* publicada en revista Noticias - enero 2010 Aquello que no logró la enfisema pulmonar que dañó sus pulmones y corazón

hasta el transplante, lo que no pudieron los miles de cigarrillos que fumó durante su vida, eso – la muerte – lo alcanzó una bacteria hospitalaria que le provocó una neumonía de la que no se pudo recuperar. Un final triste para un hombre, Roberto Sánchez, que luchó tanto para vivir. Triste, sobre todo, porque podía evitarse. El virus de Irak. El principio del fin para Sandro fue el ingreso a su organismo de la Acinetobacter baumannii, una bacteria de fuerte resistencia a los antibióticos, y por eso, altamente mortal. Este microorganismo se descubrió en 1908 pero tomó fama cuando se transformó en el enemigo invisible de los ejércitos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá en su incursión en Irak y Afganistán. Cuando las emboscadas del enemigo no lograban totalmente su cometido, los soldados heridos internados en las tiendas de campaña contraían neumonías nosocomiales – uno de las principales infecciones que provoca esa bacteria – que terminaban el trabajo que los terroristas habían alcanzado a medias. Por eso se lo conoció como el virus de Irak. Pero no hace falta estar en tierras hostiles para presenciar esta batalla silenciosa. La guerra contra las infecciones producidas por bacterias hospitalarias – la Acinetobacter baumannii es sólo una de ellas - se libra a diario en todas las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), con resultados más penosos de lo que se puede esperar de una pelea que, según los especialistas, podría ganarse, como sucede en los sistemas de salud del primer mundo, con prevención. Cómo se contagian. Las principales puertas de entrada de las bacterias al cuerpo de un paciente son los catéteres urinarios, catéteres centrales (utilizados para administración de fluidos y medicación) y los equipos de asistencia respiratoria mecánica. Los pacientes de mayor riesgo de contraerlas son aquellos con internaciones prolongadas en terapia intensiva, entre otros factores de riesgo (ver infografía). Pero el problema no son los microorganismos en sí, ya que éstos pueden alojarse en el cuerpo sin que esto implique una complicación. El verdadero problema son las infecciones que pueden producir, que van desde neumonías hasta infecciones de sangre o urinarias, entre otras (ver infografía) y que pueden llevar a un paciente - que puede estar en condiciones delicadas pero no necesariamente en riesgo su vida - a la muerte. Las tasas de infección hospitalarias (IH) en los centro de salud de la Argentina son alarmantes. Víctor Rosenthal es médico especialista control de infecciones y epidemiología hospitalaria y fundador del Consorcio Internacional de Control de Infecciones Nosocomiales (www.INICC.org) y asegura que cada año en nuestro país 120 mil

pacientes contraen IH, de los cuales muere la mitad. En un estudio que realizó sobre 18 mil pacientes internados en UCI, el 27% contrajo neumonía nosocomial, como sucedió con Sandro. Y, de éstos, el 66% murió. Igual que el ídolo. En Estados Unidos, la tasa de infección de neumonía es de 4%. “Las neumonías hospitalarias se producen porque no se cumplen con los procedimientos básicos de una intubación para respiración asistida, que evitan que el paciente se aspire y lleve las bacterias que están en su boca al pulmón”, señala Rosenthal. En las otras infecciones, la tasa es igualmente alta (ver recuadro). A lavarse las manos. Y la higiene. Algo que parece tan básico y sobre entendido para un trabajador de la salud, como lavarse las manos, no es una práctica tan extendida. “el lavado de manos, la utilización correcta de guantes y camisolines descartables y protectores oculares es una medida básica, así como tomar precauciones de aislamiento y la limpieza y desinfección del equipamiento son medidas básicas”, dice Héctor Laplumé, médico infectólogo y coordinador del Comité de Control de Infecciones del Hospital Posadas. Para Pablo Bonvehí, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, “hay conciencia pero hay falencias y no siempre la higiene se hace en el momento que se debe. Además el centro de salud debe proporcionar los elementos en el lugar indicado y eso no siempre sucede”. Llevado a números: en los países en vías de desarrollo, los médicos y enfermeros, de cada 100 pacientes que tocan, se lavan las manos en 40 oportunidades, mientras que en los países desarrollados lo hacen cada 70. Los datos son del INCC. Por qué matan. La lucha es silenciosa, constante y sin cuartel. O debería serlo. La bacteria que le provocó la neumonía a Sandro pudo haber estado en el tubo del respirador, en los caños de su cama, las cortinas de su cuarto, la almohada, la mano de un enfermero, el equipamiento hospitalario o en el picaporte de su puerta. Y el problema en la Acinetobacter baumannii no es cómo evitarla - está presente en el 40% de los internados en terapia intensiva – sino cómo sacarla una vez producida la infección, por su alta resistencia a los antibióticos. En los últimos años, esta resistencia ha aumentado considerablemente y ha puesto en jaque a los infectólogos de todo el mundo. De hecho, no responde a los antibióticos más comunes, como ceftazidima, aminoglucosidos, fluoroquinolonas, ampicilina sulbactam, imipenem, entre otros. En alguna época se usó el Colistin, pero dejó de aplicarse por los daños que provocaba a los riñones. Actualmente se lo combate con Tygeciclina. Esta resistencia llevó a que la Acinetobacter Baumannii tenga una tasa de mortalidad de un 26 a 68%, independientemente de la infección que desate. “Sin embargo, dice Laplumé, es dificultoso determinar la mortalidad

atribuible a esta bacteria por sí misma. Acinetobacter Baumannii constituiría un marcador de una aumentada mortalidad en pacientes con enfermedades de base severa, pero no es un predictor independiente de la mortalidad”. Para Rosenthal, en cambio, la muerte de un paciente por una infección hospitalaria no necesariamente está unido a su cuadro inicial: en el mismo estudio citado líneas arriba, de los pacientes que no tuvieron complicaciones por infecciones murió sólo el 18%. “Es altamente probable que la neumonía hospitalaria de Sandro haya contribuido significativamente a su muerte”, afirma Rosenthal. Mala praxis. Entre los protocolos para evitar infecciones y la tasa de mortalidad por éstas hay un agujero negro. Si son evitables con medidas básicas de higiene y con procedimientos al momento de intervenir al paciente ¿las infecciones hospitalarias son un caso de mala praxis? Los especialistas aseguran que, al no existir tasa cero – ningún país la tiene – no se puede hablar de un error absoluto de los médicos. Sin embargo, en 2007, el sistema de salud de Estados Unidos – que ha pagado cifras millonarias por juicios relacionados a muertes por IH – decidió dejar de cubrirle a los hospitales los costos de los pacientes que se enferman en el hospital, porque para el gobierno de ese país son evitables. Así lograron tasas de infecciones inferiores de entre 2 y 4%, mientras que en Argentina van de 11% al a 27%. Un abismo que se hace más grande existiendo formas de evitarlo.

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