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La Historia Enlazada

Adictos a la escritura

¿Unas palabras de aliento…? Por SharonVBelmont La calidez de una fogata crujiente era lo último que pudiese esperarse en una noche tan densa y triste, como una estrella distante en ese mar de tinieblas formada por altos arboles forrados de la reciente nevada, una temperatura muy helante para unos aldeanos cansados en ropas andrajosas que lograron escapar de ser vueltos esclavos. Pareciendo que alguien les estuviese esperando así que cautelosos avanzaron como sombras en torno a esa pequeña esperanza. –No tengan miedo, esta área la tengo protegida del exterior… y ustedes no son mis enemigos– dijo la voz de un hombre cubierto por una gran capa con capucha sobre el rostro apenas notándose sus labios, sentado en un tronco junto a la fogata de flamas azules con su atención al pequeño grupo de sobrevivientes que se aproximaban tiritando de frio, entre hombres y mujeres de diversas edades, extendiendo su mano llena de cicatrices a un costado ofreciéndoles así el espacio alrededor para descansar. Los aldeanos agotados aceptaron algo temerosos el ofrecimiento, algunos recostándose y otros solo permaneciendo sentados en alerta. –Veo que aún no confían en mis palabras, eso es bueno – dijo el hombre sonriendo despacio –además no necesitan hacerlo, pero, lo que puedo hacer aparte por ustedes es contarles una vieja leyenda en la que pueden creer más que en mi…júzguenme si quieren de loco, pero yo he sido testigo de cómo surgió este caos en que ahora vivimos…conozco lo que nos puede salvar– La gente alrededor con un poco de interés voltearon sus miradas en su dirección, mientras la luz azul los disfrazaba en aquel enorme claro de nieve y tinieblas, haciendo apenas eco el murmullo de la voz del hombre empezando a hablar desde lo más profundo de su corazón y con toda su verdad, queriendo transmitirles ese importante mensaje de esperanza en aquellos crudos tiempos de guerra y desesperación, donde ya se había olvidado lo que era tener un cielo azul. “En donde existen las tinieblas, siempre habrá luz, aunque sea del tamaño de un grano de arena. En el principio después del caos tal encomienda prevalecía, frágil y titubeante. Ocho fue el número designado, un destino manifiesto entre los ecos de la inmortalidad. Ocho elementos los traídos de entre las entrañas más recónditas del universo por los fieles servidores de la luz, a quienes han llamado ángeles. Era el Séptimo día en que el Creador se disponía a cumplir su última obra bajo los coros y alabanzas a su nombre, surgiendo de entre la oscuridad las Bestias Sagradas.” “Se dice que la primera de estos seres nació de un rayo de luz y una gota de agua, quedando un elegante corcel blanco, coronado con un cuerno de diamante y melena soleada, fue llamada La Bestia de la Ultima Luz.” “La segunda por un fragmento de la noche y de la Luna, formándose un extenso y albino esqueleto serpentino de larga capa oscura, destacando un fuerte cráneo de dragón ciego, fue llamada La Bestia de la Oscuridad Nocturna.”

“La tercera por una cadena nebulosa multicolor moldeando a una inusual quimera, mezcla de caballo, toro, pantera, dragón y alas de murciélago, fue llamada La Bestia de las Mil Puertas Ocultas.” “La cuarta por un líquido resplandeciente que entre burbujeos hizo brincar a un majestuoso delfín, de blanquecina piel adornada por 5 joyas en su frente, fue llamada La Bestia de la Sabia Inocencia.” “La quinta se dice que fue la más desconcertante ya que surgió del caos, siendo por ello de mayor tamaño que las demás; su fiera apariencia hibrida reptilica de 4 ojos y armadura de plata recubriendo su espina dorsal le dieron el nombre de La Bestia de la Destrucción.” “La sexta se rumora que fue un regalo inesperado al descomponerse un elemento, figurándose otro reptil pero mezclado con un pantano encima de su escamosa piel, dándosele así el nombre de La Bestia de la Epidemia.” “La séptima entre danzantes flamas dio su aullido de vida, licántropo apasionado de inusual alegría y energía que lograba encender su pelirrojo pelaje mostrando un aura creativa, por ello fue llamada La Bestia de la Llave Inspiradora.” “La última de estas fascinantes creaturas surgió de los restos de una estrella; un reptil de elegancia oscura en sus escamas, cuyo cuello largo semejaba al de una serpiente, curiosamente mostrando unas grandes alas blancas emplumadas en lugar de brazos, patas fuertes entre águila y avestruz, teniendo por igual una armadura escamosa en su columna, desde su cabeza hasta la punta de su larga cola, se dice que le fue llamada La Bestia Guardiana de la Creación.” “Cada una fue colocada dentro de una coraza perlada en el mundo recién creado, pensándose que, sería algo bueno para comenzar esa nueva era, con el resplandor del diamante escondido en la lejanía del Universo.” “Después de lo acontecido, se dice que todos los cielos se vieron vaciados por completo, llegando primero los serafines, todos entre risitas curiosas mirando a los querubines, testigos de lo que se había creado. Se dejaron ver los tronos detrás de unas nubes cercanas, murmurando alabanzas. La presencia de las dominaciones no se hizo esperar, ya que querían saber por qué habían sido llevados esos restos de estrella de sus dominios, las virtudes se adelantaron a las dominaciones interrogando a los ángeles que estaban presentes. Las potestades fueron a observar los extraños objetos brillantes que había colocado el creador en esas nuevas tierras, sin saber del todo que eran. Detrás de ellos aparecieron los principados, con la misma inquietud, habían estado demasiado ocupados como para detenerse un momento. Poco a poco se fueron divulgando los anteriores prodigios, con entusiasmo y alegría a los recién llegados.” “La caída de Luzbel fue lo que marcó el destino de estas poderosas bestias divinas poco después de su alumbramiento, surgiendo de entre ellas la traidora. Seducida por sus palabras, cayó en la tentación de la carne devorándose gran parte de la vida que protegía; semejante carroñero buscó refugio lejos de la mirada del Creador envenenando con sus

falsas promesas a otra de las bestias. Ambas hicieron que el mundo temblara ante sus crueles risas llenas de desprecio y sarcasmo. Las otras 6 bestias no entendían lo que ocurría porque el cielo se cerró sobre la creación en una oscuridad total. El Creador no pudo ver lo que ocurría, ni mucho menos los Arcángeles y demás seres celestiales. Poco fue el gusto de tener armonía.” “Se recuerda que Luzbel se aproximó a los cielos en esa ocasión gritando en tono de burla: ¡¿esto es lo que llamas guardianes del mundo?! ¡¡Mirad como se matan entre ellas, como espectros sobre un cadáver lleno de moscas!! ¡¡Entregádmelos, han sido condenados todos, llevan ya la semilla de mi triunfo!! ¡¡Oh gran señor no seas mal perdedor!! ¡¡He venido a cobrar mis frutos!!...” “Los Arcángeles sacaron sus espadas esperando órdenes, pero el Creador con voz solemne respondió: no tenéis del todo razón Luzbel, ángel engañoso; yo conozco a mis bestias y ellas no son como tú las describís, dirás que llevan tu semilla, pero yo soy el fuego divino que la extinguirá hasta hacerla cenizas. Soy la luz y el único camino a la plenitud que tú con tus prejuicios y egoísmos has rechazado e incluso maldecido. Si desean salvarse de la esclavitud de sus pecados, ellas lucharan y tu en dificultades te verás. Vuelve a tu tumba en el abismo, ángel de las Tinieblas, porque ellas a ti jamás acudirán.” “Luzbel con enojo maldijo al Creador nuevamente, jurando que volvería en el tiempo en que el diamante del cielo se hiciera pedazos para descargar toda su ira sobre los seres de nuestro mundo, tanta fue su desesperación y coraje que atrajo con solo pensarlo una enorme roca de fuego desde el abismo infinito. Las bestias en plena batalla con los traidores y sus seguidores no se percataron del peligro hasta que fue demasiado tarde.” “Metatrón, el líder de los Arcángeles, junto con un ángel llamado Luvriniev, se encargaron de recoger las esencias de las Bestias en medio de la devastación, con gran dolor en su corazón, ya que solo quedaba un puñado de cenizas. Ambos sabían lo que debían hacer, y fue así, como Metatrón con su espada de plata marcó en fuego los nombres secretos en aquel diamante que flotaba entre el vacío y las estrellas, rumoreándose que era una estrella incompleta. Su brillo selló esa era tan majestuosa, pero no la esperanza de su retorno. Aun se les aguarda como la esperanza de este mundo, la máxima lucha contra Luzbel y su vasto imperio del mal, y a su vez, para encontrar su propia salvación.”

El comienzo Por angy.w El hombre se calló un momento y observó a sus oyentes. La gente, sentada a su alrededor, le escuchaba fascinada. El resplandor anaranjado de la hoguera iluminaba sus caras cansadas creando un aura de misterio y complicidad. Sonrió, y prosiguió con su relato. —Esta historia que os voy a contar no es un cuento de hadas, aunque lo parezca. No tiene protagonista, no tiene villano, no hay buenos ni malvados. Es simplemente un suceso más en la larga historia de este mundo, un suceso que, sin embargo, lo cambió todo… << “¿Por qué estoy haciendo esto?” pensó Val mientras intentaba abrirse paso entre los arbustos y las ramas de los árboles en aquella escarpada cuesta arriba. Todo había comenzado aquel día en el que la mujer había llegado exhausta, tras haber bajado corriendo las montañas, gritando sin parar: “¡Un monstruo! ¡Hay un monstruo en el bosque! ¡Un monstruo!” Por supuesto que no la creyeron. Porque la gente es así de cínica, nunca cree nada hasta que no lo ve con sus propios ojos. Pero pronto el suceso se repitió, pues comenzaron a ser varias las personas que tuvieron ese desagradable encuentro por ignorar las advertencias de la pobre aldeana, y de noche empezó a desaparecer misteriosamente el ganado. No tuvo que pasar mucho tiempo para que la sola mención de la extraña criatura se convirtiera en el terror de todos, descrita a partir de un recuerdo distorsionado por el miedo y deformándose su imagen cada vez más a causa de la imaginación idealizada e inverosímil de algunos. Val sabía mejor que nadie lo terrible que era la bestia de escamas oscuras y dientes afilados, pues la taberna era el centro de todos los rumores y chismorreos. Y estaba tan asustado como todos. Sin embargo, también se sentía igual de atraído, y la existencia de la criatura cada día le fascinaba más. Val no era valiente, pero sí terriblemente curioso y finalmente había cedido a la tentación, que se había vuelto insoportable tras ignorarla durante semanas. Sabía que no debía, y precisamente por eso lo deseaba. Tenía miedo, y no paraba de mirar a su alrededor, pero una fuerza misteriosa lo empujaba a seguir. Caminaba inseguro, dirigiéndose hacia la cueva donde se decía que habitaba. Necesitaba contemplar con sus propios ojos a aquel ser. La entrada era amplia y oscura, y por alguna extraña razón le recordó a la boca de Joe cuando dormía, borracho, roncando sin parar. Se quedó a un lado y se asomó cautelosamente. No se atrevía a situarse en el centro, por si a la bestia se le ocurría salir y atacarlo. No veía nada ni detectaba movimiento alguno. Tras un tiempo indefinido, un poco decepcionado, decidió entrar. Pocos pasos después chocó con un cuerpo inmenso que le hizo caer hacia atrás. El miedo lo invadió, paralizándolo. —Oh, venga, al fin te decides a entrar—dijo de pronto una voz grave y potente, delante suya—. Te he estado observando durante un buen rato. El chico reaccionó, cada vez más asustado. Se irguió de un salto y corrió hacia la salida con todas sus fuerzas, sin atreverse a gritar. — ¡Eh, chaval, espera!—rugió la cosa. Val no le hizo caso, una vez fuera siguió corriendo sin prestar atención al camino, y más de una vez estuvo a punto de tropezar con árboles, ramas, piedras y tierra suelta.

Al bajar la cuesta el equilibrio era inestable, pero no se detuvo, siguió corriendo como si le fuese la vida en ello sin atreverse a mirar hacia atrás por si la bestia lo seguía, hasta bajar completamente de la montaña y llegar al pueblo. Sólo entonces se paró, con el corazón en la boca, lleno de sudor. Pero al día siguiente fue de nuevo. — ¿Qué…qué eres exactamente?—le gritó a la oscuridad de la cueva, a una distancia prudencial. —Un monstruo—le respondió la voz desde el interior. —Pero… ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Por qué has venido? Tardó un rato en contestar. —No lo sé. —dijo finalmente. — ¿Cómo que no lo sabes?—preguntó Val, confuso. —Si te digo que no lo sé es que no lo sé—gruñó, impaciente. El chico retrocedió—. Un día simplemente desperté y me encontré en esta montaña, y ya está. No tengo ni idea de dónde provengo, ni de por qué estoy aquí. Sólo sé que soy un monstruo. Una extraña oleada de compasión recorrió al chico. —Oh, vaya…—dijo. No pudo evitar recordarse a sí mismo, muchos años atrás. Él también había despertado un día, cuando era muy pequeño, en el pueblo, sin absolutamente nada que le dijera quién era. Hasta que Joe le dio un nombre, y una identidad. — ¿A qué has venido? ¿No me tenías miedo? Val no supo qué responderle. Era verdad que seguía teniendo miedo, y ni él mismo sabía por qué había vuelto. Hasta el monstruo debía de considerarlo un tonto. —Eres un chico curioso. Eres la primera persona que ha venido expresamente para verme, y que ha vuelto desde entonces. Dime, ¿cuántos años tienes? —Doce…creo—le dijo, inseguro. Oyó una especie de risa ronca. — ¿Crees? Oye, chaval, ¿qué te ha pasado en la cara? Él se tocó la fea cicatriz que le cruzaba el ojo derecho. No recordaba nunca haberlo abierto. —No lo sé, siempre lo he tenido así. —respondió. — ¿Pero tus padres no te han contado cómo te lo has hecho? —No tengo padres—dijo—. Joe, el tabernero, me crió. Pero creo que no soy de aquí, porque mis rasgos son distintos a los de los habitantes—de pronto se sintió un poco estúpido conversando con el monstruo y contándole su vida. ¿Qué estaba haciendo él allí?—. Oye… ¿por qué no me atacas? —No tengo ningún motivo para hacerlo. La respuesta era muy simple y lógica, tanto que avergonzó a Val. —Pero los monstruos atacan a las personas… —Ya, pero te repito que no tengo ningún motivo para hacerlo más que para crearme problemas con los aldeanos. ¿O es que quieres que te ataque? La situación se había vuelto absurda. Además, la bestia no había resultado ser como se lo esperaba. ¿Qué clase de monstruo era ése? —Todos decían que eras temible… pero no pareces tan malvado. —Porque lo único que sabe hacer la gente es juzgar por el aspecto—gruñó. Val tuvo que darle la razón de nuevo. Los chavales también le despreciaban a él por su cicatriz en el ojo. — ¿Tan horrible eres? ¿Qué aspecto tienes? Muéstrate, por favor. — ¿Estás seguro? Piensa en cómo se quedaron los demás al verme. Tragó saliva. Tenía un poco de miedo, pero aún así la curiosidad lo superaba. —Sí.

—Te lo he advertido. Después no te vayas llorando y diciendo cosas sobre mí, que bastante mala reputación tengo ya. La criatura dio unos pasos adelante, mostrándose a la luz. A Val le temblaron las piernas, y retrocedió inconscientemente. Era enorme, y tenía el cuerpo recubierto de escamas negras que resplandecieron al sol. Se parecía a una serpiente gigante, pero en su espalda había dos grandes alas recubiertas de plumas blancas, y sus garras parecían las de un pájaro grande. Era una especie de híbrido entre reptil y ave, y sus ojos, que se asemejaban a dos pedazos de azabache, brillaban de inteligencia. Su cabeza estaba recubierta de grandes escamas que lo rodeaban formando una corona, haciendo que se pareciera a un dragón. Era terrorífico e intimidante, pero a la vez magnífico en su oscura belleza, rodeado en un velo de magia y misterio. No se parecía en nada a un vulgar monstruo de cuento, estaba a otro nivel, fuera de lo terrenal, rozando un aura divina. El chaval lo contemplaba fascinado. —Tú no puedes ser un monstruo. —murmuró. Era la criatura más bella y elegante que había visto en su vida. ¿Qué era él a su lado, aparte de un vulgar niño humano, y encima tuerto? Se sintió insignificante, y los demás también deberían haberse sentido así si se hubieran fijado un poco mejor. Val, sin saberlo, tenía ante sí a una de las ocho Bestias Sagradas, y no una cualquiera, sino a la mismísima Bestia Guardiana de la Creación. Cuántas aventuras le estaban esperando todavía, en su largo viaje para reunir a sus otras siete hermanas, desperdigadas por el mundo. Pero todavía quedaba mucho para eso. En alguna otra parte, en otro plano dimensional distinto que bien podría haber estado allí mismo como a años luz de distancia, Lucifer sonrió desde su trono de fuego a sus demonios. —Ha llegado la hora. El diamante se ha roto y las Bestias han despertado. Preparaos para regresar a ese ansiado mundo, porque comienza la Lucha Final. >> —Creo que ya está bien por hoy—dijo de pronto el hombre despertando a todos de improviso, haciendo que regresaran a la realidad y abandonaran ese mundo y época que les estaba narrando de hacía tanto tiempo—. Dormid, estáis agotados. Sois libres de iros y de regresar cuando queráis. Mañana seguiré con el relato para los que quieran quedarse a escuchar. Mucho más tarde, cuando todos estaban ya profundamente dormidos a causa del cansancio, el misterioso hombre seguía en la misma posición, contemplando ensimismado el fuego, perdido en sus recuerdos. Sopló el viento, agitando su capa y haciendo caer su capucha. Su rostro quedó al descubierto. Era un hombre jovial de facciones agradables, pero una enorme cicatriz le cruzaba el ojo derecho. En su mirada brillaba la madurez y el conocimiento, como de una persona ya vieja que había visto demasiado.

El primer despertar Por Mariana Collins Val apareció entre la bruma que cubría el lugar como un centinela. Un cielo grisáceo no favorecía esa mañana, el aire estaba cargado de tensión e incertidumbre. Los aldeanos se encontraban alrededor de la fogata que crujía con fervor, buscando calor y luz bajo esos días de tinieblas. Val se detuvo, los hombres lo miraban con desconfianza. Bajo la luz del fuego, la suciedad de sus ropas andrajosas parecían estar carbonizadas. Los aldeanos se miraron entre sí, confusos, esperando que el hombre cubierto de una capa negra como la noche pronunciara alguna palabra, pero permaneció inmóvil. Una oleada de pánico inundó el lugar cuando la tierra se estremeció y fueron embestidos por el rugir de un suelo vacilante. Algunos aldeanos cayeron al suelo y otros sin dudarlo retrocedieron de las brasas traicioneras. —Sois libres —la voz de Val fue áspera pero tranquilizadora— El que quiere escuchar que escuche y el que quiera retirarse que lo haga— concluyó. —Yo le creo —se arriesgó a decir Aura. —¿Es que eres estúpida, mujer? ¿No te das cuenta que quiere aprovecharse de nuestro desamparado? —Dijo Julián, separándose del grupo— ¡Ese hombre está loco! —Prefiero creer su locura que estar a la deriva, sin protección —apuntó Aura, caminando hacia Val. —Sois libres —repitió Val —pero no dejen que sus propios demonios les destruya su fe, la guerra ha sido desatada. Recuerden: será como el rayo que brilla del este al oeste y el Creador no se equivoca. Se quitó la capucha, dejando al descubierto su deformada cara bajo el único brillo que iluminaba un cielo ennegrecido. La mayoría produjo un ruido seco y alarmante al ver su ojo destrozado. El suelo seguía palpitando, inmutable. —Si todos se van con ese hombre —indicó Julián —morirán pronto. Pero si deciden retirarse, serán dueños de toda tierra que desean. Val gruñó para sí, dejando que las palabras de Julián hicieran eco entre los árboles mientras se encauzaba hacia la cueva, con paso lento como seguro. Aura lo seguía perpleja junto con los otros aldeanos.

—Regresen ¡Ese hombre será nuestra destrucción! —protestó Julián. Aura volvió su rostro sin detenerse, viendo como los ojos de Julián se inyectaban de sangre y una risa perversa se apoderó de sus carnosos labios. Ese no era Julián. Parecía haber perdido todo escrúpulo de conciencia. Aura se detuvo pero una mano áspera la inmovilizó. Su amigo convulsionó y una sombra negra salió de su cuerpo, elevando humo negro hacia el cielo y causando un alarido estremecedor. Julián se había desvanecido. —Tranquila muchacha, Luvriniev se encargarán de él— contestó Val a la pelirroja aldeana. Aura confió en el hombre y siguió su camino en silencio entre la maleza, preguntándose quién o qué era Luvriniev. *** El hombre que un día antes les había dado posada en la parte más furtiva de la montaña trataba de calmar a los aldeanos, advirtiéndoles que la tierra seguiría sacudiéndolos hasta encontrar a todas las bestias. —La primera criatura será desatada cuando comience el próximo ciclo lunar. La Bestia de la Oscuridad Nocturna nos traerá la verdadera tiniebla y la tierra bramará bajo nuestros pies. —¡Hoy!— exclamó uno de los aldeanos, acostumbrados a labrar sus tierras de acuerdo a la influencia de la esfera gris-blanquecina. Val asintió, considerando seleccionar sus palabras con sumo cuidado mientras se colocaba nuevamente la capucha. La gran parte de los labriegos estaban todavía consternados al ver la repentina transformación de Julián y su rostro no ayudaba demasiado. La cueva contaba con una antorcha al lado de la pared de piedra y si bien estaban protegidos por el impetuoso viento, el frío se filtraba en las rocosas paredes, envolviéndolos en un frío castigador. Los aldeanos se encogieron cuando escucharon unos fuertes pasos acercándose hacia ellos. Una figura se reflejó en la luz que emergía de la gastada antorcha y traían consigo unas cantimploras. —Es Metatrón— dijo Val mientras repartía los frascos entre los aldeanos que no habían bebido ni comido. Ninguno dudó en esparcir el líquido dentro de su cuerpo, que a pesar del frío se encontraban sedientos.

Metatrón parecía un gigante en medio de todos. La fornida criatura se acercó a Val sin mirar a los aldeanos. —Lo sé —Fue el único eco que retumbó en las paredes suavemente. Metatrón se marchó rápidamente como un guerrero, listo para comenzar una batalla. —Mmmf¿Y la otra bestia? —preguntó Aura rompiendo el silencio, una chica tan curiosa como Val en su juventud. —Ella saldrá en su debido tiempo, muchacha —hizo una pausa para sentarse en el suelo que rechinaba cada cierto tiempo. Aura que había abierto su boca para cuestionar con más ahínco a ese hombre encapuchado, fue interrumpida por el propio Val, respondiendo así, a la misma pregunta que todos se formulaban en silencio. —La segunda bestia despertará en creciente iluminante y será el regalo inesperado. La Bestia de la Epidemia hará brotar peste en toda tierra que no se encuentre protegida; hasta que llegue el cuarto creciente con la Bestia de Destrucción, eliminando toda putrefacción y tempestad. Este será el punto más oscuro y… no todos podrán ver el comienzo de la nueva era. Estas últimas palabras flotaron en el aire <<No todos lo conocerán>> y provocó que los aldeanos se removieran en sus sitios mientras otros estrujaban las cantimploras. Esa frase solo significaba una cosa: Muerte. Val continuó. —La Bestia de la Sabia Inocencia con sus joyas comenzarán a darnos las primeras señales de luz y brillarán trayéndonos esperanza en la gibosa iluminante… En luna llena, el corcel blanco con su resplandeciente melena pintará el cielo de azul, aquel cielo que ustedes ya han olvidado. La sexta… La Bestia de la Llave Inspiradora vendrá junto con la gibosa creciente llevándonos hacia las huestes celestiales, guiándonos a La Bestia de las Mil Puertas Ocultas, en el cuarto menguante —Val tomó un largo respiró para decir por fin—: y la última con sus agraciadas alas blancas, nos mostrará el camino a la nueva era y haremos cenizas a nuestro más grande enemigo en el séptimo día, donde todo comenzó.

Un líder claro Por 000latani000 Al terminar el relato sobre el devenir de los hechos, los ciudadanos miraban a Val con el recelo anterior, y ahora también con miedo. Cómo podía disponer de tantos detalles? Sería un profeta enviado para guiarlos por un camino más angustioso que el de su propia salvación como pueblo? Val conocía bien el efecto devastador de sus palabras en los subconscientes de esos individuos asustados, pero lejos de alzarse como su glorioso salvador, sólo quería ayudarles a despejar algunas dudas sobre lo que se avecinaba. Aquella Bestia majestuosa Guardiana de la Creación, le agradeció , en su día, aquel acercamiento infantil y sin prejuicios que tuviera Val a su guarida. Pero ni le concedió deseos, ni le dio riquezas y ni siquiera una leyenda para contar con orgullo. Simplemente le habló del futuro, de la era del Gran Caos y la Lucha Final, que con sus ojos verían en años venideros. Y con sus palabras e instrucciones, también le enseño a creer y a tener esperanza. Esa elegancia oscura que desprendía aquel ser no era más que una profunda sabiduría ancestral protegida por las escamas que cubrían su piel. Aquella bestia era el Principio de una historia, de la cual, ella era también la encargada de velar por su final. -Sois libres-volvió a repetirles una vez más-Sabed que los que se queden aquí podrán dormir tranquilos, pero los que no deseen continuar y quieran empezar una nueva vida en otra región, tampoco tienen nada que temer por nuestra parte. Nuestra misión es clara: trabajar mano a mano con Metatrón tratando de localizar el despertar de las bestias antes que las tropas de Luzbel.Metatrón se encargaría de revelarles la consigna de su existencia, de tal manera que las Bestias no tuviesen más Destino que el que estaba dispuesto para ellas. Pero todavía era pronto para dar esta última información a la comunidad que allí le miraba expectante. Muchos de ellos no llegarían a ver la luz final, y otros tantos le abandonarían de su empresa en el camino... Aura, mientras tanto, le miraba embelesada con admiración. Este hombre sabía de lo que hablaba, y mostraba tanta fuerza exterior como la que se le intuía interior. Estaba dispuesta a dejarse llevar por él como guía. Estaba dispuesta a hacer de sus palabras e instrucciones, órdenes. Pero tras ese halo de misterio que le envolvía, tras la capa oscura con la que frecuentemente ocultaba la cicatriz de su ojo, y tras esa seguridad con la que hablaba, había algo más. Tenia demasiada información, de la que parecía ser el único portador, que Bestias de antaño le habían otorgado. Parecía ser un vínculo terrenal con lo divino, pero su figura siempre se mostraba taciturna y con una melancolía propia del que aún sabe algo más y que no dirá por el momento. Aura se mantendría fiel a su lado hasta descubrir lo que a Val atormentaba. Y lejos de darle el consuelo que como mujer podría ofrecerle, quería ser su hombro de apoyo, su hermana pequeña y su mejor amiga.

El pueblo tendría que comenzar a organizarse pronto, con un líder claro como todo apuntaba. Y ella quería estar allí, quería ser su mano derecha.

Ruge la tierra bajo nuestros pies Por hadafitipaldi No tardaron en hacerse pequeños corrillos entre los aldeanos que allí se encontraban. En sus rostros podían leerse diversas expresiones, desde la aceptación y el ansia de aventura, hasta la desconfianza con miradas sombrías hacia Val. Éste aguantaba estoico la espera hasta el veredicto, mientras pensaba en lo desconcertante que era embarcarse en aquella batalla más divina que mortal, con aldeanos a los que ni siquiera conocía. Probablemente no habían participado nunca en una pelea, aunque lo dudaba por los tiempos oscuros que corrían; quizás no estuvieran preparados para lo que les esperaba. Ni siquiera él lo estaba, después de años y años esperando la llegada de las Bestias. Pero en cuanto vio la mirada de determinación de un joven aldeano, que se acercaba a él con paso decidido, muchas de sus dudas se disiparon. Señor, no puedo responder por todos mis compañeros, pero yo le acompañaré en la búsqueda de esas criaturas- el joven de cabello rubio pálido que le caía por debajo de los hombros, y límpida mirada cristalina, se quedó mirando a Val, inclinando levemente la cabeza-. Siempre he sido labrador, pero aprendo rápido. Val, orgulloso, dejó que una fugaz sonrisa estirara sus labios, mientras observaba al joven que tenía ante él, de aspecto fornido y ropajes sencillos, como los de todos los demás aldeanos. El valor relampagueaba en su mirada, y supo que las posibles carencias que tuviera, serían subsanadas sin el menor problema con personas con ese espíritu. ¿Cuál es tu nombre, muchacho? Eric, Señor. No me llames Señor, Eric. Todos somos compañeros en esta misión que llevamos entre manos, solo obedecemos órdenes de Metatrón, y ni siquiera él se impondría en contra de nuestra voluntad. Aura se apresuró a colocarse al lado de Val, apoyando la mano durante unos segundos en su hombro, para apartarse seguidamente y ponerse al lado de Eric. Pronto más gente se fue acercando a Val, formando un corrillo en torno a él. Un pequeño grupo de aldeanos se alejó hacia la salida de la cueva, echando miradas furtivas hacia atrás, como dudando de su decisión. Val no tardó en sacarse de debajo de su capa un silbato plateado de forma alargada, cubierto en su superficie por diversos dibujos indescifrables, colocándoselo en los labios y soplando a través de él. Un silbido melodioso y agudo inundó la cueva, reverberando en las paredes y escapándose al exterior. El grupo que se dirigía a la salida se quedó paralizado cuando una figura alta, de cuya espalda emergían unas amplias alas blancas, aterrizó en la puerta frenándoles el paso. No temáis, he llamado a Luvriniev para que os guíe en vuestro camino hacia algún lugar medianamente seguro- Val se puso al lado de un alto hombre moreno, que parecía el cabecilla de aquel grupo-. Aunque hayáis decidido no confiar en mí ni en mi historia, al menos dejad que os ayude a llegar a buen puerto.

El hombre estudió durante unos minutos a Val con expresión dura, pero después la relajó un poco, asintiendo brevemente. Os deseo suerte en vuestra misión, y solo espero que mis ojos puedan ver como este mundo se recupera del caos en el que está inmerso. Eso espero yo también. Con un cruce de miradas que afianzaba si no la confianza, si la aceptación de dos hombres que viven en una eterna lucha, se despidieron. Así Val y el resto de los aldeanos, presenciaron como el sol empezaba a caer mientras guiados por el grandioso ser de alas blancas, sus antiguos compañeros partían en busca de otro destino. Y la inminente llegada de la noche, no hizo si no despertar las alarmas de Aura y Eric, que se acordaban bien del discurso de Val: “La primera criatura será desatada cuando comience el próximo ciclo lunar. La Bestia de la Oscuridad Nocturna nos traerá la verdadera tiniebla, y la tierra bramará bajo nuestros pies”. Hoy será la primera noche del ciclo lunar- Aura se acercó a Val, hablando con tono solemne-, ¿quiere eso decir que hoy tendrá lugar la llegada de una de las Bestias? Eso es lo que me ha dicho Metatrón, al parecer sabe de dónde va a surgir la criaturaVal miró primero a la chica, y después al resto de aldeanos, que se habían convertido en un ejército de la luz, pero aún no lo sabían- .Así que no tenemos tiempo que perder, partiremos dentro de pocos minutos. Los murmullos comenzaron a elevarse por la cueva, al mismo tiempo que una ferviente actividad se adueñó de todos los allí presentes. Val formó un grupo que iría con él, y sugirió que otros se quedaran en la cueva fabricando herramientas, así como armaduras que pudieran servir para protegerse de los posibles enemigos. Porque estaba seguro de que Luzbel no se quedaría de brazos cruzados mientras las Bestias volvían a emerger, y cuanto más se pudieran proteger de las criaturas desconocidas, mayor sería la posibilidad de salir con vida. Así cuando comenzaba a anochecer, un grupo de aldeanos liderado por Val, comenzó a descender la montaña, para adentrarse en los tupidos bosques coronados por las altas cimas de los árboles. El frío entumecía los músculos, Aura podía percibir como una nube blanquecina salía de su boca en cada respiración. La oscuridad se fue haciendo más densa conforme iban adentrándose en aquel bosque. La finísima media luna que había aparecido en el cielo, apenas podía arrancar ni un solo reflejo a la nieve resplandeciente sobre las oscuras hojas de los árboles. Anduvieron durante dos horas, hasta que a lo lejos comenzaron a vislumbrar un claro, que se abría rocoso en medio de aquel terreno repleto de vegetación. Val no tardó en percibir como el frío se hacía más denso conforme se acercaban a aquel espacio abierto. Miró cauteloso a su alrededor, intentando descubrir alguna sombra extraña, pero no consiguió ver nada. Aún así, alzando las manos levemente, llamó la atención de los que le acompañaban, y volviéndose hacia ellos con el índice sobre los labios, se bajó la capucha. Señalándose un ojo y la oreja, quería indicarles que estuvieran alerta. Miró fijamente a la muchacha

pelirroja que permanecía inquebrantable a su lado, y le agradó observar que no ponía mueca alguna ante la cicatriz que cruzaba su ojo. Cuando llegaron a la línea que separaba el nutrido bosque del claro, el suelo comenzó a temblar ligeramente bajo sus pies. Val revisó el perímetro que rodeaba a aquel espacio abierto con la mirada, y no observó ni el más mínimo movimiento. Aquello no era buena señal. El constante ruido que producían los animalillos del bosque había desaparecido. Un silencio sepulcral reinaba la oscura noche. La figura de un imponente ser alado aterrizó a pocos metros de ellos, en el claro. Val no tardó en identificar a Metatrón, y se acercó con paso decidido hasta su posición. Pero a mitad de camino, el temblor de la tierra se hizo más fuerte, sacudiendo sus cuerpos hasta el punto de que les costaba mantener el equilibrio. Cuando llegaron a la altura de Metatrón, éste saludó a Val con un ligero asentimiento. Su rostro sereno se volvió ligeramente a los aldeanos durante unos segundos, pero en seguida su expresión se tensó, poniéndose en guardia. No estamos solos- explicó secamente.

Al instante, al fondo del claro comenzaron a captar una nube negra que se alzaba imponente. “Luzbel ha mandado a sus sombras” pensó Val. La nube se fue haciendo cada vez más espesa y ruidosa, emitía un zumbido grave y constante que iba creciendo conforme se acercaban. Metatrón se colocó junto a Val, y comenzó a agitar las alas hacia delante, lo que provocó que su cuerpo se iluminara ligeramente. Una esfera de luz fue haciendo un círculo alrededor del grupo, hasta rodearlo por completo. Y fue en ese momento, cuando un bramido agudo y penetrante, surgido de las entrañas de la tierra, quebró la noche mientras los temblores profundizaron violentamente, creando grietas que se fueron extendiendo por todo el claro.

La luz de la verdad Por Kyra Aún dentro del santuario creado por el Círculo de Luz, sentían los temblores y el rugido de la Tierra. Val veía el temor en los aldeanos, en sus rostros, y supo en ese momento que debería haberlos obligado a partir con los demás. Muy pocos eran hombres curtidos en las adversidades. La mayoría eran jóvenes que apenas habían entrado en la pubertad, no mucho menores que él, pero sí con la inocencia aún intacta. Sabía que sería incapaz de mantenerlos a todos con vida, pero les permitió seguirle. Había pensado que la muerte era un destino preferible al futuro que Luzbel les tenía reservado. ¡Ojala ahora ese pensamiento no le pesara en la conciencia! Las sombras del Caído empezaban a salir de los confines del claro, mientras una luz cegadora emergía de la grieta más profunda. Eran seres grotescos por su belleza. Sinuosos, de movimientos suaves y precisos, de facciones hermosas aunque oscuras. Sólo en el brillo de sus ojos se apreciaba la maldad que los corroía y en sus ladinas sonrisas. No sería suficiente para frenar la atracción que los jóvenes sentirían por ellas. Muchos ya se acercaban al borde de la luz para seguirlas. Su grito se oyó por encima de los alaridos de la Tierra. —¡No salgáis del Círculo de Metatrón! ¡De la Bestia me encargo yo! Y es que, la misma atracción que tiraba de los jóvenes hacia las sombras, la sentían los oscuros seres hacia la luz. De igual manera, lo que a unos les daba la vida a otros los mataba. Sólo quedaba esperar y ver quién hacía gala de una fuerza más constante. Cambió una mirada con el ángel que le prometió silencioso que cuidaría de todos los que pudiera. Ambos reconocían la firmeza de esa promesa y lo inútil que podía resultar. Val se volvió a Aura, que sujetaba su brazo con fuera. No encontró palabras para agradecerle la confianza que había depositado en él. Le había hecho un hombre más firme en su propósito y le había dado un motivo para sobrevivir. Se limitó a apoyar una mano en la que le sujetaba y apretarla infundiéndole valor. —Ten cuidado, muchacha. No salgas de la luz —Aura abrió los ojos con algo de sorpresa—. Nada de lo que te ofrezcan es real. Sólo la luz. No te apartes de ella. Y, sin más, desapareció al otro lado del círculo. *****

Aura lo vio más allá de la luz, su figura ondulando por los gases que se escapaban de las grietas del suelo. Se sintió tentada de correr a su lado, en único lugar en el que se había sentido segura desde que la guerra había empezado. Pero las palabras de Val todavía hacían

eco en su pecho y decidió seguir su consejo. Era sabio a pesar de la juventud que se apreciaba en sus rasgos, que no en sus ojos. Oyó gritar a Metatrón advertencias a los hombres que se acercaban a los límites de la barrera protectora y despertó de su estado de duermevela. Los muchachos intentaban soltarse de los brazos que los sujetaban para lanzarse de cabeza a las sombras que los llamaban desde el exterior. Aura solo veía figuras putrefactas con blancos colmillos amenazantes, pero no debía ser esa la imagen que se reflejaba en los jóvenes ya que parecían ansiosos de ir junto a ellas. La mujer se puso en movimiento y corrió a socorrer a aquellos que parecían estar a punto de flaquear. Tiró de los brazos, torsos y cabellos cuando hizo falta. Sujetó a todos los que lloraban cuando se veían alejados de sus objetivos. Y también vio la muerte de aquellos que no consiguió salvar. Perecían bajo las ansias de sangre de las sombras, despedazados casi hasta los huesos. Lo peor no era verlos caer, sino levantarse después convertidos en seres más grotescos que los que habían provocado sus muertes. Algunos intentaron traspasar la barrera que el ángel mantenía con esfuerzo y se desvanecían entre dolores atroces a juzgar por los gritos inhumanos. En una ocasión tuvo que dejarse caer al suelo y taparse la cabeza con los brazos para intentar alejarse de la crueldad de aquella lucha casi estática. La sangre que se vertía entre humanos no resultaba tan devastadora. Cuando se levantó por segunda vez, casi recuperada de la angustia, se encontró en el borde del círculo, cara a cara con Val. El corazón se le detuvo en el pecho y la respiración se le aceleró al reconocer al hombre entre las sombras. Éstas le acariciaban y adoraban, pero él las ignoraba; sólo tenía ojos para ella. Lentamente, alzó una mano en su dirección y la extendió con el fin de que Aura la cogiera. Ni siquiera dudó. Adelantó los dedos hacia la luz que la envolvía, tan despacio como lo había hecho él y caminó con seguridad hacia la línea que los separaba. Los labios masculinos pronunciaron su nombre, una y otra vez. —Aura… Aura… —cada vez más fuerte—. Aura… Auraa… ¡Aura! Fue Metatrón con su potente voz celestial el que la salvó de morir entre las fauces de aquello que odiaba. La sujetó contra su pecho y gritó su nombre tantas veces como hizo falta para despertarla de tan tenebroso sueño. Al principio se resistió, pero él la volvió hacia donde el hombre por el que había estado a punto de morir intentaba dominar a una bestia de hueso en forma de serpiente gigantesca al tiempo que la alejaba de las huestes de Luzbel. Los dientes de hueso destacaban en la cabeza de dragón, donde unas cuencas vacías parecían ver todo lo que sucedía a su alrededor. La Bestia de la Oscuridad Nocturna había despertado y atacaba a todo aquel que se le acercaba, sin distinguir entre amigos y enemigos. Era el miedo lo que provocaba los ataques contra Val, más que una desconfianza ciega. Y Val, rodeado de sombras, no parecía tener temor a nada. No había luz que lo rodeara, pero su espada parecía destellar con la fuerza de su interior. Rechazaba a sus enemigos tanto con el acero como con bravatas y se acercaba a la Bestia desconfiada, susurrándole antiguos arcanos que en algún momento despertarían su memoria y la harían ponerse de su lado.

Aura entonces, lo entendió todo; porqué Val no moría aún rodeado de oscuridad, porqué las sombras parecían intentar seguir el ejemplo del hombre con la Bestia, en lugar de atacar a un solo humano casi indefenso. Era el miedo lo que a ellas les daba valor, lo que las daba la imagen que los seres de luz querían ver y así los atraían a la muerte y el infierno eterno. El temor tan difícil de contener. Y Val parecía estar perdiendo la batalla. Supo lo que tenía que hacer. Lo supo en el instante en que su corazón se inundó de la luz de la verdad. Se irgió entre los brazos de Metatrón y lo miró a aquellos ojos ancianos, sabios y eternos. Él conocía su decisión, pero ella le advirtió, para que no flaqueara en el Círculo mientras pretendiera luchar contra sus intenciones. —Me necesita —susurró entre el tronar de la batalla—. Me necesita. El ángel miró a las sombras acercarse al hombre que pretendía salvarlos a todos y se decidió en un segundo. —Te necesita —soltó a la mujer sin que ella se tambaleara un milímetro—. Ve.

(Sin título) Por Deborah Aura salió con decisión de la luz para internarse en las sombras en busca de Val, donde inmediatamente se vio asediada por las huestes de Luzbel. Escudada por su determinación fue abriéndose paso entre ellas lentamente, pero pronto comenzó a flaquear ante las bestias, sintiéndose completamente desarmada e indefensa ante ellas. Los gases que salían del suelo la aturdían y debilitaban, ayudando a las poderosas criaturas a realizar su siniestra tarea y envolviéndola en una nube de desesperanza de la que no se sentía capaz de salir. Las sombras parecían capaces de ver más allá de su envoltura carnal, encontrando grietas en su coraza que llevaban a recovecos minúsculos y oscuros donde residían sus temores más profundos. Intentaron entrar a través de esos recovecos, haciéndolos cada vez más grandes y erosionando su determinación. Aterrada, Aura se permitió mirar atrás, buscando una forma de escapar, pero sólo pudo ver pequeños trozos de luz allá donde estaba Metatrón. Unos trozos de luz que cada vez eran más pequeños por la oscuridad que les envolvía. Estúpida. ¿Cómo pretendes ayudarle, si no eres más que una cualquiera?, resonaba el aire a su alrededor, y ella se sintió flaquear, sintiendo que se había internado en una tenebrosa pesadilla de la que no iba a despertar jamás. Una de las sombras aprovechó ese momento para acercarse más de la cuenta y su frío roce la hizo retroceder, dolorida. No obstante, fue ese mismo roce el que la obligó a reaccionar, porque al moverse posó su mirada sobre Val, que comenzaba a perder terreno a pesar de su fuerte voluntad frente a la masa de criaturas que le rodeaba, que parecía no tener fin. La visión del hombre en peligro fue lo que la hizo recobrarse, así que se armó de valor para enfrentarse de nuevo a las sombras con todas sus fuerzas, sintiendo que la luz la inundaba como un bálsamo reconfortante para su alma, y que a la vez la ayudaba a hacer retroceder a esas criaturas. Avanzó sin apartar la vista de su objetivo, ignorando los insidiosos tentáculos de las sombras, que aun seguían buscando un hueco entre sus defensas del que poder aprovecharse, y atacando a las que a pesar de no encontrarlo pretendían cortarle el paso e impedir que ayudara a Val. A mitad de camino cambiaron de táctica, mostrándole y ofreciéndole todos sus anhelos si se apartaba del camino, pero Aura siguió sin prestarles atención, concentrada en su objetivo y susurrando para sí: —Nada es real. Sólo la luz.

Avanzó repitiendo ese lema, sin otra cosa en mente que Val y la luz que la inundaba. Finalmente llegó hasta él y le tendió su mano. El hombre la miró a los ojos y los atravesó, llegando directamente a su alma. Sabiendo que no era una nueva alucinación provocada por las sombras, la apretó con fuerza y juntos comenzaron a recuperar el terreno perdido, acercándose cada vez más a la serpentina bestia, imparables. Aura se sorprendió recitando junto a Val los antiguos arcanos mientras avanzaban, aunque hasta la fecha no los había escuchado nunca y nada más pronunciarlos quedaban perdidos en su memoria, irrecuperables. No obstante, la Bestia de la Oscuridad Nocturna comenzó a reaccionar a estas palabras, dirigiendo hacia ellos sus ciegos ojos mientras su memoria volvía lentamente, como un goteo constante. Con un rugido tan silencioso como la noche más tranquila, la bestia se movió hacia ellos y los rodeó con su cuerpo serpenteante, luchando junto a los dos contra la oscuridad hasta que ésta quedó desterrada por completo, vencida en esa batalla pero no derrotada por completo. Una vez estuvieron a salvo de las sombras, la luz creada por el cansado Metatrón se extinguió, revelando a los hombres que habían permanecido en el círculo a pesar de todo. Eran muchos menos que antes, y de los cuerpos de los caídos no había más rastros que jirones de ropa aquí y allá, pues habían sido completamente consumidos por la oscuridad. Val, sin soltar aun la mano de Aura, miró el terreno que les rodeaba con gran tristeza y la conciencia cargada con las vidas de todos esos hombres, pero se repuso rápidamente cuando fue rodeado por los otros, los que sí habían superado la prueba. Habían perdido gran parte de su inocencia esa noche, pero sin duda habían enriquecido su alma a pesar de la terrible experiencia. Aura, comprendiendo lo que pasaba por la cabeza de Val, apretó más fuertemente la mano del hombre y le miró con una sonrisa cansada. Él correspondió a su sonrisa y se dirigieron juntos hacia Metatrón y la Bestia de la Oscuridad Nocturna.

La misión revelada Por Lionel H. La bestia de la oscuridad había desaparecido, en su lugar había un pequeño diamante tallado. Era pequeño, pero brillaba mucho casi como si tuviera luz propia. -¡Nos has salvado a todos!- Aura estaba cansada, pero alegre. Se acercó a Val y lo abrazó. Val, aunque algo sorprendido, respondió al abrazo. -No lo hubiera logrado sin ti, Aura. Muchas gracias.- El hombre de la cicatriz se atrevió a rozar el pelo de la muchacha. –Ahora, tenemos que prepararnos para nuevos ataques de Lucifer, esto no ha hecho más que empezar. -No os preocupéis, -dijo Metatrón- la próxima ocasión estaréis todos mejor preparados. Val, préstame tu espada. Val lo hizo. La hoja de la espada tenía varias melladuras, y también aparecía tiznada en varios lugares, producto de su combate contra las sombras que Lucifer había enviado. En las manos de Metatrón la espada refulgió con un fuego blanco, y cuando se la devolvió a Val era como si la espada hubiera cobrado nueva vida, parecía recién forjada. -Tú eres especial, muchacha, has tomado con valentía la decisión de enfrentarte a las sombras, y por eso serás la portadora del estandarte, y la guardiana de la joyas. Toma este cinto, para ir guardando los fragmentos de diamante. Aura tomó el cinto que el ángel le ofrecía, y se lo colgó a sobre la ropa. Ésta se transformó al instante, y piezas de armadura cubrieron su cuerpo. Grebas en las piernas, un brazal completo desde el hombro derecho. Pero lo más destacable era el gran cinturón de plata que ceñía la cintura de Aura. Tenía ocho ranuras, y en una de ellas brillaba opaca la gema de la Bestia de la Oscuridad Nocturna. -Hay que juntar todos los fragmentos del diamante original -dijo Metatrón.- Esto recién comienza. Solamente cuando el diamante fracturado vuelva a ser uno, recién entonces ganaremos la batalla. Lucifer no descansará para detenernos. Yo combatiré contra él, pues es para lo que fui creado, y mi ejército mantendrá en raya al suyo. Pero hay cuatro de sus secuaces que vendrán a buscaros, y lucharán contra vosotros. Os diré sus nombres: Sorj Orpra Partalax Aspártamei Cada uno de ellos tiene un ejército de sombras a su servicio, por eso os daré armas también a los aldeanos sobrevivientes, cada uno podrá elegirlas. Falta tiempo para la próxima batalla, podrán prepararse y estar listos. El camino es hacia el norte, y sé que las sombras de los cuatro les bloquearán el camino. Pero os advierto –la cara de Metatrón se ensombreció-, cada herida puede ser mortal. Yo no voy a poder venir a ayudar. Uno de los aldeanos intervino. -A unos pocos días de aquí hay un sabio curandero. Nosotros pasamos cerca de su choza, pero nos echó a los perros. Como todavía estábamos cerca de nuestros captores no nos detuvimos mucho, pero dicen que es el mejor haciendo pócimas de restauración. Y queda de camino, aunque muy cerca del mercado esclavista. Varios de los aldeanos hablaron con temor, diciendo que el mercado esclavista podría ser peor que la muerte. Pero una voz se impuso.

-Está decidido -dijo Val-. Incluiremos al curandero en nuestro grupo, y entrenaremos en combate para vencer a las sombras del bloqueo. Y si los que venden humanos como mercancía se nos acercan, serán nuestra prueba de fuego. No podemos pensar en vencer a los cuatro secuaces del Oscuro si no vencemos unos simples esclavistas. Y partieron.

Esclavos Por CrisMuñoz El mercado de esclavos. Un lugar prohibido por los hombres libres de la tierra, un lugar vetado como destino si deseas conservar tu libertad, pero en ese momento, un lugar imprescindible en su camino hacia su destino. Grandes casas de madera se levantaban sobre sus ojos y una multitud de personas pasaban a su alrededor sin prestarles ninguna atención. Todos iban vestidos con largas túnicas holgadas de colores cálidos y turbantes que cubrían sus rostros para protegerse del intenso calor y evitar la deshidratación, sólo se podía apreciar que eran en realidad humanos, por la pequeña franja que permitían ver sus ojos. Algunos acompañados de varios camellos o caballos y otros con grupos de personas semidesnudas a las que trataban con mucha rudeza. Estaba claro lo que eran. Esclavos. Todo ese panorama era lo que Val podía vislumbrar a través de la estrecha ranura de su turbante. El calor era asfixiante y notaba cómo el sudor descendía por su espalda, acto que sin embargo no fue incómodo, sino más bien un cierto refresco para su piel. Miró atrás y se encontró con el resto de su compañía vestidos igual que él. Había sido una muy buena idea mimetizarse con el entorno para pasar desapercibidos. Pero aún así le preocupaba el hecho de poder ser descubiertos, sobre todo a las mujeres. Miró discretamente a Aura, que se encontraba hablando de forma distraída con Eric, el labrador. Aunque podía pasar por un hombre más, sus rasgos eran demasiado notorios para una persona observadora. Sólo esperaba que no pasase nada. Ya habían hablado antes, al idear el plan de pasar desapercibidos, de la extrema precaución que debían de tener, de no llamar la atención por muy desagradable e injusto que les resultase lo que fueran a ver. Aunque todos habían estado de acuerdo y se habían centrado en la misión de encontrar la choza del curandero, Val no podía dejar de sentirse preocupado. Con cuidado de no perder de vista a nadie, comenzó a caminar al interior del lugar. Eric y Aura se colocaron a ambos lados de él y eso le tranquilizó en cierta manera, así Aura estaría bajo su atenta mirada y, en caso de no ser así, Eric podría protegerla. A cada lado del grupo, diferentes puestos que ofrecían objetos exóticos intentaban captar su atención de distintas formas, pero todos tenían la orden de no prestar atención a nada. Sin embargo, Aura no pudo evitar tornar la vista hacia ellos y apreciar las preciosas piedras que vendían, los colgantes de colores llamativos y la diferente bisutería que parecía valiosa. Ella siempre había deseado poder comprarse artículos de tal calibre, pero sus orígenes humildes se lo impedían. Decidió dejar de pensar en lo que ella deseaba, no era el momento, el mundo les necesitaba. Volvió la cabeza en dirección a Val, él no se fijaba en nada, tenía la vista al frente, como si estuviera abstraído. Pero ella sabía que no lo estaba, que estaba tenso por lo que estaban pasando. Así que decidió seguir su ejemplo y mantenerse alerta. Tenía mucho calor. Daba gracias a haberse podido quitar el cinturón que el ángel Metratón le había entregado y que toda la armadura hubiera desaparecido. Sólo de pensar en llevar esa pesada armadura con ese calor bajo esas ropas, hacía que tuviera más calor que antes. Siguieron avanzando entre los puestos. Pudieron ver con impotencia cómo azotaban a un pobre niño moreno con un látigo que gemía y gritaba de dolor ante la mirada sádica y

poderosa de su amo. El pequeño trataba de protegerse como podía, pero sus pequeños brazos no eran suficientes para protegerse y cada vez soportaban menos. Eric lo miraba con impotencia e, inconscientemente, llevó su mano a la empuñadura de su arma, recientemente adquirida. Odiaba la violencia y la injusticia. Le recordaba a su infancia bajo el yugo de un tirano señor que torturaba y asesinaba a su pueblo alegando su propiedad sobre ellos, marcas de látigo como las que ese niño tenía surcaban su espalda hechas cicatrices mal curadas. Tenía que salvar a ese niño, como fuera. Ni siquiera pensó un minuto lo que debía hacer, ni lo que se habían dicho que no hiciese. Él desenvainó su espada y trató de separarse del grupo en dirección al esclavista, cuando de pronto, una mano se posó sobre su hombro con rudeza y le empujó en dirección al grupo de nuevo. Eric se volvió confuso y se encontró con su amigo Kaal, uno de los compañeros del grupo que le miraba enfadado. Todo el grupo se había vuelto en su dirección, confusos. —No seas estúpido, ahora no puedes hacer nada por él—le dijo su amigo muy serio. Él no dijo nada, parecía haber vuelto a ser consciente de lo que había estado a punto de hacer y se sentía avergonzado. Se había prometido a sí mismo no hacer ninguna tontería al respecto, pero la realidad le había sobrepasado. Los recuerdos esclavistas de su infancia le habían jugado una mala pasada y había estado a punto de delatar a todo el grupo: —Lo siento—fue lo único que dijo, volviendo a envainar su espada, bajando la cabeza. Miró entonces a Val, este se había quedado mirándole enfrente de él, pero no podía ver la expresión de su rostro. Temía que estuviera enfadado con él y le dijera algo, pero simplemente se dio la vuelta y continuó caminando sin decirle nada. No sabía qué pensar, pero ese acto le había deprimido aún más de lo que estaba. —No te preocupes—oyó de pronto a su lado una voz femenina, que le llamó la atención—. Él no está enfadado contigo, es normal que te sientas así, esto no es agradable para nadie. Era Aura la que le hablaba mientras acariciaba su brazo con cariño y apoyo. No podía verle su rostro en ese momento, pero podía imaginarse que estaba sonriendo de forma dulce y maternal. Él inconscientemente sonrió, su ánimo había subido un poco tras esa muestra de comprensión. Ella pareció conforme con lo que había pasado y siguieron caminando juntos detrás de Val. Mientras, el susodicho, ajeno a todos los demás, seguía alerta. El mercado se extendía hacia donde la vista la permitía ver y cada vez parecía llegar más gente de no sabía dónde. Pero lo que le llamó la atención fue que enfrente de ellos, una multitud de personas se agolpaban unas contra otras en una misma dirección. Esa multitud les obstaculizaba el paso y no tenían posibilidad de internarse por ningún otro lugar. No les quedaba otro remedio, debían pasar por allí. Se dio la vuelta y encaró a todos sus compañeros. Estos pararon en seco y se quedaron mirándole expectantes mientras Val se acercaba a ellos: —Se ha formado una enorme reunión ahí y nos impide cortar por otros lugares. Vamos a tener que cruzarla a través—al ver que todos parecían darse cuenta de lo que estaba queriendo decir, prosiguió—. Por lo que más queráis, no os separéis. No podemos demorarnos aquí más tiempo, podrían descubrirnos. Todos asintieron con la cabeza y comenzaron a seguirle en dirección a la multitud. Sentían curiosidad acerca de lo que estaba sucediendo ahí y vieron una enorme tarima montada al lado derecho del camino. En ella había varias personas encadenadas de diferentes colores de piel que se encontraban en fila y un hombre delante de ellos, gritando sin parar. Era obvio lo que estaba ocurriendo, estaban vendiendo esclavos.

Aura miraban horrorizada el espectáculo que se había formado a su alrededor, cómo los trataban y cómo los gritos enardecidos de sus futuros compradores llenaban el lugar. Sólo de pensar en qué fatal destino que tocaría a esos pobres desgraciados con su nuevo amo, hacía que se encogiera más sobre sí misma. Miró delante de ella y, al ver que Val seguía adelante a través de la muchedumbre, se sintió más tranquila y le siguió, intentando no perder de vista al resto de sus compañeros más cercanos. Pero de pronto, algo ocurrió. Un enorme golpe en la cabeza hizo que se sobresaltara y se diera la vuelta antes de ser empujada por un hombre que caía al suelo, arrastrándola a ella también. Cayó al suelo y entonces comenzó el tumulto. No sabía que estaba pasando, pero cuando trataba de levantarse, recibía pisotones agresivos que la hacían quedarse en el suelo tendida una vez más. Sintió un pánico mortal y comenzó a gritar, pero era imposible hacerse oír ante semejante algarabía. No podía morir ahí, aplastada y destrozada por un millar de pies, tenía una misión que cumplir, no podía ni quería morir así. Pero de pronto, sintió que era asida por los brazos hacia la superficie y que por fin podía respirar aliviada. Se volvió y se encontró de cara con el reconocible turbante oscuro de Val, pudo apreciar sus ojos a través de él y se sintió más tranquila: —¡Vamos!—exclamó él tomándola de la mano, obligándola a salir de allí—¡No podemos permanecer más tiempo aquí! —¿Pero… los demás?—preguntó ella asustada por la efusividad del hombre. —¡No hay tiempo!—fue lo único que recibió de él. Salieron del tumulto a duras penas, pero Aura estaba asustada, no entendía qué había ocurrido hacía un momento, ni por qué razón habían dejado atrás al resto del grupo. Algo malo le pasaba a Val. —Val, ¿qué ocurre? ¡Estoy preocupada!—trató de preguntar a duras penas mientras corría. Pero no recibía respuesta. Val seguía corriendo hasta internarse en una de las callejuelas donde no pasaba nadie, por lo menos ellos estaban a salvo. Sin embargo, Aura no estaba conforme y trató de recibir las explicaciones que se merecía: —¿Qué ha pasado? ¿Por qué hemos dejado a los demás atrás? No recibió respuesta por su parte y ella comenzaba a asustarse. Val estaba parado frente a ella sin decir nada, algo no andaba bien en todo eso y temía decir en voz alta lo que estaba pasando por su cabeza: —¿Quién… eres? No puedo verte bien. —Soy yo, Val—dijo de repente mientras se deshacía el turbante para mostrar su rostro a la chica—, ¿no confías en mí? Pero, en lugar de calmarla, sólo consiguió asustarla más y hacer que retrocediera. Él trató de tomarla del brazo para atraerla hacia él, pero Aura retiró su brazo y se la llevó hasta su cinto donde tenía escondida una daga que le habían dado para defenderse. La levantó y le amenazó con ella, mientras decía: —Tú no eres Val. Él… él tiene una cicatriz que le cruza el ojo derecho, no en el izquierdo. El impostor se llevó inconscientemente su mano a la cicatriz falsa y soltó una risita macabra que la aterrorizó mucho más. Entonces, empezó a hablar con la voz profunda, que para nada tenía que ver con Val, pero ella no se dejó amilanar y permaneció en guardia sin bajar su arma ni un milímetro: —Bueno, lado izquierdo, lado derecho, ya da lo mismo, ¿no?—vio cómo en ese momento se había llevado la mano a su lado derecho y había formado una cicatriz idéntica a la anterior en el sitio correcto—. Debo reconocer que eres muy observadora para ser una

simple muchacha—al ver que ella seguía sin quitarle la vista de encima sin decir nada, prosiguió—. Ahora no puedes hacer nada, muchacha, estás separada de tus compañeros y de tu venerado Val. No tienes escapatoria. ¡Entrégame la gema de la Bestia Nocturna! —¡Jamás!—se negó ella firme y segura de sí misma—¿Eres uno de los esbirros de Lucifer, verdad? Pues jamás conseguirás nada de mí. —Sigues siendo muy observadora—volvió a decir sin cambiar ningún ápice de su expresión neutra—. Pero muy necia también. Esa daga no te servirá de nada contra mí. Te vas a arrepentir. Mientras, Val y el grupo habían logrado salir del tumulto que se había formado hacía un momento. Ninguno sabía qué era lo que había ocurrido, pero por poco no lo cuentan. Val vio que, aparte de Aura, faltaba Eric, así que intuyó que vendrían juntos a continuación. Pero cuando vio aparecer a Eric solo, comenzó a preocuparse: —¿Dónde está Aura, Eric?—fue lo primero que le preguntó nada más que llegó a su altura. —Estaba contigo—contestó el aludido confuso. —¿Cómo que estaba conmigo?—preguntó Val—¿Cuándo? —Cuando empezó el tumulto—comenzó a explicarse—. Vi que ella había caído y fui a ayudarla, pero estaba lejos y no podía llegar. Pero de repente apareciste tú y la sacaste de allí. Luego no os volví a ver. Val se quedó estático. Alguien se había llevado a Aura haciéndose pasar por él y nadie se había enterado. Miró a Eric y éste también parecía haberse percatado del detalle de que Aura podía estar en peligro. —¡Tenemos que encontrarla!—fue lo único que dijo Val antes de que empezaran a correr por todo el lugar.

Preparativos Por Tyess Un enorme perro negro alzó la cabeza cuando el grupo pasó cerca de él a toda prisa. Se puso alerta por un momento, pero debió considerar que no eran un peligro porque se quedó sentado en su sitio serenamente. Eric los guiaba tras los pasos del falso Val. Pero se había desentendido demasiado pronto y no sabía hasta donde habían llegado. Intentaban mantenerse juntos, porque sabían que no había remedio, pero no era sencillo para todos mantener el paso de Val y Eric en aquellas circunstancias. Un alarido les indicó el camino. Si bien no provenía de Aura, era lo mejor que tenían y se dirigieron hacia su origen. Aura estaba paralizada, con su arma escurriendo un líquido negro y viscoso, procedente de la herida que había hecho en su agresor, cuando ese intentó arrebatarle el fragmento. Estaba agitada después de haber esquivado varias veces al enemigo que no parecía debilitarse ante ninguna herida. Pero ya no tenía que luchar ni escapar. El esbirro de lucifer, fuese cual fuese su naturaleza, tenía los minutos contados. De cuando en cuando soltaba un grito y a veces se escuchaba un quejido de uno de los cuatro enormes perros que se habían lanzado contra él. Los primeros del grupo en llegar al lugar observaron con horror lo que ocurría. Pero un instante después, cuando llegó el resto, ya no había mucho que ver, los perros rodeaban algo, con la intención de alimentarse. Un silbido hizo que abandonaran el cadáver sin dilación. Las cuatro enormes bestias que habían destrozado a aquello que pasaba por ser humano, se dirigieron dócilmente hacia el hombre que les había llamado de aquel modo. ―Buen trabajo, pequeños ―dijo el hombre―. Pero será mejor que no jueguen con la podredumbre que desprende esa criatura, que pudo ser humano. No salía a ningún sitio sin ellos. Mucho menos a este sitio, que podía volverse peligroso en un instante. ―¿Está herida, señorita? Aura negó con la cabeza, para alivio de los compañeros que se le acercaban, preocupados. ―Permítame un momento, buen señor, sólo me tomará unos minutos hacer la que bien podría ser mi última compra. Esperaba poder hablar con usted pronto, pero no imaginaba que lo encontraría tan pronto y tan cerca de mi casa, que si bien es una pequeñez, servirá para ustedes. Me toma por sorpresa, de modo que deseo que usted y su grupo me acompañen a cenar, que se queden por hoy, y hablaremos. Acto seguido, se perdió en la multitud que apenas se había movido un poco después del jaleo. Sus perros lo esperaban, tan cerca como les era posible. Ellos se quedaron justo en el sitio en que les había dejado. Regresó en media hora, acompañado por un niño que Eric reconoció inmediatamente. Además, lo seguían sus perros, y uno más, él que había visto pasar al grupo hacía un momento. ―Señores, si gustan acompañarme ―invitó.

Habían esperado en las cercanías. Y lo acompañaron. Porque esta era la persona que buscaban. No hubo muchas palabras en el camino. Excepto las que el hombre le dedicó al niño explicándole que además de los cinco perros que ahora caminaban a su alrededor tenía una con tres cachorros en su hogar. ―¿Sabes algo sobre perros? No creo que te sirva mucho. Amaia te dará instrucciones. Te acostumbrarás facilmente al trabajo, y todo andará bien mientras sigas las reglas. Los perros tienen sus reglas, pero deben seguir las nuestras también. No lo harán si su cuidador no lo hace. ―Señor, usted... ¿solamente quiere que cuide a sus cachorros? ―Sí, claro. ―¿En verdad eso es todo? ―no podía creerlo. Y pensar que había intentado huir justo antes de la subasta, y había sido castigado duramente por ello. ―Eso es lo que necesito ―dijo el hombre, con sencillez. ―¿Y compró a este niño para eso? ― Eric tenía sentimientos encontrados. Comprar a un niño era algo muy bajo, y el hombre ni siquiera necesitaba un esclavo, pero... hacía menos de una hora, ese pequeño sufría terribles maltratos, y ahora sólo tenía una tarea que cumplir. ―¿Qué puedo decir? Por estos lares, ser curandero es bastante lucrativo. No sería correcto que me quedara con toda esa riqueza cuando para vivir necesito tan poco. Además, ahora que me vaya, será realmente útil haber enseñado a unas cuantas personas a cuidar de mis perros. No creo que pueda llevar a más de uno. Ni siquiera sé si me atreveré a llevar a uno de ellos. El curandero no dijo más hasta llegar a la casa, donde avisó que tenían visitas y les invitó a pasar. La choza era insignificante, sin divisiones. Había una trampilla en suelo, unas cuantas sillas... todo lo demás, era de los perros. Camas, comederos... juguetes... Todo de los perros. Siguieron al curandero por la escalera bajo la trampilla. Llegaron a un cuartito con estantes y una sola puerta. Y tras esa puerta, el hogar del curandero y de sus cinco sirvientes. Que poco hacían por la casa pero siempre con dedicación. Se dedicó a empacar lo más necesario mientras sus "esclavos" atendían al grupo y le enseñaban lo necesario al pequeño que apenas llegaba las reglas de la casa. No era una normativa complicada. Todo ahí parecía basarse en lealtad, cuidar a los perros y no tocar las pociones en que trabajaba el amo. Varios miembros del grupo estaban entusiasmados ante la posibilidad de descansar un poco bajo un techo que daba la impresión de normalidad que se había perdido en los últimos días. Pero Eric y Kaal estaban ansiosos. ―No podemos echarnos a dormir, Val. Debemos... ―Debemos dejar que el curandero se prepare, Eric. Debemos esperar. Y siendo así, ¿que mal hará dormir antes de lo que debemos enfrentar? El dejará a todos sus sirvientes y a sus amigos. Pero de nada servirá si no va preparado con lo que haga falta para realizar su trabajo.

―Elever, amo ―pidió un joven esclavo, llamado Arpro, al curandero que lo había comprado hacía unos meses―, ¿puedo acompañarlos? Elever aceptó la propuesta, creyendo que lo que había visto en la mirada de Arpro al encontrarse con la joven Aura era simpatía. Pero no había interés alguno de este hombre en esa mujer. No obstante, parecía tenerlo. Se acercó a ella después de la cena, y sostuvieron una conversación agradable. Val no presentó objeción ante la idea de que ese hombre los siguiera. Sin embargo, Eric parecía desconfiar. No hubiera podido decir por qué, si eran un hombre de mirada limpia, alegre, bien educado. Eric no llegó a comprender que precisamente eso era lo raro. Eso y que no tenía cicatrices o enfermedad. ¿Qué tipo de esclavo carecía de dolor en la mirada y cicatrices en el cuerpo? Eric debió verlo desde el inicio. Pero era algo que se arraigaba en su subconsciente y él estaba ocupado escuchando las explicaciones respecto al individuo que habían destrozado los perros. Individuo que pronto volverían a encontrar. ―¿Volverlo a encontrar? ―dijo Elever― Un hombre que sobrevive a mis pequeños... Ya decía yo que esto era cosa seria. ―Eso, no era un hombre ―dijo Aura―, ¿o sí? Y para variar, todos vieron a Val con atención.

Continuación… Por jj campagnuolo Caminaron varios kilómetros hasta llegar a una zona rocosa entre las montañas. Pequeñas cuevas se extendían por todo el lugar ofreciéndoles resguardo de las inclemencias de la noche. Eligieron una de las menos profundas para asentarse, asegurándose de que no estuviera habitada por algún animal. Aura se sentía inquieta, sobre todo después de haber escuchado la historia de los demonios seguidores de Lucifer, capaces de apoderarse de las mentes de cualquier humano dominándolo a su antojo, envolviéndolo en un halo de magia negra para cambiar su apariencia y robarles el alma. Con alguno de ellos debieron toparse en el mercado de esclavos, haciéndose pasar por Val con la finalidad de quitarles el trozo de diamante. De esa manera podrían ser engañados en un futuro, evitando que logren su cometido. Mientras ella se ubicaba en un rincón para descansar Val se acercó sentándose sobre una roca. Alargó su mano entregándole un objeto envuelto en una cuerda de cuero negro, que ella tomó con curiosidad. —¿Qué es? —Un amuleto, para la protección —le dijo, dedicándole una mirada profunda. Aura tomó el objeto desenvolviéndolo. Era un collar, cuyo dige estaba formado por una brillante piedra veteada de distintas tonalidades. —¿Ónix? —preguntó con incredulidad. —Te dará el valor necesario para enfrentar a los demonios nocturnos. Ambos se fundieron en una intensa mirada que hablaba más que sus palabras, pero tuvieron que desviarla ante la cercanía de Eric que se encontraba ansioso por continuar el viaje. Se sentó cerca de Val para hablarle de forma confidencial. —Mañana será el creciente iluminante ¿no será mejor continuar nuestro camino? —Deja la impaciencia, debemos descansar. Los demonios aprovecharán cualquier debilidad. El chico observó con recelo a su alrededor deteniéndose en Arpro, el joven esclavo de Elever, el curandero, que se encontraba sentado cerca de una fogata revisando con cautela un bolso repleto de hierbas. Val notó su preocupación acordando no perder de vista al chico que se desenvolvía con nerviosismo entre el grupo.

Horas después todos dormían, incluso el grupo elegido para mantener la vigilancia. Todos se encontraban en un profundo sopor que parecía haber sido inducido. Arpro se levantó sigiloso, sacó de su bolso un puñado de hierbas lanzándola sobre las escazas llamas que quedaban en la fogata, avivando el fuego de manera asombrosa. Miró a su alrededor verificando que nadie se hubiera despertado, luego sacó un pequeño frasco esparciendo con cuidado un oscuro aceite que hacía brillar aún más la lumbre, produciendo chispas que volaban hacia los cuerpos adormilados que reposaban alrededor de la hoguera. Aura se revolvía en el suelo presa de extraños sueños, su respiración se incrementó y un frío sudor le recorría la frente hasta perderse entre los cabellos. La oscuridad que apreciaban sus ojos se fue sustituyendo por una densa bruma que poco a poco se iba despejando mostrándole un atroz escenario. Las puertas abiertas de una populosa ciudad se encontraban sin vigilancia, a medida que avanzaba adentrándose en sus calles se topaba con cientos de cuerpos sin vida apilados en las esquinas, cubiertos de ampollas, brotes purulentos y sangre. El hedor de la muerte le tapaba los pulmones asfixiándola. Con brusquedad la imagen fue sustituida por una más agradable. Un hermoso paraje se extendía frente a ella, de imponentes montañas rodeadas de un fértil valle inundado de árboles frutales y adornado con cientos de flores de colores. Una hermosa y profunda cueva tallada en la montaña emitía una luz refulgente desde su interior. Quiso acercarse dirigiéndose a la fuente de aquella luminiscencia, pero notó un ligero movimiento entre unos matorrales que llamó su atención. Se detuvo, indecisa por investigar el extraño movimiento o continuar su camino, sintiendo un estremecimiento que le erizó la piel. Retrocedió un paso para alejarse del lugar, mirando impactada a una figura alada de larga cabellera rubia que salió disparada de la vegetación hacia el cielo, deteniéndose a pocos metros del suelo. Cuando el ángel la miró se lanzó con violencia sobre ella apresándole el cuello y estampándola contra un árbol. Aura pateaba y gritaba, tratando de golpear al misterioso ser de rostro angelical pero que mostraba unos afilados colmillos y emitía fuertes gruñidos similares al de los felinos. El poder de aquel espécimen era sobrenatural, y evitaba que ella pudiera moverse y respirar. Sintió cómo la vida la abandonaba, pero no estaba dispuesta a dejarse vencer. Arañó con furia el rostro de aquel ser clavándole las uñas en los ojos, escuchando sus horribles chillidos. La lucha se detuvo cuando un chorro de agua fría le bañó el rostro sacándola de la pesadilla. Al abrir los ojos ya no veía al extraño ángel sino a Val, que la sostenía de los hombros sacudiéndola con energía gritándole que despertara. Por instinto ella se soltó de su agarre tosiendo con brusquedad, tratando de recuperar el aire perdido. —¿Estás bien? —él estaba realmente aterrado, controlando su furia para que Aura recobrara completamente la conciencia. Ella asintió con dificultad sintiendo los cálidos brazos de Val envolviéndola y calmándola.

Al mirar a su alrededor pudo notar que algunos aldeanos no habían logrado despertar del sueño, los pocos que se salvaron se encontraban aturdidos, recuperándose. —¿Qué sucedió? —Demonios del sueño. Alguien tuvo que dirigirlos hacia nosotros —con rostro endurecido Val observó a los aldeanos notando la falta de Arpro. Se levantó, ayudando a Aura a incorporarse, evaluando con más detenimiento el escenario. Elever, el curandero, había sobrevivido al igual que Kaal, pero no encontraba a Eric. —No toquen la sangre de los muertos, esos demonios custodiaban a la Bestia de la Epidemia deben trasmitir alguna peste. Los sobrevivientes se alejaron rápidamente de los caídos, evitando tocarlos a ellos o a sus pertenencias, pero a pocos metros halló a Eric inclinado cerca de un anciano fallecido, mirando aterrado sus manos bañadas en sangre.

La misión Por kroana <<Era ese el motivo por el cual debían tener a Elever con ellos>> pensó Val... En el fondo entendía la actitud desesperada de Eric, sabía a la perfección lo que era perder a alguien, en estos tiempos la vida se valoraba tan poco y por la actitud que demostraba el muchacho hacia el cuerpo sin vida, debía haber sido una persona importante para él. Aura que se encontraba de pie a su lado, trato de salir corriendo en dirección a Eric pero Val la detuvo tirando de su brazo, cuando ella se volteó sus ojos se encontraron por segunda vez esa noche, los de ella completamente desconsolados, los de él serenos. Simplemente sacudió su cabeza y Aura entendió aquel gesto sencillo. No debía acercarse a la sangre del muerto. Todos seguían confusos, sin embargo, mostraron prudencia reagrupándose y manteniéndose alejados de la sangre que cubría toda la tierra que parecía rodearles. El suelo se había vuelto rojo. Con increíble autocontrol Val se dirigió al lugar donde estaba Elever. Intercambiaron unas pocas palabras que el resto del grupo no podía escuchar, pero para Aura podía más la curiosidad y si no se podía acercar a Eric al menos debía saber qué hacia Val. No era desconfianza, necesitaba sentirse útil. Tantas muertes y tan rápido, se lamentó. -No puedo asegurarlo. -Escuchó que decía el curandero. -Es mejor que nada. -Respondió Val en medio de un suspiro cansado. Aura no entendió. En ese instante Val se separó del grupo y caminó hasta donde estaba Eric. El chico tenía los ojos rojos de tanto llorar, pero ahora su mirada estaba perdida en un punto a lo lejos frente a él. Val le acercó un frasco con un líquido ambarino espeso, que desprendía un olor fuerte y agrio. -Bébelo. -Sentenció. Como si fuese un autómata y sin inmutarse Eric lo bebió. Val esperó pero no paso nada. No podía decir si era bueno o malo. Se fijó que Elever estaba administrando también aquella infusión al resto de los presentes que habían tenido contacto con la sangre infectada. No había certeza de que Eric no hubiese sido contagiado o que la infección estuviese muy avanzada. Nada era seguro, los cielos decidirían el destino de aquel muchacho. Según le había comentado Elever no podía garantizar la efectividad del remedio, los demonios nocturnos eran poderosos y dependía en parte de la cantidad de luz que tuviera la persona afectada. Val confiaba en la luz interna de Eric y anhelaba con todo su ser no haberse equivocado, no podían perder a alguien más. De repente Eric comenzó a convulsionar en el suelo, todos los presentes se voltearon hacia él pero de la impresión nadie se movió. Los ojos de Eric se volvieron negros y de su boca comenzó a salir una espuma blanca espesa mientras que de sus oídos se vislumbraba un líquido negro como el carbón.

-¿Que le pasa? -Gritó alguien. -Es la peste. -Respondió otra persona. Rápidamente formándose un barullo de voces. Val seguía en blanco sin poder reaccionar, como un espectador más entre todos ellos. La voz de Elever se alzó entre los zumbidos que generaban las otras voces, -¡Aléjense! ¡Que nadie se acerque! Y de pronto el cuerpo de Eric cayó desplomado en el suelo inerte. ***** Estaba en un campo claro, rodeado sólo de luz. No había estado antes allí, pero el lugar se le hacia familiar. Miró a su alrededor y constató que se encontraba solo. <<¿El fin del mundo había llegado y esto era el paraíso?>> se preguntó sin mucha convicción. De pronto salidos de la nada estaban dos seres frente a él. Eran los seres más hermosos que nunca había visto, aunque físicamente pudieran asustar, desprendían un aire de luz y paz. Definitivamente estaba en el paraíso, pensó. -No, joven Eric, esto no es el paraíso. –Respondió Metatrón. <<Podían leer el pensamiento>> se dijo Eric, sin hacérsele extraño que aquel ser inmenso conociera su nombre. -Tu vida es importante, es por eso que estás acá. –Luvriniev le sonrió. -Exactamente, ¿Dónde es acá? -El lugar no es importante. –Respondió Metatrón. –Así como tampoco lo es el mensajero sino el mensaje y debemos darte un mensaje importante, joven Eric. -¿A mí? -Cuando despiertes te encontrarás con que la segunda bestia ha sido despertada y solo tú puedes devolverla a la luz. -¿Y… yo? -Sí. –Sentenció Luvriniev. –Solo tú puedes devolver la luz a La Bestia de la Epidemia. Eric no cabía en sí de la incredulidad. ¿Cómo él podía lograr semejante cosa? Esa era la tarea de Val y él debía ayudar a Val, ese era el orden natural de las cosas. -Te subestimas joven Eric. –Continuó Metatrón. –Y debes confiar en ti mismo para poder lograr la misión que te será encomendada. Confiar en tu luz. Como si de una subida de adrenalina se tratara, todo el cuerpo de Eric comenzó a temblar de expectativa. -¿Quiénes son ustedes? Yo no los he visto antes. -Nos has visto antes pero no en estas formas. –Luvriniev respondió señalándose así mismo y hacia Metatrón. –Y tampoco creo que te hayas visto así a ti antes. –Señaló por último a Eric.

Al Eric desviar la mirada hacia su propio cuerpo se sorprendió totalmente por aquellas ropas tan extrañas que vestía. Era como si lo hubiesen vestido para no desentonar con el ambiente, con aquellas lomas que se extendían a lo largo y ancho llenas de flores silvestres de todos los colores imaginables y las sombras extensas que proyectaban aquellos árboles de dimensiones impensables bajo aquel sol tan hermoso y cálido de aquel lugar de ensueño. <<¿En dónde estamos?>> Volvió a pensar. Pero Metatrón ya se estaba poniendo impaciente. -De acuerdo, Eric. Yo soy Metatrón y él es Luvriniev. Estamos en el lugar al que tú nos has traído en tu sueño. –Eric entendió apenas un poco más. Ellos se habían aparecido en su sueño para darle un mensaje importante. La pequeña chispa de adrenalina que había sentido antes se intensificó. -Bien, ahora que tenemos tu completa atención escucha. Cuando la criatura se despierte nadie más que tú se le podrá acercar. -¿Por qué? –La pregunta salió de sus labios como si tuviese vida propia. -Porque te has contaminado y has sobrevivido –Dijo Metatrón entre irritado y exasperado, el tiempo era importante y Eric no podía concentrarse en la situación. -¿Lo entiendes? – Pasó un tiempo hasta que Eric respondió. -Lo entiendo. -Bien -Intervino Luvriniev –Ahora recuerda, al inicio del creciente iluminante la Bestia de la Epidemia será despertada pero ella no hará caso de ningún hombre o demonio ella sólo escuchará a alguna de sus hermanas. Luzbel conocedora de esto tratará de engañarla para llevarla a su lado pero tú, joven Eric deberás llevarle a la Bestia de la Oscuridad Nocturna. -¿Llevarle a la Bestia de la Oscuridad Nocturna? -Sí, nadie más que tú puede mostrarle el camino porque si cualquier otra persona se le acerca sin la protección de la que ahora tú gozas será devorada por la enfermedad de la que la Bestia es portadora. -De acuerdo. –Asintió Eric sin mucha convicción pero con mucha determinación. Haría lo que fuera necesario para poder ganar esta guerra en la que estaban envueltos. Metatrón sonrió. Aquel humano era realmente valioso. Espera que pudiera sobrevivir a todo lo que venía. -Muy bien. Es el momento de que regreses. Y no olvides joven Eric que la luz brilla dentro de ti. Luzbel tiene muchos trucos pero si miras en tu interior serás capaz de confrontarlo. <<¿Qué demonios significaba aquello?>> Pero antes de que pudiera preguntar los arcángeles desaparecieron y lentamente todo a su alrededor empezó a desaparecer en medio de una bruma gris. Eric volvía al mundo de los vivos donde Aura estaba a su lado orando a los cielos para que aquel joven despertara. El cuerpo de Eric estaba tan frío como la noche que los envolvía y aunque afuera la guerra había sido desatada una vez más bajo el brillo de la luna, ella no podía separarse del muchacho.

Era importante ganar esta batalla para poder ganar la guerra pero para ella en ese momento era más importante conservar la vida de ese muchacho. Aunque no tenía muy claro el porqué.

(Sin título) Por Lu… Sentía su cuerpo pesado, le dolían los brazos y las piernas y el aire parecía que no quisiera pasar a sus pulmones más su mente parecía concentrarse solo en una cosa… Ese sueño había parecido tan real, como si de un momento a otro hubiera sido transportado a dicho campo pero estando en ese estado, no se sentía capacitado para separar lo que era ficticio de lo que era verdadero. Solamente tenía claro algo… El debía encaminar a la Bestia de la Epidemia cuando esta despertase. Era su misión y no fallaría, así diera su vida en el intento. Fue entonces cuando sintió el tenue agarre de Aura sobre su brazo, sus ojos estaban cerrados y su cabello parecía danzar con el aire frío que viajaba hacia el norte, era la sombra sobre su rostro lo que denotaba la preocupación… Fue así como Eric se removió con esfuerzo y se permitió apoyarse en sus codos, logrando que los pocos que quedaban en aquel grupo se formaran a su alrededor, buscando signos de la peste o de que ya no fuera él mismo que antes. Val se abrió camino entre la pequeña multitud y con un asentimiento lento dio a entender que todo estaba bien, su mano fuerte se poso frente a su rostro tendiéndole la ayuda necesaria para ponerse de pie. Pero fue Kaal, él que corrió a levantarlo por los brazos mientras murmuraba por lo bajo palabras de agradecimiento al creador, por haberlo salvado de una muerte segura. Agradecimientos que iban también para Elever, que desde una distancia prudencial seguía buscando con la mirada al esclavo perdido y al amigo traidor. Eric lo entendió mientras se ponía de pie con esfuerzo, con el escozor en su garganta y las palabras de Metatrón y Luvriniev resonando con fuerza, como un martilleo constante, en sus oídos. No lograba terminar de entender las últimas palabras y la confusión reinaba dentro de si mismo mientras todos parecían relajarse cuando por fin sus piernas le sostuvieron. Había salido vivo de una trampa… Fue entonces que; con Kaal aún sosteniéndolo y con Aura a no más de dos metros de él; comprendió que era lo que lo hacía parecido y tan distinto de Val. Asintió mientras sus ojos miraban con determinación al otro y de esa manera, acepto su misión. Para cuando la mañana llegó el pánico de lo ocurrido la noche anterior ya había cesado, los pocos que quedaban parecían ser capaces de continuar a pesar de que se miraban con desconfianza unos a otros, incapaces de saber en quien creer y que hacer. La traición de Arpro, no solo había afecto a su amo, Elever y Val… Ahora todos parecían tensos y los recuerdos poco agradables de aquellos sueños de la noche y de los que habían quedado presos de ellos hacían la carga aun más pesada. Más Eric, que con esfuerzo caminaba con ayuda de Kaal, comprendía que no podían parar y para cuando Val estaba preparándose, él ya se encontraba sentado mirando en silencio sus manos.

.- ¿Te sientes bien, Eric? – el tono tenue de Aura pareció sacarlo de una ensoñación en la que estaba, más sus ojos siguieron fijos en sus manos, manos que la noche pasada habían estado manchadas con la sangre de alguien a quien había llegado a apreciar, casi como a un padre. Alguien que lo había alejado del dolor de una vida de esclavitud y tortura, que le había tendido su mano y le había forjado como lo que era ahora. .- ¿Por qué no lo estaría? – fue lo único que pudo salir de sus labios, la imagen del bello campo se mezclaba con la de sus manos manchadas de sangre, como enredando de poco su cordura por mas que dentro de si mismo trataba de mantenerse sereno. .- Val dice que ahora tienes algo importante que comprender y que no debo apurarte en ello… Pero si quieres hablar, Eric. Yo estoy ahí para ti – fue todo lo que dijo antes de levantarse y posar su delgada mano sobre su hombro. El agradeció el gesto en silencio, realmente se sentía desorientado y las cosas no parecía mejorar para si mismo. “La luz brilla dentro de ti”, la profunda voz de Metatrón resonó en su cabeza mientras se levantaba con esfuerzo… No entendía muy bien la situación y el tener que enfrentarse a la misión que Metatrón y Luvriniev le habían encomendado parecía imposible cada vez que se osaba a pensarlo. Pero era consciente de que, si llegaba a ser necesario, daría su vida con gusto para ganar esa guerra, para que la luz se vislumbrara de nuevo en la tierra. Le ayudaría a Val cuanto fuese necesario para lograrlo. .- ¡Debemos seguir! – la voz grave de Val resonó por el amplio espacio donde se encontraban y en menos de veinte minutos se encontraron caminando a paso lento por el sendero, dejando atrás una experiencia vaporosa que no se compararía nada con las que les esperaba. El camino transcurrió en silencio, con Val a la cabeza junto a Aura que mantenía rígida la mirada en todas las direcciones, todos se mantenían alertas de cualquier imprevisto que pudiera surgir, mas Elever permanecía con la mirada baja, quien sabe si recordando a sus perros dejados en casa o al esclavo traidor que casi los mata. Fue entonces que llego a sus oídos el ruido acallado de las voces unos metros más adelante, doblando en el gran roble de hojas secas que permanecía estático aun con el viento. Se detuvo un instante, tratando de recobrar el aliento perdido, aún sentía demasiado cansancio y sus piernas no reaccionaban con normalidad… No estaba listo para una batalla ni siquiera era capaz de caminar unos kilómetros sin cansarse, Val se detuvo casi al mismo tiempo, ladeando su cabeza para que sus ojos se conectarán... Esa era su forma de preguntarle si se encontraba bien, asintió en respuesta a su silenciosa pregunta y retomo su caminar intranquilo mientras las voces comenzaban a notarse con mayor claridad… Aura observo con renuencia como Eric se encaminaba de nuevo con ayuda de Kaal y sus pies comenzaban a avanzar con tonos lentos y dando traspiés cada cierto espacio, los demás parecían demasiado interesados en otras cosas, incluso Val que observa con velocidad su alrededor. Las hojas muertas de los pocos árboles y el olor a humo del ambiente parecían aun más penetrantes mientras estaban ahí de pie, escuchando el sonido amortiguado del

ambiente, de los animales en la lejanía y de las profundas voces que comenzaban a acercarse a ellos. Entonces algo se ilumino en su cabeza mientras su cuerpo se tensaba, reconocía la voz grave que hablaba mientras los pasos comenzaban a resonar cerca a ellos. Val se puso derecho en su alta estatura y su rostro miro fijamente al pequeño sendero. Pronto el aire pareció transformar su pesado olor a humo a uno mucho más pesado y desagradable, como cianuro. Trago aire con fuerza mientras pasaba sus ojos por los desconcertados miembros del grupo hasta dar con Eric y Kaal, justo en el final que parecían discutir con voz baja mientras trataban de alcanzar donde estaba ellos. Y entonces el viento se torno frío y las hojas muertas de los árboles se mecieron con ferocidad. .- Pero mira a quien tenemos aquí – la voz grave pertenecía a un hombre fornido, casi de la altura del imponente Metatrón, llevaba una espesa barba negra y sus ojos de un color amatista suave cargaban la furia y el odio que ella había visto en el mercado de esclavos, era la misma voz solo que en otro cuerpo – Un grupo de expedicionarios. A su lado, un cuerpo más pequeño se había ubicado, su largo y ondulado cabello de un rubio sucio parecía combinar con el muerto paisaje y sus ambarinos ojos brillaron cuando dieron con ellos. Una sonrisa altanera se formo en sus labios y dejo ver una hilera de blancos dientes mientras posaba su mano en su pelo, que se movía con el viento. .- ¡Oh! Val, cariño – su voz sonó como una melodía desafinada mientras entornaba sus ojos hacia Val, que la miraba con el ceño fruncido pero sin dejar atrás su pose de defensa, instintivamente Aura se llevo su mano hacia su cadera, donde su pequeña daga reposaba – Cuanto tiempo sin vernos. .- ¿Atanasia? – la voz de Val broto como un susurro confundido mientras observaba a la mujer frente a él, parecía como si acabase de ver un fantasma y estuviese viviendo su pesadilla personal. .- La misma, cariño – La sonrisa de la mujer se ensancho mientras se movía grácilmente hacia Val, estaba a poco mas de dos metros de él y sus ojos brillaron mientras ladeaba su cabeza y dejaba que su cabello cayese como una cascada de risos - ¿O es que no te acuerdas ya de tu mejor amiga y compañera? ¿Después de todo lo que pasamos juntos? Para cuando Eric logro llegar con esfuerzo, sus ojos se achicaron al observar a la rubia mujer, su figura parecía distorsionarse con el viento y su sonrisa ladina seguía alumbrando mientras observaba fijamente a Val. Más este parecía estar en un trance, sin decidirse de hacerle caso a su corazón de acercarse y estrechar entre sus brazos a una de las pocas personas en las que había confiado, a quien había querido - y aún quería - como una hermana o si darle la razón a su instinto y alejarse con la espada en su mano, incapaz de confiar en alguien que... .- Tú estas muerta…

El segundo despertar Por Patricia O.(Patokata) Al instante de emitir esa sentencia, todo pareció detenerse y la sonrisa de quien se quiso hacer pasar por Atanasia se tornó malvada y feroz al tiempo que sus ojos se volvieron negros como la noche. Val había escapado a la especie de trance en el que quería hacerlo caer. De inmediato el extraño ser alado con el que había soñado Aura se hizo visible en la persona de la extraña mujer, al tiempo que el hombre que al parecer albergaba a uno de los esbirros de luzbel comenzó a evaporarse dejando en su lugar una especie de niebla roja que comenzó a extenderse por todo el lugar. Eric ya había intuido que esto pasaría; la impotencia lo dominó, se sentía terriblemente mal y por ende imposibilitado de ayudar. Aún no entendía cómo podría ser él una pieza fundamental si apenas podía con su vida. Sin saber cómo, una extraña fuerza le quemó en el pecho debido a la frustración y a la rabia y una gran luz se esparció por todo la zona donde el grupo liderado por Val se encontraba; sin siquiera desearlo había creado un campo de protección para quienes viajaban con él. Después de todo ahora entendía en cierta forma lo que Metatrón le quiso decir. Aura tenía la vista fija en el ser alado, este había conseguido hacer contacto visual con ella y la estaba atrayendo hacía sí; el malévolo ser tenía muy claro cuál era el punto débil del hombre con la cicatriz, además ella custodiaba el trozo de cristal obtenido de la primer bestia. -Aura…ven, te necesitamos… Le susurraba sin despegar los labios, extendiéndole las manos y simulando en sus ojos una dulzura y una pureza que no existían. También este ser la deseaba para sí, desde que el grupo se había lanzado a salvar al mundo la había visto como otra líder, era una muchacha muy bella que podría adornar su séquito de inocentes y puras doncellas; sería ideal para hacerle favores a los demonios más despreciables del averno. Aura no podía escapar de ese llamado excitante y sensual que la estaba inquietando. Mientras ella estaba metida en esta encrucijada de la que no podría salir por sí sola, Val ya estaba luchando con las sombras que los rodeaban y que intentaban atraerlos fuera de la protección que Eric les proporcionaba. La Bestia de la Epidemia estaba bajo el influjo del malvado ser que ahora iba por Aura y aunque no estaba allí presente, o al meno ellos no

podían verla, estaba dejando en el aire las partículas mortales que su aliento lanzaba en forma de niebla roja como forma de atacarlos. Al tiempo que Val intentaba sacarse a esas sombras escarlatas de encima logró divisar a la muchacha acercándose al maligno ser de rubios cabellos y dientes afilados que clamaba por ella y la miraba con lujuria anticipada. En un rápido y certero movimiento quitó la daga que llevaba escondida en la bota y la lanzó con precisión sobre la aparición quien al sentir el arma hundirse en su carne lo miro con odio y emitió un grito agudo dejando al descubierto su hilera de mortales dientes, al tiempo que se abalanzaba contra él. Este la repelió como buen guerrero que era, pero su malvado contrincante era un demonio de la más baja calaña que además de poseer una dentadura y un par de garras letales era un embaucador experimentado y esa era el arma que más le gustaba utilizar. Nuevamente adoptó la apariencia de Atanasia y lo miró con ternura, clamando por él a viva voz. -Querido Val, ¿por qué me haces esto? Acaso nunca existió ese amor que creí ver en tus ojos cuando éramos niños?- se lamentaba vertiendo lágrimas de dolor al tiempo que le extendía las manos para que se apiadara de ella-Fuimos amigos inseparables consolando nuestras mutuas desdichas. Él a fin se acercó a ella tan indefenso como un niño, fue allí que hundió con fuerza su daga en el corazón del monstruoso engendro, con su rostro casi pegado al asqueroso de este. Un líquido negro comenzó a manar de la herida al tiempo que el impostor asumía su real apariencia y apretándose la herida lanzaba a reír en forma tenebrosa y enloquecida; hasta que al fin desapareció. Una vez liberada del maleficio Aura se vio en medio del terreno yermo, y carente de toda vida, cuya superficie cuarteada por la falta de agua semejaba la desolación total; rodeada de sombras que pasaban a su lado zigzagueando, y dejando una estela rojiza, y de los cuerpos de aquellos compañeros que habían sucumbido a la epidemia. Las lágrimas comenzaron a rodar por su cara al tiempo que se llevaba una mano a la garganta y caía de rodillas al piso. Veía la muerte cerca, su suerte estaba echada; con la vista nublada por el manto de la destrucción no pudo ver que Eric estiraba la mano en su dirección desde donde se encontraba, ampliando de esa forma el campo de protección hasta ella. -Aura…AuraAlcanzó a escuchar antes de desvanecerse, le pareció que era la voz de Val que la llamaba. A partir de ese momento Aura pasó a una zona intermedia de la que no podría salir hasta que la propia Bestia de la Epidemia la sacara. Fue muy afortunada de que el líder alcanzara

a quitarla del camino de la peste mortal y la dejara junto a Eric, jamás estaría más a salvo que con él. Haciendo un esfuerzo sobre humano el muchacho se puso en pie y se apoyó en Kaal, quien tenía en brazos a la muchacha, y ambos comenzaron a caminar lentamente extendiendo la luz frente a la cual las sombras escapaban y el lúgubre paisaje parecía cobrar algún color. Mientras tanto, el resto de la expedición luchaba denodadamente con las sombras y muchos caían en el intento. El curandero no daba abasto yendo de acá para allá para que recuperaran el conocimiento y pudieran continuar. La lucha parecía en vano, si bien Val ya había divisado el sitio exacto donde la bestia era mantenida en cautiverio mediante un extraño influjo, por doquier aparecían emisarios de Luzbel que le entorpecían llegar hasta ella. “No olvides que Eric es la pieza fundamental, sin él no podrás acercarte a la bestia pues caerías presa de su veneno”, escuchó clara la voz de Metatrón en su cabeza. Agradecía esta interferencia, estaba tan enfrascado en la lucha que había olvidado que le correspondía a otro hacerle frente al monstruo. Le preocupaba Aura, sólo esperaba que pudiera salir de ese trance en el que había quedado sumida. Recordó a Atanasia, aquella niña cabellos de oro que había sido su única amiga durante su niñez, quizá también su amor imposible, y que un día desapareció de un día para el otro y nunca más volvió a saber de ella. Seguramente estuviera convertida en una mujer parecida a la que quiso recrear el engendro de Luzbel, pero una mujer muy bella, tal cual ella era siendo niña. Sacudió la cabeza mientras seguía peleando, en un intento por quitar recuerdos de otras épocas; su presente era este, en el que debía concentrarse si quería tener un futuro. No pudo evitar mirar hacía donde se encontraba Aura, ella podía ser su futuro más próximo. Eric seguía devanándose los sesos intentando averiguar cómo llevaría la Bestia de la Oscuridad Nocturna hasta la Bestia de la Epidemia. Esta había desaparecido y sólo había dejado un trozo del diamante en su lugar, ¿cómo podía invocarla para solicitarle su ayuda? Lamentaba que Aura no estuviera en condiciones de ayudarlo, ella era muy inteligente y seguramente hubiera sabido cómo sobrellevar la situación. “Que poca fe te tienes muchacho…”, oyó en su cabeza la potente voz de Metatrón, “esperamos no habernos equivocado contigo”. Así como vino la voz se desvaneció en sus pensamientos, se sentía cansado, solo deseaba poder recostarse y dormir durante horas. Kaal se detuvo notando su cansancio, también él estaba agotado; dejó el cuerpo de Aura en el piso y se sentó a descansar. Eric posó sus ojos sobre la chica, parecía dormir plácidamente.

La búsqueda de Eric Por Rivela Eric sintió envidia de ella. Quiso, aunque fuera por un momento, estar en su lugar y cerrar los ojos, lograr escapar a la realidad por unos momentos y recuperarse un poco. —¿Has sido tú quien Metratón y Luvriniev han escogido? Una mujer de tez blanca y largo cabello castaño apareció entre la niebla rojiza. A su paso, las sombras se evaporaban y el aire se purificaba. —Vamos, muchacho. Busca en tu interior y lucha —la mujer decía con voz algo severa—. Yo cuidaré de tus amigos. ¡Ve! Eric dudó, sin embargo, ella no perdió más tiempo en tratar de convencerlo. Traslapó sus manos y una luz emanó de su cuerpo delimitando un escudo sobre el pequeño grupo de humanos. Los blancos halos que despedía su protección fueron más que suficiente para guiar a los pocos sobrevivientes que habían tenido la mala fortuna de separarse del grupo. Eric, por su parte, no necesitó más para encomendarle a los suyos y tomó de Aura el cinturón en donde estaba fijada la gema de la Bestia de la Oscuridad Nocturna. Antes de partir en su búsqueda, miró hacia donde estaban Kaal y Aura. «Busca en tu interior», esas palabras hicieron eco en su mente llenándole de la determinación suficiente para llevar a cabo su misión divina. Se prometió a sí mismo no mirar atrás y así evitar flaquear. Ya varias veces, en el poco tiempo de lucha contra las fuerzas oscuras, se había dejado llevar por sus impulsos alejándose de su objetivo primordial. Esta vez no sería así. Sabía que podía contar con Kaal para cuidar de Aura si es que ella no despertaba, también que Val no se dejaría vencer e intuía que la misteriosa mujer era alguien de fiar; por lo que era momento de demostrar —a sí mismo más que a nadie— por qué lo habían escogido para comunicarse con la Bestia Sagrada y que no se habían equivocado con él. A paso lento y trompicones fue haciendo sendero por donde su instinto le indicaba. No pasó por su mente que, por haber padecido la peste, podía presentir a la Bestia de la Epidemia. Y ni se percató siquiera que Arpro lo seguía de cerca llevando la marca de Luzbel en la frente, ahora ya totalmente visible, como señal inequívoca que había perdido su alma a él.

Bajo la protección de Laela, Kaal y los demás veían horrorizados cómo Val era incapaz de zafarse de la maligna manipulación del secuaz de Lucifer. Laela sabía muy bien que él no sería capaz de enfrentarse a él mientras este jugara con su mente y su corazón. No cabía duda que Val era el líder de esos valientes guerreros sin experiencia, mas él no era un hombre invencible. —Eh, tú, muchacho —llamó a Kaal—. Toma tu espada y ayúdalo. Yo me encargaré que no te hagan daño las sombras o el aliento de la Bestia. Es esencial no perder a nadie más. Kaal asintió lentamente y con mano temblorosa empuñó el arma que Metatrón creó para él. Quizá no estuviera a la altura de la situación, pero él no era el tipo de persona que abandonaba a los que le importaban y también sentía que era su deber moral hacia Eric el proteger a Aura y ayudar a Val si era posible.

—¡Vamos! ¡No dudes! —escuchó una voz femenina gritar—. ¡Nosotros creemos en ti! ¡Lucha con Val! La última mujer del grupo, además de Aura, le miraba llena de confianza y determinación. El resto se unió a ella para alentarlo y su vacilación se disipó. Corrió hacia donde se desarrollaba la pelea y blandió su espada decidido a acabar con lo que fuera ese ser, a veces tan bello y a veces tan horripilante. Comprobó entonces que la adrenalina producida por el miedo era muy diferente a la producida en batalla. Sus sentidos se agudizaron y todo alrededor se redujo a un plano secundario del que no reparaba por completo. Kaal no lo sabía porque nunca tuvo la oportunidad de nada fuera de su vida como esclavo, pero era un excelente guerrero. Compensaba su falta de experiencia con talento y reflejos natos. Con cada golpe debilitaba más al enemigo al punto en que no necesitó de la ayuda de Val en absoluto. De hecho, el susodicho quedó relegado cerca de Laela porque la supuesta Atanasia insistía en atacarlo a él y jugar trucos sucios a sus expensas. —Es hora de terminar esto —dijo Val sin moverse de su lugar—. Has probado ser un digno guerrero, Kaal. No temas y acaba con él. Kaal asintió y se abalanzó contra su adversario con toda su fuerza, dispuesto a dar la vida si era necesario con tal de proteger a los que contaban con él y eliminar el mal que les impedía avanzar en su camino. Su espada atravesó el cuerpo de Sorj, quien dejó escapar un grito de dolor y miedo antes de desintegrarse lentamente en un vapor purpúreo y un líquido negro y espeso. —¡No se dejen engañar! —gritó Laela—. ¡Ha adoptado esa forma para hacernos creer que hemos ganado! ¡No lo dejen escapar! Elever, tan rápido como sus cansadas y viejas piernas se lo permitieron, acudió con uno de sus recipientes para pócima. No obstante, al llegar donde Sorj estaba, no supo qué hacer. Sabía que no debía tocarlo, pero era improbable volver a tener una oportunidad de atrapar a un esbirro de Luzbel con tanta facilidad. —Qué remedio —dijo suspirando resignado—. Si me convierto en un engendro del mal, no tengan piedad. Dicho eso, el curandero se puso de cuclillas y juntó lo que se suponía era Sorj con sus propias manos. El frasco por poco no fue suficiente para contener el espeso líquido, sin embargo, quedó espacio suficiente para sellarlo con un tapón de corcho. —Has sido muy noble al arriesgaste así —Laela se acercó a él—. Tenemos suerte que, en ese estado, no tenga poder alguno excepto ser escurridizo. —A todo esto, ¿quién es usted? —inquirió con algo de recelo la chica que alentó a Kaal. —Mi nombre es Laela y yo, como ustedes, viajo con un pequeño grupo de personas en busca de las Bestias Sagradas. La chica, Elidi, entornó los ojos. —Si viaja con otras personas, ¿dónde están? —todos guardaron silencio e incluso Elever y Val estaban expectantes de su respuesta. Que una bienhechora llegara a ellos y los ayudara sin pedir nada a cambio era algo por lo que siempre estarían infinitamente agradecidos, pero era demasiado bueno para ser cierto y en tiempos como esos no podían darse el lujo de creer y confiar ciegamente. La traición de Arpro bastó para intensificar su cautela hacia aquellos que no conocían. —Ya veo —Laela sonrió de lado—. Ser precavidos nunca está de más, eso es bueno —les dijo al caminar por donde Eric se había ido—. No se preocupen, les contaré mi historia mientras alcanzamos a su amigo. Los míos ya nos encontrarán tarde o temprano. Síganme

El grupo miró a Val y este asintió. No tenían más remedio que ir por donde ella les indicara, ya que desconocían el rumbo que Eric había tomado. Llevó a Aura en sus brazos, con Kaal a su derecha y Elever a la izquierda, el resto del grupo les seguía de cerca cuidando sus espaldas. —Como ya les he dicho, mi nombre es Laela. Soy de una familia de Guardianes Celestiales que han existido por mucho tiempo y, como ustedes, busco a las Bestias Sagradas. —¿Acaso hablas de la familia descendida directamente de ángeles? —preguntó Elever algo incrédulo. —Así es —sonrió ampliamente ella—. Me sorprende que sepas de nuestro origen. —Bueno, en tiempos como estos cuentos como ese se usan para darles a los niños esperanza. Aunque no sean un cuento… —El asunto es menos sublime de lo que suena —rió ella—. Los ángeles que descendieron y se enredaron con humanos tienen mala fama en general. Se les considera desertores y pecadores, pero los pocos que se arrepintieron fueron perdonados y asignados con tareas o misiones que el mismo Creador diseñó para ellos y su estirpe. Elever y Laela se enfrascaron en la plática, comentando sobre el principio de los tiempos, los series celestiales y algunos hechos de la familia de Laela que estaban relacionados con la creación del mundo como lo conocían y las Bestias Sagradas. Probablemente el único que podía seguir decentemente la conversación era Val. Gracias a Metatron y a su amistad con la Bestia Guardiana de la Creación aprendió mucho sobre los serafines, ángeles, arcángeles, las bestias y la creación de todo. Una fugaz melancolía le invadió al recordar los días en los que iba a ver a la Bestia cuando apenas era un chiquillo y se preguntó por qué, como Atanasia, desapareció tan misteriosamente de su vida. En un recoveco de su mente estaban un par de explicaciones que no le gustaban, pero que no eran del todo imposibles. Pensó en ellas cuando se le acabaron las situaciones en las que se culpaba a sí mismo y las explicaciones lógicas. Entre ellas, y la que más temía, era que la Bestia o Atanasia —o los dos— hubieran caído en las manos de Luzbel. Otra conclusión a la que había llegado, que se le hacía algo descabellada, era que la Bestia Sagrada hubiera llegado a comerse a Atanasia. Mas, al final de todo, lo único que deseaba para ambos era que estuvieran bien y que durante todos esos años tuvieran la fortuna de no cruzarse con él bajo ninguna circunstancia. —Todo esto es muy interesante —les interrumpió Kaal—, pero se han desviado un poco del tema. Elever soltó una carcajada y Laela sonrió ampliamente con un leve sonrojo. —Mis disculpas —dijo ella. —Viajas con otras personas, ¿no? —Kaal estaba entrando en confianza al ver que se trataba de una mujer honesta y con la misma finalidad que ellos—. ¿Cuántos son? —No somos muchos. Creo que apenas si somos la docena, como ustedes. —¿Crees? —interrogó Elidi, aún un tanto recelosa. —Lo que pasa es que yo no puedo ver —explicó—. Soy ciega de nacimiento. Elidi se sintió culpable por haber tocado un tema delicado y estaba avergonzada porque no sabía qué contestar. Laela continuó hablando: —Se podría decir que veo de otro modo, muy diferente al sentido de la vista que ustedes conocen y tienen. Y puedo percibir cosas que quizá ustedes no. —Lo siento… —No tienes por qué —contestó la mujer con una pequeña sonrisa de comprensión—. Conmigo viajan mi hermana, seis guerreros, un campesino, dos niños y Pravuil.

—¿Pravuil? —Val se acercó a ella, incrédulo—. ¿El arcángel Pravuil? —Sí. Lo encontramos reencarnado en un humano. Laela prosiguió diciéndoles lo que sabía de la guerra en marcha y les explicó los detalles que desconocieran. Todo ello mientras su visión, en el mundo astral, le indicaba qué camino seguir. Pronto estarían con Eric y podrían protegerlo de Arpro. Le preocupaba que este último se decidiera a atacarlo por la espalda. Conocía bien que a Luzbel y sus secuaces gustaban de jugar sucio y aprovecharse de las debilidades y desventajas que tuvieran las personas. «Debemos apurarnos», pensó preocupada. Elever lo notó y detuvo a Val y a Kaal dejando que los demás se adelantaran con Laela. —Creo que es mejor si ustedes van a por Eric, yo cuidaré de Aura y los demás. —¡Pero no debemos separarnos! —protestó Kaal. —No se preocupen, estaremos a salvo si somos cuidadosos. Iremos por el mismo camino que ustedes, pero a mi paso, que ya soy viejo. —No lo sé —dijo Val, aún indeciso. —Que Eric no esté solo es lo primordial —aclaró Elever—. ¿Crees que Lucifer perderá su tiempo con nosotros? Eric todavía está débil y es él quien debe hablar con la Bestia. —Tiene razón —reflexionó Kaal. Val asintió y, acto seguido, él y Kaal fueron hasta Laela pidiendo que los guiara lo antes posible hacia su joven compañero de armas.

Eric apenas podía mantenerse de pie. La neblina roja era cada vez más espesa, llegando a dificultarle ver claramente en ocasiones. Hacía un buen rato que se había dado cuenta que alguien le seguía de cerca, sin embargo, estaba esperando el momento adecuado para tomar refugio y recuperarse un poco para atacar. O, si contaba con mejor suerte, encontrar a la Bestia de la Epidemia. —¡Señor Eric! ¡Señor Eric! —escuchó la voz de Arpro—. ¡Señor Eric! ¿Es usted? Arpro llegó corriendo a él y se postró a sus pies con respiración agitada. —Oh, señor Eric —sollozó—. ¡Me perdí cuando las sombras atacaron! ¡Quise huir de ellos y me perdí! ¡Por favor, ayúdeme! Hubo algo en él que disgustó mucho a Eric. Fuera de sus sollozos y gimoteos, Arpro tenía algo que le desagradaba sobre manera y no hallaba qué era. Y, ahora que lo tenía a sus pies, le veía como alguien tan repugnante y bajo que se sorprendió mucho de pensar así. —Levántate, Arpro —le dijo dando unos pasos hacia atrás—. Ya encontraremos a los demás en un rato. —¿Nos quedaremos aquí, señor Eric? —preguntó con una voz melosa que le daba mala espina. —Sí, nos quedaremos aquí —Eric creyó prudente quedarse en ese lugar hasta que se le ocurriera cómo deshacerse de él, puesto que llevarlo consigo sería como llevar un lastre a cuestas—. Vamos, levántate. —Oh, pero señor Eric… —su voz se tornó más ronca y grave— Hay que tener cuidado porque los seguidores de Satán están por todos lados…

Dulces y pesadillas Por PukitChan Eric había aprendido de una u otra forma a confiar en sus instintos y a cambio, estos en la mayoría de las veces no le fallaban y, en el momento en el que la voz de Arpro resonó en sus tímpanos con fuerza, supo que esa sensación amarga en la boca de su estómago no estaba del todo equivocada. Por instinto, Eric dio un paso hacía atrás, mirando con atención a ese esclavo que en ningún momento le provocó confianza. Trataba de verlo completamente para que no lo tomara con guardia baja cuando aquel extraño resplandor en la frente capturó su atención. Era en realidad una marca extraña que no recordaba haber visto hasta… ―Mi señor… ―musitó esa voz ronca, demasiado para el joven cuerpo de Arpro, quien curveó sus labios en una sonrisa ladina que pronto se transformó en desquiciada―, creo que se ha tardado mucho en saber quién soy. Mientras dejaba caer esas palabras, los pies de Arpro se arrastraban por el suelo, rompiendo hojas a su paso, sin sentir peso alguno por la neblina roja. Eric retrocedía sin saber que esto era precisamente lo que el esclavo de Luzbel quería: guiarlo hasta la Bestia de la Epidemia para hacerla enfurecer, y así lo devorara sin más miramientos. Al igual que Eric, Arpro también se le encomendó su propia misión: detener el avance de todos aquellos que pretendían un alto a un plan podría terminar lo que hace miles de años había comenzado. El esclavo de Luzbel no vaciló cuando levantó la mano, dispuesto a darle fin a la vida de Eric por su propia cuenta si llegaba a ser necesario. ¿Qué más daba? Después de todo, aquel apenas podía moverse por su dolor. A los pocos pasos, que para Eric fueron una eternidad, sintió que su espalda era golpeada por la corteza de un árbol. Con sus dedos sintió la textura irregular de éste, y aunque por unos segundos se sintió bien teniendo detrás de sí un apoyo, la sonrisa retorcida de Arpro sólo le reveló que algo andaba mal, muy mal. Eric jadeó y su voz salió distorsionada de su garganta. Sentía sus manos pegajosas y al separar una de lo que creía era un árbol, notó una sustancia negra que cubría y resbalaba por la palma de su mano, muy similar al alquitrán. Un hueco en el estómago se formó cuando escuchó una respiración agitada seguida de un gruñido gutural que le hizo contraer el vientre. ―La Bestia de la Epidemia… ―susurró Arpro aquello que Eric no se había atrevido aún a pronunciar. La neblina ahora comenzó a rodear el cuerpo de Eric, ocultando de similar manera el de Arpro; no obstante, aquello se sintió como una agresión: irreal o no, casi podía sentir como la neblina roja lo tomaba por el cuello, obligándolo a abrir desesperadamente la boca en

busca de oxigeno, aunque lo único que lograba tomar era aquel vapor rojo que parecía estar dispuesto a perforar sus pulmones. A sus espaldas, percibió claramente cómo la Bestia de la Epidemia se alejaba de su cuerpo y caminaba, con la tierra temblando, hacía algún lugar que no pudo precisar. “Eric…” musitó en su mente una voz extraña, aunque con la misma entereza que la de Metratón, así que seguramente se trataba de él “No te dejes llevar por tus emociones, recuerda que a ti no te afecta… ” Reaccionando, Eric abrió los ojos e inspiró aire, para después, como un simple soplido de viento, vomitar toda aquella neblina roja como si de algo más se tratase. Se apoyó esta vez en un verdadero árbol mientras respiraba agitado y sudaba, tratando de regularse. Miró para todos lados, dispuesto a enfrentarse sin vacilar, esperando una señal para seguir a la Bestia de la Epidemia cuando lo vio. Una imponente figura se erguía sobre él, y aquella no le era desconocida. Aunque sólo la vio una vez y por breves momentos, reconocía perfectamente la forma majestuosa y atemorizante que poseía: Aquel esqueleto que le daba forma de serpiente, mezcla con un Dragón. Era la Bestia de la Oscuridad Nocturna. ―Pero…. ¿Cómo? ―tartamudeó, avanzando a paso lento. Buscó con desesperó el cinturón donde la joya estaba, pensando en que pudo haberla perdido y ocasionar la liberación de aquel ser que con tanto esfuerzo habían vuelto joya. Mas cuando logró tener el cinturón entre sus manos, notó que nada faltaba, que tal como lo había tomado del cuerpo de Aura, seguía intacto en el propio. Al alzar su vista a la Bestia, se preguntó que demonios estaba pasando. ***

Laela, quien con su perfil hermoso y fuerte pretendía dar calma, no pudo evitar hacer una expresión mezclando la sorpresa y el terror cuando también observó en medio de todo, junto con Val y Kaal, cómo aquella Bestia, la de la Oscuridad Nocturna, rugía de forma feroz. ―Imposible… ―dijo Val, quién por unos instantes se preguntó si debería dejar de creer en esa palabra. ―¡Es una farsa! ―gritó repentinamente Laela―. ¡Miren! Ella señaló entonces un brillo en la frente de la Bestia de la Oscuridad Nocturna. No era una marca que estuviese ahí antes, pues lo que brillaba era el símbolo de Luzbel. ―Es una trampa… para engañar… ¿A la Bestia de la Epidemia? Todos buscaron con temor a la Bestia, sin que pudieran localizarla. La neblina se hacía más densa y el olor más penetrante, por lo que era obvio que está ya estaba liberada, más, ¿dónde exactamente? Intentaron correr mientras buscaban a Eric, deseando que nada malo

le hubiera pasado, confiando en las palabras de Laela, que él había sido el escogido para este deber. ***

Lo presenciaba. Estaba frente a él y aún pese a esto, de desvanecía por buscarle una solución a lo que ocurría. Eric había notado aquella marca que momentos antes reconoció en Arpro y supo inmediatamente lo que pretendía, tal como Metratón y Luvriniev habían predicho. Entonces, saliendo de su propia neblina roja, una criatura brotó, sintiéndose atraída por la Bestia de la Oscuridad Nocturna. Semejándose a un reptil, la Bestia de la Epidemia, dejaba un rastro de esa sustancia negra a cada paso que daba. Gruñía, y parecía que decía algo que Eric no alcanzaba realmente a comprender. Dentro de sí, imagino que ésta trataba de comunicarse de alguna forma particular. Armándose de convicción, avanzó más allá cerca de las bestias. Su respiración suave le había dado un poco de raciocinio más eso no pudo evitar que el aliado de Luzbel se percatara de su presencia y, rugiendo en su forma de bestia, Arpro intentó quitarse de una buena voz por todas a esa molesta piedra de su zapato. Incitado por el otro, la Bestia de la Epidemia adquirió furia y recelo: estaba más allá del bien y el mal, buscaría matar aquello que le perturbara. Aunque Eric corrió, Arpro lo atrapó entre sus garras. El muchacho gritó con desesperación removiendo entre sus manos el cinturón donde la joya de la verdadera Bestia de la Oscuridad Nocturna resplandecía. Arpro sonrió para sí mismo: eso era todo, lo aplastaría finalmente, la Bestia de la Epidemia estaría en manos de Luzbel. ―¡Eric! ―gritó una voz fémina, tratando de mantener un semblante adecuado para hacer lo que estaba efectuando―. ¡La luz brilla dentro de ti! …aquellas mismas palabras que Metratón le había dicho en aquel efímero momento… …la… luz. ―¡Eso es! Si era buena idea o no, eso Eric lo descubriría apenas. Jaló del cinturón la joya y la colocó en su pecho, como si quisiera perforar su piel para que ésta traspasara y se alojara dentro de él. Sin embargo, lo que sucedió es que la luz que transmitía Eric se fusionó con la de joya. Sucedió en unos segundos: La luz fue tanta, que Arpro no la soportó y dejando atrás su falsa figura de bestia, se fue desvaneciendo hasta quedar cenizas que se perdieron en el bosque acompañadas de un grito desgarrador. Como si el sol estuviera por salir, todo se inundó de esa luz cegadora, en la que por unos instantes nada se logró ver.

Sin embargo, la verdadera Bestia de la Oscuridad Nocturna emergió como un espíritu de la joya, mirando a su hermana, la bestia de la Epidemia… Luego de ello, oscuridad. *** ―Eric… ¡Eric! ―reconocía ese tono de voz; era Val. Abrió los ojos difícilmente, mirando borrosos los rostros de sus compañeros, así como de la mujer que le había indicado que debía seguir. ―¿Q-qué…? ―musitó, notando que Val tenía en su poder tanto el cinturón de Aura como dos joyas semejantes y resplandecientes. ―¿Cómo…? Laela sonrió. ―No creo que las bestias sean propiamente buenas o malas… ―musitó pausadamente―. Sólo creo que para ellas, su hermandad está en un plano superior al nuestro. Eric miró a Val, buscando su asentimiento, más sólo se encontró a un hombre preocupado y sólo entonces, se permitió recordar que nada había acabado y que no sabía qué había pasado con Aura.

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