AMLO y ALM

Acentos Jesús Gómez Fregoso
2012-06-22

Todos saben quién es AMLO, y los viejos recordamos a ALM, en buena parte porque no sería sino en los años cincuenta cuando se estableció en México la costumbre de señalar a los políticos por sus iniciales: antes nadie se refirió a Lázaro Cárdenas del Río como LCR o a Plutarco Elías Calles como PEC, en cambio, a mediados de los cincuenta, sabíamos que ALM era Adolfo López Mateos. La semejanza de este personaje con AMLO la refiero simplemente a la manera tan diferente y contrastante como ambos llegaron a la candidatura presidencial. Conocemos de sobra la trayectoria de AMLO, y me limitaré a hablar de ALM. Habrá que decir que en la designación de López Mateos se inventó aquello de “el tapado”, es decir el elegido por el dedo omnipotente del Señor Presidente y que los demás ignorábamos quién era. Se puso también de moda lo de “el dedazo” que destapaba al tapado. “El tapado” es invención de los años cincuenta, cuando también se comenzó a hablar de “el dedazo”, que tenía

decenios vigente, pero sin que nadie lo conociera con ese nombre. En el siglo XIX nadie lo usó, ni siquiera Su Alteza Serenísima Don Antonio de Padua María Severino López de Santa y Pérez de Lebrón, tampoco lo usaron ni Don Benito, ni Don Porfirio adictos compulsivos a la reelección. El dedazo lo inventó Carranza; pero Obregón se alebrestó y se deshizo de Don Venustiano; luego Obregón dio el dedazo a favor de su compadre Calles y después en favor de él mismo, pero apareció José de León Toral. Después Calles dio sucesivamente el dedazo a favor de Portes Gil, de Ortiz Rubio, de Abelardo Rodríguez y de Lázaro Cárdenas y éste siguió con la costumbre, que no terminaría sino hasta los tiempos de Zedillo, a quien no le dieron oportunidad de tapar y luego destapar a su elegido. Para los jóvenes de ahora, para mis alumnos, nada les dice eso de los tapados y los destapes, del dedazo, del carro completo, del “candidato” único, del besamanos después del informe, del partido oficial. Les parece normal que en vísperas de elecciones no se sepa quién va a ganar. Su capacidad de imaginación no les da para entender que para nosotros los viejos era “normal” por varios decenios, los 70 años del PRI, saber que “el candidato” infaliblemente sería el próximo presidente. No olvido mi primera experiencia pre-electoral, allá por 1942, cuando iba a llegar al rancho en que nací, el general

Marcelino García Barragán. Mi papá, aunque era de la oposición, por su empleo tuvo que organizar la comida a favor del candidato. Yo tenía nueve años y recuerdo que le pregunté a mi papá: “¿qué es eso de el candidato”?, y mi papá me dijo: “el candidato es el señor al que los políticos van a poner de gobernador”. Subrayo que no había candidatos, sino “el candidato”. Volviendo al destape de ALM, Enrique Krauze nos ilustra sobre cómo Ruiz Cortines se divirtió en destapar al “candidato”, después de meses de incertidumbres y especulaciones sobre quién sucedería en la presidencia a Don Adolfo, apasionado jugador de dominó: “era tal la pasión de Ruiz Cortines por el dominó, que sus colaboradores temían jugar con él, no por las apuestas mínimas que se cruzaban, sino porque el presidente se enojaba si el compañero cometía alguna pifia. Le encantaba el dominó porque se parecía a la política. Mejor dicho, le gustaba la política porque se parecía al dominó:
“En el dominó, como en la presidencia –sentenciaba–, no hay que hablar, es un juego de mudos. Las señas son recomendables si se hacen con discreción y elegancia. No admitir ni dar cachirules. Si el juego viene mal, desatiéndalo.

De las mulas hay que deshacerse con rapidez y a los contrarios ahorcárselas sin piedad. Y no lo olviden: vale más un mal cierre que una pasada en falso”.

La sucesión de 1958 fue, para Ruiz Cortines, una hilarante partida de dominó político. Su estrategia consistió en disimular, ocultar, proteger a su candidato (Adolfo López Mateos) y simular por separado con por lo menos tres de sus colaboradores, en el sentido de que optaría por ellos” (La Presidencia Imperial, Tusquets, p. 210). Como se ve, la designación de AMLO fue muy diferente a la de ALM.

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