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El camino de la oscuridad- Parte 4 La mañana siguiente fue la más agitada en meses.

Los planes propuestos en la terraza real debían llevarse a cabo por lo que Zaito había permanecido toda la noche redactando la nueva ley que regiría en el reino. Fue cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo que Zaito declaro la ley ante toda la capital. Al salir por la entrada principal, la misma por la cual habían trasladado a la antigua difunta reina, los representantes de las otras ciudades, Gandel y Feur, se encontraban a los lados de la gran puerta del palacio. Zaito dio unos pasos hacia adelanta para colocarse en el medio de ambos representantes, llevaba un pergamino donde la nueva ley se encontraba escrita. A pocos metros debajo de él se encontraban ocho mujeres zandorianas en fila horizontal observando al concejal Zaito mientras este se acercaba al borde del pequeño balcón. El palacio se encontraba con una multitud pocas veces vista, la muerte de la reina los había afectado y ahora más que nunca se encontraban ansiosos por escuchar lo que Zaito tenía para decir. “Este es un día muy especial en la historia de nuestro reino, Zandor. Ahora que no contamos con nuestra reina, Zandor necesita una nueva representante, una mujer que complazca a nuestro señor Andor y que a la vez proteja a nuestro de reino de aquellos que lo amenacen. Es el momento de nuevos tiempos, es el momento de que nuestro reino tome su primera reforma. Somos un reino joven con muy pocos años pero viendo la inminente necesidad de una líder, se decidió en el día de ayer la siguiente ley. De ahora en adelante las reinas serán electas por el pueblo zandoriano de entre ocho mujeres selectas de nuestras tierras. Estas ocho preseleccionadas deberán de ser jóvenes, con espíritu de liderazgo, castas, inteligentes y además debe contar con la belleza suprema para complacer a nuestro señor. Los representantes de cada ciudad serán seleccionados de entre la nobleza zandoriana por la mismísima reina. Esta podrá decidir si conservar los mismos que la anterior o simplemente nombrar nuevos nombres. Los cargos de capitán de la guardia real y comandante de las fuerzas armadas zandorianas también serán seleccionados por la nueva reina. Sin embargo, la nueva reina electa deberá pasar un periodo de dos años de prueba en el mandato para demostrar si puede conservar el cargo. Durante este tiempo, la reina no tendrá poder absoluto y no podrá nombrar cargos reales del más alto nivel como los anteriormente mencionados. En ese periodo de dos años, el concejal tomara el liderazgo del reino, ayudando y aconsejando a la reina cuando la necesite. Luego de los dos años, la reina toma el poder absoluto, pudiendo realizar los cambios de concejal al igual que de los cargos anteriormente mencionados como le parezca necesario,” Zaito toma una pausa y cerrando el pergamino, se lo entrega a Feur para que este lo guarde. “Con los nuevos cargos escritos y más aun siendo estructurados, daremos comienzo a las candidaturas. Durante las horas de la madrugada hasta hace un momento la ocho preseleccionadas han sido traídos por la guardia del sol, por favor, adelante,” termino diciendo acercándose a las cortas escaleras, esperando que las preseleccionadas suban para poder ser vistas por el resto de los presentes. Las ocho eran preciosas, sin lugar a dudas las más bellas del reino. Luego de las estrictas órdenes del consejo, los guardias habían cumplido movilizando a todo el reino para traer a las mujeres lo más rápido posible. La velocidad con la cual los hechos estaban tomando forma sorprendía a los representantes y aún más al pueblo que en sus rostros se encontraba cierto grado de duda y preocupación ante tal rapidez. Al parecer, Zaito tenía todo previsto desde hace ya un tiempo. Zaito las invito a que se presenten ante la multitud, y dando un paso adelante una a una, se presentaron diciendo su nombre, ciudad, profesión, cualidades y lo más importante porque creen que podrían ser reinas. Algunas parecían tímidas e inseguras, tomándose ambas manos en el vientre y hablando tímidamente. Mientras que otras parecían extrovertidas y seguras de sí mismas, hablando de su vida como si el resto del mundo las conociera. A pesar de sus formas de ser, todas demostraban ser aptas para el cargo y eso tranquilizo a la gente, que algunos se encontraban eufóricos mientras que otros gritando suciedades contra ellas mientras que eran retirados del lugar por los insultos. Una de las ocho era distinta, mientras que las otras se presentaban y ella aguardaba su turno, esta

permanecía con la mirada agachada y su cabello rojo era soplado por el viento. Su brillo corporal zandoriano era diferente, era luminoso como ninguno pero junto al color de su pelo, generaba un color de luz algo rojiza, lo que la volvía exótica de entre las demás rubias o morochas que allí se encontraban junto a ella. Cuando llego su momento, esta dio un paso hacia adelante y levantando la mirada, su rostro parecía el de un ángel, con sus ojos celestes y piel clara como el sol, parecía como un ángel. “Mi nombre es Lila y provengo la ciudad de cristal. Trabajo en las minas de la ciudad de cristal desde que tengo memoria. Podría decirse que soy una mujer trabajadora y fiel a lo que cree que es correcto y yo no quiero ser reina,” dijo Lila, la joven pelirroja dejando boquiabierto a todos los presentes. “Yo quiero renovar este reino, quiero que vea la luz al final del día y no que siempre vivamos en la oscuridad en la que vivíamos con Andara. Ella fue una gran reina pero las cosas pudieron haberse hecho mejor y eso es lo que quiero hacer. No quiero una corona sino el apoyo de la gente para que pueda hacer lo que debe hacerse y limpiar a…,” agrego Lila, terminando interrumpida por el concejal Zaito, generando un escándalo entre los allí presentes que parecían tener ya a su candidata. La dulce y segura voz de Lila había despertado algo en los corazones de los zandorianos que nunca habían sentido y Zaito lo sabía por lo que decidió no dejarla terminar. Los guardias retiraron a las mujeres hacia el interior del palacio seguidos de los representantes y por ultimo una escolta que protegía a Zaito de la gente que allí se encontraba gritando cosas como “¡Esto es una farsa!”, “¡Seremos la burla de los seis reinos!”, “Ningún reino dicta una ley en menos de veinticuatro horas traidores, ladrones!”, pero al final el que más se escuchaba era el nombre de Lila gritado a mas a no poder. Una vez dentro del palacio, Zaito ordeno a los guardias que se llevaran a las mujeres al comedor real para que las prepararan para el almuerzo. Todos se retiraron con excepción de Zaito y Lila, que fue llamada aparte para mantener una conversación privada con ella. “No sé qué te pasa, pero espero que sepas lo que estás haciendo y que recuerdes lo que acordamos, caso contrario no me importara ver tu cabeza rodar por los pasillos del palacio o las calles de los barrios bajos de la capital,” dijo Zaito elevando la voz, enfadado con ella tras su comportamiento allí afuera. “Tranquilo bebe, tengo todo bajo control. ¿Querías que me ganara a la gente?, aquí la tienes, ya son míos, ahora necesitamos seguir con los “veloces” procedimientos que has creado recientemente. ¿En que estabas pensando tomando estas decisiones tan pronto?, no debes abusar de tu poder o se hará notar como ahora cuando dictaste esta ley sin haber esperado un tiempo y asi esperar que la gente se lo creyera,” contesto Lila con una mirada seductora colocada en el rostro cansado de Zaito, que ahora se encontraba más relajado. “Quiero el poder, y rápido, cumple con tu parte del plan y estaremos bien,” termino diciendo Zaito. “Y lo tendrás, y lo tendrás…,” contesto Lila arrojándose hacia adelante besándolo. Zaito la alejo rápidamente, era muy arriesgado que los vieran juntos en una situación tan comprometida como en la que se encontraban. “No vuelvas a hacer esto dentro de estos muros, sabes que hay espías por todas partes, y más ahora que los seis reinos están a punto de firmar un tratado para que se cree la asamblea noble entre los representantes máximos de cada reino y actualmente sin reina, nos encontramos más vigilados que nunca.” Ambos se retiraron hacia el comedor real para disfrutar del banquete que Zaito había preparado para las ocho preseleccionadas. Allí la cabecera se encontraba ocupada por Zaito y a los lados los representantes de las ciudades zandorianas. Tanto Zaito como Lila no se sacaban el ojo de encima, vigilaban cada gesto, cada movimiento cada palabra que el otro decía. Todos los presentes sabían que aquel almuerzo era importante, ya que significaba al más que una bienvenida, una competencia de los más aptos.