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EL BANCO DEL TIEMPO EN CHILE

:

UN PROYECTO DE DESARROLLO HUMANO SUSTENTABLE.

El Banco del Tiempo en Chile: Un Proyecto de Desarrollo Humano Sustentable. 1
1.- Introducción.

Para iniciar una aproximación a las motivaciones que nos han llevado a conformar nuestro Banco del
Tiempo, parece indispensable intentar un somero análisis y descripción sobre la realidad de Chile al entrar al
Siglo XXI.
De acuerdo a los resultados del Censo 2002 para Chile, es posible construir una fotografía de la
situación del país, comparándola con el último censo de 1992.
El primer aspecto relevante dice relación con la composición etárea, en los últimos diez años han
aumentado significativamente los adultos mayores, mientras los menores de 15 años han disminuido.
El porcentaje de población menor de 15 años, disminuyó desde un 29,4% a un 25,7%, en cambio las
personas mayores de 65 años aumentaron desde un 6,6% a un 8,1%.
Otro aspecto relevante dice relación con los niveles de instrucción, así el porcentaje de adultos
analfabetos es de un 4,2%, versus un 5,4% de 1992. En el mismo sentido, el 18% de la población ha cursado
estudios universitarios o técnicos, en comparación a sólo un 10% en 1992.
Esto de alguna forma aparece reflejado en el aumento de la fuerza de trabajo que aumentó desde
un 49% en 1992 a un 52% en el 2002.
Al revisar la descomposición de estas cifras, advertimos que el 22% de los hombres trabajan en
oficios no calificados, cifra que ha aumentado en dos puntos desde 1992. Pero del mismo modo, ha
aumentado de un 9% a un 18% el grupo de profesionales y técnicos. Si bien en las mujeres se repite el
mismo escenario, el porcentaje en los rubros profesionales y técnicos sube desde un 18% en 1992 a un 29%
en el 2002.
En este mismo ítem, cabe destacar que cerca de un 73% se ubica en la categoría de trabajadores
asalariados, mientras sólo un 16% se desempeña como trabajador por cuenta propia.
En el tema vivienda, se observa un aumento pues un 73% de los hogares vive en un inmueble de su
propiedad, sea propio o pagado a plazo, frente a un 68% de 1992.
Ahora bien, al ingresar a estas viviendas aparece alguna mejoría en materia de electrodomésticos,
así el 79% de los hogares tiene lavadora, frente a un 48% de 1992, y un 82% tiene refrigerador, frente a un
55% de 1992.
En el ámbito de los avances tecnológicos se ven avances más relevantes, el 51% tiene teléfono
celular, frente a un 1% de 1992. En cuanto a la computación, televisión por cable e internet, conceptos que ni

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siquiera aparecían consultados en el censo de 1992, las cifras llegan a 21% en el caso de computadores,
24% en la televisión por cable y 10% de conexión a internet.
Finalmente, en materia de género se reitera que en entre los avances aparece un suerte de
equiparidad de géneros, así las mujeres representan un 51% de la población. El nivel analfabetismo es el
mismo (4,2% en 2002).
En este sentido tal vez, uno de los antecedentes más relevantes es que el 32% de los hogares tiene
una jefa de hogar mujer, frente a un 25% de 1992.
Asimismo, se menciona el análisis del Producto Interno Bruto, que en llegó a MM$ 3.873.216.- y en
1996 a MM$ 6.700.595.-; a su vez el ingreso per cápita era en 1990 de $ 295.676.- y ya en 1998 llegaba a $
452.080.-.
Se recogen cifras que hablan de una baja en la población en condiciones de pobreza desde un
38,6% de 1990 a un 20,6% del año 2000.
Aparecen indicadores e informes emitidos por entidades públicas de la comunidad internacional que
nos ubican en lugares privilegiados en las estadísticas mundiales de probidad, así como en altos estándares
de desarrollo humano (nº 33 en 1995) y nuestra economía y estabilidad política es reconocida al
incorporarnos al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y celebrar tratados de libre comercio con
prácticamente todo el mundo desarrollado, en circunstancias que muchas otras economías mucho más
grandes no han podido acceder a tales distinciones.
Se habla entonces de un atraso que parece superado, con un avance cada vez más rápido; no faltan
quienes creen ver en las cifras el umbral del salto hacia el mundo desarrollado.
Pero frente a estas cifras que hablan de un Chile cada vez más moderno y desarrollado, se
comienzan a escuchar cada día más protestas y reclamos frente al estado actual de la situación del país; hay
aparentemente frente a estas cifras tan positivas, un grado importante de molestia o disconformidad, incluso
incredulidad.
Tal y como lo plantea el informe del PUND sobre desarrollo humano en Chile para 1998, hay una
pregunta que parece inevitable: ¿cuál es la razón de una brecha entre evaluación macrosocial exitosa y
la percepción de malestar que tiene la gente?
En primer lugar resalta una evidencia empírica, las cifras macroeconómicas no se traducen
necesariamente en el diario vivir de los chilenos; el supuesto ingreso promedio de los chilenos de US$ 5.000.-
anuales no es más que un ejercicio aritmético.

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Pero por otra parte, aparecen otros elementos de juicio que han sido catalogados como desarrollo
humano sustentable e índices de seguridad humana.
Estos niveles de desarrollo parecen cuestionables cuando la gente siente que los sistemas de salud
no los protegen, que la previsión no da garantías de una vejez segura, que la educación no entrega el
conocimiento necesario para el acceso a un trabajo bien remunerado, cuando la precariedad del empleo es
una amenaza permanente.
Aparentemente el proceso de modernización no ha logrado resolver de manera satisfactoria, la
inseguridad e incertidumbre de la gente, frente a los escenarios complejos y altamente competitivos, que el
mismo proceso genera.
Comienzan entonces a escucharse cada vez más conceptos como, calidad de vida, distribución del
ingreso, participación ciudadana, desarrollo sustentable.

II.- Diagnóstico.

Frente a las grietas de insatisfacción a nivel personal, que ofrece un sistema económico con cifras
macroeconómicas muy positivas, aparece de manifiesto que el hombre no puede ser reducido a una criatura
unidimensional donde la noción de desarrollo sea análoga a desarrollo económico. Las cifras
macroeconómicas mejoran, pero no mejora la vida de los ciudadanos o al menos no hay sensación de
satisfacción.
Aparecen entonces otras dimensiones de la vida humana que se vinculan más estrechamente
con el concepto de desarrollo humano sustentable y seguridad humana.

Ya se ha aceptado que los elementos que permiten evaluar el grado de desarrollo de una sociedad,
no sólo dicen relación con el factor macroeconómico, sino que deben incluirse también la esperanza de vida,
el nivel de educación, la seguridad en el empleo, el sistema de salud y previsión social, el nivel de libertad
pública y de información, la delincuencia y la sensación de temor y por cierto la sociabilidad y el estado del
capital social.
El propio informe del PNUD para Chile el año 2000, propone que no hay desarrollo humano
sustentable sin una sociedad civil fuerte y plantea, que la sociedad civil puede ser catalogada de tal forma
cuando sabe pensar, realizar y determinarse a si misma.

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Es más que un mero grupo de personas, que como decía Habermas, conforman una comunidad
política a partir de una procedencia común, al menos a partir de una lengua, una cultura común y una historia
común.
El mencionado informe constata una paradoja; si bien por una parte el sistema económico produce
mayores expectativas de desarrollo personal, los chilenos ven hoy cuestionada su perspectiva de desarrollo
colectivo; pero ambas tendencias se vinculan, pues la debilidad de lo social termina amenazando la
realización de las potencialidades personales.
Así como en materia de seguridad ciudadana ya es aceptado que la participación ciudadana y la
responsabilidad de la comunidad es fundamental, en materia de desarrollo humano sustentable se ha
entendido también que es preciso que los chilenos sean actores que puedan moldear el orden social que
construyan y por cierto apropiarse del futuro.
Sin una sociedad activa y comprometida con su destino y futuro, no hay futuro ni destino, al
menos no uno propio.

No es posible seguir adelante en este análisis, sin breves palabras sobre lo que entendemos por
política. Nuestro acercamiento es por la vía aristotélica: la política es el arte de gobernar la polis, es decir
aquella actividad que tiene por fin gobernar las ciudades, determinar cómo deben organizarse, qué leyes
deben darse y que sistema económico, de gobierno y social les regirá. Dicho de una manera más sencilla,
tiene por finalidad determinar cómo van a vivir los miembros de una sociedad.
En este sentido, creemos igual que el gran maestro griego, que la política es la actividad propia de
los miembros de la polis; los ciudadanos. Aquellos a los que no le es propia la política no son propios de la
polis, es decir no son ciudadanos. Como dijo Aristóteles, o son Dioses o son bestias.
El proceso de la globalización nos convoca a todos como ciudadanos del mundo (o tal vez sólo como
direcciones IP) a un mercado virtual universal en el que podemos encontrar espacio para todos los productos
e ideas, y por cierto realizar toda clase de transacciones sin movernos de nuestro computador, sin saber
quien es en verdad el que está al otro lado del terminal, sin ningún grado de contacto humano.
Se concreta entonces una de las premisas básicas del nuevo orden mundial, tal vez una de las
falacias más violentas, el que todos somos iguales, planteando que esta modernidad globalizada cumple
algunas de las premisas de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre ( 1 hombre igual 1 PC)
cuando en realidad a través de estos nuevos procedimientos ciertamente pasamos a ser iguales, de manera

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virtual, pues dejamos de ser humanos y nos transformamos en un número, una contraseña o una dirección de
internet.
Cuando los hombres dejan de verse unos a otros como hombres y pasan en cambio a contabilizarse
únicamente como números o claves, el hombre deja de ser hombre y en palabras de Locke puede llegar a
ser “un lobo para el hombre”.
Ya no hay tiempo para nada, la modernidad exige eficiencia, rapidez, procesos automatizados, no
hay tiempo para conversar, para que los seres humanos (para los que se han construido los sistemas de
trabajo) puedan realizar actividades humanas, como dialogar con otros, frente a frente como seres humanos y
no sólo a través de la pantalla de un computador.
Es necesario bajar los costos, tanto operativos como laborales, molestan los sindicatos, las normas
de higiene y seguridad, hasta el fuero maternal. Parece que el mercado laboral ha olvidado hasta el origen de
sus trabajadores.
Los sistemas de ahorro para la previsión y los sistemas de salud exigen altos sacrificios de los
trabajadores y el resultado es siempre frustrante.
Es decir, mientras el país avanza, la seguridad humana en Chile, no es igualmente
satisfactoria y además, se encuentra distribuida de manera desigual.
En materia de seguridad humana la idea central que aparece en todas las investigaciones es “calidad
de vida”, que incluye no sólo el aspecto económico sino que también las aspiraciones que tiene la gente sobre
el futuro, involucra las capacidades de acción colectivas y el modo de ejercer la ciudadanía.
Cuando se habla de las aspiraciones de la sociedad o de los sueños colectivos, se alude
generalmente al concepto de una sociedad más igualitaria, y allí aparece el mayor de los reclamos. Un trato
justo y respetuoso, donde existan espacios comunes que les permitan a los chilenos encontrarse en un marco
de respeto mutuo y seguridad.
Aparece entonces el temor, en al menos tres sentidos: el temor al otro individualmente, el temor a la
exclusión social y el temor al sin sentido.
Se ha producido lo que los sociólogos denominan la “retracción de la sociabilidad”, donde el nosotros
con el que se identifica la gente, en el cual deposita su confianza y con el cual construye sus redes de
relaciones, se restringe cada vez más a los círculos íntimos de familiares y amigos. Lo público aparece como
un espacio ocupado por otro anónimo y a veces, amenazador, así la retracción de los círculos íntimos es la
desconfianza que se tiene de los otros anónimos. El nosotros aparece mas como un refugio y una defensa
que como un espacio de encuentro.

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En otras palabras entre los temores a los avatares de los procesos económicos, el temor al vacío de
la modernidad y la globalización y el temor a los otros, los chilenos del siglo XXI más allá de las cifras
macroeconómicas exitosas, están insatisfechos y asustados, pero sobre todo, solos.
Y esto nos lleva una vez más al concepto de capital social, que dice relación con el grado de
asociatividad, confianza social, reciprocidad y compromiso cívico existente en una sociedad; es decir a la
capacidad que tienen los miembros de una sociedad de construirla reconociéndose y convergiendo,
alcanzando acuerdos y consensos que les permiten tomar el control y el poder del tipo de sociedad que
estiman valiosa construir.
Pero aún cuando hablemos de capital social, podemos advertir que este está desigualmente
distribuido entre los miembros de nuestra sociedad. El grupo socioeconómico más alto dispone de mayor
capital social, lo que de alguna forma refuerza además la desigualdad económica y en efecto, aquellos que
requieren de mayor capital social son aquellos que menos bienes materiales poseen.
Con todo, los estudios del PUND informan que habría un triángulo virtuoso que articula aspiraciones
o sueños, redes sociales y ciudadanía. Las personas que mas valoran los sueños y disponen de mayor capital
social tienden a mostrar una mayor participación política y, a la inversa la mayor desafección política proviene
de quienes tienen menos capital social y menos aspiraciones colectivas. En consecuencia, parece que
aspiraciones sociales, vínculo social y acción ciudadana se refuerzan mutuamente.
Frente a este escenario, se han esbozado tradicionalmente dos respuestas; por una parte la de “los
tecnócratas” y por otra la de “los nostálgicos”.
Los Tecnócratas privilegian el proceso de modernización y sus dinámicas, en resumen plantean a
mayor eficiencia del sistema mayor integración de personas al sistema.
Los Nostálgicos en cambio, reniegan del proceso de modernización y buscan la integración al
colectivo mediante el recurso de las tradiciones y la historia social.
Parece que a esta altura, ambas posturas son al menos insuficientes.

III.- Propuestas.

Entendemos que Chile exhibe cifras macroeconómicas exitosas, que se incorpora a la Comunidad
Internacional con suma distinción y que lidera incluso, algunos de los procesos de modernización en materias
tecnológicas y comerciales.

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Parece que por fin Chile se encuentra en el borde, listo para dar el salto final hacia el mundo
desarrollado.
Pero del mismo entendemos que estos avances no llegan hoy a todos los chilenos, siguen existiendo
millones de chilenos que se mantienen excluidos de estos y otros avances de nuestro país.
A mayor abundamiento, no sólo hay un reclamo respecto de la desigual distribución del ingreso, sino
que surgen también fuertes voces clamando por mejorar la calidad de vida, fomentar un desarrollo humano
sustentable y otorgar seguridad humana al crecimiento del país.
Proponemos a un ente mediador entre el Estado y el Individuo: La Sociedad Civil.

IV.- Los Bancos del Tiempo en el mundo.

Las iniciativas sociales de intercambio de bienes o servicios sin mediar el dinero, aparecen a fines de
los años 80 en el primer mundo, como una manera de solucionar problemas de la vida cotidiana de las
personas. De esta forma, Canadá, Reino Unido y países de Oceanía, se aventuran a presentar modelos de
intervinculación entre las personas de una zona geográfica acotada.
Es ahí donde se insertan los primeros Bancos del Tiempo, bajo la premisa de crear un espacio en el
que los ciudadanos de una localidad puedan intercambiar servicios libremente y en el que la medida de valor
es el tiempo, en el entendido que para todos el tiempo vale igual, 1 hora de tiempo igual 1 unidad de valor,
cualquiera sea la persona y las calificaciones de quien lo entregue.
En el año 1992, la historia de los Bancos del Tiempo en el mundo sufre un punto de inflexión que los
transformaría a la larga en una experiencia exitosa en distintas sociedades cuando en Italia, el sindicato de
pensionistas de Parma pone en práctica el proyecto de intercambiar tiempo para resolver problemas de la
vida diaria. Con el correr de los años, la experiencia se ha replicado en más de 300 ciudades en la península.
La iniciativa, fue rápidamente implementada en otros países del viejo continente, destacando el caso
de Portugal y España. En este último país, sobresale la ciudad de Barcelona, cuya experiencia piloto se puso
en práctica por la Asociación Salud y Familia y el Ayuntamiento de Barcelona, en el barrio del Guinardó, en
1998. En la actualidad, los Bancos del Tiempo se han extendido por todos los barrios de esa ciudad.
En Norteamérica, existe un equivalente desde los años 80, “Time Dollar", en los que una hora de un
servicio equivale a un dólar del tiempo. Este sistema derivó en los Time Bank (Bancos del Tiempo) del Reino
Unido, los que en la actualidad suman 28 en distintas ciudades de Inglaterra.

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En el Cono Sur, y como fruto de otras circunstancias relacionadas con la fuerte crisis económica,
también han adquirido una notable importancia las experiencias de Argentina.

V.- ¿Por qué ahora en Chile?

Al igual que en los países desarrollados en los que se ha implementado esta notable iniciativa, Chile
presenta una serie de características sociodemográficas y económicas que lo tornan en un escenario
adecuado para implementarlo.
Como hemos visto, si bien el notable crecimiento económico alcanzado por nuestro país en los
últimos años, que nos ubica a la cabeza de Latinoamérica y con redes de comercio internacional vía TLCs
con gran parte de las economías del primer mundo y hace de nuestra sociedad una candidata al desarrollo;
trae consigo, no obstante, un aumento en las brechas sociales entre las comunidades chilenas.
La desigualdad se manifiesta en las diferencias por los ingresos, pero por sobre todo en la
limitación y trabas que un mercado moderno exige para la solución de problemas cotidianos a una
clase media en aumento.
Entonces la inversión en capital social y el fortalecimiento de la sociedad civil, aparece con fuerza
como una manera de responder a necesidades relevantes para las comunidades. La experiencia
internacional, en economías tan desarrolladas como Inglaterra, han dado ejemplos concretos de cómo a
través de los bancos del tiempo se rompen los temores naturales de los vecinos en emprender proyectos de
esta naturaleza, cuando ellos comienzan a percibir y valorar los efectos que tiene provoca en sus vidas la
oportunidad de ser cada uno es sí mismo, una oferta de valor, potencialmente necesitada por un tercero.
Como se ha expresado de alguna forma, la idea central del Banco del Tiempo, es la creación de un
espacio que permita a los vecinos de un barrio, el intercambio de servicios, fijando como unidad de valor, el
tiempo y bajo la condición que cada hora vale igual, cualquiera sea quien la entregue.
Pero evidentemente, cualquier ejercicio que implique poner frente a frente a dos seres humanos,
traerá consecuencias que escapan al mero intercambio de servicios. Es propio de los humanos sentir
emociones, buscar conexiones más profundas que la mera satisfacción de intereses y expectativas
individuales. Al poner a ciudadanos cara a cara, para intercambiar servicios, no sólo se genera un espacio de
comercio sino que forzosamente se produce interacción humana.
Un ser humano frente a otro, necesariamente reconocerá en el otro a un igual y eso traerá
esperamos, positivas consecuencias.

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La idea del Banco del Tiempo, no sólo apunta a mejorar la calidad de servicios que reciben las
personas sino que a generar un espacio que propenda a mejorar su calidad de vida; poner a ciudadanos en
condiciones de igualdad, dónde su tiempo es valorado de igual forma frente a sus pares, implica generar
espacios de interacción humana, de contacto, espacios dados a la expresión de necesidades, expectativas y
finalmente de deseos y sueños comunes. Busca disminuir el temor a los otros, en la medida que permite
enfrentarnos de igual a igual, sin miedo a las diferencias.
Creemos firmemente, que más allá de la vorágine de nuestro sistema de vida moderno, los seres
humanos seguimos siendo lo mismo, complejas estructuras de células, huesos y músculos, pero también de
emociones, sentimientos y visiones del mundo y que enfrentados en condiciones de igualdad, obligados a
interactuar, a salirnos de esta locura de requerimientos, comercio y temor, nos vemos como lo que somos:
seres humanos en busca de un destino común.
A estas alturas de la historia humana, en vías de una sociedad cada vez más tecnológica, con una
población cada vez más anciana, con menos recursos naturales, menos espacio, más competencia y más
temor; aparece una vez más el factor humano, aquel que nos habla de sueños, de miedos, de pasiones y
esperanzas.
El Banco del Tiempo, aspira no sólo a aumentar las posibilidades de intercambio de servicios, sino
que sobre todo a constituir un espacio de intercambio humano, de experiencias, conocimientos,
sueños, en suma a abrir un espacio de humanidad, que propenda a fortalecer la sociedad civil y
mejorar la calidad de vida.
No pretendemos reemplazar al mercado, como gran espacio de intercambio económico; queremos
abrir un espacio distinto y por cierto más acotado, mientras el mercado entrega soluciones globales, los
Bancos del Tiempo, entregan opciones de desarrollo a nivel local.
Nuestro proyecto, parte desde la clase media. Entendemos que hoy es la clase media chilena, la
llamada a integrar activamente la asociatividad como alternativa de complementación con el sistema
económico de libre mercado.
Si bien creemos que los modelos de desarrollo ajustados a las características humanas son siempre
positivos para todas las personas, entendemos que el gran germen de viabilidad para un proyecto de esta
naturaleza está en el mesodemo, es decir, en aquella gran clase media compuesta para estos efectos,
aquellos que no siendo pobres tampoco son ricos.
En este mundo moderno de competencia e individualismo, los ricos que tienen recursos propios,
poseen capacidad económica para enfrentar las situaciones límites que afectan su calidad de vida; la

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estabilidad en el trabajo, los espacios de vacaciones y ocio, la seguridad provisional y la salud, la seguridad
personal ante eventos de criminalidad, todo a través de sencillos sistemas de seguros y redes, que se basan
en la existencia de dinero.
Por otra parte, los más pobres, han desarrollado figuras equivalentes al Banco del Tiempo desde
siempre; las ollas comunes, las compras comunitarias, etc. En definitiva, los más pobres, no se plantean
problemas de seguridad en el empleo, tal vez por que nunca lo han tenido al menos de manera formal, no hay
problemas de seguridad en salud, pues han sobrevivido en el sistema público y gratuito, más allá de la
televisión y la publicidad que les muestra las “ventajas” del mundo globalizado, han estado siempre tan lejos
de ellas que su única opción de supervivencia ha sido siempre la solidaridad.
Es en cambio, a nivel de clase media dónde se reproducen los peores vicios y temores de la
encrucijada en que se encuentra el desarrollo de nuestra sociedad chilena hoy; porque nos enfrentamos a
una clase media cada vez más empobrecida, sin sistemas seguros de salud y previsión, con altísimo
endeudamiento e inseguridad frente al empleo, atemorizada frente a la criminalidad y renunciando a los
espacios comunitarios, encerrada en sus casas (sin la seguridad de los ricos ni la solidaridad de los más
pobres). Gente que compró el sueño del desarrollo neoliberal, pero que no tiene recursos para pagarlo.
Por esto, creemos que es este estrato societario, el lugar dónde existen no las mayores necesidades,
pero si las mayores insatisfacciones y temores, pero a la vez, es un espacio donde existen recursos
profesionales y técnicos que permitirían un intercambio más fluido.

VI.- ¿Qué es El Banco del Tiempo?

“Es un espacio democrático de diálogo e integración en el que los
ciudadanos vecinos de un barrio, en un marco igualitario determinado a
través del valor tiempo, intercambian y comparten, sus capacidades, ideas y
habilidades, con la finalidad de fortalecer un espacio de desarrollo
comunitario que bajo el modelo de la asociatividad propenda a la
participación ciudadana, al fortalecimiento de la sociedad civil y al
reforzamiento de la igualdad y dignidad de las personas, sin distinguir su
género, condición social ni económica”

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• El Banco del Tiempo intenta romper el aislamiento de la vida urbana, creando un espacio distinto
para compartir, acercar a las personas y desarrollar valores de solidaridad y cooperación.

• A través del intercambio de tiempo y habilidades, el Banco del Tiempo busca fomentar en la
comunidad los servicios de cooperación entre quienes la conforman, facilitándolos a través de un
sistema organizado y accesible. Un punto de encuentro entre la oferta y la demanda de tiempo y
tareas.

• El valor de intercambio es el tiempo, y la premisa igualitaria esencial, es que la hora vale igual,
cualquiera sea el servicio o características de quien lo otorgue… 1 hora igual 1 peso.

• Bajo este modelo, los vecinos de un barrio o localidad, podrán intercambiar servicios en un marco de
igualdad y el Banco del Tiempo, bajo un modelo de administración bancaria que llevará a su cargo
una cuenta corriente por cada asociado, en la que se registrarán los movimientos de tiempo, tanto
por los servicios aportados como por los recibidos.

La misión central es crear un espacio autónomo de desarrollo comunitario, que propenda bajo el
modelo de la asociatividad, a la participación ciudadana, al fortalecimiento de la sociedad civil y al
reforzamiento de la igualdad y dignidad de las personas sin importar su género, edad, condición social ni
económica.

Santiago de Chile, mayo de 2006

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