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Santamaría Lorenzo, Enrique De migraciones, sociologías e imaginarios Revista Sociedad y Economía, núm. 9, 2005, pp. 121-136 Universidad del Valle Cali, Colombia
Disponible en: http://www.redalyc.org/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=99620854007

Revista Sociedad y Economía ISSN (Versión impresa): 1657-6357 revistasye@univalle.edu.co Universidad del Valle Colombia

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De migraciones, sociologías e imaginarios Enrique Santamaría Lorenzo* Resumen
En este artículo se llama la atención sobre la dimensión simbólica de las migraciones; en particular, sobre el "trabajo simbólico" que los distintos actores sociales, con sus prácticas y representaciones, efectúan sobre los actuales fenómenos migratorios, haciendo del inmigrante una figura cada vez más central en el imaginario social. Tratamos, así, de analizar el modo en que pensamos e imaginamos la inmigración (a los migrantes en España). Conscientes de que entre imaginario social y ciencia no se da una total impermeabilidad, sino que entre uno y otra se producen continuos procesos de retroalimentación, apelamos tanto a un constante ejercicio de "vigilancia epistemológica", que tenga en cuenta la socio-génesis, alcance y uso de los términos, conceptos y teorías a los que recurrimos en nuestra tarea investigadora, como a la imaginación sociológica para, propiciar formas alternativas de pensar (y de actuar) en el seno de las heterogéneas y complejas dinámicas socioculturales en las que acaecen las actuales migraciones transnacionales.

Abstract
This paper deals with the symbolic dimensión of migrations, in particular with the "symbolic work" that the different social actors perform, with their practices and representations, upon the current migratory phenomena, making of the immigrant a more and more central character of the social imagining. In this way we intend to examine the way in which we think and imagine the immigration (the immigrants) to Spain. Being aware that there is no complete impermeability between social imagining and science, on the contrary, that there is a continuous feedback between them, we cali, on the one hand, upon a permanent exercise of "epistemological vigilance" in order to have in mind the social génesis, scope and use of terms, concepts and theories we use in our research tasks and, on the other hand, upon the sociological imagination in order to induce alternative forms of thought (and action) within the heterogeneous and complex socio-cultural dynamics of the current transnational migrations. Palabras clave: Migraciones, sociología, imaginario social, alteridad.
* Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), miembro del Centro de Estudios sobre Inmigración y Minorías Étnicas (CEDIME), de la citada Universidad, y del Grupo de Investigación en Antropología y Sociología de los Procesos Identitarios (ERAPI), del Instituto Catalán de Antropología (ICA). Este artículo hace eco de lo expuesto en la conferencia impartida con este mismo título en el ciclo Debates sociológicos europeos, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, Cali, (septiembre de 2002). Una primera y provisional versión, presentada al III Congreso sobre Inmigración en España Granada, (2002), se ha publicado, con el título de "Imaginación sociológica y migraciones transnacionales", en C. Larrea y F. Estrada (eds.) Antropología en un mundo en transformación, Universitat de Barcelona (col. Estudis ¿'Antropología Social i Cultural), Barcelona, (2004, pp. 59-80). Agradezco a mis compañeros del ERAPI y del CEDIME, de los que me sé profundamente deudor, así como a las personas que amablemente me invitaron y escucharon, su franca y desinteresada colaboración en mi intento de despensar la inmigración 121

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"Un sociólogo es un dispositivo de reflexividad. A través de él la sociedad reflexiona sobre sí. Para que esto sea posible, a la vez que piensa ha de pensar su propio pensamiento. El producto no puede abstraerse de su proceso de producción." JesúsIbáñez La inmigración es un tema que no puede ser ignorado en estos tiempos mundializados y personalizados, en los que los movimientos humanos se aceleran y amplían su alcance, adquiriendo formas muy diversas y variables. Desde mediados de los años 80, de hecho, la "inmigración" en paralelo al tema de la denominada "construcción europea" se ha convertido en una de las cuestiones centrales de los debates sociales y políticos en España y en elemento central de los imaginarios colectivos, hasta tal punto que ya es un tópico definir ésta como un "país de inmigración". Las migraciones son fenómenos sociales globales, esto es, fenómenos que afectan a las formaciones sociales en su compleja y heterogénea totalidad. Mi trabajo, que se viene desarrollando desde hace más de una década, y del que aquí quiero hacer una breve e introductoria exposición, se centra en el análisis y la reflexión de la construcción y significación social y sociológica de la inmigración, más concretamente de esa reciente figura social que es la "inmigración no comunitaria". Parto de la idea de que abordar las migraciones transnacionales contemporáneas requiere tomar en consideración las múltiples dimensiones que la constituyen y, muy en particular, la dimensión simbólica. Es por ello, que mi intención ha sido encarar esta dimensión, poniendo de relieve el "trabajo ideológico" que los distintos actores sociales, con sus prácticas y representaciones, ejercen sobre los actuales fenómenos migratorios, sobre la propia realidad y condiciones de los migrantes. Por tanto, la investigación no se circunscribe exclusivamente al campo de la sociología de las migraciones, sino que más allá de ella, pretende articularla tanto con la sociología del conocimiento, de tal modo que se abordan las formas en las que son percibidos, imaginados y pensados los migrantes, como con la sociología política, pues, de acuerdo con P. Bourdieu, (1988, 35), considero que toda forma de conocimiento es al mismo tiempo una forma de reconocimiento o de desconocimiento social que cosifica o subjetiviza a los actores sobre o con los que se piensa y estudia. »

El otro imaginario
Hace unos meses me invitaron a exponer el estado de mis trabajos en un curso de doctorado y el colega que me invitó rotuló la sesión que debía impartir con el título de "el otro imaginario". Para desconcierto de éste, y dado que tenía la confianza para ello, comencé mi exposición explicando mi inicial
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incomodidad con respecto al citado título, pasando seguidamente a expresar cómo algo más tarde lo acabé celebrando al percatarme de la ambivalencia que el mismo encerraba y que, ciertamente, delimitaba en gran medida la problemática sobre la que vengo indagando. En mi primera y desprevenida lectura el sentido más manifiesto del citado título me condujo a poner el acento, como algo convencional, en el otro; en ese otro que, en esta ocasión bajo la forma del inmigrante, es imaginado o incluso fantaseado. Así, parte de esa inicial desafección procedía del hecho de que lo que me ocupa no es, propiamente, el "inmigrante imaginario", sino lo que doy en llamar "inmigrante imaginado". Aunque autores como M. Delgado, (1998, 29-44) usan aquella expresión en un sentido similar al que yo le doy a ésta última, con el epíteto "imaginado", que evoca explícitamente la noción "comunidad imaginada" de B. Anderson, (1993), quiero hacer patente que, en lugar de la imagen supuesta, aparente, falsa, distorsionada o irreal de los inmigrantes, lo que me ocupa es el proceso de constitución de una determinada figura social y el alcance sociopolítico y cognitivo que ésta tiene. Además, distinguiendo entre "imaginario" e "imaginado" he querido resaltar no sólo el trabajo de la imaginación sobre la realidad de cosas, seres y aconteceres, sino también el grado y las modalidades de ficción (de hechura) que pueden tener las distintas figuras sociales. En efecto, todo y que las figuras sociales son complejas es decir, indisolublemente reales e imaginadas, esto no es óbice para que haya algunas más fantasmáticas que otras. De hecho, en este caso considero que puede ser significativo distinguir entre ese "inmigrante" cuya presencia cotidiana es constantemente elaborada y resignificada: representándolo como alguien que "no tiene papeles", que 'Vive hacinado y en condiciones deplorables", que "no tiene estudios" y "carece de trabajo", que "ha tenido que emigrar porque en su tierra se moría de hambre", que "provoca inseguridad", y que debido a su diferencia cultural no puede o les es muy difícil integrarse en la sociedad a la que ha llegado, entre otras cosas; de ese otro "inmigrante", mucho más fantasmático e "irreal" en su sentido estricto, pues no existe, que remite a esa masa de inmigrantes potenciales que pueden venir, a esa multitud irracional y difícilmente contenible que, según las noticias, declaraciones e informes, campa al otro lado de las fronteras de Europa, agazapada y escondida, a la espera de poder asaltar sus costas y bienestar (y que, por muchas veces que se la haya profetizado, nunca se ha cumplido). De igual manera, otro "inmigrante imaginario" lo encontraríamos, además de en esta representación de la presión migratoria sobre las fronteras, en la figura de la clandestinidad de las migraciones, esos miles de "ilegales" o "clandestinos" que se cree que ya han venido y que se mueven en la oscuridad por nuestros campos, ciudades y trabajos. Por otro lado, la incomodidad inicial procedía también de una ausencia, que no era tal. En efecto, otro sentido encerrado en el título, mucho menos
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manifiesto y que en principio suele pasar como me pasó socialmente desapercibido, es aquel que toma por sustantivo no al otro sino al imaginario, denotando la idea de otro imaginario o de un imaginario otro. Y, ciertamente, mi trabajo va dirigido, partiendo de la idea de que la sociología y los sociólogos somos actores sociales particulares, claro está, pero como todos los demás, no sólo a cómo se piensa e imagina la inmigración, a los migrantes, sino a si podemos pensarla y pensarlos de otro modo a como se lo hace. Dicho con otras palabras, a si es posible reformular el imaginario y las prácticas sociales con vistas a instituir una sociedad otra, mejor informada pero también más sabia, libre, justa y solidaria. Insistamos un poco más en este punto. Hay que señalar que ninguna sociedad, ningún grupo o sector social, es transparente consigo mismo. A lo largo de la historia, los agrupamientos humanos se entregan a una invención permanente de sus propias representaciones globales, de tal modo que a través de un denso entramado de representaciones que en ella se confeccionan perciben sus divisiones, legitiman su poder, elaboran modelos endoculturadores y, en suma, proponen e imponen identidades y alteridades sociales. De este modo, es necesario insistir en que frente a las posiciones positivistas, que presuponen que la realidad es algo acabado y predado (algo sustantivo) y lo que pensamos y conocemos sobre ella un reflejo que se acopla de modo más o menos acurado, la realidad también la hacen las ideas, las imágenes, las creencias, los mitos y las ilusiones de los actores sociales. Desde una perspectiva reflexiva, hablar de imaginario no sólo es hablar de un entramado de representaciones que delimita el campo de percepción y de acción social, sino también de las condiciones y procesos de producción de esas representaciones. Es hablar también de la inscripción que la imaginación imprime en la realidad, dándole sentido, y por lo tanto de los imprevisibles cambios, mutaciones y transformaciones a los que está sometido ese mundo inconcluso, contingente, fracturado y semi-imaginario que es el mundo social. Es hablar, en definitiva, de creación y reformulación social. Estas consideraciones no son ajenas a la sociología. En efecto, contrariamente a lo que con demasiada frecuencia se supone, no hay una separación absoluta entre conocimiento científico e imaginario social. Es una idea errónea considerar que la ciencia y el imaginario o lo que otros denominarían ideología, en sentido muy amplio son mutuamente excluyentes e impermeables, pues no sólo la sociología está permeada por el imaginario, haciéndose patente de múltiples formas en las investigaciones y teorizaciones sociales, sino que éste se nutre de los conocimientos que produce la sociología, de tal manera que de forma más o menos directa, más o menos voluntaria, ésta participa en la reformulación y conformación de los imaginarios colectivos. De hecho, la sociología, en tanto que escenario socialmente estructurado e
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institucionalizado, y los sociólogos, en cuanto sujetos sociales, están enraizados en unos tiempos y lugares y, por lo tanto, impregnados de muchas de las representaciones que son parte de esos sectores y sociedades, de tal modo que, como se sabe, a la sociología no le son ajenos ninguno de los múltiples tipos de etnocentrismo que se pueden dar. Por ello, y siguiendo de nuevo a Bourdieu, en compañía esta vez de Chamboredom y Passeron, (1976), considero que hay que ejercer una estrecha 'Vigilancia epistemológica" a las nociones, conceptos, teorías y procedimientos a los que en los estudios sobre migraciones recurrimos, haciendo visible lo que comportan y conllevan cognitiva y sociopolíticamente; considero que es menester poner de relieve no sólo cómo los imaginarios se nos cuelan y nos constituyen, sino cómo somos co-productores de sentido y de realidad, al llevar a la práctica la tarea de elucidar el mundo social.

La construcción social y sociológica del inmigrante
Como ya he apuntado en varias ocasiones, la problemática que me ocupa es la construcción de la inmigración y, más en particular, el papel que la sociología juega o pueda jugar en ello. A este respecto, cabe señalar que, en paralelo a toda una proliferación de prácticas y representaciones de todo tipo que toman a los migrantes por objeto, hemos asistido también desde mediados de los años ochenta a una paulatina proliferación de estudios sobre los mismos. De este modo, y aunque parezca paradójico, lejos de que la inmigración sea propiamente un objeto desconocido, es un objeto sobre el que se produce un continuo e intensivo saber. En este sentido, lo que se encuentra en el caso de España, y por lo menos hasta bien entrados los años 90, pero con importantes ecos hoy en día, son estudios fundamentalmente empíricos que intentan describir las dimensiones y condiciones de vida y de trabajo de ciertos colectivos migrantes, para ámbitos geográficos y sociales cada vez más circunscritos, y, en mucha menor medida, pero también de forma muy presente, las actitudes, opiniones, estereotipos y comportamientos que los autóctonos presentan con respecto a los migrantes. Se trata de trabajos básicamente socio-gráficos y de opinión, que muchas veces caen en una perspectiva ético-asistencialista, y en los que, a grandes rasgos, y con algunas pocas excepciones, se suele dar una enorme endeblez teórica y epistemológica, todo y que las migraciones presentan una presencia central en la teoría sociológica desde sus misma génesis (Santamaría, 2002, 45-101); (García, 2001); (Terrén, 2002). Las causas de esta endeblez cabría buscarlas no sólo en cuestiones técnicas o en el predominio de los modelos demográficos, socioeconómicos, psicologistas y culturalistas que reducen, de una u otra forma, la complejidad de las migraciones, sino que también responden a
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cuestiones sociológicas de mayor calado. Aunque sólo sirva como mero apunte, la sociología no es una inmaculada torre de marfil a la que no afectarían los avatares del mundo social, y así es menester poner de relieve, en primer lugar, que, como nos advierte A. Sayad, (1991), el estatuto científico de los objetos de investigación se corresponde en gran medida con el estatuto social que estos tengan. Teniendo en cuenta por tanto que hay una estrecha y compleja interrelación entre la dignidad social e intelectual de los fenómenos sociales que se convierten en objetos de estudio (nadie dudaría de la importancia del estudio de la ciencia, el arte, la política, el trabajo o la empresa, por ejemplo), la endeblez teórica de las investigaciones sobre las migraciones vendría a ser una buena ilustración de la consideración social que los migrantes tienen en la sociedad española. Hay que destacar también que esta despreocupación teórica es a la vez testimonio y consecuencia, tanto de la estrecha dependencia que los estudios sobre las migraciones presentan con las demandas institucionales y políticas, como del paulatino proceso de especialización e institucionalización de la propia sociología, que ha supuesto, en muchos casos, la fragmentación y la descontextualización de los fenómenos del todo del que forman parte. No es ajena tampoco a estos dos factores esa especie de división internacional del trabajo sociológico sobre las migraciones en la que, mientras que en los países receptores se produce un saber sobre la inmigración, en los emisores se construye un saber de la emigración, mutilándose, en uno y otro caso, la complejidad del fenómeno. Todo ello lleva aparejado que, como hace notar el propio A. Sayad, (1991, 16) la problemática de la inmigración sea en gran medida una "problemática impuesta", en la que la sociología se circunscribe a constatar y detallar la llegada y asentamiento de los migrantes, investigándose los movimientos poblacionales en tanto en cuanto afectan a la sociedad de instalación y desde los presupuestos socioculturales y políticos de la misma. De este modo, la llegada, instalación y movilidad de los migrantes deviene un problema que de múltiples y diversas formas se presenta siempre asociado a otros muchos «problemas sociales» (como, p.e., el paro, la vivienda, la pobreza, la exclusión social, el fracaso escolar, la inseguridad ciudadana, la degradación urbana, la violencia familiar, el racismo,...). Partiendo de estas consideraciones, mis investigaciones vienen tomando por objeto de reflexión y estudio el lento pero inexorable proceso de institución de una determinada categoría social y cognitiva. El tema no es, pues, la inmigración, la llegada e instalación de los propios migrantes (su número, características, situaciones y trayectorias sociales y espaciales), sino que, lejos de ello, es el discurso, esto es, las distintas prácticas y representaciones sociales, los diferentes haceres y decires, que los toman por objeto de regulación, reparación y/o conocimiento, y que, en un determinado contexto
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económico, político y cultural, la instituyen y dan sentido como una figura social de la alteridad. Más concretamente, mi interés consiste en abordar la forma en la que los diferentes actores y escenarios sociales (socio jurídicos, periodísticos, educativos, asistenciales, asociativos y, en particular, los sociológicos), con sus prácticas y representaciones, han y están preformulando y diseminando unas determinadas representaciones colectivas sobre los migrantes, proponiendo e imponiendo de esta suerte ciertos motivos para la acción colectiva. Insistiendo en este asunto, mis investigaciones versan sobre cómo se generan, estructuran y difunden los distintos modos de pensar y tratar/ a los migrantes, de cómo se constituye sociopolítica y cognitivamente una nueva figura social, un "actor social simbólico" (G. Althabe, 1993), que pasa a formar parte real e imaginariamente del entramado de relaciones sociales que componen una determinada formación social. En este sentido, la manera en la que vengo abordando la socio génesis y evolución de la "inmigración no comunitaria" ha sido a través del análisis del discurso, más en particular de lo que G. Imbert, (1990) denomina "discurso flotante". En lugar de abordar dicho proceso como habitualmente se viene haciendo, y como yo mismo también he hecho (Santamaría, 1994), desde el análisis de algún "discurso constituido" (como podría ser el caso de los editoriales o noticias de la prensa diaria, los libros de texto de la enseñanza secundaria o los debates parlamentarios), he emplazado el estudio en ese entramado de (re)presentaciones que, compuesto por discursos con soportes variados y sin estructurar, es construido a partir de una isotopía temática, que es la que le da coherencia. El estudio se aplica, por tanto, a las prácticas y representaciones colectivas que en torno a la llegada e instalación de los migrantes se vienen desarrollando desde mediados de los años 80, momento en que se conforma la figura de la inmigración no comunitaria, analizándose transversalmente los lugares comunes, las regularidades discursivas generadas alrededor de este tema y su proyección en el imaginario colectivo. El análisis e interpretación de este discurso flotante sobre la "inmigración", producto como es de una práctica colectiva, de un enunciador difuso y múltiple, y en tanto que toma en consideración los análisis más parciales y fragmentados acerca de los discursos que algunos actores enuncian y/o que algunos colectivos migrantes padecen, me ha permitido, en detrimento de la profundización en un escenario social, colectivo o aspecto concreto, una aproximación más compleja e incisiva. De hecho, me permite, yendo más allá del análisis detallado y exhaustivo de una determinada enunciación, contextualizar y englobar mejor las distintas formaciones discursivas que toman a los migrantes como objetos de sus prácticas, representaciones y/o retóricas, poniendo de relieve su articulación e inscripción en la sociedad global. Con este fin he tomado por objeto de análisis algunos de los "tropos
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discursivos", de los lugares comunes, que a lo largo de una década han sido más recurrentes en todos y cada uno de los haceres y decires sobre la "inmigración no comunitaria". Sin pretender agotar el análisis de aquéllos, he abordado el análisis de tropos como el omnipresente lema "España, [de un país de emigración a] un país de inmigración"; las metáforas que pueblan las retóricas sobre las migraciones; la constante asociación e incluso asimilación de la inmigración con un grave problema social; la siempre supuesta falta o necesaria integración de los migrantes; la cuestión del Islam y de la situación de la mujer inmigrante; el surgimiento de "brotes de racismo y xenofobia"; el advenimiento, supuestamente concomitante a la inmigración, de una "sociedad multicultural"; la "atención escolar a la diversidad"; la (inhospitalidad de los espacios urbanos multiculturales... lo que me ha permitido poner de manifiesto la figurativización social que de los migrantes se está obrando. Así pues, estoy en condiciones de poder afirmar que la llegada, movilidad e instalación de los migrantes es constantemente (re)presentada, de modo miserabilista y etnicista, como si estos fueran extranjeros, extraños y extemporáneos o atrasados, es decir, como una figura de la carencia y de la diferencia cultural, como una figura de la alteridad radical; de la aliedad. En la actualidad nos encontramos con un discurso hegemónico que también permea las representaciones y prácticas sociológicas sobre la "inmigración" en el que mediante la recurrente asociación de los migrantes a un sinfín de problemas sociales lo que puede hacerse mediante la afirmación de que sólo tienen, generan y/o exacerban problemas de orden público, educativos, urbanísticos, de convivencia o de cualquier otro tipo, su presencia, instalación y movilidad geográfica y social son (re)presentadas como un grave problema o una grave amenaza social, que adquiere dimensiones europeas y cuyo origen radicaría en su gran afluencia, su excesiva presencia o concentración y, especialmente, en su diferencia o lejanía cultural. De este modo, al (re)presentar a los migrantes como "minorías étnicas", siempre exóticas, e incluso potencialmente peligrosas, se los extraña social, política y cognitivamente, se los constituye simbólicamente como una figura de la extranjería; esto es, como una figura ajena, distante, cuando no desigual, al propio agrupamiento sociopolítico en el que están instalados y del que forman parte. Los "inmigrantes", que no serían de aquí ni de ahora, son presentados como si fueran individuos procedentes de "otro mundo" y que, por ello, permanecerán más o menos, pero siempre, externos, extraños e incluso hostiles al "mundo que los acoge". Hay que señalar que, al lado de esta (representación de los migrantes como una "presencia bárbara", incluso como un antisujeto europeo, que ha exhibido diversas modulaciones a lo largo de estos años, cada día adquiere una mayor importancia la aparición de un discurso inverso que recala sobre lo mismo y es la consideración de la inmigración como "oportunidad" o incluso como

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"solución". En este sentido, la inmigración ya no es un problema o una amenaza sino la ocasión o la solución benéfica de serios problemas y malestares. De todos modos, en uno y otro caso, la representación insiste en una concepción fundamentalmente culturalista de los migrantes que, nutriéndose de la antropología clásica funcionalista, no sólo insiste en su distancia y diferencia cultural sino en que ésta, lejos de ser el producto de la relación social, les es inherente y consustancial (los diferentes son ellos), y, así, procediendo del pasado, y siendo sumamente estable y homogénea, es difícilmente modificable, cuando no inmutable. Se trata, en suma, de una representación que, poniendo el acento en la diversidad cultural (sea ésta fundamentalmente religiosa o lingüística), ignora en gran medida la dinamicidad y mudabilidad de toda configuración cultural, su estrecha relación con lo económico y lo político, y el hecho de que los seres humanos más que seres culturales seamos seres históricos; o, lo que es lo mismo, creadores y no sólo portadores de cultura.

Por un (reconocimiento sociológico otro
Frente a esta "fabricación" sociopolítica y cognitiva del inmigrante como un problema y/o una amenaza, incluso a veces bajo la forma de la solución a nuestros males y malestares, considero necesario y urgente construir otros conocimientos que nos permitan elaborar otras representaciones de los migrantes. En cualquier caso, para vislumbrar algunas líneas de reformulación sociológica de las movilidades y movilizaciones poblacionales contemporáneas, no es suficiente recurrir a la consabida estrategia de llamar la atención sobre la necesidad socioeconómica y demográfica de la inmigración, pues, poner de manifiesto la utilidad social de ésta es una cruel paradoja, que al tiempo que pretende dar a conocer y valorar las ventajas aportadas por los migrantes, perpetúa y difunde el utilitarismo, es decir, la idea de que el valor de las cosas y seres está en función del provecho o beneficios que de ellas podamos extraer, con lo que se trata de un reconocimiento condicionado y coyuntural. En cierta medida, se convierte en una legitimación aplazada y disfrazada de los rigores políticos y administrativos dominantes, cuando los migrantes ya no resulten tan ventajosos. Además, algunos de estos trabajos caen en lo que I. Duque, (2000) denomina "catastrofismo demográfico", incrementando así la zozobra que con respecto a la inmigración se está difundiendo. Por el contrario, y aunque tan sólo sea a modo de informal e incompleta aproximación, necesitamos recurrir a la imaginación sociológica, por la que abiertamente apelaba C. W. Mills, (1961) y abrir el discurso y la investigación a nuevas voces y dimensiones, a nuevas miradas sobre los procesos migratorios.
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Así, para empezar, necesitamos restituir la complejidad del fenómeno migratorio rehabilitando el proceso emigración-inmigración que lo conforma, necesitamos resituarlo en el contexto de las otras movilidades humanas y abrirlo, como se viene haciendo aunque tímidamente en los últimos años, a otras dimensiones y aspectos que quedan silenciados y omitidos y que, como puedan ser las relaciones laborales y el sindicalismo, la publicidad, el trabajo sexual, los medios de comunicación alternativos, los espacios públicos, las movilizaciones de los inmigrantes, la ayuda mutua o el éxito escolar, por citar tan sólo algunos pocos trabajos que ahora me vienen a la mente, y de los que se encontrará referencia en la bibliografía, permiten complejizar su comprensión y revelar aspectos descollantes de las sociedades contemporáneas. Por otro lado, y como señala G. Baumann, (2001) además de articular el trabajo teórico y el empírico, son precisas nuevas iniciativas que no centren los estudios exclusivamente en los colectivos migrantes, estudiando objetos relaciónales y, en particular, recurriendo a estudios comparativos que nos permitan tanto relativizar los fenómenos y sus características como, al mismo tiempo, iluminar dimensiones que quedan claramente oscurecidas o sobre iluminadas por el hecho de enfocar los procesos migratorios desde las preocupaciones, urgencias, ansiedades e incluso "pánicos morales" que se formulan en la sociedad desde la que se quiere estudiar las migraciones. De esta suerte, no es sólo necesario hacer estudios comparativos entre países, políticas y colectivos migrantes, sino entre regiones, ciudades, sectores sociales y producciones culturales, para poner de manifiesto que, frente a la idea de que la inmigración es una, grande y homogénea, es ante todo sumamente dinámica y heteróclita, y que, hoy por hoy, en el caso de España, se caracteriza lejos de lo que se suele dar por sobreentendido por su lenta, aunque ciertamente cada vez más acelerada, consolidación y una paulatina diversificación. (Baganha y Reyneri, 2001) Como puede entreverse en lo que digo y hago, estoy convencido de que en los estudios sobre movilidades humanas tienen que tomar más importancia, como ponen de relieve estudiosos como D. Juliano, D. Provansal, N. Monet, J. de la Haba, J. Moreras, P. Alvite, B. Agrela, M. Aramburu, entre otros, los procesos de construcción y significación social de las situaciones migratorias y de sus protagonistas. Pero, así mismo, es fundamental incluir, en este punto, a los eternos olvidados o emplazados a otro momento de la investigación. Es ineludible, por tanto, incluir en la elucidación de las dinámicas sociales y culturales las representaciones que los propios migrantes presentan de la sociedad de instalación y de las relaciones sociales que mantienen con los diferentes actores sociales. Con todo, no se trata tan sólo de poner de relieve las actitudes, estereotipos o incluso experiencias de los migrantes, sino que urge encarar, la forma en que se confrontan con esta representación predominante que los (re)presenta como una "presencia bárbara" y los modos que tienen de
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adherirse, acomodarse, contestarla, interiorizarla y/o reformularla, de tal modo que al mismo tiempo queden puestas de relieve las (representaciones que hacen de la sociedad de instalación y de las relaciones de fuerza y de sentido que con ella y los otros grupos que la conforman mantienen. Como corolario de todo ello, considero una necesidad absolutamente imperiosa elaborar y producir otros conocimientos de referencia que ya no conciban a los migrantes como un "grave problema social" a gestionar, sino que los piensen de otro modo; más concretamente, y ésta es la opción por la que opto, como sujetos y actores sociales que interactúan y se relacionan en el marco de determinados entramados y dinámicas socio-históricas. En este sentido, es preciso insistir en los aspectos que hacen referencia a las cadenas y redes sociales que los migrantes ponen en funcionamiento, así como en las estrategias que generan en el seno de los distintos escenarios sociales (cadenas, redes y estrategias que, es menester decirlo, están siendo cada vez más deslegitimadas e incluso criminalizadas), intentando ver los modos en que construyen sus propias movilidades sociales y en que articulan y reconfiguran sus interacciones y relaciones sociales en un contexto diferente del que proceden y en el que de múltiples formas están actuando. En especial por lo que hace a los nuevos enclasamientos sociales y también a la forma en que se reconfiguran las relaciones de clase, género y generación. Al considerar a los migrantes como sujetos y actores no hay que perder de vista, en consecuencia, que, frente a la conceptualización de los fenómenos migratorios como un fenómeno específicamente masculino y adulto (y ello a pesar de, en este caso, su paulatina feminización), resulta ineludible poner de relieve el papel que juegan, en la (re)organización social y cultural que supone toda migración, en particular, las mujeres y/o los jóvenes y niños, con sus agrupamientos y (re)formulaciones culturales. En este sentido, será menester detenerse en las estrategias y tácticas que las mujeres migrantes adoptan en la sociedad de instalación, no circunscribiéndolas tópicamente al ámbito familiar ni a la sola salvaguardia y conservación de las tradiciones culturales enfoques que por sí solos acaban sancionando la idea dominante que de estas mujeres se tiene en la sociedad de instalación como «mujeres anticuadas y pasivas», sino también, y muy especialmente, en lo referente a las innovaciones y reformulaciones sociales y culturales tanto en el seno de su grupo de pertenencia como por lo que lo hace a la sociedad de instalación. Del mismo modo, resulta indispensable abordar las dinámicas generacionales con sus interconexiones de género y clase y considerar a los jóvenes y niños no como un "calco cultural" de los adultos (Juliano, 1998) un calco que normalmente no deja de ser, por lo demás, sino una simple proyección del imaginario de la sociedad de instalación o los ecos del "discurso sonoro" (Mernissi, 1990) de la sociedad de la que los migrantes
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proceden, para indagar, por el contrario, las concreciones culturales que aquellos (re)construyen con múltiples y diversos materiales culturales, articulando elementos de las culturas parentales, las culturas generacionales y la cultura hegemónica. A este respecto, no es baladí recordar que jóvenes y niños son sujetos de las interacciones y relaciones sociales y por ende de las estructuras, conflictos y cambios que acaecen en los diferentes escenarios sociales en los que están insertos y en los que proyectan y reelaboran sus otras experiencias y vivencias sociales. Llevando un poco más lejos la argumentación, la constatación de que los migrantes no son una figura social de la exterioridad, de que en realidad son sujetos activos y creadores en y de la sociedad de instalación, me lleva a proponer pensarlos, como sugiere M. de Certeau, (1994) como una figura social de la comunicación. De hecho, los migrantes no están emplazados entre dos mundos, no viven entre dos culturas, como una y otra vez suele decirse siendo un recurso fundamental a través del cual se perpetúa su exterioridad y, sobre todo, se perenniza la condición de inmigrante en sus vastagos, sino que aquellos, en mayor o menor medida, viven y construyen un entredós sociocultural. Dicho con otras palabras, los migrantes son producto de la progresiva articulación económica, política y cultural de diferentes lugares y gentes, y, al mismo tiempo, ellos mismos son activos articuladores de sociedades y culturas al emplazarse y actuar e interactuar en lugares geográficos, sociales y culturales concretos. Los migrantes, con sus concreciones culturales, lejos de devenir una figura extemporánea, son sujetos de estos tiempos contemporáneos. Es más, se puede afirmar que se trata de unos sujetos que no sólo viven la contemporaneidad, que les afecta y los constituye, y ante la cual reaccionan, sino que son vectores de la misma Esta consideración, que algunos autores han puesto de manifiesto para los directivos y cuadros de instituciones y empresas multinacionales, profesionales, cooperantes, profesores y estudiantes universitarios, etc., es extensible también a los diferentes grupos migrantes, en tanto en cuanto, no son aquellos ni éstos en sí los que articulan espacios y tiempos formando nuevos entramados sociales transnacionales, sino los procesos en los que están insertos, que los producen y en los que participan activamente como actores. Con esto quiero subrayar que si la modernidad, bajo esa forma planetarizada que hoy adopta, supone una progresiva interconexión entre culturas, gentes y lugares, no sólo es generada por los estados, las empresas o las ONG, sino también por todas aquellas gentes que (re)construyen espacios de intercambio y de intercomunicación y (re)crean nuevas concreciones culturales, que al mismo tiempo transcienden y están constreñidas por las fronteras nacionales. En gran medida, los migrantes están conformando mundos anónimos, cotidianos, socialmente invisibles e incluso denostados, que corren paralelos a los grandes procesos de mundialización de las
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economías y de las comunicaciones. No quiero dejar de señalar que, para concluir, el estudio de la construcción y significación social de la "inmigración" nos ha permitido poner de manifiesto que las migraciones, consideradas en muchas ocasiones como un objeto de estudio menor, constituyen uno de los fenómenos que mejor revelan la complejidad y ambigüedad constitutivas de la socialidad contemporánea, de tal manera que no sólo nos ha llevado a tomar en consideración algunos de los procesos de extrañamiento social que la caracterizan, sino que nos ha encarado con el papel cognitivo y sociopolítico que la sociología y los sociólogos juegan o pueden jugar en el seno de las dinámicas sociales y culturales contemporáneas. Nos ha encarado, por consiguiente, con lo que A. Melucci, (2001,32) denomina "hipersocialización" y M. Maffesoli, (1993,11) describe como la "ideología de nuestra época"; esto es, con el constante uso, abuso e incluso mal uso de explicaciones que recurren a lo social, lo cultural o a algunos de los actores sociales como pueden ser los inmigrantes para intentar dar cuenta de lo que acontece en las sociedades contemporáneas.

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