LÍMITE Es popularmente conocida la idea según la cual la imaginación carece de límites.

Las doctrinas liberales y aquellas corrientes de pensamiento que proclaman la autonomía y superioridad humanas no dudan en dar a conocer este hecho. Incluso para cualquier persona sin formación académica, este dogma es bastante obvio. A quién se le ocurre pensar que su pensamiento no puede extender las fronteras de lo conocido, de aquello que “entra” a la mente por los sentidos? Sería bastante absurdo escuchar a alguien decir que no puede imaginar, simplemente porque el hecho de estar consientes nos incita a hacerlo. Pero existe realmente una imaginación capaz de romper todos los esquemas? Realmente es posible ir “más allá de las cosas” y dar lugar a ideas no preconcebidas? No es posible medir la imaginación, por el simple hecho de que no se puede acceder directamente a los pensamientos humanos. Esta es la principal limitante en todo estudio psicológico. A pesar de esto se han ideado numerosas técnicas para “conocer” la mente ajena y tener una idea de sus pensamientos. Basta, sin embargo, una sencilla pregunta para obtener una primera impresión de la capacidad imaginativa. Es fácil preguntar, así de absurdo. Pero el objetivo no es conocer el pensamiento consiente respecto a determinado tópico, sino tener una visión general de la profundidad de su pensamiento de novo. Si se le pidiera a un paciente que imaginara algo fuera de lo normal, algo que escapara a cualquier pensamiento una vez tenido por él, seguramente se obtendría una primera prueba de la hipótesis ya planteada: no es posible imaginar un hecho sin acceder al banco de memoria que cada uno posee. De este modo, cualquier idea, aparentemente nueva, estará basada o influida por la experiencia. Ahora bien, esto es algo bastante lógico, que lleva a un absurdo. Si la imaginación es la capacidad para crear nuevas ideas, por qué es tan fácil demostrar que esas mismas ideas son sólo modificaciones de otras anteriores?

A partir de esto se puede inferir que la imaginación tiene su origen en la capacidad de combinar distintas esferas de pensamiento para enfocar el pensamiento en una idea en particular, modificándola a conciencia. Esta definición dista mucho de la imagen tradicionalista de la inmensa capacidad de la mente, y se acerca más a la teoría freudiana del no control del subconsciente. Quién más, sino el subconsciente rige los pensamientos que surgen en cualquier instante, mientras la conciencia se encuentra distraída? Pero el subconsciente no es una entidad que en todos los momentos actúe a nuestro favor. En muchas ocasiones, es fácil percibir como la imaginación se enfoca hacia pensamientos que en ningún modo la persona hubiera recreado conscientemente. Esto ocurre en especial cuando la razón se encuentra distraída, y sin duda demuestra la incapacidad para controlar nuestra propia actividad neuronal. En conclusión: se imagina o se piensa sólo aquello para lo cual estamos “inculcados” en pensar, o aquello que el subconsciente proyecta a nuestras mentes, obligándonos a dejar a un lado la razón, dejándola fluir por rumbos no imaginados. A partir de esto, queda definido otro dilema de las neurociencias. Es la mente la proyección de la conciencia o es la voluntad un capricho del subconsciente? Tal y como se había dicho, tres han sido las más grandes revoluciones del pensamiento humano: la primera, cuando Galileo demostró que la tierra no era el centro del universo. La segunda, cuando Darwin dio a conocer que no somos el “ápice” de la creación. Y la tercera, cuando Freud mostró al mundo que somos incapaces de dominar nuestra propia mente.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS DE PSICOBIOLOGÍA “LIMITE”

OSCAR DAVID POVEDA DÍAZ

2050090

UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER PSICOBIOLOGÍA BUCARAMANGA 2006