Esperanzas e ilusiones

Acentos Jesús Gómez Fregoso
2012-08-03

Me encantaría tener una historia de lo que los mexicanos hemos pensado en los días siguientes a las elecciones: de las esperanzas y las ilusiones, de las preocupaciones y angustias sobre cómo gobernará el presidente electo. En las elecciones de 1867, que ganó en forma aplastante Don Benito, el país estaba ilusionado con el equipo que había vencido al Imperio; en cambio en la siguiente elección, del 26 de junio de 1871, el Benemérito “triunfó” en una elección que fue una farsa, como expresó días después Don Ignacio Ramírez, el Nigromante: “ni los mismos juaristas se encuentran satisfechos de la farsa electoral del domingo”. En 1911, los mexicanos fueron a votar animados por una inmensa ilusión y el 6 de noviembre, cuando Francisco Ignacio Madero, iba a tomar posesión de la silla presidencial
“desde las seis de la mañana comenzaron a sonar los silbatos de las fábricas y talleres mientras las campanas de todos los templos fueron echadas a vuelo… el Club Aquiles Serdán invitó a las bandas musicales de los pueblos circunvecinos a dar “las mañanitas” al señor Madero…

El mismo club levantó cuatro arcos triunfales en la avenida San Francisco. Millares de personas se arremolinaron en las afueras de la Cámara de Diputados para esperar el arribo del nuevo Jefe de la Nación… El carruaje ocupado por el Señor Madero era escoltado por fuerzas revolucionarias al mando de lo generales Pascual Orozco, Gabriel Hernández y Cándido Aguilar… Por la noche hay una serenata en la Plaza de Armas, quemándose castillos y ejecutando piezas musicales las bandas de artillería”.

Ya más cerca de nosotros, no se puede olvidar que en el 2000, después del triunfo de Vicente Fox, hubo también gran expectación e ilusiones por la llegada de un nuevo partido al poder. Recurriendo a mi memoria, diré algo referente a los años de mi vida; aunque, obvio es, que la visión de las cosas fue variando con la edad y no resulte clara y uniforme la imagen que pueda presentar. Ciertamente en 1940 para los jaliscienses del campo, testigos o retoños de los que padecieron los años del caudillismo, de la rebelión delahuertista, de las dos cristiadas y los excesos militaristas y represivos de los años del maximato y del cardenismo, con sus arrogancias de la naciente CTM y de la CNC, la elección del “presidente caballero” nos inspiró sueños de tranquilidad y vida pacífica, en vísperas de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial.

Recuerdo también, en 1946, que, después de la matanza de ciudadanos de León, a principios del año, cuando el PRM cambió a PRI, la campaña presidencial de Miguel Alemán había suscitado esperanzas, en los años de la Segunda Guerra con indicios de prosperidad. Creo también recordar un clima de tranquilidad en la elección de Ruiz Cortines, aunque la oposición, claro está, reclamaba los excesos del carro completo del PRI, que iniciaba el apogeo del presidencialismo omnipotente e irrebatible. La campaña presidencial de López Mateos la seguí muy de cerca en la ciudad de México, donde asistí a muchos mítines y no olvido el rechazo progresivo que fui sintiendo al candidato oficial al sentir de cerca la poderosa maquinaria aplastante de los equipos de campaña: fui sintiendo cada día más la repugnancia y rechazo al andamiaje despiadado y maquiavélico del PRI. Irónicamente en 1962, último año de ALM, por una historia larga de contar, el desfile del 16 de septiembre lo presencié de uno de los balcones de Palacio Nacional, y al terminar di la mano al presidente, a quien vi tremendamente desmejorado en comparación a como lo había visto seis años antes en sus campañas. Cuando subió Díaz Ordaz a la silla, se vivía “el milagro mexicano” y se habían superado varios conflictos. Hasta donde creo recordar, se pensaba que continuaría todo igual que con López Mateos.

Cuando subió a la silla Echeverría, estaba yo fuera del país, pero me imagino que, muy frescas aún las imágenes del 68, habría grandes dudas y expectativas. En 1976 tengo muy presente el discurso de toma de posesión de López Portillo que me gustó mucho, a pesar de mi fobia priista. Probablemente en el 2000, más recientemente, con Fox, fue la ocasión de mayores expectativas e ilusiones. ¿Qué pensamos ahora, después del triunfo de los vales y tarjetas de Soriana?

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