Correa Republic Por Carlos Meléndez Rafael Correa no solo gobierna un país, sino que ha inventado uno: Correa

Republic. Hay momentos en la historia de las naciones en que un presidente popular tiene gran margen de maniobra. Luego de tres caídas presidenciales, con las cuentas en rojo, el camino para el outsider de ínfulas mesiánicas estaba listo en Ecuador. Parece una receta malévola: la crisis de representación que se resuelve con personalismos autoritarios. Fujimori, más que una excepción, se convirtió en la regla. Correa no necesita ayuda para que lo reelijan, las políticas sociales funcionan con precisión. Estudios recientes, como el realizado por el economista Juan Ponce y sus colaboradores, indican que el ser beneficiario (o dejar de serlo) de bonos sociales no tiene ningún efecto en el apoyo electoral. Recibas ayuda del gobierno o no, el respaldo por el presidente-candidato se mantiene alto. Él ha ganado la batalla ideológica, clientelar y personalista. No hay quien pueda quitarle espacio, sobre todo si sus oponentes son un banquero (no hay peor tarjeta de presentación en Ecuador), un ex mandatario acusado de golpista más de una vez y un izquierdista (¿si ya tienes a uno “fake” en Carondelet que funciona, para qué uno original?). Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez y Alberto Acosta, respectivamente, no llegarían juntos a la mitad de votos del presidente el próximo domingo. Lo relevante no es la reelección casi segura de Correa, sino el modelo institucional que reduce el pluralismo vital de cualquier democracia. La Correa Republic que está construyendo, se caracteriza por la ausencia del equilibrio de poderes y la concentración de la gobernabilidad en la imposición de sus deseos. En primer lugar, requiere un Congreso monosilábico y obediente. Haciendo gala de un sofisticado “gerrymandering” (diseño de distritos electorales al gusto del cliente), ha dividido las tres unidades electorales más grandes (Pichincha, Guayas y Manabí) en jurisdicciones más pequeñas para evitar una proporcionalidad que favorezca a la oposición. Como sostiene el politólogo Santiago Basabe, la combinación de este diseño electoral unida a la utilización de la fórmula D´Hondt para la asignación de escaños exacerba el peso del ganador. En conclusión, el partido más votado tendrá una mayoría abrumadora en la Asamblea. En segundo lugar, ha asegurado una significativa influencia sobre la rama judicial. La reciente designación de su ex secretario personal Gustavo Jalkh (además ex Ministro de Justicia y del Interior) como el nuevo presidente del Consejo Nacional de la Judicatura (órgano de asignación de jueces en todo el país), se suma a la ascendencia que el Ejecutivo tiene sobre magistrados de la Corte Constitucional y vocales del Consejo Nacional Electoral. ¿Alguien tan cercano y admirador confeso del Presidente puede ser tan autónomo para garantizar el equilibrio de poderes?

Correa Republic es un país al norte del Perú y al sur de la democracia. El diseño institucional, sumado a los ataques a la prensa, va camino a consolidar un liderazgo caracterizado por los reflejos autoritarios de su gobernante. Quizás ahora entienda mejor la cara recurrente de autogol del mandatario vecino. Publicado en El Comercio, el 12 de febrero del 2013.