HORA SANTA

POR LA UNIDAD DE LA IGLESIA CON EL PAPA BENEDICTO XVI
HERMANOS DE LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARIA REINA

E

XPOSICIÓN
DE RODILLAS

El sacerdote revestido expone el Santísimo Sacramento y lo inciensa, mientras se entona el Pange lingua u otro canto.

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A

CTO ADORACIÓN

Acogiendo la petición del Papa Benedicto XVI: Seguid rezando por mí, por la Iglesia, por el próximo Papa. El Señor nos guiará; nos presentamos ante Jesús Sacramentado en esta noche para pedir por él, por la Iglesia, por los obispos y sacerdotes, por todos los cristianos y por todos los hombres; confiados en que el Señor está siempre a nuestro lado y atento a nuestra oración. Letanías. Canto: Te adoro, Sagrada Hostia. Jesucristo, Hijo de Dios, Camino, Verdad y Vida para el hombre, presente en la Sagrada Hostia. R/. ten piedad de nosotros. Sagrada Hostia, Amor oculto de Dios, Sagrada Hostia, Vida Divina para los Hijos de Dios, Sagrada Hostia, Semilla de Eternidad, Sagrada Hostia, Multiplicada en el Altar para dar Vida al mundo, Sagrada Hostia, Que has acampado entre los tuyos y no Te reciben. Sagrada Hostia, Levadura de Unidad entre los que conocen tu Evangelio, Sagrada Hostia, Aniquilada sobre el Altar para dar fortaleza a los humildes, Sagrada Hostia, Ultrajada por las blasfemias de los hombres, Sagrada Hostia, Desconsiderada por los soberbios, Sagrada Hostia, Profanada por los impíos, Sagrada Hostia, Abandonada por los impíos, Sagrada Hostia, Víctima de Reparación por los pecados del mundo,

T

IEMPO DE MEDITACIÓN
SENTADOS

ectura de la profecía de Joel (2,12-18) «Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.».
PUNTOS PARA LA MEDITACIÓN (de la homilía de Benedicto XVI) «Así dice el Señor: convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto» Hay que subrayar la expresión «de todo corazón», que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, desde la raíz de nuestras decisiones, elecciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero, es posible este retorno a Dios? Sí, porque existe una fuerza que no reside en nuestro corazón, sino que brota del mismo corazón de Dios. Es la fuerza de su misericordia. «Convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas». El retorno al Señor es posible por la ‘gracia’, porque es obra de Dios y fruto de la fe que ponemos en su misericordia. Este volver a Dios solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Señor penetra en nuestro interior y lo remueve dándonos la fuerza de «rasgar el corazón». «Rasgad los corazones y no las vestiduras» (v. 13). En efecto, también hoy muchos están dispuestos a «rasgarse las vestiduras» ante escándalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio «corazón», sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta. «No entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios?». Esta oración nos hace reflexionar sobre la importancia del testimonio de fe y vida cristiana de cada uno de nosotros y de nuestras comunidades para mostrar el rostro de la Iglesia y de cómo en ocasiones este rostro es desfigurado. Pienso, en particular, en las culpas contra la unidad de la Iglesia, en las divisiones en el cuerpo eclesial. Vivir la cuaresma en una más intensa y evidente comunión eclesial, superando individualismos y rivalidades, es un signo humilde y precioso para los que están lejos de la fe o son indiferentes.

DE RODILLAS

O

RACIÓN DE ALABANZA

Te alabamos amado Señor por habernos creado con toda nuestra diversidad, por el don de nuestras muchas culturas, lenguas, expresiones de fe, costumbres, tradiciones y etnias, te damos gracias. Te damos gracias por las tantas tradiciones eclesiales que han mantenido fuertes y activas nuestras comunidades también en lugares donde son una minoría. Enséñanos a celebrar nuestras distintas identidades y tradiciones, para que podamos forjar lazos de amistad y de discipulado que nos lleven a una mayor unidad.

R/.

¡Qué bueno, qué agradable es que los hermanos vivan unidos! 2. Te alabamos Jesucristo por reconciliarnos con Dios y entre nosotros por medio de tu muerte y resurrección, enseñándonos a respetar la dignidad y el valor de todos los seres humanos. Te damos gracias por tu irrupción en nuestras vidas enseñándonos a estar al lado de aquellos cuya dignidad es quebrantada por estructuras políticas, económicas y sociales. Enséñanos a celebrar el mensaje de esperanza de que en Ti podemos superar el mal presente en nuestro mundo. 3. Te alabamos Espíritu Santo por el don de la mutua interdependencia y solidaridad que ha sido nuestra herencia como pueblos e Iglesias. Enséñanos a valorar los lazos de unidad de los que gozamos mientras imploramos tu presencia constante entre nosotros. Inspíranos en nuestro viaje hacia la plena unidad visible entre nosotros, y con todos los pueblos y movimientos que se comprometen con la lucha por la vida.

L

A UNIDAD DE LA IGLESIA SENTADOS

De los escritos de San Cipriano, Sobre la unidad de la Iglesia Católica Debemos mantener y defender con toda energía la unidad, especialmente los obispos, que hemos sido puestos al frente de la Iglesia, para probar que el mismo episcopado es uno e indivisible.

Nadie engañe con mentiras a los hermanos, nadie corrompa la pureza de la fe con una pérfida prevaricación. Como el episcopado es único, y cada uno participa de él por entero, así es

única la Iglesia, que se extiende sobre muchos por el crecimiento de su fecundidad. Muchos son los rayos del sol, pero una sola es la luz; muchas son las ramas del árbol, pero uno solo es el tronco clavado en la tierra con fuerte raíz; y cuando de un solo manantial fluyen muchos arroyos, aunque aparezcan muchas corrientes desparramadas por la abundancia de las aguas, con todo una sola es la fuente en su origen. Si separas un rayo de la masa del sol, no subsiste la luz a causa de la separación; si cortas la rama del árbol, no podrá germinar la rama cortada; si atajas el arroyo aislándolo de la fuente, se secará. Del mismo modo la Iglesia del Señor esparce sus rayos, difundiendo la luz por todo el mundo; y esa luz que se esparce por todas partes es, sin embargo, una, y no se divide la unidad de su masa. Extiende sus ramos

frondosamente por toda la tierra, y sus arroyos fluyen con abundancia en todas direcciones. Con todo, uno solo es el principio y la fuente, y una sola la madre exuberante de fecundidad. De su seno nacemos, con su leche nos alimentamos, de su espíritu vivimos. La Esposa de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Sólo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios y destina para el reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de sus promesas y no conseguirá las recompensas de Cristo. El que abandona la Iglesia de Cristo es un extraño, un profano, un enemigo. No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia como Madre.".

Canto: Un solo Señor, una sola fe.
Oración por la Santa Iglesia y los sacerdotes de Santa Faustina Kowalska Oh Jesús mío, te ruego por toda la Iglesia: concédele el amor y la luz de tu Espíritu y da poder a las palabras de los sacerdotes para que los corazones endurecidos se ablanden y vuelvan a ti, Señor. Señor, danos sacerdotes santos; tu mismo consérvalos en la santidad. Oh Divino y Sumo Sacerdote, que el poder de tu misericordia los acompañe en todas partes y los proteja de las trampas y asechanzas del demonio, que están siendo tendidas incesantemente para las almas de los sacerdotes. Que el poder de tu misericordia, oh Señor, destruya y haga fracasar lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes, ya que tú lo puedes todo. Oh mi amadísimo Jesús, te ruego por el triunfo de la Iglesia, por la bendición para el Santo Padre y todo el clero, por la gracia de la conversión de los pecadores empedernidos. Te pido, Jesús, una bendición especial y luz para los sacerdotes ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.

BENDICIÓN Y RESERVA

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