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sin PELOS EN LA LENGUA

F Barba Negra

Prosas de un majareta Por Barba negra Textos de cuando fui adulto
Por Jhon Monsalve

A Jhon Monsalve, por el cariño que le tengo Anónimo Adolfo Por Nicolás Gómez La chica que quisiera Por David Torres

Pero qué es el amor Por Jorge Chacón Inflijas noches Por Andrés R Verdugo
Árbol y mara Por Edgar Zigaü

El viaje Por Yésica Nieto Efigie Juliana Muñoz

Si me preguntas qué quiero Juliana Muñoz A veces sobras Por David Torres

Diez inasibles y fugaces minutos de retraso Por Dimarda Papalotl

Artículo: Nunca en Te propongo un juego domingo Juliana Muñoz Por Alejandra Guzmán

Bucaramanga, 24 de febrero de 2013
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Literatura Prosas de un majareta
Barba Negra

F Barba Negra

Un niño a pijamas, con la cabecita pelada, se apoyó en la baranda de su camilla y me dijo: ¿y si esta vida es un ensueño diabólico? ¿Y si hicimos algo malo en otro lado y nos mandaron a este planeta a sufrir? Mírate a ti, amigo, tienes plata, buena salud, una familia, un amor... y aún así desprecias la vida.

bíblico, sino el que aparece en primera página de Q'hubo con una soga al cuello y con un escrito en su pecho que dice: "pero sobre todo gracias, porque ni pluma, ni oleos, ni instrumento me diste”. Juventud triste y descolorida había

precedido la muerte de Lucas, que veía tan descuadernada la vida que ni el amor o las efímeras felicidades sustentaban el

Las escrituras de Lucas Y Lucas dijo: "gracias Dios porque nos diste las injusticias, sin ellas las expresiones revolucionarias como la literatura, la pintura y la música jamás hubieran nacido". Pero no Lucas el

“valor” de esta. Desesperado intentaba recurrir al arte, para ajustar las tuercas del mundo violento, imperialista y nada esperanzador. -Pero, ¡caramba! No puedo vivir de sueños. Si la vida no nos hace iguales, ¿por qué luchar por una igualdad

de condiciones o hacer de este mundo un mejor lugar? Prefiero entrar en un sueño constante porque esas intermitencias utópicas no me alimentan lo suficiente. -Este tipo estaba loco- dice el fotógrafo al forense mientras leían las escrituras (pero no las bíblicas) que, con carbón, aparecían en las viejas paredes de la recién hipotecada casucha de don Lucas, el que ahora reposaba en el infierno. Pero al menos reposaba.

importa ya. Dile a mi abuela que en unos días estaré en casa de nuevo... la situación acá está terrible, la gente se ha rebelado. Era de esperarse, no aguantaban ya. Pero todo será en vano. Han boicoteado almacenes y hasta la policía anda repartiendo armas a la gente para que se rebele. No fue sino hasta que el pueblo comenzó a aguantar hambre para que despertaran de ese estado estúpido de ensoñación. Sí... En las noticias está saliendo un tipo que aspira a la alcaldía,

La ciudad “Bonita” Años más tarde en la ciudad "bonita"... Sí, lo recuerdo. Montábamos en buses verdes… eran enormes. Unos protestaban, tenían sus razones; otros estaban

la gente lo apoya, se la pasa diciendo -se les dijo, pero no hicieron caso-. Dicen que era un estudiante de esos revolucionarios que salía a protestar. Yo creo que los políticos son todos iguales, no es sino que gane y pronto mandará al ejército a parar las revueltas. Sí, tía... dile a mi abue que hace harto no como un rico sancocho... mándale un abrazo de mi parte, pronto estaré por allá.

contentos, creo fueron ellos los que tiempo después prostituían a sus hijas o las casaban con el mejor postor, de esos extranjeros. Yo estaba de empleada en la casa un rico empresario canadiense que se le había dado por prohibir la venta de CD's, de• libros y de ropa que no fueran originales, basándose en una ley de por allá que esos ricos solo entienden. La gente prefería gastar su dinero en comida, y los lujos que antes se prodigaban quedaron relegados a la eternidad. Sí, yo tengo un título de algo relacionado con salud, pero… en realidad Marcel me pagaba mejor. Tía, en verdad yo tenía vocación para ayudar a los enfermos, pero eso no

A la mujer que amo Toma tu regalo- me dijiste-. Era el amanecer de nuestros dos años, ¿y qué tenía yo para ti? Huele a tu perfume- te dije-. Es un olor a púrpura... ¿si lo abrazo soñaré púrpura esta noche? Iré a dormir y el día del aniversario se apagó entre sutiles despedidas en la distancia. ¿Y que tenía yo para ti?

¡Qué dulce amor hay en tu mirada! ¡Qué empeño en tus detalles! Qué magia hay en tus caricias, que me elevan con un tibio suspiro y me acomodan en el lecho más suave; pero, ¿Y qué tenía yo para ti? No importa- me dijiste-. Es verdad, no importa ya. Pero, ¿acaso pueda yo recurrir a uno de los clichés más gastados? ¿Acaso pueda yo decirte que no hay más regalo para ti que mi alma entera? Yo me abalancé desde el precipicio del amor sin saber qué habría en el fondo, y

tan sólo grité tu nombre al momento del salto. Y voy cayendo... y voy cayendo en el abismo de tu ser, allí donde tu voz me susurra y mi corazón te habla, ¿y sabes qué dice? Lo que yo tengo para ti: un amor que se desborda, un amor que pintará surcos en tu frente y te llevará al lecho eterno con una sonrisa en la boca... y qué bella te verás allí, donde mi corazón habrá hecho su más elaborado regalo.

Textos de cuando fui adulto
Jhon Monsalve

27 de enero de 2013 Casi las once de la noche, una novela en la cama y una mano de acero en el hombro. Pesa y duele. Trato de quitarla pero no puedo porque no está… pero sé que es una mano. Me aprieta el hombro; siento un anillo. Volteo y miro: vacío, nada, ni siquiera la pared, ni la cama, ni la luz. Un grito ahogado, una lágrima… la mano duele, aprieta el hueso, pesa. Llega el gato, me mira asombrado… bizco. Giro nuevamente y era yo mismo, con una novela en la mano, cogiéndome el pelo, teniendo un orgasmo. Yo dos

veces, los ojos del gato, el alivio del brazo, la voz que retumba en el eco: “Ya has descansado mucho; vete al trabajo, que yo me quedo aquí leyendo por ti”.

1 de febrero de 2013 Hay una paradoja en el paso de una etapa a otra en la vida: cuando no eres, quieres ser, y cuando ya fuiste, te arrepientes. Vivimos más en el pasado que en el presente, y el futuro solo aparece para jodernos la vida. Hay otra paradoja cuando das el paso: te felicitan, te hacen fiesta, te ven un

un héroe, y 23 hojas de vida te estrellan contra el piso con un enorme silencio que te rompe los oídos. Esto de volverse adulto no es cosa fácil: ya creciste, ya probaste la cerveza, ya te dieron libertad, y con ella vino el cigarrillo, la responsabilidad, el dinero: no eres nadie sin dinero. El futuro acosa, el presente promete y el pasado ya se fue, dejando nostalgias, tristezas y buenas ilusiones, tal vez utopías, tal vez mentiras del tiempo.

14 de febrero de 2013 Este mundo está disfrazado de sonrisas, se maquilla con canciones, se viste de utopías y se prostituye a diario con sueños a corto y largo plazo. Una mirada al abismo de los ojos, una palabra en la boca, un beso grande en los labios… El lenguaje, la vista y la lujuria se convierten en remedios caseros del olvido, de la tristeza y de las pocas procedencias… También de las confusiones. Pero al menos hay eso: una mirada en los labios, un saludo en los ojos y un beso que te mira desde el abismo del futuro.

Diez inasibles y fugaces minutos de retraso
Dimarda Papalotl

Hoy he llegado a las diez y diez. Diez inasibles y fugaces minutos de retraso, que por fortuna han pasado

dinero,

a

su

modo,

otorga

cierta

autonomía y libertad a quien lo posee. Y eso yo lo necesito tanto como al aire para respirar. Después de eso me dediqué a hacer las labores propias de mi trabajo, de las cuales no voy a dar detalles, porque en ellas no radica el motivo de estas palabras. Mi trabajo es el trabajo típico de una persona joven que se está iniciando en la “vida laboral” en una ciudad (porque

desapercibidos. He sacado mi uniforme de una gaveta metálica que está ubicada en la recepción y con cierta rapidez me he cambiado en el baño de mujeres. Allí hay un espejo grande, por un momento me he detenido a observar mi rostro y he tratado de disimular las ojeras, producto de una noche de mal sueño, con polvos faciales. Luego, salí dispuesta a sacrificar cinco horas de mi existencia en nombre de algo que se llama dinero y sin el cual, tal vez, podría morir de desesperación; pues el

necesariamente

colombiana

quiero pensar que esto sólo sucede en Colombia) y, por ende, es susceptible de ser utilizada. Los oficios que me

corresponde realizar son principalmente mecánicos y, por ende, mientras los realizo puedo ocupar mi mente en otras cosas. Pero, ¿a qué cosas se dedica mi mente mientras mi existencia física trata de ganarse unos pesos, mientras soy útil a una causa que me es indiferente? No es una pregunta fácil. Por la mente suelen pasar muchas cosas: recuerdos,

Sin embargo, no es fácil comprender las relaciones humanas, son volubles,

impredecibles y caprichosas. Pero, a mi parecer, en este lugar, y hasta cierto punto en todo lo humano, predomina una motivación fundamental: la necesidad. ¿Necesidad de qué? Según lo que puedo observar algunas personas necesitan dinero y para obtenerlo se alquilan, por así decirlo, durante unas horas y soportan con el estoicismo de que quien no tiene otra opción las privaciones que esto implica. Otros tienen el dinero y necesitan ejercer el poder que este les confiere; entonces, gobiernan y disponen según su conveniencia las personas y las cosas. Finalmente, están los que necesitan satisfacer la necesidad de alimentarse, apaciguar el hambre, la sed. Pero no es así de simple, en el interior de estos tres grupos de necesitados se establecen múltiples vínculos y reticencias que, a su vez, se rigen por otras manifestaciones de la necesidad.

impresiones, conjeturas, incoherencias, utopías, sueños, etc. Sólo sé que a veces observo a las personas que me rodean, miro las relaciones que se trenzan entre ellas. Sus reticencias y concesiones. Trato de medir la fuerza de sus espíritus, la belleza de sus almas; y, naturalmente, la maldad, el miedo, la sed que reside en ellas; es decir, su imperfección, su imposibilidad de

realización plena. Y, como yo también soy una de ellas, suelo mirarme a mí misma y tratar de determinar cuál es mi papel en medio de esa muchedumbre de gente que se cruza.

A Jhon Monsalve por el cariño que le tengo
Anónimo

¡Oye Tú! Busco al autor de los versos lúbricos y rebeldes que he encontrado en unas hojas desgastadas olvidadas en el asiento de un bus, en la vieja pared que conduce a donde los muertos viven, en la portilla del baño en Montpellier, en la tabla del asiento y en el tablero de tiza de la escuela, también en una servilleta que ha elegido al azar como cómplice en un café y un bar, en el abdomen de su amante, en el espejo compinche del harén, en la ventana empañada de un auto, en el revés de un aviso publicitario, en el periódico releído, en la faz de una piedra, busco al que ha dibujado con sus dedos palabras en el suelo desértico , en el aire

escurridizo y en el agua perezosa… Si has sido tú… Confiesa que sientes un placer prodigioso cuando logras un renglón perfecto, un placer insuperable ni siquiera por los más celestiales orgasmos. Apuesto a que no recuerdas qué día es hoy ¿ya olvidaste hasta el día de tu santo? Dilo ahora ¿tus amigos no superan el número de visitas que el hijo de Dios ha hecho a esta tierra? Admite que muchos te han llamado loco al ver que tus dedos tiemblan cuando ves una hoja virgen. ¿Si es así? Tú ya no eres Tú, ahora eres mi hermano, por eso recuerda que no estarás solo cuando el alba nos sorprenda escribiendo.

Adolfo
Nicolás Gómez

A las ocho de la mañana Adolfo ya estaba muerto. Desde la seis y cuarto, hora en que Graciela lo despertó, sus terrenales ojos pudieron ver las últimas personas, objetos y lugares que dentro de poco se convertirían en la nada inmediata y anónima que daría sosiego a la mirada errante con la que siempre vivió. Para él, hombre ajeno a las cuestiones metafísicas que refutaran la existencia de Dios y de la morada paradisiaca donde Él acogía a todos los fieles que respetaran el bautizo, la comunión y las diez reglas de agradable comportamiento en la vida terrenal, el caer en la cuenta de que el

cuerpo, con mano al pecho, expresión morada y ojos con profundidad de dolor, se parecía al suyo fue el obús de terror y desesperación, tan característico de todos los devenidos muertos. Después de gritar, golpear y saltar alrededor de las personas que hacían corrillo al espectáculo de la inercia, el cansancio, que creyó ajeno a su condición

inmaterial, le dio la calma que le permitió saber que por fin tendría la oportunidad de conocer al hombre de aspecto tranquilo que celaba la puerta del paraíso que siempre describieron en la tarde de domingo. Adolfo nunca temió a la muerte; mejor,

siempre tuvo la convicción de que un proceso inmaterial •—alma, túnel, luz, juicio final• sería la continuidad que — comenzaba con la oscura visión de las cosas que lo rodeaban, y que indicaría perfectamente la transición de una vida en cuerpo material, cercano al pecado de los otros, para transgredir en un alma llena de pureza y libertad. Adolfo recordó a Graciela, y por primera vez después de la muerte sintió la tristeza innegable que causaba el hecho de que nunca más podría acompañarla en mañanas, mediodías y noches al café tinto mezclado con historias suyas nacidas en el grupo de oración. Después de pasar 40 años juntos estaban seguros de haber sido tan devotos y puros que tendrían la capacidad de conocer de antemano los indicios de la muerte, y por eso habían prometido informar al otro de las formas que tendría su desaparición. Pero la muerte no era como la había imaginado; más bien, era el lugar donde había conocido la frustración de

misma, no volver a ser carne visible ante los vecinos y los demás, para los que siempre creyó ser ejemplo de devoción. Ahora, aunque el ruido del mundo terrenal era perceptible a sus oídos, Adolfo no lo escuchaba como antes. Ahora ese ruido estaba lleno de insignificancia, de soledad, y comenzó a sentir terror. Adolfo miró al cielo, cubierto de nubes, y por ningún lado encontró la apertura de luz por la que saldría una voz anciana que lo invitaría al paraíso. No había ángeles, arcángeles u hombres de batas, con centenarios bigotes, que le leyeran una lista de pecados —más benevolencias— por expiar en un lugar oscuro para así legalizar su estadía en el cielo. Así creyó que era la muerte, una fila compuesta por hombres y mujeres transparentes,

rodeada de luz y entornos blancos, donde a cada turno leían buenas y malas acciones, para determinar un periodo de purificación, antes de disfrutar de la paz inmortal. Adolfo decidió tomar el camino a casa para saber si el juicio a su piadosa vida comenzaría allá. Tal vez los emisarios del cielo no tenían buena comunicación con la muerte —cada uno desempeñaba trabajos dispares— y por eso no sabrían en qué lugar del mundo cada cuerpo vivo quedaría inmóvil. Era probable que

incumplir a Graciela. Adolfo miró el reloj, y el tiempo corría en la muerte. Pasaban los minutos, y ya su cuerpo material había desaparecido. Adolfo abrigó el vacío que dejaba el alejamiento de todos los signos de los años que se iban con su cuerpo. Sintió tristeza de haber abandonado la vida

tuvieran la dirección del hogar; era probable que lo buscaran en la iglesia a la que siempre fue. Adolfo tuvo la idea de pasar por San Rafael, pero allí no encontró ningún mensaje en el buzón que le correspondía por ser ayudante de la eucaristía, y al que llegaban siempre las noticias del cielo. La iglesia estaba vacía, y en la bancas tampoco encontró ningún emisario que le indicara el camino eterno. Adolfo continuó el retorno a casa. A la puerta de esta, su ahora corazón de muerto ahondó más en la tristeza; no había ningún signo de luto o declaración de dolor a causa de su muerte. Todo continuaba igual. La puerta, la sala y el cuarto, que hacía unas horas había atravesado dejando huella y ruido de su peso material, no habían sufrido ningún cambio a razón de la muerte. Todo estaba quieto, tranquilo e invadido de silencio. Adolfo pensó encontrar la casa revuelta por el llanto, las flores y los rezos que él, aún sin sentir verdadera nostalgia por la desaparición de los otros, había llevado a los hogares donde velaban muertos

conocidos en la iglesia. En la cama encontró a Graciela, estaba dormida y tenía la apariencia de una monja en oración. Tal vez él se había enamorado de eso, de la plegaria en la voz, la tranquilidad en los ojos y la inocencia en el cuerpo. Adolfo volvió a sentir el vacío en la boca del estómago, aunque ya no tenía cuerpo. Se escurrió en la cama, abrazó a Graciela, y tomó como

almohada los hilos que desprendía su cabeza. Adolfo dejó salir, por sus ojos de muerto, las lágrimas de todos los hombres perdidos en el limbo de la soledad. Supo, al estar con Graciela, que esa era la mejor manera de continuar la espera de la apertura en las nubes, el llamado en la puerta y el conocimiento de la tranquilidad. Por un momento pensó que todo era mentira, y juntó con fuerza los ojos para perderse en oscuridad.

Adolfo golpea desde adentro para que le abran afuera.

La chica que quisiera…
David Torres

Lleva leídas, en este momento, las primeras páginas de un nuevo libro, con el triste recuerdo en su piel del anterior. Se habrá levantado

en un pequeño parque. Estará anegada en lágrimas por la tristeza de los recuerdos: es difícil sobrellevar la muerte de Julián Sorel, la muerte de Mme de Rênal, la muerte de amor, por amor, por amar. Sin embargo, pasará; las lágrimas acabarán cuando entre el desespero, la rabia, por la actitud de Philip: cuando descubra la pasividad del ser humano, el deseo de servir, el amor entregado y sumiso, la baja autoestima ante una

temprano, con el frío y la niebla húmeda, con el sueño aún pegado a sus ojos. Su desayuno habrá sido ligero. Habrá salido a caminar con el cálido roce de la brisa matinal. Habrá salido como siempre: una rutina plácida, sencilla, dulce. Estará

sentada, con las piernas entrelazadas,

deformidad del cuerpo y del corazón; lo contrario a su pensamiento idealista, de amor real, vivo, activo, mutuo. Pasarán las horas y con ellas un nuevo día. La noche caerá fijamente sobre su cuerpo desnudo entre lluvias tenues. Desnudo de ambiciones largas, de sufrimientos eternos, desnudo de efímeros deseos; cubierto de metas y proyectos, cubierto de un sereno porvenir. Acaecerá la noche y con ella invitaciones que estarán de más. Preferirá las aventuras de amor de la ‘chica mala’ a la efervescencia de una bebida en un vaso, a la música estridente de una noche excitada; será suficiente, para sus deseos, la pasión paulatina de una chica que viene y se va. Preferirá pasar la noche con Fowler y su amor: quizá frío, extraño, por Fuong; a agitar su cuerpo débil entre el caos de

cuerpos húmedos, de cuerpos olorosos a fricción. Ya habrá tiempo luego, pensará, de vivir esa otra vida. Otra noche llegará. O acaso le será suficiente la calma de otra noche blanca entre el misticismo excéntrico de Bertlef o los locos juegos de Avenarius. No se dormirá hasta que no termine la historia, hasta que una sonrisa invada su rostro cálido o unas lágrimas acaricien su suave piel, delicada. La luz se verá encendida hasta la madrugada, sin pretensiones ni arrogancias. Un mundo mágico abarcará el mundo hasta que se agoten las palabras, sus palabras

murmuradas. Al final, huirá entre los recodos de las últimas páginas, luchará en las últimas líneas, volverá renovada e inmortal, jamás derrotada. Al final, dormirá, pensando en mí.

¿…Pero, qué es a-m-o-r…?
Jorge Chacón Sánchez

Todo empezó un buen día… Bueno, pero en este momento no sé, con seguridad, si era bueno… Fue uno de esos días en los que uno se cuestiona todo, absolutamente todo, lo que está alrededor nuestro. Entonces, salió aquella mezquina palabra “Amor”; ¿pero, qué es el AMOR? Entonces comencé a recordar… recordé que, hoy en día es una palabra tan

desgastada (por su mismo uso) pero a su vez tan sublime, todo el mundo habla de amor (o más bien, la mayoría); Entonces, ¿será que de utilizarla tanto ya casi nadie ama…? bueno, eso parece; parece ser el caso de Omar quien una vez creyéndose estar enamorado pensó que tenía el mundo en sus manos…pero,

lastimosamente se dio cuenta de que su

su maravilloso amor no era correspondido. Al parecer, el amor de Omar se había disfrazado… tal vez de pasión, de deseo, de lujuria, de quién sabe qué, solo él lo sabe… Una vez, este sentimiento

de nosotros vimos el verdadero rostro del amor y corrimos despavoridos, aterrados por la desilusión… Parece que nos desgastamos mucho en algo irreal, algo hasta cierto punto inexistente y por consiguiente poco palpable. Qué pasa con el amor, quién lo creó, a dónde fue, qué se hizo, o lo que es peor aún quién se lo llevó, será que también lo secuestraron, será que lo mató algún sicario, terrorista o bandido, o será que está volando con algún narcotraficante o algún traqueto…Hemos buscado muchas definiciones para el amor pero al parecer no hay ningún consenso al respecto, todos tenemos ideas diferentes frente a este “bello” sentimiento, por ejemplo, para Ramón el amor es cuando conoces Roma por primera vez, “es algo mágico, extraordinario, maravilloso…” o para Mario es “como tomar jugo de mora, es delicioso, exquisito, deleitante y

desapareció, al amor se le cayó ese o esos disfraces y dejó, por fin, ver su verdadero rostro, su original figura, su real imagen. Este pobre hombre comprendió que el amor era un sentimiento imperfecto, que no era algo acabado, pulido, brillante y maravilloso como él lo creía; sino al contrario, que era algo que estaba por hacerse, por construirse, el cual había que pulirlo, pues bueno, si queremos que siempre brille; aunque algunas veces nos cansemos de darle brillo. El caso de Omar, es un caso de la vida real que va mucho más allá de la ficción, es un caso que nos puede servir a muchos de nosotros, sí. Ahora bien, si comparamos el caso de Omar con nuestra sociedad actual, con nuestra familia, con nuestro “amor”, y hasta con Colombia. Será que la mayoría

saludable…” para quien su gran amor se llama Maro; Mario cada vez que puede le envía, a su gran amor, un ramo de rosas,

por lo general rojas, como él según dice “sencillamente bella como mi Maro, dulce y primorosa…” Algún amigo extranjero dijo alguna vez, que el amor era como “roam”… sí, como vagar de un lugar a otro sin ninguna dirección… y que algunas veces era como un “moar”… y, según su explicación: “sexo caliente…”

lo menos estos no están tan lejos de la realidad del verdadero amor… Y saben lo que significa aomr… es como una especie de reglamento, de

regulaciones actuales de opiniones y memorandos… del Departamento de Seguros de Texas, en Estados Unidos, ¡increíble! Y como colmo hay un tal Jeff que es el administrador de una pagina Web que se llama “mroa” que en español sería algo así como los “rifles sin misericordia de América”… parece que este tal Jeff ya mató su amor… Será que con todo esto nos toca reinventar el amor… ¿pero quién lo hará, entonces…? Bueno, después de todo esto, todavía quedo con la duda, no se aún si pueda encontrar el amor, a pesar, que está en todas partes… sí, en una mora, o en una ramo de rosas, en un banco…; pero, por más que armo y armo, no lo puedo encontrar… ¡esperen!, se me ocurre, hay una parte donde no he buscado… será que, talvez, está en la (h)orma de mis zapatos… bueno, tendré que revisar… ¿Y usted ya lo encontró?

impresionante, cada vez descubría más cosas acerca del amor… es increíble lo que tan solo cuatro letras pueden significar… Y no se imaginan la cantidad de personajes que encontré con apellido oram y maor, será que alguno de ellos sabe lo que “implica” llevar ese tipo de apellidos… y es que el amor tiene de todo y da para todo… hasta tiene su propio banco, sí… eso mismo pensé… queda en la India y se llama el Banco Amro (Banco Holandés). Y, hasta tiene su propia organización, también, la Organización de Reportes Médicos en el Reino Unido y su sigla en Inglés es AMRO, al igual que el banco; y ni hablar de la Academia de Medicina de Rochester, que su sigla en Inglés es RAOM… bueno, por

Poemas
Inflijas noches
Andrés Verdugo

¿Qué dices, caballero, cuando en la noche ingrata te afana la marcha de un amanecer inminente? Solo miedo emana de tu boca amargada, miedo al tiempo faltante para volver a ser el mismo en la noche. No eres más que un cualquiera y eso te divierte, caballero, pues estás cansado de los elogios, cansado de que esperen siempre de ti lo bueno; pero en la noche… en la noche eres el de verdad, el ser sombrío, oscuro y muerto que sale a juntarse con las

calles y las putas. Sí, las putas vidas muertas, tiradas, moribundas en la hora invisible de la ciudad, por tanto amor regado… pero que a ellos nunca les ha de tocar. Maquillar la virtud, pintarla de negro, para que nadie te vea pasar, para camuflarte en la oscuridad. No contabas, hombre, que ellas también buscan paz… paz nocturna, afán de nada, conquista del amanecer,

victoria eterna, y, si es entre piernas, mejor. Y te enamoras de esa sombría

manía de seducir la basura, de besar el olor cansado y sudado del día; hasta te empiezas a creer poeta, un poeta maldito que escribe con la luz apagada los mejores versos de un corazón adolorido.

Necesito. pues, la carcajada que me condena, la mirada que sostiene el arma, la carne en donde clavo mi jolgorio.

Necesito, pues, tu desprecio, Por falta de luz pasas por alto la falta de tinta en tu pluma y te quedas con tu mala memoria sin saber a dónde fuiste a parar. Una noche en que no saliste a derrumbarte con el mundo, escribiste con tanta furia y desespero, que se grabó en la madera de tu mesa, arruinada de tanta carga vana, podrida y fácil de tallar, tu poema a la mujer oscura, causante de tu vida sagrada. Y esto se ha podido rescatar: …se formará un coagulo de sangre mortal si en mi pecho no penetran tiros de ternura de esa, a veces incipiente, que emana de tu amor inerte. cuando la luna nos llama a dormir sobre su blanca capa de queso añejado. (Extraño a la mujer nocturna que le ofrecí 10.000 besos y me pago con 50 congojas de oro) Te distorsiona la realidad, empiezas a Es para mí, infalible… la necesito, aunque miles de sentimientos separen a este beso de insensata existencia (mejor insistencia) de unos labios mal adornados, con color rosa y a brocha de pintor mal humorado. sudar, ella va hacia ti, la mirada de ella no tiembla, no se deja leer, la tuya ya no es mirada, es vacío, es pánico, es certeza, es cansancio, es estupidez. Estando frente a frente solo sientes en el pecho un ardor diferente, no es amor… es quizá lo que se siente en la proximidad de la muerte. Caballero, si su beso se hubiera posado en tu beso y no en el puñal que se clava en el Coágulo rojo acongojado en mi garganta en mi cabeza, en mi idea y mis noches de vela. pecho, estarías de nuevo siendo el eterno redentor de la sociedad diurna. Nada más ¡Pero triste! Qué triste sería mi vida sin poder contemplarte en el olvido, sin vernos en aquellas noches para que me quieras a medio tiempo, y aunque sea una vez al año verte desnuda bajo el firmamento.

llegarías a tocar las nubes desde la tierra como lo estás haciendo ahora, (no sé si las del cielo o las del infierno) pero, al menos, serías feliz. La diferencia es el ardor en el pecho, el cansancio diario, los malos desvelos, los buenos retratos entre besos y juergas de descaro. Menos mal el puñal penetró el pecho y por eso estás muerto; sigues muerto, solo que feliz entre sus brazos carcomidos de

postes mal parados, entre su sexo de sal infame, voluntad errante de creación divina. Amanece por fin y ya eres un cualquiera de día y de noche, la misma nada y a la vez todo lo importante, lo necesario y lo olvidado. La noche premió tu descaro; mandó una costilla afilada y mortal. Estás muerto y te crees enamorado.

Árbol y mara
Édgar Zigaü

Árbol Entre tu dura piel y mi mano la memoria de los juegos y la risa.

Mara No es el azul del mar la esencia de la mara es la alegría primera despierta entre los dedos.

El viaje
Yésica Nieto

Quería viajar, Quería saber qué había más allá de mis narices, Se lo conté, Y me quiso acompañar a mercurio.

Así que quise darle algo, Algo de mi pertenencia, Algo que lo identificara como mío, Y, lo llevé a Neptuno, Le mostré el frío que habitaba en mi interior,

El fuego que ahí habitaba no me afectó, Y, aunque suene contradictorio, sentí frío. Él lloró a mi lado, Sus lágrimas me destruyeron el corazón,

Pero él no lo permitió y me hizo arder a su lado, Me hizo ser mujer por primera vez, Me hizo amar por primera vez… Me hizo regresar a casa junto a él, Sí, a la Enana Horologium, Para siempre.

Efigie
Juliana Muñoz

Fija, tiesa, inmóvil, Camino, me acerco, me arrodillo, me hago la señal. Firme, estática, erguida. Levanto los ojos, y le susurro. Me miran, me miran… Doy gracias, pido, pido, inclino la cabeza. Rezo la oración milenaria: padre nuestro…me rasco la nariz, suspiro. ¿Por qué no me respondes? • pestañean, ni siquiera parecen respirar. No ¿No te cansas de tener siempre a ese niño lozano en tus brazos? Hace años que vengo a visitarte y ese niño no ha crecido aún. ¿y su padre, dónde está el padre de ese niño? Tú tampoco has cambiado, sigues igual de delgada y empalidecida. ¿Y esa corona? ¿No ha habido otros reinados después de ti? Por qué no la vendes y así dejas de estar descalza… ¿Estoy hablando sola? me duelen las rodillas, ahora me siento ridícula. Me levanto, doy media vuelta y me alejo. Fría, tiesa inmóvil…

Te propongo un juego
Juliana Muñoz

Te propongo un juego: Desde ahora los segundos no existen. Las manecillas del reloj han perdido la apuesta con el parajillo Cucu que por fin pudo alzar el vuelo y las ha dejado congeladas. Los Meses tomaron unas vacaciones y se extraviaron en un país lejano y los Años, pobres Años les han diagnosticado alzheimer. Desde ahora no es una, sino dos las margaritas que cortas de tu jardín para llevarle a tu abuelita al cementerio los lunes. En la tumba vecina yace nuestro viejo amigo el tiempo. En•el día dormiremos y en la noche iremos a la escuela, no, en nuestro juego no habrá escuela, iremos a volar cometas y a hacer castillos de arena. Te desafío a matar el tiempo y a jugar a amarnos para siempre.

Si me preguntas qué quiero… y, a veces sobras

Si me preguntas qué quiero…
Juliana Muñoz

A veces sobras
David Torres

Si me preguntas qué quiero, te responderé: Quiero un cigarrillo inextinguible, Un libro infinito, Una lluvia eterna, Quiero una noche inmarcesible, una lágrima perpetua; pero sobre todo... Yo quiero un escondite para amarnos hasta la eternidad.

A veces sobras A veces. A veces faltas A veces. Como esta noche Sin esta luna, Sin estas estrellas. A veces sobras Pero cuánto faltas Ahora.

Cine
Nunca en domingo
Alejandra Guzmán

¿Para qué decir trabajadora sexual, mujer de la vida alegre, fulana o mesalina; apelativos que intentan ablandar las palabras puta o

la vida. Así que emprende una campaña para reprimir su alma, para hacerle ver que su vida "desenfrenada" era una locura. Pues ¡qué locura! Y es que ver tanta libertad era espantoso. Terrible saber que una civilización que en un tiempo fue cuna de grandes filósofos terminara por tener mujeres que gozan del sexo con uno y otro hombre sin siquiera pensar en sus actos. Pensó el inquisidor que había que reprimir esos actos para poner a Ilya a estudiar. Tanto pensar, tanta razón, tanta moral, tanta filosofía, resultan por crear en el individuo esa inútil búsqueda del sentido, sin

prostituta? Si son términos que existen para ser nombrados, así como el vocablo culo que se refiere a esa noble parte que sirve para tantas cosas y que las mentes “puritanas” evitan

nombrar, por ignorancia. Barbaridad es que lo que no entendemos lo tachamos de sucio o grosero. De este modo que una prostituta llamada Ilya ande follándose hombres de cualquier índole a su gusto, perturba la mente de un hombre que busca el tal sentido de

sentido, de la vida. Quería este hombre salvar a Ilya, pero la sumergía a un abismo donde las tinieblas y la tristeza imperan, ahí donde el mundo del tanto pensar reina. Vainas aristocráticas al servicio de los buenos modales, de la literatura para el saber, vocablos rebuscados, éticas del comportamiento, nos desvinculan de la realidad, nos sumergen en un mundo lejano donde desde otro plano los actos de los otros no se entienden, qué bestialidad desligarse de la esencia por el mero hecho de buscar lo que jamás se va a encontrar. El saber, el discernir acerca del mundo significa deseo de dominar, mentes llenas de filosofías y moralidades absurdas que tiranizan, que colonizan... creen entender el mundo y desconocen todo lo que les rodea. Y entonces aplastan culturas, aplastan credos,

aplastan felicidades, visten a los desnudos, arman a los indefensos, callan las libertades, ahogan las

expresiones, nos sumergen en la apariencia. Ilya es una puta que vive en una villa costera de Grecia, rebosa de alegría de vivir, de la alegría por el trabajo, de la alegría por los amigos, de la alegría por la música, por la juerga, de la alegría de compartir y como no, la alegría en sí misma, sin conservantes ni colorantes, una alegría casi primitiva y sin razón, sólo puro sentimiento y que, en boca de una prostituta que cambia los finales trágicos de los eventos infructuosos de la vida y reparte amor y sexo a un sinfín de amantes, se pone en manifiesto que para ser feliz en este mundo, cuanto menos se sepa mejor. Que bello filme donde se folla todos los días pero nunca en domingo.