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Perdonar y amar nuevamente
Gracia Violeta Ross Quiroga graciavioleta@gmail.com

¿Perdonarías tú a alguien que abusó sexualmente de ti? ¿Perdonarías la mentira y el engaño de tu esposo/a? ¿Perdonarías el maltrato o los errores de tus padres? ¿Te perdonarías a tu mismo/a por aquellas decisiones que tomaste incorrectamente? 1. ¿Tienes un corazón herido? Hice un estudio sobre la violencia con tres grupos de mujeres (mujeres viviendo con el VIH, trabajadoras sexuales y mujeres transgénero). Los orígenes de las huellas de la violencia en las identidades, sentimientos y cuerpos de estas mujeres, se pueden rastrear hasta la niñez temprana, momento en que alguien, a menudo alguien en quien ellas confiaban, les hizo mucho daño. Aquellas niñas fueron violadas, golpeadas, insultadas, explotadas laboral y sexualmente y no fueron reconocidas como hijas “legítimas”. Las mujeres me dijeron que los golpes en el cuerpo pueden ser olvidados, pero no los golpes en el alma. Concluí que por su propio bien, más que un programa de prevención del VIH, estas mujeres necesitaban perdonar a sus ofensores. No solamente estas mujeres tienen heridas en el corazón, todos las tenemos. Un corazón herido es como un espejo roto, muchos piensan que solamente sirve para tirarlo a la basura. Pero tal como un artista puede usar los pedazos rotos de un espejo y hacer una obra de arte, el Creador de nuestros corazones puede usar las cicatrices de nuestro pasado y transformarnos en nuevas personas. Si no dejamos que Dios restaure nuestros corazones heridos, no podremos volver a amar a las personas que nos rodean, a nuestras familias, a nosotros mismos, ni tampoco a Dios. Yo conozco esta experiencia porque a mis 21 años fui víctima de violencia sexual en manos de dos hombres en la calle. No realicé una denuncia en la policía, ni hice una terapia psicológica; por el contrario, traté de ignorar que esa experiencia de violación había sucedido. Ignorar las ofensas del pasado, no hará que las heridas desaparezcan. Mi falta de perdón a los dos hombres que me violaron, por muchos años significó el crecimiento de una amargura, desconfianza y odio en contra de los hombres. Traté de dañar a cuantos se cruzaron en mi camino, aunque sin darme cuenta que en ese proceso, yo era la más lastimada. Así adquirí el VIH el año 2002.

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2. ¿Quiénes sufren cuando no hay perdón? Guardar amargura y rencor es la forma más directa para matar nuestro cuerpo, mente, alma y espíritu. Muchas veces he visto a personas viviendo con el VIH que se resisten a perdonar a aquella pareja que les ha transmitido el VIH, hasta el día de su muerte, sintiendo que se acerca este momento y que se acaba el tiempo de vida, hacen llamar a sus familiares, parejas, padres y ellos inician el proceso de pedir perdón y perdonar. Si hubieran perdonado antes, no solamente hubieran tenido un abrazo antes de morir, sino muchos momentos de felicidad con las personas que amaban. Si no hay perdón, la primera víctima es uno mismo; luego los que nos rodean e inclusive la comunidad entera. Muchas guerras se han desatado por causa de la falta de perdón. El 2004, estuve Ruanda, este país fue escenario de uno de los genocidios más terribles de la historia de la humanidad. La colonia belga en Ruanda se encargó de enardecer los odios raciales y luego que empezaron las matanzas, ellos se fueron del país. Un millón de personas de los grupos hutu y tutsis fueron asesinados en un periodo de 100 días durante el mes de Abril de 1994, las matanzas se hicieron de la forma más despiadada, con machetes e instigaciones a través de una radio local. Todos participaron, desde las mujeres hasta los profesionales. Los ríos fueron contaminados por la gran cantidad de cadáveres. Familias enteras desaparecieron y muchos niños quedaron para crecer como huérfanos sin tener a ni un solo sobreviviente de sus familias consanguíneas. En el memorial del genocidio, vi muchas fotos de personas cuyos cadáveres nunca se encontraron, fueron asesinadas por el hecho de no ser de éste o aquél grupo étnico. Una matanza de un persona de éste grupo étnico llevó a la venganza y muerte de alguien del otro grupo étnico. Este asesinato en masa no tuvo piedad por mujeres, ni tampoco por los bebés de menos de un año de edad. Hoy en día en Ruanda, no se puede hablar de los grupos étnicos, solamente de la nacionalidad ruandesa. Este país está dando pasos para ser uno nuevo, esto es posible solamente porque decidieron dejar el pasado atrás y perdonarse mutuamente. Aunque los ruandeses saben que su vecino puede ser uno de aquellos que en los días de Abril de 1994 fue parte de los escuadrones de limpieza étnica, vivir cerca del ex asesino de sus familias, es posible solamente porque hubo perdón y luego reconciliación.

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3. ¿Qué es el perdón?
21 Pedro

se acercó a Jesús y le preguntó:—Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 22 —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—. 23 »Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus *siervos. 24 Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. 25 Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. 26 El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo.” 27 El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. 28 »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, le exigió. 29 Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.” 30 Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. 31 Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. 32 Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” 34 Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. 35 »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano. Mateo 18: 21-35 NVI Hay muchas ideas incorrectas sobre el perdón, es necesario aclararlas. Perdonar no es:              Culpar. Negar la ofensa y al ofensor. Algo súper espiritual que solamente Dios puede hacer. Una confrontación con el ofensor. Algo fácil. Aceptar la ofensa y al ofensor. Simplemente olvidar la ofensa. Restauración inmediata de las relaciones. Un proceso muy largo. Justificar la ofensa y al ofensor. Un análisis exhaustivo del pasado. Permanecer al lado del ofensor si esto implica un riesgo para la integridad física y espiritual de la víctima. Evadir la justicia.

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Por el contrario, el perdón es:         La renuncia de tomar la venganza por la ofensa que se ha recibido. Una decisión consciente. Optar por la justicia pero no por la venganza. Cancelar la deuda pendiente del ofensor. Una cirugía radical, la reconciliación es como los días de restauración luego de la cirugía. Renunciar a los sentimientos de ira y rencor por la ofensa. Renunciar al castigo que queremos para el ofensor. Dar lo que nosotros mismos recibimos de Dios gratuitamente. 4. ¿Por qué perdonar? Hay varias razones para perdonar, estas tres me parecen las más importantes.  Perdonar porque hemos sido perdonados.

Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano Mateo 18: 35 NVI En el relato del hombre despiadado en Mateo 18:21-35, Jesús muestra cómo un rey perdonó una gran deuda a uno de sus súbditos, acto seguido, éste fue y casi ahorca a su amigo para cobrarle una deuda mucho menor. Si realmente hemos entendido lo que Dios nos perdonó, no podemos negar el perdón a las personas que nos rodean. La Biblia dice que uno tiene derecho a enojarse por la ofensa pero que no debe dejar que en su corazón se instale la amargura y que pase el tiempo sin arreglar la ofensa, es decir sin perdonar. También se nos insta a hacer lo posible para no enojarnos muy rápido porque no es algo sabio. No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio. Eclesiastés 7:9 NVI Aleja de tu corazón el enojo, y echa fuera de tu ser la maldad, porque confiar en la juventud y en la flor de la vida es un absurdo. Eclesiastés 11:10 NVI

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«Si se enojan, no pequen.» No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo. Efesios 4:.26-27 NVI Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4: 31-32 NVI  La falta de perdón nos impide tener una relación sana con las personas y con Dios.

La amargura que se acumula en el corazón actúa como un elemento que no permite que el agua del grifo fluya. Estamos conectados con Dios pero esa amargura bloquea la salida del agua, aunque la fuente está viva. Por causa de la amargura podemos perder algunas bendiciones que Dios tiene reservadas para nosotros y podemos contaminar a los que nos rodean. Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el *arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición. Hebreos 12:15-17 NVI Si realmente somos hijos de Dios, dejaremos que su Palabra limpie esa amargura, rencor, ira, odio y nuestro carácter será cada vez más parecido al de Cristo. Una forma de darnos cuenta de que el Espíritu Santo tiene lugar en nuestras vidas para hacer esos cambios, es nuestra disposición a perdonar, nuestro alejamiento de las envidias, los celos, las iras, las peleas y las divisiones. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. Gálatas 5: 19-25 NVI

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La persona más dañada por la falta de perdón es uno mismo. Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos. Hebreos 12:15 NVI

Max Lucado compara a una persona con resentimiento como un barco de desechos tóxico que navega por las costas porque ningún país lo quiere recibir. Cuando no perdonamos, somos como ese barco cargado de tóxicos, nadie nos quiere recibir, en otras palabras, el resentimiento y la falta de perdón nos encierran en nosotros mismos. La Biblia advierte que cuando existe falta de perdón, el resultado es la amargura. La amargura produce monólogos en nuestra cabeza que por tanto repetirse se instalan como una verdad que no puede cambiar. Nuestro pensamiento es moldeado por la amargura produciendo que nuestras palabras sean armas verbales tóxicas que contaminan nuestro espíritu y el de las personas que nos rodean. Los psicólogos dicen que los monólogos, son unas conversaciones con nosotros mismos que repetimos cada día, en el pensamiento, los sueños e inclusive con las palabras habladas. Si estos monólogos son negativos o si continúan recordando la ofensa, uno mismo será contaminado por sus propios pensamientos. De esta forma no dejamos que las cadenas del pasado y sus ofensas sean sueltas, ni para nosotros ni para el ofensor. Es como si preferiríamos ser esclavos, encadenados a ese dolor de la ofensa. Por eso tenemos la necesidad de dejar los pensamientos de odio, los cuales debemos sustituir con ideas positivas sobre la persona que nos ha ofendido. Orar por esa persona es una forma muy efectiva de hacerlo, uno no puede orar por alguien que odia. La Biblia nos manda a amar a nuestros enemigos y orar por las personas que nos han ofendido. Amar a nuestros enemigos y orar por los que nos hacen daño es una evidencia de ser hijos de Dios. Para los humanos esto es muy difícil, pero cuando nos llenamos del amor de Dios, podemos amar a un enemigo, tal como Dios nos amó aunque le habíamos ofendido.
Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen

7 ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto. Mateo 5: 43-48 NVI

La falta de perdón tiene consecuencias en la salud física y mental.

Existen muchos estudios que han asociado la falta de perdón con una salud deteriorada. El cáncer, las enfermedades cardiovasculares, dermatológicas y otras muchas dolencias están relacionadas con la depresión y la falta de perdón. En general, cuando hay falta de perdón, tristeza y estrés, las defensas bajan y se queda expuesto a cualquier enfermedad. Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos. Proverbios 17: 22 NVI Lo que decidimos no perdonar y guardamos en el corazón, se manifestará en nuestra salud.
“Lo que callamos con los labios, solemos expresarlo con los órganos” Luis Chiozza

5. ¿A quienes tengo que perdonar? Lamentablemente, entre las personas que quizás nos ofendieron, a veces se encuentran precisamente aquellas de quienes esperábamos recibir amor, cuidado y apoyo. Las personas más difíciles de perdonar, a veces son los familiares, las parejas o los amigos. Las familias cometen muchos errores en sus relaciones. Wright y Renetzky (2007) señalan que algunas de las relaciones donde es más difícil otorgar el perdón y comunicar la gracia en vez de la amargura son las relaciones entre: Esposo a esposa Divorciado a divorciada Padre/madre a hijo/a Hijo/a a padre/madre Hermano/a a hermano/a Amigo/a a amigo/a

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Víctima a victimario Entre las personas que tenemos que perdonar seguramente se encuentran algunos de los anteriores. Además, es posible que algunas de estas personas no estén presentes en nuestras vidas, hayan muerto o simplemente, nunca tengan la iniciativa de pedirnos perdón.  Los que no están vivos

Muchas personas evitamos perdonar a alguien que ya ha fallecido. No es necesario que el agresor se encuentre cara a cara con nosotros, este encuentro directo es poco recomendado por los expertos. Aunque la persona que te haya ofendido esté muerta, puedes perdonarle. Más beneficiosa que la confrontación directa por una ofensa, la afirmación de las cualidades de una persona es más efectiva. Cuando la vida de la persona ofendida está en peligro por causa del ofensor, no se debe, por el objetivo de perdonar, sacrificar la integridad física y emocional de la víctima. Los expertos recomiendan escribir una carta a ofensores a quienes no se les puede ver cara a cara por diferentes motivos.  Los que no piden perdón

Hay personas que te han ofendido y que ni siquiera parecen darse cuenta de lo que pasó. Siguen ofendiendo y viviendo sus vidas como si nada hubiera pasado. Aunque un ofensor no te pida perdón, tú debes tomar la decisión de perdonarle para ser libre de esa atadura de amargura. La iniciativa de perdonar no puede esperar al ofensor, si queremos ser libres, nosotros debemos otorgar el perdón aunque nadie nos lo haya pedido.  Los ausentes

Otros ofensores están ausentes, lejos o simplemente ya no son parte de nuestras vidas. Debemos tener en cuenta que la falta de perdón a una persona ausente, puede influir en nuestra actitud y comportamiento con aquellas personas que sí están cerca de nosotros. Por ejemplo, una pareja que se ha ido, a quien no le hemos perdonado puede hacer que seamos desconfiados con alguien con quien ahora mantenemos una relación de pareja. Aunque las personas que nos ofendieron no estén presentes, debemos tomar la decisión de perdonarles. El 2004 en Ruanda, asistí a una sesión sobre género y VIH. Un hombre que había sido violador cuando era joven exponía su caso como perpetrador. Decía que en su cultura las violaciones a niñas y jóvenes son algo normal y que en su momento, las hizo como el juego de cualquiera de los adolescentes. Cuando creció se dio

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cuenta que aquello era muy malo y se arrepintió de corazón. No solamente cambió de comportamiento sino que fundó una organización llamada Men as Partners (Los hombres como compañeros) para apoyar a los adolescentes varones y ensenarles que su fuerza no es para dañar a las mujeres. Su gran angustia a pesar del éxito de su organización era no saber quiénes fueron sus víctimas ya que cuando las violaciones sucedieron, eran muy jóvenes. La culpa que sentía le llevaba a trabajar para restaurar el daño ocasionado pero no liberó del dolor por las niñas que violó siendo un adolescente. Él quería pedirles perdón pero no las encontraba. Por mi parte, yo siempre quise conocer a mis violadores para perdonarles pero nunca supe quiénes eran, considerando que la noche de este hecho yo estaba completamente ebria. Tenía muchas pesadillas, soñaba que la violación volvería a suceder, que estaba huyendo, que trataba de defenderme pero al tratar de golpear a mis agresores, horrorizada veía como mis manos y pies se deshacían como arena dejándome nuevamente completamente desprotegida. Oré pidiendo a Dios que me ayude a perdonar a esos dos hombres ya que estas pesadillas eran frecuentes. El momento de la exposición de este hombre, yo pedí la palabra. Le agradecí por confesar que había sido un violador delante de toda una audiencia de mujeres, eso requería mucho valor. Le conté que yo había sido víctima de violencia sexual y que quizás por esa razón había adquirido el VIH y que me encontraba buscando a mis agresores para perdonarles pero que no los conocía. Le dije que por lo tanto, en nombre de sus víctimas, yo le perdonaba por las violaciones para que así seamos libres de la amargura de haber sido víctima y, en su caso, victimario. Cuando terminé de hablar este hombre no dejaba de llorar, pude ver que fue liberado y yo nunca más tuve esas pesadillas. Toda la audiencia fue impactada con ese acto de confesión-perdón-reconciliación.  A Dios

Dios no necesita nuestro perdón, al contrario, nosotros necesitamos su perdón. Sin embargo, a veces es necesario renunciar al rencor que pudiésemos haber almacenado contra Dios por causa de las cosas que han pasado en nuestra vida. Es muy posible que culpemos a Dios por todo lo malo que nos ha pasado, desde la muerte de un ser querido, nuestro color de piel, nuestra nacionalidad, nuestra falta de oportunidades hasta el tipo de trabajo que tenemos en la actualidad. Esto es una excusa para no enfrentar las decisiones malas o buenas que hemos tomado junto a sus consecuencias.

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Si nuestra relación con Dios está rota porque secretamente le culpamos por lo malo que nos ha pasado, o porque nos preguntamos por qué permitió que esto o aquello nos pase, necesitamos perdonarle para tener acceso a Él, la vía que Dios ha posibilitado para alcanzarnos puede estar siendo bloqueada por nosotros mismos. No podremos beneficiarnos del amor de Dios si en el fondo de nuestro corazón tenemos amargura contra Él.  A ti mismo

Una de las personas más difíciles de perdonar es uno mismo. Es muy fácil culparse a uno mismo por las malas decisiones, la vida, las dificultades y todo lo que nos haya sucedido. Como resultado tenemos una actitud perfeccionista y auto-condenatoria y auto culpabilizante. Esto es porque vemos nuestro pecado y a a nosotros mismos de forma distorsionada, exagerada. Tenemos que recordar que nuestros pecados ya están fuera de la vista de Dios, fueron borrados, se han evaporado, han sido cubiertos por la sangre de Jesús, han sido enviados lejos y nosotros somos nuevas criaturas. También es difícil perdonarse a uno mismo cuando sentimos que no somos dignos y que no tenemos valor. Si Dios entregó a su Hijo por causa nuestra ¿cómo podemos pensar que no tenemos valor? Si Dios pudo perdonar ese particular pecado que tanta vergüenza nos causa y si la Biblia dice que se olvidó de esa falta y la puso en el fondo del mar, ¿por qué no podemos nosotros mismos perdonarnos? Vernos con una actitud muy perfeccionista es escuchar las mentiras del diablo. Dios sabe que no somos perfectos y nos sigue amando. El diablo es quien acusa a los hijos de Dios. Dios nos ve como nuevas criaturas, todo lo pasado ha sido hecho nuevo. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 2 Corintios 5:17 NVI 6. ¿Cómo perdonar a alguien que te hizo daño? En la práctica no es fácil perdonar a alguien que nos hizo daño, pero debemos entender que una vez que decidimos perdonar, Dios empieza un proceso de restauración de ese corazón herido hasta transformarlo en uno nuevo. Tal como una herida en la mano, la cicatrización no es inmediata pero es sanada. Es importante recordar:    Perdonar inmediatamente. Perdonar cuando el ofensor pide perdón. Perdonar cuando Dios nos lo revela.

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Perdonar nuevamente. Perdonar inclusive las peores ofensas.

Normas Wright y Larry Renetzky (2007) recomiendan tomar los siguientes pasos para perdonar:         Recordar lo que Dios nos perdonó a nosotros. Pedir al Espíritu Santo que sea nuestro Consejero y Consolador. No huir del dolor, las emociones, ni las lágrimas que se producen por ese acto de recordar la ofensa: hay que dejar ir esas emociones. Llevar cada ofensa y persona delante de Dios. Destruir cualquier recuerdo de la ofensa. Entender que casi nunca es prudente perdonar cara a cara. Buscar un lugar donde se pueda estar a solas. Orar y pedir la guía del Espíritu Santo para que nos recuerde a todas las personas que necesitamos perdonar y a todos los sucesos por los cuales debemos perdonar. Hacer una lista de todo lo que el Espíritu Santo nos muestre. Poner dos sillas una frente a la otra y sentarse en una de ellas. Imaginar que la primera persona en la lista está sentada en la otra silla y decirle todo lo que podamos recordar sobre lo que esa persona hizo para herirnos. Decidir por un acto de voluntad, perdonar a esa persona de una vez y para siempre. Liberar a esa persona de la deuda, decir: “Eres libre y estás perdonado”. Si esa persona aún es parte de nuestras vidas, podemos aceptarle nuevamente pero sin tratar de cambiar ningún aspecto de su personalidad o comportamiento. Agradecer a Dios por haber usado a cada persona como instrumento para entender mejor su gracia en nuestras vidas. Orar. Los autores sugieren esta oración durante la conversación con la persona en la otra silla: “Debido a que he sido perdonado y aceptado por Cristo, ahora puedo perdonarte y aceptarte incondicionalmente en Cristo. Decido perdonarte pese a lo que me hayas hecho. Te libero de todas las heridas y ya no eres más responsable delante de mí por ellas. Eres libre” Orar pidiendo a Dios que nos devuelva el espacio entregado a Satanás en nuestra vida a causa de la falta de perdón.

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7. El plan de Dios para la humanidad: Restaurar su relación con nosotros Cuando los africaners (una mezcla de ingleses, franceses y holandeses) instalaron el apartheid (un sistema de separación de la vida social, cultural, política y económica entre negros y blancos) en Sud África, los negros siendo una mayoría fueron obligados a vivir en su propio país como una minoría de segunda clase. Numéricamente los negros superaban a la mayoría dominante blanca y una guerra en venganza por el apartheid, hubiera sido justificada y posible. Pero si esto hubiera pasado luego del apartheid, se hubiera desatado una guerra que quizás no tendría fin. Nelson Mandela, el líder que luchó pacíficamente contra el apartheid fue encarcelado 20 años, al salir de la prisión, fue elegido presidente de Sud África. Su liderazgo marcó una política de la reconciliación y no de venganza, con ello se comenzó la restauración de las relaciones entre negros y blancos y se evitó mucho sufrimiento. La nueva Constitución Política del Estado de Sud África dio lugar a la práctica de un principio que pocas constituciones tienen: la Reconciliación, la que fue posible luego de una confesión de los participantes del apartheid, incluyendo aquellos que torturaban, delante de las comunidades negras que habían sido víctimas del apartheid. La confesión siempre libera de la culpa y conduce al perdón y a la restauración. En el proceso de perdonar y dejar que Dios restaure nuestros corazones, debemos recordar:      Dios estuvo allí cuando fuimos lastimados. A Dios le importa y Él responde. Dios juzgará al ofensor. Dios hará bueno de aquello que fue malo. Dios nos revela la necesidad de perdonar.

No cedamos a la tentación de volver a recordar el pasado y la ofensa, defendamos nuestra decisión de perdonar la ofensa y al ofensor. Quedarán muchas emociones como un residuo de la ofensa, debemos ponerlas delante de Dios y pedirle que se haga cargo de ellas y que las sustituya por la alegría y el gozo. Oremos para que Dios nos ayude a amar a nuestros enemigos y para que tengamos relaciones restauradas. Debemos renovar nuestros pensamientos, sustituir el monólogo tóxico que repite la ofensa con palabras de la Biblia.

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Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Filipenses 4:4 NVI Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8 RV 1960 La reconciliación es la decisión de amar nuevamente a pesar de la ofensa cometida, esto es lo que Dios hizo con nosotros. Su plan puede resumirse en su decisión de perdonarnos cuando seguíamos siendo ofensores. Dios no quería seguir enojado con nosotros por causa de nuestro pecado, por el contrario, quería restaurar, religar nuestra, reconstruir nuestra relación de Dios para poder estar siempre juntos. La reconciliación de los humanos con Dios fue posible porque Él puso su perdón a disposición nuestra. Ya que hemos cruzado el puente de la gracia que Dios creó para acercarse a nosotros, hagamos otros puentes de gracia para reconciliarnos con quienes nos han ofendido. ¡Es tiempo de ser libres del dolor del pasado! SIN EL PERDÓN SOMOS PERSONAS ENCERRADAS EN NOSOTROS MISMOS.

DIOS HIZO UN PUENTE DE GRACIA PARA PERDONARNOS Y ASÍ ALCANZARNOS

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PERDONANDO CONSTRUIMOS PUENTES DE GRACIA HACIA OTRAS PERSONAS

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8. Bibliografía consultada  Nieder, John and Thompson, Thomas (1991) Forgive and love again. Healing wounded Relationships. Oregon: Harvest House. Wright, Norman y Renetzky, Larry (2007) Gracia que sana a gente herida. Florida: Casa Creación. Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. Santa Biblia, Reina Valera 1960.

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