Primero de julio

Acentos Jesús Gómez Fregoso
2012-06-29

El primero de julio no será la primera vez que marque la fecha de las elecciones; por lo menos hubo ya otra ocasión en que se acudió a las urnas el primero de julio. La reelección de Álvaro Obregón, héroe de la revolución contra la reelección, fue también el primero de julio. El Manco de Celaya no tuvo necesidad de debatir. No existía el “yo soy el 132”, aunque la Guerra Cristera estaba en su apogeo. Oficialmente el sonorense, durante esos años, 1924 a 1928, según actas de la policía era un mexicano común y corriente “agricultor de oficio”, alejado de la política y dedicado a cultivar garbanzo. El sonorense viajó a su tierra, por los rumbos de Cajeme, a fines del mes de junio para esperar pacientemente el resultado de la elección, en la que era candidato único. No gastó nada en su campaña ni en propaganda impresa ni la radio incipiente. Tampoco hubo necesidad de encuestas ni sondeos. Desde el mes de octubre del año anterior se fue viendo cada día con más claridad que el vencedor en las elecciones del 1 de julio sería Obregón. El 4 del octubre anterior, en Huitzilac, Morelos, fue asesinado, en forma brutal y muy cruel, Francisco Serrano con 13 de sus amigos y días

después, el otro posible contrincante, el general Arnulfo R. Gómez, aunque enfermo, fue puesto contra un muro en el panteón de Teocelo, y acribillado. De suerte que los dos posibles contrincantes del sonorense perdieron el “debate” y la vida: no había ningún oponente a la vista. Todavía un mes después, el 13 de noviembre, Luis Segura Vilchis y sus compañeros arrojaron unas bombas caseras al Cadillac en que Obregón se paseaba haciendo tiempo para llegar a los toros. De los compañeros de Segura se escapó milagrosamente José González, chofer del automóvil Essex en que viajaban los que intentaban liquidar al manco de Celaya. Tuve el gusto de conocer a don José González en Guadalajara en los años setenta para que me contara su experiencia ese 13 de noviembre. Don José, igual que Luis Segura Vilchis, consideraba que eliminar a Obregón eran una simple “acción de guerra” de los cristeros. Muy diferentes pues eran los debates y campañas para llegar a la presidencia en ese lejano 1928, ante-antieres muy diversos a los nuestros de partidos políticos, de IFE; de credenciales para votar con fotografía y debates televisados. Serrano y Gómez, hay que decirlo, eran también adversarios muy distintos a lo que puedan ser AMLO, Peña Nieto, Josefina o Quadri. Los primeros meses del año 28, medio año antes de la elección nadie dudaba que el próximo presidente sería Obregón, y no sé si los mexicanos tuvieran dudas sobre cómo votar el 1 de julio, con un candidato único.

Nuestros abuelos y bisabuelos se ahorraban horas de discusión sobre la idoneidad de los posibles candidatos. En las antevísperas del día de las elecciones, en el mes de mayo por ejemplo los mexicanos se preguntaban si en el futuro simplemente verían cómo Obregón y Calles se turnarían la presidencia. Se dice que la pregunta se la hicieron a Obregón, quien contestó: “No. Cuando concluya mi nuevo periodo de seis años, estaré agotado, si no por mi edad, si por el peso de trabajo. Y uno debe tener presente que Calles es más viejo que yo. Ésa no puede ser la solución. Ésa no sería garantía ni para el país ni para la revolución.” Según John W. F. Dulles, en su libro Ayer en México, Obregón hablaba de que era necesario crear una organización política o social con un programa definido y de acción permanente, para “garantizar la supervivencia de los principios revolucionarios al usarse senderos democráticos… debemos aprovechar los seis años de mi gobierno para crear esta organización, este partido político que deberá ser una expresión de nuestros sentimientos y deseos. Y debemos aprovecharnos también de esos años para producir nuevos hombres en nuestras filas, capaces de tomar bajo sus manos la dirección y la responsabilidad de nuestro movimiento.” (Dulles, Ayer en México, p. 332.). Ese “movimiento” culminaría con la fundación del Partido Nacional Revolucionario, con Plutarco Elías Calles como Jefe Máximo de la Revolución.

No me preocupa quién gane el domingo: si el país sobrevivió a las once presidencias de Santa Anna, podrá sobrevivir a cualquiera.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful