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CAPITULO VI
CONCLUSlúN
LXXII
FóRMULAS RESUMIDAS DE LOS CINCO DILEMAS
Las jllternativas planteadas al filósofo por las cuestiones
capitales de lógica y metafísica que implica necesariamente
toda opci6n sobre materias que trascienden de la experiencia
posible, se anuncian en resumen del siguiente modo:
PRIMER DILEMA... - Tesis: La serie universal oe fen6me-
nos condicionados entre sí debe terminar en un ser primero
relativo a este mundo fenomenal y concebible por nosotros,
esto es, definible .por relaciones que sean formas y leyes de
nuestro conocimiento.
Antítesis ; La serie universal de fen6menos condicionados
entre sí termina en un ser en sí, incondicionado y necesario,
sin relaciones intrínsecas o extrínsecas que permitan definir
su naturaleza por el entendimiento y que lo hagan accesible
a nuestro conocimiento.
Escolio l . - El principio de relatividad, admitido o re-
chazado, constituye el fundamento lógico de esta alternativa.
Este principio consiste en que algunas relaciones determinadas
formen el objeto único del pensamiento y del conocimiento
posibles. Su contrario es que s610 puede afirmarse inteligible-
mente que algo existe cuando pertenece al conocimiento posi-
ble. Establecido esto, la tesis afirma la existencia del ser pri-
mero en dicha condición; la antítesis la afirma negando la
condición y declarando que el ser primero es incognoscible.
En virtnd del principio de contradicción es obligatoria la alter-
nativa entre la afirmación y la negación de la. eristencia in-
condicionada.
205
" ;-
!j, '-1::"-' <"r-'CV-'"
Escolio 1I. - Se podría objetar que el dilema no agota
la cuestión y que hay una tercera alternativa: la de que la
serie de fenómenos condicionados no se termina, sino que se
prolonga hasta lo infinito en el pasado. Esto representaría in-
troducir una nueva cuestión (Véase más adelante el resumen
del tercer dilema). No se trata aquí del tiempo y de la serie
de fenómenos en cuanto al número y duración, sino de la serie
de condiciones de determinación y dependencia, cualquiera que
sea su desenvolvimiento. El ser primero es aquel del que t odos
los demás dependen. Si se halla o no separado de las cosas pre-
sentes por la infinitud del tiempo y de los fenómenos interme-
diarios, esta es una cuestión en la cual pueden discrepar las
doctrinas de lo absoluto, una cuestión que, respecto a nuestro
conocimiento del ser primer o, difiere de la de la naturaleza,
condicionada o incondicionada.
SEGUNDO DILEMA. - Tesis: Una substancia es, en sentido
filosófico, un sujet o lógico cualidades y relaciones defim-
bIes, tanto si son esenciales I para el concepto de este sujeto co-
mo pueden referirse a él en el orden del pensamiento y en el
orden de la experiencia.
Antítesis : Una substancia es un ser en sí y, como tal, in-
definible e incognoscible; es la sede en que radican las cuali-
dades y el t érmino común de las relaciones correspondientes a
clases o a grupos de fenómenos vinculados entre sí. La Subs-
tancia en sentido universal equivale 4 lo Incondicionado,
que absQrbe todos los atributos y todos los modos de ser
posibles.
Escolio. - La ant(tesis implica la negación del principio
de relatividad, pues afirma. la existencia de ciertos seres en
sí, especie de absolutos particulares que ejercen la función de
soportes de los fenómenos, así como la existencia de fenóme-
nos condicionados que son lo que lo Incondicio-
nado, términO' universal, es respecto a la universalidad.
En vez del vínculo substancial de los escolásticos, la tesis
examina la ley y la función por las cuales se constituye toda
síntesis estática o dinámica de fenómenos dada a la observa-
ción o puramente inteligible: único objeto definible tanto en
el espíritu como en la naturaleza.
TERCER DILEMA. - TJIsi,s: Toda composición real de par·
tes distintas reales forma na totalidad determinada que equi-
I
206
"'_ '.""'--..- . ''''::":-''''7.<-'''''' ,o:;;
--.... - be"","', .4<7:."-;
vale al número finit o de estas partes componentes considera-
das como unidades.
Si se admite la tesis, r esultan de ella los siguientes coro-
larios demostrables:
Primero: Que el mundo de los fenómenos, en tanto que
fenómenos reales, distintos entre sí y realmente sucesivos, ha
tenido un comienzo. Pues estas tres condiciones son suficien-
tes para que los fenómenos del pasado compongan actualmen-
te una totalidad dada y un En el casO' contrario, pre-
cisaría que" la división de fenómenos fuera ilusoria o que su
sucesión no fuera más que una apariencia.
Segundo: Que la extensión ocupada por el mundo, en
tanto que formada de partes realmente distintas, es decir, de
partes que constituyen el lugar en que se manifiestan fen6me-
nos realmente distintos, es limitada.
. Tercero: Que los compuestos atómicos o formados por mó-
nadas reaJes deben ser sumas finitas, por elevadas que sean
las cantidades, de partículas reales. Los números posibles son
indefinidos. Pero 10 indefinido es la negación de lo infimto
actual, cuya posibilidad excluye la misma definición del pri-
mero, 'Pues lo 1"ndefinido no es más que la posibilidad ilimitada.
Antitesis: Existen cantidades concretas cuyas partes rea-
les y r ealmente distintas no componen totalidades y números
determinados.
El infinito y lo infinitamente pequeño con los que opera
la matemática no son los símbolos de la cantidad continua fi c-
ticia y de la medida que se le supone para permitir un reco-
rrido indefinido a las funciones de todas las relaciones geomé-
tricas, sino la expresión exacta de Ja unida.d y de las sumas de
concretos cuya numeración, en un solo y único con-
cepto, es considerada a la vez como interminable y COmo finita.
Escolio 1. - La fórmula exacta del realismo infinitista
--síntesis de lo innumerable y de la numeración- define cla-
ramente la naturaleza de la oposición ent re la tesis y la antí-
tesis. Esta oposición se refiere --como ocurr e en los dilemas
de lo incondicionado y de la substancia_ a la afirmación o
negación del principio de relativ·idad como norma de la raz6n_
La úni ca diferencia consiste en que, mientras en los dilemas
precedentes el principio en cuestión era susceptible de dis-
cusión directa e inmediata, aquí lo es por mediación del prin-
207
L
o del desacuerdo de las relaciones referentes a un
jeto. El realismo infinitista es la aplicación general de las doc-
trinas que no aceptan el imperio de la lógica en la definición
de la realidad.
Escolio JI. - La serie de fenómenos condicionados 'entre
sí, enteram,ente referida al ser incondicionado (en las doctri-
nas absolutistas) o al ser primero definido según la ley de
relación, puede ser. -considerada independientemente del tiem-
po como simple aspecto de la causa o razón de ser de las co-
sas (primer dilema). Pero dicha serie puede ser considerada
también como sometida al tiempo, finito o infinito, que sepa-
ra el dato de la condición necesaria, del estado del mundo. fe-
nomenal en la fase actual de su desenvolvimiento. En este úl-
timo caso, el dilema surge entre el proceso ad de los
fenómenos dentro del tiempo concebido regresivamente y la
hipótesis de un acto primero, a partir del cual el tiempo trans-
currido se mediría por cierto número determinado, por algu-
na unidad extraida de ..los fenómenos actuales si, mediante se-
mejante medida, pudiera descubrirse unª base de observaci6n
y cálculo. ¡
En los sistemas que a la vez el proceso ad infi-
nitum de los fenómenos y: la existencia de una naturaleza uni-
versal y necesaria, el infinitismo realista queda perfectamen-
te formulado cuando reduce la multiplicidad infinita a la uni-
dad, por medio de la integración de sus elementos en el tiem-
po y en el éspacio. El ser universal es concebido entonces
como un ser inmutable, afecta.do -aunque no en su "ser en
sí' '- por la multitud de sus modos, esto es, por los fenóme-
nos. De esta manera, tal como afirma Spinoza, la división y
la distinción de los fenómenos resultan imaginadas, es decir,
ilusorias. La imaginación que produce las apariencias múlti-
ples de dicho ser puede, en efecto, llamarse ilusión. Sólo en
este caso puede conciliarse el infinitismo, que deja de ser rea-
lista, con el principio de contradicción. Pero la realidad des-
aparece entonces del mundo fenomenal
CUARTO DILEMA. - Tes1·s: Existen fenómenos que no se
hallan enteramente determinados por sus antecedentes y cir-
cunstancias; existen causas que no son simples efectos de cau-
sas anteriores (internas o externas), sino actos deliberados de
208
éntre
sí, o bien variaciones espontáneas en las funciones
cas elementales de los cuerpos. Estos actos voluntarios 'son ac-
tos libres, y estas variaciones - producto de una causa inme-
diata e incausada- son determinaciones accidentales posibles,
de escaso alcance, dentro del conjunto de relaciones constan-
tes de fuerzas naturales, orgánicas o inorgánicas.
Antítesú: Todo fenómeno se halla enteramente determi-
nado por sus antecedentes y sus circunstancias. Ha estado pre-
determinado desde la eternidad según el orden regresivo de
consecuentes y antecedentes, dependientes a su vez de antece-
dentes anteriores. Las circunstancia.s no son más que fenóme-
nos regidos por la misma ley. Todas las partes del mundo y
todos los acontecimientos forman un conjunto solidario en el
espacio y en el tiempo. No ha existido nunca y en parte algu-
na otra posibilidad que 10 que de hecho ha sido. La última
razón del Universo, cualquiera que ella sea, es una causa ab-
soluta, que abarca y predetermina cada fenómeno actual, que
lo convierte en su efecto particular.
Escolio 1. - Del mismo modo que las antítesis de los di-
lemas precedentes, se opone la anterior al principio de rela-
tividad, pues un predeterminismo que comprende la. serie inte-
gral del tiempo es la consecuencia del determinismo absoluto,
cadena universal e indisoluble de los fenómenos. Semejante
predeterminismo nos presenta el mundo como un conjunto de
partes solidarias, invariables e inmutables, imposible de con-
cebir en relación con algo que no pertenezca al mismo y cu-
yas relaciones internas contradicen, por su inmutabilidad, las
relaciones constitutivas múltiples y variables y las diversas po-
sibilidades que nos ofrece una experiencia ilusoria.. La tesis
afirma, en cambio, la realidad de las relaciones em,píricas y
de los juicios sobre hechos contingentes.
Escolio 1I. - La tesis permite que sea considerado como
un acto libre el acto de la persona que afirma o niega la li-
bertad, que establece sobre la cuestión un juicio deliberado.
La antítesis exige que el juicio sea considerado en todos los
casos como necesario, tanto si la persona afirma como si nie-
ga la realidad del libre albedrío.
QUINTO DILEMA. - Tesis : Toda idea es una representa-
ción y toda representación -por clara u oscura que sea para
209

--:¡!;>i ;'-.,-!.- . • o"' '_1":!"
el sujeto su r elación con el objeto- un hecho de conciencia
que el sujeto se testimonial a sí mismo y que const ituye la con·
ciencia. en cada modo mental particular. Considerada
en general, esto es, como rey, la conciencia es el principio del
conocimiento y el principio del ser en tanto que ser cognosci-
ble y cognoscente.
La. persona es una conciencia, la más amplia y clara que
podemos conocer empíricamente en sus representaciones y en
sus funciones. Es una conciencia que, al considerarse a sí mis-
ma y a. sus estados y actos como objetos, posee el poder de
ser en parte la cansa de sus propias ideas o de sus modifica-
ciones.
La causa del m,nndo, es decir, del conjunt o de conciencias
e ideas subjetivas y objet ivas, es Dios, Persona perfecta, Inte-
ligencia universal y soberana, Voluntad adeeuada a la In-
teligencia.
Antítesis : La conciencia y las personas son productos del
mundo. El mundo no es un producto u obra de la persona.
El mundo es la. Cosa en sí, el Ser universal, la Naturale-
za necesaria o la Substancia. El mundo abarca todas las rela-
ciones; no posee, como totalidad, voluntad y conciencia, pero
engendra los objetos y sus representaciones en individuos tran-
sitorios y perecederos, sea como consecuencia de sus propie-
dades o como producto del l u propia. evolución.
. Escolio. - La tesis s I halla vinculada al principio de re-
latividad, fundamento lógico de las tesis de los precedentes
dilem,as, por cuanto la. definición de la persona -humana o
divina- se deduce exclusivamente de las relaciones que cons-
tituyen las ideas procedentes de estas personas. La conciencia
es concebida racionalmente como aspecto de su ley constitu-
tiva, en el cual se hallan implicados todos los elementos inte-
ligibles erigidos por la antigua, teoría de la substancia anima-
da (LXX). La personalida.d divina es concebida elevando al
estado de perfección las superiores que caracteri-
zan al hombre.
210
."
':0.' -'.-' -.
LXXIII
RELACIONES LóGICAS DE LOS DILEMAS ENTRE 81.
DIFICULTAD DE UNA DICOTOMIA LóGICA 'ÚNICA
Las t esis de los cinco dilemas se hallan vinculadas entre
sí por el principio de relatividad, afirmado y aplicado por ellas
a las nociones fundamentales de l a metafísica: a la noción de
con-dicwn-, considerada en su m.ayor generalidad, a las deter·
minaciones de cualidad, de cantidad y de ca.usalidad, y, f inal-
mente, a la determinación de conciencia o personalidad. Esta
última condición implica la finalidad y todos los atributos
morales de la persona. Pero nosotros hcmos querido limitarnos
a las cuestiones de metafísica pura, es decir, a las que, en la
relación y en la conciencia, consideran lo formal y nO lo moraL
Las antítesis se hallan ligadas entre sí por su oposición
común al principio de las tesis, a la relatividad. Cada uno de
los dos cuerpos de proposiciones contradict orias forma, pues,
un sistema de proposiciones coherentes, de tal modo que pa-
recen r esponder al objeto que nos propusimos al comenzar es-
te estudio, esto es, al de someter a p,.,:ori las doctrinas metafí-
sicas a una rigurosa dicotomía lógica (1 y VI ). Sin reducir
los dilemas a uno solo) pues sus materias difieren entr e síl
puede exigirse que el filósofo se decida ent r e los dos únicos
puntos de vista. posibles que cada uno impl ica, con el fin de
plantear un problema único. Pero una clasificación exclusiva-
mente lógica no. es suficiente para decidirse a una aceptación
o a una impugnación del dilema-
I
sobre todo cuando el pensa-
dor se halla ligado a una de las tesis, y precisamente a aque-
11a que más determinada está. por la razón práctica. Por otro
lado, los principios abstractos de relatividad y contradicción
son los que dan lugar a las mayores y más graves disensiones.
La imposibilidad de demostrar, sin pet ición de principio, el
principio de contradicción) es signo irrecusable de la imposi*
bilidad de dar a la metafísica un fundamento que nada exige
de los coefi cientes prácticos del uso de la razón.
Quedaría simplificada la cuestión si las series de las t e-
sis y de las antítesis pudieran disponerse en orden lógico, de-
211
.. "", .. . . - .' .. -."--.' .. - .... ..
cada Una de la precedente e implicándola. al mismo-
tiempo. LaS opiniones filosóficas quedarían, ciertamente, más
perfiladas y los sistemas serían de más fácil clasificación. Pe-
ro no ocurre así ; una teSis puede implicar lógicamente otra,
sin que ésta implique lÓgicamente. la primera, de tal modo
,
que pueda admitirse éstal y negar aquél.la. Por otra parte, un
filósofo puede aceptar, en 'principio, una tesis y rechazar al-
gunas de ilUS consecuencias, sin que sea posible demostrarle
que semejante excepción es ilegítima.
Un ejemplo capital del primer caso resulta de la compa-
ración de la hipótesis de la suma finita de los fenómenos con
l a del determinismo. Habría contradicción entre el dato su-
puesto de un primer comienzo de los fenóllJ,enos y la necesidad
de que todo fenómeno fuera. determinado por antecedentes
multiplicados hasta lo infinito. El finitismo implica, pues, la
negaci6n del determinismo absoluto y se halla de acuerdo con
la afirmación del libre albedrío y de la contingeneia. Pero la
recíproca no es verdadera. El indeterminismo no implica 16-
' gicamente la negación de lo infinito actual. En rigor, se pue-
de admitir el proceso hasta 10 infinito de l os fenómenos en el
tiempo y en el eapacio y seguir creyendo en la intervenci6n de
nuevos hechos y en comienzos de nuev,ag series, de modo aná-
logo a los puntos de inflexión de una curva. Se trata, en reali-
dad, de una derogación de la idea pura de continuidad, pero no
puede demostrarse que haya en ello una contradicci6n formal.
, AIg-w¡as doctrinaa importantes han admitido, sin que pue-
dan ser apoyadas por ningún argumento real, las recíprocas de
otras proposiciones de nuestros dilemas. Los filósofos que ad-
miten que la existencia de lo Incondicionado queda demostra·
da por la existencia. del mundo, admiten implícitamente la
proposición recíproca, es decir, 'la existencia del mundo como
dependiente de la existencia de lo Incondicionado. Sus doc-
trinas emanatistas, evolucionistas o creacionistas no son otra
cosa. Hin embargo, la misma idea ·de incondicionado no se
presta l6gicamente a. relacionar los fenómenos con lo que exis-
te independientemente de t oda relación; la "cosa sin condicio-
nes" no puede crear condiciones para la existencia de los
nómenos.
En un tema muy diferente, numerosos filósofos sostienen
que el indeterminismo del libre albedrío se halla perfectamen·
312
te .demostrado por el sentimiento que el agente posee de su
libertad. No obstante, un lógico riguroso no eoncederá jamás
que este sentimiento equivalga a una prueba 16gica de su pro-
pia indeterminación dentro de ]a serie de fenómenos de que
forma parte.
El error lógico se une realmente, en el filósofo, a la falta
de 'enlace deductivo y demostrativo entre los gra.ndes concep·
tos euando, al no poder dejar de reconocer la extensión de las
leyes que el entendimiento encuentra en sí mismo (leyes pre-
vias a todo examen y euyo alcance no es menor que el de sus
operaciones), se considera autorizado para declinar su aplica-
ción a ciertas cuestiones de orden universal. El pensador tras-
lada estas cuestiones fuera de lag condiciones y de las normas
impuestas (lo la inteligencia para su propio gobierno. Tal es BO-
bre todo el caso en lo que concierne a los principios de rela..
tividad y de contradicción, Estos principios r igen obligatoria-
mente todos los actos prácticos del espíritu, y, sin embargo,
son los llJ,ismos principios que, en teoría, se afirman y nie- -
gan alternativamente y que rigen las proposiciones opuestas
de nuestros dilemas metafísicos.
El fil6sofo substancialista no niega que las cualidades y
relaciones no sean necesarias para la eonstituci6n de un su-'
jeto en el pensamiento. No obstante, pretende que, suprimida
toda cualidad particular y toda relación, permanece dicho su-
jeto: un cuerpo, un espíritu toda idea del cual es imposible.
Pero así no se tiene más que la idea de una idea que no se
puede tener. Y el filósofo infinitista concede que lo indefinido
(en el número y en toda cantidad que sea numerable) es sin6-
nimo de 10 inagotable, pero nO' deja de sostener que existe un
infinito actual en el que queda agotado este ser inagotable. En
cuanto al teólogo, quiere incluir en una misma y única no-
ción lo incondicionado y la personalidad; quiere, además, in-
troducir en los atributos de la persona propiedades contra..
dictorias con respi!cto al tiempo, al espaciO' y a la causali-
dad, consideradas bajo el úni cO' aspectO' en que la conciencia
otorga un sentido a estos concept os. Como todas estas doctri-
nas se basan en la infracci6n sistemá.tica de los principios de
que depende tO'da demostración posible, poseen el privilegiO'
de ser lógicamente irrefutables. Si bien el principiO' de con-
tradicci6n puede resolver el litigio planteado por Jos dilemas
213
de referencia, nada puede objetarse, en cambio, al adversario
que se sitúa. más allá de este principio, algunas veces sin con-
fesarlo, pero no por ello con menor obstinaci6n.
De aquí que los adversarios de la teología, así como los
te6logos heréticos acusados de panteísmo, ' hayan vislumbrado
siempre que el personalismo de la doctrina ortodoxa no forma
más que una falsa síntesis con el incondicionalismo y el in!i- '
'1litismo (unidos al anterior en una misma naturaleza), sin que
por ello hayan conseguido dar una demostración -fundada
en premisas r ecibidas de ambas partes- de la incompatibi-
lidad de los caract eres mencionados, incompatibilidad de quc
estaban perfectamente convencidos. Una. escisión 16gicamente
irremediable referente a la idea de Dios y, consiguientemen-
t e, al destino humano se r emonta ya a los primeros tiempos
en que, liberadas la filosofía y la religi6n del politeísmo, in-
tentaron los pensadores conciliar iü universalismo a que ten-
día el método realista común a la Antigüedad con lQ.s nece-
sidades humanas de la esperanza y de la fe. En esta contra-
dicción subsiste todavía. la dificultad más considerable que
se opone a la erecci6n de una franca dicotomía de las doc·
trinas.
A estas dificultades del reconocimiento del verdadero lu-
gar donde radica ia suprem.a cuestión metafísica es preciso
agregar otra, suficientemente grave para hacer imposible to-
da obra de clasificaci6n por divisiones y subdivisiones de doc-
trinas, r eferidas a las tesis o antítesis de nuestros dilemas. Nos
referimos a las contradicciones, veladas o involuntarias, que
generalmente provoca los filósofos el deseo de conservar lo
que creen ventajoso en rna opinión o de eliminar lo que les
desagrada, sin darse cuenta. de la inevitable solidaridad que
vincula. entre si los elementos de un {!onjunto doctrinal. Esto
da lugar a oscuridades, a equívocos, a distinciones mal fun-
dadas, a imprecisas innovaciones terminológicas, a discutidas
interpretaciones, constituyendo, finalmente, un obstáculo in-
superable para la clasificaci6n y denom,inación de las doct ri-
nas mediante términos distintos de los empleados por el len-
guaje vulgar, necesariamente mal definidos y de dudosa apli-
cación. Y, sin embargo, sería primordial encontrar un medio
de clasificación de las doctripas, cosa que no parece preocu-
par a los mejores historiadores de la filosofía.
214

•. ...... ", ..
._.


LXXIV
REDUCCIóN DE LAS ALTERNATIVAS A UNA ALTERNATIVA
'ÚLTIMA. LA ANTíTESIS
El · desorden existente en la crítica histórica de las doc-
trinas no ha dejado de contribuir al desorden de las opinio-
nes en una época en que los pensadores experimentan la
necesidad, antaño desconocida, de tener en cuenta para la elabo-
raci6n y crítica de sus propias ideas todas las ideas anterio·
res y los sentimientos que las animar on. No hay exactitud y
precisión en la enseñanza de los principios, y se desconoce ya
10 que es preciso aceptar y lo que preciso rechazar de los
grandes sistemas del pasado. Un positivismo muy extendido
recomienda abandonar el estudio de las cuestiones supremas
para dedicarse a investigaciones de escaso alcance. Los filó-
sofos que mantienen convicciones sobre los puntos esenciales
de las ant iguas controversias no poseen entr e sí ningún víncu-
lo lógico o dogmático y no reconocen ninguna autoridad. La
autoridad de la I glesia, para las personas que se someten a
ella (exceptuando una clerecía sin espíritu y sin iniciativa),
se halla enteramente compuesta de vagos sentimientos o de in-
tereses políticos. Salvo el caso en que surj a una nueva insti-
tuci6n dotada de autoridad intelectual y moral, no se vislum·
bra cómo sería posible, en medio de la actual dispersión de
las ideas, hacer aceptar a los espíritus un método común y
unirlos en las mismas creencias genera.les. No se ve de dónde
podría nacer esa autoridad fundada en la razón que ha cons-
tituído el sueño del socialismo durante la primera mitad del
siglo XIX y que se ha desvanecido en la segunda mitad para
dar lugar , por un lado, a la preocupaci6n exclusiva. por los
intereses materiales, y, por otra, a la afirmación unlca
de la necesidad de la violencia para la r eforma del or den
social.
El objetivo que nos hemos propuesto en este estudio es
de orden exclusivamente 16gico. Nuestro examen de los dile-
mas metafísicos ha subrayado el obstácnlo existente para. la
erección de un sistema de proposiciones ligadas entre sí ana-
215
.,
de
en las mismas condiciones. Por otro lªdo, aunque fuera prac-
ticable este medio de optener la unidad y la integridad de
las doctrinas, no cumpliría nuestro objetivo, pues los princi-
pios de relatividad y de contradicción son negados y puestos
en entredicho por la mayor parte de escuelas filosóficas. S610
queda la posibilidad de extraer de nuestros dilemas dos sis-
temas tales que cada uno de ellos posea gran coherencia en
el enla'!e interno de sus tbsis, aun cuando este enlace no sea
rigurosaw,ente analítico. I
Como consecuencia de nuestros análisis históricos y crí-
ticos ha quedado perfectamente demostrado que la doctrina
de la conciencia y del personalismo, por una parte, y la de la
cosa o naturaleza inconsciente, por otra, constituyen los gran-
des cimientos de la alternativa general buscada. Pero el pun-
to de escisión más favorable para la exposición lógica de las
dos síntesis opuestas se encuentra en el dilema del determinismo
y de la libertad. En él se manüiesta del mwo más profundo
la y la razón de ser de ese gran desacuerdo. Fi-
nalmente, la. determinista, además de estar en contra-
dicción formal con el principio de la individualidad -inse-
parable de la personalidad-, implica. analíticamente el infi-
nitismo, circunstancia que proporcionª, una especial fuerza de
cohesión al sistema absolutista y, consiguientemente, al sis-
tema opuesto y a la doctrina de la conciencia.
Es preciso examinar rigurosamente las proposiciones y
considerarlas en su mayor alcance. Sólo considerándolas hi-
potéticamente pueden juzgarse sus afinidades mutuas y sus
corolarios. hipótesis del determinismo absoluto ac.arrea la.
del infinitismo, en los fep. 6menos del tiempo pasado, por el
proceso de la causalidad ilimitada, o sea por la imposibilidad
de un comienzo sin antecedentes dados (LVI). La perfecta so--
lidaridad de todos los fenómenos pasados, actuales o posibles
dentro del tiempo -el predeterminismo universal (XLII )-
exige una solidaridad análoga dentro del espacio, sin que haya
que investigar por ello si el mismo espacio es limitado
r
pues na-
da puede producirse en éste sin causa antecedente y no se en-
cuentra punto final en la infinita retrocesión temporal de cau-
sas. La lógica de la negación de toda. causa primera eXt"luye la
multiplicidad real de las causas. l Cómo se produciría la división
216
,
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I
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de éstas' Dicha lógica exige que sólo haya efectos que son
causas, y causas que son efectos extendidos y ampliados hasta
los límites del Universo. Y aunque el Universo fuera limitado,
limitaría las causas y los fenómenos, pero no los dividiría.
La noción realista de substancia hace comprensible el pa-
so de la multitud infinita sin unidad (aunque sol idaria den-
tro de la causalidad) a la unidad del ser. El argumento no
reviste, como el precedente, la forma deductiva o analítica,
sino que se basa en una ley que ha dominado al espíritu hu-
ll:!.ano en toda suerte 'de investigaciones: la ley que le induce
a la busca. de la unidad. El filósofo a quien presentamos la
idea del simple determinismo lógico elevado por la reflexión
a teoría del predeterminismo eterno e integral, se siente im-
pelido a concebirle un lugar de residencia .. El realismo de lo
infinito actual, que substituye a la noción relativa de lo in-
definido, le proporciona entonces, gracias a la representaci6n
del soporte de las cualidades, la idea de la substancia univer-
ial. Concibe la relaci6n entre esta substancia y el predetermi-
nismo -fundamento de la primera- en forma de una ma-
nifestaci6n de sus propiedades necesarias o de una evolución
necesaria de sus modos. El filósofo le otorga ent onces diferen-
tes nombres según el servicio que le presta. di cho concepto
para la explicación del Universo .
A pesar de lo que pretende el absolutista
J
dicha substan-
cia es siempre, desde el punto de vista de nuestra crítica, la
abstracción realizada. del mundo en tanto que coso. universal
en sí, o unidad infinita. de las causas posibles. Pero estudian-
do la historiª de las ideas se advierte que los grandes dogmá:-
ticos parecen entenderlo de otro modo. Sus opiniones discre-
pan en las cualidades empleadas para la definición de su pri-
mer principio. Le dan nombres que pretenden expresar su
esencia, pero que s610 alcanzan a formarse una idea y un sen-
tido del conocimiento de este mundo, con sus fuerzas y sus
seres orgánicos, conscientes e inconscientes, en tanto que ellos
pretenden deducir del concept o de ese ser primero el mundo
entero de los fenómenos y las personas. Los metafísicos más
profundos recurren entonces a lo I ncondicionado, como prin-
cipio anterior y superior a todas las cualidades posibles de la
substancia. Los filósofos que emplean este método en el sen-
tido más riguroso cierran el ciclo de las antítesis de nuestros
217
.. "...- ' - .... .. z JI
.'.. -'-.
dilemas y suponen como origen de las cosas el no-ser absolu-
to, identificado con el ser absoluto, o cosa sin cualidades, an-
terior y previo a todo fen6meno.
Tal es el procedimiento empleado por los grandes siste.
mas emanatistas. Sus autores no escapan a la censura que se
dirige contra ciertas demostraciones de análisis matemático
puro empleadas para deducir verdades geométricas cuyo co-
nocimiento se ' ha supuesto involuntariamente en los datos del
problema: la censura o r eproche del circulo vicioso. Frente a
estos sistemas ' -que suprimen del principio del mundo la
idea de personalidad, concebida más tarde como un producto
de dicho principio-- la doctrina de la última época de
la Antigüedad, que constituyó la t eología metafísica de la Igle-
sia. Se t rata de la doctrina cuyos autores intentaron erigi r
r euniendo en un mismo concepto de unidad substancial los
grandes atributos abstractos del primer ser metafísico, bus·
. cado por los fil6sofos fuera o más allá de los dioses-personas
de las religiones. La alianza il6gica de la creación con la ema __
nación, es decir, la alianza del dios consciente, dueño de su
obra, con lo Absoluto que obra sin saberlo mediante las fuer-
zas que posee y desconoce, fué obtenida por el empleo de una
hipóstasis declarada consubstanciaZ con su principio y fué
acompañada del acuerdo forzoso de lo infinito con la perso-
nalidad. Los atributos divinos que ni la inteligencia ni la vo-
. luntad pudieron concebir como moralmente perfectos a no ser
definiéndolos por relaciones determinadas, debieron extender-
se a obj etos que la r/lzón humana concibe ineludiblemente
como indeterminados. La inteligencia divina, aplicada a la pres-
ciencia positiva. de los hechos futuros contingentes; la volun-
tad diviDa aplicada a la predestinación; la misma predestina-
ci6n explicada por la acción divina allí donde se produce uu
ser real: todos estos dogmas han formado un pant eísmo teo-
lógico que ha ido más 4-11á
1
que el panteísmo de la filosofía
jandrina de la emanaci6n; a causa del carácter formal de la
voluntad residente en Dios y del sentido formal de la crea-
ción, impuesto por la tradición cristiana y aplicado por los
teólogos a su doctrina de la creación -continua.
A pesar de la consubstancialidad de las dos primeras
personas hipostáticas, las ideas de lo absoluto, de lo incon-
dicionado y de la naturaleza necesaria no han dejado de si-
218
--.;' ' ... . ..;. - ,,,,.,. _- -"_._'- 'r;:,
tuarse, en teología, por encima de la misma Trinidad, pues
el punto de vista de la substancia. es correlativo al de sus
modos y sus modos son relativos al mundo. Al pasª,r del de-
terminismo al principio de las determinaciones, la metafísica
cuyos estadios examinamos sólo puede detenerse al llegar a
lo incognoscible sin cualidades, origen de todas las cualidades
y de todo conocimiento.
He aquí la razón que explica por qué, al sobrevenir la
decadencia y ruina de la t eología, y al descubrirse las verda-
deras causas de la fuerza de la Iglesia, que no tienen nada
de metafísicM, los filósofos independientes hayan vuelto al
antiguo dominio de la. fi losofía, al juego de las hi póstasis
impersonales. Lo Incondicionado ha reconquistado su lugar
como principio del mundo en la metafísica kantiana. Lo Incog-
noscible ----otro nombre dado al absoluto 811terior- constitu-
ye el fundamento del r ealismo de H. Spencer. La Substancia,
en los diversos n<>.IQbres empleados para denominar lo que no
es más que lo Universal abstracto, que ha substituido a la con-
cepción concreta, más profunda y más :t:igurosamente defini-
da de Spinoza, se ha colocado bajo 10 Incondicionado de Kant,
con el propósito de proporcionar al mismo hipóstasis suscep-
tibles de desenvolvimiento y fuentes emanatistas de nuevo gé-
nero: evolución del Yo como sujeto puro, evoluci6n de lo Idén-
tico, de la Idea, de lo Inconsciente, de la Fuerza, etc. La per-
sona es considerada como el producto de la evolución de uno
de estos elementos universales que, al ser pensado como per-
sona, llega a concebir el mismo principio indet erminado de
que la persona procede. Este idealismo r ealista es el círculo
vicioso por excelencia; en él no se. sabe si Hegel es el creador
de la t eor ía del Ser deZ no-ser o su resultado y consecuencia.
La filosofía, que durante tres mil años ha realizado conside-
rables esfuerzos para reducir, en psicología, el mundo a
la conciencia, ha vuelt o, en metafísica, a reducir la conciencia
a lo inconsciente.
219
LXXV
REDUCCIóN DE LAS ALTERNATIVAS A. UNA ALTERNATIVA
úLTIMA. LA. TESIS
Hemos visto que la antítesis que resume uno de los aspec·
t os de nuestros dilemas se ha constituído en un sistema. que,
partiendo del determinismo universal y absoluto, afirma el
infinitismo, la substancia integral y, finalmente, el
incondicionado de la misma substancia, del que procede toda
evoluci6n del ser: emanación o evolución. Este sistema profun·
damente l ógico, e incluso deductivo en su pa-
so del determinismo a 10 infinito, es común a la. filosofía. y a
la teología, excepto cuando la teología substituye, en la transi-
ci6n de lo 'absoluto al mundo fenomenal, el método de la ema-
nación por el de creación, lo que ' equivale a otorgar la
personalidad a lo absoluto y substituir el predeterminisroo sin
causa por el predetermini.s.m,o de la suprema voluntad. Mas
precisamente allí donde este sistema se apoya. en el principio
t de contradicción, queda viola.do este principio, pues si" es ver-
1: dad que el determinismo, por el proceso sin fin de efectos y
causas, implica lo infinito, es verdad también que el concepto
de número infinito realizado es contradictorio en sí mismo.
El -conjunto de proposiciones de la antítesis se opone, pues,
al. principio de contradicción, es decir, a la relación constitu-
tiva de la. categoría de cantidad y, de un modo general, al
principio de relatividad del cual es dicha categoría. una de
las apli.caciones esenciales.
El conjunto de proposiciones de la tesis queda formulado,
por el contrario, en el sistema cuyo punto de partida es el
indeterminismo, mediante la afirmación de l as relaciones en
su multiplicidad, sus determinaciones diversas y sus cambios
en tanto que verdaderos eletpentos de los fenómenos y del co-
nocimiento de los fenómenos, así como mediante la negación
de lo absoluto, esto es, de la invariable e indisoluble de
las cosas, sin niDguna relación con el exterior. El indetermi-
nismo no significa aquí otra cosa que el t érmino contradictorio
del determinismo absoluto, la de determinaciones
220
fenomenales que no dependen enteramente, o como partes in-
separables, del orden actual y de sus antecedentes. Pero el
ejercicio de la libertad de la persona, tal como es represen-
tado en la conciencia, es el modo capital del indeterminismo,
en su síntesis con los motivos 4e determinación de origen in-
telectual.
Los fenómenos que son efectos de esta libertad son
sentados, antes de producirse el acto, como relaciones ambi-
guas j la conciencia del libre albedrio es precisamente la con-
ciencia de las cosas poStoles, nacidas de esta ambigüedad y
consideradas como reales -reales no en su simple r epresen-
tación dada, sino in rerum natura, igualm,ente realizables por
su exclusión mutua. Si se quiere que todos los fenómenos, in-
ternos o externos, que integran la representación de una. per-
sona dada no formen una simple serie de eslabones imagina-
riamente separados de la cadena. universal, es preciso suponer
tal ex-istencia de las cosas posibles. Se puede decir, pues, que
esta cuestión define la oposición de los principios de lo rela-
tivo y de lo absoluto. Pu"es si todos los fenómenos se hallan
siempre e invariablemente ligados entre sí, constituyen un or-
den absoluto, es decir, una unidad absoluta, en tanto que el
carácter de un orden relativo consiste en que los fenómenos
ofrezcan desviaciones posibles y desviaciones reales en ciertos
puntos de su curso formado de series distintas y separables, y
no un solo conjunto de términos inmovilizados en un único haz
de hechos equivalente un hecho único y eterno, en el cual
toda distinción no es más que apariencia.
La cuestión de los límites que deben reconocerse al enca-
denamiento único de los fenómenos en la serie integral de los
tiempos equivale "a otra cuestión menos debatida: b" de la exis-
tencia de lo finito, de los límites y de las divisiones reales; la
cuestión de la individualidad real tanto en la naturaleza como
en las personas, sus acciones y lo que depende de ellas.
deremos la ley de lo finito; examinémosla. en su principio y
en su posible origen, en los grados más bajos de la naturaleza.
El monadismo, el atomismo entendido metafísicamente y el in-
determinismo de la espontaneidad en la vida animal introdu-
cen la discontinuidlld en los y en los movimientos
elementales, contrariamente a lo que ocurre coo el infinito de
composición y con la. continuidad matemática de acción y
221
.,;.
transmisi6n de los movimientos a través del espacio sin lími-
tes, los cuales reclaman las hipótesis de lo infinito y del
espacio lleno de materia. Pasando a la esfera humana, el inde-
terminismo del libre albedrío constit uye la. más elevada indi-
vidualidad existente en el dominio de la experiencia, a causa
del desligamiento mutuo de los hechos que vinculan y desvin-
culan entre sí, directa. o indirectamente, las decisiones de la
voluntad consciente. Hemos llegado, en nuest ra t eoría de los
dilemas, de la transici6n de la tesis de la libertad! a la tesis del
finitismo. Esta tr!l.nsici6n es paralela a la que existe, dentro
del grupo de las antítesis, entre el det erminismo y el in/ini-
tismo. La única diferencia consiste en que l a conclusión ex-
traída de la regresi6n indefinida de la causa a la infinitud
de los fen6menos es analítica, en tanto que la inferencia de la.
libertad a la limitaci6n de los fenómenos es una inducci6n
fundada en un acto de conciencia, un j uicio que relaciona la
realidad de las divisiones con la ley de distinción, que
es una ley fund¡¡.mental de Ilos fenómenos internos.
La libertad implica antecedentes y numerosas ·condiciones
que constituyen, para todos los actos sin excepci6n, determina-
ciones parciales. S610 son libres los que, antes de su realizaci6n
mediante un acto de la voluntad, no eran más que posibles,
siendo posible asimismo la realización de sus contradictorios.
El carácter de la personalidad se halla constituído por la unión
del sentimiento de libertad con la conciencia intelectual de la
alternatIva. Es un carácter pleno, cualquiera que sea la
ni6n que el agente personal posea de esta libertad, que cree es-
real y que juzga ilusoria cuando la pone en
entredicho. y es que, aunque la juzgue ilusoria, el agente no
puede despojarse de ese sentimiento o creencia práctica, senti-
miento que acompaña a todas sus deliberaciones y a todos sus
juicios sobre los actos ajenos. Se puede decir que el agente en
cuestión cree naturalmente en la ambigüedad de las cosas fu-
turas que imagina y sobre las cuales no se ha decidido todavía.
Si semejante conciencia empírica, en vez de ser sólo sus-
ceptible de ser puesta en duda en cuanto a la realidad de su
objeto, fuéra reemplazada en el hombre por el sentimiento di-
rect? y constante de hace* en todos los casos la única cosa
factIble, después de haber ¡pensado la única cosa posible, sin
vacilación y sin idea de elección entre posibles opuestos, el mis·
222
mo hecho empírico de la comparación y de la deliberaci6n so-
bre posibilidades futuras se desvanecería. No habría más razón
de ser para la dirección de las operaciones intelectuales que
para las nociones morales sobre el valor de los actos. La per·
Bonalidad quedaría reducida a la mera individualidad animal.
Toda acción se convertiría en acto reflejo. Ahora bien: la in-
teligencia, en todas sus funciones y aplicaciones, supone esta
misma conciencia de las cosas posibles cuya elevada forma en
el hombre nos ofrece l{l. personalidad. Los animales no la po-
seen más que como previsión fundada en el temor o en la es·
peranza, en la asociación de ideas según la experiencia adqui-
rida. La idea de una totalidad universal de cosas solidarias
entre sí e invari ables, de una totalidad en donde fueran idén-
ticos lo posible y lo necesario, en donde las distinciones fueran
lluramente imaginarias a causa de la indisolubilidad de todos
los modos de existencia, y en donde el hombre careciera de la
imaginación de lo diverso, de lo actual y del futuro ambiguo,
sería expresión de un mundo cn el cual no p odría emplearse
la inteligencia, deliberativa, de un mundo que debería desapa-
recer como cosa inútil. Supongamos que en tal mundo se
contraran los seres conscientes enteramente cer cados dentro de
los límites de su conocimiento inadecuado de las cosas; que sus
necesidades, deseos y satisfacciones se hallaran exactamente
adaptados a la naturaleza exterior en sus respectivos medios,
de tal modo que ningún pensamiento relativo a. posibilidades
diferentes de los fenómenos actuales, ningún examen ni elec-
ción pudieran formar parte de sus representaciones y de sus
afecciones. Es evidente que la vida mental y l a vida físiclt se-
rían entonces completamente automáticas para todos, incluso
suponiendo que sus conocimientos positivos y sus modos
táneos de sensibilidad y de sentimentalidad al canzaran el ma-
yor grado imaginable de desenvolvimiento. Decimos que las
personas privadas de tales idea.'J de posibilidades diversas que-
darían reducidas a la simple individualidad animal. Pero la
verdad es que, si s610 consideráramos en ellas el orden
tual de comparaci6n y de examen, caer ían mucho más abajo,
pues desconocerían el ejercicio de la memoria y de la previsión
que las pasiones motivan en los animales, a quienes enseña la
experiencia lo bueno o lo malo que pueden al canzar en un
futuro cercano. El ser que ni siquiera poseyera esta idea ele-
223
incertidumbre y -vacllAcioñes
tituyen a veces la señal que caracteriza al animal superior-
no tendría ningún interés real en registrar los acontecimien·
tos, ya que no le sería de ninguna utilidad el conocimiento de
las leyes que, mediante el pasado, explican el presente y haaen
presagiar el porvenir. Suponiendo que el determinismo fuera
verdadero, es evidente que la ley de la naturaleza a la cual
deberíam,os en este caso la ilusión de la libertad es, entre todas
las disposiciones posibles, la que podría proporcionar más in-
terés a la vida humana y mayor desarrollo a la inteligencia.
Admitida la verdad de la hipótesis del determinismo uni·
versal, la única diferenciLL existente entre este mundo ficticio
y el mundo de nuestra experiencia consiste en que dicha ver-
dad resulta desmentida por los siguientes hechos: 1. Por la
ilusi6n del libre albedrío, inherente a las ideas y a las creen-
cias prácticas de los hombres. 2. Por la decisión teórica a fa·
vor de la realidad de ese libre albedrío r ealizada por cierto
número de pensadores cuando la cuestión ha sido seriamente
debatida. La necesidad parece dictar, .pues, a la vez lo ver-
dadero y lo falso mediante los dos hechos mencionados. Per-
sonificada ]a necesidad, podría decirse que da motivo a que
se quejen de ella simultáneamente sus partidarios y sus ad-
versarios. Pero esta contz:adicción de la naturaleza, por así de·
cirlo, no constituye para el dogmatismo determinista una
prueba de que el orden de las cosas no es precisamente el se-
ñalado. Por otro lado, un partidario lógico de la libertad debe
pensar que la afirmación de la necesidad es un acto libre de
su autor, del mismo modo que lo es su propia afirmación en
sentido contrario. Desde este punto de vista, l¡¡. doctrina de-
t erminista nos parece ser la creencia deliberada de una vo-
luntad libre. La conclusión que hay que extraer de ello con-
siste en que la decisión depende siempre de un acto de creen-
cia. Por consiguiente, hemos buscado ·111- razón práctica de la
afirmación mediante el estudio de los motivos de la creencia
(LIV -LVI).
Nuestro objetivo es ahora el de relacionar la creencia en
la libertad con la serie de tesis que dependen de ella del mis-
mo modo que relacionamos la serie de antítesis con la hip6tesis
del determinismo, que es también una creencia. Y así como en
la sene de antítesis el determinismo nos ha conducido lógica-
I
224
mente al infinitismo, y de éste -con el prop6sito de componer
la unidad de los fenómenos divididos y dispersos en el tiempo
y en el espacio en una multitud sin límites- al realismo subs-
ta}fcialista, para el cual los modos predeterminados de la Subs-
tancia se ordenan en forma de emanación o de evoluci6I)., así
también la doctrina de la libertad, dentro de la serie de las
tesis, nos ha conducido a la doctrina de lo finito, de las dis-
tinciones reales y de las relaciones contingentes y secuencias
variables, mediante la nega'ción directa del determinismo.
La alternativa fundamental queda planteada del siguien-
te modo:
O el determinismo y sus consecuencias: lo Infinito, la
Substancia universal, la unidad y la solidaridad de sus modos
sin origen y sin fin -una concepción del mundo para la cual
la imaginación de lo diverso, de lo independiente y de lo po-
sible en el espacio y en el t iempo, la inteligencia deliberativa,
optatiya y especulativa no serían en el fondo más que produc-
tos de la ignorancia y de la ilusión, m,ás que la serie inevita-
ble de los modos inadecuados y de las divisiones aparentes de
los fenómenos;
O la libertad dada en conciencias activas j la voluntad in-
teligente, juez y árbitro de lo verdadero y de lo falso, del bien
y del mal; la persona dotada del de , comenzar series de
fenómenos; el mundo sometido a leyes; las leyes aplicadas a
las relaciones y a las asociaci ones de seres individuales reales
cuyos conocimientos y acciones son coordenados ; la existencia
de esferas limitadas de acción reservadas a la espontaneidad
y a la libertad para la determinación de'Ms variables en las
funciones del tiempo.
LXXVI
LA CREENCIA FUNDAMENTAL
La doctrina de lo finito nos obliga a concebir el mundo
como una entidad regida por un sistema de leyes. de los fenó-
menos que alcanza. su unidad cerrándose en sí misma como una
totalidad dada. El carácter de una ley consiste en que deter-
mina y limita todo lo que concierne a la actu.alidad; sólo el
225
porvenir y las posibilidades admiten la indeternünación y los
procesos indefinidos de los fenómenos. La misión de la inteli-
gencia en su interpretaci6n del mundo consiste, pues, en limi-
tarlo para definirlo. Pero sólo por la aplicaci6n de los con-
ceptos generl!les del entendimiento, principios reguladores de
la representaci6n (categorías), que son los únicos determinan-
tes intelectuales y criterios de verdad de las relaciones, pueden
obtenerSe las determinaciones y ·definiciones. Dichos principios,
dados con la conciencia -relación fundamental y, por tanto,
fundamento del conocim,iento-, someten li:\, misma en todo 10
que se refiere al principio de relatividad, dentro del cual po-
seen una forma eomUn todas las leyes mutuamente distintas.
Finalmente, la condición de la. realidad para un objeto del pen-
samiento estriba en la posibilidad de representarlo sometido al
imperio de las mencionadas leyes.
La doctrina que substituye, pues, la Substancia por la Per-
sona, como principio del ser en tanto que principio. del cono-
..:er (LXXL excluye la vinculación de la universalidad de las
condiciones a un principio incondicionado que, al declararlo
absolutam,ente incognoscible, deja de ser enfrentado con el
principio de las leyes. Pricisaría aiiadir que es un principio
inconcebtole y (cosa que e1 absolutismo no hace) dejar de vino
cular a él las relaciones definidas como leyes del mundo feno.
menal. Pero esta vana hipótesis equivaldría entonces a
confesar una ignorancia absoluta respecto a todo 10 que se su-
pusiera existente fuera del orden de las únicas relaciones
concebibles. Y esto sería otro modo de aceptar el principio de
relat ividad, aun cuando sustrayéndose a la obligaci6n de for-
mular la condición de las condiciones del orden real del mundo
según el principio universal de relatividad, que es el principio
del entendimiento.
La eondición de las condiciones es la Conciencia, conside-
rada en su expresión suprema, es decir, en la más perfecta rea.-
lidad concebible de la personalidad, de sus atributos y de sus
funciones. S610 en ella, s610 mediante la. idea que de ella te.
nemos al sublimar nuestras propias potencias, comprendemos
lo que tienen de comprensible el ser y el origen: Dios por el
mundo y el mundo por Dios ; la. inteligencia por la inteligen-
cia y la voluntad por la voluntad, pues todos estos son hechos
de conciencia irreductibles. L8r ideª, de la creación es accesible
226
..,. . ., , .... '.-'"0'-:'''-; ...... :- .Y·-·-
por la de libertad, principio del comienzo, y por el sentimien-
to de la vida, por el amor, principio de los fines. Se trata de
las formas inteligibles de la Relación primera. Si suprimiéra-
mos de ellas, declarándola incomprensible, la creaci6n, en el
sentido de prirqer comienzo - límite del conocimiento y del
ser-, tendríamos que admitir la doctrina de lo infinito actual,
que, al violar el principio de contradicci6n, no es sólo incom-
prensible ---como debe serlo un primer hecho en virtud de su
definición-, sino ininteligible, pues conduce el espíritu, me.
diante el proceso indefinido de los fenómenos, fuera del siste-
ma de relaciones.
La doctrina procedente de la discusión de los dilemas me-
tafísicos tratados en este estudio se halla fundada
mente en la libertad que se aIirIQa en sus propios actos. Por
esta declaración se separa el personalismo de los dogmatismos
que luchan dentro del campo de la razón pura, que es para
ellos el campo de la. necesidad, Junto con la libertad da el
mencionado personalismo a sus tesis un principio de razón
práctica y motivos morales confesados y explícitos. Todas las
doctrinas poseen semejantes motivos, pero permanecen muchas
veces secretos, Mas la libertad no es simplemente un principio
práctico. La libertad rige teórjcamente, como hemos
do, la serie de tesis que afirman la cont ingencia en el orden
cósmico. .
La solución de las cuestiones fundamentales no es del do-
minio del razo'namiento y de la 16gica, pues los primeros prin-
cipios quedan siempre fuera del razonamiento, que sin ello se
remontaría de premisa en premisa, imposibilitado de detenerse
en ninguna. Por otra parte, los primeros principios, y sobre
todo los de relatividad y contradicción, que todo razonamiento
supone, son puestos en entredicho cuando se plantean y se de-
baten COn suficiente profundidad los temas relativos a la na.
turaleza. de las cosas. Por consiguiente, después de un estudio
exacto, después de una r eflai6n atenta y concienzuda. de las
cuestiones en todos sus aspectos, hay que esperar sólo de la li-
bertad una decisión sobre los principios mencionados.
El sistema del determinismo universal y del infinitismo
-dos tesis lógicamente ullidas- no puede resolverse en una
negación de la libertad, del orden finito del mundo y de las
causas contingentes. Ello no OCurre ni por vía de demostración
227
.."'l'O\I',
'lógica. :--8. menos que se a una. petición de principio--
ni por la experiencia, pues experiencia sobre este punto es
diversamente interpretada por los pensadores, y la
dad de los hombres varía en sus juicios cuando no se halla
dominado por la simple apariencia psicológica, la cual es con-
traria-a la afirmación de la necesidad. La libertad queda pro-
puesta, pues, legítimamente a nuestra creencia racional como
un principio teórico, con todas las consecuencias que de él se
derivan, y no como una mera creencia práctica, cuyo funda-
mento invalidaría la ciencia allí donde se extiende el dominio
de ésta. Pero este argumento no puede ser concluyente, pues
la ciencia s610 impera allí donde la libertad no reina. Y la
ciencia posible no se remonta tampoco a los primeros prmci·
pios, por cuanto toda eiencia necesita para constituirse aceptar
premisas que ella no demuestra, La. libertad, principio de su
propia afirmaci6n y, por consiguiente, de sus determinaciones
fundamentales y de los juicios sobre la verdad o ef error de
esos principios que' la ciencia no alcanza, se revela realmente
como el principio del conocimiento, tal COmo lo afirmó por vez
primera Jules Lequier en" sus fragmentos sobre la I nvestiga-
ci6n de una primera verdad (LIV) .
228
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NOTA A LA TRADUCCION
Las dificultades que pueda ofrecer esta obra. pa.ra. BU comprensión
mti.s profunda radican no sólo en los temas dilucidados, ya suficiente-
mente espinosos por si mismos, sino en la forma. adoptada. por el autor,
predominantemente influido por el modo de expresión kantiano, cuya
dilatación es causa. muchas veees de perplej idadea_ Decimos esto, no en
descargo de las fallas de eata versión, Bino para. subrayar simplemente
que el lector del original no encuentra menos esforzada su lectura, Afir'
ma Francisco Romero (Descartes 'Y Hmserl, 1938) que tui como hay
filósofos superficiales y y hayo puede haber pensadores claros
y profundos, los hay también profundos y En el pre-
sente, no se trata precis3mente de eonf usi ón. La. estructura
es suficientemente preeisa para que no pueda haber lugar a dudas acerca
del papel que pensamiento desempl!ña. en el conjunto de la inves,
tigación. Lo que en ella exige atención y esfuerzo es mñs bien el inau-
fieiente perfil de laB ideas, diluídas en la prolijidad do su comparación
y de sus relaciones. Nos reforimos, por tanto, a la tUfU8Í-ÓfI" categoría
expresiva que puede agNlgarse a las anteriormente mencionadas.
Hemos adoptado en la versión de los capitales .uatados en
los primeros capitulos una forma unificada que -n.o8 parece corresponder
mejor al genio del lenguaje, todana. un poco reacio a traducir el?- forma
masculina ideas que se ClL8i siempre en género noutro. Asi,
hsmos traducido el de absoluto por "lo absoluto", excepto
en algunos casos en que la forma era forzosa. Lo mismo ocurre
con 108 conceptos de "relatiro ", "finito ", "infinito". " determinado",
"indeterminado" e Bien que el lenguaj e admita f or·
mas como las de "el infinito" y " el indeterminado ", la absoluta im·
posibilidad de sus correlativos nos ha inducido a adoptar
en todos los casos la form.ll neutra. 8ólo Be ba. hecho para:
el concepto de "infinito", que hemos vertido por "el cuando
se rsfería al infinito
Finalmente, hemoa aclarado con algunas notas las idea! qua nos
pareeian susceptibles de explicaci6n o de ulterior desarrollo. La par'
quedad en estas aclarncionea ha sido siempre por la ne8&-
aidad de no recargar e:lccsivamente el tuto y de no desviar al lector
del asunto principal tratado en este estudio: la critica. de toda doctrina
:realista en sus mil divereas formae y la. afirmaeión de un
destinado a convertir en dilema y, por 10 tanto, en materia de deciaión
ineludible, todo problema perteneciente a la es.fera. de la
229

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