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«Creo en la Iglesia» ¿Podemos creer en la Iglesia?
José I. GONZÁLEZ FAUS, SJ. «La santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados...» (Credo romano). «Y una sola iglesia santa, católica y apostólica...» (Credo nicenoconstantinopolitano). Se puede responder de tres maneras a la pregunta del título: a) Con respuesta de concurso televisivo o de exámenes de MIR o de selectividad: No. b) Con respuesta de catecismo: No, Padre, ni podemos ni debemos. c) Con respuesta creyente que intenta elaborarse con seriedad: no podemos creer en la Iglesia, pero sí debemos creer eclesialmente. En este artículo, naturalmente, hemos de desarrollar la tercera respuesta. Pero para ello habremos de comenzar metiéndonos un poquito por los datos de la formación de los credos. 1. Credos sin Iglesia

En los primeros esbozos de credos no aparece la Iglesia: «Encontramos muy pocas menciones de la Iglesia y de la vida eclesial durante la prehistoria del Símbolo, antes de la Epístola de los apóstoles» 1 (hacia el 170), que es el primer credo que trae el Denzinger (cf. DS 1) La razón de esta ausencia es clara: creer, lo que se dice creer, «sólo se puede en Dios».Y sería mejor traducir creer «hacia Dios», como haremos a lo largo de este artículo, aunque sea violentando el castellano. Porque creer es un movimiento que va más allá de la fórmula: según la conocida enseñanza de santo Tomás, «el acto de fe no termina en un enunciado, sino en una realidad»: la Realidad del Dios-Comunión. Creer es como una «salida de sí hacia el Padre, hacia el Hijo y hacia el Espíritu Santo». Lo demás pueden ser creencias, pero no es fe. 2. Nuestros dos credos Hacia el siglo II comienza a entrar la Iglesia en los credos. El cristiano «de antes» sabía por lo menos que hay un credo largo (el de la Misa, sobre todo de las misas «cantadas») y un credo corto (el del catecismo). Añadiendo algo más de información útil, podemos decir que el segundo es el llamado credo «romano», que se encuentra ya germinalmente en la Tradición Apostólica de Hipólito, de fines del siglo II, aunque allí está en forma de preguntas2. Ese credo queda prácticamente constituido en el siglo IV, aunque hacia el siglo Vlll se le añade una o dos frases (la comunión de los santos y el descenso a los infiernos). El otro credo (el largo) es también el fin de un proceso que, según el concilio de Calcedonia, quedó concluido el 381, en el concilio de Constantinopla3. En Oriente entró casi en seguida en la liturgia. En Occidente pasó a la liturgia hacia el siglo VI, y más tarde dio lugar a todos los líos del añadido del «filioque». Cualquiera percibe en seguida que el credo occidental es más breve y más sobrio, mientras que el oriental es más largo, quizá también más rico, pero ya cargado de algunas expresiones filosóficas no fáciles de entender. Quizá por eso, y por los orígenes vitales y no meramente geográficos de ambos credos (es decir: una fórmula bautismal y una declaración conciliar), se decía antiguamente que el
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B. SESBOUÉ y J. WOI INSKI, El Dios de la salvación, Salamanca 1995, p. 100 Ver el n. 21 de la Traditio Apostolica. 3 Por eso se le suele llamar «niceno-constantinopolitano». Aunque es honesto añadir que no todos se fian de la información del Calcedonense en este punto.

Pascasio Radbert había escrito: «No digamos: 'creo en la santa Iglesia' (in ecclesiam). Hijo y Espíritu. 4. como creo que existe la vida eterna. Profesamos un bautismo y una Iglesia santa y católica. pero «credo ecclesiam»). que la fe en el Dios cristiano es necesariamente eclesial. . suprimiendo la sílaba 'en'. tal como dice el papa san León» (2. sin la preposición in. c) La fe hacia Dios Padre. sino al «Espíritu Santo». se me permitirá que en este apartado recurra al latín (por otro lado. De otro modo. La Iglesia es el sujeto del credo. CREER-EN Pues bien. no un objeto de fe. dador de vida. que se contradistingue del ablativo (credo in Deo) y del acusativo sin preposición (credo Deum). Para comenzar con el testimonio más autorizado. en esa concepción de la fe como movimiento dinámico hacia el Dios que es Comunión Absoluta (y que tratan de reflejar los credos). Y una última observación: el problema. El castellano sólo conoce la fórmula «creo en». para la comunión de los santos y para la vida eterna. ¿Por qué no podemos creer en la Iglesia? Dada la pobreza del castellano en este punto. es hora de pasar a la Iglesia. y puede dar la impresión de que es prácticamente lo mismo «creer en Dios» que creer «en OVNIS». 2ae. hacia el siglo IX. ni siquiera se lo plantean los credos porque para ellos la Iglesia no es la institución eclesiástica ni la jerarquía. Por tanto. que creer en la Comunión Absoluta nos constituye en Iglesia. ad 5). lo cual es ilícito. que equivale a aceptar que la Iglesia existe. y no tendría sentido decir que se cree a sí misma. unos ministerios y una mínima institucionalización. El latín y el griego tienen para ello un recurso lingüístico del que carece el castellano: la proposición «in» con acusativo (credo in Deum). vamos a mostrar que toda la teología clásica explica el credo en el sentido arriba dicho. Es decir. ¿Cómo aparece entonces la iglesia? Un recorrido minucioso por los credos primitivos daría este balance sobre la presencia de la Iglesia en ellos: a) El acusativo sin preposición («credo in Deum». Dios sí. pero sin la proposición «y». más allá de las oscuridades documentales. aunque no el más antiguo. como se profesa que existe «un bautismo para el perdón de los pecados»4. de creer «a la Iglesia». I. Y ahora que tenemos situados nuestros dos credos. Hecha esta anotación. Pero es mejor conservar el uso común y decir simplemente: 'la santa Iglesia'. bien inteligible) para citar el creer «in ecclesiam» o el creer «ecclesiam» o «in ecclesia».. que procede del Padre. por supuesto. b) El acusativo con preposición.» (cf DS 51). vinculado no al verbo «creo». Retomaremos este punto al final. 3. demos la palabra a santo Tomás: «Se podría decir 'credo in ecclesiam' si se entiende refiriéndolo al Espíritu Santo que santifica a la Iglesia. para el perdón. Por eso ahora—más allá de los datos positivos —nos interesa encontrar su fundamentación teológica. Iglesia no. pero marcando que esa fe acontece «en la Iglesia»s. Repito que éste es un balance algo simplificado (aunque creo que bastante exacto) de una complicadísima cuestión documental.2 primero es un credo para fieles. sino que. El cual necesita. Creo hacia el Padre y hacia el Hijo y hacia el Espíritu Santo (que trabaja) a la Iglesia. Con ello confunde la fe con la creencia. y el otro un credo para obispos.. que seria tan actual. digamos: 'creo que existe la santa Iglesia'. pero no que éstos suplanten al pueblo. La Iglesia designa aquí un ámbito de fe. sino el pueblo santo de Dios. sin distinción de casos ni preposiciones. Nosotros creemos 4 El credo que se conserva en las Catequesis de Teodoro de Mopsuestia deja claro este sentido poniendo el bautismo por delante de la Iglesia: «(creemos) en el Espiritu Santo. parecería que creemos en el hombre.Mucho antes que él. 9. nunca aparece la Iglesia como objeto de fe.

como consecuencia de esa fe. Lo cerraré con dos testimonios de la más proverbial ortodoxia: el cardenal Torquemada (hacia 1448) y el catecismo del Concilio de Trento. En su versión original.. Meditación sobre la Iglesia. legítimo concluir con una síntesis magistral de san Ildefonso. Iglesia no») que tanto miedo daba a los obispos y que es tan absolutamente verdadera en un sentido como falsa en el otro. con el Espíritu Santo en la santa Iglesia» (n. Creer eclesialmente. Hijo. Y luego cambiamos el modo de hablar y decimos 'la santa iglesia' y no 'in sanctam ecclesiam' para. La misma razón había dado ya Fausto de Rietz hacia el siglo V: «Quien cree in ecclesiam cree en un hombre: pues no fue formado el hombre por la Iglesia. que nos introducirá en el tema de este apartado: «cree hacia Dios (in Deum) aquel que. que ahora comentaremos. 7 PL 96. nuestros dos credos dicen: «credo in Spiritum sanctum. Y de una claridad meridiana es el catecismo del Concilio de Trento.1) producido por la misma fe.. catholicam et apostolicam ecclesiam»7 . sino la Iglesia formada por hombres. un siglo más tarde. Y «et in Spiritum Sanctum. Quizá lo harían para contrapesar aquella proclama antigua de la juventud («Jesús sí. porque esto sería idolatría y no fe: pues aquello hacia lo que creemos (in quod. Fijémonos en la razón aducida: creer en la Iglesia sería creer en algo humano. 23). n. Sólo Dios es objeto de fe. pero que un grupo de los obispos más conservadores forzaron la pequeña herejía de la traducción actual. Pues en las personas de la Trinidad creemos de tal manera que ponemos en ellas toda nuestra fe. pues la Iglesia no es Dios.. La Iglesia entra 5 6 También la ya citada Traditio apostólica reza: «Gloria a Ti. 1404). La Iglesia no es ni puede ser objeto de fe. 28-41. Pero no creemos en la Iglesia como en Dios. Alguien me contó (y no puedo garantizar la verdad de la anécdota) que esta cuestión ya se planteó en la conferencia episcopal cuando la traducción de los textos litúrgicos. 11). como ya había visto muy bien Pascal. para no convertir en idólatras sumisos a nuestros pobres fieles obedientes6. 6). idolatría. creemos que existe la Iglesia»5. la fe no es fe en la Iglesia. DE LUBAC. tal como se hacía antes a las palabras «y se hizo hombre». Padre. cap. 1. con el que cerraremos este rápido repaso: «Hay que creer (que existe) la Iglesia. Pero la fe en el Dios Trinitario es necesariamente comunitaria. pues. valga ésta de san Pedro Crisólogo. que es Comunión plena y total y que implica la ausencia de pecado y la vida eterna. de ti esa persuasión blasfema de pensar que debes creer en alguna creatura humana (in aliquam humanam creaturam)» (PL 62. Si se me permite todavía una cita. La enseñanza es tan clara. Y les dice: «El Concilio no nos mandó creer en algo que no sea Dios. 10. que devolvamos a nuestra profesión de fe su sentido verdadero.El florilegio sería inacabable. por tanto. confiesa la santa Iglesia» (PL 52. todas estas citas y otras más se pueden encontrar en la obra clásica de H. 127 D. con estos lenguajes diversos. confirmaría algo que la teología enseña sobradamente: hay pocas cosas más heréticas que una ortodoxia rabiosa. c. Aparta. Es decir: creer es entrar en contacto o tender hacia el Misterio Santo. Es muy de desear. distinguir al Dios Creador de las creaturas» (Parte I. 5. et unam (también sin preposición). 360C). sanctam. Cf. I. Es. sería.3 sólo en Dios y en su única Majestad» (PL 120. en su movimiento hacia Dios.pp. que nos dará el paso al apartado siguiente: «Creemos hacia Dios (in Deum) y creemos que existe su santa Iglesia. y la cuestión tan seria. que no me parece impropio cerrar este apartado pidiendo a los responsables de nuestra Iglesia que se haga un cambio en la traducción de nuestros credos. por tanto. 20). La Iglesia es como el «sacramento de esa comunión» (LG 1. Por tanto. DS 30 y 150. Pero si la anécdota es cierta. Madrid 19983. pero la fe es necesariamente eclesial. pues.. Creemos hacia Dios de una manera única y. . Como más de un lector habrá sospechado. 1402. pero no creer in ecclesiam. sanctam ecclesiam» (sin preposición) para el credo romano. Torquemada polemiza contra algunos que en el concilio de Basilea inclinaban la rodilla al mencionar a la Iglesia en el Credo.) designa el término final de nuestra fe» (Summa de Ecclesia.

«Jesús sí. Da lo mismo. «a la carta». sólo puede hacerse en comunión. 2ª. como hemos dicho. En conclusión: la Iglesia no es objeto. Por eso en el credo. no se cree en la Iglesia. Santander 1991.4 en la fe. Una fe así estaría terriblemente amenazada de no ser fe en el Misterio que es Comunión Absoluta. Hijo y Espíritu. pp. como escribía san Pablo a los romanos: estamos salvados sólo en esperanza. sino que esa reivindicación hecha por Dios a Jesús posee lo que Hünermann llama «una universalidad escatológica». ni contenido de la fe. y en el credo. 667-668 y 675-678. me quedaría en este caso con la esperanza. Lo que hemos expresado aquí desde la estructura trinitaria del credo. y de la que la Iglesia es símbolo y señal. además de un don. Visión creyente del hombre. . igual que uno va al mercado o al restaurante sin estar comprometido por lo que solicitan otros. una profunda exigencia para la Iglesia. si se prefiere. pero en una esperanza que no defrauda. No hará falta precisar hasta qué punto esto es. y definiría a la Iglesia del credo como «comunión de los que esperan». Pero resultaba absolutamente fatuo si lo que pretendía era abogar por una fe meramente individual. al lado de la Iglesia y la comunión de Lo Santo siguen inevitablemente el perdón de los pecados8 y la vida «eterna»: la vida en plenitud de comunión9. como profesamos que hay un bautismo para el perdón de los pecados. Porque creer en un Dios que es Comunión Absoluta no puede hacerse sino en forma de comunión. Creer en el Resucitado (o «verle») es creer y experimentar la resurrección universal. Creemos que el Espíritu Santo trabaja a la Iglesia para convertirla en comunidad de fe. al creer que «Lo Santo» es comunión (y no meramente ser o poder) estamos nosotros entrando en esa comunión. sino proyección de deseos individuales. Para ampliar un poquito más este punto. Iglesia no». estamos anticipándola y poniendo en acto la comunitariedad de la fe. resultado de la fe hacia Dios Padre. Por eso los credos romanos alinean muy bien la santa Iglesia y la comunión de los santos. Es una dimensión intrínseca de la fe. en la que uno intenta creer sin vinculación con lo que creen los otros. Hijo y Espíritu. de la que brotan «la misión evangelizadora de los discípulos y la constitución de las comunidades». podría expresarse también desde la cristología: lo original de la Resurrección de Jesús es que no se limita a ser la reivindicación particular de un justo o de un mártir. Sal Terrae. quizá como reacción de defensa contra una jerarquía que a veces da la sensación de pedirnos que creamos en ella como en Dios. El grito aquel. Ésa es la Iglesia «santa». sino el modo de la fe. Y si aceptamos como más primaria la versión en neutro de la «communio sanctorum» propuesta por Zahn (comunión de «las cosas santas». O. esperanza y amor. remito a mi antropología teológica: Proyecto de hermano. O con las otras versiones aludidas antes: profesamos que el Espíritu Santo (el «Dador de Vida que habló por los profetas y que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo») está trabajando el mundo entero hacia esa configuración que es la comunión plena por el perdón total y la vida eterna. una modalidad de la fe en el Dios Amor. que anticipa la meta definitiva. esa salida de sí convierte la existencia creyente en comunión: los otros no pueden estar ni ser ajenos a mi fe. en la medida en que la estructura del acto de fe es la de «salir de sí hacia Dios». porque es la Iglesia la que cree. podía tener su sentido. O. Y si hubiese de quedarme con una de las tres (que son inseparables). ni término. Pero también: esa Iglesia que entra en el Credo no es ni la jerarquía ni lo que hoy hemos dado en llamar «Iglesia institución» (por muy necesarias y respetables que sean ambas): la Iglesia que entra en el credo es la Iglesia-comunión. 8 9 El pecado puede definirse sencillamente como aquello que rompe la comunión. Pues. Porque creer en un Dios que es Comunión Absoluta. Porque. si lo preferimos con la versión de los credos orientales: porque creemos hacia Dios Padre. profesamos que existe la Iglesia. o comunión de Lo Santo). no para designar el término.

Incluso.. Creemos en el Espíritu Santo. Y tiene poco sentido recitar hoy una profesión de fe antiarriana cuando. una profesión de fe anticapitalista. de la misma naturaleza que el Padre». puede percibirse que. y gustó el dolor. Nuestros buenos cristianos repiten: «Dios de Dios. universal y particular. sino que pretende ser una retraducción parafraseada del símbolo nicenoconstantinopolitano. sin entender lo que dicen ni por qué lo dicen. que ha puesto en marcha esta historia para que seamos hijos suyos y hermanos entre nosotros. que se expresa y recibe en el bautismo.4ss. denunció el egoísmo del hombre y sanó las heridas del Mal. porque es elemental que cualquier creyente tiene derecho a entender su propia profesión de fe. se hizo uno de nosotros.. Es sólo una tentativa modesta. Inmanipulable y que sopla donde quiere. hace posible y facilita. la injusticia. transparencia y calco del mismo Dios.3ss. pongo por caso. Ello acabó de encrespar a los orientales contra Roma. que viene de los Apóstoles. fue condenado a morir por los poderosos. En realidad. en tiempos de Poncio Pilato. porque nos une con una larga serie de creyentes que han venido proclamándolo durante más de quince siglos. Profesamos que existe el perdón de los pecados. suaviza. Pero Dios lo resucitó cumpliendo las Escrituras. los credos (sobre todo en Occidente) no han sido fórmulas fijas e intocables. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida sin fin junto a Dios. que otros podrían rehacer mucho mejor. Amén». santa aunque pecadora. aunque se hizo sin respetar las reglas establecidas (procedimiento del que Roma se ha valido demasiadas veces desde que los papas tienen poder temporal). en Occidente se le añadió el «filioque». La alternancia entre el símbolo antiguo y algunas reformulaciones modernas expresaría que la catolicidad de la Iglesia es a la vez diacrónica y sincrónica. quisiera concluir el presente artículo reproduciendo un credo que se reza algunos domingos en alguna iglesia de Barcelona. Padre que está fuera del tiempo y Origen de todo. abandonó su condición divina. la muerte y el abandono de Dios. Y cuyo aliento infunde vida. Pero no sería bueno recitar sólo ese credo. Hijo único del Padre. . Entendiendo «catolicidad» en su sentido más primario: como la unidad del Espíritu en lo plural y diverso. No hay que dejar de recitar el símbolo niceno. libera. Creemos en un solo Señor: Jesús. como Juez de este mundo y de esta historia. En este sentido. lo que más necesitaríamos sería. Que por nosotros los hombres y para nuestra salvación. cuyo esquema mantiene con fidelidad. la gente se siente mejor expresada y entiende mejor lo que dice cuando recita el credo «clásico». ilumina. por ejemplo. Lo que quisiera sugerir en este apéndice es la conveniencia de que los credos no sean sólo fórmulas fijas. durante el primer milenio del cristianismo. Aquí va. pues. y Rom 12. Profesamos que existe la Iglesia: una aunque dividida. y hoy vive con la vida misma del Padre. no introduce novedades. el Mesías. Por vivir así. a lo mejor. Y volverá a estar presente al fin de los tiempos. su texto para concluir: «Creemos en un solo Dios. De esta manera. luz de luz. Amor del Padre y del Hijo. del que cabe decir que era conveniente en su contenido. tal como la expresa 1 Cor 12. nació de mujer por el Amor de Dios. alternándolo con el clásico.5 Apéndice Por lo que hemos dicho en los dos primeros apartados. Pero este punto no importa ahora. a pesar de la prohibición conciliar de no añadir nada al credo oriental. anunció la Misericordia del Padre.

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