acabó recordando una fiesta de Carnaval. —¿Gente con disfraces? —preguntó. Nell asintió. —Fue una fiesta de martes de Carnaval, hace mucho tiempo. Peter y yo asistimos. La pareja del centro... ésa vestida como Ro-sie y Charlie en «The African Queen», ¿recuerdas? Bueno, pues ésos son Sophie y Jack Frazier. —¿Sophie tiene fotografías de Jack en el comedor...? ¿Lo sabe Gordon ? Nell negó con la cabeza. —Ni mucho menos. Él cree que es una fotografía que Sophie adquirió en algún mercadillo. Una noche celebraron una cena, y durante ella Gordon alabó el buen gusto de Sophie y dijo que ella había decorado toda la casa sin ayuda de nadie. También se refirió a las fotografías en las paredes, incluida ésa, y contó que ella las compró todas en cierta tienda de Blackwood, y yo me puse cada vez más nerviosa. Pues fíjate, ninguno de los dos lleva careta ni nada parecido. La cabeza de Sophie mira hacia otro sitio, pero es ella, con toda seguridad. —¿Y ella no le corrigió? —No. Siguió allí muy quieta y tranquila, como hace siempre que él la elogia. María pudo imaginarse la escena: Sophie mirando fijamente con ojos líquidos a Gordon, como si fuera a fluir hacia él a través de la mesa. —Y ella no me confesó jamás que había mentido a Gordon, que la foto había sido hecha en la fiesta de Mae Morgan aquel martes de Carnaval. Tal vez olvidara que yo había estado allí —terminó diciendo Nell. A María le complació pensar que Sophie se permitía ciertas actitudes desafiantes... aunque sólo fuera el exhibir una foto en la que aparecía con un antiguo pretendiente. Ello simbolizaba un espíritu de resistencia: Sophie había ocultado algo a Gordon, y lo colgaba con orgullo en la pared del comedor.

~75~

Esa idea infundió esperanzas a María. Andy dejó caer otra vez su botella. María se inclinó hacia delante y vio que se había quedado dormido. A pesar de tener el pelo rojo de Nell, a María el niño le recordó a su hermano Peter cuando era pequeño. —¿Le ha contado alguien a Hallie lo de Sophie? —preguntó Nell. —Yo no, si es eso lo que quieres decir. — María se sintió de repente tensa. —Nosotros tampoco —dijo Nell—. Creo que alguien debería hacerlo porque Sophie necesita ayuda de verdad. —¿Por qué crees tú que Hallie se va a preocupar por eso? —preguntó María. Nell levantó la vista, alarmada por el tono amargo de María. —Porque es la madre de Sophie —dijo. María siempre había encontrado más fácil dejar correr sus sentimientos sobre Hallie que expresarlos con palabras. —Hallie no quiere ser una madre —dijo—. Lo que Hallie quería era hijos atractivos para poder parecer una madre atractiva. Y ahora que hemos crecido, sólo le interesa saber lo que podemos hacer por ella. —¡María...! —exclamó reprensora Nell. La propia Nell provenía de una familia conflictiva; sus padres se daban a la bebida, y ella había transferido su amor por ellos a los Dark, incluso antes de casarse con Peter. —Bueno, entonces contéstame a esto: ¿Cuándo fue la última vez que hizo de niñera con Andy? —Hace mucho tiempo. —¿Cuánto? —Creo que cuando él nació. Alrededor de un año. Ante la expresión satisfecha de María, Nell agitó la mano—. Pero ella no es ese tipo de abuela. Ya dejó bien claro desde un principio que no le gustaba hacer de niñera. —Bueno, pues tampoco es ese tipo de madre —dijo María. Y recordó cómo Hallie solía mirar al vacío o escuchar los discos de María Callas; lo más que Sophie o Peter podían esperar de Hallie era una larga reminiscencia de su propia infancia. —Escucha, María, parece como si estuvieras culpando a tu madre por los problemas de Sophie. —¡Oh, no es eso! —dijo María—. Lo que quiero decir es que ahora no deberíamos esperar mucha ayuda de ella. —No le debió resultar nada fácil cuidarse de tu padre. Él ya era viejo y

~76~

estaba muy enfermo cuando vosotros erais pequeños. Y Hallie tampoco era muy mayor. —Eso es cierto —convino María. —¿Sabes una cosa? Peter siempre ha estado algo celoso por la forma en que tu madre quiere a Sophie. —Sophie es su favorita —dijo María. Pero cuando hubo pronunciado estas palabras, se dio cuenta de que carecían de verosimilitud. ¿Acaso la «favorita» no se beneficia de un amor extra? En lugar de querer a Sophie más que a los otros hijos, Hallie la había encarrilado por el camino del éxito. Primero llegaron las lecciones de piano, luego las de canto. «Haz que me sienta orgu-llosa de ti», solía decir Hallie cada vez que Sophie practicaba el piano o ensayaba para un concierto. Sin embargo, Hallie asistía raras veces a sus conciertos. Era como si no pudiera soportar ver a su segunda hija ocupando el centro del escenario. María recordó cierta ocasión, en el bachillerato, cuando Sophie iba a cantar dos solos en el concierto de primavera. —Causa furor, querida —le dijo Hallie a Sophie al besarla cuando esta salió de casa. —¿ Es que no vienes ? —preguntó Sophie. Ella ya sabía que Ha-Ilie no lo haría. Pero volvió a preguntarlo, como si quisiera dar una última oportunidad a Hallie. —Tengo un picor muy molesto en la garganta —dijo Hallie—. Me parece que he pillado un resfriado, y tendría que marcharme a mitad del espectáculo. María no había oído toser a Hallie en toda la primavera, pero no dijo nada. Se dio cuenta de lo decepcionada que estaba Sophie v no quiso empeorar las cosas. —Vamos, Sophie —dijo María—. Te espera el telón. —Mamá es una madre extraña y teatral —dijo Sophie en el roche—. Parece como si se fuera a morir si no hago esto, y luego ni siquiera viene a escucharme. Detengámonos un momento en los almacenes. —¿Para qué? —preguntó María. —Para comprar cigarrillos —dijo Sophie—. Quiero que se me ponga la voz lo más áspera y sexy posible. —¿De verdad? —preguntó Peter. Él era sumamente crédulo l>ara todo cuanto le decían sus hermanas. —Está bromeando —dijo María. —Nada de eso —dijo Sophie—. Quiero hacerme polvo la garganta. Lo digo en serio. Vamos...

~77~

María no le contestó y siguió conduciendo. Y Sophie no insistió. Una hora después, sentada con Peter en el auditorio del colegio, María vio a Sophie salir al escenario. Hallie le había comprado un vestido blanco con encaje en el cuello y los puños... a María le pareció una novia, y a Peter un ángel. Sophie permaneció inmóvil bajo el foco, como si escudriñara la oscuridad. María se preguntó si estaría buscando a Hallie; o quizás estuviera adaptando los ojos a la luz deslumbrante. Luego, con una voz clara, pura, Sophie cantó «Somewhere» de «West Side Story». Al terminar la canción, las lágrimas corrieron por las mejillas de María. Sentada junto a Nell en el banco del parque, rememoró aquella canción de Sophie y sintió otra vez ganas ile llorar. —Sophie tiene problemas —dijo desolada—. No sé qué hacer. —Tenemos que comenzar por algún sitio —dijo Nell—. Creo que deberíamos contárselo a tu madre. Ella fue la única persona a quien le dije lo del aborto de Sophie, ¿te imaginas ? Traicioné la confianza de Sophie divulgando algo que además no era cierto. —¿Cómo lo tomó Hallie? —preguntó María. —Le ofendió que Sophie no se lo hubiese contado. Pero yo la hice prometer que no le diría a Sophie que lo sabía. —No debieras haber dicho nada si Sophie te lo pidió —dijo María. Y de repente deseó ver a su madre. La reacción egoísta de Hallie despertó los proverbiales sentimientos protectores de María respecto a Sophie. Era típico de Hallie el aprovechar la desgracia de Sophie para sentirse menospreciada—. De acuerdo —dijo—. Vayamos a ver a mi madre. —Cuando yo era una criatura minúscula —explicó Hallie—, mi padre decía que yo correría entre los macizos de flores y acabaría mareándome con el olor de todas esas dalias. —Estaba ante el fregadero de la cocina preparando unos narcisos y lirios en un jarrón de cristal tallado. Se los había enviado el señor Porter. Ella adoraba las flores de tallo largo. María observó que le desagradaba la desproporción entre los elegantes lirios y los narcisos relativamente rechonchos. Pero no se decidió a cortar los tallos de los lirios. —Debes de haber sido muy mona —dijo Nell con un toque de ironía. María sabía que Nell adoraba a Hallie. Cuando eran niños, María, Sophie y Peter ya supieron lo de los padres de Nell. Los Draper siempre habían estado sobrios durante el día, y María y Sophie tuvieron celos de Nell por tener una madre que hacía sué-ters y bollos y les enseñaba cómo arreglarse el pelo con cerveza y mahonesa. María pensaba que posiblemente Nell había sentido celos de ella por el aspecto de actriz cinematográfica de su madre, lo romántico de su viudedad, su enorme casa en el Bell Stream y su

~78~

despreocupación por todas las cuestiones domésticas que la hacían parecer una mujer moderna más que una madre. —Mi padre decía que yo apenas era más alta que las flores, y le gustaba observar mi pequeña cabeza oscura moviéndose a través del jardín. —Hallie hizo una pausa, se aclaró la garganta y dirigió una mirada significativa a María —. María, he oído decir que ahora das paseos en barco —dijo. —Sólo he dado uno —dijo desconcertada María. El tono de Hallie fue extremadamente desaprobador. —Recuerda que esto es una ciudad pequeña y que tú eres la divorciada peligrosa. No querrás que todo el mundo empiece a murmurar. —¿Porque Duncan Murdoch me llevó a dar un paseo en barco? ¿Quién te lo dijo? —Ginger Talisker estaba fisgoneando en Lovecraft, y te vio subir a bordo de esa embarcación y salir disparada. Supongo que ya sabes que él está casado. —Sí, ya lo sé —dijo María, poniéndose a la defensiva. —Es un matrimonio inestable —terció Nell—. Alicia le contó una vez a Sophie que pensaban divorciarse. —No sabía nada —dijo María. La noticia le causó tanto placer que se dio cuenta de lo mucho que le gustaba aquel hombre. Pero se preguntó por qué no se lo habría dicho Duncan. —Te lo voy a repetir —dijo Hallie—. Ésta es una ciudad pequeña y a la gente le encanta ese tipo de cosas. Puedes tener la seguridad de que Ginger se lo ha contado ya a cinco o seis personas, y muy pronto todas te pondrán en la cama con él. Mucha gente se alegraría de que dañaras tu reputación y destrozaras a los Dark. Supongo que sabes lo que quiero decir, ¿no? —No te preocupes —dijo María—. Cuando le haya comprado una embarcación no volveré a empañar la puerta de Duncan Murdoch. —De acuerdo —dijo Hallie—. Además él no es tu tipo. —Queremos hablarte de Sophie —dijo María con aspereza. Se dio cuenta que su madre se refería a Aldo o alguien parecido al decir lo de «tu tipo»: afable, famoso, competente, alguien que diera lustre y distinción a los Dark. No una ama de casa como Nell ni un ferretero como Gordon. Porque aunque Nell se creyera aceptada, así era como Hallie veía a los cónyuges de sus hijos, aunque Gordon se hubiera licenciado en Princeton. —¿Qué sucede con Sophie? —preguntó Hallie frunciendo el ceño. —Gordon la maltrata. Yo lo vi. —Sabiendo lo aficionada que era Hallie a ver las cosas no como eran sino como ella deseaba que fueran, María habló

~79~

sin rodeos. —Eso es ridículo. ¿Qué es lo que viste? María sintió una ternura repentina por su madre. —Será mejor que te sientes —dijo. Nell cogió del brazo a Hallie y la condujo hasta la mesa de la cocina. Las tres tomaron asiento formando un semicírculo; Andy se puso a jugar en el suelo—. Sucedió después de cenar la otra noche... cuando todos nos reunimos en su casa —dijo María—. Yo volví allí más tarde... el motivo no tiene importancia. Los dos estaban en el dormitorio. Gor-don hablaba del funeral de ella, de esparcir sus cenizas. Y le había atado una cuerda alrededor del cuello. Hallie sacudió con violencia la cabeza sin querer levantar la vista. —¡Eso no es asunto nuestro! —dijo—. Los juegos que las parejas quieran hacer en sus alcobas, no nos atañen. María quiso cogerle la mano, pero Hallie la retiró. —Vi las contusiones, mamá. —Gordon no haría eso —dijo Hallie. —¿Has visto últimamente a Sophie sin un cuello de tortuga o una bufanda? —preguntó Nell con un tono tan melifluo como el de un director de pompas fúnebres o de una monja. —Ayer mismo estuve con ella de compras. Lo pasamos muy bien en Blackwood, curioseando por las tiendas y después comiendo —dijo Hallie, eludiendo la pregunta. —Estoy preocupada por Flo y Simón —dijo María—. La semana pasada Sophie se comportó de una forma horrible con Flo en la biblioteca. Y los dos niños vieron lo que sucedió la otra noche. —Gordon es un yerno maravilloso —dijo Hallie—. Él no haría una cosa semejante. No un padre maravilloso ni un marido maravilloso sino un yerno maravilloso, pensó María, aborreciendo a su madre. Antes que acudir en ayuda de Sophie, ella preferiría preservar la imagen de los Littlefield (una rama de los Dark después de todo) como una familia dichosa. —¿Es que no ves lo que él le está haciendo? La está destrozando. Sophie no volverá a ser nunca la misma después de esto. Terminará muerta... o como un zombie. Es ya un zombie. Miente y roba para comprarle caviar. No le interesa nada que no sea complacer a Gordon. —No puedes ni imaginarte lo bueno que fue Gordon después del aborto —dijo Hallie con voz quebrada—. Él la ayudó a pasar el terrible trago, y luego

~80~

. Hallie empezó a vislumbrar la verdad. —Tenía tanto talento.. —Escucha. En cierta ocasión hice algún comentario sobre sus bermudas.cogió al bebé ensangrentado y lo llevó afuera para enterrarlo en el jardín. que me parecían demasiado largos. Pensaban llamarla Hallie. y ésa es la razón de que yo volviera a su casa. me pasé las dos semanas siguientes intentando volver a congraciarme con ella. —¿Por qué hará eso? —preguntó Nell. Nell. —Pero. llenos de desesperación. Sin embargo enmudeció. —No contesta a mis llamadas —dijo María. —Hablar con Sophie. mamá —dijo María cogiéndola por el brazo—.. Pues bueno. como yo. Podría haber sido una gran cantante. Así fue como comenzó todo. —Que el bebé era una niña. Aunque. María pudo percibirlo en sus ojos. frunciendo el ceño. —Cuando le diga que me he enterado de todo. —dijo Hallie sin la menor expresión—. Lo siento. pensó María desviando la mirada. —¿Qué podemos hacer? —preguntó María a Nell. Su rostro pareció envejecer. Yo me la imaginaba en el Metropolitan cantando «Lucia di Lammermoor». porque si no ella no me hubiera contado jamás que. —Ella le defenderá hasta la muerte —dijo Hallie alzando la cabeza. Yo expresé mi condolencia a Gordon y éste dijo que no sabía nada del aborto. y luego se descompuso de nuevo. Éste será el año en que mi madre se hará vieja. yo cantaba para Malcom.. desde luego. Muchas noches. fue todo líneas y sombras. Nunca ha podido sufrir las críticas contra Gordon. —¿Contado. — Hallie rompió en sollozos—. Sophie se inventó toda la historia. Y gracias a Dios que lo hice. —Yo tampoco tenía mala voz —continuó Hallie—. —Lo sé —dijo María. —Su rostro se iluminó unos instantes con el recuerdo. pero yo le dije a Sophie que lo sabía. cuando los niños os quedabais dormidos. y María se preguntó si Sophie le habría dicho que se proponían llamar Nell al bebé. Lo que se me daba mejor era las canciones de moda. —empezó a decir Nell. Apoyó la cabeza sobre la mesa y dejó escapar un leve gemido.. qué? —preguntó Nell. Me pediste que no lo hiciera. ~81~ . no fuera operística. No hubo tal aborto.. dejará de hablarme — dijo Hallie—.

pero de todas formas besó a su madre y le dio un abrazo tan apretado como ella lo permitiría.. Las tres permanecieron mudas e incapaces de consolarse unas a otras. y su postura súbitamente rígida. —Puede que incluso su proceder no sea intencionado —dijo Nell. considerando que estaba a punto de perder una hija y era difícil imaginar cómo se sentiría.Ninguna dijo nada. ~82~ . Y su voz se hizo un murmullo. —Me temo que Sophie les esté haciendo daño —dijo muy lentamente María—. dando una muestra de su natural optimismo. Aun suponiendo que él no les haga daño. pero sí psicológicos. —Tal vez les esté traspasando lo que se le hace a ella. ¡ni una palabra más! —dijo. —No puedo seguir escuchando.. El ceño de Hallie. María se preguntó por qué Sophie habría puesto tanto empeño en el mito sobre la perfección de su marido. —Me preocupan mucho esos niños —dijo Nell—. ¿cómo no va a afectarles esto para el resto de sus vidas? —Los niños son muy resistentes. No en términos físicos. indicaron a María y a Nell que quería quedarse sola. María pensó que esa actitud de Hallie era tiránica e imperiosa. no lo olvides —dijo. Hallie se tapó los oídos.

. confío que no te pierdas esta ocasión tan especial de la familia!» María se preguntó si la pulla era intencionada por haberse perdido antes la boda de Sophie y Gordon. —¿Por qué no quiere Sophie que se me invite? ¿Qué te dijo? —A decir verdad.. resultó ser una invitación para la fiesta del quincuagésimo aniversario de los padres de Gordon. pero ya se habían enviado las invitaciones. Ella sabía muy bien lo que Hallie estaba haciendo: le resultaba más fácil tomar a María por una secuestradora de maridos que aceptar que Sophie estaba complicada con Gordon en algo terrible.. ella asegura que has estado persiguiendo a Gordon.. no le dije nada. Me dijo que andabas rondando por Kathy's con la esperanza de desayunar en su compañía —dijo Hallie con un tono de desaprobación que enfureció a María. —Bueno. y la gente va a murmurar.CAPÍTULO XI Al principio María pensó que se trataría de un artilugio publicitario. —No. —Supongo que no dirías nada a Sophie de lo que te conté. ~83~ . —Sí —dijo María. Había una nota personal con la letra inclinada de Gwen: «¡Ahora que has vuelto de tierras lejanas. más segura estoy de que te equivocas. Sophie lo sentirá mucho —dijo Hallie—. pero tras una inspección más cuidadosa. Ed y Gwen Littlefield iban a celebrarlo el siguiente sábado en el Masonic Temple.. Y cuanto más pienso en ello. Gwen siempre cree que es culpa de Sophie. Incluso tu propia hermana está expuesta a interpretarlo mal. y Sophie no quiere que se divulgue que está teniendo conflictos con su familia.. ella y Gwen están poco unidas.. María no se sintió con fuerzas para refutarlo. A Sophie le resultó muy duro decírselo. Pero eso es precisamente lo que intenté decirte al hablar de Duncan Murdoch: eres la encantadora divorciada. —dijo María con sequedad.. —¿Has recibido una invitación? —preguntó Hallie sin darle tiempo a hablar. —No. no la creo. —Imagino que no creerás semejante cosa. Ella había pedido a Gwen que no te invitara. A veces me gustaría darle un mamporro. Telefoneó a Hallie. la tarjeta impresa con globos de los siete colores primarios y las palabras ¡LO HEMOS CONSEGUIDO!.

Ahora la ciudad era famosa por su hotel Victoriano. María decidió regalar a los padres de Gordon una acuarela. María aparcó en Crooked Street. No creo que eso pueda ayudarla. —¿Por qué? ¿Para que ella siga haciendo teatro? —preguntó María—. Así no le haces ningún favor. pensó María. ni Peter ni Nell han visto nada. Además. separadas por ~84~ . el orfebre local. ¿Cómo puede ayudarle esa confrontación? Sólo servirá para indisponerla. Incluso en días laborables. alfileres en forma de flores y con perlas en el centro. sin fondo. dejando ver una red de venas rojas hasta su garganta negra. era caro.—¿Han invitado a Peter y a Nell? —Ella no los mencionó. ella respondía con arreglo a este papel: madre adoradora de sus hijos. pendientes. lo que se vería si ella se arrancara la máscara. En lugar de un objeto de oro. y las piezas de oro que se vendían en ella estaban hechas en serie y eran poco originales: amuletos para colegiales. Hatuquitit sólo tenía una joyería. Pienso ir. Encontrarlo en Perú no habría representado problema alguno. —Suponiendo que lo que me has dicho sea cierto —dijo Hallie con voz fatigada—. y entonces ella no tendrá a nadie con quien hablar. palo de rosa y teca que los capitanes mercantes traían a Connecticut desde el Extremo Oriente. Podría haberle comprado un dije o la figurita de una llama a Anselmo Ramis. Por el bien de Sophie. sus tiendas de antigüedades y galerías de arte alineadas a lo largo de Main Street. y esposa devota de Gordon. Pasó ante las casas blancas de los capitanes mercantes. a principios de la primavera. Blackwood estaba atestada de turistas que prolongaban el fin de semana y veraneantes que aprovechaban los precios del hotel fuera de temporada. Sophie había representado durante tanto tiempo el papel de esposa y madre dichosa que cuando la gente le hacía preguntas. le hubiera gustado decir a su madre. Todo cuanto hay entre vosotras es falso. al norte del centro comercial. María pensó en la pintura «El alarido» que representaba la cabeza inmensa de un bebé con la boca desdentada abierta de par en par. conocida antaño como importante centro maderero de caoba. —Creo que no deberías asistir a esa fiesta —dijo Hallie—. —¡Dios mío! —exclamó Hallie. —Creo que cometes un error al no confrontar a Sophie con lo que sabes. Se dirigió con el coche a Blackwood. María se preguntó lo que sería verdaderamente Sophie. Ella necesita ayuda. sus restaurantes. Después de todo. María sabía que el oro era el regalo más apropiado para un aniversario de boda.

. verdaderamente encantadoras —dijo la mujer señalando una larga vitrina adosada a la pared. una rareza en Blackwood. María recordó que el padre de Gale había sido el propietario de Blackwood Motors y había vendido el Mustang a Malcolm. y decidió comprarlo para los Littlefield. todo parecía importado de la India. María visitó una nueva tienda. ~85~ . como aquella vez que mascó hojas de coca con Carmen Puna. peces tallados en madera. Sus escaparates estaban llenos de tótems. María dio media vuelta esperando dar con una mujer envuelta en muselina. Todo aquello le pareció demasiado pintoresco y melancólico para los padres de Gordon quienes. gracias —contestó María. Jacintos y narcisos rodeaban unos árboles plantados en la acera. Filipinas. vivía en una de ellas. María se sintió etérea. —Lo es —convino María—. Pero la mujer parecía recién salida del Blackwood Garden Club. una pegatina en la puerta proclamaba que la propiedad estaba protegida por Alert Security. joyas indias y esterillas para el rezo mahometano. según recordó ella. suéter carmesí y falda larga caqui. Méjico y Perú. Visitó galerías especializadas en marinas o pinturas representando una misma escena en épocas diferentes de la historia: la Main Street de Blackwood antes de la colonización. —En la vitrina tenemos algunas cosas suramericanas de oro. y con su aspecto actual. una chica de su edad que había navegado con el equipo de Balckwood High. —Sí. Las ventanas de Gale tenían cortinas de damasco. sutil maquillaje de ojos. ¿verdad? —dijo la vendedora cuando María colocó la placa sobre el mostrador. palmatorias de estaño prensado. Unas campanillas tintinearon cuando abrió la puerta. Gale Parsons. El estar comprando un regalo de aniversario para los padres de Gordon le causó una sensación irreal pero agradable. en los días del comercio de madera.. Aquello le pareció un golpe de buena suerte. El letrero decía CABO DE BUENA ESPERANZA y mostraba una goleta dando caza a una ballena blanca. ¿Tiene usted más cosas chavín? —¿Chavín? —Bueno.setos privados. La larga uña carmesí de la mujer recorrió la silueta de la figura hasta los colmillos. peruanas —dijo María sin querer entrar en explicaciones. pelo rubio lacado. un poco perpleja porque acababa de descubrir una placa representando al principal dios chavín: una criatura colmilluda de aspecto humano que servía como custodio de la armonía cósmica. inspeccionando objetos. eran decididamente modernistas y contemporáneos. María caminó despacio por aquel espacio oscuro y abigarrado. —Permítame ayudarla —dijo una voz femenina. —Es espléndido.

collares de plata y. —¿Sabe usted dónde la adquirió? —preguntó María con el corazón latiendo descompasado. Durante unos segundos María miró fijamente la diosa. me la vendió ella. Al salir echó una ojeada a la vitrina. Su tienda estaba en una polvorienta calle a espaldas de la maciza iglesia colonial española. como si María hubiese eructado en una cena de gala. no puedo revelárselo —dijo—. A María le producía un dolor casi insufrible ponerse a buscar otras cosas estupendas. Con el propósito de preservar los pocos sepulcros todavía intactos. ¿verdad? —¿Se la vendió ella? —preguntó María. medios dólares de Kennedy. —Lo siento. comprando objetos chavín a los ladrones de tumbas y vendiéndoselos a los coleccionistas de Estados Unidos y Europa que establecían contacto con él. Eso es confidencial. Probablemente fue ~86~ . —Dos mil dólares —dijo la mujer—. Bordeando el mostrador para ver a qué objeto se refería. —Sí. Recordó habérsela comprado a Anselmo Ramis. cualquier cosa que le resultara familiar. —¿Cómo se llama esa señora? —preguntó. una sortija con topacio. la diosa chavín de oro que María había regalado a Sophie. pero sin querer inspeccionó la vitrina buscando el cucharón de Hallie. Aunque María desaprobara las activides de Anselmo como perista. Pudo ver cuentas de lapislázuli.María no tuvo la menor intención de pagar el oro a precio estadounidense por mucho que necesitara un obsequio de aniversario. Es precolombina. de una dienta —dijo—. La estatuilla relució bajo el reflector. —A decir verdad. Aldo azuzaba constantemente a la policía para que detuviera a Anselmo. Debe de ser una coleccionista pues a menudo me trae cosas estupendas. ella le había encargado que modelara la pequeña diosa para Sophie. Es exquisita. —Ah. —¿Cuánto cuesta? —preguntó. —¿Dónde adquirió esto usted? —preguntó a la dueña del CABO DE BUENA ESPERANZA. Anselmo administraba un mercado negro unipersonal. apreciaba sus dotes como orfebre. la dueña escrutó la vitrina. no lo sé. las joyas de la abuela Dark. La vendedora soltó una risa nerviosa. Sin decírselo a Aldo. dio las gracias a la mujer y se encaminó hacia la puerta. Extendió un cheque por la placa. bajo un minúsculo reflector. ella le había visitado un día después de la compra en el mercado.

María había pagado a Anselmo Ramis el equivalente de trescientos dólares estadounidenses. —Demasiado para mí —dijo. Dio las gracias a la mujer y salió de la tienda. ~87~ .hecha en Bolivia hace novecientos años. debería estar en un museo. A decir verdad.

un quinteto formado por amigotes de Ed. La Porch Swing. Cuando la orquesta interpretó «Sweet Caroli-ne». haciéndolos parecer muy pálidos. El vestido de Sophie. —¡Qué espectáculo! —murmuró Hallie.CAPÍTULO XII —¿Es eso lo que ella hizo con el dinero? —preguntó María a Peter mientras observaba a Sophie bailando con Gordon. Sophie habrá obtenido por lo menos seiscientos —dijo Peter. Honoré. —Ese vestido ha costado unos seiscientos dólares —dijo María observando el arco iris que proyectaban los abalorios bajo las luces veladas. Le había prendido un águila coronada de oro batido. Gwen saltó de su asiento y arrastró a Ed hasta la pista de baile. y era su favorito a pesar de los recuerdos agridulces que le traía de días lejanos. —Bueno. si te sirve de consuelo te diré que ella ha estado muy fría conmigo y abiertamente grosera con Nell. y María se sintió conmovida por su tono afable. cuando lo compró con Aldo en la rué du Faubourg St. A María le recordó las prendas que Sophie y Nell llamaran «vestidos de viejas damas». —Ni siquiera me mira. En ambas ocasiones. ¿verdad? —preguntó Peter. con el cantante diciendo «Gwendolyn» en vez de «Caroline». que había llevado a Andy al cuarto de baño. I said» y «Forever en Blue Jeans».. Le dejaba los hombros al aire. cuando eran muy jóvenes. ~88~ .. Los Littlefield habían llenado el Masonic Temple con todos sus amigos y familiares. Ella y Julián se reunieron con Peter y María. Gwen se puso de pie junto a su mesa llorando de alegría. Peter siguió girando la cabeza para localizar a Nell. Esa era la alusión más directa que se permitía Peter en asuntos de importancia emocional. que había comprado a Anselmo Ramis el mismo día en que eligiera la diosa. —Si la estatuilla está en venta por dos mil dólares. María observó a Gwen. —Eso no me sirve de consuelo —dijo María. que fumaba en su mesa y parecía algo mohína excepto cuando el director de orquesta atacó «I am. debía de haber costado una pequeña fortuna. Ella llevaba un vestido negro de lana suave ceñido. tocaba música de los años cuarenta. intercalando alguna melodía de Neil Diamond. hecho con una generosa cantidad de tejido lleno de abalorios. —Ella pasa de ti.

aunque revolotee por ahí como una adolescente. —La única razón de que toquen esas anticuallas es porque Gwen cree que todos olvidaremos que ella tiene la misma edad que el resto de nosotros. los colores del club—. —Ruedas pinchadas —dijo. Eran unos botones de latón con una versión esmaltada del gallardete del Yatch Club de Hatuquitit. Julián se mantuvo pegado a Hallie. El vestido de Sophie semejaba algo que hubiera llevado Olivia de Havilland en los Osear. no tiene importancia! Hace tanto tiempo que no bailo que lo he olvidado. —Perdón. —¡Cuánto les habría gustado a Malcolm y a Elizabeth estas viejas canciones! —le dijo Hallie cogiéndole las manos y mirándole a los ojos. Luego ajustó el pañuelo del bolsillo. —Tengo un problema con los juanetes —aclaró—. azul y blanco. ¿Quieres que te traiga algo a ti también? ~89~ . con una inmensa sonrisa en su rostro. pero al preguntarse lo que ocultaría ese cuello miró hacia otro lado. Baila con tu anciana madre.. Gwen vistiera como la mujer joven. seguro —dijo Julián contagiado a todas luces por Hallie. Voy a traer algo de bebida para tu madre. —Supongo que en los trópicos no tienen el sonido de las grandes orquestas —dijo "Julián mientras manoseaba los botones de su smoking azul. por una noche. Gwen llevaba un ajustado modelo de terciopelo color espliego hasta el suelo. Peter —dijo Hallie alargando la mano—.—Gwen está disfrutando lo suyo —dijo María a sabiendas de que su madre se sentía disgustada porque. Peter sonrió. por una vez. Le sujetó las dos manos y las retuvo hasta que ella se volvió hacia María. y Sophie como la matrona.. hizo una reverencia y condujo a Hallie a la pista. María reprimió una carcajada y se limitó a sonreír. —¡Bah. —Seguro que les habría gustado. Fue como si. —Vamos. ¡Fíjate en su ropa! —dijo Hallie chascando la lengua y pareciendo más regia que nunca con su excelente vestido Chanel. ¿cómo has dicho? —preguntó María. ella no era el centro de la atención general. que realzaba su bonita figura. cuya cabeza descansaba sobre el hombro de Gordon mientras ambos miraban con evidente adoración a Gwen. Julián lanzó a María una mirada de disculpa. No puedo bailar. María desvió la mirada de Gwen hacia Sophie. María dirigió la mirada hacia su alto cuello.

Flo se los tocaba sin cesar. No sabía que tú y Simón estuvierais aquí esta noche. —¿Crees que papá es guapo? —preguntó Flo con más ansiedad que de costumbre. pero su imagen la sorprendió. María no quiso averiguar el porqué. —Sé que te gusta —dijo Flo. Se preguntó cómo habría explicado Sophie a Flo el hecho de que ya no vieran a María.. Estaba a varios pies de distancia. ¿No es hora ya de iros a la cama? —Sí —dijo Flo muy inquieta. tía María —dijo Flo con tono solemne. —Es simpático —dijo María con cautela. —¿Quieres decir cayendo? —No. son muy bonitos —dijo María sin querer entrar en puntualizaciones—. —Mucho. —Yo también. gracias —dijo María. —Tienes unos rizos muy bonitos —dijo María. muy hermosa —dijo María algo dubitativa. encantada con su galantería.. Sophie había usado tenacillas para rizar el pelo de Flo. Sólo he podido venir yo.—No. —Bueno. Las trenzas habían desaparecido. que María tomó al principio por magulladuras pero pronto comprendió que eran ojeras por falta de sueño. —Mucho —dijo María. deshaciendo. ¿ Era posible que Flo hubiese crecido tanto desde la última vez que la había visto? —¡Pareces por lo menos una pulgada más alta! —exclamó. con la frente fruncida por la preocupación. con las manos unidas. con lazos blancos cubriendo los botones. María apenas oyó su voz por encima de la música. —Hola. El abrazo de María pareció haber servido para eliminar toda actitud ceremoniosa—. — Flo siguió con la mirada las evoluciones de sus padres sobre la pista de baile. en cualquier caso. Pero se entristeció al instante al recordar que Sophie no había querido verla en la fiesta. Flo llevaba un vestido carmesí. Los finos calcetines blancos contrastaban con los zapatos de charol negro. y ahora los rizos se estaban deshaciendo. La niña tenía pequeños semicírculos morados bajo los ojos. ¿verdad? ~90~ . Hubiera dado cualquier cosa porque Sophie lo hubiese escuchado. —Se están deshaciendo. agachándose para abrazarla—. —Tu mamá está. Te he echado mucho de menos —añadió. Pero Simón ha tenido que quedarse en casa.

Sí. Vio a Sophie en mitad del salón. qué importa. —¡Flo! —exclamó riendo María. Hola. con una pose de indiferencia. que permaneció inmutable—. y María pensó que la mujer estaba exagerando un poco el toque juvenil. —¿Por qué no ha podido venir Simón? —inquirió María. tu papá me gusta mucho. —Feliz aniversario. —El tono de Gwen fue frío. Siempre he dicho que muchas madres tienen gemas pero yo poseo una verdadera joya. La viva imagen de su padre. Ésta casi dio la espalda a María. Gwen —dijo Flo. ¿Es así como llamas a tu abuela? —Por supuesto —dijo Gwen. —¡Qué niña tan guapa! —dijo la mujer—.. son unos mierdas. y él no le daba ni la hora. Mamá dijo que sólo podría venir uno de los dos. —Te juro que no puedo recordar sus nombres —dijo—. Una pareja a la que María había visto por la ciudad se detuvo para felicitar a Gwen. y sonrió a Gwen. —Porque yo fui la mejor esta semana —contestó Flo con una sonrisa de orgullo—. ¿Tad y Helen? ¿O es Dora? Bueno. La hija de Gordon. ¿Es tu nieta? —Sí. Gwen se pasó la mano por su escurrida cadera izquierda.. —Me gustan tus pendientes. Tenían una hija que estaba loca por Gordon. retuvo la mano de Flo y se echó hacia atrás. —Eso es lo que dice mamá —dijo Flo. —Hola. él está casado con tu mamá. —Es una monada —dijo Gwen. —Celebro que pudieras venir. apartándose de María. Me dio un precio muy aceptable para una podadora Black & Decker porque sabe que tengo amistad contigo y con Ed. —El otro día pasé por la tienda de Gordon —dijo el hombre—. Pero a ratos miraba nerviosa ~91~ . Gwen —dijo María. y yo quiero a tu mamá. María —dijo Gwen acariciando la cabeza de Flo. —Gordon es así —dijo radiante Gwen—. y pareció como satisfecha de que María hubiese contestado a todas sus preguntas. La pareja se despidió. Administra bien el negocio de su padre. Gwen encendió un cigarrillo y observó cómo se alejaban. como si quisiera arrastrar consigo a Flo. Flo. Él acostumbraba a jugar a las cartas con Ed los jueves. —Es una astilla del viejo tronco —dijo el hombre—.—Bueno. el que fuese el mejor..

si no se andaba con cuidado. no lo es —dijo María levantándola del suelo. y Gwen no dijo nada para aclarar la situación y sacar de apuros a María. la mujer la mandaría a paseo. —¿Qué te sucede. lo justo para mantener su negocio. En cierta ocasión Sophie le confesó toda llorosa que cada vez que Gordon visitaba a sus padres. —Sí. —¿Está celosa mamá? —preguntó Flo. ¿Puedo hablar contigo. y Sophie la apartó de María. —¡Mamá no es un monstruo! —exclamó Flo. quiso decirle tantas cosas que se ahogó. Sophie fulminó a María con la mirada. —¡Aquí están mis chicas! —exclamó Ed.hacia María. —¡Mamá! —exclamó sollozando Flo en cuanto oyó la voz de Sophie. Gwen y Flo como si se preguntara lo que estarían hablando. Luego cosquilleó la nariz de Flo—. —Tranquilízate —dijo Sophie palmoteando la espalda de su hija—. Ed. Sophie nunca ha entendido eso. ella tiende a hacer una montaña de nada —prosiguió Gwen como si no hubiese oído a Flo—. —Yo quiero a Sophie como si fuera mi propia hija —dijo Gwen sin rodeos—. Hola. mamá? —preguntó quejumbrosa Flo. No se le ocurrió ninguna respuesta oportuna para Gwen. Ed las veía venir y flirteaba un poco. María. De hecho la he visto transformarse un par de veces en un monstruo de ojos verdes que me mira con fijeza. enlazando por la cintura a Gwen y Sophie. Parecía muy nerviosa y empezó a temblarle la barbilla. Gwen desfilaba desde el dormitorio al cuarto de baño en ropa interior de encaje y que Gordon silbaba a su paso. Así que no pienses que digo esto con malicia. —Yo no he dicho eso —dijo muy tranquila María. —No. entraban muchas mujeres para pedir cosas estúpidas que sus maridos no podrían utilizar jamás. apareciendo por detrás de ellas. ~92~ . Cuando Ed llevaba la tienda. ¿verdad. Luego le tendió los brazos. —En mi opinión. cariño? —preguntó Sophie con tono glacial. ¿Qué ha ocurrido? —No eres un monstruo. La proximidad de Sophie hizo temblar a María. Sophie? —preguntó María sin apartar la vista de ella. —Así que tú y tu hermana os habéis enfadado —dijo Gwen con un tono tan afable que sorprendió a María. —Hola. Pero creo que si ella perdiera algo de peso tendría menos celos.

mirando todavía fijamente a María. —¡Ticky. radiante. Papá estuvo en Princeton. Sophie lo interpretaría como que admitía su culpa. Si se hubiese pedido a María que describiera el aura de Gwen. Se mostró animosa. Díselo. Ésta se estremeció bajo su mirada. cariño? —le preguntó Gwen—. Ed alzó un brazo. pero se mantuvo erguida. sólo tuvo ojos para ellos. Clientela de club de campo. María se sintió atónita al oír que el padre de Gordon le llamaba vago y Ticky. ~93~ .Sophie negó con la cabeza. —También son mis preferidos —dijo Gwen. —¿Has comido bien. Cada vez que paso por la tienda le encuentro dándole a la sin hueso con Earl Marsden. La presencia de Gordon produjo un cambio en su actitud... ¡Ven aquí y baila con tu mujer! Gordon se aproximó sumiso. hoy te he pillado holgazaneando —dijo Ed. Ticky! —vociferó—. ¿Dónde está? Hoy le sorprendí holgazaneando en la tienda.. —No le llames Ticky —dijo Gwen sin perder la calma.. aliada con Sophie contra Ed. y que Sophie y Gwen se mostraban incapaces de defenderle. Cuando descubrió a su hijo al otro lado de la pista. El gran hombre de Princeton. —¡Earl Marsden. «tejido experimental». —Ticky. —Estupenda fiesta. el gran hombre. En otras circunstancias María habría susurrado a Sophie. Sonrió a sus padres. padres —dijo. Ticky! —exclamó riendo Ed—.! —exclamó Ed con ironía—. Pero Sophie no contestó. Sophie y Gwen endurecieron sus expresiones pero ninguna dijo nada—. como un muchacho que ha sido sorprendido en falta. Éste llevaba un traje de poliéster marrón y una corbata ancha estampada con diminutos cruceros. En fin. —¿Dónde está ese vago? —preguntó Ed. pero Gordon abrazó a su madre. Sophie. ¿Has probado esos pequeños kielbasas? —¿Los de la salsa de barbacoa? —preguntó Gordon—. Son los que más me gustan. Ticky siempre ha sido propenso a embaucar a este tipo de clientes. Comprendió que si se amilanaba. Se mantuvo inmóvil mirando al vacío por encima de la cabeza de Flo. Se sintió orgullosa a pesar suyo. Ticky. con los anchos hombros caídos. ¿dónde diablos está? —¿Se refiere a papá? —preguntó Flo—. ella habría empleado la palabra «reverente».. —Earl está construyendo una casa —dijo Sophie con un tono tan digno que a María le recordó Hallie. —¡Eh. Por lo menos he comido una tonelada. Sophie se inclinó hacia él. Está hecho un vago..

poniendo las manos como palas en las mejillas de Sophie—.. Ticky. ahora está en la radio. del T. Eso es todo lo que voy a decirte. Es lo que piden los clientes. ¿Verdad. ¿Por lo de tic-tac? —No. Ticky? —Sí. ¿Qué hace ahora? ¿Anunciar para la White Sox? —Creo que sí —dijo Gordon. pero. —¡Ah. La primavera pasada vino a Hatuquitit para inaugurar el nuevo campo. Un gran bateador. Sólo he estado allí dos veces. —El compañero de Gordon está anunciando allí el béisbol —la interrumpió Ed—. —¡Dutch Boy! —exclamó Ed—. papá —respondió muy serio Gordon. —Paulie Conklin —dijo Ed—. Se le puso la cara roja y las venas de las sienes se le hincharon. Después de jugar como profesional. He estado todo el día muy ocupado. —Tienen un nuevo proveedor. frunciendo el entrecejo como si intentara recordar dónde habría podido ser—. papá —dijo Gordon. con la nuez moviéndosele arriba y abajo—. Porque una vez le mordió una garrapata 1 —dijo Ed—. 1 Tick. Estoy intentando cerrar un trato con Dutch Boy. —No me extraña que se hiciera profesional —dijo Ed—. le pareció que Sophie tarareaba por lo bajo. Él no tiene ninguna licenciatura de Prince-ton. tú y tus grandes operaciones. «garrapata». (N. sintió deseos de coger a Sophie y a Flo y llevarlas lejos para que no tuvieran que presenciar cómo le humillaban y ahorrarle a él la humillación de que lo vieran. A pesar de sus sentimientos hacia Gordon. —Me encanta Chicago —intervino María con la esperanza de cambiar de tema de conversación—. Se acumulan los pedidos pero no tengo el stock necesario. En cambio Sophie estaba pálida y a un millón de millas de distancia.. creo que fue tres sesenta —dijo Gordon repitiendo como un idiota todo cuanto decía su padre. ¿Qué tiene de malo Cover-Brite? Siempre hemos tenido Cover-Brite. ¿Quién inventó el apodo? ¿Paulie Conklin? —Creo que fue Paulie —dijo Gordon.—No puede ser.. —¿Por qué Ed llama Ticky a papá? —preguntó Flo. ¿Qué te bateó en tu año de licenciatura? ¿Tres sesenta? —Sí. Y no sirve a tiempo. María se sintió avergonzada y violenta al escuchar el horrible episodio de la familia Littlefield. Paulie no tiene nada especial.. papá —contestó Gordon. Sólo es un buen jugador de béisbol. Realmente es una gran operación. tú y tus grandes operaciones! —dijo Ed gesticulando—. María puso el oído.) ~94~ . Cuando tenía diez años se le agarró al cuello una garrapata enorme y fea.

Todas sus miradas confluyeron en Sophie. Al otro lado de la pista estaban Hallie con Julián. pero pensó en lo que sucedería más tarde. —Lástima que no sea un baile movido —dijo Ed—. —¡Oh. gracias. y ésta le miró radiante. ¿Qué te parece. cariño? —Separó a Flo de Sophie. y Peter con Nell y Andy. Sin darse cuenta empezó a tararear «Moon River». Así ella hubiera podido rebajar un poco ese peso.—Baila con tu mujer. Gordon cogió de la mano a Sophie y la condujo entre las parejas. ¡Otra oportunidad para bailar con mi marido! María no daba crédito a semejante transformación. Sabía que alguien debería pagar por lo que Ed le había hecho. a la complacencia de Sophie después de lo que Ed había dicho. Atravesó la puerta y salió a la clara noche de primavera a respirar aire fresco. sin besar siquiera a Flo. Se preguntó qué haría Gordon. al tararear. cuando Gordon y Sophie llegaran a casa. La orquesta estaba tocando «Moon River». Parecía como si Sophie. Ella había visto el dolor en sus ojos. y sabía que ese alguien iba a ser Sophie. se hubiera olvidado de todo salvo del ofrecimiento de Ed para hacer de niñera. el color de su piel. ~95~ . María se alejó de ellos sin volver la vista atrás. Mamá y yo nos cuidaremos de Flo. hijo —dijo Ed—. Ed! —dijo efusiva—.

ésta era su excavación. Contra todas las normas de la arqueología. y por primera vez en su carrera no tendría un montón de devotos de Aldo mirando por encima de su hombro. María pensó que las canoas habrían llegado por la playa. templado para abril. y sabía que daban resultado. los zapatos de goma y un bocadi-llo. Ella se imaginó a los indios montando una factoría en Lookout donde esculpirían la piedra para elaborar vasijas y morteros. Ella había aprendido esos métodos en el colegio universitario y con Aldo. Robles dispersos y pinos achaparrados crecían hasta las mismas rocas con varios parches de hierba marina plateada. la piedra se extraía en Massachusetts o el Nueva York oriental. Se sentó en la playa para secarse los pies. Al verla allí. María limpió un trozo de terreno. María pensó que era una buena oportunidad para escapar de las pesadillas que la habían asediado durante toda la noche hasta el amanecer. deteniéndose en el punto donde la ~96~ . El día. en Lookout. luego se la acarreaba por el río Connecticut hasta los puestos comerciales a través del Long Island Sound. Exceptuando la playa de guijarros. Por la mañana habían dejado su lancha recién pintada en el muelle con una fac-lura escrita a máquina de la Bold and Intrepid Boatworks colocada cuidadosamente junto al timón. Dirigió la embarcación a la cala de Lookout. era ventoso. saltó por la borda con agua hasta la rodilla y arrastró la proa hacia la playa de guijarros. Rechazó cualquier pensamiento sobre So-phie y Gordon. acordonaría unas cuantas secciones y luego empezaría a horadar meticulosamente el suelo. platos y fuentes. El viento salino le fustigó los ojos. El agua fría de mar le entumeció los pies. Calculó que la isla mediría media milla de longitud y un cuarto de milla de anchura. María rememoró todo cuanto había leído últimamente e intentó imaginar dónde podría haberse instalado un puesto comercial en el que los indios pudieran descargar la piedra de cantera. así que caminó desde allí tierra adentro. Había leído que varias tribus de Nueva Inglaterra habían tenido una próspera industria de cacharros de piedra. se sintió liberada. Pero aquí.CAPÍTULO XIII María se dirigió hacia las islas Hechizadas volando a través de las olas en su nueva embarcación. Se limpió la arena y se puso los zapatos. la costa era un promontorio granítico sobre una extensión de terreno arenoso. Llevaba una mochila llena de herramientas. Mientras caminaba por la isla. Una vez decidiera dónde excavar.

con bordes estriados. Se preguntó qué estaría haciendo Aldo en aquel momento. rascando suavemente hasta dar con un cambio. Se echó hacia atrás en el emplazamiento para evitar arrodillarse en la superficie recién removida. Aldo había reconocido que María. una punta aguda y una base estrecha. Roma había ejercido una atracción similar sobre él. algún día habría de excavar allí.. hacia atrás en el tiempo. por ejemplo. Aldo siempre indicaba a sus discípulos que retiraran la capa superior del terreno porque le interesaba llegar hasta el fondo de las cosas. la adormeció. fue dando vueltas a aquella punta labrada por un indio de Nueva Inglaterra. Pero entonces recordó aquella noche fría en su ~97~ . con su nombre indio y sus leyendas locales. Continuó cepillando y así estuvo durante casi una hora hasta que las rodillas se le entumecieron y las palmas de las manos se le llagaron. y después una tapa de aluminio. Estaba ya a punto de abandonarlo cuando dio con una piedra. atenta por si percibía cambios en la textura y el color del suelo. siempre le había complacido remover capas de artefactos. Los examinó. guijarros transformándose en arcilla o arcilla en arena. Sostuvo la punta pasando los dedos por sus afilados bordes. En aquel momento pensó que ningún hallazgo arqueológico le había proporcionado nunca tanta felicidad. La reconoció como pedernal. hacia el . jugar ante el Coliseo y el Foro. Había dos fragmentos de concha. después de que llegaran los colonizadores ingleses. En parte por costumbre. uno por uno. por haberse criado en Hatuquitit. sintió un arrebato absurdo.. cualquier cosa que fuera diferente. siguiendo el orden inverso al que habían sido depositados. y el objeto como una punta de venablo. Al encontrar el primer cambio claro en la calidad del suelo. él retiraba la capa superior hasta la arcilla de abajo. un condón usado. Calculó que habría sido hecha por un indio durante el último período de la cerámica. Por esa impaciencia suya. El trabajo.. Registró el hallazgo en el bloc y los puso a un lado. Sacó la paleta y decidió excavar una sección de muestra. Le alegró verlos. Ir al colegio a lo largo de la muralla Aureliana. hacer la primera comunión en una iglesia con mil años de antigüedad. quiso oír su voz.. preguntándose si habrían sido dejados caer por las gaviotas o por los excursionistas. yendo desde lo nuevo hacia lo antiguo. con su lado más largo sobresaliendo del suelo. una capa de guijarros. lento y metódico. Quizá tuviera dos pulgadas y media de longitud. Desde que se fue de Perú había sentido con frecuencia el deseo de telefonearle. algo diferente de todo lo que había encontrado hasta entonces. Sacó el cepillo para quitar la suciedad de entre las piedras. le habían estimulado a descubrir el pasado. Pero María se puso de rodillas y siguió su propio método. Encontró su primer artefacto. Mientras pensaba en Aldo.vegetación arraigaba realmente.

como si él no hubiese desempeñado papel alguno. pensó María. su decisión parecía cogerle por sorpresa. Y se preguntó por qué. tú eres capaz de expresar con palabras lo que ambos hemos estado pensando. Él se había apoyado en el escritorio. —Siempre te amaré —dijo. Entonces Aldo la miró a los ojos.. Tú eres la valiente. y eso es todo cuanto deseo analizar esta noche. —Después de tanto tiempo. hay muchas cosas de las que Carmen puede hacerse cargo cuando yo. hundiendo ambas manos en los bolsillos de su chaqueta caqui.. Su cama estaba en un rincón de la tienda. Fue tan sólo la primera vez que ella le había dicho que se proponía volver a Hatuquitit para no volver. Tuvo la impresión de que él iba a llorar. —¿Tú no? —inquirió María. Mírame. Aldo se llevó un dedo a los labios para hacerla callar. Quiero que las cosas funcionen bien cuando yo me vaya. expuesta sobre un caballete. diciéndole que pensaba marcharse. que la amaba tal como ella le amaba a él: con una sensación agridulce de pérdida de lo que creían haber tenido.. —dijo.. de tantos años. Aldo se metía en la cama. Mi esposa acaba de decirme que quiere marcharse. Parecía que estaba examinando una foto aérea del emplazamiento. recordando todos los buenos ratos que habían pasado juntos.. Él se encogió de hombros. al terminar el trabajo.tienda. —No hablemos de eso —dijo—. luego empezó a pasear por la tienda con los ojos'fijos en el suelo o en las paredes. medio vuelto hacia ella. María se preguntó si él continuaría durmien- ~98~ . Aquélla no fue la primera vez que discutieron sobre su separación. Pero María dedujo por su triste sonrisa que reconocía el fin de su matrimonio.. Ahora no. pero María sintió cólera al pensar cuánto dolor se podría haber evitado si él le hubiese dicho cuáles eran sus sentimientos en lugar de esquivarla e insultarla con su distanciamiento. María se la quedó mirando. —Pienso marcharme la próxima semana —dijo—.. después de tantas noches como la había dejado sola y de tantos días en que se había limitado a examinar su trabajo con aire profesional. Cada noche. su perfil romano perfilado por la luz de la lámpara de petróleo parecía tenso y colérico. Habló con tristeza afectuosa. —¿Pretendes decirme que todavía me amas? —preguntó.. en cualquier sitio menos en María. aparentar como si la decisión de María fuese unilateral. —¿Quieres hacer eso? ¿Para poner fin a nuestro matrimonio? —preguntó después del largo silencio que siguió a la larga exposición de María.

—Peter me pidió que viniera a buscarte aquí —dijo Duncan—. María comprendió que había sucedido algo—. María se dirigió como atontada hacia su lancha. con la boca seria y sus ojos color avellana severos. y agitó la mano al verla. Pasó el pulgar por el borde de la punta de venablo. ¿Qué ocurre? —dijo. se preguntó si deseaba que lo hiciera. Cruzó la tienda y la besó en la frente. María sintió que había conjurado algo de su propio pasado y creyó en la leyenda. Sin decir palabra. y vio a la «Alicia» entrando en Kurth Cove. y que hubiera debido tomar alguna iniciativa para impedirlo. Pero pensó sobre todo que ella siempre había temido que algo iba a suceder. clavando un ancla Danforth en la arena por encima del nivel de la marea alta. Sentada junto a su nueva excavación en Lookout. —Buona notte. las venas latiendo en las sienes de Gordon. Su cabeza fue un hervidero de imágenes: la cuerda alrededor del cuello de Sophie. y había una raya del mismo color a través de su bronceada mejilla. Ticky. tales como «La mujer de maíz». Es mejor que no conduzcas. Dormiré en el catre de la oficina. —Sus manos estaban sucias de pintura azul. pero Duncan la cogió por el brazo. En los «Cuentos Pequot» ella había leído que a los niños se les daba el nombre de indios muertos o de fenómenos de la naturaleza. Un suave zumbido la hizo volverse. Yo te llevaré. Duncan estaba de pie ante el timón. —¿Qué ha sucedido? —preguntó María con tono inexpresivo. Pensó que los indios no tenían apellidos sino sólo nombres personales. Uno de estos días ella tendría que bautizar la lancha. de plantas o del agua. María subió a bordo de la «Alicia» y miró cómo Duncan aseguraba su lancha en la playa. Está en el hospital. María suspiró. Intentó recordar la leyenda pequot que había leído. Pero cuando Duncan fue hacia ella. «Ticky. A las niñas se les daba nombres de la tierra. «Nube voladora» o «Águila del cielo». Sophie ha sufrido un accidente. Flo y Simón corriendo como locos por el patio. o «La que vive en el valle».do a su lado. con su estela agitando las aguas tranquilas. con la punta de venablo en la mano. Oyó la voz de Ed diciendo. —Vamos —dijo—. Pero Aldo dio un paso decidido. —¡Echa una ojeada a esto! —gritó antes de que él hubiera varado la lancha. María salió cuidadosamente de su terreno excavado y cruzó el promontorio granítico hacia la playa. ~99~ . —Se cayó por las escaleras. Ticky». Por ejemplo. aquella leyenda sobre amor y traición en la que el indio seguía al espíritu de su esposa hasta la tierra de los muertos. bella —dijo—.

Gordon estaba cada vez más furioso. —¿La has visto? —preguntó María mirando directamente a los ojos de su hermano. —Sophie tiene conmoción cerebral y fractura de muñeca. Duncan intentó darle ánimos. una náufraga nadando hacia la costa sin nadie que la salve. Peter. Duncan subió a la embarcación.. miró hacia atrás por encima del hombro izquierdo preparándose para retroceder hacia la cueva. como cuando murió su padre. Ed estuvo humillando a Gordon — dijo María recordando las horribles escenas—... María se sintió desaseada al lado de su hermano vestido con un impecable traje a cuadros. Según dicen se cayó por las escaleras del sótano cuando llevaba una carga de ropa sucia. — María tragó saliva a punto de llorar—. hizo marcha atrás. —¿Qué quieres decir? —Anoche. María tuvo la impresión de que él sabía que Sophie no se había caído por las escaleras. La hizo sentarse otra vez. Gordon está con ella.. Las manchas doradas alrededor de las pupilas.. Escucha. yo sabía que él le iba a hacer daño. Al otro ~100~ . —Estoy segura de que fue él quien lo hizo. María asintió. Esto le hizo pensar en Sophie. y condujo la «Alicia» a toda velocidad fuera de las islas Hechizadas. puso en marcha el motor de la «Alicia». Peter recibió a María en la sala de espera del hospital. —¿Te encuentras bien? —preguntó Duncan. y lanzó un gemido. —Se le quebró la voz. Luego se levantó del banco de madera y atravesó la cubierta hacia María. —No hubieras podido hacer nada —dijo Peter con tono monótono mientras miraba hacia el pasillo del hospital y las innumerables puertas. dudó un momento y volvió a dejarlo en punto muerto. Parecía como si hubiera rastros de Sophie.. —La idea le pareció aún más insoportable expresada con palabras. —No. pero se pondrá bien —dijo besándola en la mejilla—. pasó ante el embarcadero de la Squaw y puso rumbo hacia la ciudad de Hatuquitit. Con sus uñas sucias y su ropa de excavar. en la fiesta de sus padres.. La hizo levantarse de su asiento y le dio un abrazo tan apretado que la cremallera de su chaqueta se le clavó en la mejilla. —Yo. —Voy a matarle —murmuró Peter. Así estuvieron durante unos segundos..o «La mujer que nada hacia la costa». la tristeza que María siempre percibía en sus ojos cuando ocurría algún percance familiar. las largas pestañas rectas.

el sanitario vio algo en Flo. —¿Dónde está la niña? ¿Y Simón? —Están con los padres de Gordon —dijo Peter—. Habrá una investigación. María no respondió. María nunca había visto llorar a su hermano. Ninguno de nosotros lo sabía. María —dijo Peter cogiéndole las muñecas y mirándole directamente a los ojos para reclamar su atención—. pero en otras ocasiones ha sido atendida por heridas y golpes. PeKo esta vez. Ni siquiera quiere hablar con la asistente social. Dice que Sophie ya había estado en el hospital otras veces. Una vez se la ingresó con una quemadura. —¿Se lo has contado a mamá? Peter negó con la cabeza. tan desusada en Peter. cuando ella ya lo había visto así en otras ocasiones? ¿Llamar a la policía antes del hecho consumado? ¿Meterse en su casa a escondidas para espiar. María se preguntó si esa emoción intensa. esperando que él explotara? Pero sin embargo le siguió asediando la idea de que ella podría haberle detenido. ¿Qué es lo que vio? —Contusiones. —La voz de Peter se quebró porque le ahogaron las lágrimas. A lo largo del brazo. Oficialmente. Quería que vinieras. ¿qué podría haber hecho? ¿Decir a Sophie que Gordon se había puesto furioso. —Todo terminará bien —susurró. —¿Algo en Flo? —inquirió María. El doctor me llamó al despacho para decirme que tenía la sospecha de que Gordon la maltrataba. —Esta vez —dijo Peter recuperando el habla—.lado de una de ellas estaba Sophie.. le asustaría o le turbaría. cuando la ambulancia fue a recogerla. porque Sophie no quiere presen tar una denuncia contra Gordon. Legalmente. Él se esforzó por dominarse. Después de todo. el doctor Salter está obligado a informar a las autoridades sobre cualquier abuso cometido con un niño. él no puede hacer nada. las limpió con un pañuelo de hilo y volvió a ponérselas. —Pareció que al hablar de medidas legales se serenaba. Se quitó las gafas. Nell dijo que estabas excavando. ~101~ . por tragarse los sollozos mientras su cuerpo se estremecía. Le acarició la mano con la vista fija en el pulcro puño blanco de la camisa que asomaba por la manga de la americana. que Duncan Murdoch sabía dónde encontrarte.. —Escucha. y se le puso la carne de gallina—. Estoy aquí porque el doctor Salter me lo pidió. El grupo de internos que rodeaba el cubículo de las enfermeras no pareció darse cuenta de nada.

—Sophie está descansando —dijo con el tono de un viejo médico de cabecera. parecía tan serena como la virgen de Mem-ling. —¡Márchate! ~102~ . Peter le empujó contra la pared. Yo siempre la he querido mucho. Sophie —dijo en voz baja. Gordon levantó las manos para protegerse la cara. cuando tomaba impulso para descargar otro golpe. Peter se las separó pero Gordon le asestó un puñetazo en la nariz. Va a necesitarte. Yo puedo ayudarte. —Hola. la rodeó con un brazo. Peter le golpeó en el estómago y. María se acercó a la cama y sintió deseos de acariciarla. cerró también el izquierdo. —No la odies —dijo Peter con voz cargada de tristeza—. —La detesto por eso. Lo necesitas por Flo y Simón. —Me caí por las escaleras —dijo Sophie con voz cansada.—Nell iba a acercarse hasta allí para decírselo. inmóvil entre blancas sábanas. Y como si supiera lo que María le iba a decir. —¿Qué ha sucedido? —preguntó María. Pero cuando vio a María. sintiéndose vacía—. ¿sabes una cosa? —¿Qué? —preguntó Peter. Pareció sorprendido al ver a María. Sophie movió ligeramente el párpado izquierdo. —¿Cómo pudo tolerar eso Sophie? —preguntó María. pero. con los ojos cerrados y la cabeza vendada. el derecho parecía pegado con cola. María se mantuvo aparte. La sangre corrió por el rostro de Peter manchándole la camisa blanca y la cazadora de Gordon. Lo necesitas. observando cómo los médicos y algunos guardias de seguridad rodeaban a los dos hombres. —Tal vez tenga rota la nariz —dijo uno de los médicos. dos internos le sujetaron. —A mí puedes contarme la verdad —suplicó María—. luego dio media vuelta y se dirigió hacia la habitación de Sophie. El deseo de que Sophie pudiera necesitarla fue tan intenso que María cerró los ojos con tal fuerza que cuando los abrió sólo vio lentejuelas. Por permitir que Gordon le haga daño y también a Flo. Sophíe. Gordon avanzó por el pasillo hacia ellos. haciéndole sangrar. —Hijo de puta —dijo.

El rostro de Sophie se contrajo. Pareció debatirse consigo misma. Sólo quiero que pienses: piensa sobre lo sucedido. Peter dice que tiene magulladuras en el brazo. —Sálvate. Por fin lo encontró y apretó el botón. —Yo también soy tu familia —dijo María. —Él nunca haría daño a Flo. como si se creyera lo que estaba diciendo. —¿Sophie? —susurró María. Es su padre. María sintió que se le revolvía el estómago. María no dijo nada. Somos una familia. Sophie —dijo. como cuando un niño recita los versos de Navidad. Intenta recordar el mal que te hizo. Soy feliz. Estaba parada al pie de la escalera. con los ojos aún más apretados. Cerró con rabia la mano que no tenía herida. María estuvo un buen rato mirándola fijamente mientras intentaba tomar una decisión. —He llamado a la enfermera —dijo—. —Sophie hablaba maquinalmente. —¿Por qué no quieres mirarme? —preguntó María conociendo de antemano la respuesta: bajo el influjo de Gordon. Flo se hizo daño al intentar detener mi caída. A Flo también le hizo daño. Voy a pedirle que te haga salir. Siguió inerte. pero yo conozco la verdad. conseguiría hacerse con ella. Sintió el impulso de atravesar la puerta sin mirar hacia atrás. —Nadie te creerá. Todo el mundo sabe que estás celosa de nosotros. María tuvo la impresión de que si pudiera hacer abrir los ojos a Sophie para mirarla. que María debería volver a casa y que él la telefonearía aquella misma tarde.—Te lo hizo Gordon. Cuando María ~103~ . Tal vez Sophie pensó lo mismo porque empezó a buscar a tientas el timbre que colgaba de la barandilla de la cama. —No digas nada —murmuró—. —Estoy muy bien —contestó Sophie—. Luego piensa en Flo. Dio un beso a su hermana en la frente húmeda y se marchó sin esperar a que la enfermera se lo dijera. Por mediación de un interno envió aviso de que se quedaría allí un buen rato. Peter tenía rota la nariz. Sophie no contestó. Sus ojos permanecieron cerrados. —¡Déjanos en paz! —suplicó Sophie—. —Tal vez eso que dices pueda engañar a la asistente social —dijo María—. — Sophie sonrió autocomplacida. Sophie sabía que la única persona que podía sacarla de aquel atolladero era su hermana. se la estaban recomponiendo. como si intentara dominarse o pensar lo que tenía que decir. aunque sólo fuera unos segundos. ¿verdad? —preguntó María—. Aquel día vi lo que te estaba haciendo.

Atravesaron en silencio la ciudad. La idea la excitó. O tal vez estuviese equivocada. —Es mi hora del café —dijo él—.. bueno. También se había olvidado de la punta de venablo. pero después del horror que había presenciado se sintió verdaderamente agradecida. Pensó en su matrimonio. En circunstancias normales. Pero le pareció que no. Me he acordado de que no tenías aquí tu lancha ni tu coche. —¿Qué tal está Sophie? —preguntó. —¿Dónde está la «Alicia»? —gritó Duncan a Jim mientras aparcaba a su lado. Salió al encuentro de María. Echó una ojeada a su mano sobre el cambio de marchas y se imaginó que esa mano le acariciaba la mejilla. Aquel hombre la atraía. —Entonces lo mejor será que me lleves a Lookout —dijo María. y he pensado que te iría bien que alguien te recogiera. —Se recuperará —dijo María—. y pensó que él sentía lo mismo. —Ah. tanta amabilidad le hubiera sorprendido. —Me olvidé por completo de la lancha —dijo María. —No debieras dejarla allí cuando llegue la marea baja —dijo Duncan—. Duncan estaba en la acera. ¿Cómo es que no estás en el trabajo? — Su presencia la desconcertó. Navegaremos a vela. recostado sobre la furgoneta de la Bold and Intrepid Boatworks. tal como solía hacer con gente que no era de la familia. Acabo de botar mi embarcación y este año sólo tengo una oportunidad para probarla. porque después no podrás sacarla de la playa. —La cuestión es saber si quieres que te lleve a casa o de vuelta a tu lancha —añadió Duncan. ~104~ . Se dio cuenta de que le habría gustado dar otro paseo en lancha con Duncan. —María pareció decepcionada porque le hubiera gustado reanudar la excavación. —Se la ha llevado Tony para preparar la amarradura de Mor-gans —dijo Jim también a gritos. y se preguntó si él y su mujer habrían alcanzado la fase en que nada tenía salvación. tal vez Duncan la viera sólo como una vieja amiga que había vuelto a casa.. No sabía por qué Duncan estaba allí. —No te preocupes —dijo Duncan—. se sorprendió al descubrir que el día seguía siendo hermoso.cruzó la puerta del hospital. Ella miró por la ventanilla sin sentir el apremio de dar conversación. La sacó del bolsillo y la sostuvo en la mano como un talismán. pero le resultó extraño que pudiera sentir semejante deseo después de lo que acababa de ver en el hospital. pero no tenía ganas de hablar con nadie.

María soltó la driza y arrió la vela mayor. rodeado de rutilantes montañas nevadas. María hizo un leve cambio de dirección. el agua que bañaba la borda de estribor. El sol se reflejaba en la superficie serena del mar abriendo un sendero de diamantes desde la bahía de Hatuquitit hasta las islas Hechizadas. —Me encanta la vela —dijo María. ¿Quieres que lo intentemos? Mientras hablaba miró hacia la esbelta embarcación amarrada al muelle. El velero navegó contra el viento y su velocidad se redujo a la mitad. —No he hecho gran cosa desde el bachillerato —dijo María rememorando la última vez que había navegado con Aldo. Volaban por el agua. El casco blanco relucía al sol. la proa viró a la izquierda. Recordó lo feliz que se había sentido excavando ~105~ . Duncan se sentó a su lado en la borda de barlovento. ¿Encontraste algo esta mañana? —Sí. María se preguntó cómo era posible pasar en tan poco tiempo de la desesperación al optimismo. —¿Por qué no me vendiste una embarcación como ésta en lugar de esa bañera? —vociferó María para hacerse oír por encima del viento. y el viento es constante. pudieron ver a lo largo de sus piernas. Atravesaron el canal entre Lookout y Little Shell y viraron para entrar en la cala. con los pies apuntalados en el alojamiento de la orza. Desde luego soy el jefe y algunas veces me salgo con la mía. —Eres un buen marinero —dijo Duncan. —Yo me pasaría el día navegando si me dejaran —dijo Duncan—. El foque y la mayor orzaron y luego restallaron al llenarlas el viento. Mucho más práctica que un velero para ir y venir entre Lookout y el muelle. con la mano sobre el timón. escorando todo lo posible. Cuando hubo zarpado del muelle trazó una amplia curva para doblar por la Monja roja en la boca de la bahía. Cuando se aproximaron a las aguas poco profundas de Tautog Reef. —¡Lista! —dijo ella. Grabada en un yugo se leía la palabra «Arcturus». Se agacharon para dejar pasar por encima de sus cabezas la botavara. La lancha de María flotaba en aguas ya menos profundas. a dos millas y media sobre el nivel del mar. María se sintió más a sus anchas en un velero que en una lancha. y ambos se acomodaron en la empapada borda. Veinte minutos después. y luego se la devolvió. —Es una bonita bañera —replicó Duncan—. en el lago Titicaca.Hace un día hermoso. Duncan la examinó con admiración. — María le puso la punta de venablo en la mano. y después viró con el viento.

¿Qué haría Sophie sin Flo y Simón? María pensó en Sophie y Gordon completamente solos. —Bueno. No sé si me creerás. Cuando se deja de querer a alguien y la pareja ya no vive como marido y mujer. Se tapó la cara con las manos. Pasamos el uno del otro. —Quiero hacerlo —dijo él. Flo tiene algunas contusiones —dijo María—. A María le hubiera gustado hacer más preguntas. —Desde luego —dijo María.antes de que llegara Duncan. Vivimos juntos. A un crío es fácil hacerle un daño irreparable. Duncan la miró sonriente. sin nadie que dependiera de ellos ni nadie de quien responder. Pero en seguida se zafó del abrazo—.. notó el sabor de sal en sus labios. —Me preocupan los niños de Sophie —dijo de repente. Con los ojos cerrados. ¿cómo se llama su hermano? —Simón. —Te creo —dijo María pensando en ella misma y Aldo. ya no hay nada que hacer. Alicia. El hombre olía a brisa marina y a lubricante de máquina... Nunca pensó que pudieran llegar tan lejos hasta que vio a Sophie en el hospital. lo mejor será sacarla de allí. —murmuró. Mi mujer. Quiso acariciar a Duncan. y le dejó que la abrazara. e intentó imaginar hasta dónde podrían llegar las cosas. Luego pensó en Sophie. Notó que Duncan la rodeaba con los brazos. —¿Piensas obtener el divorcio? —preguntó ella. ¿no? Él afirmó con la cabeza. —Has bautizado a la embarcación con el nombre de ella —dijo María. pen eso es todo. ~106~ . dejar que la estrechara entre sus brazos y besarle otra vez—. pe hace mucho tiempo que no me siento casado. —Los dos estamos casados —dijo ella. ¿Qué sucederá si se los llevan? ¿A dónde irán? —Creo que hay familias adoptivas —dijo Duncan. —Eso mataría a Sophie —dijo María. —Yo no me siento casado —dijo él—. —Ella siente lo mismo.. —Flossie y. pero en un impulso alargó la mano para cogerle por la nuca y le besó. Ni siquiera guardamos las formas. Duncan sacudió la cabeza. —Si él maltrata a Flossie —dijo Duncan—. Estás casado. Cuando apartaron sus labios.

Duncan cogió a María y la besó otra vez. tenía cierto embrujo. Supo que no lo haría.—Nunca quise hacerle daño. Aquel lugar. la cala de Lookout. —He de volver a casa —dijo con una mirada triste. Pero al subir a su lancha y poner en marcha el motor sintió más tristeza. y los viejos escrúpulos tardan en morir. Tenemos un niño. —Me lo figuraba —dijo Duncan sin soltarla. pero consultó su reloj y recordó que Peter la telefonearía en cuanto regresara del hospital. De repente se le ocurrió que a Simón y Flo les habría ido mucho mejor si sus padres se hubiesen divorciado. —Llámame si necesitas algo —dijo él reteniendo su mano unos instantes antes de dejarla marchar. y sigo sin quererlo. María no dijo nada. y tampoco quiero hacerle daño. —Lo haré —dijo María. María se estremeció y sintió deseos de que Duncan la tumbase sobre la cubierta. Lejos de aquel lugar. ~107~ . Tampoco María lo deseaba. —No quiero volver —dijo Duncan cuando dejaron de besarse. La propia María era una descendiente de aquella gente. y ella se preguntó si se habrían besado también en cualquier otro lugar. Fue un beso diferente. Al abandonar la tierra de los muertos pequot. ella volvería a una ciudad fundada por puritanos. las cosas volverían a su cauce.

CAPITULO XIV Sophie permaneció más de una semana en el hospital. El doctor Salter había dicho que la asistenta social no podía hacer nada a menos que viese con sus propios ojos cómo Gordon maltrataba a Flo. —No obstante. —¿ Y si cuento a la policía lo de aquella noche. y se autorizó a Sophie a volver a casa. Pero el doctor Salter. una exploración posterior no mostró nada extraño. telefoneó cada noche a Peter para darle noticias. —Estoy tan furiosa contra Ed y Gwen que me pondría a gritar —dijo Hallie. máxime cuando Sophie había indicado a la enfermera de recepción que no quería visitantes. que les preocupaba mucho el que su madre estuviera en el hospital. dijo que estaban instalándose en su casa. Ocho días parecían mucho tiempo para una conmoción cerebral. —Nadie cree que se cayera por las escaleras. decía que Sophie había topado con ella al caer por las escaleras. Ocupaba la cabecera de la mesa de Hallie. que había asistido a los dos partos de Sophie y al de Nell. la asistenta social había confirmado que Flo tenía amoratado el brazo derecho y con cinco marcas de dedos. ¿No sería eso un motivo para arrestarle? Peter negó con la cabeza. Dijo que la exploración CT había revelado un área sospechosa y que podría tratarse de una hemorragia cerebral. pero. ¿Y qué hace Gordon en casa de sus padres? ¿Por qué no coge a los niños y se los lleva a su casa? Nunca pensé que estuviera tan enmadrado. Ni siquiera Hallie fue autorizada a verla. no se puede hacer nada —dijo Peter. A María esto aún le pareció más monstruoso: que una niña de seis años hubiese sido entrenada para mentir por las personas en quienes más ~108~ . en cualquier caso. —Sólo Sophie puede presentar una denuncia contra él. cuando Gordon le puso una cuerda alrededor del cuello? —preguntó María—. a cuyo alrededor se había reunido la familia. No quiere que veamos las contusiones de Flo. —Gwen protege a Gordon —dijo María—. escupiendo casi las palabras—. ¡Se han quedado a los niños para ellos solos! ¿Quiénes se creen que son? ¡Yo también soy abuela de Simón y Flo! —¿Qué derecho tienen? —protestó Nell—. Ésta repetía la historia de sus padres. Sin embargo. Otra cosa sería si hubiesen pruebas de que Gordon había hecho daño a los niños. Cuando telefoneé a Gwen pidiéndole que dejara venir a los niños para jugar. y que no se debía perturbar sus nuevos hábitos.

Si podemos prestar alguna ayuda a Gordon... Esto va de mal en peor. Hallie —dijo Nell. sus muñecas tintinearon y captaron la luz de la lámpara. Acto seguido alargó el brazo y agarró la mano izquieda de Hallie. ¿Es que no lo entiendes? Hallie asintió y bajó la cabeza.... —Cuando yo era una niña pequeña adoraba a mi padre —dijo Hallie—. Llevaba la camisa de franela con el cuello abierto y tenía el pelo desgreñado. El enorme tamaño de sus joyas hacía que sus muñecas parecieran más delicadas que las de una niña. No podemos quedarnos sentados y esperar a que él la mate. y las ajorcas de oro. —De hacerte la pobrecita —dijo María—... Quiso más de su madre.. —Ella lo conseguirá —dijo Nell—.. Él era totalmente incapaz de hacer mal a nadie. Está bien. ella encontrará algún modo de quererle. De hecho. Se olvidó de lo que había estado a punto de decir.confiaba. —¡Oh. Pero Hallie siguió tapándose los oídos y con los ojos cerrados. Hallie abrió los ojos de par en par. Ésta llevaba puestas sus joyas habituales: la moneda romana colgando del brazalete de macizos eslabones de oro. pensó María perdiendo la paciencia: si quieres ser tratada como una niña. María siguió mirando indignada a Hallie. ¡No me hagas oír semejante cosa! —Lo siento de verdad. —Realmente María no había concedido nunca ningún crédito a Nell en su papel de pacificadora de la familia. Gordon la ha hecho entrar en el hospital. el gran diamante y la sortija con rubí de Malcolm. Era la primera vez en su vida que hacía llorar a su madre. María observó a su madre sin apasionamiento. Éste parecía haber adquirido desenvoltura desde que comenzaron los percances de Sophie. Es sólo. y ella lo ~109~ . —la reconvino Peter. Cuando se llevó las manos a los oídos. — María. cuando se haga mayor le respetará aún más por salvarse a sí mismo. Eso me llena de tristeza. me duele pensar que Gordon hizo daño a Flo.. las lágrimas asomaron en las comisuras de sus ojos. Sorprendida.. —¡Basta ya! —dijo María. como lo hice yo. —¿Basta de qué? —preguntó con tono imperioso Hallie. —¿Qué vamos a hacer? —preguntó desolada Nell—. tal vez no se lo hubiese lavado esta mañana. Sophie está en una situación dificilísima.. como si pendiera de cada palabra suya. no! —chilló Hallie tapándose los oídos—. Pensar que la niña no pueda crecer adorando a su padre. María la miró asombrada. Observó cómo Hallie miraba estupefacta a Nell.

mirando fijamente las aguas del roble en busca de pautas familiares. Nadie encontró una solución. ¿Realmente te preocupa a ti que él se reforme o no? Yo sólo quiero que salga de las vidas de Sophie y de los niños. — Vaciló unos instantes y concluyó con tono sombrío—: Que él se propone matarla. con los pulgares hundidos en los pequeños puños. El niño dormía sobre el estómago. —¿Es Andy? —preguntó Peter. Luego imaginó el no ver nunca más a Sophie. y nadie podía imaginar lo mal que se sentía. no estoy muy unida a él. Los demás le siguieron sin decir palabra. María reconoció el sa-chem indio.. y corrió por el vestíbulo hacia la habitación en donde Hallie había instalado una cuna portátil para su nieto. Porque a través de todas sus vidas nadie había querido tanto a Sophie como ella. Nell. Él va a necesitar ayuda. Hallie y María formaron un semicírculo alrededor del niño dormido. pero se sintió dominada por una furia avasalladora e incontrolada—. Ella había reclamado su lugar usurpado por Gordon. —¡Qué nos importa Gordon! —saltó María. que estaba enfadada con Hallie por haberle arrebatado el consuelo al que ella tenía derecho. podría haber visto venir todo esto. No dudó de que Hallie estuviese aterrada por lo que le sucedía a Sophie. haciendo chirriar las patas contra el suelo de madera. Le fue imposible imaginarlo volviendo otra vez a casa de Hallie. y Nell mirándola con simpatía. La luz amarillenta del vestíbulo entraba sesgada en la habitación hasta cerca de la cuna en donde Andy dormía pacíficamente. Todos le miraron en silencio. El pelo. por el bien de todos. Peter echó hacia atrás su silla. ¡Ella es mi hermana! Y temo. ¿comprendes? —Él es su marido —dijo Hallie. Si hubiera pasado más tiempo con ellos. —He sido egoísta —dijo desolada Hallie—. y se estremeció. Pudo ver que había herido los sentimientos de su madre. escuchando. Los cuatro continuaron sentados en silencio alrededor de la mesa. el consuelo que su madre exigía anuló todo lo demás. Peter abrió despacio la puerta de la habitación y entró. —¡Y qué! —dijo María llena de rabia—. Pero por algún subterfugio sutil.había obtenido siempre. Allí estaba Peter acariciándole el hombro. la verdad. Pero esta vez el tono de su voz era tranquilo y no se tapó los oídos. —No digas eso —repitió Hallie. el trasero sobresaliendo y las piernas abiertas como una rana a punto de saltar. se le pegaba húmedo a la redonda cabeza. Y María comprendió con cierta sensación de culpabilidad.. Siempre he querido a Gordon pero. Todo el mundo se quedó en silencio. rojo y fino como el de su madre. Él. Respiraba a través de la ~110~ . ¿Por qué no? Después de todo Hallie era la madre de Sophie.

Se dio cuenta de que estaba respirando al ritmo de Andy. el ritmo fácil de una criatura con dulces sueños. y tuvo la impresión de que los demás hacían lo mismo. a salvo en su cuna.boca entrea-bierta. ~111~ . María oyó la voz de un chotacabras llamando desde algún lugar en el Bell Stream. libre de peligro.

como si alguien hubiese adornado amorosamente el cuerpo para su enterramiento.. Robles y pinos cubrían su cresta. El borde de lo que parecía ser un cacharro de piedra surgía entre los escombros. María descubrió algunos peniques. estado en que se hallaban.. Al final de la jornada. los cemen-i crios estaban cerca de las residencias de los pequot. María sacó de la bolsa estacas. Se había tenido cuidado de colocar el cuerpo en flexión extrema. según sabía. María se levantó y se desperezó. joyas. con las manos sobre la cara. Ésta contenía los restos de un ser humano. dedos largos y una pelvis ancha. se podría ver fácilmente la isla de un extremo a otro. El esqueleto estaba tendido de espaldas. no encontró ni rastro de indios. con las manos cubriéndole la cara. Aunque el cielo iún estaba luminoso. Descubrió también una punta de flecha. Por lo general. los pequot compartían con los chavín. María tomó varias fotografías en blanco y negro. El suelo era más profundo algo más arriba de la playa de arena en donde María había anclado su lancha. si no fuera por los árboles y las pequeñas elevaciones. un botón negro. Después analizó los huesos: dos costillas que parecían fracturadas. Puesta de rodillas. pero al cumplirse el decimotercer día de tamizar cuidadosamente la tierra. Consideró la conveniencia de excavar en las otras islas. la luna creciente apareció por el oeste. pero los años de entrenamiento la hicieron proceder con cautela y reflexión. Después de cepillar muy despacio la tierra descubrió algunas cuentas y unos discos metálicos muy oxidados entre los huesos. y situación. una costumbre que. lo que la hizo pensar que se trataba del cuerpo de una squaw. y luego otras más en color para mostrar el verdín de los huesos sobre los que descansaba un ornamento de bronce. cordel y una lona de polietileno. con el sol caldeándole la espalda. porque éstos solían hacer visitas frecuentes a sus muertos. restos de una boya de langosta y una punta de flecha dentada por un lado. quizá como protección en el país de los muertos.CAPÍTULO XV La isla de Lookout sobresalía del mar más que las otras islas Hechizadas. Necesitó varias horas para descubrir parte del esqueleto. Clavó ~112~ . Y allí fue donde ella decidió concentrar su excavación. Aunque lo intentara en otros lugares diferentes. tomó nota de la profundidad de los huesos. El cacharro serviría para conservar el alimento en la vida futura. encontró una tumba. Se sin-i ió entumecida después de tantas horas agachada. Se alegró del hallazgo. La intrigó que una india estuviera enterrada allí sola.

María no había pensado quedarse hasta tan tarde. María condujo despacio a través de las olas. hizo retroceder la embarcación y fijó la dirección hacia el desembarcadero de la Squaw. Ella bebió un sorbo de vino y sonrió antes de decir: —Hola. y su impresión de que ~113~ . O tal vez Carmen Puna andará por los alrededores. —Ella no le había contado lo de Sophie y ahora consideró la conveniencia de decírselo. ¿qué aspecto tendría?). se sintió culpable de haberle telefoneado. Algunas luces titilaron en la ciudad y la oscuridad se tendió sobre la tierra. Preguntó por Aldo en su tosco español y le informaron que estaba en el bar. dejando atrás en su estela las islas Hechizadas. como siempre. Mientras sonaba el teléfono fue pensando en lo que le diría si contestara: le contaría cómo había sido su jornada y le explicaría lo de la tumba de Lookout. Aldo. Estoy excavando en las islas Hechizadas —dijo en su lugar. Pero siguó con deseos de hablar. Esa imagen la hizo colgar bruscamente el auricular. los timbrazos le procuraron una especie de compañía. Decidió no tocar el tema —. María luchó con el deseo de telefonear a Dun-can. Mientras mantenía el teléfono mudo junto al oído. Resultó evidente que Duncan no contestaría. pensando durante todo el camino hacia casa en la tumba que había descubierto. —Y le describió todo: la colocación del cuerpo. por si Aldo estaba cenando allí. Subió temblando a la lancha. —¿Algún hallazgo? —Hoy he descubierto una tumba. marcó el número de los astilleros. María se lo imaginó en casa. con un fuego ardiendo en su chimenea y un vaso de vino en la mano. Pero las palabras habrían salido a borbotones y se habría pasado una hora al teléfono. Durante los días que transcurrieron desde que Sophie abandonó el hospital. —¿Te encuentras bien? Hace mucho tiempo que no recibo carta tuya. ayudando a hacer los deberes a su hijo.en tierra las estacas e hizo una especie de tienda sobre la tumba. las condiciones en que se hallaban los huesos. Decidió telefonear al Archaeo-logy Club en Chavín de Huantar. En la cala de Lookout un pez rompió la tranquila superficie v desapareció. sentado en el sofá junto a Alicia (por cierto. Pero esta noche. Le llegó la voz de Aldo: —¡ María! —El acento italiano con el que él pronunciaba su nombre le resultó encantador. —Estoy estupendamente.

ella consideraba todavía que los detalles personales eran tan importantes como el gran contexto. María se preguntó si él tendría una amiga y si ésta estaría esperando impaciente a su lado. Él era muy sagaz en ese terreno. cada esqueleto. haciendo deducciones nada menos que desde Perú sobre un emplazamiento que no había visto jamás. O quizás el peso de la tierra las fracturara después del entierro. —Por ahora no he visto ninguna otra —dijo María—. ¿Algún arma? —No he descubierto ninguna —dijo María—. los objetos enterrados con el cuerpo. Pero todavía están demasiado profundas. —Aún no las he retirado. pero nunca pude imaginarme que encontraría esta tumba. Confiaba en encontrar pruebas de un puesto comercial.pertenecían a una squaw. —Envíame tus notas de campo. Y te enviaré fotos. —Muy interesante —dijo Aldo. y gracias a Aldo. María creyó estar viéndole. He tenido noticias del cardenal. una punta de flecha y algunas joyas. como si se preparara para poner fin a la conversación. —¿Qué cardenal? —Giovanni. —¿Algunas claves sobre su muerte? —preguntó Aldo. — María —dijo Aldo con voz mucho más seria—. el orgullo de los Giordano. bella —dijo Aldo hablando más aprisa. deseoso de conocer el cuadro completo. ninguna. Todavía no he profundizado mucho. María sabía que lo que más le interesaba a Aldo eran las ofrendas funerarias. —¿Ofrendas funerarias? —preguntó pensativo Aldo. —Aldo se estaba refiriendo a su tío. —Hasta ahora. Había enseñado a María a analizar la historia de cada ruina. —¿No habían lesiones aparentes? ¿No faltaban huesos? María intentó recordar. Hay un cacharro de piedra. uno de los cardenales más poderosos de Italia—. Este pensamiento le hizo sentir celo. —Podría tratarse de una lesión —dijo Aldo—. Aldo trataba cada hallazgo arqueológico como un misterio por resolver. —Haré copias —dijo—. —Dos costillas rotas —dijo. Me ha concedido la ~114~ . —¿Hay otras tumbas cerca? —preguntó Aldo. con el dedo índice sobre la sien.

María —dijo Aldo. nada de eso. Quiso hablar con Sophie. —Estás lleno de mierda. ¿Para qué complicarnos la vida con abogados y tribunales? Nosotros no somos de ese tipo. Aquélla fue la típica conversación de los tiempos con Aldo: no estructurada. —Es natural. —Adivina qué pasa —dijo cuando oyó la voz de Sophie—. ¿ qué importaba ahora terminarlo oficialmente? Se imaginó al Papa rezando unas cuantas oraciones y haciendo pedazos su certificado de matrimonio.anulación. —¿Has encontrado ya a alguien? —preguntó María. No estoy casada. Yo lloraría por verte sufrir a causa del divorcio. una hermosa discípula. —Lo sé —respondió Aldo con tristeza. —Ahora mismo te odio. imaginándose a Philippa. —A la larga es lo mejor —dijo Aldo—. Mi anulación procede directamente de Su Santidad el Papa. por consiguiente. no anulación.. —¡Anulación! —repitió anonadada María. Nunca lo estuvo. Marcó el número de los Littlefield. —Tal vez —murmuró entristecida María—. María sabía desde hacía mucho tiempo que aquel matrimonio había terminado. ¿por qué? —Para que podamos casarnos algún día. —Y no me llames nunca más bella. Como un favor al cardenal. pensó María bebiéndose el resto del vino. o algo parecido? —Esa idea la llenó de furor. apasionante. —No. Pensé que esto nos facilitaría las cosas. claro que no —se apresuró a contestar Aldo—. —Pero nosotros estábamos hablando de divorcio —dijo María consternada—. Se ha anulado ~115~ . Divorcio. —Pero. Él tenía razón. María le dio las buenas noches y colgaron. licenciada en Cambridge. llena de sorpresas. ¿Acaso anulación no significa que no hemos estado nunca casados? ¿Vas a decir que el matrimonio no fue nunca consumado. —Buenas noches. Aldo —dijo María. Estoy seguro de que lo verás así. Será mejor que cuelgue.. Esa imagen la hizo reír a carcajadas. bella. —No. la anulación era más fácil que el divorcio. —Eso no puedo prometértelo.

Sophie no dijo nada pero tampoco colgó. que nunca fuiste mi dama de honor. —¿Sophie? —dijo María.mi matrimonio. Un amigo íntimo de mi marido ha conseguido que el Papa declare que Aldo y yo nunca estuvimos casados. ¿Has oído lo que te he dicho? Su Santidad ha anulado mi matrimonio. ~116~ . sonriendo de oreja a oreja—. Creyó oír una risa reprimida. supongo yo. María apretó el teléfono contra su oreja pero sólo pudo oír un televisor voceando en algún lugar de la casa Littlefield. Se quedó un buen rato así. enlazada con su hermana por un hilo telefónico hasta que Sophie colgó suavemente y la línea empezó a zumbar. Lo cual significa.

Pero ninguno de ellos había conocido verdaderamente a su padre. Hallie estuvo más allá de todo consuelo. María había ocupado un asiento entre Hallie y Sophie. ministro episcopaliano e historiador local. Malcolm había sido demasiado viejo y había estado demasiado enfermo durante la vida de sus hijos. que después de su muerte no había habido nadie que la viera como una niña. su madre permaneció inerte. Quiso tener más información sobre los cementerios pequot. Los comerciantes extendieron periódicos y cartones en la entrada de las tiendas intentando en vano mantener limpios los suelos. transformando los patios en pantanos y las calles en ríos. Cuando cogió la mano de Hallie y la apretó. pero la tierra estaba demasiado mojada para excavar. Flo se pasó la misa llorando y Sophie tuvo que marcharse antes de tiempo. Ella no había puesto pie en St. El Bell Stream se desbordó. como Sophie y Peter. Una luz fría y gris se filtraba por los altos ventanales. María parpadeó y se quedó mirando el banco en donde se habían sentado para los funerales de su padre. Luke desde la Navidad después del nacimiento de Flo. María sintió tristeza. los chanclos de los clientes dejaban un rastro de barro y de jirones de papel. y que Hallie se había dado cuenta de que tenía tres hijos con los que no sabía qué diablos ~117~ . Sentía grandes deseos de volver a la tumba. como ocurría cada primavera. María sacudió el agua de su paraguas negro y lo dejó fuera de la blanca iglesia. Los Dark y los Littlefield se sentían tan contentos que decidieron acudir a la iglesia para dar las gracias por el nuevo niño. Él le sugirió que fuera a verle en su rectoría. así que telefoneó al reverendo Hawkes. En aquel momento María comprendió que Hallie había hecho algo más que cuidarse de un hombre caduco: se había dedicado totalmente a él porque le amaba de verdad. Ma-ria comprendió que Malcolm había sido el único amor de Hallie. Recordó haberse sorprendido de que Ha-llie llorara en silencio durante toda la misa. Algunas veces ésta se despejó lo suficiente para dejar ver la silueta de las islas Hechizadas. pero ahora le hizo añorar las relaciones que habían existido entre ellas. Mientras miraba el banco donde había descubierto esto.CAPÍTULO XVI La lluvia cayó con fuerza durante cuatro días seguidos. En aquella ocasión eso le había parecido mejor que nada. Cada mañana se sentó ante la ventana y miró absorta la niebla. María se sentía deprimida por la conversación muda con Sophie.

—¿Cómo está tu familia? —preguntó él. con la larga nariz que se encorvaba hacia la barbilla y con la barbilla que se curvaba hacia arriba. Lo abrió por el mapa de Hatuquitit. Es extraño que nadie lo haya hecho. pero también la iglesia. frunciendo el ceño—. —¿Allí fuera? —preguntó el reverendo Hawkes. Siempre he pensado que alguien debería hacer un estudio arqueológico de esta zona. —Es un placer —dijo indicándole la negra butaca Windsor enfrente de su mesa—. entra. el reverendo le dedicó una sonrisa desdentada. —Tenemos algún dinero en reserva. Qué sorpresa. Había pensado en solicitar de la Archeological Foundation una subvención para excavar la tumba que acababa de encontrar. Trabajo por mi cuenta excavando en una de las islas Hechizadas. El hombre había asustado siempre a María. María observó que era el mismo mapa que aparecía en el libro de las leyendas pequot que ella había encontrado en la biblioteca. —Ayer descubrí una tumba —dijo. —Vamos. Sin embargo. —Están todos bien —dijo ella. Ésta parecía tan austera e implacable como el temporal de Nueva Inglaterra. La Historical Society posee unos fondos que no hemos tocado hasta ahora. —Yo vivo aquí —dijo ella señalando el lugar del desembarcadero de la ~118~ . y se encorvaba de forma que el pescuezo le desaparecía dentro del cuello. ¿sabes? María se preguntó si se los estaría ofreciendo. No he oído hablar nunca de un cementerio en las islas. teniendo en cuenta que esto fue un centro importante de la vida pequst.hacer. Medía seis pies de altura. Su pensamiento voló a Sophie. Sabemos de varios cementerios pequot aquí. —¿María? El reverendo Hawkes apareció en la puerta de su despacho. tenía ojos pequeños y penetrantes. María le estrechó la mano. en la ciudad y en el desembarcadero de la Squaw. María siempre había pensado que el hombre parecía un halcón. Pero ella había venido aquí por asuntos profesionales. —No es un estudio de grandes vuelos —dijo María—. Soy el presidente. La violentó acudir a la iglesia para hablar de arqueología cuando hacía años que no había asistido a la misa dominical. —Gracias por recibirme tan pronto —dijo ella. —Se encaminó hacia una larga mesa entre dos ventanas y regresó con un gran volumen negro titulado «Historical Cementeries in the State of Connecticut».

Yo vivo al oeste de ese lugar. levantándose mientras se preguntaba si el reverendo era sincero. ¿verdad? El ministro asintió. —Gracias —dijo ella con una sonrisa—. Pero nadie sabe exactamente dónde están situados los cuerpos. Al pensar en la tumba que había descubierto. Ella había caminado a través del cementerio pero ninguna de las tumbas estaba señalada. —Puede que tu casa haya sido construida sobre tumbas indias —dijo muy serio el reverendo. Tengo una enorme embarcación que devora gasolina. ¿no? —Ella se llamaba Alicia Hawkes antes de casarse con Duncan —dijo el reverendo Hawkes. —Llévala al astillero. —Ha sido muy interesante hablar contigo. El propietario está casado con una sobrina mía. El reverendo Hawkes consultó su reloj. Será una gran ayuda.Squaw en donde se alzaba su casa. —Y me ocuparé de que obtengas algo de los fondos para cubrir tus gastos. —Verdaderamente es terrible. Los pequot hicieron un trato con un inglés: le vendieron el desembarcadero de la Squaw. a condición de que él trasladara las tumbas. Le asesinaron antes de que tuviera oportunidad de hacerlo. ¿Me tendrás al corriente? —Desde luego —dijo ella. María. —He leído sobre eso —dijo María—. Sin embargo. De vez en cuando alguien se encuentra un esqueleto al hacer los cimientos de una casa. En el mapa. Ahora no tenemos gran cosa. María se sintió emocionada ante la idea de que hubiese tal riqueza arqueológica en su propio patio trasero. —Alicia Murdoch. —Hay tumbas indias por todo el desembarcadero de la Squaw —dijo el reverendo Hawkes—. incluidos los cementerios. —Ahí no —dijo María señalando el cementerio y pensando que él la había interpretado mal—.. allí hay un muelle para embarcaciones a motor. ~119~ .. No sabes lo contento que estoy de que hagas ese estudio. el cementerio más próximo a su casa estaba ubicado en un campo abierto entre dos edificios. Los grupos indios aún siguen queriendo que sus muertos sean trasladados a tierra sagrada.

Jim. pero sólo vengo a buscar un bocadillo para llevármelo. Nancy estaba explicando lo terrible que era llevar por ahí con aquel tiempo a los cazadores de casas... Se abrió la puerta y Duncan entró con Jim. El «sueño de queso» chisporroteó en la plancha. —Los días de lluvia viene todo el mundo por aquí —dijo Nancy cuando Duncan y Jim pasaron por delante. En lugar de ir directamente a casa. Hola. A ella nunca le había gustado que le cortaran el pelo. ni siquiera que se lo entresacaran. esperando ver a Duncan y temiendo la aparición de Gordon. Ésta lo notó a través de sus zapatos de goma. la lluvia repiqueteó en las jardineras de la ventana zarandeando las prímulas y ensuciando el cristal. Duncan. Recordó que Sophie. Hoy me han dejado sola en la oficina. Luego le estrechó la mano y se marchó. María decidió almorzar en Kathy's. Pidió un «sueño de queso». a los cuatro años. que se disponía a hacer las presentaciones. mientras pasaba la espátula por la enorme y negra plancha. María levantaba la vista cada vez que se abría la puerta. Le habían dejado el pelo demasiado largo en la nuca y los lados. ¿No quieres sentarte? —Me encantaría —dijo Nancy—. María ocupó una mesa a lo largo de la pared y se puso a leer sobre los hábitos funerarios de los pequot. El agua que goteaba de Nancy. Nancy Grunwald entró corriendo con un reluciente impermeable rojo y botas del mismo color. cómo funciona la casa? —preguntó Nancy mientras se sacudía el agua de las mangas. —Miserables —dijo María. que encontraban muy molesto meter tanto barro en las casas. esperando tener compañía. ~120~ . —Sí —dijo María—. queso a la plancha acompañado de encurtidos y patatas fritas. —¡Ah! ¿Os conocéis? —dijo Nancy. —¿Qué. Fuera. —Se está fatal ahí fuera —dijo Duncan mirando directamente a María. Kathy seguía detrás del mostrador trabando conversación con cualquiera que tuviese ganas de hablar. hola.—¡Oh! —exclamó María. —Estupendamente. María sintió cierto embarazo y fingió que no le había visto. Duncan y Jim formó un charco debajo de la mesa de María. con unos mechones que sobresalían por las orejas. —¡Nancy! —gritó María. intentaba recortar sus propios tirabuzones. María observó al instante que a Duncan le habían hecho un corte de pelo horrible.

me trasladaré a un pequeño chalé cerca del astillero. —¿Cómo voy a llamarte a casa? —dijo. —No. Así solíamos llamar al océano Atlántico. —¿Qué estás leyendo? —preguntó Duncan cogiéndole el libro. ahora ni siquiera pudo sonreír. qué extraño le resultaba estar hablando de Aldo cuando todo cuanto quería era estar con Duncan. Duncan miró con gesto inexpresivo hacia Kathy. me voy al trabajo —dijo Nancy—. cuando se lo hayamos explicado a Jamey. ahora se lo llamamos al astillero. Telefoneé al astillero. Y antes de mirar a Duncan. —¿Qué tipo de bocadillo quieres.. observó que Nancy y Jim se dirigían hacia el mostrador para pedir su bocadillo.—Toda la ciudad es un charco —dijo Jim. Deberías haber llamado a casa. Esta misma semana. Duncan? —preguntó Jim. —Bueno. —El gran charco —dijo Duncan—. María se estremeció al darse cuenta de que se estaba enamorando de Duncan. —Por lo general cerramos a las cinco y media. — María intentó hacerlo pasar por una broma. telefoneé a mi marido en Perú. —Acabo de entrevistarme con el reverendo Hawkes —dijo María. Él sacudió el chubasquero y no se apercibió de su mirada. —Lo mismo digo —dijo ella. por supuesto —dijo ella. Durante algunas noches de insomnio. Después de intentar comunicar contigo la otra noche. La camarera. Éstas siempre terminaban ~121~ . María. —La otra noche intenté hablar contigo —dijo ella—. el que nos casó. y me dijo que había conseguido la anulación de nuestro matrimonio. Sus miradas se cruzaron y ambos sonrieron. María pidió té con limón.. —Tal vez coma aquí. sólo de servicio durante la hora de la comida. pero por muy cómico que le hubiese parecido la otra noche. —No estaré allí mucho tiempo —dijo Duncan—. —Mientras hablaba. María había permanecido muy desvelada imaginando conversaciones con Duncan. Y recordó el beso de Duncan. Me alegro de haberte visto. —Es el tío de Alicia. La mano de él se movió a través de la mesa y le tocó la suya un instante. —A mí me resultó muy difícil abandonar a Aldo —dijo María—. retiró el plato de María y anotó el pedido de Duncan: unos trozos de pavo con centeno. María se dio cuenta de que él no lo había dicho con intención. De cualquier forma. ¿No te importa que te acompañe? —preguntó a María.

Al levantar la vista. Ella se enteró por su cuenta. por fin la localizó cuando empezaba a quitarse la chaqueta. Le fastidia mi presencia —dijo ella. —Atención —dijo Duncan en voz baja. Pero en esas fantasías él se mostraba cariñoso y le contaba cosas que no había revelado a nadie más. —¿De veras? ¿Le contaste a Alicia lo que había sucedido? —preguntó María. Éste estaba leyendo un periódico con tal nerviosismo que parecía a punto de romperlo—. —¿Dijo algo más Alicia sobre Flo? ¿Vio sus contusiones? —No las mencionó. —Nunca he deseado matar a nadie —dijo con voz baja y mesurada—. y no resulta difícil darse cuenta de que ahora se muestra muy reservada. Pero no me cuesta nada imaginar que lo estoy matando. —Claro —dijo Duncan—.con un beso y nada más. el dispararle un tiro requeriría demasiada distancia. —Según dice Alicia. Ella no querría tenerlo a distancia. Nadie de mi familia lo ha ~122~ . María se sintió muy cerca de él. Incluso en medio de Kathy's. Pero Gordon dejó pasar ese momento. Él cree que eres la única persona de aquí que conoce sus desmanes. que le extrañaba que el resto de la ciudad no conociera los terribles secretos de su familia. Y recordó el rostro sonriente de Flo. —No —dijo Duncan—. ¿Las viste tú? —Hace semanas que no veo a los niños. Durante unos segundos se miraron fijamente. Casi confiaba que los demás parroquianos se revolvieran contra él y le expulsaran de Kathy's dejándole sin chaqueta bajo la lluvia. María vio a Gordon que acababa de entrar. Éste se frotó los pies contra el suelo y se sacudió como un perro perdiguero. su entusiasmo cuando ella le contaba una de sus largas y complicadas historias. Gordon se dio la vuelta y luego se dirigió derecho hacia una mesa sin saludarla. Se figuraba a Gordon muriendo entre sus manos por lo que había hecho a Sophie. a sabiendas de que era absurdo esperar que Duncan hubiese ocultado los percances de la familia Littlefield a su esposa. Normalmente Flossie es una niña muy feliz y sociable. Flossie últimamente parece muy apagada —dijo Duncan. La mirada de María se deslizó hacia Gordon. se vio acribillándole con un cuchillo o estrangulándole con sus propias manos. María se sentía tan obsesionada con las extrañas pasiones de Sophie y Gordon. Todo la interesaba. A María le hubiera gustado que él la viera y que emprendiese una rápida retirada. —Eso es cierto —dijo María.

Peter y Nell. María atisbo por la puerta de un aula. que se sentía cada vez más inquieta por su silencio—. Enferma —dijo Duncan por fin. Duncan mantuvo el mismo tipo de mirada. pero no podemos entrar juntos en la escuela de Jamey. —¿De veras? —dijo Duncan con inquietud—. Los primeros cursos estaban más allá del vestíbulo.. Se sintió triste y desorientada.. Luego ella se marchó. se le antojó ahora minúscula. Yo hubiera pensado que os querríais cerciorar. De repente María sintió la necesidad de ver a Flo y Simón.. los profesores y los visitantes. quiero decir. Olió a palomitas de maíz.. empezó a gustarle la distinción y el privilegio de ser la más veterana. Vamos. La escalera que a ella siempre le había parecido enorme. Dibujos de tiza cubrían el tablero de anuncios. Él asintió y le apretó la mano. María aparcó el «Mustang» en el aparcamiento del profesorado y corrió bajo la lluvia hacia la puerta norte. por un instante María temió entrar en el gimnasio y encontrarse con los fantasmas de ~123~ . Pero cuando llegó al sexto curso. Subió los escalones de tres en tres. para asegurarse de que ambos estaban fuera de peligro.conseguido. —Me gustaría ir contigo —dijo—. —¿A qué hora es la salida? —preguntó. —Se interrumpió y miró fijamente a María. bueno. María vio un brillo extraño en los ojos de Duncan que la dejó paralizada y la mantuvo rígida durante unos instantes. —¿En la escuela? No lo sé —contestó Duncan—. La pila de las tortugas había sido una de sus cosas predilectas. Lo peor fue cuando llegó al quinto curso y hubo de utilizar una puerta diferente de la que utilizaban Sophie. y María vio reflejado en ella su propio terror sobre lo que estaba sucediendo en la familia de Sophie. y recordó la tradición de los días lluviosos o nevados de hacer palomitas y permitir que toda la escuela las comiera en el gimnasio durante el recreo. pero estaba seca... una especie de energía. y de pronto se sintió tranquilizada por la compenetración entre ambos. El chispazo de miedo fue remplazado por algo diferente. Consultó su reloj. de que Gordon es violento y Sophie está. Se levantó. Ni Gordon ni Sophie nos lo permiten. María rememoró sus días en la escuela de Covey. y luego por otra: las dos estaban vacías.. te acompañaré. eran las tres. El eco de voces infantiles se multiplicó de forma fantasmal por el corredor. María no pudo resistir la tentación de mirar dentro por si habían plantas y tortugas. los niños pequeños debían utilizar la puerta sur. Sólo estaban autorizados a entrar por allí los alumnos de quinto y sexto cursos. una pila de piedra se alzaba en el centro de una habitación..

Empezó a caminar hacia allí pero se detuvo—. Muchos niños saben que usted vino a esta escuela. que supieran los niños. La he visto en la National Geographic —dijo sonriente—..? —No. La vieron aproximarse pero no se movieron. Jeffrey Clay. tía María —dijo Simón cuando ella se detuvo ante ellos. María Dark. y todos quieren sus fotografías en el tablón de anuncios. —Sí. A la luz grisácea. —En la sala de profesores —contestó la profesora—. gracias a una mujer que entonces ni siquiera había nacido. —Gracias —dijo. No quiso violentarlos delante de sus amigos. A María le pareció curioso que después de tantos años descubriera la respuesta a una pregunta que la había asediado cada día lluvioso de su infancia. Pero los chiquillos estaban jubilosamente vivos y juguetones. Si hubiese tenido una. Pensó que los dos podrían creer que algo marchaba mal y quiso tranquilizarlos—.er. —Y María estrechó la mano de la profesora. Vestidos con ropa caliente y vistosa. Patty Scha. He venido por aquí para visitar mi vieja escuela. Le pareció tan joven que a María le resultó difícil creer que se hubiese licenciado en la Universidad. la señorita MacMorris.sus propios profesores y condiscípulos. Los profesores no las habían traído todavía.. de pie. —¿No será su madre. soy su tía. Casi todos sus condiscípulos habían pensado que utilizaban la oficina o la habitación de las enfermeras. La escuela Covey no tenía cocina. corrían detrás de pelotas. ¿Puede decirme dónde hacen las palomitas? —preguntó. La señorita Laird. Allí tenemos una pequeña estufa. Flo y Simón estaban juntos. se revolcaban en esterillas y bailaban imitando a Madonna. como si les enloqueciera el olor de las palomitas recién hechas. Beau Stanton. María distinguió dos figuras pequeñas. La profesora mostró una expresión recelosa. Veo que aún se siguen haciendo palomitas de maíz los días de lluvia. queridos —dijo ella sin abrazarlos.. —Hola. pero ninguno lo sabía a ciencia cierta. como se hacía en el instituto de Hatuquitit? —¿Puedo ayudarla? —le preguntó una profesora. la señorita Rosen. recostados contra la pared.. ~124~ . —Sí —dijo Simón. Helene Warble. —Ahora la reconozco. y María se preguntó como siempre dónde las haVían. ¿por qué tendrían que traer ellos sus propios almuerzos en lugar de tomar comidas calientes. Flo está allí con su hermano. —La profesora señaló hacia las ventanas. busco a Florence Littlefield —contestó muy afable María. mirando cómo jugaban los otros niños. —Hola.

Miró a lo lejos esquivando deliberadamente la mirada de María. —¡Las manos quietas. —Hola —dijo Flo. intentando disimular la alarma que sentía. Pero se puede saber por qué no estáis jugando. María se quedó inmóvil. —¿Por qué no estáis jugando? —preguntó María. —¡Simón! —exclamó María alargando la mano hacia su sobrino de diez años. — Flo —dijo María—. María la sujetó y por un instante Flo se agarró a ella. Sophie la había vestido con pulcritud. Flo? —No tenemos ganas —murmuró la niña. —No lo entiendo —dijo María—. Pero el retrocedió. jodida! —dijo Simón. —¡Muy bonito! —exclamó Simón con desprecio—. ¿Os explicaron por qué? —Porque eres mala con nuestra familia —dijo Simón—.. desviando de nuevo la mirada. Levantó la larga manga de la niña y allí. —Creo que los papas se equivocan —dijo muy despacio María. Flo empezó a llorar. De repente. Llevaba un par de lazos amarillos en las trenzas. —No tenemos ganas —contestó Simón.Flo permaneció en silencio. como si se hallara resfriada. —insistió con un tono apremiante. viendo como se alejaban. intuyendo peligro. —¡Qué tontería! Para mí el recreo siempre era lo más bonito del día —dijo María aunque no fuera cierto. casi sin pensarlo. como siempre: conjunto rojo de pana y un suéter azul marino con cuello de cisne. No podemos hablar más contigo. —Mamá no quiere que hablemos contigo. Has hecho cosas que no podemos comprender —añadió solemnemente. —¿Y tú qué dices. Tenía la piel pálida. —Simón dio un empujón a Flo. Ninguno de los niños contestó—. Y papá tampoco —dijo sin rodeos Simón. haciéndola tambalear.. ¿No me quieres decir hola? Los ojos de Flo se movieron muy despacio hacia María y la miraron durante unos segundos. Pensó que lo mejor ~125~ . Yo os quiero. —Hemos de marcharnos. en la piel nacarada del brazo vio un montón de magulladuras. María cogió a Flo. ¡Mira lo que has conseguido! —Y los dos niños echaron a correr. arrastrando a Flo.

pero en lugar de ello echó a correr escaleras abajo. o a la directora o a la enfermera de la escuela.sería buscar a la profesora de Flo. salió por la puerta norte al aparcamiento y allí. ~126~ . vomitó bajo la lluvia. entre dos coches.

Telefoneó a la escuela y habló con la profesora de Flo y con la directora. que ellos quieren a sus padres y que sus padres les quieren a ellos. María pensó que sus padres les querían. Hace mucho tiempo que estamos muy preocupadas por Flo y Simón. Y Simón era muy educado. no sabemos a ciencia cierta que sea él. la asistenta social de nuestra escuela. —Hemos notificado nuestras sospechas sobre abuso de menores a las autoridades. La baja presión causó jaqueca a María y la hizo ver aquellas nubes como un presagio portentoso de que algo terrible iba a suceder.CAPÍTULO XVII Unas nubes tormentosas oscurecieron el cielo de Hatuquitit después de la semana de lluvia y se negaron a retirarse. ¿Y qué me dice de su manera de comportarse? Flo siempre se mostraba cariñosa y feliz. —De lo contrario tendrán que coger in fraganti a Gordon. El tono mesurado y amable de la directora le produjo escalofríos. Las dos parecían complacidas de su llamada. Se imaginó que Gordon había creado un universo poblado por su mujer y sus hijos y gobernado por él. — María no pudo apartar de su pensamiento la expresión despreciativa de Simón cuando la llamó jodida. Han enviado asistentas sociales a la casa Littlefield pero sin resultado alguno. —Esperamos que los niños confíen en alguien —dijo la señora Cannon. —¿Y cómo es eso? ¿Qué me dice de las contusiones? —preguntó María —. Le hubiera gustado que la mujer se sintiera furiosa e indignada como ella. María se quedó consternada. —Tendremos que cogerlos in fraganti. Desde luego. —Entonces ¿por qué no hacen algo? —preguntó María. Ella había visto cómo la familia se agrupaba excluyendo a todo el mundo. Aunque pareciera una cruel contradicción. —Y ahora ¿qué sucederá? —preguntó. la directora—. Pero los dos dicen lo mismo: que todo marcha bien en casa. —Hemos procurado que los niños hablen con la señorita Calderone. —Nos alegramos de que la familia se preocupe —dijo la señora Cannon. Ella había tenido la impresión de haber ~127~ .

hablamos de historia local. —Lo fue —dijo Hallie—. alguien deseoso de proteger a Sophie y los niños contra Gordon. —No. Cuando colgó el teléfono tuvo la sensación de estar preparándose para una tormenta. —De acuerdo —dijo Hallie—. Pero su expresión era infantil. —Debió de ser muy duro quedarse sola con tres críos —dijo indecisa María. como desconcertada. Se sentó junto a Hallie y le cogió la mano—. y ahora la directora le decía que tal vez lo hubiese hecho Sophie.encontrado un aliado. Pero antes déjame hacer un poco de té. Hallie miró recelosa a María. —Hallie no se molestaba en ocultar el gris de su cabello. Me resulta difícil creer que ya han pasado todos esos años. Tengo sesenta y siete años y me siento exactamente como cuando tenía dieciséis. para mantener una vigilia que no podía prometer un final feliz. ~128~ . —No —contestó Hallie con un tono tajante para descartar semejante posibilidad. y pensé en el funeral de papá. María pensó que el pelo de Hallie parecía rígido con la laca y le daba un aspecto más matriarcal que de costumbre. —Estoy segura de que le encantará —dijo. —El otro día fui a la iglesia para hablar con el reverendo Hawkes. —Sabemos que es Gordon —dijo en tono glacial. Pero la soledad la angustiaba y decidió ir a visitar a su madre. —Me lo imagino —dijo María sin ironía. Parecía un trabajo hecho con amor. ¿Vais en serio tú y Julián? —preguntó de pronto. Fue una chica muy buena. Echó una ojeada a su madre mientras le devolvía la labor. El mundo se me venía abajo y Sophie sólo quiso cuidarse de mí. María elogió el diseño de su madre. —Es una funda para el regalo de cumpleaños de Julián —dijo Hallie—. Es un modelo mío. —Sophie se comportó como una gran amiga después de la muerte de tu padre —dijo Hallie mirando fijamente el punto de media—. Acababa de ir al peluquero. Alzó la labor para que la viera María. Hallie estaba sentada en el sofá de la sala haciendo punto de media. —Supongo que fuiste allí para hablar de Sophie. He venido para hablarte de Simón y Flo. ejecutado con diminutas puntadas. mucho esfuerzo para que Hallie lo volcara en un obsequio—. unos palos de golf y la corona del club de campo de Ha-tuquitit.

María la miró enfurecida durante unos minutos pero Hallie no le devolvió la mirada. Una parte del toldo que cubría la tumba se había soltado con la tormenta. al recordar la pregunta de Aldo sobre posibles lesiones. Luego concentró su atención en retirar algunas de las pequeñas ofrendas funerarias mezcladas con los huesos. Como una urraca. El sol tardó en aparecer aquella tarde. El musgo y la suciedad las habían teñido de pardo. Los huesos seguían exactamente tal como los había dejado. El alumbramiento podría haberlo rajado. corrió hacia la lancha y puso rumbo hacia las islas Hechizadas. Volando sobre las olas. María miró el interior. Percibió la decoloración. El objeto estaba junto a una costilla y sobre él había otra. María cepilló tres cuentas que formaban un grupo. Hallie echó algunas toallas a la lavadora. recorrió todo con la mirada.María la siguió a la cocina. varios siglos de lluvias. el lugar donde Hallie se acomodaba siempre cuando se preparaba para una larga y agradable charla. María se marchó. Se agachó utilizando el cepillo suave para limpiar la superficie de la pelvis. María cogió sus herramientas de excavar. examinó las tibias y los fémures por si hubiera alguna señal de rotura u osificación. la separación podría haber sido causada por el paso de un bebé. María pensó que debería examinar la pelvis de la mujer por si hubieran marcas que indicasen que había dado a luz. El esqueleto se había conservado muy bien. Una noche de insomnio. El hueso se abría en cierto punto. Era Ginger Talisker. Al cabo de un rato. dentro de un hora habría oscurecido demasiado para excavar. y ella quiso cobrar antes la punta ~129~ . María observó a su madre mientras se sentaba en la silla junto al teléfono de pared de la cocina. Se sentó sobre los talones hincando las rodillas en la tierra húmeda. desde los objetos otrora brillantes hasta los huesos y. lombrices de tierra y sedimentos podrían hacer ensanchado la raja. Luego sonó el teléfono. La brisa tibia empujó las últimas nubes de la tormenta hacia el horizonte. Enrolló el toldo de polietileno. Por primera vez después de muchos días se sintió libre de su familia y pensó en la mujer cuya tumba no había vuelto a ver desde que comenzaran las lluvias. Probablemente las dádivas habrían sido colocadas en la mortaja. María miró el cielo. pero las expuso a la luz y vio que eran de un púrpura intenso y que estaban hechas con la cara interior de unas conchas. Descubrir la punta de flecha resultó más dificultoso. los bordes desgastados de los porosos huesos parduscos. María estuvo segura de que quien hubiese enterrado el cuerpo lo había envuelto primero cuidadosamente en pieles y esteras. y tras la descomposición del cuerpo todo se revolvería mezclándose huesos y talismanes. María olvidó su frustración con Hallie. Tocó con el índice un lugar áspero y recorrió la curva de la pelvis hasta la columna vertebral.

donde se quedó a esperar a Duncan. miró temblando a la mujer. y vio la «Alicia» que doblaba el promontorio. su lugar favorito. Pero las ventanas de las casas al otro lado del agua. Se saludaron con la mano. quién le habría disparado la flecha y si alguien podría haberla salvado. se encaminó hacia la playa. De pronto la comprensión la envolvió como una ola fría: el corazón de la mujer había sido atravesado por una flecha. María siguió un buen rato de rodillas mirando a la mujer asesinada. a las personas cuyos huesos desenterraban. Sintió deseos de seguir mirando un poco más al hombre y a la embarcación hasta que el corazón se le tranquilizara. en el desembarcadero de la Squaw. En sus primeras excavaciones. Estaba tan cerca de su casa que María no tuvo dificultad en imaginar que su ocupante había caminado por la tierra que ella y aquellos a quienes quería pisaban a diario. la mujer habría partido del embarcadero de Squaw para su viaje final. El sol había desaparecido detrás del pinar de Lookout: la bahía en calma relucía como hielo negro. pensó en Duncan Murdoch y sintió deseos de besarle. Luego se agachó y colocó la cubierta de polietileno sobre la tumba. o por lo menos compasión. María retrocedió. había convertido el dolor en objetividad científica. y con el paso de los años había dejado de llorar. y el corazón empezó a latirle presuroso.de flecha. Ella siempre había creído que los arqueólogos debían amor. María recordó la última vez que Duncan la había encontrado allí. Enderezándose sobre las rodillas. En ese mismo momento un ronroneo la hizo volverse hacia la pequeña bahía. le pareció que el corazón le latía en la garganta. Se preguntó cómo habría muerto. María le miró mientras él echaba el ancla en la bahía y luego tiraba del cabo para arrastrar la embarcación hasta la orilla. Se levantó y se limpió la suciedad de las rodillas. se sorprendió de que la punta de flecha estuviera tan cerca del lugar en donde había estado el corazón. brillaban con un naranja de fuego. María se dio cuenta de que estaba pensando en Sophie. Al pensar en el poder para proteger y salvar. reflejando el sol poniente. se había distanciado de sus sujetos. El sol empezó a ponerse llenando el cielo de una luz dorada. Mientras caminaba a lo largo de las rocas. Sintió que se le había concedido un deseo. junto al mar. Incluso entonces se había dado cuenta del sentimentalismo de su imaginación. viva o muerta. Probablemente. Trabajó esforzadamente con el cepillo y el pequeño pico. Pero esta tumba era diferente. había llorado cada vez que veía un esqueleto: todos tenían en común los dientes apretados y desnudos como si se dolieran de algo. Pero Duncan saltó de la «Alicia» y caminó por la húmeda arena hacia donde ella le ~130~ . Por alguna razón esta vez intuyó que él no venía con malas noticias. Todos parecían suplicar ayuda.

dos literas cubiertas con mantas de cuadros rojos y unas estanterías llenas de revistas del mar y novelas de misterio. —Una squaw asesinada. acariciarle la espalda. Su expresión fue de un leve desconcierto. ¿Quieres comer algo? Todas las comodidades de casa. María dejó que la cogiera de la mano y que la condujese hacia su lancha. —¿Ya? —Sí.. —Hola —dijo—. apretándola contra su suéter. pero María deseó tener junto a sí el cuerpo cálido de Duncan. Él la atrajo hacia sí. y ella alzó la cara para que él la besara.esperaba. —¿Cómo lo supiste? —Es el primer día hermoso después de tanta lluvia. María descendió las escaleras y miró a su alrededor. El pelo rubio. Descubrió una pequeña cocina. —Pensé que tendrías hambre —dijo Duncan—. bueno. uno frente a otro. una mesa. —He encontrado algo increíble —dijo María mirando el suéter azul marino de Duncan. Dos pequeñas lámparas difundían una luz rosada. Se sentían felices. —¿Qué has encontrado? —Duncan se acercó hacia ella. Su suéter resultó áspero como ella imaginaba. sabiendo lo que vendría después. salpicado de motas blancas. Duncan abrió la puerta de la cabina y encendió una luz en el interior.. le cayó sobre los ojos: él se lo echó hacia atrás. sentirle temblar. Ella subió por la proa en donde brillaban las escamas de pez bajo el último resplandor. He pescado por lo menos quinientas veces cuando tú no estabas aquí. Vi tu lancha y pensé que estarías aquí. tan áspero como sus manos. — María hubiera querido contarle toda la historia pero se quedó hipnotizada por sus ojos que danzaban y ardían de deseo. mojado por las salpicaduras de la espuma. —Lo celebro —dijo María. Saltaron un rollo de alambre verde para nasas de langosta y un cubo vacío para llegar hasta la cabina. casi todas. —Necesitaba verte —dijo él. Quizá fuera la irrealidad de hablar con una madre que no la escuchaba o las horas pasadas de rodillas extrayendo una punta de flecha del esternón de la mujer que había sido su víctima. Había salido a pescar. María frotó la mejilla contra él. —¿Y has recorrido todo ese camino para traerme la cena? —preguntó María deseando subir a la lancha de él. —Duncan tenía el rostro radiante—. Duncan encendió una estufa de alcohol y la cabina se caldeó casi al ~131~ . Es hora de cenar. pero hoy he visto tu lancha.

añadió agua de botella y ajustó la llama. Pronunció su nombre en voz alta. Nunca me imaginé que alguien pudiera ser tan suave. La sopa siguió burbujeando—. Ella notó que la rodeaba con el brazo. Luego cogió unas latas del aparador y las examinó a la luz. sintiéndose caliente y viva.. El amarse en ~132~ . —Hace dos meses que estaba deseando que visitaras esta cabina. La sopa empezó a burbujear. y se preguntó si a Duncan le ocurriría lo mismo. se deslizó debajo del suéter y permaneció quieta en el nacimiento del pecho. —¿Qué te parece una sopa de almejas? —preguntó. Sintió el corazón de él latiendo contra el suyo. mientras María intentaba soltarle el cinturón. —susurró él—. vertió el contenido en una cacerola. —Huele muy bien. —Bien. Ella conocía sus razones. Duncan bordeó la mesa. y luego la besó otra vez. Ella levantó los párpados y vio sus ojos verdes moteados de oro sonriéndole. Duncan abrió la lata. A María le pareció extraño acostarse con alguien que no fuera Aldo. y entonces le cogió la nuca y lo besó. Se movió con sorprendente gracia para ser un hombre tan grande en un espacio tan pequeño. con tanta ternura que ella cerró extasiada los ojos. sólo por el placer de hacerlo. Ella negó con la cabeza.. por sus brazos y más abajo. Después la mano de él le recorrió la garganta. luego el otro. Duncan tomó asiento frente a ella y se miró las manos que había puesto sobre la mesa: estaban muy bronceadas y tenían tres nudillos despellejados. Levantó la vista sonriente. deteniéndose para darse un apretado abrazo. —Me estoy enamorando de ti —dijo Duncan.instante. dibujando con un dedo sus labios. Sus bocas se abrieron. —Eres tan suave. se desabotonaron tímidamente las camisas uno a otro. pero ahora no puedo pensar en comer. Sus dedos excitaron un pezón. Duncan apagó la estufa. Y ella le creyó. ¿No tienes hambre? —preguntó él. Ella le devolvió la sonrisa. Sus musculosos hombros y su pecho le parecieron suaves en contacto con las ásperas manos. y él hizo lo mismo con el suyo. no había doble sentido en sus palabras. —Yo también —dijo María. —Estupendo —dijo María sentándose en la litera. Se sentó en la litera al lado de María. Se echaron en la litera. y ella sintió que las manos de él le cubrían los pechos. Él pasó las manos por la blanca garganta de María.

Encendió el potente reflector. Se dirigieron hacia casa en sus respectivas embarcaciones. Siguió imaginando que los niños estaban ahora arriba. Orion y las Pléyades. su pensamiento pasó de Duncan a Sophie y a la squaw en la tumba de Lookout. ¿Sería posible que después de viajar durante tantos años por el mundo lo que más deseara María fuese un marido. Con los pies en tierra firme. de que sus pensamientos sobre las dos mujeres eran extrañamente similares: sentía pesar por ambas. durante todo el camino hacia casa rememoró como había sido hacer el amor con él. Pero ahora no se sintió cortada como entonces. María se apretó contra él como si quisiera introducirse en su cuerpo y ni por un instante deseó surgir para respirar. la Osa Mayor y Casiopea. mientras que su «tío Duncan» la esperaba en el granero. La litera desprendió un olor rancio. y María le contestó del mismo modo. —Me alegro —susurró María rodeándole el cuello con los brazos. —Nunca he hecho el amor aquí —dijo Duncan. María siguió la estela de Duncan hasta que alcanzaron la boya negra en la boca de Lookout Bay. y guió la embarcación hacia el muelle. Abrió los pantalones de él. entonces Duncan viró a la izquierda. Una vez dentro. hacia la ciudad. Luego lo atrajo hacia sí y le hizo penetrarla. de sus calzoncillos blancos. unos hijos y una casa en Hatuquitit? Pero la realidad volvió a enseñorearse de todo: ni Flo ni Simón eran hijos ~133~ . mecida por el leve oleaje de Loo-kout Cove. Se acomodó en la sala con las cortinas corridas. Hizo sonar dos veces su sirena. consternada. la miró dentro de los ojos y ambos sonrieron. Él se montó sobre ella. Ésta fue la primera vez que ella condujo su lancha en la oscuridad. Se imaginó que se traía consigo a Simón y Flo mientras Sophie y Gordon se iban lejos para solventar sus diferencias. Tal vez fuera por el movimiento de la embarcación. Caminó despacio hacia casa por la áspera hierba. pero ambos se movieron al ritmo del mar. después los suyos y luego le liberó el pene. pero el viento marino sopló por las aberturas de la embarcación. duro como el marfil. se orientó hacia la luz del porche de sus vecinos. dormidos. Tal idea la hizo sonreír. que mantuvo sobre su cabeza.un espacio tan pequeño le recordó los tiempos de bachillerato. María sentía aún los brazos de Duncan alrededor de sus hombros. Las constelaciones resplandecieron sobre su cabeza. Al levantar la mirada hacia el cielo se dio cuenta. María se hizo un poco de té.

—Cálmate. —¿ Puedes pasarte por aquí ahora mismo? Acabo de matar a Gordon. Duncan no era su marido. —Me dijiste por teléfono que habías matado a Gordon —dijo María. Su respiración sonó agitada a través del teléfono. —Sophie empezó a sollozar—. Quise asegurarme de que estabas en casa para que te lleves a Flo y a Simón contigo. —Dime qué ha ocurrido —insistió ésta sacudiéndola por el brazo. en la mejillas y en el pecho de Sophie. Por fin Sophie se adelantó para darle un abrazo fugaz. por favor —dijo muy quedo Sophie. Lanzó una mueca de dolor cuando María le apretó el hombro. María vio rastros de sangre. Sophie? —preguntó alarmada María. —¿Diga? —Soy yo. que se desmayó de pronto quedando acurrucada en el camino como una bola. —Sí. —Todo se arreglará —dijo Sophie. Sophie hizo otra mueca de dolor cuando María le tocó el lado derecho. —¿Qué ha ocurrido? —repitió María. —¿Qué sucede. Sophie recibió a María en el camino de entrada. como pintura de guerra.suyos. Será mejor que mañana no vayan a la escuela. —La voz de Sophie llegaba débil a través del hilo. Pero Sophie no respondió. —Dentro de un momento estoy ahí —dijo María. Tenía el lado derecho del suéter empapado de sangre. El contacto hizo retroceder a Sophie. La casa parecía alegre. casi todas las luces del primer piso estaban encendidas. lo he matado. como si estuviera revisando mentalmente una lista—. —¿Te has cortado? —preguntó María. Él estaba casado con otra mujer. mirándose. —Acabo de llamar a la policía —dijo Sophie como si no hubiese oído a María. María suspiró y dejó la taza. María sintió no haberse sabido reprimir. Están arriba preparando sus cosas. —Precisamente estaba pensando en ti —dijo María. Él se ~134~ . después otra vez a María. Cuando estaba a punto de subir las escaleras para bañarse. —No he sufrido daño alguno —dijo Sophie —¿Qué ha ocurrido? —preguntó María. Durante unos segundos las hermanas permanecieron una frente a otra. Sophie miró hacia el garaje. Se inclinó sobre Sophie sujetándola por los brazos. sonó el teléfono. Quizás aquella sacudida le hubiese recordado las cosas que Gordon le había hecho. Fue un accidente.

—¿Tengo sangre? —preguntó muy desconcertada Sophie. rozando con las yemas de los dedos el punto que había señalado María—.puso delante de mi coche. Pero lo que María tomó al principio por la sombra de un arce chino era una pierna de Gordon. Sobresalían las piernas. María caminó despacio hacia el cuerpo de Gordon. —Voy a telefonear a Peter —dijo—. María se preguntó si se podría encontrar el pulso en la pierna. Sophie asintió. —Entonces. Eso hizo pensar a María que Sophie estaba mintiendo. Sophie no iría a la cárcel. —¡Oh. La cabeza de Simón desapareció de la ventana del dormitorio de sus padres. el único miembro del cuerpo de Gordon a su alcance. —Creo que sí —contestó sin querer tocarlo. Al oír voces. Necesitas un abogado. si no era asesinato. La luz del primer piso lo hizo resaltar entre las sombras. Las manchas de su mejilla podrían ser barro en lugar de sangre de su marido. Aceleré y entonces Gordon se puso delante de mí. —Tuvimos una pelea —dijo Sophie con tono inexpresivo—. En la penumbra parecía una jovencita: candorosa. ~135~ . María se agachó y vio que el neumático delantero izquierdo había pasado por encima del torso. encantadora y aterrada. Sophie? —preguntó María tocándole la mejilla. se vino abajo. —¿Y cómo te has manchado así de sangre. —¿Lo vieron los niños? ¿Estaban contigo en el coche? —Estaban durmiendo. —Está muerto. Al instante. María vio el coche aparcado en su lugar habitual delante del garaje. en el segundo piso. ¿verdad? —preguntó Sophie.. Gordon! —se lamentó Sophie. y volviendo presurosa junto a Sophie. Decidí abandonarle y me subí corriendo al coche. Una de las peores peleas.. La parte superior estaba escondida bajo el coche. María empezó a alimentar cierta esperanza. Creyó oír sirenas pero era el televisor. María cogió de la mano a Sophie. porque Sophie no habría intentado jamás escapar sin Flo y Simón. Me arrastré debajo del coche para estar con él —dijo al cabo de un momento. ¿no te propusiste hacerlo? ¿Dónde sucedió? —Aquí mismo —dijo Sophie señalando con la mano. No quiero que digas nada a la policía mientras Peter no esté aquí. María levantó la vista hacia la casa.

Ahora las sirenas fueron reales. Miraron al varío. no pudo creer que aquel fuera el mismo niño. se detuvo a observar una gran huella de sangre en el auricular. a medida que los coches de la policía doblaban por Cove Road y entraban en el largo camino dé los Littlefield —. Sonaban cada vez más próximas y ruidosas. y ésta creyó percibir un destello de triunfo. —He de llamar al tío Peter —dijo. Acaba de matar a Gordon. Como él se negaba a moverse. Flo y Simón estaban acurrucados en la cama de sus padres. ¿verdad? —susurró María. dormidos con los ojos abiertos. —Hola. una ventana abierta. —Voy a telefonear a Peter —repitió María. Cuando iba a coger el teléfono. una gruesa alfombra color marfil empapada con la sangre de su padre. procurando no tocar la pegajosa huella. —¿Por qué esta noche? —inquirió María. recordando su actitud desafiadora en Covey School. Simón no quiso salir de la cama de sus padres. las palabras bien claras de que su madre había matado a su padre no les hicieron reaccionar. aferrando la mano de María. Observó que Flo se había mordido el labio. aquél era el único teléfono que funcionaba en la casa. y marcó el número de Peter. un cuchillo o un bate. No tenía elección. Se echó boca abajo desesperado y no quiso mirar a María. ¿Qué te hizo él esta noche? —Algún día te lo contaré —dijo Sophie. María miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba buscando inconscientemente una pistola. queridos —dijo María acunando a Flo y besando en la frente a Simón. María alzó a Flo. Sus ojos miraron feroces a los de María. Los destellos azulados de sus luces estroboscópicas asomaron fantasmales entre los árboles. Soltó la mano de María y se volvió hacia los coches que se acercaban. siguiendo su mirada. Ésta. Corrió a la cocina pero el teléfono había sido arrancado de la pared. Lo levantó. pero oyó los chirridos de los coches de la policía. dos pequeños soñadores sufriendo la misma pesadilla. —Le dije a mamá que se limpiara la cara —murmuró con voz sorda.—Te propusiste hacerlo. Estaban paralizados. Flo gimoteó cuando vio a María y abrió los brazos para que ésta la aupara. —Sí —dijo Sophie con un hilo de voz. —Ven ahora mismo a casa de Sophie —dijo apenas contestó—. Quiso examinárselo. María tuvo que levantarse con el otro ~136~ . vio lo que los niños contemplaban pasmados y lo que les acompañaría durante el resto de su vida: una pared embadurnada con sangre y pelo. Subió las escaleras de dos en dos y entró precipitadamente en la habitación de Sophie y Gordon. María meció a Flo y. Ni Simón ni Flo se movieron.

María siguió sosteniendo a Flo pero dejó a Simón en el suelo. sintió un dolor lacerante en el hombro. chicos —dijo afable. Recordó lo que Sophie le había dicho antes de que llegara la policía.» Y María se preguntó si tal promesa llegaría a cumplirse. Un agente los recibió en el vestíbulo. Libre de su peso. y repentinamente comprendió por qué le dolía a Sophie el lado derecho: había hecho un gran esfuerzo levantando el cuerpo de Gordon para arrojarlo por la ventana.brazo. «Algún día te lo contaré. lejos de la sangre. ~137~ . Intento desesperada sacar a los niños de aquella habitación. —Hola. Quiso correr escaleras abajo para asegurarse de que Sophie no hablaba demasiado.

Segunda parte CAPITAL DEL UNIVERSO ~138~ .

«¿no sería gracioso que tuviésemos baberos de langosta?».CAPÍTULO XVIII Están dispuestos a perdonarme. Parece como si las manifestantes quisieran que el Estado liberase a la persona que ellas consideran injustamente acusada. a decir verdad. Mamá se queja siempre de que producen embotellamientos. disfruto poniendo la tele por la noche y viendo nuestra hermosa cárcel de ladrillo rojo y columnas blancas. porque yo no he sido acusada injustamente. El sueño era tan real como si estuviera despierta. Sacó del frigorífico una barra de mantequilla sin sal y la puso en el cacharro de cobre que María nos trajo de París. el ojo morado. «Debe de haberle odiado mucho». a dejarme salir de aquí. por delante de la cárcel.» Me imagino a las manifestantes enarbolando esas tristes pancartas hechas con un cartón sujeto a un palo. respondo. Me hace la pregunta con gran naturalidad. la asquerosa llaga de mi pierna. Por la tele se muestran tan apasionadas que me resulta muy difícil creer que la persona en cuestión sea culpable. Gordon estaba pensando. A Gordon esto le hizo morirse de risa. porque considero que eso no es asunto suyo. «te quiero». sobre todo durante los meses de calor. «No lo sé». con aire muy colonial. Luego me habla de las manifestantes que marchan por la carretera A. me pregunta una celadora. Así que me fastidia imaginarlas dando vueltas con unas pancartas que dicen.. No necesitábamos hablar porque podíamos leernos mutuamente los pensamientos. dice con voz llena de simpatía. A mí nunca me molestaron. DEJADLA VOLVER A CASA CON SUS HIJOS.. y yo estaba pensando. Anoche soñé que él estaba allí. Yo pense. «¿Por qué mató usted a su marido?».. LIBERTAD A SOPHIE. incluso más real. cuando todos los veraneantes vienen por aquí. Estábamos cociendo langostas en la cacerola de esmalte negro moteado y escuchando la WGBH en la radio. como si me estuviera preguntando si tenía intención de cocinar el pollo del carrito de la compra.. objeto de una cosa tan interesante como una manifestación. «estas langostas están casi hechas». Sólo quiero que me deje en paz. La he visto de uniforme en Caldwell's comprando comida. envolvió con ella una ~139~ . Examinan mis contusiones. «Son sobre todo feministas que tienen problemas como el suyo y quieren verla fuera de aquí. Luego cogió una funda de almohada de la secadera.

—Ésta no es la cuestión —intenté explicarle. despierta. puedo imaginar lo que e>. Verdaderamente esto es una celda. la noche en que nos conocimos. Polly nos machacó con los ganadores del Derby de Kentucky porque sus padres tenían esos estúpidos vasos de whisky representando a todos los grandes caballos: Man O'War. No puedo dejar de pensar en Gordon. bajo observación. Ellos fumaron marihuana pero yo no quise. Gordon estaba solo en el bar.. Al desvanecerse el sueño me siento sola y deprimida. pero no estábamos hablando de un bachiller. como en su juego con la cuerda. Oigo su voz. Nada para leer. así que decidimos ir juntos. pero me di cuenta de que él no pretendía hacerme daño. En la Fiesta del Trabajo yo había ido a bailar con Billy Walker. Billy y yo. Por aquellas fechas él y yó habíamos terminado el último curso.langosta y me la ató alrededor del cuello. Cometí el error de decir a Billy lo maravilloso que me parecía que Gordon asumiera el negocio de la familia cuando. Pregunté si me permitirían tener unas fotografías de Simón y Flo. Me tienen ais lada. así que me reí como si le creyese un auténtico genio. Apretó demasiado. él era un licenciado en Princeton con el mundo a sus pies. con esa postura suya tan maravillosa. Tengo una cama estrecha. la plantación de manzanas en la primavera anterior. pero de hecho lo supe ya aquella noche ~140~ . Desde luego yo comprendí que sus sentimientos hacia mí eran más profundos que los míos hacia él. —¿Es tan importante vender artículos de ferretería? —preguntó Billy.. —Vete y dile que necesitas un tornillo —dijo Billy haciéndose el gracioso. En el sueño yo era feliz. después de todo. Yo había leído en el Hatuquitit Inquirer una reseña de cómo se había hecho cargo del negocio de ferretería de su padre. Aquella noche me enamoré de él. un retrete y un lavabo. la celadora contestó que esta noche no sería posible. Localicé a Gordon tan pronto como entré allí. La Navidad pasada. ninguno de nosotros tenía plan. Durante todo el camino hasta el club náutico. vuelvo a vivir los tiempos que estuvimos juntos. Creo que temen que intente suicidarme. la compra de los zapatos de los niños en Jewel Box Malí.. con su cazadora azul. John Hannigan y Polly Stubbs. En cierta ocasión dije a María que a mitad de nuestra primera cita supe que deseaba casarme con Gordon. ni periódico ni música. estar muerto. pero que las pediría cuanto antes. Secretariat. Seattle Slew y Northern Dancer. Mi cuerpo y la ropa que me han dado para ponerme son las únicas cosas sin cerrojos en esta habitación. sobresaliendo unas seis pulgadas de todo el mundo que le rodeaba. Acababa de volver a casa desde Prince-ton. y sentí una descarga eléctrica como no la había vuelto a sentir desde Jack. Luego me desperté. estaba viva.

y me sentí muy mal por haberle engañado de aquel modo. —Estoy a punto de hacerte una pregunta estúpida —le dije. Bueno. Estuvo solo casi toda la noche sin prestar atención a las chicas que estaban a su lado y que tomaban su tiempo para pedir bebidas. —Estoy seguro de que no será así —me contestó con una sonrisa. incluso antes de hablar con él. ~141~ . Eran unos ojos en los que yo podía confiar. —¡Qué lástima! —exclamé—. Pude verle imaginándose la inspección del vehículo. —¿Te gustaría que cenásemos juntos? —me preguntó él—. Él frunció el ceño. Quise parecer tímida. Al día siguiente Gordon me telefoneó. Billy había apartado a Peter y estaba bailando con Nell. así que pedí a John que me llevara a casa y en el camino le rogué que atravesara la ciudad. Parecían muy tristes. si lo encuentras. lo que aproveché para esconder mi permiso debajo de una lata de coca-cola ante la tienda de Gordon. —¿Encontraste por casualidad un permiso de conducir en la acera.en el club náutico. Pero leí en sus ojos que necesitaba a alguien tanto como yo. y no necesité esforzarme mucho. Voy a pasar a recogerlo. Asi podría entregártelo. John se puso a reír como un loco. Luego le di mi número de teléfono y me despedí. un buen negocio y los ojos más dulces que jamás había visto.. Me pararon para inspeccionar el coche y recuerdo que el agente me devolvió mi permiso. La recuerdo perfectamente: tenía una cubierta anaranjada con el sello de Princeton impreso en negro. —¡Estupendo! —exclamé—. Caminé hacia el bar y me aclaré la garganta. —Sophie Dark —dije. pero cuando llegué a casa no pude encontrarlo. —No. así que por fin saqué fuerzas de flaqueza.. dos coches de policía y una hilera de automóviles delante de su tienda. —Lo he encontrado —me dijo. Pero le había estado observando un rato y me di cuenta de que él no era de los que responden al típico flirteo. ¿querrás hacérmelo saber? —Por supuesto. ¿Cómo te llamas? —preguntó sacando una pequeña agenda. posición social. no lo he encontrado —dijo. Le hice prometer que no se lo contaría a nadie. —Me encantaría —dije. delante de tu ferretería? —pregunté—. Lo tenía todo: apostura.

» Ésta hubiera sido una respuesta a la medida para el hombre ~142~ . luego sopa de mariscos y por último langosta rellena. donde se había graduado en Económicas y había remado con el primer equipo.Me llevó al Sea Shanty. Me entran ganas de llorar sólo de recordarlo. Estuve a punto de decir que me gustaban las almejas crudas y la langosta cocida. Jack me había llevado a sitios muy agradables. con una Fulbright. ¿Qué habría contestado yo si él me hubiese preguntado el porqué de tal decisión? Aún me asusto al pensar en lo que le habría dicho: «Decidí quedarme aquí. pidió almejas casino. Me dijo que había tenido una novia en Bryn Mawr. —Fui a Radcliff —le dije—. Virtualmente no se requería nada para herir los sentimientos de Gordon. pero con Gordon fue diferente: serio y adulto. Gordon me habló de Princeton. A él le complació mucho pedir esa cena especial para los dos. —Me encantan las almejas casino y la langosta rellena —comenté tan pronto como me di cuenta de que estaba estropeando sus planes. porque deseo una vida sencilla. ¡Qué feliz me habría sentido aquella noche si hubiera sabido que aquélla sería la mesa que Gordon y yo ocuparíamos cada aniversario durante los próximos doce años! Ni siquiera me dejó mirar el menú. Podrías decir una cosa inoportuna y no darte cuenta de ello durante una hora. me habló de ofertas de trabajo que había recibido de la IBM. y pasé mi año júnior en Roma. Yo culpo de eso a Ed y Gwen. Eso de la carrera lo dejo para mi hermana. Todo el mundo pensaba que yo iría a Cambridge para hacer la licenciatura. estudiando arqueología. Luego empezó a hacerme preguntas sobre mí. quienes le educaron de tal forma que no tenía la menor confianza en sí mismo. aunque él no lo dijera de momento. pero que rompió con ella antes de su baile de debutante. Ocupamos una mesa junto a la venta na. Cottage y Tiger Inn por considerarlos demasiado exclusivistas. en Hatuquitit. Mientras tomábamos unos whiskies. Aborrezco esta parte. como si temiera dejar entrever sus sentimientos— me hizo pensar que tal vez había sido ella la que había roto con él. que estaba dispuesto a sentar cabeza. Ella le había estado presionando para que hiciera una promesa de matrimonio. hasta que él sacaba fuerzas de flaqueza para decirte lo mal que se sentía. Supe. una mesa que según me dijo sus padres siempre reservaban para los cumpleaños y aniversarios. me adjudiqué las credenciales de María. y donde había rehuido los grandes clubes como Ivy. Me pareció tan ufano que no pude cesar de sonreírle. Pero algo en su forma de expresarse —demasiado aprisa. pero me contuve al ver su expresión. Como no pude imaginarme que un licenciado de Princeton quisiera casarse con una mujer que no había salido nunca de Hatuquitit salvo para ir a la Universidad del Estado. Por lo demás. pero decidí no hacerlo. Merrill Lynch y el Chase Manhattan Bank.

un buen negocio y un porvenir sereno. fiable. Felicia Woods. mi niño? Sabes que su madre es una terrible esnob y también lo que tú piensas del esnobismo. remedando perfectamente su voz. Me encontré pensando en términos de escapatoria. y que tarde o temprano se cansaría de su nueva novia y la abandonaría como había hecho conmigo. al igual que él. mi condiscípula y ~143~ . escuchándole aplicar los principios de la economía que había estudiado en Princeton al negocio de la ferretería. rehuía ciertos clubes de Princeton por creerlos demasiado exclusivistas y que volvía a casa para administrar el negocio de la familia. Me lo imaginé dando las gracias a su buena estrella por haberle enviado una mujer con tanto talento que podría haber hecho grandes cosas fuera pero que había preferido volver a casa. ¿Con cuanto de la verdad podría salir librada? ¿Qué pasaría si le contase que yo había protagonizado la presentación de «Aida» en el último curso? ¿Qué pasaría si le dijese que la Yale Review había publicado un poema mío? ¿Qué pasaría si le dijese que yo había roto con Jack por creerle demasiado artificial? Me despojé de esas tres mentiras para quedarme con la verdad desnuda: que me había especializado en inglés por el bachillerato. cómo intentó disuadirle su madre! Gordon solía contarme las cosas que ella le decía. Gordon tenía muchas ventajas de las que carecía Jack: una familia sólida. Me incliné hacia delante y apoyé la barbilla en la mano para que mis ojos chispearan a la luz de la vela. Nuestra boda sorprendió a todo el mundo menos a Gordon y a mí. tal como lo haría tantas veces a lo largo de los años. que a Jack le gustaba la diversión más que cualquier otra cosa. me sentí avergonzada de mis verdades y contenta por no habérselas dicho. Su hermana sí que es todo un personaje. Pero él no me preguntó nada. «¿Estás seguro. yo habría rechazado una oportunidad que muchos envidiarían. Hice un recuento de mis propios beneficios. Me dije que la vida con Jack habría sido como una montaña rusa. Por alguna razón. en cualquier caso más que a mí. Apenas la dije.que . cuánto amor necesitaba y cuánto estaba dispuesto a devolver.. Sentada junto a Gordon. a Hatuquitit. Pero la noche se estropeó por culpa de mi mentira. empecé a cavilar sobre la forma de deshacer el entuerto. y que el chico de mis amores con quien iba a casarme se había enamorado recientemente de otra mujer y me había abandonado. porque claro. Su sonrisa me hizo derretirme. —Me alegro de que decidieras no marcharte —me dijo cubriéndome la mano con la suya. ¡Dios mío. Allí. desde el principio me di cuenta de lo leal que era Gordon.. en la mesa. ensayé diversas retractaciones. que había cantado ópera en el club. Estaba segura de que eso no pasaría nunca con Gordon.» Gordon nunca le contó que yo había dicho que fui a Radcliffe.

que me pasé unos días en la cama. Gordon no dijo jamás ni una palabra sobre mi mentira. pero no lo conseguirá. y que Felicia y Carol me tuvieron que arrastrar hasta la enfermería. al menos. Intenté engañarme a mí misma. Anoche. Ellos se pasaron todo el tiempo limpiándome la sangre. Me gusta el juego de Simón y Flo. Seguramente hará todo lo posible para olvidar que estoy aquí. cloqueando como gallinas. diciéndome que mi vida había sido una pesadilla. Simón prohibe a Flo que piense en semillas de lima. Probablemente soy la única persona del mundo que va a una cárcel que está al lado de la casa de su madre. y también lo de mi ruptura con Jack. era la maldita ahijada de Gwen y había contado a ésta todos los detalles de mis estudios. hasta hace dos años. Pobre mamá. mientras yo apretaba la mano para conservar unas motas de su sangre bajo las uñas. intenté no pensar en Gor-don. y entonces ella sólo puede pensar en semillas de lima. me dije. Sé que es patético. ella está más allá de esos árboles. No tienes por qué pensar más en él. pero es todo cuanto me queda de él. por supuesto. Pero Gordon es la única meta de mis pensamientos. ~144~ . asegurándome que aprobaban lo que hice.compañera de dormitorio. cuando me trajeron aquí.

—¿Podemos ver la TV? —preguntó Simón. En casa tenemos tele. ¿Cuál es tu libro favorito? —No lo sé —contestó Simón con desgana. Hallie. ~145~ .. —Ya te he dicho que no tengo televisión —contestó María—. Le empezó a temblar el labio—. pero mañana era el funeral de Gordon. —Eres un poco mayor para «Charlotte Web». Supongo. —Sé que los echas de menos —la consoló María. —¿Y tú.. Percibió físicamente las palabras que no podía decir—. —Pero yo quiero ir a casa.CAPÍTULO XIX —«Charlotte Web» es mi libro favorito —dijo Flo—. Si se le ocurriera algún libro del que los dos pudiesen disfrutar. Pero los dos volverán pronto a casa. —Echo de menos a mamá y a papá —se lamentó Flo. ¿verdad? —dijo María rompiéndose la sesera para hallar una solución. Simón? —preguntó María—. Todos le hicieron numerosas recomendaciones y preguntas sobre los niños. Compraremos uno. con el ceño fruncido. Luego le tendió la mano a Simón. —¡Cállate! —gritó Simón. ella podría leérselo durante una hora y luego se cansarían y se irían a la cama. las disposiciones para el funeral de Gordon y la investigación policial. María rodeó con un brazo a Flo... Durante todo el día los niños habían estado sentados muy quietos en la sala o habían estado correteando por el patio mientras María intentaba entretenerlos. —No podemos ir a casa —intervino tajante Simón. Peter y Nell le estuvieron llamando constantemente para contarle las últimas novedades sobre Sophie. —Seguro —dijo María. que parecía más animado de lo que había estado durante todo el día. —¿Podrás comprar un «Sony Trinitron»? —preguntó Simón. —dijo Flo. pero éste se hizo el desentendido. Había estado a punto de decir «mañana». —Y se quedó sin terminar la frase. Una policía se había pasado la mañana interrogándoles y ambos aseguraron que habían estado viendo la televisión cuando su madre entró para decirles que había golpeado accidentalmente a su padre con el coche.

—Me pregunto por qué diría una cosa tan extraña —dijo María sin querer presionarlos pero deseando conocer los detalles. Vamos. —Sí.—Es como decir. echándose hacia atrás el pelo de una manera que recordó extrañamente a Gordon. Ahora ella es una de esas señoras en la cárcel. con algunos abogados y con un juez para decidir cuánto tiempo ha de estar en la cárcel. —Ya lo sé —dijo—. —¿Qué tiene de extraña? —inquirió Simón—. Los tres llevaban puesto el pijama.. Pero Simón volvió la cabeza y le dirigió una sonrisa taimada. Se dio cuenta de que había asustado al niño. da un beso de despedida a mamá —dijo Simón. el tío Peter ha contratado al señor Grunwald para que actúe como abogado de mamá. —Bueno. —Una vez papá dijo que ella iría allí algún día —dijo descaradamente Simón. —Es cierto que ella ahora mismo está allí —dijo María con lentitud—. el de Simón era de franela. Él tenía razón. —¿Qué quieres decir? —preguntó María. claro —murmuró Simón mirándose la rodilla.. Mamá tiene niños pequeños de que cuidarse. poniéndolo tan tirante como el hilo de un huso. ¿no? —Ella te quiere mucho —dijo María. —¿Cómo puedan hacerla estar allí? —preguntó Flo—. cubierto de dinosaurios. Pobre papá. El señor Grunwald hablará con la policía. —Sí. ella ahora está allí. —¿Qué va a pasar? —preguntó Simón con tono insistente. ¿Acaso no he dicho que sí? ~146~ . es verdad —dijo Flo—. María intentó desenredarlo. Pero no sabemos por cuánto tiempo. —¿Qué va a pasar? —preguntó ansiosa Flo. fingiendo concentrarse en el pelo y esquivando la pregunta. ¿qué quieres decir? —Él lo decía siempre —contestó Simón. El niño tocó un pequeño orificio en la cabeza de un estegosaurio. —Que no volverá a casa —contestó Simón—. que se puso a mirar el suelo—. —¿Qué quieres decir? —preguntó María con un tono de voz más autoritario del que hubiera querido. retorciendo entre los dedos un mechón de pelo. —¡Es cierto! — María se sintió embargada de frustración.

. un fin de semana cuando ella y Aldo estaban pasando una temporada en Hatuquitit.. deseando conducirles lo más cerca posible de lo sucedido la noche anterior. el fiscal del distrito. Pero buenas reposiciones. pero creía que era la registrada por Gordon. —¿Qué visteis anoche? —preguntó María. Tuvo la impresión de estar jugando con fuego: se dio cuenta de que podría ser peligroso para los niños empezar a recordar cosas en el momento de acostarse. Pero no supo qué decir. —¿Estáis cansados? —Un poco —dijo Simón—. pero en la enfermería de la cárcel le habían curado un hombro dislocado. pero no pudo detenerse. Bob Fredrerickson. y explicarles lo que verían. No había hecho de niñera con ellos desde que eran muy pequeños. Después me parece que «Cosby». —Me gustaría que tuviésemos una tele aquí —insistió Simón.Sus palabras la dejaron perpleja y sintió un escalofrío por la espalda. —¿No te gusta esa niña pequeña que sale en «Cosby»? —preguntó Flo tirando de la manga a María—. María pensó que debería hablarles del funeral de su padre al día siguiente. contó a Peter que Gordon había recibido cinco balazos de un revólver treinta y ocho. No pudo imaginar lo que habrían presenciado los niños. Y se preguntó cuál sería su ritual para irse a la cama. ¿ No te parece divertida? Mamá siempre me trenza el pelo como a ella. Sophie no había reconocido nada. —Vale —dijo María. —¿Podemos irnos ya a la cama? —preguntó Simón. —Reposiciones —dijo Simón—. y Sophie y Gordon querían ir a Nantucket. ~147~ . —A los dos os gusta la tele. El cuerpo había sido arrojado por la ventana y fue arrollado varias veces por el vehículo. Y si además no tienes tele. quien normalmente la guardaba en su mesilla de noche. que había sido condiscípulo de Sophie en la escuela. —¿Reposiciones de qué? —«Kate and Allie» —dijo Simón—. La policía aún no había encontrado el arma. —¿Os lavaréis los dientes? —preguntó intentando recordar cuál había sido su rutina cuando niña—. —Nos encanta —dijo Flo. diversas laceraciones y una torcedura de muñeca. ¿verdad? —preguntó María. ¿Os arrodillaréis para rezar vuestras oraciones? —¿Podríamos comer algo antes de acostarnos? —preguntó Flo esperanzada.

—¿Qué os parecen unas tostadas con canela? —Estupendo —dijo Simón. y se sentía profundamente avergonzada ante la tremenda situación. Hallie había permanecido tiesa como un bastón hasta que la gente quedó en silencio. Al llegar a la iglesia los Dark se habían encontrado con la entrada bloqueada de reporteros y fotógrafos. los niños Littlefield y Julián Porter estaban en la iglesia de St. Peter. Al entrar el reverendo Hawkes. Gwen llevaba un espeso velo que le cubría toda la cara hasta el labio superior. Flo no quería soltarle la mano. Por otra parte lamentaba la muerte de Gordon. Cuando María levantó la mirada vio que las lágrimas goteaban por la barbilla de Gwen. con Andy en brazos. unos guantes negros de cabritilla y unas botas italianas de tacón alto. entre los Dark y los Littlefield. El féretro de Gordon apareció transportado por su tío y sus primos. Hallie estaba muy inquieta. y a Hallie. —Me gustaría que Gwen dejara de dar este espectáculo —susurró Hallie. yt no cesaba de llorar. —El funeral de Selectman Brown no atrajo tal multitud. —¿Quieres hacer el favor de callarte? —masculló Hallie entre dientes. —No tenemos ningún comentario que hacer —dijo con fría dignidad. policías y reporteros de toda la región. y Nell ocupaba el extremo del banco. Luke. adorables con su ropa festiva. Luego proyectó la cabeza hacia delante y María pudo ver su perfil mirando ceñudo al reverendo Hawkes. María y Peter habían intentado convencerla de que tomara un valium antes de salir de casa. —Esto es totalmente horrible. todos los reunidos se levantaron de sus asientos. inclinándose hacia él como si éste ejerciera una atracción física. El resto del templo lo llenaban amigos de Sophie y de Gordon. a quien había querido mucho. ~148~ . lo depositaron en el pasillo. María no apartó la vista de los niños. Simón miró fijamente el féretro. gente de la ciudad. estaba sentado entre Flo y Simón. Hallie estaba preocupadísima por Sophie. muy elegante con un traje de «bouclé» negro. Es mortificante —susurró Hallie a María. enfocando a Simón y Flo. Ed y Gwen Littlefield estaban al otro lado del pasillo. Todos los Dark. a unos seis pies de Gwen Littlefield. sentados en el mismo banco que había ocupado la familia cuando el entierro de Malcolm. y eso que él murió en acto de servicio —susurró Hallie —¡Chis! —dijo María. —No olvides que Gordon era su único hijo —dijo Julián con afabilidad. Luego los fotógrafos empezaron a disparar sus máquinas.

María miró a su alrededor. Porque María recordó que al preguntar a Sophie si lo había hecho adrede. Simón y ella eran los únicos miembros de la familia Dark y Littlefield que no lloraban. Sophie y Gordon habían estado casados durante doce años. María imaginó que Sophie miraría por la ventana y vería pasar el coche fúnebre con el cuerpo de su marido y las limusinas con su familia. —Los ángeles se están llevando a papá al cielo —dijo Flo a Simón con voz normal. María sintió que le caían las lágrimas de los ojos.Flo echó una ojeada al féretro. Hallie se inclinó por delante de María para palmotear la rodilla de Flo. ésta había respondido que sí. María. Todas las pruebas evidenciaban que Sophie había matado deliberadamente a Gordon pero Sophie no lo había reconocido así ante nadie. apartó la vista y miró otra vez. Debe de ser muy ~149~ . que como de costumbre no se apartaba lo más mínimo de Hallie—. habían tenido dos hijos maravillosos. La procesión fúnebre tendría que pasar por allí camino del cementerio. que había estado llorando en silencio. Dadas las circunstancias. La mirada de Duncan se cruzó un instante con la suya antes de que María desviara la vista. Sin embargo. sabiendo que el funeral de Gordon estaba teniendo lugar sin ella. De pronto se dio cuenta de que Flo. Díselo a tu hermano. Se preguntó si Sophie lloraría o si el alivio al verse libre de Gordon aplacaría su dolor. Simón asintió. sintió que las lágrimas se le secaban. la saliva resbalándole por la barbilla. de vuelta en casa. María imaginó cómo se sentiría Sophie en aquel momento. sola en su celda. María recordó que Ed había llamado «Ticky» a Gordon en su fiesta de aniversario. todavía ceñudo. Exceptuando a María. La cárcel estaba a sólo unas millas. la noche en que Gordon había enviado a Sophie al hospital. y pensó que eso era debido a que eran las tres personas más cercanas a la verdad. Se oyó un enorme sollozo. y María pensó que en algún momento de ese período Sophie debió de haberle amado. ¡Como si nosotros nos sintiéramos felices por lo ocurrido! —Después de todo Gordon era su hijo —dijo Peter. Oyó otra vez el sollozo. Con rostro pétreo miró hacia el frente. —¡No puedo dejar de pensar en cómo nos desairaron! —dijo Hallie. Vio a Duncan de pie con su esposa unos bancos más atrás. —Eso es lo que le estoy diciendo todo el rato —dijo Julián. Cuando el reverendo Hawkes empezó a hablar. Alargó el cuello para mirar por encima del féretro y vio que Ed estaba llorando con la boca abierta de par en par. habían decidido no invitar a otros asistentes al funeral para el acostumbrado café con pastas—. Quiso secárselas pero Flo le cogía una mano y Hallie la otra. —Los ángeles se llevan a tu papá al cielo —susurró—.

Estoy segura de que los dos conocen lo ocurrido. —¡No tenemos la seguridad de que esto sucediera! —gritó Hallie—. Supongo que lo recordarás. Y eso se remonta a nuestra época de niños. ¿dónde está el arma? Todo el mundo la miró con simpatía y nadie se molestó en discutir. Sentémonos y tomemos una copa. —Yo creo que son muy valientes —dijo Hallie. —Permíteme que insista —dijo Julián conduciéndola fuera de la habitación. —¿Cómo es posible? —dijo Hallie—. Gordon ha estado maltratando a Sophie durante años y Sophie ni siquiera ha podido pedir ayuda a mamá —farfulló María pensando lo solitaria que se habría sentido Sophie y cómo habría temido confiar en alguien. —Si ella hubiese prestado más atención quizá no habría ocurrido nada de esto. Si ella le disparó. y a mamá le preocupa terriblemente lo que la gente puede pensar si alguien le hace tomar una copa. Su sentido del decoro se ofendió con la mera mención de una copa antes del mediodía. —¿Una copa? —exclamó desdeñosa Hallie. —Cálmate —dijo Peter. —No saben lo que sienten —terció María—. ¿Por qué no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo? —Sophie siempre ha protegido a tu madre —dijo Nell con suavidad—. y donde Andy jugaba con sus bloques. ~150~ . —Vamos. —¡Esto es increíble! —exclamó María enfurecida cuando su madre abandonó la estancia—. O por lo menos debieron oír los disparos.doloroso perder el único hijo. Nell echó una mirada al estudio donde Simón y Flo estaban viendo un espectáculo deportivo. Luego sintió un arrebato de cólera contra Peter y Nell. Querían a su padre pero vieron lo que le hacía a su madre. —No puedo dejar de pensar en que ni Simón ni Flo muestran emoción alguna —dijo—. —Ellos vivían allí —dijo María mirando fijamente a Hallie. —Deben de haber visto que Sophie disparó contra Gordon —dijo Peter en voz baja—. querida —dijo Julián al cabo de unos instantes—. sobre todo contra Nell—. Deben de estar muy confusos. Nosotros no sabemos lo que sucedió y somos adultos. Sophie está en la cárcel por disparar contra Gordon. Esos niños me preocupan.

¿Qué derecho tienes a ser la conciencia de la familia? Dime. —No odies a mamá —dijo Peter sentándose y cogiéndose la cabeza con las manos—. Tú crees que yo debería haber visto venir esto y haberme cuidado de Sophie. tal vez pensara que ella podía asumirlo. —Nell balbució las últimas palabras como si no hubiese querido decir tanto. era ella ante quien Sophie había reconocido su intención de matarle —Nosotras también estábamos unidas —dijo Nell. —De hecho. —Sé que estabais unidas —dijo María. Andy apareció tambaleante en la puerta do la cocina y se detuvo lloriqueando hasta que su madre lo cogió en brazos—. las cosas entre Sophie y Gordon se habían deteriorado después de que Ma ría llegara a Hatuquitit. ¿qué derecho tienes? Nosotros no sabíamos nada. Se le puso la piel de un rosa febril—. ¿O era simplemente que nadie se había apercibido antes? —Nosotras estábamos demasiado unidas —dijo indecisa— Ella no podía ocultarme la verdad. La estriden cia de su voz llamando a Andy recordó el silbido agudo de alguien llamando a un perro. yo creo que deberías reconocer que las cosas han empeorado cien veces desde que regresaste.—Claro que lo recuerdo —dijo María molesta. No quiso ya culpar a nadie: sólo ~151~ . Antes de que tú volvieras a casa. —O tal vez pensara que mamá se avergonzaría —dijo María—. María suspiró con un estremecimiento y se sentó junto a Peter tocándole la rodilla con la suya. Peter. De hecho. nosotras solíamos salir juntas dos veces al mes. —Querrás decir que ella no aceptaría que Gordon golpease a Sophie —la corrigió Peter con tono amable. Mamá ha dejado siempre bien claro lo que ella está dispuesta a aceptar y lo que no. Quiero decir que la primera persona a quien mamá criticaría sería a Sophie. —Tal vez Sophie no quisiera agobiar a Hallie. Y desde luego estoy segurísima que ella no aceptaría que Sophie se dejase golpear por Gordon. Creo que la cosa ya está suficientemente mal como para que además nos empecemos a odiar unos a otros. Peter quiere a Sophie tanto como tú y como yo. —Y María recordó que era ella a quien Sophie había telefoneado después de matar a Gordon. —Eso no es lo que he querido decir —contestó María alzando la voz—. No pongas en mis labios palabras que no he dicho. perdóname pero vete a la porra —dijo Nell. —Bueno. Las palabras de Nell tuvieron una resonancia de la que María no pudo desprenderse. pero aún con una actitud de desafío. así lo creo —dijo María serenándose.

Esa idea la hizo gemir. y también Sophie lo sabe. Yo lo sé. No lo veo de esa forma ni mucho menos. ¿n< > crees? Aquella noche. Y Peter le tendió los brazos. con lágrimas resbalándole por el rostro lívido. Él y Flo estaban en el umbral. tal vez Gordon estaría vivo y Sophie en libertad. con lágrimas resbalándoles por las mejillas. —¿En medio? —inquirió desconcertada María. Y pensó que Hallie y Nell estaban cortadas por el mismo patrón. —Odiamos las peleas —gimoteó Flo. Sophie habría sabido que las quejas de Hallie provenían de un universo que no era el de María ni el de nadie más. —¿Que he perdido el juicio? —Nell empezó a sollozar. sin tocarse. —¡Como si ella y yo no fuéramos iguales! —dijo María dejándose dominar otra vez por la furia. —Todas esas noticias sobre Sophie y Gordon la han golpeado con una fuerza increíble. La expresión de Andy pasó de la preocupación al terror y empezó a lanzar gemidos. —Ella se queja de ti. ¿por qué no le dijiste que sabías que estaba robando? Eso la habría ayudado. Ella los creía un matrimonio perfecto —dijo Nell con calma exagerada. y estoy cansado de que me cojáis en medio. Yo habría hecho cualquier cosa para ayudarla. Ella está pasando por un infierno. —¿Acaso habría sido tan horrible dejarla que siguiera pensando que Sophie había abortado y que pensaba llamar Hathaway al bebé? —Has perdido el juicio —dijo María. dada —dijo Andy. Estoy un poco harto. Nell. —Creo que deberías dejar en paz a mamá —dijo Peter volviéndose hacia María—. cuando te robó el dinero en el aeropuerto. Estrechó a Andy contra su pecho—. intentando pacificar los ánimos. ¿por qué no se lo dijiste? —No lo sé —dijo intimidada Nell. Pero estaba segura de que ella se avergonzaría si le decía que estaba robando. María se volvió hacia los niños sin atreverse siquiera a respirar. que ambas preferirían preservar el statu quo a buscar la verdad y quizá salvar a Sophie en el proceso. Si todo el mundo hubiese actuado antes. no deseando causarles más dolor del que ya sufrían. —¡No os peleéis! —vociferó Simón. ~152~ . —¿Así que tenemos la responsabilidad de ayudarla a engañarse a sí misma? —preguntó María—. No os habéis llevado bien desde que volviste a casa. tú te quejas de ella. —Dada.quiso entender—. —Nell quiere a Sophie —dijo Peter sonriendo a Nell y mirándola como si quisiera infundirle ánimos—. Pero escucha.

María oyó que Nell susurraba a Peter: —Al fin está llorando. Tarde o temprano tenía que llorar por su padre. —Y quizás el alivio de ver a Flo comportarse como una niña normal hizo que Nell se secara sus propias lágrimas. Pero mientras abrazaba a sus sobrinos, María dudó de que éstos derramaran lágrimas de dolor sólo por Gordon. Ni Simón ni Flo podían soportar ver cómo se peleaban María, Nell y Peter, porque ellos sabían adonde conducían las peleas de personas que presuntamente se querían.

~153~

CAPÍTULO XX
María se encontró cara a cara con Sophie en una antesala de la cárcel reservada por lo general para las entrevistas entre las reclusas y sus abogados. Steve Grunwald había pasado la hora anterior con Sophie; hacia el final había llamado a María y luego las había dejado solas. —Parece eficiente —comentó María refiriéndose a Steve. —Es simpático —dijo Sophie—. Resulta curioso que mi destino esté en manos de un tipo con quien he jugado a balonvolea. —¿Tu destino? —inquirió María. —Las personas que hacen lo que yo hice son condenadas a muerte —dijo Sophie con amargura. —Vale, vale —dijo María mientras tanteaba inconscientemente debajo de la mesa. Se dio cuenta de que estaba buscando un micrófono—. No hables de esa manera. —¿Por qué no? —dijo Sophie sin el menor rastro de nerviosismo en la voz. Tenía el aire de alguien que se ha rendido. Su traje carcelario sin forma era lila, el mismo color de esas toallas de papel enrollables en los lavabos de los restaurantes. Le venía muy holgado. María pensó que Sophie había perdido peso durante su estancia allí. —Quiero, quiero... —balbuceó Sophie. María no dijo nada; esperó a que Sophie continuara. Sophie inclinó la cabeza y dio algunos estirones a la tela de su traje; María supo entonces de quién había adquirido la costumbre Simón. Miró fijamente la cabeza de Sophie mientras ésta jugueteaba con un botón casi suelto de su manga—. ¿Cómo están los niños? —preguntó por fin Sophie sin mirar a María. —Están pasando unos días difíciles —dijo María. —Cuéntame... —Sophie se interrumpió con una risotada—. ¡Como si yo no lo supiera! —Los dos están tristes. No quieren contar a nadie lo que sucedió. Flo se comporta como un bebé. Se pasa el rato chupándose el dedo; anoche se orinó en la cama. Simón se muestra agresivo. —A Flo le encanta hacerse el bebé —dijo Sophie sonriendo por primera vez—. Le gusta acurrucarse en el regazo y hacerte jugar con su pelo. ¿No te lo

~154~

ha contado? —Sí —dijo María, aunque eso había sucedido sin que ninguna de las dos pronunciara una palabra. Una noche en que María se había sentado en el sofá para leer, Flo, con su camisón de rayón rosa, se subió a su regazo, cogió la mano izquierda de María y se la puso en la cabeza. María captó la idea y empezó a revolverle los finos mechones. Ahora Sophie frunció el ceño. María se preguntó si estaría celosa de que Flo le permitiera jugar con su pelo. —Te echan de menos —dijo. —Saldrán mejor librados sin mí —dijo Sophie con cierta dureza en la voz. —Eso no es verdad. — Flo se orina en la cama desde hace meses —dijo Sophie con vivacidad, como si quisiera hacerse cargo del asunto—. Eso la hace sentirse muy molesta. ¿Le has hecho saber que estás enterada? —Claro —dijo confusa María. —No debieras haberlo hecho. Eso aún la pone más inquieta. Limítate a cambiar las sábanas sin decir nada. —¿Por qué les gustarán tanto los secretos a todos los miembros de esta familia? —explotó María—. Hallie es igual. No quiere hacer saber a Nell que está muy enfadada con ella, y no te dice que sabemos que Gordon te pegaba. — María miró fijamente a Sophie, esperando una reacción. —Apenas me pegó —dijo Sophie después de un largo silencio, pero utilizando un desconcertante tono coloquial—. Se pueden contar con los dedos de una mano las veces que lo hizo. Es extraño, pero eso no me molestó tanto como las otras historias. —¿Qué otras historias? —preguntó María. —No tengo intención de empezar a hablar de eso. —Sophie sonrió a María—. Es curioso que Steve se enfadara tanto cuando dije que Gordon muy pocas veces se mostraba violento. Dijo que eso podía dar al traste con mi defensa. —¿ Es que hay algo peor que ser golpeada ? —la presionó María. —Muchas cosas —contestó Sophie bajando la vista. Luego pareció recuperarse y dijo—: Pero no todo fue malo. No todo. Tal vez no lo creas, pero no conozco ninguna familia que tenga tanta reserva de amor como la nuestra. María asintió y cogió la rolliza mano de Sophie a través de la mesa. Estaba convencida de que Sophie lo creía así, y en diversas ocasiones ella misma lo había pensado, un hecho que ahora le causaba incredulidad. Ella había

~155~

envidiado la intimidad de Sophie, Gordon y sus hermosos hijos. —¿Así que te quedarás con los niños una temporada? —preguntó Sophie recobrando la compostura. —Tanto como haga falta. —¿Por qué? —inquirió Sophie, otra vez con voz temblorosa—. ¿Hasta que yo salga de aquí? —¿Qué tal te va? —preguntó María—. ¿Es terrible la vida en este lugar? —No es demasiado mala. No hay intimidad. Me tratan como a una... — Sophie frunció el ceño buscando la palabra. —¿Mierda? —sugirió María. —Todo lo contrario —dijo Sophie—. Como a una heroína. No sólo las reclusas sino también las celadoras. Muchas reclusas tienen maridos que las han maltratado. La violencia no es nada nuevo para ellas. Me preguntan sin cesar si he visto la película «La cama ardiente». Les digo que lo que me sucedió no fue tan evidente, pero no me hacen caso. Me consideran una persona de una admirable sangre fría por haber matado a Gordon. —¿Por qué no pudimos haber hablado así de estas cosas antes de que sucediera nada? —preguntó entristecida María. —¿De qué cosas? —¿Por qué no me contaste lo que estaba sucediendo? —preguntó María —. Estoy segura de que hubiera podido ayudarte a salir del paso. —Yo no quise salir del paso —dijo Sophie repentinamente glacial—. Y en todo caso, ¿qué quieres decir con eso de «haber hablado así» ? Siento decírtelo, pero no voy a contarte nada. ¿Por qué estás tan desesperada? María se encogió como si Sophie la hubiese abofeteado. Intentó sacar algún partido de*l ataque de su hermana, pero lo que acababa de decirle Sophie la había dejado sin habla. Después de un largo silencio dijo: —Quiero que hables conmigo porque eres mi hermana y te quiero. —¿ Estás segura de que no es porque quieres conocer los sórdidos detalles? —preguntó Sophie, que parecía disgustada. En aquel momento María se dio cuenta de que su hermana se odiaba a sí misma. —Estoy segura de que ésa no es la razón. —No digo que esté desahuciada —dijo Sophie—. Pero me encuentro en muy mala forma. Eso sonó a una llamada de auxilio, pero María, todavía quemada porque Sophie le había dicho que estaba desesperada, se abstuvo de hacer

~156~

promesas. En el fondo de su pensamiento alentó la idea de que Sophie debería agradecerle su amor y su apoyo, el cuidarse de sus hijos y el permitir que Simón y Flo le trastocaran por completo la vida. —Necesitas a alguien —dijo Sophie—. Ahora que Su Santidad ha declarado que tú y Aldo ya no formáis ya una unidad. María sonrió. —Por ahora voy saliendo adelante. —Según he oído decir, en el local VFW celebran unos fabulosos bailes de solteros —dijo Sophie sonriendo—. ¿Por qué no vas allí? Podrías conocer a un hombre simpático. María pudo imaginarse el VFW. Tuvo la impresión de estar compartiendo la misma visión de Sophie: guirnaldas de papel de seda; hombres robustos con camisas de franela y gorras luciendo los logogramas de International Harvest, Toro, Chevrolet y VFW; mujeres divorciadas que habían llevado rulos una hora antes, y un triste ponche aderezado con whisky de centeno. —Ya me he estado viendo con alguien —dijo. —Duncan Murdoch. ¿Acierto? María asintió. —¿Te lo ha dicho mamá o Nell? Me creen una mujer terrible. —No, lo he adivinado. Siempre has estado loca por él. Desde el colegio, ¿recuerdas? Y no me digas que no. —Tienes razón —dijo María resplandeciente al rememorar cómo habían hecho el amor en su embarcación. Todo volvió a su memoria en un instante: la oscuridad cayendo sobre Lookout Cove, la cálida cabina, los brazos de Duncan rodeándole el cuerpo. —Él está casado con un auténtico murciélago —dijo Sophie. —¿Cómo es? —preguntó María. —Frivola. Cree que debería estar actuando en el Lincoln Center. Dos o tres veces al año intenta reunir a unas cuantas mamas musicales. Ella con el violoncelo, Sally Drake tocando el piano y yo cantando. —Sophie apoyó los codos en la mesa de fórmica. La conversación tomó un giro que trascendía del ambiente carcelario: ahora María y Sophie eran dos hermanas charlando. Podrían haber estado en cualquier otra parte. —¿Qué tiene eso de malo? —preguntó María—. Parece estupendo. —Pretende que la ciudad patrocine una serie de conciertos y lo proclame por todo el condado. Quiere ser famosa, pero te aseguro que no tiene talento para eso.

~157~

—No sabía que fuera aficionada a la música —dijo María. La deprimió hablar de la esposa de Duncan; sabía por experiencia lo mal que se pasa cuando termina un matrimonio. Hasta ahora su idilio con Duncan había tenido lugar en el agua, fuera de la ciudad, y esto la había mantenido al margen de lo que estaba sucediendo con la familia de Duncan. Su propia separación había sido dolorosa, y eso que ella ni siquiera tenía un hijo. Se preguntó cuándo se lo contaría Duncan a Alicia y a su hijo—. Él piensa dejarla —dijo a la defensiva. —¡Dios mío! La abandona por ti, ¿no? —preguntó Sophie, encantada—. ¿Estás enamorada de él? —Sí —confesó María ruborizándose mientras sonreía—. Pero no la deja por mí. Me dijo que ellos tienen problemas desde hace mucho tiempo. —Recordó la última vez que le había visto: en el funeral de Gordon con Alicia a su lado. Alicia la había sorprendido por su delicadeza. Tenía unos ojos grandes y hermosos de cervatillo. Era pequeña y frágil como un niño, con un pelo sedoso de color de acero que le caía por los hombros. —Estoy segura de que él no la deja por ti —dijo Sophie dándole ánimos—. Todo el mundo sabía que los Murdoch se divorciarían tarde o temprano. No están hechos el uno para el otro. Ella misma me lo dijo una vez. Como tú y Aldo. —Al ver la expresión de María, Sophie hizo una sonrisa tranquilizadora-^. Bueno, tengo razón, ¿no? De lo contrario aún estarías en Perú. —Es cierto —convino María con cierta sensación de tristeza. —Duncan es sexy. Sexy e inteligente. Necesitas afianzar el idilio. Lo que tienes que hacer es alquilar una limusina. Asegúrate de que la compañía este fuera del Estado. Intenta conseguir un coche con matrícula de Nueva York. Diles que lo lleven hasta el astillero y que lo aparquen ante la verja un día determinado. Procura que sea hacia el atardecer. La hora del cóctel es la mejor. —¿Cómo? —balbuceó María confusa. —Dispónlo todo para que te encuentres en el astillero. Hablando con Duncan de... bueno, no sé, puedes decirle que has perdido el ancla y que necesitas comprar otra. Entonces llegará la limusina. Todo el mundo se dará cuenta: ¿quién tiene una limusina en Hatuquitit? Duncan enviará a alguien para que pregunte al conductor lo que desea. Que el conductor diga: « El señor Springsteen está esperando a la señorita Dark.» Asegúrate de que el coche tenga ventanillas oscuras para que nadie pueda ver el asiento trasero. —Sophie chascó la lengua, encantada con su propia historia—. Duncan caerá rendido a tus pies. Imagínate cuánto te deseará si cree que un tal Bruce Springsteen envía coches para recogerte. María se sintió desconcertada al darse cuenta de que Sophie hablaba en

~158~

—¿Cantaron algún himno? —preguntó Sophie con voz queda. ¿sabes? Aún creo verla tapándose los oídos cada vez que yo cantaba en la iglesia la víspera de Navidad. Cualquiera que cantase la habría hecho acordarse de mí. pero no cacarees el huevo antes de ponerlo. Quiso que Sophie hablara sin detenerse. —En el funeral de Gordon. ¡Po-brecita! —Estoy haciendo muy bien el robo sin necesidad de recurrir a Bruce Springsteen —dijo María. —No —dijo María—. Le harás un favor robándoselo a esa presuntuosa. llevando siempre un vestido verde de terciopelo. María observó que su hermana había olvidado que estaba en la cárcel—. —Sí. Estrechó la mano de Sophie. —Tal vez eso es lo que piensas. me desterraba a mí. que estaba escuchando todavía «Noche de paz» en la imaginación. pero la habían visto en un vídeo. —¿Sería capaz de hacer eso? —inquirió María considerándolo muy improbable. Solía destacar en el coro. Sophie no hizo nada por detener las lágrimas que le rodaban por las mejillas. querida —dijo Sophie farfullando de tanta agitación. —¿Cuándo? —preguntó. Supongo que todos los músicos se tienen envidia. Y pensó que si pudiera hacer participar a Sophie de la culpabilidad que había estado sintiendo. que le contara todo cuanto le había hecho Gordon. y que profundizara en lo que le había inducido a matarle. A María le resultó fácil imaginar a cualquier músico sintiendo celos de Sophie cuando ésta cantaba «Noche de paz». ~159~ . podría hacerla volver a la realidad. Siempre me ha odiado. María. —Eso habrá sido obra de Gwen —dijo—. Desterrando la música de la iglesia. —¿Qué? — María estaba dispuesta a prometer cualquier cosa.serio. no comprendió lo que quería decir Sophie. No cantaron ningún himno. Alicia se moriría si supiese que Duncan está viéndose con mi hermana. que le explicara cuáles habían sido sus sentimientos. incapaz de contestar. ¿Me prometes una cosa? —imploró Sophie. —Hazlo como te digo. y cantaba el villancico con unos tonos tan puros que hacían llorar de emoción. Ni ella ni Aldo habían conseguido volver a casa con el tiempo suficiente para oír cantar a Sophie en los oficios de medianoche. Alicia cree que está a la altura de Rostropovich.

Ahora Sophie había pedido ayuda y María se la había negado. Sé cómo debes sentirte. No quieres prometérmelo.. —Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de las dos hermanas. no quiero que ella los vea ni que les hable. . Su obstinada negativa a hablar. —La voz de María se apagó. Oí cómo le hablaban a Gordon en su fiesta de aniversario. Al cabo de un rato Sophie dijo en voz baja: —Te estoy entregando a mis hijos. a encontrar la mirada de María. Comprendo que aborrezcas a Gwen y Ed. Lo sé bien.. —¡Nadie sabe cómo me siento! —dijo Sophie. Sophie asintió. —¿Has oído lo que te he dicho? ¿Sabes lo que te estoy diciendo? Simón y Flo. —Dime cómo puedo hacerlo —suplicó María deseosa de que la convenciera—. pronto estarás de vuelta. —Escucha. Y estuvo a punto de decir: «¿Puedes imaginarte a mamá con un niño de diez años y una niña de seis?» Pero los ojos tranquilos de Sophie la hicieron detenerse.. Sophie. —No quiero que pasen ni un momento con Gwen. No quiero que ellos la visiten. ¿Cómo puedo impedir eso? Ella es su abuela. —Escucha. Sé que los querrás porque me quieres a mí. —dijo María. —¿Quieres decir en su custodia? Desde luego. María. —Tú eres la única persona a quien se los puedo confiar. Pero Sophie se limitó a mirar al vacío como si hubiese dicho todo cuanto quería decir. —Me cuidaré de ellos —dijo María. tajantes y claras como un cubo de hielo. porque ella es quien ~160~ ..—No permitas que Gwen haga presa en Flo y Simón. cuando Sophie yacía herida en la cama rehusando la ayuda de María. Sophie.. después de la fiesta de Ed y Gwen. observando cómo intentaba dominarse. Sus palabras eran tan frías. Sophie sostuvo la mirada de María. recordó a María aquellos días en el hospital.... Por unos instantes María miró fijamente a Sophie. —No me refiero a eso ni mucho menos. —No. ¿No les proporcionaría estabilidad el poder hablar con personas que conocen y quieren? —Así que tu respuesta es no. —Lo sé —dijo María adelantándose hasta el borde de su asiento.

sin querer separarse. —Yo creo que sí —dijo María—. Por fin Sophie la besó con fuerza en los labios y las dos permanecieron un buen rato abrazadas hasta que entró la celadora y condujo a Sophie hacia una habitación interior. —Se levantaron de sus asientos y permanecieron inmóviles. —Quiero que los mantengas lejos de Gwen —dijo Sophie.. ~161~ . Le hizo llevar. Creo que suena horrible. —Vale —dijo María—. —¿En qué? —preguntó María hipnotizada. que dejó sin decir lo que era incapaz de exteriorizar. Lo encerró en el sótano. —Sophie alzó una mano como si no pudiera seguir—. —En un monstruo —dijo Sophie. Así lo haré.hizo daño a Gordon. ¡Olvídalo! Ni siquiera suena a algo real.. Parecía exhausta. María abandonó la cárcel por la puerta principal. Ella tenía un hijo pequeño y lo transformó en.. —La voz de Sophie se quebró y su cuerpo empezó a temblar. —¿Qué hizo? —¿Que qué hizo? —repitió Sophie alzando la voz—.. —Hubo algo escalofriante en el tono de Sophie.

ahora convertido en oficinas para abogados. el hogar de un capitán ballenero durante el siglo XVIII. Se niega. un estudio fotográfico y un dermatólogo. Aparcó en Summer Street y entró en una casa de piedra con columnas blancas. condujo a María hasta el despacho de Peter. Animaba a sus hermanas a que confiaran en él. su papel en la defensa de su hermana era secundario. Peter era el hombre que estaba de más. Antes y después del funeral de Gordon. contables. una joven jovial visiblemente embarazada. María había visto a Peter muy trastornado por lo de Sophie. como mucho. nada proclives a pedir ayuda. Peter contorneó la mesa para dar un beso a María. El hecho de que las mujeres Dark fueran fuertes y seguras. María se daba cuenta de que Peter estaba herido. —Espero no molestarte con mi visita —dijo María mirando por la ventana la bahía de Hatuquitit y la pintoresca flota de embarcaciones pesqueras en sus amarraderos. Él se había quitado la chaqueta y su camisa blanca olía a polvos de talco. pero ella le abrazó y apretó la mejilla contra su hombro. se sentía dolido de que Sophie hubiera confiado sus hijos a María en lugar de a él. —Sophie está bien —dijo María sobresaltada. María se pasó por el bufete de Peter. —Mierda —dijo él al cabo de unos segundos. Ya tenido algunos clientes de esa cárcel. En una familia llena de mujeres. —Sé lo bien que puede estar —dijo Peter sentándose—. desbarataba sus planes. cuando eran niños. Peter no podía entender por qué Sophie no le había llamado para defenderla contra Gordon. quería que Hallie le llamara cada vez que necesitase algo. En su camino desde la cárcel a casa. —¿Por qué? ~162~ . Se esforzó por ver el astillero pero éste estaba fuera del campo visual. —No quiere que la saquemos con una fianza. Sophie no podrá resistirle —Lo resistirá —dijo María sintiéndose atemorizada.CAPITULO XXI Peter siempre había querido ser el hombre fuerte de la familia. pero creía que su dolor venía de muchos años atrás. La recepcionista de Peter. Le rozó la mejilla con los labios y empezó a retroceder.

María ladeó la cabeza y miró a su hermano. Durante todo el día pareció terriblemente confuso. no lo sé bien.. A ti y a mamá. Mierda. María permaneció en silencio y Peter continuó. y nunca lo estuvo después. no creo que Flo hubiese nacido todavía.. —Sí —dijo Peter—. O furioso. Cuando intento consolarle. —Su madre acaba de disparar contra su padre —dijo Peter pasándose los dedos por el pelo—. Siempre tiene el ceño fruncido. María —dijo impaciente Peter—.. —Eso es diferente. Él nunca estuvo presente antes de morir. Tú eras el único a quien hablaba.. —Sé que fue diferente —murmuró María con una extraña voz soñadora—. Peter miró absorto un lápiz sobre su mesa. No entienden por qué Sophie no vuelve a casa Y no estoy segura de que entiendan por qué tampoco vuelvq Gordon. Sophie intentó salvarle la vida cogiendo lombrices en el jardín de atrás y dándole agua con un cuentagotas. Apenas nos enteramos de lo que había sucedido. —¿Cómo están los niños? —No muy bien. —¿Y se murió? —Sí. —Fue mucho peor para ti que para mí y Sophie. Y después de que él muriera mamá se aferró a Sophie y eso fue todo. ~163~ . Un domingo por la mañana nos habíamos reunido todos para el desayuno o algo parecido. Fue hace años. Yo solía visitarle en su habitación y él me contaba cosas de los tribunales. Gordon le llevó afuera y le enseñó el pájaro muerto. Un petirrojo se cayó de su nido y se rompió un ala. Simón lo llamaba «el bebé». Lo mismo que yo hago ahora. Me explicaba que adoptaba una expresión desaprobadora y bajaba la voz para intimidar a los testigos de la parte contraria. me mira como si fuese una idiota.. y le explicó que la muerte era como irse a dormir. Y Simón se pasó el tiempo diciendo «el bebé está durmiendo». —Simón está aterrado —dijo María—. —¿Recuerdas cuando murió papá? Tenías más o menos la edad de Simón. Simón quiso saber dónde estaba «el bebé». —Recuerdo que una vez Gordon explicó la muerte a Simon. Papá murió de viejo. Se porta mal con Flo.—Dice que no merece estar libre. —Él estuvo presente antes —dijo Peter—.

Peter negó con la cabeza. —Quiere que estemos presentes —dijo Peter—. —Pareces amargada. Quiero comprar un televisor. Ella aborrece la publicidad. —Tengo que irme. No puede soportar a los reporteros de la televisión. —Cuando mamá admita lo que le sucedió a Sophie. siempre y cuando Sophie fingiera que quería cantar en el Carnegie Hall. —Pues no lo estoy. consternado. Deberá admitir que Sophie no pudo recurrir a ella solicitando ayuda para defenderse-de Gordon.. María se levantó y alisó las arrugas de su falda. —Mamá no se culpará jamás de nada —dijo María—. ni los artículos de. pero no quiere decirnos nada que sea real. Está avergonzada. porque Sophie nunca ha podido recurrir a ella. y sintió que se tambaleaba. Ahora María comprendió cuánto debió de haberse esforzado Peter para conquistar el amor de su madre. pero ése no es el principal motivo.María no había considerado nunca seriamente lo mal que debió de pasarlo Peter tras la muerte de Malcolm. Niega por completo lo que le ha sucedido a Sophie. —Eres muy bueno con mamá —dijo María—. Deseó poder estar con Duncan. ¿Tienes alguna sugerencia? ~164~ . —No es eso.. deberá admitir también el papel que ella representó. He estado fuera mucho tiempo. María y Sophie habían estado siempre unidas. No creo que quiera tener a nadie allí. —Lo sé —dijo María—. su imagen dulce y clara. —Gracias —dijo Peter aceptando las palabras de María como un cumplido. María —comentó Peter. Ella y Sophie mantenían unas buenas relaciones siempre y cuando Sophie escuchara los recuerdos de mamá sobre su infancia. mantener en orden los libros y pintadas las persianas. y tú has seguido aquí manteniendo unidas las cosas. Su recuerdo la anonadó. Pero ¿a quién tenía Peter? Su madre y sus hermanas le halagaban teniéndole por «el hombre de la casa». y a María no le había importado compartir a Hallie con Sophie. les divertían (y a veces se mostraban agradecidas) sus esfuerzos para segar la hierba del jardín. —¿Cuál es? —inquirió dubitativa María. Así es como la veo. A veces yo intento serlo. —Su tono se suavizó—. pero es como si ella estuviera envuelta en una niebla. habían confiado siempre una en la otra. Así es como veo a la familia.

Slocum CT»—. ¿Cómo sigue la familia? Ella se encogió de hombros. Hoy he visitado a Sophie. —Hola. «doctora Elizabeth Middleton. María entregó las llaves al chico del almacén.. —Tal vez te convenga buscar un consejero para ellos. Mientras caminaban a través del aparcamiento charlaron con cautela. Y dio un beso de despedida a su hermano. María —dijo el reverendo.. María descubrió al reverendo Hawkes que estaba cruzando el aparcamiento. pero él continuó hablando: —Mucha gente me ha hablado muy bien de la doctora Middleton. Acompáñame hasta mi coche —dijo sonriente—. —Simón y Flo están viviendo conmigo. —Me pasaré por allí —dijo María. —¿Una psiquiatra? —Una psicóloga clínica —dijo el reverendo Hawkes mientras se palpaba los bolsillos. Quiero darte una cosa. (lo último que querría Sophie sería que Simón y Flo se pasaran el tiempo con el reverendo Hawkes). Agitó la mano y se encaminó hacia ella. la había visto por última vez en el funeral de Gordon—.. y salió al encuentro del reverendo Hawkes. — María buscó las palabras adecuadas —. María abrió la boca para protestar. —Eso dificultará tu trabajo. Está especializada en niños. cuando hacía retroceder su coche hasta la puerta de servicio de Ernie. Una hora después. Sus penetrantes ojos le escrutaron la cara. ~165~ .—Ve a la Electrónica de Ernie —dijo Peter—. Sacó un bloc de notas y escribió. —Ella no quiere verme —dijo él. Está en la carretera de Blackwood. —No he hecho nada desde que. —Nos vamos defendiendo. Bueno. ni Sophie ni ella habían sido muy religiosas. No tengo su número de teléfono pero estoy seguro de que está en la guía. desde que los niños vinieron a mi casa. Pero ella no supo qué decirle. diciéndole que colocara el televisor en el portaequipajes. No era probable que los recientes acontecimientos cambiaran ese estado de cosas. Le resultó algo incómodo verlo desde que supo que él era el tío de Alicia y que había oficiado en la boda de los Murdoch. María pudo comprender eso..

he negociado y vendido a Charles Slocum de Adamsville en Connecticut. excepto aquellos que están enterrados allí y cuyos restos deberán ser trasladados a otras tierras. Lo testifica mi firma o huella: de agosto del año . situada en un promontorio de cara al mar. incluida la tierra funeraria de Hatuquitit. —Sé cuánto bien puede hacer el trabajo en momentos como éste —dijo —. todos mis derechos. títulos e intereses en una parcela de tierra denominada por los indios squam. Su mente quedó en blanco al recordar a Sophie en su celda. sachem de Hatuquitit. Testificado por John Chester. sonriendo. y aquí me comprometo a hacer buena la venta de la susodicha parcela de tierra. Mide treinta acres más o menos. —Es del registro catastral de Hatuquitit —explicó—. Es una copia del trato entre el sachem indio y Charles Slocum. que Peter se ocupaba de los negocios de la familia y que Nell les llevaba comida caliente a los niños casi cada día.María le dijo que Hallie se las arreglaba bien. el inglés que compró la tierra en el desembarcadero de la Squaw. ~166~ . notario. Los ingleses deformarían el nombre cuando colonizaron la comarca. Por la presente declaro que ya se me ha pagado. No lo sabía. Rebuscó en una cartera de piel y entregó a María una fotocopia de un documento escrito con una letra de patas de mosca. Seguramente podrá servirte de ayuda. Y se puso a leer el documento: Por la presente testifico que yo. —Muchas gracias por esto —dijo María dando unos golpecitos con el dedo en el documento. y asegurarla contra las reclamaciones de cualquier otro indio o indios. Nasseequidgeon. El reverendo Hawkes le dirigió una mirada de complicidad. Entonces recordó la tumba. pero no quiso hablar de asesinatos. —El que no trasladó las tumbas. Sintió deseos de contar al reverendo Hawkes lo de la punta de flecha descubierta. ¿verdad? —dijo María. MATTHEW WALKER Huella de Nasseequidgeon —Se solía llamar «Squam» al desembarcadero de la Squaw —dijo pensativo el reverendo Hawkes—. de hacerle saber su impresión de que la mujer había sido asesinada. El reverendo Hawkes abrió la puerta delantera de su «Buick» azul marino. Lo miré en el diccionario y significa «plácido remanso».

. —Lanzó un suspiro—. añadió—: Te vi en la iglesia y sentí deseos de estar a tu lado. —Me alegro. las notas de campo y algunos libros sobre los indios de la zona. Acabo de hablar con su tío sobre unos registros catastrales. Sonó el teléfono y acudió a la llamada. —La voz de María se puso tensa—. Imaginé lo que debías estar sintiendo. Luego. Recordé todas las veces que me habías hablado de ella. ¿verdad? —No esto. pero lo celebro por mí. Nunca pensé que pudiera ser tan malo. Bueno. Vamos a conseguir el divorcio. Supusiste lo que iba a suceder. ¿verdad? —Él no es ningún tonto —dijo Duncan—. sintiéndose vacía. —¿Diga? —¿Estás bien? —preguntó Duncan. —Se detuvo unos instantes aferrada al auricular—. tras un largo silencio. —No puedes ni imaginarte cómo me siento —dijo Duncan... Intentó hacer lo que le había sugerido el reverendo Hawkes: trabajar. no pudo concentrarse. Te echo de menos —dijo de nuevo. Tenía sobre la mesa las fotografías de las tumbas. Lo celebro. —Vi que estabas entre tu madre y Flo. —¿Has estado pensando en eso todo el tiempo? —En el fondo de mi pensamiento.—Seguramente —dijo María. Todo cuanto se me ocurrió pensar fue que Sophie necesitaba ayuda. Pensé en lo que está a punto de suceder. temí que acabase matándola. —Estoy bien —dijo ella—. —¿De veras? —dijo María—. María percibió cierta duda en la voz de Duncan. conmovida por su amabilidad. de Sophie. Pero al estrecharle la mano no pudo dejar de pensar que aquél era el hombre que había casado a Duncan y a su esposa. lo siento por tu familia. Duncan? Me alegré de que fuera él y no ella. Este fin de semana le diremos a Jamey que. Ella conocía a Gordon de la tienda. ¿Sabes una cosa. Cuando descubrí que él la maltrataba. Y no creo que tome partido por ninguno de los dos.. Pero te echo de menos. Los niños no habían regresado de la escuela. y María sintió cierto alivio. Pero todo le pareció borroso ante la vista. —La vi —dijo María—.. —Alicia quiso ir al funeral.. Él no lo sabe todavía. El lunes me iré de casa. ¿Sabe lo que hay entre nosotros? —No. y se preguntó si ~167~ . Sabe lo que ocurre entre Alicia y yo desde hace mucho tiempo.

Quiero que todo esto acabe cuanto antes para poderte ver. —Yo también a ti. —Todo saldrá bien —dijo. —Duncan hizo una pausa—. Te quiero. ~168~ . Parece un exilio. María sonrió. Duncan. —Estoy seguro. No por otro sufrimiento de familia sino porque por fin había encontrado a alguien que la necesitaba tanto como ella a él. Al colgar el teléfono. —Lo sé.realmente creía lo que estaba diciendo o intentaba convencerse a sí mismo.

gracias —dijo Flo sin levantar la vista. de pie ante el tostador. Por aquellos días el periódico era sobre todo un pretexto para aplazar la conversación con Simón y Flo hasta después del café. la agenda del día y los equipos arqueológicos rivales. Después de la escuela. Incluso a una hora tan temprana. esperando a que saltaran más tostadas. el «Doonesbury» y el parte meteorológico. así que se saltó la sección de noticias y pasó directamente al horóscopo. ella se sentó en el otro extremo de la mesa e intentó leer el Hatuquitit Enquirer. a punto de echarse a llorar. Podemos comprar el regalo de Toby y zapatos para vosotros. A veces María añoraba* la montaña en donde ella y Aldo pasaban una hora ante la mesa del desayuno hablando de los acontecimientos mundiales. quien con ceño fruncido se esforzaba por cortar en pequeños cuadrados la tostada. Les sirvió tostadas y mientras ellos se ponían mantequilla y almíbar en las tostadas. María miró otra vez el periódico. Miró por encima del periódico a Flo. estúpida —intervino Simón. Este mismo fin de semana él y Alicia explicarían a su hijo lo del divorcio y cómo iban a cambiar sus vidas. —¿Queréis que vayamos al centro? —se apresuró a preguntar María—. —La próxima semana —dijo Flo—.CAPITULO XXII —Necesito un regalo de cumpleaños para la fiesta de Toby Jen-kins —dijo Flo durante el desayuno del sábado. Temió encontrarse con alguna reseña sobre lo de Sophie. —Ella te está preguntando qué día. —¿De lona? —preguntó Simón. cuando ella estuviese preparada para hablar con un niño de diez años y una niña de seis. —María se alegró de haber evitado otra reyerta. —Claro. —No me llames estúpida —dijo Flo. Pensó en Duncan. María se preguntó si alguna vez volvería a saber de Aldo. Cuando ella ~169~ . —¿Cuándo es? —preguntó María. —¿Necesitas ayuda? —preguntó María. los dos exigían más verdad y lógica que cualquier adulto. —No.

Le fastidió pensar que Duncan podría pasar por eso. en lugar de ello. al otro lado del coche. y él les echaba gravilla en los zapatos de lona. Pero. —¿Qué te parece si Simón viaja delante a la ida y tú a la vuelta? — preguntó María. Ella y Sophie pellizcaban a Peter siempre que podían hacerlo sin peligro. justamente cuando el resentimiento de los Murdoch estuviese más enconado. los niños empezaron a pelearse otra vez. que se puso a gritar de dolor. María se sintió incapaz de telefonear a Aldo. ~170~ . la anulación súbita de su matrimonio le pareció demasiado precipitada. —¡Llorona! —dijo Simón. Pero una hora después. —En el camino hacia el centro comercial «escopeta» quiere decir el asiento delantero. Papá me dijo que los tipos con escopeta viajan junto a los conductores del furgón para proteger la mercancía. —¿Puedo ir de escopeta? —preguntó Simón. cuando los tres estaban en el camino de salida. dejó caer la cabeza y se puso a llorar a lágrima viva. le había escrito una larga carta acompañada con las notas de campo de la tumba de la squaw.había estado proyectando su divorcio. la noción de un compás de espera impuesto por el Estado de Connecticut le había parecido un ultraje. cuando ellos se transformaran en adversarios ocupando campos opuestos en una batalla legal. de oír su voz cuando le contase lo que había hecho Sophie. —Mamá siempre me deja viajar delante cuando vamos al centro comercial —gimoteó Flo. como una muerte inesperada en la familia. en comparación con la dolorosa espera de noventa días exigida por Connecticut. por alguna razón. —A mí me parece bien —dijo Simón asintiendo con la cabeza. —¡Yo quiero viajar de escopeta! —gritó Flo. Sophie y Peter habían sido corrientes e inofensivas. Las peleas de los sábados por la mañana entre ella. una táctica paternalista mediante lo cual Connecticut enviaba a ambos cónyuges a sus habitaciones recomendándoles que meditaran sobre el acto irrevocable que estaban a punto de cometer. Pensó en el período de espera. Se cubrió con una mano el lugar dañado. —¿Cómo? —respondió desorientada María. —Lo he visto —dijo María contorneando el coche. vio que Simón pellizcaba el brazo de Flo. María. Se preguntó qué papel representaría ella. una vuelta al puritanismo. Por otra parte. con cuánta frecuencia podrían dejarse ver juntos cuando Duncan decidiera que ella conociese a Jamey.

la ronda Zafiro y la rambla Dorada. no es verdad —dijo Flo. — Flo no es ninguna mocosa —dijo—. Durante el camino de ida le habían explicado que se llamaba así por los diferentes colores que se había dado a cada sección del centro comercial: la plaza Rubí. Esa idea se les antojaba mágica. Cuando mamá viajaba delante. De todas formas es el asiento de la muerte.curando mantener un tono firme—. Era un soleado día de mayo. luego puso en marcha el coche y lo condujo hacia la carretera. ambos llenos de aflicción. Luego él y María se sentaron delante. María nunca había estado en el Jewel Box Malí. y los niños tenían mucho interés en enseñárselo. —¡Me encanta este sitio! —exclamó Flo. el paseo Diamante. echó hacia delante el asiento y se dio un coscorrón al intentar pasar a la parte trasera. María los miró. Aparcaron a gran distancia de la entrada y hubieron de atravesar por entre infinidad de coches. —¿Qué ha querido decir él con lo del «asiento de la muerte»? —preguntó Flo. Cuando yo viajaba allí. incapaces de volverse uno a otro o hacia ella en busca de consuelo. —Es muy bonito —dijo impaciente Simón.la hostilidad entre Simón y Flo le pareció siniestra por lo que hubiesen podido aprender de sus padres. me da igual —explotó Simón—. —Lo vamos a llamar sólo el asiento delantero —dijo María pro. decía que era el asiento de la muerte. Flo continuó llorando y María observó que cerraba los puños. Dile ahora mismo que lo sientes. Ahora lloraban los dos. Incluso a Simón parecía cautivarle el romanticismo de un lugar comercial cuyos nombres eran algo tan maravilloso como las piedras preciosas. papi decía que era el asiento de la escopeta. —No. El ir de compras no era ~171~ . Simón sujetó el asiento mientras Flo se I encaramaba a la parte trasera. ¿De acuerdo? Los niños asintieron. —Abrió de un tirón la puerta del coche. Y Simón va a viajar ahí en el camino de ida y Flo en el de vuelta. —Viaja delante. —Lo siento —dijo Simón a regañadientes. Ahora que Simón lloraba a lágrima viva. ella pareció recuperar un poco de compostura. María esperó a que ambos se pusieran el cinturón de seguridad. —Es una mocosa —dijo Simón con voz aguda. Sus ojos chispeantes le recordaron a María los de Judy Garland cuando vio por primera vez la ciudad Esmeralda. —Casi todas las personas que mueren en accidentes de automóvil viajan en el asiento delantero —dijo Simón como si fuera un experto en estadística—.

—A veces Gwen nos trae aquí —dijo Flo. El niño salió disparado hacia la tienda. —Es asombrosa —dijo Simón—. —A Gwen —dijo Flo muy segura. tía María. y se alegró de que los pequeños parecieran no darse cuenta. — María sabía que a Flo ~172~ . azul celeste y doradas colgaban del techo. ella y los niños se tropezaran con Gwen?—.justamente algo que a María la divirtiera y por un instante se imaginó a Sophie fuera de la cárcel y comprando zapatos con sus hijos y el regalo de Toby Jenkins mientras ella excavaba en la tumba de Lookout. —Le gusta ir a Bradlee's —dijo Simón. María le dirigió una sonrisa—. En cierta ocasión. ella y Sophie habían desarrollado una teoría de la personalidad basada en la música que una persona escuchaba durante las diferentes fases de su vida. Una araña de cristal relucía sobre sus cabezas. Flo se mantuvo al lado de María. y el del este pasaba por la plaza Rubí camino de Raphael's. ¿Qué tiendas prefiere la abuela? —preguntó María para poder evitar todo posible encuentro. —¿A quién pueden gustarle las fajas? —preguntó riendo María. María supuso que todos habían visto las fotografías de los niños en los periódicos. El carril hacia el oeste llevaba hasta Bradlee's. ¿Había alguna probabilidad de que Gwen estuviese comprando hoy allí? ¿Cabrá la posibilidad de que entre los centenares de personas que pululaban por allí. —Es metal pesado —dijo entristecida Flo. El comprarla no sólo la haría parecer «hippie» sino que también la ayudaría a comprender mejor a Simon. La gente los miraba con curiosidad. También los perfumes y las fajas. —Es asquerosa —dijo Flo—. ¿Puedo cogerla? —Cógela —dijo María entregándole un billete de diez dólares. Si no te gusta esa música no tienes por qué escucharla. —¿Puedo comprar la cinta de «Pistolas y rosas»? —preguntó Simón. moviendo la cabeza. —¿Por qué no? ¿Por qué es asquerosa? —preguntó María deseando adquirir la cinta. —¡Ah! ¿Sí? — María recordó la promesa que había hecho a Sophie de que mantendría a los niños lejos de Gwen. —La tienda que más le gusta es la de velas —dijo Flo—. pero los niños estaban hechizados por los escaparates de Tuneville y Foxcroft Tweeds. A Gwen le encantan las velas. Guirnaldas escarlata. Sintió grandes deseos de que esto pudiera ser realidad. Simón podrá escucharla en su habitación y tú y yo nos sentaremos abajo para ver «El fantasma de la ópera». Dentro del centro comercial la gente se movía como coches en una carretera. No se la compres.

—Pero como no sabemos si le gusta el ballet o no. Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba y luego se extendieron en una amplia sonrisa—. Bueno. aferrado a una bolsa de plástico y esperando a que el vendedor le devolvió ra el cambio.le encantaba. ¿De acuerdo? —¿He de devolver la cinta? —preguntó Simón. María cogió de la mano a Flo y la hizo entrar en Tuneville. El corpiño. María puso una mano sobre el hombro de Simón. debiéramos comprarle otra cosa. No me gusta comprarte cosas que mamá no aprobaría. —¡Tía María! —exclamó Flo. Echemos una ojeada por la tienda. Una cosa era la discrepancia de gustos y otra muy distinta el desafiar los deseos de Sophie. —La próxima vez te agradeceré que te atengas a las reglas. —No le sentará bien a Toby —dijo Simón. Parecía feliz. —No lo sé —murmuró Flo hipnotizada por la rutilante prenda. Numerosos diamantes falsos chispeaban en el tul rosado de la falda. apartándose y fingiendo desentenderse de la compra—. Simón estaba ante el mostrador. Toby es demasiado grande. Flo quiso comprar a Toby un «tutu» rosa para su cumpleaños. da igual. —No —dijo María. —¿Le gusta el ballet a Toby? —preguntó María. Simón —dijo María preguntándose si el niño se prestaría a cambiar la cinta de «Pistolas y rosas» por alguna de otro conjunto. Él la miró expectante. —Oye. Pero le encantará ese «tutu». Porque no aprueba el metal pesado. —A mamá no le gustaría —dijo Flo. —¿Por qué no? —Ella no dejaría que Simón la comprara. Cuando salieron de la tienda y volvieron a la fluida circulación del centro comeVcial. una tienda para niños que llevaba el nombre de la hija de los dueños. ~173~ . La prenda estaba expuesta en el escaparate de Penny Violet. Le molestaba hacer algo que Sophie desaprobaba pero aún le dolía más el desasosiego que había aparecido en el rostro de Simón. —Va a segundo grado —dijo Flo—. tenía lentejuelas plateadas por todos los ribetes. Estará muy guapa con él. de un tejido blanco tan sedoso que María apenas pudo creer que fuera de nilón.

—A Ed y a mí nos gustaría que los niños pudieran venir a cenar el domingo —dijo—. pero María imaginó que Gwen estaba llorando en el otro extremo. Le recordó una Navidad cuando ella tenía siete años y había pedido a Santa Claus una «falda de todos los colores» y le regalaron una de color negro y morado. guantes de béisbol y sortijas de amistad para los cumpleaños. —¿Qué te parece este suéter? —preguntó María. —¿Podemos marcharnos ya? —preguntó Simón. Compraremos los zapatos en el Sports Loft. amarillo y verde. naranja y espliego. Pero sobre todo se sintió feliz por haber encontrado la forma de hacer sonreír a los hijos de Sophie. recibió una llamada de Gwen. como María permaneció en silencio. especialmente después de que ésta le hubiera contado el papel que había jugado Gwen.. Podemos comprar el «tutu» para ti. Resultaba difícil ser cortés con la madre del hombre que había abusado de Sophie. Hizo una breve pausa y. —Venid —dijo María. La línea quedó muda. —Lo comprendo —dijo Gwen. —En cuanto pague —dijo María—. Había una estantería con varios modelos de suéter. María sintió un alivio absurdo. rosa. y ahora tuvo la impresión de que ella y los niños saldrían bien librados. pero Flo insistió en que quería regalar a Toby una prenda de vestir. Pero aquella misma noche. ¿Qué te parece? —¡Oh. camino de casa.María recordó haber regalado estuches de pinturas. —Comprendo —dijo Gwen. Pero María comprendió que también le resultaría difícil a Gwen mantener una conversación normal con la hermana de Sophie. Desde su llegada al centro comercial se había pasado el tiempo mirando por encima del hombro por si aparecía Gwen. cuando Flo y Simón estaban ya dormidos. Flo y María estuvieron mirando una hilera de vestidos que parecían demasiado caros para una niña que los dejaría pequeños al cabo de poco tiempo.. María tocó un «nicky» y se fijó en la gama de colores: rojo y azul. ~174~ . prosiguió—: Bueno. sí! —exclamó Flo aplaudiendo y luego lanzando los brazos al aire. Es una especie de tradición. ¿cómo están los niños? —Muy trastornados. Flo volvió al «tutu». —Si tú lo quieres. Mientras se ponía en la cola. —Lo que sucede es que ya nos ha invitado mi madre —dijo María con un tono más afectuoso de lo que hubiera deseado. El ingrato recuerdo de la falda le hizo tomar una determinación—.

Luego se quedó mirando la oscura ventana sin ver siquiera su imagen reflejada. que recordó a Sophie en la cárcel. ¿cuándo te parece conveniente? —No me parece adecuado que ellos os vean ahora —dijo María —¿Por qué no? —El tono de Gwen se hizo frío de repente. volviendo a ser ella misma—.—Son momentos muy difíciles —dijo María casi sin voz. —Bueno. te llevaremos ante los tribunales. —Esas palabras no me suenan nada bien —dijo con brusquedad Gwen. pero te voy a preguntar una cosa: ¿has oído hablar de los derechos de los abuelos? —Sí —dijo María. —Porque si intentas mantener a los hijos de Gordon lejos de mí y de Ed. —No puedo creer que él se haya ido. Se condolió con Gwen por la pérdida de su hijo. —Por la misma razón que tú no crees que Ed debía verlos: eso evocará tristes recuerdos. pero no tuvo arrestos para decirlo así. pensó en Sophie y suspiró. ¿Te has enterado? —Sí —dijo María. les diré a los niños que has llamado —dijo Maris —¿Cuándo podremos verlos? —preguntó Gwen sorbiendo las lágrimas—. —Entonces. Simón es el vivo retrato de Gordon. Hubiera debido telefonearte antes. —Sus palabras revolvieron el estómago de María. ~175~ . Y colgó con suavidad el auricular. Y Ed está deshecho. —Me lo imagino —dijo María eludiendo una respuesta. No sé de dónde has sacado esa idea. pero francamente no creo que Ed hubiera podido soportar la presencia de los niños.

—Si tú quieres. el pañuelo de seda haciendo juego en el bolsillo superior de la chaqueta. Sophie fijó la mirada en su hermano: el bigote bien recortado. pero María pudo ver que se le había herido en sus sentimientos... parecían más destacados. Y María se echó a reír. y esperaron a que ella terminara de ver las polaroid que habían hecho a los niños aquel mismo día. —Muy gracioso. Se aferra a las cosas y no las suelta hasta que descubre algo aún más maravilloso. —¡Estaba tan graciosa. la corbata asegurada en su sitio por el sujetador con monograma de oro de su padre. —Sophie.CAPÍTULO XXIII María y Peter se sentaron frente a Sophie ante la larga mesa en la biblioteca de la prisión. Cuando Sophie hizo una sonrisa triste. y la niña se negó a quitárselos salvo para dormir. ¿verdad? —dijo Sophie sonriendo de pronto mientras miraba una fotografía de Flo llevando su «tutu». —No bromeo —dijo muy seria Sophie.! —dijo Sophie—. —murmuró María. pero no se lo permití.. —Tampoco yo se lo permitiría —terció Peter. Los pómulos y las clavículas de Sophie.. —Porque Flo es así. María —dijo Peter con el tono solemne de un hombre juicioso. Sólo somos pequeños una vez. María temió que Sophie estuviera dejando de comer como castigo por su crimen. A su profesora no le importó que los llevara en la escuela.. ~176~ . —¿Cómo lo sabes? —preguntó María. Imagínate . María imaginó que estaba pensando lo mucho que echaba de menos a sus hijos. no lo olvidéis. ¿Lo ha llevado ya a la escuela? —Me lo pidió —dijo María—. el hermoso tiempo de mayo y la libertad. un «tutú« en la escuela. Eres demasiado rígida.. —empezó a decir Peter. como si estuviera perdiendo kilos por momentos.. —No se lo quita de encima.. —El año pasado Gordon y yo le regalamos a Flo unos pantalones de montar y una pequeña gorra de terciopelo para que los llevara cuando montase el poney de su amiga Emma. e incluso su nariz. Dejadle llevar el «tutu» a la escuela. —¡Déjaselo llevar! —chilló Sophie—.

—Vaya. que su cuerpo había sido arrojado por la ventana del dormitorio. nuestro hermano el abogado —dijo Sophie con sorna. María se sintió desconcertada por la discrepancia entre el tono de Sophie y sus palabras. Sintió unos enormes deseos de sacudir a Sophie. nada de eso. Tuvo que cerrar los ojos y apretar los dientes. —Sophie miró fijamente a María. ¿Es que no quieres salir de aquí y volver a casa? —No —dijo Sophie—. Pero Sophie se limitó a asentir de nuevo. —¿Qué? —dijo Sophie sin mostrar la menor intención de cooperar. —¿Recuerdas aquella noche. pendientes de que Sophie decidiera el momento oportuno para hablar sobre Gordon.—Es bonito. ¿verdad? —preguntó Sophie. El deseo de sacudir a Sophie se transformó en una necesidad apremiante de estrecharle la mano. Sophie permaneció en silencio—. María la alargó a través de la mesa. ¿Disparaste cinco veces contra Gordon? —insistió Peter. Peter había leído y releído el informe policial. Según sabía María. —Steve dice que no quieres hablar con él. María y Peter guardaron silencio. creyó lo que decía. —Bromeas. una de las cuales le había matado. y él necesita saber más para poder preparar tu defensa. Y aunque ésta no pudiera imaginar lo que Sophie estaba pensando. —¿Estás diciendo que sí? —inquirió Peter. ¿verdad? —No. cuando me dijiste que algún día me contarías por qué lo hiciste? —Hoy no es aquel día —dijo Sophie. Eso te ayudará —insistió Peter—. —Ocupaos de vuestros jodidos asuntos —dijo Sophie con un tono de voz como el que acababa de emplear con Peter. —¿Es que no puedes tomarte esto en serio? —preguntó María. No quiero. —Vamos. Sophie —dijo Peter al cabo de un rato. y que el coche de los Littlefield había pasado varias veces por ~177~ . —Debes decírnoslo. Sophie asintió con la cabeza. —Sí —dijo María. María no pudo creer lo que estaba oyendo. allí se indicaba que se habían disparado cinco balas contra Gordon. —¿Disparaste contra Gordon? —preguntó Peter. Dice que no quieres darle ningún detalle.

la policía afirmaba que se había dado muerte a Gordon de varias maneras. —Ed tuvo suerte de que a Gordon no lo enviaran al frente —dijo María tras una larga pausa. con telarañas.encima de su cuerpo. —Cuéntame lo que hacían ellos —dijo María. —murmuró Sophie moviendo la cabeza. No a Steve. La cara de Sophie se descompuso. Si no permites que ellos les visiten. —Si permites que los niños les visiten.. se querellarán contra ti y reclamarán su custodia. Cuando era pequeño. A Ed le tenía sin cuidado que Gordon tuviese un número de sorteo muy alto. —¿Qué tal sigue tu hombro? —preguntó María. tenebroso. Peter hizo una profunda inspiración. ~178~ . nosotros hablaremos de sus padres. Pero Sophie pareció no oírle. —Creo que Ed se alegró de que Gordon no fuera movilizado. —¿Hizo él algo a Flo aquella noche? ¿O a Simón? —preguntó María.. si no quieres hablar de Gordon. —¿Qué tenía de mal eso comparado con lo que Gordon te hizo? — preguntó María. Sophie negó con la cabeza. María —dijo Peter—. Por otra parte se alegraba de que Peter hubiera sido demasiado joven para luchar en Vietnam.. —Los aborrezco —dijo. Su abogado me envió una carta.. engalanado durante todo el año. —Ed solía llamarle «cobarde» y «mariquita» por no ir a Vietnam. —Calla. Si vieras ese lugar.. Por lo menos está hablando. —Solían encerrar a Gordon en el sótano durante horas. quien hablaba gustosa del heroísmo de su padre en el Maine. no reclamarán la custodia —dijo Peter. Pensó en Hallie. Sophie podría haberse sentido impulsada a matar a su marido.. Pero mientras hablaba lo flexionó como si intentara probar si aún le dolía. pensando que si Gordon hubiese hecho daño a los niños. Peter frunció el ceño y golpeó con el lápiz en la mesa. a mí. —Bien —dijo Sophie. retiró la mano fuera del alcance de María. y del de Malcolm como piloto sobrevolando Normandía. Por esa razón no fue movilizado. —Ese Ed. Allí guardaban un horrible árbol artificial de Navidad. —Vale. Según había dicho a María.

—¡Dios mío! —exclamó Peter. Los niños te echan mucho de menos. Así que para castigarle le ataron con una correa. —Ésa no es la razón —dijo María—. —Eso sería un desastre —dijo Sophie. —¿Por qué no se la quitó? —preguntó Peter. ~179~ . —¿Te están empezando a cansar? —preguntó sonriente Sophie. ¿ Habíais oído alguna vez algo tan horrible? María no dijo nada pero pensó en la cuerda que Gordon había arrollado alrededor del cuello de Sophie. —Eso está bien —dijo Sophie. Le pusieron un collar de perro alrededor del cuello y lo ataron con una correa al banco de trabajo de Ed. Sophie asintió. Gwen le quemó con un cigarrillo en el culo y le dijo que la próxima vez se lo haría en la cara. —¿Cómo? Sophie intentó abrir un boquete en su manga.—¿Hay alguna posibilidad de que la consigan? —preguntó Sophie. Peter se encogió de hombros. Estoy muy preocupada por ellos. —Porque la única vez que lo intentó. —Lo dudo mucho. —¿Quieres decir que los padres de Gordon le trataron mal y que eso le indujo a daros malos tratos a ti y a los niños ? —preguntó María. —Una vez le sorprendieron arrancando el papel de las paredes en su dormitorio. —De acuerdo —dijo Peter mientras anotaba algo en un bloc amarillo —Quiero que salgas de aquí —dijo María—. María no está casada ni ha cuidado nunca de hijos suyos. Así que nunca más le desobedeció. He concertado una visita para ellos con una psicóloga que me ha recomendado el reverendo Hawkes. no los verá nunca más. pero eso dependerá del juez. Puedo tolerar que los niños les visiten siempre y cuando Gwen comprenda que si mis hijos dicen que ella o Ed les ha hecho daño. por poco que sea. En el sótano. —Espero que comprenderás por qué no quiero que reclamen la custodia de Simón y Flo —dijo muy cavilosa Sophie como si estuviera pensando por primera vez en alguna estrategia legal—. lívida. Algunos jueces podrían considerar que los Littlefield están más capacitados. Así podrás tener a Simón y Flo para ti sola. —Sophie miró a Peter y a María—. sin la menor luz. Tenía sólo ocho años.

—Vamos —dijo Nell. La policía había explorado el Bell Stream durante horas. Nell y Andy se habían reunido en casa de Hallie para merendar. sentada junto a Aldo. camino del aeropuerto Kennedy. veía aparecer ante su visita los contornos familiares de la bahía de Narraganset. así que el sonido de las radios policiales no tenían ningún significado para ella. Hallie estaba molestando a todo el mundo con un spray contra mosquitos. sentada en una hamaca. el cabo Judith. Un reactor que volaba desde Europa a Nueva York pasó muy alto sobre sus cabezas. y ella había pasado allí algunos ratos muy agradables con muchachos cuyos nombres apenas recordaba. María miró por debajo del ala de su sombrero de paja a Nell. recuperado del armario en su antigua habitación de la casa ~180~ . vieron la estela blanca antes de oír su ruido. los estudiantes de bachillerato lo usaban como lugar de aparcamiento. Ginebra. Westerly. Había aprendido a reconocer el Bell Stream fluyendo hacia la bahía. Dinos qué hiciste con el arma. —¿Quieres que demos un paseo hasta allí? —preguntó María. —Ni siquiera están cerca —dijo María. sentada junto a ella. pero María lo conocía muy bien. María. —¿Aquella noche? —preguntó Sophie—. el desembarcadero de la Squaw. bebía una tónica con ginebra. Peter. escuchaba el lejano graznido de las radios policiales. Ésta captó la mirada y sonrió. El descolorido traje playero de María. María. Los coches patrulla estaban aparcados en un claro bastante alejado de la casa Littlefield. Algo sobre aquella noche.—Cuéntanos algo más —dijo Peter—. Más parecía una espectadora de ópera que una fan deportiva. y por último Hatuquitit. Caminaron descalzas por la hierba alta hacia el arroyo. ¿La noche en que maté a Gordon? —Sí —dijo Peter—. Nadie le había dicho que Sophie había confesado que había arrojado el arma al Bell Stream. Las herraduras caían con ruido sordo junto al pitón y a veces tintineaban cuando Peter acertaba. —La tiré al Bell Stream —dijo Sophie con la voz y los ojos sin la mínima expresión. Simón y Flo. María se estremeció al recordar lo inquieta que se sentía cuando. Nell. Muchas líneas aéreas los hacían pasar desde Roma. —No —convino Nell. Hallie le ovacionaba con un «¡bravo!». Peter se inclinaba sobre Simón para enseñarle a coger correctamente una herradura de caballo. París o Londres directamente sobre Hatuquitit.

El corazón de ~181~ . —Parece que fue ayer —dijo Nell—. María se agachó y limpió alrededor de las piedras con los dedos. —¡Las piedras! —exclamó—. Nell levantó la vista. redujo el paso y se agachó para rascarse la mordedura de algún bicho. No sé si podremos encontrarla. La hierba crecía espesa a la sombra. Sophie se agachó justo donde tú estás ahora y hundió los guijarros en el suelo. María sintió que le cosquilleaban los dedos de los pies. Cualquier arqueóloga se hubiera preguntado corno era posible que unas piedras pulimentadas por el mar pudieran aparecer tres millas tierra adentro y formando un corazón. ¿Está todavía ahí? María limpió con los dedos una piedra áspera situada junto al vértice del corazón. —Deben de estar por aquí. triunfante. —¡Oh. El murmullo del agua dominaba el ruido de las radios policiales. tal vez hubiera sido cuarzo rosado pero ahora la tierra y el musgo la habían teñido de un verde pardusco. María no dijo nada pero las lágrimas le escocieron los ojos. Sophie! —susurró Nell. —Yo tampoco —dijo María—. pero María lo sabía. le dejaba al aire los brazos y las pantorrillas. —Y tú te quejabas de que ella te hiciera llevar a casa desde la playa demasiado peso. Eran artefactos embutidos en tierra. permitiendo que una pareja de recién casados se reuniera y dado su nombre al Bell Stream. y vio casi enterradas bajo tierra y cubiertas por la hierba las piedras que hacía veinte años Sophie había colocado en forma de corazón para conmemorar la fecha en que las campanas de la iglesia habían tañido hasta que terminó la tormenta. pero más allá se transformaba en barro. ¡Dios mío! ¡Cómo es posible que estén todavía aquí! María se acercó a Nell. Tú estabas allí de pie. ése era el trecho de agua que la policía estaba explorando. El arroyo estaba flanqueado por arces y robles. en la orilla opuesta del arroyo. María aminoró el paso.de Hallie. —Aún recuerdo un trozo de cuarzo rosado —dijo Nell arrodillándose junto a María—. Las hierbas altas le acariciaban los tobillos. Mantuvieron los ojos fijos en el suelo. —No estoy segura pero creo que es ésta —dijo. La casa de Sophie estaba a unas doscientas yardas de allí. —Hace años que no vengo por aquí —dijo Nell.

aunque más joven que María. había sido el corazón y el alma de todas ellas. Hierbas verdes se balancearon en la corriente. pero sí recordó lo convencida que estaba Sophie. apareció el revólver que Sophie había usado para matar a Gordon. Se inclinaron sobre el agua. numerosos guijarros cubrían el fondo. mirando todavía absorta el corazón de piedra. El hecho de que Sophie hubiese escapado al fin dándole muerte. de apenas cuatro pulgadas de profundidad. Aparecieron algunas burbujas. bañado por el Bell Stream. Las arañas de agua se agitaron por la superficie. —Aquí hay menos hondura —dijo María levantándose. No pudo recordar ya cómo Sophie había determinado que éste era el lugar más probable en donde tuviera lugar la famosa boda.piedra se le hizo borroso. y escudriñaron el fondo de guijarros. Ésa fue la razón de que a María. se habían fiado de su instinto. tal vez de alguna rana oculta entre las profundidades. «Fue aquí mismo —insistió Sophie—.» María y Nell habían entrado de buena gana en el mundo de Sophie. Estoy segura. Sophie. Y entre ellos. Lo sé. le resultara imposible comprender por qué Sophie había renunciado a sus convicciones para convertirse en la víctima de Gordon. Nell la siguió hasta la orilla del arroyo. tuvo más sentido para María que el haber soportado sus ataques. ~182~ .

querida». porque ella también es una. En Radcliffe. no.» Solía irritarme su forma de decir «tu pequeña familia». al otro extremo del Estado. solía decir. Llora porque viven lejos. Cuando éramos pequeños ella nos veía a María y a mí como debutantes en miniatura y a Peter como un pequeño acompañante. pero lo que realmente esperaba mamá es que nosotros alcanzáramos el Juilliard. «Le resulta muy penoso». Le digo que se imagine lo terrible que sería si ellos vivieran en Hatuquitit y cada día cuando fueran a la escuela I y tuvieran que pasar por delante de este lugar sabiendo que su madre está dentro. a mitad de las horas de visita. Por ejemplo. Mamá no es dada a ninguna clase de visitas. Quiero decir que está muy bien comprender k> que una persona está pensando. Si mamá me hiciera saber que pensaba venir aquí. una cualidad que considero poco honesta. Cuando ingresó en el Slocum General para su histerec-tomía. desde luego.jamin. mi compañera de celda. y nunca le pudo sacar una nota acertada. pero tú tienes derecho a hacerle saber lo que piensas. ¿Por qué iba a querer yo hacerle pasar por eso? Estoy segura de que ella jamás pensó en tener una hija aquí. Pero ella me disuadía. mamá. ¡Como si la suya ~183~ . también. Bess habla de ellos sin cesar. así que fui yo quien se cargó las lecciones de canto. desde luego. En la cárcel. Bess. el instrumento era tan alto como él y no menos esmirriado. abandonando esto con una imagen de su madre vestida con el mismo | uniforme que usamos todas. tiene tres hijos| y los tres vienen cada dos sábados. o bien: «Es mejor que me envíes flores y que te quedes en casa con tu pequeña familia. me repite una vez y otra Peter. le dije. Mamá no me ha visitado aquí. Pero tal vez yo sea injusta. Ben. Evidentemente. Las seis eran un momento adecuado. Las lecciones de música no tienen nada de malo. y no pueden visitarla con más frecuencia. Me duele pensar en ellos. Royce y Lance. yo le enviaría un mensaje escueto: no te molestes. En el Carnegie Hall. Peter es muy comprensivo con mamá.CAPÍTULO XXIV No puedo imaginar qué clase de madre querría que sus hijos! la visitasen aquí. «Pienso ir esta tarde a las seis». María era demasiado cerebral para contribuir a la exhibición de mamá. y viviendo en un mundo de criminales. «Habrá un tráfico terrible. Peter optó por el clarinete. adoro las dalias. no quiso que nadie la visitara. Pensábamos que aquello era para divertirnos. Yo le digo que tiene suerte. sí. Las madres suelen tener una visión errónea de lo que es mejor para sus hijos.

Mamá siempre acudía a visitar un recién nacido pero cuando yo ingresé en el Slocum para que me operaran de disco. Gordon podría haber sido un hombre maravilloso. Lo reconozco. Gwen se ha especializado en visitar a los amigos en el hospital. tardé años en adivinar por qué ella no quería visitantes: para no verse obligada a devolver las visitas. Ella le enseñaba las cosas que había aprendido en las clases de artesanía. Sus padres le exigían mucho. así que he estado alimentando mis rencores. «Eso da igual ~184~ . no se permitía que los niños entraran en la planta de cirugía. Por otra parte. estuches de cigarrillos. al que le habían amputado la nariz. Me enfureció mucho cuando pensé en Gwen arrastrando a su niño hasta la planta de cirugía para visitar al pobre señor Peabody. Gwen conservaba algunas de sus mejores obras: una caperuza a punto de cubrir el rollo de papel higiénico. Gwen conoce las mejores floristerías y pertenece a un club de artesanía para poder enviar regalos pequeños y estimulantes a sus amigos enfermos. Los hospitales la deprimían. y él las hacía en casa. Gordon les daba muchas cosas pero eran las cosas menos indicadas. pero Gwen era una visitante tan habitual que las enfermeras hacían una excepción con su hijo. un nacimiento hecho enteramente con escobillas de limpiar pipas y un centro de mesa construido con un alambre de colgar la ropa formando un círculo y tiras de papel de estaño retorcidas a su alrededor. Es inútil pensar en los buenos tiempos. Miento aquí pensando en lo mucho que odio a Ed y Gwen. Ella solía llevar consigo a Gordon. yo sólo tenía a Simón. le solía preguntar yo. Podría pensarse que esto es algo que ha empezado a hacer desde que sus amigos se han hecho viejos. Sea como fuere. extirpación de nariz o amputación de un dedo del pie como consecuencia de la diabetes. luego pintó unos ojos azules y una sonrisa. ¿ Quién diablos era el señor Peabody para Gordon? ¡Nadie! No me hagáis saltar. pero lo cierto es que se remonta a mucho tiempo atrás. Ed no podía vivir con la idea de que Gordon no sería un deportista profesional. «¿Qué deporte?». Manzanas y naranjas. Podría haber sido muy feliz. Claro que cuando ella sufrió la histerectomía. Algunas veces admito haber sabido siempre eso: que Gordon no tuvo ni un día feliz en su vida. El asa de la taza era la nariz. cuando él era pequeño. Por entonces. No hay mucho que hacer salvo recordar el pasado. Sus amigos siempre están allí dentro por algo terrible: cáncer rectal. un pupurrí hecho con las rosas y las glicinas de Gwen. mamá no vino ni una vez. También hizo un busto de su profesora de cuarto curso invirtien-do un platillo y pegándole la correspondiente taza invertida. y a continuación le pegó un hilo amarillo como pelo.fuera tan enorme! Mamá sólo tenía un hijo más que yo. Por lo general Gordon daba sus productos artesanos a los amigos enfermos de su madre.

y que me fastidiaba de verdad. podría haber sido un gran hombre. pero no pudimos parar. poco antes de que se encerrara en el cuarto de baño «¿Que es lo ~185~ . Se mueren por que les ha ble de Gwen. no elogiarle jamás o fingir que no se le escucha. como si él no estuviera presente.» Entonces me preguntó qué era lo peor que Gordon me había hecho. en lugar de ocuparse de sus propios asuntos. y a veces alarga el brazo hacia abajo y nos estrechamos la mano. A veces se quejan de que las suegras. una cosa sutil que Gordon no había hecho nunca pero que la hizo durante los últimos meses. había recibido golpes de sus padres y que él golpeaba a sus propios hijos. golf y natación. cerraba el libro y cogía la puerta. Pero me bulló una cosa en la cabeza. preguntó ella. Cada vez que yo entraba en una habitación. Bess es la única con quien hablo. «Hay otros procedimientos peores». La celadora nos advirtió dos veces que nos durmiéramos. Es un tema tópico de conversación. Cuando me disponía a ir a la cama le oí murmurar «Yo quisiera». Muchas dicen no haber satisfecho las ex-pectactivas de lo que sus suegras esperaban para sus hijos. Pude captar las palabras «Yo quisiera. y Ed esperaba que Gordon volviera a casa y se hiciera profesional de golf en el club de campo de Hatuquitit. «¿Cuáles?». «¿Qué dices?».» Bess me dijo: «Pues los golpes son el peor problema de Jimmy y lo sigue siendo. Dijo que eso se conocía como una «cadena de abuso» y me preguntó si los padres de Gordon habían abusado de él. porque creen que ha debido de ser una pieza de cuidado para haber educado un hijo como Gordon. los pensamientos acuden sin cesar. Pero al cabo del tiempo dejamos de reírnos y vi que Gordon había empezado a creérselo. Gordon empezó a decirlo en voz más alta. le dije. *j j ¡Encuentro tan poco consuelo en eso! Es fácil hablar todavía a ji los hombres adultos que nosotras amamos. Solía susurrar algo al pasar por mi lado. Al principio nos reíamos cuando Ed dijo que si Gordon no se hubiera casado conmigo ni tuviese que mantener una familia. Anoche Bess y yo estuvimos mucho rato despiertas hablando de nuestros maridos y sus padres. Participaba en los torneos de golf en Princeton. Pero él seguía adelante. Gordon se iba.». se entrometen y critican. Cualquier deporte. preguntaba yo. Me oye llorar por la noche. Tienen razón pero no saben el porqué. Bess es la única persona a quien se lo he contado. Estuve pensando un buen rato y así y todo no encontré una respuesta.» Era bueno en atletismo. Una vez has comenzado. su marido. Bess dijo que Jimmy. Si él estaba leyendo un libro y yo entraba con un montón de ropa limpia para guardarla.. Ellas ven a Gwen como una mujer malévola que ha criado a un villano. Hace un mes. «Encerrar a un niño en el sótano. pero yo la veo como una mujer estúpida que ha criado a un niño solitario y desconcertado.—contestaba Gordon—. Aquí todas las mujeres se lamentan de sus suegras..

¿Que fuésemos felices? ¿Amarme más a mí y a los niños? ¿Que nada de esto hubiera sucedido? Una noche. Como las luces estaban apagadas. le dije.. veían vídeos musicales en la tele. Dejaron los libros sobre la mesa de Maria. —¿Estáis dispuestos para un paseo en barca? —preguntó Maria.». Gordon estaba ante el mostrador preparando café para la mañana siguiente. pareció sorprendido de verme. pero no hubo necesidad. Dejó caer el café dentro de la bolsa y salió de la habitación. Inmóvil en el vestíbulo de la casa que habíamos elegido y decorado juntos. Estuvimos allí parados tanto tiempo que los ojos se me habituaron a la oscuridad y pude ver sus hermosos ojos. se concentró. justo delante del armario de los abrigos. en poner la medida justa en la cafetera. «¿Qué quisieras?». Dímelo.que quisieras? —le pregunté a través de la puerta—. Maria. Era una mezcla especial de vienes y tostado francés que yo había comprado en Dean & Deluca porque había oído que Gordon decía a Ralph Gamble que últimamente le gustaba el café muy fuerte. alargué la mano hacia el interruptor para poder vede la cara. como si hubiera estado pensando en algo muy alejado del hogar. Gordon levantó la vista. Simon y Flo. tumbados en el sofá. dijo al pasar por mi lado con una voz más alta de lo usual.. Cuando yo pensaba que habíamos encontrado la realidad de la vida. Era el primer día soleado después de varias jornadas de llovizna continua. me dijo Gordon. Se detuvo bruscamente en el pequeño vestíbulo. los miró pasmada y se esforzó por dominar su impaciencia. Maria habló muy despacio: —He dicho si hay alguien dispuesto para dar un paseo en barca. No lo hizo con demasiada fuerza. Y luego se marchó escaleras arriba. pude sentir su cálido aliento en mi pelo. Éste era el hombre con quien me había casado. «Yo quisiera que te murieses». vestida para excavar. comieron algo y se acomodaron delante del televisor. Y corrí tras él. pregunté. Yo le iba a suplicar que me lo dijera. ~186~ . Después de la escuela habían ido directamente a casa. —Yo no quiero -dijo Simon. Le estuve observando un rato y no pude dejar de pensar en nuestros primeros años de matrimonio. Intenté imaginar lo que quería Gordon. fui a la cocina para hacerme una taza de té. cuando éramos tan felices. de pie en la cocina. ceñudo. El padre de mis hijos. Muchas veces me la cogía así cuando bailábamos. después de meter en la cama a Simón y Flo. Pareció como si ninguno de los dos la oyera. sus altos pómulos y su ancha frente. por favor.» Pero no lo hizo. Gordon. pero él me la sujetó. «Te quiero». «Yo quisiera.

Maria no había visto a Duncan desde que habían llegado los niños. Él se lo metió por la cabeza. Mientras esperaba a Simon. ¿Dónde está tu hermano? Flo se encogió de hombros. Maria caminó hasta la lancha para asegurarse de que todo estaba en orden. pero no parecía haberse dado cuenta. Sin embargo. Ella luchó con el deseo de ayudarle a entrar en la lancha. él le contestaba tajante que no. daos prisa! Los niños abrieron los ojos como platos al darse cuenta y corrieron escaleras arriba. Intentó olvidar su mal humor pensando que se debía a que se sentía atrapada. Y le echaba de menos. reluciendo como un espejo. A ella le gustaba trabajar a últimas horas de la tarde. lentamente. tía Maria? —preguntó Flo. ¡Venga. Maria se preguntó si habría algún procedimiento especial para lavar un «tutú» sin arrugar la falda de tul. justamente cuando los niños volvían de la escuela a casa. e incluso con Hallie por no relevada en el cuidado de los niños. Se oyó un portazo. Maria hizo como que no se daba cuenta. contemplaron a través de la bruma la plácida bahía extendiéndose hacia las islas Hechizadas. Dejó que Maria la metiera en la lancha y le pusiera un salvavidas anaranjado alrededor del cuello. —¿Puedo llevar esto. —Cambiaos de ropa —dijo Maria—. aguardaba esperanzada el viernes. con los ojos bajos.—Yo tampoco —dijo Flo. Maria sonrió al observar que la niña se había puesto una cazadora sobre el «tutú» y que se había metido toda la falda dentro de unos pantalones. —Está bien —dijo Maria—. —Vamos a excavar. A veces se enfadaba con Peter y Nell. Luego apagó el televisor. —¿Adónde vamos?—pregunto Simon. Simon se acercó malhumorado por el sendero. Permaneció donde estaba. mirandoo a Maria con expresión escéptica como si la respuesta de ella fuera a determinar si él iba o no. Pero por otra parte sabía que tanto Flo como Simon necesitaban estabilidad y que no les convenía trasladarse de una casa a otra. Había que comprar comida. Cuando se hubieron cambiado. la fecha que había convenido a regañadientes para que fueran a casa de Ed y Gwen. lavar la ropa y hacer otras faenas domésticas. Maria le dijo que se Pusiera el salvavidas. A las islas Hechizadas. y lo añadió a la larga y onerosa lista de los quehaceres que había asumido desde que llegaron los niños. y Maria miró hacia la casa. Cada vez que le preguntaba si algo iba mal. Se había manchado de chocolate la pechera del «tutú». —¡Eh! —protestó Simon. Con no pocas dificultades Simon se encaramó por la borda. pero con todo ~187~ . Vamos a dar un paseo en lancha.

jado por la marea. una bandada de peces se zambullía en el agua. Comían con bocados mesurados. María pensó que la pregunta de Flo iba dirigida a Simón. —¿Te gusta pescar? —preguntó María. —¿Se tiran pedos los peces? —preguntó. Duran. —No. Se ag rró a la borda observando los peces hasta que María viró por boya roja y cortó el gas. —Pues tú lo haces —dijo Flo. Pero la propia María se puso solemne cuando ascendió con la mochila ~188~ . María sonrió al oír sus chillidos mientras ascendían por las rocas resbaladizas. pero cuando se volvió para señalar hacia su casa a través del canal. y ella se sintió agradecida. —Por eso hay burbujas —dijo Simón. Maria hizo la vista gorda. Hubiera deseado una caña de pescar bordo. Veían la televisión sin sonreír. —¿Se tiran pedos? —repitió Flo.. María observó cómo marchaban. Por fin parecían niños pequeños. —¿Queréis ver la excavación? —preguntó María. —Es mejor idea —convino María. Algunas veces se gastaban bromas pesadas. —¡Mirad eso! —gritó para hacerse oír a través del ruido de motor. supongo que sí —dijo María. no lo hago —dijo Simón—. como ella habri estado a su edad. —Preferimos jugar —dijo Simón. —No. pero parecían aburridos.te casi todo el tiempo los niños parecían tan solemnes como luteranos. Los niños treparon por las rocas en busca de algún charco de. —Pues. es una tontería —dijo Simón. —Son atunes —gritó Simón repentinamente interesado. Flo se echó a reír. Sólo me gusta coger peces para poder lanzarte sus tripas. Cuando cruzaron el canal Maria miró a los niños. Le hubiera gustado verlos contentos con el paseo en lancha. agitando las colas plateadas y revolviendo la aguas. De pronto parecían deseosos de divertirse. haciendo reír a Flo y María.. A popa. vio que los dos niños la miraban expectantes.descaro se lo dejó sin abrochar. Entre los tres vararon la lancha.

María se corrió hacia la izquierda para dejarles ver. quizá buscando lombrices. María alargó los brazos para estrecharla contra sí. Recordó el cementerio indio en el desembarcadero de la Squaw y se preguntó por qué la mujer no habría sido enterrada allí. —Hace trescientos años. La lluvia había revuelto la tierra alrededor del toldo. Él y Flo aparecieron en lo alto del montículo. en algún lugar de las islas Hechizadas. —Papá no tendrá ese aspecto —dijo Flo. pensó María mientras limpiaba con el pincel duro la tierra adherida alrededor del disco metálico.. examinó los huesos de la mujer. Se veían grandes arañazos de garras. Un pájaro o algún animal mayor había escarbado la tierra. Se detuvo en lo alto y le echó una ojeada. Después de sacudir el toldo. aquí había muchas ofrendas funerarias. Se sentó sobre los talones y localizó la costilla rota. María se sobresaltó al oír su voz. darían resultado.por la suave pendiente. Y alargó la mano para tocar la tibia de la mujer sin que María se lo impidiera. ¿No se desahuciaría a los indios asesinados? En algunas culturas que ella y Aldo habían estudiado. —¿Tendrá papá este aspecto? —preguntó Simón. —Sí que lo tendrá —dijo Simón resoplando furioso. examinó con atención el cráneo de la mujer. Es el esqueleto de una mujer india. Durante unos minutos María contempló desanimada el emplazamiento y se preguntó cómo proceder. el asesinato era tan vergonzoso para la víctima como para el asesino. Los indios siempre enterraban a sus muertos con obsequios. lo cual denotaba que la mujer había sido querida en las fechas de su entierro. Sin embargo.. Sentado sobre los talones. Su voz comenzó a temblar. Hacía días que no visitaba la tumba. —Estoy intentando dejar al descubierto esas cuentas y piedras —dijo—. Le resultaba difícil volver a excavar después de tanto tiempo. Nunca había sabido a ciencia cierta si las teorías que ella había concebido en una fase previa de la excavación. y sobre las superficies que había limpiado con tanta escrupulosidad la semana anterior se había depositado una fina capa de polvo. —dijo María después de un breve silencio. —¿Es un esqueleto? —preguntó Simón. —Sí —dijo—. —Bueno. Ella estaba habituada y no había considerado que quizás ésta fuera la primera vez que los niños veían ~189~ . ¿Queréis verlo? Los niños se acercaron. —¿Cuándo murió esta india? —preguntó Flo. Estos huesos podrían pertenecer a esa mujer. y que se la había enviado con abundantes regalos al viaje de tres días hacia la tierra de los muertos.

—Todos lo tendremos así —dijo con dulzura—. pero nosotros lo hacíamos todo el tiempo. Si se nos quiere cuando estamos vivos. ¿Crees que ya lo tiene? —No —dijo María. ¿Tenéis alguna idea de por qué no era feliz? —Por culpa de mamá —dijo Simón. Algunas personas lo comen en ocasiones especiales. —No era feliz —dijo Flo moviendo también la cabeza. —¿Veis lo que os quiero decir? —preguntó María. Pero no importa. Ellas tienen las mismas caras que tenían cuando estaban vivas. ¿Recuerdas aquellas huevas de pez? —Caviar de Rusia —dijo Simón—. pero en el cielo son felices. —Las personas no cambian en el cielo —dijo María—. Ella sabía lo que más le gustaba. ¿cómo podré encontrarle cuando yo vaya al cielo? —preguntó Flo. —Entonces. Quiso investigarles para que ~190~ . ¿por qué decía que se sentía desdichado por culpa de mamá? ¿Qué hacía él? —preguntó María. No es justo que papá tenga ese aspecto. —¿Por qué. —Si él tiene ese aspecto. Papá tenía pijamas. animándole a seguir hablando. —¿Sabéis por qué? —preguntó María—. Todas tienen el mismo aspecto con el que lo recuerdas. —Y mamá le compraba montañas de regalos —dijo Flo como si fuera una persona mayor rememorando los buenos tiempos—. ¿Veis cómo había alguien que quería mucho a esta persona? ¿Veis cómo se la enterró con un cacharro y algunas joyas? —Yo quiero todavía a papá —dijo Flo. —Pero mamá intentaba hacerle feliz —dijo Flo con voz débil y tensa—.un esqueleto. Pero éste se quedó callado y ella le tocó el hombro. cariño? ¿Es que tu papá no era feliz? Simón negó con la cabeza. El corazón de María se puso a latir más aprisa. bufandas y corbatas más suaves que nadie. Y le llegaban del mundo entero. Ella pedía cosas de fuera. se nos querrá cuando muramos. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas y se las lamió cuando le llegaron a los labios—. esperando que Simón continuara. —Pero más feliz —dijo Simón—. —También yo —dijo Simón.

~191~ . mamá dio una buena tunda a Flo —dijo Simón. pero se sintió más allá de toda consternación. La empujó y luego cerró la puerta con llave y dijo que la tendría allí encerrada mucho rato para que tuviera tiempo de pensar en lo que había hecho. —Entonces. — Flo. Decía que terminaría allí. Se sentía muy impaciente. Flo se puso a llorar con más fuerza y María la apretó amorosamente contra sí. pensó María. Pudo oír los latidos de su corazón en los oídos.siguieran pablando. —Papá siempre decía que ella iría a la cárcel por lo que nos hacía —dijo Simón. cuando les contó que los padres de Gordon le habían encerrado durante horas en el sótano. Recordó la apasionada explicación de Sophie a ella y a Pe-ter. ¿ recuerdas aquella vez que Sophie estuvo en el hospital. Son unos embusteros. Sintió ganas de coger la lancha y abandonarlos en la isla. sombrío y amargado de nuevo—. —¿Papá ha sido enterrado con cosas para su último viaje? —preguntó Simón al cabo de un rato. cuando oyó hablar a Sophie y Flo en la biblioteca de Hatuquitit. María sintió mareos. aunque sólo fuera una fracción de lo que les habían hecho sus padres. ¿qué le sucedió a mamá? —preguntó calmándose de repente—. Flo asintió. —Aquel día. Pero se esforzó por dominarse y mantenerse serena. el llanto no le dejó hablar. decorado todo el año. Para castigarla por haber hecho daño a Flo. —Pero Sophie no os pegaría nunca —dijo. Pensó que debiera estar consternada por lo que le había dicho Simón. cuando dijo que se había caído por las escaleras. y comprendió que los niños estaban diciendo la verdad. ¿Cómo terminó en el hospital? —Papá la empujó por las escaleras del sótano —dijo Simón—. Como sus padres. y se preguntó si Sophie y Gordon también tendrían en su sótano un árbol artificial de Navidad. ¿Es eso cierto? ¿Es eso lo que sucedió? Flo cerró los puños y negó con la cabeza. La memoria de María se remontó al invierno. Tenía la impresión de que al fin estaban dispuestos a manifestarse y que iba a saber lo que Gor-don les había hecho. —¡Sí que lo hacía! Lo hacía siempre. Sintió deseos de poder hacer algo para compensarles. y tú tenías contusiones por todas partes? Tú dijiste que ella se había derrumbado sobre ti.

~192~ . —¿Y qué me dices de mamá? —preguntó María temiendo oir la respuesta —. la queremos —dijo Flo. ¿Tendrá ella cosas a su lado? —Desde luego —dijo Simón—. la niña continuó llorando muy quedo y chupándose el pulgar —Seguro que papá tiene cosas con él —dijo confiado Simón-Tú has dicho que la persona a quien se quiere en vida es enterrada con cosas.—Eso no se suele hacer hoy día —dijo María. —¿Por qué no? Es una buena idea —dijo Simón—. —Y yo mi «tutu» —dijo Flo. —Sí. Yo querría mi tabla de patinar y un televisor. Aunque habían cesado los sollozos. Y todos nosotros le queríamos. También la queremos.

como una agenda con columnas de horas y las correspondientes citas. La fiesta no puede comenzar sin ti. Pero todo cuanto pudo pensar fue que había sido Sophie y no Gordon quien había pegado a los niños. La madre de Toby. Hay otras madres. Duncan vendría a cenar. envuelto en papel con ositos de felpa color espliego. con canas prematuras y una sonrisa radiante. agarrando fuertemente el regalo para Toby. La señora Cannon le había dicho que los niños se burlaban de Simón y Flo en la escuela.CAPÍTULO XXV El viernes por la tarde María tenía que dejar a Flo en casa do Toby Jenkins para la fiesta de cumpleaños. Simón esperó en el coche mientras María y Flo marchaban cogidas de la mano por el camino enlosado hacia la casa de Toby Jenkins. —Cómo estás? —dijo María. hora en que Ed y Gwen pasarían a buscarlos para pasar la noche en' su casa. Yo soy Olivia Jenkins. recoger a los niños y tenerlos listos a las seis en punto. María no se lo había revelado a nadie. llevar a Simón al centro para la primera sesión con la doctora Middleton. Acompañó a Flo hasta la sala en donde un grupo de niñas vocingleras ~193~ . las recibió en la puerta. El estómago le dio un vuelco. —Simón está esperando. y quería encontrar algún medio para advertirles a los niños que lo mantuvieran en secreto ante Ed y Gwen. —Corre adentro.. comprar comida. Apenas despertó. Flo —dijo Olivia rozando con los dedos una de las trenzas de Flo—. sería la primera vez que se veían desde que él se había mudado de casa. se le vino encima todo lo que tenía que hacer. cariño —dijo María. Flo se quedó vacilante en el umbral. —Vamos. Pero mantuvo una mano protectora sobre el hombro de Flo. —¿Por qué no te quedas a tomar café? —propuso Olivia—. María supo cómo se sentiría Flo entrando en una habitación llena de niños. María intentó ordenarlo en su mente. quienes sabían lo que había hecho Sophie. —Tú debes de ser María —dijo estrechándole la mano—.. pero gracias de todas formas —dijo María tomando nota de lo de «otras madres».

Quizá recordara haberla visto en el funeral de Gordon.. Cualquier cosa. Alicia Murdoch era una de ellas. hurgó un pequeño orificio en la rodillera de los vaqueros. Su aspecto mohíno y silencioso inquietó a María.. Dile cómo te sientes. Y miró a María. —Me parece estúpido. —No muchas —dijo Simón frunciendo el ceño a la ventanil —Puedes decirle lo que quieras. Simón no respondió. Una mirada curiosa e insistente. Simón. le entraban ganas de aplasta el maldito aparato. —No. Le resultó difícil esperar hasta las seis. Al echar hacia atrás la cabeza para apartar el pelo que le caía sobre los ojos le recordó a Gordon. Cuando subió al coche se sentía como si hubiera salido huyendo. Simón miró impertérrito por la ventanilla del coche. —Puedes hablar con ella. Cuándo te enfadas conmigo. como si Alicia estuviera intentando identificarla.jugaba con globos. —¿Qué es lo que sabe de mí? —preguntó al fin. dijo adiós a Olivia y se marchó. ~194~ . —Entonces. María le miró fijamente intentando adivinar lo que estaba pensando. pero sabes que éstas reaparecen cuando termina el programa. algo azorada. las burlas de los otros niños. porque siempre hay otro programa —dijo él. la hora en que Ed y Gwen recogerían a los niños y Duncan acudiría al desembarcadero de la Squaw. Observó cómo Flo entregaba el regalo a Toby y se incorporaba a la fiesta. luego dirigió una última mirada a la mujer cuyo marido era su amante. —¿Cómo me siento? —Si te sientes triste o preocupado. los meados de Flo en la cama. Te guardará el secreto. —Eso no es cierto. Había algunas mujeres jóvenes que hablaban alrededor de un velador. María. El hablar de las cosas aún las empeora más —dijo Simón con amargura. —Sabe cosas de tus padres —dijo María.. como si no la hubiera visto. ¿Qué podía contestar a eso María? Al ver a Simón sentado i rante horas delante del televisor. felicitó a Olivia por su pequeño cuadro paisajístico colgado cerca de la puerta. Ella no había contado con todo esto: el silencio de Simón.. ¿qué hay que contar? —preguntó Simón con voz tensa. Cuándo echas de menos a tus padres. —Debes de tener muchas cosas que contar a la doctora Middleton —dijo.. Se sentía furiosa.. Tú puedes creer que es más fácil ver la televisión y fingir que las cosas malas están bien.

—Hola. María le estrechó la mano y luego la doctora se centró Simón.—Tal vez debieras decirle que los niños se burlan de ti. Conversaban animadamente. Hallie y Nell llegaron deambulando. observó a la gente que pasaba por la calle. —La tensión en su voz hizo que María sintiera una ole da de odio contra Sophie. —¿Dónde has estado? —le preguntó Hallie—. Simón —dijo sonriéndole con los ojos. De vez en cuando alguien la reconocía. tomates y patatas. la sala de espera tenía flores y varios pósters de embarcaciones. ~195~ . lanzaba un mirada furtiva y seguía caminando. pez espada para asar. Compró todo aprisa porque quiso estar frente a la casa de la doctora Middleton cuando Simón terminase. María calculó que la doctora Middleton tendría su misma edaij —Hola. una enorme casa blanca. Dentro. Durante unos instantes. —¿Te parece bien? —preguntó María. —Claro —dijo Simón. ella y Simon contemplaron el edificio de la doctora Middleton. María aparcó el coche. Se abrió una puerta y entró en la sala una mujer alta y hermosa. Te he estado telefoneando toda la mañana. María se apeó del coche. María —dijo la doctora. María había hecho sus compras en el centro comercial cerca de Blackwood para evitar los ojos inquisitivos de la gente que conocía. —¿Conmigo? —preguntó sorprendido Simón mirando a María. Y sin despedirse de María entró en el consultorio de la doctora Middleton. y un pastel de chocolate. Caminaron sin decir palabra por la acera. —Hola —dijo Simón sin ningún entusiasmo. Fuera de Hatuquitit la historia no era tan descomunal. Ella no la había visitado desde lo que le habían revelado los niños y no podía soportar la idea de verla. Ésta cerró la puerta. Mientras esperaba en el coche. Hallie llevaba una enorme pamela y gafas oscuras. María compró lechugas. —¿Quieres entrar? —preguntó la doctora. —Todo es porque mamá está en la cárcel. A hojeó Highlights mientras Simón jugaba con un rompecabezas. Simón se encogió de hombros. Nell empujaba el cochecito de Andy. si a él no le importa. María se dispuso a seguirle pei| la doctora la detuvo. y yo sólo quiero olvidarlo. —Creo que hoy Simón y yo hablaremos a solas.

—Es un estigma que los niños llevarán toda su vida. pero cuando yo era joven las familias se ocupaban de sus propios problemas. Eso podría incluso hacerles salir de la escuela. —Yo creo que es una buena idea —dijo Nell. —Sé que soy anticuada. —Debes de estar bromeando. No iban corriendo al psiquiatra. —Creo que esto es demasiado complicado para que lo afrontemos solos —dijo María con exagerada firmeza para ocultar la alarma que sentía. que es psicóloga. Hallie echó una ojeada al edificio de la doctora Middleton. Y creo que era sincera. cuando recogí a Andy. Muchas de sus grandes casas habían sido divididas en apartamentos o transformadas en consultorios de médicos. La gente no sabe qué decir. —Las cosas están ya bastante mal sin necesidad de que la gente piense que los niños están confundidos. Me refiero al hecho de que necesiten ayuda psiquiátrica. —¡Mamá! —exclamó María consternada ante la lógica retorcída de su madre. Jamás pensé que algún día debería ocultar la cara en Hatuquitit. Aquel tramo de la Summer Street era eminentemente residencial. que había estado pensando lo mismo. Pensó en lo que decía Peter de que Hallie negaba que las cosas fueran tan tremendas para preservar su propio equilibrio. Hallie apretó los labios. mamá —dijo María sin querer creer que Hallie pudiera llegar a ser tan ridícula. —No me gusta eso —dijo. —Simón está ahí. Yo pensaba que las madres que llevan sus hijos a la guardería me desairaban. una de ellas me dijo cuánto sentía lo de Sophie y todo eso. María. Hallie echó una mirada alrededor. ~196~ . en el consultorio de la doctora Middleton. confusos. —Observa a toda esa gente que pasa sin dirigirme la palabra —dijo Hallie —. miró implorante a Nell en busca de ayuda. Las gafas de Hallie se deslizaron hasta la punta de la nariz dejando ver unos ojos desorbitados. —Esto no durará siempre —dijo Nell—. pero ayer.—Recados —dijo María. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Hallie.

cómo me gustaría darles con un bate! —exclamó Hallie. Cuando se detuvieron para recoger a Flo. Su presencia les hizo darse cuenta de que estaban levantando la voz. María tuvo la impresión de que las dos hablaban en clave. y asintió—. María imaginó que se estaba refiriendo a la reunión de Ed y Gwen con los niños. Tres mujeres discutiendo de conflictos en la Summer Street de Hatuquitit podrían muy bien haber sido tomadas por brujas. —Ella debe de estar volviéndose loca allí —dijo Nell refiriéndose a Sophie. —Que os divirtáis esta noche —dijo Nell agitando la mano. Un camión aparcó junto a ellas y su conductor empezó a descargar cajas. el niño salió del coche y acarició al perro pastor de los Jenkins. Se imaginó el siglo XVII. Simón pareció más sereno cuando salió del consultorio de la doctora. Nos veremos el domingo. —Más vale que vaya adentro y espere allí a Simón —dijo María. —El doctor Middleton es una mujer y sabe que las cosas no son tan simples como todo eso. ¿Te apetecería tomar un vaso de vino con nosotras? —Gracias —se apresuró a contestar María—. pocas horas antes de que llegara Duncan. ¡Oh. querida —dijo Hallie—. —¿Y esta noche es la «noche»? —inquirió Hallie. —Le resultaba muy violento ver a Alicia otra vez. cuando Charles Slocum compró la tierra a Nasseequidgeon. —Sí —dijo María. Estoy segura de que él está ahí contando a Simón que todos los problemas de Sophie son por mi culpa. —¿Vendrás a cenar el domingo? —preguntó Hallie bajando el tono e intentando guardar la compostura. aunque a veces se preguntara si eso era cierto. —Carol y Alicia aún están aquí —dijo Olivia—.—A ellos les gusta culpar a las madres. estoy segura —dijo María. —Adiós. —Sé cómo te sientes. Aunque no sonriera se mostró complacido cuando María le dijo que había visto a Hallie. María dio media vuelta y se dirigió hacia la entrada dejando que Nell se explicase. Nell y Andy. Me preocupa más que le cause buena impresión que cualquiera de las cosas que me ~197~ . Pero tengo que preparar a los niños para que pasen la noche con sus abuelos. Olivia sonrió. Yo me pongo muy nerviosa cada vez que tengo que enviar a Toby para que pase el fin de semana con su padre. —¿De qué estás hablando? —preguntó Hallie mientras se alejaban.

.. Te metes en su habitación con la maleta y vas recogiendo todo lo que puedan necesitar en veinticuatro horas. —Eso es cierto —dijo María con actitud neutral. María asintió agradecida y se despidió. Pero su mente estaba ya en otra parte. para que no puedan decir que no soy la tía adecuada. los juguetes con los que duermen. con Flo cogida de la mano. aplastándolas. Oyó carreras de niños por el vestíbulo. Patty preguntó a Flo por qué estaba su madre en la cárcel. batas. él y Flo se sentaron en sus bolsas de viaje. Luego se olvidaron.. pero estoy convencida de que lo hizo sin malicia. ¿No odiaría mamá a alguien que me matase a mí o a Flo? María quiso abrazarle para premiar su lógica. ¡Aquí viene! —dijo Olivia tocando la espalda de Flo cuando pasó corriendo. eso es fácil. —¿Cuánto tiempo estará allí? —preguntó Olivia. La ansiedad de Simón aumentaba por momentos. —¿Qué sucede? —preguntó María. Olivia —dijo María alargando el cuello para mirar hacia el interior de la casa. zapatillas. No estaban allí. se preguntó cavilosa cómo enseñaría a estos niños a proteger a una madre que había fracasado en su intento de protegerlos a ellos. Mientras se dirigía hacia Simón y el perro pastor. —No lo sé —contestó María. Pijamas. —Bah. —Yo siempre temo olvidar cualquier tontería como su cepillo de dientes. calcetines de recambio. Simón miró sin cesar a María con el ceño fruncido. libros. la ropa de jugar para mañana. —Hemos tenido pocos problemas —dijo Olivia en voz baja—. —¿Ed y Gwen odian a mamá? —preguntó.. —Sólo esta noche. —Gracias. Porque ella mató a papá. ~198~ . Mientras esperaban la llegada de los Littlefield ante el portal de María. Ya verás como es fácil. —Estoy segura de que sería así. Y deseó que Simón siguiera hablando. Flo hizo como si no supiese de qué le estaba hablando Patty y dijo que su madre estaba en casa. Se preguntó si él habría hablado de eso con la doctora Middleton. bañadores por si a sus abuelos les gusta la playa. —Ellos no lo entenderán —dijo Simón—. —Deben de odiarla.inquietaban cuando él y yo estábamos casados.

pero su cuerpo aún exhalaba un leve olor a barniz de teca y diesel. muy solemne. —¿Le culparán de qué? —inquirió Flo. Allí se acomodó en una silla metálica dando cara a las islas Hechizadas. —Entonces no les digas nada de las palizas —dijo él. —¡Qué contento estoy de volverte a ver! —exclamó. Quería saber qué opinaba sobre su teoría sobre la mujer asesinada. ~199~ . Contorneó la casa hacia el porche delantero. María se lo imaginó luchando contra el mismo dilema que ella había afrontado una hora antes: cómo decirle a Flo que mantuviera cerrada la boca. Era un momento muy poco oportuno. tenía el pelo pajizo húmedo de la ducha. Ed y Gwen se detuvieron ante el camino y permanecieron sentados en el coche hasta que los niños corrieron hacia ellos. María le abrazó porque no se había imaginado que Simón se diera cuenta de eso. Y sabes que ella no es mala —dijo con toda sencillez Simón. Le oyó llamar en la puerta trasera. pero Ed y Gwen miraron fijamente al frente. La estrechó entre sus brazos y le cubrió de besos las mejillas.—No quiero que ellos sepan las cosas malas que hizo mamá —prosiguió Simón—. No le apetecía leer una carta de Aldo cuando Duncan estaba a punto de aparecer. María les vio marchar. Y se quedó mirando pensativo a Flo. Después del trabajo. —Porque tú eres su hermana. Flo no cespondió per movió la cabeza de un lado a otro. Pero entonces apareció Duncan. Abstraída. —De todo —dijo Simón. María sonrió al verle llegar. Duncan se había quitado la camiseta y el mono de «Bold & Intrepid Boatworks» y se había puesto una camisa polo de color rojo. sorprendida de que él hubiese tomado esa decisión por su cuenta. María dio unos pasos detrás del coche por el camino de entrada y se detuvo ante el buzón mirando cómo los Littlefield desaparecían en un recodo de la carretera. Pese a todo estuvo a punto de abrir la carta de Aldo. Demasiado conmovida para hablar. ¿verdad? — preguntó. Él dio la vuelta a la casa. —Estoy aquí fuera —gritó. —¿Por qué me lo contaste a mí? —preguntó María sentándose en el suelo entre los niños. Porque entonces la culparán de todo. Se la metió en el bosillo trasero. Los niños la saludaron con la mano por la ventanilla trasera. Al abrir el buzón encontró una carta de Aldo. —No querrás que mamá se quede para siempre en la cárcel.

Se quedaron mirando el sol. Él asintió. Por primera vez desde su llegada. No me pareció triste cuando la dejé.. Duncan mudó de expresión. —dijo Duncan. como si me marchase al trabajo. para dejarle con la esperanza de que yo podría volver. Duncan no pudo ver a fondo la casa porque la seguía rodeando con el brazo y no parecía muy dispuesto a dejarla marchar. Estaba en la cocina hablando por teléfono con una amiga. Luego entraron juntos en la casa.. Tuvimos una pelea enorme por esa cuestión. los muebles y las fotografías de la familia de María en la repisa de la chimenea. —Cuesta creer que no hayas estado todavía dentro —dijo María. fue horrible decírselo a Jamey! Alicia me hizo decirle que era sólo una separación de prueba. que íbamos a pedir el divorcio.. —¡Dios mío. María consiguió coger las copas de vino y Duncan retiró el brazo sólo el tiempo suficiente para abrir la botella de vino blanco. Colocaron juntas las sillas para que sus codos pudieran tocarse. —¿Así que te has mudado? —preguntó María incapaz de esperar por más tiempo. Podremos lamentarnos de lo mal que nos sentimos —dijo bromeando. María cogió a Duncan del brazo. —Vayamos afuera para beber el vino y hablar de mi marido y tu esposa. María iba descalza. de un resplandeciente amarillo anaranjado pues apenas quedaba una hora para el ocaso. yo le dije que deberíamos contar a Jamey la verdad.—No puedes ni imaginarte la cantidad de cosas que he tenido que hacer esta mañana. Pero desde entonces me ha estado telefoneando cada noche. —Así que aquí es donde vives. pero me he consolado pensando que esta noche te vería. ¿Te apetece una copa? —He traído un poco de vino —dijo Duncan enarbolando una bolsa pardusca. Pero ella quiso revelárselo por partes. Pero observó los grandes ventanales. Yo abriré la botella. ~200~ . Me dijo adiós a voz en grito. Duncan se quitó a puntapiés los zapatos y apoyó con delicadeza el pie sobre el de María. desviando la mirada. —Es posible. —Siéntate —dijo María pensando que a él le gustaría mirar el mar tras una dura jornada de trabajo—. —Tal vez sea Alicia la que quiere alentar la esperanza —dijo María observando la expresión de Duncan. La besó en la boca.. —Ni hablar. Acabo de recibir una carta de Aldo. Voy contigo —dijo rodeándola con los brazos.

. Es sólo desde el lunes que yo no. Por cierto. —No me sorprende —dijo Duncan—. y por lo visto la lanzó contra unos bajíos cerca del Mona Passage. —Lo cierto es que no quiere cooperar. —Se le quebró la voz. Se cuidará de ella. —¿Echas de menos a Jamey? —Me fastidia estar lejos de él. Es agotador. ahora que estoy con Flo y Simón. Eso es lo peor de todo. Quizá debiéramos haber contratado a alguien más experimentado en casos criminales. —No lo sé. Y se quedaron silenciosos un rato.—¿Pondrías otra vez todo en su sitio si pudieras? —preguntó María.. ¿cómo le va a Sophie? María sacudió la cabeza. Tú no has tenido hijos. — María hizo una pausa para pensar—. Pero se niega a que depositemos la fianza. acarreando por los pasillos sacos de arpillera llenos de bases y bates. —¿Cómo te han ido hoy las cosas? —preguntó al fin María. —Steve lo hará bien. —Sé lo que quieres decir —dijo María—. Si vieras ahora a Bruce Stafford. Duncan la miró inquisitivo esperando una respuesta.. Siempre que veo a Steve Grunwald me lo imagino dirigiendo el equipo de béisbol. —Pues no lo sé. El no poder ver a sus hijos debe de ser un infierno.. —Aunque fuera una aseveración y no una pregunta. A veces.. Pero otras veces. —No. Siempre lo recuerdo como el chico gordo que conduce una furgoneta de reparto de la Beehive Bakery. Son unos niños implacables. creo que es él. la niña se queda ~201~ . Pensaba que se volvería loca si no salía de allí. están siempre presentes. Te fuiste de Hatuquitit hace tantos años que algunas personas se han quedado congeladas en el tiempo para ti. Y me asusta pensar que ahora él es el que se encarga del caso de Sophie. por ejemplo cuando estoy leyendo un cuento a Flo. Tiene una Yellowtail . —¿Bruce Stafford? ¿Aquel chico que iba con nosotros a la clase de álgebra? —¡Ah! ¿Lo recuerdas? —dijo Duncan bebiendo un poco de vino—.. Duncan le cogió la mano. —Probablemente él y Peter son los mejores abogados de la ciudad —dijo Duncan. No puedo recordar cómo me sentía cuando todo estaba en su sitio —dijo Duncan. no tuvimos hijos. Sí. creo que es mejor no haber tenido hijos. —Esta mañana nos llamó Bruce Stafford diciendo que su embarcación hacía aguas y que le remolcaba el guardacostas. Está como atontada.

María recordó que había excavado un I hoyo en la arena y que había recogido leña para encender un fuego y asar perritos calientes ensartados en un palo.. Necesitan muchas cosas. Hallie pareció desaparecer con él.dormida contra mí. ~202~ . Simón me pareció más tranquilo. tenía demasiado calor para cocinar. Tenemos pez espada. como cuando murió. recordaba que él le decía: «Hebras plateadas entre otras de azabache. María ya era lo bastante mayor para cuidarse de si misma. Y los dos se echaron a reír recordando que ninguno había probado bocado de aquella comida en la embarcación. realmente tengo la impresión de haber hecho algo bueno al haberle enviado allí. —¡Qué bien! —exclamó Duncan. y él anunció: «Mañana hará calor. menos trastornado.» Aquel recuerdo llegó a ella como por encanto. Al salir del consultorio de la doctora. —Voy a encender el carbón de la barbacoa —dijo levantándose—. María pensó que eso era cierto. el padre tenía el pelo blanco y escaso sobre el cuero cabelludo rosado. ¡Quién sabe! María dejó su vaso en el suelo. Tal vez Sophie hubiese fingido que era lo bastante fuerte para cuidar de Hallie. Pero de pronto se encontró pensando en Hallie. rodeando con un brazo el cuello de su padre mientras éste conducía a casa desde la playa una | noche de julio en que Hallie. —Una vez mi padre y yo vimos una puesta de sol como ésta —dijo María —. pero Sophie había sufrido más de lo que ella pudiera imaginar.. ¿verdad? —preguntó Duncan. Duncan y María contemplaron el sol que se ponía por detrás de Lookout como una bola de fuego. ¿Dónde está la parrilla? Yo cocino el pez espada casi tan bien como la sopa de almejas. Se frotó las manos y se levantó de un salto—.» Corazón de piedra —Tu padre murió cuando nosotros estábamos en el bachillerato. y tú eres la única que puede dárselas. embarazada de Sophie. Mientras esperaban a que el carbón estuviera en su punto. Cuando murió Malcolm. y cuando Hallie le gastaba alguna broma sobre sus canas. —Fue la mejor comida de mi vida —dijo María escondiendo la cara en el hombro de Duncan. En casi todas sus remembranzas. Los niños son implacables. Pero en aquella ocasión ella vio un pelo negro encaneciendo. Se acurruca como un cachorro. Ella iba de pie | en el asiento delantero del coche. —Tienes razón —dijo Duncan—..

—Recuerdo que lo sentí por ti cuando sucedió. A últimas horas de la noche. quizás en aquel instante. y ella le sonrió. De pronto María volvió la espalda al ocaso. y el faro de Little Harbor destelló a través de la bahía. su respiración se interrumpiría y él sería un cadáver—. la frente. alzándola del suelo. rememorando. Combatió el pánico e intentó respirar con normalidad. Una noche ella había mirado aterrorizada el techo. —¿Disponemos de unos pocos minutos antes de que el carbón esté listo? —preguntó María—. casi sentí alivio. ¿Podemos ir arriba? —Sus ojos fueron de Duncan a la puerta. le besó la coronilla. —Luego. Podemos hacer lo que te plazca. Duncan la estrechó entre sus brazos. sabiendo que muy pronto. Ella le pasó un dedo por la espina dorsal hasta llegar al cinto. —Debe de ser terrible contemplar cómo alguien a quien quieres se muere lentamente —dijo Duncan. y entonces deslizó la mano por dentro del pantalón. los hijos de Sophie. —¿De veras? No lo sabía.. Murió allí mismo y no le vimos nunca más... camino de casa. Cuando murió.? —Un accidente de automóvil —dijo Duncan—. las mejillas y por último los labios. Mi madre estaba virtualmente deshecha. ¿No te parece horrible? Me sentía culpable por albergar semejante sentimiento. —Quiero besarte —dijo.. Ella se cogió a su cuello mientras él abría la puerta con una leve patada y la llevaba escaleras arriba hasta la habitación abuhardillada. amor y pesadumbre por Malcolm. mirando el mar. la familia entera.—En el octavo curso —dijo María.. Quiso disipar el sentimiento que la embargaba. atravesó el porche llevándola en brazos. —Está bien —le susurró Duncan al oído—. —¿Es que tu padre. Porque a mí me había ocurrido lo mismo. Recordó cómo había sido aquello de esperar a que Malcolm muriera. Duncan se apartó sorprendido. —Mi padre murió el año anterior. Tú parecías siempre muy feliz participando en todas esas actividades escolares. —No sé —dijo María. También mis hermanos. Una brisa fresca agitó las cortinas en las ventanas abiertas. ~203~ . pero yo sabía lo triste que te sentías. Lo extraño de eso es que siempre he pensado que Peter y Sophie sentían lo mismo que yo.. Duncan la dejó sobre la cama. Él era viejo y estaba muy enfermo —prosiguió—. Estaban de pie en el porche.

pulgada a pulgada. sintió una excitación intensa en los más extraños lugares. María asintió y se recostó de nuevo sobre el almohadón. se sintió como una prisionera de Duncan y de su propio deseo. las partes protegidas del sol. él le cogió la mano y sonrió. y estuvo a punto de gritar. María creyó enloquecer. Las sensaciones volvieron tan intensas como antes. ~204~ . agarró por los hombros a Duncan y gimió. Sus pechos y caderas. la hizo dar media vuelta y le cosquilleó las corvas con la lengua.. Se sintió electrizada. —Por favor —dijo. —¿Necesitas un minuto para recobrar el aliento? —preguntó ella. Giró sobre sí misma. la raíz del pelo. eran blancas como perlas y María sintió una rara excitación al mirarlas. Hago esto por ti. —No por llevarte. María estudió sus ojos buscando lo que había de familiar en ellos. —Ven aquí. y el trasero de Duncan.—Nunca me había llevado nadie a la cama. jadeando un poco. Cuando él alcanzó los tobillos. Te quiero. Él pareció como si no la oyera. Él se llevó la mano al corazón. porque no había ido nunca tan lejos. continuó por sus piernas. besando y lamiendo con infinita ternura. María se apartaba de vez en cuando para ver sus cuerpos unidos. Ella supo por qué necesitaba una promesa tranquilizadora. y María comprendió que iba a perder el control pero supo que no había nada que temer.. no sólo por lo que Duncan estaba haciendo sino también por sus sentimientos hacia ella. A la luz vespertina sus bronceados cuerpos parecían más oscuros. Echó la cabeza hacia delante y hacia atrás sobre la almohada. Cuando creyó que no podía soportarlo por más tiempo se incorporó a medias. porque se sentía como alguien nuevo. Pudo verlo en sus ojos. es decir. —Eres ligera como una pluma —dijo él. los tobillos. Se quitaron aprisa la ropa y se besaron en la cama. brillando en la oscuridad. Cuando iba a rogarle que se parara. María sintió un hormigueo a través de su cuerpo. Permaneció tendida de espaldas mientras Duncan la besaba empezando por los dedos de los pies. —¿Confías en mí? —dijo Duncan—. los pezones. Abrázame.

Tu carta me ha perturbado. los ambiciosos proyectos de tu madre para Sophie. y una casa preciosa. tú tan hermosa y llena de anécdotas sobre tu éxito profesional (que subestimas en un grado que yo por lo menos considero erróneo). y una noche repleta de amor. Y por si fuera poco. El hecho de que yo no te devolviera ese amor como correspondía. Es cierto que ella tiene un marido preeminente. bella. que quisiste venir conmigo. ¡por muchas razones! Primera y principal. Ruego por ellos. ~205~ . También sé que lo hiciste por amor. Sé que estos momentos tienen que ser difíciles para ti. pero no pienses que te lo vaya a agradecer.. Luego tristeza de nuevo porque se acercaba la hora de partir. Creo ver tristeza en tu sonrisa. Pero piensa: ¿Sería eso suficiente para ti si tu hermana tuviese éxito y tú no? Recuerda.. por sus hijos y sobre todo por ti. Y tiene suerte de que te ocupes de Simón y Flo. Chispazos en el avión. por la pobre Sophie. bella. Voy a decirte algo sobre tu hermana que no quisiste escuchar jamás: tiene celos muy peligrosos de ti. Quizá la consuele mirar por la ventana y ver a través de los árboles las luces en la casa de tu madre. vi los verdaderos chispazos.. ni en Perú ni en París: nunca fuiste feliz. En el fondo de su corazón. Sé cuánto dolor te causó separarte de ellos.CAPÍTULO XXVI Fue a la mañana siguiente. Sólo cuando cogimos el avión de Nueva York. y Sophie queriendo todo para sí. unos niños adorables. Tendrás que admitirlo algún día. la felicidad que sentías al poder estar entre los tuyos. después de una cena de pez espada a medianoche. Recuerdo todas las fiestas navideñas que pasamos con tu familia. cuando María abrió a regañadientes la carta de Aldo mientras Duncan dormía a su lado Querida María. te enfadarás conmigo por imaginar que puedo obligarte a hacer algo que no quieres hacer. ahora tienes a sus hijos. alegría en la casa de tu madre. es algo con lo que debo vivir. Ni en Inglaterra. He visto muchas veces esa cárcel y jamás imaginé que tu hermana pudiera estar un día en ella. Fruncirás el ceño cuando leas esto. con los Dark siempre estabas sonriendo pero con frecuencia tristemente. ¡Se la comen viva! Recuerdo cuando estábamos todos sentados ante la mesa. María.. ¿Qué tal lo llevas? ¡Qué fuerte eres! Sophie está en la cárcel. Sé. Y por el pobre Gordon. Sophie debe de sentirse como una fracasada por no haberlos llevado a cabo. Nunca fuiste feliz.

—Lo sé. Sí. y ése es tu gran don.No te sugiero que renuncies a ellos para que Sophie no tenga celos de ti. Por lo general tú eso lo solías ver. Sé que ésta es por tu bien. ¡Sé cuánto los deseabas!) Ahora. ALDO María sintió que Duncan le tocaba la pierna con el dedo gordo del pie. —¿Te hubiera gustado? ~206~ . —No está —dijo Duncan. Aldo escribe exactamente como habla. —Buenos días. Así que has encontrado una mujer india asesinada enterrada en una isla donde no hay ningún cementerio conocido. —Tal vez no debiera haber leído esto. Con besos muy tiernos. virtualmente nada. una advertencia sobre tus notas de campo. habría pospuesto lo de nuestra anulación.. El hecho de que ahora no lo hagas se debe a tu estado emocional y porque no estoy ahí para ayudarte.. Para mí. cerca de tu adorado Bell Stream. estando tú durmiendo a mi lado. Lo observé una y otra vez en Chavín de Huantar. Lo mejor para todos es que ellos estén contigo. ¡Pobre Simón y pobre Flo! Me resulta imposible creer que sus padres hayan querido hacerles daño.. abre bien los ojos por si hay pistas. que serás más feliz en el seno de tu familia. sin la pasión que se requiere para lastimar a su esposa. —Por otra parte. y llorando porque no besas a tus propios hijos. un poco.. mucho de ti misma a la excavación. Con frecuencia has aportado mucha imaginación. —¿Te ha inquietado? —Bueno. Si yo hubiese sabido lo que iba a suceder. y ahora me siento como si él estuviera en la habitación con nosotros. Sin duda la persona que la enterró ha dejado allí algo para que tú lo encuentres. esos niños deben estar contigo. cuando me desperté hace unas horas pensé que Alicia y Jamey estaban abajo haciendo el desayuno. Gordon era tímido e inofensivo.. Pero estoy despierta desde hace horas. (Creo verte besándoles la frente en la cama cada noche. de eso no hay duda. También me parece disparatado que Gordon quisiera hacer daño a Sophie. Recuerda que los talismanes para el último viaje dicen más sobre una cultura o un individuo que cualquier otro artefacto. ¿Por qué está allí esa mujer? Examina con mucho cuidado las ofrendas funerarias. Pero esta vez. Pero yo te amaré siempre..

. —Los niños estarán aquí. un beso largo que termi-l nó con un abrazo todavía más largo. —¿Te veré esta noche? —preguntó Duncan. algo desusado al comienzo de la temporada. Su previsión del tiempo la pasada noche había sido acertada: el día iba a ser cálido y brumoso. sin que rer separarse. —Eso no quiere decir que no desee desayunar —dijo Duncan saltando de la cama desnudo y llevándose consigo una sábana—. no sólo porque fuera fin de semana. Voy a hacer café y tostadas y te las traeré a la cama. y yo estoy oficialmer te separado. ~207~ . Aldo era familiar. Y ahora. Duncan le dio un beso de despedida. reunirse con Nell en la playa.. No quería quedarse a solas con la carta de Aldo.rretera. Pero Aldo había evocado cosas de su pasado que Duncan no podía conocer todavía. —Bueno. Duncan la abrazó y la meció. contestar a Aldo I y examinar las ofrendas funerarias que había desenterrado Pero tan pronto como la furgoneta de Duncan desapareció por la ca. ¿tú qué opinas? —preguntó María pensando que él sabía más de niños. vestido para el trabajo con su polo rojo y pantalón caqui.. ¿No se pensaba que los asuntos amorosos estaban libres de preocupaciones? Ellos los habían iniciado. pero yo voy contigo —dijo María. tendida sobre la cama en la soleada mañana de verano. la tumba. La «Bold & Intrepid Boatworks» tenía trabajo de oficina en los primeros sábados del verano.. María subió a su cohe y se encaminó hacia la cárcel. —No lo sé. María sintió un poco de miedo ante la cantidad de poder que había conferido a Duncan la pasada noche.. Se sonrieron uno a otro. y Duncan hubo de marcharse inmediatamente después del desayuno. y tal vez no las conociera jamás. y cuando él se dirigió porl fin al sendero hacia su furgoneta. Se abrazaron.. María sintió verlo marchar. Se detuvo en la puerta. Hubo muchas cosas que María pudo haber hecho aquel día volver a. —Le preguntaré a su madre —dijo María. ¿qué te parece? —Me parece maravilloso. —Crees que es mejor que no nos vean juntos todavía.—No —dijo Duncan. María se había puesto pantalones blancos y una camisa blanca suelta para reflejar el sol. en el agua.. Confió en que el instinto paternal de él con tradijera su fina intuición que le decía que el verla con el padre de Jamey podría trastornar a Simón y Flo.. ya no eres una mujer casada.

pero idéntico sentido del humor. No se casó con el padre. su verdadero amor. ya sabes. María! —exclamó Sophie.Sophie sólo parecía deseosa de hablar de Bess. Lo digo en serio. McDonalds. ¡Nos reímos sin cesar! —¿Por qué está aquí? —preguntó María. —Asalto a mano armada —dijo Sophie frunciendo el ceño como si hubiera perdido el hilo de lo que estaba contando—... Nació en Jack-sonville y su madre murió cuando ella tenía once años. Nos pasamos casi media noche hablando. ¿Te imaginas? —Es horrible —dijo María. Se casó con él y tuvo dos hijos más. pero la misma noche en que llegó a su nuevo hogar. viniéndose abajo. Todo ese odio entre madre e hija. esa mierda que nosotras tenemos con Hallie. María escuchó. Tiene una vida tan interesante. pero ellas no tienen las relaciones entre madre e hija. Le han publicado dos cartas al director en el Beinbridge Courier. lo cual suena maravilloso. Yo estoy con ellos día y noche.. Bess ha trabajado en infinidad de tios. Sea como fuere. su compañera de celda. —Estoy emocionada —dijo María hirviendo por dentro—. —¿Qué quieres decir? —inquirió María.. ~208~ . —¡Oh. sus chicos vienen a visitarla hoy. como hacía mamá cuando tú y yo nos negábamos a dormir. Era evidente que Sophie estaba intentando recobrar la compostura. María lamentó al instante su arrebato. Pero entretanto tus hijos están intentando remendar sus vidas. éste será el primero que no lo haga. —Bueno. —respondió Sophie con desenfado . frustrada al principio pero luego muy sosegada porque pensó que el monólogo de Sophie le daría la oportunidad de exponerle lo que los niños le habían dicho sobre su madre. ambas sobre drogas en las escuelas. la celadora amenaza con separarnos. ha recolectado tabaco en Windsor cada verano. no tengo ninguna pista sobre lo que he de hacer y tú ni siquiera has preguntado por ellos. Odio a mamá. el Sheraton y unos cuantos moteles. —Entonces ella vino aquí para vivir con su abuela. Espero que sea antes de que te marches. Entonces conoció a Jimmy. Bess tuvo a Benjamín cuando cumplía los catorce años. que es lo que me asombra. —¿Por qué te pones tan dura? ¿Por qué adoptas esa actitud tan práctica? ¿No te alegras de que tenga aquí una amiga? —preguntó sonriente Sophie. Sea como fuere.. Un ladrón asesinó a su madre. La adoptó una familia. Las dos tenemos unos orígenes muy diferentes. su madre adoptiva fue asesinada por su hermano adoptivo.... Quiso coger la mano de Sophie pero no se atrevió a hacerlo. así tendrás oportunidad de conocerla.. —¿Y cómo va tu defensa? —inquirió María.. Esa mujer quiere a Bess como a una hija. el centro de convenciones. —¡Es todo un carácter! —siguió diciendo Sophie—.

—Un juicio será terrible para los niños... Sophie. me gusta estar aquí. —Él te hizo daño aquella noche. Lo siento de verdad. será peor.—Lo siento —dijo María—. de tu compañera de celda. Pero María tuvo la impresión de que lo sabía y no quería decírselo. ~209~ . —Cuéntamelas —dijo María—. el cargo será menor porque no tuve tiempo de concebir la intención. Miró con el ceño fruncido la superficie de fórmica. Participé en aquel juego para complacer a Gordon. Porque confías en él hasta ese punto. La de cosas que saldrán a relucir. Me gustaba hacerle feliz. no se puede decir que proyecté arrojarlo por la ventana. Eso es lo que complica las cosas. Considerando que me disloqué el hombro al hacerlo. —dijo Sophie con un tono soñador que asustó a María—. —Y así es —dijo Sophie—. como si verdaderamente encajases en la cárcel. Lo creas o no. —Me siento muy frustrada al oírte hablar de tu vida aquí. Ayúdame a preparar a los niños. Yo lo vi.. ¿Has permitido alguna vez que alguien se apodere de ti más allá de tus límites? —¿Qué quieres decir? —Quiero decir ponerte en manos de alguien. Pero yo sé que él murió en el dormitorio. María la miró asombrada. —La cuerda.. Sophie se pasó la mano por el cuello. no pudo comparar el erotismo de Duncan con lo que Sophie había soportado. —Me merezco lo que tengo. El hecho de que yo lo arrojara por la ventana y lo arrollara con el coche. Todo gira en torno a la intención. Recuerda que yo vi lo que él te hizo. luego la dejó caer sobre el regazo. incluyendo tu vida. —Escucha. Vi la cuerda alrededor de tu cuello. Sophie —dijo María con tono afable—. Voy a ser testigo de descargo. —¿Quieres decir que te gustaba esa historia de la cuerda? —Todo es relativo —dijo Sophie—. ¿Sería porque se sentía segura? ¿Sería porque creía merecer ese castigo? —¿Cómo cree Steve que van las cosas? ¿Cómo va tu defensa? —Pues no lo sé —dijo Sophie—. Sophie asintió con la cabeza. Pero si murió en el camino. Si Gordon murió de heridas de bala en el dormitorio. ¿Por qué no quieres que Steve te saque? —No lo sé —contestó Sophie. Me limité a coger el arma y disparar. —¿Por qué? —preguntó María—. ¿No sería eso lo que había hecho ella con Duncan anoche? Pero se sacudió ese pensamiento.

—preguntó deseando que la respuesta fuera afirmativa. —La mirada de Sophie fue penetrante—. Sobre todo si los adiestraba su padre.. —Ellos también eran hijos suyos —dijo María. Nell lo hace con Andy. Así que les zurré. Algunas veces ese mal comportamiento me causaba una gran frustración. intentando calcular los kilos que había perdido Sophie desde su ingreso en la cárcel. —¿Te lo han contado? —Sí. ¿Es que crees que yo lo quería? Amo a mis hijos.. Pero a pesar de todo no merecías lo que te hizo Gordon. Y aquella noche vi en tu dormitorio que él te pegaba.—¿Te refieres a que. incluso después de lo que he hecho. Según dicen los libros. Aunque deseara maldecirle. Cuando eran malos. Sophie movió impaciente la cabeza. María. — Ahora su voz bajó de tono—. La miró atentamente. —Así que sólo les diste una zurra. A veces yo no sabía cuándo detenerme.. Él era un perfeccionista.. —Gordon significaba todo para mí —dijo Sophie con aire casi ausente—. —¿Qué quieres decir? —Gordon solía decir que yo no sabía controlar a mis propios hijos. A veces se había preguntado ~210~ .. ¿Diez? ¿Doce? Recordó a Sophie cuando era una adolescente esmirriada. Les hice daño de verdad. Pensó que los niños tal vez habían interpretado mal las cosas y que habían confundido el vapuleo con los golpes. María sintió deseos de preguntarle si el robar a la familia y hacer daño a los niños era compatible con su idea de la perfección. ¿Cómo pudiste hacer daño a Simón y Flo? —le remedó burlona Sophie con una expresión tan cruel que María pudo imaginar lo asustados que debieron estar los niños—. —No. con encierros de diez minutos para que tengan ocasión de meditar sobre lo que han hecho mal. pero no tuvo el valor de formular la pregunta.. Pero eso no funcionó nunca con Simón y Flo.. —Yo empecé a zurrar a los niños —dijo Sophie con tono distante—. Estuvo a punto de culpar a Gordon por lo que Sophie había hecho. golpeaste a los niños? —preguntó María. hay que castigar a los niños. María frunció el ceño. Gordon se sulfuraba cada noche que los niños se comportaban como animales salvajes antes de irse a la cama.. Les zurraba realmente para que no se portaran mal. Me dijeron que él te empujó por las escaleras. y yo intentaba ser perfecta. Incluso ahora. comprendió que la responsabilidad era de su hermana.

—Estaba hecha una cerda. ~211~ . —Lo sé. —¿Lo han dicho ellos? —preguntó Sophie mirando fijamente la mesa como si temiera descubrir la verdad en la mirada de María. El traje de Sophie había sido una copia del de Jacquelíne Kennedy. Ya sabes que han pasado la noche con Ed y Gwen. Y no le gustaba lo más mínimo. Pero no saben todavía lo que les ha golpeado. —Gracias por contármelo —dijo Sophie levantando al fin los ojos. —Sí que le importaba —dijo Sophie—. y Flo irá el lunes. —¡Sophie! —exclamó meneando la cabeza. ¿Cuánto más podrá soportar?. Durante unos segundos se miraron fijamente. —Has perdido mucho peso —dijo. —Fuera hace calor. María se levantó para marcharse. Y ahora se preguntó por qué Sophie se habría dejado engordar.si Sophie había padecido anorexia. María pensó que debería estar allí para esperarles. Los niños volverían a su casa dentro de dos horas escasas. con lo guapa que estabas delgada? —¿Te importa que hablemos de algo que no sea mi rotundidad? — preguntó Sophie—. Los dos te quieren. —¿Irás de blanco en tu segunda boda? María se echó a reír. —No me lo has pedido —dijo—. El viernes Simón vio a la doctora Middleton. —¿Por qué te dejaste engordar tanto. Cuéntame cosas de Simón y Flo. Miró a Sophie y vio que le temblaba el labio. Quieren que vuelvas a casa. un trastorno que suele afectar a los perfeccionistas. pero cambiando un fuerte abrazo con la imaginación. Me lo dijeron. Y María recordó lo delicada y bonita que Sophie había estado con él. pero estoy segura de que te preguntarás cuáles son los sentimientos de los niños respecto a ti. se preguntó. —Sí. ¿verdad? —¿Y a Gordon no le importaba? —preguntó María pensando en las fotografías de la boda. —No parecen demasiado felices. —Tienes muy buen aspecto de blanco —dijo Sophie. súbitamente asustada. sin sonreír.

—Espera vivir un poco más en Hatuquitit —dijo Sophie—. que de pronto pareció amargada. —Ellos ya saben todo sobre divorcios —dijo Sophie—. atrapada en la cárcel y hablando sobre el nuevo amor de su hermana y su efecto sobre sus propios hijos. Hazle algo fabuloso. Decidles que vuestro matrimonio ha sido anulado.. —¿De lo de Duncan? Ya sé que ella no lo aprueba. Imaginó cómo debía sentirse Sophie.—Así que todo va bien. —¡Sophie! —exclamó consternada María. No sabía hacer ni un bocadillo decente. Pero no quiero hacerlo cuando los niños estén en casa. eso es todo —dijo Sophie. María observó a Sophie pensando en todos los esfuerzos que su hermana había derrochado para satisfacer el paladar de Gor-don. y cuando Duncan obtenga la separación no hagáis la tontería de ocultárselo. La mitad de sus amigos tienen padres que están divorciados. las comidas más raras. Poco después María se marchó. —Será mejor que mamá no se entere. recordó con una sacudida lo que había escrito Aldo sobre los celos de Sophie. Anoche estuvimos juntos. Alicia era demasiado cerebral para preocuparse de la cocina. Robando cosas y luego vendiéndolas para comprar los productos más selectos. muy bien. Lo que le molesta es que seas feliz. pero por lo menos invítale a comer. y cuando alcanzó el refugio de Lovecraft Wildlife recordó lo que Sophie había dicho al comienzo de la visita: que odiaba a Hallie. y no digamos ya una cena. Entonces comprenderás lo que quiero decir. —dijo Sophie con una sonrisa. —Duncan no tiene nada que ver con eso —dijo Sophie—. ~212~ . Nos preguntábamos si sería conveniente que los niños nos vieran juntos. Mientras conducía hacia casa oyó por la radio el último cuarto de hora del Moming Pro Music de la WGBH.. —Él se ha mudado —dijp María—. —Tal vez no. —Sí.

Julián se había llevado a Flo. y atrapé este ejemplar. — Peter meneó la cabeza—. No puedo ser objetivo sobre esto. más allá de los arenques. —¡Qué pez tan enorme! —dijo María. Ni pizca de suerte. Salgo cada fin de semana. Las entrañas se derramaron sobre el periódico—. —Me gustaría que llevases a pescar a Simón. hasta que lo lancé muy lejos. —Pues claro —dijo Peter subiéndose las gafas. —¿Qué dice Steve sobre el caso de Sophie? —Hay una buena noticia. Nell y Hallie estaban haciendo una ensalada en la cocina. Estaba en el cabo echando el anzuelo a una bandada de arenques sin conseguir nada... Ella no pudo imaginar nada: el furor en los ojos de Sophie. Él era un peso muerto. y es que Gordon estaba muerto antes de que ella lo arrojara por la ventana.. Sophie poniendo en marcha el coche. Peter y María estaban en el camino de entrada limpiando una lubina que él había pescado por la mañana. ¿Cómo diablos pudo levantarlo y arrojarlo por la ventana? —¿ No puede interponer Steve un alegato de enajenación mental? — preguntó María. el arma disparando una vez y otra.. Sin duda no es asesinato en primer grado... si es que se la puede llamar así. —Peter dejó la voz y lanzó una mirada furtiva alrededor—. Simón y Andy para dar un paseo por el Bell Stream. Sé que ella ha de ~213~ . —¿Qué empleaste? —Un Kastmaster. No puedo imaginarla haciendo eso. —dijo Peter—. el cuerpo ensangrentado de Gordon precipitándose por la ventana. Es el mayor pez que he cogido en mi vida. —Mide cuarenta pulgadas —dijo Peter mientras le abría el vientre desde la cola hacia la cabeza. —Tal vez no sea necesario. ¿y tú? —Yo tampoco —dijo María. Una escama brilló como un diamante en su bigote—. literalmente.CAPÍTULO XXVII Por lo general la comida de los domingos en casa de los Dark era rosbif en invierno y pescado a la parrilla en verano. —Ella es tan menuda comparada con él.

y nos crucificas a los demás por no hacer lo suficiente. —¿Cómo? —preguntó María observando con cuánta felicidad aceptaba las palabras de Peter y cuan incapaz era ya de sentir consternación. Pero recuerdo que le golpeaba con excesiva dureza. Cuando le pregunté sobre el particular. Me dijo que habías estado allí. de los niños. y no puedo soportarlo. —¿No pudiste hacer nada para protegerlos? —preguntó María levantando la voz.. no hiciera nada. sin embargo. Ni que Nell los percibiera y.cumplir una condena más o menos larga. —Rememorando las cosas que parecían inocentes. de él. Que fue ella quien lo hizo. —Sí. —Comprendo que la creyeras —dijo María—. ni siquiera después de que ella empezara a cambiar.. Durante unos segundos María guardó silencio mientras introducía el cuchillo para hacer filetes entre la carne y la espina del pez.. Pero si ella hubiese estado allí ¿habría visto lo que ninguno de la familia quería ver? Yo pensaba que Sophie manejaba a Gordon como quería. —Hubiera debido hacer algo. —Ayer la visité —dijo María. no Gordon. La creí porque quise.. Ya conoces a Sophie. —Oye. todos aceptamos sus explicaciones porque no podíamos ofrecer ninguna alternativa. a veces tienes un maldito e irritante complejo de superioridad. Y me contó lo que habíais hablado. María. —¿Lo sospechabas? —preguntó muy quedo. No tuve ni idea de lo que ocurría. Se cuidaba de la casa.. —También la habría creído yo —convino María con sinceridad. Tú ni siquiera estabas aquí. —¡Ah! ¿Sí? —Lo de golpear a los niños.. por permitir que ~214~ . Creía que ella dirigía el espectáculo. Luego utilizó la manguera para limpiar la sangre. —Peter gesticuló al evocarlo—. Sophie siempre zurró a sus hijos y nosotros no lo aprobamos jamás. ella adoptó una actitud defensiva y dijo que era su forma de castigarle. Yo vi que Sophie golpeaba a Simón. desde luego. una verdadera paliza. Pero lo que no puedo comprender es que no observaras los cambios. —Su rostro expresó la angustia de un hermano que ha permitido que su hermana arruine su vida. Ni Nell ni yo pegamos a Andy. —También yo. Dices que te preocupas mucho por Sophie.

agrupó las hebras plateadas en una fina cola de caballo y la alisó con los dedos. Exceptuando el ejército y la Facultad de Derecho.losamente las hebras sedosas de las mazorcas que María había limpiado. A mi padre le encantaba. María se sintió cada vez más fu.. Era delicioso. —Se acercó a Hallie. —Nell tiene razón —dijo Peter—. —Que os divirtáis —dijo—. Y acentuó el aquí en atención a Peter. —Sí. detrás de esos árboles. Nadie sabía nada del Butter & Sugar o el Silver Queen. —Bien. Sophie está allí mismo. pues imagínate cómo se siente Sophie. ¿queréis parar? —dijo Nell. Esos pobres niños.ella se vaya por el desaguadero.. La acusación de su hermano la había molestado y quiso defenderse. Cuando yo era menuda comíamos Golden Bantam. Parecía exhausta. —¿Era demasiado duro para ti ? — María parecía como un águila dispuesta a caer sobre su presa. Hallie no levantó la vista. —Peter va a llevar a Simón a pescar el próximo fin de semana —dijo María. —Bueno. desenvainandol el primer maíz de la temporada. amarillo como la mantequilla derretida. —¿Por qué no has ido a ver a Sophie ? —preguntó María interrumpiendo el monólogo de Hallie. chicos. era muy duro. Yo me quedo aquí. ¿Por qué no hacéis las paces y vamos a dar un paseo por el arroyo para buscar a los demás? Procurad que los niños no os vean discutir. —El maíz ha cambiado mucho —dijo Hallie—. María —dijo. De pie ante el fregadero de la cocina de Hallie. Vivo con ese pensamiento cada instante del día. Ella está allí. quien estaba quitando meticu. —Por favor. —¡A Sophie no la ayudaste! — María se enfureció de repente con Peter. —Hola. ¿Acaso creía Nell que podía pacificar las cosas con su simple aparición? Pero se contuvo. María se limpió la sangre de las manos con la manguera. —Lo sé —dijo Hallie—. le pasó el brazo por la espalda y señaló hacia el bosquecillo de pinos—. ~215~ . yo he estado aquí todo el tiempo y he hecho lo que he podido para ayudar a la familia. Miró sin cesar a su madre.riosa. y tú ni siquiera estabas aquí. A punto estuvo de darle un corte. Nell —dijo. que apareció por la puerta trasera secándose las manos en la falda de su traje playero—.

Su tono sugirió una posibilidad misteriosa en la mente de María. con uno de esos enormes trajes carcelarios. —Y yo no quiero ir —replicó Hallie—.—¿Cómo podría ser peor el verla? —preguntó María—. y aborrezco tener una hija ahí.. sin poderse contener a pesar de sus buenas intenciones—. El talento se le salía por las orejas. sus ojos parecían pozos de pesadumbre. —Imagino que he perdido a mi hija —dijo. En la cárcel es tan hija tuya como lo era antes. —Eso es una chorrada —dijo María... Pero cuando volvió la cara hacia María. Coge otro periódico menos. El tono de la madre. la luz de la ventana la rodeó y ensombreció sus facciones haciéndolas difíciles de leer.. que se imaginó a Shirley Temple con una sonrisa perpetua formando hoyuelos. ¿Gomo podía Hallie sumirse en esos artículos interminables. Quiero que vayas a verla. Yo quería a esa niña. No he estado nunca en ese sitio. —Se le quebró la voz —. le dio la impresión de que Hallie sabía mucho más que nadie sobre la situación de Sophie. María. vacilando entre la resignación y la incredulidad. No puedo soportar el pensamiento de que ella vive entre criminales. Hallie fue una silueta. sólo que con el pelo de un negro azabache. —¿Por qué lees esas cosas? —preguntó María—.. ¿Tú crees que hay algo peor que la realidad? —'No puede haberlo —dijo Hallie. alertó a María. Vi una foto suya en el Hatuquitit Inquirer. Era tan graciosa como Shirley Temple. Fue horrible. y ser en cambio incapaz de visitar en persona a Sophie? —¿ Por qué no te das un paseo hasta allí cualquier día y se lo preguntas? Ella es exactamente la misma. Siempre he odiado tenerlo tan cerca. —Pero yo quiero leer sobre ella —dijo Hallie—. ~216~ .. María sacudió confusa la cabeza. lo cual solía enfurecerla. pero estuvo dispuesta a dar una oportunidad a su madre. Sophie te necesita. evocó la expresión predominante de Sophie durante su infancia. Necesito saber lo que está sucediendo. entrevistas con psiquiatras y profesores. Ella conocía la habilidad de Hallie para el melodrama. espectacular. —Cuéntame lo que imaginas —dijo María. ¿Acaso crees que se ha convertido en una persona diferente? —Al parecer eso ocurrió hace años —dijo Hallie—. fotografías de las familias Dark y Littlefield obtenidas de quién sabe qué amigos desleales de Sophie.

Un psicólogo cree que Sophie dejaba que Gordon la golpeara porque ella se consideraba despreciable. Se sentaron un rato con los pies dentro del agua cantando canciones que les recordaban los chicos que les habían gustado. Creo que cometes un gran error al no querer ir a verla.—Supongo que las dos tenían rizos. —¿Has leído eso en el periódico? —Sí. María lloró pensando que no volvería a ver a Duncan hasta setiembre. hacia el arroyo. También lo necesita Sophie. Hizo una elección pésima — dijo Hallie con amargura. y no pudo abandonar el tema. empezó a corromperse dentro de su ser. comprendió que el tema estaba cerrado. María siempre creía tener razón.. sentía ganas de llorar. que hacía demasiado calor para dormir. Y cuando Sophie cantó Moon River. —Escucha. —Tiene lógica. ~217~ . Se contuvo para no decirle a Hallie que Sophie la aborrecía. —Y no puedo del todo —dijo Hallie mirando a María—. —Las dos tenían talento. Y temo lo que pueda suceder. María y Sophie se fueron al patio trasero y caminaron por la hierba reseca. Y eso era cierto.. —Hablas como si'no pudieras perdonárselo —dijo María. Lo que quiso decir es que cuando se trataba de Sophie. —Vete a ver a Sophie —dijo María con tono glacial—. Cuando la vio deslizar la palma de la mano por las sedosas hebras de maíz. —¿Y lo crees? —preguntó María sintiendo que se quedaba sin aliento. Recordó que Peter la había acusado de tener complejo de superioridad. creo que te equivocas —dijo con mucha calma—. está pasando por la peor época de su vida. Nunca sabré por qué ella desperdició su talento. mamá. —Creo que ella lo echó todo por la borda. Cuando Sophie cantaba. Cantaba con tanta. —¿Crees que todo esto sucedió sólo porque Sophie no quería cantar en el terreno profesional? —preguntó María. con tanta vehemencia. Eso es sólo mi opinión. Una noche de julio. Al no utilizarlo. Sólo llorar. Eso es lo que necesitas. sin rocío. Recordó también su propia acusación de que la familia había desestimado los signos de advertencia que podrían haber salvado a Sophie. Por entonces tenían trece y dieciséis años. —También yo —dijo Hallie.

quizás ella se crea despreciable. Al verla marchar presurosa por la puerta trasera para decir a tedo el mundo que se limpiara los zapatos antes de entrar y para dar un gran abrazo a sus nietos. Cuando salga de la cárcel no se interesará por nada. pues había observado que el espíritu de Sophie se distanciaba por momentos—. Necesita que la convenzamos de lo contrario. pero al oír que la familia regresaba. Quizá tengas razón. —Ella puede no volver a casa nunca más —dijo María.. María sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y se preguntó por qué la chica que cantaba con tanta vehemencia tenía ahora el corazón de piedra. ~218~ .. dio media vuelta. Hallie parecía estar escuchando.—¿Qué más puede suceder? —preguntó Hallie.

luego me he sentido fatal. salvo en ocasiones como ésa..CAPÍTULO XXVIII Bueno. Avan- ~219~ . No me refiero a esos sociólogos de Nueva York. me sacan afuera. ¿quién diablos sabe cómo la ha conseguido? Los guardias no ven ni la mitad de lo que ocurre aquí. pero entonces trajeron a dos tipos del escenario de Whitehall para que representaran una escena de «A Chorus Line». me aburro de lo lindo. como si le hubiera profanado. Reía y lloraba al mismo tiempo. había mujeres a quienes apenas conocía. Más vale así. sino porque traen a gente bastante maja. Bueno. esto es aburrido.. Como el otro día. ¿Acaso me gustaría sentarme con Nancy Grunwald o Alicia Murdoch para criticar a las otras reclusas? Supongo que lo más interesante que sucede aquí es el «programa creativo de rehabilitación». pero salvo Bess. Por primera vez desde que llegué aquí. Me refiero al coreógrafo y a los actores del repertorio de Whitehall. y yo no soporto hablar de él.. Cuando estaba fuera. María y Peter.. El tipo era increíble. Cuando vienen visitas. Aún me parece oír mi voz. He estado intentando distraerme recordando viejas historias para contárselas a Bess y a las otras. y cada vez que he contado algunas. De verás.. las demás lo que quieren es oírme decir cosas sobre Gordon. estoy harta de esa triste cabeza ladeada que ellos han perfeccionado tanto. Nell y Ste-ve. No puedo recordar su título. Empecé a hablar de Gordon y no pude parar. Me senté en el borde de mi asiento... Todas las reclusas estaban en el auditorio oyendo hablar a sociólogos sobre el espectáculo que. Gordon y yo la vimos en el Whitehall de Adamsville una noche de la pasada primavera. nadie me habría sorprendido bebiendo tequila en un cóctel. estridente y desagradable. No quise devolver la botella. pero aquí bebo bastante. en la asamblea del miércoles pasado quise que alguien supiera que soy diferente. pero enseñé a todo el mundo las cicatrices que tengo en el trasero y en los muslos. no una de «ellas». Ninguno de mis vecinos. Me sentí como si alguien me hubiese hechizado. Sé que ellas quieren oír las partes malas. Estuye a punto de quedarme dormida.. Linda Naples hizo pasar de mano en mano una botella de tequila. No porque sea divertido ni porque yo tenga intención de probarlo. Este actor me hizo desternillar de risa aunque el resto de la comedia no fuera tan cómico. nadie de la ciudad. al parecer vamos a presentar en agosto. Recordé a uno de ellos del verano anterior: hizo un trabajo magnífico en la comedia de Derek Mobley.

Algunas de las reclusas lanzaron estridentes silbidos como hacen siempre que entra un hombre. Es lo que Hallie solía decir de los espectáculos escolares: tenía que sufrir las voces desafinadas de cuarenta niños. pero sí ese algo que te hace desear escucharle. ¡Él estaba allí! Le expliqué la situación a Etta. y bailar hasta que reviente su pequeño corazón sobre un tambor de tamaño monstruoso mientras yo canto al fondo. así que yo no lo haré. una de mis guar-dianas favoritas. Todavía me estremezco cuando recuerdo a ~220~ . pero ella no me dejó acercarme. ¿Es que no se ha mirado nunca en el espejo? ¿Te puedes imaginar una mujer de noventa kilos en leotardo. es divertido. y en caso contrario lo hubiera hecho. Luego se volvía hacia el público y le lanzaba una mirada sumamente burlona. no es obligado actuar. Una hora después de que cayera el telón. pero de todas formas. María Gericault baila claque y está intentando convencerme para que cante con ella un número de «La calle cuarenta y dos». Después de la función un cliente de Gordon insistió en que fuéramos con él y su esposa a tomar una copa en un bar al otro lado de la manzana. Pensé que yo era la única persona del auditorio que le había visto actuar en Whitehall. lo anuncian como el lugar habitual donde los aficionados al teatro pueden mezclarse con los actores. sólo para oír a su propia hija durante tres segundos. Ella sabe algunos trucos de cartas. y eso me fastidió. y él me dio las gracias. Sé que Gordon no lo oyó porque nunca me comentó nada al respecto. Si lo piensas un poco. A Gordon no le gustó demasiado pero | a mí me encantó. le dije que nos habíamos conocido después de la representación de una comedia en Adamsville. Yo capté su mirada en la entrada. Por fin se tranquilizaron y me dejaron oír. Se hace unas ilusiones increíbles pensando en la posibilidad de llevar leotardo y zapatos de tacón alto. Me resultó rarísimo verlo en el escenario de la cárcel. ¿Qué me figuraba? Bess está entusiasmada con lo del espectáculo. Dice que sus hijos asistirán y quiere que se sientan orgullosos de ella. resulta patético animar a la gente a salir al escenario para hacer el ridículo. No es justo para los niños. porque yo nunca había oído cantar a aquel actor (se llama James Court). quiere vestirse como un ilusionista para hacer unos cuantos ante el público. Más tarde intenté hablar con él. Le vi conversando con la celadora. Nos sonreímos. cuando Gordon y yo nos disponíamos a marchar. entró ese actor. refiriéndome a su actuación. los sociólogos y dos mujeres vestidas con traje de calle. Todo es un truco comercial.zaba hasta la mitad del escenario y se detenía como si hubiese olvidado algo. —Me ha encantado —dije. bailando claque? Según la celadora. Realmente no tiene una gran voz.

«Silver Bells». —Mis pecados son enormes —le susurré la noche pasada. me pregunto qué había hecho yo. Necesito que ella me lo diga. A Flo se le partió el corazón. Sus pequeñas caras desfiguradas por el dolor. He mentido. Cada vez que rememoro cosas como ésa. Yo la había oído ensayar tantas veces que me sabía de memoria el poema. Me pregunté qué habría hecho Gordon si la profesora hubiese cambiado el programa. Cómo podía haber desperdiciado tanto tiempo con ellos. Así que lo dije en voz alta. y olvidándose de las palabras. the Herald Angels Sing» o «Adeste Fidelis». Mis palabras dieron impulso a María y le permitieron terminar el poema. Eso aún lo empeoró más si cabe. cantando «alabanzas al Señor» por cosas tan triviales como tener barquillos para el desayuno. Silencio. —Pero ¿qué son? —pregunté. El horror al escenario es una cosa extraña. El caso fue que de pronto se quedó calada. zapatos de charol y lazos en el pelo. Le dijo a su profesora que las canciones le parecían demasiado comerciales. Es tremendamente religiosa. yo no le he tenido nunca pero me imagino lo que se siente. Causado por mí. ella estaba plantada allí. Bess cree de verdad. Dudo que hubiera pemitido cantar a Flo. Con eso quiero decir que es una persona espiritual. Cree en la expiación y en la redención. Bess me está enseñando a rezar. Me limité a acogerla en el regazo y a dejarla llorar. era así. Con una indumentaria corriente no habría sido tan humillante. «Rudolf the RedNesed Reindeer». toda vestida con un pelele de terciopelo.. «Frosty the Snow-man». Ella lo había ensayado cien veces en casa. era así. ~221~ . Le encantaba doblegar a la gente. Intenté articular la siguiente línea. Me buscó entre los espectadores y me miró fijamente. Su papel en el espectáculo iba a consistir en hacer sonar las campanillas cuando Rudolf entrara en el escenario. Me pregunto si ella lo recordará. con las manos entrelazadas.. Gordon no permitió que Flo cantara en el concierto de Navidad. He hecho daño a mis hijos. era así. Sí. no auténticos villancicos. Como digo.Mariá plantada en el escenario para recitar el «Kubla Khan» de Coleridge. No es osten-tosa como muchas de las reclusas redimidas. que van por ahí intentando convertir a todo el mundo. También le comentó que permitiría actuar a Flo si cantaran «Hark. he robado y he matado. Me resultó imposible explicarle por qué no podría hacerlo. Cómo podía haberles hecho daño. Me dijo que no quería convertirla en una presumida como yo. Mamá me dirigió una mirada glacial. pero ella no supo leer en mis labios. —Sí que lo son —convino ella. pero me alegré de haberlo hecho.

Royce y Lance. Benjamín. Dios nos ama a todos nosotros. Debes seguir el ejemplo de Dios. ~222~ . santificado sea tu nombre — empezó a decir ella. Querido Dios. protege a todos los que quiero. pero yo me eché a reír y no pude parar. que estás en los cielos. sin enfadarse como yo habría hecho. Ayuda a la madre de Sophie a ser mejor persona. Cuando era pequeño solía creer que Dios se llamaba Howard. —Pues claro —dijo. Ayuda a mi amiga Sophie para que enmiende sus pecados y encuentre su camino. y por tanto tú debes amarte a ti misma. —Di una oración —dije. Has de considerar las cosas desde el principio. Señor y guárdanos de todo mal. Ampara a Simón y Flo y el alma de Gordon. Si te amases a ti misma no habrías cometido ninguno de los otros.—Tu peor pecado es el no amarte a ti misma —me dijo Bess—. por favor. —Dios bendiga a Simón —dijo Bess. Da a la hermana de Sophie. —¿Qué te pasa? —me preguntó Bess. Ten piedad de nosotras. porque es vieja. Él pensaba que la oración «Howard sea tu nombre». —Estaba pensando en Simón —dije—. Me estrechó entre sus brazos y pensé que su cuello olía mejor que cualquier piel que había conocido. Estábamos bebiendo una botella de vodka que le había traído Jimmy. —Diré una verdadera oración —susurró Bess cuando la celadora se hubo marchado—. la orientación que se requiere para cuidar de dos niños pequeños. porque sabes que va a necesitarla. Cuida sobre todo de la abuela. vela por Jimmy. María. Y las dos nos pusimos a reír tan fuerte que acudió la celadora para decirle a Bess que volviera a su litera. —Padre nuestro. Amén. —¿Incluso a Gordon? —pregunté. Por favor. —Amén —susurré. Bendice a nuestros abogados y celadoras. Dios te ama.

—¿No estarías más cómoda en tu cama? —preguntó María. ~223~ . pataleando y estremeciéndose. —Hola. Su cuerpo estaba tan tieso como una tabla. María. El niño estaba envuelto en las sábanas como una momia. Golpeó con un puño la mejilla de María. —Sólo ha sido un sueño —dijo María—. Simón? —preguntó Flo. le oyó al principio como parte de su sueño. María se puso a temblar mientras estrechaba a Simón entre sus brazos. con la mejila dolorida. le besó la frente. con el pelo empapado de sudor. O ellos me estaban estrangulando. —Tiene una pesadilla —dijo Flo asustada y con ojos como platos. —Él la estaba estrangulando —dijo Simón con voz apagada—. —¡Simón! —gritó María con pulso acelerado. María.CAPÍTULO XXIX Simón empezó a gritar en plena noche. con el corazón aún agitado. despierta. Simón no contestó. —¿Puedo dormir contigo? —susurró Flo. Simón. profundamente dormida. —Y empezó a llorar. Simón —susurró. Se abalanzó sobre él. ¿verdad. le frotó la espalda y por fin él se tranquilizó. Estás a salvo en tu cama. cariño. —Estoy aquí —dijo Flo con un hilo de voz. Cuando María vio que el niño se había vuelto a dormir. pero al cabo de un rato los dos éramos la misma persona. abriendo la boca cuanto podía. que acudía a ella. le dejó caer con suavidad sobre la cama y le ordenó las sábanas. —No podía saber quién era yo y quién era mamá —dijo Simón—. y en ese momento cesó de gritar y abrió los ojos. Saltó de la cama y se encontró en el vestíbulo con Flo. Simón liberó los brazos del lío de sábanas y batió el aire sobre su cabeza. Todo ha terminado. Al principio lo sabía. —Ahora estás despierto. apartándole el pelo húmedo de los ojos—. María y Flo corrieron a la cama de Simón. El niño abrió mucho los ojos pero no pareció reconocerla a ella ni a Flo. Gritó sin pausa. María le cantó una nana. Flo y yo estamos contigo.

que los niños estaban mejor con ella. Simón no recordó su pesadilla. El dolor de la cara le recordó los gritos de Simón. —No creo que hicieras eso. Cuando María y Flo le preguntaron sobre ella. Aquella noche María no se volvió a dormir. sedal ya utilizado con restos resecos de algas y un cuchillo cubierto de escamas deslustradas. pero deberías decírselo a la doctora Middleton la próxima vez que la veas —dijo María. Quiso escapar de los pequeños Littlefield. A lo mejor se la traspasé a Simón. plomos. sólo se orinó en la cama. María temió que la niña también tuviera una pesadilla. Cada uno tiene sus propios sueños. No obstante. cuando Flo empezó a revolverse. —No demasiado —respondió María tocándose la cara. Iban a pescar con Duncan. Quiso que alguien le diera ánimos y le dijera que estaba haciendo una buena obra.Flo la miró con ojos suplicantes. ¿verdad? — preguntó Flo. y se alegró de que Flo estuviera acurrucada junto a ella. de sus pesadillas y mojaduras de cama. —¿Te duele? —preguntó. Contenía un tesoro de anzuelos. de su psicóloga y de sus necesidades constantes. —A veces sí sucede —dijo Flo—. pero no. pequeños cilindros de plástico parecidos a gusanos. cuando Sophie le dio debajo del ojo con una comba. —Lo siento —dijo Simón. Simón había encontrado una caja de aparejos junto a un armario de la cocina. Pareció tener dulces sueños hasta cerca del alba. cebos de brillante metal plateado. —¿Viste la hembra que cogió el tío Peter? —preguntó Simón—. dejó que Flo entrara en su cama. Se sintió muy extraña/a punto de llorar. —Por supuesto —dijo María—. Deseó que desaparecieran. —Si atrapamos un pez podremos cocinarlo para la cena. —No te preocupes. Los niños prepararon sus cañas. con el ceño fruncido de preocupación. No entendía que pudiera haber hecho algo tan dramático como dar un puñetazo a su tía y no acordarse de ello. flotadores blancos y rojos. —¿Y qué pasará si me viene a la cabeza la pesadilla mientras duermo? —Eso no puede suceder —dijo María—. Ella no había tenido un ojo morado desde que iba a la escuela. Era ~224~ . y se sintió profundamente avergonzada de sus pensamientos pero no pudo evitarlos. Yo he tenido antes la pesadilla del estrangulamiento. Encenderemos un fuego y lo asaremos. dijo que no recordaba nada. Simón y Flo extendieron todo el contenido de la caja en el porche delantero para decidir qué cebos usar.

—¿Éste? —preguntó dubitativo Simón. Le hubiera gustado que Sophie hubiera estado allí para oírlo—. —Y entonces nosotros nos comemos a los peces grandes —dijo Flo. sintiéndose marginado. —¡Eso es! —dijo María. tenía una elegancia funcional.. —Una vez papá vio un gran tiburón blanco —dijo Flo pasando un brazo por las piernas cruzadas de María.. nadando a nuestro alrededor. ~225~ . queriendo aguarles la diversión. —¿Por qué no podemos ver a mamá? —preguntó Simón con súbita violencia. mamá y yo estábamos en una balsa. ese cebo plateado y liso que hay ahí. Y alzó un cebo trapezoidal de dos pulgadas. A las grandes lubinas les gusta comer pececillos. ¿Sabes lo que es la cadena de alimentación? —No —dijo Flo. —Eso es el banco de alimentos —dijo María sonriendo. ¿Estaba pescando frente a Montauk? —No. Flo. —Parece un pececillo —dijo Flo. —¿Es cuando llevas cazuelas de comida a la escuela para los pobres el día de Acción de Gracias? —preguntó Simón.tremenda. Nadábamos directamente hacia él. —¡Y luego los tiburones se nos comen a nosotros! —dijo Simón. La cadena de alimentación empieza con el plancton. plantas y animales microscópicos que hay en el mar.. La cogió con un Kastmaster. —¡Ah! ¿Sí? —preguntó María—. y papá nos gritaba desde la playa que regresáramos. Sólo Sophie. Estaba segura de que aquello debió ocurrir en setiembre u octubre. Sirve para alimentar a unos peces minúsculos que a su vez sirven de alimento a los pececillos.. Pudo imaginarse la escena: Sophie y sus hijos alborotando felices en el agua. por eso el Kastmaster es muy útil en estas aguas. María no supo qué decir. Bajó la cabeza hacia su regazo y María le acarició el pelo. satisfecha del sentido darwiniano de su sobrina—. Gordon en la playa. —Casi se nos comió —dijo Flo chupándose el pulgar. lo vio en la misma bahía de Hatuquitit —dijo inquieto Simón—. Comparado con los más llamativos. cuando la playa estaba casi desierta y no habría nadie aparte de la familia para oírle. la otra persona adulta presente. ¿verdad? —Desde luego —dijo María—. sabría lo que él estaba haciendo. plateado por un lado y azul metálico por el otro. Luego los peces grandes se comen a los pececillos. Y cuando llegamos allí nos dijo que había visto un gran tiburón blanco.

—Pero el señor Murdoch no está divorciado. —¡Eh. ~226~ . —¡Tiene miedo de ir lejos con la lancha y ver tiburones! —chilló Flo—. ¿Qué ha sucedido? —preguntó. —No estás divorciada y él tampoco lo está —dijo Simón. Simón. —No es nada —dijo María con voz temblorosa. Eso es lo mismo que el divorcio. —Quédate ahí —dijo María—. Duncan se aproximaba a la casa y agitaba la mano—. deportista! ¡Eh. Simón se volvió para lanzar por encima del hombro una mirada cruel a María. Los niños abandonaron la caja de aparejos y se sentaron con las piernas colgando por el borde del porche. María y los niños observaron cómo la amarraba. —Sí quiere —dijo María sin creer en sus propias palabras. Duncan la dirigió de costado hacia el malecón y paró el motor. —¿Nos va a llevar a pescar en esa lancha? —preguntó Simón. —Mi nombre es Simón —dijo Simón. Mientras tanto. No tuvo ánimos para hacerle disculparse. —Lo siento. María le miró fijamente. No tengo ganas de pescar. Pero teme que sería muy duro para vosotros el que la visitarais en la cárcel.—Quiero ver a mamá —dijo Flo echándose a llorar. —De pie junto a María. Bueno. —Pues yo no voy. —Tampoco yo —dijo Flo. —Simón se encaminó hacia la puerta del porche. María levantó la vista y vio la «Alicia» traqueteando dentro de la cala. —No tengo ganas de pescar —dijo Simón. Tiene miedo de que le den pesadillas. Duncan le miró ceñudo la mejilla amoratada—. —Ella os quiere —dijo María con cautela—. ¿Qué te pasa? —Sus manos juguetearon con el bloc de notas en su regazo. Flossie! —les llamó Duncan. —Eso no es verdad —dijo Simón. —Creo que sí —dijo María. Está separado. olvídalo. —Ella no quiere vernos más —dijo Simón—. —La golpeé mientras dormía —dijo Simón. —Eso es cierto —dijo María—. —El tío Aldo hizo que anularan nuestro matrimonio —dijo María—.

Fue muy violento. —¿No vienes. —Quiero..Duncan ¡a escrutó y se dio cuenta de lo nerviosa que estaba. Nunca había oído gritar así a nadie. Simón le devolvió la sonrisa y se apresuró para alcanzar a Duncan y Flo. Cuando venía hacia aquí vi unos cuantos pomátimos saltadores comiendo en la cala. esperando que una u otra se decidiera a hablar.. que la miró como si acabase de despertar de una siesta—. Como nadie le contestaba. —Deberíamos dejar descansar un poco a tía María —dijo Duncan con la autoridad de un padre—.. —Vale —dijo Flo. María comprendió que debería unirse a la partida de pesca y asegurarse de que todo marchaba bien. —¿Vienes. ordenar sus notas de campo y examinar los objetos de la tumba que había extraído. Luego avanzó unos pasos y arrebató su caña a Simón. —Si ella quiere.. Vio cómo Duncan recogía las cañas. unos cuantos cebos y un cubo. El intentar trabajar en las pocas horas de libertad robadas sólo sirvió para que María se sintiera más frustrada y de peor humor. —¿Qué es este equipo? —preguntó Duncan agachándose sobre los cebos. Flossie? —preguntó Duncan. Le hizo un guiño para indicarle que él se haría cargo de todo durante un rato. Así que decidió ir a la cárcel. Pero no vamos a salir en esa lancha. Se quedaron en silencio. Después caminó hacia el malecón.. tía María? —preguntó Simón. —He tenido problemas con los niños —dijo a Sophie. —¿Cuál fue la causa de esa pesadilla? —Tú y Gordon. —dijo Simón observándola. gracias. ¿Qué me decís de pescar desde el malecón? Simón se encogió de hombros. Simón me golpeó mientras soñaba.. la puso de mal humor. Simón —dijo sonriente María animándole a seguir a Duncan. —Se señaló la cara—. Tal vez es demasiado brillante para usar hoy. Pero la idea de pescar cuando lo que quería era trabajar.... ~227~ . cogió uno y lo alzó a la luz—. ¿Qué os parece si vamos a pescar sin ella. —Pensábamos usar el Kastmaster —dijo Simón malhumorado—. Anoche Simón tuvo una pesadilla horrible. —Buena idea —dijo Duncan—.

pero. —¡Escúchame! ¡Escucha! — María levantó el tono de voz peligrosamente —. —No quiero que me vean en estas condiciones —dijo Sophie. Tienes dos hijos maravillosos que te necesitan. Sueño que somos una familia feliz. — María se sintió como si estuviera a punto de explotar—. —¡Dios mío. Bess va a hacer juegos de manos. Eso no es real. Se las secó con los dedos. Ellos son demasiado para mí. —Dime qué he de hacer. ¿Me oyes bien. Y tampoco lo son tus sueños. Luego alzó de repente la cabeza para mirar de frente a Sophie. Creo que el que no quieras verlos aún empeora más las cosas. —Haz una inspiración profunda —dijo afable Sophie—. la sangre le latió detrás de los ojos. María obedeció. — María hizo una pausa para mirarla con firmeza—. —Tú podrías cantar.—¿No vas a decir nada? —preguntó por fin María. todos juntos. pero las lágrimas siguieron corriendo por sus mejillas—. —No estoy segura de poder aguantar esto mucho más. Y sus ojos se llenaron de lágrimas. Me parece que pretenden que nos sintamos útiles y que descubramos nuestros talentos ocultos. en una ciudad como Hatuquitit pero en Australia o cualquier otra parte. —No pienso cantar —dijo Sophie. Los niños están mejor contigo que con cualquier otro. ¡quién sabe si ella les servirá de ayuda! No puedo hacer mi trabajo y me siento como si estuviera fallando a los niños. El problema es que estás aquí. —¿Qué espectáculo? —¡Bah! Una cosa estúpida que la cárcel está poniendo en marcha. —He pensado que vengan a verme en el espectáculo —dijo Sophie distraídamente. —Lo estás haciendo muy bien —dijo Sophie—. Sueño con mis hijos cada noche. —Estrangulándonos uno a otro —dijo Sophie muy despacio. No tengo ni la más mínima idea de qué hacer. —¿Qué más dijo? ¿Qué estábamos haciendo nosotros? —Estrangulándoos uno a otro. como si lo estuviera sintiendo. Eso es lo real. ~228~ . tú aborreces la idea de que tus hijos te vean aquí. Los dos están viendo a la doctora Middleton. —Ellos necesitan verte. eres como Hallie! Ella aborrece la idea de verte aquí. Pon la cabeza entre las rodillas.

Gordon estaba de pie contra la pared.. Tal vez perdiera el juicio. Habían estado viendo la televisión. delante de esa foto de Hatuquitit de los años veinte. ellos se callaron.. Así que tal vez el sonido de mi voz hiciera que los niños viniesen a nuestra habitación. —¿Por qué lo hiciste. ¿Saben ellos lo que sucedió? ¿Vieron algo? —Ellos lo saben todo —dijo Sophie. Se encaramaron a nuestra cama que estaba toda revuelta porque Gordon y yo acabábamos de levantarnos. En cuanto me detuve. Las dos hermanas se miraron fijamente.Sophie? —Te oigo —dijo Sophie todavía llorando—. —Continúa. —Todo. Sophie? Sophie movió la cabeza impaciente. Flo me agarró las rodillas. Seguramente es lo que ocurrió. Sophie dirigió una mirada a María para comprobar si ésta comprendía lo que estaba diciendo. se hizo un silencio tenso. Por lo general me aguantaba. —Dije a los niños que se apartaran y disparé el arma. Y ellos me vieron llorar y gruñir como un cerdo cuando arrojé a su padre por la ventana. —Los dos estaban allí. Retorció un hilo suelto en su manga izquierda. pero nos oyeron vociferar. Pero tú eres todo lo que tienen. —Me vieron cuando disparé contra Gordon —dijo. Luego levantó la vista. Yo tenía el arma en la mano. Se quedaron completamente mudos. Sophie se miró las manos y se examinó las uñas mordidas. ¿Sabes dónde la arrojé? —Sí. ~229~ . junto al corazón de piedra. Por lo general yo no replicaba a gritos.. ocultar la prueba. —Luego me di un paseo hasta el arroyo. —¿Todo? — María sintió un vacío en el estómago. quise desembarazarme del arma. Durante media hora dejé solos a mis hijos en aquella habitación donde había matado a su padre. Sophie —dijo María al ver que se detenía. estaba llorando. cerca de la ventana. prolongado. Simón me gritó que me detuviera. —Entonces dime una cosa para que yo sepa a qué atenerme. María recordó haberlos visto en la cama mirando pasmados el rastro de sangre y pelo en la pared. Me daba cuenta de que los niños estaban allí pero no me importó. — Sophie empezó a reír pero acabó gimiendo—.. María asintió. Habíamos hecho el amor una hora antes. Disparé cinco veces.

No recuerdo siquiera que te telefoneara. —Sophie levantó la vista. Me imaginé que utilizaste el dinero para comprarte el vestido que llevabas en la fiesta de Ed y Gwen. —Menuda broma ese espectáculo de la cárcel. —¿Por qué lo hiciste? —repitió María. ¿A quién se la compraste? —A un individuo que conozco en Stanford. —Hace mucho tiempo de eso —dijo Sophie con una leve sonrisa. —Tengo que confesarte una cosa —dijo Sophie—. Lo empleé para comprar el arma. Eso es lo último que recuerdo hasta que tú llegaste. — María se sintió ofendida de que Sophie la creyera capaz de semejante cosa—. Sophie se rió por la nariz. María se quedó silenciosa e inmóvil. María continuó—: Fui a Blackwood.. —¿No me has oído? —preguntó Sophie. ¿Recuerdas aquella hermosa figurilla que me regalaste? Pues la vendí. —¿Se lo has contado a Peter o a Steve? —Eres la única persona que lo sabe —dijo Sophie con tono solemne—..—Luego volví a casa y encontré a Gordon tendido en el camino. y quieren que cantemos y bailemos. ~230~ . intentando digerir la noticia. pero eso no cambia las cosas. —Ya lo sabía. Y te agradecería que. —¿ Comprendes ahora por qué no quiero ver a mis hijos. Sophie hizo caso omiso. Somos un puñado de asesinas y ladronas. —Podría serlo. No se lo diré a nadie. sorprendida. El hecho es que ellos quieren verte. —No —dijo Sophie—. —Descuida. María no quiso que Sophie dejara de hablar. después de lo que les hice pasar? —Lo comprendo. Un anticuario. Deseaba saberlo todo. Sophie se encogió de hombros. — María se sintió impaciente por encarrilar la conversación hacia la noche de la muerte de Gordon. —A veces me imagino que ellos me perdonan porque saben lo que yo estaba pasando. Era una noche demasiado calurosa para dormir. Pero sé que eso no es realista. —El otro día estaba pensando en ti cuando cantaste «Moon River».

. Y aunque María deseara. Probablemente el tío Duncan está ya muy cansado de hacer de niñera. Los labios de Sophie formaron una línea recta y burlona. Cosas que había robado —dijo Sophie—. —Ahora es mejor que te vayas —dijo Sophie—.—¿Era un arma usada? —preguntó María. ¿ Por qué ibas a vender el cucharón de Hallie si no fuera para comprar trufas o cualquier otra golosina para la cena? ¿Crees que eso estaba bien? —No. María. Me la vendió como un favor. —No. Mantuvo la beza erguida y no quiso desviar la vista—.. dime lo que piensas de mí. —¿Cosas robadas? —Sí.. ~231~ . era nueva. que él la guardaba en la mesilla de noche para defenderse contra los ladrones. como si deseara eludir la pregunta. Le pareció percibir una actitud evasiva en la expresión de Sophie. en el fondo de su pensamiento estaba la carta de Aldo. de Peter y Nell. a decir verdad.. siempre has caído de pie.? Sophie negó con la cabeza. No me importa lo que pienses de mí. oírle dar las gracias por ocuparse de Simón y Flo. —¿Y cómo es que ese hombre te vendió un arma sin registrar? —preguntó María.. Luego te sentirás mejor. —Adelante. ¿qué apoyo le había prestado Peter? ¿Y Nell? Por no mencionar a Hallie. sin documentos. La policía cree que pertenecía a Gordon. no lo creo —dijo Sophie. ¿Por qué no te vas a casa y cocinas una buena comida para mis hijos? —¿Cocinar una comida? ¿Qué quieres decir? —preguntó María confusa y furiosa—. Aparte de ciertos consejos basados en su experiencia legal. —Dime una cosa. si bien no lo esperara. y ella comprendió lo mucho que Sophie le envidiaba su posición.! Nunca has hecho nada mal.. María no dijo nada.. Pero Gordon no poseyó un arma en su vida.. Le había vendido algunas cosas. el resto de los perfectos. ¿Qué te indujo a comprar el arma? ¿Ya proyectabas. Habla también en nombre de Hallie. —Porque habíamos hecho algunos negocios. ¡Dios santo. María la miró asombrada. Desahógate. —¿Cómo se te puede ocurrir que estamos contra ti? —Pero apenas salieron sus palabras de la boca comprendió la razón. La gran ama de casa eres tú. tú eres tan perfecta.

. Tú nunca permitirías que un hombre te hiciera daño. Pensé que sería una buena idea. Sophie la miró fijamente. ¿ Fue entonces cuando te hizo daño? Sophie se quedó en silencio durante un buen rato.. Aquella noche. pero todo cuanto eso significaba era que él pretendía hacerme enloquecer antes de eyacular. —Dices que compraste la pistola como protección —dijo María deseando darle crédito pero sintiéndose incapaz de hacerlo por completo—. me pellizcaba y me insultaba. Fue algo maravilloso. Eso es todo. cuando cogí la pistola y fui a nuestra habitación. María no dijo nada. María —dijo Sophie con una voz que reflejaba agotamiento—. Por lo menos así es como lo siento ahora. que se le iba la cabeza.. —¿Fue eso lo que hizo la noche en que le mataste? ¿Te marcó? Sophie negó con la cabeza. Luego levantó la vista—. yo no. Fue casi excitante. ¿Qué te hizo él aquella noche? ¿Por qué necesitaste de repente protegerte? —Él me hizo daño. Aquella noche él no me puso ni un dedo encima.. ¿Me dejarás traer mañana a los niños? ¿Por favor? —Mañana no —dijo Sophie con evidente alivio al ver que María se ~232~ .—Sólo quería tener una. eso fue hace largo tiempo. pero esto le pareció más siniestro.. para protección. Dejémoslo así. —Pero después de cierto tiempo me dejaba atada cada vez más rato. — María recordó que a veces Sophie mentía.. —Será mejor que me vaya —dijo María algo incómoda—. Pensó cómo hacía el amor con Duncan. Cruzó los brazos sobre el pecho y pareció resuelta a no decir ni una palabra más.. fue como un sueño. María se quedó horrorizada. —No.. —¿Cómo me pude meter en esto? —preguntó para sí. Él me ataba y decía que iba a torturarme. ¿verdad? —No. —Dices que acababais de hacer el amor.. Sintió que se le revolvía el estómago. —Y miró hacia la puerta como si deseara que la celadora entrase y se la llevara. la ternura con que él le decía que se estuviera quieta mientras le -besaba todo el cuerpo. él dijo que quería marcarme para que ningún otro hombre. t —Al principio no me parecía mal. —Pero me has dicho que te hizo daño. Tengo esta cicatriz.

A diferencia de Duncan. aparentando no darse cuenta del rechazo o quizá no apercibiéndose de él. Se levantó y la rodeó con el brazo—. Transmíteles todo mi cariño. —No hemos cogido ni uno —dijo Simón con tristeza. algo todavía peor que lo que Sophie había soportado hasta entonces. ~233~ . Se preguntó qué podría haber hecho Gordon aquella noche. Se sintió despreciable. Regresaron al porche y los niños se quedaron allí. como si una parte de ella se hubiese quedado en la cárcel. violencia y mentiras. María se sintió aturdida. —Nos han dado una lección —dijo Duncan sonriendo a María. —No quiere verlos —dijo con tono inexpresivo María. Duncan sacudió la cabeza y miró ceñudo hacia las islas Hechizadas. María siguió su mirada y vio que había un hervidero de peces. La mayor bandada de caballas que he visto jamás y no hemos pescado ni una sola. ¿Cómo lo habría hecho Gordon? ¿Cómo habría soportado Sophie tanto dolor? Le fue imposible dejar de imaginar los detalles. Se zafó del abrazo y no pudo mirarle a los ojos. Pero me gustaría que les dieras un beso de mi parte. y el hecho de que no pudiera hablar sobre el secreto de Sophie aún le produjo mayor desazón. De repente María sintió unos grandes deseos de hablar con Aldo. —¿ Qué más te ha dicho ? —preguntó Duncan. —Eso es porque es un cochino tópico. —Resulta extraño estar sentada aquí intentando mantener una conversación normal sobre Sophie mientras ella está en la cárcel —dijo. —No hay mucho de normal en esta conversación —dijo Duncan.levantaba—. él había sido un miembro más durante el matrimonio de Sophie con Gordon y el nacimiento de sus hijos. Los cebos son demasiado grandes. Sintió como una intrusión el brazo de él alrededor de sus hombros. Mientras caminaba hacia el malecón. partida por la mitad. —¿Qué te ha dicho? —preguntó Duncan. Después de tanto horror. Simón y Flo flanqueaban a Duncan. nada la trastornó tanto como el hecho de que Gordon hubiese quemado a Sophie y ésta lo hubiese consentido. Le bullía la cabeza. De repente María deseó que Duncan la dejara a solas con los hijos de Sophie. —Siempre lo hago —dijo María. tendiendo con impaciencia las cañas. quien miraba absorto el agua bajo sus pies. Aldo tenía un sentido histórico de la familia Dark.

Y que Simón tiene sólo diez años y dice palabras como «jodida». registrar con precisión cada descubrimiento y resolver el misterio. Observó un langostero que estaba colocando nasas en el canal entre Lookout y Little Shell.. —No. En la familia Dark no era normal exteriorizar los sentimientos. — María no pudo decir en voz alta que Gordon la había marcado.. quiero ayudarte.. —¡Dios mío! —exclamó Duncan. Pensó en lo que Sophie le había dicho sobre la excitación que ~234~ . sino simplemente porque María había sido educada para guardarse las cosas negativas y mantener conversaciones amenas. Y se imaginó que volvía a la tumba. Parecía un capitán de barco. Y hoy me ha contado. no se le ocurrió nada ameno. —¿Qué más puedo decir? —preguntó María. —Estoy hablando contigo —dijo. Duncan asintió. sentada en el porche con Duncan. Una noche entré en su dormitorio y encontré a Sophie con una cuerda alrededor del cuello. y que le gusta arrancar las patas a los cangrejos vivos..—Es porque no me permites que te ayude. —¿Ha hecho eso? —preguntó María sintiendo un vuelco en el estómago. Flo estaba agarrada a sus piernas mientras ella disparaba el arma. Simón empezó a arrancarle las patas. No quieres hablar conmigo. Dices que los niños son una lata. pero los dejas estar ahí. Me dices que estás muy preocupada pero no me explicas por qué. No porque se considerara repugnante ese desahogo emocional. —Empieza por los niños —dijo Duncan—. Cuéntame lo preocupada que estás porque Simón no sonríe nunca y Flossie se chupa el dedo sin cesar. no lo haces. Yo lo vi una vez.. —Hoy Sophie me ha dicho que los niños vieron cómo mataba a Gordon — dijo—. —Lo vieron todo.. Pero ahora. me ha contado. —dijo María. ¡Qué satisfactorio sería empezar a excavar de nuevo y hacerlo bien esta vez!: cuadricularlo.. —¡Dios mío! La pesadilla que tuvo anoche. Duncan alargó el brazo entre sus asientos para cogerle la mano.. No me cuentas los detalles. —Cogí uno para utilizarlo como cebo y antes de que pudiera hacerlo. Dices estar trastornada porque tu hermana es una gran chica y ahora está en la cárcel. María. —Escucha. Si Simón tortura a los cangrejos es porque vio cómo su padre torturaba a su madre. María le dirigió una mirada y los ojos de él se contrajeron bajo el sol.

—No —dijo ella. Pero la pesca les había dejado agotados y se marcharon a la cama antes de que oscureciera. De repente estoy viviendo el tipo de vida que a veces he deseado. Necesitas a alguien que se cuide de ti para variar. Y empezó a llorar. Quiso aislarse del hecho de que Duncan (¡todo el mundo menos ella!) tenía hijos. aunque con hijos propios. —¿No es extraño qué? ¿Que ella le matara? —saltó María—. —murmuró Duncan. —Y no pudiste ayudarla. Ellos ni siquiera se movieron. En la habitación abuhardillada. María hizo una mueca de sobresalto cuando Duncan hizo crujir un peldaño. —Te quiero —susurró—. —No es extraño. Duncan marchó a la ciudad para comprar unos filetes de caballa. Ella se colocó la palma de la mano sobre la cabeza.. Quiero decir que es tu hijo. —¡Ah! ¿Sí? —dijo María sin demasiado entusiasmo. Duncan echó hacia atrás su silla haciendo rechinar las patas en la madera del suelo. Se marcharon escaleras arriba.. Eso es lo más extraño de todo. Ella le miró de frente. Duncan la dejó caer en la cama. lo habían visto nadar alrededor del malecón una hora antes. —Su mano revoloteó en el aire. —Jamey es un buen pescador —dijo Duncan cuando él y María se quedaron a solas en el porche. Ella le amaba. María se sintió como un globo que alguien hubiese dejado suelto. María. una receta que había aprendido de un arqueólogo francés en la excavación de Hasting. —¿Qué quieres decir? —Dime cuál es el pensamiento que te está rondando por la cabeza. Me refiero a lo que has asumido. ~235~ .. —Es abrumador. Pero cuando fue a ver a los niños los encontró durmiendo tan profundamente que no pudo resistir la tentación de inclinarse y besarles la frente.. —dijo Duncan con una voz tan tierna que la hizo parpadear. Él es tuyo.. después de todas las cosas que le hizo.. protegiéndose los ojos con una mano. y María los salteó con sidra. —Prueba de contármelo —dijo sonriente Duncan. —Estaba pensando en lo que has dicho de Jamey.había sentido al principio de verse atada. aunque ellos no lo hubiesen pescado. Los niños parecieron complacidos de estar comiendo un pez que. y se preguntó en qué punto habían traspasado la raya.

con pies enfundados en calcetines. viendo cómo la luna naciente plateaba las viejas paredes. Ella intentó mantenerse quieta pero no pudo. Le deslizó las manos por la es. La habilidad de un buen arqueólogo es la de no dejar huellas de su presencia en una excavación. Un buen arqueólogo debe deslizarse por el polvo de las civilizaciones: vestido de negro. sin dejar rastro. que se retorcía y gesticulaba como un hombre que no ha sido embelesado jamás. María permaneció despierta. Mientras Duncan dormía. y ella.—Y empezó a desabotonarle la blusa. Mientras lo besaba. María pensó en lo buenos que eran el uno para el otro: él quería verla tranquila y poder cuidarse de ella. ~236~ . quería embelesar a Duncan. preguntándose si no sería demasiado tarde para dejar algo detrás de sí. Él se arqueó complacido con su caricia y ambos se besaron sonriendo. que no había recibido nunca f tales atenciones.j palda y lo atrajo hacia sí.

—¿Esa tumba india que encontraste? —preguntó Hallie simulando un estremecimiento—. María se sintió como una madre llevando de paseo a una hija mayor. —¿Te gustaría verla? —preguntó María a sabiendas de que la respuesta sería negativa. —¡Salgamos de aquí! —gritó—. Una pareja de quebrantahuesos voló en círculo sobre sus cabezas. María invitó a Hallie a dar un paseo en lancha. Se dio cuenta de que Hallie la estaba reprendiendo con afabilidad por no haberla invitado antes. cuando Nell llevó a Simón y Flo con Andy a la playa. Hizo virar la embarcación. Quiero saludar con la mano a Ginger Talisker. y un blusón hasta la pantorrilla para cubrir la blusa de verano y los pantalones. que apenas dejaba estela mientras cruzaba un canal lleno de cañas hacia el refugio de Lovecraft Wildlife. El sol caldeó los asientos del bote que desprendieron un agradable olor a madera y mar. —Demos un rodeo por Lovecraft. Varios chorlitos se pasearon por un fangoso banco de arena. —¿Vamos hasta las islas Hechizadas? —preguntó a gritos. Le dolió que Hallie no aceptara ni perdonara nunca a la naturaleza. Está esperando a que salgan del cascarón los nuevos pollos de cisne. No me extraña que a estas islas las llamen Hechizadas. Debiera hacerlo más a menudo. ~237~ . María miró el agua poco profunda llena de plantas marinas. María condujo despacio la lancha. María soltó las amarras y puso en marcha el motor. Es marea baja y esto apesta.CAPÍTULO XXX Una tarde. —Ahí es donde he estado excavando —dijo María echando el ancla en la cala de Lookout. Al doblar el primer recodo sorprendieron a una garza gris plantada sobre una nudosa pata: levantó el vuelo batiendo sus grandes alas. María soñó despierta con Duncan. abandonó la marisma y puso rumbo a Lookout. El ruido del motor impedía conversar. Hallie husmeó el aire. Sólo le faltaba una sombrilla. Hallie parecía Katharine Hepburn en La reina de África: un sombrero de paja de ala ancha sujeto con un pañuelo de gasa. —Me encanta navegar —dijo Hallie acomodándose en la proa—.

No quiere que los niños la visiten. Entonces. ¿por qué vas tú? —El hecho de que puedas hacer semejante pregunta significa que ni siquiera puedo intentar darle respuesta —replicó tajante María. La vida con Hallie era un deslizamiento peligroso sobre hielo negro. Sophie te necesita. Me estoy empezando a cansar de esos aires tuyos tan sacrosantos. una de cuyas esquinas era visible. —Porque no quieres visitar a Sophie. Era un mal trago para ellas. —¿Cómo sigue tu hermana? —preguntó Hallie. La| había cubierto con una lámina de polietileno. Se vino abajo y se cubrió los ojos con dedos temblorosos. —Suelta esa cuerda y desahógate de una vez —dijo Hallie—. ¿ No podemos quedarnos sentadas en la embarcación? Este mecer de las olas es encantador. ¿Acaso hay algo más claro que eso? —He estado pensando al respecto —dijo Hallie con una dignidad regia que desapareció al instante. Y lo es. el tema pareció quedar cerrado. Se colocó al lado de su madre pero no la tocó—. los gritos de las gaviotas en el promontorio rocoso de Little Shell parecieron su espectral eco. pero ~238~ . y ellos están desolados. está hecha un desastre. —Lo celebro.. por supuesto. sin reprimir el sonido.—No me gustan los huesos —dijo Hallie—. —¿Mamá? —dijo María al cabo de un rato. —A decir verdad. —Hallie dio la impresión de quedarse satisfecha. Pero María no quiso que su madre saliera tan fácilmente del | paso. —¿Demasiado duro? —preguntó Hallie—. —No lo sé —dijo María. Empezó a sollozar. sorprendida. —¿Qué he hecho mal? —preguntó. un festival de patinaje hasta que alguien caía. ¿Mamá? Los sollozos de Hallie remitieron. pero no hasta el punto de impedir que Hallie patinara con sus modales elegantes. —¿Sophie? Está bien —dijo María. empezó a recoger el ancla. Quiso dar por finalizado el paseo en la lancha. —Intenté explicártelo aquel domingo en la cocina. María se apoyó en la regala y echó una ojeada a la tumba. Comprendió que Hallie quería la absolución. ¿no? —¿Por qué habría de entenderlo yo? —preguntó Hallie. Hallie miró a María con ojos envejecidos. Supongo que tú entiendes eso. Temes que sea demasiado «duro».. Quizá su aislamiento la permitiera llorar sin reservas.

desaprobadora. Se produjo un silencio y Sophie captó la mirada de María. mamá.. o quizás escudriñarle la cabeza en busca de canas. —El otro día Duncan los llevó a pescar —dijo María con una mirada de advertencia a Hallie. —Sí —dijo María.. —No. Una dieta razonable combinada con el ejercicio. —comentó Sophie con tono afectuoso—. Quiero hablar contigo. quien se había enderezado al oír mencionar ese nombre —.no quiso dársela. Hallie bajó la vista. —Supongo que no querréis que yo esté presente —dijo Hallie con tono dolido. —Me encuentro bien —dijo Sophie. Pareció como si hiciera un esfuerzo para no abalanzarse a través de la mesa y abrazar a Sophie. La esposa golpeada que hizo algo para evitarlo. —¡Saludos. quédate si quieres —dijo Sophie. ~239~ . señal segura de su envejecimiento allí—. —¿Cómo están los niños? —Ahora se encuentran en la playa con Nell y Andy. —¿Te tratan bien? —preguntó Hallie. querida —dijo Hallie. como si no estuviese segura de si se atrevería a quedarse. Hallie pareció indecisa. Luego se arrellanó en la silla. Siempre puedo contar con ella para una evaluación puntual de mis grasas. —Para qué emplear una báscula cuando tengo a María. —Hola.. —Estás delgada —dijo María como si pensara que el formular su opinión daría credibilidad al comentario de Hallie. y bienvenidas! —exclamó Sophie cuando vio a Hallie.. Y me dijo que Simón les arrancaba las patas a los cangrejos. sobre Simón. —Represento una causa célebre —dijo Sophie—. —¿Querrás llevarme allí? —preguntó Hallie con voz muy queda. amigas. ¡Estás muy delgada! —Aquí tenemos un programa de control de peso —dijo Sophie—. Dejó caer el ancla en la proa y marchó presurosa para poner en marcha el motor. —Los periódicos dicen que eres una especie de celebridad aquí —dijo Hallie sin mostrarse precisamente orgullosa.

incluso aunque en cierto modo fuera a expensas de Simón. pero al mismo tiempo experimentó cierta satisfacción..—¿Que Simón hacía qué? —exclamó Sophie. —¿Qué más debo contarle? —preguntó María. si Duncan dice que lo hizo. ¿ Se lo has contado a la doctora Middleton? —No. cada vez más tensa—.... Dios mío. El año pasado encontró una oruga en una vaina. recobrando su rigidez habitual—. Empezó a desaparecerle el color del rostro—. María se sintió agradecida por el apoyo de Sophie. ¡Oh.. La sostuvo en el dedo cuando el insecto emprendió su primer vuelo. —Cuando al día siguiente pregunté a Simón por qué había arrancado las patas a los cangrejos.. —dijo Sophie. ¿Que les arrancaba las patas? —Eso es lo que dijo Duncan. Y me preocupa. —Pues cuéntaselo —dijo Sophie. la guardó en una botella de leche hasta que el animal tejió una crisálida y se transformó en una estupenda mariposa. Sonrió con gratitud a su madre. ~240~ . — María se está cuidando muy bien de los niños —dijo Hallie—. —Tú misma.. querida —la reprendió Hallie. —Sophie pareció hostil y desgraciada. Además. pues estaba segura de que Sophie había apreciado el comentario crítico de Hallie. —Eso no lo justifica —dijo Sophie muy pálida—. Y Sophie se quedó quieta.. —María se sentía confusa por la presencia de Hallie. Jugueteó con el dobladillo de su traje violeta azulado. A Simón le gustan los animales. —Bueno. —No puedo creer que Simón cometa crueldades —dijo Hallie desautorizando la versión de Duncan.. pero tenemos una reunión el martes. no tengo derecho a. Sabes más sobre ellos que yo. —murmuró Sophie. Quiso que Hallie se enterara de los detalles desagradables que habían de soportar ella y Sophie. —Él nunca ha hecho nada semejante —dijo Sophie—.! —No te pongas nerviosa.. No tienes por qué preocuparte. —¿Qué crees? ¿Que eso me va a hacer sentir mejor? ¿Que ya no me necesitan mis hijos? —Sophie había elevado peligrosamente el tono de voz. Duncan los utilizaba como cebo. Y también lo de las pesadillas. María se preguntó si sería por su preocupación. me contestó que de todas formas los animales iban a morir.

~241~ .. Por fin miró fijamente a Sophie. sí o no? —Supongo que sí —dijo Hallie. —Pensaba que no ibas a acturar —terció María. baile. la ventana enrejada y luego su propia muñeca. —El verano pasado estuvo maravilloso en esa comedia de Mo-bley —dijo Hallie—. Varaos a representar un espectáculo con actores de Whitehall. —No quiero decir nada —respondió Sophie—. Ya lo verás. —Son unos juegos de manos sorprendentes —dijo Sophie radiante—. Gordon y yo vimos la obra. querida —dijo Hallie rompiendo el hielo sin darse cuenta—. más allá de los árboles. su madre y su hermana estuvieran sentadas ante la gran mesa de roble bebiendo té—.. Miró fijamente una pintura en la pared más distante. Recordando su infancia. —Yo sí que vendría —intervino María. no voy a actuar —dijo Sophie—. ¡Qué despilfarro! Una voz que podría derretir el hielo y nunca la utilizas. Fue como si ella. —El de aquí. —¿Qué espectáculo? —preguntó Hallie. James Court nos está ayudando a presentar un espectáculo de variedades. Los hijos necesitan siempre a sus madres. —No. —Bueno —dijo Sophie—. Nadie quiere tanto a un hijo como su madre. Canto. todo el repertorio. Pero la mirada implacable la hizo desistir. —Sí.. —¿No vas a cantar? —preguntó Hallie meneando la cabeza—.. —¿Has leído lo del espectáculo? —dijo Sophie. Pues bueno —continuó Sophie—. —¿Vendrías si lo hiciera? —preguntó.. Me parece un poco extraño. James Court. tú lo conoces.—Claro que te necesitan. Quedas invitada. —Sophie utilizó un tono de voz tan alegre que María se sintió transportada fuera de la cárcel. hasta la cocina de Hallie. Tuvo una actuación extraordinaria. Soy la encargada del vestuario. Toda la familia está invitada. juegos de manos.Hallie se encogió de hombros. eso es todo. Sophie se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre la mesa. ¿vendrías a oírme. —¿Juegos de manos? ¿En un espectáculo de variedades? —preguntó Hallie arrugando la nariz—. Sophie y María cambiaron sonrisas irónicas. —¿Qué quieres decir con «ya lo verás« ? —preguntó Hallie recelosa.

A María le preocupó que Sophie pudiera considerar aquello como su gran oportunidad de conseguir que Hallie se sintiera orgullosa de su hija. —No lo creo —dijo Sophie. —Me temo que me vais a saltar al cuello —dijo Hallie—, pero eso de que un grupo de convictos ofrezca un espectáculo tiene algo de indecoroso. Lo siento, pero ya está dicho. —Supongo que estarás bromeando —dijo Sophie. —¡No me refería a ti! —dijo Hallie golpeándose el entrecejo con la palma de la mano y con expresión de angustia—. Escucha, Sophie, yo no te agrupo con las demás. Rezo por ti cada noche. —Esto viene de lejos —dijo Sophie intentando mantener una voz serena—. Nunca viniste a oírme cantar. Quiero decir, cuando yo estaba en la escuela. —¿Que nunca fui a oírte? —preguntó Hallie con una mirada vacía en los ojos—. Siempre lo hice. Esperaba con impaciencia tus conciertos. —No —intervino María—. Nunca lo hiciste. Siempre dijiste que debías ocuparte de papá. Yo fui en tu lugar, y me senté en la fila de los padres... —Te equivocas —replicó Hallie con voz firme. María vio que su madre creía realmente lo que estaba diciendo—. No sé por qué vosotras dos estáis confundidas sobre esta cuestión. Recuerdo con mucha claridad lo orgullosa que me sentía. Recuerdo las canciones..., aquel pupurrí de Gershwin, el aria de Puccini... —Creo que lo que quizá recuerdes son mis ensayos en casa —dijo Sophie —. Está bien, no te culpo. Sólo me he estado preguntando por qué... —Su voz se apagó con tristeza. Sophie estaba librando a su madre del anzuelo con demasiada facilidad, pero María no dijo nada. Vio dolor en los ojos de Hallie, vio que nublaba su visión del pasado porque la verdad era vergonzosa. —Querida Sophie —dijo Hallie—, nadie se cuidó de mí tan bien como tú después de que muriera tu padre. —¿Nadie? ¿Ni siquiera tu madre? —preguntó María, recordando algunas cosas que había contado Hallie. Sophie y Hallie se miraron con tal intensidad que María sintió celos. Sophie absorbió como una esponja el amor de Hallie, y la simpatía fluyó hacia ella desde Hallie. —Mi madre me adoraba —dijo Hallie—, pero siempre estaba muy atareada. La gente decía que ella daba las mejores fiestas de Nueva Inglaterra. Y vosotras sabéis que ella era una líder en la defensa de los derechos de la mujer. —¿De veras? Yo no lo sabía —dijo interesada María.

~242~

—Sí, es cierto. Ella nunca quiso ver atrapada a ninguna mujer en casa con los crios y las tediosas labores domésticas. Creo que se habría revuelto en la tumba si hubiera sabido a cuánto renuncié yo por Malcolm. Eso me transformó en una esclava. Mi madre le quería cuando nos casamos, por supuesto..., sí, mis padres le adoraban por la sencilla razón de que él me amaba. Y ése fue también el mismo sentimiento que yo tuve por Gordon y Aldo, no sé si lo sabíais. El hecho de que hubieseis encontrado unos hombres que os amaban, me hizo feliz. María no pudo mirar a Sophie mientras Hallie continuaba con voz ronca: —Me culpo de no haber visto lo que te estaba sucediendo, Sophie. Casi... casi odio decir esto y espero que no lo tomes a mal, pero yo quería a Gordon como a un hijo. De verdad. —Lo sé —dijo Sophie recobrando un poco el color de las mejillas. Se tocó la garganta y no pudo apartar la vista de su madre. —Razón por la cual todo resulta cien veces peor. Yo di mi amor a ese muchacho y durante todo el tiempo él estaba... estaba... —Lo sé —dijo Sophie cogiendo la mano de Hallie. Y por segunda vez aquel día, a Hallie se le escaparon las lágrimas. María pensó lo repugnante que era hablar cariñosamente de Gordon. Pero comprendió lo difícil que le resultaba a Hallie exteriorizar unos sentimientos tan profundos. Le cogió la otra mano y Hallie se la apretó. —Queridas niñas... —murmuró Hallie. María buscó en su bolsillo y encontró una servilleta que había empleado la noche anterior. Se sonó con ella y se la pasó tímidamente a Sophie, quien la utilizó y luego intentó entregársela a Hallie, pero ésta negó con la cabeza y se sorbió la nariz. —Vamos a ver —dijo Hallie—. ¿Podrías cantar algo de Puccini en ese espectáculo? Sophie negó con la cabeza y sonrió un poco. —No voy a cantar —dijo—. Sólo quería saber si vendrías a oírme en el caso de que lo hiciera. —Vendría —dijo Hallie con aplomo. Pero aunque Hallie creyera lo que estaba diciendo, María dudó que estuviera aquí cuando llegara el momento.

~243~

Tercera parte

BELL STREAM

~244~

CAPÍTULO XXXI
María se sintió nerviosa mientras aguardaba en la sala de espera de la doctora Middleton. Esta vez se había puesto un traje de gabardina negra para hacer ver a la doctora que ella era una mujer cabal con sentido de la responsabilidad, y que era tan profesional como la doctora. Otras personas leían revistas o miraban al vacío mientras esperaban, ser atendidos por otros facultativos. Nadie cambiaba sonrisas, como suele hacerse en el consultorio del dentista o del médico de cabecera. Al subir las escaleras, María había oído el estrépito del tráfico que circulaba veloz por la Summer Street de Hatuquitit, y el ronroneo de lanchas motoras en la bahía. Pero una pequeña máquina en la sala de espera sin ventanas reemplazó al ruido real. Hizo el ruido de un túnel aerodinámico o de una radio sintonizada entre dos emisoras. María observó que la distraía de sus pensamientos. —¿ María? —dijo una voz. Al levantar la vista, María vio a la doctora, que llevaba un vestido de algodón estampado; una cenefa de concha le sujetaba el pelo, cada vez más rubio desde el comienzo del verano. —Hola, doctora Middleton —dijo María. Y se estrecharon la mano. María la precedió hacia el interior del soleado consultorio. Se sentaron en butacas forradas con tejido de algodón tostado, una frente otra. Unas ventanas altas miraban a un aparcamiento de gravilla con el Bold & Intrepid Boatworks a lo lejos. Un grabado de la serie Ocean Park de Richard Diebenkorn colgaba de la pared. El parqué estaba cubierto con una desgastada alfombra de nudos. María tuvo una instantánea sensación de comodidad y cordialidad. —Mi hermana estaba muy interesada en que la visitara. Está muy preocupada por sus hijos —dijo María. Se sintió un poco como una intrusa, como alguien que pretendía ser la madre de Simón y Flo y quiso que la situación quedara suficientemente clara desde el principio. —Me estaba preguntando si no querría usted plantearme algunas cuestiones —dijo la doctora Middleton sorprendiendo a María—. ¿Quiere preguntarme alguna cosa? —¿Sobre los niños? Sí, quisiera preguntarle algo —dijo María. Pero súbitamente su mente quedó en blanco. Siguió un silencio que al principio pareció cómodo pero que luego se tornó tenso. María se encogió de hombros y alzó las cejas. —Permítame hacerle un par de preguntas —dijo la doctora rompiendo el

~245~

hielo—. ¿Cómo se comportan los niños en casa? —Les gusta permanecer dentro más de lo que debieran, creo yo. Simón, sobre todo, se pasaría todo el día viendo la televisión si se lo permitiera. —¿Qué piensa que debieran hacer en lugar de estar en casa? —Bueno, no lo sé... —dijo María, aunque sí lo supiera: los niños deberían pasar los días de verano jugando y divirtiéndose fuera. Repentinamente temió dar una respuesta equivocada—. Yo quisiera que les gustara más la playa. En general, estar al aire libre. —Cuando los niños proceden de un hogar inestable —dijo la doctora—, no es raro que les asuste abandonar la casa. Cuando la abandonan, temen lo que puedan encontrar al regresar. En su casa no hay límites, por tanto tampoco hay seguridad. —Así pues, ¿debo permitirles que estén dentro? —preguntó María. —Ahora mismo yo no los empujaría afuera —dijo la doctora Middleton—. Sé que usted no está habituada a los niños, que las cosas se le ponen difíciles. —Quiero hacer lo que sea mejor para ellos —dijo María. El acondicionador se puso a ronronear. Vio por la ventana que Dun-can conducía el Travelift hacia el muelle. —¿ Le ha preocupado algo particularmente ? —preguntó la doctora Middleton. —Supongo que usted cdnoce la situación —dijo María refiriéndose al hecho de que Sophie había matado a Gordon. La doctora asintió—. ¿Y sabía usted que Gordon golpeaba con regularidad a Sophie, o por lo menos que hacía cosas para humillarla y degradarla? No sé cómo define usted el abuso. —Hay muchas formas de definirlo, incluyendo las críticas constantes y la falta de respeto. Pero tengo entendido que también había abuso físico. —¿Se lo dijeron Flo y Simón? —preguntó María. La doctora Middleton permaneció en silencio unos instantes. —Les he prometido no decir a nadie, ni siquiera a usted, los datos específicos que me han revelado, pero sí, ellos percibieron que había abuso físico. —Sophie me dijo que ellos habían visto cómo le mataba. —Por la expresión impávida de la doctora comprendió que la noticia no la sorprendía, que los niños se lo habían contado—. ¿Qué perjuicio puede causarles eso... a la larga? ¿Cómo pueden crecer y tener vidas normales después de lo que han visto y oído? Por cierto, el otro día Simón arrancó las patas a un cangrejo. — María se echó a llorar sin poderse contener.

~246~

—Los niños aprenden muy pronto a conocer los valores... antes de los tres años... y mediante las observaciones y sensaciones, no mediante las palabras —dijo muy despacio la doctora—. Las cosas que ven les causan sensaciones que ellos no saben cómo expresar. Es inútil que usted les diga que todo va bien o que «papá no quiso hacer eso». Sus sensaciones les dicen que no todo está bien y que papá hace lo mismo una vez y otra. —¿Qué les sucederá entonces? —preguntó María desolada. —Todos nosotros trabajamos juntos —dijo la doctora Middleton—. Ellos necesitan poner palabras a sus sensaciones y sentirse lo bastante seguros para expresarlas. —¿Cómo puedo ayudar yo? —preguntó María. —Mostrándose paciente con ellos, sin esperar que se adapten a su horario. No haciéndoles marchar afuera si no lo desean. —¿Le dijo Simón que yo hacía eso? La doctora Middleton se limitó a sonreír. María se sintió ofendida con ella porque no le había dado todos los detalles que podían interesar, pero contestó a su amable sonrisa. —Dígame lo que debo hacer —preguntó María sin rodeos—. ¿Hay algo que yo esté haciendo mal? —Hágalo lo mejor que sepa, con eso basta. Usted no puede ocupar el lugar de su madre, por supuesto, pero los niños saben que usted se cuida de ellos. Sería bueno que usted mantuviera sus propios intereses. —Lo intentaré —dijo María pensando al instante en Duncan y en la excavación de Lookout—. Pero los niños me ocupan mucho tiempo —Es importante —dijo la doctora Middleton. Terminada la entrevista, María se encaminó directamente hacia el astillero. Se preguntó si la gente sabría ya lo de ella y Duncan. Recordó que, siendo niña, había oído hablar a Hallie y a su amiga Ginger de la señora Brown, la bibliótecaria, y del padre de Patty Winograd. Tal vez las separaciones, los divorcios y los amoríos fueran más comunes en la actualidad, pero María no se hizo ilusiones sobre las raíces puritanas de Hatuquitit. Duncan estaba con el torso desnudo al timón de un barco langostero, trasladándolo de un muelle a otro. El sol se reflejaba en la tranquila bahía. María se mantuvo en la sombra observándole. Pensó que él se alegraría de verla y escucharía gustoso lo que había dicho la doctora Middleton. Ella no pudo imaginarse que pudiera contarle lo mismo a Aldo en plena jornada de trabajo. Cuando Duncan amarraba la embarcación a un muelle flotante, la

~247~

Cuando hubo concluido. —Hola —dijo. Éste pareció sonreír al vacío más que a María. Duncan! —gritó Jim señalando hacia un bloque de motor que se balanceaba colgando de una grúa. ésta es María. pero no aquí. María percibió la diferencia entre aquel chico y Simón o Flo: la ex-'presión de Jamey era de felicidad.. Luego se encaminó hacia María dando unas zancadas tan largas que su hijo hubo de correr para mantenerse al paso. —¿Queréis esperar un segundo? —dijo Duncan—. los zapatos. María y Jamey le siguieron con la mirada. la tía de Flossie —dijo Duncan. la longitud del dobladillo. quizá se sintiera dichoso de verse tratado como un adulto. a quien le habían enseñado que el hablar de dinero era una falta de educación.descubrió y agitó el brazo. Pero como éste permaneció callado. —Estupendo —dijo María. —¿Tienes una lancha? —preguntó Jamey. porque dos hombres que estaban en el muelle se volvieron de repente para mirarla.. Y dejó que Jamey la condujera hacia una Boston Whaler con el casco blanco al aire. Duncan saltó de la embarcación y se volvió para ayudar a un niño pequeño. vacaciones escolares y festividades navideñas compartidos entre los tres. —¡Eh. Jamey se aclaró la garganta. la ausencia de maquillaje. —Jamey.. —¿Cuánto te costó? María. se sintió algo molesta. Y alargó la mano para estrechar la de Jamey. Vuelvo en seguida. Luego escudriñó a María de pies a cabeza. Quizá gritara su nombre. Conozco un sitio.. —Hola —dijo María. —¿Quieres sentarte? —preguntó—. Se sentaron en ella. al tiempo que surgía una cabeza pequeña que atisbo por encima de la regala. María le imaginó calculando las futuras posibilidades de felices finales de semana. Y enrojeció. María se preguntó si su falda negra no aparecería blanca como la tiza cuando se ~248~ . Sus ojos parecían los de Duncan. —Así que éste es tu hijo. —¿Se la compraste a mi papá? —Sí. —La tengo.. tal vez comparándola con su madre y tomando buena nota de los detalles... La guardo en mi casa. la hebilla del cin-turón. le dirigió una amplia sonrisa. esperó que Duncan reprendiera a Jamey. el color del pelo y la expresión facial. llevaba el pelo rojizo largo y algo enmarañado. —dijo María a Duncan. —Sí —dijo Duncan observando satisfecho la escena..

María recordó que Flo había ido a casa del doctoc Kaufman el día en que Sophie la dejó sola en la biblioteca. lo del divorcio? —preguntó con tono íntimo. —Supongo que es bonita —dijo. —Yo lo sabía ya —dijo María con. —¿Eres la tía de Flo Littlefield? —Sí —dijo María volviéndose hacia Jamey—.. El doctor Kaufman le dio una sortija exactamente igual que la de mi prima. —Pero mi tío está divorciado —dijo Jamey—. María estuvo segura de que el niño quería significar lo contrario. A juzgar por su vehemencia. pero tuvo la impresión de que el niño estaba urdiendo algo... —Seis —dijo él con tono solemne. sí que lo está —dijo María esperando a que Jamey continuara. —Mi mamá y mi papá —dijo Jamey—. —¿Estás pasando un buen verano? —Sí. como si temiera que María se marchase al oír tal noticia.podía saber.levantara. —Algunas personas lo ven mal —dijo Jamey—. grave entonación. Se van a divorciar. —Eso está bien. Por primera vez María percibió una ansiedad que le recordó la de Flo. ¿ çFlo va a tu clase? —Ella vino a mi fiesta —dijo Jamey—. —¿Cuántos años tienes? —preguntó María. pero Jamey habló primero —¿Sabes lo del. y luego desvió la vista pero se le acercó un poco más. Muchas personas lo están. desconocía lo que el niño . —Porque su mamá está en la cárcel —dijo Jamey—. tiene un rubí grande. yo también —dijo María no queriendo entrar en explicaciones sobre la anulación. No está nunca en casa con Flo. —Sí. ~249~ . Pero yo no. pues la miró repetidas veces con una sonrisa amplia. —¿Cómo? —dijo María confusa. —Pareció algo preocupado. María iba a preguntarle si le gustaba navegar.. Le hubiera gustado preguntar a Jamey sobre lo que le gustaba hacer durante el verano. —De hecho. — Flo debe de estar muy triste —dijo Jamey..

De pronto. Su pequeña mano se deslizó por el casco hacia María. mientras le sonreía. Duncan y Jamey decorando un árbol navideño con los mismos ornamentos cada año. —A veces lo estoy —dijo María.—Su mamá es mi hermana —dijo María. luego en el sexto. Alicia se perdió de vista. —¡Ah! Tú también debes de estar muy triste —dijo Jamey. más tarde en el bachillerato y por último la universidad. pero no llegó a tocarla. apesadumbrada y solitaria. ~250~ . tuvo la visión que había imaginado poco antes a Duncan: ella. Jamey en el tercer curso. Las palabras «hijo» e «hijastro» le llenaron el pensamiento. Simón y Flo viviendo sus vidas con el espectro de Sophie en la cárcel de la carretera. la que más le inquietaba: ella. Pero María encontró esa visión más simple que la usual.

Ideo diversos procedimientos. Anoche tuve un sueño. pero eso no es nada comparado con estar atrapada por lo que hice. Si hubiésemos seguido juntos. y ahora tendré la I marca de Gordon el resto de mi vida. y que se fueran al infierno.. Rememoré tiempos pasados. los coches. y algunas veces despertaba a María para convencerla de que se encaramara conmigo al tejado.. A lo largo de todo ese dolor I me odié a mí misma por habérselo permitido. El otro día. aunque en realidad se parecía más al collar de perro que Gwen solía obligarle a llevar. La cuerda alrededor de mi cuello era una especie de lazo. sólo su voz. nada de imágenes. Entonces pienso: ¿seguir adelante con las cosas? ¿A quién creo estar engañando? Yo tenía alternativas. hubiera podido llamar a la policía. dinero en el banco para enviar a los chicos a la universidad. Como si no quisiera conocerme. Lo sentí como un lápiz. Fue entonces cuando me desperté sudando. cuando me sentía como si estuviera atrapada en una grieta muy angosta de las rocas. ¿Qué pasaría si yo no le hubiese matado? ¿Qué pasaría si él hubiese muerto de un ataque cardíaco? Entonces tendría su seguro de vida. ella se imaginó un hierro candente y un lazo. lo que en cierto modo.. como una hoja de afeitar trazando sus iniciales en mi trasero. la sorprendí con una mirada extraña. Se lo hubiera podido decir a Peter y Nell. Entonces solía apartar las mantas y respiraba con ansia. «Me estoy aproximando». cuando le contaba a María que Gordon me había marcado. fue así.. cuando yo era pequeña. ¿Le haría volver si pudiera? Es un juego estúpido e inútil. Algunas noches permanezco despierta en la cama preguntándome si podría haber sido feliz con Jack. O hubiera podido coger la puerta. dijo. no debí permitir que las cosas empeoraran tanto. como si no quisiera escucharme. Probablemente. Sólo su voz en la noche. pero era aire acondicionado. sintiéndome atrapada en la grieta de la roca. Realmente estoy atrapada en eí lugar donde me hallo. la casa.. quiero decir. Tuve deseos de decirle a María que ni siquiera me dolió. me abrasó como un hierro de marcar muchos días después. y me creía más atrapada que nunca. nada fresco. y libertad para seguir adelante con las cosas.. pero yo lo juego. hasta el punto de que no pude sentarme. Anoche intenté apartar las sábanas y sentir el aire moviéndose a mi alrededor. Me dolió más tarde. La primera vez que sucedió. debajo de las sábanas. Algunas noches me pregunto si yo habría permitido que las cosas empeoraran ~251~ .CAPÍTULO XXXII Anoche me metí en la cama con la sábana hasta la barbilla.

y me decía que yo era la imagen ideal de una hermosa madre. si le hubiese demostrado que cuanto más amas tanto más amor tienes. Eso fue todo. Cuando Jack me abandonó. pero me llenaba de gozo. con satisfacción y ternura. Empecé a temer que me quedaría sin leche. si* no hubiese sido por Jack. Ésa fue toda la explicación que me dio. cerrando los ojos.. Si yo abrazaba a Simón. otra vez la misma cara. María. o que tenía una astilla clavada en el pie y no podía ~252~ . —Le quiero porque es nuestro hijo —solía decir yo al principio—. Incluso cuando me daba cuenta de que se interponía entre mí y todas las personas que me querían y a quienes yo quería: mamá. Si yo me hubiese mantenido firme. Cuando llegaba la Navidad y yo quería pasarla con mi familia y no con la suya. He necesitado todo este tiempo para reconocerlo así.. Entonces una vez hicimos el amor y él empezó a chuparme el pecho sin querer soltarlo de ninguna forma. Parte de ti y parte de mí. todo al mismo tiempo.. pero creo que en realidad el origen de todo fue darle el pecho a Simón. Él podía inducirme a hacer cualquier cosa aparentando simplemente que estaba dolido ¡Terriblemente dolido! Como si yo le hubiese abofeteado. y después de todos estos años ya no pude recordar en dónde habíamos comenzado. Nunca esperé encontrar otro amor como aquél. Y desde entonces Gordon no creyó normal que yo alimentara a Simón. cuando ya entonces era normal y evidente. Pero llegó un momento en que Gordon no me hizo caso. más que mis padres. Si era sábado y yo quería ir con mamá a Lord & Taylor's en lugar de esperar a que él volviera de jugar al golf con Ed.. y la quería.... todo cuanto yo podía sentir era compasión. A menudo he pensado que si no hubiese intentado engañarle y le hubiese dicho lo que pensaba que necesitaba oír..tanto. Él me amaba más que nadie.. Creí haberlo encontrado con Gordon. Me dolía porque él mamaba con ansia. Cada vez me empujaba un poco más lejos. feliz y orgullosa de tener un hijo tan encantador. esto no habría sucedido. Pero todo cuanto hice fue abrirle una herida. no hacía lo mismo con él. Una vez y otra.. quizás incluso más que María. más que mi hermano. él ponía esa cara de niño triste que siempre me vencía. Cuando yo tenía a Simón en mi regazo y le cantaba al oído. Siempre encontraba algún pretexto para interrumpirnos: por ejemplo. Si yo me ocupaba de Flo. sorprendía a Gordon mirándome con mucha tristeza porque yo estaba dando mi amor a Simón y no a él.. Pero se cansó de mí.. me preguntaba dónde había puesto las llaves del coche. Nell e incluso Simón y Flo. y encontró a otra mujer. pensé que mi vida había terminado. pero entonces temí tanto la posibilidad de perderlo. Pero entonces. Gordon solía mirarnos fijamente. Tal vez recuerde esto porque fue muy dramático. insultado y me hubiese burlado de él. no le abrazaba a él. aún se me aparece y no puedo soportarlo. Dios mío.. Peter.

eso no duraba mucho y yo volvía a pensar en mí y en mi bebé. Según recuerdo. Pero. ¿Algo va mal? —Ya va siendo hora de que él empiece a utilizar el biberón —dijo Gordon —. —¿Eso te da placer? —me preguntó una vez. ¿Por qué lo hizo? Tal vez porque me riera. Gordon estaba sentado en una enorme butaca de mimbre. en Simón. una familia de tres. Llevó tranquilamente hasta el coche al niño. Y un día Gordon no pudo soportarlo por más tiempo. claro está. Así estuvimos durante mucho rato. Pero Gordon no tardó en volver con el niño.. así es como los animales alimentan a sus cachorros. le daba el pecho y pensaba: esto es lo natural. Me quedé sin respiración. Así que sostenía a Simón entre mis brazos. Yo pensaba en vacas y caballos. y ello me hacía sentirme increíblemente culpable. Me entregó a Simón y nos abrazó. Pero yo no pensaba dejar de darle de mamar al niño. como una jaula alrededor de Simón. mi hermoso hijo. no sólo por eso sino porque probablemente yo gemía de placer como cuando Gordon lo hizo mientras nos amábamos. —¿Qué pasa? —pregunté al fin—. ¡Dios mío. Nos fulminaba con la mirada. casi pensaba que Gordon estaba bromeando —Sólo tiene dieciséis semanas —dije. Yo sentía que mis brazos se ponían tensos. y arrancó. Eso me hizo reír. Simón había dejado de llorar y Gordon sonreía implorando perdón. quizás estuvieron fuera un cuarto de hora. Cuando se apearon del coche.esperar ni un minuto más para sacársela. lo puso en el asiento delantero. temí que Gordon estampara a Simón contra la pared. Ya va siendo hora de que lo destetes. nunca olvidaré la escena! El niño con la boca abierta como un pajarillo y Gordon rojo de rabia. En aquel tiempo yo no tenía coche. pero lo cierto es que Gordon se abalanzó a través del porche y me arrebató a Simón del pecho. Lo cierto es que me gustaba. mirándonos con expresión reprobadora. No lo hizo.. pues de lo contrario los hubiese perseguido. yo llevaba un sujetador de criar y una vieja camisa de Gordon desabotonada. Desde entonces todo fue una indirecta tras otra sobre lo mucho que me excitaba dar de mamar a mi hijo. Todos los libros decían que los bebés más equilibrados estaban alimentados con la leche materna. Simón y yo estábamos sentados en el porche para su última comida antes de irse a la cama. Oía el canto de los grillos y los gritos de los niños que jugaban en el Bell Stream. Me puse a pasear desesperada por el camino de entrada y me pregunté si debería telefonear a mamá o a Peter. mientras Gordon susurraba: ~253~ . Simplemente se largó. perros y mujeres prehistóricas antes de que se inventara el biberón. que estaba berreando.

Lo estuvimos. Nunca debía permitirle que me humillara. cuando lo único que quería era hacerme daño. ¿Pero acaso debía deshacerme en exclamaciones sólo porque ella lo quisiera? Quiero decir que Bess siempre me está recordando lo importante que es la sinceridad. Todavía somos amigas. A veces me gustaría poder largarme de aquí. —¿Y qué hay a continuación? —le pregunté. Me gustaría que Bess no estuviese enfadada conmigo. aunque quizá no cuando él me hacía daño. pero a raíz de lo ocurrido temí seguir amamantándole. La pobre ni siquiera sabe barajar bien. Pero. pero no lo hice. Yo lo creo que lo somos. También hubo otros momentos. — Este es el gran final —dijo ella. no significa que estemos destinadas a ser amigas de por vida. No quise alimentar a Simón con aquello. Con toda probabilidad ése fue el momento en que debía haberme marchado. y lo cierto es que me fastidia bastante su contradicción. Gordon. —Por favor —dijo—. lo siento de corazón. Supongo que me ha decepcionado un poco. Me pongo enferma al pensar que le creí cuando él dijo que quería marcarme para que ningún otro hombre me tuviera. No me importaría despertarla y contarle cómo decidí dejar de amamantar a Simón. Tampoco debí permitirle que grabara sus iniciales en mi piel. pero con el tiempo lo hice. haz esto por mí. y sin embargo espera de mí que me pase el día alabando sus pésimos juegos de manos. Su mirada se tornó increíblemente sombría. El hecho de que Bess y yo seamos compañeras de celda gracias al estado de Connecticut. ~254~ . Hasta ese último instante estuvimos unidos. pero eso no significa que no pueda enfadarme con Bess. Bess está dolida porque no pude fingir que sus juegos de manos son sensacionales. Simón y Flo. supongo que mi expectación era excesiva. Debí haberme marchado después de que dejara de burlarse y empezara a torturarme. Ella piensa que son verdaderamente mágicos. Me entregó una bolsa de papel con un biberón y varias latas de comida para bebés. probablemente eso es todo: decepción. Hizo dos o tres juegos estúpidos. Por el bien de Simón hice lo que Gordon me pedía. que había comprado en alguna tienda. Quiero decir que siempre me está apremiando para que riña con mi madre o con María. a María o a Peggy. —En ese momento no estaba segura de que pudiera perdonarle jamás. y luego ése en que el as de espadas reaparece sin cesar. porque él me amaba demasiado. Me alegro de no tener a Rhonda. Y por todo ello. antes y después Je amé. —¡Oh! —dije mientras deseaba poder reparar la situación.—Lo siento. Nosotros éramos una familia: yo. y me miró absorta. Hubiera debido marcharme.

María apiló periódicos. —¡Oh. —¿Podemos hacer una comida? —preguntó Simón. Cuando hubieron recogido la suficiente leña menuda. —¡Perritos calientes! —exclamó Flo—. Se imaginó que esa piedra habría sido extraída en las márgenes del río Hatuquitit. de cara al fuego. Simón y Flo la siguieron hasta el patio. Todos permanecieron en silencio. María sacó tres salchichas del frigorífico mientras Simón afilaba unas ramas de abedul. Clavados en palos. ~255~ . —dijo María recordando el pollo con mostaza y miel que a todos parecía haber gustado. ¿A vosotros os gustan? —preguntó Flo. no! —exclamó Flo cuando se le cayó al fuego su salchicha. concentrados en mantener las salchichas ante el fuego hasta que adquirieran el característico tono dorado. Buscaron por el suelo e hicieron haces de ramitas. —Necesitamos leña menuda —dijo. lanzaba rayos anaranjados y purpúreos hacia el Oeste y la bahía. una ráfaga de viento tan fresca que parecía octubre. —A mí no me gustan nada esas pastillas para la tos con sabor a pino. Creosota. Los tres se sentaron en el suelo con las piernas cruzadas. pasaron adentro. —Es una buena idea. —¿Una comida? —preguntó María deseando poder tener algo de melcocha. no cojáis pino —recomendó Simón—. a punto de ponerse. barrió el desembarcadero de la Squaw.. —No. —Pero si ya hemos cenado. que no pudo seguir cogiendo ramitas.. Y cogió la mano de María. —Estoy de acuerdo —dijo María—. y María decidió encender la chimenea. ramitas y tres leños hendidos en la chimenea de piedra. El sol.CAPÍTULO XXXIII Cierta noche. Podríamos hacer perritos calientes —dijo Simón. Papá decía que si se quema pino se llena de brea la chimenea. Los indios ribereños habían canjeado la piedra de las tribus locales por pescado y conchas. La sala sólo estaba iluminada por las llamas.

—Era de esperar —dijo Simón. —Toma la mía —dijo María. Y rodeó con un brazo a Flo para enseñarle a apuntar con el palo hacia arriba. Luego corrió a la cocina para coger otra salchicha. Oyó que Simón decía: —Tienes que apuntar hacia arriba. —Su tono fue sorprendentemente cariñoso. Se detuvo en el penumbroso arco entre la cocina y la sala para observarles. Por una vez sus espaldas encorvadas no estaban tensas. Tenían tal flexibilidad que les resultaba fácil sentarse con las piernas cruzadas; la rodilla de Simón descansaba sobre la de Flo. —¿Cómo sabes cuándo están hechas? —preguntó Flo. —Vete dándoles vueltas hasta que tengan el mismo color por todas partes —dijo Simón. —La mía parece negra —dijo Flo. Pero cuando se aproximó a la salchicha para examinarla de cerca, se le cayó en las brasas. —¡Oh, no! —exclamó de nuevo. Esta vez Simón se echó a reír, lo cual provocó la risa de Flo. María se preguntó si se mostrarían siempre tan relajados a solas. Cuando entró en la sala con más salchichas, los niños se revolcaban por la alfombra, presas de una gran hilaridad. Simón mantenía intacta en alto su salchicha. —¿Qué? ¿Asamos dos o tres más? —preguntó María. —Claro —dijo Simón enderezándose y todavía sonriente. Los tres mantuvieron sus palos ante el fuego mientras se pasaban la salchicha indemne para darle bocados por turno. —¡Oh, no! —exclamó María cuando su nueva salchicha se prendió en las llamas y cayó en las brasas. Entonces los tres se echaron a reír con tantas ganas que Simón empezó a hipar. —¿No os duele el estómago —les preguntó María cuando los llevó a la cama. —No, ha sido muy díver —dijo Simón. —Yo podría comerme por lo menos dos más —dijo Flo. —¿Qué queréis que os lea esta noche? —preguntó María echando una ojeada a la estantería. —Cuéntanos historias de fantasmas —dijo Simón. María había oído algunas espeluznantes a los indios peruanos, pero no le

~256~

parecieron adecuadas para los niños. También recordó unas cuantas de su infancia... «La canoa hundida», «La fogata de media noche», y «Las cuentas enterradas»... que según se decía habían ocurrido en las islas Hechizadas. Pero como eran muy violentas, no quiso contárselas. —Yo conozco una muy buena —dijo Simón—. Pero es de miedo, Flo. —No me importa —contestó impaciente la pequeña. —Está bien —dijo Simón—. Apaga las luces, tía María. María obedeció. —Cierta noche unos niños estaban acampando sin sus padres —empezó a contar Simón—. Estaba muy oscuro, sin luna, linternas ni nada. Se hallaban en una tienda de campaña y había mucho silencio. Estaban en el campo a muchas millas de cualquier sitio. Desde luego había animales salvajes como lobos, zorros y gatos monteses. Aquello estaba cerca de Cornwall, en donde la gente había visto panteras. De repente, los niños oyeron pisadas... Flo se estremeció extasiada y se apretó contra María. Simón pareció complacido. —¿Qué sucedió entonces? —preguntó María. —Las pisadas se acercaron. ¡Crac, crac! —dijo Simón. —¿Estaba comiendo algo esa cosa? —preguntó Flo. —No, se aproximaba a través de la hierba alta. Cada vez más cerca. Los niños estaban asustadísimos. De repente la oyeron gritar, «dedos ensangrentados... dedos ensangrentados...». —¡Dios mío! —dijo Flo. —Su voz fue cada vez más fuerte. «¡Dedos ensangrentados, dedos ensangrentados!» Los niños imaginaron que la cosa tenía dedos largos goteando sangre porque acababa de matar a alguien con las manos. María se preguntó si no convendría detener la historia. Pero Simón la estaba contando con una complacencia macabra y Flo le escuchaba alucinada. —Los dos niños se pegaron uno a otro temblando de horror. La niña se meó en las bragas, de miedo que tenía. De repente, la cosa se plantó delante de la tienda. Ellos la oyeron dar vueltas en busca de la cremallera mientras decía: «¡Dedos ensangrentados, dedos ensangrentados!» «Haz algo», dijo la niña agarrándose al chico. «Vale», dijo él, y cogió una sartén. —Llegado a este punto Simón saltó de la cama, cogió un libro y manteniéndolo sobre su cabeza avanzó cauteloso como hubiera hecho el valiente muchacho de su historia acercándose a la cosa.

~257~

—Él tenía que protegerla —dijo Simón con tono dramático—. La cosa no deja de decir, «manos ensangrentadas, manos ensangrentadas». Entonces el niño abrió muy despacio la cremallera de la tienda. «¡Ten cuidado!», dijo la niña. «Lo tendré», dijo el chico. Entonces marchó afuera y allí mismo, delante de él, ¡estaba la cosa! Era alta y peluda con pies y colmillos enormes. Cuando vio al muchacho corrió hacia él alzando un dedo ensangrentado. ¡Le goteaba sangre! Cuando el niño estaba a punto de golpearle con la sartén, la cosa se detuvo en seco y dijo: «Discúlpeme, caballero, ¿no tendrá usted una venda por casualidad?» Simón terminó la historia imitando la voz del pato Donald. Pareció inmensamente complacido al ver que María y Flo reían a mandíbula batiente y movían la cabeza con alivio. —¡Qué historia tan buena! —dijo María. —La cosa no tenía intención de hacerles daños, ¿verdad? —preguntó Flo. Su voz reflejaba alivio y ansiedad al mismo tiempo. —No, sólo se había contado un dedo —dijo Simón. —Sólo necesitaba una venda; no iba a matarles ni a hacerles daño, ¿verdad? —insistió Flo. —Claro —dijo Simón. —Está muy bien —dijo Flo—. Es un cuento muy bonito. Me alegro de que no fuera una verdadera historia de fantasmas, sobre alguien muerto. —Vamos, niños, es hora de dormir —dijo María arropándolos. —Yo voy a contar lo del bebé muerto —dijo Flo con una voz llena de misterio. —¿Es una historia de fantasmas? —preguntó María. —¡Cállate, Flo! —dijo Simón. —¡Cállate tú! —Bueno, no iréis a pelearos ahora después de haber pasado un rato tan agradable —dijo María intentando engatusarles—. Digámosnos buenas noches y que tengáis dulces sueños. —Era un bebé muy pequeño —empezó a contar Flo como si no hubiese oído a María—. Una niña muy bonita que no lloraba nunca ni llevaba pañales. No comía ni bebía nunca. Ni siquiera había nacido. —¿Era mágica? —preguntó María siguiéndole la corriente. —Mucho —dijo Flov—. Ella no había venido de la forma acostumbrada. Sólo «estaba».

~258~

—Tú sabes que no debemos hablar de eso —dijo Simón de nuevo con su habitual tono de voz malhumorado—. Cuando vea a mamá le diré que lo has contado. —Me da igual —dijo Flo—. Yo quiero a ese bebé muerto y voy a hablar de él. —Cuéntame —dijo María. —Bueno, ella era como un hada —dijo Flo—. Con alas de seda, el pelo lleno de rizos, y las manos y los pies muy pequeñitos. Podía volar. —Estás pensando en un ángel —dijo Simón. —Ella es un ángel —dijo Flo. —¿De qué estáis hablando vosotros dos? —preguntó María—. ¿Es una historia de fantasmas? —Sí, pero de verdad —dijo Flo muy satisfecha—. Una historia muy bonita. —¿Una historia de fantasmas bonita? ¡Ni soñarlo! —dijo Simón. —¿Quién fue el bebé muerto? —preguntó María. —El otro bebé de mamá y de papá. El que murió —dijo Flo—. El que murió. ¿Sabes lo que sucedió? —No hubo otro bebé —dijo María—. Tú y Simón sois los únicos hijos de vuestros padres. —¡Sí que hubo otro! —La voz de Flo se tornó tensa. —¡ Flo! —dijo María con exasperación no exenta de cariño. Flo se agitó y sacudió la cabeza como si quisiera hundirla en la almohada. María puso una mano sobre la frente húmeda de Flo y empezó a jugar con su pelo. Al cabo de un momento Flo se tranquilizó y dijo: —Fuimos todos a enterrarla. —Escucha, cariño, no hubo... —empezó María, pero sintió un escalofrío como si le estuvieran contando una buena historia de fantasmas, como si se hubiera conjurado el espíritu. —Ella tiene razón, Flo —dijo Simón—. No hubo otro bebé. María dio un beso de buenas noches a Flo y otro a Simón. Permaneció sentada en la cama de Flo hasta que la respiración de los niños se hizo cadenciosa en su sueño. Luego salió de la habitación, dejando un poco entornada la puerta. Y de pronto intuyó que Simón había mentido cuando dijo que «no hubo otro bebé». Pudo sentir la presencia fría de un tercer niño Littlefield con tanta verosimilitud como si lo estuviera acunando en su regazo.

~259~

María vivió con esa impresión durante varios días. Quizá fuera eso lo que la hiciera volver a Lookout. Al retirar el toldo encontró la tumba tal como la había dejado. Se puso a trabajar con la paleta y el pincel, catalogando cada pequeño hueso, amuleto y piedra. Recordó que Aldo le había aconsejado que resolviera el misterio arqueológico. Aplicando las reglas convencionales de la ciencia, María se sintió lejos de esas islas Hechizadas donde tenían lugar las historias de fantasmas de su infancia. Hizo una lista de cada objeto de la tumba: Una cazuela de esteatita, cuatro pulgadas de diámetro. Un incisivo de castor. Cuarenta y un fragmentos de concha, incluyendo veneras, bucemos estriados, almejas, mejillones y bígaros. Noventa y seis cuentas de concha perforadas con orificios simétricos, que posiblemente formaban un collar. Un disco metálico. Una punta de flecha de dos pulgadas con muescas laterales. Un esqueleto de mujer adulta. Aunque no tuviera la menor duda de que el esternón de la squaw había sido atravesado por la punta de flecha y no se preguntara sobre las posibles razones del asesinato, María se encontró pensando en la religión de los indios. Fue una especie de plegaria, arrodillada en el duro suelo, cepillando los huesos y cavilando sobre Cautantowit. Cautantowit era el gran dios de los indios. Éstos creían que habitaba una casa en la cumbre de una montaña. Al principio de los tiempos, los espíritus malignos hundieron los diques de lagos y ríos e inundaron la tierra, salvo la casa de Cautantowit. Muchos pájaros y animales escaparon buscando refugio allí; los que lo hicieron, adquirieron cualidades divinas. Cautantowit secó la tierra. Primero hizo de la piedra un hombre y una mujer, de los que no se sintió complacido. Luego hizo otros de un árbol. Confirió dones de sabiduría, valor y bondad a las personas. Cada indio eligió como su dios personal o manito a un animal, pájaro o pez dotado de divinidad por Cautantowit durante su estancia en la casa de éste. Esta criatura velaría por el indio a lo largo de su vida. María examinó el disco metálico y el cuenco de piedra buscando pruebas de un pez o pájaro... un manito de la mujer muerta. Sabía que si la mujer hubiese utilizado los dones espirituales de Cautantowit durante su vida, haría su viaje de tres días después de fallecida a la tierra de los muertos. Allí descansaría pacíficamente para la eternidad. De lo contrario, si ella fuera ladrona, embustera o asesina, quedaría condenada a vagar por la tierra sin descanso. Y, no obstante su interés en excavar por mera erudición, sin ningún otro motivo, María sintió horror por esa squaw, por Sophie y por el tercer bebé de la historia de Flo.

~260~

Cuando llegó a casa, María extendió los objetos de la tumba sobre su mesa de trabajo. Había pasado ya el arrebato sentimental que había sentido en la tumba. Ahora quiso descubrir por qué la mujer había sido enterrada tan lejos del cementerio indio. Acercó la lámpara de flexo a su hombro y rebuscó en un cajón hasta encontrar la lupa grande. Examinó todos los objetos que parecían hechos a mano: el minúsculo orificio en cada cuenta a través del que había pasado un bramante para formar un collar, la punta de flecha con las muescas laterales simétricas y el pulido cuenco de piedra. Luego, lo escudriñó, sujetando el disco metálico con un fórceps. Al examinarlo de cerca vio que era una aleación que contenía oro. Tenía forma algo ovalada y daba la impresión de que había sido una sortija. El pulso de María se aceleró. Los pequot no habían tenido oro. Si se trataba de una joya, quizá hubiese sido parte de un trueque comercial con los colonizadores ingleses. Dio vueltas en la mano al objeto y lo examinó muy de cerca. Descubrió unas leves incisiones en el oro. Lo acercó aún más a la luz y lo colocó bajo la lupa, moviéndola hasta ajustar el enfoque. Las incisiones eran superficiales, apenas visibles, pero de longitud y anchura uniformes. No estuvo muy segura, pero le pareció posible que representaran unas iniciales. Y puesta a hacer conjeturas, hubiera dicho que eran C.S.

~261~

según la cual el colonizador inglés Charles Slocum se había enamorado de aquella mujer india cuyo celoso marido mató primero a la esposa y después al inglés. María había telefoneado al reverendo Hawkes y éste le había dicho que acudiera en seguida. y el níquel y el cobre podrían haberse desgastado. sobre la mesa. —Algunos de esos mitos antiguos se fundan en la verdad —dijo el reverendo Hawkes pensativo. —No es moneda ni medallón —dijo el reverendo—. en Lookout? ~262~ . María señaló con el índice dos secciones contrapuestas donde el metal se curvaba hacia abajo y luego se adelgazaba. Y el hecho de que no descartara sin más semejante posibilidad. —Ahí era donde estaba la faja —dijo.. estaban «Los cuentos pequot». Pasó un fórceps por el borde del disco y una partícula verdosa de metal cayó sobre la mesa. antes de que éste pudiera trasladar la tumba al desembarcadero de la squaw. —Es inverosímil —dijo ella. —¿Y las iniciales? ¿Serán las de él? —Me parecen C. desató la lengua de María.. quien sentado ante su mesa examinaba el disco metálico. Estaba inclinada sobre el reverendo Hawkes. Junto a ella.. —¿Y si Charles Slocum vio cómo el indio mataba a su esposa.. La imaginación de María la hizo repasar vertiginosamente la leyenda pequot. Desde luego por aquellos tiempos debieron de utilizar muy poco oro en sus aleaciones.S. —Creo que tienes razón —dijo el reverendo después de un momento. —Es extraordinariamente delgado —dijo él—. o se encontró el cuerpo de ella poco tiempo después? ¿Y si se llevó el cuerpo y lo enterró con sus propias manos. Ella quería un testigo que corroborara lo que podría ser un descubrimiento emocionante.CAPÍTULO XXXIV —¿Podría ser un anillo de sello? —preguntó María. Demasiado convexo.

rodeándolo de ofrendas funerarias. tal vez el indio mató a Charles Slocum en la isla. pero sólo la «S» y la « » en Slocum. —¿Está usted seguro de que es la suya? —preguntó.El reverendo Hawkes continuó escrutando la superficie de oro a través de la lupa. Arrodillada delante del sepulcro. —No. —Estoy seguro de que esto es una «C». Leyó los nombres Brown. un lugar que él pudiera visitar sin la intromisión de la tribu. Sólo había unas veinte lápidas. es una «F». depositando el cuerpo sobre pieles. incluido su anillo de sello. un sitio permanente. Las letras grabadas de muchas losas estaban casi borradas. tal vez su marido los siguiera y así fuese como nació la leyenda. no más gruesa que una guía telefónica. El reverendo Hawkes negó con la cabeza y sonrió de oreja a oreja.. y cubriéndolo todo con tierra. ¿Y si ella tuviese razón? Sabiéndose obligado a trasladar las tumbas indias de cualquier forma.. de abrir el ataúd del inglés y ver si encontraba una punta de ~263~ . como si se hubieran pasado la última media hora divagando sobre cuentos de hadas. porque él está enterrado aquí fuera. María se lo imaginó transportando el cuerpo a las islas Hechizadas. María sintió como arqueóloga el deseo de excavar. excavando la tumba. —Una de las primeras cosas que me dijeron cuando llegué a esta iglesia fue que Charles Slocum está enterrado en nuestro camposanto. María caminó por el musgoso sendero leyendo nombres y fechas. María. Estoy seguro de que esto es imposible. Si eso es algo más que un mito y Charles Slocum enterrara a su amante en Lookout. La fecha estaba borrosa. Honeyman y Fowler. —Dicho esto se dirigió hacia la puerta y María le siguió hasta el umbroso cementerio a lo largo de la pared norte de la iglesia. Eso nos enorgullece. él tuvo un papel destacado en la colonización de Hatuquitit. Slocum habría querido enterrar a la mujer amada en un lugar definitivo de descanso. —Si eso es cierto. y quizás haya allí otra tumba. en el patio de nuestra iglesia. —Charles Slocum está enterrado aquí —dijo el reverendo Hawkes deteniéndose ante un lápida baja. Varias tumbas databan de más o menos. y si esto otro no es una «S». y estaban coronadas por ángeles alados de la muerte. María se agachó y distinguió varias letras en el nombres Charles.. —En la leyenda Pequot —dijo el reverendo abriendo y cerrando sus ojos de pájaro como si estuviesen fatigados por el detenido examen— el guerrero indio sigue al espíritu de su esposa hasta la tierra de los muertos.

con los brazos pegados a los costados. —dijo Jamey encantado. —¿Quieres que guarde esta sortija en una bolsa de plástico? ~264~ . —¡Ah! ¿Os conocéis? —dijo Alicia adelantándose para ser presentada—. pero «fiebre» tal vez fuera un eufemismo para denotar algo menos decoroso. —Hola —dijo María. Jamey ha querido traerte nuestros primeros tomates. Alicia no deseaba el fin de su matrimonio. —Exacto. Permanecieron una frente a otra durante varios segundos interminables hasta que el reverendo Hawkes tocó el hombro de María. La que me enseñaste la última vez. —Hola. Estaba convencida de que si excavaba encontraría la punta de flecha pero no el anillo. —Hola. La mujer dirigió una mirada curiosa a María—. —Por ejemplo. —Hola —dijo Alicia. por mucho que dijera Duncan. Y adivinó al instante que. Y levantó la vista para asegurarse de que todo el mundo le prestaba atención. levantaron la vista. ¿No nos vimos en casa de Olivia Jenkins? —Ella es la amiga de papá —dijo muy satisfecho Jamey. Fue buscando algo de tumba en tumba. Cuando vio a María se quedó boquiabierto. Jamey aún no había advertido la presencia de María.. iluminó su pelo plateado. luego sonrió. —Es una idea romántica ¿verdad? —dijo el reverendo Hawkes—. —¿ Dónde está la más antigua. —¿Te refieres a Sydney Starr? Está aquí —dijo el reverendo. Su tío cogió la cesta de tomates.flecha en su esternón y un anillo de sello en uno de los huesos de sus dedos. El rostro de Alicia se descompuso. que le matara el marido de su amante. —Ésta es la tumba más antigua. filtrándose por entre las hojas. El sol. Alicia y Jamey Murdoch entraron en el cementerio con un cesto de tomates. los ojos perdieron toda expresión. Jonathan —dijo Alicia. Jamey —contestó María con cierta opresión en el pecho. —Hola —dijo. tío Jonathan ? —preguntó—. Al oír que alguien atravesaba la verja.. La mujer se quedó inmóvil. El registro de la parroquia dice que Charles Slocum murió de fiebre.

en el asiento del conductor. Al apearse del coche. Una vez dentro. Gwen había aparcado a la sombra de un arce. Procuraré averiguar algo más. Un modelo muy popular en Milán. —Vale. —Pensé que habíamos quedado a las cinco en punto —dijo. Se sintió enrojecer.. María salió.—Me parece una buena idea —dijo agradecida María. —Así es —dijo María—. Quiso trabajar con su hipótesis. ¿Quieres entrar y esperarles dentro? Gwen miró dubitativa su reloj. Tenía las cuatro ventanillas abiertas. pero prefirió no hacer este comentario a Gwen. esperando a que los niños salieran. Mientras la observaba desde la sala. y no por el cementerio en donde estaba enterrado Charles Slocum y donde la mujer y el hijo de Duncan esperaban a que saliera el reverendo y les dijese que ella se había marchado. —Siento lo. dejando fuera a Alicia y Jamey. Una ola de calor había enturbiado la claridad transparente de la semana anterior. —empezó a decir María.. golpeaban ligeramente el suelo al andar. —Simón y Flo se retrasan —dijo—. las sandalias. Se sentó en una mecedora Boston ~265~ . pero Gwen se había presentado en el camino de entrada a las cinco en punto. se abanicaba y de vez en cuando echaba miradas a la entrada principal. observó el panorama y luego le volvió la espalda. María se sentía nerviosa y no la ayudó a serenarse el hecho de que Hallie se retrasara en volver con los niños del Mystic Sea-port. «y ya conoces a Hallie». Gwen miró descaradamente a su alrededor. Entraré —dijo Gwen con tono forzado para implicar que estaba accediendo bajo coacción. Se dirigieron hacia la rectoría. Y salió del despacho por una puerta interior que la llevaría a través de la iglesia. María pudo ver que llevaba bañador de dos piezas y una guayabera de encaje blanco hasta el muslo. revisar otra vez las pruebas. —Con otra persona cualquier habría añadido. Celebro que me hayas traído el anillo. Al cabo de diez minutos. abiertas y sin correas. Aldo las habría llamado «zapatos jódeme». María pensó que Gwen debería de estar pasando mucho calor.. Gwen estaba sentada allí. tal como acordaran por teléfono la semana anterior. Pero mi madre los llevó al Mystic. mirando al frente. —Me encantaría —dijo María—. María no supo si él quería significar que la cuestión no tenía importancia o que no quería hablar de ella. —Tu teoría es fascinante —dijo él—. Las uñas de los pies y manos estaban pintadas de un tono frío entre salmón y rosa. Pero el reverendo Hawkes la interrumpió alzando una mano. Tal vez quieras dar una charla sobre el tema ante nuestra asociación histórica..

—Los dos están visitando a una doctora —dijo María. ¿No te importa que fume? María le entregó un pequeño cenicero de bronce. —¿No está muy solitario esto en invierno? —preguntó. Aquella chica conocía las necesidades de los hombres. eso había estado claro desde el principio. me basta con pensar en Simón y Flo. Gwen lo examinó atentamente y luego dejó caer en él la cerilla. Estamos impacientes por ver a nuestros nietos. Sophie» todo el tiempo. Realmente la adoraba. sin dejar entrever demasiado sus sentimientos. Gordon adoraba a tu hermana. dulce y enormemente refinada.. —No. María percibió un ligero temblor en la mano de Gwen. También el hecho de que fuera de aquí y no hubiese estado en la universidad. Ahora.dando frente al interior de la habitación. —Lo más vergonzoso de todo es que ellos formaban una hermosa familia —dijo Gwen con voz suave.. Ni lo más mínimo. —¿Cómo os va a ti y a Ed? —preguntó con tono suave. sentada a solas con Gwen en la sala. Pero la cosa no funcionó. Yo estaba loca por ella. sintió un arrebato de compasión. yo tuve mis reservas. Ella comulgaba tanto con la opinión de Sophie sobre Gwen. —Sé que ellos lo pasan bien con vosotros —dijo María. Era bonita y nada pretenciosa. —Estoy preocupada por ellos. Era «Sophie..! Cuando siento deseos de compadecerme. Siguió un silencio tenso—. Temí que no supiera mantener una ~266~ . muy tímida. ¡Lo que deben haber pasado. Pensé que era una chica perfecta para él. el choque emocional. María se puso rígida. Sophie. que a veces olvidaba lo que Gwen habría soportado. pero la única vez que nos visitó en Slocum nos sorprendió a todos haciéndonos una comida maravillosa de cuatro platos. Cuando él conoció a tu hermana.. Yo solía decirle a Ed: «¡Si oigo una vez más ese nombre voy a estallar!» Gordon había tenido en la universidad una amiga encantadora.... «¡Cásate con esa mujer!». —Vamos tirando —dijo. Gwen se encogió de hombros. A mí me gusta —dijo María—. —Nunca olvidaré el día en que se conocieron. Me ha costado lo mío habituarme a los veraneantes. —Tú siempre has sido una de esas personas solitarias —dijo Gwen—. y unas ojeras oscuras hábilmente disimuladas con el maquillaje. obtuvo la licenciatura en Bryn Mawr. le solía decir a Gordon. cuando iba a contestar. llena de interrogantes—. Fue a un colegio de perfeccionamiento en Virginia.. Gwen se le adelantó.

esa maravillosa figura. administró el próspero negocio de su padre para mantener a su esposa y a sus hijos. fíjate. Por ese orden. pero quiso que Gwen terminara. Era exquisita. —Debió de resultar difícil vivir de acuerdo con. —Gordon abusó de ella —dijo María con tono sereno pero dispuesta a ~267~ . sorprendida de que Gwen hiciera semejante concesión.. —Ésa es Sophie —convino María. Gordon la idolatraba. es igual —dijo. Ed se burlaba de él preguntándole si era capaz de empezar una frase con unas palabras que no fueran «mi esposa». Pelo grasiento. Así se llamaba la otra. —Gwen movió la cabeza y apagó el cigarrillo—. Pero Gordon estaba loco por ella. pero. Parecía la mujer gorda del circo.. Además era muy inventiva en la cocina.. Ella era encantadora. cualquier cosa.. devoción y belleza. En lugar de eso. —Gwen se interrumpió melancólica.. pensó María. y ella captó las recetas como si nada. ¿No te resulta extraño? Quiero decir. Nunca vi un aprendizaje tan rápido.. contrató a una diosa. Él no se casó con una mujer. Ella había esperado que Gwen dijera «yo lo sabía todo el tiempo. Podría haber sido candidato a la Presidencia. El hecho es —prosiguió acalorada—. —Sí. Su inteligencia y su belleza. ropa vieja. —Bueno.conversación con él y que se fueran distanciando uno de otro... hablando de Sophie.. Y durante unos segundos miró ceñuda hacia el vacío—. Se ufanaba de ella sin cesar. Gordon la puso en un pedestal. —Le enseñé todas las comidas favoritas de Gordon.. Gwen hizo un ademán evasivo.. Podía preparar una comida con sobras y te creías que estabas celebrando un banquete. —Éso parece —dijo Gwen dando un resoplido—. Gordon se encandilaba cuando la veía. Podría haber hecho cualquier cosa por su esposa. lo hice. María se sintió desleal.. antes de que engordara. que Sophie le defraudó. tuve que darle la razón. Esa piel de porcelana por la que se matan tantas mujeres. eran innegables.. Y. Él le dio todo. Éso parece. jugador profesional de golf. Me dijo que era lista como el hambre. con esas esperanzas — dijo. Y ella se dejó llevar por la molicie. Sabía que esa chica era mala para él». sé que eres su hermana. Tal vez su devoción fuera selectiva pero tan pronto como seleccionaba a alguien era persistente. que sabía cocinar como un «chef» y que ensombrecía a Shelley.. ese pelo delicioso. Yo le eduqué para advertir tres cosas en una mujer: inteligencia. No he visto jamás nada semejante. ¿no te parece un poco extraño que ella encontrara tantas dificultades en ser adorada? —Yo preferiría ser amada que adorada —dijo María. —¿Hiciste eso? —preguntó María.

haciendo profundas inspiraciones. Hallie. Le arrebató toda su confianza en sí misma —dijo María dando rienda suelta a su cólera.explotar. Y si quieres hablar de gente enfermiza. nos lo pasamos estupendamente —dijo Hallie—.. —¡Lo cual no te impidió encerrar a Gordon en el sótano con un collar de perro alrededor del cuello! —gritó María.. El rostro de Gwen se puso blanco. Simón estaba encandilado.. La mujer miró boquiabierta. —¡Vaya! Va preparada para la playa —dijo Hallie cuando Gwen y los pequeños se hubieron marchado—. Julián y los niños acababan de entrar en el camino al mismo tiempo que Duncan. —Por un momento María pensó que iba a golpear a Gwen. —Tú y tu familia me ponéis enferma. —Sabes muy bien de qué estoy hablando.. incrédula a María. pero prefirió que Hallie se fuera. No estaba de humor para aguantar a su madre. María oyó algunos portazos. Gordon se lo contó todo a Sophie. Todos vosotros os creéis mejor que cualquiera. Pero ésta saltó de su butaca. ~268~ . —¿Os habéis divertido en el puerto? —preguntó María. —No voy a permanecer aquí para escuchar toda esa basura —dijo Gwen volando hacia la puerta. María observó que Gwen interrumpía a todo el mundo para reclamar a sus nietos. La envió al hospital. —Sí. lo enriquece —estaba diciendo. Pensó que si hablaba fuera con Hallie y Julián se evitaría tener que invitarles a pasar. y si queréis inventar mentiras para disimular lo que hizo tu enfermiza hermana. —¿Dices que Gordon abusó de ella? —preguntó Gwen con el aplomo de una cantante de cabaret. y no le importó que Simón y Flo lo vieran. Imagínate. —Sí. haced lo que os plazca. —Y creo que este mástil con bandera blanca que has puesto en el astillero. ellos no habían subido nunca a bordo de un ballenero. ¿Quieres saber cómo le transformó eso? Él hizo daño a mi hermana. María miró su reloj: las seis menos cuarto. Oyó que Hallie charlaba con él. Duncan se habría figurado que los niños ya estarían lejos a estas horas. La torturó. Se moría de ganas por preguntar a Hallie si había sospechado que Sophie había tenido un tercer embarazo. ¡Menuda indumentaria! María había caminado hasta donde estaban ellos. Yo estoy por encima de eso. y miró hacia otro lado por no ver la expresión de Hallie cuando los niños corrieron para abrazar a Gwen. —¿De qué estás hablando? —preguntó temblorosa.

—¿Una ballena en el Long Island Sound? —preguntó dubitativo Julián. ¿no se llaman así? —Creo que la palabra correcta es «manadas» —dijo Duncan. ¿cómo sigue tu madre? —Muy bien. Por cierto. María se tendió en el sofá con la cabeza recostada en el regazo de él y mirando el techo. Creo que eres tú quien lo considera un escándalo. ¿Dijo algo Gwen sobre Sophie? —Muchas cosas. querido. el Sound estaba lleno de ballenas — dijo Hallie—. María sonrió al observar que Julián tenía la valentía de reprochar a Hallie su versión de la verdad. —Ni siquiera lo mencionó —dijo María desconcertada—. —Gracias. Lo apoyo por completo. Rebaños enteros. gracias. Intentó calmarse. —Es bueno para Sophie —dijo Hallie—. —Dime una cosa —dijo Hallie volviéndose hacia María y bajando la voz—. —No lo expresó exactamente de ese modo. —Me ha llamado Alicia —dijo Duncan.Si mal no recuerdo fuiste tú la que dijiste que él podría ser un magnífico capitán de ballenero. —Me lo imagino —dijo Hallie—. —¿ Es que no sabía nada acerca de mí ? ¿Ni siquiera que te ves con ~269~ . Ballenas y tortugas. —No dijo ni una palabra al respecto. el corazón aún le latía descompasado de tanto gritar a Gwen. —La semana pasada Jim avistó una ballena cuando volvía de la partida de pesca en el Race —dijo Duncan. ¿De qué me estás hablando? —Estoy segura de que ella considera escandaloso que las reclusas presenten un espectáculo de variedades —dijo Hallie exteriorizando su desdén por Gwen. —Cuando yo era una niña pequeña. delante de su tío. él no dijo eso —objetó Julián chascando la lengua—. Supongo que se llevaría las manos a la cabeza por lo del espectáculo de la cárcel.Ahora quiere ser capitán de ballenero cuando sea mayor. —¿Te dijo que nos vimos? —preguntó María incorporándose. con Jamey sabiendo todo sobre ti antes que ella... —Bueno. Cuando se quedó a solas con Duncan. Me dijo lo humillante que había sido.

¿por qué ha de preocuparte que ella sepa que estás viéndote con alguien? Duncan apretó los labios y adoptó una actitud defensiva. no significa que no me preocupe por sus sentimientos. Esta respuesta la enfureció. yo le pregunté qué habíamos estado haciendo.. yo me calentaba las sobras y comía en la cocina mientras ella jugaba con el niño o hablaba por teléfono. Yo tenía el astillero. y ella tenía a Jamey. Al principio la cosa resultaba soportable. Y eso no es lo que me has estado contando. y ella cedía. Hemos estado casados muchos años. Se sintió engañada por Duncan. Tenemos un hijo. con todos nuestros muebles y toda la mierda que le hacen recordar los tiempos en que éramos felices. —La cosa no es tan sencilla. Ella había comido con Jamey. —La separación resulta más dura para ella que para mí. Se ha quedado sola en la casa donde vivimos juntos. como hubiera podido tenerlas con cualquier otra. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que no tenía nada que hacer con Alicia. durante los últimos cinco años. a su juicio.. El que yo no quiera estar casado con ella. Me pareció incluso repugnante el tener relaciones sexuales con mi esposa. Nuestros horarios eran diferentes. Si todo ha terminado entre vosotros y te has marchado de tu casa. ¿Y eso es lo que tú quieres? —Cuando ella me hizo la propuesta. De improviso observé que no nos prestábamos ninguna atención. ~270~ . Apenas nos tocábamos. María. Por eso han ido mal las cosas entre nosotros. eso era todo. la sostuvo cariñoso y la colocó sobre su rodilla. ella estaba agotada. —¿Lo arreglarías si pudieses? ¿Volverías atrás esos cinco años para hacerlo mejor esta vez? Duncan cogió la mano de María. y yo no la deseaba. pero desde luego no fue por mucho tiempo. Ella me ha estado telefoneando para preguntarme si no podríamos intentar arreglarlo. Porque nos hemos conocido. —¿Aún os queríais? —No lo recuerdo. yo quería hacer el amor. Ella no me deseaba. —Dime una cosa. Yo volvía tarde a casa. —Yo no podría hacer eso. Ni siquiera recuerdo cómo empezó. —¿De veras? —preguntó María llena de sobresalto—. Compartíamos una casa. A veces. —Tengo la impresión de que ella quiere seguir casada contigo.alguien? —No.

—Pero dejando eso aparte —insistió María recordando el desconsuelo de Alicia—. No puede ser. —Comprendo lo que quieres decir —murmuró. en su hombro y recorrió con el pulgar su encallecido índice. como yo echo de menos ciertas cosas de mi vida allí. Y allí. A decir verdad. Ella echa de menos mi presencia. ~271~ . Te lo prometo. y que éste la había enterrado con su anillo de oro en una isla. Me es imposible fingir que los últimos cinco años no han existido. y me es imposible fingir que no estoy enamorado de ti. —No —dijo Duncan—. Para ella no debe de haber sido fácil el descubrir que yo tengo una amiga. ¿Cómo te sentirías tú si vieras a Aldo con otra mujer? Esta alusión revolvió el estómago de María. contó a Duncan la historia de una mujer india que había sido asesinada por amar a un inglés. no puedo imaginármela con otro hombre. ¿lo harías? —No puedo dejarlo aparte —dijo Duncan—. María descansó la cabeza. en la casa del desembarcadero de Squaw. Recordó el anillo de oro. si pudieses volver a lo que tenías cuando estabas enamorado de Alicia. Sigue enamorada de ti. pero ella sabía que ya no quería estar casada con Aldo. —Saldremos airosos de esto —dijo Duncan—. —Pero hoy he visto su cara —dijo María—.

Son simpáticos —dijo Flo—. —¿Y quién cuidará de nosotros? —preguntó Flo. Fuera hace mucho calor. eso es todo —dijo María. Me seca la nariz. sorprendida de su pregunta.. ¿Por qué crees que no iba a hacerlo? —Si ella no quiere verme. La noche anterior le había dicho que se proponía visitar a Sophie. Simón. Littlefield Prisión de Hatuquitit Hatuquitit. Cuando pareció convencido de que la niña estaba verdaderamente absorta. Connecticut —¿Has escrito una carta a tu madre? —preguntó María. Simón pareció calcular hasta qué punto Flo se interesaba por la contrapuerta y la llegada inminente de los Murdoch. pero empezó charlando de nimiedades. —A ver a tu madre. Sophie entró sonriente en la sala de visitas.. —Su sonrisa se esfumó—. Sólo pienso en salir de aquí. —Es una idea estupenda. Éste será el primer verano que no iré a la playa de Hatuquitit. Ésta leyó las señas: Señora Sophie D. ~272~ . ¿Os parece bien? —Me gustan. Pero ¿qué te pasa? —¿Crees que ella la leerá? —Claro que sí. —Hoy tenía cosas difíciles para discutir con Sophie. —Y yo me alegro de verte a ti —dijo María—. —Ya os dije anoche que Duncan y Jamey se pasarán por aquí. Simón asintió y levantó la vista pero no sostuvo la mirada de María. ¿qué te hace pensar que leerá mi carta? —Sé que lo hará. entregó un sobre a María. —Aborrezco este aire acondicionado —dijo Sophie—. Ésta le miró. Y se encaminó despacio hacia la puerta principal en donde se apostó para esperar la llegada de los Murdoch mientras pasaba los dedos por la fina malla de la contrapuerta. Esto es muy agradable y refrescante. Pero comprendió el recelo de Simón. —Celebro verte.CAPÍTULO XXXV —¿Adonde vas? —preguntó Simón a María.

con la boca entreabierta. que va a pescar con Peter y Duncan y que las meriendas contigo son estupendas. y Simón dieciséis—. lo siento —dijo María palpándose los bolsillos. Además espera que no esté demasiado preocupada por él ni por Flo. Y Sophie asintió. se sentía como una fisgona. para quien era el primer verano en nueve años que iba a la playa de Hatuquitit. estas palabras pusieron la situación de Sophie bajo una perspectiva verdaderamente desoladora. ¿Para pedirte que les dejes venir a verte? —No —dijo Sophie—.Según María. se me propondrá para la libertad bajo fianza dentro de seis años. —Eso no lo sabes. Supongo que sabes de qué estoy hablando. María hubo de apartar la vista. Sólo me dice que está pasando un verano estupendo. María cogió con una mano la de Sophie. —¿Tienes un «Kleenex»? —le preguntó Sophie cuando hubo terminado de leer la carta. —Necesito verlos —dijo. Sus ojos estaban enrojecidos y cansados. y la «Deep Blue IV» lo atravesaba despidiendo humo. el fiscal ha propuesto un plan. —¿Stamford? —preguntó María. Eso es todo lo que me dice. ¿Por qué has de aceptar un plan tan adverso como ése? —Hay cierta cuestión sobre el arma —dijo Sophie—. Sophie sorbió unas cuantas veces. —¡Oh. En primer lugar. Si me declaro culpable de homicidio. Se había abierto el puente de la vía férrea. como si el sobre contuviese al propio Simón y ella quisiera captar su olor. María empujó su silla lejos de la mesa. Alisó el sobre y se lo puso ante los ojos. —Esto desencadenó una nueva ~273~ . doce años. no están convencidos de que sea la de Gordon. De vez en cuando miraba a Sophie. —Y pasarán años antes de que pueda volver allí —dijo Sophie. Dios mío! —exclamó Sophie. —Según Steve. para respetar la intimidad de Sophie. frente a la ventana enrejada. —¿Te ha escrito para eso? —preguntó María—. Aunque Sophie leyera sin la menor expresión. o sea. y con la otra buscó en el bolsillo la carta de Simón. —No. Hizo una inspiración profunda. Flo tendría el doble de edad. las lágrimas le corrieron por las mejillas. Miró a través de la arboleda hacia la bahía de Hatuquitit. La puso sobre la mesa. —¿Seis años? —preguntó María calculando las edades de Simón y Flo para entonces.

¡Que no me preocupe por ellos! —¿Quieres verlos? —preguntó María. Quizá esperaba un pronto excarcelamiento. con la cabeza entre las manos. Sophie levantó la vista. —¿Sabes de lo que estaba hablando Flo? —preguntó María sobre ascuas. —La otra noche estuvimos contando historias de fantasmas —dijo María sin variar de tono—. Flo contó una sobre un bebé muerto.— Ésa sí que es buena —dijo—. dentro de pocas semanas u otro mes.avalancha de lágrimas. Después de largos sorbetones. Pero entonces su expresión cambió—. con seis años ineludibles por delante. Prefería soportar su ausencia y ahorrarse que la vieran en la cárcel. Pero ahora. —No sé —murmuró Sophie. como si estuviera sentada al lado de una amiga en el funeral de la única persona a la que ésta hubiese amado en su vida. La sangre inundó el rostro pálido de Sophie. Simón se enfadó mucho y dijo que ella no tenía derecho a contar eso. Al cabo de un rato preguntó: —¿Es eso todo lo que Simón escribe en la carta? —Más o menos. —Estaba hablando de mi bebé —dijo Sophie. —Él no lo menciona en la carta. —Seis años —dijo otra vez Sophie sacudiendo la cabeza. y que pensaba decírtelo a ti. Por eso no quería que sus hijos la fueran a ver. María se quedó muy quieta observando que el rostro de su hermana se contraía de angustia. —Siempre he querido verlos. —Y ahora lo harás —le apremió María. María observó que Sophie fruncía el ceño y tamborileaba con los dedos. —Eso es sólo una posibilidad —dijo María con ficticio optimismo. ¿Por qué? ¿Acaso ha sucedido algo? —preguntó Sophie con expectación. —Yo no sabía que hubieras tenido otro bebé —dijo. Sophie apoyó la frente sobre la superficie de la fórmica y siguió llorando. María se sintió desvalida. María. Sophie permaneció callada y María imaginó lo que estaría pensando. ~274~ . su necesidad de verlos posiblemente había subido a la superficie. No es que no lo merezca.

el amarillo y el naranja de los arces. que miraba a un ancho río verdoso cuyas aguas reflejaban el rojo. Se dio cuenta de que el sabor acre que le llenaba la boca. —¿Llegó a nacer el bebé? —preguntó María. ¿Así que era cierto? — Aquel día pensó que Sophie no podía mentir sobre una cosa así. que el compartir solos las cosas hasta el último minuto era algo sagrado para nuestra familia. —¿Cuándo fue. —¿El hotel junto al río? —preguntó María. era cierto —confirmó. María no había pensado en aquello desde hacía años. ¿Qué dijo el doctor Salter? —El doctor Salter no se enteró nunca —dijo Sophie—. Lo mismo ocurrió con Simón y Flo. Yo me enfadé con los niños. —¿Cómo es que nadie de la familia se enteró? —Yo me había ido engordando —dijo Sophie—. decidimos llevar a los niños a una excursión. Recordó cuánto se había enfadado con Sophie después de que Gordon le dijera que no sabía de qué estaba hablando. Un fin de semana. con altas columnas. ~275~ .—Nadie supo que yo estaba embarazada —dijo Sophie—. —¡Oh. Sophie? —El otoño pasado. Reservamos habitaciones en ese lugar de la ruta de Mohawk. la nariz y los pulmones como el éter. Sophie! —exclamó anonadada María—. era una consecuencia del horror—. Debieron de creer que estaba ganando peso. La pequeña habría nacido hacia Navidad. y lo avergonzada que se había sentido. ¿Recuerdas aquella vez. Gordon lo quiso así. El propio Gordon asistió al parto. —Sólo lo tuve seis meses —dijo Sophie—. En cierta ocasión. —Sí. Dijo que deberíamos mantenerlo en secreto. No comprendió cómo era posible que se hubiese podido engañar a toda la familia. y Gordon y yo tuvimos una pelea. cuando decidiste alquilar la casa del desembarcadero de la Squaw? Entonces te dije que había tenido un aborto. —¿Qué ocurrió? —Gordon me empujó contra una pared y empecé a sentir los dolores del parto. Hallie y Malcolm los habían llevado a través de Berkshires para ver las hojas otoñales y se habían alojado en un hermoso hotel blanco. —¿Estuvisteis allí? —No salimos de casa —dijo Sophie—. cuando las hojas de los árboles se ponen brillantes. —¿A los seis meses? —preguntó María.

Y lloró. —¿La enterrasteis cerca del arroyo? ~276~ . Lanzó una mirada larga y directa a María. que sentí los dolores del parto y que tuve un bebé. Sentí llegar al bebé y sólo quise morir. Pero lo peor de todo fue saber que lo perdería. Sobre nuestra cama. Pero sobre todo recordó lo que Sophie le había dicho varios meses atrás sobre el aborto: que le había dolido tanto como un parto. Luego la cogió y la envolvió en los paños de cristianar de Flo. Al observar a su hermana. —¿Está ahora allí la niña? —preguntó María. —Sí. —Sucedió en nuestro dormitorio —dijo Sophie con una voz como una sonámbula—. La niña nació viva. Quiero decir que di a luz. —¿ Y cómo es que el doctor no os hizo sepultarla en un cementerio? — preguntó María—. La bautizamos en el Bell Stream y excavamos un hoyo para darle sepultura. y fuimos todos juntos a lo largo del Bell Stream. ¿lo lamentó? —No lo sé —dijo Sophie con voz inexpresiva—.. —Fue tan doloroso como cuando tuve a Simón y Flo. —Gordon la puso sobre mi estómago y la criatura se quedó allí hasta que dejó de respirar. ¡Qué diminuta era! Es inconcebible. María se dio cuenta de que Sophie estaba volviendo a vivir toda la odisea. Nunca se lo dijimos. —¿Nació viva? —repitió María. sobre el hecho de que Sophie lo hubiese permitido. Al día siguiente dijimos a los niños que habíamos perdido el bebé. María. —¿Por qué no telefoneaste a alguien? ¿Por qué no telefoneaste a Peter o a la policía? Sophie pareció volver a la realidad. Pareció abandonar la cárcel y remontarse a diez meses atrás. asistiendo al parto y conduciendo a la familia en una procesión fúnebre hacia el arroyo. Él me dejó escoger el lugar en donde enterrarla.—¡No. Le temblaban las manos. Sophie asintió.. sobre lo que Gordon sabía de partos. Me curé por mi cuenta. así fue. Luego se quedó otra vez como abstraída. María se hizo preguntas sobre el dolor.. —Entonces. Sólo lloró. Se imaginó toda la escena: Gordon empujando a Sophie contra la pared. —Sophie.. Apenas parecía un bebé. Sophie! —exclamó María. Lo supe durante todo el tiempo. no. —Sophie hizo una pausa —. ¿No lo dispone así la ley? —El doctor no se enteró de que yo estaba embarazada.

se revolvió en su asiento. meditando la sugerencia de María. una ventana entreabierta de la sala. Sophie se respaldó contra la puerta. Se sintió cubierta con una tela de araña. María había sentido envidia. una cinta de plástico de color naranja que había bloqueado el camino de entrada y que ahora estaba en el suelo. ¿Por qué le consentiste que te hiciera esas cosas? Pero Sophie se quedó ensimismada. una bolsa vacía de MacDo-nald's. —Vale —dijo—. María buscó el contorno blanco marcando el cuerpo de Gordon. te lo juro. María se sintió como si se hubiese adentrado un paso en el mundo de los Littlefield. Incluso Hallie es una buena madre comparada conmigo. —Luego abandonó la sala. La odio. la bicicleta roja Sting Ray de Simón apoyada contra el garaje. Durante varios minutos María estuvo sentada en el coche observando esos detalles y algunos más: dos paños de cocina colgados del tendedero. Y si la odio. Tráelos. Sophie —le llamó María—. dando una serie de conferencias en el British Museum. Había matas de lirios color naranja en plena floración. saltó del coche. —Escucha. imagínate lo que sentirán mis hijos por mí. pero recordó la punzada ~277~ . ¿Querrás ver a Simón y Flo? ¿Les permitirás que te visiten? —¿De verdad crees que eso les ayudará? —respondió Sophie volviéndose hacia ella—. Más que apearse. sin Aldo. Las malas hierbas habían invadido el césped y el jardín. Aún había señales de la investigación policial: una nota adherida a la puerta. El día en que ella había recibido la carta de Hallie notificándole que Sophie y Gordon habían comprado esta propiedad. Se levantó sin cruzar la mirada con María y caminó hacia la puerta. —Deja que sean ellos quienes puedan expresar sus sentimientos —dijo con aspereza María—. Por primera vez desde la noche del asesinato de Gordon. —¿Por qué permitiste que sucediera eso? —preguntó deseando liberarse —.—Bajo la pequeña estatua de un ángel —dijo Sophie—. María se quedó sentada un buen rato ante la mesa hasta que una celadora le dio un toque en el hombro y le dijo que era hora de marcharse. De todos los lugares en donde había vivido. Al menos haz eso por ellos. La pusimos allí para señalar la tumba. Y fíjate cuáles son mis sentimientos hacia Hallie. Había pasado el verano en Londres. pero o no lo había habido nunca o la lluvia lo había borrado. Londres era el que le causaba menos añoranza. Sin desperdiciar otra mirada en la casa se encaminó a través de la hierba alta hacia el Bell Stream. María volvió a la casa de los Littlefield.

. heléchos y cardos crecían entre la hierba amarillenta. Ella siempre había pensado que Aldo era vulgar cuando aplicaba su nihilismo arqueológico a la cuestión inmobiliaria. te compras tu pequeña parcela ¿y durante cuánto tiempo te ocupas? ¿Veinte años? ¿Cincuenta? Piensa en los centenares de personas que ocuparán ese terreno antes del fin del mundo. El viento. —Me sorprendes. un jardín o una terraza en donde pudiera cultivar flores y verduras. No le costó mucho imaginar que ningún familiar suyo volvería a vivir allí de nuevo. el hecho de que se hubiera cometido un asesinato en aquella propiedad acrecentaría su valor. unas señas que ella pudiera grabar en el papel de carta. A lo largo de los años. Me extraña que precisamente tú no percibas la futilidad de la propiedad. Se mantuvo en el sendero: aunque no estuviese limpio. ¡Pobre Gordon! —¿Qué tiene eso de malo? —preguntó María—. Fue el apogeo de su lucha por el lugar en donde vivir. Varios años más tarde. María —dijo Aldo. Recuerda Roma. había tenido que desechar kilos de papel de carta porque las señas impresas habían perdido vigencia. María le aseguró que no le importaba el dónde siempre y cuando fuera permanente. De repente creyó oír una voz y levantó la vista. María había sentido temor a las serpientes. pero ahora. sintió el pesimismo que él predicaba. Clavó la mirada en el suelo por si aparecía alguna. —¡Oh! ¿Por qué no dices «polvo eres y en polvo te convertirás»? — preguntó María exasperada. ella le contó esa historia. Desde niña. Se vendería la finca y se depositarían los fondos en fideicomiso para Simón y Flo. Vale. donde había estado dando conferencias.lacerante que había sentido al pensar que Sophie se había instalado en el Bell Stream. había sido hollado lo suficiente para mostrarle el camino. abanicando las ~278~ . Margaritas. que parecía realmente decepcionado—. Sophie adora el Bell Stream. —¡Pero está muy cerca de tu casa! —dijo Aldo. Ella quería tener su propia casa o apartamento. Se consideraría hechizada. Cuando Aldo llegó para el fin de semana desde Edimburgo. Ahora María dejó el césped y se internó en el campo que Sophie y Gordon habían dejado en estado silvestre. —Al menos Sophie tendrá casa propia —dijo María—. Él reaccionó con ironía: —¿Vivirá Sophie cerca de tu madre? —preguntó incrédulo—.. Tendrá tierra propia. mientras caminaba por la propiedad desierta de los Littlefield. cuando Peter y Sophie capturaron una serpiente y la soltaron en su habitación.

y luego empezó a buscar la tumba del bebé. así que se dirigió hacia el sur. ~279~ . lo descubrió con la punta del pie y luego volvió al ángel. Se hallaba al pie de una pequeña colina. como el de esa madre a la que decía aborrecer. Llegó al borde del Bell Stream. Tenía rizos de piedra y una sonrisa triste. un poco a ella y luego retractándose con mentiras. Recordó cuando ella y Sophie eran niñas y jugaban cada día junto a este arroyo. El terreno se hizo fangoso a la sombra. vio una espesura demasiado densa para atravesarla. hacia la casa de Hallie. Agarrada a las ramas de la maleza. Pensó en el secreto que Sophie había guardado. pero por poco. Se arrodilló en el barro para rezar una oración. y mientras lo hacía vio que alguien había grabado un nombre en la piedra: HATHAWAY DARK LITTLEFIELD. María se detuvo por si veía serpientes. Caminó hasta él. Aunque la piedra fuera relativamente nueva. contando un poco a Hallie. Cuando estaba a punto de dar media vuelta y volver sobre sus pasos. María recordó lo orgullosa que estaba Hallie cuando le dijo que Sophie había decidido llamar Hathaway al bebé. el musgo crecía en sus grietas. La pequeña estatua había sido dañada. Mientras apartaba algunas ramas del ángel. Entonces María se dio cuenta: el corazón de piedra de Sophie se hallaba muy cerca. Sin duda ya habría cruzado la delimitación de la propiedad Littlefield y la de dos o tres más. un poco a Nell.agujas de pino. sonó como un murmullo. Miró hacia el norte. María miró a su alrededor desorientada. vio el ángel de piedra. tal vez fuera de Hallie. ¿Cómo habrían podido imaginar entonces que algún día Sophie enterraría allí a su hija? Y al pensar que la pequeña criatura no lo sabría jamás ni jugaría nunca con sus hermanos. sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Tenía un ala rota y la nariz destrozada. Caminó mucho más lejos de lo que había esperado y sin embargo no la encontró. como ella. las lágrimas le rodaron por las mejillas. Se preguntó dónde terminaría la propiedad Littlefield y empezaría la de sus vecinos. apenas tenía doce pulgadas de altura. María lloró por la hija de Sophie y por el hecho de que Sophie la hubiera bautizado con el nombre de Hathaway. pero ¿por qué allí? Esto no era de su propiedad. María creyó que no había un ángel más dulce en ninguna capilla del mundo. casi cubierta por la maleza. Sophie le había dicho que Gordon la dejó elegir el lugar del enterramiento. exteriorizándolo poco a poco cuando su peso resultó excesivo. Era pequeño.

me sentí mareada y pesada. Les explicó que yo había aguado el viaje antes de que comenzara.. Gordon me empujó con todas sus fuerzas contra la pared. De improviso sentí una oleada de líquido caliente. niños. defendiéndome. Simón empezó a alborotar. Seguí el rastro de mi voz y de las reacciones de María. él nunca me había hecho daño cuando estaba embarazada. vuestra madre no quiere ir —dijo Gordon. cuando ya estábamos dispuestos para la partida. —Te llevo a casa —dijo Gordon. la crueldad.CAPÍTULO XXXVI María ya conoce lo peor. Me toqué bajo la falda para comprobar si era sangre. Pero todo cuanto hizo él fue decirme que dejara en paz a Simón. Le miré boquiabierta. ¿te servirá de ayuda saber que me alegré de que eso sucediera? Puedo descansar pensando que el bebé está en paz. pero no lo era: había roto aguas. Y Gordon y yo. —Llévame al hospital —dije.. Cuando Gordon y yo volvíamos a casa. Me la imaginé pensando: ¿Cómo pudiste permitir que eso sucediera? ¿Por qué no le obligaste a llevarte al hospital? Ella no podía creerlo. las amenazas.. ¿Y quién podría? Escucha. Flo tampoco.. Dije a Simón que se diera prisa.... Los golpes. y sin más condujo el coche hacia la casa de Gwen. Mi hija murió en los brazos de su madre. como nunca lo había hecho. Pero Gordon siguió adelante. pasado el límite de la tierra de mamá. en realidad le grité.. Cuando se lo estaba contando me sentí como un ángel cerniéndose sobre nuestras cabezas. —Bueno. ~280~ . Aquella mañana. manténlos al margen de todo esto!» Porque por entonces yo estaba sintiendo ya unos calambres muy fuertes y no quería que ellos me vieran sufrir. sencillamente. Enterrado muy hondo en la margen del Bell Stream. María. me vino a la mente cada cosa mala que él había hecho. permítenos que puedan salir los niños. Simón no la conocerá. Ella es la única persona de nuestra familia que conocerá la paz. Mientras tanto yo pensé: «¡Dios mío. pidiendo a Gordon que me diera otra oportunidad. Resulta extraño que alguien más lo conozca. Pocos minutos después subimos al coche y entonces tuve las contracciones. Sólo deseaba echarme en la cama.

las contracciones se hicieron intensas y constantes. aquello sonaba como una revelación. Empecé a darme cuenta de que perder el bebé sería una bendición. Me culpé por haber proyectado el viaje. La chaquetilla de seda blanca con ribetes negros la había llevado en un crucero a las Bermudas. No cesó de mirarme. Al principio pensé que se sentía culpable porque se daba cuenta de que yo estaba perdiendo el bebé por su culpa. y lloró desconsolado. Lloré tanto que respiraba con dificultad y Gordon me tuvo que llevar adentro en brazos. con Gordon atendiéndome. Me secó el sudor de la frente. Un alma menos a quien Gordon y yo desgraciaríamos la vida. Cuando llegamos a casa.Empecé a llorar porque intuí que perdería el bebé. el escritorio de Gordon y los armarios abiertos llenos de nuestra ropa. Fuimos escaleras arriba y él me dejó sobre la cama. Permanecí en la cama haciendo ejercicios respiratorios. por haber convencido a Gordon de que nos alojáramos en aquel hotel donde estuve de pequeña. luego puso la cabeza sobre mi estómago. No me preocuparon los efectos de la droga en el bebé. Me invadió una especie de neblina y perdí todo interés ~281~ . Pero aquel día de octubre. Las cosas empezaban a mejorar. Él se había propuesto sabotear el viaje desde el principio. Me levantó las faldas y me quitó las bragas. diciéndome que no había llegado todavía el momento de empujar. Otras veces. Para distraerme me fijé en los distintos modelos y rememoré dónde los había llevado. diría yo. El tener a aquel bebé fue como tener a Simón y Flo. Los robles y arces a lo largo de la orilla tenían unos colores tan brillantes que me pregunté por qué habíamos decidido ir hacia el norte en primer lugar. una imagen de Hatuquitit en los años veinte. Llegado a ese punto cesé de preocuparme por lo que pensara Gordon. que ya había empezado a hincharse. Pude creer que Gordon lo sentía. fotos de Simón y Flo y la escuela. el traje playero color melocotón pálido me lo había puesto todo el verano pasado porque era lo bastante holgado para disimular mi embarazo. —Lo siento —dijo. Entre una contracción y otra miré las cosas familiares alrededor de la habitación: nuestra fotografía de boda. nuestro bureau de caoba. los pantalones de franela gris los había comprado con Hallie en nuestro último viaje a Nueva York. O tal vez sólo le estuviera enojando. yo estaba por encima de todo eso. Gordon condujo con los dientes apretados. cuando Gordon decía «lo siento». Tal vez requiriera un poco menos de tiempo: las contracciones parecieron venir una tras otra con creciente rapidez. con un paño húmedo. pero por entonces ya había aprendido lo suficiente para darme cuenta de que eso no significaba que él fuera a cambiar. Gordon me dio un sedante y me lo tomé.

por las cosas. Incluso podría haber vivido si hubiese habido una incubadora. Sophie. les dijimos que habían tenido una hermanita pero que se había muerto. como mamá. Pero también la historia de ti y de mí. Él y los niños me siguieron. pero no porque no nos quisiera. —Oye. Un diminuto gatito sonrosado abriendo y cerrando la boca sin emitir ningún sonido. Me sentí muy fría y racional. Al día siguiente recogimos a Simón y Flo de casa de Gwen. Yo llevé el cuerpo de Hathaway y él me dejó hacerlo sola. Nunca supo qué hacer con nosotros. cuando caminaba por la playa de Hatuquitit contigo y con Nell para coger piedras. Por fin nació la niña. Por alguna razón intuyó que yo no quería que me tocara. —Lo sé —contesté. Y seguí caminando. María. Las llevamos hasta el Bell Stream y las colocamos en el suelo formando un corazón. de Nell y Peter. Aquel día Gordon fue muy bueno conmigo. por supuesto. como Flo. Gordon cogió una pala y formamos una procesión fúnebre a través del prado. quise enterrar a mi hija cerca del corazón. Cuando alcanzamos el arroyo me volví hacia la izquierda. con todo lo que tenía. tocando sus minúsculos dedos. eso es un gran historia de amor. Siempre recordaré. Fue un bebé perfecto. Pero no lo estábamos. Nadie dijo nada. Cuando estábamos formando el ~282~ . La sostuve entre los brazos. sólo que más pequeño. Gordon me la puso sobre el estómago y cortó el cordón umbilical. Lo único es que no sabía cómo pasar de ser una hija a ser una madre. Ellos quisieron verla. Gordon me preguntó cómo la llamaríamos. sin contestar. y que probablemente seguiría así. si hubiéramos estado en el hospital. Para mí. nuestra tierra termina aquí —dijo él.. Luego me puse mi vestido negro. Ella nos quería. como quería a sus padres y a papá. Tuve presente que aquella tierra había pertenecido a la familia Dark durante generaciones. Además. Mamá había llevado mal la maternidad desde el principio. Tal vez ya supiera lo que ocurriría entre Gordon y yo. Cesé de llorar. No tuve otra elección.. de papá y mamá. ellos debieron pensar que me encaminaba hacia el trecho de arroyo de Hallie.. sintiendo cómo temblaba su pecho con cada aliento. Al ver sollozar a Gordon. Gordon les llevó a la habitación de los niños donde la pequeña yacía envuelta en los paños de cristianar. dije: —¿Por qué me empujaste si no querías que ocurriera esto? Él siguió llorando. Yo dije «Hathaway». La historia de un muchacho y una chica que querían casarse a toda costa durante una tormenta aunque estuviesen en las orillas opuestas del arroyo.

por Flo. Mientras la enterrábamos. pensé en nuestra familia y en lo mucho que yo quería a todos. por Simón. a pesar de todo. me sentí enferma de amor por ella.corazón. Por eso quise enterrar a Hathaway cerca del corazón de piedra. Y. por Gordon. por todos vosotros. ~283~ .

Hallie y María en los asientos traseros. a las dos en punto. Flo llevó su «tutu». ambos decidieron que su presencia sólo serviría para acrecentar la tensión de la familia. —Significa que tu madre se encarga de todos los trajes —dijo Nell—. la familia local reinante. Él se había ofrecido a acompañarla sabiendo lo nerviosa que estaría con aquella primera reunión entre Sophie y sus hijos. Bain-bridge y Milford. ~284~ . la administración de la cárcel había previsto unas horas específicas de visita. —¿Ya hemos llegado? —preguntó Flo por segunda vez. ¿O el corpino blanco y la falda rosa? —Déjale llevar el «tutu» —dijo María. una camisa con rayas rojas. Éste. —Casi. —¿Qué significa «encargada de vestuario»? —preguntó Simón muy excitado. María se imaginó a Hallie viendo a los Dark como diplomáticos de Hatuquitit. A Sophie se le había asignado la hora previa a que se alzara el telón. Hallie había considerado que Julián no les acompañara para que Sophie tuviera más tiempo para hablar con Simón y Flo. a Hallie no le gustó la idea de que la familia Dark irrumpiese en el auditorio de la cárcel como un espectáculo ambulante. Todo el mundo se apretujó en el coche familiar de Peter. Evidentemente. con una entrada digna entre otras familias de reclusas de Waterbury. Flo y Nell se sentaron delante. Pero después de pensar mucho sobre ello. Ella ha de vigilar que todos se cambien a tiempo y que lleven las prendas bien puestas y abotonadas. Toda la familia quiso dar su apoyo a Sophie. una corbata del Covey School y una cazadora azul. —¿No te gusta más el vestido amarillo de los días de fiesta? —sugirió Hallie —. Simón llevó sus pantalones chino. Sólo falta un minuto. Dado el gran número de visitantes para el espectáculo. Simón. desde el encarcelamiento. María deseó que Duncan estuviese con ella. cariño —dijo Peter. —Tengo un presentimiento —dijo Hallie alegremente.CAPÍTULO XXXVII Simón y Flo se pusieron sus mejores ropas para visitar a Sophie.

—Mamá sabe muy bien hacer vestirse a la gente —dijo Flo. —¿Y visitas a mamá cada vez que vienes? —preguntó Flo. se decidió que primero toda la familia se reuniera con Sophie en una sala de conferencias y no se dejase a ~285~ . —¿En el escenario? —preguntó Simón. —Bueno. María apretó la mano de Simón y contempló el escenario ya familiar como si lo viera por primera vez. —No sé. —Es sólo un presentimiento —murmuró Hallie. —Él tiene aquí muchas clientes —dijo Nell—. pero creo que Sophie va a cantar hoy. —No —dijo María dirigiendo una mirada severa a Hallie—. —¡Menudo espectáculo va a ser éste! —dijo siniestramente Hallie llevándose una mano a la garganta. A María. centinelas uniformados de gesto adusto por todas partes. Es estupendo que sea la encargada del vestuario. —Tu tío viene aquí muchas veces —dijo Nell—. —¿Podremos salir de la cárcel cuando queramos? —preguntó Flo. Steve Grunwald y los psicólogos de la cárcel.. —Sí —dijo Simón—.. —Claro —dijo Peter. Peter y Nell le parecieron los enorgullecidos habitantes de una pintoresca ciudad costera mostrándosela a unos amigos de Arkansas que visitaban Nueva Inglaterra por primera vez.—¿Qué presentimiento? —preguntaron a la vez Peter y Nell. Es abogado. —¿Y es aquí donde vive mamá? —preguntó dubitativo Simón. ¿Acaso no hemos pasado por delante centenares de veces? —Sí —dijo Simón. Sophie es encargada del vestuario y nosotros deberíamos estar orgullosos de ello. —Ya lo sabes. no cada vez —contestó Peter chascando la lengua. Pero el buen humor de la familia se evaporó cuando Peter detuvo el vehículo ante la verja de la cárcel y habló con el centinela. como lo verían los niños: la edificación de ladrillo rojo era tan impresionante como cualquier edificio oficial del estado de Nueva Inglaterra. la doctora Middleton. querido —dijo Nell—. Tras las conversaciones mantenidas entre la familia. altos muros coronados por espirales de alambre espinoso. aunque con las ventanas enrejadas. Tal vez sea una ilusión. Otras señoras que necesitan su ayuda. No va a cantar.

Sophie abrió los brazos y le dio un abrazo tan apretado que María las oyó jadear. —¡Ah! ¿No! —dijo Sophie. —¡Cuánto tiempo sin verte! —dijo. —¡Bah. A mí tampoco.Simón y Flo a solas con ella hasta que todo el mundo se sintiese cómodo. —Lo siento de verdad. Durante unos segúndos. Sophie se mostró radiante besando a Hallie. —Hola a todo el mundo —dijo. eh. Sophie estaba sentada en una butaca con las piernas cruzadas. Sophie levantó la vista. Dio un abrazo especialmente fuerte a Nell. que se había apostado junto a la puerta. Me he transformado en Annette Funicello —dijo Nell —. y sobre todo. Andy no me deja salir de la playa. Los Dark y los niños Littlefield caminaron silenciosos por un largo pasillo. Peter localizó la sala de conferencias «B» y abrió la puerta. María advirtió a todos que actuaran con la mayor normalidad posible. Simón avanzó. —El sol es bueno —dijo Sophie buscando con la mirada a Simón y Flo—. Llegamos temprano y no nos marchamos hasta la hora de la siesta. despacio! —le reprendió Sophie dándole un beso. éstos la miraron alelados e inmóviles. cambió una mirada con Peter y luego dejó sola a la familia. Llevaba el pelo cepillado y brillante. Al cabo de un rato. Simón? —Ya no me gusta la playa —dijo el niño. Y se echaron hacia atrás cuando todo el mundo avanzó hacia Sophie para saludarla. No hay suficientes días de playa al año. ¿verdad? ¿Verdad. María sintió alivio al observar que no parecía más amenazador que cualquier corredor de la escuela de los niños. y había encontrado un lazo amarillo en alguna parte. La celadora. Demasiada arena pegajosa. Y bichitos en la arena. demasiado sol! —exclamó desaprobadora Hallie. —¡Eh. leyendo una revista. sin centrar la atención en los niños y Sophie. Además de las anguilas. Y medusas. ~286~ . sin mirarles con curiosidad en el momento de la reunión. Peter y María. Eso es lo que pienso. vaciló un segundo y luego intentó arrancar a Flo de los brazos de Sophie y meterse como una cuña. claro. Aunque hablara a la familia en general sólo tuvo ojos para Simón y Flo. —¡Y colillas por toda la arena! —terció Flo. Llevaba el usual traje de color espliego. Durante tres segundos su cara amenazó con descomponerse pero luego se rehizo y dejó ver una alegre sonrisa—. Primero avanzó vacilante hacia Sophie y después se lanzó como una locomotora.

¿qué tiene eso de malo? —exclamó Hallie fingiendo indignación —. Empezaría a hablar sobre la isla de Wight o cualquier otro sitio. —Es una vergüenza que vistas a otros cuando son ellos quienes deberían vestirte a ti —dijo Hallie. ~287~ . —¿Lo estoy? ¿No te gusto? —Tienes un aspecto estupendo. —¿Una vergüenza? —preguntó Sophie con tono más bien frío. —Mamá no le dejó venir —dijo Peter—. Julián puede dejar sordo a un mono de bronce. ¿Y qué lleva esa gente? —Bess lleva una gorra de mago y enarbola una varita mágica. —Estás flaca. que se restregaban contra ella. Peg y Támara visten un traje de camello. —Sí. estás mejor delgada —dijo Hallie. querida. pero así es como se ha hecho —dijo Sophie. —Bueno. Sophie no estaban tan pálida como en las anteriores visitas de María. pero ésta no se amilanó. María saldrá disfrazada de Donny Osmond.—¿Cómo es que te han hecho encargada de vestuario? —preguntó Simón. Nell y María se echaron a reír. —¿Y qué es lo que hace? —preguntó Nell con una risita. Por cierto. —¿Y dónde está Julián? —preguntó Sophie mirando a su alrededor. mamá —dijo Flo. estás bien —dijo Simón. eso es lo que he dicho —replicó Hallie como si pretendiera desafiar a Sophie. —Sí. —Porque soy muy elegante —dijo Sophie. —Bueno. —Sí. —Es bonito que te encargues de los trajes de todo el mundo —dijo Simón ilusionado—. Peter. Sophie —dijo Peter. Sus ojos relucían al mirar a sus hijos. intentando dominar a Hallie. ¿a qué hora empieza el espectáculo? —A las cuatro en punto para ser exactos —dijo Sophie. Los ojos de Sophie fulguraron. Le pareció una injusticia concederle un poco de tiempo contigo. tal vez sea una vergüenza. Y María se asombró al ver lo satisfecha que parecía. y cuando menos lo esperáramos nos daríamos cuenta de que la visita había terminado.

Estoy segura de que serías la mejor de todas en el escenario y que casi me desmayaría de orgullo al escucharte.. María vio que su hermana se había echado unos cuantos remiendos para afrontar la situación. —¿Por qué dijo la abuela «rómpete una pierna»? —preguntó Simón frunciendo el ceño. Dejemos que los niños estén un rato a solas con su madre. —Es estúpido decir a alguien que se rompa la pierna —dijo Simón malhumorado. ya sabes cuál. Y despidió con la mano a Hallie. —Te he dicho que soy encargada. —dijo Sophie palideciendo y sin poder terminar la frase. Quiere decir «buena suerte». —Es un viejo dicho del teatro —dijo María. a cámara acelerada —dijo Sophie. ¿Acaso es un crimen que una madre se enorgullezca de la voz de su hija? —Si se exceptúa el hecho de que ella no va a cantar —dijo María.! —María echó una mirada de advertencia a Hallie. Rómpete una pierna. —Venga.. —¿Y tú qué cantas? —preguntó Hallie. sin alegría. Le acarició el pelo con evidente afecto—. todo el mundo fuera —dijo jovial Peter dando unas palmadas—. Tal vez yo sea una vieja pesada. —Yo deseaba que cantaras en el espectáculo —la interrumpió Hallie—. los niños se apartaron de Sophie y empezaron a vagar por la habitación. conmigo y con los niños? —Claro —dijo María. pero aún me parece oírte cuando cantabas el aria de Donizetti.. Lo sé. —¡Mamá.? —empezó María. ya con una sonrisa un poco forzada. el rostro de Sophie cobró vitalidad.. —¿Qué me decís de. Eso es todo. —¿Quieres quedarte con nosotros. María. Peter y Nell. Sophie —dijo Hallie de pie junto a la butaca de Sophie y poniéndole una mano en la cabeza.. —Lo sé. que la pasó por alto.. —Gracias —dijo Sophie. Pero cuando María se inclinó para besarle en la mejilla.. mirando impávida al frente. lo sé.—Imita a Puppy Love. —Ya voy. pero las costuras empezaban a abrirse. Como si se hubiese roto un hechizo. He visto tu mirada aviesa. ~288~ . —No la recuerdo —dijo Sophie con voz un poco temblorosa. ya voy —dijo Hallie inclinándose para besar en la cabeza a Sophie—. querida. porque Sophie no parecía dispuesta a explicarlo—..

¿verdad? —dijo Sophie. como si hubiese una tormenta eléctrica. observó con el rabillo del ojo a Sophie y Flo. —Papá estuvo muy equivocado al decir esto —dijo Sophie—. intentó disimularlo. Simón —dijo con voz temblorosa Sophie—. Ven. Flo obedeció y se acomodó sobre la rodilla de Sophie para chuparse el pulgar mientras su madre le revolvía el pelo. La mejilla de Simón se tornó blanca y luego apareció la huella rojiza de una mano. —¿Por qué no? Papá te lo llamaba..! —exclamó Sophie sin moverse. Siento haberte dado un bofetón. —Sí lo harás —dijo Simón. ¡Estate quieto! Sabes perfectamente que ha de seguir aquí. Se ve que vuestra tía María os cuida muy bien. Y yo estaba ~289~ . —¡Cállate. —Vosotros dos tenéis muy buena pinta —dijo Sophie—. mi pequeña Flossie —dijo Sophie dándose unas palmadas en la pierna. plantó las manos en las caderas y se enfrentó con Sophie. y María tan sólo quería que todo marchara bien y que se hablara de la próxima visita. La tensión hizo que la habitación zumbara. —No lo haré —contestó con firmeza Sophie. incluida Sophie. —¿Cuándo vendrás a casa? —preguntó. Fue hacia ella.. —¡Simón. Aunque la afirmación de Flo hiciera sentir a María una felicidad absurda. que había encontrado una tiza. Sophie le abofeteó. —Quiero irme a casa —dijo Simón. Sophie la había estado observando con los niños.. y la dejó caer sobre la cara de Simón. pero no puedes llamar jodida a tu tía. empezó a escribir su nombre en el encerado. —Sí —dijo Flo sin sacarse el pulgar de la boca. —Ven —dijo él tirando—.—Es estúpido. —Escucha. Todo el mundo se quedó sin aliento. alzó la mano. Mientras fingía concentrarse. —Ven aquí. éstos estaban observando a Sophie. le cogió la mano e intentó hacerla salir de la butaca. —¡Y tonto! —añadió Flo. Todo ocurrió en un instante: soltó el pelo de Flo. jodida! —gritó Simón.. De repente Simón se abrió de piernas. —¡Simón! —dijo María con firmeza—. Simón.

Luego susurró algo en el oído de Sophie. Y empezó a llorar. Pero eso requiere mucho tiempo. —Antes solíamos hacerlo —dijo Sophie muy despacio. Vosotros conocéis las cosas horribles que sucedieron. —Incluso ésas. Las circunstancias eran difíciles pero. Pe-ter abrió la puerta y sacó afuera a los niños. —Es hora de marcharse —dijo Sophie. —¿Incluso lo del. Flo hizo lo mismo. agitando la mano. ¿verdad? Simón asintió. como si prestara la máxima atención al peso de cada palabra—. y al verlo. No hay nada que no podáis contarle.. María se volvió para despedirse. Solíamos amarnos el uno al otro. Pero quizás aún fuera peor no habernos respetado a nosotros mismos. —¡Os quiero! —dijo Sophie por encima de su llanto—.muy equivocada al permitírselo. —¿Nunca? —preguntó Simón. Pero primero se puso enfermo papá.. Simón se le acercó y Sophie estuvo un buen rato besándoles la nariz. Ahora ha llegado el momento de marcharse. —¿Incluso las cosas que tú y papá nos dijisteis que no contáramos? — preguntó Simón.. Los dos lloraron a lágrima viva y ofrecieron resistencia. —Cierra la puerta —dijo. las orejas. —Esto ha ido bien —dijo María no muy convencida—. pero Sophie la hizo volver. —¿Estás mejor ahora? —preguntó Flo. —La doctora Middleton es muy inteligente —dijo Sophie—. y después yo.? —dijo Flo. Ella os ayudará a hablar sobre todas las cosas que sucedieron. ¡Adiós! Como por ensalmo. —Incluso lo del bebé muerto —dijo Sophie mirando directamente a María —. Y sabéis lo difícil que es recuperarse. e hizo un gesto a María para que se los llevara. ~290~ . —Lo estoy intentando con todas mis fuerzas. María? —Mucho —dijo María. Puedes contarle a tía María lo que quieras —dijo Sophie—. Nosotros dos te dimos mal ejemplo. o quizá porque estuviera escuchando. Ella os quiere. —Su voz fue cálida y mucho más firme de lo que había sido durante la visita. —No quiero irme —dijo Flo.. los hombros y los labios —. —Dadme un beso —dijo Sophie. el uno al otro. los párpados. ¿No es así.

Pensé que lloraba por ella. ¿Sabes por qué disparé contra él? —Porque te hizo abortar —dijo María. —Míralo de esta forma: ellas son un puñado de mujeres adultas y saben cómo vestirse. La gente debe de estar esperando a la encargada del vestuario. —No voy a hacerlo —dijo Sophie—. —No es culpa suya —dijo Sophie—. Sophie? —¿ Sabes por qué maté a Gordon ? —preguntó Sophie—. Piensa lo decepcionados que estarán los niños. —¡Oh. Los niños tienen buen aspecto. —Será mejor que nos marchemos.Sophie se limitó a negar con la cabeza. —No —dijo Sophie—. Ése es el único motivo. —Para hacerme daño. Parecía exhausta. pero no la usé hasta que él destrozó el ángel. —Ya he recapacitado. —Mamá es una tonta de marca —dijo María preocupada ante el tono resignado de Sophie. vamos! —dijo María—. Desde luego compré la pistola después de que él hiciera eso. Estoy agotada. —Estoy segura de que pensarás de otra forma cuando recapacites sobre ello. María miró su reloj. entonces sí que habría un vacío en el programa. ¿Qué sucede. mi corazón no estuvo nunca con ese espectáculo. —¿Por qué? —preguntó atónita María. Sólo quiero volver a mi celda y tumbarme. Si yo tuviera que cantar y no me presentase. a Hathaway. Rompió la lápida sepulcral de nuestra hija. ¡Y las actrices! Estropearás todo el espectáculo. Pensé que la quería de verdad. —¿Qué hizo? ~291~ . Sophie apretó los labios y sacudió la cabeza. El espectáculo está a punto de comenzar. En primer lugar. Estás haciendo una gran labor. Pero no fue así ni mucho menos. —Gracias —dijo María sintiéndose realmente incómoda—. y eso me tranquiliza. Se trató sólo de una artimaña para hacerme creer que sentía cariño por ella. —No pienso volver a verlos —dijo.

. y tenía razón. Sophie asintió. Cuando le pedí el divorcio. Sólo el tiempo suficiente para terminar de vestirme. Pensaba que él me pediría un cambio de actitud. repelente.. Le dije que no sabía lo que estaba haciendo. Le pedí que me entregara el ángel. —Él no estuvo fuera mucho tiempo —dijo Sophie—. —Lo alzó sobre su cabeza y me miró fijamente. él no dijo nada. Habíamos hecho el amor.—Aquella noche.. Le oí subir las escaleras. —Es extraño —dijo Sophie^—. —Los dos estábamos de pie delante del espejo —continuó Sophie como si María no hubiese hablado—. Me hizo mirarme al espejo.— Pero no me dijo ni una palabra. En cualquier caso. María imaginó el alivio que debió experimentar Sophie al encontrarse con fuerzas para pedir el divorcio a Gordon. Gorda. me sentí esperanzada.. desnuda y fría. Si ella hubiera podido atenerse a eso. Al observar la cara de su hermana. Yo seguía ganando peso.. Sophie miró hacia el vacío. incluso después de haber perdido el bebé. Empecé a llorar.. de la mujer delgada con quien se había casado. Pensé que tal vez fuera posible perdonarle algún día. Pero tan pronto como le dije que quería abandonarle. Incluso Simón lo ha dicho. sin contestarle: —Toda la fuerza que yo había acumulado se esfumó. Me propuse mantenerme fuerte para poder defender mi terreno contra todo lo que él dijera. Y me asaltó una idea terrible: ¿qué pasaría si él no pudiera encontrarla ? ~292~ . privándole de algo. hiciste eso —dijo María—. sencillamente se marchó. pensó María. y él me ridiculizó. Si aquella noche hubiese transcurrido de una forma diferente. El ángel de piedra. Yo me vestí. a la esperanza. —Sí. Me dijo que yo parecía un espectáculo de horror. la noche en que le maté. Pero ahora tienes un aspecto maravilloso. Sólo comía y comía. Llevaba la lápida de Hathaway. Me dije que lo hacía para llenar el lugar de ella en mi cuerpo. recordando aquel día. le dije que quería el divorcio. cuando ya no tenía necesidad de disimular nada. Engordando. —¿Como si te desafiara a hacer qué? —preguntó María. pero aquella noche me di cuenta: yo quería distanciarme de Gordon.. magullada y. —Sus ojos parpadearon. Y quería seguir haciéndolo hasta estallar. como si me desafiara. Pero Sophie prosiguió. Le dije que no lo soportaría por más tiempo. Pensé en la tumba del bebé. —¿Lo había quitado de la tumba? —preguntó María..

Bajó el ángel. pero no hice caso. Caminé a través de nuestro campo llevando el ángel y recordé haber llevado al bebé a lo largo del mismo sendero. María se acercó a Sophie y la abrazó. Sophie se tocó la garganta como si le costara tragar. le odié. Creo que había luna. por supuesto. Y luego tiré el arma al Bell Stream. —Gracias —dijo. —Levantó la vista y miró a María—. Notó que Sophie jadeaba antes de continuar: —Después.Sophie se estremeció al recordarlo. «Lo has roto». —Los niños te oyeron gritar.. —Así que puse otra vez el ángel en la tumba de Hathaway —dijo Sophie—. Todo era un juego enfermizo. ¿verdad? —Sí. No le miré siquiera la cara. —Pero aquello fue un juego después de todo. casarnos y tener hijos. —Él me escuchó.. Disparé y disparé. Hacía mucho frío aquella noche. —Sí. —Vi su tumba —dijo María con voz ronca—. pero el suelo estaba húmedo y resbaladizo.. Y entonces la cabeza se me despejó y cogí el arma. sigue allí —dijo María. tenía significación para él. y dejé solos a los niños para hacerlo. y entonces creí haberle convencido. Flo me agarró de las rodillas. La enterraste cerca del corazón de piedra. Mientras lo hacía.. Sigue allí. Yo empecé a gritarle. Siguieron sentadas un rato y por fin María comprendió que era hora de ~293~ . Cuando le vi por primera vez con el ángel. Alzó otra vez el ángel y lo lanzó contra la pared de nuestro dormitorio. No podía soportar la idea de que no hubiese allí ninguna marca. esperé que todo aquello terminara bien. Lo aseguré tanto como pude. Entraron corriendo en la habitación. Además allí cerca estaba el corazón de piedra. le grité una y otra vez. todo cuanto se me ocurrió fue poner otra vez el ángel en la tumba del bebé. Encontré sin dificultad el lugar. Pero cuando Gordon bajó el ángel. bastante más que cuando enterramos al bebé.. me miró fijamente y me sonrió.. Pensé que nada de lo que habíamos hecho juntos. Había una pequeña hendidura hecha por la base del ángel y en el barro vi las huellas de Gordon. Sophie pareció quedar satisfecha. —¿Querrás asegurarte de que la base esté bien asentada para que no se mueva? —Lo haré.. no te preocupes —dijo María.

Se propuso hacer realidad una ilusión: conducir a la familia al espectáculo y hacerles creer que todos los cambios del vestuario eran obra de Sophie.marcharse. hacerles creer que Sophie estaba entre bastidores haciéndose cargo de todo. Adiós. —Te quiero —dijo Sophie abrazándola con fuerza—. —Te quiero —dijo besando a Sophie—. quiso decir para siempre. María no comprendió que también ella se hallaba bajo los efectos de una ilusión. ~294~ . María se volvió para agitar la mano por última vez y abandonó la habitación. No comprendió que cuando Sophie dijo adiós. Sé cuántas cosas horribles has tenido que soportar. pero ahora todo marchará mejor.

Era el tercer miércoles de noviembre. tal como la había dejado en julio. un quebrantahuesos se remontó desde la bahía agitando lentamente las grandes alas con un pez que se debatía entre sus garras. y únicamente porque los meteorólogos habían anunciado nevadas. opaca. análisis de suelo. pero los padres de Alicia habían venido de visita. reunió sus herramientas. pues creyó que esas aves habrían ~295~ . Se colocó una mano sobre los ojos. prospección geofísica. Nubes altas velaban el cielo. como haría un niño hundiendo el pie al borde del agua en un caluroso día de verano. María creyó oportuno hacer constar que no había ninguna guía buena sobre la forma de rellenar una excavación. y Duncan y Alicia habían acordado cambiar de turno. o una «corona de nieve» como solía decir Hallie. María lo probó con el pie.EPÍLOGO Aunque tuviera a su disposición todos los tratados arqueológicos sobre acción con la paleta. formando alrededor del sol una corona. Subió el pequeño repecho y suspiró. apertura de zanjas y cuadriculado. Aunque Duncan hubiese venido periódicamente para inspeccionarla y asegurarse de que el toldo estaba en su sitio. enterrando por entero la bota. blanquecina. Dejó profundas huellas en la arena. ésta era la primera vez que María había sido capaz de imponerse la obligación de venir. el suelo arenoso de Lookout seguía suelto y resultaba fácil de remover. Las voces de los niños le llegaron de algún lugar en la playa: quizá la siguiente cala. exploración del campo. Allí estaba la tumba india. Le extrañó ver un quebrantahuesos en una época tan avanzada del año. Mientras avanzaba por el agua poco profunda con la mochila y la pala. María se alegró de haber llevado botas. porque tenía la cabina con calefacción. María le vio abandonar el agua para dirigirse hacia su nido en el refugio de Lovercraft. se reflejaba en la bahía. Mientras que las tierras de labor y los terrenos pantanosos se habían congelado ya. Sintió que Jamey no hubiese venido y se dio cuenta de que Duncan estaba decepcionado porque era su turno para tenerlo aquel largo fin de semana. La luz solar. que habían preferido llevar a Lookout en lugar de la suya. Acurrucada en la popa de la lancha de Duncan. Levantó la vista protegiéndose otra vez los ojos. como si el día fuese demasiado deslumbrante. Se extremeció ligeramente. María caminó alrededor del emplazamiento lanzando ojeadas al toldo de plástico. Un ruidoso chapoteo la hizo dar media vuelta.

podría dejarlo como una mortaja. Su mirada recorrió el esqueleto desde los pies de la squaw hasta el cráneo. Por fin se volvió hacia la tumba. y lo quiso como huesos. hundió la mano en el bolsillo derecho y sacó la diosa de oro. Ella había conocido íntimamente este esqueleto. El cráneo era lo que había planteado más problemas. El toldo era de plástico. María se palpó los bolsillos de la chaqueta hasta encontrar lo que buscaba. La noche anterior no había podido dormir. Los dedos le escocieron de frío a pesar de los guantes. fue hasta Blackwood y la compró con ese propósito. no como lo que había sido. —Sophie —dijo en voz alta. y luego se detuvo. Dejó caer la pala. Hundió la pala en un montón de tierra. Y Acción de Gracias era mañana. En los días transcurridos desde que ellos dieran sepultura a Sophie. Flo aferrando una fotografía enmarcada de la escuela de ella y Simón. Soltó las cuerdas de las estacas y echó hacia atrás el toldo. María no había tenido la suficiente presencia de ánimo para buscar la diosa. tal como María los había encontrado unos meses atrás. le comunicó que se tomaba un día de asueto para acompañarla. Los niños habían querido enterrar a Sophie con ofrendas. Los detalles sobre la forma de volver a enterrar a la india la habían mantenido despierta. Según un recuerdo muy vago de su infancia. Si fuera de lona o algodón. No le pareció adecuado. De hecho. irían con ellos. pasando por la pelvis. y así lo habría hecho si no hubiese sido por Duncan. Esa idea la había permitido conciliar el sueño.emprendido ya la migración. como la india era ahora. Ambos se habían sentado en la iglesia. todos los pájaros del verano abandonaban Hatuquitit hacia el día de Acción de Gracias. Sin entrar en explicaciones. la squaw que había amado a Charles Slocum. No quería ver otra vez sus huesos. y ahora había llegado ese momento. Se quitó un guante. De repente se le ocurrió una idea: arrojaría directamente tierra sobre el emplazamiento y el toldo podría servir como mortaja. decidió seguir durmiendo aunque sonara el despertador. Y como quería colocar algo en la tumba. Suspiró y la miró fijamente durante mucho rato. pero titubeó. María echó dos o tres paladas de tierra sobre el toldo. Como los niños habían comenzado las vacaciones. Los huesos seguían en la tumba. muy despacio. Siempre había pensado en rellenar la tumba antes de que cayera la primera nevada. Pero se dio cuenta de que sería sacrílego enterrar a la india con aquel toldo confeccionado con productos químicos. levantaría simplemente una esquina del toldo y lo deslizaría adentro. pero eso fue todo. cuando al fin cerró los ojos. Su corazón se sobresaltó a la vista del cráneo de la squaw. y Simón sosteniendo las perlas que ~296~ . pues le recordaba que aquel esqueleto había sido en otro tiempo una persona con esperanzas y temores y una familia a quien amar. Un día de septiembre.

las lágrimas siguieron cayéndole por las mejillas. Colocó la diosa de ~297~ . María sabía que una excavación no prometía ninguna respuesta y que la ciencia de la arqueología no garantizaba ninguna conclusión definitiva. Al hacerlo experimentó una extraña sensación. asaltada por una total y abrumadora sensación de intimidad. quien. Aunque aquélla no fuera la tumba de Sophie. mirando fijamente a Peter. El reverendo Hawkes había obtenido permiso de la comisión arqueológica del Estado para conservar las ofrendas funerarias que María había encontrado allí y para exhibirlas en la Asociación Histórica.Sophie había llevado en su boda. —Adiós —dijo. Entonces. y nuestra parte murmurar un nombre tras otro como una madre pronuncia el nombre de su hijo cuando el sueño llega al fin en miembros que se han desorbitado. María y Hallie se habían sentado una junto a otra. fue demasiado tarde. sin tocarse. María cayó de rodillas aferrando la diosa y lloró desconsolada. ¿Qué es eso sino la caída de la noche? No. Ahora. que acabó por convertirse en una pasión. Ella no sabría nunca con seguridad si aquella mujer había amado a Charles Slocum. María miró los huesos de la mujer. pero sonrió. no. no la noche sino la muerte. ¿Fue innecesaria la muerte. Apretó los labios contra la estatua y la besó. No había estado pensando con cordura. después de todo? María había estado demasiado confusa y enojada con Sophie para dejarse conmover por el poema. María había traído la diosa de Sophie para sustituirlo. Y esta vez supo lo que quería significar. Pero alguien la había amado lo suficiente para enterrarla con un anillo de oro. Después de un buen rato. podría haberlo sido. de pie sobre la fría arena. de pie en el pulpito. ¡Oh! ¿Cuándo será suficiente? Ésa es la parte del Cielo. como si estuviera besando a Sophie. y cuando se le ocurrió la idea de que debía haber enterrado a Sophie con la diosa. leía algunas líneas de Yeats: Un sacrificio demasiado largo puede convertir el corazón en una piedra.

En casa de la abuela. ~298~ . ¿verdad? —preguntó Simón. Así pues. —Sé que ellos ya no pueden sentir nada. —Así es tu tío Peter —dijo María. —Yo lo siento mucho por ese bebé. tan solo —dijo Flo frunciendo el ceño. ya había enterrado a la mujer. Con su madre en Florida y Jamey pasando las fiestas con Alicia y sus abuelos. —Por lo menos Acción de Gracias será como siempre —dijo Simón—. —Los esqueletos no tienen frío. pero me alegro de que mamá y papá estén juntos —dijo Simón. —Bueno. —No —contestó María—. —Cada año el tío Peter dice que tendremos perritos calientes. Flossie? —preguntó Duncan. —Ella estará bien. la había dejado enterrada junto al Bell Stream. —Porque ni mamá ni papá estarán allí —dijo Simón. ¿sabes? —dijo Flo. —Bueno. Ella pensó que en los últimos tiempos sonreía muy poco. no le hubiese invitado a su casa junto con María. estaba empezando a hacer frío fuera —dijo la niña. Duncan habría pasado solo el día de Acción de Gracias si Hallie. No tienes por qué preocuparte por su suerte. —Sí —dijo María sonriendo a Duncan. —¿Estabas preocupada por esto. y cada año tenemos pavo —dijo Simón riendo. Flossie —le dijo Duncan estrechándola contra sí—. —Pero es triste. Encontró el ritmo adecuado arrojando una palada tras otra en la sepultura. ya está hecho —dijo Flo con la voz llena de alivio. María había considerado la posibilidad de trasladar a Hathaway al cementerio y enterrarla junto con Sophie y Gordon. —Hola —dijo. en un gran gesto de magnanimidad. Pero uno de los últimos deseos de Sophie había sido que María cuidase de su tumba y se asegurara de que el ángel de piedra estaba en su lugar. cogió la pala y empezó a llenar la tumba con tierra. Luego se levantó. María asintió y señaló la tierra recién removida. La inquietud veló los ojos de Duncan pero se disipó cuando vio que María sonreía. y cuando Duncan y los niños llegaron al montículo. Simón y Flo.oro entre los huesos de la india. —¿Lo hiciste? —preguntó Simón con timidez. Los esqueletos no tienen frío.

La historia me gusta. —Deberíamos contarlas y contarlas sin parar jamás —dijo Simón. Volviéndose hacia Duncan. —¿Preparados? —preguntó Duncan cuando hubo subido a bordo. pero entonces Simón preguntó: —¿Y qué tiene de gracioso eso? —Pues que es un dicho muy viejo para que lo diga una niña pequeña — dijo María. eso es muy triste —dijo María. —Y de papá —añadió Flo. Al pronunciarlas le vinieron a la mente imágenes de ella misma. Siempre te acordarás de tus padres. del T.) ~299~ . cuando tenían ocho y once años. (N. María extendió los brazos para coger a Flo. —No me importa si es gracioso o no —dijo Flo—. Simón y Flo. El sol se ocultó entre las nubes.—Sí. Empezaron a caer copos de nieve erráticos. Duncan mantuvo a Flo sobre su cabeza. Sophie había sacado del bolsillo una barra de chocolate Old Nick y la había hecho circular. Se echó a reír y contó la anécdota a Duncan. las tres niñas se habían acomodado allí imaginando lo duro que habría sido el primer invierno para los Pilgrim. La escarcha había endurecido la tierra y el viento de noviembre les silbaba en los oídos como una galerna. —Uno debe resignarse con lo que tiene —había dicho muy resuelta Sophie. 2 Pilgrim Fathers: primeros colonos de los Estados Unidos. jugando a los Pilgrim2 en el prado de los Dark. María se aupó por la borda y Simón se encaramó detrás de ella. —Sin parar jamás —convino María. y María la cogió en brazos. —Nunca lo harás —dijo María—. quien estaba todavía en el agua con las olas lamiéndole las botas de goma. Todos se rieron. María recordó exactamente las palabras pronunciadas por su hermana a los ocho años. Entonces todos observaron que estaban tiritando y decidieron subir a la lancha de Duncan y encender la calefacción. —Deberíamos contar más historias de mamá —dijo Simón. Sophie y Nell. —¿Y qué pasará si los olvidamos? —preguntó Simón. María había encontrado una hondonada a sotavento de un pinar. —¡Preparados! —contestaron todos. —Y creyó en sus propias palabras. la trasladó por el aire como un ángel con ropa de invierno. —Los Pilgrim no tenían chocolate —había dicho Nell rechazando la golosina por falta de autenticidad. muy cómodos en la cabina.

Fin ~300~ . camino de casa.Entonces Duncan puso en marcha el motor. y la embarcación viró poniendo la proa al viento. Salió traqueteando de la bahía y se alejó de las islas Hechizadas.

Sus excelentes novelas Crazy in love y Angels all over the town se han convertido en grandes bestsellers ~301~ .Sobre la autora: Luanne Rice es una prestigiosa novelista norteamericana residente en Connecticut. Comenzó su carrera literaria ecribiendo relatos cortos en la revista MacCall´s y en otras prestigiosas publicaciones.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful