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Aportes para la discusión de una política cultural desde los trabajadores

Comenzar a discutir, desde las organizaciones sindicales, la política cultural del país implica un proceso de construcción colectiva que vaya expresando y sintetizando los intereses y el nivel de conciencia y compromiso, en este campo, del conjunto de los trabajadores. Supone un inicial posicionamiento respecto a qué se entiende por cultura y cuál es el sentido de una política cultural desde una organización sindical. La disputa por la concepción de Cultura Posicionarse con respecto a qué se entiende por cultura, va más allá de una discusión académica acerca de definiciones; implica en primer lugar estar advertidos del contenido ideológico que subyace en toda conceptualización acerca de lo social y, por lo tanto, la necesidad de elaborar un marco propio de mirada y de análisis de lo cultural construido desde el campo del trabajo y desde los intereses de los trabajadores. Tal marco requiere someter a un enfoque crítico conceptos y modelos que usualmente definen desde afuera "lo cultural". Entre otros: • Las visiones que nos presentan la cultura exclusivamente como algo ya hecho (conocimientos, obras artísticas, instrumentos, normas, costumbres, etc.), y por lo tanto como algo que se adquiere, que se consume, y no como algo que se produce. Queda entonces relegado el lado activo de la capacidad humana, su capacidad creadora. • La cultura entendida como una producción solamente "espiritual", de carácter "universal", "eterna"; como si no tuviese nada que ver con las condiciones materiales y con las relaciones sociales que se dan en cada sociedad y en cada época. • La cultura de una nación entendida como un todo homogéneo y "neutro", ignorando o negando que el conflicto social determina la existencia de una cultura que expresa la visión y los intereses de los sectores sociales dominantes, junto a elementos culturales, yuxtapuestos y en pugna, que expresan la experiencia y la lucha de los sectores populares y subalternos. Ignorando o negando, también, en el caso de nuestras naciones latinoamericanas, los profundos procesos de transculturación que han devenido de procesos históricos signados por diferentes formas de colonialismo, con la consiguiente imposición de formas y valores culturales, y la pérdida o desarraigo de los precedentes. • La cultura nacional y popular entendida como una esencia “inmutable”, como acumulación de gestos, ritos, costumbres, modos de hacer, etc, de un pueblo que tendría su ideal en el pasado. Y no, al decir de Franz Fanon, la cultura nacional como "el conjunto de esfuerzos hechos por el pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido, mantenido y lucha por su liberación". En el marco de los profundos cambios que en estas últimas décadas están incidiendo en todos los ámbitos de la vida social, tanto en nuestro país como a nivel global, se deberían asimismo analizar críticamente algunos esquemas rígidos como: cultura dominante versus cultura dominada, cultura extrangerizante versus cultura nacional, cultura de elite versus cultura popular. La ofensiva neoliberal a escala mundial, los procesos de transnacionalización del capital, de revolución tecnológica, de reorganización del trabajo y en particular la cada vez más omnipresente presencia de

los medios de comunicación monopolizados por los grandes grupos económicos y su influencia en la cotidianeidad de cada individuo, requiere evitar simplificaciones y develar, en cambio, la extrema complejidad y las múltiples y contradictorias determinaciones de los fenómenos culturales. Las organizaciones sindicales y las políticas culturales La necesaria revisión y re-elaboración de conceptos y modelos que desde otras miradas e intereses definen lo cultural se sustenta en una reivindicación básica que los trabajadores hacemos: entender la cultura como indisolublemente ligada al trabajo, producto de procesos de trabajo y fundamento de los procesos de trabajo que producen la vida material y espiritual de la comunidad. Reivindicar esta inescindible relación entre la cultura y el trabajo – del trabajo concebido como actividad humana creadora, productora, transformadora de lo dado- nos posibilita caracterizar a la cultura como patrimonio colectivo en tanto producto del trabajo humano acumulado a lo largo de la historia, y nos posiciona a los trabajadores como los genuinos productores de la cultura humana. De ahí que el acceso a este patrimonio colectivo debe ser reconocido como un derecho social: el derecho a que las múltiples expresiones y dimensiones de la cultura nacional, latinoamericana y universal sean parte constitutiva de la vida de todos y cada uno de los que, con nuestro trabajo cotidiano, hacemos este país. La defensa del derecho social a la cultura involucra la demanda por la participación de los trabajadores en la disputa de las políticas públicas que van a direccionar el desarrollo cultural del país. La pertinencia de la presencia protagónica de las organizaciones sindicales en los ámbitos donde se debaten y definen tales políticas se sustenta no sólo en su carácter de representantes legítimos de los trabajadores; ellas mismas a través de sus luchas históricas han hecho aportes fundamentales a la cultura nacional en relación a la construcción de los derechos sociales, a la afirmación de valores fundamentales como la solidaridad, y a la conformación de la identidad nacional. La disputa cultural es inherente a las luchas de los trabajadores. En tanto la cultura va conformando y legitimando el sentido y la materialidad de la existencia de los individuos y de los pueblos, el campo cultural es un terreno de lucha donde los trabajadores y los sectores populares debemos necesariamente defender nuestro lugar y nuestros intereses. Lo cultural es uno más de los espacios de confrontación donde se dirime la disputa histórica por el poder. “Tomar la cultura en nuestras manos” sintetiza, quizás, la tarea que las organizaciones de los trabajadores -no aisladamente sino con el conjunto de las organizaciones populares- tenemos por delante frente a esta oportunidad histórica de discutir y elaborar una Ley Federal de Cultura. SUTEBA